Elementos de la filosofía del espíritu humano · Unidad 87 de 280
Unidad 87 · 3.» GRADO, CONCEPCIÓN ESPONTANEA I CREENCIA NÍWESaRIA DEL PRINCinO. — 4.** GRADO, INTUICIÓN ESPONTAN
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3.» GRADO, CONCEPCIÓN ESPONTANEA I CREENCIA NÍWESaRIA DEL PRINCinO. — 4.** GRADO, INTUICIÓN ESPONTANEA DEL MISMO.
De este punto todavía enteramente subjetivo i reflexivo, pnes el yo con la conciencia clara de sí mismo es el que concibe la necesidad de la verdad o realidad de la relación, de éste ponto repito, pasa el alma ala contemplación espontánea del principio absoluto, sin relación alguna a sí misma, o al sujeto que lo concibe. En esta situación hai unu creencia necesaria e invencible, pero una creencia espontánea en que hoIo se tiene presente al mismo principio i nada mas, en que desaparece enteramente todt) acto del yo relativo al mismo yo, en suma, la parte empírica subjetiva. El absoluto no podrá ser tan claro i perceptible como en el grado anterior, porque cuando mas se individualiza una noción o un concepto, mas distinto aparece; pero la necesidad de su realidad se presenta mas desprendida, independiente i estensR. Antes habia en la escena intelectual tres actores, el principio, la necesidad de su realidad i el sujeto que.lo concibe, ahora no hai mas que dos, principio i necesidad de sn realidad. Esta parece la última escala a (jue puede elevarse el absoluto, no obstante todavia puede el alma depurarlo de todo punto de vista subjetivo, relativo i reflexivo, todaviíi puede contemplarlo sin mezclado personalidad, sin esa necesidad de creencia que lo aco!np¡ma; entonces todo el acto intelectual se reducirá a la contemplación o intuición espontánea del principio en sí mismo; ya no habrá yo que contempla o cree, ni principio contemplado, i cuya evidencia se hace irresistible, no hai mas que intuición inmediata, espontánea del mismo principio, conciencia pura de la apercepción pura; desaparece aquí todo acto i elemento empírico, solo reina el absoluto.
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§ oxxxvm.
CliARIDAI) I OSCURIDAD DBL PRINCIPIO SN ISXOS DIVBRSOa GRADOS.
El principio absoluto colocado en este grado supremo^ domina toda la naturaleza, al 70 i las cosas distintas del 70; es ea BÍ la noción pura de la realidad, la misma verdad^ i desde a^oí desciende a combinarse con los datos esperimentales, a sancionarlos i realizarlos. En este último grado el absoluto es luminoso por sí mismo, pues es el elemento positivo por escelencia, pero no tiene ese grado de claridad de que participan las nociones distintas, las nociones formadas de los datos o fenómenos que pasan en el unum causante, en el yo, i que este 70 realiza separándose de ellos i aplicándoles a cada uno el sello de la unidad. Por esta razón pudiera decirse que el absoluto era aquí claro i oscuro, aun mismo tiempo, claro porque no habiendo elemento empírico, no hai duda o incertidumbre, la acción del alma hacia él es una tendencia directa i espontánea; oscuro porque no habiendo distinción, reflexividad, conciencia del ser que siente i de la cosa sentida, todo no es mas que uno e indistinto. Luego desciende un paso hasta el tercer grado de la escala ascendiente donde se subjetiva un poco por la creencia que infunde^ por la satisfacción plena que tiene el entendimiento en su posesión; la luz que resulta de la intuición espontánea se destru7e al paso que se aumenta la reflexiva. En el segundo'grado de la escala ascendiente, i en el tercero de la descendiente, se desenvuelven estos fenómenos con mas claridad; el principio absoluto se subjetiva mas, el alma lo concibe con la conciencia clara de sí misma, i lo concibe como necesario en sí mismo. En esta escena se denotan los caracteres de los conocimientos, el subjetivo i objetivo, i la relación que los liga. Por último, de este punto pasa al último de la subjetividad, i aqui el principio adquiere una falsa espontaneidad de aplicación i se presenta bajo el título engañoso i verídico de le7es inherentes a la intelijencia, principios constitutivos, conceptos necesarios, formas, categorias intelectuales. Su carácter es infundir una creencia invencible, pero una creencia enteramente subjetiva. El que concibe el prmci- )io no puede menos de reconocerlo por verdadero i evidentOi o contrario parece un absurdo.