Fábulas · Unidad 4 de 24

LIBRO PRIMERO

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

FÁBULA PRIMERA

El Asno y el Cochino

Á LOS CABALLEROS ALUMNOS

DEL REAL SEMINARIO PATRIÓTICO VASCONGADO

Oh jóvenes amables Que, en vuestros tiernos años, Al templo de Minerva Dirigís vuestros pasos; Seguid, seguid la senda En que marcháis, guiados Á la luz de las ciencias Por profesores sabios. Aunque el camino sea Ya difícil, ya largo, Lo allana y facilita[9] El tiempo y el trabajo. Rompiendo el duro suelo, Con la esteva agobiado, El labrador sus bueyes Guía con paso tardo; Mas al fin llega á verse En medio del verano De doradas espigas, Como Ceres[10], rodeado. Á mayores tareas, Á más graves cuidados Es mayor y más dulce El premio y el descanso. Tras penosas fatigas, La labradora mano ¡Con qué gusto recoge Los racimos de Baco[11]! Ea, jóvenes, ea, Seguid, seguid marchando Al templo de Minerva Á recibir el lauro. Mas yo sé, caballeros, Que un joven entre tantos Responderá á mis voces: _No puedo, que me canso._ Descanse en hora buena, ¿Digo yo lo contrario? Tan lejos estoy de eso, Que en estos versos trato De daros un asunto Que instruya deleitando. Los perros y los lobos, Los ratones y gatos, Las zorras y las monas, Los ciervos y caballos Os han de hablar en verso, Pero con juicio tanto, Que sus máximas sean Los consejos más sanos. Deleitaos en ello, Y con este descanso Á las serias tareas Volved más alentados. Ea, jóvenes, ea, Seguid, seguid marchando Al templo de Minerva Á recibir el lauro. Pero ¡qué! ¿os detiene[12] El ocio y el regalo? Pues escuchad á Esopo, Mis jóvenes amados. Envidiando la suerte del Cochino[13] Un Asno maldecía su destino. Yo, decía, trabajo y como paja; Él come harina y berza, y no trabaja. Á mí me dan de palos cada día; Á él le rascan y halagan á porfía. Así se lamentaba de su suerte; Pero luego que advierte Que á la pocilga alguna gente avanza En guisa de matanza[14], Armada de cuchillo y de caldera, Y que con maña fiera Dan al gordo Cochino fin sangriento, Dijo entre sí el Jumento: _Si en esto para el ocio y los regalos, Al trabajo me atengo y á los palos._

FÁBULA II

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La Cigarra y la Hormiga

Cantando la Cigarra, Pasó el verano entero Sin hacer provisiones Allá para el invierno. Los fríos la obligaron Á guardar el silencio, Y á acogerse al abrigo De su estrecho aposento. Vióse desproveída[15] Del preciso sustento, Sin mosca, sin gusano, Sin trigo, sin centeno. Habitaba la Hormiga Allí tabique en medio[16], Y con mil expresiones De atención y respeto La dijo:--Doña Hormiga, Pues que en vuestros graneros Sobran las provisiones Para vuestro alimento, Prestad alguna cosa Con que viva este invierno Esta triste Cigarra, Que alegre en otro tiempo, Nunca conoció el daño, Nunca supo temerlo. No dudéis en prestarme, Que fielmente prometo Pagaros con ganancias, Por el nombre que tengo.-- La codiciosa Hormiga Respondió con denuedo, Ocultando á la espalda Las llaves del granero: --¡Yo prestar lo que gano Con un trabajo inmenso! Díme pues, holgazana, ¿Qué has hecho en el buen tiempo? --Yo, dijo la Cigarra, Á todo pasajero Cantaba alegremente Sin cesar ni un momento. --¡Hola! ¿conque cantabas Cuando yo andaba al remo[17]? Pues ahora que yo como, Baila ¡pese á tu cuerpo!

FÁBULA III

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El Muchacho y la Fortuna.

Á la orilla de un pozo, Sobre la fresca hierba, Un incauto mancebo[18] Dormía á pierna suelta. Gritóle la Fortuna: --Insensato, despierta; ¿No ves que ahogarte puedes Á poco que te muevas? Por ti y otros canallas Á veces me motejan, Los unos de inconstante, Y los otros de adversa. _Reveses de fortuna Llamáis á las miserias: ¿Por qué, si son reveses De la conducta necia?_

FÁBULA IV

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La Codorniz.

