Elementos de la filosofía del espíritu humano · Unidad 126 de 280

Unidad 126 · BÉJIMEN PARA ADQUIRIR EL HABITO DEL ORDEN REAL.

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BÉJIMEN PARA ADQUIRIR EL HABITO DEL ORDEN REAL.

El orden 16jicodela8 ideas es el de sus relaciones reales o la serie délas ab8tracciones;por consiguiente el que quiera seguirlo, debe yalerse por necesidad del ausilio de los signos. En efecto, las ideas abstractas se desvanecen al instante, si de algún modo no las realizamos, agregándoles una palabra que les sirva de apoyo i las sostenga esclusivamente en nuestra memoria, pero los signos no desempeñarán bien este oficio sino signen con exactitud la marcha de las ideas, sino las representan en el orden mismo de su jeneracion. Los que componen el lenguaje vulgar, no pueden servirnos enteramente, porque si maniI fíestan* en su composición el talento analítico de sus inventores, se resienten por lo común de la imperfección de las primeras ideas. Muchoe^o tienen una significación precisa i determinada, otros han sido estraidos de idiomas estraños i por hombres no bastante instruidos para apreciar las verdaderas exijencias de la filolojía i los medios de suplirlas. Por otra parte, el trascurso del tiempo i las revoluciones que ajitan de continuo a los pueblos, han desnaturalizado poco a poco la significación primitiva, i aumentado el nf ñero de las anomalías. Por esta razón los filósofos que han querido adelantar sus conocimientos, se han visto en la necesidad de formarse üQ idioma aparte, i aconsejan esto mismo a los que quieran imitarlos. Para esto no se necesita inventar palabras nuevas^ '

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sino correjír lafl vulgares i usuales^ determinaftdo sa valor con mas exactitud^ i clasificándolas en el 6rd6n mismo de las ideas. Esta reforma tiene ademas la ventaja de perfeccionar el ejercicio de la memoria, porque un sistema bien arreglado de signos permite recorrer las ideas en su orden lójioo, i esta continua revisión hace que jamas se olviden su verdadero valor e inmediatas relaciones.

§CCV.

INOONVBNIENTBS DB BSTB HABITO I MODO DB EVITARLOS. — MÉTODO PARA BNSBNAR.

Pero este h&bito que ofrece tamaSas ventajas no deja de ir acompañado de algunos inconvenientes. La continua reseSa de nuestras ideas abstractas puede inhabilitarnos para aplicar las verdades jenerales i sacar lejítimas consecuencias. En efecto, ya hemos visto que la operación de la abstracción se verifica diminando las diferencias entre muchas ideas, i estrayendo los elementos comunes; de lo que resulta que las personas acostumbradas a este ejercicio se acostumbran también al olvido de las diferencias, i que si se les presenta un objeto complicado en que se hallan reunidos porción de elementos al parecer heterojéneos, dichas personas se hallan con elementos desconocidos que dividen su atención i les impiden hacer un análisis exacto i rápido. Uu nlumno de matemáticas puede conocer exactamente las relaciones abstractas de la cantidad i la ostensión; pero se verá atado cuando tome por lá primera vez un instrumento para medir una altura o nna superficie. Igual cosa sucederá al filósofo que sale de su gabinete para dirijir a un pueblo o reformar sus instituciones. Todo esto se evita acostumbrándonos a formar las ideas abstractas desde su primer oríjen, es decir^ comenzando por los hechos, aprendiendo en ellos a distinguir las cantidades diversas i a elevarnos a las abstracciones, i después de haber llegado a la idea mas sublime, descender de ella a las menos abstractas hasta llegar otra vez a las particulares i primitivas. Esta doble marcha de lo mas compuesto a lo mas simple, i de lo mas simple a lo mas compuesto nos familiarizará con las cantidades comunes i las diferencias, con las leyes jenerales i las escepciones^ nos dará la clave de la teoría i la práctica sin la que sou do poca utilidad los conocimientos mas acendrados. Ésta part43 práctica no se encuentra en el método con que so enseña comunmente la verdad. O se anticipan los hechos i de ellos se asciende hasta las verdades mas jenerales i los primeros axiomas, o se sientan tres o cuatro principios que son como los ejes de todo el sistema, i de ellos se desciende de con- 'secuencia en consecuencia hasta llegar Si resultado que se

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quiere sacar. Los defectos de ambos métodos son palpables; es imposible que los qae ignoran los hechos de que se deríra un principio^ lo puedan comprender en toda.su . ostensión aun coandp el ^ineipio sea la combináciot de las ideas m^s senciUas, i por consiguiente, es también imposible que sépa¿ hacer de él una aplicación exacta^^a marcha del raciocinio en el decenso de las ideas jenerales a^as particulares se va complicando mas i mas^ de manera que el alumno aunque tenga presenté el punto de que ha partido^ o no llega al término pro-

Íuesto o pierde de vista el camino que le ha conducido a él. la dificultad se aumenta todavia cuando se echa mano del principio para aplicarlo a hechos desconocidos i complicados, porque en la multitud de elementos cuya combinación forma los datos de la esperiencia, no se encuentra esa sencillez de ideas con que estamos familiarizados. £1 segundo método lleva a éste conocidas ventajas, pero es bastante defectuoso. Así como es diñcil el decenso de lo jeneral a lo particular, así es de espedito i agradable la marcha de lo particular a lo jeneral; de lo que resulta que los que siguen esclusivamente este camino, se acostumbran a las jeneralizaciones, a la contemplación de la^ relaciones abstractas de las ideas, i olvidan la complicación con aue se presentan estos datos en la práctica, inhabilitándose ae este modo para la aplicación de los mismos principios. Por este motivo el profesor que quiera iuiciar a BUS alumnos en el conocimiento de una ciencia, debe familiarizarlos con los hechos, acostumbrarlos asi a jeneralizar las verdades particulares, como a descender de las jenerales i combinarlas con las particulares i primitivas. La infracción de esta regla dá por resultado la formación de jénios empíricos, o de espíritus sistemáticos e ideales.