Ensayo sobre la filosofía médica · Unidad 55 de 77

Unidad 55 · CAPITULO PRIMERO,

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CAPITULO PRIMERO,

Consideraciones preliminares sobre el modo con que se han reunido los hechos 3 asi como sobre nuestra táctica en general y la fórmula de las sangrías generales y locales, sucesivamente repetidas en particular.

ecir que los hechos , cuyo resumen estadístico vauíos á presentar mas adelante , han sido reunidos conforme á WféM las reglas severas y al método exacto que hemos espuesto en la segunda parte de este ensayo , es presentar en nuestro concepto una garantía suficiente de su exactitud , siempre que se conceda que un hábito de quince á veinte años ha podido familiarizarnos suficientemente con la aplicacion.de unas y otro.

Se han reunido las observaciones con el mayor esmero en un registro ad hoc , y la mayor parte han sido dictadas por mí al gefe de clínica : cuando ha sido este el que ha tomado los apuntes, en el momento de la entrada del enfermo, se han comprobado todos los pormenores en la visita del día siguiente.

Insisto en esta circunstancia porque quiero que recaiga sobre mí solo toda la responsabilidad de los errores en que puede haberse incurrido en la colección de los hechos (1).

Seria incurrir en la mas fastidiosa repetición el tratar de probar circunstanciadamente lo que acabo de decir del método general que ha guiado la reunión de estas observaciones, y únicamente añadiré que las alteraciones anatómicas en los casos mortales, se han escrito en el registro de observación en el mismo anfiteatro , y dictándolas yo , asi como los síntomas se habían consignado al lado de la cama de los enfermos.

No he perdido medio alguno de asegurarme de que los resultados obtenidos por mí no podían esplicarse verdaderamente sino por el método empleado. Había yo estudiado durante mas de quince años los efectos de los métodos generalmente seguidos , y es para mí tan claro como la luz , que casi no pierdo enfermos en el día en los mismos casos en que había sido testigo en otro tiempo de una gran mortandad. No me he contentado sin embargo con mis estudios anteriores, pues he comprobado cuanto me ha sklo posible mis resultados, comparándolos directamente con los de algunos de mis colegas, sin dejar de consultar con alumnos instruidos ócon médicos ilustrados acerca de la diferencia de defunciones que existia entre mi visita y aquellas en que se trataban los enfermos de otro modo : todas las personas á quienes he pedido estas noticias, han afirmado del modo mas positivo que habían visto perecer en otras partes muchos mas enfermos de los que yo curaba.

La terapéutica es una verdadera guerra contra las enfermedades , guerra que era preciso someter á reglas , estableciendo la correspondiente táctica , la cual debía precisamente modificarse , según una multitud dé circunstancias , tales como la naturaleza de la enfermedad , su intensidad , su sitio , su estado de sencillez y de complicación , la edad , fuerza, temperamento y sexo de los enfermos , etc., etc., del mismo modo que en la táctica , propiamente dicha, deben acomodarse los principios generales á los accidentes de posición , terreno , clase y número del enemigo , etc.

(i) También me constituyo garante de la exactitud de los escelentes estractos publicados hace tres años por el doctor Julio Pelletan , gef« de clínica, pero á él solo corresponde todo el mérito de iu redacción.

En las enfermedades agudas en general que atacan viva y enérgicamente la vida hasta en sus cimientos, era preciso poner en práctica medios proporcionados al mal , bajo el doble punto de vista de su fuerza y de la rapidez de su ataque. Los que hasta ahora se habían usado nos parecieron muy interiores á los que había derecho de exigir del arte, y en consecuencia procuramos perfeccionar esta importante parte de la ciencia, - bajo el espresado doble aspecto , con toda la prudencia que tan grave innovación reclamaba. El principio fundamental de nuestra I del ico terapéutica , el que domina á todos los demás , consiste en que en las enfermedades agudas es preciso desplegar con viveza y uno tras de otro los diversos recursos de que se com» pone nuestro arsenal científico ; atacar al enemigo , por decirlo asi , en todos los puntos al mismo tiempo , y particularmente en el mas espuesto ; cargarle sin intermisión ; no dejarle un momento de descanso en que pueda rehacerse, y perseguirle sin cuartel hasta que haya desalojado el terreno , y el terapéutico agotado todos los recursos disponibles en un caso dado.