Presa en estrecho lazo La Codorniz sencilla Daba quejas al aire, Ya tarde arrepentida. --¡Ay de mí miserable, Infeliz avecilla[19], Que antes cantaba libre, Y ya lloro cautiva! Perdí mi nido amado, Perdí en él mis delicias; Al fin perdílo todo, Pues que perdí la vida. ¿Por qué desgracia tanta? ¿Por qué tanta desdicha? Por un grano de trigo: ¡Oh cara golosina! _¡El apetito ciego Á cuántos precipita Que, por lograr un nada, Un todo sacrifican!_

FÁBULA V

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El Águila y el Escarabajo.

«¡Qué me matan! favor»: así clamaba Una Liebre infeliz, que se miraba En las garras de un Águila sangrienta. Á las voces, según Esopo cuenta, Acudió un compasivo Escarabajo; Y viendo á la cuitada en tal trabajo, Por libertarla de tan cruda muerte, Lleno de horror exclama de esta suerte: --Oh reina de las aves escogida, ¿Por qué quitas la vida Á este pobre animal, manso y cobarde? ¿No sería mejor hacer alarde De devorar á dañadoras fieras: Ó ya que resistencia hallar no quieras, Cebar tus uñas y tu corvo pico En el frío cadáver de un borrico?-- Cuando el Escarabajo así decía, El Águila con desprecio se reía; Y sin usar de más atenta frase, Mata, trincha, devora, pilla y vase. El pequeño animal así burlado, Quiere verse vengado. En la ocasión primera Vuela al nido del Águila altanera: Halla solos los huevos y, arrastrando, Uno por uno fuélos[20] despeñando. Mas como nada alcanza Á dejar satisfecha una venganza, Cuantos huevos ponía en adelante Se los hizo tortilla en el instante. La reina de las aves sin consuelo, Remontando su vuelo, Á Júpiter excelso humilde llega, Expone su dolor, pídele, ruega Remedie tanto mal. El dios propicio, Por un incomparable beneficio, En su regazo hizo que pusiese El Águila sus huevos, y se fuese; Que á la vuelta, colmada de consuelos[21], Encontraría hermosos sus polluelos[22]. Supo el Escarabajo el caso todo; Astuto é ingenioso, hace de modo, Que una bola fabrica diestramente De la materia en que continuamente Trabajando se halla, Cuyo nombre se sabe, aunque se calla; Y que, según yo pienso, Para los dioses no es muy buen incienso. Carga con ella, vuela, y atrevido Pone su bola en el sagrado nido. Júpiter que se vió con tal basura, Al punto sacudió su vestidura, Haciendo, al arrojar la albondiguilla, Con la bola y los huevos su tortilla. Del trágico suceso noticiosa, Arrepentida el Águila y llorosa, Aprendió esta lección á mucho precio: _Á nadie se le trate con desprecio,_ _Como al Escarabajo;_ _Porque al más miserable, vil y bajo,_ _Para tomar venganza, si se irrita,_ _¿Le faltará siquiera una bolita?_[23]

FÁBULA VI

El León vencido por el Hombre.

Cierto artífice pintó[24] Una lucha, en que valiente, Un Hombre tan solamente Á un horrible León venció. Otro León que el cuadro vió, Sin preguntar por su autor, En tono despreciador Dijo: _Bien se deja ver Que es pintar como querer; Y no fué león el pintor._

FÁBULA VII

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La Zorra y el Busto.

Dijo la Zorra al Busto, Después de olerlo: Tu cabeza es hermosa, Pero sin seso[25]. _Como éste hay muchos Que, aunque parecen hombres, Sólo son bustos._

FÁBULA VIII

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El Ratón de la corte y el del campo.

