Ensayo sobre la filosofía médica · Capítulo real 7 de 27
CAPITULO II
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 2 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
CAPITULO II.
Del espíritu ó del genio de invención ¿de observación y de esperiencia, de sus agentes y de sus métodos.
Los agentes ó los órganos que nos sirven para la observación de los fenómenos que ocurren fuera de nosotros , son los sentidos estemos, ó sea los sentidos propiamente dichos. Otros hay , esto es, los sentidos internos que nos ponen , por decirlo asi , en relación con nosotros mismos , y esta especie de observación interior que se ha designado en estos últimos tiempos con el nombre de conciencia , es el origen de conocimientos de la mas alta importancia (1).
ARTICULO 1.
De la observación estertor.
Se entiende por observación esterna la aplicación inmediata ó mediata de uno ó de varios de nuestros sentidos á la investigación de las propiedades y de los fenómenos de los cuerpos; siendo la verdadera luz que ilumina el entendimiento humano en todo lo concerniente al estudio de las ciencias físicas y químicas propiamente dichas. La inclinación ó especie de instinto que nos obliga á ejercitar nuestros sentidos , es lo que yo designo con el nombre de espíritu 6 genio de observación, sin cuya tendencia , que no debe confundirse con los sentidos , llevada á un alto grado , nadie puede ser un gran observador. En una palabra, es preciso tener vocación para el arte de observar como para cualquier otro , é indispensable nacer con las cualidades necesarias para ello , como es indispensable que nazca el poeta con las que su profesión requiere. Un idiota puede muy bien tener sus cinco sentidos estemos completamente desarrollados, sin que por eso llegue jamás á ser un grande observador: ¿pues qué le falta ? El espíritu de observación que tiene su lu-
(1) «lin los límites de la fisiología visible dá principio otra cuyos fenóuie- »nos están también sujetos á leyes que es muy importante conocer. Esta según - »da fisiología, que designaremos con el nombre de psicología , es sin duda una «continuación de la primera. Jplicando á las observaciones del sentido interno, *>¡jue es el único que puede percibirlas , el método de que se ha hecho uso para »las observaciones de los sentidos estemos , se podrá dar a la teoría del entendi- »miento humano la misma exactitud que en los otros ramos de la filosofía na- »tural.» (Laplace, Essai phdosophifjuc sur les probubilités.)
gar propio en el celebro , y cuya fuerza y poder varían según los individuos.
Para que nuestros sentidos puedan percibir los fenómenos con oportunidad y exactitud , no basta que estén bien organizados , sino que se requieren otras dos condiciones fundamentales, á saber , la atención y la educación.
La atención aumenta la fuerza del instrumento observador , le dá tensión en cierto modo , y de aqui viene el precepto de ser atentos y pacientes que se impone á todos los que se dedican al penoso ejercicio de la observación (1).
La educación ó el cultivo de los sentidos se obtiene con su ejercicio habitual , el cual al cabo de largo tiempo les dá tal sutileza y tal presteza , por decirlo asi , que al parecer tiene algo de prodigioso. Verdad es que el espíritu de observación se desarrolla y perfeciona singularmente con este ejercicio, y que quizás en esto consista, mas bien que en el perfeccionamiento de los sentidos, el secreto de la maravillosa sagacidad con que los grandes observadores comprenden los fenómenos que no alcanzan á descubrir los demás.
Entre los médicos que han insistido mas sobre la necesidad de egercitar mucho los sentidos, descuella el inmotal Corvisart, que habla con frecuencia y con cierta especie de complacencia, sobre este importante asunto. Merecen citarse los párrafos siguientes del prólogo que precede á su traducción de la obra de Avenbrugger sobre la percusión;
«De todas las ciencias físicas en general, no hay tal vez una «sola en que importe interrogar á los sentidos mas que en la «medicina práctica propiamente dicha....
