Ensayo sobre la filosofía médica · Capítulo real 9 de 27

PARTE CUARTA

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 5 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

PARTE CUARTA.

Descripción del curso de la enfermedad, ó esposicion de las alteraciones que sobrevienen en el estado del enfermo durante el tiempo que transcurre desde el dia de su entrada , hasta la conclusión del maljpor su curación ó la muerte.

Esta parte de la observación no es en cierto modo mas qua ana repetición diaria de la anterior; es decir, que todos los dias, una vez por lo menos, y mas en ciertas ocasiones , es preciso describir exactamente el estado del enfermo , y compararlo con el de la víspera , anotando con la mas esquisita escrupulosidad todas las modificaciones algo importantes que ocurran , é indicando con la mas fiel exactitud los diversos medios terapéuticos que se hayan empleado. No se deben descuidar, sobre todo , como se ha hecho con demasiada generalidad hasta ahora , los signos que nos suministra el estado de los líquidos, como la sangre , las orinas , el sudor , la saliva , etc. : el examen asiduo que hemos hecho de ellos durante cuatro años nos ha presentado resultados tan varios como interesantes , de que cuidaremos de hablar en otro lugar.

Si no se presta toda la atención necesaria y el mas escrupu-

loso cuidado á esta parte de la observación , es sumamente fácil cometer los mayores errores en la interpretación y el análisis de los hechos. Asi, por ejemplo , ciertos enfermos dejan de tornar los medicamentos que ha prescrito el facultativo, sin que este lo sepa ; y esta circunstancia tan importaute hace que se atribuyan con frecuencia al tratamiento resultados que son enteramente independientes de él , y que aun á veces son opuestos á los que se habrían observado si se hubiesen tomado las medicinas. Es, pues , muy necesario no deducir nada sobre el valor de tal ó cual método terapéutico en cada caso particular, sino después de tener una completa seguridad de que se han ejecutado religiosamente todas las prescripciones , lo que no siempre es fácil.

Cuanto acabamos de decir con respecto á los medicamentos es aplicable al régimen ; porque bien sabido es con cuanta frecuencia, sobre todo en los hospitales, quebrantan los enfermos las órdenes del médico , y cuan á menudo sucede que no es posible que este pueda adquirir inmediatamente las pruebas necesarias de esta falta ; tal es la habilidad é ingenio que desplegan los enfermos , y algunas veces los que los rodean, para engañar al facultativo.

También es cosa muy esencial fijar de una manera precisa la época déla convalecencia y de la curación ; porque sin esto ¿cómo se podrá determinar rigorosamente la duración de las enfermedades, cuestión mas controvertible en el dia que nunca , desde que la comprobación dé nuevos hechos ha permitido señalar los errores que existían en su valuación por prácticos que no habían reflexionado con detención sobre las diferencias que jodian producir en ella los diversos ryétodos terapéuticos, y la energía mas ó menos grande con que se aplicase uno solo, etc.?

FAHT£ OUA2STA.

Descripción de las lesiones anatómicas observadas en los enfermos que fallecen.

Esta parte fundamental de cualquiera historia de una enfermedad que haya terminado de un modo funesto , es , corno todos sabemos, una ventaja que lleva la medicina moderna á la de los. griegos y los romanos; habiéndose perfeccionado admirablemente sobre todo en estos últimos tiempos. Gracias á fan felices adelantamientos , podemos decir que ha pasado la época en que en ciertas enfermedades , como las calenturas ésen<- eiales , por ejemplo, no bastaba muchas veces la autopsia para -descubrir lesión alguna ; época , sin embargo , que no está

muy lejana de la nuestra, puesto que en el Tratado de las caUnturas, publicado en 1821 (es decir, en un tiempo en que L13. apreciables investigaciones de Roederer y Wagler , de Pro¿t , de Petit y Serres, y sobre todo la revolución piretológica hecha por Broussais, no permitían sostener la esencialidad de las calenturas) afirmó Chomcl , como hemos visto anteriormente, que en cierto número de sugetos no se encontraba ninguna alteración.

La descripción de las lesiones que se encuentran en el cadáver, debe hacerse con el mismo cuidado que la de los síntomas que se observaron durante la vida ; y para que sea completa, es preciso examinar los órganos con toda la atención necesaria, é indicar, con toda la exactitud de que son capaces nuestros medios actuales de esploracion , sus lesiones mecánicas, físicas y químicas, entendiendo por esta última espresion las lesiónesele estructura ó de composición. [Véase el capítulo dedicado á los caracteres anatómicos de las enfermedades en la tercera parte de este Ensayo.)

El orden en que se describan las alteraciones de los sólidos y líquidos ha de ser , sí fuese posible , el mismo que se ha seguido en la descripción de los síntomas , no pareciándonos necesario repetir lo que dejamos dicho acerca de este último punto (1).

(1) Alas cinco partes de que acabo de hablar hnbiera podido añadir otra , á saber : la que debe coutener las reflexiones que sugiere cada caso particular , ya considerado en sí mismo , ó ya con relación á otros ; mas no podía tratar aquí de semejante asunto sin quebrantar en cierto modo el orden que me he propuesto, que consiste en estudiar sucesivamente el papel que desempeñan el espíritu de observación y el de interpretación, de esplicacion 6 de teoría en la construcción del edificio médico. Ahora bien; no se trata aquí de otra cosa mas que de la reunión de los hechos , y no de su interpretación, esplicacion ó elaboración filosófica ; y como las reflexiones que se pueden hacer á consecuencia de una observación son producto de este último género de trabajo intelectual ó racional , hablar de esto hubiera sido anticipar lo que debe decirse en el capítulo siguiente.

Por lo demás diré desde ahora, que las reflexiones , los comentarios de que se acompañan los hechos particulares, constituyen una de las condiciones mas esenciales de toda observación completa. En efecto, asi como la reunión de hechos no constituirla una verdadera ciencia si no estuviesen fecundados , y, por decirlo asi, vivificados por el espíritu filosófico , del mismo modo una observación particular uo debe en general hacer parte de una colección en el estado bruto en que se ha hecho , y sin haber pasado antes por el crisol del análisis racional , é ilustrado por medio de una sana discusión.

CAPITUiO III,

Del espíritu teórico, lógico y sistemático , aplicado á los hechos de la medicina.

