Fábulas en verso castellano · Capítulo real 10 de 15

LIBRO I

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 4 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

LIBRO I

PROLOGO.

El pastor y el filósofo-

De los confusos pueblos apartado^ Un anciano pastor vivió en su choza^ En el feliz estado en que se goza Existir ni envidioso ni envidiadoNo turbó con cuidados la riqueza A su tranquila vida ; Ni la estremada mísera pobreza Fué del dichoso anciano conocidaEmpleado en su labor gustosamente Envejeció : sus canas, su esperiencia Y su virtud le hicieron finalmente Respetable varón, hombre de ciencia. Voló su grande fama por el mundo > V Y llevado de nueva tan estraña, Acercóse un filósofo profundo A la humilde cabana.

Y preguntó al pastor, dime ¿ en qué escuela Te hiciste sabio ? ¿ Acaso te ocupaste Largas noches leyendo á la candela ? ^' A Grecia y Roma sabias observaste ? ¿ Sócrates refino tu entendimiento ? \ ; La ciencia de Platón has tú medido ? i O pesaste de Tulio el gran talento ? I O tal vez como Ulíses has corrido Por ignorados pueblos y confusos, Observando costumbres, leyes y usos ?

Ni las letras seguí, ni como Ulíses (Humildemente respondió el anciano) Discurrí por incógnitos países. Sé que el género humano, En la escuela del mundo lisonjero, Se instruye en el doblez y en la patraña : Con la ciencia que engaña ¿ Quien podrá hacerse sabio verdadero ? Lo poco que yo se', me lo ha enseñado Naturaleza en fáciles lecciones : Un ©dio firme al vicio me ha inspirado. Que ejemplo de virtud da á mis acciones. Aprendí de la abeja lo industrioso,

Y de la hormiga, que en guardar se afana^ A pensar en el dia de mañana :

Mi mastín, el hermoso

Y fiel sin semejante,

De gratitud y de lealtad constante,

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Es el mejor modelo,

Y si acierto á copiarle me consuelo. Si mi nupcial amor lecciones toma, Las encuentra en la candida paloma. La gallina á sus pollos abrigando Con sus piadosas alas como madre,

Y las sencillas aves aun volando,

Me prestan reglas para ser buen padre.

Sabia naturaleza mi maestra, Lo malo y lo ridículo me muestra Para hacérmelo odioso. Jamas hablo á las gentes Con aire grave, tono jactancios^o ^ Pues saben los prudentes Que lejos de ser sabio el que así bableSerá un buho solemne despre<:iable.. Un hablar moderado, Un silencio oportuno En mis conversaciones he guardado, E blador molesto é importuno Es digno de desprecio. Quien escuche á la urraca será un necio»

A los que usan la fuerza y el engaño Para el ageno daño,

Y usurpan á los otros su derecho, Los debe aborrecer un noble peehoa Únanse con los lobos en la caza,^ Con mdaaos y a cones,

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Con la maldita serpentina raza.

Caterva de carnívoros ladrones.

j Mas qué dije ! Los hombres tan malvados

Ni aun merecen tener estos aliados.

No hai daño ni animal tan peligroso

Como el usurpador y el envidioso >

Por último, en el libro interminable

De la naturaleza yo medito :

En todo lo creado es admirable :

Del ente mas sencillo y pequeñito

Una contemplación profunda alcanza

Los mas preciosos frutos de enseñanza]

Tu virtud acredita, buen anciano, (El filósofo esclama) Tu ciencia verdadera y justa fama. Vierte el genero humano En sus libros y escuelas sus errores : En preceptos mejores Nos da naturaleza su doctrina ; Así quien sus verdades examina Con la meditación y la esperiencia^ Llegar a á conocer virtud y ciencia.

LIBRO I. 141

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El hombre y la fantasma.

Un joven licencioso

Se hallaba en un estado vergonzoso

Con sus males secretos retirado :

En soledad, doliente, exasperado.

Cavila, llora, canta, jura, reza.

Como quien ha perdido la cabeza.

4 Te falta la salud ? Pues caballero,

De todo tu dinero,

Nobleza, juventud y poderío,

Sábete que me rio :

Trata de recobrarla, pues, perdida,

¿ De qué sirven los bienes de la vida ?

