Elementos de zoología · Capítulo real 26 de 49
CAPITULO XLI
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.
CAPITULO XLI
Trasformismo. — Hasta ahora vemos cuándo , pero no cómo lia aparecido el hombre, y para los que no ad¬ miten su creación instantánea es preciso indicar las so¬ luciones que la ciencia moderna ofrece para este pro¬ blema que desde los tiempos más remotos ha tentado la curiosidad de los investigadores. En el génesis Indú encontramos esta frase de Manú: “cada uno délos ele¬ mentos, á medida que se va trasformando, adquiérela cualidad de aquel que lo precede, de manera que mien¬ tras más lejano es el elemento en la serie, más cuali¬ dades tiene " El filósofo aplica esta teoría a los anima¬ les y ahí tenemos en embrión el tan discutido trasfor-
mismo. . , ,r/ui
Largos siglos durmió la Mpótes.s, hasta que la vo -
vieron 4 despertar algunos pensadores como de Malí-
let (Telliamcd) , Lamarck, Geoffroy Saint Hilara,
Wallace, Danvin y otros: como este ultimo es el que
la ha perfeccionado y completado, nos limitaremos a
examinar sus opiniones. _
El Darvinismo es la teoría de la selección natural por la concurrencia vital aplicada al trastormismo c e Lamarck (Topinard). Según el saino ingle. i: í-, ,1o. animales actuales descienden todos de cuatro o cinco tipos primitivos ó tal ves de uno solo: 2* ellos lian sido modificados principalmente por la selección. 3-,
las especies son ilimitadamente variables y susceptibles de cambiar completamente bajo la influencia de los cruzamientos, de los agentes exteriores y de las cos¬ tumbres nuevas que adquieren: 49, á consecuencia do la concurrencia vital o lucha por la vida , los individuos que han adquirido algún carácter nuevo que les sea ventajoso, destruyen á los otros y persisten solos, lo que constituye la selección: 59, para la realización de los cambios específicos se necesita generalmente un tiempo considerable; pero en realidad lia habido evolución pro¬ gresiva desde los animales primordiales hasta los que vemos en la época actual.
Esta teoría, sostenida por un naturalista hábil y de grandes conocimientos, es por cierto seductora; y si en lugar de descansai sobre una serie de hipótesis, se apo¬ yara sobre hechos probados, no hay duda que se atrae¬ ría el sufragio universal. ísTo pediendo discutirla en su totalidad, liablaiemos solamente de dos puntos funda¬ mentales.
La vai labilidad ilimitada no tiene hechos positivos que la prueben: ciertamente que las especies no son absolutamente inmutables, pero varían en términos muy estrechos, y nadie lia visto los descendientes de un animal presentar caracteres específicos diferentes de los de sus antepasados, aun á pesar de los esfuerzos del hoinbie, del cambio de clima, de los cruzamientos, etey una especie así violentada perece, ó si las circunstan¬ cias no le son demasiado desfavorables, vuelve á reco¬ brar su forma ancestral. Se ha invocado como factor importante la larga serie de los siglos geológicos: pero si juzgamos por los tiempos históricos, vemos, por ejemplo, que los ibis, gatos y crocodilos de Egipto son
los mismos hoy que cuando sus adoradores los momi¬ ficaban: los bueyes, caballos y castores del fin de la época terciaria, son idénticos á los actuales. Un pensa¬ dor superficial podrá admitir que un zambullidor ó un manco, á fuerza de dejar de usar sus alas pueda tomar costumbres absolutamente nuevas y al fin trasformarse en pez. ó este último en aquellas aves, habituándose paulatinamente á abandonar su natural elemento; pe¬ ro esta es una observación incompleta, y no se re¬ flexiona que antes de modificar sus respectivos apara¬ tos respiratorios, el manco y el pez perecerían en sus tentativas para respirar en elementos diferentes del que les es ordinario: sin embargo, se admite una ley de regresión para los casos en que un animal retroce¬ de cn°la serie, así como otra de progresión que vamos á examinar.
Se habla he evolución progresiva, de perfecciona¬ miento gradual. Si se considera de una manera muy general el conjunto de los fósiles, esta ley puede tener una aplicación que viene á ser imposible cuando se ob¬ servan los detalles. Según Pictet, en la fauna mas an¬ tigua dos órdenes do animales están representados y no son los más imperfectos: los quelomanos y los sau-
oniif virio de nna organización elevarumos son, por el comí ai uo o
da. No existen batracios, pero vemos sus congeneres los laberintodontos, muy superiores á ellos. Los saurianos de estos terrenos son tecodontos, y de consi¬ guiente más perfectos que los actuales. En la época se¬ cundaria vemos tortugas tan bien oigauizai as c . las que viven ahora, y crocodilianos y lacertianos in¬ feriores á algunos tipos modernos, y superiores a otros: los ictiosauros y plesiosauros son considerados como
inferiores á los reptiles actuales, pero lo son también á los que los precedían en los terrenos penco y triásico: varios peces ganoides y placoides de esta remotísi¬ ma época son iguales, si no superiores, á los de las aguas modernas. Carlos Brongniart habla de blatídeos, mantídeos, fasmídeos, hemerobios de los terrenos car¬ boníferos, y el mismo Darwin cita un insecto devonia¬ no descubierto por Scuddcr, y que tenia un tímpano ó aparato de estridulacion propio de los locustídeos ma¬ chos: ¿son estos animales inferiores á nuestras cucara¬ chas, zacatones y saltamontes, como lo exige la ley de evolución progresiva?
