Filosofía de la elocuencia · Capítulo real 5 de 9

PARTE SEGUNDA

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 11 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

PARTE SEGUNDA.

DEL ESTILO.

Antes de discurrir sobre los tres géneros del estilo oratorio^ trataremos de las calidades del estilo en general, que constituyen la segfonda parte . de la elocución ^ quales 43on9 mtkth claridad f natwralidadf facilidad f variedad, frfdriaUf decoro.

£1 estilo en general es aquel ayre ó forma c<m. qne el escritor ú orador declara sus pensamientos j y en esto se diferencian y Be reiraUn, como en la fi¿an<teí a^ las personas. Asi ▼anos que uno es fluido y xñro dut^j uño eo^ ^tft^ y '«tro^Í/iMo > • aqttei -ídan, ^f este obseuré^

M 2

Ice. Todo estilo debie ger corírect(yy puro> ptetíM, y nattiralj mas el oratorio pide elegaticiav grandeza^ y dignidad; EA el conjunto de todas estes calidades fíe cifra el talento y mérito d^ bnfert escritor.

El estilo, que es el alma en todos los géberos de eloqUencia, distingue al orador del filósofo y del historiador : porque, como dice un célebre autor, el filósofo debe sentir y pensar ; el historiador pintar y sentir; y el orador sentir^ pensar, y pintar. Al primero bástale el racio-i. cinio, las imágenes al segundo ; mas el tercero no puede alcanzar su fin sin los afectos.

Ño hay ya ^ilo solo para ser eloqüente ; se puede serlo en todos. No confiíndamos los estilos con los vicios del estilo, ni el estilo fundado en las reglas generales del arte con el caracte* rístico de cada autor ; ni tampoco las especies con hm géneros. Pueden muy bien tres óradoresy tres historiadores, tres filósofos, tener eada uno de ellos su diferente estilo, que fbrm<» mx carácter particular, y les haga dignotí de fttma y aplauso, porque no se desvian del ea^ mino de la perfección, aunque toman díforente» vendáis.

No quiero decir por eato que la daridad en la éxprefiion (ótíobl un estilo por sí, porque todo estilo delxs ser clavo; M. mismo modo que laefcwurídad, la afectación, la redundancia, tu»» poeo eonitítc^en estiba p«es toa vicios» y va

calidades. Estas se toman siempre en boe^<i parte y solo ellas d^n nomhre y clase 4 las especies de expresarse^ como estilo uerviosí^ florido f uenciUOf natural, correcto, vehemetiit. Las ^lidades opuestas no las de^n? ni cuenta el arte como prendas, sino como defectos* Asi^ pnes, no hay estilo lánguido» ni estéril» ni desaunado» ni afectado, ni incorrectci^ ni frió; los lanares no realzan la hermosura como e^ algunas mugeres ; son manchas q^e la deslus* tran y afean. Asi se suele decir» en recomf&ndacion del estilo de un autor: es sencillo sin óesaliño, conciso sin obscuriácki, elegante sin afectadonf en prueba de que se mirs^ como pmy expuesta, la virtud del esülo á ser manchada for algunas sombras. No ccocifundaino^ las» expresiones hinchadas y gigantesca con 1^ sublimidad; las cadencias demasiado sonors^ y cofnpasadas con la harmc^ia; kis equívocos», retruécanos» y paranomasi^vs con la gala d^ lenguage ; y la isasuave 6 d^slnaJ^4^ ^^ \^^ palabras con la sencillez y i^turalidad.

Coordinaeion oratoria* — fSn tod^ leomposicioA es im^ú i«|ostrar ^l disperso 4e los lectorea qmicIk^ co^i^ si est^s nq se le m^estcs^ eo% cierto orden. {)e e^^ nvodo» acQrdan4epo^ d^ I^ q)i« toemos eidq antes, empe;iainos ¿ imtvginar lo qiie oiremos d&^Hies ; y en^oaaes ni^^ ^titondimáeiita se complace» dig«tm>9sla ^\f 4^ sa. es(p90idad y p^n^apiíí^* 4 ^^ vi^^n gf^

16«

neral, necesario en qualquier género de estilo," añade la eloqüencia el orden y colocación de las palabras, llamada (oordinticion oratoria, de la qual saca la frase cierta energía, grandeza, y ayre de novedad, que no siempre se puede definir.

No es pequeño primor ordenarlas con tanto tino y artificio, que, siendo en su uso y significación comunes, se hagan singulares por su sola colocación. Del lenguage ordinario al oratorio & veces consiste toda la diferencia en esta corta alteración gramatical, que, sin quebrantar la sintaxis, da tanto valor y espíritu á la expresión.

Nadie podrá creer el diferente valor de un térínino colocado en este, 6 en el otro lugar* dé la frase. Esta feliz alteración comunica & la sentencia cierta viveza, cierto énfasis, que no nace de la propiedad, ni de la fuerza de las palabras, sino del lugar que ocupan. * En todas las lenguas el orden de las palabras sigile el orden natural de las ideas, en unas con mas rigor^ y en otras con menosj como efectos de su diferente índole. Este orden natural, íúuy apreciable para la claridad y sencillez en las materias didácticas, observado con exacta uniformidad, forma un estilo lánguido, frío, y atado. Mas la eloqüencia, que puede sin quebrantar las regl&s de la gramática, y de la lógica, trocar ó interrumpir el curso de los ' conceptos.

Mt^Ia oración de ra paso llano y ordinario» y la da otro sentido y enerva solo con la trasposición de las palabras. : Esta es la que da forma oratoria ál estilo coman ó natural \ y esta transformación se obra sin quitar ni añadir á la sentencia una palabra, ni cambiarla con otra mas ilustre ni magnífica.

Para ver el distinto efecto que hace el orden natural, ó el artificial ó inverso en la oración pondremos algunos exemplos, y sea el primero este por un orden sencillo : has primeras oMú gacionesdel hombre son justicia y verdad ; y sus primeras afecciones humanidad y patria. Orden inverso para la forma oratoria : Justicia y verdad son las primeras obliyaciones del hombre ; huma" nidad y patriay sus primeras afecciones. ¿ Quan dL^inta fíierza y energía reciben las palabras justicia y verdad^ puestas aqui en un modo demonstrativo, y coipq, emblemático á la cabeza de la frase ! Sea el segundo exemplo de la impresión que puede cansar colocada en un lugar señalado de la frase, la siguiente: Romanos I Qué fuerza no tuvo esta palabra en boca de Cesar! apaciguó una fe^úm.— Dígase por un orden común y natural : Qué fuerza no tuvo en boca de Cesar esta palabra : Romanos I que apa* €iyu6 una kyion!

Hay ciertas palabras que tienen en su significación una particular fuerza» y que por esta misma, razón deben ocupar en el petiodo ua

qaa . Cly teniMstra ijiríge & Agamemnom k^ ¿ice df 6sJta manera : £íte ^ d» repMm mUH tiíf^ihle; la sahtrbia de tener r«máe répñ$ que Ir »i$rven y té temen. ; todos loe ^derechm delimpm^ mm^adas en tus manosr ^^^^ f A efiios déosee M-. crificas ! La palabra cruel está piiesta de tol Modo en «u debido lugar para el e&eto, qiie perdería sn valor en otro qualíq^n* £1 áoiilUI. movido 4^ indignacíofi, de horrer, de eelw» d^- despecho, 6 de otra qualqaíjBrai pMion, se fiaba fliqíoQer agitado y combatido de afectos opuesta* qoe mudaa k cada iostaote el orden 4^ los f^ñiT sami»it<|B y de las palabras* Los oradores y escvitores hábiles, para imitj|.r estes moviiiueotoa ds la naturaleza, se sirven de ^a artificíos«a trasj^icion, llamada hjjpérhatm por los retór ríeos. Y con verdad se puede flecir^ q^ jamaa sube el arte á mas alto grado de pepfeecion cq^ mo guando se equivoca con la naturaleza» O I túf ^yas lágrÍTuas ablandaron la dmrtza de este Aeaefto eorazon vUol decia uns^ boiiada don?» eeUa á su infiel amante* Toda la ternura 4^ esta e]|clamacion está en el pronombre m$o coa q«ie eoncluye. Hiibi^ido dicha de fatáan^^te» eorfttda, no habría hlandura,t ni moción, porque aquel mió en el final encierra gran enlasia ep boea del éaeilo de aquél ooraaoa, cqma si dbz^ramoS) ua recuerdo amargo, un dulce av« repénümieite, y un i^otivo de eenoipwioa die 4».

p0uL que pa4e«i4. CerVaiiCes la hizo hablar 4pi, BO ísahemos «i por ertodio, si por instinto. •

Otr^ veces no > síb ^oausa menos efecto po« qí^ikIo 1H14 suspensión aonqne seva momentánea» ]Mra cambisur §1 ofá^ lógico en los miembros 4sl diseorse» ^xemplo del orden natural : Lot gt^udfs hm^^^ y afiMes pueden gozar de loe d^lííurw d$ fA amktad, que $on d mayor bien de k^iHda kpmma.'^réen oratorio : Lo» grande$: hméfioo$ y afi§bk$ puteen gozar del mayor bien de la vida humana ; ^...de lae dvlzurae de la mirtad, Aquí vemos también una especie de Wtwta^ion previniendo el ánimo del oyente ^tes df declararle el objeto á que se dirige el p^usamiento» qne es la amistad* Concluiremos CM otro f9x#mplo de iuYersion artificiosa. Diom ppr.el orden natmal : Vemi>s aqueüos eober^ has CalífaSf cobardes succesores de Mahomap tmhkr en media de. su ^ra9i€Íeza.-*Orden oratoria: V^oe oéjuettes eobardes succesores de Ma* hmaf eíquelhs soberbm CaH/as, temblar en tite- 4i»desu granfkza*

Jk M .<^riéad*'^féi es cosa reprehensible m 1m fdrsopas de autoridad aqu^Ua demasía y (MiídMlí^ide hnblar mas obscuro que eü comnn wd^ 4e es|>liearse los hombse^ ^e buena n^ zw; tfambien d^rá reprobarse, en los mismo» omdMeá; Fwo tampoco han de ser semejantes estos á los discipulos de Isócrates^ que envega* cisa fin las escuelas^ de los quale» solía decir

Catón el viejo : que la eloqüencia que .apren* dian era para servirse de ella en el otro mimdo*

En todas las cosas se ha de guardar una mediania ; y en las obras del ingenio, como en las del arte muchas veces daña la demasiada diligencia. De esto es buen exemplo aquella gloria que Apeles se atribuyó, quando, admirando y engrandeciendo cierta obra que Protógenes habia : hecho con mucho esmero, dixo : Paréceme qne en todo somos iguales ; bien que ¡fo todavía h hago ventaja^ porque él, nunca sabe levantar las manos de la obra. Calimaco» pintor y escultor famoso, obscurecia gran parte de la gracia en sus obras con el estremado cuidado que en ellas ponia ; y asi decian de él comunmente ; que él mismo era su reprehensor y cahimnwdor, pues no sabía quando podía dark» por acabadas.

La verdadera eloqüenda reprueba las locuciones afectadas que enervan y confíinden el estilo, y las sentenciaB enmarañadas y obscnrai^ que aparentan gran significación, y nada dicea* Las frases no han de ser revueltas ni forzadas, sino llanas, abiertas, y corrientes, que no hagan dificultosa su inteligencia. ^ Con esta claridad suave y fácil, y con esta tersura, acompañada de la fuerza de las imágenes y afectos, relace mas la hermosura y grandeza de la elocí^ cion.

Los vicios contra Ja claridad del estilo aoa

ráríos/ y prol^eden de diferentes csusas. Hay algunos escritores que, tjiieriendo parecer pro« fondos, se haceii obscuros, no presentando é la razón un sentido perceptible. En este vicio ciien todo^ aquellos que entran á tratar de la materia que no entienden, cuya expresión es siempre obscura ; porque ninguno puede manifestar clara, limpia, y distintamente sino la idea que concibe con claridad, limpieza, y distinción. Por esto vemos en las composiciones de los jóvenes retóricos tanta coniíision y obscuridad en medio de tanta vaciedad declamatoria. Y ¿ c^mo es posible que escriban bien los que to han tenido tiempo aun para aprender á discurrir ?

Otros hay que^ buscando la brillantez, caen én la obscuridad, quando expresan con términos demasiado figurados y exquisitos lo que solo pide natural simplicidad. Asi acontece á los qae, sin haber estudiado los buenos dechados de elocución, ni analizado el gusto puro y natural, pretenden distinguirse por un estilo relum-* brante, y se deslumhran á si mismos, porque es muy consiguiente que juzguen del mérito de su Composición por el trabaxo que les ha costado. ' Otros, en fin^ por afectar brevedad, se hacen obscuros. En este vicio caen los conceptistas' que toman lo misterioso por lo conciso, truncando los ligamentos del cuerpo de la oración, y ha-- ^endo de cada trozo un miembro separado.

I7í

Tal es la maestra de este amartillado estiló en un discurso moral de Jacinto Polo de Medina^ . ingenio murciano : En hs delitas imparta ca$ti^ yar el primero. No quiere castigar á mttekaa quien á uno castiga. Delinqüentes busca el qm mi primero perdona. Una severidad es piedad para todos. El miedo es castigo de na hacer cul^ pas. Mefor es tener á los hombres buetios que en* mendarlos. De este vicio, que cundió mucho entre nuestros escritores morales del siglo décimo séptimo, adolecen los franceses de estos últimos tiempos, en cujas composiciones parece que lee^ mos el sumario de un libro según la estrechez y rompimiento de sus periodos. La impaciencisi y ferocidad del mando militar habrá acaso comunicado su dureza á las letras.

' Una de las calidades del estilo oratorip en general es la perspicuidad, aquella expresioi^ limpia, despejada, y luminosa, que hace YÍsiblea nuestras ideas al mayor número de los oyentp^ q lectores. Esta calidad consiste en disponer de tal modo los conceptos que concurren & prol^ar una yerdad, ó esclarecer una proposición, que $e hagan, si es posible, comprehensibles 4 |oflQ9« Por esto el orador allanara el camino en loa asuntos de suyo arduos y profundos^ formando, como si dixesemos, un canal de comunicacicn entre sus pensamientos, y la capacidad de sn auditorio : porque toda idea muy nueva 6 nuiy

17S

Iparegmn^ es obmo la eaña que nó puede kenriw por Chullo*

No basta que las ideas sean claras y grandes» & la expresión que debe manifestarias no es des^ pijada y enérgica. Y eotno las palabras son inságenes dennestros conceptos» estos serán obscuros ñéüdolo aqudlasy es decir, siempre que su signi» ficaooQ no sea ajustada ti obgeto, ó que por su extensión pueda acomodarse á otros. De esta inexáctitÉd nacen otros vicios^ qnales son» ya el sentido ambiguo^ ya el equivoco de Igs términos ; y como lo equivoco de estos se comunica á la idea» la obscmece y desfigura.

Y aunque la obscnridad que procede de \ñá eosM y de la doctrina, puede en algunas ocs^ ñones dar gravedad al asunto ; no debe obscurecerse mas con las palabras, pues basta la <jtificoltad de las cosas. Y asi la claridad que nace de hm palabras, y de su textura y ligazón, debe •er sa^ta, libre, y luciente y no forzada, no á»- psra, y despedazada, ni intríBcada* Por tamto driben huirse las voces peregrinas/ las obscurast hs muy nuevas, las desusadas, las muy antiguas, . como lo tratarésnos mas adelante^ y las de sentidoB dudosos que Uannunos ambig^nas* De dos «ansas pues, probede la ambigüedad de la sentaneia ; ó de la mala elección de las palabras; 6 4e su mala colocación.

No solo por extremada breveéad se bacen «bsearos ka ccmceptos, mas también pev les dtfaaoB rodeos de tetemos mwa^tooos y mu^

feímei qve üntígan y derraman ki atención déí i^eüte^ de manera que las ideas «e pveseBtaa menos claras y vivas al entendimiento^ y es muy débil su impresionen el á¿imfO.' No por Otra eausa se pide á un escritor variedad en el estilo, y ligereza y rapidez en la frase; Por el mismo motivo se le exige también; precisión en el estilo, porque la expresión ma» corta, siendo «propia, es siempre la mas clara ; y todo aqueHo^^que se le añade, perjudica á la energía y solid)&z.

¿ Porqué, pues, se exige en toda composidon pureza, corrección, naturalidad, facilidad > y sencillez, sino porque estos requisitos conspiran todos á la claridad ? Y ¿ por que, los escritores que {Mxiducen sus conceptos con vivísimas imá^* genes gustan tanto, sino porque haciéndolos mas perceptibles, los hacen mas claros ? . En fin, este espíritu de claridad y de perspicuidad no es sino el talento de saber acercar Itt ideas unas á otras, de enlazar las mas cmiocidas con las que lo son menos, y de representaría con las expresiones mas adequadas y pre>-

cisas.

De la naturalidad. — £1 estilo natural nos encanta, y con mucha razón, porque, como dice cierto filósofo, esperamos hallar un autor, y hallamos un hombre. Pierde gran parte de t% mérito la expresión mas expléudid^ quando en ella se descubre el eludió, porque el esmero nos manifiesta que ai escritor le ocupa mas él deseo de su aplauso que el asunto que trata. Y

como toda afeetMÍan en el decir dafia tambiea á la exfire$ion del sentir, necesariamente ha dé padecer la Yeirdad.

Para conocer si el estilo tiene aquella preciosa aatumlidady que sude por esto ser tan rara, pongámonos primeramente en el lugar del autor ; y suponiendo que hubiésemos de declarar el inismo pensamiento, probemos si sin esfuerzo oi esmero lo expresariamos del mismo modo* Una persona Tulgar, teniendo que producir uñ afecto noUe, se expresara con un adorno estudiado, porque solo un ánimo grande halla dentro de si los sentimientos sublimes. Esta es la cansá^ como hemos dicho en otra parte, por que los rasgos verdaderamente eloqüentes son los- mas fiM^iles de traducir de una lengua á otra, por que la grandeza de un pensamiento subsiste Ñempre de qualquier modo que se presente, y no hay lengua que se niegue á laex* presión natural de los afectos sublimes.

A veces en medio de una cierta desigualdad y desorden del estilo ^ se caen de la pluma del escritor algunos conceptos magníficos que, saeUos y separados de este modo, reciben mayor fariUo y realce. Asi sucede que, quando á una expcesion sencilla se junta un pensamiento iablime, nos admira mas el orador, porque es teafaiiente grande sin parecerlo.

Conviene aqm que distingamos la naturalidad de .la sendüez. Lo sencillo nace del asunto, y

pwr €6Ésifttienle nnce sift Mfoehio} faei lo mspmi ftblo el afecto^ y no T«t rsñeíAms. Ám podremos decir qae todo peniNiÉritiiito Beaeiltp es mOxa^i mm no tódoel que es Hot«MÍ es Mfiieillo. Bfite és el ffie meñM áhhé ú iüte^ f así no poede stígetatsi^ i n?g^; Y amMfm lo fiotund pertenece' también al aranta^^ no m Aesf^ cnbn» vmo eoñl^ reflévkitir ^ mI»> se opone' á lo afectado. Por esko la putei» ée oarte estíb ooniiena los eifuívocos) 1m retniéoaaofv l^a porl»- ifemástas/ las paradojas, los aatítesia^ todoé los eoticéptoS' j agudeaas ínfeniosaBí y qnluito hace vMeticia.& la liatiiraletia y á 1» raxon.

La simplicáifed, que en propia del ertüo' inr<« fimo, piMs pone delante de lo9 ojo» lo que te irata^ sn» cansa» ni cirenstanotas^ díflbfe de \á paréala^ qae viene á ser desmidéz qaalido nO' áe mescl» en eMa ornato alguno. Esta es moy^ eottinh & la íbnna y estíU^ pero no kici de Mf continuadav- porqo» algunas veces pafeii%'tnd:)aw jado; y oonipüestliv !La diecion pura' e» dwérsa d^ la pvtfpiay porqne kt propiedad' debe rata» tfiempre eA^ todas pwtesx La orecioii pQt« es eil> dos aiánef as ; 6 Mda propia y sin ífoft sir halle e* ella algnim? cosa peregrina' j é todrf Utapia)' y ski <pse se descnbra y halle «ik> elhs alguMufeaidad*. La pere|^aa es eo dos. nrado» t ya en las palabras quoodo uno gtaama Ó latáttim eiireáatattaBOf jimT en 1% coiitex*ara y tnhAsfoá dto-lito^alioiB.

Oe h fgcilidmi.^'íio basta que el estilo «ee fÚ$ro, puro, y natural ; debe también ser ik&üf es decir, que no .descubra trabase j deteftida lima« Entre las principales giradas de Cioeroa se ciienta la facilidad de su estilo, donde, si alfvaa vez se trasluce algún estudio es ^ la ceJecacioii de las palabras para componer la harmonia. Ea la manera de hablar de los prínopes se tiene por gran virtud la facilidad, y que .sea desnuda de toda afectación. Por tanto d^ben buirse las palabras peregrinas, las obscunui^laamuy nuevas, las envejecidas, y las de sentido ambiguto, como hemos dicho ya hablando de la cjaridad.

No porque sea reprehensible la obscuridad y diurezsk, ha de descendí la oración 4 tanta facilidad que picírda los números y la dígnklad eoBveniente« * En esta flaqueza caen algunos que jHensan acabar una glande baaaña quando ea* cribeii de la. macera que hablan ; como si no fuera diferente el descuido y llaneza que admite la oenvers^ioQ ccown, de la atención que pide el artificio y diligencia d^ escritor* A este pro^' pMÍto dixo oportunamente Gicer<Mi en su tra^ taift dci orador : Umm ¡0§ikndi Pc/mlo cms^ii «cMititid» mUú reservuvú No.ee oondener tü ftcJGdndi sino U afsctaaion; porqwe singular THitud «s ¿k deliro libre y claix), iin easwar al olftnie eao. dureza y obsouridadL Y lu^fet puede Mgar ^e regala mnche al eeátiéo el ver ^fm.

.nbgrunas ligadaras ó yinQulo9 iiapiden al pensamiento que se descubra f[:oii .delgadez» y facUi'^ dad. Mas también ¿ qui^a no conocerá el poco espíritu y vigor, la. humildad, y baxeza en que cae el que lo consigue ? Y quien podrá oír sin molestia y disgusto palabras desnudas de grandeza y autoridad quando importa representarla ? Hay muy desigual diferencia de escribir de modo que la oración f^erze á la materia, á que la ma* teria fuerze.á la oración» Y en esto se conoce

. la distancia que . hay de unos escritores á otros ; porque la lengua^ los peqsamientos, y las mismas fígurasque ilustran la oración y la vuelven

. expléndida y genero^ .no siempre siguen á la destreza» y felicidad de la composición»

£1 principal cuidado del orador ha de<ser que claramente y. á su tiempo exprima los conce^ptos y movimientos de su ánimo : lo qual tanto será ^él mas de alabar, quaiuto menos deseo y cui-

. dado nuMtráre de quererlo hacer. No pretendo con^ esto qi ^1 que se dedica al arte de bien decir

.aquella negligencia y desaliño que toca en

^ familiar j ni aquella demasía y cuidado en pulir y- retocar la oración, para hablar algo mas .obscuro que los^ demás, sin dexar nunca satis-

-fechO'SU deseo.^

- JDe4a variedad. — ^No es menos necesaria la

variedad en la expresión que la precisión

J3^ claridad^ para no fastidiar la. atención del

jojfntev .Los hombre gustan de ser. con-

mOTidos : asi todes solicitan obgpetos nuevos que les exciten diferentes sensaciones. Hasta el perezoso n»gfo se ti^ide á la orilla de un arroyo para divertir y entretener su ánimo con la vista del curso de las ondas ; y la continua inquietud de la agitada llama nos hace apetecer la lumbre de Ja chimenea, que nos sirve de compañía.

