Examen de ingenios para las ciencias · Capítulo real 7 de 13
CAPITULO XII . (1)
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 4 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
CAPITULO XII. (1)
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D&nde se prueba que la elocuencia y policía en el hablar , no puede estar en los hombres de grande entendimiento.
na de las gracias por donde mas se persuade el vulgo á pensar que un hombre es muy sabio y prudente , es oirle hablar con grande elocuencia , tener ornamento en el decir, copia de vocablos dulces y sabrosos , traer muchos ejempos acomodados al propósito que son menester; y realmente nace de una junta que hace la memoria con la imaginativa , en grado y medio de calor, el cual no puede resolver la humedad del cerebro , y sirve de levantar las figuras y hacerlas bullir , por donde se descubren muchos conceptos y cosas que decir (2) .
En esta junta es imposible hallarse el entendimiento (3), porque ya hemos dicho y probado atrás que esta potencia abomina grandemente el calor, y la humedad no la puede sufrir. La cual doctrina si alcanzaran los atenienses , no se espantaran tanto de ver un hombre tan sabio como Sócrates, y que no supiese hablar (4). Del cual decian los que enlendian lo mucho que sabia , que sus palabras y sentencias eran como unas cajas de madera tosca y sin acepillar por defuera ; pero abiertas, ha-
(1) Noveno de la primitiva edición. N. de la R.
(2) Cicerón dice que la honra del hombre es tener ingenio, y la del ingenio es ser acomodado á la elocuencia. De claris oratoribus.
(3) Platón lo cuenta. Diálogo de scienlia et in convivio.
(4j Claudio Donato, barón insigne, escribiendo la vida del famoso Virgilio poeta, dice: que en hablar era tardo, tanto que parecía hombre ignorante. — Esta nota solo existe en la edición de 1840 y falta en las anteriores que tengo á la lista. N. de la R.
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bia dentro en ellas dibujos y pinturas dignas de admiración. Er la misma ignorancia han estado los que , queriendo dar razón y causa de la oscuridad y mal estilo de Aristóteles , dijeron: que de industria , y por querer que sus obras tuviesen autoridad, escribió en gerigonza y con tan mal ornamento de palabras y manera de hablar. Y si consideramos el proceder tan duro de Platón y la brevedad con que escribe , la oscuridad de sus razones , la mala colocación de las partes de la oración , hallaremos qne no es otra la causa (1). Pues que si leemos las obras de Hipócrates, los hurtos que hace de nombres y verbos, el mal asiento de sns dichos y sentencias, la mala trabazón de sus razones, lo poco que se le ofrece que decir para llenarlos vacíos de su doctrina, que mas, sino que queriendo dar muy /arga cuenta á Damageto , su amigo , de cómo Arlagerges, rey de los persas , lo envió á llamar , promeliéndole todo el oro y plata que él quisiese y que le contarla entre los grandes de su reino , haciendo sobre esto muchas demandas y respuestas, dijo asi : Persarum rex nos accersivit , ignarus quod apud me major est sapientice ratio, quarn auri, vale. Gomo si dijera: el rey de los persas me envió á llamar, no sabiendo que yo estimo en mas la sabiduría que el oro. La cual materia, si tomara entre manos Erasmo ú otro hombre de buena imaginativa y memoria como él , era poco para dilatar una mano de papel. Pero ¿ quién se atreviera á ejemplificar esta doctrina en el ingenio natural de San Pablo , y afirmar que era hombre de gran entendimiento y poca memoria, y que no podia con sns fuerzas saber lenguas, ni hablar en ellas con ornamento y policía , si él no dijera asi? Nihil me minusfecüse ti magnis apostoUs existimo: nam et si imperiHis sum sermone, sed non sciencia 'f^J- Et quidam dicebant, quid vult semi verbis hic dicare {3J. Como si dijera: yo bien confieso que no sé hablar ; pero en ciencia y saber ningún aposto! de les grandes me hace ventaja. La cual diferencia de ingenio era tan apropiada para la publicación del Evangelio , que nin-
¡1/ Loando Cicerón la elocuencia de Platón, dice que si Júpiter hubiera de hablar en griego, habia de hablar como él. Declaris oratoribus.
(2) Corinlh. cap. II.
(3J S! Acta Apost. cap. 17. — Este trozo solo existe en la edición d« 1640 f falta en las otras. N. de la R.
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♦íuna otra cosa se podia elegir mejor; porque ser el publicador elocuente y tener nuicho ornamento de palabras, no convenia, atendiendo que la fuerza de los oradores de aquel tiempo se deseubria en f{ue bacian entender al auditorio las cosas falsas por verdaderas, y lo que el vulgo tenia recibido por bueno y provecboso, usando ellos de los preceptos de su arte, persuadían lo contrario , y defendían que era mejor ser pobre c[ue rico, y eslar enfermo que sano, y ser necio que sabio, y otras cosas que maniíieslamente eran contra la vulgar opinión. Por la cual razón los llamaban los bebreos gcvanin, que quiere decir engañadores. Lo mismo le pareció á Catón el mayor, y tuvo por peligrosa la estada de estos romanos, viendo que las fuerzas del Imperio romano estaban fundadas en las armas y estos comenzaban ya á persuadir que era bien que la juventud romana las dejase y se diese á este género de sabiduría. Y asi , con brevedad los mandó luego desterrar de Roma y que na estuviesen mas en ella. Pues si Dios buscara un predicador elocuente y con ornamento en el decir , y entrara en Atenas ó en Roma afirmando que en Jerusalen babian crucificado los judíos á un hombre que era Dios verdadero, y que habia muerto de su propia y agradable voluntad por redimir los pecadores, y que resucitó al tercero día, y que subió á los cielos, donde ahora está, ¿qué habia de pensar el auditorio sino que este tema era alguna estulticia y vanidad de aquellas que los oradores suelen persuadir con la fuerza de su arte? Por tanto dijo San Pablo (1) Non enim misit me Cfirishis baptizare : sed evangelizare : non in sa— pientia verbi ^ ut notí evacueretur crux Christi. Gomo si dijera: no me envió Cristo á bautizar, sino á predicar, y no con oratoria, porque no pensase el auditorio que la cruz de Cristo era alguna vanidad de las que suelen persuadir los oradores. El ingenio de San Pablo era apropiado para este ministerio, porque tenia grande entendimiento para defender y probar en las sinagogas y en la gentilidad, que Jesucristo era el Mesías prometido en la ley, y que no habia que esperar otro ninguno , y con esto de poca memoria, por donde no pudo saber hablar con ornamento de palabras dulces y sabrosas , y esto era lo que la pu-
;1, / Corinth. cap. I,
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blicacion del Evangelio habia menester. Por esto no quiero decir que San Pablo no tuviese don de lenguas , sino que en todas hablaba de la manera que en la suya ; ni tampoco tengo entendido que para defender el nombre de Cristo bastaban las fuerzas de su grande entendimiento, sino estuviera de por medio la gracia y ausilio particular que Dios para ello le dio ; solo quiero sentir que los dones sobrenaturales obran mejor , cayendo sobre buena naturaleza , que si el hombre fuese de suyo torpe y necio. A esto alude aquella doctrina de San Gerónimo , que trae en el prohemio que hace sobre Isaias y Jeremías, preguntando qué es la causa que siendo el mismo Espíritu Santo el que hablaba por la boca de Jeremías é Isaias, el uno proponga las cosas que escribe con tanta elegancia , y Jeremías apenas sabe hablar? (1)
A la cual duda re&ponde: que el Espíritu Santo se acomoda á la manera natural que tiene de proceder cada profeta sin variarles la gracia su naturaleza, ni enseñarles el lenguage con que han de publicar la profecía. Y asi , es de saber que Isaias era un caballero ilustre, criado en corte y en la ciudad de Jerusalen, por la cual razón tenia ornamento y policía en el hablar. Pero Jeremías era nacido y criado en una aldea de Jerusalen que se llamaba Anatolites ; basto y rudo en el proceder , como aldeano, y de este mismo estilo se aprovechó el Espíritu Santo en la profecía que le comunicó. Lo mismo se ha de decir de las Epístolas de San Pablo , que el Espíritu Sanio presidia en él cuando las escribió , para que no pudiese err ar ; pero el leguage y manera de hablar era el natural de San Pablo , acomodado y propio á la doctrina que escribía, porque la verdadera teología escolástica aborrece la muchedumbre de palabras.