Varios de estos hechos llevan también testimonio contia la teoría de la descendencia: esta ley parece ade¬ más una petición de principio, un verdadero círculo vi¬ cioso. para explicar la descendencia so arguye de la se¬ mejanza de los séres, y para explicar la semejanza se vale uno de la descendencia. “En el reino mineral, las foimas cristalinas, que pasan por estados aparentcmente amorfos, presentan tipos que pueden clasificarse co¬ mo los orgánicos en un orden natural: sin embargo, á nadie se le ocurrirá pensar que existe lazo genealógico entre el tipo más complicado y el más simple, que el uno procede del otro por evolución.” (Ilartmann, El Darvinismo.) Esta ley supone la existencia de tran¬ siciones numerosas que no hallamos: no hay ninguna entre los ictiosauros y los reptiles que los han prece¬ dido o seguido. Los teiodactilos forman un tipo único y muy distinto que no se relaciona con ninguna fami¬ lia anterior ó posterior; los queirópteros, los proboscidinnos están perfectamente aislados, y lo mismo sucede con los ornitodelfos, los quelonianos, los lepidópteros
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y otros muchos: la conclusión es que cada una de estas formas ha aparecido tal como la conocemos, por más que tengamos (pie sentir nuestra actual ignorancia del cómo han aparecido. Se invoca la embriología, y se di¬ ce que en el huevo los animales superiores pasan su¬ cesivamente por el estado de los inferiores; pero evi¬ dentemente es fijarse en semejanzas de pura superficie: nunca el hombre, por ejemplo, tiene al estado embrio¬ nario el sistema nervioso de un actinozoario, de un ma-
lacozoario, ó de un entomozoario; nunca tiene la cii di¬ lación ni la respiración de los seres de estos entroncamientos, y podríamos fácilmente probar con MilneEdwards (Introd. á la Zool. gener.), que en ningún instante de nuestra evolución presentamos alguno de los caracteres de otros animales. Esta pretendida iden¬ tidad de estructura, se reduce á una morfología exte¬ rior apenas comparable si se estudia á fondo la em¬ briogenia, y de consiguiente el hombre no proviene, por via filogenética á lo ménos, de los tipos inverte¬ brados. ,
Hablando de él, en ninguna parte se han podido en¬ contrar restos del animal del cual proviene, y solo por conjeturas puede Darwin afirmarnos que su antecesor ha sido un ser ambiguo medio hombre y medio mono pero de Quatrefages observa, con razón, que un anima plantígrado como el hombre, y un trepador como e mono, no pueden tener el mismo origen genético.
Todo el libro del ingenioso sabio inglés prueba peí - fectamente la sustitución, y aun cierta vanabi n . de las especies, mas no evidencia la trasformacion c e unas en otras. Casi siempre, y se puede ver para eso su obra capital sobre origen de las especies, Darwm
hablado probabilidades, de posibilidades, de suposicio¬ nes: este modo de argumentar no puede llevar la con¬ vicción á los ánimos cuando se trata de zoología, cien¬ cia toda fundada sobre la observación rigurosa de los hechos, para de ella sacarlas conclusiones generales. La hipótesis es magnifica, sostenida con gran talento y una ciencia vasta y profunda, pero hasta ahora no pa¬ sa de hipótesis: ella no tiene nada de irracional, nada de absurdo ó imposible: ella explica la gradación geneial y el pui enfosco de los animales, de un modo na¬ tural y lógico; pero por el momento carece de la de¬ mostración por hechos positivos, y tal vez, cuno lo dice Glaus (liait. Zool.) , nunca podrá dar esta demostración directa, porque esta doctina se apoya sobre hipótesis que la observación no puede verificar. Más valdría quedar en la duda filosófica, que declararse partidario absoluto ó irreconciliable cnemi<-0 de ella
Ciertas leyes Darwínicas, como la de la selección na¬ tural reducida á sus verdaderos límites, la de la lucha poi Ia ^ iua, etc., son realmente inatacables, y por este lado, como por las numerosas y curiosas observaciones de que su obra está llena, el sabio trasformista ha pres¬ tado un gian sci vicio á la ciencia: veamos lo c[ue se di¬ ce en favor de sus teorías:
ísTo hay entre los grupos que constituyen el reino animal ninguna línea divisoria bien marcada: los ti¬ pos de transición lo prueban, como el lepidosiren entic los peces y los reptiles, el ornitorinco entre las aves y los mamíferos. Las modificaciones do las par¬ tes homologas no se pueden explicar más que por la descendencia, la selección y la adaptación á las circuns¬ tancias exteriores. La existencia de los órganos rudi-
mentarlos, como los dientes inferiores en el feto de la ballena, las mamas en los mamíferos machos, la ca¬ rúncula lagrimal del hombre, los incisivos superiores del embrión del becerro, se comprende perfectamente
si se admite que los antecesores de estos animales po¬ seían estos órganos perfectos. La semejanza de los em¬
briones de los vertebrados entre sí, prueban su común origen, puesto que á primera vista no se pueden dis¬ tinguir unos de otros; y además, su evolución sucesii a de lo simple á lo complicado, recuerda la evolución paleontológica de los seres. Muchas especies recono¬ cen antecesores cuya filiación puede verificarse desde la época actual hasta los períodos más lejanos de la aparición de la vida sobre la tierra, y se observa en¬ tonces que las formas ancestrales eran mucho mas im¬ perfectas que las últimas. 1 ,
Como se ye, la cuestión del Darvinismo es bastante difícil, y no nos conviene en una obra elemental enutir afirmaciones dogmáticas sobre ella.