No bajsta que una composición sea nueva en la traza ; debe serlo, si es posible, en todas sus partes. El lector quisiera sentir en cada cláusula, en cada periodo, en cada linea, en cada palabra, una nueva impresión, porque es cosa experimentada que la elegancia, la corrección, y la misma harmonia Ueg^ á cansar, si no se mudan las imágenes, 6 las ideas, con las expresiones.

Si la parte de una pintura que se nos descubre, fuese semejante á la que acabamos de ver ; este obgeto sería realmente nuevo sin ser diferente, ocuparía la vista sin deleytaria: porque toda hermosura, asi del arte como de la naturaleza, no és bella sino por el placer que nos causa, y por esta razón es necesario que sea varíada, excitando en cada nuevo aspecto una nueva afección, y eñ ella un nuevo deleyte. Por esto los que quieren ensatar delejTtando, modifican lo mas que pueden el tenor i|iempre nnifon)(ie de la instrucción.

Se- hace insoportable toda larga uniformidad^ «si al' sentido de la vista, como itl ddi oido.

N 2

La repeticiotí de la misma palabra en un cortó espacio del discurso, el mismo orden y círculo de pei4odos mucho tiempo continuado, cansan en qualqniera composición, del modo qne lot nümeros y cadencias repetidas en poesía. Igual efecto experimentaría el que caminase una jornada entera entre dos filas rectas de álamos, rendido su espíritu de tristeza y fatiga ; al contrario de otro que atraviesa elevadas^ sierras, j torcidas sendas, embelesado entre aquella variedad deliciosa de situaciones y puntos de vista que encantan al caminante*

Hay, sin embargo, estilos que parecen variados, y no lo son ; y iftros que lo son, y no lo parecen. £1 estilo matizado de florecitas y conceptillos, bordado de menudas sutilezas^ énfasis y antitesis delicados como una tela de aljófares, obscurece el discurso por su misma confusión* Comparémosle á un edificio de orden gótico que por la variedad, y enredo de sus laborcitas y pequenez de sus adornos, es un encanto á la contemplación, y un enigma á los ojos. Al contrario, el estilo texido de fraaes claras, períodos llenos, términos nobles y sencillos^ magníficas transiciones, y grandes imágenes, deleyta á los hombres de todos los siglos. £ste estilo, por no salir del mismo término de comparación, es como el de la arqnitectura ^ega, que parece uniforme y tiene las divisio^ tfes necesarias, y grandes partes que seSalan

precisameiite lo que podemos ver sin fatiga, y lo que basta para ocuparnos el áoimo. A los grandes cuerpos corresponden necesapiamente grandes miembros : los gigantes tienen grandes brazos, los cedros grandes ramos, y los Alpes se forman de grandes montañas. £1 estilp noble en los obgetos magníficos debe tener pocas divisiones, pero grandes, y en estos ¿mbitos campea la magestad oratoria.

Acontece otras veces á algunos escritores que, pretendiendo hacer variado el estilo por medio de contraposiciones, le dan con esta artificiosa simetría una uniformidad viciosa. Algunos creen á fuerza de situaciones contrastadas animar lo lánguido y frío de una composición, disponiendo el principio de cada frase en opo* sicion con el fin : defecto muy común en los autores de la baxa latinidad, como entre los nuestros en los reynados de Felipe Quarto y Carlos Segundo. Ademas de no ser natural o^te estilo, hallamos en él tan poca variedad, que asi que vemos una parte de la frase, adivinamos luego la otra que sigue. Verdad es que haUaunos palabras opuestas; pero opuestas de una misma manera ; vemos una contraposición en las frases, mas siempre de un mismo color y forma, que es la mas molesta uniformidad. Tampoco está la variedad en inventar expresiones nuevas, sino en usar con mucho tino y gusto de las mas nobles y pulidas, varís^dg coíi

gran arte y maestría los modos, los líg^menfoVf y las transiciones de las frases y sentencias.

De la Precisión. — La precisión en el estilo es hija de la exactitud y claridad de nnesttos conceptos ; descarga de impertinentes acciden^ tes al discurso, separa las cosas verdaderamente distintas, y evita la confusión que nace de la mezcla de las ideas. Es por consiguiente una prenda de gran valor en todo género de es*- crítos.

La precisión en las ideas da fuerza y espíritu hasta al lenguage común y ordinario, y le comunica cierta grandeza; pues, qnanto mas simples y sensibles son las verdades, requieren mas precisión. Digalo la geometría que por ser la ciencia mas cierta y clara, pide la mas rig^- rosa exactitud. Pero es necesario, para no confundir la precisión con la concisión, que digtingfamo8 estas dos calidades.

De la Concisión. — La concisión pertenece á la expresión, asi como la precisión á las ideas : desecha las palabras superfinas, condena los circunloquios inútiles, y emplea siempre los términos mas propios y significativos. Podemos añadir que, asi como el obgeto de la pre-* cisión es la cosa que se dice, el de la concisión as el modo con que se dice. La primera simplifica ai concepto, y la segnnda abrevia su expresión.

La 4;oneÍ8Íon debe reynar en las definicio:-

Res, en la argumentacioo^ en las sentencias, en las breyes narraciones^ 8cc. ; porque lo cíj/te^o. es tan opuesto i lo conciso como lo prolixo á lo preciso, y lo extenso á lo sucinto. Y para dar una breve idea de * estas tres diferentes calidades^ podremos decir: que á lo preciso nada se le puede añadir que no le haga prolixo, y á lo stidnio nada quitársele sin que quede obscuro j mas lo conciso^ siempre que se le cercene, quedará obscuro^ 6 difuso si se le añade.

En hermosa lenidad de frases, sean las voces, no las muchas, sino las mas significativas, las que formen frases de vigoroso espíritu, que den nervio á la sentencia. Grande primor será si estas tienen con la gracia de breves el mérito de claras, en cuya fecundidad oculta se dig.a mas de lo que se <Uce, á manera de quien» mirando por estrecho reiK|UÍcio, ve dilatado campo; y á semejanza de aquel artífice. que, dibuxando un dedo en reducida lámina., nos fixó en la imaginación todo un gigante, haUando en ella lo que no hay.'

£s gran primor del escritor saber reducir en un limitado espacio cosas que otro necesita extender en una prdixa oi^aciout El que sabe ser conciso presenta solo lo^incipal:delx)bgeto, ccmho, hacían acertadamente los antiguos, . que daban dentro del circulo de una meddUa todo nn.Ce^ar, retratando- «9I0: la'< cabéad,- |H)rq<lé la

medica 4^ los varones g*mnd«8 se toma de hom-* bros arriba.

Del estilo breve y concisa usabai lo» oatóicos, porque encierra espiritu saatancioBO : y asi Justo Lypsio en la vida de Séneca \m coiñf* para á los que usabaa en la pelea de pofiale» para asegurar mejor las heridas. De la breve* dad de Phocion en- hablar» se maravUlabaa todos ; por lo qual Polieneto decia : que D^ móstenes era gran retóricoj pero Phocion gra* visimoy porque en muy breves palabras oon* prehendia muy grandes sentencias. Y el niismp Démostenos, despreciando á todoa loa demás» acostumbraba decir, en leTaoiaiidost á orar y razonar Phocion : yá gekvanta elciéckiih de mis palabras.

Con pocas palabras se «laniíiesta la graii«> des(a del ánimo. Hablar poco y decir mocbo es decir nvas de lo que se habla ; y decir mas ide lo que se hab]^ es vaLentía. y exceleuoia del entendinodeiito. Pava conooer á alguno, le dix« el Sabio que hablase. Menester es que hable el discreto para que le conozcan ; pero su tíemp» es menester para hablar. £1 que habla mu^ho, aunque hable bien, será hablador; y ea di&- cultoso que hable bien si habla mdicho.

Hablar poco, y a) mismo tiempo claro y agradable, con gi*au peso y BMgestad de wh^ tencias, es lo mas dificultoso.; y estas oabéades y ^ir^uiji^s se hallan e» Julio Cesan. Homero

ÍS5

dioe que M QBeláo fué dulce en ú decir, y qué hablaba poco : que la brevedad en los prínoipe6» c^ítanM, y magistradkiB es alabada. OctaTio César «pHiiido tenia que hablar al senadoi ó al pueblo» ó al exército, nunca lo hacia sino de pensado» y muy en orden para no hablar mas ni nsenos de lo que tenia determinado. Este breredad fttvorecia mucho á Pisistrato ateniense para alcanzar gracia con sus ciudadanos ; y aun dicen que por ella alcanaó el imperio de todos kw griegos.

Solo los Lacedepionios son loados de este nsaneva de hablar enfático y agudo, y princi** pálmente su rey Agesiláo, que á veces deoia de repente dichos breves» muy giistosos, y apare^ jaldos á mover los ánimos de los oyentes á lo cpie pretendía. Este estilo se adapte bien á la sátira» al donayre» y al gracejo. Lyeurgo quiso que los muchachos de Lacedemonia se exerdt^sen en este manera de hablar» para que se ensañaseii á la burla innocente» y supiesen rechazar las pullas. Demóstenes en sus dichos fué mas urbano que agudo» en lo qual» á dicho de muchos» tavo Cicerón exceso : asi vinieron á ser censurados los dos mayores oradores» el uno de corto» y ei <»tro de largo.

Féro ¿ cómo hablará oon concisión el que ígntta el uso de la lengua en que habla ? Es neeesario que conosca toda su riqueaa, todas las feraníaB de su Índole» sus licencias gfamafti-

calesf y toda la propiedad de las palabras y sus diferentes sentidos y usos. Por esto las mugeres y muchachos son tan difusos en su locución ; y por esto, los mismos hombres^ qoanto mas legeos y rodos, son mas yerbesos y redundantiss. Asi vemos que los mismos artistas son intolerables por su difusión y pesadez, quando escriben, de su arte, si no les gnian la pluma las buenas Irtras 6 la filosofía.

En efecto, el que no conoce la riqueza de sa propio idioma ¿ cómo sabrá abreviar, cercenar lo que sobra, ni suplir lo que falta en la declaración de un pensamiento ? £1 que ignore la propiedad de las voces ¿ cómo sabrá escoger la mas enérgica y expresiva ? Si ignora, la Índole dh la lengua ¿ cómo conocerá el orden y la inversión de las palabras, y la ñierza eliptica en la frase, para reducirla á la menor exl^resion sin quitarle nada de lo esencial para su inteligencia ? Si no conoce las licencias y anomalías gpramaticales ¿ sabrá, por ventura, como, quando, y hasta donde se pueden suprimir, ya el verbo, ya el articulo, ya la conjunción, ya el pronombre, ya el adverbio ?

Sea ccMno fuere, para escribir con precisión, es necesario pensar como filósofo, y exponer como g¿<Mnetra : para hablar con concisión, es necesario mucho exercicio antes de fiar á la pluma sus conceptos. Asi vemos que en las plrimeras producciones suele ser mas. redundante

;^ débil el estilo que en tas (íltimag, cómo se ex* perímenta en los jóvenes. £1 qne usa del estilo conciso, conoce el difuso ; y por esto lo evita, para Iraír de la redundancia. El ignorante está mas expuesto á caer en la expresión difusa, porque nunca está seguro si lo que dice es todo lo que debe decir para darse á entender.

Por otra parte no se puede escribir con concisión sin que haga el entendimiento un grande esfuerzo ; porque, al mismo tiempo que extendemos nuestros conceptos en el ps^l, reducimos y castigamos el tropel de palabras que se nos representan arreatadas, digámoslo asi, á nuestra imaginación « Asi acontece que en los borradores de toda composición casi siempre es mas lo que se quita que lo qne se añade á las frases, pare dexar hermosa y fluida la brevedad del decir.

Ninguna lengua de las vulg^es me parece tan sndta y libre para acomodarse al estilo conciso como la castellana, y por consiguiente tan adaptable su frase para seguir é imitar la brever dad y rapidez de la latina. Sin embargo, son pocos los escritores nuestros que se han abierto tm camino en esta manera de componer, fuera de Mariana, Mendoza, Antonio Pérez» y Saavedra : no hablo de los senequistas de los reyna^ dos de Felipe lY* y Carlos II., que, por hacerse cortos, cortaban el curso natural de la oración ; por hacerse brevesi se hacian obscuros ; y por

ostentarse senteaciosos» encerraban en un pro» fundo retiro la discreción» dexandosa atrás á los geroglifícos egipcios.

De quantas manera^ se puede copcitiar la concisión cou la claridad de la idea, y con la libertad gramatical de nuestra lengua, sobran* nos á cada paso exemplos* Con esta especie de sequedad y parsimonia de voces se dá siempre á la narración un ayre de gravedad y de grandeza, que apenas se distingue si son las cesas 6 las palabras las que aparecen graves y grandes. Hablando del exército de los Cbristianos antes de darse la famosa batalla de las Navas, dice un historiador ; ResolvieraH buscar ^l enemigo :. üegó el exército ul pie de Sierra^ MoreiM : falto el forrage : memgmíee el batti^ mente. La fragosidad neg^ika el paso; elkam^ bre no permitía la permanencia ; la r^irntadou no concedía la retirada : impostinlitadee total' mente de volver^ de estar, ni proseguir.

Hablando de D. Alvaro de Luna, píntalo coii ^ta brev« concisión el P. Mariana: JEra de ingenio viwPf g de juicio agudo ; su aslueia y dMmula4íiion grande; el atre^mii«níOf soberbia, g ambicioaf no menores. E2n las dos últimas olansulas se omite el verbo recto ser, pues pa* diendo decir su disimulacum era grande» y su soberbia y ambición no eran menores, no lo quiso decir» y aún omitió el articulo ¿a en los nombres soberbia y ambición» De la misma concisÍMi

119a en el retrato que hace del rey D: Alfonso el Magno, qoamlo dice: Era alto de cuerpo^ de mmf buen rostro y apostara : la suavidadde sus costumbres mm¡f ffíunde : su clememciay su wder, su mansedumbre^ sin par. No solo vuelve & suprimir aquí el verbo ser^ mas también omite la conjunción y entre valor y mansedumbre* Pondremos^ entre innumerables que omitimos, esta otra muestra de la concisión ¿ que se presta la libertad de nuestra lengua en una oración distribuida en quatro miembros: Si era auimosOf decían que era ob'o Julio Cesar ; si virtuoso^ que otro Oetaviano ; si veráXy qu/e airo Trajano : si sufridoy que otro Vespasiana» En los tres últimos miembros se omite en cada uno la repetición de si era y de decían era.

£s de tanto uso la figura elipsis en los modismas de la lengfua castellana, que parece que solo en eUa se puede fahar á la gramática sin dañar al concepto ni á la claridad : anda la oración, y no tiene pies muchas veces : habla y es muda. Ya hemos visto como se omiten loft verbos, y lo veremos mejor en e^ta opción : Bi encuentra ricos, se muestra avaro; si pobres^ ambieíoso. Bn el segundo miembro se caUa el verbo enconírarf y mostrar.

Hablando de un soldado muy nombrado por su valor, dice un escritor : Hizo lo que nunca, noher las espaldas. En esta oración se saltan des cl&QSttlas, por no debilitar la frase con esta

extensión gramatical : Hizo lo que nanea hahim hechof quefne volver las espaldas.

El estilo sentencioso pide para majrar grave*» dad y aotoridad esta estructura suelta y cortada ; y es cosa rara que, quanto menos ligada la oración» sea mas nerviosa. Veamos en este exemplo quantas palabras faltan en el segundo miembro para ligólo con el primero, y como no las necesita la inteligencia del concepto. Leemos en este breve aviso moral todo lo que conviene retener en la memoria : Muchas pueden hacerte dichoso; hanradOf tú solamente. £n esta última cláusula leemos implicitamente, jt^ero hacerte honrado, tu solamente lo puedes. Aun eff mas visible la desnudez elegante de la elipsis en esta oración: En semejantes vanidades- se g€tsta el tiempo : una vez ido, irrevocable. Toda la fuerza y gravedad de esta irase desaparece diciendo después de tiempo, el qual una vez ido^ es irrevocable.

Con esta especie de sequedad y parsimonia de voces recibe el estilo un ayre de magostad y g^ndeza que apenas se distingue si wa las cosas ó [las palabras las que aparecen mageatuosas, 6 grandes. Si á este estilo le íalttn fluidez y melodía, y á veces corrección, en recompensa le sobran aquel vigor y en^^a que pide la severidad y desenfado filosófico^ quando dicta máximas y pinta desengafios. Basten los siguientes exemplos : De Um inesti'

Í91

mábié preeiú es ki libertad ; que no goxwlaf es ik héstías ; dexarla perder f de eobardes^^^No sé en qué iéempo mienten mas los hambres^ quamdo lisosígerosj 6 qusmdo enemigos : ¡fo todo lo juzgo «n íiewqfo, todo wn nombre. Asi dixo un aator noestp» antiguo en la edad en que se pensaba mejor que se esciifeia, y tú que algunos rasgos felices, salvados de entre los tenebrosos misr terios de aquellos escritos pueden servir de modelos de precisión y concisioiif como en las dos sentencias que acabamos de trasladar> y en este simil emblemático del mismo autor: cargos tf lacios : yedra eti el murOf que engalana y des^ trus/e. £sta oración sin verbo ni régimen, parece hecha mas para los ojos que para el espíritu : por que es mas lo que en ella se pinta que lo que se dice. Y para cortar sentencias por este breve talle, es única maestra la lengua castellana.

Pero también la extremada concisión» que suele ser afectacicm en muchos autores, dexa el seoytido de la frase ambiguo y obscuro las mas veces ; y asi se ahogaban en este humo de su vanidad nuciros autores aforísticos de filosofía politica^moral, que hablaban en cifra por parejMr oráculos.

. La cosa mas agradable y preciosa delta de sí^ estimada y singular quando se abusa de ella. Una obra» un discurso, una composición entera, <}^p^truida teda de frases cortas y miembros

4V^d^ «dría Í9M^^^ A 9i^ 110 0dó. ala iipagin»rÍQO <M ^yenl^; l« «temaría na pittdie .retMer lo tue anda (lQiiito<)«k y la* <4«aéiai. aa pierde antre t%a 4^a^aya8 mattftiala». Cilüifii aD carto espacio para <$orr«r 4aa^mea la pfaiBia ooa mí» rapi<iéaE, .6 eiitm^laisa. aqp mad^aa^kan^ e«i prenda del bueo of^ritoi:^ qifa.ialia'aaiMnaév %u tiempo y sazám el ^estilo á la Hiakar» j al lugar^ Qnaudo décimo»- qae uu autor e» chai» cisQ, ao eateademos sino que^aaelain^naBap su estilo en lo generad á este g^ero de fim cribir ; no que toda la estruGtura de 1m v fraMf Ue?e esta forma. ¿ No oe ha de hablar algimá Y^sí á loa sentidos para entretener la imagÍMH cioB, ó mover el ánimo del lector^, é da) ayente ?

Si es insoportable la excesiva hteveimáf > ^a dexa truncado el estilo^ dura la frase» y. amgR« apático el sentido ; no lo es menos la vedbaúilad que algunos ccmfonden con la facaadia.^ L4 fiatura^ fecondidad y fiícilidad de alguno» eM:ñ^ l^ras» no la permite poner término á la laaaatiai á^ Ms expresiObes : prolixoa y ménades aa imf defimeíoneii : difusas en sas alegoría» y oom|ia^. imcáenaa I dilatadodea saa eoHtrastas : y^aacd^^ pteados aun «en sus gracias^ aa'^^i^aa eapvHjNb aardaiwibpa mn^retóríta ^^B di(iqí^aía^ S^ 1»;

]#S

Jm SmfaikzaáorM de kg Sámim, «efon

guara al tirano FoljciMes, More lo 9»! le bicieroii na raconamiento mcry largo le» d«o: ife b fw disüte primerOf no me ocuer ^ypor uto no entiendo lo de en medio; y Ig pf^etinrodenhufun modo ajyrueho.

Puede atríboirse la redundancia á la rerbosU dad, y, ésta á la facilidad. A lo menos la facili^ dad de amplificar por |xHlas circunstancias y aspectos imaginables up mismo pensamiento es ocasión de caer algunas veces en mi estilo dílbao^ lánguido, y monótono. El qae cree que mmca acaba de imprimir en los ánimos de los ojFentes la verdad 6 doctrina que predica, forzosamente ba de derramar en la oración frases y palabras que se repiten muy á menudo, 6 que se difereudan con muy poca variedad.

De esta superabundancia nace la languidez y frialdad del estilo. Quando se apura la materia^ desfallece el brio y el interés; y las últimas e^^esíoues, en cierta manera amortiguadas» kaa de enervar precisamente á las primeras. Sntoiices es preciso recun-ir á lugares comunes, á iraaes nuevas mas no diferentes, á compara* ooiies y á similes triviales, y las mas veeee ítticqportaaos, y 4 disourfos y pruebes co«itra% pveüm ea que el escsitor, liaeieiido la {minera jMrti^ tieM Iméa la sefon^^ j el kcter, ow

adiidiiada la^isa^ eamA

el reversb de una tnoneda corrienteé De aqui nacen tanta» frases descuidadas, tan freqtientes repeticiones, tanta uniformidad de pensamientos y 4e periodos ; de iodo lo qüal se viene á formar una composición difusa, molesta, y derramada. Asi sucede que muchos pensamientos, antes que florezcan en la oración, se marchitan.

Los que pecan en este lenguaje, no es porque no usan de palabras castizas y elegantes ; sino porque las muhiplicah sin necesidad, ó las toman en una significación va^ é inadequada & su ihtento. Y no solo ha de estar limpia la oración de palabras superfinas, sino también de todo miembro redundante ; porque si cada palabra no representa una idea nueva, y cada miembro no abraza un nuevo concepto, queda enervada la sentencia. Todas aquellas palabras que no añaden algo al sentido de la proposición, lo debilitan ; y siendo superfinas, embarazan la oración, quitándole la soltura y fluidez de los peilodos. La concisión pide nemcha severidad y buen tino, ya cercenando lo preciso para dar nervio y energía á la sentencia, ya no desn«» dando tanto la frase, que sal^ duro y árido c) estño.

Entre \o6 \4cios de la redundancia es el mas ik^qüeMe la prodigalidad con que se saembraa -los epítetos, cuya vana é inútil ostentación ite %s más qile ojarasca que cubre y ocvdta al ruim ítvAiíi 'La celebré poetisa Gorina, d¿o -un dia

l»5

de VíuÓÉtc, sonriendoM de la profosiotat de epi-» teto» ctmqóe este poeta empeiiaba bu poema. <« Ta hoAÁM tomado ttn costal de grano para Maifarat una pieza de tierra ; y en lugar de amolarlo á pufiados, al primer paso vaciaste el coetal/' Y ¿ qué diremos del uso inmoderado de Ion superlativos, que ofenden la cordura y bacen dudosa la verdad ? Son las exageraciones prodigalidades de la estimación : son indicio de c(Mrtedad de conocimiento y de gusto. Son raros los casos en que cae bien su aplicación, qnando no ayudan & la mas viva demostración de an encarecimiento.

JDei Decoro. — Gomo en nuestra vida, y en todas nuestras obras, no bay cosa mas dificil que ver lo que nos conviene ; lo mismo es en la ora* eion, donde lo mas ¡nincipal es g^uardar el deeoro, no solo en las sentencias, sino en las palabras: que no toda fortuna, ni toda bonra, ni toda autoridad, ni dignidad, ni edad, ni tiempo, ai todos los oyentes han de ser tratados con unas ndtoiaa palabras y razones: mas siempre se ha de oonaiderar lo que mas á cada uno convenga. bócrates da el precepto siguiente á .sn rey: En todo lo que dixéres y pensares y siempre debes leMT presente en la memoria que eres rey^ para fsbe n^ digas ni hagas cosa imdigna dé tan gran nombre, fin gran manera, dice Plutarco, se km. de recatar el ^[oe hubiere de hablar sobre pensado, que no use de palabras» vanas con el

o 2

J96

pueblo ¡ pues sabemos que Perícles, aquel gran orador^ auAes que comenzase un razonamiento al pueblo, acostumbraba rogar a los dioses que ninguna palabra le viniese k la memoria que fuese agena del propósito. De Alcibiadea cuenta Teofrasto, que quando . oraba, andaba buscando con atención, no solamente que dina, pero también como lo diría, y de que manera templaría el decir y que rigor ó blandura pondriaen las palabras. Y ésta era la causa porque muchas veces se paraba, y parecía turbarse y titubear. £1 que comienza desde la misma cosa, y habla luego de ella ; en gran .manera, mueve y persuade al pueblo, y lo atrahe á lo> que quiere sin trábaxo.

