Fábulas en verso castellano y en variedad de metros · Unidad 75 de 136
Unidad 75 · CAPITULO V.
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CAPITULO V.
CONTINUACION DE LA MATERIA EMPEZADA EN LOS DOS CAPITULOS ANTERIORES.
Compás métrico: notable precisión con que se combinan el tiempo y el sonido en la versificación castellana.
J. — Por mi parte, ya he descansado, y puede V. en su consecuencia proseguir cuando le acomode.
A. — Lo haré con muchísimo gusto; pero si he de decir verdad, estoy vacilante, y no poco, en cuanto al modo de verificarlo.
J. — ¿Porqué?
A. — Porque el compás es un punto esencialmente musical, del cual no es fácil por consiguiente hablar de una manera precisa sin recurrir al lenguaje músico.
J. — V. se ahoga en muy poca agua. Todo el mundo, aun sin ser íilar- *nónico, sabe á su modo que el compás consiste en la exacta correspondencia de ciertos sonidos con ciertos golpes que se dan de tiempo en tiempo, ya con la mano, ya con el pié, ya con otro instrumento cualquiera.
Yo al menos, cuando oigo una marcha que marca su paso á la tropa, al Instante me pongo 6 dar bastonazos ó bien manotadas sobre la mesa, y distingo perfectamente oso iras tras, iras, iras uniforme y á intervalos constantemente ¡únalos, correspondientes á cada una délas pisadas que da el soldado, del especial aire4 que caracteriza á un t)0/s ó á una wiazurca, por ejemplo , en que ya el movimiento es muy distinto, y en que mi mano por consiguiente parece como querer imitar los pasos del cojo» dando ios golpes de dos en dos, (ras tras... iras tras... Iras tras, á interválos mayores después de cada dos, que el que media del uno al otro. ¿Porque, pues, no ha de poder explicarme V. el compás métrico, ya que no en términos científicos, á lo menos aproximadamente, haciéndomelo acompañar de cualquiera de dichos modos, si es que eso cabe en el tal compás7
A. — Tiene V. ocurrencias felices, como lo prueba esa distinción que tan oportunamente acaba de hacer entre el paso que lleva el soldado y el á que los cojos caminan; paso aquel todo igual y á dos por cuatro, como diría el tecnicismo músico, y este alternado de largo y corlo, ni más ni menos que el seis por ocho cuando hay que marcarlo á cuatro partes, por lo cual, con mucha propiedad, se le suele llamar compás del cojo. No es ese en verdad el del vals ni el déla mazurca á que V. alude; peroV. por lo visto, marca en uno y en otra las partes primera y tercera, prescindiendo completamente de la segunda como lo hace la generalidad de las gentes; y en lo relativo al golpeo, sale siempre la misma cuenta. Voy, pues, á ver si el cojo y el soldado vienen ahora á ayudarme á mí en lo tocante á hacer concebirá V. una idea del compás á que obedece nuestra versificación, unas veces andando como elimo, otras caminando como el otro, y otros adoptando una marcha que participa de la de los dos, pero acomodándose siempre con exactitud matemática á las exigencias del tiempo.
J. — ¿Matemática exactitud, dice V? Eso ocurrirá cuando más en aqueque se destinan aponerse en música; pero en los largos como la mayor parte de los que entran en ciertas Fábulas de V., no concibo que pueda la mano seguir su constantemente variado, ó para explicarme mejor, su siempre iregular movimiento.
A. — V. sin duda alude al endecasílabo, del cual no suelen valerse los músicos sino solo para los recitados, donde aun á los dilettanti como V« les es muy difícil seguir el mismo compás musical. De él no obstante voy á valerme para hacer á V. ver hasta donde buenamente pueda, sin recurrir á las notas músicas, de que manera se verifica esa exacta y matemática combinación del tiempo y d^l sonido en la versificación castellana.
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J. — ¿Habla V. de versos tales como estos, y con los cuales da V. principio á su Apólogo La Paloma!
De su amargura en el dolor profundo
Decia la Paloma: si es preciso
Ser ó verdugo ó victima en el mundo. . .
A. — De esa especie de metro hablo: de esa, precisamente amigo mío (1).
J. — ¿Y tienen compás esos versos, ni más ni menos que los de las letrillas que se destinan á ser cantadas, donde yo mismo lo noto á veces?
A. — ¿No lo han de tener, si todo verso es canto ante todas cosas, y si el endecasílabo por su parte es el rey de los versos castellanos, ó sea el verso por excelencia! Natural es sin embargo que V. lo dude, pues si no se enoja conmigo, le diré que lee los versos en prosa, no como los debe leer, según ha recitado esos tres mios á que acaba de referirse, los cuales, por poco que valgan, merecen que se tome V. la pena de cantarlos muy de otro modo. ¿Cómo pues, ha de hallarles compás el que ante todo no sabe leerlos, por muy bien que lea otras cosas?
J. — No es para lisonjearme ciertamente esa indirecta á lo Padre Cobos; pero tanto mejor para mí, si al explicarme V. el compás métrico, saco de él medios para leer mejor lo que tan mal he leido hasta ahora.
A. — Debe V. perdonarme la franqueza en gracia á mi buena intención; pero vengamos ya á ese compás, comenzando por definirlo. V. sabe á su modo lo que es, pero de una manera vaga; y yo debo indicarle que su esencia consiste en dividiré fraccionar el tiempo en partes ya iguales, ya desiguales, siempre que en estas duren las unas exactamente doble que las otras.
J. — Eso, por de contado, será en la Música.
A. — Y en la Métrica, también, amigo mió, ó sinó, no seria compás el
(i) El autor ha elegido el endecasílabo para la explicación del compás métrico, no porque sea realmente el que más facilidades ofrezca para demostrarlo, sino por lo mismo de observarse en él todas las variedades y modificaciones del compás mismo, lo cual no sucede en los versos cortos, ni aun en los largos de acentuación fija ó por lo menos poco variada, siendo en su consecuencia insuficientes para dar una idea algún tanto completa de lo que es el compás en cuestión. A no ser eso, habría procedido de otra manera, evitando el inconveniente de tener que anticipar ciertas ideas sobre la cesura y otras cosas que deberían tratarse después-, ¿pero qué es tal inconveniente ante esas otras consideraciones?
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qu • preside á nuestra versificación. La única diferencia entre esté y el mulle*], consiste «mi la distinta manera como uno y otro combinan esos tiempos n •ii'-iUo v doble, no pudiendo por lo tanto l:i mano proceder siempre en !i \ «MMln Mcion con la misma regularidad que lo hace en una pieza de músic i, aunque si con igual exactitud, una vez habituada á ese ejercicio.
J. — al - oscuro me parece eso.
A. — Todo se aclarará poco ú poco. Golpee V. la mesa con la mano de mera igual y onifbrme, y á intervalos como los que marca un pulso ni {recuente Di tardo; y verá Como si recita bien los dos versos siguientes, los cuales por cierto no son de Los mejores en su clase, coincide cada UHO de loa golpes con cada uno de sus acentos.