Poca reflexión se necesita para conocer que el entendimiento humano se aplica á los hechos de la medicina con arreglo á las mismas leyes que sigue en su aplicación á los de las demás ciencias físicas. Si, nos complacemos en repetirlo, prescindiendo de los fenómenos psicológicos de que hacemos abstracción por el momento, en el estudio de los de la medicina se procede absolutamente del mismo modo que en el de las ciencias físicas propiamente dichas, y desembarazada aquella de su elemento espiritual , no es en realidad otra cosa mas que la mecánica , la física y la química de la economía viviente (1).

Ahora bien, si es cierto, y se halla reconocido universalmente , que en las ciencias físicas propiamente dichas deben csplicarse , interpretarse, y formarse teorías de los hechos, ¿en qué consiste que han existido hombres dotados por otra parte de las mas eminentes cualidades intelectuales, y que sostienen que deben desterrarse de la medicina las esplicaciones y teoríasl Es cierto, sin embargo, que han existido, y hé aquí por qué , antes de pasar adelante , debemos dedicar algunas páginas al examen de esta tan estraña doctrina.

Examen crítico de las opiniones de algunos de los adversarios de las teorías y de los sistemas en medicina.

Uno de los médicos mas ilustres que se han distinguido en estos últimos tiempos por sus ataques contra las teorías y los sistemas en general , es el autor de la Auscultación mediata; y sin embargo, arrastrado este profundo observador por la ley común , no ha podido resistir á la necesidad innata de esplicar

(l) Fácilmente se comprenderá que al considerar bajo este punto de vista ¡a de! hombre físico, no pretendemos de ningún modo esplicar las fuerzas ó causas primeras de la vida. Las aceptamos como en física se aceptan las causas primeras déla gravitación , de la afinidad etc , y solo tratamos de conocer ios fenómenos observables y las leyes que nos rigen.

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y de teorizar los fenómenos observados , siendo preciso confesar que no fue siempre feliz en el ejercicio de esía noble facultad del entendimiento. Asi es , por ejemplo , que para dar la esplicarion de los fenómenos físicos mas sencillos , como los diversos ruidos del corazón y las arterias , discurrió las hipótesis y teorías mas antifísicas , y se perdió , como por gusto, en los espacios imaginarios de un vitalismo, á que difícilmente pudiera ocurrirse mas fuera de tiempo. No procedían asi por cierto los Newton y los Pascal , sobre cuya respetable autoridad juzgó Laénnec conveniente apoyarse en el párrafo siguiente de la dedicatoria latina de su obra á sus muy queridos colegas los catedráticos de la facultad de medicina.

«Prima enim pars medicina diagnosis et Anatomías patologicaB «peritia quibus ablatis therapeia andabatarum pugna foret , me- «dicusque, oculis clausis, auticipiti gladio" , entia rationis spHANTASfJS scilicet fictiones persequendo, vitam saepius quam «morbum lacesseret. Nullis alus habenis retinen potest medicina ¡ntra scientiarum physicarum canceilos , quos quideni «semper transilierunt autores, qui artem medicam hypotesi «quilibet superstruere agaresi , calidum aut frigidum _, sicilm *aut humidum j, aliudve hujusce modi unum vel dúplex , pro «causam morborum universali ponentes , erraverunt et alios »in errorem induxerunt. Ex quo , cum Switenieis , Stolliis, »Halleris , occidit Boerhavianum sidus, apparuerunt denuo an- »tiquae noctis phantasmata, asthexia , htpersthkma , stw •mulüs , irritatio , aliaeque calidi et frigidi hujusce mo- »di prop.igines, quas caveant medicinae studiosi insudavi...»

Cierto que seria un grande error el atribuir todas las enfermedades al frió y al calor , á la sequedad y á la humedad , á la astenia y á la hiperstenia , al estímulo, á la irritación , etc.-, pero ¿ qué se concluye de aqui contra el espíritu de teoría , de generalización y de clasificación considerado de un modo general? Si estas teorías son malas , es decir, si están en oposición con los hechos, debe sustituírseles con otras mejores ; si son estrechos estos sistemas , deben ensancharse ; si están llevadas muy lejos las generalizaciones , es preciso restituirlas á sus justos limites ; y por último , si , como ha dicho con propiedad el mismo Laénnec , algunos sistemáticos imitadores de Procusto han mutilado la ciencia , para que no fuesen mayores que el lecho que le habían preparado, es necesario hacerlos entrar en razón, y vengar á la medicina de esta especie de ultraje, sin proscribir el espíritu bien entendido de sistematización , lo eual equivaldría á una mutilación mas bárbara aun que la de nuestros procustos médicos.

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Laennec conviene , por lo demás, en que está en la naturaleza del hombre el enlazar los hechos cuyo conjunto constituye una ciencia ; pero como si temiese conceder demasiada parte al entendimiento en el trabajo que preside á la construcción del edificio científico , envilece hasta tal punto las operaciones sublimes , por cuyo medio concurre á tan grande obra , que llega á designarlas con el nombre de distracciones. ¡Es decir , divino Newton, que el descubrimiento del gran principio que rige tantos fenómenos , tan diversos en la apariencia, según las leyes que formulaste , fue una simple diversión de tu espíritu! ¿ No ha incurrido también Laennec en una equivocación muy singular cuando presenta corno adversarios de toda hipótesis y de todo sistema á los Haller , á los Boerhaave , y á los Stoll, que todos fueron inventores de hipótesis y sistemas ? Bien conocidos son el sistema de irritabilidad halleriano , la hipótesis de Stoll sobre la influencia de la bilis y los embarazos gástricos en la producción y el tratamiento de las enfermedades , la teoría de Boerhaave sobre la obstrucción de los vasos en la inflamación , etc. Entre los que han atacado en nuestros dias el espíritu de aplicación , y de consiguiente los sistemas y clasificaciones fundadas sobre la naturaleza de las enfermedades, se distinguen también Bayle y Chomel. Veamos corno se espresa el primero ejj su Tratado de la tisis pidmonal : « No pretendiendo «el autor comunicar á todos los demás ninguno de los conoci- »mientos que él mismo no ha podido alcanzar , no ha procurado esplicar como obra la naturaleza en la producción de la «tisis. Ignora la parte mas importante de las leyes que rigen «al cuerpo humano, ya se halle sano, ya enfermo; y aunquo »ha leido muchos escritos sobre esto , que suponen grandes talentos en sus autores, jamás ha sabido penetrar unos secretos »que parece haberse reservado el Todopoderoso (1).

«Pero se pueden observar los signos de las enfermedades, »sus síntomas , su marcha , sus trasformaciones , sus efectos, «las causas ocasionales que concurren á producirlas , los me- «dios que favorecen su curación., y los que retardan su lér- «mino cuando debe ser funesto.

