Fábulas y verdades · Unidad 50 de 86

Unidad 50 · I VERSOS I

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I VERSOS I

Quiero escribir, mas yo no pienso nada. Ni nada sé, ni tengo que decir. — ¡Bah, bahl ¡qué idea IVersos, camarada Ensarte versos, y se hará aplaudir.

LOS TONTOS DE BASPvA

Harum mandó a Belut que le escribiera Cuantos tontos en Basra conociera;

Y contestó Belut: «¡ Amargo trance I «Difícil es que un hombre solo alcance «A escribir inventario tan enorme. «Pero, si queda mi señor conforme, «La lista le daré de nuestros sabios Sin fatigar la mano ni los labios.

Dos o tres nombres formarán mi obra,

Y dellos, quizá dos están de sobra.

Bogotá, enero: 1875.

EL CONTRABANDO DE LA CHAFMA

La Charla, tribu universal, que siempre Potencia fue, boyante y efectiva, Resolvió hacerse mercadera, entrando Por el moderno espíritu israelita.

Todos le abrieron crédito; bien pronto Eiscogió a su sabor su pacotilla,

Y a an puerto, no sé cuál, del mundo híspano Llegó en persona al frente de la misma. Mas no llegó como cualquier pelele. Hablando de facturas y revistas,

Sino exigiendo el inmediato pase,

Y amplia y absolutísima franquicia. ¿De cuándo acá, los vistas preguntaron, De cuándo acá con semejantes ínfulas? ¿Qué sultán te ha nombrado embajadora? ¿Quién te dio inmunidades de ministra? — A lo cual con gentil desembarazo

La Charla opuso arenga elocuentísima.

Rica en sentencias de Moisés, de Grocio,

De Pufendorf y de otros publicistas.

Que hubieran usgue ad nauseam comprobado

Su posesión de tal prerrogativa

A haber sido ilustrado el auditorio,

O de conciencia un punto menos rígida;

Mas ya por ignorar nombres tan célebres,

O ya porque en artículo propinas

Calló la Charla, ello es que bulto a bulto

Procedieron a abrir las mercancías.

¿Y qué encontraron?- Ni la insigne ancheta Con que el padre Noé guardó semilla De todo lo viviente y lo inventado. Pudo igualar tamaña retahila; £ imaginad, lectores, el asombro De aquel sano inspector y comitiva Al descubrir los géneros siguientes Que clasifico en grueso, algo de prisa:

Trastos de casa — Innumerables arpas. Plectros, laúdes, cítaras y liras Ya colgadas de sauces funerarios, Ya en rincones de olvido enmohecidas. Espejos de ondas, camas de Procusto Con los pliegues del viento por cobijas^ Alfombras mil de yerba; y pabellones De bóveda estrellada y selva umbría; Doseles de infinito, hornos de ocaso. Cristales de agua y de embusteros prismas,

Puertas de porvenir, sin cerradura,

Y ventanas de aurora con cortinas. Jaulas de buhos, cárabos dolientes

Y otras interesantes avecillas; Cisnes su gran f¿7ial graznando dulces,

Y un fénix renaciendo entre cenizas. Corazones con páramos por dentro, Tumbas, escombros, yermos y ruinas;

Y horizontes por fuera, y lontananzas, Celajes, arreboles y otras fincas.

Por último, un surtido muy completo De féretros, sarcófagos, capillas. Urnas, mortajas, túmulos, crespones. Luto, duelo, ataúd, laguna Estigia, Capuz, sudarios, momias, calaveras. Posas, nichos, cadáveres y piras,

Y un pobre paño que jamás lavaron,

Y del cual, sin torcer, llanto corría.

Animales domésticos ,- -MaX piezas De férreas garras e índole terrífica. Tigres, dragones, monstruos del profundo, Hidras, quimeras, víboras, arpías. Buitres, gorgonas, basiliscos, hienas. Vampiros, escorpiones; y hasta ninfas ^ue por su pecho bárbaro, inhumano Allá se irían con esas sabandijas.

— Nota — Incluiremos en el mismo grupo Un gran surtido de ídolos, ondinas. Hadas, huríes, náyades, luceros. Musas, palomas, magas, pitonisas, Angeles, serafines y querubes, Deidades, vidamias y ahnamias, ^ue aunque en lo general iban marcadas Simpar cada una, si7ii§ual, divina. Llevaban algún pero en ocasiones. Como echar lazos, ensartar mentiras. Jugar con la inocencia, enmascararse, Seducir gentes con falaz sonrisa,

Y aun pecados más gordos, por ejemplo, Tronchar capullos de esperanzas ricas, Quemar a fuego lento a un majadero

O lanzarlo al infierno en son de trisca.