Es impropio y disonante el estilo si no conviene con el sugeto, como quando se usa de frases blandas y regaladas en casos tristes y terribles. Asi sucedió á Lysias en la orfurion que hizo para la defensa de Sócrates, quien la juzgó por buena, pero indecente para la gravedad y estimación suya : porque,^ como dice Arístides en una oración: no convi^ie á la muger noble lo que á la deshonesta y perdida; y mucho menos á los hombres lo que á las nmgeres. Y por esta razón Uamarémos prudente al orador, quando sabe usar de la gracia» de la suavidad, de la llaneza, de la cultura» ^ 6 de la grandiloqttencia, ya sea en las cosa% ja

en las palabras, en su lugar en sú tiempo, y en snmodo. '

La elevación y magnificencia roban nuestra atención, quando la dicción corresponde al obgeto, porque es regla general que la expresión se mida con el asunto que se trata. ¿ Quien referirá el incendio de Roma por Nerón con lenguage sencillo y frió ? Quando los per- •onages, 6 sus hechos, son ilustres y grandes, la locución debe ser tan magnífica como ellos. Veamos como habla Cicerón quando habla de Julio Cesar : El mayor presente, (le dice) que te hizo'la naturaleza, es la voluntad de hacer bien, yaqvede la fortuna recibiste el poder de hacerlo. — -Oygamos con qué gravedad habla Valeria M axítno de una acción generosa de Pompeyo, vencedor y restaurador de Tygranes : Le restitujfó (dice) su primera dignidad, juzgando por

cosa tan gloriosa el hacer como el vencer reges.

No menos digno del sugeto es este rasgo magDÍfico de un historiador en elogio de Cariomagno : El imperio se sostenía por la grandeza <M emperador, quien, sobre ser hombre grande, aun era mayor príncipe.— Del Rey Católico Jd! Femando dice I>. Diego de Saavedra : JVi victorioso se ensoberbeció, ni desesperó vencido, y

firmó las paces dehaxo del escudo. No tuvo Corte fixa, girando como el sol por los orbes de

"SUS regnos.- • • •-- - ^- • .;

Hablando Plutarco de la conformidad estre* cha que debe guardar el estiló con el asuirtOy nos refiere : que á uno que alababa mucho á un orador que las cosas pequeñas engrandecía y amplificaba, dixo Agesiláo : Yo por cierto no tengo por buen zapatero al que para pie chico hace grandes zapatos. A este propósito se puede aplicar lo que un riagero respondió ¿ un pequeño y pobre Principe de Alemania que» enseñándole todas las piezas de su palacíoi y preguntando lo que le parecia, le dixo : QuBe en nada habia que poner reparo^ sino en la co^ cinaf que era demasiado grande.

Otras veces procede la discordancia é impT<^> piedad del estilo con las cosas, del desacierto de algunos escritores, quañdo zurzen retazos de obras de otros, y los aplican á estofa de di»- tinta suerte ó color ; ó* pretenden que lo que tra^ bajó el autor original para su intento, se ajuste después á su sentencia, aunque perfecta en h\ misma. Debieran ellos advertir que lo bueno y ló propio es 1q que conviene, y que la conveniencia está en que lo feo quadre con lo feo» to hermoso con lo hermoso, lo humilde con lo ha^ milde, y lo magnifico con lo magnifico. A estos malos ladrones de trabaxos ágenos po<* dría aplicárseles aqui lo que cuenta Plutarco de Demónides el coxo, el qual, habiéndote hi^ír* tado los zapatos, echaba plegarias que viniesen bien al pie del ladrón, porque eran tuertos.

y por 6^ no podUa hacer sino al pie de otro

GOXO.

De la Dignidad. — No basta que la dicción s^a «Lecei^t^ en los discursps oratorios, y escritos seiios. La dignidad que pide el estilp re: priiaba 1^- locucippes baxas, populares» ó muy comunes.

£ste defecto /eu que ban caidp algunos oradores y ^scritores^ famoso^ por ptros req^tos» se t4M:a en eate exemplo : Estos mismos varones^ qu^ vemos hoy etifos cuernos de la Lumat p^UMÜeqido baber dicho el autor cojí dignidad, {«e vemos hoy ensalzados^ ó bien, que vemos en la cwmbre de la fortuna. Lo mismo se puede repreh^adi^ ^n ei^a otra sentencia : El vifdo sisñoreHf y ¡a virU/d anda por los suelos f pudiéndose decir, la virtud está abatida, ú hollada. E¡sta desigualdad nace de falta de gusto, ó de negligencia en castigar el estilo, jfk de ppc^ d^cudeiSBt en las costufnbves, y en la educación civil, y literaria.

En los cúnales suele ser. dondp ms^ise desíCDibre est^ desigu^dad de lo muy eleva4o y Jo muy haof^ilde. Asi contó el hombre (escribe uu .ek>- '^y^Oite místico) naturálm^snte es mayor que, ww hormigot aei^aquilia noHU9Íi(!B^ 09ir^p$ffa tqnto io4a$ ks^ otras «wtonoMw. ^íriodoii^. que todas eüas afena$ json mwíU* hormism deh»(^ de él. Sigue el miaño itUtor el ipiá^to cou^ otro . /ex4mplp>. qiiando dÍ40:; .

'tmenoSf ,WMÍderando que tienen^ é IHtíé p6r padre f y que es el que les ennía aquel cáHz óéméo una purga ordenada por inano de un sapienüsimo medico; i.. JiOL palabra hormiga del pfimef exemí- .pleo, y la otra purga del segundo» sobre ser humildes en si mismas, son impropias de unaes ideas tan altas y nobles.

Ninguna cosa debe procurar tanto el que desea alcanzar nombre de escritor sudito y elegante con la gala de la elocución, como la limpieza, escogimiento de voces, y omatOB- qite presta la lengua. No la enriquece quien usa^de vocablos humildes, indecentes ó comunes, ni el que introduce vocablos peregrinos, inusitados, 6 insignificantes; antes la empobrece con este abuso. Los unos por falta de cuidado y dilt^ gencia) se contentan con la llanesa y estA» Vulgar, creyendo que lo que es permitido en di trato común se puede trasladar á los esoritos y razonamientos graves, donde qualquier leve des^ cuido deslustra la sentencia y su exómacioB • •y los otros, por dar mas dignidad á sus oon* D€|)tos con la cultura de sus palabras, no aciertaa con las propias que, sin tocar en los dos extrci^ mos de^ comunes ó estudiadas, tengan una noble propiedad. Para desviarse del l^oguage C0mtto> no basta desechar las visiblemente vulgares^ sino «Roeger entre lag decentes las mas urbanas y enérgicas, sin que se trasluifica violencia ni alactaciont Pop exem^lp la palabra^ oiujm es

san

*^yoz iBM^ soBom^ llena . y grare.cpQ *4x;|sia^ y qóe Mw: mas. grave 60 tempeff<acf'que\TÍeato; mfis rifíiM que caída, mas jveMMftnaire que pesar; aaa -^ruveéM que peso ; mas íublimidad que •eleiuteioq p y • mas digna facAo que cama, y abtt»bramien4o que parto, &c. Y asi la voz grave significa mas vehemencia, la sublime mas magnificencia, y resplandor, y añade magestad á la dicción grave.

Pero para no caer en'el culteranismo querien^ do huir de términos comunes, aunque propios y claros, se necesita tierno tino en escoger voces conocidas sin que dexen de ser nobles. Si nó queremos decir, por exemplo, cierzo que es voz coman, ni nerte que es general; no diremos tampoco aquilón^ que es poética, y por tanto afeetada ; pero podremos decir septentrión. Por lasminnas razones y orden comparativo no diremos, ni lewinte, ni orto ; mas si oriente ; ni tam^ poco poniente, ni ocaso ; mas si occidente.

Y «mique los términos forenses, legales, ofi« einales, y metañsicos son nobles por su sentido y4>bgeto, no los admite la dignidad de la elo«- ^pimcia, ni aun para símiles y comparaciones", eti^qse se busca color y esplendor. Para estas imágenes tienen mas energía y propiedad' taá voee»- pastoriles,* las fiurdles, y todss la» qM pistan- objetos de la naturaleza, por sel* mni pmuSf mas magfníficas, '<nas ülencillas, y mas sensiUea que las( del úttó : <ioñ clstas se ensfeflá

y se instruye á lew eatendimientos ; mas oo se mueve y deley ta á los áiiiiiiQS«

Los vocablos bas:os en todas las lenguas deadoran la oración de tal modo qu^^ generalnieiitíe hablando, sufriremos ant^s un concepto baxo expresado con términos oobl^i que el concepto mas noble con términos haxw : porque si todos no podemos juzgar de la exactitud y fuerza de un^ pensamiento, casi todos semos capaces 4^ percibir la vileza de las palabras.

Hay cierta clase de palabras basas, y son 1m que no guardan decencia con la cosa que se trata» ó con la persona que ]as dice, ni coa las que las oyen; y no por sucias nidesho^ nestas, sino por demasiado humildes, como raem, burroy gcrrinOf &c. ; ó por picarescas 6 cómicas, como dar papilla, hacer la mamóla, &c. ' Los vocablos y modos de decir mas generales tienen mas dignidad que los particulares ; y la negación de los contrarios mas que la afirmaf- <»on. Asi se dice mas grave y hooostamiei^te. de una muger vwe mal que no es una.... y aun coi» mayor disimulo, no vive WMy bien ; 6 con mw decoro, no vive mujf honestamente. No se puede guardar esta decencia en la expresión sip observar una particular delicadeza en la ejecoiaa de las palabras. No es de perder aqui la ecc^ siw d^ trasladar un exemplo de un autor grare español^ el qual queriendo referir dps hechos de

dos cortesanas, griegas, sin ofender la castidad de los oidosy narra de esta manera ambos casos: E^HÍee encendida del deseo de gloria y fama, rogó á Potignoto con muchas caricias y hkmdu^ raSf acompañadas de promesas, que la pintase al natural entre las troyanas de su quadro. Hizolo el pintor con tal diligencia que €tsi parecía viva; y en pago de tan excelente obra^ alcanzó de ella una noche. Prasíteles también, peritísimo en" tallador de marmolp amó ahincadamente á la no menos liermosa que táymada Phrine, la qual pidió que en premio de su amor la sacase al deS'- nmdo; y él lo cmnpliá con tanto cuidado, que del rostro de la imagen se conocía la afición del arÚ" fieCf y la alegría de ella por tal paga.

Yários son los modos de cubrir lo torpe ó feo del pensamiento, qaando el escritor no pnede callar los hechos por no ¿Btltar á la verdad, 6 por sacar de ella avisos ó documentos saludaUes. Una sola palabra, usada en diferente sen<- tido del propio, recto, y natural, ó bien un circunkMfuio enfático, obscurecen oon una som^ bra figurada la demasiada claridad de la cosa, de ottodo que se trasluzca el sentido pñncipal, para que el lector haga dentro de si la apiica* cion, sin ofensa de sus oídos : Mesalina (dice-un historiador) después de haber hecho piedo de sí á qumUos nenúm, vohió triunfante al lecho nuqh ciaLr ^Béen eedá á entender (dice otro) mr .d amor asteo insaciable, de a^pieUoque cuentan de

^04

Júpiter con Ákménía, que tríptico la noehej n» ioitandole una pat^a apagar d fuego de su ardor.

No basta hablar el lengoage propio» eastízo,

y correcto, porque, á pesar de todas estas caii«

dades, iodispeasables siempre en la declaración

de todo pensamiento, y en la narración de los

hechos, podrá faltar dignidad, y aquella g^a

que distingue la elocución del común modo de

hablar, A veces las mismas palabras propias

de la lengna, y significativas de las cosas, relMU

jan los quilates del estilo noble, por ser deni**

siado propias. Asi suele acontecer en las mera*

mente técnicas en qualquier matmía, porque el

orador, no menos que el poeta, deben huir de

los términos que pertenecen exclusivamente al

lenguage didáctico : mas no por esto pretendo

que se diga Febo por sol, ni Latónu por Luna»

ni Filomena por ruyseñor, &c., licencia solo

concedida al estilo poético ; sino que se hable

de las cosas con aquellas palabras, nobles por

mas vagas, hermosas por mas apartadas de la

inmediata aplicación al obgeto; pero adequadas

stempre á su geauina significación : lo contrario

seria afectación y obscuridad.

Quiero dedr con esto, por ezemplo, que si he de hablar de una batalla, no haga empefio en explicarme como un práctico que natra militarmente, ni descienda á los ponueoores* mécemeos y daouidov ; sino que abrace las aáctones prin-*

dpaks^y esto coa ciertas metáforas y tropos bien eso^dos.que realcen el asunto sin hacerlo perder de vista. Si entra en la narración, no diii el orador los balazos j sino los estragos de la artilleria, no nombrará las ¿a¿M, sino los tiros; DO dirá los cañones y sino las bocas de foego ; no dirá el treny sino el boato ; no el hotiny sino los despojos ; no hatiry sino expugnar ; no hayone* tas, sino azeros ; nd choques, sino rencuentros ; no yMerrüla, sino escaramuza ; no atacar y sino embestir ; no apwntatf sino asestar ; no acción, sino pelea ; no regimiewtOj sino legión ; no marola Jas sino muros ; no siüo sino asedio ; no bloquea sino cerco ; no dirá sentar plaza, sino alistarse ; Bo dirá sirvió baxo de tal General, sino militó. Usando- de voces antiguas se da mas dignidad ái la.diccion, en quanto se apartan mas del leu* guage moderno de la milicia. Pero esto, pide cierto tino ydiscreciony atendido el tiempo, el lugar, y la naturaleza de las cosas. El prosista tiene mas estrechos limites en esta parte que el poeta.

En el estilo oratorio no caben las palabras plebeyas ni familiares -, mas ni las que designan cosas muy pequeñas, sin una absoluta necesidsd. BMta indicar, las calidades de ellas por un término g^ieral y apartado ; y no tan peculiar é immediato^ que se- desautoríze la frase. Esta debe dispra^erse con tal arte y juicio, y vestirsede ta^ gravedad de. palabras, que, aun quandoí

se escriba decorad humildes^ no caign el oradol* en oración humilde. Esta llaneza j prolixidad sólo es bien recibida del len^uage técnico y didáctico^ donde se trata de definir, describir, y enseñar* El orador pinta en grande, y solo las calidfCdes eminentes de los obgetos, y siempre con las voces de significación mas extensa si son mas nobles. Dirá estancia en vez de sala ; morada o mansión en vez de vivienda ; moradores en vez de vecinos ; marcial en vez de guerrero j silí)€str€ en vez de montes ; vínculo en vez de atádura ; gradas en vez de escalones ; ceñido en vez de faxado. Y ¿ quien podra negar que hay casos en que la dignidad del asunto requiere que se prefiera la palabra cerviz á cuello, y esta á pescuezo, que es por si humilde ; labios á boca ; plantan á pies \ palmas á manos ; asno á burro ; candido á blanco ; conflicto á combate ; incendio á quema ; asolar k talar ; segur á hacha ; impostura á embuste, &c. ?

Sin embargo, como hemos dicho mas arriba, todo esto pide cierto temperamento, porque no se debe hacer siempre ostentación de una vana hinchazón de palabras, elxpresando cosas co. muñes con términos magníficos. Las grandes palabras son impertinentes en el estilo simple ; peroles términos simples y comunes asientan bien algunas veces al estilo noble. Hay pasages en que la sencillez de las palabras expresa mejor la cosa que todo el ornato y pompa de ellas ;

ea aquellas hay mas enerva» porque hay maa propñedad* Y eu muy natural que una cosa e». muiciada en términos ordinarios se haga creer mas fácilmente»

Todo se puede ver en este pasage de Teopom«- po^ muy adequado, y que dice mucho : jPtl^ fe bebe^ sin pemí, laenfinmtas qwela nec9sidad de 9U$ negocies h obliga á sirfrir. Quanto significa ésta expresión beberse las afrentaSf para eupli-^ car la facilidad con que un hombre» para engrandecerse, sufre y diñmula indignidades ! Lo mis* mo diremos de esta otra expresión de Herodoto. CkomeneSi habiéndose puesto fmiosoj toma nn cuduOoy sepiea lasoamesy se hace un gigoiey y muere, iki estas expresiones no liay finura, BMS hay franqueza $ hay energía, y no grose^ ría.

Hay frases de gran nobleza por su ebgeto, en qae la viveza del pensamiento pide k veces, para representar la imagen, la palabra mas común, sacrificanáo lo noble á lo enérgico. Asi se lee en este exemplo de fV. Luis de León, quando dice de nn madvado hypóoríta que finge en el templo actoade oraci^fia : 'Gotéssá sus mam» samare tnoesHíSr y élxálas al Señor como limpias. Podia baber dicho, destilan ^ manan, palabras menos eomunea 6 mas cultas ; y preArió la de gotean, por mas expresiva.

Hay voces^nobles y proprias en un sentido, aun-- qoe commieB j y 6» otra improprias y baxas ;

6B el prímw csM poadhn^ imSw ta «Mftid« %^ vaáth J ¿e.nkiym.in>¿o m^ ct gtgmdo* La>me ^/ierro ie usa en enitíd» íSmcov &• fai» B«r genéricamente erte Hietal, hdd yendo teflMiede lee labom en leehemamsi y de loe artefactos j utensilios fabrícadee. Pe» «en mcm cMiíiguffaday como «ert^ a iUenv^ earjwde ile Aterm» pmf» e$dre Merragf nnncaeMvéflDtaieHdeia vmjierro.

JDe la JE2fi^ieiMM.-~Íkta -vea ee deñye^ asgm algunos» de la latina dÜNf^re» escoger, poryese lo esta poede ser so verdaésra etioudogía; y e« eleeto^ todoloqneesel^a&te> esescogido4 La eloqnencia es conmn á todas las nacienes» y á tedas ]ias lenguas ; pero la elegancia ya es obra BMsdel arte qne del natival talento; 6 affadasa aun, que el artífice es mas elegante qaando ie ayóda la índole déla lengua, y la oenstraeeiott de sus vocablos.

Del genio gnuEnatical de una leagsa, de'sos lieeiMnas y libertad en. la sintaxts, y de hu Yma« dad en BUS formas, saca el buen esciíitorles vi^ nos modos para la hannoiiia, fluidez, sMMdad, rapidea y bieredad de la sentncia. fislaa4»lí^ diMks solnresakn en la castellana,, en eug^a &aae no hay trabas que in^dan el rodear ^aeafctar en' mino, dilatarse ó recogerse, pararse 6 revelversa de muchas maneras. Según el uso <pm se haoe de> dUa, hay etesiterts redundantes é oommo^ lángmdosóeiiéigieoii aiperos áblaadü»

«MI 6 d6fi^MÍo0, . terdoe a éxpeditoSi^ ' lia ^lé ^oek en' toda ooaapotieiovi'iie w la- cioqücMÍHi, mío osa áe kui calútades de ifüa, pues no conMtefleloeDelBámero V harmonio, sinoiaoiMeti em d^Boogitmesto y correedoii da bs' paMmoi^ ^fieae llama cultora.

UBdi»m»ofodiá.er efegmite, sí» »r p«r eüo bue&o; pcHrqoe, como ya bentos dicho mas aniba, la elegancia no es mas que el mérito de la dicwmf paro tampoco ILunarémos- absolutamen* te bneno un discurso si no es elegante/ $1» éiÍH* baigOy el orador mueve y persuade muebas ve* cea sin ek^micia» sip número y«in barrpoma» pbr« que el punto principal para la eficacia de la doqüa&eiat consiste en qiie la elegaujcía nunca e» nerre el vigor de la sentencia. Asi es que quien pretende persuadir á; los otros, debe en ciertos <MUiw. sacrificar la elegancia de la expresión k la grandeza del asunto, ó energía del pensanwmte. Ademus^ . hay lenguas que se prestan mas que otras ¿i la. elegancia y r algunas* que jamas podrán servirla de instrumento. Ya tenodinacionea duras ó sordas : ya la freqüéneiá y. eonoursoúsperqde conaotiaiites ; yá la escabrosa trabsgon é^ paritcplas, y de verbos aox&UoraSf muí* %¡iB«doaá.vecw en un mismo período» ofenda 4 wda d^ los BswtMis naieionales^y^fae soráda lai. extraageros ? .

^. Altai jen ia% lenguas mas .fluidas ifbarmoaiosas» «MaMMla^a^^iatola^ dasapareea tdda je«te

to| quabdo I» niani^iun' escritor intxAto é im>- p^NT^ coiiio,eiiMto8 eíLeiaplocu No ha podido demtdemrímemitirqmiMai^kmfacmivenmdo pudteiido hdber £ád»4mo'^f9ie''€4mvenoerge sin newrm. FraMs descnídttd»^ ftirtUiomS' Te|ietíckmes, son otros de los defeotoseoiitra^ta élegaiioiaé Auñqiu hay inmaiMii^ tdamm Migmdo$ á Dios ; t^^tl mmgím^ de todoii y ol qm soh,: mmqtte mas mo AtiiteM^ meré^ oe todo el amor j^ seipvicio del hombre^ mgi^mé él tíAiere iiifinitos coMzone$ (jue emplea eti élf: Eh aste oración reyna much» negligeiieia eivél'ayre de h; fraae^ y en la repetiCíoB de trqs yeces^énmqm^ y doa veces el articido» el^ y otras* d4)s el proHombre il, conduyendo el período oob éste ii^pntoé insonoro miMiosílabo. ¿ Ornea creyera que asi hablase Fn Lais de Granadar ¡^

Otras veces el demasiado esmero en acicalar y alüar las frases enerva (y afemina la oracita; unas veces por afectar pnreza y corrección, y otras por ostentar cultura y harmmiia» que son partes conStitiiUvas de la elegancia* En todo ei^ tflo debe reyfiar la mediocridad^ porqne en toda oración iitmsa iiMmlíiM veteada, y la eleganeia/ nmm^puum spemeñda; mas no con la afeetocioa coa que algunos la usan en estos tiemposv ipM^ oreen enriquecer y mejorar su lengua samuadeUi de su dialecto y genio.

.. JDe este abusa se quíe&ava también en sattem*» pa X^ape da Vega, respondiendo i muí dedka--

«11

da»4edice: '^ Qmcpé Astm^^Im, y ^iene iil ^.' ra yir0|MEÍo Iq^tr nipMeta; p«Po 6u>ÍMidi#8( «f iBo le hidlft au^fllw'kligliiW y ipw arto.r^fipe--

^^ v^i^ ál entendimiento. Pera, hay homWeíi

^ .^iwdo ^/tífmipQ. iitío. ^eiBÜtvnCí con: w» ei* ^ taina d# hronQ^ Coa IbiMltQpbQnto fMnsm '^ ;lMi9bo» 1^^ liebe df{ jer defedo dievlMf a»^'* *^ 4lMrá4MI8c«r pfdid»íiia,V Ul t«7 por .bMca^ laeí» ^>' 4»of|pQeoífidi»9 dí^l ii»> y tal ves^ de la. émtín t* c^Pffiíri^ por k vanidad y iHiqapa de rasobécbí^i '^ euriosa temeridad :de jo^uebsisi aoortado. i •' ^^f^ y d^ w«^«uio admitida.''