Todo esto una fantasma le previno,

T al instante se fué como se vino.

El enfermo se cuida, se repone.

Un nuevo plan de vida se propone :

En efecto se casa.

Cércanle los cuidados de la casa,

Que se van aumentando de hora en hora,

La rauger (Dios nos libre,) gastadora,

Aun mucho mas que rica,

142 -FÁKilLÁÁ-

Los hijos y las deudas multiplica ;

De modo que el marido,

Mas que nunca aburrido.

Se puso sobre un pie de economía,

Que estrechándola mas de dia en dia^

Al fin se enriqueció con opulencia.

La fantasma le dice : En mi conciencia

Que te veo amarillo como el oro :

Tienes tu corazón en el tesoro :

Miras sobre tu pecho acongojado

El puñal del ladrón enarbolado.

Las noches pasas en mortal desvelo :

¿Y así quieres vivir ?.... j qué desconsuelo

El hombre, como caso milagroso,

Se transformo de avaro en ambicioso.

Llegó dentro de poco á la privanza :

I El señor don Dinero qué no alcanza í

La fantasma le muestra claramente

Un falso confidente :

Cien traidores amigos,

Que quieren ser autores y testigos

De su pronta caida.

Resuélvese á dejar aquella vida,

Y ya desengañado,

En los campos se mira retirado.

Buscaba los placeres inocentes

En las flores y frutas diferentes,

;3 Quieren ustede;S creer (esto me pasma)

Que üun allí le persigue la fantasma ? Los insectos, los hielos y los vientas, Todos los elementos, Y las plagas de todas estaciones Han de ser en el campo tus ladrones. ; Pues á donde irá el pobre caballero ?..

Digo que es un soleme majadero, Todo aquel que pretende Vivir en este mundo sin su duende.

El javalí y el camero.

De la rama de un árbol un carnero Degollado pendía : El él á sangre fria Cortaba el remangado carnicero :

El rebaño inocente. Que aquel triste espectáculo miraba, De miedo ni pacia, ni balaba. Un javalí gritó : Cobarde gente,

Que miráis la carnívora matanza, ¿Como no os vengáis del enemigo ? Tendrá (dijo un carnero) su castigo ; Mas no de nuestra parte la venganza-.

La piel, que arranca con sus propias nxanos^. Sirve para los pleitos y la guerra, Las dos mayores plagas de la tierra. Que aflijen á los míseros humanos. Apenas nos desuellan, se destina Para hacer pergaminos y tambores : Mira como los hombres malhechores Labran en su maldad su propia ruina.

El raposo, la mnger y el gallo^

Con las orejas gachas,

Y la cola entre piernas^ Se llevaba un raposo Un gallo de la aldea. Muchas gracias al alba, Que pudo ver la fiesta Al salir de su casa Juana la madruguera. Como una loca grita : Vecinos que le lleva ; Que es el mió, vecinos. Oye el gallo las quejas.,

Y le dice al raposo :

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Dile, que no nos mienta. Que soi tuyo y mui tuyo. Volviendo la cabeza Le responde el raposo : Oyes, gran embustera, No es tuyo, sino mió í El mismo lo confiesa. Mientras esto decia, El gallo libre vuela, Y en la copa de un árbol, Canta que se las pela. El raposo burlado Huyó : ¡ quien lo creyera í Yo ^ pues á mas de cuatro Muí zorros en sus tretas. Por hablar á destiempo. Los vi perder la pi^esa.

El filósofo y el résticj».

La del alba seria La. hora en que un filosofo salía A meditar al campo solitario, En^lo hermoso y lo vtir¡<t

Que á la luz de la aurora nos enseña Naturaleza entonces mas risueña. Destraido, sin senda caminaba, Cuando llego á un cortijo donde estaba Con un martillo el rústico en lo mano, En la otra un milano,

Y sobre una portátil escalera. ¿ Qué haces de esa manera ? El filósofo dijo :

Castigar á un ladrón de mi cortijo. Que en mi corral ha hecho mas destrozos Que todos los ladrones en Torozos. Le clavo en la pared...., ya estoi contento,. Sirve á toda tu raza de escarmiento. El matador es digno de la muerte, (El sabio dijo ;) mas si de esa suerte El milano merece ser tratado, ¿ De qué modo será bien castigado El hombre sanguinario, cuyos dientes Devoran á infinitos inocentes,

Y cuenta como mísera su vida, Si no hace de cadáveres comida ?

