Fábulas en verso castellano · Sección preliminar

Preliminares

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.

Class. ■ ^

FÁBULAS

D. F. M. SAMANIEGO.

Imprenta de C. S. Van Winkle, No. 48 Calle de Pmi

FÁBULAS

VERSO CASTELLANO,

PARA EL USO

DEL REAL SEMINARIO VASCONGADO,

POR

SO]^ F. SU. BAm^lXlIíGO,

OEL NUMERO DE LA REAL SOCIEDAD VASCO>íGADA DE LOS AMIGOS DEL PAÍS,

WUEVA EDICIÓN.

.XU EVA-YORK,

CASA EE EEHR Y KAHL, NO. 183 BROADVv-AT,

T DE i'-^TZA y ME^"DIA, NO. 3 CALT.E DE VARJCK:,

^Q,(.í^^

Y%^

Dúplex libelli dos est ; quod risum rtiovet^ Et quod prudenti vitam consilio monet.

FedRo Fáb, PróL Lib. I.

PROLOGO.

,MüCHOS son los sabios de diferentes siglos y naciones que han aspirado al renombre de fabulistas; pero mui pocos los que han hecho esta carrera felizmente. Este conocimiento debiera haberme retraído del arduo empeño de meterme á contar fábulas en verso castellano. Asi hubiera. sido : pero permítame el público protestar con sinceridad en mi abono, que en esta empresa no he tenido parte en mi elección. Es puramente obra de mi pronta obediencia, debida auna persona en quien respeto unidas las calidades de tio, maestro y geíe.

En efecto : el director de ía real sociedad vascongada, mirando la educación como la basa en que estriba la felicidad pública, emplea la mayor parte de su celo patriótico en el cuidado de proporcionar á los jóvenes alumunos del real seminario vascongado, cuanto conduce á su instrucción; y siendo (por decirlo asi) el primer pasto con que se debe nutrir el espíritu de ios niños las máximas morales disfrazadas en el agradable artificio de Ja fábula, me destinó á poner una .colección de ellas en verso castellano, con el objeto de que recibiesen esta enseñanza va que no mamándola con la leche, según deseó Platón, á

VI PROLOGO.

lo menos antes de llegar á estado de poder entender éí iatin.

Desde luego di principio á mi obriíla. Apenas pillabau los jóvenes seminaristas algunos de mis primeros ensayos, cuando los leian y estudiaban á porfía con indecible placer y facilidad; mostrando en esto el deleite que les causa un cuentecillo adornado con la dulzura y armonía poética, y libre para ellos de las espinas de la traducción, que tan desagradablemente les punzan en los principios de su enseñanza.

Aunque esta primera prueba me asegura en parte de la utilidad de mi empresa, que es la verdadera recomendación de un escrito, no se contenta con ella mi amor propio. Siguiendo este su ambiciosa condición, desea que respectivamente logren mis fábulas igual acojida que en los niños, en los mayores, y aun si es posible entre los doctos : pero á la verdad esto no es tan fácil. Las espinas que dejan de encontrar en ellas los niños, las hallarán los que no lo son, en repetidos defectos de la obra. Quizá no parecerán estos tan de marca dando aquí una breve noticia del método que he observado en la ejecución de mi asunto, y de las razones que he tenido para seguirle.

Después de haber repasado los preceptos de la fábula, formé mi pequeña librería de fabulistas : examiné, comparé, y elijí para mis modelos, entre todos ellos, después de Esopo, á Fedro y La Fontaine : no tardé en hallar mi desengaño. El primero, mas para admirado que para seguido, tuve que a})ainlonarle ú los primeros pasos. Y si la unión de la ele-

gancia y laconismo solo está concedida al poeta Fedro en este género, ¿ como podrá aspirar á ella quien escribe en lengua castellana, y palpa los grados que á esta le faltan para igualar á la latina en concisión y energía ? Este conocimiento, en qnp me aseguró mas y masía práctica, me obligó á separarme de Fedro.

Empecé á aprovecharme del tercero (como se deja ver en las fábulas de la cigarra y la hormiga- el cuervo y el zorro, y alguna otra ;) pero reconocí que no podia, sin ridiculizarme, trasladar á mis versos aquellas delicadas y nuevas gracias y sales que tan fácil y naturalmente derrama este ingenioso fabulista en su narración.