Con la teología positiva, muy bien se junta pericia de lenguas y el ornamento y polícia en hablar , porque esta facultad pertenece á la memoria, y no es mas que un montón de dichos y sentencias católicas tomadas de los doctores sagrados y de la divina Escritura, y guardadas en esta potencia , como lo hace
fl) La epístola á los hebreos con ser de San Pablo, ha habido muchos que por ser de diverso estilo han presumido decir que no era suya; lo cual tiene la Iglesia condenado como herético.
un gramático con las flores de los poetas Virgilio, Horacio , Terencio y de loí demás autores latinos que lee , el cual , conociendo la ocasión de recitarlos , sale luego con un pedazo de Cicerón ó de Quintiliano, con que muestra al auditorio su erudición. Los que alcanzan esta junta de imaginativa con memoria, y Irabajan en recoger el grano de todo lo que ya esta dicho y escrito en facultad y lo traen en conveniente ocasión con grande ornamento de palabras y graciosas maneras de bal)lar. Es tanto lo inventado en todas las ciencias, que parece á los que ignoran esta doctrina que es grande su profundidad, y realmente son muy someros , porque llegándolos á tentar en los fundamentos de aquello que dicen y afirman descubren la falla que tienen.
Y es la causa que con tanta copia de decir y con tanto ornamento de palabras no se puede juntar el entendimiento á quien pertenece saber de raiz la verdad. De estos dijo la divina Escritura (1) : Ubi verba sunt plurima ibi frecuenter egestas. Como si dijera: el hombre que tiene muchas palabras, ordinariamente es falto de entendimiento y prudencia. Los que alcanzan esta junta de imaginativa y memoria entran con grande ánimo á interpretar la divina Escritura, pareciéndoles que por saber mucho hebreo, mucho griego y latin, tienen el camino andado para sacar el espíritu verdadero de la letra, y realmente van perdidos. Lo uno , porque los vocablos del Texto divino y sus maneras de hablar, tienen otras muchas significaciones , fuera de las que supo Cicerón en latin. Lo otro , que á los tales les falta el entendimiento , que es la potencia que averigua si un espíritu es católico ó depravado ; esta es la que puede elegir , con la gracia sobrenatural , de dos ó tres sentidos que salen de una letra, el que es mas verdadero y católico.
Los engaños, dice Platon,\iue nunca acontecen en las cosas disímiles y muy diferentes , sino cuando ocurren muchas que tienen gran similitud , porque si á una vista perspicaz le pusiésemos delante un poco de sal, azúcar, harina y cal, todo molido y cernido , y cada cosa de por sí , ¿ qué baria un hombre que careciese de gusto , si con los ojos hubiese de conocer cada
(í'l Proverbio 14.
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polvo de eslos sin errar? Diciendo , esto es sal, esto azúcar , est& harina y esto cal , yo no dudo sino que se engañaria por la gran similitud que entre sí tienen estas cosas. Pero si un montón fuese de trigo , otro de cebada , otro de paja , otro de tierra y otro de piedra , cierto es que no se engañarla en poner nombre á cada montón , aunque tuviese poca vista , por ser cada uno de tan varia figura. Lo mismo vemos que acontece cada dia en los sentidos y espíritus que dan los teólogos á la divina Escritura, que mirados dos ó tres, á la primera muestra todos tienen apariencia de católicos y que consuenan bien con la letra, y realmente no lo son , ni quiso el Espíritu Santo decir aquello. Para elegir de estos sentidos el mejor y reprobar el malo , es cierto que no se aprovecha el teólogo de la memoria , ni de la imaginativa, sino del entendimiento. Y asi, digo que el teólogo positivo ha de consultar al escolástico y pedirle que de aquellos sentidos le elija el que le pareciese mejor , si no quiere amanecer en la Inquisición. Por esta causa los hereges aborrecen tanto la teología escolástica y procuran desterrarla del mundo : porque distinguiendo, infiriendo, raciocinando y juzgando se viene á saber la verdad y descubrir la mentira (1).
(i) En este puulo discordamos el autor y yo, por cuya razón fundaré mi tHctáraen en la nota 11 al fin del tomo. N. de la R.
CAPITULO 3S1II. (1)
Donde se prueba que la teoría de la teología pertenece al entendimiento ^ y el predicar, que es su práctica . a la imaginativa.
1 roblema es muy preguntado , no solamente de la gente docta y sabia , pero aun los hombres vulgares han caido ya en la cuenta, y lo ponen cada dia en cuestión , qué sea la razón y causa que en siendo un teólogo grande hombre de escuelas, en disputar agudo , en responder fácil , en escribir y leer de admirable doctrina, y subido en un pulpito no sabe predicar ; y por el contrario , en saliendo galano predicador, elocuente, gracioso y que se lleva la gente tras sí por maravilla , sabe mucha teología escolástica, por donde admiten por buena consecuencia: fulano es gran teólogo escolástico, luego será gran predicador. No quieren conceder al revés , es gran predicador, luego sabe mucha teología escolástica, porque para deshacer la una consecuencia y la otra, se le ofrecerán á cualquiera mas instancias que cabellos tenga en la cabeza. Ninguno hasta ahora ha podido responder á esta pregunta mas de lo ordinario , que es atribuirlo todo á Dios y á la distribución de sus gracias. Y parécerne muy bien, ya que no saben la causa mas en particular. La respuesta de aquesta duda, en alguna manera la dejamos dada en el capítulo pasado ; pero no tan en particular como conviene. Y fue que la teología escolástica pertenece al entendimiento ; ahora decimos y queremos probar que el predicar , que es su práctica, es obra de la imaginativa. Y asi como es dificultoso juntar en un mismo cerebro grande entendimiento y mucha
{ií Décimo de la primitiva edición. N. de la R.