Y aun tú, que así castigas los delitos, Cenarlas anoche tus pollitos.

Al mundo le encontramos de este mod (Dijo airado el patán,) y sobre todo, Si lo mismo son hombres que milanos, Guárdese no le pille entre ittis mano?.

El sabio se dejó de reflexiones. Al tirano le ofenden las razones, Que demuestran su orgullo y tiranía : Mientras por su sentencia cada dia Muere {viviendo él mismo impunemente^ Por menores delitos otra gente.

La pava y la hormiga.

Al salir con las yuntas Los criados de Pedro El corral se dejaron De par en par abierto. Todos los pavipollos Con su madre se fueron Aquí y allí picando Hasta el cercano otero. Muí contenta la pava Decia á sus polluelos ; Mirad, hijos, el rastro De iin copioso hormiguero. Ea, comed hormigas, Y no tengáis recelo. Que yo (¡amblen las como : 14 -

148 FÁBULAS.

Es un sabroso cebo. Picad, queridos mios : ; O qué dias los nuestros,'' Si no hubiese en el mundo Malditos cocineros ! Los hombres nos devoran.

Y todos nuestros cuerpos Humean en las mesas De nobles y plebeyos.

A cualquier fiestecilla Ha de haber pavos muertas. j Qué pocas navidades Contaron mis abuelos i I O glotones humanos,' Crueles carniceros ! Mientras tanto una hormiga Se puso en salvamento Sobre un árbol vecino,

Y grito con denuedo :

] Hola ! con que los hombres Son crueles perversos : ^ Y qué seréis los pavos ? ¡ Ai de mí ! ya lo veo : A mis tristes parientes, ■ Qué digo ! á todo el pueblo Solo por desayuno Os le vais engullendo. No respondió la pava

Por no saber un cuento, Q,ue era entonces del caso^

Y ahora viene á pelo. Un gusano roia

Un grano de centeno : Viéronlo las hormigas : j Qué gritos ! ¡ qué aspavientos ! Aquí fué Troya (dicen :) Muere, picaro perro.

Y ellas ¿ qué hacian ? Nada : Robar todo el granero. Hombres, pavos, hormigas, Segim estos ejemplos,

Cada cual en su libro Esta moral tenemos.

La falta leve en otro Es un pecado liorrendo ; Pero el delito propio No mas que pasatiempo.

FÁBULA VIL

El enfermo y la visión.

I Con qué de tus recetas esquisitas Un enfermo esclamó) ninguno alcanza !,.

Jüo

El médico se fué sin esperanza^ Contando por los dedos sus visitas".

Así desengañado, Y creciendo por horas su dolencia. De este modo examina su conciencia. En todos mis contratos he logrado

(No lo niego) ganancia mui segura :- Trabajé en calcular mis intereses, Aumenté mi caudal en pocos meses. Mas por felicidad que por usura.

Sin rencor ni malicia, Hice que á mi deudor pusiesen preso, Murió el pobre en la cárcel, lo confieso í Mas en fin es un hecho de justicia.

Si por cierto instrumento Reduje una familia mui honrada A pobreza estreraada. Algún dia leerán mi testamento.

Entonces (muerto yo) se hará patente En la tierra, lo mismo que en el cielo. Para alivio de pobres y consuelo, Mi caridad ardiente.

Una visión se acerca, y dice : Hermano, La esperanza condeno Del que aguarda á morir para ser bueno ; Una acción de piedad está en tu mano.

Tus prójimos, según sus oraciones. Están necesitados :

LIBRO i. 151

Para ser remediados Han menester siquiera cien doblones....* ¡ Cien doblones ! No es nada.

Y si, porque Dios quiera, no me rauerOj

Y después me hace falta ese dinero, (¿ Seria caridad bien ordenada ?

Avaro ¿ te resistes ? pues al cabo

Te anuncio que tu muerte e^tá cercana

¿ Me muero ? Pues qne esperen á mañana. La visión se volvió sin un ochavo.

FÁBULA vni.

El camello y la pulga.