Todas las mencionadas alimañas Almas tan sólo y corazón comían. Engordándolos antes con veneno, Heces, hiél y otros platos de vigilia.

Para ensalada — Cuanta flor da el mundo

Y en Lenguajes de Flores se registra Pues Charla (al fin mujer) las idolatra,

Lo mismo que ama el tul, las piedras finas. Gayo matiz, pintadas mariposas. Calandria, colorín, perfumes, cintas,

Y en suma, cuantas lindas zarandajas Hacen el embeleso de las lindas. Mas Charla usa las flores corrigiendo Su perfección y pompa primitivas. Pues las repinta y viste con mil galas, Broches, botones, lágrimas y cifras;

Y aquí entraban, revueltas con abrojos. Palmas, pimpollos, vastagos y espinas, Gualda, tomillo, madreselva, lauro,

Y césped blando y desgarradas fibras, ítem: un buen girón de cierzo crudo, Con ramas de abedul y siempreviva. De fúnebre ciprés manando llanto,

Y flébil sauce, y corpulenta encina. Todo esto con beleño en vez de aceite. Néctar fragante, célica ambrosía,

Y éter fulgente, y bálsamo, y jarabe De tímida violeta, y voz meliflua. Vinagre no se halló, sino ponzoña. Zumos de desengaño, amargo acíbar.

Y sangre y llanto, a gotas o a torrentes. Según la sed y el gusto del que pida.

Metales y monedas — Soles de oro. Luna, estrellas, etcétera, argentinas; Oro en bruto, marcado vil y bajo^

Y plata rotulada corrosiva.

Oro inmundo, hecho con vergüenza y lodo. Bronce que llora, bronce que vomita Muertes y horrores, bronce que saluda; Misión de hierro, hierros homicidas. Nota — Otros de oro innúmeros objeto:^. Desde almas hasta lág'rimas había, Sin expresar su ley. Inmundo o puro Lo usaba eo todo el desdeñoso artista.

El resto de la carga eran materias Inflamables, diabólicas, ilícitas, De aquéllas que hacen santiguar a un justo

Y que al mayor herético horripilan:

U objetos sospechosos que implicaban

Tuerta intención, o sortilegio, o cifra,

O se ocupaban en oficio ajeno,

Ya fuese de ignorancia o por malicia.

Víanse allí auroras que despuntan,

E insomnios negros que en la mar se abisma».

Y arroyos que discurren, y parleros Van murmurando y desatando risas. Auras livianas que en solaz retozo Enamoran las tiernas florecillas,

Y soltando sus broches delicados Su esencia virginal traidoras liban.

Y montes que taladran la alta esfera,

Y ondas de luz que los espacios hinchan,

Y sol que de los cielos se desploma En Niágaras de atmósferas flamígeras. Agua que se destrenza, olas que lamen Besan, peinan y bordan las orillas,

O en torno de un batel que escarba espuma. Encrespadas y rizas se amotinan.

Y ríos que en gargantas se encajonan;

Y altivas sierras que su cumbre erizan: Viento que barre, selvas que se aturden,

Y sol que tuesta, y luna que se filtra,

Y torvo nubarrón que sórbese a ambas,

Y truenos que coléricos rechinan,

Y rayos que en manojos se desatan Sobre orbes que en sus ejes se desquician.. Bocas de bronce que exterminio escupen. Almas que el mundo a marchitar conspira,.

Y azotes que nos purgan de demonios,

Y avernos que de nuevo los vomitan. Pasiones que fermentan silenciosas Agudas penas que la sien martillan,

Y lágrimas rebeldes, que no salen,

Y existencias que vagan carcomidas Ópticas ilusiones de hermosuras Aliñadas con bellas perspectivas, Senos de nube, alientos secadores

Y voces que nos llagan al oírlas.

Andes gigantes de gigantes grandes.