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imaginativa, de la misma manera no se puede compadecer que uno sea un gran teólogo escolástico y famoso predicador, y que la teología escolástica sea obra del entendimiento, ya lo dejamos demostrado airas, probando la repugnancia que tenia con la lengua latina. Por donde no será necesario volver á ello otra vez. Solo quiero dar á entender que la gracia y donaire que tienen los buenos predicadores, con la cual atraen asi al auditorio, y lo tienen contento y suspenso, todo es obra de la imaginación ; y pa. ra que mejor me pueda esplicar y híicerlo tocar con la mano, es menester suponer primero que el hombre es animal racional, sociable y poUtico, y porque su naturaleza se habilitase mas con el arte inventaron los fdósofos antiguos la dialéctica (1) para enseñarle cómo habia de raciocinar, con qué preceptos y reglas, cómo habia de difinir las naturalezas de las cosas, distinguir, dividir, inferir, raciocinar, juzgar y elegir, sin las cuales obras es imposible ningún artífice poderse pasar. Y para poder ser sociable y político tenia necesidad de hablar y dar á entender á los demás hombres las cosas que concebía en su ánimo. Y porque no las esplicare sin concierto ni orden, inventaron otra arte que llaman retórica, la cual con sus preceptos y reglas, le hermosea su habla con pulidos vocablos, con elegantes maneras de decir, con afectos y colores graciosos. Pero asi como la dialéctica no enseña al hombre discurrir y raciocinar, en solo una esencia sino en todas sin distinción. De la misma manera la retórica muestra hablar en la teología, en la medicina, en la jurisprudencia, en el arte militar y en todas las demás ciencias y conversaciones que tratan los hombres; de suerte que si queremos fingir un perfecto dialéctico consumando orador, no se podrá considerar sin que supiese todas las ciencias, porque todas son de su jurisdicción, y en cualquiera de ellas, sin distinción, podría egercitar suspreceptos.No como la medicina que tiene limitada la materia sobre que ha de tratar y la filosofía natural, moral, metafísica, astrología y las demás, y por tanto dijo Cicerón (2): Oratorem ubicunque constiteritconstiterein suo.Y en otra parte dice: In oratore perfecto in est omnis filosoforum
(\) Scientia humana consistit in duobus in locutione órnala etc., in distinlio- ♦ nererum Pau. 2. ad Colos. eap. 1. (2) De perfecto óralo.
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scientia. Y por osla causa dijo el mismo Cicerón que no liabiaarÜíice mas diíicullosode hablar que un perfecto orador, v con mas lazon lo dijera si supiera larepiignanciaque habia en juntar todas las ciencias en un particular.
A nt ¡finamente se habían alzado con el nombre y oficio de orador los jurisperitos, porque la perfección de la abogacia pedia el conocimiento y pericia de todas las artes del mi ndo, á causa que las leyes juzgan á todos ; y para saber la defensión que cada arte tiene por sí, era necesario tener particular noticia de todas, y asi dijo Cicerón : Ncmo cst in oratonim numera hahcndus, qiii non sit ómnibus artibus perpolitns (1). Pero viendo que era imposible aprender todas las ciencias, lo uno por la brevedad de la vida, y lo otro por ser el ingenio del hombre tan limitado, lo dejaron caer, contentándose en la necesidad con dar crédito á los peritos de aquel arte que defienden y no mas. Tras esta manera de defender las causas sucedió luego la doctrina evangélica, la cual se podia persuadir con el arte de oratorio mejor que con cuantas ciencias hay en el mundo, por ser la mas cierta y verdadera; pero Cristo nuestro Redentor mandó á San Pablo que no la predicase: In Sapientia vcrbí, porque no pensasen las gentes que era alguna mentira bien ordenada, como aquellas que los oradores solian persuadir con la fuerza de su arte. Pero ya recibida la fé y de tantos años atrás, hien se permite predicar con lugares retóricos y aprovecharse del bien decir y hablar, por no haber ahora el inconveniente que cuando predicaba S. Pablo. Antes vemos que hace mas provecho el predicador que tiene las condiciones de perfecto orador, y le sigue mas gente que el que no usa de ellas. Y es la razón muy clara, porque si los antiguos oradores hacian entender al pueblo las cosas falsas por verdaderas, aprovechándose de sus preceptos y reglas, mejor se convencerá el auditorio cristiano,, persuadiéndole con artificit), aquello mismo que tiene ya entendido y creido. Allende que la divina escritura es, en cierta manera, todas las cosas y para su verdadera interpretación son menester todas las ciencias conforme á aquel dicho tan celebrado: Mistit ancülas suas vacare ad arcem. Esteno es menester encar-
da Lili, de orato.
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garlo á los predicadores de nuestro tiempo , ni avisarlos que lo pueden ya hacer, porque su estudio particular fuera del provecho que pretenden hacer con su doctrina, es buscar un buen tema á quien se pueda aplicar á propósito muchas sentencias galanas, traídas de la divina Escritura, de los sagrades doctores, de poetas, historiadores, médicos y legistas, sin perdonar ciencia ninguna, hablando copiosamente con elegancia y dulces palabras. Con todo lo cual dilatan y ensanchan el tema una hora y dos si es menester. Esto propio dice Cicerón, que profesaba el perfecto orador en su tiempo (1). Vis oratoris proffesio, quoe ipsa bene dkendi hoc suspícere, ac policeri vidctur, iit omni de re quwcumque sit proposita abeo órnate, copiase quce dicatur. Luego si probáremos que las gracias y condiciones que ha de tener el perfecto orador todas pertenecen á la imaginativa y memoria, tendremos entendido que el teólogo que las alcanzare será muy gran predicador. Pero metidos en la doctrina de Santo Tomas y Escoto, sabrá muy poco de ella, por ser ciencia que pertenece al entendimiento, de la cual potencia ha de tener por fuerza gran remisión. Qué cosa sean aquellas que pertenecen á la imaginativa, y con qué señales se han de conocer, ya lo hemos dicho atrás, y ahora lo tornaremos á referir para refrescar la memoria, todo aquello que dijere, buena figura, buen propósito y encaje, todas son gracias de la imaginativa, como son los donaires, apodos, motes y comparaciones (2). Lo primero que ha de hacer el perfecto orador, teniendo ya el tema en las manos, es buscar argumentos y sentencias acomodadas con que dilatarle y probarle. Y no con cualesquiera palabras, sino con aquellas que hagan buena consonancia en los oidos, y asi dijo Cicerón : oratorem etim esse puto qui et vcrbi ad aiidiendumjo— cundis, et sententiis acommodatis ad probandum utipossit. Esto cierto es que pertenece á la imaginativa, pues hay en ello consonancia de palabras graciosas y buen propósito en las sentencias. La segunda gracia que no le ha de faltar al orador, es tener mucha invención ó mucha lección ; porque si está obligado á dilatar y probar cualquier tema que se le ofreciere con muchos di-
(1) Lib. de oratore.
(2) También en el saber elegir el tema entro iniiclios qne ocurren, jirrlenece ¿la imaginativa.
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f hos y sentencias traídas á propósito, ha monoslor tener muy subida imajinativa , que sea como perro ventor, (|ue le l)usípiey traiga la caza íí la mano ; y cuando fallare que decir, lo unja como si realmente fuera asi ; por eso dijimos atrás ((ue el calor era el instrnuiento con que obraba la imajinativa , ])or(|ue esta calidad levanta las íií^uras y las hace bullir, j)or donde se descubre todo lo que hay que ver en ellas, y si no hay masque considerar, tiene fuerza la imajinativa , no solamente de componer una figura posible con otra, pero aun las (pie son imposibles, según el orden de naturaleza las junta y de ellas vieue á hacer montes de oro y bueyes volando. En lugar de la invención propia se pueden aprovechar los oradores de la mucha lección, Ta que les falte la imajinativa; pero en fiu, lo que enseñan los libros es caudal finito y limitado, y la propia invención es como la buena fuente que siempre da agua fresca y de nuevo. Para reteuer lo leido, es necesario tener mucha memoria, y para recitarlo delante el auditorio con facilidad no se puede hacer sin la misma potencia, y asi dijo Cicerón : Is orator erü, mea qui-~ dem sententia : hoc tan gravi digmis nomine qui quoecumque res inciderit, quce sit dictione explkanda, prudenter , copióse, órnate, et memoriter dicat. Como si dijera : este orador (IJ será digno de tan grave nombre que pudiere orar sobre cualquier tema, que se le ofreciere con prudencia, que es acomodarse bien al auditorio, al lugar, al tiempo y ocasión copiosamente con ornato de palabras dulces y sabrosas y recitadas de memoria. La prudencia ya hemos dicho y probado atrás que pertenece á la imajinativa, la copia de vocablos y sentencias á la memoria, el ornamento y atavío á la imajinativa, y recitar tantas cosas sin tropezar ni repararse , cierto es que se hace con la buena memoria. A propósito de lo cual dijo Cicerón, que el buen orador ha de hablar de memoria y no por escrito. Es de saber que el maestro Antonio de Lebrija, había venido ya á tanta falla de memoria por la vejez, que leía por un papel la lección de retórica á sus discípulos, y como era tan eminente en su facultad y tenia su intención bien probada, no miraba nadie en ello; pero lo que no se pudo sufrir fue que muriendo este repentinamente deapo-
(li Lil). (le nerfect. oral.