«A este estudio ha creído que debía limitarse, lo mismo que «¡o han hecho los médicos observadores de todos los siglos.

(i) Este argumento será muy piadoso y muy modesto sin duda , pero no Tiene ai caso ; porque no parece que deba ponerse la producción de la tisis «n el rango de los secretos , ya en harto número, que se ha reservado el Tot.'opoderoso , sin dejar por eso de abandonar á las disputas de los filósofos las co*as de aquí abajo ; Deas iradidit mundum dispulátiontbtts phylosophorum.

»¿Por qué había de seguir una senda diferente de la que trizaron Hipócrates, Areteo, Sydenlnm , Morgagni , etc., cuajas obras no contienen mas que la esposicion de los hechos?... »Él aprecio y bien entendida admiración de estos grandes mo- •delos han impulsado al parecer á la escuela de medicina de

• París á propagar su méfodo con ardor: impulso feüz que lia

• producido ya muchos escritos preciosos. Este moda de estudiar la naturaleza por medio del examen de jos hechos , jíre.- •senta ventajas incalculables, y basta tener ojos y paciencia «para reunir observaciones , puesto que el arte de hacer investigaciones en medicina casi está reducido á una especie de

• mecanismo , lo que manifiesta que no se necesitan grandes talentos para componer una obra útil.»

No : digan lo que quieran Bnyle y todos los de su escuela, nunca los Hipócrates , los Sydenham y los Morgagni enseñaron la heregía que se les atribuye ; y si es cierto que dieron á la observación todo el valor que le corresponde en medicina , jamás pudieron pensar que bastase tener ojos y paciencia para ser un observador complete ; porque aunque sabían muy bien que reunir hechos es recoger las primeras materias de las ciencias llamadas de observación , no ignoraban tampoco que estos materiales reclamaban un trabajo particular , para poder ser empleados en la construcción del edificio científico , y por cierto que no son los ojos los que pueden ejecutar este trabajo.

El autor de la Historia de las flegmasías crónicas no usaba por cierto dos años antes el mismo lenguage que Bayíe.

« La medicina , decía , no se enriquece sino con hechos , de •donde se deduce que el que aumenta el número de estos dá

• nuevas luces á la ciencia.... Pero cuando es difícil presentar •algunos de que no haya hecho mención ningún observador, •todos los esfuerzos del médico celoso de cumplir sus deberes «para con la humanidad han de tener por objeto el reunirlos.

• Los hechos serán estéril* s si se amontonan sin orden ó se

• reúnen sin causa , pero si se disponen según su grado de analogía ; si se examinan separadamente ^ á imitación del inmortal Morgagni ; si se les obliga a ilustrarse mutuamente, en bre-

• \e herirá nuestros ojos una luz inesperada , y veréis dilatarse •el horizonte de la ciencia.

«¿Serán siempre los observadores del hombre los únicos que ■ no sepan observar? ¿ No cesarán de merecer la humillante •reconvención que resuena en el dia hasta en nuestras escuelas, •deque toda teoría es inútil en la práctica? Médicos, que os •herís vosotros mismos con las armas de nuestros adversarios, ■condenad en buen hora las hipótesis vanos y las monstruosas

«fantasmas de la imaginación ; mas no tas confundáis con la • verdadera teoría , y que esta sea para vosotros lo que es para «las demás ciencias ; esto es , el resultado de los hechos redu- »cido á principios i observad bien ; reunid con destreza ; sa- «cad consecuencias con exactitud, y tendréis una teoría que no «os abandonará al lado de los enfermos , y que respetareis «sin duda., porque todos habréis contribuido á enriquecerla y «perfeccionarla (1).«

En la advertencia de la segunda edición de su patología general , publicada en 1824 , declara Chomel « que los que ven «en la medicina una ciencia especulativa , y en los sistemas que «se suceden otras tantas revoluciones que destruyen completa- «mente sus bases y sus preceptos , quedarán sorprendidos al «encontrar tan pocas variaciones en una obra cuya primera «edición es anterior á la teoría de la irritación ; pero los que es- «tan aun convencidos de que dicha ciencia lo es solo de hechos, «y que no reconoce mas fundamentos que los de la observa- «cion , la esperiencia y el raciocinio simple y natural , y que «es estraña á los sistemas , se admirarán muy poco de hallar «con corta diferencia en la segunda edición lo mismo que vieron en la primera (2).»

Por lo demás no parece que haya reflexionado mucho Cho«* mel acerca de la clasificación de las enfermedades, según su naturaleza, porque en el capítulo que dedicó á este estudio , reduce esta gran cuestión filosófica á una simple controversia de solidismo ó humorismo , confundiendo el sitio de las enfermedades con su naturaleza ; y por otra parte , todos los sistemas,

(i) Procediendo asi logró Broussais reducir la tisis pulmonal á la estensa clase de las flegmasías crónicas , consiguiendo de este modo lo que Bayle no pudo hacer dos años después , penetrar uno de aquellos secretos que parece haberse reservado el Todopoderoso. Sin duda alguna que no esplicó el mecanis« mo íntimo , según el cual obra la naturaleza en la producción de la tisis, pero demostró como, dadas ciertas condiciones, la degeneración tuberculosa de los pulmones era resultado de las flegmasías prolongadas ó crónicas de los mismos, añadiendo que « esta manera de ver, esta teoría, si se quiere, no »podia ser falsa puesto que se funda soio en la reunión de hechos general - •'mente conocidos y de los mas fáciles de comprobar. » Sé muy bien que á pesar de todo, considera aun esta teoría como falsa Louis, heredero de la de Bayle y Laennec ; pero falla saber sino es mas bien esta la que adolece d» falsedad , bien que esto no es dudoso para nosotros.

(a) Dice Chomel que su doctrina es la misma de Pinel , su ilustre maestro ; como sino hubiese proclamado este que la simplificación de los principios de la ciencia , y el arte de poder formar de ellos un conjunto , es decir , un sistema regular, han sidj constantemente el objeto de los deseos d+ los verdaderos observadores.

Incluso t\ de la irritación, se fundan , á su modo de ver , en pura hipótesis (1).