Y enanos viles de ambición raquítica,

Y mártires que viven de recuerdos

Y arrastran torcedor y abrojos pisan. Sociedades de insectos nauseabundos Que barnizan con oro su inmundiciat

Y peregrinos de cansadas plantas. Siempre con arpa y nunca con mochila. Gentes que ríen cantigas de lloro. Gentes que lloran cantigas de risa,

Y arrebatados de entusiastas fiebres Las pulsan en los trastes de su lira. Pensamientos que audaces se desbocan. Frentes que hierven, lenguas que fulminan,

Y ojos que flechan, y ojos que sumergen En océanos de agua las mejillas. Bárbaros mil que se hartan de amargura

Y viven devorando su agonía,

Y andan siempre de hinojos y besando Polvos de pies que como incienso aspiran. Lenguas que a gritos cuentan que están mudas. Ciegos que ven, difuntos que visitan,

Y ruidos sordos, y silencios que hablan,

Y auras pobladas de quimera y sílfidas.

Y un sauce, en fin, que en lánguido desmajo Crudo ramal sobre su forma aplica,

Y allá en la tarde cuando el sol se acuesta Previéneles que duerman y no giman:

Al descubrir cada una de estas joyas (En prosa) el aduanero se fruncía,

Y cserá muy corriente,> murmuraba

«Mas huele a fraude,> €es cosa nunca vista. . . > Pero tornóse indignación su asombro Con lo demás de aquella pacotilla,

Y hacíase la cruz hurgando cajas. Cual si fueran de brasas encendidas. Vaya esto a cuenta: — Crímenes, blasfemias. Escándalos, estrépitos, perfidias. Vergüenza, oprobio, maldición, sarcasmo. Embriaguez, bacanal, crápula, orgía. Segur, azote, férula, infortunio.

Gusano roedor, quemante estigma, Prometeos, patíbulos, cadalsos. Furor de numen. Tántalo, ignominia.

Siervos, ilotas, Icaros, piratas, Precitos, reos, condenados, víctimas. Porvenires, oráculos, conjuros, Signos, hados, estrellas, noche impía. Trípodes, caos, dédalos, espectros, Horóscopos, crepúsculos, enig-raas. Constelaciones, amuletos, polos, Magias, fantasmagóricas alquimias. Apoteosis, arcano, encantamientos. Cosas infandas, cosas que titilan. Cosas que muerden, pasman o fulguran. Befan, profanan, crispan, electrizan, Causan arrobamientos y desvelos O remedan siniestras y fatídicas. Desenterrados, íncubos, fantasmas. Brujas, apariciones, estantiguas,

Y espíritus y cosas de otro mundo,

Y almas en pena y ánimas benditas: Endriagos, vestiglos, duendes, trasgos,

Y agüeros y fosfóricas pupilas,

Y cuanto a media noche espanta y pasma, Gesticula, espeluzna y petrifica. Músicas atronantes y estentóreas

Que rasgan vientos y almas asesinan. Plagas, desvelos, úlceras, locuras. Insanias, ilusiones, pesadillas, lyepras, abortos, paroxismos, éxtasis, Cáncer, palpitaciones, aneurismas, Delirios, crispaturas, hinchazones

Y ávida sed, y fiebres convulsivas. Insomnios, pestes, vértigos, gangrenas,

Y síncopes y plétoras y heridas, ímpetu, frenesí, danzas diabólicas. Despechos, y desmayos, y agonías. Túrgidas cosas, mórbidas, impúdicas. Letíferas, hidrópicas, mefíticas,

Y harapos sucios (focos epidémicos),

Y otras pútridas cócoras pestíferas. Cataclismos, catástrofes, derrumbos, Torbellino, huracán, sirte, honda sima,

Y trombas y vorágines y cuanto Traga, tritura, aplasta, hunde y abisma. Llama, hoguera, tizón, ira, estro a^diente^ Fuego, volcán, relámpagos y chispas,

Rayos, centellas, dardos, meteoros. Dagas, teas, puñales y cuchillas. Minas, cadenas, yugos, entusiasmos. Raudos cometas, cóleras fulmíneas,

Y todo lo que estalla, arde y revienta,

Y toda clase de armas prohibidas. Gran provisión de tártaros profundos,

Y báratros y avernos sin medida,

Y con todas sus letras, más infiernos Que los que el mismo diablo necesita.

Y tantos antropófagos, verdugos, Furias, sayones, parcas homicidas

Y reyes del averno, que es probable No haya quedado allá ni quien reciba.

Acjuí sí el Inspector plantó resuelto,

Y dijo a doña Charla: cPor mi vida

«Que a no ser dama usted, y no inspirarme <Tánto terror, asárala en parrilla. «Su carga es el ajuar de los infiernos, «Ya sé quién de ministra nos la envía. €Vade retro, ¡Satán! vuélvete al punto «Con todas tus perversas chilindrinas.»