Al que ostenta valimiento,

Cuando su poder es tal

Qui ni influye en bien ni en mal,

Le quiero contar un cuento. En una larga jornada Un camello mui cargado Esclamó ya fatigado : ¡ O qué carga tan pesada ! Doña pulga, que montada Iba sobre él, al instante Se apea y dice arrogante - í 4*

15^ FÁBULAS.

Del peso te libro yo. El camello respondió : Gracias, señor elefante.

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Ercerdo, el carnero y la cabra.

Poco antes de morir el corderilio Lame alegre la mano y el cuchillo Que han de ser de su muerte el instrumento ; Y es feliz hasta el último momento. Así, cuando es el mal inevitable, Es quien menos prevé mas envidiable. Bien oportunamente mi memoria Me presenta el lechon de cierta historia.

Al mercado llevaba un carretero Un marrano, una cabra y un carnero. Con perdón, el cochino Clamaba sin cesar en el camino : ¡ Esta sí que es miseria ! Perdido soi, me llevan á la feria. Así gritaba : j mas con qué gruñidos ! No dio en su esclavitud tales gemidos Hécuba la infelice. El carretero al gruñidor le dice :

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¿ No miras al carnero y á la cabra, Que vienen sin hablar una palabra ? ¡ Ai, señor (le responde,) ya lo veo ! Son tontos, y no piensan. Yo preveo Nuestra muerte cercana. A los dos por la leche y por la lana Quizá no matarán tan prontamente ; Pero á mí, que soi bueno solamente

Para pasto del hombre no lo dudo,

Mañana comerán de mi menudo.

A Dios, pocilga, á Dios, gamella mia.

Sutilmente su muerte preveía.

¿ Mas qué lograba el pensador marrano ?

Nada, sino sentirla de antemano.

El dolor ni los ayes es seguro

Que no remediarán en mal futuro,

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El león, el tigre y el caminante.

Entre sus fieras garras oprimia Un tigre á un caminante. A los tristes quejidos al instante Un león acudió ; con bizarría líuchaj vence á la fiera, y lleva al homfere

A su regia caverna. Toma aliento. (Le decia el león) nada te asombre í Soi tu libertador: estáme atento.

¿ Habrá bestia sañuda y enemiga, Que se atreva á mi fuerza incomparable r Tú puedes responder, ó que lo diga Esa pintada fiera despreciable. Yo, yo solo monarca poderoso, Domino en todo el bosque dilatado. ¿ Cuantas veces, la onza, y aun el oso, Con su sangre el tributo me han pagado ? Los despojos de pieles y cabezas, Los huesos que blanquean este piso, ¡ Dan el mas claro aviso De mi valor sin par y mis proezas.

Es verdad, dijo el hombre, soi testigo : Los triunfos miro de tu fuerza airada,.

Contemplo á tu nación amedrentada,

Al librarme venciste á mi enemigo.

En todo esto, señor (con tu licencia)

Solo es digna del trono tu clemencia.

Sé benéfico, amable.

En lugar de despótico tirano :

Porque, señor, es llano,

Que el monarca será mas venturoso

Cuanto hiciere á su pueblo mas dichoso. Con mzon has hablado :

Y ya me causa perra

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El haber yo buscado

Mi propia gloria en la desdicha agena.

En mis jóvenes años

El orgullo produjo mil errores,

Que me los ha encubierto con engaños

Una corte servil de aduladores.

Ellos me aseguraban de concierto,,

Que por el mundo todo

No reinan los humanos de otro modo :

Tú lo sabrás mejor : dime^ ¿ y es cierto ?

Pensaba en elejir la reina muerte

Un ministro de estado :

Le queria de suerte

Que hiciese floreciente su reinado.

El tabardillo, gota , pulmonía ^

Y todas las demás enfermedades, I

Yo conozco decia, 1

Que tienen escelentes calidades. ^

^ Mas qué importa ? La peste, por ejemplo.

Un ministro seria sin segundo ;

Pero ya por inütil la contemplo ,í

;5o

Habiendo tanto médico en el mundo.

Uno de estos elijo Mas no quiero,

Que están mui bien premiados sus servicios Sin otra recompensa que el dinero. Pretendieron la plaza algunos vicios^ Alegando en su abono mil razones. Consideró la reina su importancia ; Y después de maduras reflexiones, El empleo ocupo la intemperancia-