Elementos de la filosofía del espíritu humano · Unidad 64 de 280
Unidad 64 · COEXISTENCIA DE ESTOS DOS ELEMENTOS.
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COEXISTENCIA DE ESTOS DOS ELEMENTOS.
Estos dos eleiüentos son inseparables en su orden lójico. No puede concebirse la unidad sin relación a la pluralidad, ni ésta sin relación a la unidad. La unidad sola sin relación a la pluralidad seria, como dice Mr. Cousin, una unidad indivisible, una unidad muerta, una unidad que permaneciendo en las profundidades de su existencia absoluta i no desenvolviéndose jamasen multiplicidad, en variedad, en pluralidad, es por si misma como sino existiese. De la misma manera, la variedad que no es suceptible de unidad, úi se refiere a la unidad, no puede jamas elevarse a una totalidad, a una colección cualquiera, no puede ser adicionada ni formar una suma, es una serie indefinida de cantidades, de las que no se puede decir esta es distinta de la otra, o no es esta otra, porque entonces se la supondria una, es decir, se supondría la idea de unidad, de manera que sin unidad la variedad es también como sino existiese. He aquí )o que produciria el aislamiento de la unidad i la variedad-, la una es necesaria a la otra para existir con la verdadera existencia, con esta existencia que no es la múltipla, variada, móvil, fujitivai negativa, ni esta existencia absoluta^
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eterna, infinita, perfecta que es para n'osotros como la nada de la existencia. Toda existencia verdadera^ toda realidad es inconcebible sin la nnion de estos dos elementos; la variedad sin unidad carece para nosotros de realidad, del mismo modo que la unidad carece de realidad sin la variedad; la realidad o la vida, hablamos de la yida razonable, de la vida de nuestras nociones^ consiste en la simultaneidad de estos dos elementos/'
§ OIV.
RELACIÓN DE CAUSALIDAD ENTRE AMBOS.
La unidad i la pluralidad fuera de la relación de coexistencia tienen también la de causalidad. Esta última es necesaria para formar una idea clara de la existencia, o de esta serie de produociones que constituyen el mundo material, intelectual i ' moral; en una palabra, todo lo que existe. Si la unidad no estuviera ligada por la relación de producción o causalidad, seria imposible pasar de la una a la otra, concebiríamos la unidad sola, la unidad como un elemento simple donde no habría fenómenos, actos ni potencias, donde no habría nada; tampoco podríamos pasar de la pluralidad a la unidad; la pluralidad seria un caos sin figura ni forma, un concepto o cosa ilimitada e inapreciable, seria en suma la misma confusión. Pero si concebimos a la unitlad como el principio o causa de la pluralidad, desaparecen estas oscuridades; la unidad se manifiesta por la pluralidad i por esta manifestación produce o cria la pluralidad; la unidad se manifiesta toda entera en cada uno délos elementos de la pluralidad i lo constituye uno i distinto, se manifiesta en todos i permanece siempre la misma, i por este otro acto los agrupai forma de todos ellos una 8uma,una totalidad determinada i distinta; finalmente, los fenómenos o elementos de la pluralidad se suceden unos a otros, varian i se destruyen, la unidad siempre es una misma, idéntica e indivisible. De este modo la realidad de la existencia que consiste en una serie de producciones, en la manifestación de las realidades por medio de las apariencias, o en la unión de la rejiou fenomenal i la efectiva i productora, se-esplica de un modo claro, i queda establecida en nuestro entendimiento por medio de la relación de causalidad entre los dos^elementos de que acabamos de hablar,
§ CV.
, ^ ' 'sU*ESBlíCIA I NATURALEZA.
¿Qué son estos elementos? ¿son verdaderas ideas o leyes do nuestro entendimiento, formas del espíritu humano? Este es el tercero i último problema. En orden a los dos elementos uni-
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dad i pluralidad i a la relación de causalidad qne los nne, la cosa es bastante clara; la raíz primitiva de la causalidad se ha« Ha en las operaciones del yo pensante i yolente; el alma conoce por sentimiento que lo voíente i pensante emanan del yo, que son las ttparienéias del jo, los ienómenos por donde se hace sentir i conocer; entre lo volente i lo pensante, i el mismo 70 DO hai elemento alguno que se combine con cualquiera de los dos estremos, de lo que resulta que lo volente i lo pensante emanan del mismo yo, son efectos del yo. El yo o la causa de los fenómenos es en último análisis lo permanente, lo invariable, el unum; lo volente, lo pensante, lo sintiente son los fenómenos variables i transitorios, lo múltiplo» lo finito, i estos dos elementos contemplados por la abstracción deductiva 60 BU forma pura dan la relación de causalidad entre lo uno i lo múltiplo, lo permanente i lo eventual. Esta jeneracion ma« nifíesta que la unidad i pluralidad, i la relación de causalidad, son ideas verdaderas, formadas como todas las demás ideas, que al principio se nos maniñestan en su forma emj^rica o concreta i que después el entendimiento las depura de los elementos estraños i las eleva a la clase de conocimientos absolutos. Ambas categoriaa son correlativas i coexistentes; la primera en el orden lójico es la unidad, es decir, la unidad fijada por el alma en virtud de su acción espontánea i concebida de un modo oscuro i ^ago, después entran los fenómenos o lo variable e insubsistente^ su oposición con la unidad aclara la idea de la última, i esta misma por una especie de reivcoion aclara i fija la de lo múltiplo i fenomenal. En posesión de e^tos dos elementos i con la luz que despiden entra el alma al fondo de la conciencia i según lo hemos demostrado en el curso de la sección, observa, clasifica i elabora toda clase de conocimientos.