Felipe Trigo: vida, filosofía, moral, arte y estilo · Unidad 66 de 114

Unidad 66 · FELIPE TRIGO 163

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FELIPE TRIGO 163

near la concesión de libertades con la educación pertinente.

Libertad, pues, á la mujer, igual que al hombre. Consecuentemente: educación para la libertad á la mujer y... educación para la libertad al hombre mismo.

Esa es la posición total de Trigo, y el cimiento de todas sus reformas. Todos los demás problemas que señala, á éste se subordinan y de esta resolución dependen todos.

Así como el socialismo individualista habría de traer, según Trigo, la liberación del rico mismo, así la libertad de la mujer de qvie aquí se habla es efecto y causa á la vez de la liberación del hombre, esclavo de sus esclavas. Al liberarse el hombre liberará á la mujer, y al liberarla, se emancipará él mismo. Ábranse los libros de Trigo y se verá que, al enunciar el principio de libertad como remedio de los males, añade á renglón seguido: "¿Qué se opone á esta libertad?"; y lo que se opone son prejuicios, errores, de los hombres, no de la mujer; esclavitudes de los hombres: "Somos nosotros los que debemos reformarlas, ó, por mejor decir, no deformarlas." (Si sé por qué.)

Si el hombre fuera libre, lo sería igualmente la mujer, porque al hombre libre se le impondría entonces, con imperio avasallador, la necesidad de tener una igual por compañera. Para un hombre libre es insoportable, intolerable, la injusticia y la

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pobreza de no amar y de no fomentar en cada ser la misma expansión amplia que para nosotros deseamos. Si el hombre fuera libre sabría ya de sobra que el yo de cada uno se engrandece más cuanto más grandes son los otros; que, por tanto, rendir á una mujer es destrozar á una mujer y desmerecer lo que amamos.

Si los hombres fuéramos libres, dejaríamos de considerar á la mujer propiedad nuestra y haríamos depender nuestro honor de nuestras obras, no de que se abstengan de hacer ellas... lo mismo que con ellas estamos nosotros haciendo cada día .

Por la libertad, á la dignidad.

Por eso esta cuestión sexual no es simplemente un problema que se refiera al modo más ó menos práctico de entendernos con las mujeres, sino que es una cuestión de derechos humanos y de dignidad propia ante todo.

La cuestión sexual así transciende de sí misma, se hace cuestión de engrandecimiento humano. Ennoblecer á la mujer es ya, en último término, un soberbio lujo de hombre noble que quiere hacer grande cuanto toca.