«¡Cuan raro es hallar un observador profundo que antes de «formar su juicio sepa esperar en el silencio de la imaginación »y con el espíritu en el alma , el resultado que ha de darle un «sentido puesto en ejercicio; que compare este resultado del uno «con el producto del otro; que rectifique ó afirme el uno por el «otro, y que en seguida los compare con aquellos de que la ob- «servacion y la esperiencia le han dejado recuerdos exactos «para establecer por último sobre estas bases la opioion menos «errónea posible en la investigación de la naturaleza y de las » causas de las enfermedades]
»Pero para que nuestros sentidos adquieran tal precisión y
(I) La atención qne se presta con frecuencia á una cualidad particular de los objetos , llega con el tiempo á dotar á los órganos de una sensibilidad tan exquisita , que bace advertir dicha cualidad aun cuando sea imperceptible para la generalidad de los hombres, (Laplace, Calad Jes probahililés, pág. 24o )
i i*
«exactitud , es preciso suponer su aplicación frecuente á los objetos que están á sus alcances , á cuyo ejercicio habitual , frecuente y metódico , que es precisiso dirigir con acierto, y «que se halla por desgracia demasiado desatendido , he dado «muchas veces el nompre de educación médica de los sentidos.
»Si la medicina constituye evidentemente una ciencia bajo «muchos puntos de vista , es ciertísimo también que mirada de «cierto modo es simplemente un arte , ars medica , como se di- «cecon frecuencia ; y considerada de esta suerte , se hace tan «importante, tan indispensable la educación de los sentidos, «que no creo posible que exista sin ella un médico que pueda rc- «comendarseá los enfermos. ¿Qué es en efecto lo que se llama «vulgarmente costumbre de ver enfermos, ó golpe de ojo mé- «dico , que tantas veces se hace superior á la mas vasta erudi- «cion y á la instrucción mas sólida , sino el resultado del ejer- «cicio frecuente, metódico y exacto de los sentidos , de donde «se derivan aquella facilidad en la aplicación , aquella prontitud «en la esposicíon, y aquella seguridad tan rápida á veces en los «juicios ; actos que todos parecen simultáneos, y cuyo conjun- »to se designa con el nombre de tacto?
He dicho antes que nuestros sentidos pueden aplicarse inmediata ó mediatamente á los obgetos cuyas propiedades y fenómenos tratamos de conocer : el primer modo constituye la observación simple ó natural, y el segundo la observación artificial ó secundada por el uso de instrumentos construidos por el arte. Como la vista , por ejemplo , no tiene mas que un alcance y energía limitados , es muy fácil de concebir cuántas ventajas pueden sacarse del uso de instrumentos que aumenten ó aproximen los obgetos , que es lo mismo que si se aumentase la energía del mismo sentido. ¡Cuántos fenómenos , que hubieran quedado eternamente desconocidos por la simple inspección , nos han sido revelados por el microscopio y el telescopio! ¿Quién no conoce los magníficos resultados de las investigaciones microscópicas de los Spallanzani y los Fontana , y las mas recientes aun de Prevost y Dumas, Home, Dutrochet, Raspail, Baueer, Sehuit, etc., etc.? Lo que decimos de la vista es igualmente aplicable al ruido y al tacto , considerado como sen* tido mecánico ; porque en efecto sin una multitud de instrumentos con que armarnos la mano, órgano de este último sentido ¡de cuántas luces , debidas á este medio de esploracion , no estaríamos privados! ¡Cuántos preciosos documentos, por ejemplo, no han sido suministrados por las diferentes especies de catete» rismo ! La sonda , pues , si se nos permite decirlo asi , no viene & ser mas que un dedo prolongado.
e* Sin embargo , el uso de los instrumentos "en general , y del microscopio en particular , exige destreza y precauciones si se quiere evitar toda clase de errores; de suerte que puede aplicarse rigorosamente á los esperimentos microscópicos el sabio precepto de un ilustre fisiólogo: «Est in his ómnibus expenrimentis lex } cujus neglectce peonas maximi aliquando viri nluerunt. Nidlum unquam experimentam, adminislratio nulla¿ nsemeldebet instituí ; ñeque verum innostescit , nisi ex consternóte repetitorum periculorum eventu. Plurima sitnt aliena , quee nsein experimenta immiscent : discedunt ceain repitendo, ideo »quia aliena sunt , et pura supersunt j quee ideo perpetuo simili- »ler eveniunt j quod ex ipsa reí natura fluant.» (ílaller, Etcm. pkysiol , prwf.; página o.)
