Escritos científicos: ciencias naturales argentinas · Capítulo real 3 de 7
II. La vacuna indígena
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 2 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
Bástenos agregar los documentos que comprueban el hecho, para dar completa idea de su importancia, por cuanto puede sobrevenir el caso de agotarse o desvirtuarse el virus procedente de Europa y encontrársele de nuevo en nuestras vacas, para renovarlo.
Omitimos en este capítulo consagrado a la medicina, incluir un opúsculo del doctor Muñiz, de ochenta páginas, sobre la escarlatina, de grande servicio en la época de su publicación, pero que hoy, gracias a los progresos de la ciencia, ofrecería poco interés. En cambio conservamos el relato de una extracción del húmero practicada en un niño que es hombre hoy, y conserva la acción de su brazo deshuesado y hace alarde de dar fuertes puñetazos a amigos y enemigos, de chanza o de veras, según el caso, echando su brazo al hombro cuando está de humor y quiere hacer alarde de su flexibilidad.
En el artículo "Correspondencia extranjera", de la noticia anual que publica la Real Sociedad Jenneriana e institución de la vacuna de Londres, se registran en la del año anterior, después de una nota a su secretario del señor don Manuel Moreno, Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de la Confederación Argentina cer-
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ca de S. M. B., las comunicaciones que se transcriben a continuación, a las que dice referencia la precitada nota del ministro argentino :
"El abajo firmado tiene el honor de transmitir al señor secretario el estado anual de los individuos de ambos sexos vacunados en esta capital y su campaña desde el 1.° de enero hasta el 31 de diciembre de 1841, el que asciende en su totalidad al número de 1877.
"La terrible seca que nos ha afligido este año ha privado a los encargados de la vacuna de los medios de transporte y ha impedido igualmente a los habitantes concurrir a la(s estaciones o depósitos de vacuna, cuyo desgraciado suceso ha sido causa de no haberse vacunado un mayor número.
"Cuanto a la viruela, es combatida con vigor apenas se muestra, hasta que vueilve a acometernos de algunos de los pueblos del interior.
"Un suceso el más afortunado ha venido a recompensar el infatigable celo del doctor don Francisco Javier Muñiz, administrador de la estación auxiliar de vacuna en el departamento de Lujan, habiendo descubierto la vacuna en una ^aca perteneciente a la hacienda de don Juan Gualberto Muñoz, con la cual vacunó varios niños con "cl más feliz resultado, como aparece de las actas solemnes extendidas en el partido de laExaltación de la Cruz en 24 de diciembre y en la villa de Lujan el 26 de septiembre del año próximo pasado.
"Siento el más vivo placer en certificar que yo también he tenido la buena fortuna de hacer varios experimentos en este departamento central, con materia original que me fué remitida por dicho doctor Muñiz, con la cual fueron vacunados ocho niños con resultados los más espléndidos en
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todos los casos, y yo continúo propagándola de persona en persona.
"Saludo a usted con la más distinguida consideración y respeto, y quedo su affmo. servidor q. b. s. m., Justo García Valdéz. (Presidente del Tribunal de IMedicina y Administración de la Vacuna) ".
