Fábulas originales · Sección preliminar
Preliminares
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 2 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
^ FÁBUUAS.
2 OCTi
MADRID: 1812
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lie del Sordo número i i .
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FÁBULAS.
FÁBULAS
Establecimiento tipográfico,
* CALLE üEL Sordo, numero H.
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FÁBULA I.
No liay gloria sin pena»
L©S ^©^71¡iX]lS V [L/a ©¡F^i¡í3E)^«
En un verjel ameno
mil jóvene^s sin freno
_^ discurren distraídos,
aquhy allí perdidos.
Cual á otro, de un arranque,
zambulle en un estanque;
y cual á su vecino
íe acuesta en un espino.
Para ellos, esculturas
son hórridas figuras;
y asi, cual en retablo,
copiando los del diablo ,
las pintan sutilmente
un no sé qué en la frente.
Ya sin panza de un taco
rae dejan al Dios Baco;
y ya á Venus la bella,
tan sin pudor como ella,
por mas que se agazapa
haciendo que se tapa,
la hacen que como un charro,
fumando esté un cigarro.
Uno al fin sobre Apolo,
travieso como él solo,
mostrando una corona,
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esto á lodos pregona: — «Aunque envidias provoque, del que el estremo toque de ese ciprés que ondea, premio esta ofrenda sea.» — « ¡Arriba!» — gritan iodos, corriendo de mil modos; y en trances infelices, los ojos, y narices, ya ven de dia estrellas, ya acaso barren huellas, ya el alto viene abajo asido del zancajo, ó ya el mas bajo al otro ie monta como íi un potro: hasta que uno elevado, que mas que otros, lo osado con lo didioso junta, tocó al ciprés la punta, ' fl fuego que le inflama; y \í^iasc!..\o[di la rama,
cayó rápidamente, haciéndose en la frente, amen de algún rasguño, un chichón como un puño. Cercáronle con prisa unos fingiendo risa, y otros mostrando pena por la ventura ajena; y vendando sus sienes, tras de mil parabienes, por cima de la venda ciñéronle la ofrenda. .
Dos coronas contemplo que ha de ceñir el sabio para alcanzar victoria, si de la gloria al templo, despreciando su agramo y aspira en su delirio: antes la del martirio, después la de la gloria.
FÁBULA II.
El método*
IIL Iií3^[M©ii© m W$ ^M^ñ©^n
Vio Gil ^e un árbol caer ^cinco pájaros, y todos, * Arriendo .por varios modos,
los quiso á iy\ tiempo cojer.
— 6— —«Deja, buen Gil, de correr, pues DO cojeras ninguno. ¿A qué Iras cinco ¡ importuno ! á un tiempo vas con ahinco, si para cojer los cinco , tienes que empezar por uno ?f>
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FÁBULA III. Cs%ps*ieli®@ del Itatlo*
1^ ESCULTOR V LOS SOSTROKCOS.
Cierto escultor un dia , .viendo dos troncos, entre sí decía:
"^—(ij)e e9í(\^ zoquete vil, lleno de Iodo, un san RoqT-)e he de hacer con perro y lodo;
— 8— y este , aunque para santo mejor era , 'del templo servirá para madera.» —
Asi el hado cruel , que engaña á tantos, convierte, con tristísimos ejemplos, en madera de templos á los santos , y en santos la madera de los templos*
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FÁBULA IV.
Héseos locos»
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Del mar r^ ia ribera quejábase 'un pastor de esta manera: í.r¿«iOh qué sordas que tiene á mis congojas el cíelo las dVejas,
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pues no me saca de zagal de ovejas,
pati-luertas las mas, y algunas cojas!
¡Quién me diera , alhagando mi albedrio, i
dirijir por ejemplo aquel navio,
y á la playa arribar del indio ó morO,
para volver con él cargado de oro!
¡Por amigos tuviera y por amigas
entonces á señoras y señores ,
pese á cuantas ovejas y pastores
rumiaron yerbas, ó mascaron migas!
Mas ¡ay! la suerte fiera
me arrastra, sea invierno, sea verano ,
desde el monte al redil, y de este al llano;
y aunque oirías no quiera ,
me hace escuchar las simples avecillas ,
que por mas maravillas
que dicen que hacen los que de ellas cuenlan,
cada vez que las oigo, me revie^'ilan.- — »
Asi el pastor decia,
cuando el bajel ya apenas se veía ;
y su intenso dolor llegaba á lo^to,
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que sus mejillas inundó de üanto.
Era al morir el sol , según asienta
quien dijo que del ábrego la saña
removió aquella noche una tormenta
que ni ía oyó el pastor en su cabana.
Al otro dia su manada entera
condujo, como siempre , á la ribera , -^
y del mar acercándose á la orilla,
vio aquí y allí fragmentos de una quilla.
Buscando del naufragio i»iüicios ciertos,
halló al fin gavias , y después mesanas,
trinquetes desvelados , hombres m.uertos,
¡leves cimientos de esperanzas vanas!
Entonces se acordó de su navio ,
y viendo fin tan triste,
« ¡qué bien hiciste , oh Dios , qué bien hiciste
en coartarme , dijo , el albedrio!» —
Y sin ver q^ie á los muertos hacia agravias,
una fonrisa se asomó á sus labios ;
s'-escuchando las simples avecillas,
que hacían , S'^^gun dijo . maravillas ,
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tradujo de sus plácidos gorjeos :
Modera tus deseos.
Aunque pierdas , llorando , tus encantos, no halagues esperanzas indecisas : cada muerta esperanza, brota llantos : cada llanto vertido, enjendra risas.