Asi, pues, no estando al alcance de nuestros sentidos un gran número de obgetos ó de fenómenos que es preciso observar en las ciencias módicas, se han discurrido ó inventado diversos métodos por los cuales se hacen accesibles aquellos á dHtos memos de observación , pudiendo levantar , por decirlo asi , el velo que los ocultaba. Estos procedimientos y distintos actos son conocidos en general con los nombres de métodos , procedimientos , experiencias ó esperimentos. Hasta les mismas disecciones son medios de observación, y es bien sabido que no merecería la medicina en realidad el nombre de eiencia exacta y positiva, si se hallase privada ie los recursos que le proporciona la anatomía normal y patológica ; la cual no puede ser conocida sino por las disecciones y cnalisis de todo género que exige , y que no puede menos de practicar el fisiólogo en particular (1).
(i) No l»e;nos podido leer sin una sorpresa laa viva como fundada en un pro ugo bastante reciente, y que por otra parle contiene ¡deas escelentes, las leflexiones que siguen: «Desde fines del úlíí-no siglo emplea la fisiología es- »clusivamente el mismo método de investigaciones para la solución de las cuestiones mas encontradas, como si al parecer no conociese olios fuera del de «•los esperimentos. El laboratorio de sus estudios parece, mas bien que gabinete de un hombre pensador, un lugar de muerte y de carnicería en donde «resuenan sin cesar los gritos y gemidos de animales que espiran entre los mas «espantosos tormentos; mientras que la fisiología, sorda á sus dolores, contempla voluntariamente y sow'úndose el horror de sus movimientos y la ago- »nía de sus dolores; y estasiandose después sobre las dificultades y obstáculos vencidos, y comparando particularmente los trabajos y fatigas oor- "porales dil esperime/i¿ac¿ort con el trabajo del pensador en su gabinete, da sin titubear la preferencia á las obras manuales del hombre que espe- «rinienta, sobre las operaciones enteramente intelectuales del hombre que me- «dita. En ellu es consecuente consigo misma, porque mientras mas actividad ^ material despliega , menos uso hace del raciocinio.»
No hay duda en que es muy bueno , muy noble y muy útil entregarse á
Las enfermedades pueden considerarse en rigor como otros tantos esperimentos naturales que proporcionan al espíritu de observación una abundantísima cosecha de fenómenos, campo abierto precisamente también á las observaciones del clínico, que no es mas que el fisiólogo del hombre enfermo. Por lo demas, diremos de paso, que cierta clase de esperimentos y de vivisecciones hechas por la naturaleza han contribuido muchísimo á los adelantamientos , aun de la misma fisiología, y con mucha razón dijo, por ejemplo , en su disertación inaugural el catedrático Lallemand , uno de los observadores mas distinguí-, dos de nuestra época, que el estudio de las enfermedades del encéfalo no seria menos útil para la determinación de las funciones de este órgano tan compuesto que las vivisecciones propiamente dichas. No se habia ocultado esta verdad á la profunda sagacidad de Haller , como lo manifiesta el párrafo siguiente de su gran fisiología. «Sedet morbosorum cadaverum incisorum nplurima commoda sunt. Sit functio unicunique corporis par ti y>vulgo adscripta , velisque rescire , num veré id ejus officium sit nquod creditur , non certius depnies , quam incisis corporibus, »inquibus eapars vitiata erit. Si ea functio superftiit ¿ cum id »organum vitio labor avit , non est ejus , quai dicebatur _, utili-r »tas ; si sublata fuit in eo corpore functio cujus partícula de qua nqumriturj vitiata fuit , valde.erit vero proximum, hanc fuisse »ejus partis functionem _, quw sublata fuit,»