M^pt^o^ l«.afi0ctaci<ftrde^luMmkonÍA.^ ^er4)ie9iinte^ les hace Ofiof én el vicio tde s^iquelid loarqve viielvea i» fabricar «un ídséko de los adomoo dA 'CÁdo^ /Coini& .los laráelitán, <|ae de ')os:tf0et cfcdas'de.M» /mugamos, éi hija» híeíAiroii el VeoorroJ Oteai»i|iiÍ€ffén a^ felc^astes^ .si» n^feender^ cena aedebifi^la.ecneeeic^yéesQáotítad» quoson^a*^ edades esenciales de la pureza de len^mige^ Loí qn^joo dkie^ Jméejset {mro^ ordmuado» ¡f BC%mx^ dado á las eosas de que s^ trotar: llano. pOM^JO' qoe «s^opio^y «nateBoi de*)a longoa^ai qaa^so liaUa:^ .fisoñbe^ fiín¿ioi'a|iial . ng Jiay>oolrTC€oíoB^

JSsta nace de la observancia e8ci*upulos^ de las^ reglas gramaticales, y de las palabrea que el uso autoriza. La exáoUtud consiste en evitar las ex-* presiones y vtKses antíquadas; las cláusulas truneadas 6- no bien cerradas, y la frase y transposición de los poetas, que dislocan y cortan el enlace de las palabras, - cuya licencia, necesaria' para el número y la rima, no es permitida á la. prosa.

La corrección comprehende también la adequa* da coordinación de las palabras, y el enlazamien^ to natural de las expresiones que componen el hilo y sucesión de las ideas. Dstas calidades forman la construcción en genera}, que es la forma exterior de la oración ; de suerte que toda violación de esta regla, tan necesaria para la clara y limpia locución, se llama «ofemino.' Pe« ro aunque se considera la cofreccion cómo una de las virtudes principales de la elocución, no debe el perfecto orador hacerse tan esclavo suyo que llegue á amortiguar el espíritu y energía de una sentencia. Síes vicio el ser incorrecto, tambiett lo es el ser frió; y mas vale en ocasiones • fal« tar á la gramática que á la eloqüencia, esto es» tfM eñ menor defecto ser inexacto que lán* gmdo.

Bs ^enda preciosa de la elegancia Ja fluidez» aquella corriente carrera de términos blandos < y sonoros, y cadencia garata de cláu»ilas. donosas y llenas. Sería no tener oido ni gusto no reeonocer lo fluido de los sigmentes esemplos». . Oyga*

mos al P¿ Márqaez, quando áiee ; sería negar y nú s&h la costumbre f sino la naturaleza^ no conocer que* kt^muff eres virtuosas siempre facieron pundo^ nar de no horrar las lágrimas de la viudez con ¡a^ gaias del segundo matrimonio. Regalada es la iiiidéz dé esta elegante pintura de Miguel de Cervantes/ que empieza de esta manera: Convi'- dábale la soledad del camino^ g la sabrosa harmo* uta de las aves, que yá comenzaban con su duUít y concertado catiio á saludar al venidero dia,^^ fintre otros modos de decir elegantes, la dulzura y fluidez de la dicción . ¿ qué delicadamente suenan estas cláusulas de Fr. Luís de Granada kaUando con Dios? / 6 duldsimo amador de las almas limpias! 6 dulzedumbre mia santa, es* peranza mia segura^ caridad mia perfecta^ vida mia eternUf alegría y bienaventuranza máa per-- durable^

Otro ejemplo añadiremos que envuelve, en la variada textura de la composición, pureza, corüeccioD, numero, harmonia, realzando la hermo« sora de la elegancia con el resplandor y gradia del estilo metafórico. Es el mismo P. Márquez» quien, hablando de la música, dice que se debe ir con mayor tiento en oiría, por quanto tiene mayor jurisdicción sobre nuestros afectos: JEe el natural del hombre tan adelantado, que siempte fuiere ir ganando tierra en' el deieyte, y asi es menester quedarse algunos pasos anteé de la raya ; que el que Uega á lograr lo Ueito, á pique está de caer en lo vedado. Y asi, cómo se entra ia góh^

»1*

silM 'ú imhfitf deltu nmésiéadj vtéMi á éer íh^uH^p él^'níediédé Ut témplanrsen qu& e/ ife'/«jiMtfúite no»

hpt&püfA ^lorMi^ e(m atpa ék nirtud el exorno:

'Pé<can,')Mie8) eonfrá e§te gtttekt< de k dkdon*' aq^^lós isi»cittore9, que suden enredar ri texido áf^ tes clftij^ulíts con una coostnicoiim dmsé m-**

^fal^ n() oido ; la» utiM embainaadM con odIícii^ hsr 6^ pártíciil^ts supeirflufts, ó vepetidM; y h» othif^i dtfilooadás ó desatadas «ntpe si mw gomíí»' dar los miembros del periodo/ ni sttftvmat lo# coptoí^^de las tranmciones con* aquoH& liirt^ralitra^ bázdtt' de lus cópulas conjnQtivfts» 6 disymvbMnr* -' Son* absolutamente inelé^ante^i k»* sentenetas etfya cótoiposicfon carece de t^qn^im ylinvpieaMiy. eí^-d^eir, en cuya estra^taraehaoConnovJmtetiidii el cuidado de castigar la frase, del modo qae el jairdtnero' ohflpoda uh' árbol víctoao^ entresaioati-» dote laa romas superfl^ia», y. kis> varaw inútiles.qvo le ahogan. ¿ Quanio desalifio y ne^ganeía hay éñéáta arrastrada y floxa> oración? Hueyofgtm éité'béeH'labáda la céha^ y qve' m- he^ ra^mda^ m^^dél cMo quB M' prefmrej to^naudútm Umaa que 8é- ktí^a^ empapado bma em* azufre. Bita eoiitpoBÍobn dilnta, entbarazada y fturtiéÍMa^ |fii)^e' quedar piita# linapta-y Meinta^' reeonliMi» d^a. da esta ifiréMrai: Lu^e^ de biem bthada^ im íHKto^y réDqmda* dei^mBef úüMvemdltAi jgryqi^tfti

S16

mtoft otro exenijdo de falta de conreccion y limpieza: Píira eito no hay m^or medio que el que s^ ha indicado arriba. Con menos rodeo y taieaos palabras se diria: £1 é^^út medio para teto e$ el arriba indicado. Con ésta operación se cortan seis palabras 'ei)iba]iik<>stts nOf hay, quep quef se, A4* Tráy^fnos aqui otro exemplo para pasarle después él hacha y kt llana : Siempre H ha de proe^tírar emtar que ee pueda Jamas introducir el 'biXOf pudiendo decirse limpiamente: emtemoe sieñipre que se introduzca el hixo ¡ 6 bien ia tittroduceion del laxo*

Btttre \o& vicios m^as comunes contra la lim^ pieasa y fluidez que ¡ñde la elegante oración, es la repetición desagradable de unas mismas TOces» 6 de unas mismas terminaciones, ya de partículas» ya de preposiciones, ya de adverbios, ya de infinitivos, ya de gerundios, , &c. Exemplo de partículas: Porque, aunque i^e sabe que le^joréMo que el hecho que se cuenta ha de tener lo que Uamamos veroshnilüud. fin esta oración imperfecta ofenden al buen gusto y al buen <Hdo seis ingratas repeticiones del que, las iguales desapacrecerian, ó se modificarían, cercetiáiiddlas, 6 envolviéndolas dentro de la fráSé, nindada su extcdctui^ de esta manera : y, si bien sé sabe que á. hecho que se cuetOa debe tener lo que Uamamos v^rúsimUitud. Auil tiene toas Iá6il bómposicion Ma dura y desalisada dracicln: Por^, / obmo uñarte -pot 4 tan ütil que ha sido por tantos si^ phs culHviulú par un numeró táúptande de hom*

hxes^ no se halla por esto mas adelantado! - Eu e^ta corta adnüracion admira taata negligéDoia» pues se repite cinco veces el sonido del por^ que se podría templar ó cortar diciendo asi : Enjiu ¡ cómo un arte de myo tan útil^ que ha sido tan^ tos siglos cultivado por un número tan grande de Imnbres,, no se halla con todo mas adelantado I Exemplo de infinitivos repetidos : Estas san las^ calidades, que ha de tener para poder ser per-^ Jecto, y para no dexar ignorar lo que se haya de hacer. , £1 escribir con este desaliño, es m^ que ignorancia, pues toca ya en estupidez. — £xem<- plo del fastidioso sonido de los gerundios : Esto s^ puede conseguir yendo llenando lo vacío y. va* ciando lo lleno. — Exemplo de preposiciones y pronombres repetidos ; Si sin reflexión se consi" dera que si se omitiera esta precaución, se rom* piera con el ayre que se soltase. — Otro : dio h conocer] á la Europa á que grado ha llegado la física. ,

Es de grande auxilio, para evitar el .desagradable sonido de los pronombres el y ella, aquel y aquella, este y esta, el buen uso de los posesivos y relativos ^wy o y stiya,cuyoy cuya,y de los adverbios de lugar donde, aqui, allí, con lo qual se estrecha ms^s la, frase y «se fortifica. Dicese sin cuidado : Descubriéronse los hipócritas, y las artes de ellos^ pudiendo haber dicho, y sus^ artes.^:Oivo dice : Las minas delpays son la principal riqueza de él, ppdiendo h^b^er dicho son su prifhcipal riqueza ; A aun mejor» la principal riqueza, del pti^s son las

tít

«litiMv.-^-Otro : JE^te territúrio tn que el cíimm es fmepfrio, pudienído habei* dicho dónde el clima^ 6 cuyo clima. — Otro : Era un castillo que no'pu¿h apoderarse de él el Greneral N. Di riase itíejor» del qual no piído apoderarse; y aun nlacho mejor» que no pudo tomarlo et General N. — Otrp : Es un antiffuo húspital del que fué fundador el Rey N. : Digato con ma^ soltura, cuyo fundador fué el Rey N.

Sobrados exemplos me parece haber presentado para manifestar la atención y cuidado coik qae debe proceder todo escritor que aspira id nombre de eloqüente, y la necesidad' de no olvidar las primeras reglas del arte para producir con limpieza^ claridad, y precisión sus conceptos. Y sí bien muchos de estos preceptos los tiene prescritos la gramática, los modos de exécntarlos solo la retórica lo ensena ; menos quando él mismo escritor que nos vende la doctrina como suya ó agena, cae torpemente en los vicios qué ae propone reprehender. Asi se lee en la traducción castellana de los oficios de Cioei'on Cap. XX. del libro I. por Francisco Támara, donde ea una breve y sencilla oración de quatrd lineas, sé repiten quatro terminaciones en ente^ y tres de eUaB en mertíe^ para ucia^yor tormento de los oídos. Dice, pues, de esta macera : Por esta misma ra-- zottf el hablar copiosamentes coH tal que sea prudeutementef fnas excelente cosa es que darse á la eoMemplacion ayudamente sin eloqüencia. No

ftT«

traducción de Bbiir, en la Leceioa YU. áel ion. I. pap. 16S» donde «ontkiuaDdo d mimici dt»a« Ufio se dice : QnMndo las nacumes del N&rte^ ^ imifMfemMi el imperio, U^^mron á moderar el im^ guage^ úhendKmarün M Umgna,

Aqai podríamos tratar de ctro ricio oontra la eleganon, y es la repeticion de mía misma pala* bra dentro de oraciones muy unidas, 6 Hiay cef ^ eanaa, como se puede leer en la pi^. 161 del ci^* tado tomo y ZjeccMD, ea que se dice: JBír magr caria e$ta libertad en o&mparacifm de la fue Ée^ nian las lenguas antiguas. Las lenguas nkfder^ vas varían también unas de otras en esta parteí La leoguay>aj»€«M es entre todas la mae deUrmi^ moda. Si la traducción es literalmente ajustada, debemos inferir que el Maestro Blair no tuto tinoy ni su traductor oido. Dexo, por úo bieit antendidov aqueUo de determinada, que suena 6 lengua atrevida, suelta» desatada.

ftk la repetición en periodos separados es tan fea y mal sonante ¿ que será dentro de una m\s^ ma sentencia» ya sea de nombres, ya éé pronem-* bres, ya de preposiciones, &c.? Sea el primer exemplo de este género una oración entera de wi autor censurado por él mismo Blair justisima^ mente, que está concebida de esta mahem : A es^ sucedió aquella Ucencia que inficionó ta meralp no pudiéñdo ésta mef orarse por aquellos qHe en» tunees eomponian la Corte, 6 por aquellos ^fifr^

Fara> { qmeo ctená qoe ea la mistna óbnt ^0 ^pe aa dan Ite^pciaües contra estos vicios, que son delkitto^pai^ qualqimra racional qae tenga iojoa k oreja», se cometen ig^mAes faitee no akansando Wpaciencia para contarlas ! Bastará, decir para confusión de noestra vanidad, ó sea sobrada con-» fiíttza de los qne nos atrevemos á ensefiar á kie demaSi que apenas acaba Blair^de censurar el essmplo anterior^ qnando a&ade, ó le hace hablar asi su traductor: Este amior es el que habla sobre esto de esta suerte. Pero en la6 Lección II. ixuau h pag. 25, echaron el resto no sé qual de los dos, repitiendo quatro veces la preposición sobre den* tio^d» una aoki pr^iesioio»,. ífae empieza y acaba asi : Nos pedemoe eanvtncet de eifía verdad, ean ssfe r^kxíonar sdbre Im mmm^a supérwtidmd^fm ím edmcaeian dá á las- isaeteaiea ewiUzmdas uáh» loé bárbaraSf y sobre la qm em wéa misním na00ft tienen los que han estmdiado las artes liberales sobie ib9 hmfíires rudos.

. fli ea Isa dbra» publicada» para easeiar á la jüveatud el arte de biea hablar, se encueatimi taa: ascandaloees tropiezos ¿ caaio eamendasá sas yernos, 4 sebvequé decbade.se ibraiará el úioaato leetor que eompra Ubroo tan á ciégaet cwEaa el. qne* compra meloneal Y es enif»e&e biem donoso ^e en- la eitoda obra efr^plée-el ts» ductor easii.k aslrad de uailaüio en tacar é Id

ese

9Mtgíi«ii]» le» defectos verdaderaa é> ímagíoadofl de nuestros Maiíaaes/ Xieones, Cerraiiies» Af«^ genscdafi, SaavedFasySolises^ ea' cuyos escritori no se propusieron dar lecciones de retónoa 4 la nación ; bien qne sobi^en exemplos de eloqüenp* cia paira lo8 españole» agradecido» por dewDgafiados.

AKTÍCULO I.

ELOaUENCIA DE LOS CONCEPTOS.

Como el entilo en general puede considet^rsé baxo de dos respetos diferentes, ya por el modo mas ú menos feliz de expresar los pensamientos; de que ya hemos tratado ; ya por el de conce** birlos y declararlos juntamente ; lo analizaremos aqiii en este último sentido.

Para escribir bien es necesario amueAlar la memoria de una infinidad de ideas accesorias al asunto que se trata ; y en este concepto solo carece de estilo el que carece de ideas. Por esto vemos á muchos autores que escriben con excelencia en un género, y en otro con infelicidad ; no porque ignoren el ayre de la frase, ni la corteccion del lenguage en general, sino porque se hallan desnudos de ideas en aquella materia.

JLm oonceptaír ion el alma de* las sentencÍAKi la^ voen sa cuerpo^.y la elococáon «ru vestido para kmoerias mas vinblfis ó mas iiermoias j Ent<mc69> paes, las expresiones, mas brilkuoifees, si carecen ée.^entido, qaé es el alma^ no vieoen á ser sino ▼anos é'insi^ificantes sonidos. Al contrarió, un pensamiento puede ser solido y grande» aunque le falte la gala de los adornos, porque lo verdadero, de qualquier modo que se presente, siempre es de mucho precio. Asi» quando el orador ponga algún cuidado en las palabras, sea después de haberlo puesto en las cosas, porque aquellas no pueden ser proprias ni exactas, si no nacen del mismo obgeto que han de representar.

Dé la verdad en hs pensamientos. ^-^TLol, priHiera y fundamental virtud dé los pensamientos bit indo siempre la verdad : pues sin ella los mas aspléodidos y elevados, ó que lo parecen, son intrínsecamente viciosos* Y como las ideas vienen 4 ser las imágenes de los obgetos, del modo que de las ideas lo son las palabras; y por otra parte solo se llama fiel el retrato que se semeja al original ; todo pensamiento se llamará verdadero quando represente las cosas tales como son en sí mismas.

, Aunque la- verdad es indivisible, los pensamieatm pueden ser mas ó menos verdaderos según la qAyor ó menor conformidad que guarden c<m las cosas. La entera conformidad constituye Jo que Uamamos exactitud de la, idea con el objeta,

0MaQLÍÉijde mu TMtHlft jmríectímmU i^jwtete ai ew^iQ* AsipoéSy todo penMOiíanto ihaude «er wnhdwoi contooDplaáojptf todos iw B&paoMa^ j csAHunado ée&it iodat lasdiÉbueÍMl t SI pensamíoito quft.aolo. iipiiidpa oqd im €Oca por oi kdo quola tona olauUff» y á muadiitoa^ cia remota, tranca »erá soUdo por que neeoiaría* fliente ha de f atear per alguna pacte. Hay psnsamientos <|cie deslambran 4 prímeta vista per el lyre de verdad que les comunica la jgtaar^ dad de la fraee ; pero exánioadoe de cerca^deemí parece su enfiítico «oacepto como el humo. .

Para dar una prueba de quaasugetes ettéoi á

caer en error aun Ion ingenios nns eminente^ w

taré aqui algunos exemplos en que la moda del

estilo sentencioso y end)Iemático corrompió la

sencillez de la verdad : Nace el vahr, »o sé mi^

quiere : patrimenio es del aimtu Asi princípaa

una obra de nmeba y bien merecida fiwsoA^ Gsfee

pensamiento es falso á los ejes de quien bosaa i^

v^ady cerrando los oidos á la severidad dé he pn*

ufaras. En. primer lug^ar el hombre nace co**

barde, ponpie nace endeble^ imbéoily é ignonmtie.

La experiencia de sus propias fneraas, da aa

habilidad, ó de su fortuna en los peligras^ h» dé

eenfianza, y deesta nace fk valor z asi la vmifti^

dbl soldado veterano aLbisóSo no oeosiste ett|

oÉraoosa. Adraaas la neeesídad'faaoe^lambMtt

al hombre valiente: tal defiende eon inÉMpidéa

etícasatqne aoasaitanalaagiena.. Bay hfeffaee

4110 ffleroii eebwdes k priflBMa mitad «de ia imhit j' Taliettte« la otn MiHad» ¿ * Donde está» pvts^ d valeriniNita P ¿ üqa «NmdttncioiiM no imu dríainos haew mkn^»tM y atraa machas* wttn* ciaa magíMralea ^iie eiem eseritotaa aitampan cíagMDeate» y nil leetanai adaptan sm ra« flexiea!

BaaMa mi^ coman oir decir en lea elogios de pwaottai ilastores por su alcáraia: iSWjPsneroim aocsaae» eran. Atocle /a mngre qm eorHa^por m$> atMlf • Fára que esta sentencia fuese rerdadaray serfa menester enámínar antes : 1. si tedos loa nobles obran generosas acciones : 2. si los pie» beyoai^ son incapaces de obrarlas : 3* si la sang^ éA mas empinado seíaior se diferencia de la del eabnro<: 4« si la sangre en e] uno y en el oteo puede influir en la moralidad de las acciones humsDU»: 5. si la sangre puede recibir en sí misma Imner 6 infamia : Q* si la nobleza es otra oosa ^a#nna distinción civil, y no ima calidad fisiea» 6 moni inherente al individuo : 7. si el concepto da la* nobleza sehereda de otromedo que por la pÉbüca- opinión» y por la memoria que de ella emisdpva el qué la goaaa : 8i ú quando la nobleza Ihiese wia virtad, no siendo sino el premio de ella^ lan witode» se propagan en las familias, y se pre« pngan- per generación: 0. si el noble es Terás, jtato y • gfenerose per ser lo que suena, y no por<« 4faé se acuerda que necesita de estas buenas pren** daa paira np perder di aprecio de su estado ; 10*

H Ift^biieiNt optnk)!! que foro^amM de la.c^ndnGífi^ de io8 DoUes se funda en otra coea que ea la aoponokm de una crianza superior á la de la plebe* ¿ títtieD no vé, pues^ que seme^aate ccMicepto no tiene mas valor que el de una metáfora «fuando ittas ; y. que las metáforas valen menos de lo que suenan? .

Hay otros pensamientos que cansan y fastidian por demasiado verdaderos, si se puede encarecer asi ; quiero, decir por comunes y trivialeSf como quando leemos : Ims pasiones ciegan al entendió miefUa,''^Lamayar victoria es vencerse á sí mismuK '^^Eloro iodo lo puede ^ Sí.c.

De lo extraordinario en los pensamientos. — Para que un pensamiento sea relevante, no basta que sea verdadero en todas sus partes; poea muchas veces á fuer de verdadero, es insípido j trivial como hemos visto en los tres últimos exempíos» Es menester que, ademas de la verdad que contenta al entendimiento, encierre alguna cosa que toque el animo por lo nuevo y extraor* dinario. La verdad es para los pensamientos lo que son los cimientos para los edificios, que hac^t su solidez y firmeza, mas no su magestad y hermosura : porque si al estilo didáctico se adapta kt verdad desmida para la instrucción cofldon; requiere en el orador é historiador, quando m trata de inover y pintar, un ayre y modo noble y ^pléndido.

En él siguiente exemplo leemos un pensamie»-

^to veniadero» pero séticillo y ordinario : iMp^ iret fúWtíJtHos vencieron á las ricos asiática. Para liaeerle sobresaliente con la novedad y nobleza de la frase» dice un autor : La pobreza romana pisó hs cetros de oro del Asia. Leemos en este otro ezempto un pensamiento verdadero^ pero conann : La virtud es de todos los puestos. Este mismo recibe una forma mas excelente» sin perder nada de la verdad, diciendo : La virtud res* pimdece igualmente dehcíxo del pellico qué debaxo áe lapúrpura.

Pensamientos extraordinarios por lo nuevo de la imagen son estos, que son también del género sablime : Son los ojos de dios de larga vista, sin taaa de lugar ni tiempo, dice el P. Márquez en la tBtroducciOn á lá Yida de San Gerónimo ; y en la misma añade; La malicia del Demonio se i»a extendiendo al misino compáé de hs siglos.

£1 mismo autor, que fué excelente maestro en este género de pensamientos, nos ofrece otro escemplo, que no queremos privamos del gusto de tarastadar aqui. ¿ Como no hahia David de juz* gar por miserable á Babilonia, si entretanto que se enseñorean del mundo se apodera de ellos la codicia, y antes que manden á sus cautivos obede-- een á sus deseos, y andan hechos unos siervos vües, forzados de su ambición, y remeros de su an^ tojo ! Esta imagen nueva y feliz de los forzados de galera ¡ cómo realza el afán, pena, y sudot de los ambiciosos !

i2ñ

Dfel ingenio singular de Fr. Luis de León, que mostró en este genero de conceptos extraordina^ ríos inyentiva, citaremos este' pasage, donde dice : que, como por la corrupción de nuestn^ costumbres se han hecho compraderas todas las cosas; parécele al que es señor del dinero, que es fuerte, sabio, discreto, y bien afortunado; y añade : De aqui nace que la altivez ^ la presunción j el desvanecimiento, la vana confianza, y el engaño, comen de ordinario y duermen con los ricos. ¿ Se podía buscar unión mas estrecha y mas constante entre unos amigos que comer y dormir juntos ? Es el ultimo esfuerzo de la expresión metafórica, sin violencia del concepto.