No estante, en el estudio que hice de este autor, hallé no . solamente que la mayor parte de sus argumentos son tomados de Lokmano, Esopo y otros de los antiguos, sino que no tuvo reparo en entregarse á seguir su propio carácter tan francamente, que me atrevo á asegurar que apenas tuvo presente otro precepto en la narración que la regla general que ^1 mismo asienta en el prólogo de sus fábulas en boca de Quintiliano': Por mucho gracejo que se dé á la narración, nunca será demasiado.

Con las dificultades que toqué al seguir en la formación de mi obrita á los dos primeros de estos fabulistas, y con el ejemplo que hallé en el último, me resolví á escribir tomando en cerro los argumentos de jEsopo, entresacando tal cual de algún moderno, y entregándome con libertad á mi genio, no solo en el estilo y gusto de la narración, sino aun en el variar rara vez' algún tanto ya del argumenio, ya de la

Viií JPílOLOóO.

aplicación de la moralidad ; quitando, añadiendo ó mutíau do algiína cosa, que, sin tocar al cuerpo principal del apólogo, contribuya á darle cierto aire de novedad y de gracia.

En verdad, según mi conciencia, mas de cuatro veces se peca en este método contra los preceptos de la fábula ; pero esta práctica licenciosa es tan corriente entre los fabulistas, que cualquiera que se ponga á cotejar una misma fábula en diferentes versiones, la hallará tan trasformada en cada una de ellas, respecto del original, que, degenerando por grados de una en otra versión, vendrá á parecerle diferente en cada una de ellas. Pues si con todas estas licencias ó pecados contra las leyes de la fábula, ha habido fabulistas que han hecho su carrera hasta llegar al templo de la inmortalidad, i á qué meterme yo en escrúpulos que ellos no tuvieron ?

Si en algo he empleado casi nimiamente mi atención, ha sido en hacer versos fáciles, hasta acomodarlos, según mi entender, á la comprensión de los muchachos. Que alguna vez parezca mi estilo no solo humilde, sino aun bajo, malo es ; ¿ mas no seria muchísimo peor, que, haciéndole incomprensible á los niños, ocupasen estos su memoria con inútiles coplas ?

A pesar de mi desvelo en esta parte, disconfio conseguir mi fin. Un autor moderno, en su tratado de educación, dice, que en toda la colección de La Fontaine, no conoce sino cinco ó seis fábulas en que brilla con eminencia la sencillez pueril ; y aun haciendo análisis de alguna de ellas, encuentra pasages desproporcionados á la inteligencia de '«s niños.

Esta critica ha sido para mí una lección. Confesaré sinceramente que no he acertado á aprovecharme de ella, si en mi colección no se halla mas de la mitad de fábulas, que en la claridad y sencillez del estilo no pueda apostárselas á la prosa mas trivial. Este me ha parecido el solo medio de acercarme al leng-uage en que debemos enseñará los muchachos : pero ¿ quien tendríi bastante filosofía para acertar á ponerse en el lugar de estos, y medir así los grados á que llegra la comprensión de un niño ?

En cuanto al metro no g-uardo uniformidad : no es esencial ala fábula, como no lo es al epigrama y ^ la Hr^', que admiten infinita variedad de metros. En los apólogos hai tanta inconexión de uno á otro como en las liras y epigramas. Con la variedad de metros he procurado huir de aquel monotonismo que adormece los sentidos, y se opone á la varia armonía que tanto deleita el ánimo, y aviva la atención. Los jóvenes que tomen de memoria estos versos, adqairirán con la repetición de ellos alguna felicidad en hacerlos arreglados á las diversas medidas, á. que por este medio acostumbren su oído.

Verdad es que se hallará en mis versos gran copia de endecasílabos pareados con la alternativa de pies quebrados» ó de siete silabas ; pero me he acomodado á preferir su frecuente uso al de otros medios, por la ventaja que no tienen los de estancias mas largas, en las cuales por acomodar una sola voz que falte para la clara esplicacion de la sentencia, ó queda confuso y como estiiijado el pensamiento, ó demasiadamente holgado y lleno de ripio.

En conclusión : puede perdonárseme bastante por haber

sido el primero en la nación que ha abierto el paso á estacarrera, en que he caminado sin guia, por no haber tenido h bien entrar en ella nuestros célebi'es poetas castellanos. Dichoso yo si logro que con la ocasión de correjir mis defectos, dediquen ciertos genios poéticos sus tareas á cultivar este y otros importantes ramos de instrucción y provecho. Mientras así no lo hagan, habremos de contentarnos con leer sus escelentes églogas, y sacar de sus dulcísimos versos casi tanta melodía como de la mejor müsica del divino Haydn, aunque tal vez no mayor enseñanza ni utilidad.