Los esperimentos hechos en animales vivos son muy propios para aclarar una multitud de cuestiones médicas , que la
la meditación tanto en fisiología como en cualquiera otra ciencia; pero los nuevos progresos que diariamente eüá haciendo aquella no se deben únicamente á las abstracciones del gabinete ni á grandes esfuerzos intelectuales. Si se quiere saber qué influencia ejerce el octavo par de nervios en la respiración, cuáles son las funciones del cerebro , del cerebelo y de la médula espinal , qué papel hacen las venís en la función de la absorción, etc., etc.; parece que no se podria esperar la resolución de estos problemas, encerrándose en el gabinete, y permaneciendo en él con las piernas cruzadas, la mano en la frente, los ojos cerrados, y absorto el entendimiento; sino que valdría mas abrir los ojos , y dirigirse á un anfiteatro á multiplicar y variar los esperimentos, como lo hicieron Dupuytren, Legallois, Rolando, Magendie, Flaurens , etc., salvo el no contemplar sonriendosc el horror de los movimientos y la agonía ele lis dolores de los animales, lo cual soy de opinión que no constituye un atributo necesario de la fbiologia esperimenlal.
Un fisiólogo á quien no se acusará seguramente de crueldad , puesto que nunca tuvo valor para aplicar al hombre enfermo el instrumento cortante, esto es , Haller, se expresa asi: « V~n-a animalía incidisse necesse est. Unicum sa>- »pc experimenlum integrorum a n ñor uní Lihor'wsa figmenta refutavit. Hwc ere »dulitas ad veram phjsiologiam plus contulit, quam omnes fere a-ioe artes, quanrutn conspirante opera , nostra scientia conra.'uit,»
simple observación de las enfermedades, tales cuales la naturaleza nos las presenta, ha dejado en un estado de mayor ó menor oscuridad. Los ensayos de M. Ga«pard , por ejemplo, que yo he repetido por mí mismo acerca de la inyección de las materias pútridas en las venas, no han sido ciertamente inútiles del todo para la esplicacion de los fenómenos tifoideos que se observan en cierto número de enfermedades ; asi como las inflamaciones que he desarrollado artificialmente en el tubo digestivo de muchos perros, han contribuido seguramente á hacerme apreciar en su justo valor el papel que desempeñan las inflamaciones de este aparato , llamadas espontáneas en la producción de las enfermedades designadas con el nombre de calenturas esenciales. Si algo se ha de sentir es que no se eche mano con mas frecuencia de un medio tan fecundo para ilustrarse , y adquirir conocimientos positivos.
En último análisis los esperimentos no son menos aplicables á las ciencias fisiológicas ó médicas, que á la física y á la química que le deben sus inmensos y rápidos progresos, debiéndose confesar ademas que la inteligencia toma parte también en !us trabajos esperimentalcs; porque en efecto , ¿no es una operación del entendimiento la idea ó concepción de una ó muchas series de esperimentos propios para ilustrar una cuestión científica cualquiera ? ¿Qué es sino el genio esperirntntal? ¿No es el alma la que dirige esa obra manual, esa fatiga corporal? Ciertamente que los grandes esperimentadores se distinguen mucho menos por la ejecución que por la concepción de los esperimentos ; y repito, que concebir una idea de esta naturaleza , es un acto del espíritu , de la inteligencia , del entendimiento como cualquiera otra concepción.