"Llamamos encarecidamente la atención de todos los interesados en la vacuna al siguiente valioso documento, que demuestra que la vacuna original existe en la América del Sur. El presenta también una hermosa evidencia corroborativa (respecto a la descrii^ción de la vacuna según se ha presentado en Buenos Aires), de la perfección de la descripción de Jenner: y ofrece, además, el hecho que la Vejiguilla Vacuna, como toda composición química^ tiene la misma constitución atómica, el mismo carácter, en cualquier parte de] mundo que se haya presentado. — /. E¡3ps, (médicodirector) ",
Excelentísimo Señor :
El Tribunal de Medicina encargado hoy de la administración de la Casa Central de Vacuna, tuvo el sentimiento de anunciar a V. E. en el mes próximo pasado que, a pesar del empeño y esmero que se ponía en práctica para obtenerse vacuna de brazo, no había podido conseguirlo, sin duda porque las costras que había encontrado en dicho establecimiento eran viejas y des'virtuadas, sucediendo lo mismo con dos remesas de costras que se recibieron de Londres por conducto del
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Exemo. señor Miniístro de Relaciones Exteriores. — El Tribunal puso también en conocimiento de V. E. que se había escrito al médico de Lujan, encargado de la vacuna de ese distrito, doctor don Francisco Muñiz, y éste mandó algunas costras sacadas el 9 de septiembre, de que no se hizo uso, por haber llegado el mismo doctor Muñiz, y con una hija de meses, depositarla de una excelente vacuna, la que fué puesta a disposición del presidente de este Tribunal, y de mutuo acuerdo llevada el viernes 12 del corriente a la casa central de vacuna, en donde se vacunaron veinte personas, cuyo resultado ha correspondido a los sacrificios que ha hecho el doctor don Francisco Muñiz traneportando parte de su familia con el solo objeto de dar un paso más de beneficencia y humanidad, y que el Tribunal no puede menos que hacérselo presente a V, E. Dios guarde a V. E. muchos años. Excmo. Señor:
Dr. Francisco P. Almeyra. — Matías Rivero. — Dr. Juan José Fontana. — Dr. Eugenio Pérez, secretario interino.
Octubre 7 de 1844
Contéstese al Tribunal de Medicina, manifieste al doctor don Francisco Javier Muñiz lo satisfactorio que le ha sido al gobierno su proceder en el particular, y publíquese.
Rúbrica de S. E.
Garrigós.
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«Provincia de Buenos Aires, Villa de Lujan, Enero 20 de 1842».
'^'Al señor médico director de la Real Sociedad Jenneriana e institución de vacuna de Londres, don Juan Epps.
Señor :
"Tengo el honor de informar a usted que la vacuna original, o sea la pústula de la vaca preservativa de la viruela en nuestra especie, ha sido extraída de uno de estos animales dentro del Departamento, en el cual soy administrador de vacuna. Los documentos justificativos de la extracción y de la aplicación del humor genuino a 46 personas de distintos partidos, de edad, de sexo y temperamentos contrarios, se han sometido a la consideración del señor administrador general de vacuna en la capital.
"La piistula que se permitirá llamar secundaria o de trasmisión, aquel signo libertador del contagio variológico, ha demostrado en todos los vacunados sus peculiaridades naturales: sin embargo, en los tres cuartos del número total de éstos fué notable la erupción de pústulas en varias partes del cuerpo, lo adolorido de los miembros, el aumento en los síntomas -febriles, la tumefacción de las glándulas de la axila y aun de las cervicales.
"Las pruebas, señor, se han multiplicado. El administrador general que con tanto celo preside el Departamento Central ha hecho experimentos con costras originales y secundarias que tuve la satisfacción de remitirle. Allí, lo mismo que en todas partes, los ensayos produjeron el resultado más feliz y completo.
' ' Ya es, pues, un hecho que el coiv-pox de las va-
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cas de Glocester, teatro glorioso de las operaciones descubridoras del inmortal Jenner, existe también en las de este país. Pero si tal descubrimiento no es exclusivo de aquel condado en el antiguo hemisferio, ni exclusivo tampoco de la campaña perteneciente a la'capital de la Confederación Argentina en el hemisferio de Colón, habiéndose realizado en algún punto de la América equinoccial ; sin embargo, parece que nadie hasta ahora ha reconocido experimental y repetidamente entre nosotros, ni en ninguna otra sección de este Continente, aquella extraordinaria propiedad de los granos vacunos. A lo menos, si así ha sucedido, el ensayo no se ha acompañado de ningún género de solemnidad, ni revistió la notoriedad de pruebas, la irrefutable autenticidad de que sobreabunda el presente.