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plegia encomendó la universidad de Alcalá el sermón de sus obsequias á un famoso predicador, el cual inventó y dispuso lo que habia de decir como mejor pudo, pero fue el tiempo tan breve que no hubo lugar de tomarlo de memoria, y asi se fue al pulpito con el papel en la mano y diciendo asi : «Lo que este ilustre varón acostumbraba á hacer, leyendo á sus discípulos, eso mismo traigo yo determinado de hacer á su imitación, porque fue su muerte tan repentina, y el mandar que yo predicase en sus obsequias tan acelerado , que no habiendo lugar ni tiempo de estudiar lo que convenia decir, ni para recogerlo en la memoria, lo que yo he podido trabajar esta noche traigo escrito en este papel ; suplico á vuestras mercedes lo oigan con paciencia V me perdonen la poca memoria.» Pareció tan mal al auditorio esta manera de predicar por escrito y con el papel en ja mano, que todo fue sonreír y murmurar. Y asi dijo muy bien Cicerón, que se había de orar de memoria y no por escrito. Este predicador realmente no tenia propia invención, todo lo habia de sacar de los libros, y para esto es menester mucho estudio y memoria ; pero los que toman de su cabeza la invención no han menester estudiar, ni tiempo ni memoria, porque todo se lo hallan dicho y levantado. Estos predicarán á un auditorio toda la vida, sin encontrarse con lo que dijeron veinte años atrás, y los que carecen de invención en dos cuaresmas desfloran todos los libros de molde, y acaban con los cartapacios y papeles que tienen, y á la tercera es menester pasarse á nuevo auditorio, sopeña que les dirán: este ya predica como antaño. La tercera propiedad que ha de tener el perfecto orador, es saber disponer lo inventado, asentando cadadicho y sentencia en su lugar, de manera que todo se corresponda en proporción, y lo uno á lo otro se llame.
Y asi dijo Cicerón (1) : Dispositio est ordo, et distributio rerum nuce demonstrat, quid quibus in locis coUocandum sit. Como si digera : la disposición no es otra cosa mas que el orden y concierto que 6e ha de tener en distribuir los dichos y sentencias que han de decir al auditorio, mostrando qué cosa, en qué lugar se ha de asentar, para que concertado con los demás, resulte hwe-
(4y' Ad hoereniam.
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na figura. La cual gracia, cuando no es natural, suele dar imicho trabajo á los predicadores, porque después de haber hallado en los libros muchas cosas que decir, no tacilnienle aliñan lodos al encage convenienlede cada cosa. Esla propiedad de ordenar y distribuir, cierto es ([ue es obra de la imaginativa, pues dice figura y correspondencia. La cuarta propiedad (pie han de tener los buenos oradores, y la mas importante de todas, es la acción con la cual dan ser y ánima á las cosas (jue dicen y con la misma mueven al auditorio, y lo enternece.n, á creer que es verdad lo que les quieren persuadir; y asi dijo Cicerón (1): Adió, qua» motu corporis, qu(p gestu, qucevultii, qiia> vocis confirmatione, ac varíetate moderanda est. Como si dijera: la acción se ha de moderar, haciendo los meneos y gestos que el dicho requiere, alzando la voz y bajándola, enojándose y toinándose luego á apaciguar, unas veces hablar apriesa y otras á espacio, reñir y halagar, menear el cuerpo á una parte y á otra, coger los brazos y despegarlos, reir, llorar y dar una palmada en buena ocasión. Esta gracia es tan importante en los preílicadores que con sola ella, sin tener invención ni disposición de cosas de poco momento y vulgares, hacen un sermón que espanta al auditorio por tener acción, que en otro nombre se llama espíritu ó pronunciación. En esto hay una cosa notable, en lacual se descubre cuánto puede esta gracia, y es que los sermones que parecen bien por h mucha acción y espíritu, puestos en el papel no valen nada ni se pueden leer, y es la causa que con la pluma no es posible pmtarse los meneos y gestos, con los cuales parecieron bien en el pulpito. Otros sermones parecen muy bien en el cartapacio, y predicados no se pueden oir por no darles la acción (jue requieren sus pasos. Por donde dijo Platón fin Apolog.j que el estilo del hablar es muy diferente del que pide el buen escribir, y asi vemos muchos hombres que hablan muy bien y notan mal una carta, y otros al revés, escriben muy bien y razonan muy mal. Todo lo cual se ha de reducir á la acción, y la acción es cierto que es obra de la imaginativa, porque todo cuanto hemos dicho de ella hace figura, correspondencia y buena consonancia. La quinta gracia es saber apodar y traer buenos ejemplos y cornil, Lib. de perfect. orat.
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paraciones, de la cual gusla mucho mas el auditorio fíue de otra alguna, porqr.e con un buen ejemplo entienden fácilmente la doctrina, y sin él todo se le pasa por alto; ya^i pregunta Aristóteles (1): Cur homines in orando exemplis, et fahuhs potius gaudent, quam argumentis. Como si preguntara: porqué los que oyen á los oradores se huelgan mas con los ejemplos y fábulas que traen para probar lo que quieren persuadir, que con los argumentos y razones que hacen ? A lo cual responde, que con los ejemplos y fábula aprenden los hombres mejor, por ser probación que pertenece al sentido y no tan bien coa los argumentjos V razones, por ser obra que quiere mucho encendimiento, y por eso Jesucristo nuestro Redentor en sus sermones usaba de tantas parábolas y comparaciones porque con ellas daba á entender muchos secretos divinos. Esto de fingir fábulas y comparaciones, cierto es que se hace con la imajinativa , porque es figura y dice buena correspondencia y similitud. La sesta propiedad del buen orador es tener buen lenguaje propio y no afectado, pulidos vocablos y muchas y graciosas maneras de hablar V no torpes. De las cuales gracias hemos hablado muchas veces atrás, probando que parte de ello pertenece á la imajinativa y parte á la buena memoria. Lo séptimo que ha de tener un buen orador es lo que dice Cicerón : Instructus voce actione, et lepore. La voz abultada y sonora, apacible al auditorio, no áspera, ronca, ni delgada. Y aunque es verdad que esto nace del temperamento del pecho y garganta y no de la imajinativa, pero es cierto que del mismo temperamento que nace la buena imajinativa, que es el calor, de este mismo sale la buena voz y para el intento que llevamos, conviene mucho saber esto, porque los teólogos escolásticos por ser de frió y seco temperamento no pueden tener buen órgano de voz, lo cual es gran falta para el pulpito. Y asi lo prueba Aristóteles (2) ejemplificando en los viejos por la frialdad y sequedad. Para la voz sonora y abultada requiere mucho calor que dilate los caminos, y humedad moderada que los enternezca y ablande. Y asi pregunta Aristóteles (3):
|l^ ISSect. Probl. 3. (2 11 Sed. probl. Sí. 3, 11 Sect. probl. 60.
