El trovador · Capítulo real 30 de 34

ESCENA V

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.

DON NUÑO _y_ LEONOR

LEONOR. ¿Me conocéis? (_Descubriéndose._)

NUÑO. ¡Desgraciada! ¿Qué buscáis, Leonor, aquí?

LEONOR. ¿Me conocéis, Conde?

NUÑO. Sí, por mi mal, desventurada, por mi mal te conocí.

¿A qué viniste, Leonor?

LEONOR. Conde, ¿dudarlo queréis?

NUÑO. ¡Todavía el trovador!...

LEONOR. Sé que todo lo podéis, y que peligra mi amor. Duélaos, don Nuño, mi mal.

NUÑO. ¿A eso vinistes, ingrata, a implorar por un rival? ¡Por un rival! ¡Insensata! Mal conoces al de Artal. No; cuando en mis brazos veo la venganza apetecida, cuando su sangre deseo... Imposible...

LEONOR. No lo creo.

NUÑO. Sí, creedlo por mi vida. Largo tiempo también yo aborrecido imploré a quien mis ruegos no oyó, y de mi afán se burló; no pienses que lo olvidé.

LEONOR. ¡Ah! Conde, Conde, piedad.

(_Arrodillándose._)

NUÑO. ¿La tuviste tú de mí?

LEONOR. Por todo un Dios.[89]

NUÑO. Apartad.

LEONOR. No, no me muevo de aquí.

NUÑO. Pronto, Leonor, acabad.

LEONOR. Bien sabéis cuanto le amé; mi pasión no se os esconde...

NUÑO. ¡Leonor!

LEONOR. ¿Qué he dicho? No sé, no sé lo que he dicho, Conde; ¿queréis?... le aborreceré. ¡Aborrecerle! ¡Dios mío! Y aún amaros a vos, sí, amaros con desvarío os prometo... ¡Amor impío, digno de vos y de mí!

NUÑO. Es tarde, es tarde, Leonor. ¿Y yo perdonar pudiera a tu infame seductor, al hijo de una hechicera?

LEONOR. ¿No os apiada mi dolor?

NUÑO. ¡Apiadarme! Más y más me irrita, Leonor, tu lloro, que por él vertiendo estás; no lo negaré, aún te adoro, mas perdonarle... jamás. Esta noche, en el momento... Nada de piedad.

LEONOR, _con ternura_. ¡Cruel! ¡Cuando en amarte consiento!

NUÑO. ¿Qué me importa tu tormento, si es por él, sólo por él?

LEONOR. Por él, don Nuño, es verdad; por él con loca impiedad el altar he profanado. ¡Y yo, insensata, le he amado con tan ciega liviandad!

NUÑO. Un hombre oscuro...

LEONOR. Sí, sí... nunca mereció mi amor.

NUÑO. Un soldado, un trovador...

LEONOR. Yo nunca os aborrecí.

NUÑO. ¿Qué quieres de mí, Leonor? ¿Por qué mi pasión enciendes, que ya entibiándose va? Di que engañarme pretendes, dime que de un Dios dependes, y amarme no puedes ya.

LEONOR. ¿Qué importa, Conde? ¿No fui mil y mil veces perjura? ¿Qué importa, si ya vendí de un amante la ternura, que a Dios olvide por ti?

NUÑO. ¿Me lo juras?

LEONOR. Partiremos lejos, lejos de Aragón, do felices viviremos, y siempre nos amaremos con acendrada pasión.

NUÑO. ¡Leonor... delicia inmortal!

LEONOR. Y tú en premio a mi ternura...

NUÑO. Cuanto quieres.

LEONOR. ¡Oh, ventura!

NUÑO. Corre, dile que el de Artal su libertad le asegura, pero que huya de Aragón, que no vuelva, ¿lo has oído?

LEONOR. Sí, sí...

NUÑO. Dile que atrevido no persista en su traición, que tu amor ponga en olvido.

LEONOR. Sí... lo diré... (Dios eterno, tu nombre bendeciré!)

NUÑO. Cuidad, que os observaré.

LEONOR. (Ya no me aterra el infierno, pues que su vida salvé.)