Fábulas en verso castellano y en variedad de metros · Unidad 69 de 136

Unidad 69 · CAPITULO II.

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

CAPITULO II.

DEL SILABEO MÉTRICO.

J — Ya que se trata de silabeo, debo empezar por saber qué es silaba. .¿Me dará V. su definición?] A. — Qué! no sabe V. eso?

J. — Sí señor; pero lo sé á mi modo y nada más, y á mí me gusta oir hablar á V. lo que se llama en términos precisos.

A. — Ah, picarillo! ¿quiére V. cojerme en alguna inexactitud? Procuraré evitarla ^en lo posible, y diré que en mi humilde concepto debe definirse la sílaba, diciendo ser la letra ó conjunto de letras que se pronuncian de una sola vez, ó por mejor decir, en una sola emisión de voz. En la palabra atrás, por ejemplo, son dos las sílabas que concurren á formarla, consistente launa en la letra única a (la cual, como tal letra única, tiene que ser vocal precisamente, por no haber consonante alguna que pueda sonar por sí sola), y la otra en el trás que la sigue.

J. — Y silabeo ¿qué es? Porque es palabra que no está en el Diccionario de la Lengua, según tuve ocasión de observar hará cosa de tres ó cuatro dias.

A. — ¿No lo está? Pues se habrá omitido sin duda por algún descuido involuntario, porque yo la creo castellana, y entiendo por ella el acto de silabear, ó sea el de ir pronunciando separadamente cada sílaba, como dice «se mismo Diccionario.

J.— Pues entonces eso es muy fácil, porque no hay nadie que no 1% sepa hacer desde que aprendió la cartilla.

A.— Sin embargo, en el silabeo métrico no siempre se cuentan tantas

— 39S —

■flabti cuantas resultan materialmente. En la espresion la inmortalidad

i a 3 i 5 o

hay seta aliabas en lodo rigor: ¡a-in-fnor-ta-li-dad', i>cro como la a final del la Be junta Inevitablemente con la t del tu al recitar esas dos palabras, en irruimos de pronunciarse el la y el in con una sola emisión de VOS, eaafl Beis silabas distintas en 1<> escrito son cinco solamente respecto al

1 2 3 4 5

metro, y m>< uentan cómo si estuviesen escritas así: lain-mor-ia-li-dad.

J. — Muy bien. Y diga V.: ¿tiene algún nombre esa refundición de dos. sílalos en una sola, como si formasen diptongo?

A.— Se le da el nombre de sinalefa; y hasta triptongo pueden formar,.

como en las expresiones siguientes:

Esperando á un hombre estoy; Agrio es el vino que bebo; Siento molestia, aunque foca.

Silabeados materialmente esos tres versos, dan respectivamente las si~ guíenles sílabas:

12 3 456 7 89 10

Es-pc-ran-do-á-un-hom-bre-es-toy;

1 2 3456789

Á-grio-es-el-vi-no-que-be-bo;

12345 6 789

Sien-to - mo-les-tia- aun- que-po-ca ;

pero si se silabean métricamente, resultará otro número muy distinto, ár saber:

1 2 3 4 5 6 7

Es-pc-ran-voÁm-hom-mEES-toy; 1 2 3 4 5 6 7 8 A-GR\OES-el-vi-no-que be-bo;

1 2 3 4 5 6 7 8 Sien-to-mo-les-TiAAiM -que-po-ca.

J. — Veo que el silabeo del verso es efectivamente menos fácil de lo que yo creia en un principio; pero en fin, ya sé que cuando la terminación de una palabra y el principio de otra que la sigue consisten en letra vocal,, hay que bacer sinalefa entre ambas, considerando como una sola sílabalas dos que por su medio se unen.

A. — Justamente; esa es la regla, aunque á veces tiene excepciones, <5 no sería regla sinó. Y también se hará sinalefa, aun cuando éntrelas dos vocales deque setiata se interponga una A no aspirada, y aun inlerponie'n-

— 393 —

dose dos si se hallan en el mismo caso , porque como entonces no suena esa letra, no se debe contar para nada en cuanto á los efectos del metro.

J« — ¿Quiere V. hacerme el obsequio de demostrármelo con un ejemplito?

A. — Y aun con dos. Oiga V. estos versos:

Viendo una niña á su hermano, ¡Oh hermano mió! le dijo

J. — Espere V., que quiero ver yo ahora cuántas sílabas tiene cada uno: 12345 6 7 8

Fto-DOii-na-m-ÑAÁ-suHER-wa-no,

1 2 3 4 5 6 7 8

¡OimER-ma-no-mi~o!-le-di-jo.

Yo creo que son ocho: ¿es asi?

A. — Sí en verdad; y si examina V. la última de las tres sinalefas que se cometen en el primero, verá V. que en la expresión su hermano se juntan las dos sílabas su y her lo mismo que si se escribiesen su y er, porque lah no suena para nada; sucediendo lo mismo con el ¡Oh nEKmano miol que constituye en sus dos primeras sílabas la única sinalefa del segundo, refundiéndose como se refunden el Oh y el her en una sola, por no ser tampoco aspirada ninguna de esas dos hh.

