Fábulas y verdades · Unidad 36 de 86

Unidad 36 · LA OBRA DE LA MUJEK

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

LA OBRA DE LA MUJEK

(Discurso de una señorita alumna, dedicado por ella al señor doctor Eustorgio Salgar).

Dice un refrán que «Dios quiere «Tvo que quiere la mujer,» De donde a mi ver se infiere Que importa que considere Qué es lo que debe querer ;

Pues si su blanda influencia No es nula en la sociedad Ni ingrata a la Providencia, Fuera cargo de conciencia No ilustrar su voluntad.

Los hombres suelen decir Que la mujer ciertamente Influye en su porvenir; Y el hombre, por consiguiente, Debe ensenarla a influir ;

Para que, sin pretensiones De ser mejores que él, Depuremos sus pasiones Y alcemos sus ambiciones A más excelso nivel.

Así recordaros quiero Que de la mujer el bien Es el bien del mundo entero, Como fue su error primero La perdición del Edén ;

Y que todo el que su ufana. Libre de necio egoísmo, Por mejorar a su hermana, Recog"e el fruto mañana Mejorándose a sí mismo.

Cuentan (no sé si es verdad) Que más de una plag-a horrenda Cunde en nuestra sociedad. Plaga que no admite enmienda Sin menguar la libertad.

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Que en las horas de expansión El hogar está desierto

Y desairado el salón ;

El buen gusto en desconcierto

Y hecho hueso el corazón.

Que las nobles Artes Bellas, Encantadoras estrellas Que al hombre apartan del vicio. Ceden el campo a querellas

Y artes de inmundo ejercicio.

Que ya la gente de humor No se divierte como antes,

Y que hay muchos que en la flor De la vida y del honor

Son cadáveres andantes.

Está indemne hasta la fecha El femenil dulce bando; Pero el fuego harto la estrecha ;

Y tócale ir a la brecha A salvarse peleando.

Ejercer con decisión Contra aquel doble dragón Todo el influjo que alcance, Y aun presentándose un lance, Fulminar su excomunión ;

Poner a prueba el poder De su propia dig-nidad, Y antes que víctima ser Demostrar que en la mujer No hay sólo imbecilidad.

Que a donde la Ley no llega Llega el Amor ilustrado, Que no sólo llora y ruega Sino que también deniega Sus glorias al depravado.

Y así cual la acción suave Del calor y de la luz Viste el bosque, empolla el ave

Y crear y destruir sabe Mejor que ley y arcabuz,

El amor bien entendido Podrá en las débiles manos De nuestro sexo abatido Hacer cuanto no han podido Las leyes ni los tiranos.

Bendiga Dios la instrucción Que en cualquier vicisitud Ensancha nuestra aptitud Para imponer la razón

Y practicar la virtud.

Y nosotras cada día Reconozcamos ufanas L/a santa filantropía

Que en transformarnos confía En útiles ciudadanas.

Y honra eterna al magistrado Que marcó rumbo el primero Al sublime apostolado

Que nos conduce al Dorado Del oro imperecedero.

Pues relig-ión y moral, Y arte, y ciencia, y fuerza, y ^alas, Del horizonte social. Volarán con estas alas De la instrucción general.

Bogx>tá, noviembre 5: 1874.