Mas no se fue; ni ¿cuándo a las señoras Paltó respuesta, cabala y salida? ¡Pobres aduanas si ángeles como ellas Pudiéranse volver contrabandistas! Recordando ésta cómo Adán rindióse A la voz musical de su costilla. Puso el monstruoso cargamento en verso^

Y pasó sin obstáculo en seguida. Todos esos demonios que aterraban En prosa vil a los cristianos vistas Oráculos de Dios les parecieron

Puestos ya en cuatro pies con metro y rima

No digo yo que fuese muy selecta Poesía tal: al nn de pacotilla, Mas quizá estaba en nuestra tierra en moda, Aunque de todas las demás proscrita. Muchos de sus artículos se hallaban Convictos y confesos de avería, Qomo flores marchitas ^ liras rotas,

Y mieles en acíbar convertidas.

Era no obstante una labor curiosa

Esa su conversión en joya lírica.

Pues leída de arriba para abajo,

O al contrario, de abajo para arriba,

De izquierda a diestra, de derecha a izquierda,

Saltando voces o saltando líneas.

De todos modos la canción cantaba

La misma cosa o la no cosa misma.

Ni debió el Inspector gastar sus cruces.

Pues cernido en tamiz de cuerda crítica

Todo aquel pandemonio honditronante.

Sale pampirolada solemnísima;

Y antes complace al ver que tantos monstruos. Tanta alimaña indómita y dañina,

Pueden al cabo y a la postre, sueltas Andar, como inocentes ovejillas.

Borrascas de palabras; aquilones Que un fósforo tal vez no apagarían, Abismos que dan fondo a una pulgada; Mundos que caben en cualquier vasija. Chistes cuya agudeza, no en lo agudo, En lo no limpio únicamente estriba;

Y requiebros que en sandios sólo igualan Las sandias que a su chachara se rindan. Suspiros cuyos ecos son bostezos. Tragos acerbos. ... de frugal saliva, Áspides que no muerden ni en ayunas. Buitres que alcanza al vuelo una gallina. Idealismos inopes de ideas,

Néctar embriagador como agua tibia, Tontería evidente en frase oscura, Misterios de clarísima pamplina; Fuego que enfría amenazando infiernos. Soplo de inspiración que hinche vejigas, Hipérboles que achican cuanto agrandan,

Y admiraciones mil que a nadie admiran. Poesía hermana del insigne cuento

Que cierto idiota a Shakspeare refería, Todo el estruendo y furia y palabrotas

Y que no contó nada en resumidas.

Mas yo debo acabar el que os relato, El cual, como es la Charla su heroína, Tuvo que ser muy largo. ... y falta cola; Quien no guste de colas que la omita.

Pasó el gran carg-amento, y pasó gratis, Haciendo al fisco una lesión gravísima, Ya porque el Inspector no era un Horacio, Ya por no hallar el verso en la tarifa;

Y sucedió después, que no encontrándose Los cuerdos en el mundo en mayoría, Hizo la Charla prodigioso expendio

Aun de sus existencias carcomidas. Todo alcanzó tal boga que emprendieron Muchos el contrahacer las joyas dichas, Y, si en su original ya eran bien malas. Copiadas se eclipsaron a sí mismas. No hubo doncel sin desengaño negro. (De otro color no tuvo ya salida),

Y si antes se preciaban flores frescas. Vino a ser más gentil darlas marchitas; Buena o mala misión no faltó a nadie; Todo el que andaba, por abrojos iba; La cítara fue mueble indispensable

Y el torcedor comodidad precisa. Pero escandalizó gentes piadosas

Oír maldiciendo aun a modestas niñas,

Y que en vez de algodón, o aflil, o papas, El pueblo andaba cosechando espinas; Supieron que con unas tales Musas Los jóvenes ociaban noche y día;

Y en busca de remedio enderezaron Un memorial con mil quinientas firmas Al Supremo Congreso; el cual, pasándolo A especial Comisión ad hoc provista,

Se avino luego a la opinión que expuso Al evacuar su informe la antedicha.

