Fábulas en verso castellano y en variedad de metros · Unidad 29 de 136
Unidad 29 · FABULA LVI.
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FABULA LVI.
LOS DOS BORRACHOS.
«Oye, solemne macho, Le decia un Borracho á otro Borracho: ¿Qué licor maldecido Es ese que has bebido, Que escribiendo al andar eses y eses, Solo das trompicones y traspieses?»
— «|Miren quien habla, el otro le responde,
Y anda peor, aunque parece un Conde!»
— «Es que yo bebo siempre de otro modo,
Y tú olvidaste, al empinar el codo,
Lo que el buen tono á sus adeptos manda. »
— «¿Por qué?
— «Porque tu vino huele á Arganda;
Y yo he leido en Plinio y Apuleyo Que beber ese vino es muy plebeyo.»
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— %;I"so dice Apuleyo? Pues maldice, O no sabe eso tal lo que se dice:
M is ya que mi beber asi te extraña, Tú, amiguito, ¿qué bebes?»
— « ¿Yo? Champaña . »
— * ¿Champaña? ¡Vaya un mono! |Y á eso le llama vino de buen tono!»
— «Si señor ; que es muy rico, y va muy caro. »
— «Muy bien, compadre; pero hablemos claro: Ya que c >n esos argumentos entras ,
¿Es de buen tono el lance en que te encuentras? Aunque tú te empeneques en gabacho, ¿Dejarás, como yo, de estar borracho?» —
Dijo bien, voto á tal, aunque bebido, El segundo Borracho consabido; Mas ay! yo veo con dolor profundo Que conviniendo el vicio en cosa levef L ) que se llama crápula en la plebe Pasa á veces por tono en el gran mundo.
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FABULA LV!L
LA ANTORCHA.
A MIS MUY QUERIDOS AMIGÜÍTOS JLrOS NIÑOS DE DON MARIANO VILL ACAMPA.
Yo vi , queridos Niños , En noche tenebrosa Una Sala alumbrada Por una sola Antorcha.
Trajo el Dueño una vela,
Y en su luz encendióla,
Y vino luego el Ama,
Y encendió también otra.
Imitaron su ejemplo Diez ó doce personas,
Y todas encendieron Su luz en ella sola.
Yo les dije: « cuidado 1 Pues si tanta luz roban
— 130 — A esa Antorcha brillante, Se e8tinguirá la Antorcha. *
— i ¡Ohí no/ me contestaron Vb que su luz hermosa Semeja á la divina Que Caridad se nombra:
Caridad en que el hombre Debe inflamar sus obras, Si quiere, estando muertas, Vivificarlas todas:
Caridad que incesante En hacer bien se goza,
Y siempre en él se aumenta,
Y nunca en él se agota. »
FABULA L VII I.
I*& CULEBRA Y EL MOSQUITO.
En el campo un Labriego tendido A sus solas dormir deseaba,
Y un Mosquito que en torno zumbaba No dejaba al Labriego dormir.
Una mala y astuta Culebra Sorprender al dormido quería,
Y al Mosquito, que así lo impedía, De este modo empezóle á decir:
« Trompetilla endiablada es la tuya, De la cual todo el mundo se queja, Pues dormir ni aun al mísero deja A quien vienes la sangre á chupar:
¿ Por qué , di , mi silencio no imitas, Contra el cual no hay defensa ni escudo ? Yo ahogaré á ese Gañan con mi nudo,
Y sin riesgo podrásle picar. •
— « En verdad , el Mosquito responde, Qu.e es muy digno de tí tal consejo;
il ifl yo i nadie (aladro el pellejo, Sill decirle su riesgo mi son:
Enemigo del hombre 2 soy franco, Y por eso le aviso se guarde: Solo es prn¡iio de un bicho coMrde En silencio matar y á traición. •