No por esto debe creerse que Chomel ha sido constantemente fiel en todo el curso de su carrera médica á los principios que acabamos de esponer, cosa imposible á la verdad, porque imposible es conformarse por mucho tiempo á unas doctrinas que son contra la naturaleza misma de las cosas. El mismo autor escribió una Patología general, una obra que no es en realidad mas que una serie de abstracciones , generalizaciones é inducciones; y ¿cómo podría en conciencia un escritor de este género proscribir de la medicina el espíritu de teoría , bajo el cual se designa comunmente el conjunto de las operaciones intelectuales que reclama la creación de toda verdadera creencia ? Bajo otro punto de vista , no participamos de la opinión de Chomel cuando dice «que las dificultades inherentes á la • composición de una patología general , son de aquellas que exi- »gen mas constancia en el trabajo que superioridad de talen- »to », pues creemos por el contrario , y en esto con vendrá todo el mundo con nosotros, menos Chomel , que solo una capacidad privilegiada puede en realidad vencer todas las dificultades inherentes á la composición de un tratado de patología general (2). Volviendo al párrafo de este autor, que hemos copiado poco hace , le contestaremos que no son los que ven en la medicina una ciencia especulativa , los que deben admirarse de hallar tan pocas variaciones en una obra cuya primera edición es anterior á la teoría de la irritación ; sino que los que en realidad deben quedar sorprendidos de ello son por el contrario los verdaderos observadores que aun están convencidos de que aquella se compone únicamente de hechos , y no reconoce otros fundamentos mas que la observación, la esperiencia y el raciocU nio, pues aun el mismo escritor dijo en una página anterior lo que sigue : « La reforma ocurrida á fines del último siglo «en la doctrina médica , hacia casi inútiles para nosotros la ma- »yor parte de los tratados publicados sobre esta materia (la «patología general)»; en donde se vé que reconoce del modo mas

(1) La filosofía de Chomel es, que las causas varían como los efectos que están al alcance de nuestros sentidos; filosofía con que no convenían por cierto Newton , Bichat y Laplace , que enseñaron por el contrario que la naturaleza era avara de causas generales, y pródiga de resultados ó efectos.

(2) El doctor Dubois (de Amiens), autor dotado de un espíritu filosófica de los mas distinguidos , habló también como nosotros de este párrafo de Cho« niel : «Estimo á Chomel , dice , y aprecio sus ti abajos ; pero no puedo ser de «su misma opinión : árnicas pla/o , sed magis árnica veritas.» (Traite de patitologie genérale; pág. iS).

esplífútq que deben tomarse seriamente en consideración las grandes reformas en las doctrinas médicas cuando se trata de patología general, puesto que hacen casi inútiles los tratados publicados antes sobre esta materia.

Luego si Chomel creyó que debía hacer tan pocas variaciones en su Patología general ¿ con posterioridad á la nueva reforma que designa cun el nombre de teoría de la irritación ; y si ha conservado con poca diferencia en la segunda edición todo lo que había publicado en la primera , anterior á la teoría de que se traía , es preciso buscar la causa de esto, no en el principio que alega , sino en razones que no ha creido conveniente revelarnos; y la mejor prueba de ello existe por otra parte en las opiniones ulteriores del mismo autor, quien en una obra reciente se vio en la precisión de modificar su antiguo sistema piretológico con arreglo á uno de los dogmas principales de la nueva reforma , esto es, á la locaüzacion de las calenturas llamadas esenciales: dogma que constituye por sí solo una de las mayores revoluciones que ha esperimentado la rnedicina.

En resolución , los lectores ilustrados y de buena fé convendrán fácilmente en que seria un verdadero contrasentido científico el querer proscribir de la medicina las teorías y las espücaciones, habiendo visto por otra parte que los mismos que han predicado semejante máxima , no han podido menos de quebrantarla en sus obras.

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En cuanto á los autores que han insistido sobre la necesidad de someter los hechos de la medicina á una sana teoría, y una generalización fecunda , no han disimulado , como he dicho en otra ocasión , las dificultades que ofrece este género de trabajo , y han indicado los errores de que en él conviene preservarse.

Bichat , por ejemplo, había hecho conocer, antes que Laennec y otros muchos , la estrechez del sistema dicotómico de Brown , de este procusto nosológico , hablando como el ilustre autor de la auscultación mediata: «Algunos autores, dice el »j>rimero , no lian visto en las enfermedades mas que fuerza ó •debilidad , y de consiguiente solo han considerado los medica- »mentos como debilitantes ó fortificantes ; idea que es exacta »en paite , pero que se convierte en falsa cuando se la generaliza demasiado... Lo que acabo de decir se aplica también al vslrictum y larum de muchos médicos, que no ven en todo mas »<pie estas dos cosas... Lo mismo sucede con respecto á cuan-

»tos tienen una idea general en medicina, y quieren sujetar á

«ella todos los fenómenos La manía c!e generalizar dc-

• masiado ha perjudicado tal vez mas á la ciencia que la de considerar aisladamente cada fenómeno.» [Anat. gcnér. , pág. 2'2 y sis. , ÚIL edic.)

Volviendo, algo mas adelante , á tratar de! mismo asunto, dice: «Por poro que se examinen las enfermedades bajo diferentes aspectos, se verá que lo que e3 cierto para una clase »no puede serlo para otra , y en mi concepto hay dos escollos «igualmente temibles, siendo el uno el de particularizar con esceso , y el otro el de generalizar demasiado, estremos que amibos conducen á obtener resultados falsos.»

El doble inconveniente de generalizar ó particularizar en demasía está también perfectamente espresado en el pasage siguiente de la Historia de las flegmasías crónicas.

«Después de haber empleado largo tiempo en observar, se «trata de proceder á las conclusiones ; pero para ello es preciso «obrar con estremada prudencia, como que aquies, por de- ^cirlo asi, en donde se dá la medida del talento. Kl que no «generaliza bastante, nos hace creer que de nada le ha servido »una parte de lo que ha observado; y el que incurre en el estre- »mo opuesto y sentencia sin apelación , dá muestras de presunción y de orgullo. Uno y otro manifiestan la cortedad desús «alcances, y ninguno prestará nunca grandes servicios al arte.»

«El que no ha considerado todas las formas de las enferme- •dades , solo puede conservar imágenes imperfectas y enteraamenté distintas de los modelos; y de consiguiente siempre que »se trate de hacer un cotejo ó asimilación, deducirá consecuencias falsas; y una multitud de escollos igualmente peligrosos lo «espondrán al mas triste de los naufragios. Si es fanático por •sus opiniones ó por las de otro , obligará á todos los hechos á aplegarse á su falsa teoría , y caminará de error en error hastía el fin de su carrerra ; si "es naturalmente, inconstante, ó conserva todavía bastante libre el entendimiento para percibir alas numerosas contradicciones que nunca dejan de presentar • los hechos mal observados, abandonaré teda especie de doctrina, y se entregará al mas ciego empirismo , ó caerá en un •escepticismo deplorable.»

