Fábulas americanas · Unidad 5 de 6
Unidad de lectura 5
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El culebrón comiólos al momento, crece y va saltando de contento ; mas^ I ay ! que el mío-mío hubo comido, y así perece dando un estallido.
Muere a veneno quien nos envenena, sufriendo del talión la dura pena ; del enemigo no tomes consejos en lo que va el pellejo.
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El ciempiés y la araña
La Parca tan feroz de los humanos se enfurece también con los gusanos, que se alimentan de la misma muerte ; en acortar su vida se divierte, pues no bien nacen cuando ya perecen, y aunque hijos de la corrupción parecen, tienen unos periodos ordenados, cortos, mas a su fin adecuados.
El ciempiés terminaba su carrera y su pobre galera con cien remos movida no corria. El bien lo conocía ; torpe en su movimiento, le faltaba el sustento : las moscas se escapaban y aun de él se burlaban.
Por lo común las fieras cazadoras ven de hambre terminar sus breves años ; mas en tan extremadas circunstancias vio cerca de su estancia, muy quieta y muy tranquila, a cierta araña que hila y que con su red tenia sobrado alimento sabroso y delicado, y aunque ni tejer ni hilar sabía,
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creyó que de otros él los formaría. En la mente es más fácil que las manos, tanto en los brutos como en los humanos . . . Se víó en un gran atajo.
El torpe viejo todo se enredaba; la de ocho ojos, que bien se lo observaba, con sus ocho píes corre presurosa, pero cuando llegó, ya la insidiosa red desprendió el viejo Argos, y sin hacer más cargos, entre sus garras iba a darle muerte ; mas, astuto y maduro, de esta suerte le dijo : — ** No tendrás otro castigo sino el vivir conmigo, tejiéndome "tus redes, tendiéndolas sólo en estas paredes. "
Cumpliólo así la araña, agradecida a quien le dio la vida. ¡ Oh, cuándo nuestros Códigos penales tratarán así a los criminales ! . . . ¡ Cuándo, doctores, sabios e ingeniosos, los harán laboriosos, para sí trabajando y sus hermanos enfermos, pobres, huérfanos y ancianos I
Eí asno y el caballo, naturales de Europa
En una fértil campaña con verdes y ricos prados, lleno de pasto y contento, libre de todo trabajo, muy tendido a la bartola, dormia un gordazo asno, olvidando pesadumbres y los males ya pasados ; añaden también algunos que el burro estaba roncando con tan terribles ronquidos, que de ellos fué despertado.
Apenas abrió los ojos encontró un pobre caballo, no sólo muy envejecido, mas sin carne y tan flaco, que todo en él indicaba sus penurias y trabajos ; parecía rocinante en lo largo y en lo escuálido . . . Y tenía todos sus lomos muy feridos y matados, y también en sus espaldas se veían tumorazos. . .
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Estaba maceta y tuerto, también era cojo y manco. AI verlo así de este modo,
— ** I Cómo en tan mal estado, le dijo nue^ro jumento,
estás así, mí paisano ?^^
— ** \ Qué quiere mí camarada ! ando en poder de un muchacho; arrastro con él la leña,
y agfua llevo arrastrando, y, en fin, él hace conmigo mil carreras y mandados.
Mas cuando yo era más fuerte y tenía menos años, me tomaron por su bueno estos incansables gauchos: iba yo a sus correrías de avestruces y venados, boleaban conmigo potros y enlacé toros muy bravos, porque aquí, mi buen pollino, todo lo hacen bien montados y el burro aquí de las cargas es el mísero caballo. ^^
— ** Tiene razón mí querido, le dijo el tordillo cano, pues aun no me cabalgaron ; para decirlo mejor,
aun no he sido yo ennalgado, ni probé nalgas ningunas, y por afrenta montarnos llaman a todos aquellos
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que alguna vez nos montaron^
y creo que el monta - yeguas
lo dicen por injuriarnos^ ^
porque es de saber^ amigo,
que con éstas soy casad^
siendo mi único destino
procrear las muías y machos, '
y para esto siempre escogen
los más bizarros del pago»^^
Así el buen rucio de Sancho le replica al buen caballo . . . — ** Pero ya por allí viene
el bendítíllo de tu amo, y tiene éste una carita
como el más grande bellaco ;
también trae el pobrecito
bolas, y lazo arrastrando.