Felicidad, 6 mejor, sabiduria, es este acierto de escñbir : porque suele acontecer á los muy curíosos de ostentar pensamientos nuevos, que caen en afectaciones baxas ó pueriles : porque del mismo lugar de donde viene el bien, viene también muchas veces el mal. Asi es que lo que mas ayuda en algunas ocasiones á la hermosura» grandeza y gracia de la elocución, esto mismo en otras suele ser causa de lo contrarío, como se . puede echar de ver fácilmente en los hipérboles^ y otras figuras de dicción. ¿ No es reprehensible el mismo Platón, quien, hablando de los muros de las ciudades, dice : Soy del parecer de Esparta, dexarlos dormir en el suelo, ymo lévan-^ tari sP ¿ Ko es ridículo el otro pasage de Herodóto» quando llama á lus mugeres maí de ojos?-

«Í7

De la gracia en los pensamientos. — Donde quiera qne se junte el saber con la gfracia, y el deleyte con ia razón, dice Plutarco^ no está sin fruto, ni es vano. Esta gracia, este don tan raro, concedido á Homero y Anacreonte entré los griegos, á Virgilio y Horacio entre los latinos, y á Praxlteles, Rafael, y Corregió entre los artistas, es una expresión dulce y ligera qne hermosea al pensamiento quanto mas parece qne le oculta. Es cierto encanto que da especial mérito á las obras de ingenio, y que apenas se acierta á definir. ¿ Sei-á lo hermoso, suave, y agraciado que forma lo que se llama venustidad!^ ¿ Será aquel molle aique facetum de Horacio, que en el estilo ínfimo es llano y recogido ; en el mediocre, mas aderezado y vestido ; y en el alto, mas trabaxado y artificioso ? Es lo mas delicado de la elocución, que acrecienta su he)*mosura y halaga al oyente aun contra su voluntad.

Asi habla un autor moderno de una niuger hermosa y sabia al mismo tiempo. Juntaba todos hs embeUsos de muger con todos los estudios de hambre ; y anadia el mérito qmndo hablaba de hacer olvidar su hermosura. — Hablando del £m-' perador Trajano dice un historiador : El pane-' gWico de Plinio desluciría el nombre de Trajano j n á fuerza de mereoerhj no hubiese borrado el héroe la flaqueza de haberlo oido.

Siguiendo este mismo delicado modo de concebir'y producir los conceptos, oygaulos loque

dice cierto autor/ hablando de un sabio que murió en grande indigencia. Murió tan pobre que no pudo dexar á sus hijos, sino él honor de haber tenido tan virtuoso padre. — Para encarecer la virtud y desinterés de un cortesano, dice otro autor, en su elogio : Tuvo Id dulce satisfacción de haber hecho la fortuna á sus amibos, y la gloria de no haberse acordado januis de la suya. Hablando de los favores y mercedes que hacia un gran príncipe, dice Antonio Pérez: Hace las gracias con tanta liberalidad, que abre primero la mano para hacerlas que el que las pide para recibirlas.

No será fuera de propósito trasladar en este lugar algunos exemplos de nuestro Solis que, en materia de elegancia, en los casos en que se libró de la afectación, es dechado de la culta y delicada frase castellana. Refiriendo algunas cirótmstancias de la vida privada de Motezuma, continúa : Asistían ordinariamente á su comida tres 6 quarto juglares de los que mas sobresalian en el número de sus sabandijas; y estos procurabcm entretenerle poniendo, como suelen, su felicidad en la risa de los otros, y vistiendo las mas veces eñ trage de gracia la falta de respeto» Con no menor delicadeza dice en otra parte hablando en elogio de Hernando Cortés : No necesitó Cortés mucho de su el()qüencta para instruir y animar á sus soldados, porque venian ya todos alentados^ hecho ya deseo de pelear la misma costumére de vencer. — Queriendo en otra parte encarecer el

3j20

ánimo de Cortés en sus primeras empresas, dice : Se prometió tanta prosperidad de aquel descubrid miento ; qite^ elevando á grandes cosas su imagi'- nadon^ üegó con la esperanza á donde antes no ¡legaba con los deseos. — Dice en otra parte de su historia para expresar el amor que merecia de sos soldados : Ayudahan todos á Cortés con su caudal y con sus diligencius porque sabia grangear ¡os ánimos con el agrado y ¡as esperanzas, y ser superior d todos sin dexarde ser compañero.

No son pocos los exemplos que en este género nos ofrecen otros autores nuestros, de quienes copiaremos algunas sentencias para amenizar la materia con la yariedad. Refiriendo nuestro Argensola, en la conquista de las Molúcas, la amenaza que hizo un capitán de una galera español^ en FiUpinas á la gente de remo, que era la mayor parte de chinos, de que si no hogahan con huís hrio, les cortaría el pelo, dice : Esto era para ¡as Chinos injuria digna de muerte, porque tienen la honra pendientie de sus cabellos : críanlos cura^^ das y rubios, y precianse de ellos como las damas de Europa, y peynan en ellos su gusto y re-- putacunu Puede perdonársele al autor el ayre poético de este pasage por lo galano, delicado, y exquisito de la expresión. — Hablando Yepez de Ips deseos de Santa Teresa de padecer mar^o por la fé de Christo, prosigue : Estos fitíwnsuus deseos, y debieron de ser bien de veras y guesMidoehs vio cumplid^; porque, aunque m

S30

fmé, mártir de sangre y cuchillo^ fuélo de esfnritú, y los trabaxos labraron en eUa la corona que eti oíros labró la espacia, — Diciendo el P. Márquez que no es la menor parte déla gloria de un príncipe verse suceder de quien con iguales hombi\)s pueda llevar el peso del gobierno, prosigue : de modo que no se eché de ver otra mtuianza que €7í ser diferentes las puertas a que llaman los vasalloSy y otras las manos en que ven librado su consuelo. Añade el mismo autor, hablando de -la introducción de tanta profanidad de músicas :y bayles deshonesrtos para inquietar las almas z Como si nuestra sensualidad no tuviese mas necesidad de f retío que de espuelas !

Concluyamos con aquel gracioso y agudo cKcho de Atalo^ quien, rogado por Lácides Civeoéo que se fuese á acompañarle en el gobierno de su reyno, prometiéndole grandes premios y su aniistad, le respondió : Que se lo agroáiecia mucho ; mas que en ninguna manera saldría de donde estaba^ porque hs jilósofos son como algunas imágenes que quieren ser vistas de lexos.

Dionisio Siracusano, aunque parecía nacido para crueldades, todavía se holgaba grandemente con la doctrina de Atistipo Cyrenayco, de cuya agudeza y gracia gustaba mucho. Hizo traer Dionisio tres hermosas doncellas en edad floreciente, para que el filosofo escogiese la que mas le contentase j y este dixo : Las tomo toda» tres : no me suceda lo que ó Pátispor haber preferido

nna á las otras dos diosas. Concluiremos con nu pasage de Lorenzo Gradan que junta la gracia con lá novedad. Hablando de las empresas temerarias é infructuosas, dice: Casarse^ como Carlos Octavo, con la fama á secas, es buscar muger pobre y estéril.

De lo sublime de los pensamientos. — Por la palabra sublime no hemos de entender aqui lo que en la oratoria se llama grandiloqüencia, la qual pide siempre grandeza y alteza en la dicción. £1 sublime puede encerrarse en una sola senten^ cia, en una sola imagen, en una sola fi*ase. Asi es que una idea puede producirse con estilo su* blime, y no ser por esto sublime : porque solo tiene esta calidad lo que por extraordinario, estupendo, 6 grande nos suspende, admira, y arrebata. Y estos efectos son mas de la forma extra^* ordinaria de la expresión ; que de la grandeza misma del objeto. Por exemplo, este pensa«> miento. El arbitro supremo de la naturaleza con una sola palabra crió la luz, está en estilo elevado y magnífico ; y sin embargo no es sublime, porque no es un modo de decir tan nuevo y maravilloso, que no ló alcanze qualquiera entendió nríento. . Pero, quando dice Moysés, Dios dito hágase la luz, y la luz fué hecha ; ó coa mas brevedad> según la versión literal del texto hebreo, Haya luz, y hubo luz, el dicho es en todos sentidos sublime, porque baxo de todos aspectos es extraordinario y estupendo^ ^

• Cinco son las iiiéntes que se señalan coman* mente al sublime : cierta elación de espíritu qoe nos hace pintar felizmente las cosas : una gran viveza de afectos y pasiones que se puede llamar entusiasmo, capaz de conmover y perturbar loi ánimos ; y estas dos lo deben todo á la naturaleza, pues nacen con el hombre. Las otras tres dependen del arte» como son: las imágenes y figuras, manejadas de cierta manera; la nobleza, de la expresión 3 y la dignidad y munificencia de las palabras.

Y aunque la primera de estas cinco calidades, de lo sublime es mas bien un don del cielo que una prenda que se pueda adquirir; debemos, en quanto sea posible, criar nuestro ánimo para lo grande, y tenerle siempre lleno é hinchada^ por decirlo asi, de cierta elación noble y ge* nerosa«

Esta elación de espiritu es una imagen de la. grandeza del alma ; y por esto nos admira el pensamiento callado de una persona á causa de la grandeza del valor que nos representa. Ayax, introducido por Homero en los infiernos, no se digna de responder á Ulises, que le hace allí mil sumisiones. Este mismo silencio encierrar mas grandeza que todo lo que pudiera haberla dicho.

Grandeza de los pensamienios* — La primera calidad para producir cosas grandes, es un ánimo . elevado; y asi no es posible que el hombre que

«SI

bu TÍvido: ceñ hábitos é úiGUnaciones baxas y sarvílesy pueda alcanzar jamas espíritu para decir cosas maravillosas y dignas de la posteri* dad. Asi vemos generalmente que solo á los grandes Varones se les caen de la boca dichos extraordinarios* Oygamos lo que respondió Akxandro Magno, qnando Darío le ofreció la mitad del Asia si se deposaba con su hija. Par mí, le dixo Parmenion, aceptaría esta oferta ; y también yo« le replicó, gi fuera Parmenian. Esta respuesta solo podía salir del grande corazón de un Alexandro.

En esta parte es principalmente en la que ha sobresalido Homero, cuyos pensamientos son to-. dds sublimes, como quando describe la discordia, personificándola de esta manera : Que tiene la ca^ beza en los cielos y los pies en la tierra» A la verdad, podemos, decir que está prodigiosa grandeza que le da es menos la medida de la Disc<Hrdia que de la capacidad y alteza de espíritu del, poeta.

Traygamos á este propósito otro pasage de Homero, en que habla de los hombres ^ y veremos quán heroyco es quando pinta el carácter de un héroe» Una densa obscuridad había cubierto repeHtinamente el exército de los griegos, y no les dexaba pelear contra los troyanos. En este caso apurado, no sabiendo . AyaX ya que; resolución tomar, levanta los ojos al cielo y exclama asi:. Gran Dios i Aparta las tinieblas, y pelea

8S4

wntra naí&trós á Ía hit del dki. JBstos son los •verdaderos afectos que se podian atribuir á un guerrero como Ayax. No pide la vida ; sería baxeza para un héroe : pide la claridad, para señalar su valor, y hacer á lo menos un fin digno de su gran corazón, aunque sea peleando con el mismo Júpiter*

Comunmente es grande un pensamiento quando decimos una cosa que nos hace ver otras muchas, y descubrir de una vez lo que no podríamos esperar sino después de una larga lectura. Lucio Floro nos representa en pocas palabras la carrera de toda la vida de Scipion, quando dice de su niñez : Este será aquel Scipioíi^ que crece para destruir á Carlhago. Parece que vemos un niño que va creciendo, y subiendo como gigante para la grande empresa que algún dia había de acabar. El mismo historiador nos manifesta el gran carácter de Anibal, la situación del mundo, y el inmenso poderío de Roma, quando dice : Anibalf fugitivo^ corría toda la tierra buscando un enemigo al pueblo romano. — ^De este mismo Capitán Cartaginés en su última desgracia, dice un escritor moderno : Anibal^ vencido en Zama, viendo su patria aun entera recibir la leg del ven^ cedor, le vuelve la espalda ^ huye^ y va á perecer en Asiú . En esta pintura descubrimos la dignidad de Anibal apartando la vista de un imperio, como un padre de la de su hijo que abandona : vemos la desolación de Cartago, desamparada

SS5

del ünico ciudadano que podía salvarla. En ftti, nos parece ver, no un hombre, sino un gran río que va á morir en el océano á mil leguas de su nacimiento.

Estos pensamientos ^ndiosos nos complacen por aquella curiosidad que tenemos todos de per* cibir de una ojeada muchos objetos que se enla* zan, pues no podemos alcanzar el uno sin desear el otro. Lo mismo sucede en la pintura, donde no ^stamos tanto de un jardín regular, como de un pavsage, porque nuestra vista apetece siempre extenderse hasta el término mas remoto.

£1 escritor eloqliente se distingue, no solo en la gracia, delicadeza, y energía de la expresión, sino también en la grandeza y valentía de las ideas. Esta dichosa unión inmortaliza una obra: porque un idioma, ademas de' que insensiblemente se ¡envejece, las locuciones mas pulidas y selectas pasan á ser comunes, perdiendo con el tiempo, que muda los gustos y las costumbres^ aquella fuerza y frescura de colorido que las ha* cía agradables. Pero, como la grandeza de los pensamientos es de los homl>res de todos los tiempos y payses, lo es también de todas las lenguas, y por eso puede, pasando de unas en otras, sufrir una fiel traducción.

lias obras que han de pasar á la posteridad deben fundarse mas en ia elección y grandeza de las ideas que en lo hermoso y escogido del estilo* JLas que están adornadas de estas últimas pren-

ddfii poclrán conseguir un aplauso mas pronto, , pero menos general ; mas brillante, pero menos duradero. Y es la razón, que como casi todos los hdmbres mas han sentido que visto, y ma^ han visto que reflexionado ; á la mayor parte de ellos les conmueve mas la hermosura de una ex* presión que la profundidad de un pensamiento. Por esta razón en todas las naciones la edad de los poetas precedió á la de los oradores.

Entre los pensamientos propios para agradar k las personas de todos los tiempos y payses, se cuentan las imágenes y las ideas que se admiran en ciertos pasages de Homero, de Virgilio, del Taso, &c. donde estos eminentes escritores no se ciñen á la pintura particular de una nación 6 de un siglo, sino del género humano.

Délos últimoíf romanos en el siglo VI. habla asi nn moderno historiador, haciendo resaltar la pintura de su nada con la grandeza hiperbólica del contraste. Los rmnanos (dice) en este tiempo^ car^auhs con la pompa de sus títulos, y vados de gloria y de vigora no eran mas que la sombra de si mismos*

Si se desea la guerra, dice el P. Márquez, para engrandecer el estado, vienese á caer en manos de la codicia ; hidropesia insaciable de los conqui^ tadores ; y añade por exemplo : Como sucedió á Boma, que impaciente de ver senario en otras. ma^ njOSf llegó á envidiarlo aun en las suyas ; y no podiendo siffrír á otros con imperiop ds^pms de

káberseh quitado al África y á la Grecia j no sé pudo sufrir á si mismas y di fin rebmtó de su grandeza. — ^De la primera guerra pünica dice asi una valiente pluma : Los Cartagineses j dueños de las costas de A/rica^ lograron luego hacer de la Sici^ lia un puente para pasar á Italia. ¡ Qué ' grandeza depuente, y qué feliz metáfora !

lia grandeza de las imágenes que brillan en los símiles, roban la atención Universal délos oyentes. Para pintar el ultimo estado de aniquilación del Imperio de Oriente, dice un historiador: Solo añadiremos que ya en tiempo de los últimos Emperadores, reducido á los arrabales de Constantmoplaf acabó como el Rhin, que, quando se pierde en el oceanOf no es mas que un arroyo.

De estas mismas imágenes y símiles se saca que la grandeza en las pinturas es la causa universal del sublime. £n efecto, ya sea el deseo habitual é impaciente de ocupar nuestro ánimo y de levantar nuestro espíritu, ya sea por otra qualquiera causa ; experimentamos que la vista aborrece todo lo que la estrecha, que se halla oprimida en las gargantas de las montañas ó en el reeinto de altas paredes ; y al contrario sé complace en una vasta Hanura, ya extendiéndose por, kt superficie de los mares; ya perdiéndose en un horizonte remoto.

Todo lo que es grande ha de ser precisamente

* obgeto sublime á nuestra vista, ya nuestra ima-

ginacioiiy que alcanza á doüde no akanzan los

29»

ejós. Este género de bellezas en las descrip^ Clones y comparaciones, es infinitamenle supe^ rior á qualquiera otra perfección, la qual, como dependa, por exemplo, de la exactitud de las pro^ porciones, no puede producir una impresión tan viva ni tan generalmente sentida. En efecto, si se contraponen á las cascadas que construye el arte, á los subterráneos que excava, á los muros y torres que levanta, las cataratas del rio de S. Lorenzo, las profundas cavernas del Etna, y los enormes peñascos confusamente apiñados en las cumbres de los Alpes ¿quien no sentirá en su alma aquel placer mezclado de asombro que produce esta prodigalidad, esta tosca magnificencia, en las obras de naturaleza !

Parst convencernos de esta verdad, suba un hombre una noche serena á la cumbre de una montaña para contemplar desde alli el firma-^ mentó. ¿ Es la agradable simetria con que están distribuidos los astros lo que le arroba?' Nada de esto, porque alli ve la via láctea sem-^ brada de un número infinito de estrellas, y mas. allá vastos espacios. ¿ De donde proviene, pues, la impresión del delicioso asombro que experimenta el contemplador ? De la misma inmensidad de los cielos. En efecto; qué idea tan grandiosa no nos debemos formar de esta inmen-. sidad quando innumerables 'mundos resplandecientes no parecen sino centellas confusamente, esparcidas en los espacios etéreos, y á mnchisi*

mos apenas los alcanza nuestra vista de tan retirados en los abismos del firmamento ! Entonces ia imaginación que se arroja desde aquellas últimas esferas para penetrar hasta los orbes inri* si1>les, forzosamente ha de sumergirse en las profundas é inmensiuables regiones celestes, y elevarse el espíritu arrebatado en la contemplación de tan grande ol)jeto. Por la grandiosidad de estas decoraciones, en qué la débil mano del hombre no ha tenido parte, ni osa tocar, se ha dicho en el género descriptivo, que era la naturaleza tan superior al arte, que es lo mismo que decir qué los grandes retratos eclipsan á los pequeños.

También en el estilo místico, en que han sobresalido nuestros escritores, hay su grandeza que tiene sus propias fuentes. Tratando el P. Yepez de que en los arrobamientos e^ en donde el señor descubre al alma los tesoros de su sabiduria y grandeza dice : JEntonces. es llevada el alma á la región celestial y de viday dofide reside el Rey de la moffertady donde mora la pura verdad y IttZt y donde se Italia el original expreso de todo lo que tiene ser* Alli están los elementos puros: allí los mineros ¿le aguas vivas: allí los montes y ala^ layas de donde se descubren los caminos de la éter" nidad. Y si comparamos con aquella región aqueste nuestro destierro ; no será mas que com^ parar las finiebUis con la luz purísima; la turha^ don y el desasosiego con la paz y descanso etemo*-

Per el mismo estilo mistico-sablimé cosscrela el Maestro Avila á una Señora de lá pérdida de una religiosa amiga suya que había muerto en olor d^ santidad, exhortándola á que deponga el hito y el duelo, con estas palabras: En hadas está vuestra amiga j 6 ataviándose para eldia de ellas, y ningún contento recibirá de veros con ropas ck tristeza en las fiestas de su alegría. Sacádola han del lugar de la misei-ia y del lodo ; y de la heZy y de los peligros, trasladándola á la región de lá seguridad, donde luce perpetua luz y gozo que sale de la vista de la Divinidad, que, como ria de grande avenida, refresca, harta, y embriaga á los ciudadanos del cielo. Su comida es del arbúl de la vida perpetua, y su vestido lumbre y gloria : y su corazón está transformado y absorbido en el mar infinito de la dulcedumbre de JDios.

. Bin embargo, el movimiento hará mas sen^ sibles las imágenes que su misma grandeza. Estas, por su continua novedad y sucesicm, nos causan una impresión mas viva y mas duradera. Menos nos mueve el mar en calma que una tor<4 menta deshecha : menos el cielo sereno y aem-i*^ brado de estrellas que iluminado de relámpagoi^ y cargado de nublados ; menos una laguna cris« talina que un turbio y raudo torrente que arranoa los árboles y arrajnblá los campos. La acoi(»i^ y no el reposo, constituye la fuerza de noesti^ alma. En este piélago de la vida, diceun file-* sofo inglés, por dwde aa^egamos. d« mttohpa:

3«L

^«estrat Wmit^. Tami^co D40S se mod^ mmpre en útni |>€}rpétaii quietud : ^ i?|pj^

JWirjM ^e <M iV9ihaMiiím<oir«*--PetiBainíeiito ¿Mrte wrá aíeiupire nqu^ ^e cauae la ms^ y\v% inpMskm) y esta puede iweetv ^ 4e la i4ea mith oía, ó del modo de expresarla. Así bh que la idea am comor^ ftieado representada c<h» irivas ÍÉiágMies, puede oomuever poderosamente, - Pan UQ confundir ios efectos de lo fuerte coa 1m de lo ijrande» «s aeoesario entender que si la .grandt bace utia impresioa viva, kt fuerte la mas viva Mn,, poique ésta nos toca mas de Los axtoofta» del Pórtico y del Lycéo, ÓMptiiaiitet 4 tc^dos.les.hoiBbr^Sy y como tales á los atcttíensesi no faacioii, #in einbacgo, en estos lé Bflésma isipresion que laf barangas de DeMéstems. A ios .oyenties siempre les conmovelíaa ntaa las ideas mi»s conformes á su sitoacioa ftMonte, y por eso misado mas interesantes, qo^ •qneUas 4|iie9 por ser grandes y {generales, miraii directa é inaiediatamente al estado y cir-r CHIS en qoe se hallan los hombrea ^or oievtos rasgos de eloqiíencia de^ la aur tígííedad^ qUe entonces encendían los ánimoSi.y algnaas onciones veheaietítes en que.se c;antr9'» ii^artía ia suerte del pueblo y «los intereses da la ■ifAbIks» tko k(fr4A «na aceptación tan general

como los descubrimientos de los políticos y 'filok sofosj qne conyienen á todos los tiemposi á tod^Mi los homhi'es^ y á todos los gobiernos.* Asi pues^ solo decimos que una {«"oposición es fuerte^ quando se trata de un obgeto que nos interesa. Por la misma razón no damos este nombre á las demostraciones de geometríaj porque no tenemos un interés, ni corremos ningún pelig^y en too creerlas.

Quando se trata de imágenes 6 descripciones para herir la imaginación, lo fuerte, asi como la grande^ no deben presentar sino obgetos magníficos. Las cosas que son pequeñas por A^ 6 que se hacen tales por comparación con las grandes^ ^pepas nos hacen impresión* Todas las fuerzas y robustez de Hercules desaparecen, si le pinta* mos al lado de Bríaréo que, poniendo una montafia sobre otra, pretende asaltar los cielos.

Mas, aunque lo fuerte es siempre garande, lo grande no- es siempre íiierte. Figuremoa oón pincel poético uoa decoración del templo del wA, del bym^néo de los dioses, ó de la región esti^es liada ; podrá ser magnifica, magestuosa, y aim sublime; mas nunca hará una impresión tanvi^a como la pintara del negro tártaro. £1 quadip deU Ghfiaáfi Miguel Ángel asombra menea la uni^nacion que el de su Juicio, univejrsal, y ^ la razon^ sin dudft, de que quando se busca |o terrible, el ingenio: no tiene la misma necesidafl de inTjentar : ^ if^if rn.Q e» /sieiitpre botante e

jmntoso por si mismo. Luegfo, parece que lo* fuerte és lo grande unido & lo terrible. Pero, cómo no podemos comunicar nuestras ideas, sino por medio de las palabras ; si la fuerza de lá expresión no corresponde á la del pensamiento j por fuerte que este sea, sienipre parecerá débil y lánguido*

Para causar una impresión fuerte, es necesario que el pensamiento se vista de una imagen que^ ademas de su ajustada conveniencia,, sea grande y no gigantesca, y noble, mas no hinchada.