Curomni'sími nalura ^unl calkli, magnam voccm cmiKcre solcnl'^. (]onio si projiunUíra : ¿(luées la razón (jiie los ralienlos lodos tienen gran bullo de voz? Y asi lo vemos, por lo contrario, en las mujeres y eunucos, los cuales, por la mucha frialdad de su temperamento , dice Galeno (1) que tienen la garganta y la voz muy delicada. De manera que cuando otáremos alguna buena voz, sabremos ya decir que nace del mucho calor y humedad del pecho. Las cuales dos cualidades , si llegan hasta el cerebro , echan á perder el entendimiento y hacen buena memoria y buena imaginativa , que son las dos potencias de quien se aprovechan los buenos predicadores para contentar al auditorio. La octava propiedad del buen orador , dice Cicerón Í2 1 que es tener la lengua suelta , veloz y bien ejercitada , la cual gracia no puede caer en los hombres de grande entendimiento, porque para ser presta es menester que tenga mucho calor y moderada sequedad. Y esto no puede acontecer en los melancólicos , asi naturales como por adustion. Pruébalo Aristóteles (3j preguntando: i^Quumobcaumm qui lingua /ucssiíant, melancholicohabitu tenfuturl Como si dijera: ¿qué es la causa que los que se detienen en el hablar , todos son de complesion melancólicos? Al cual problema responde muy mal diciendo: que los melancólicos tienen fuerte imaginativa, y la lengua no puede ir hablando tan apriesa como ella le va dictando, y asi le hace tropezar y caer. Y no es la causa sino que los melancólicos abundan siempre de mucha agua y saliva en la boca, por la cual disposición tienen la lengua húmeda y muy relajada, cosa que se echa de ver claramente considerando lo mucho que escupen. Esta misma razón dio Aristóteles (i) preguntando: Qucr causa cd ut línguop hcpssitarUes aliqui sint? Como si dijera: ¿de dónde proviene que algunos se detengan en el hablar? Y responde que estos tienen la lengua muy fria y húmeda , las cuales dos calidades la entorpecen y ponen paralítica, y asi no puede seguir á la imaginativa. Para cuyo remedio dije que es provechoso beber un poco de vino, ó antes que vayan a razonar delante del audi-
1. Lib. de semine , cap. 10. •2. De oralor.
3. II Sccl. probl. 38.
4. 1 Sed. proW. o3
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íorio dar l)ueiias voces para que se calienle y deseque !a lengua. Pero también dice Aristóteles, que el no acertar á hablar puede nacer de tener la lengua mucho calor y sequedad , y pone ejemplo en los coléricos, los cuales, enojados, no aciertan á hablar, y estando sin pasión y enojo son muy elocuentes, al revés de ios hombres flemáticos, que estando en paz no aciertan á hablar, y enojados dicen sentencias con mucha elocuencia. La razón de esto está muy clara, porque aunque es verdad que el calor ayuda á la imajinaliva y también á la lengua, pero tanto puede ser que la eche á perder, á la una por no acudirle dichos y sentencias agudas , ni la lengua poder articular por la demasiada sequedad, y asi vemos que bebiendo un poco de agua habla el hombre mejor. Los coléricos, estando en paz, aciertan muy bien á hablar, por tener entonces el punto de calor que ha menester la lengua y la buena imajinativa ; pero enojados, sube el calor mas de lo que conviene, y desbarata la imajinativa. Los flemáticos , estando sin enojo , tienen muy frió y húmedo el cerebro, por donde no se les ofrece qué decir, y la lengua está relajada por la mucha humedad. Pero enojados y puestos en cólera , sube de punto el calor y levanta la imajinativa , por donde se le ofrece mucho que decir , y no lo estorba la lengua por haberse ya calentado. Estos no tienen mucha vena para metrificar por ser frios de cerebro, los cuales, enojados, hacen mejores versos y con mas facilidad contra aquellos que los han irritado , y á este propósito dijo Juveñal:
Si natura negat , fácil indignatio versiim.
Por esta falta de lengua no pueden los hombres de grande entendimiento ser buenos oradores ni predicadores, y en especial que la acción pide algunas veces hablar alio y otras bajo. Y los que son trabados de lengua no pueden orar sino á voces y gritos, yes una de las cosas que mas cansa al auditorio. Y asi, pregunta Aristóteles (1) : iCur homines lingua hopssitantes loqui mquecDit voce sammissa? Gomo si dijera: ¿por qué los hombres que se detienen en el hablar dan siempre grandes voces y no
1. II Sect. probl. 3o.
— IW — pueden hablar quedo? Al cual problema responde muy bien, diciendo: que la lení^ua que eslá trabada en los paladares por la niucba humedad , mejor se desj)e^a con ímpetu ({uc poniendo pocas fuerzas; es como el ((ue (piiere levantar una lanza muy verde tomada por la punta, (pie mejor la alza de un golpe y con Ímpetu que llevándola poco á poco.
Bastantemente me parece haber probado que las buenas propiedades naturales que ha de tener el perfecto orador , nacen las mas de la buena imaginativa, y algunas de la memoria. Y si es verdad que los buenos predicadores de nuestro tiempo contentan al auditorio por tener las mismas gracias , muy bien se sigue que el que fuere gran predicador sabrá poca teologia escolástica , y el grande escolástico no sabrá predicar , por la contrariedad que el entendimiento tiene con la imajinativa y memoria.
Bien veia Aristóteles por esperiencia que aunque el orador aprendía filosofía natural y moral , medicina, metafísica , jurisprudencia, matemáticas, astrologia y todas las demás artes y cien 'ias, que de todas no sabia mas que las flores y sentencias averiguadas , sin tener de raiz la razón y causa de ninguna; pero él pensaba que el no saber teología ni el propter quid de las cosas, nacía de no ha';erse dado á ello: y asi pregunta : Cur hominem philosophum differre aboratore putamus? Como si dijera: ¿en qué pensamos que difiere el filósofo del orador, pues ambos estudian filosofia? Al cual problema responde: que el filósofo pom todo sil estudio en saber la razón y el orador en conocer el efecto y no mas. Y realmente no es otra la causa sino que la filosofia natural pirtenece al entendimiento, de la cual potencia careeen hs oradores y y asi no podían saber de la filosofia ynas que la superficie de las cosas. Esta misma diferencia hay entre el teólogo escolástico y el positivo, que el uno sabe la razón de lo que toca á su facultad, y el otro las proposiciones averiguadas, y no mas. Y siendo esto asi, es cosa muy peligrosa que tenga el predicador oficio y autoridad de enseñar al pueblo crUliano la verdad, y el auditorio obligación de creerlo. Y que le falta lapotenciaconquese saben de raiz las verdades, podremos decirles sin mentir aquello de Cristo nuestro Redentor (1) : Sinite illos : cwci sunt et duces cwcorum , coecus