Según las cualidades ó condiciones de los cuerpos que se trata de apreciar exactamente , se recurre ó bien á los métodos ó procedimientos matemáticos , ó bien á los* métodos mecánicos , físicos y químicos. Asi , por ejemplo , si se quieren resolver cuestiones de peso , de volumen , de estension , de número , etc. , tanto en medicina como en cualquiera otra ciencia natural, es indispensable pesar , medir y calcular conforme á las reglas que nos enseñan los conocimientos fisicos y matemáticos ; pues bien, la clínica nos presenta á cada instante casos en que no se puede observar ó esplorar con precisión sin recurrir á estos medios ; y por el escrupuloso cuidado con que procuramos poner en práctica los métodos aquí indicados, nos atrevemos á decir que hemos dado á nuestra clínica un carácter de ( xactitud , precisión y certidumbre que en vano se buscaría en donde no se proceda del mismo modo.
La percusión , la auscultación , el peso , la medida, el cálculo , la esploracion termométrica , higrométrica , electrométrica, dinamométrica etc., hé aquí en realidad los manantiales puros y fecundos de la observación médica en tanto que Se ejerza sobre las condiciones mecánicas , físicas y químicas de que ha participado el cuerpo humano con todos los demás. La gran mayoría de los médicos de la antigua escuela ignoran ó desatienden de tal modo casi todos estos métodos precisos y exactos de observación , que no debe admirar que exista tanta vaguedad é incertidumbreen su diagnóstico y en su práctica como consecuencia necesaria. Aun en los casos mas vulgares desatienden casi siempre el método numérico, y cuando toman el pulso , por ejemplo, ó aplican la mano para sentir los latidos del corazón , casi nunca los cuentan, haciendo lo mismo con los movimientos de la respiración ; y en lugar de cifras, tienen sin cesar en la boca las palabras de mas ó menos 3 á menudo, algunas veces, en ciertos casos, etc , etc. No pretendo por eso que nunca se hable en medicina sino por medio de los números , lo cual equivaldría á prohibir en cierto modo el uso de la palabra á casi todos los médicos; pero hay cuestiones cuya solución reclama imperiosamente este género de demostración, y en estos casos , á falta de números exactos , es necesario apoyarse por lo menos en cálculos aproximados: en una palabra, los médicos olvidan demasiado este principio: Numero,, mensura et pondere Deus fecit mundum.
Sea como fuere ; de cuanto hemos dicho resulta : que todos los medios usados para la investigación y reunión de los hechos en las ciencias físicas propiamente dichas, todos , sin esceptuar el cálculo, se aplican también á la medicina. Bajo este punto de vista estamos autorizados á asegurar , que esta como aquellas , se compone de hechos positivos y de conocimientos exactos ; y aunque reconocemos de buen grado que en la mayor parte de los problemas de la ciencia de curar ofrece mas dificultades que en las demás físicas, la aplicación de los métodos indicados , debemos atribuirlo á que los primeros son mucho mas complicados que los últimos.
Acabamos de ver cuan numerosos son los elementos comprendidos bajo el nombre vago de método csperimental y vía de observación , y sabemos ya que no son los sentidos, propiamente dichos, los únicos medios naturales que se ponen en juego en su aplicación. Porque en efecto , medir , contar , pesar etc., son actos que no tienen por agentes únicos y directos los espresados sentidos, sino que están regidos por otra especie de sentidos internos especiales. De consiguiente se dá una idea muy
pobre del arte de observar cuando se le reduce al simple ejercicio de los primeros. Tendremos precisión de volver á hablar acerca de los diferentes medios de observación , cuando estudiemos en la tercera parte de este Ensayo todos los puntos de vista bajo los cuales puede considerarse la clínica médica de una manera general.
De la observación llamada interna , o de la esploracion de los fenómenos de la conciencia , ó de sentido íntimo, — Del modo de preguntar á los enfermos.