J. — ¿Y cuándo es la h aspirada?

A. — Cuando precede á los diptongos ue 6 te, como en las palabras Huesca, hielo, pues en el primer caso suena como g muy suave, y en el segundo, unida á i, como si ambas fueran una y consonante ó griega, equivaliendo en su consecuencia á escribiase asi: Güesca, yelo.

J. — Entonces, claro es que siendo la h letra que suena, y que suena co" mo consonante, no estamos en el caso de la sinalefa, cuyo oficio en su esencia es unir dos ó mas vocales contiguas.

A. — Perfectamente dicho; y por eso no hay sinalefa ninguna en los versos siguientes, en razón á ser en ellos aspirada la /i que se interpone entre las vocales:

Todo huevo tiene yema; Ojos de hiena tenia. Verdad es que aun cuando en huevo y hiena desapareciera la ht no podrían el ue ni el te formar triptongo con la vocal que respectivamente les precede, por repugnarlo su misma naturaleza. J. — ¿Hay más que advertir sobre esto?

A. — Sí señor; y es, que muchos de nuestros Poetas anteriores al siglo XVIII usaban aspirada la h aun en los casos en que hoy no lo es, al menos

— 394 —

■ oastellano, debiendo en consecuencia pronunciarse* fi lo andaluz en inú i m reell m sus i éreos , pues no haciéndolo así, resultarán estos falI K !• ió algunas silabe** Tal eucede en la estrofa siguiente del inbJq 11. • Fray Luis de León:

FoUjába el Rey Rod/rigó C<»> ¡a a&rmosa Caia tn la ribera

Del Ta jo sin testigo: El rio SOCÓ fiara El pecho, // le u<ibló (le esta manera.

En el segundo y quiftto de estos versos es preciso aspirar la h en las voces ;' rtnosn y hábló, pronunciándola como fó comoj, pues sin eso tendrá cada uno de ellos una silaba menos de las que debe tener, en virtud lalefa que habrá por precisión de cometerse entre las respectivas n oc iles «iii»* tionen la h interpuesta.

J. — Cfn icosa nie ocurre ahora, Señor Fabulista; y es que ó yo estoy muy equivocado, (5 el cometer muchas sinalefas dentro de un mismo verso, ha de favorecerle muy poco.

A. — dice V. muy bien, amigo mió, porque el mucho diptongar y triptongar puede dar lugar al hiatus, ó sea el abrimiento de boca pro- 6 repetido más de lo justo, vicio que debe evitarse siempre como contrario á la melodía. Y no solo es viciosa la sinalefa cuando se prodiga mas de lo conveniente, sino que aun siendo única en el verso, no debe < "Mi idir sino muy rara vez con su última sílaba acentuada, cuando son vocales distintas las que concurren á su formación. Hable sino este verso de ocho sílabas, que es malo por ese defecto:

Ya sabes, Señor, que te kmo. I. — Kn efecto: no me suena muy bien ese teá con que el verso concluye.

A. — Pues ahora voy á destruir en él esa sinalefa bastarda, evitando la Dnion del to y del á en virtud de una de las excepciones á que, según antes dijeá V., hay á veces que atemperarse. ¿Qué le parece á V. de este modo?

Sabes, Señor, que te-ámo.

J. — Ahora me suena mucho mejor. ¿En qué consiste que me suceda

eso?

A . — Kn que es bueno el oido de V., como antes le tengo dicho, pues no im\ in- pércibíríá V. la diferencia existente entre esos dos versos. J. — ¿Y hay algún otro caso en que se vede el uso de la sinalefa?

— 395 —

A.— Hay quien dice que al principio del verso no debe cometerse tampoco: pero eso en mi entender no es tan cierto. A mí al menos no me suena, mal este otro verso también octosílabo, y eso que está en su primera sílaba la sinalefa de que se trata:

Te Atné, Señor; ya lo sabes.

J. — Niámí me disuena tampoco. ¿Hay más que advertir sobre esto? A. — En todo rigor, sí; pero he dicho ya lo más importante, y lo demás lo irá V. aprendiendo con la lectura de los buenos Poetas, la cuál acabará de educar ese buen oido de V., enseñándole más en la materia que todas las reglas del mundo. Entre tanto, ya lo sabe V.: en todo verso hay siempre tantos metros ó medidas cuantas son las sílabas materiales de que consta, salvo cuando intervenga entre dos de ellas sinalefa que sea legítima, pues entonces hay que unir esas dos sílabas, refundiéndolas en una sola.

J. — No lo olvidare, y por lo tanto, vengamos ya, si á V. le parece, á analizar el verso de dos sílabas.

A. — Un poco de paciencia, amiguito, pues todavía no se ha acabado lo relativo á saber contarlas.

J. — ¿Pues que' más se necesita saber?

A. — Que en ciertas ocasiones ocurre convertirse una sílaba en dos, al contrario de lo que sucede en lo que á V. acabo de decir.