Uno de los hombres que honran mas por su carácter é ilustración nuestra época médica, hablo del catedrático Lallemand, es también de los que han sabido apreciar mejor la aplicación del espíritu filosófico á la medicina (1). And ral, cuya estremac'a

(i; En el prclogo de ais ínvestigaeicna sohc 'as enfermedc.des dJ encé/a-

circunspección en materia de teorías y sistemas es bien conocida , se ha guardado muy bien , á pesar de todo , de denegar su necesidad , queriendo solamente., y con razón, que sean progresivos, y se presten á las modificaciones que hagan necesarias los descubrimientos de nuevos hechos. Después de decir, por ejemplo , que los progresos de la ciencia le habían obligado á interpretar y clasificar de distinto modo los hechos que se habían descrito en la primera edición de la clínica-médica con el nombre de calenturas, prosigue de este modo :

«Por lo mismo llamo la atención de los prácticos , mucho «menos sobre mis opiniones variables y progresivas como la «ciencia , que sobre los mismos hechos. Las mas veces no se «encuentra en el estudio de la medicina mas que una serie de «cuestiones que se deben discutir , ó de problemas que se han «de resolver ; y entre los hechos que la componen hay muchos «que se resisten á todas las leyes á que hay empeño en redu- «cirlos , porque no ha sido dado todavía á ningún sistema el «abrazarlos todos. Asi, pues, ecléctico por necesidad, CQmo lo es «todo médico al lado de los enfermos, me he esforzado á no «tomar en cuenta los diversos sistemas mas que para discutir- «los en presencia de cada hecho considerado en su indíviduali- «dad , tratando también de asignar á cada uno su valor cienti-

«fico y práctico (1) Sirvámonos de estos sistemas como de

«métodos admirables, sin los cuales nos será imposible reunir los «hechos, conocer sus relaciones, y descubrir las leyes de su «producción ;■ pero guardémonos de olvidar que estos mismos «hpchos componen toda la riqueza de la ciencia , y que á ellos «solo corresponde determinar el valor y duración de los síste- «mas.» (Cliniq, medie. , segunda edición, avant-propos , página VI.)

Bien se puede no adoptar servilmente las diversas reflexiones del sabio catedrático que acabamos de citar, y diferir también de él en la aplicación de los principios generales de la filosofía médica á las cuestiones especiales de la medicina ; pero es

lo se espresa asi : «Pero no se ha adelantado nada con reunir muchos hechos «impor tafites y l>i<*n observados; es preciso todavía reunidos ó asimilarlos de un «modo natural, á lin de que las consecuencias que deriven de ellos se presenten por sí mismas.»

(i) Confieso que mientras mas he discurrido, mas imposible me ha parecido hallar un sentido exaclo á la palabra eclectismo considerada como uno de los elementos del método esperimenlal y racional. ¿Quién habla de eclectismo en las demás ciencias naturales ? Asi , pues , lo mejor seria , corno lie dicho en el artículo esclectismo del Diccionario r/e medicina y cirujia prácticas , suprimir. esta palabra del leuguage medico.

justo convenir en que ha dado una parte bastante amplia a! espíritu de generalización , de teoría y de esplicscion en el párrafo precedente, y en otros muchos. Citaremos todavía el pasage siguiente tomado de ctro escrito del mismo autor, por el cual se verá que el raciocinar y sistematizar los hechos le parece una necesidad generalmente reconocida , aunque cree que no ha llegado aun el momento favorable para realizarla.

«Está reconocida en el dia la necesidad de que se publiquen «obras que, reuniendo los hechos esparcidos, y comparándolos «entre sí, reasuman lo pasado, y preparen el porvenir: paréceme, «sin embargo, que no conviene todavía publicar semejantes «obras en medio de una época en que lejos de volverse los espíritus hacia las investigaciones pasadas , ni aun de detenerse «en las del momento, se atormentan en otras nuevas : poco «tiempo les bastaría para envejecer, y nunca habrían represen- «tado el estado de la ciencia sino de una manera infiel éincom- «pleta (Précis d'anaiomie pathologique , avant ■ propos , pátzi- «na Vil.)

Y que no se nos venga ahora á decir con una arrogancia muy singular por cierto , que los médicos de gabinete son los únicos que han pensado en sistematizar los hechos de la medicina , y formularlos en proposiciones generales , ó fea en aforismos. ¿No eran por ventura observadores Hipócrates, Boerhaave, Stoll y Pinel, y no se puede, en una palabra , merecer este título sino con la condición de carecer de los mas altos atributos, y de las facultades mas nobles del entendimiento? ¿El mismo Corvisart no era médico de gabinete? Pues bien; este grande observador es uno de los que mas han conocido la necesidad de un orden sistemático en la enseñanza de la medicina práctica.

alJamado á dar lecciones de medicina práctica, dice este au- «tor , conocí entonces la necesidad de una obra metódica y «clásica para dar á ls enseñanza un orden y una marcha que la «hiciesen provechosa... Habrá seguridad de instruir cuando los «objetos estén bien ligados entre sí , y se presenten en la suce- «sion que la naturaleza ó un órJen sistemático puede darles.

«El inmortal Boerhaave fué el primero que á principios de «este siglo (el XVIII) compuso m.a obra para esíe fin ; y la «celebridracl sin segundo de la escuela de Leyden , asi como los «sabios que dio casi sola en aquella época á toda la Europa médica , atestiguan suficientemente su mérito é importancia á pe- «sar de sus errores , que son los de un gran genio á despecho «de sus detractores , y no obstante los progresos ulteriores de «las ciencias.

1*2

«Stoll enseñó como Boerhaave, y se sirvió, «le sus aforis- »mos ; pero la medicina había hecho progresos desde la época •en que este los había escrito... Stoll conoció los defectos de tan »<¿ran modelo ; supo evitarlos , y se propuso corregirlos. Re- «formar á Boerhaave en una obra aforística era una idea atrevida y de difícil ejecución , tanto mas cuanto que el catedrático »de Leyden confesaba que este libro le había costado mucho «trabajo ; y ciertamente qué no se le echará en cara la falta de «disposición, n (Corvisart , traduction de Stoll.)