]>el tiempo de las guerras civiles de Roma asi habla un historiador: Entonces Jitó menester at^ Tancar á Jas provincias la sonara de Uhertad que ' les habia quedado, y entregarlas á los Pretores, estos tigres sedientos de sangre y de rapiñas, precisados á volver á la patria cargados de crímenes y tesoros. — ^Del desctibrimiento y conquista del Nuevo Mundo por los Europeos escribe otro esta admirable reflexión. / Qíié antiguo %«- hiera jamas imaginado que wí mismo planéia tuviese dos emisf crios tan di/erehiesy que^ el úiÍo hidria de ser subyugado, y como' tragado por el ' otPOf después deuna serie de sighs^^ué se pierden 'éit las tinieblas y abismos de los tiempo^ f '^D^l tremendo dia del Juicio final habla un- el^q[ÍiéiMe egerílor con esta grande y ftierte éxpresioh. / ¡^(9 Señor Eterno! En el üdtimo diá' de hé^'sif/los guando se rasgará elvdo delJümáiÁeútó / qáaníío tu brazo invencible detendrá él sol en su ódrrerá «

^ando, reiuscitadas dtl polvo todas ím gtMttt^ clones^ dependerá el destino eterno de hs honibreg de una palabra de tu boca ¡podremos ver sin eypanto las agonías de la naturaleza moribunda f

La excesiTa grandeza de una imagen machan veoes kace ridículo al pensamiento^ j siempre causa una impresión débil : porque apenas ha-» bfá hombres de tan exaltada imaginación que puedan representarse los Alpes, brincando comd venados.

Novedad de los /ien#am{ento^.— «Otras reces sacan los pensamientos lo sublime no de la gftndesa ó fuerza de la imagen» sino de su novedad^ que sobrecoge nuestro ánimo contra toda expeo^ tacion. No estando apercibidos» recibimos la herida sin resistencia del entendimiento^ ni de ki voluntad.

La resurrección de la carne es representad» por un orador con esta nueva y breve imagen ? El sepulcro restituirá su prera.^*^De un privado^ caido y perseguido, dice otro : JFVó/ii^o de Carié en Corte, parece que Uevaha la persecución atadA 6 su sombra.^^J}e un monarca sabio y amante dé los sabios» dixo otro: Este es d primer teyqaa hizo sentar la filosofía en el frono»-^A los hombrM asidos á las codas terreilaliési les dioe «n orador : 8aM del tiempo y aspirad á la ekrmdad.'»*-9wtm, pbuderar la gnttide alitigüedad dfe Bgipto» asi s6 etplica otro : JEn hus pirámides de ^/ipto toea^ eí vuQero los primeros s^fioe del AniundOé Da unan»

Í46

tfg«i> G^neral^ mas dedicado á las letras qae & las mrmaSf dice otro-: Hambre gue no entmdíadé ¿fWéfTHy criado siempre 6 la sombra de lafilosGfiav — Un astrónomo, hablando de la revolución de loa astros» de las estrellas mas remotas de nuestro sistema; y del tardo período de los sistemas jmvtosy se explica de esta manera : Estos tiempos jp» tan largosy son tan cercanos á lo infinito, que . se Uspodria Uamar momentos de la eternidad.-^ I>ice on eloqüente escritor político hablando del deipotismo de los Estados del Asia : En toda la historia de los pueblos de oriente no leemos nn rasjfú de un ánimo Ubre, sino el heroismo de la ssdaiñtud.

Toda la inerza del sublime en estos pensamientos Bace de la novedad de la expresión, esto es, de casar ciertas palabras que jamas habíamos TÍ«to jm^itas. Por exemplo : la presa del sepuU ero : salir del tiempo : atar la sombra : sentarse laJBosafta i tocar los siglos como con la mano r la sombra de la fihsofia como si fuese la de un aybol frondoso : dar momentos d la eternidad^ y heroismo á la esclavitud. Todas estas metafórioM expresiones no pueden dexar de sorprehendbr por lo nuevo y extraordinario.

Variedad en los pensamientos. — Hay.otra clase de pensamientos que, ademas de lo g^ande^ fuerte» y extraordinario, toman un gran inore* mentó con la variedad de imágenes, mayormente etkrh» paitaras y descripciones* ^i> por oxena* .

2á8

plp^ la yúfta de un maír sin limites es ibm a^^^ (l^ble que la de una grande lagpina, es porque Im mayor ej^nsion alimenta el placer» causando una impresión nueva.

Es, á la verdad, hermoso y plácido estojgrande expectáculo ; pe^o la uniformidad continuada de su ¡danicie, de su color, y de su constante sosi^po, llega luego á enfadamos. Pars^ ^bx variedad y movimiento á esta pintura, se le añadirán nuevos accidentes que la hagan sabUme mas y mas. Si la tempestad personificada vuela en alas del aquilón envuelto en negros nublados, y precipir tandose desde el Austro lleva arrolladas por de* lante las liquidas montañas del oceai^o ¿ quien duda que la sucesión rápida y variada de los formidables aspectos que presenta el trastorno de las aguas, no cause impresiones nuevas en nuestra imaginación ? Y si, para aumentar d horror de la tempestad, se añade la obscuridad de la noche, y las montañas de agua, cuya cunibre cierra al horizonte, se iluminan de repente con la repetida reverberación de los relámpagos ; este ipar tenebroso, trocado en un instante en otro mar de fuego, formará por esta variedad, iinida á la novedad y grandeza, una de las pinturas mas propias para asombrar nuestra imaginación. En el género descriptivo es gran primor del ^rte no presentar á la vista sino obgetos en mo* vimiento, hiriendo muchos sentidos á un tiempp si es posible. Por exemplo : el bramido de. las

ola*» el «lívido de los TÍenton, y el eMáOidotle ío¿ truenos, han de aumentar en nuestro ánimo un secvela terror, al mismo tiempo que nos llena de una curiosa admiración y deleyte la vista del mar raabravecido.

ARTÍCULO ri.

DEL ESTILO ORATORIO,

Considerado en stts tres géneros,

Tkes embaxadores enviaron los Atenienses á Roma para alcanzar remisión de la pena de 500 talentos que se les impuso por haber destruido la ciudad de Oropo, que era de la jurisdicción romana. Cada uno de ellos oró de por si en el Senado clara y copiosamente. Y como todos tres eran filósofos de sectas y doctrinas diferentes^ mostraron á los romanos tres maneras de perorar, de que hasta entonces no habían tenido noticia, y las tosieron con vario estilo, á exemplo de Homero que atribuye á Ulises oración copiosa, á Meneláo corta, y á Néstor mediana. Imitaron también en esto á tres provincias de Grecia, porqué los Asiáticos eran abundantes y pomposos, los Aticoií recogid<^ y sosegados, y los

S4Í Bltfrfm gumlabMi uii ciwto medios tteittejlíft>-

Kitfrooles^ 7 á Mooocleis^ qnime», i<ttcho<de CK CMOB^ fiíorpn das^ hernmnos^. piwcipOT áé i&é oradores asiáticos.

De los tres sobredichos embajadores, el primero que peroró fué Carnéades, académico, y usó de oración copiosa coa msigestad y grandeza : el segando, Diógenes, estoyco, el qual habló con palabras sencillas, aunque con sabiduría agracia* da y sutil ; y el tercero, que era Cratiláo^ peripatético, nsó de estilo mediano, aproTechandose de Jos otros dos con moderación. A todos tres respondió de repepte ^ Senados Celio, el qnal con 8U pronta agudeza de ingenio los imitó de tal auerte, que no menos admirados quedaron loa tCM filósofos que todos lo^ senadores^

Dionisio de Halicamaso divide fn tres claM9 los caracteres generales del estilo, con Wa nomv bres de av>sUvo^;fiarídOf y médio^ Diatingue al primero por sa energía y robustez, e& que táMü poca parte la suavidad y el ornato» y pose pov modelo & Tucidides entre los prosíataa: a^ se^t giUido, por su ornato, fluid», y dulzura tm qne campea mas el numero y la gracia que la ener^ gia« señalando por exemplo á Isócnub^ entee los oradores : y al tercero, como que participa da Um otros dos,, y de sus virtudes. , Cic^roa y Quiatiliano dividen también el es* tÜA en tceiigéi^cos Mgoa sua d»v<rs«i caliibMkc

94»

T MU «I mnciUó^ ^grmvef y elifiédio. Lw méi' de los retórÍDM bao adeptaá^ despue» este sis-* tenoBt dándole diferentes interpretacíoDes é Hus*'^ traciones á cada una de las tres clases. Llaman' al sencillo tenue ó sutil; al ffrave yehemente y' levantado ; y al fnedio «templado.

Clasificadas retóricamente estas diferenciad^, de decir^ se señala comunmente al género títme para el estilo epistolar, para los libros de éntrete-' nimiento y donajrre, y para los asuntos doctrina-^^ k» dmsdt^ aooqne se traten cosas sutiles y agu*- ém^ pora mayor claridad k iateligeneia de ló que se dispata y enseft» se tratan con palabras caawiwita y ordinarias, claras y sigpEiificatiTas. El s^goaiio género^ que es et gi-ave ó yebemente^ se ba de tratw con ten^aage levantado, üustre, y ntifíciosaniente adornado. Si para e) primero bastan la gratt)átTea y lá dialéctica, para este ea aeeesavia la elo(]^eacia. Este estilo resplandece mp los paiiegiricos, barengas, y razonamientos séríqsy . y en las composiciones heroycas. El ter-^ cer género está entre el tenue y grave ; y asi se Uaoia iemfiadú^ porque guarda un medio entre \m dos, sin eaei- en lo bumilde, ni subir á le su* bliiiie.

El ifK escribe é babla, ba de advertir lanato^'; yale«a de las cosas para acomodarse k eHav f eonflvderar ^e en una misma composición 6 iáiÉ* eame s^ necesario usar de los tres estilos según seofrecier^f Asi pneas fiaptarémea-hombre elo^

9SQ

qüente al que sabeidecir las cosas pe<]^fias eoi) sencillez, las grandes con vehemencia y maguí-* ficencia, y las medianas con cierta templanza. .

Estilo Sencillo.

£ste genero, cuyo carácter principal consbte en la claridad, precisión, y sencillez, conviene con mas propiedad á la narración, y á las pmebas del discurso oratorio : porque es un estilo que, desechando toda afectación y compostura, re* prueba generalmente los adornos, y solo admite los simples y naturales. Cierta sencillez en los pensamientos, cierta naturalidad y pureza en el lenguage, que mas se dexá gustar que conocer, forman ni hermosura, modesta y suave, que saca su mayor realce de su misma negligencia y poco aliño.

La sencillez ha sido siempre prenda de ánimos generosos ; porque obra en ellos mas la na^ turaleza que el arte, y se muestra mas el hombre que el escritor. No por esto se ha de entender por estilo sencillo una frase incorrecta, grosera, y demasiado humilde, indigna del decoro de la eloqüencia, que se acomoda muchas veees coq lo llano,, pero jamas con lo plebeyo.

«61

£1 eMilo sencillo, aunqae perfecto en su g^é-^ ñero y acompañado de cierta gracia natural/ puede ser mas acomodado para enseñar, probar, y aun deleytar, que eficaz para imprimir afectos grandes de admiración, 6 terror, que constituyen la vehemencia y calor . de la eloqüencia. Una hermosura sencilla y natural tendrá su gracia particular, mas nunca poder para arrebatar los ánimos.

El estilo que por su igualdad dexa tranquilo ^ orador, nunca podrá conmoyer y encender el corazón de los oyentes; porque, como la per* suasion camina derechamente al encendimiento, y la moción al ánimo, no todos los que se dexan persuadir se dexan conmover. A los primeros se ponen las verdades para que las conozcan, sa« cando de los principios las conclusiones ; y á los s^gundps, para que las abrazen,sirviendose á esle fin del movimiento ^e los afectos* Las de la pri* mera especie podrán necesitar de pruebas largas y dificiles ; mas las de la segunda rara vez las necesitan; y aun entonces han de ser fáciles y breves; porque se nos probará muy bien por principios que una cosa es verdadera ; pero, para que la amenos, es necesario hacemos sentir que es digna de ser amada.

No es otro el motivo porque casi siempre nos agrada lo sencülo. «no porque es mas conforme 4 nuestra patm'aleza. Sin embargo es el estilo mas dificil de acertar^, porque está precisamente

té»

entre lo noble j lo buxoi y tan cerca de lo últíiau» que pide g^aa tino para no rozarse con el. £n la sencillez se cifra bellamente la brevedad, j á esta sienta bien lo grave. Los eomentaríos da Cesar merecen macho aprecio por su simple» pwa, é ilustre brevedad. A este gran General debieran imitar todos los principes y capitanes deseosos de escribir, ó mandar de palabra ; por* que de él sacarían no solo exemplos de valor y ¿e grandes hazafias, mas también doctrina de bien hablar, y aquella sabiduría que, asi cooio es fundamento de todas las cosas, lo es también de la eloqüencia, como dice Cicerón.

El habla y el razonamiento del varón politicov que aconseja y manda á la repüblica,no ha de ser aguda, peregrina, galana, ni florida para vana ostentación ; sino simple, grave, y prudente, para persuadir con el peso y verdad de las razones. Oygase la gravedad y sencillez de este trozo de narración, en que un autor habla de la guerra del tdtimo triumvirato, de esta manera : Lépidoquedi^ solo ef^ Roma : Antonio sale con, Octavio ai enewniro de BruU>y Casio; y ¡os haUa en aqmel^ ¡os pasñges donde se peleó tres veces por el imperu^ del mundo. Bruto y Casio se dan la muerte com una precipitación que no es perdonable; y este pasage de su vida no se puede leer sin compadaoer á la tepúhUcfk que dexaa(on asi desamparada.

Léeseos en otro autor politíco moral este otMu eo^enj^kt de aencillo» ^dwoi y ccneisQ . qúmIo. ¿a^

namir^' e» ^jue 96 ndeBcla lo ftoil ron lú «mten^ * ciDBo: Eniehdiend» Tohmeo la venida de M^ Cateñi^ deéeepérade de kaUar en él demencia, ee dii la mMéerté e&n wi^ tóeiffó. Sabido por Otíon^ Mee prim } y Vegade á Chypre^ hizo la vtngana» porefvarióia io fte íé»pudo hacer por ira. Yven* Mae en péUiea íiimoneda ¡as riqnmza» y halafak dH rey, Uen^ á Rema el pncio cobrado^ ¡ Qa&n peym j afeetQoso al mismo tiempo efi este tros») de nanmcíoii lleno de una noble sencillez que bmm me» interesante el asunto ; excitando unm cemfiBBtTa meditación en qoalquier ánimo no Tolgar i fil que asi escHbe, es un autor nuestro del siglo XVI, poco leído á mi parecer. Pue^ 6k» kmvó también que por no sufrir eervidumbre lííetmi Jin á^eme dias ant^ que rendirá á la de-^ menc^délvenoed^^ LosXéncioSy desesperados depodeirdejender eu Ubertad^ se mataron tos tmot á loe otros : lo quál, visto por Bruto, dio un gran suqrimf habiendo oempasion de la infeiice suerte de loe quepekofi por lapatria; y estuvo vai gran riUo #m huMar palabra, resolviendo quizá en sü áKM» la iHstabis condición de las cosas humanas ; é eaneiderasido quan poco ifenturosos sonlo^ que qfkeoen eue vidas por la común libertada

£n la píhtura que kace el Maestro Oliva de la ñda oampertre se leen todaj» las gracias de la pura y siinple narraoion^ eottio se manifteirtá en aste «esauaplo : Loe que labran los oatnpoSr no san eeektos^dmkefaámfnmtfs nías 4?iiiuiades^ sino

nuestnspadresjpues nos mantkiíen. Con M9 tseer^ cicios no siemitti el frioy y del cahr ¿e recrean en las s&mbras de las árboles. Desde ^M úyek el canto no enseñado de las avedUas^y elhs tantñ sus flautas j 6 dicen sus cantares j sueltos ée cuidá^ ^^ y ^ ff^i^f^as de valer^ mas atormentadores de la vida humana que los friosy calores. AUi ^co^ men supon que con sus- numos sembraron^ décho^ sos con su estadoy pues no hay pobrexa^ m moJ^ fortuna para el que se contenta ; y lOsi viven^ ess sus soledades, sin hacer ofensa á nadisy y sin reei* birla, donde alcanzan no mas cotwcimiento de^ tas cosas que el que es menester para y ozarioÉ.

En esta composición la dicción. es sioq^ y elegante : los sentimientos afectuosos y suaves ) las palabras saben al campo y á ta rortiqucvA da la aldea, pero no sin gracia, porque se tenupla au rusticidad con la pureza de las voces propias al estilo.

Hay también otra especie de estilo sencñUQ cuya naturalidad saca su vigor y belleza de la ternura de los afectos. Los blandos y amorótofi sentimientos se expresan mejor llana y desaudamente que compuestos y vestidos de conceptea y ornamentos : porque el candor y la pureza supAen la falta de la elocución e^léndida. Y na. es pe* quenotrabaxo tratar bien estos afectos sin valerse de los colores y figuras de la oraciouy yde la hermosura y fuerza de los epítetos^ porqve^.aÍJ» mucho cuidado, corre peligro el^^e escribe d^a**

irado de .la «xdmaeíoii retórica de abaUrte al' mulo inculto y himiikle. Oygames al afligido Pnamo cebado á Ioa pies de Achiles después de Ittber ette quitado la vida á su hijo^ que le habla deestananera: Acuerdatef Achties, de empadre que tíene^la^m$ma edad que yoy y emihas^mimas CM la cargu de hs anos. Ay I . tal vez le acorné^. tea los veeiMos ememigoSf nn tener asa lado quien pueda defenderle* Pero si ha oido decir que vives^ su corazón se llenará de esperanza y gozo^ aguar* dando el momento de volver & ver á su hifo*. i Qué d^hrencia de su suerte a la mia! Yo tenia mis hyoSf y ios he perdido todos...*Cincuenta eomtaia en mi. casa quando üegaron los griegos : y d único queme restaba, hoy acaba de fenecer por, tu mtamsUpie de los muros de Troya. Vuélveme sncuofpo, reeibemis dones, respeta á los dioses, y lastímate de mu*..mira á lo que estoy reducido..*^ No ha habido monarca mas humillado, ni liowbre mag digno de compasión. Aqui estoy á tus pJun^ tas, y te beso las manos tenidas de la sangre de mi kyo.

' En este discurso no se descubren ni pompa de figuras, ni ostentación de sentencias^ ni afecta*, eion de sentimientos; solo aparecen la verdad j, la naturalidad» y la ternura que cada uno seria capáx de hallar como el mismo Homero. En otra parte nos pinta la sagrada. Escritura un pifíndpe en la hora de morir: He dicho:* en medio de mis diasvay, á morir, y he buscado ni

ftStk

ckio^ m ktm eetnptkt. . -

JBa ei attüo seDciilo iat «kKMMo y asAán sieiiipre en el aMato, porque la del pemamMito dispensa del artíácáo 4e OMtfe^ levante expresión. De aqni previene xprn^ el «in meter que predomina en tA estilo ée ka líinrot segurados es k sencillez : caKdad ronn»nsente ú ht magostad é importancia de Jes ot^trtos. ¥ sí^ á pesar de esta sencillez de la Sseritnra, kmy^ pasages hermosos y brillantes:, es evidente qnn esta hermosura y brillantes no vmten de nnalo« oncion estudiada, sino de la natnndesa do cosas qne allí se tratan»

¡Qné magestad y simpltcidad ^l misi no encierra el primer pasage del Génesis Ai principio crió dion el otefo yia Herru f ¿ Une ea» critor, habiendo de narrar cosas tan fftaMles^ hubiera comenzado como-MoTsea ? ¿ No se c(h noce que es el mismo Dios quien nos inétsnye de una maravilla que no le admira, porque es ana nrny inferior & su poder? Un historiador co« mun hubiera hecho el últioaó esfuerzo para cor* respotider con la pompa de la expresión á la gran* dtza de la m^Aeria ; mas la eterna sabiduría I0 refiere sin conaaoverse.

Al contrario : los profetas que se propeaen el fin de hacemos admirar las maravillas de la creacibli; teMÜfttt do eMa grande obra en estfla aioy

9S7

ükfeBímé ' Imego éiatémos ^oejKMi hw diüÍBÉttr CuraiMtáwBMis que detenmnaD lel- inteiito Mk orador ó escñtor, las que deben decidir el ertü» fM «e^ fNieda adojptar para tratar mi mismo

:Al estilo seaeíHo pertenece también el Uar ) y el saber templar la sequedad y seriedad den áümto con la franqueza y donayrede este estdp» atift faltar ^decorot no es pequefio mérito fia im esetítor. fin este «rte faé feliz y discreta* simo nuestro, inmortal Migrnel de Cervantes, y mies da él . el Bachiller de Cihdad-Real eu sa Ceoton üpi^lar, y últimamente en el reymuiio df CArIge. II. D« Antonio de Sc4is en su Cartas fa^

§. II.

ESTILO SUBLIME.

£l género sublime es un estilo elev^ido^ ll^no de graiideza, de vehemencia, de calor, y de eneirgia, y.el que forma la verdadera eloqiiencia^ aquella qu^ domina los ánimos, que arranca las l^griijo^ que roba la admiración y los aplausos. Una oración puede ser elegante, florida, c^ . j^osa» y esplendida ; y no ppr esto será e)oqijeDte, .. porque le falta el espíritu . y ri^^^Qr* ^ Tampoco hemos de tom^^r por sublime la elo*

andn iñ d^uiiM» tm fiarioia» korriUe y tof^ boleBta» ipie mw ptrcee bactnal espirko qne idieDto dtt un áaimo generoso y torapbdo.

No coMisle el tstílo fobhwe e» una dk> don cargada de epítetos ocíotob^ de frasai pf potaiy y de palabras akimiaiites s esto atria coníoiidir la hínchaaoa coa la grandevo, lar ^alas coa la riqueza, y ka florea coa el Anito. 8i por estilo sublime se entiende, como quiereii alfuiioa, el adornado y florido ; entcmeos todo el mérito estará en la dicción, y no en kaidoa». CTonriendo se Tendian antiguamente ks reaas, porque galas tan ead4caa no pennítian askato* Y si corriendo se rendían; con mas raaon ka escritores que las compran, podrian osrraiae de vergüenza. Los oradores g^ves, no venden ni compran, sino que desprecian, ks flores, que mas sirven al afeyte que a k verdad, y aun ks que sirven al adorno, se las dezan caer, para sacar á luz á su tiempo el frailo de k doctrina.

Ño es preciso que en toda una composición 6 discurso domine absolutamente lo sublime, para que tome este nombre y carácter. Basta :que el orador mezde con tal discreción lea tres géneros tn los asuntos que corresponden á •cada unoy que d sdbNme reluzca sobre los dl^ mas, y naaiea del obgeto principal de la oa^ cionj y UN, habkndo con rigor, no bay tal :«st)Ió sabHme, aunque bay sentencias y conoq^ , tw. que llevan este noodbrer Sstos couiistoi en

«s»

iBOcb de pepMtf elevado^ gratide, y yaUente^ IdÍd de un ¿nkne noble, arrogante, y generoso. &ta MbUmtdad es ardinañámente hija de la nagiiaumídad, ó de la fortaleaa« Por esto lee^ moa es los rasenamientos y dichos de lop fiAaáfn y ea^^itaaes de la antigüedad un lenr goage Terdad^ltmente heroyoo.

Habsendo Enorátes avisado á Syla qne ap ▼ida* tan edtoea k inmimerables familias remar Jias, péligMba déspoes de haber renunciado la díotadnray le respondió el arrogante Syla: Qaorfg mm mt nóiMltt^s» y é§te basta á mi segu^ nidada g ala éei puMo fvmanú. Esté íMmbiñe ttmtime t&dos ¡ú$ atentados, yela todos los irm-^ sms^ y aterra la ambicioH. Syla rsSfñr^ smHj rodeado de los trofeos de Chéronéo, OrthéMenOf jf Sigmon : oada eiudadüno de Roma me téwdrá corntUsoásiáeiiiU ante sus ojos : hasta en sus sueños se le s^sareúerá mi imaj/ea hañeda en sofi^gref y leerá su nombre en la t$Ma de ios proscritos.