¡Vete en paz, mi buen rocín,
Dios te libre de muchachos !'' Y quedó el gran orejudo
sólito entre sí pensando:
** Por cierto que en esta tierra
se ven las cosas más raras ;
pero siempre en favor nuestro,
los frenos están cambiados/^ ¡ Cuántos aquí experimentan
la misma suerte del asno,
y no obstante, estos lugares
se ven hoy tan despoblados
que los cardos sólo engordan
y grandes manadas de asnos !
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Una moza, la langosta y la rana
Seguía a una langfosta una joven muy hermosa» como ella dando saltos, corriendo por el campo; toma una, y admirada de figura tan rara, dijo: — ^'¡Lástima de alas de fina y rica gasa en tan trepadas piernas, tan zancudas y feas!^^
Respondió la saltona : — *^ Vuestras presentes modas convierten a las damas en langostas y ranas ; teniendo la cintura en la misma pechuga, vuestro pecho, aprensado, pronto será malsano/'
La rana oyó el litigio, y dando un salto, dijo:
^^La moda honesta y sana, aunque sea de rana. **
La rana y el sapo
A la orilla de un charco^ una rana muy parlera, dijo un día a cierto sapo:
— "No sé para qué tú engruesas y te hinchas como un pavo, como un globo y una esfera. " Le dijo el escuerzo vano:
— "^No miras estas mis piernas qué ágiles son y cuál nado,
y como también con ellas
doy mis brincos y mis saltos?"
La otra se sonriyera y le dijo : — " ¡ Mira, hermano, qué delgada soy y seca, y qué poco me he hinchado teniendo piernas más diestras con que más nado y más salto!"
Por cierto que hay en la escuela unos tan vanos muchachos, que apenas saben las letras y se hinchan como unos sapos; mientras otros que ya cuentan, parecen más moderados.
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El picaflor, la mariposa y la araña
** Tiene el lindo picaflor la propiedad singular de perseguir y ahuyentar, con un extraño furor, todo lo que ve brillar.
Tiene paz con las arañas, las moscas y escarabajos, gusanos y renacuajos y otras muchas alimañas ; mas tiene malas entrañas y se muestra enfurecida con la mariposa bella, y la mata encarnecida, dicíéndola presumida.'^
Esto a la araña decia la mariposa en un día, y aquélla le respondía : — ** Por envidia, pienso yo que lo hace, querida mía/'
Estas cosas son frecuentes entre las damas y mozas : que son menos indulgentes, menos suaves y clementes con las que son más hermosas.
El toro ensillado y otro viejo
A un toro hosco^ en tin brete, del todo ya ensillado y pronto a ser montado, le decía su abuelo, lleno de amor, de lág^rímas y duelo :
— ** No hagfas tú del fogoso, sino del perezoso,
saliendo como un buey manso a la plaza ;
pues yo con esta traza,
otra vez me he librado
de ser banderillado,
y tú también serás echado fuera. **
— ** Déjeme, usted, mí abuelo, que ese picaro g:aucho, aunque sea más ducho
que los chulos Pepillo y Palomares,
o más que Castíllares,
que él no se escapará de estos mis cuerhos ;
él volará a sanar en los avernos. "
Tanto el joven Confiaba en su pujanza, que dijo : — ** \ Qué matanza ! ¡ Dejarme montar como los bueyes ! lo resisten las naturales leyes . . . ^^
Al toro lo montó, cual cabalgante . . . Para nuevas acciones.
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buscar debemos nuevas expresiones.