Desde cuatro años á esta parte , en que hemos hecho á las ilexmasías agudas la cruda guerra que veremos mas adelante, parece en verdad que hemos entrado en un nuevo mundo , y ya no se burlan del médico dichas enfermedades , como sucedía en el tiempo de MM. Chomel y Louis. En presencia de una multitud de alumnos y de muchos colegas, al lado de la cama de los enfermos , y con el libro de M. Louis en la mano', hemos examinado las aserciones de este práctico sobre la poca eficacia de las emisiones sanguíneas en las afecciones que ha indicado , y todos han quedado completamente convencidos do que dichas aserciones, aplicables solamente á las débiles y tímidas sangrías de este autor , quedan refutadas del modo mas completo y evidente per los numerosos casos en que hemos puesto en uso nuestra fórmula de las emisiones sanguíneas , su^- cesivamente repetidas. Gracias á esta fórmula , verdaderamente todopoderosa , es admirable (esta espresion anda en boca de todos los que han visto sus efectos) es admirable digo, la rapidez con que se han vencido y cortado las flegmasías mas graves , asistidas desde una época bastante inmediata á su principio. Sucede también que el paso de una flegmasía aguda al estado crónico es cosa casi desconocida en nuestra visita , cuando es tan común en las que no se hace uso de la sangría , sino en dosis insuficientes.

Apelamos al testimonio de cuantos han presenciado nuestra práctica , y para quienes no sea la medicina asunto solamente de ciencia , sino también de conciencia , que digan lo que píen -

san del método clásico ó común 9 comparado con el que le hemos sustituido (1).

Pero hemos hecho ya bastantes reflexiones generales sobre el método que seguimos , y ha llegado el tiempo de poner á la vista del lector las piezas del gran pleito terapéurico que se agita hace algún tiempo, y de vencer á los antagonistas de la fórmula nueva con sus propias armas , es decir, con los guaris-

(i) Los principales medios auxiliares de que hemos usado en las enfermedades , que hemos combalido por la fórmula de las emisiones sanguíneas sucesivamente repetidas, han consistido en los revulsivos, tanto internos como externos, pero sobre todo estos últimos , (a) los baños ya simples , ya clorurados , las cataplasmas , las fomentaciones , y algunas veces la compresión.

La dieta absoluta durante todo el tiempo que persiste la reacción febril es para nosotros una cosa de rigorosa necesidad , y cuando empezamos á dar alimento á los enfermos , procedemos con toda la reserva, prudencia , medida y graduación que las circunstancias reclaman. El alimento de los pacientes no exige la misma severidad y precauciones en todas las enfermedades ; asi es que aumentamos con mas rapidez la dosis en las convalecencias de una pleuresía, de una pleuro-neamonia, ó de un reumatismo articular agudo , que cuando la afección ha sido la llamada calentura tifoidea. La razón de esto es fácil de comprender , puesto que no es otra sino que el sitio esencial y primitivo de esta última es el tubo digestivo , cuando en las otras tres este aparato solo padece simpáticamente. Nada es mas difícil de dirigir bien que la convalecencia de ciertos sugetos afectados de aquella forma de inflamación del tubo digestivo , á que tan impropiamente se ha dado el nombre genérico de calentura ó afección tifoidea.

No tenemos necesidad de repetir, que sin nna precisión y exactitud, casi matemática en el diagnóstico , no se puede aplicar convenientemente nuestra fórmula. Es preciso seguir con la vista , el tacto y el oido el estado del enfers mo , á fin de no dirigir nuestros golpes á un enemigo que no existe, y prescindir del que existe. ¡ Desgraciado del que ataque una enfermedad con los ojos cerrados , es decir, sin haberla reconocido suficientemente!