Este Informe explicábale, en sastancia. Que; ^Planteando en fórmulas -precisas^ <La cuestión en cuestión^ y con la lógica <J^ue los sucesos netamente implican: <Después de haber tomado como pauta <En consideración muy detenida <La grave situación de esta emergertcia, €Bajo todas sus fases respectivas : <Y, de otra par te ^ lúcida pesando <La alta y solemne actualidad del día

Fábulas y verdade«— II

«jE'w su compleja variedad^ y eji toda <La entidad que apareja, una y distinta: < Vuestra honorable Comisión, no em-pero <Sin que for un momento obste o infrinja <La alta -prerrogativa que os incumbe <Y su órbita de acción característica, <.Buscó una solución que resolviese € Tantas jierplejidades indecisas 4LZanjando el nudo, despejayido el campo <.Y previniendo peripecias criticas: <Y encontró que la caja de Pandora €No era sino uyi tropel de anoynalias <^ue alude el meinorial, y que adjuntadas <Obr aréis como el caso urgente dicta,^

No dijo más el luminoso informe, Mas íntegfro en pos del reproducía Un inventario fiel de los efectos Que importó Charla y que la hicieron rica, Pero allí no campaban escudados Con mágfico disfraz de metro y rima Sino en prosa oficial, cual demandábalo La aug-usta majestad legislativa. Gran sensación causaron ambas piezas, Pidióse su lectura repetida,

Y si al Informe, por la luz que arroja,

Y la alta concepción que en éí domina, Fénix se le aclamó, — trayendo, empero, Cierto aire familiar, y aun de familia. No sorprendió a los miembros honorables Tanto como la anexa retahila.

Hubo andanadas, salvas y descargas De burras, palmadas, vítores y vivas. Tempestades de aplausos, y ag'uaceros De hilaridad simpática infinita. El soberano pueblo concurrente Se asoció al soberano conofresista En su furor; y publicar mandóse En el Diario Oficial ^ntx^mh?j& fincas.

Hay entusiasmos de diversos gestos,

Y ya observó Manuel que la más linda De todas las comedias, es sin duda Una tragedia destrozada y frita.

Recuerdo muy al caso un don Pelayo Que se dio en Bogotá, do cada artista Tuvo que triplicar verso por verso Para saciar al público de risa. Este, al cual en bufón no excedió Atenas, Su ultimátum sentó: cQue se repita «Cada rebuzno, o devolved la entrada, «O id a prisión: no os queda otra salida.> — Prófugo el tesorero, inevitable Fue obedecer; y aquel festín de silba Tanto agradó, que convertido en ganga Siguió dando al histrión duros por pifias.

Un entusiasmo igual Charla produjo Con sus desmusicadas baratijas, Sólo que es cosa averiguada y cierta Que no importó segunda pacotilla. Ni desde entonce en los mercados viose Un plañidero colorín diablista Pues, para fraudes evitar, dio el mundo En traducir en prosa las cantigas;

Y si encontraba allí palabras sólo,

Y nada nuevo, y nada que repita

El alma en eco bienhechor, sintiéndose

Conmovida, enseñada, engrandecida;

Si aquello no era corazón cantando

Lo que habla el corazón cuando lo agitan

Pasiones verdaderas, que al salvaje

Elocuencia de imágenes inspiran;

Si no era un alma individual, que prueba

Venir de Dios porque algo nuevo cría,

Porque algo piensa que otros no pensaron

Y alza otra flor de otro átomo de arcilla;

Si era un pincel que sólo halló en los Andes

Tul, primaveras, céfiros y ninfas;

Música de la oreja y no del alma

Poesía toda ella crinolina: -

Esta, en su vaciedad, quedó patente.

Tornó a su original la pacotilla,

Y no colgando, sino ahorcado a un sauce Amaneció el laúd contrabandista.

En cuanto a aquellos doblemente Informes Por lo informes que son, propuso un quidam Que en adelante en verso se escribiesen (Para darles corona en vez de silba).

¿Paitan acaso escena y dig-no asunto Al hijo de Colón que así mendiga De parias de otra sociedad, renieg-os

Y rancia miel de insípidas letrillas?

¿No es suyo, y suyo sólo un portentoso Mundo aun frag-ante a vírgenes primicias, Con cordilleras de Parnasos tales Que el griego fuera, ante el menor,— colina?

Para que el lienzo hiciese con imágenes De nueva y sorprendente maravilla, ¿No basta aquí borrar memorias de otros,

Y ver, y trasladar lo que se mira?

Como si al genio antiguo, en sus más puras Ansias de paz y plenitud benditas. Reminiscencias solo alimentasen De la encantada Atlántida perdida, --

Cuando ésta al fin de su sepulcro de olas Se alzó resucitada, ella traía Esas aspiraciones ideales En realidad deslumbradora y viva.

El siglo de oro, el sueño de inocencia. De amor perfecto y candidas delicias Tiende a Colón sus desarmados brazos En laberintos de aromadas islas;