Es sumamente sensible que no haya hecho Corvisart con los aforismos de Stoll lo que este habia hecho con los de Boerhaave, porque en efecto , desde el tiempo de aquel autor se habia enriquecido la ciencia con nuevos descubrimientos, siendo el traductor uno de los mas iíustres promotores de los nuevos adelantamientos ; pero no creia aun llegado el momento de rehacer en cierto modo la medicina de los Boerhaave y los Stoll. «To- «davía está lejano el tiempo, decía , en que el edificio médico, le- «vanlado sobre las observaciones de mas de veinte siglos, debe «ceder al choque repetido de las olas que se estrellan contra él.» Sin embargo , no estaba tan distante como él pensaba la época de una grande revolución médica.

Creo que he dicho bastante en defensa y justificación del espíritu sistematizador y de teoría.

Pero de que no se pueda sin cometer la mas estraña aberración científica eliminar este espíritu del número de las facultades que son necesarias para la construcción de la ciencia que cultivamos , ¿se sigue que sea preciso aprobar todos los sistemas que han aparecido desde su origen ? Seguramente que no, puesto que hay. malísimos sistemáticos asi como hay malísimos observadores , y aquí solo tomamos partido por los buenos clasificadores. En cuanto á estos últimos, es evidente que su reinado no puede ser de muy larga duración ; porque , en efecto, en una ciencia tan eminentemente progresiva y movible como la medicina , tal sistema , bueno en una época , deja de serlo en otra ; y los cambios de sistema son los que hacen los grandes hombres , y estos los que determinan invariablemente las épocas de las revoluciones médicas , como con mucha razón ha indicado Corvisart en su prólogo de la traducción de los aforismos de Stoll.

Esta verdad ha recibido en nuestros días una completísima confirmación; porque, en efecto, ¿ no es la caida del sistema de la Nosografía filosófica uno de los acontecimientos mas culminantes de nuestra era médica , y no es haber hecho una resolución cuya memoria no se borrará , el desquiciar de este

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modo un sistema que había gobernado el mundo medicó ?

AuricuLO n.

Algunos pormenores sobre las operaciones del espíritu filosofeo en medicina.

Es poco todavía el saber de un modo general que el espíritu de teoría debe elaborar los hechos de la medicina como los de todas las demás ciencias de observación : fáltanos ahora desenvolver un poco esta idea compleja, es decir, estudiar los elementos de que se compone, lo cual confieso que no es mas que una aplicación á la medicina de la lógica general. Pero si se reflexiona por una parte que esta última ciencia deja mucho que desear (*) , y por otra qu¿ no se ha hecho todavía la aplicación de que se trata de una manera metódica y completa , se conocerán fácilmente las numerosas cuanto graves dificultades que ofrece este asunto ; como que á él están anejas todas las cuestiones que pueden suscitarse, no solo sobre las cosas propias de la medicina, sino también sobre las espresiones con que deben representarse , ó sea sobre la nomenclatura médica.

Descomponer los hechos y los fenómenos complicados, y reducirlos á sus elementos constituyentes ó generadores (análisis); combinar los hechos y los fenómenos simples, y formar de ellos todos los compuestos (síntesis); buscar y comprobar las relaciones de calidad ó modo de obrar que ligan á otros ciertos hechos y fenómenos ; discutir las observaciones y los esperimentos particulares; generalizarlos ó formularlos en proposiciones generales; determinar las leyes que rigen los casos individuales; coordinarlos y encadenarlos metódicamente los unos á los otros ; hé aquí como el entendimiento , y por decirlo asi , los sentidos intelec tuales y racionales acaban la obra de los sentidos de la observación , y transforman en un edificio regular los materiales diseminados que estos habían reunido.

Para dar mas claridad al asunto que nos ocupa , procuremos

(() Si estuviesen mas adelantadas la lógica y la filosofía generales, su leuguape tendria mas exaclitud y precisión ; pero á cada momento emplean en sentido diferente las mismas palabras de su vocabulario, y continuamente se indica una misma idea con espresiones diversas: asi es, por ejemplo, que se dice indiferentemente te.oria , sistema, doctrina, hipó'csis , etc., y de esta ronfusion en las voces resulta inevitablemente la de las cosas. Por esto la mayor parte de las disputas de alta filosofía y de lógica general degeneran ron demasiada frecuencia, en lastimosas controversias de palabras, en lo- ¿vHiaquia.

hacer una aplicación de estos datos abstractos y generales, primero á los casos particulares, y después á las colecciones de estos , y convengamos en designar con el nombre de discusión el conjunto de actos intelectuales de que es obgeto cada hecho particular.

s- 1-

Discusión de cada hecho en particular.

Como hemos dicho al tiempo de hablar del arte de recoger las observaciones 3 un hecho particular no puede en realidad servir para la construcción del edificio médico, sino en tanto que haya sido examinado bajo todos sus puntos de vista, y pesado } por decirlo asi, en la balanza de la reflexión; y de aquí vienen , según hemos indicado, las reflexiones eon que acompañan los observadores los casos individuales que han recogido.

Se engañaría groseramente por cierto quien creyese que el espíritu de observación es el que obra esclusivamente en el trabajo necesario para la colección y reducción de un caso particular ; porque lejos de ser asi , el espíritu filosófico interviene mucho en él , pues sería imposible formar un diagnóstico ó un pronóstico cualquiera , ó prescribir tratamiento mas simple si no se hiciese uso de las facultades designadas con los nombres colectivos de talento , entendimiento ó inteligencia. ¿Qué son en efecto el diagnóstico y el pronóstico sino un juicio? ¿Qué es lo que nos dirige en la aplicación racional ó esperimental de un método terapéutico cualquiera, sino una operación intelectual, es decir, una inducción fundada en razones ó en esperimentos directos ó indirectos? ¿Cómo, en fin, se podrá hallar la relación de causa á efecto entre una enfermedad y ciertos agentes interiores ó esteriores, físicos ó morales , si no toma parte en ello el espíritu raciocinador ? Son de tal modo naturales todas estas operaciones , que ni reparamos en ellas , pues se ejecutan maquinalmente, por decirlo asi, lo mismo que las de los sentidos , y no es posible que el entendimiento ó sentido ^intelectual deje de ver ciertas relaciones, como no lo es tampoco que el ojo deje de percibir la forma , los colores , etc. , de los obgetos que examina.