Taleroso habia sido M. Antevio antes de estar iaáwiionado de los regalos de Egipto, con los qneles perdió á sí» á Cleopatra^ y á Egipto ; auB^e después de vencido se retraso al interior del.palaoíe ret^ y enrió á desafiar k Octavio ^ pefeoáa á^^rsona. Pero este contenté ocsi esta grave respuesta, llena de arroganoit y desiftacíe: DosiA é Antomo fue ^Aerie^ cevMíne^ Sesrn péra4r álaamérte : quepo^ aun no 4enffo eibcmmdo elMUfkf ni^oy. qátaoeo deisáMíeréSn

s 3

Oyendo Antigono que muchos reyes se habían coligado contra él para destruirle, dixo con altísima insolencia : Yo los oxearé á todos can una voz y una piedra, como pájaros que comen en un sembrado. ¡ Qué comparación tan sublime por el contraste que hace de ló mas elevado cota lo mas humilde, y por la alta idea que presenta de su^ valor y poder ¡-—De un capitán vanaglorioso y atrevido, que mostraba sus heridas á los Atenienses, les dixo Timoteo : Pues yo^ siendo vuestro capitán contra los SámoSf tuve vergüenza de que cayese el tiro cerca de mí, quanio mas alabarme de haber sido herido. \ Qué desprecio de los enemigos, qué pundonor militar, j que burla del herido, no encierra esta corta oración !

Scipion, padre de Cornelia, muger de Pompeyo, después de la derrota de Farsaiia y muerte del yerno, huyendo con la flota del rey Juba, fue cercado por la armada cesariana. Viendo que su nave estaba entrada y perdida, asentado en la popa se dio una herida mortal ; y subiendo uno de los contrarios, le preguntó por el capitán, el qual respondió: Soy yo, y estoy bueno: creyendo que le era harta gloria verse libre de pedir misericordia al clemente vencedor.

De gran magnanimidad y nobleza fué aquella respuesta de Alejandro á los embaxadores qae en nombre de Darío le rendían gracias por

9»!

habexse habido con tanta clemencia, castidad, y hamanidad con su muger é hijas que tenia cantivas, el qual habló asi : Decid á DatiOf que la Ubertad y demencia que he usado^ no la atri^ huya á su amistad, sino á mi naturaleza ; que yo no hago guerra á muyeres, sino á honres ar-^ modos. '

Disputándose un día en presencia de Filopémenes la materia del valor y fortaleza, algunos alababan á uno de buen soldado, y juntamente de excelente capitán, á los quales dixo : Yo no sé como alabais de esforzado á un hombre que se ha dexado llevar vivo á poder del etiemiyo.

Parece que la esencia de lo sublime, como hemos visto hasta aqui no consiste en decir cosas pequeñas con frases remontadas y floridas^ sino cosas grandes con una expresión enérgica y natural : porque lo grande, lo terrible, lo estupendo, debe estar en el asunto, y las circunstancias y accidentes con que se acompaña la buena elección y el cúmulo de ellas, ocupan fuertemente el ánimo, y forman toda la fuerza d« la expresión. Hegesipo, haciendo un razonamiento al pueblo, en que incitaba los atenienses á la guerra contra Filipo de Macedonia, como uno de los que estaban en el congreso exclamase : Mueves yuerra ! respondió: Si por Dios ; y aun luto,, y muertes, y entierros púMi^ eos, y epitafios, si queremos ser Ubres, fin

éBtá9 imlfl^M qoÍM ttgsüiMr 4|oe la Ubertod e# bien compr^ia á qimlqfmer preem» Ptim encanecer la importancia del aKOite» neat eímtmU^ een hacer necesaria la reaistcncia haisAii morir» iino con pintar la mnerte «^nra en mnolM»» cen todo» los acoidentee y efectos mdianCQlicet que hieren á los ojos y al oido ; pero sin mw^Iüf cesa ninguna baxa^ pequeña» ni ajfectudat Que {Mfcda enervar la fuerza del pensMni^n^

Oirás reces la hrevedad de la ei^pr^o» dft ñas sublimidad al eapiriUi de loii cofie^ptoii per quanto aumenta nue^a s^mirMÍofi \ú v^ pentino y no esperado» y nos dega wni^bo qaa Recurrir. Mironides que guerriBalpmi contra los de Beócia^ intimó á loa atei^eiv^s que saj[.ie$iea al canapo contra ellos. Per^ qwio ya fuese borají y los capitanes dixesen quí^ aua )|va estahap jmi* tos para dar batalla» dixoles : Áqm efitán lo9 qi^ han de pelear ; y con los que estaban Iwtoí^ yenr eió á loa enem^os. } Qué. modo tan noble y sentido de reprehender y dee|>reeiair á loa enisos y neg'ligentes» y tan efieóa de honrar y

animar á los que estaban 4 su vist^,! — ^Pre^nkttidia uno al rey Agesiláo ¿ ha^ta dmd^ oe extmdian les térmínce de LMedemonia ? dij^<^ bkmdieBdo la laMEsa: jHiesla dbnée tksá^ (a pa^te de eito.-^Preguntandale 4 l9oc(fjte^ im emder en u& razen^miente^ ¿ qiaíé» ere» t{^ <|a« tuito te cMobeibeeee? eabaUer«» {MI# & es<;u^

clero? NüLs éammammmdti Am^mió de «ilo» ^fma$H elque smbemumdar á éoém» Oyga« mm k Afldrabal qnicaí» anviado á Roqott pem^ •stípiilarla¡la&eiitMlM dos ref^úUkw^ y pre«» g«Btado «a el . saMido ¿ por ((ii&l« dioaes» dos» fom de haber quebrantado Oertágo tentos jora^ meotee^ le podría jurar este nueve tretodo ? Reeposde: Po¥ estm mi$mo8 dme$ fue te eeiM ym Um 0eüefwment» de Im perfmroi* ¡Uuéce»* feümi tan eKpfMV^ y magoániina derlae der-^ ratee y arrepétttimíento de los caitugiiieMí I

8i queranoft eitreehar imu» loe UtniteB de le broTedad para dírar en d golpe ado de «na palabra todo el efecto repeetino .del subliiiÉie, basta traer aqui dos dichos qeo deben kaeef* nos tanta mas impresión, qaanté» se apartan mas del carácter de nneetros tíeuipos. A Hr Lacedemonio le preguntó un persa ¿ ifae sabia hacer ? ser libref le di&o. A Poro^ r&j de lá India, vencido y preso por Afenandro» le pragnntó el vencedor/ teniéndole á sa presencia ¿ cómo quieres ser tratado? cmio rey, rdspoB« dio impávido.

Tampoco lo festivo est& reñido con lo m* bfitte, qúando la agodeta ddi dicho naee de la serenidad ée un énftno grasnde <pae Asapirengia con la risa tes peffgrasL Las palabras^ sdéMm como cfaaMa ; was ia ffMttei áe\ espirit» no esti'eü í^ds» wietíet en la ocasión muy skíá^ea que se ficen. A fftie' oue le deeiii á Laeiudüib

sa4

Vites de Ift batalla eontra el inánmemble exér^ cito de los parias» nos tapará el . sol sus sae^ tas; meforf le respondió, que asi pekarémiM á Ia sombra. A otro qoe le dixo temeroso» ya están Jos enemig^Mi' cerca de nosotros» le respondió : Y nosotros cerca de eUos. Respondiendo á Xérxes <}oe le escribió, deza las armas j le aontexió : vén tú á tomarlas. Tenia Agatócles^ rey de Sicilia» cuyo padre filé alfarero» sitiada una.'viUa»^ y algunos de los sitiados Je gritaron desde los . muros : Ollero ! qaando pagarés el VUel^ á tus soldados, ? Y .él» blandamente y sonriendose» les . respondió : quathdo tomaré la villa. Asá les reprehendió con buen^. crianza su grosería» les .anunció la servidumbre y saqueo qu^ sufrirían en recompensa» y les manifestó la confianza que tenia en conquistarla. I Sublime en las ünágenes*-^&\ lo sublime en todas las cosas» como hemos dicho» bace en nuestro espíritu la impresión mas fuerte, es porr que envuelve siempre una afección profunda de admiración ó respeto» nacida de la terribilidad de los obgetos por sus circunstancias ó carac-

ieiresv

Y como el efecto de esta impresión proviene á veces de. dos. cansas diferentes» podemos distin- ,^uir aquidos especies de subliqie».el uno de imágenes» y el otro de afectoSi Al primero perteaeeen aquellas impresiones profundas de admiri^ cionó secreto estupor» causadas por la graiidea^

defa» cons* Aú lo toidm en la natanleza^ donde los obgetos que excitaa conmoaioiies maa fiííertes» son edempre las proiuDdida^ks de lo» cielos, la inttieiisidad de los mares, los estreise^ cimientos de los terremotos, las erupciones de los volcanes, &c. por razón de las g^randeft fner«» zas que en estas cosas suponernos'; y por la comparación que involuntariamente hacemos óé estas fuerzas con nuestra debilidad y pequeñeai si tkampo de observarlas. Al contemplar cosaa tan formidables por su grandeza, nos hemos de. sentir forzosamente embargados del mas tímido y profundo respeto.

Esta es, pues, la causa porque siempre me^ rocera el nombre de sublime el pincel qus nos represente los Titanes en el campo de batalla, y no el que nos retrate las Gracias en el tocador de Venus. En efecto, quando contemplamos los juegos de los amores, sentimos la blanda y regalada impresión de unos obgetos graciosos; mas, quando vemos el continente y brío de los hijos de la tierra, poniendo á Ossa sobre Pelion, tocados de lo grande y formidable de este espectáculo, medimosi sin querer, nuestras fuerzas con las de los gigantes ; y convencidos, eur tonces de nnestra imbecilidad, nos sentimos em^ bargados de un secreto terror que nos pasmaj complace: efecto tan natural, qne los niños» como necesitan de impresiones fuertes que les «Nsopen los sentidos, son exti'emadamente curiosos

dé OMntM de ladrMeSy duendes, Vestiglos, y oteoB entes medrosos.

Un astrónomo eloqüaite, considerando qaan mezquina y poco digna de la magostad adorable del criador parecía la f&brica del nniyerso reda-* cida al sistema de Tdomeo, asi levanta su ima^ ginacion para exaltar la nuestra : Ensanckém&g imestro dUeurso retirando los limites del tmioergo. Mas alia del vasto aniXlo de Satariío^ donde ifitUomes de mwsdos tomo el nuestro se perderían de mtef descubro un espacio infinito sembrado de mananHdles de luz. AUi otros orbes mucho mas enormes que el nuestro giran con circulas mojfores por carreras mas €isombrosaSf y con movimientos mas varios. Quanto mas me avanzo^ mas me aléxo de los términos dd immdo. En vano me liando en el espacio : m>» Uones de cielos me rodean....mi imaginación se rinde ftojro del peso de la creación.

Nuestra ignorancia es también la que suele eausar nuestra admiración, j la que excita nuestras pasiones ; por que el conocimiento de H» cosas hace que los obgetos mas asombrosos noa llagan poca impresión. Asi es que las ideas de eternidad é infinidad, que no pode- 9MS eomfNreliender, son las que mas nos asombran, porque se queda muy atrás nuestra imagfinacioB. 8i lo hemos TTsto en el exemplo antecedente, eoñ mayor novedad lo mostraremos en este otro, que es del P. Nieremberg : Puesto

•67

tmo Juera M nmndo e» aqwt Hitáciú ¿m^ mriOf w aqwi jfermo inmenso de la natnraUgMf cu ík^l vado $m térnUnOf en aquella nada ioli* loria; e^9itemplaría.:.Sn este pintara todo m asombro» pcNrque la» idaa» de vacio» de e»pácio^ de inmentidad^ de soledad» como jaianantiaies ddl mUírne» se bailan aquí reunidM.

Otro eloqnevte oieritor» que aupo jiinter la coatoi^lacioii de las obras de la naturaleza con lo mas aabUme de la oratoria^ hace este i^órtrofe ¿ la9 inteligencias angélica» : Mundm fianetarum^ celestiales ¡lerarquias ! Vosotras as uMiuidais ante el Eterno : vuestra ej^tenda es for él ; y el Eterno es por sL El es quien es i Mulo él posee la plenitud del ser; y vosotras no poseéis sino su sombra. Vuestras perfecciones son como arroyueloSf y el Ente in/inita9nente per/eeto es un piélagOf es un abismo en que él Chérubén no osa mirar.

Hablando de la resurrección del Señor Fr. Itfús de Granada» para hacer mas maravilloso y angosto su descendimiento á los infiernos» viste con grandiosas y estupendas itnágenes las cir» cnnstancias de aquel dia glorioso^ diciendo : Loe cielos que se cubrieran de lutOy resplamkcieron viéndole salir dd atpukro vencedor. JÜeseendié el nMe trim^adsr é hs it^emos, vestido de elaridad y fortaleza j lueyOf aquella eternal moehe reeplandeeiéf y el estruendo de los fue tamerntaban cesóp y toda ofugUa cruel tieera de

mt&rmenttuhrei tembló can la haxada del saha* dar. AlU se turbaran las principadas de Edon^ y temblaran las poderes de Moab, y pasmá^ ranse las moradores de Canáan. La impresión profunda de egta descripción nace del modo de representar el poder del resoscitado, y de lo obscuro y misterioso del sentido alegórico de las tres últimas cláusulas, porque la obscuridad es otra de las fuentes del sublime; como se experimenta en los templos gótítos, cuya hiz remisa nos convida á la contemplación y recogimiento, infundiéndonos un profundo respeto envuelto en admiración.

Mas, quando por boca de Moyses dice Dios, según la versión literal del texto hebreo : Hojfa ¡uz y hubo luz^ vemos una imagen divinamente sublime, semejante á otras muchas de los sagrados escritores, los quales, refiriendo con tanta sencillez como frescura los mayores portentos, nos manifiestan quanto les ocupaba la verdad, y quanto se olvidaban de si mismos. Porque, quando se trata de las obras de Dios es sublime el decir que él quiere y la cosa es. Para criar la luz en todo el universo, bastó que Dios hablase; y aun es demasiado, bastó que quisiese ; la voz de Dios es su voluntad.

Baxo de otra consideración es altamente sublime la imagen de esta proposición, porque no puede concebirse pintura mas maravillosa que la del universo- repentinamente iluminado. Lo et

también con otro respeto, porque no poed» dexar de imprimir en nosotros un secreto molimiento de admiración reverencial, producido de )a idea de la omnipotencia del autor de tal prodigio : ídea^ que nos debe llenar de un profundo rendimiento hacia el criador de la luz.

Tal vez no todos los hombres serán conmovidos de esta grande imagen., porque no todos podrán representársela con la misma viveza* Pero, si de lo conocido subimos á lo desconocido, y queremos medir toda su magnitud ; representémonos la vista de una noche medrosa, cuyas tinieblas aumenta la espesura de los nublados, y que al resplandor momentáneo de los relámpagos veamos los mares, las olas, los campos, los bosques, las sierras, los valles, y el mundo entero desaparecerse, y como reproducirse, en un instante. Si no hay hombre ^ quien esta imagen no asombre ; que terrible impresión hubiera sentido el {Hrimero que, caoBciendo de toda idea de luz, hubiese visto el primer momento en que dio la forma y los colores al mundo !

Baxo de otro respeto esta imagen debe gran parte de su valor á la brevedad de la expresión: porque, como queda explicado mas arriba, quanto esta es mas corta, su impresión es mas súbita, y menos prevista; y asi es mayor el asombro. Dios dixo : iSba la luz y la luz fué. Todo el sentido de la sentencia se desenvuelve

«n la |>alabra foét pues oomo m praaniioiaokm «s casi tan tapida cono el efeot6 de kk luz, y no silgue sucesión de actos m de tiempo,- haiee el mayor efecto qee se puede imaf iaar.

8e qnexa eA profeta Oseas de que las itiaUcifl^ y las mentiras, y los hnfios, y los komieidiaa» y les adulterios se habían extendido por toda la tsenra ; y que ima sangfre cata m^bre otra Mmgre^ ¡f una maldad iobre otra maldad. Parece que vemos llover sangre como agua sobre obra agua que acaba de caer, para expresar, á semejanam, de lluvia continua, la incesante repetición de maldades. £1 Profcta Malachtas, repreliendiendo á los hebreos de que repudiaban sos mogeres por casarse con otras mas hermosas^ ^ce : Iai$ lágrimoB de Ifís repudiadas vendaban las i¡f0g á Dios para na ver los sacrificios de les rq^udiO' dores.

Para ^ípresar quan grande hade ser la coastmcia y seguridad de los justos en qualqmera tribulación, dice el P. Márquez : En medio de las ruinas del mundo se han de - sacudir la oapa del polvo por el testimonio de su huéna eúm^ sciencia.

Sublime en los afectosé — 8i en lo fisiee Jb grande siqpone grandes fuerzas, y éstas^ eesao hemos dicho, nos aaombran ; también en lo moral lo grande, esto es, la grandeza y esfuevaM^eKtraordinario de los ánimos, constituye lo sublime. No es Tyrsís caido 4 los ptes da su

«71

•¡DO ScAvolft con la mano puerta sobre el fmMa» ro, el que inspira terrible admiración* Por ert^ \m didios de varones soberbios y^esfonsados producen ertos proftindos sentimientos de terror. Tal €9 el efecto causado por la confianza que tiene Ayax de sus fioerzas j valor, quando, en^ vuelta eiftre las tinieblas con que Júpiter cubrié el campo de los Griegos frai^ra prote^r á los Tro* yanosal favor de la obscuridad» levántales ojos al cielo, y en acción de ddor y desesperación^ exclama: Gran Dioif ruelvenos la kus del dia^ y pdea de^meg eantrm Temaros. No rebusaba morir, pcaro querf a morir como valiente á vista detodos.

Este género de sublime resplandece siempre en ciertos rasgos heroycos de fortaleasa, pues nacen del corazón, y no de una reflexión fria y BMStnrada. £stos subbmes sentimientos, que proceden casi enteramente de una situación que les inspire^ se declaran con locuciones y senten^ cías breves y concisas, porque pierden su fuerza ^pMnd^ se convierten en razonamiento. Oyga* moa á Cattstenes, el qual, encerrado en una jaula de hierro, con las narices, orejas, y pies oortftdos por orden de Alexandra, responde á su amigo Lysimaco que le* visitó compadeciendo su desgracia : Quando me veo (te dice) en ima iUuaeion que necesita de valar y fortaleza^ parécerne que me hallo en mi Ingar. Si los dioses me habiesen echado en el mundo solo para él dekyie

^para quejn^ Ubrum dñíh tw idmm jw^Urfn 4 inmortal?

SuJbUm^ fué el dícbo de aqoel aalvage cmsi* ivHOf .el4]Maly atadp á un arbol# no ac«balMi ds oaiorir á los repetidos flechazos que le asestaba/ su yencedqri' Impaciente este levantó la capaJin jWPa quitarle de un gdpe la vida ; y coa libre ánimo le dice el ÍDi\páyido cautÍTo. Detente^.^* fMTMiffUef no te avergüenzes : y tendrjáe nme tiem^ po de aprender coma muere un hombre.

jSublimes son también las razones que Armida» ¥encida y prisionera en un combate por Reynaldo, capitán de los Cruzados en Syria, dirige á este su antiguo amante, quando atormentada de zelos, indignación y despecho, le dice : Sin. duda tu gloria quedaría deslucida, si no viese .ef mundo atada á tu carro una muger, engañada anotes por tus Juramentos f y rendida ahora á tu p9d$n En otro tiempo yo tepedi la paz y la vida : hg¡f solo la muprte puede aliviar mi dolor*...MaSf ést^ no te la pido á ti, mhumano ! Horrorosa sería para mi, si tubiese yo que recibirla de tu numOm

El despecho y valor de un hombre hace inaa impresión que el de una mnger; y el de qn héroe que el de una persona común. Ojgpimos al Taso que recurrió en otro pasage de sm .poema á esta fuente del sublime. 6erusaleu.es tomada, y en medio del saqueo Tancredo divida á Argante, cercado de un tropel deenemi^p^^ que iban a quitarle la vi^a. Corre á lihrajrle 4^

W BMOMB de la soldadesca^ cúbrelo con sa broquelf y se lo lleva fiíera de los muros de la ciu^^ ú$df como victima que reserva para si. Cami-- MQ juntos, llegan al sitio, Tancredo prepara sus asmas, y el animoso Arcante, olvidándose dri riesgo y la vida, suelta las suyas, y vuelve los <9oa llenos de dolor y sobresalto hacia las torres de Gerusalen ardiendo en llamas : ¿ En quepien-- M» (le dice Tancredo) ? en que llegó ya tu ultima hora ? Si e9ta inutginadon te acobarda^ es tarde ya. Piefiso, (le responde Argante, ) en esta hermo'- m dadadjreyna antes de Palestina^ y hoy esclava y asolada^ cuya ruina en vano he querido retardar f y pienso en que tu cabeza^ que sin duda el cielo me reserva^ no hasta para su venganza y la mia.

A este género de estilo pertenece lo que se llama jNitéfíco, porque lo apasionado y lo sublime sodí^i andar juntos, y muchas veces se confunden. El oyente halla agradables todas las cosas que le mueven, y en algún modo se eng^randece su espiritu con la grandeza de los obgetos : halla delicioso el terror^ y dulze la misma tristeza.

Los conceptos lastimosos, los discursos tiernos^ y los retratos dolorosos, entre la blandura y ooamocioB que sentimos con ellos, nos dan un cootínoo testimonio efe la humanidad de nuestro CttMBmu £1 que se enternece, se siente siempre me}<Mri|Qe antes: llera, y svs mismas lágrimas Is

ámx iMiena opinión de jrf uiásmo : «e condhiel^ y áopiiede apartar Imojw dd ob¡)eto de «u dotorf porqueDo: puede denr de ser bombre»

JjáOé eloqüentea rasgas no uacen-de los piTecep- .tee del arte^^ «an^ue no se desvian ;de ellos ; m^ 4Bnf si» del corazoni^itado de este manaatial éb «iréhemencta y calor que abrasa el estilo aÜgofia rezy donde parece que la pluma* escribe lo qjtte el .rnmúv Q el dolor le dictan, ó se desista la leagua para decir lo que el alma siente y padece, ^coa palabfaa medidas siempre por la raami y el de-* <C9ro» Debemos» sobre todo buir de ser Heradiis de un furor intempestivo, quiero decir,, quandio un orador se acalora inoportunamente^ ó. se ai^e^ bata con exceso, y el asunto no permite sino un templado calor. Hay algunos que» si comO' es» tuviesen embnajgados, es esfuerzan mi mmnifeslamos sus afectos» con la vehemencia 4oclima«> toria que traaceron del aula. Se exaltan mos ^vAttie^ pcbrque ignoraei le mas perfecto del arte, que es .la oportunidad*

t El primer precepto en esta materia es temvr

b^rido so coi-aeon antes de ^^oerer berir el.de.lqf

otros ; pwque» lo que bien se sienta, bi^A^ss. dice»

.lái^i, para cobs^;«irlo> es neceapirio qv» el lora-

A^t pwetre profundamente el « asi«ato que^^ta- *&

^ís»í^$ ^ se . oonyaaaa planfunetite de . m oiibgetiH

g^eetol.♦QdftlaL fu^^d^sucyerdi^d 4im|iortpi>ifflHi

.iMgpab# Mtila l¡Hitaai& la iiM^^. jle><tpie quitw

-fiWXÍPí^f^iSbiMimer JESj^aní^^ j ^II ^¡fmvBl^pm

tanta naturalidad como^nergia.