"Como ya hace veinte años que contrajimos nuestras investigaciones (aunque sin el fruto que en la última tentativa) sobre la erupción variólica en la vaca, podemos asegurar tal vez contra la opinión del hombre memorable y digno de respeto universal que la descubrió, que ella no es necesairia y precisamente provenida del humor vertido de la ranilla (caiix aux jambes, de los franceses; arestín de los españoles) enfermedad caballar conocida entre nosotros con el nombre genérico mal del vaso, pues comprendemos en esta denominación también la ulceración llamada aguajas.
"Si el coiv-pox o la viruela en la vaca, como algunos aseguran, no se desarrolla sino por el contacto de las manos de aquellos que las llevan, al ordeñar, impregnadas del humor o serosidad producida por aquella enfermedad equina (siendo intransmisible la erupción variólica mediante los efluvios o emanaciones de vaca a vaca) resultaría que el cow-pox sería extraño a esta provincia, quizá a toda la América, y probablemente a una máxima parte del globo. En casi todo él, como entre nos-
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otros, y en el resto del Mediodía de la América, el ordenamiento de las vacas está exclusivamente confiado a las mujeres, quienes, como es sabido, jamás tocan a los caballos de presa la afección indicada. En este país, además, no hay albeitares : por consiguiente aquella dolencia, en cortísimas excepciones, se abandona a la naturaleza, y se puede afirmar que uno u otro charlatán que se ocupara de algún remedio empírico contra la ranilla, no ordeña jamás una vaca.
"Por otra parte, en cinco casos de observación sobre el cow-pox, en ninguno se ha ni sospechado el contagio por aquella causa. Con el intento de remover todo escrúpulo en el particular, se escudriñó menuda y atentamente el estado de los caballos pertenecientes a la lechería o tambo, o fuese en' otrois casos hacienda, donde existían las vacas atadas. Se hizo más; se exploró el ganado yegua- 'rizo a los alrededores, para no sentir ni la más remota aprehensión de un contacto fortuito y singular, y nada se pudo descubrir de semejante y mucho menos la dolencia caux aiix jamhes.
"Confesamos con franqueza que creemos no sin pena (aunque esté admitido por escritores estimables) que aquel humor acre de las manos del caballo en contacto momentáneo eon las tetas de la vaca, se observa en medio del torrente de la circulación, por órganos como éstos expuestos al ambiente y envueltos en un tejido eréctil poco penetrado respectivamente de vasos linfáticos y sanguíneos. La dificultad al ascenso aumenta todavía algunos grados cuando se considera que para que el fluido vacuno tomndo del racional produzca el cowpox es necesario insinuar sobre la teta la lanceta preparada algo más que en aquél cuando se intenta comunicarle el contagio vacúnico. Únicamente de este modo se logra la infección sobre el bruto, cuyo producto, como preservativo de la viruela, es
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preferido por algunos vacunadores o por algunos que desean ver vaeun'ados.
"Nos parece oportuno observar, que si la humedad del terreno y la frescura de la yerba son condiciones requeridas para la manifestación del cow- ■pox en Inglaterra, país si no de su primer descubrimiento, donde él aseguró a lo menos un triunfo glorioso y cosmopolita para los siglos futuros, — en esta Provincia esto, absolutamente hablando, no se verifica con el mismo vigor. El año presente cuya sequedad y sus efectos están visibles para todos (no habiendo caído desde primero de Mayo, época en que principian las aguas del invierno, hasta último de Septiembre sino seis aguaceros no abundantes) hemos tenido la agradable satisfacción de encontrar la viruela en la vaca dentro de este partido. En 1831, año de los más secos que recuerda la historia del país; año funesto a su riqueza pastoril y a su ganadería, habiéndose perdido por aquella causa solo en el Norte de la Provincia de Buenos Aires más de dos millones de vacunos y sin cuenta en el lanar, el cow-pox fué sin embargo reconocido por nosotros en el mes de Enero. Cuando nos preparábamos a la extracción de las costras, desgraciadamente bandas inmensas, columnas impenetrables de polvo, flotantes en la atmósfera a merced de los vientos, ofuscando el luminar casi sin interrupción por dos días consecutivos, paralizaron nuestro propósito. La vaca de la observación desapareció con otras a favor de aquellas sofocantes tinieblas, y nosotros vimos con dolor perdido el fruto interesante de nuestros continuados desvelos.