No nos cansaremos de repetirlo á los jóvenes prácticos : para aprender un método es preciso verlo aplicar muchas veces , y por eso les recomendamos espresamente la frecuentación de las cátedras de clínica , condición indispensable , sobre todo , respecto de un método tan enérgico como el nuestro. Les suplicamos que no le hagan pasar délos límites que le hemos asignado, y que no se olviden de hacer en él las modificaciones que exigen las circunstancias particulares que hemos indicado tantas veces. Sabemos que la exageración pierde las cosas mejores , y que una doctrina estendida mas de lo que su elasticidad permite, se rompe necesariamente. Bien lo saben nuestros adversarios, y por eso no dejan de suponer exageración en donde no existe , con lo cual triuufan en la apariencia por algún tiempo.

(a) En mas de quinientos casos hemos recurrido á los vegigatorios , y afirmamos del modo mas formal, que usados después de las emisiones sanguíneas , tales como nosotros las practicamos, no producen ninguno de los inconvenientes que les ha atribuido AI. Louis, Por jo tiernas repetimos que no son'para nosotros mas que unos auxiliares i

nos (1). Nos atrevemos á esperar que no se pondrá dificultad en creer que al defender en los términos que lo hacemos la superioridad de nuestro método sobre el que usan algunos de nuestros colegas, solo nos ha animado un vivo amor á la verdad ¡ y el que tome en mala parte nuestras investigaciones las comprenderá y juzgará muy mal. Confesamos que el temor de que asi sucediese era el único obstáculo que podia detenernos; pero tranquilos en nuestra conciencia no hemos debido retroceder ni aun delante de una acusación que nos seria sumamente sensible. A falta de la justicia del momento contaríamos, en caso de necesidad , con la de un tiempo mejor, tiempo que no puede hallarse muy lejano.

No es nuestro obgeto el comparar la mortandad general de nuestra visita con la de las demás, porque semejante paralelo exigiría volúmenes, y por otra parte lo que nos importa por el momento es manifestar el triunfo de una fórmula que no se aplica mas que á una categoría determinada de enfermedades. En la nota siguiente se hallará en guarismos la mortandad ordinaria del Hótel-Dieu de París , tal cual se ha presentado en un resumen estadístico del doctor Montault , cuyo resumen tendremos después frecuentes ocasiones de citar (2).

(i) Solo añadiremos aquí que para medir con mas exactitud la sangre sacada por las sangrías locales hemos empleado de dos años á esta parte, y casi esclusivamente , las ventosas escarificadas , per cuyo medio hemos podido medir el volumen , y pesar la cantidad de dicho líquido. En los casos en que hemos prescrito las sanguijuelas hemos graduado en tres tazas próximamente la cantidr.d eslraida por treinta de aquellas.

(2) «En el curso de un año se reciben en el Hotel-Dieu l3ooo enfermos, ■••de los cuales mueren cerca de 2000, es decir , 1 por 6 i\ái ó 7 próvimameo- > te. Lo mismo resulta de las tablas estadísticas que preceden: de los 1G49 •enfermos que entraron, asi como de los 286 muertos, deduzco 110 de los «primeros, por los que llegaron moribundos, ó en tal estado , que debian ne- • cesariamente morir : de consiguiente la espresion de la mortandad es :

1539 I 1:6

8 f^f, es decir, 1 sobre S próximamente.»

La operación de M. Montault no es quizá muy fundada, porque, en efecto, en todas las demás visitas probablemente se habrian creido autorizados para hacer también la deducción de ¡os que llegaban moribundos 6 en tal estado que debian necesariamente morir , y entonces hubiera bajado la espresion de la mortandad. En 1822 reuní las observaciones de 1026 enfermos que fueron admitidos en el hospital Cochin, en donde me hallaba de interno, y sin hacer deducción alguna semejante á la de M. Montault, aunque yo estuviese autorizado para ello por los mismos motivos que él, la espresion de la mortandad