Fábulas en verso castellano · Capítulo real 7 de 15

FÁBULA XII

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 2 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

FÁBULA XII.

La zorra y el chivo.

Una zorra cazaba ; Y al seguir i uo gazapo, Entre aquí se escabulle, allí le atrapo, En un pozo cayó que al p iso estaba.

Cuando mas la aflijia su tristeza Por no hdllar la infeliz salida alguna, Vio asomarse al brocal por su fortuna Del chivo padre la gentil cabeza.

¿ Qué tal ? dij ü el barbón, ¿ la agua es salada ? Es tan dulce, tan fresca y deliciosa. Respondió la raposa. Que en el inl pozo estoi como encantada.

Al agua el chivo se arrojó sediento : Monta sobre él la zorra, de manera Que haciendo de sus cuernos escalera, Pilla el brocal, y sale en el momento.

Quedo el pobre atollado : cosa dura. ¿ M'is quien podro d la torra dar ■ stigo. Cu- ndo el hombre, aun á rosta de su amigOf Del peligro mayor salir procura ?

IVJ

FÁBULA XÍII.

El lobo, la zorra y el mono juez.

Un lobo se quejó criminalmente De que una zorra astuta le robase. El mono juez, como ella lo negase. Dejóles alegar prolijamente. Enterado pronuncia la sentencia ; No consta que te falte nada, lobo, Y tu, raposa, tú tienes el robo : Dijo, y los despidió de su presencia.

Esta contradicción es cosa buena, La dijo el docto mono con malicia. Al perverso su fama le condenay Aun cuando alguna vez pida justicia.

Los dos o-aílos.

Habiendo á su rival vencido un gallo. Quedó entre sus írallinas victorioso,

Mas grave, mas pomposo

Que el mismo gran sultán en su serallo.

Desde un alto pregona vociniie. o Su gran hazafia : el gavilán lo ndvierte, Le pilla, le arrebata ; y por su muerte Quedó el rival señor del gallinero.

Consuele al abatido tal mudanza; Sirva también de ejemplo á los moríales Que ^e juzgan esentos de los males, Cuando se ven en jfróspera bonanza.

La mona y la zorra.

En visita una mona Con una zorra estaba cierto dia,

Y así !!i mas ni menos la dec?a : Por mi fe que íeneis bell > persona,

Gallardo tallo, cara placen;esM, Airosa en el -indar, como vos sola :

Y á no ser tan disforme vuestra cola, Seriáis en lo hermoso la primera.

Escuchad un consejo, Que ha de ser á las dos mui importante :

Yo os la he de cortar, y lo restante Me lo acoirií.daré por zagalejo.

Abremincio^ la zorra le responde: Es cosa para mí menos amarga Barrer el suelo con mi cola larga, Que verla por pañal, bien sé yo donde.

Por ingenioso que el necesitado Se pura pedir al avariento^ Este será de superior talento Para negarse a dar de lo sobrado.

FÁBULA XVL

La gata muger.

Zapaquilda la bella

Era gata doncella

Mui recatada, no menos hermosa.

Queríala su dueño por esposa,

Si Venus consintiese

Y en muger á la gata convirtiese. De gradable manera

Vino en ello la diosa placentera ;

Y ved á Zapaquilda en un instante" Hecha moza gallarda y rozagante. Celébrase la boda ;

Estaba ya la sala nupcial toda

De un lucido concurso coronada ;

La novia relamida, almidonada,

Junto al novio galán enamorado :

Todo brillantemente preparado.

Cuando quiso la diosa

Que cerca de la esposa

Pasase un ratoncillo de repente :

Al punto que le ve, violentamente,

A pesar del concurso y de su amante,

Salta, corre tras él, y échale el guante.

Aunque del valle humilde á la alta cumbre

Inconstante nos mude la fortuna ,

ZjU propensión del natural es una

En todo estado^ y mas con la costumbre.

FÁBULA XVII.

La leona y el OSO.

Dentro de un bosque oscuro y silencioso; Con un f ujir continuo y espantoso. Que en medio de la noche resonaba, Una leona á las fieras inquietaba. Dícela un oso : Escúchame una cosa : - Qué tragedia horrorosa,

0 qué sangrienta guerra,

Qué rayos, ó qué plagas á la tierra Anuncia tu clamor desesperado, E n el nombre de'Júpiter airado ?

1 Ah ! mayor causa tienen mis rujidos. Yo, la mas infeliz de los nacidos,

¿ Como no moriré desesperada^,

Si rae han robado el hijo ? ¡ ai desdichada í

I Ola ! ¿ con qué eso es todo ?

Pues si se lamentasen de ese modo

Las madr£s de los muchos que devoras,

Buena música hubiera (i todas horas.

Vaya, vaya, consuélate como ellas,

No nos quiten el sueño tus querella«.

A desdichas y males

Vivimos condenados los mortales.

A cada cual no estante le parece^

Que de esta lei una escepcion merece.

Así nos conformamos con la pena,

No cuando es propia, sí cuando es agcna.

FÁBULA XVIII.

El lobo y el perro flüco.

Distante de la aldea Iba cazando un perro,

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Flaco, que parecía Un andante esqueleto. Cuando menos lo piensa Un lobo le hizo preso» Aquí de sus clamores, De sus llantos y ruegos. Decidme, señor lobo, ¿Qué queréis de mi cuerpo, Si no tiene otra cosa Que huesos y pellejo ? Dentro de quince dias Casa á su hija mi dueño ;

Y ha de haber para todos Arroz y gallo muerto. Dejadme ahora libre, Que pasado este tiempo, Podrás comerme á gusto, Lucio, gordo y relleno. Quedaron convenidos ;

Y apenas se cumplieron Los dias señalados.

El l'bo buscó al perro. Estibase en su casa Con otro compañero Llamado Matalobos, Masíin de los mas fieros : Salen á recibirle Al punto que le vieron^

Matalobos bajaba Con corbatín de hierro. No era el lobo persona De tantos cumplimientos ; Y así por no gastarlos, Cedia de su derecho. Huia, y le llamaban ; Mas él iba diciendo Con el rabo entre piernas ; ¿ PieSj para qué os quiero ? Hasta los niños saben Que es de mayor aprecio Un pájaro en la manoy Q,ue por el aire ciento.