Un Ratón cortesano Convidó con un modo muy urbano Á un Ratón campesino. Dióle gordo tocino, Queso fresco de Holanda; Y una despensa llena de vianda Era su alojamiento; Pues no pudiera haber un aposento Tan magníficamente preparado, Aunque fuese en _Ratópolis_[26] buscado Con el mayor esmero, Para alojar á _Roepán_[27] _primero_. Sus sentidos allí se recreaban: Las paredes y techos adornaban, Entre mil ratonescas[28] golosinas, Salchichones, perniles y cecinas. Saltaban de placer, ¡oh qué embeleso! De pernil en pernil, de queso en queso. En esta situación tan lisonjera Llega la despensera: Oyen el ruido, corren, se agazapan, Pierden el tino; mas al fin se escapan Atropelladamente Por cierto pasadizo abierto á diente. --¡Esto tenemos[29]! dijo el campesino; Reniego yo del queso, del tocino, Y de quien busca gustos Entre los sobresaltos y los sustos. Volvióse á su campaña en el instante, Y estimó mucho más de allí adelante, Sin zozobra, temor, ni pesadumbres, Su casita de tierra y sus legumbres.

FÁBULA IX

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El Herrero y el Perro.

Un Herrero tenía Un Perro, que no hacía Sino comer, dormir y estarse echado. De la casa jamás tuvo cuidado; Levantábase sólo á mesa puesta: Entonces con gran fiesta Al dueño se acercaba, Con perrunas[30] caricias le halagaba, Mostrando de cariño mil excesos Por pillar las piltrafas y los huesos. --He llegado á notar, le dijo el amo Que aunque nunca te llamo, Á la mesa te llegas prontamente: En la fragua jamás te vi presente; Y yo me maravillo De que, no despertándote el martillo, Te desveles al ruido de mis dientes. Anda, anda, poltrón; no es bien que cuentes Que el amo, hecho un gañán y sin reposo, Te mantiene á lo conde muy ocioso. El Perro le responde: --¿Qué más tiene que yo cualquiera conde? Para no trabajar debo al destino Haber nacido perro y no pollino. --Pues, señor conde, fuera de mi casa; Verás en las demás lo que te pasa. En efecto salió á probar fortuna, Y las casas anduvo de una en una: Allí le hacen servir de centinela, Y que pase la noche toda en vela; Acá de lazarillo[31] y de danzante; Allá, dentro de un torno, á cada instante Asa la carne que comer no espera. Al cabo conoció de esta manera, _Que el destino, y no es cuento, Á todos nos cargó, como al jumento._

FÁBULA X

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La Zorra y la Cigüeña.

Una Zorra[32] se empeña En dar una comida á la Cigüeña. La convidó con tales expresiones, Que anunciaban sin duda provisiones De lo más excelente y exquisito. Acepta alegre, va con apetito; Pero encontró en la mesa solamente Jigote[33] claro sobre chata fuente. En vano á la comida picoteaba, Pues era para el guiso que miraba Inútil tenedor su largo pico. La Zorra con la lengua y el hocico Limpió tan bien su fuente, que pudiera Servir de fregatriz, si á Holanda[34] fuera. Mas, de allí á poco tiempo convidada De la Cigüeña, halla preparada Una redoma de jigote llena: Allí fué su aflicción, allí su pena. El hocico goloso al punto asoma Al cuello de la hidrópica[35] redoma: Mas en vano, pues era tan estrecho, Cual si por la Cigüeña fuese hecho. Envidiosa de ver que, á conveniencia, Chupaba la del pico[36] á su presencia. Vuelve, tienta, discurre, Huele, se desatina; en fin, se aburre. Marchó rabo entre piernas, tan corrida, Que ni aun tuvo siquiera la salida De decir: _Están verdes_, como antaño. _También hay para pícaros engaño._[37]

FÁBULA XI

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Las Moscas.

Á un panal de rica miel Dos mil Moscas acudieron, Que, por golosas, murieron Presas de patas en él. Otras[38] dentro de un pastel Enterró su golosina.

_Así, si bien se examina, Los humanos corazones Perecen en las prisiones Del vicio que los domina._

FÁBULA XII

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El Leopardo y las Monas.

No á pares, á docenas encontraba Las Monas[39] en Tetuán, cuando cazaba, Un Leopardo: apenas lo veían, Á los árboles todas se subían, Quedando del contrario tan seguras, Que pudiera decir: No están maduras[40]. El cazador astuto se hace el muerto Tan vivamente, que parece cierto; Hasta las viejas Monas[41], Alegres en el caso y juguetonas, Empiezan á saltar: la más osada Baja, arrímase al muerto de callada; Mira, huele, y aun tienta, Y grita muy contenta: «Llegad, que muerto está de todo punto, Tanto que empieza á oler el tal difunto». Bajan todas con bulla y algazara: Ya le tocan la cara, Ya le saltan encima; Aquella se le arrima, Y haciendo mimos á su lado queda; Otra se finge muerta, y lo remeda. Mas luego que las siente fatigadas De correr, de saltar y hacer monadas[42], Levántase ligero, Y más que nunca fiero, Pilla, mata, devora, de manera Que parecía la sangrienta fiera, Cubriendo con los muertos la campaña[43], Al Cid matando Moros en España. _Es el peor enemigo el que aparenta No poder causar daño; porque intenta, Inspirando confianza, Asegurar su golpe de venganza._

FÁBULA XIII

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El Ciervo en la fuente.