J. — Pues esta es otra tecla distinta. ¿Y cuándo tiene eso lugar?

A. — Siempre que se disuelve un diptongo para que el verso corra más fluido, pues entonces hay que pronunciar en dos emisiones de voz las dos vocales qué de otro modo se pronuncian en una sola. Sirvan de ejemplo las voces viuda y suave, las cuáles son siempre bisílabas en prosa, y trisílabas á veces en el verso, pronunciándose vi-ú-da, su-á-ve. Lo mismo sucede en armonioso y. tempestuoso , voces cuadrisílabas en el habla común, y pentasílabas ó de cinco sílabas cuando el Poeta quiere usarlas a5í, diciendo ar-mo-ni-ó-so, tem-pes-tu-ó-so.

J. — ¿Y cómo sabré yo que el diptongo se halla disuelto efectivamente?

A. — El mismo Poeta cuida de advertirlo, colocando sobre la primera de las dos vocales que lo constituyen, y á veces sobre la segunda, los dos puntos llamados diéresis, y escribiendo dichas palabras de este modo: viuda, süave, armonioso, tempestuoso.

J. — Entonces no hallo dificultad en lo de haberse de contar como dos sílabas toda aquella que sería una sola, si la diéresis no interviniera para hacerla efectivamente dos.

A. — Eso no obtante, bueno es saber lo de la disolución del diptongo en ciertos y determinados casos, que por cierto no son muy frecuentes, por sí

m le olvida al Poeta, é bu escribiente ó á su impresor, marcar los puntos sobre la ▼ocal que indica la disolución expresada.

J. — iQue* más hay en materia de silabas, respecto al modo de saber cont irlas como elementos constitutivos del verso?

\ pYo podría decir á V. que hay Versificadores, y aun Poetas, que i i es h icen una sola silaba de las dos que constituyen ciertas terminaclones Olí SU, snso, en ia, en Í0, en ue y en oe, diciendo, por ejemplo, i-dra por i-di -n\ rfe-fed por de-sé-o; ha-riá, tc-niá y habriá , por ha-rí-a, f$ ni fl y h'i-hn-a; aí-hc-dria, en vez de al-be-drio; cruel con una sílaba ■ola, p H (Tu-c/ (que es mas Huido) con dos; y Poé-ta y Poé-ma con dos lllahai solas, cuando son Po-c-ta y Po-é-ma con tres; pero como esas Violentas cuntr.ieciones s«»n tan contrarias al buen sonido como á la buena pronunciación, me contentaré con recomendar a V. qne se abstenga de usarlas, si alguna vez se poneá hacer versos. Paso, pues, á indicar lo último que debe V. tener siempre en cuenta, en lo queá la medida concierne.

J. — Lo último? Gracias áDios!

A. — Lo último en el orden que sigo, pues todas las cosas requieren método; pero no ciertamente en importancia, siendo como es materia que ha dado lugar ú muchas y muy graves discusiones, y á mil conjeturas diversas.

I. — ¿Y qué es ello?

A — Oiga V.: (oda silaba equivale siempre á dos, cuando es la final del verso y está acentuada; y tres silabas equivalen también á dos, cuando estando asimismo al final del verso, tiene acento su antepenúltima.

J. — ¿Cómo es eso?

A. — Dígame V. ante todo si le suenan bien estos versos:

A tu puerta suspirando De dia y de noche esióu; Y ni te mueven mis iáyrimas, Si to apiada mi dolor.

.1. — Ya lo creo que me suenan bien.. Y hasta me parecen un si es no es sentidos, por el estilo de esas canciones en que tanto suele lucirse la que se llama gente del Pueblo.

A. — Pues bien: ha de saber V. que todos esos cuatro versos son 0CLosilabosó de ocho silabas, ó á lo menos se reputan tales-, y sin embargo, solo el primero las tiene, pues en el segundo y cuarto no pasan de siete, siendo nwve las del tercero, como lo verá V. si las cuenta con sujeción á\ las reglas anteriormente dadas.

— 597 —

J. — Eso parece contradictorio. ¿Cómo ha de ser verso octosílabo, ó ha de pod^r reputarse tal, aquel á quien le falte ó le sobre una sola silaba para poder constituir las ocho?

A. — Ahí verá V. lo que son las cosas; y ahi verá V. también con cuánta razón le decia yo que esto último merece la pena de ser tenido como importante.

J. — Pues bien: yo quisiera saber en qué consiste lo de que um sílaba equivalga á dos, cuando es la final del verso y está acentuada, con lo demás que acaba V. de decirme.

A. — Para »so se necesita examinar la índole y naturaleza del acento, pues la sílaba no es metro por sí sola, sino en cuanto además de ser tal sílaba, está 6 deja de estar acentuada, según lo exija el compás del verso.