Luego que se ha formado con exactitud y de una manera completa la historia particular de una enfermedad, el entendimiento del observador trata de determinar cuáles son las influencias que la han causado ; cómo han obrado estas causas para producirla; qué relaciones existen entre la lesión de las

condiciones ó las lesiones orgánicas y los síntomas que se han manifestado ; y cuáles son los efectos y resultados de los diversos medios empleados para la curación de la dolencia. Si tiene noticia de otros hechos semejantes á los que ha recogido , agrega estos á su categoría; y si, al contrario, no hay analogía entre el caso que le ocupa y otro«, destina aquel á un lugar particular, sobre cuya operación volveremos á hablar en el párrafo siguiente.

Cuando el caso es complejo ó compuesto , se apodera de él inmediatamente el espíritu de análisis, y lo descompone , lo diseca, por decirlo asi, lo reduce á sus elementos primitivos ó constitutivos; pudiendo después verificar el análisis por medio de la síntesis, y volver á componer en cierto modo el caso observado , haciendo concurrir á ello los diferentes elementos que ha descubierto.

Las operaciones que acabamos de indicar dan diversos resultados , según las épocas de la ciencia en que se practican: asi, por ejemplo, en ia época en que eran casi enteramente desconocidas la física y ia química , habia muchísimos casos en que no se hallaban relaciones entre la enfermedad y las influencias de los agentes esteriores , y si se encontraba alguna, careeia absolutamente de exactitud su espresion ; y de aquí provino la filosofía de las causas ocultas , del quid divinum , etc. Aun hoy m¡sri-»o, y á pesar de los inmensos adelantamientos de las ciencias físicas, hay enfermedades, como por ejemplo el cólera-morbo , la viruela., etc., que reconocen causas que se ocultan enteramente á nuestros sentidos. ¿Cómo podria esplicarse el mecanismo de los agentes morbosos, aun dado caso que fuesen conocidos en la producción de las enfermedades , cuando se ignoraban la anatomía y la fisiología? Todavía en nuestros tiempos hay un número muy considerable de afecciones en que no es posible conocer semejante mecanismo, ú pesar de lo muy eslendidos que están nuestros conocimientos anatómicos y fisiológicos: y por la misma razón de que nos es desconocida la naturaleza de la afección , no nos es posible determinar las relaciones que existen entre la misma y todos ios fenómenos , por medio de los cuales se manifiesta al estertor : relaciones cuya determinación es tan necesaria , que sin ella no puede ser completo el conocimiento de una enfermedad cualquiera.

Sabido es que durante muchos siglos no permitió la ignorancia que reinaba respecto á la anatomía y fisiología , conocer con precisión , no ya la naturaleza , pero ni aun el sitio de una multitud de enfermedades , y de aquí tuvieron origen las ideas de esenciaüdad , para cuyo desarraigo han sido necesarios tanto

tiempo y esfuerzos. En el día podemos en la mayor parte de los casos por lo menos , determinar el sitio de las enfermedades según el conjunto de síntomas que observamos. Ahora bien , conocer de este modo una relación constante y precisa entre cierto número de síntomas y la lesión de una parte determinada del cuerpo, constituye un acto del entendimiento, sin el cual sería imposible todo diagnóstico, y que por lo demás, no será completo sino en el caso en que revelen los síntomas al mismo tiempo, no solo el sitio, sino también la naturaleza ó especie de la lesión.

Lo que acabamos de decir es una especie de fórmula general que se aplica al examen de todos los hechos ó de todas las observaciones en particular, y de este modo se juzgan todas las historias individuales de las enfermedades, y se distinguen las malas de las buenas. Morgagni había conocido toda la importancia de esta apreciación cuando decía : Perpendendce sunt observationes , tarea difícil de desempeñar bien cuando se trata de las observaciones recogidas por uno mismo, y sobre todo de las hechas por los demás. « ¡Cuántas condiciones no son indispensables para pesar exactamente las observaciones de los otros! »j A cuántas interpretaciones no pueden prestarse! ; A cuántas «divagaciones nos expone un comentario ! (Lallemand , Lettres »sur les maladies de Vencéphalc.) »

Para que los productos de la discusión sean valederos y de luena ley, por decirlo asi, es necesario que no se ejercite esta sino sobre hechos bien observados ; porque en efecto , siguiendo la metáfora del canciller Bacon diremos , que asi como la abeja no podría estraer miel esquisita de flores de mala calidad , del mismo modo la inteligencia humana no podría estraer buenos principios y sanas conclusiones de hechos mal observados , y por decirlo asi, de mala especie ; y recíprocamente no fuera posible que los hechos observados con mas exactitud suministrasen conclusiones satisfactorias, sanas doctrinas, la miel científica, en fin, si el entendimiento que los trabaja y digiere, estuviese mal acondicionado , ó, en una palabra, fuese de mala calidad. Y como el arte de observar en medicina es extraordinariamente difícil , sentamos como regla general que no se deben aceptar jamás sin reserva las proposiciones generales ó aforismos deducidos de un solo hecho, cuya reflexión nos conduce naturalmente á la filosofía con que debe procederse., al examen de las masas ó colecciones de hechos médicos, y al uso del cálculo en los hechos de la medicina en general.

$. II.

De las operaciones del espíritu filosófico sobre la colección general de los hechos médicos.

Basta reflexionar por un instante sobre la inmensa colección de hechos médieps , asimilarlos y compararlos, para percibir entre ellos semejanzas y desemejanzas, analogías y diferencias. Sentado lo cual, se pone en ejercicio el espíritu de generaliza^ cion , y dedúcelos tipos generales ó abstractos que corresponden á la patología general propiamente dicha ; y como todos estos hechos , por diferentes que en lo demás sean entre sí , tienen siempre algo que les sea común, de esta misma relación, de que todos participan, se forma la noción abstracta y general de enfermedad. Descendiendo de esta , que es la abstracción mas alta de todas las de la medicina , á otras secundarias, ha creado el mismo espíritu de generalización ó de síntesis, las nociones de todos ios géneros de afecciones conocidas, y considera la dolencia y sus diversos géneros hajo el múltiple aspecto de sus causas, sus caracteres anatómicos., sus síntomas, etc. Pasando en seguida á la consideración de las diferencias , el espíritu de análisis singulariza , particulariza é individualiza , y desciende asi gradualmente hasta la noción y la monografía de las especies morbosas que corresponden esencialmente á la patología especial, y á los casos particulares ó individuales sobre los cuales gira la clínica ó la práctica propiamente dicha.