Un Ciervo se miraba En una hermosa cristalina fuente: Placentero admiraba Los enramados cuernos de su frente Pero, al ver sus delgadas largas piernas, Al alto cielo daba quejas tiernas. «¡Oh dioses! ¿á qué intento[44], Á esta fábrica hermosa de cabeza Construís su cimiento, Sin guardar proporción en la belleza? ¡Oh qué pesar! ¡oh qué dolor profundo, No haber gloria cumplida en este mundo! Hablando de esta suerte El Ciervo vió venir á un lebrel fiero. Por evitar su muerte Parte al espeso bosque muy ligero; Pero el cuerno retarda su salida Con una y otra rama entretejida. Mas libre del apuro Á duras penas, dijo con espanto: «Si me veo seguro, Pese á mis cuernos, fué por correr tanto. Lleve el diablo lo hermoso de mis cuernos; Haga mis feos pies[45] el cielo eternos». _Así frecuentemente_ _El hombre se deslumbra con lo hermoso:_ _Elige lo aparente,_ _Abrazando tal vez lo más dañoso;_ _Pero escarmiente ahora en tal cabeza_[46]. _El útil bien es la mejor belleza._

FÁBULA XIV

El León y la Zorra[47].

Un León, en otro tiempo poderoso, Ya viejo y achacoso, En vano perseguía hambriento y fiero Al mamón[48] becerrillo y al cordero, Que trepando por la áspera montaña Huían libremente de su saña. Afligido del hambre á par de muerte, Discurrió su remedio de esta suerte: Hace correr la voz de que se hallaba Enfermo en su palacio, y deseaba Ser de los animales visitado. Acudieron algunos de contado; Mas, como el grave mal que lo postraba Era una hambre voraz, tan sólo usaba La receta exquisita De engullirse al _Monsieur_[49] de la visita. Acércase la Zorra de callada, Y á la puerta asomada, Atisba muy de espacio La entrada de aquel cóncavo palacio. El León la divisó, y en el momento La dice:--Ven acá, pues que me siento En el último instante de mi vida: Visítame como otros, mi querida. --¿Cómo otros? ¡ah, Señor! he conocido Que entraron, sí, pero que no han salido. Mirad, mirad la huella, Bien claro lo dice ella; Y no es bien el entrar do[50] no se sale. _La prudente cautela mucho vale._

FÁBULA XV

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La Cierva y el Cervato.

Á una Cierva decía[51] Su tierno Cervatillo:--Madre mía, ¿Es posible que un perro solamente Al bosque te haga huir cobardemente, Siendo él mucho menor, menos pujante? ¿Por qué no has de ser tú más arrogante? --Todo es cierto, hijo mío; Y cuando así lo pienso, desafío Á mis solas á veinte perros juntos: Figúrome luchando, y que difuntos Dejo á los unos; que otros falleciendo, Pisándose las tripas, van huyendo En vano de la muerte; Y á todos venzo de gallarda suerte. Mas, si embebida en este pensamiento, Á un perro ladrar siento, Escapo más ligera que un venablo[52], Y mi victoria se la lleva el diablo. _Á quien no sea de ánimo esforzado,_ _No armarle de soldado;_ _Pues por más que, al mirarse la armadura,_ _Piense, en tiempo de paz, que su bravura_ _Herirá, matará cuanto acometa;_ _En oyendo en campaña la trompeta,_ _Hará lo que la corza_[53] _de la historia,_ _Mas que_[54] _el diablo se lleve la victoria._

FÁBULA XVI

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El Labrador y la Cigüeña.

