Fábulas en verso castellano y en variedad de metros · Unidad 32 de 136

Unidad 32 · FABULA LXVÍ.

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FABULA LXVÍ.

ÜL LABRIEGO Y EL MONARCA SOÑANDO.

Un Labriego dormía,

Y que era Rey en su dormir soñaba ;

Y era tal la alegría Que sueño tal le daba.

Que el mas feliz del mundo se juzgaba.

Con plácido sosiego Soñaba cierto Rey el mismo dia Que era un simple Labriego;

Y era tal su alegría,

Que el mas feliz del mundo se creia.

Al dispertar los tales, Dijeron ambos: ^¡engañoso ensueño! ¡¿Porqué han de ser reales Las penas en su ceno,

Y la dicha y placer tan solo un sueño?*

FABULA LXVII

El. HOMBRE TERCO.

Tenia un reloj francés El Currutaco Don Blas, Y al decirle ¿qué hora es? Sacólo y dijo: i las tres, » Cuando eran las dos no más.

Juan exclamó: «¡voto á briós? Que vais muy adelantado, Porque así me salve Dios, Como están dando las dos En esa Iglesia de al lado!»

Y era como lo decia, Pues las dos sonando estaban En la Iglesia á que aludia; Pero Don Blas sostenia Que eran las tres, y aun pasaban

— «Mi relojillo, observó, Es el mas exacto y fiel

Que jamás se construyó:

Y si el del Templo atrasó, No tiene la culpa él. »

— «A bien, contestó Colas, Que en ese Café de enfrente Dá otro reloj, seo Don Blas: ¿Oye usted? Las dos no más: Las dos decididamente, »

No le plació al Currutaco Una verdad tan palmaria; Mas era terco y bellaco,

Y así, con aire de taco, Respondió, silbando un áría:

«¿Y quiere el habladoreilio Comparar el del Café Con mi reloj de bolsillo? Mírenlo ustedes: ¡qué brillo!

Y es de oro, no de doublé. »

— «Será de oro enhorabue

Y todos le irán en pos, Replicóle Magdalena;

Mas ya el del Teatro suena: ¿Oye usted? las dos, las dos.

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— [Las dos, las dos! Si va así, Entonces serán las cuatro:

¿Es usted tan baladí, Que quiere argüirme á mí Con un reloj de Teatro?*

— uPucs decida la disputa Este cronómetro ingles,» Exclamó Dona Canuta: —

Y era verdad absoluta: Eran las dos, no las tres.

— «¿Y si usted, que se ha callado Hasta este mismo momento,

Dijo Don Blas, lo ha atrasado?

Esta gente se ha empeñado

En cargarme: es mucho cuento!»

— «El que nos pudre es usted, Hablando en buen español :

Pero háganos la merced De mirar á esa pared: ¿Qué dice el reloj de sol?»

— «¡Argumento petulante, Digno de usted, voto á tal! ¿Qué me importa el sol brillante

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Ni las dos de su cuadrante. Si el uno y otro andan mal?»

— « Entonces, dijo Don Brun Esto se pasa de puerco; Y es trabajo inoportuno, El de convencer á alguno, Cuando se empeña en ser terco.

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