Espejo de los humildes · Unidad 72 de 120

Unidad 72 · ESPEJO DE LOS HUMILDES 157

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

ESPEJO DE LOS HUMILDES 157

— ¿Mal? ¿Por qué?

El ámbito se había quedado desierto y el crepúsculo moría. Un viento serrano y hostil golpeaba los árboles.

— Tengo un poco de frío. ¿Quieren ustedes que nos marchemos?

— Sí, en seguida.

Tomaron el camino de La Granja. Las de Ledesma charlaban sin tino, comentando el cotillón. Laura no las oía, sumida en una sensación inconsciente de angustia. Entraron en el pueblo. Ellas se empeñaron en acompañarla hasta el umbral de su casa. Llegaron. Nadie en los balcones. Soledad en la calle. Se despidieron. Laura subió de prisa y llamó. Apareció la doncella asustada.

— ¿Está la señorita Rosa?

—No.

— ¿Vino alguien?

— Tampoco, señorita.

Entró en la alcoba. Al pronto notó algo raro, insólito, en la habitación desordenada. Se fijó. Los vestidos de Rosa no pendían de las perchas. Había desaparecido su cabás de viaje. ¿Qué era aquello? Y se detuvo, aterrada por un presentimiento que cruzó por su espíritu, helándola.

Sobre la mesa habla un sobre. Leyó. En él se hallaban escritas estas palabras con letra de Rosa: "Para ti".

Rasgó y devoró.

"¡Pobre cielito mío! Eres muy desgraciadita tú, mi vida. Lo reconozco y te compadezco. Por eso te escribo, para darte una última prueba de mi amor. Podría haberme marchado sin dejarte un recuerdo. Pero ¡nol Ahí lo tienes. Te quiero demasiado para ser contigo cruel.

158 LUIS ANTÓN DEL OLMET

«Mira, chiquilla, abreviemos. Me voy porque me aburre este sitio, y además, porque Miguel se ha empeñado. ¡El pobrel ¡Hay que darle gusto! ¡Ahí pero te advierto que se marcha muy enamorado de ti. Dice que eres un alma superior, digna de encontrar un hombre extraordinario. El ha tenido miedo de ti. Y le doy la razón; y tú, cuando pienses en esto serenamente, se la darás también. Hazte cargo. El habla venido en busca de una aventura alegre, sin trascendencia, vamos, un buen pasar el rato. Pero tú tomaste la cosa demasiado en serio. Creo que en aquel famoso paseo á caballo te comportaste coma una colegiala. Al principio se conmovió, pero luego nos hemos reído mucho. Estuviste hecha una Julieta, pero escogiste un mal Romeo. Mi - gueles... ¡qué sé yol muy parisién... Tú le hubieses estropeado el veraneo. Y al fin ha tenido la ventolera de escaparse conmigo. Dirás, y con razón, que huye de ti. Yo creo más. Afirmo que has dejado en su alma una huella. Pero, ¡hija! por el pronto, nos vamos.

"Y... se me está haciendo tarde. Perdona. El coche para Segovia no espera y tengo que despedirme.

"Que seas muv feliz y que termines de la manera más brillante tu veraneo. Como verás, te dejo una bar. baridad de dinero dentro de tu maleta. Cuarenta duros. Un capitalito, ¿eh? A ver si lo administra bien la vidita mía.

"Adiós, ¿sí? encanto. Ya sabes que te quiere mucho

Rosa."

Había aún una postdata:

"¡Ahí oye un consejo de amiga. Para otra aventura venidera con cualquier hombre, procura ser menos colegiala. Aprende de mí. Es más práctico".