1. Matlh. cap lo.
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autem sí cooco ducaturn prwsiet, ambo in foveam cadent. Es cosa intolerable ver con cuánta osadía se ponen á predicar los que no saben palabra de teología escolástica , ni tienen habilidad natural para poderla aprender. De estos se queja San Pablo grandemente, diciendo (1); Finís autem prcecepti est charítas de corde puro et conscíentía bona, et fide non ficta: á quibus quídam aberrantes conversi sunt in vaniloquium, volentes esse legis doctores, nonintellígentes nec qum loquuntur, nec de quibus affirmant. Como si dijera : el fin de la ley de Dios es la caridad de puro y limpio corazón^ de buena conciencia y de fé no fingida; de las cuales tres cosas apartándose, todos se convierten en una vana manera de hablar , queriendo ser doctores de la ley , sin entender qué es lo que hablan ni afirman. La vanilocuencia y parlería de los teólogos alemanes, ingleses y flamencos, franceses y de los demás que habitan el Septentrión, echó á perder el auditorio cristiano con tanta pericia de lenguas, con tanto ornamento y gracia en el predicar, por no tener entendimiento para alcanzar la verdad. Y que estos sean faltos de entendimiento, ya lo dejamos probado atrás de opinión de Aristóteles, allende de otras muchas razones y esperiencias que trajimos para ello (2).
Pero si el auditorio inglés y alemán estuviera advertido en lo que San Pablo escribió á los romanos, estando también ellos apretados de otros falsos predicadores , por Ten tura no se engañaran tan presto (3) (4). Rogo autem vos frates, ut observetis
(i] I ad Tim. cap. I.
(2j Todo esto falta en la edición de 1640, y el Sr. D. Anastasio Chinchilla pone este mismo trozo, con algunas variantes, en el tomo 1.°, Med. Esp. página 336. Después de las palabras se saben de raíz las verdades, empií-za ya la variante de este modo: «De ellos podemos decir lo que decia Nuestro Señor: «Dejadlos como á ciegos y á conductores de ciegos; ambos caerán en la sima, «porque cuando un ciego se deja conducir por otro ciego, los dos se estrellan, ))Es cosa intolerable ver con cuánta osadia sejponcn á predicar les que no saben «palabra de tgologia escolástica, ni tienen habilidad natural para aprenderla. »EI fin do la ley de Dios es la caridad de puro corazón , de buena conciencia y »fé no finjida, de las cuales tres cosas apartándose estos, se convierten en una »Yana manera de hablar , queriendo ser doctores de la ley sin saber qué es lo «que hacen ni lo que afirman. La vanilocuencia y parleria de los teólogos han «echado á perder el auditorio cristiano con tanta pericia de lenguas , con tanto «ornamento en el predicar, y con no tener entendimiento para alcanzar la ver- »dad." He creido oportuno presentar este trozo para la mayor intelijencia de mis lectores. N. de la R.
(3) Cap. 16.
{*) Fácilmente se concibe que ya habla nuestro autor de la reforma protestante, condenando á sus sectarios como discípulos de Satanás , segau luego veremos. N. de la R.
— lol —
vos qui dissensiones et o/fcndicula prcetcr doctrinam quam vos didicistis faciuht, et declínate ah illis: huyusmodí enim Chisto domino nostro non sereiunt , sed suo ventri, et per dulces sermones et benedictiones seducunt corda innocentium. Como si dijera: hermanos mios , por amor de Dios os ruego que tengáis cuenta particular con estos (pie os ensefian otra doctrina Fuera de la que habéis aprendido, y apartaos de ellos, porque no sirven á nuestro señor Jesucristo , sinoá sus vicios y sensualidad, y son tan bien hablados y elocuentes , que con la dulzura de sus palabras y razones engañan á los que poco saben. Allende de esto, tenemos probado atrás que los que tienen mucha imaginativa son coléricos, astutos, malignos y cavilosos , los cuales están siempre inclinados al mal, y saben hacerlo con maña y prudencia. De los oradores de su tiempo pregunta Aristóteles (1) ; ^Cur oratorem callidum appellare solemus; tibicinem aut histrionem hoe appellare nomine non solemus? Como si dijera: ¿por qué razón llamamos al orador astuto, y no al músico ni al representante? Y mas creciera la diíicultad si Aristóteles supiera que la música y representación son obras de la imajinativa. Al cual problema responde , que los músicos y representantes no tienen otro lin mas de dar contento á los que los oyen. Pero e^ orador trata de adquirir algo para sí , por donde ha menester usar de astucias y mañas para que el auditorio no entienda su fin y propósito. Tales propiedades como estas tenian aquellos falsos predicadores, de quien dice el Apóstol escribiendo á los de Corinto (2j : Timeo autem ne sicut serpens Evam seduxit astutia sua, iía corrampantur sensus vestri. Nam ejusmodi pseudoapostoli sunt operar ii subdoli, transfigurantes se in apostólos Cliristi. Et non mirum:ipse enim Satanás transfigurat se in angelum lucis. Non est ergo magnum, si ministri ejus transfigurentur velut ministri justiiiir -.quorum finis erit secundum opera ipsorum. Como si dijera: mucho me temo, hermanos mios, que asi como la serpiente engañó á Eva con su astucia y maña , no os trastornen vuestro juicio y sentido. Porque estos falsos após-
18 Scct. probl. II Cap. 2.
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loles son como caldo de zorra, predicadores que hablan debajo de engaño, representan muy bien una santidad, parecen apóstoles de Jesucristo, y son discípulos del diablo, el cual sabe tan bien representar un ángel de luz, que es menester don sobrenatural para descubrirle quién es , y pues lo sabe tan bien hacer el maestro , no es mucho que lo hagan los que aprendieron su doctrina; el fin de estos no será otro mas que sus obras. Todas estas propiedades bien se entiende que son obras de la imaginativa, y que dijo muy bien Aristóteles , que los oradores son astutos y mañosos , porque siempre tratan de adquirir algo para sí (1).
Los que tienen fuerte imaginaliva, ya hemos dicho atrás que son de temperamento muy caliente, y de esta calidad nacen tres principales vicios del hombre, soberbia, gula y lujuria; y por esto dijo el Apóstol : Ejusmodi enim Christo domino nostro non serviunt^ sedsuo ventri. (Rom. 16.) Y asi trabajan de interpretar la Escritura divina de manera que venga I3ien con su inclinación natural , dando á entender á los que poco saben , que los sacerdotes se pueden casar, y que no es menester que haya cuaresma , ni ayunos , ni manifestar al confesor los delitos qne contra Dios cometemos. Y usando de esta maña (con Escritura mal traída) hacen parecer virtudes á sus malas obras y vicios , y que las gentes los tengan por santos.
Y que del calor nazcan estas tres malas inclinacjores, y d la frialdad las virtudes contrarias, pruébalo Arislólele? dJcicD-
1. ¡Cuánta verdad en tan pocas palabras, casi dictadas para la época presente I ¡Si, los oradores tratan de adquirir algo para sí en nuestra desgraciada patria! ¡Si, razón tenias tú y Aristóteles en pensar de este modo; pues hemos visto que todos los oradores parlamentarios y extraparlamenlarios cesaron de perorar desde que tomaron algo para sí, para sus hijos y deudos, y abandonaron después el interés general, que en su boca hipócrita solo significaba el medio para adquirir por otros y para si una subsistencia menos precaria pero mas vergonzosa á la vista de las personas sensatas y virtuosas, que deploran tanta ingratitud y tanta apostasia solo por un puñado de oro! ¡Hombres corruptibles , escuchad la voz de una conciencia pura y el clamor de las persones que os desprecian; volved al seno de los hombres honrados, para siquiera una vez hacer algo en beneficio de esta patria esquilmada , pues tiempo es ya que cese vuestra sórdida avaricia! Hé aquí lo que nosotros diriamos á los oradores que pideu algo para si y nada para el pais que los nombró.