La obra de la generalización es tanto mas difícil cuanto mas numerosos , complejos , obscuros y delicados son los hechos que abraza; los de la medicina son desgraciadamente de esta naturaleza en su mayor parte; y para reducir á principios generales su inmenso número , son precisas tantas comparaciones, tantas asimilaciones , tantas confrontaciones de toda especie , que pueden arredrar al mas osado ; y por lo mismo no debe causar admiración que no hayan podido dejar de cometer errores la mayor parte de los autores que se han aplicado ó consagrado , por decirlo asi , á una tarea tan eminentemente laboriosa. ¡Cuántos de entre ellos se han estrellado contra el doble escolio que rodea á esta operación , esto es, el de generalizar ó particularizar demasiado!

El acto de la sistematización ó de la clasificación de las enfermedades debe tener por base la naturaleza misma de estasy tal cual la podemos conocer en el estado actual de la ciencia. Desesperando algunos autores de poder formar semejante siste.

ma nosológico., lian procurado reducir la medicina á una ciencia puramente descriptiva, y se lian complacido en vituperar los generosos esfuerzos de los genios audaces y privilegiados que han osado sondear la naturaleza íntima de las dolencias.

La generalización , repito , debe encerrarse en sus justos límites, y en nosología principalmente no debe llevarse hasta su último término, es decir, hasta la unidad (1). Es sorprendente que en una de las obras atribuidas al padre de la medicina se ha* lie el primer ejemplo de esta generalización exagerada, pues leemos que dice en ella Hipócrates : Omnium morborum modus unus , locus de/ferentiam facit. No ciertamente ; no todas las enfermedades consisten en un solo y único modo, siendo solamente incontestable que hay un número muy crecido de ellas que no difieren por su naturaleza ó esencia, pero sí por su sitio. Asi es, por ejemplo, que.la angina, la pneumonía, el flemón, etc., etc., son en realidad , es decir, con respecto á su naturaleza, una misma afección , á saber: una inflamación que ocupa los pulmones en un caso , la faringe en otro, el tegido celular en el tercero, etc. , etc.

No cabe duda en que no pueden colocarse todas las enfermedades en la doble clase de las irritaciones y sub-irritaciones, como tampoco en e! sistema dicotómico de Brown (estenia y astenia); pero no por eso ha dejadode hacer aquel un servicio inmenso á la medicina, pues ha logrado demostrar que muchas enfermedades, que hasta entonces habiar formado clase á parte, bajo el nombre de calenturas esenciales y de lesiones orgánicas , debían reducirse, en mucha parte á lo menos , á la estensa de las flegmasías.

Digo que en la larga serie de enfermedades, las hay que no consisten en irritación, en sub-imtacion, ni en estenia ó astenia ; y si se quieren ejemplos citaré las lesiones puramente mecánicas, como las soluciones de contigüidad (hernias, luxaciones); las soluciones de continuidad (llagas, fracturas, rupturas) ; las lesiones simples de cantidad , estensíon , volumen , etc. (hipertrofia , atrofia , dilatación , coartación, obliteración, etc.);

(i) Recordaré con eáte motivo lo que dije en tina memoria sobre las fun* ciones del cerebro leida en el instituto en el año 189.7. F.n vano buscamos en la mayor parte de las ciencia» la identidad y la unidad, como se buscaba en otro tiempo la piedra fdosofal. Lejos de nosotros la menor idea de condenar las investigaciones de esos hombres privilegiados que sistematizan los hechos, según sus afinidades reales, asi como los naturalistas clasifican los cuerpos según sus caracteres comunes; esta obra es digna del verdadero genio; pero lo que creemos deber vituperar son los sistemas que se apojau en falsas analo- $ía$ , relaciones , identidades , etc.

y la gangrena : he aquí modos morbosos muy conocidos, y que no pueden confundirse con el inflamatorio , si bien en ciertos casos algunas de las lesiones de que se trata han sido precedidas por este último. Tampoco pueden entrar en el modo inflamatorio ó sub-inflamatorio una multitud de lesiones de los líquidos y de la sangre en particular : tales son la opilación , el escorbuto , la disolución séptica de la sangre, etc. (1). No hay duda en que estos estados pueden también coincidir algunas veYes con otro inflamatorio , ó aun ser consecuencia de él (2); pero considerados en sí mismos constituyen modos morbosos especiales, cuyo estudio merece la mayor atención.

La facultad de generalización es en resumen la mas alta y noble de cuantas concurren á la construcción del edificio científico , y por medio de ella se reducen los innumerables hechos de la naturaleza á ciertas categorías , descubriendo las relaciones generales que los unen , que son á veces muy sencillas. Según Laplace , « las relaciones mas simples son también las mas co- »munes , y todos los efectos de la naturaleza no son mas que «resultados matemáticos de un corto número de leyes inmuta- »bles.»

Tal fué también sin duda el pensamiento de Bichat cuando esclamaba en su hermoso Tratado de anatomía general. ¡Demos gracias á Newton, que fué el primero que encontró el secreto del criador , á saber : la simplicidad de las causas reunida á la multiplicidad de los efectos (3)! ¡Demos gracias á Bichat , y á todos los que, como él, han hallado nuevas relaciones generales , es decir , leyes ó principios (i)!

(1) Ruego al lector que no olvide que todas estas reflexiones convienen enteramente con muchos párrafos de Bruussais que he citado anteriormente.

(i) Asi es , por ejemplo, como á consecuencia de una flegmasía gangrena* sa, purulenta, pútrida , ó maligna, como antes se decia , se ve sobrevenir un aparato tifoideo que se liga, en parte á lo menos, á la disolución séptica de la masa sanguínea. Como este elemento tifoideo pende en cierta forma de la enteritis del intestino delgado, ha sido causa de las disputas que duran todavía.

(3} Prost, cuyas investigaciones sobre las calenturas llamadas esenci ¡les dejarán recuerdos tan honrosos como duraderos, dice también: «Se ha comedido un error muy grave y funesto cuando se ha dicho que la naturaleza »es mudable, al paso que es tal su sencillez y constancia, que no puede •comprenderlas nuestro entendimiento, y que los resultados son los únicos •que varían. Si los principios son constantes (y esto solo para los ignorantes •os dudoso j tratemos de conocerlos , y empeñemos nuestra paciencia en descubrirlos; pero no los imaginemos. A los hechos, á la universalidad de los «hechos, á las cosas mas insignificantes debemos interrogar acerca de ellos; «porque allí están, y no están masque allí, y están porque deben estar: núes- •tros ojos son los que no los ven , porque no quieren verlos.»

(4) Me sirvo aquí de la palabra principios en la acepción que le han dado