Mas sí8:amos con el toro, pues éste que saliendo del brete no corría, ¡ volaba ! ¡ que tanto así saltaba I
Sus saltos fueron cuatro y con ellos midió el gran anfiteatro ; mucho la gente toda se asustara, porque casi salvara a la barrera opuesta y al barrado: tales saltos ha dado ; y corriendo así en todas direcciones, con violentos enviones, dando mil manotadas y fuertes cabezadas, dando con la cabeza mil reveses por arrancar la espuela varías veces, con gran ímpetu alzaba la trasera para echarlo a la armada delantera»
El circo al redor iba girando, con gran furor bramando, mas nada conseguía su fiereza : mucha era del jinete la destreza.
Su equilibrio sustenta cual marinero en furiosa tormenta, de una fiera que ya lanzaba el lauro puesto en medio de la arenosa plaza, como Sí renovase la pelea ; él con los cuernos la tierra arrancaba y con sus manos la pulverizaba, que sus pies la arrojaban con violencia, meneando la cabeza y torvos ojos,
Fábulas Americanas ÍOÍ
mostrando su furor y sus enojos ; mas estando cansado de tal modo que el sudor bañaba el cuerpo todo, que la espumosa baba le pendía y la sang^re de la espuela le corría. Usa como un cobarde del engaño^ mas todo fué en su daño.
El creyó que era ya la hora llegada de darle la más terrible cornada, y que no se escapase, luego que él se bajase ; fingió estar más cansado y quedó sosegado,
mas conociendo el gaucho su intento, practicó .con él un grande escarmiento: en la nuca el cuchillo le clavara y de este modo todas las pagara ; cayó en tierra tendido, muerto quedó y vencido.
Perdió su valor y perdió 'su amor, y luego aprisa siguió la risa, también las carcajadas y grandes palmoteadas entre los ¡ bravos ! . . . y la grita crece ; Víctores, vivas y aplausos merece, y la música entona sus loores con sus clarines, flautas y tambores.
Celebran su victoria, sus triunfos y su gloría.
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Entre tanta alegría» sólo el viejo gemía» y dando los más tremendos bramidos» atónitos quedaron y aturdidos» y en silencio profundo oyó decir al viejo todo el mundo : ** I Cuándo serán respetados los viejos y serán recibidos sus consejos?^*
La mariposa y su madre
De un árbol lleno de bichos, uno de ellos arrastrando se subió a un árbol vecino muy frondoso, muy lozano, y que estando en más abrigo, por cinco veces mudado hubo su piel y vestido más antes que sus hermanos, que por el hambre y el frío en esto se retardaron. Los dos meses ya cumplidos, de la oruga o del gusano salió un insecto muy lindo con cuatro alas, adornado de colores los más vivos sobre terciopelo y raso, que con su esplendor y brillo están al Sol emulando.
Aun no había florecido éste su árbol tan amado; yéndose al primitivo de su origen y regazo, con desagrado hubo visto un enjambre de gusanos muy feos y sin aliño.
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y aun todavía volando al árbol tocar no quiso.
— ** Mira que son tus hermanos y yo tu madre, le dijo
la que tenía muy ajados sus adornos y atractivos!''
— ** Me dais, le dijo, mucho asco ; '' y volviéndose a su nido,
jamás tornó a visitarlos.
Así muchos señoritos muy pronto se avergonzaron, ingratos, desconocidos, de su madre y sus hermanos.
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índice
PágS. Al. LECTOR '"* III
El picaflor y la abeja '6
El zorrillo y el perro 9
El zorro y el tigre 10
El hortelano y el cardo Í3
El caracol ' J8
La comadreja y el murciélago J9
El terutero y la tortuga 21
El argonauta y el mejillón 23
Un hombre y el oso hormiguero 25
Visita de Neptuno al Argentino 28
Las dos montañas : Pan de Azúcar y Montevideo 30
Manco - Capac, Inca 32
El cazador y su perdiguero 33
El zorro y la zorra 37
Los dos omfaúes 4Í
La cotorra y su ama 43
La cacica y la pulga .... 46
El mosquito, la pulga y la chinche 48
Los dos sauces : macho y hembra 51
El nogal estéril y su amo 55
Los indios, marido y mujer, sacando fuego 56