N. de la R.
— loado (1): El qiioiiiam vim eandem morum ohlinel instituendorum, mores enim cnlidum condil ct frigidum omnium máxime (¡me in corpore nostro habentitr: kkirco nos moriim qualitate afj'icit et informat. Como si dijera : del calor y de la frialda(Í nacen ledas las cosliiinhrcs del ¡lonibrc, f)or(|ue estas dos calidades alteran mas nuestra naturaleza que otra ninguna. De donde nace que los hoinhres de grande imaginativa, ordinariamente son malos y viciosos, por dejarse ir tras su inclinación natural, y tener ingenio y habilidad para hacer mal. Y asi pregunta Aristóteles (-2): ¿ Cur homo qui adeo erudUione praditus est, animantium omnium injuslissimus sit? Gomo si preguntara: ¿qué es la razón que siendo el hombre de tan grande erudición, es el mas injusto de todos los animales? Al cual problema responde, que el hombre tiene mucho ingenio y grande imaginativa por donde alcanza muchas invenciones de hacer mal, y como apetece de su misma naturaleza deleites, y ser á todos aventajado y de mayor felicidad, forzosamente ha de ofender, porque estas cosas no se pueden conseguir sin hacer injuria á muchos. Pero ni el problema supo poner Aristóteles, ni responder á él como convenia; mejor preguntara: porqué los malos ordinariamente son de grande ingenio, y entre estos aquellos que tienen mayor habilidad, hacen mayores bellaquerías, siendo razón que el buen ingenio y habilidad inclinase al hombre, antes á virtud y bondad que á vicios y pecados? La respuesta, de lo cual es que los que tienen mucho calor, son hombres de grande imaginativa, y la misma calidad que los hace ingeniosos, esa misma los convida á ser malos y viciosos. Pero cuando predomina el entendimiento, ordinariamente se inclinad hombre á virtud, porque esta potencia estriba en frialdad y sequedad, de las cuales dos calidades nacen muchas virtudes, como son: continencia, humildad y temperancia, y del calor las contrarias. La cual filosofía si alcanzara Aristóteles (3) supiera responder á aquel problema que dice: iCur gemís idhominum, quod Dionysiacos technitas, id est , arlijices bachancdes aut histriones
(l) 30Sect. prohl. 1. Í2) Sec. 29 probl. 7. [3; 30 Sed. probl. 9.
— íok — Gppellainus, improbis esse moribus magna ex parle consueverunt? Gomo si preguntara: ¿qué es la razón, que los que ganan su vida á representar comedias, los bodegoneros, carniceros y aquellos que se hallan en todos los conviles y banquetes para ordenar la comida, ordinariamente son malos y viciosos ? Al cual problema responde, diciendo: que por estar ocupados en estos oficios bacanales no tuvieron lugar de estudiar, y asi pasaron la vida con incontinencia ayudando también á esto la pobreza que suele acarrear muchos males. Pero realmente no es esta la razón, sino que el representar y dar orden á las fiestas de Baco, nace de una diferencia de imaginativa, que convida al hombre á aquella manera de vivir. Y como esta diferencia de imaginativa consiste en el calor, todos tienen muy buenos estómagos y con grande apetito de comer y beber. Estos, aunque se dieran á letras, ninguna cosa aprevecháran en ellas. Y puesto caso que fueran ricos, también se aficionaran á aquellos oficios, aunque fueran mas viles, porque el ingenio y habilidad trae á cada uno el arte que le corresponde en proporción. Y asi pregunta Aristóteles (1): i,Cur inüsstudüsquwaUquisibidelegerint, quamquam interdum p^avis, libentius tamen quam in honestioribus versantur? verbi gratia, prossíigiatorem aut mimum, aut tibicem ge potius esse, quam astronomum aut oratorem velit, qui hwc síbi dekgeriñ ¿Qué es la causa que hay hombres que se pierden por ser representantes y trompeteros, y no gustan de ser oradores ni astrólogos? Al cual problema responde muy bien, diciendo: que el hond3re luego siente para qué arte tiene disposición natural, porque dentro de sí tiene quien se lo enseñe. Y puede tanto la naturaleza con sus irritaciones, que aunque el arte y oficio sea indecente á la dignidad del que lo aprende, se da á ello y no á otros ejercicios honrosos. Pero ya que hemos reprobado esta manera de ingenio para el oficio de la predicación, y estamos obligados á dar y repartir á cada diferencia de habilidad las letras que le responden en particular, conviene señalar qué suerte de ingenio ha de tener aqueta quien se le ha de confiar el oficio de la predicación, que es lo que mas importa á la república cristiana. Y asi, es de saber, que aunque atrás de-
[i) 18. Sect. probl. G.
— loo —
jamos probado qiio os repugnancia natural iiinlarso;!gran(ie en^ londimioiilo con mucha iiuajinalivay nionioria, poro no hay regla lan universal en todas las arles, (pie no lenga su escepcion Y falencia. En el capítulo penúllimo de esla obra prol)aremos, muy por estenso, que estando naturaleza con fuerzas, y no habiendo alguna causa que la impida, hace una diferencia xle injenio lan perfecto, que junta en un mismo supuesto grande entendimiento con mucha imajinativa y memoria, como^si no fueran contrarias ni tuvieran oposición natural. Esla era propia habilidad, y conveniente para el oíicio de predicación , si hubiera muchos supuestos que la alcarizáran; pero como diremos en el lugar alegado, son tan pocos, que no he hallado mas que ano de cien mil injeniosqueheco!isiderado,yasi será menester buscar otra diferencia de injenio mas familiar, aunque no de lanía perfección como la pasada. Y asi, es de saber, que entre los médicos (Ij y filósofos hay gran disensión sobre averiguar el temperamento y calidades del vinagre, de la cólera adusta y de las cenizas, viendo que estas cosas unas veces hacen efecto del calor, y otras de frialdad, y asi se partieron en diferentes opiniones; pero la verdad es, que todas aquellas cosas que padecen ustión y el fuego las ha consumido y gastado, son de vario temperamento. La mayor parte del sugelo es frió y seco, pero hay otras partes entremetidas, tan sutiles y delicadas y de tanto hervor y calor, que puesto caso que son en pequeña cantidad, pero son mas eficaces en obrar que todo lo restante del sugeto. Y asi vemos que el vinagre y la melancolía por adustion, abren y fermentan la tierra por razón del calor y no la cierran, aunque la mayor parle de estos humores es fria. De aqui se infiere, que los melancólicos por adustion, juntan grande entendimiento con mucha imajinativa , pero lodos son faltos de memoria por la mucha sequedad y dureza que hizo en c! cerebro la adustion. Estos son buenos para predicadores, á lo menos los mejores que se puedan hallar, fuera de aquellos perfectos que decimos, porque aunque les falta la memoria, es tanta la invención propia que tienen, que la misma imaginativa les sirve de memoria y reminiscencia, y les da figuras y sentencias que decir, sin haber me-
(i) Gal. lib. 1. sitnp. cap. 13.
