Estudios filosóficos y políticos · Unidad 58 de 174
Unidad 58 · Y LA CIVILIZACIÓN. 115
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ideal en todas las esferas de la actividad; segundo, privados de criterio para discernir en la historia lo necesario de lo accidental , podemos fácilmente incurrir en el error de procurar la permanencia ó repetición de instituciones ú organismos que tuvieron su razón de ser en el pasado y que no la tienen en el presente ; y tercero, que el punto de vista crítico ó escéptico puede conducir á los espíritus científicos á la abstención, y por tanto, no sólo á la paz, sino al quietismo ; pero no es fácil imponer semejante discreción á las clases sociales, las cuales, al moverse y agitarse, necesitan inspirarse en algo, y si este algo no es un principio , en su lugar ponen un interés.
Más graves son en verdad los peligros que entraña el positivismo dogmático , puesto que además de los que lleva consigo su punto de vista en el problema lógico, igual ó análogo al del positivismo critico, al afirmar como única sustancia la materia, como único ser real la naturaleza, y al negar, no ya la posibilidad de conocer lo absoluto, sino qne éste tenga existencia y realidad, ni siquiera deja, á diferencia de aquel, la posibilidad de penetrar en aquel orden trascendental y misterioso bajo el ministerio del sentimiento y de la fantasía. De aquí su enemiga á la par á la reli-
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gion y á la metafísica, que aspiran á conocer ese orden absoluto, la una predominantemente por el camino de la reflexión, la otra bajo el impulsa también predominante de la fé y la inspiración. Ahora bien ; sin desconocer los servicios que el positivismo ontológico está prestando, en cuanto es una protesta enérgica contra los abusos de la especulación y los extravíos del idealismo; porque ha continuado la obra iniciada en el renacimiento de rehabilitación de la naturaleza, y, además, merced al gran adelanto y perfeccionamiento del método experimental , ha dado un poderoso impulso á las ciencias naturales, asi como merced á su exclusiva atención á los hechos ó sea á la vida, ha contribuido en gran manera á la formación y al desarrollo de la biología; sin desconocer estos servicios, repetimos, el gravísimo peligro que entraña esta doctrina para la civilización moderna nace de su actitud hostil en frente de la religión y de la metafísica.
En efecto, basta atender al camino que ha llevado el desarrollo de la vida humana, tal como nos lo muestra la historia, para comprender que las dos fuerzas vivas, las dos energías que determinan hoy la marcha de la civilización, son la religión y la filosofía, que por esto, como se ha dicho con razón, comparten hoy la cara de almas en lospue-