Los procedimientos que hemos estudiado en el artículo precedente no pueden darnos mas nociones que las relativas al hombre, considerado bajo el punto de vista de las propiedades y fenómenos que posee en común con todos los demás cuerpos de la naturaleza ; siendo imposible que nos suministren datos sobre los fenómenos sensitivos , morales é intelectuales , por cuyo medio los animales , y particularmente el hombre, se distinguen de los demás seres naturales. Ni la vista, ni el oido etc., pueden en efecto ponernos en estado de comprenderlos ; porque ni se ven , ni se oyen los padecimientos de un enfermo, ni sus deseos , ni sus apetitos , ni sus pensamientos etc. , de los cuales solo tiene conocimiento el mismo individuo que los esperimenta por aquella especie de sentido interno , vista ó tacto interior j-que se designa con el nombre de conciencia (1). De manera que solo lograremos enterarnos de ellos por medio de la revelación que se nos haga por los diversos modos de espresion conocidos , y especialmente por la palabra ; de donde se deriva la necesidad de interrogar á los enfermos.
El arte de la interrogación tiene sus reglas y preceptos como cualquiera otro; y cuanto hemos dicho acerca de la educación y el cultivo de los sentidos y del espíritu de observación, se aplica completamente á la nueva facultad que tratamos ahora de ejercitar. En esta se presentan algunos motivos de error que no son conocidos en el género procedente de observación ó de instrucc¡pn , por decirlo asi ; porque en efecto, pueden muy bien los enfermos ser inexactos ó falsos en sus declaraciones , y no es siempre posible rectificar sus errores, ó comprobar sus mentiras y maulerías.
(i) No se debe confundir el conocimiento de que aquí se trata con el sentido moral de lo justo y de lo injusto, del mal y dil bien , que se designa ron el mismo nombre.
Por lo demás , la interrogación metódica de los enfermos debe girar sobre muchos puntos diferentes, y darnos á conocer, no solamente los fenómenos de sentido íntimo ó de conciencia, sino también los antecedentes de toda especie de los enfermos; las causas físicas ó morales , cuya influencia han esperimentado; su edad ; su estado civil; su profesión etc. Pero no insistiré aquí sobre todos los pormenores de la interrogación , porque tendré precisión de volver á tratar de este asunto con motivo de las generalidades acerca de las causas de las enfermedades, sus síntomas , duración etc.
Las noticias que adquirimos por medio de la interrogación son sumamente preciosas ; y por estar privados enteramente de ellas, quedan los veterinarios frecuentemente en una completa ignorancia sobre ciertos hechos que les interesa mucho conocer ; inconveniente gravísimo, que esperimenta también el médico algunas veces , como en los casos , por ejemplo , en que el enfermo está delirando , ó en aquellos en que habiendo perdido solamente el oido ó el uso de la palabra , no saben escribir etc. Algunos pacientes se observan tan poco , y tienen una inteligencia natural tan obtusa, que no se puede conseguir que den una respuesta satisfactoria ; y entonces , si es posible, es preciso preguntar á las personas que les asisten.
Regla general : los datos que proporciona la interrogación de los enfermos sobre las causas de sus dolencias deben acogerse con suma prudencia , y en cuanto á los signos que se adquieren del mismo modo , son en general mucho menos á propósito para servir de base al diagnóstico riguroso y exacto , que los que se recogen por los métodos físicos de observación indicados anteriormente, tales como la inspección , la percusión , la auscultación, el tacto etc.
El vulgo dá sin embargo mucho mas valor á las noticias que se adquieren por medio de la interrogación de los enfermos, que á las que se derivan de la esploracion directa é inmediata; y por esta razón considera á la medicina veterinaria como una ciencia esencialmente congetural é incierta. En verdad , repetimos , que no despreciamos los datos y noticias que nos procuramos por medio de la espresada interrogación^ y por consiguiente confesamos de buen grado que la medicina veterinaria tiene, por decirlo asi, un sentido menos que la humana. Asi hemos querido decir únicamente que si para formar el diagnóstico de muchas enfermedades tuviésemos que elegir entre los datos que suministra la esploracion muda en cierto modo , y los que proporciona la interrogación de los enfermos, deberíamos preferir los primeros sin duda alguna.