El trovador · Capítulo real 32 de 34
ESCENA VII
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.
MANRIQUE, LEONOR, _y_ AZUCENA
LEONOR. ¡Manrique!
MANRIQUE. ¿No es ilusión! ¿Eres tú?
LEONOR. Yo, sí... yo soy; a tu lado al fin estoy, para calmar tu aflicción.
MANRIQUE. Sí; tú sola mi delirio puedes, hermosa, calmar; ven, Leonor, a consolar amorosa mi martirio.
LEONOR. No pierdas tiempo, por Dios...
MANRIQUE. Siéntate a mi lado, ven. ¿Debes tú morir también? Muramos juntos los dos.
LEONOR. No, que en libertad estás.
MANRIQUE. ¿En libertad!
LEONOR. Sí; ya el Conde...
MANRIQUE. ¿Don Nuño, Leonor! Responde, responde... ¡Cielo! ¿Esto más! ¡Tú a implorar por mi perdón del tirano a los pies fuiste!... Quizá también le vendiste mi amor y tu corazón. No quiero la libertad a tanta costa comprada.
LEONOR. Tu vida...
MANRIQUE. ¿Qué importa? Nada... quítamela, por piedad; clava en mi pecho un puñal antes que verte perjura, llena de amor y ternura, en los brazos de un rival. ¡La vida! ¿Es algo la vida? Un doble martirio, un yugo... llama que venga el verdugo con el hacha enrojecida.
LEONOR. ¿Qué debí hacer? Si supieras lo que he sufrido por ti, no me insultaras así, y a más me compadecieras. Pero, huye, vete, por Dios, y bástete ya saber que suya, no puedo ser.
MANRIQUE. Pues bien, partamos los dos, mi madre también vendrá.
LEONOR. Tú solamente.
MANRIQUE. No, no.
LEONOR. Pronto, vete.
MANRIQUE. ¡Solo yo!
LEONOR. Que nos observan quizá.
MANRIQUE. ¿Qué importa? ¡Aquí moriré, moriremos, madre mía! Tú sola no fuiste impía de un hijo tierno a la fe.
LEONOR. ¡Manrique!
MANRIQUE. Ya no hay amor, en el mundo no hay virtud.
LEONOR. ¿Qué te dice mi inquietud?
MANRIQUE. Tarde conocí mi error.
LEONOR. ¡Si vieras cuál se extremece mi corazón! ¿Por qué, di, obstinarte? Hazlo por mí, por lo que tu amor padece. Sí; este momento quizá... ¿No ves cuál tiemblo? Quisiera ocultarlo si pudiera; pero no, no es tiempo ya. Bien sé que voy tu aflicción a aumentar, pero ya es hora de que sepas cuál te adora la que acusas sin razón. Aborréceme, es mi suerte; maldíceme si te agrada, mas toca mi frente helada con el hielo de la muerte. Tócala, y si hay en tu seno un resto de compasión, alivia mi corazón, que abrasa un voraz veneno...
MANRIQUE. ¡Un veneno!... ¿Y es verdad? Y yo, ingrato, la ofendí cuando muriendo por mí... un veneno...
LEONOR. Por piedad, ven aquí, por compasión, a consolar mi agonía. ¿No sabes que te quería con todo mi corazón?
MANRIQUE. Me matas.
LEONOR. Manrique, aquí, aquí me siento abrasar. ¡Ay! ¡ay! Quisiera llorar, y no hay lágrimas en mí. ¡Ay! juventud malograda, por tiranos perseguida! ¡Perder tan pronto una vida para amarte consagrada!
(_Se ve brillar un momento el resplandor de una luz en la ventana de la izquierda._)
¡Mira, Manrique, esa luz... vienen a buscarte ya; no te apartes, ven acá, por el que murió en la cruz!
MANRIQUE. Que vengan... ya entregaré mi cuello sin resistir; lo quiero; anhelo morir... muy pronto te seguiré.
LEONOR. ¡Ay! Acércate...
MANRIQUE. ¡Amor mío!...
LEONOR. Me muero, me muero ya sin remedio; ¿dónde está tu mano?
MANRIQUE. ¡Qué horrible frío!
LEONOR. Para siempre... ya...
MANRIQUE. ¡Leonor!
LEONOR. ¡Adiós!... ¡adi... os!
(_Espira; un momento de pausa._)
MANRIQUE. ¡La he perdido! ¡Ese lúgubre gemido! es el último de amor. Silencio, silencio; ya viene el verdugo por mí... Allí está el cadalso, allí, y Leonor aquí está. Corta es la distancia, vamos, que ya el suplicio me espera.
(_Tropieza con Azucena._)
¿Quién estaba aquí? ¿Quién era?
AZUCENA. ¿Es hora de que partemos?
(_Entre sueños._)
MANRIQUE. A morir dispuesto estoy... Mas no; esperad un instante; a contemplar su semblante, a adorarla otra vez voy. Aquí está... Dadme el laúd; en trova triste y llorosa, en endecha lastimosa os contaré su virtud. Una corona de flores dadme también; en su frente será aureola luciente, será diadema de amores. Dadme, vereisla brillar en su frente hermosa y pura; mas llorad su desventura como a mí me veis llorar. ¡Qué funesto resplandor! ¿Tan pronto vienen por mí? El verdugo es aquél... sí; tiene el rostro de traidor.