Un Labrador miraba Con duelo su sembrado, Porque gansos y grullas De su trigo solían hacer pasto. Armó sin más tardanza Diestramente sus lazos, Y cayeron en ellos La Cigüeña[55], las grullas y los gansos. --Señor rústico[56], dijo La Cigüeña temblando, Quíteme las prisiones, Pues no merezco pena de culpados. La diosa Ceres sabe, Que lejos de hacer daño, Limpio de sabandijas, De culebras y víboras los campos. --Nada me satisface, Respondió el Hombre airado: Te hallé con delincuentes, Con ellos morirás entre mis manos. _La inocente Cigüeña Tuvo el fin desgraciado Que pueden prometerse Los buenos que se juntan con los malos._

FÁBULA XVII

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La Serpiente y la Lima.

En casa de un cerrajero[57] Entró la serpiente un día, Y la insensata mordía En una Lima de acero. Díjole la Lima[58]:--El mal, Necia, será para ti: ¿Cómo has de hacer mella en mí, Que hago polvos el metal? _Quien pretende, sin razón, Al más fuerte derribar, No consigue sino dar Coces contra el aguijón._

FÁBULA XVIII

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El Calvo y la Mosca.

Picaba impertinente En la espaciosa calva de un anciano Una Mosca insolente. Quiso matarla, levantó la mano, Tiró un cachete, pero fuese salva, Hiriendo el golpe la redonda calva. Con risa desmedida La mosca prorrumpió:--Calvo maldito[59], Si quitarme la vida Intentaste por un leve delito, ¿Á qué pena condenas á tu brazo, Bárbaro ejecutor de tal porrazo? --Al que obra con malicia, La respondió el varón[60] prudentemente, Rigurosa[61] justicia Debe dar el castigo conveniente; Y es bien ejercitarse la clemencia En el que peca por inadvertencia. Sabe, Mosca villana, Que coteja el agravio recibido La condición humana Según la mano de donde ha venido: _Que el grado de la ofensa á tanto asciende, Cuanto sea más vil aquel que ofende._

FÁBULA XIX

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Los dos Amigos y el Oso[62].

Á dos Amigos se aparece un Oso: El uno muy medroso, En las ramas de un árbol se asegura: El otro, abandonado á la ventura[63], Se finge muerto repentinamente. El Oso se le acerca lentamente; Mas como este animal, según se cuenta[64], De cadáveres nunca se alimenta, Sin ofenderle le registra y toca, Huélele las narices y la boca; No le siente el aliento, Ni el menor movimiento; Y así se fué diciendo sin recelo: «Éste tan muerto está como mi abuelo.» Entonces el cobarde, De su grande amistad haciendo alarde, Del árbol se desprende muy ligero, Corre, llega y abraza al compañero: Pondera la fortuna De haberle hallado sin lesión alguna; Y al fin le dice:--Sepas que he notado Que el Oso te decía algún recado. ¿Qué pudo ser?--Direte lo que ha sido[65]: Estas dos palabritas al oído: _Aparta tu amistad de la persona Que, si te ve en el riesgo, te abandona._

FÁBULA XX

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El Águila, la Gata y la Jabalina.

Un Águila anidó sobre una encina. Al pie criaba cierta Jabalina; Y era un hueco del tronco corpulento De una Gata y sus crías aposento. Esta gran marrullera Sube al nido del Águila altanera, Y con fingidas lágrimas la[66] dice: --¡Ay mísera de mí! ¡ay infelice! Éste sí que es trabajo: La vecina que habita el cuarto bajo, Como tú misma ves, el día pasa Hozando los cimientos de la casa: La arruinará; y en viendo la traidora Por tierra á nuestros hijos, los devora[67]. Después que dejó al Águila asustada, Á la cueva se baja de callada[68], Y dice á la cerdosa:--Buena amiga, Has de saber que el Águila enemiga, Cuando saques tus crías hacia el monte, Las ha de devorar: así disponte. La Gata, aparentando que temía, Se retiró á su cuarto, y no salía Sino de noche, que con maña astuta[69] Abastecía su pequeña gruta[70]. La Jabalina, con tan triste nueva, No salió de su cueva. La Águila[71] en el ramaje temerosa, Haciendo centinela no reposa. En fin, á ambas familias la hambre mata[72], Y de ellas hizo víveres la gata. _¡Jóvenes, ojo alerta, gran cuidado! Que un chismoso[73] en amigo disfrazado, Con capa de amistad cubre sus trazas, Y así causan el mal sus añagazas._

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