"En cuanto a la estación más favorable a la aparición o desenvolvimiento de la viruela en la vaca, creemos que cualquiera de las del año indistintamente; pero particularmente son (y esto
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consta de nuestras particulares inquisiciones) los meses de Agosto, Septiembre y Octubre, meses de primavera, y en los que es general también la parición del ganano vacuno.
"No habiéndonos sido posible observar el primer período llamado de infección, nos valimos para reconocer y describirlo (desj)ués de principiado el segundo) de los signos conmemorativos o antecedentes a este estado. Nuestros recuerdos sobre ellos nos muestran al animal en aquella época, taciturno y sin apetito ; que disminuye en él la secreción lactífera; que preserva los ojos como vidriosos y encendidos. Huye la sociedad de los demás animales, y ejecuta un ruido sordo (especie de musitación) con la lengua y los labios. Este período dura apenas cuatro días.
"En el segundo que es el eruptivo, aparecen varias pustulillas en línea circular sobre el límite de la teta o sea en su conjunción con la piel vellosa que envuelve la ubre. Su número varía de dos a tres en cada una, y quiza ellas no se descubren siempre en todas las cuatro tetas. En el espacio que las separa, y rara vez sobre su mismo cuerpo, salen algunos granos, los que suelen también aparecer sobre el ámbito total de la ubre. Aquellas se entumecen, se hinchan y aparentan cierta disminución de longitud. La ubre presenta distintos puntos endurecidos y dolorosos, que son otras tantas glándulas sobre-irritadas. La figura de las costras es redonda, achatada y tiene un hundimiento umbilical en su promedio. Una línea color púrpura, que aumenta en extensión hasta principiar la maturación, cuando forma un verdadero disco, circuye las costras.
"Desde que se inicia este período, el animal entra y permanece en un continuo exceso de irritabilidad. No permite a su cría la lactación. Si la traban para emulgirla, patea y se agita extraer-
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dinariamente, y procura cuando siente la ruda mano de la ordeñadora, desasirse de las ligaduras. Entonces, en el lenguaje de éstas, la vaca se enloquece, y es menester soltarla — que equivale a decir, no volver a ordeñarla hasta, pasado aquel estado febril y doloroso.
"Regularmente al cuarto día de principiada, termina la erupción. El animal que estaba antes taciturno y sombrío, aparece ahora más alegre y apetitoso, como si se hallara menos oprimido de aquella aflicción que antes lo molestara.
"La miaturación de las pústulas que constituyen el tercer período, principia el cuarto o quinto día, contando del en que empieza el eruptivo. A este tiempo las vesículas han adquirido todo su volumen; el líquido que contienen de transparente pasa a blanco mate o argentado.
"Entre tanto la vaca, aunque en alivio de la revolución que ha experimentado en su constitución al depurar de un "virus elaborado específicamente en sus propios órganos" (esta es nuestra opinión) o al sufrir su acción si es proyectado en la circulación general por causas externas, la vaca, decíamos, conserva todaivía una viva sensibilidad sobre las mamas y aún sobre la ubre entera.
"En el cuarto período de disecación, el humor que llena las jDÚstulas pierde su limpidez, pasa a gris amarillento, adquiere e-n seguida un tinte rosáceo, y queda en perfecta condensación al duodécimo día.
"Las costras que conservaban un color plúmbeo, principian en esta época a oscurecersie y a perder de su forma celr.losa en proporción que avanzan en densidad. Estrechan algo su diámetro en la misma progredón en que se concreta el humor que contienen. Su superficie no es tan lisa y suave, como la de la vacuna humana: es
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rugosa y áspera, aunque conserva en toda circunstancia la depresión central característica de este género de erupción.