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íiesler de nadie. Lo cual no pueden hacer los que traen aprendido el sermón palabra por palabra, que fallando de alli quedan luego perdidos sin tener quien les provea de materia para pasar adelante.
Y que la melancolía por adustion tenga esta variedad de temperamento, frialdad y sequedad para el entendimiento y calor para la imaginativa, dice Aristóteles de esta manera. Homines melancholici varii inwqualesque sunt, qiiia vis atrabilis varia, et incequalis est: quippe quce vehementer tum frígida tum calida reddi mdem possit. Gomo si dijera : los hombres melancólicos por adustion son varios y desiguales en la complexión, porque la cólera adusta es muy desigual; unas veces se pone calidísima y otras fria sobremanera. Las señales con que se conocen los hombres que son de este temperamento son muy manifiestas, tienen el color del rostro verdinegro ó cenizoso, los ojos muy encendidos (1), por los cuales se dijo, (es hombre que tiene sangre en el ojo) el cabello negro y calvos; las carnes pocas, ásperas V llenas de vello, las venas muy anchas: son de muy buena conversación y afables, pero lujuriosos, soberbios , altivos, renegadores, astutos, doblados, injuriosos, amigos de hacer mal y vengativos. Esto se entiende cuando la melancolía se enciende; pero si se enfria, luego nacen en ellos las virtudes contrarias, castidad, humildad, temor y reverencia de Dios, caridad, misericordia y gran reconocimiento de sus pecados, con suspiros y lágrimas, por la cual razón viven en una continua lucha y contienda, sin tener quietud ni sosiego. Unas veces vence en ellos el vicio y otras la virtud ; pero en todas estas fallas, son los mas ingeniosos y hábiles para el ministerio de la predicación, y para cuantas cosas de prudencia hay en el mundo, porque tienen entendimiento para alcanzar la verdad, y grande imaginativa para saberla persuadir. Y si no, veamos lo que hizo Dios cuando quiso fabricar un hombre en el vientre de su madre, á fin de que fuese hábil para descubrir al mundo la venida de su hijo, y tuviese talento para probar y persuadir que Cristo era el Mesías prometido en la ley ; y hallaremos, que haciéndole de gran-
(1) Taanbien son cortos de visla por !a niiicba sequedad del cerebro. Ai'isl. lUro de íornno et vigilia
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de entendimiento y mucha imaginativa, forzosamente, guardando el orden natural, le sacó colérico y adusto (1). Y que esto sea verdad déjase entender fácilmente considerando el grande fuego y furor con que perseguía la Iglesia, y la pena que recibieron las Sinagogas, cuando le vieron convertido, como que hubiesen perdido un hombre de grande importancia, y le hubiese ganado la parte contraria (2). Entiéndese también por las respuestas de cólera racional con que hablaba y respondía á los procónsules y jueces que le prendían, defendiendo su persona y el nombre de Cristo, con tanta maña y destreza que á todos los concluía. Era también falto de lengua, y no muy espedilo en el hablar, la cual propiedad dijo Aristóteles que tenían los melancólicos por aduslion. Los vicios que él confiesa tener (antes de su conversión) muestran también tener esta temperatura. Era blasfemo, contumelioso y perseguidor, todo lo cual nace del mucho calor. Pero la señal mas evidente que muestra haber sido colérico, adusto, se lomó de aquella batalla continua que él mismo confiesa tener dentro de sí, entre la porción superior é inferior díciendo(3). Video aliam legem in membris meis , repugnantem legi mentís mece, et dueentem me in captivitatem peccati. Y esta misma contienda, hemos probado de opinión de Aristóteles, que tienen los melancólicos por aduslion. Verdad es, que algunos esplican, y muy bien, que esta batalla nacía del desorden que hizo el pecado original entre el espíritu y la carne, aunque tanta y tan grande, yo creo también que era de la desigualdad de la atrabilis que tenía en su compostura y natural. Porque el real Profeta David participaba igualmente del pecado original, y no se quejaba tanto como S. Pablo : añil) Cum auíem eomplaeuit Deo, qui me segregavil ex útero matrix me ce, et tocabifper gratiam suam, ut revelaret filium suumin me. S. Paul, ad Gal. tap. I. Por conseeuencia el hombre de quien se ocupa Huarte, es de S. Pablo cuya vida é historia cuenlT á coBlinuacion en el texto; pero como no hace esta histjria con la claridad de que usa peneralmente, he querido llamar la atención manifestando que se trata de S. Pablo. N. de la R.
('2j Tan cierto es esto, que aun en el dia cuando apostata en política uu hombre de alguna importancia se resiente mucho el partido que le perdió, y lo que es mas, se duda por algunos de la verdad de las doctrinas cuando ven en las filas contrarias al hombre que patriocinaban como su Ídolo; ¡ tan grande es la sensación que causan los apóstatas en sus partidos! N. de la R. ;3j / arfTira. cap. I
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les dice que hallaba la porción inferior concerlada con la razón, cuando se quería holgar con Dios (1). Cor meum et caro mea, exultaterunt in Deum vivum. Y como diremos en el capítulo penúltimo, David tenia la mejor temperatura de las que naturaleza puede hacer, y de esto probaremos, de opinión de lodos los fdósofos, que ordinariamente inclina al hombre á ser virtuoso sin mucha contradicnon de la carne. Luego los injeníos que se han de elejir para predicadores, son primeramente los que juntan grande entendimiento con mucha imajinativa y memoria, cuyas señales traeremos en el capílulo penúllimo. Fallando estos, suceden en su lugar los melancólicos por aduslion; estos juntan grande entendimiento con mucha imajinativa, pero son faltos de memoria, y asi no pueden lener copia de palabras ni predicar con mucho tórrenle delante el auditorio. En el tercer lugar suceden los hombres de grande entendimiento pero faltos de imajinativa y memoria, estos predicarán con mucha desgracia, pero enseriarán la verdad. Losúltimos (á quien yo no encomendaría el olicio de la predicación) son aquellos que juntan mucha memoria con mucha imajinativa y son fallos de entendimiento. Estos se llevan lodo el auditorio tras sí, y lo tienen suspenso y contenió ; pero cuando mas descuidados estamos amanecen en la inquisición, porque (2): Per dw/ces sermones et beneditionei seducunt cordainnocentium (3j.
(i) Psal. 88.
l2j Ad Rom, cap. 16.
(3; Porque con palabritas dulces y suaves engañan al auditorio. Si en tiempo de Huarte habia predicadores que con estas palabritas inducían engaño en los corazones inocentes, no por eso es menos cierto que en aquella época se exijian ciertas y determinadas condiciones para ser predicador, y no se veia suí)ir á un pulpito ck ric;os adocenados, que ni aun la historia sagrada han saludado, ni mucho menos las profundas cuestiones teológicas. Sin embargo, esto ha sucedido en nuestros tiempos en que aun se debia ser mas escrupuloso para la elección del orador sagrado, y para prevenir abusos de que hemos sido testigos en estos últimos años, viendo convertidos en apóstoles de ira y de venganza, á aquellos que por su ministerio y por las doctrinas del hombre Dios, su sublime maestro, debieran ser pastores de ,jaz, de tolerancia y mansedumbre; no debiendo escitar rencores, antes mas bien tralajar en favor de la uniformidad de los que profesan unas mismas doctrinas religiosas, por mas antagonistas que puedan ser en otras materias, que nada tienen que vercon la vida espiritual, y que salen de este dominio para entregarse al de otra jurisdicción que es la sola competente. N. de la R.
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