"El animal, hasta el completo desprendimiento de las costras, que acaece del catorceno día en adelante, rehusa el lactífero sustento al becerrillo. Basta la más leve presión sobre aquellos endurecidos tubérculos para excitar un excesivo dolor, que lo hace conocer por su violenta inquietud, por «UiS embestidas y propensión a dañar con los cuernos .
"Extrajimos las costras de nuestra última observación, temiendo perderlas, al décimo tercio día cmando estaban firmemente adheridas aun. Profundas cicatrices quedaron en el sitio de su implantación .
"Hemos iconcluído, señor, nuestras observaciones sobre la vacuna natural : si insuficientes, si conducidas sin el debido tino, si defectuosas en sus pormenores, son, sin embargo, dignas de indulgencia. Nadie ha debido esperar quizá ni exigir más orden, precisión, claiidad ni talento de un pobre médico de aldea. Y si nos fuera permitido concebir alguna satisfacción en la materia de que tratamos, esta sería la de habernos empeñado tanto cuanto nos fué posible, en reaidir un servicio a la práctica de la vacuna. Si algún día ella llegara a desnaturalizarse, la belleza de una o más generaciones nada tendría que temer de la devastación variólica, dasde que existe en este territorio la costra vacuna indígena (1) .
"Los médicos en situaoión más afortunada que la que nos ha cabido a nosotros podrán más adelante contraerse a ampliar y perfeccionar un tra-
(1) Este párrafo y el siguiente han sido suprimidos por el Dr. Epps en la impresión de la carta del Sr. Muüiz, pero existen en la de mismo tenor que dirigió al Sr. García Valdez, Administrador General de Vacuna, (Nota de Sarmiento) '
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bajo tan digno de sus miras filantrópicas, como él es interesante a la salud publica de la cual son, y deben ser ellos los fieles y vigilantes custodios.
"Al terminar esta comunicación solo nos resta suplicar a usted se digne elevar al conocimiento de la Real Sociedad Jeniieriana, lo principal de su contenido. Siendo este- ya un paso honroso para nosotros, esperaríamos sumisos el juicio que ella formara sobre nuestras ensayos. Entonces ellos podrían valorarse aríique no como el más digno, al menos como el mus justo tributo de gratitud a la noble generosidad con que en 1832 se sirvió premiar, incribiéndonos en el número de sus miembros, otra de nuestras inmeritorias tareas.
"Deseo que Dios guarde a usted su importante vida muchos años, señor director:
Francisco J. Muñiz.
Médico de Policía y Administrador de Vacuna de Departamento en la Provincia de Buenos Aires.
CONTESTACIÓN
Casa Central de la Vacuna, calle de la Providence, número 18, Plaza de Finsbury.
Londres, Junio 3 de 1842.
A D. Francisco Javier Muñiz, M. D. Profesor de Medicina y Vacunador de Departamento en Buenos Aires.
"Querido señor:
"La Comisión de Directores de la Real Sociedad Jenneriana e institución de Vacuna de Londres, da a usted las má=: sinceras gracias por la valiosa comunicación con que usted se ha dignado favorecer a dicha institución.
"Los servicios que usted ha prestado a la bue-
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na causa, deben haber sido con frecuencia un motivo de mucha satisfacción para usted al paso que han sido acompañados de grandes beneficios para el público ; y la Comisión cree, que los hechos que usted cita, tienden a establecer que la Vacuna original existe en las vacas de ese país — hecho de alta importancia.
''La Comisión estimará se sirva usted favorecerle con cualesquier otro hecho, que pueda usted en adelante adquirir sobra este punto.
"Los miembros que componen dicha Comisión se complacen en tener un tan celoso, tan activo amigo de la vacuna en nn país tan distante; y todos anhelan porque vi^'a usted muchos años para consuelo del vecindario y país donde usted reside .
"A nombre de la comirión ros suscribimos, querido señor, de usted obedientes servidores,
Juan Epps, médico-director. Carlos Chantry, secretario.