' pBítéoe q<ie Im ffae haétii ííúf ham tttéociidb mejor el aite <ie inspirar In» pfieiotiei^, han sido los gfraades guerréixjs y políticos. A Im paskHiQ$ iietmidas y avivadas con el amor de la libeitadt maa q^ á lá'faá'bflidád de los ingenieros, se deben las gkAiosas y porfiadas defensas de Sagunto, ide €ai<ágo y de^urntocta, y en nuestros días las de Zaragoza y Gerona.

Alei^andro filé síiiduda el ingemomase^cceteiite entretodos loa grandes capitanes de la antigüedad para conmover los ánimos* Asi habla ¿ las tropas macédonias que qnerian desampararle : m2* os ingrat&s! hmd cobardes! sin i^osotros cm^» ^isfáré el mundo ; y Akxandro I^Utrá soldado» donde encuentre hombres. ¡ Qué vergüenssa y brk> no inf andina á sus macedones esta magoA^ níma reprehensión! Que vergüenza y eniula«- cioii al mismo tiempo no inspiraría á sus tropas el* hert>yco denuedo de Enrique lY de Fmncia ^ W recto de una batalla, quando, al verlas des« ordenadas y fugitivas, corre á ellas, y al punto ele irse á meter en lo m%s cerrado de los esqua<« drones aíiemigos, le» dice : vohed las caras ! y si no^ptéreisfieleat^ á lo menos me veréis fnorin ' lios dkemrsos vehementes sop el lenguage de ^perseniíB api»kUMidás ; el iagienío solo no puede m estos casos sUpiir el movimiento ^e los afectoiif tpof^e olv^i» /BO está toclMlo de ana pasión %- ifeM» eM4ioiÉfa ^x eHa. Im:^ patíM^ «e d^bto «tírtíipiHHii^ la $e«iílla de4eiB ^¿mA»* p^Hmim^

.» *

«76

tos: ellas son las que mantienen. Una perpetua fermentación en nuestras ideas y fecuadan ea nuestra imagrinacion las que serian estériles en o» corazón tibio.

La pasión es el alma de los discun^os elo* qüentesy pues de ella reciben vehemencia pora arrebatar, y ternura para ablandar los ánimos. Con la moción de sus afectos un orador puede le^ yantar á sus oyentes de aquella inérciai digámoslo asi, contraria á la acción del espíritu^ pues, dando interés al asunto que trata, despierta al liombre de su natural reposo é indolencia quando las cosas no le tocan muy de cerca»

Asi el que quiera dominar á los otros, inspt* randoles la pasión de que está animado, se aprcv* vecha con sagacidad ; unas veces, de la propensión ó disposición favorable que halla en los áni^ mos ; otras, de la situación en que varias circans* tancias ponen á los hombres ; otras, de las leyes que les gobiernan ; y otras, en fin, de las preocupaciones mismaá á que obedecen. En la situación en que estaban las tropas de Cartago, antes de empezar la batalla del^Tesino ¿qoe con* fianza y valor no les infundiria esta breve ^harell^ ga de Anibal ? Compañeras ! los ronumos deben temblar hoy y no vosotros* Tended la vista par este campo f y tío veréis retíradapara los cobardes z todos perdemos hoy ^i somos venddos*' JPero ¡ qué jíreuda mas segura del triunfo^ qae señal Ttum visible' fie, la profftCüiom dé ios.diúsesr fuefti)^' ^rnos colocado entre la victoria y la muerte I

' Cándida^ tierna y suave debe ser la expresión lastimosa^y triste^noble y congojosa en los afectos para moyer á todos; no hinchada^ ni tampoco muy humilde, ni obscura con exquisitas sentenciáis. Sn ornato ha de ser mas limpio que cutiosanéente com|)Hesto. Admite exclamaciones, apósiarofes, quexas, y prosopopeyas, que llaman grandeniiente á la conmiseración.

£1 poeta que se aprovechó, para mover la compañón y tristeza^ de la situación de Herminia, bien conocía el poder que tienen en nuestro corazón las razones tiernas y suaves. Esta princesa desgraciada, despojada del trono, y abandonada del infiel Tancredo su amante, se retira á una^aldea, y toma el oficio de pastora. Una tarde de jalk> mientras las ovejas sesteaban á la som<^ bia, 86 divierte grabando con amorosas letras en la corteza de unos cipreses la historia y las des* venturas de sa pasión ; y al recorrer las lineas que acababa de formar, desfallece y bañada en lágrimas, exclama : Arboles, confidentes de mi IkaUo, conservad la historia de mis penas ! Si ^dffu$i dia un fiel amante viniese á descansar baxo de vuestra sombra, se enternecerá de compasión ai 2étr mis tristes desventuras y dirá : Ah! qne malpasaron el amor y la fortuna tanta comferü^ ciajffidi^idad!

Salgamos de un asunto profano {lara sttbir á otro de n^as áka. y noble contemplapion.^ Sint^ Fr. Iiui9 de < Graaada la doloil>fta situación d^

1 1

27d

nuestra Señora al pié de la cniz^ teniendo en sus brazos á su sacado hijo después del descendimiento, con este apostrofe. O ! dulce madre ! Ek e^te por ventura vuestro dulcisimo hijo ! Es este el que concebiste con tanta gloria j y parúte con tanta alegría ! Lloraban todos los que presentes estaban s lloraban aquellas santas mugeres ; llO" roban aquellos nobles varones ; lloraba el délo y la tierra ; y todas las criaturas acompañaban las ingrimas de Maria.

En otro lugar pinta el mismo autor con la mayor t^nura y viveza el estado de Christo en la cruz contemplando desde aquella altara k su Madre, cuya presencia acrescentaba los dolores . de su sagi'ado Hijo. / Quien pódr/t declarar y 6 buen Jesús ! lo que sentiste quando considerabas las angustias de aquella ánima santissima quesa^ bias que estaba contigo crucificada ! quando veias aquel piadoso corazón traspasado con cuchiHo de dolor í ^piando tendiste los ofos sangrientos, y miraste aquellos brazos en que fiste recibido y . üevado á Egipto, tan quebrantados f y aquellos pechos virginales, con cuya leche fuiste criado f hechos un piélago de dolor !

Es de advertir que nunca se conmueve una pasión si la cosa de donde se quiere sacar no es por sí manifiesta y claramente demostrada : enr valde nos esforzaremos en excitar la voluntad^ al / axnor ó al odÍ9 de un objeto que no conocemos. Peroi como el ánimo del oyente suele estar prc-

f7»

reñido contra la fiíerza descubierta, el orador sag^áz iBf),be insinuarse sin estrépito, y como furti- \^m0\itBf par^ n^overle y cautivarle con mas fácil i4ad.

Débese usar de lo patético solo en los asuntos q^e lo piden, y ver en que parte del discurso con^ yiene ; porque hay asuntos que no admiten estos movimientos, y lugares en que sería inoportuno. Primero se debe ganar el entendimiento antes cTÍb conmover el corazón ; porque los ánimos que no están dispuestos mal podi'á inflamarlos el ora* dpr.

Y aunque el lenguage de la pasión puede rey-* nar^ por iptervalos en aquellos lugares de la óra*t cion en que se pretende mover y persuadir ; en ningqno tiene mas imperio y eficacia que en I4 peroraciou 6 epilogo. - Aqui es donde la eloqiiencia, para triunfar de los corazones, y arrancarlef su ultimo consentimiento, se sirve atropellada*» mente, ya de lo mas tierno, ya de lo tna» vigoro* so del estilo patético. Un orador hábil huye ^n 9Sto8 cabios de toda ostentación y estudio ; ánfes |)ien, mostrando cierto desaliño, cierto desorden^ cierta perturbación, nos muestra estar poseido de entusiasmo : y ésta efervescencia imita á los ^iierzos de la naturaleza agitada^ que busca sin rodeos la salida mas breve, fácÜ, y pronta paraisa desahogo. 7

Claro está que ¿o quiero hablát ^txi de' -aqtíeljiafals^ eb^üeacia tah fácil díí éüi^áaPc^o d^

/ 'í- h T,

..a í » V ñ^

3SÓ

practkar ; es á í^ber, dé figurus amontonadas ; de magnificas palabras qae nada garande dicen, yde movimientos afectados que no tocan al coraeófr pues no nacieron de él.

La moción de los afectos es el arte mas admirable que inventó la necesidad, y perfeccionó * lát' oratoria ; arte que no habla con los fríos diseríadoi-es, ni con los contemplativos moralistas, que^' conocen mas las pasiones por sus definiciones»

causai}, y efectos, para arreglar nuestra conducta! que para mover el corazón con la fuerza dé la palabra. A lo que los griegos llamaban pctthó^ traduxo Cicerón, ya perturbación, ya enfermeda4 J los bárbaros dieronle el nombre de pesion,- y loft latinos de afección ó afecto. Es ]o contrae FÍO de la apathia de los mismos gfriegos> quer significaba, entre los estoy eos, aquel estupor ^^ tranquilidad del ánimo, al qual ninguna pertur-( bacion, ningún dolor^ ningún caso terrible pudíe*^ se mover, colocando el sumo bien en aqnel esta^^ do libre de toda alteración . Esta dureza é tnsen-» sibilidad de los estoycos, que llamaban enferme^ dad á las afecciones, extirpaba del corazón toda humanidad.

* 8i consideramos como enfermedad todo lo qu^ nos saca del estado natural de reposo ; toda afeo-» cidn, ya blanda ya fuerte, nos altera é inquieten Llámase también pasión por la misma cansa i por que el ánimo padece siempre que se^ agita: padeiM el ^píd ab<Mrrec6| y k veces mab el <|ue

2»l

anm j pad«c€^ d que teine^ como el que especa^t padece el que secondue^, no inepo» que «Iqu^ ae indígena ; y fti alterj^ la ipUtezar no altera ine« DOS la ale^'ia« Podemos decir que todos son ea«^ fermedadesy unas coa cales^raj y otrasooii pbs*- tracioDu

Por esto se habrá diclio- que todaa las perswashablan bien en la hora de la muerte^ Celebrai» disimas son en las historias la3 palabras .que. «e dixeron Séneca y Paulina su mu^er al tiempo de dar las venas al verdugo ; y las de otros vnirone$- insignes que murieron en aquella conjuraeion.; Y aun el mismo Neron> monstruo en crueldad^ mueve á compasión quando se leen en Suetot^io las que le oyeron decir haciendo un hoyo pái*a oiterrarse en vida : qtuilis artifex.pereo. Pre^i juntándole á Leónidas su muger» al tiempo de. partir él para Termopylas contra los persas» si le dexaba mandado algo» le dixo : Que te oasw can ¿tien^ y paras buenos hifos. Fué esto de* eirle sin dudarlo : voy a moriré ! Qué magoani«¿ mídad» para decirla tan serenamente no nos ve» remosmasydesde ahora te dexo ya viuda» ! { Qué despedida tan patética» no ya en las palabrai^ 9im en éki misnia enfática senoilles; y frialdad en ocasión tan apurada! Qué desprecio de ,1a vida y de sus propias cosas quando se tif ata de de-« fender la patria I Gai^a« asombro y. ^omp9#Í0J| al mismo tiempo la^ resignación ^e^é^ Ániomf

Dixo Isaac ¿ Abrahafn quando 11^6^1 hazf d^

28y

tefta eti el higar donde se habád da OKOciitar el Mcríficío : Pudre I ¿ donde está la vktkna para ^héloeauitúP U^móle asi para i^gar las entran fias paternales de dolm% y haeer ea ellas la pos-- trera prueba de su sufrimiento. Aqui el efecto patético viene de la situación.

Maravillosa foé aquella sentencia que pr«>hijó Virgilio á Eneas quando, armado y & cabaUo ]^ara salir al desafío de Tumo,en que se habiade decidir el pleyto del Rey no Latino» mandé que le fraxesen ¿ Aseanio su hijo; y alzando la visera para despedirse de él, con ternura y regalos de padre, le tomó en brazos, y como si hiciera tests^- mentó, y no le hubiera de ver masj le dice ; Aprende j hijo^ de mi el valor y él buen ánimo en h$ trabaxos ; qtée grangear bienee de forpuna otros te lo eneeñarán. Las circustancias del m^ mentó, del asunto, y del expectáculo hacen ptir tética la sentencia» la qual, fiíera de aquel ca^Qj no tendría mas que la gravedad de un ^^onwip.

Oygamo. la expre«ioa tierna y hUn »enti<U que pone Cervantes en boca de un pastor morí** bundo de enamorado de su ingrata zagala, y la dulce y harmoniosa elegancia con que pinta el autor el caso : ^' Ya el herido pastor daba el jiU* ^ timo aliento envuelto en estas poeas y mal fopr- '^ madas palabras: <^ Qmtáraeme lauid(i, que éhorUf mal vonte^Ua^ de esta» carnes se opfiLrt^ f ¥sin poder decir mas cerró los i>fos ensempitemfi Mochem * ' .

Ü6i

Af tiempo que Sócrates recibía la eopa delt^ neDo.de mftnos del yerdngo» hizo so itiugfer XaoM tipe grandes exelamackmefi Musando á los cau^i» sadores de la muerte de su marido, dioteiufo qañ moria sin culpa : á lo qtial acudió Sócrates con mucha gravedad : Thihieras por mefor que murie^ rm €uip€ído ! La inocencia y serenidad del íHó- 6ofo nos interesa aqoi, y no» empeña.

Arísttdes, que por sus virtudes y gloría dé garandes hechos, mereció el titulo de Justo, y fué por los atenienses desterrado de su patria dei^ pues de haberla defendido, amplíado.y ennoblecí;^ do ; al salir de la cuidad no le echó maldiciones, ni dixo contra sus conciudadanos las imprecacio* nes que se solian oir en las tragedias ; antes, levantando las manos al cielo, hieo súplica á los dioses : que sucediesen siempre las cosas de Ate*' nos con tanta prosperidad, que todo^ perdiesen im ínemoria de Aristides. Este rasgo de genenMn«> dad y patriotismo, ésta serenidad de tan induli* ^ente ánimo, ¿ á qtiien no moverá á ternura y amor á la virtud? verdad es que no iva á la muerte ; pero iva á morir civilmente.

'Si las postreras palabras de los vivos son tan eficaces y penetrantes ¿ quán patéticas serán las de los tauertos ? Leíase en la sublime iuscrip- '¿ion del túmulo de los -iOO Lacedemonios que sacrificaron sus vidas en la defensa de las Termo* pilás^ : KJámiiéénte f vt á decir á Esparta que Apmos muerto aqui por obedecer sus áantas - iejfes.

«84

{^né honroso y melancólico recuerdo! ¡que peii»onifieacion tati rablime ! Hablan los ttiuertos y* se^lorían de haber muerto por la patria ; y parmeque san no quieren apartarse de su obediencia, pues le envian la noticia del sitio donde yaicen hijos tan leales como valientes.

Estando la batalla de Farsália tan á pique, que no se oía sino estrepito de caballos y de hombres ; vio Cesar á Cayo Crastino, capitán dé dies águilas que las iva reqmriendo ; y llamando^ le por su nombre, le preguntó : Qué te parece ¿ podremos esperar de esta batalla ? Y alzando la mano, dixole : vencerás, Cesar , y nie loarás t;tvo 6 muerto. Sucedió lo uno y lo otro, porque Grastíno murió, Cesar/Venció,y celebró al muerto en una oración fúnebre. . Engrandecen mucho á M.Craso por haber Cdir buen ánimo sufrido la muerte de su hijo, vanni muy insigne, y marido de aquella no menos sá^ bia y eloqüente que hermosa y agraciada Cerne* lia, hija de Scipion, Viendo Craso que traMaa los Parthos la cabeza de su hijo en la punta de ima lanza, y que con aquel espectáculo lamenta* bte se atemorizaban y desmayaban los ánimos' de todos sus soldados, dixo en voz alta : Mió ei esté doloTf mió el dañó f mió el llanto : mas eire-* medio, bi gloria dé la repiblicaf y la vMganza omsiMnéntiuesttasalud. - ftef íerenoB Solis la tierna respuesta que di¿^ Mott^ittaá sus magos y agoreros quatido^ le-

08$

puedixenmi en nombre y por deorato dd ctklo^ la, tvíbsl de su imperio concebida • en eato» tév* millos. /. Qué podemos hacer si nos desamparan nuestros dioses ! Vengan los extrangeros y cagga s/obre nosotros el cielo, que no nos Jkemos. de. escena der, ni nos ha de hallar fugitivos la eabtmieladí Solo me lastinum hs viejos, niñoSf y nwgeres^ á quien faUan las. momos para cuidar de su de^

fensa* -

.Los retóricos cuentan hasta diez y siete pañot^ nea ; los filósoábs no concnerdan en esta lop^ akoi, ni con aquellos, ni consigo mismos; Dentro del corazón humano hay mas alteraciones y .tem-« pefiftades mas diversas que en un procdk)so^ g<rffo^ dcmde no hay piloto que las pueda señalar todasi Pero las mas freqüentes y conocidas en el oso^co^ Brande la vida son:, el omor^ eYodiOf.^ dtieOf la írOf la indignación, la desesperacioH^ .hik vertt giienzaf la emulacionf la venganza, en la clases de fuertes } y en la de templadas» la dmencioil ]»,QOinfianza,A gozo, la tristeza, la compasion,^t\ temaTs y la esperanza^ Sin embargo éstas d^s; últiinaason las dos pesas del relox de la vida del hombüe^ que solo se mueve, ó con la esperansfet*. delbiiWif 6. el temor del maL

X^a oroitoria laa contempla todas.> camoi indifi»>r > r^t^ ea si miomas.: y solo la&|>iniUt,^<»lestas:é^ criminales, con respecto á>su^;l9ies r y le&Kttfiíir Bof enmmfio^ d valoKi^«a.:«u bokdadc^tstt mili-

un HoFftciO) ea Cromwéll es un vioío : y lift veonfiansa :de Cestr» laudable en el Rubiecm, es vituperable en él Senado^

£1 movimieiito de las pacones e» un medio ex*- célente de la eloqüencia : ,por exemplo» <|vamdo se nos hace esperar lo que debe ser «i verdadero y dig^o ebgeto de nuestra esperanaa*. temer los males que nos amenazan, aborrecer las. aciúones que la virtud y la religión condenan, amar la verdad y la jiutícia, respetar la probidad>. compadecer la innocencia oprimida, desear lasara y la felicidad, admirar la fortalesa^ perdonar al enemigo, indignamos contra la míqoidad, emular la gloria de las buenas «Mxienes^ y a;vergonaarnos de la baxeaa ó fealdad de las teas«

De este modo diremos : que la oratarmae m ve de las pasiones útiles, para mas^fiírtaleesfha;; y de las perniciosas, pana ^reprimirlas ó deskruiplas. Asi es que emplea el temor 6 el terror da la ira divina para excitar en nosotros amsr á la vi»- tudy y odio al vicio ; «1 amor de ki patria esi M. Bruto, para curemos de la peste de la ambieiotí* j la compasión y las lágrimfas de Ana Bolena^^ii>el suplicio para disponemos contra el ^amop^oriminal, &c. Por este medio la eloqüenoia' f«ml|s purgar las pasiones haciéndalas hicbar ttnaicoifira otrae : poiK^ue el orador las oonduee mmpí^ á honesto fin, no las smiquila« > * * ^

Losol^;etosde tas pastónos qae 4«be preséis

nW7

tSLt la oraloriá haa fie wr siempi^e com» gnxkdié, las utiad-iN^r so 'naturaleza como la8 divitiai^ Ím her&ycas^ la humanidad^ la salad de la patria^ la vida del ciudadano^ ei triunfo de la virtud» la ArfipDfa de la jqrticia» la dbiervaticia delasle*- yeÉ^ &c. - Otras ma grandes por cciiTeBcioii lra<- BMaa) oemo los hoBores, las rí4ué^as9 la prospéridad^ la reputación^ &c«

Tienen las pasiones su leng^age propio, setK eíU* -siempre j sin afectación ; que admite las grandes y yebementes figuras que dan alma y teoñmíento á la elocncion patética. Esta es Ik grandiloqüencia desnuda de ornatos retóricos y de stitUes ooneeptos.

Bsriytra parte hace mfalisímo efecto introducir en el trozo patético de un discurso cosa alguna exttttña á la naturaleza del intento, y qualquiera df^ieaion qué edibaraze 6 interrampa la carrera que Ueva la psüsíon una vez movida. Grandecueste ofeuMien y entibian al ánimo, y disuenan al tenor efe la sentencia» les símiles y comparadfonesy que siempre manifiestan arte y estudio, y dístmea y divierten la mente quando mas se debe reco^r de acuerdo con el corazón. •

Tampoco se debe llevar al cabo la conmoción «patética, ya con prolixo razonamiento que fatigue, y después enfrie el primer calor ; ya cojn ea^tar tanto la pasión, que pase los limites de lo que puede esperarse de nuestra naturaleza.

«Los sentimientos de humanidad excitados por

la siguiente pintura del tiempo del luxo y corrapcion de Roma, se convierten en justa indignación contra las costumbres de aquella capital. ^&ran«e (dice un escritor eloqüente,) los anales de las naciones ; y veremos los romanos^ arrastrados de la voz del deleyte^ sacrificar sus semejan^ teSf no digo al interés de la patria, sino á su pro^ pia diversión y sensualidad. Y si no, hablen aquellos viveros en que la bárbara glotonería ¿le los poderosos ahogaba los esclavos para que los peces con este pasto criasen carne mas delicada. Hable aqu^etla isla del Tiber, adonde la crueldad de los amos enviaba los esclavos dolientes, 6 viejos f á perecer con el suplicio del hambre. Hablen tembien los restos de aquellos soberbios anfiteatros, en que están grabados los fastos de la barbarie ; en que la nación mas cuUa del orbe inmolaba millares de gladiadores al placer de un expectácuh, adonde concurrian curiosas las mugeres : y allí este sex6 delicado y dulce, que criado en el luxo y el r^alo, no debiera respirar sino ternura^ sutilizaba la inhumanidad, hasta pretender de los atletas heri^ dos que, al tiempo de expirar, cayesen en una gallarda postura.

f I1I<

ESTILO TílSfimo 6 Tehpxaso»

t ' ** • • '

Noblezai amenidad y elegancia son ealidadei principales de este género de estilo, el qaal, como guarda cierto medio entre el sublime, y el sen* cilio, tiene menos vehemencia y calor que el primero, y mas abundancia y esplendor que el segundo : y por esto admite todos los ademos del arte, y todos los primores del buen gusfto»

En este género niedio, que es propiamente un estilo adornado y florido, puede la eloqüencia ostentar su pompa y magestad* Llamanse ador* nos en el sentido retórico aquellas locuciones y modos figurados, que al paso que dan cierta g^a* cia á la oración, la hacen mas insinuante y per* suasiva*

El orador no habla solo para hacerse entender ; porque para esto le bastaría decir las cosas con llaneza y claridad ; habla también para mover^ convencer, y deleytaré Este deleyte no puede entrar en el corazón^ y después en el entendi-^ miento, sin pasar primero por la imaginación de los oyentes, á la quál es necesario hablar en su idioma, Por eso dice Quintiliano que el placer ayuden & persuadir porque ' el oyente está d¡s«

puesto á creer verdadero todo aquello qoe en^ cuentra agfradafole.

No basta, pues, que'uu discurso sea claro, inte^ lig^ble, lleno de razones y sólidos pensamientos ; es menester algunas veces, según la' materia y sus circunstancias, que reluzca con cierta gracia, hermosura y explendor, que son su ornamento» 'En esta habilidad se distingue el escritor facundo del escritor eloqüente. El primero, quiero de* óir, el que se explica con claridad, . facilidad, j gracia, dexará tibios y tranquilos á sus oyentes ; tnias el segundo les excitará sentimientos de ternura y admiración, los quales mira Cicerón co-' mo efecto de la oración enriquecida de lo mas' brillante de la eloqüencia, ya sea en las sentencias, ya sea en la expresión. Este género se ha de tratar con lenguage ilustre, sonoro, y de cuidadoso y artificial adorno.

^ En este estilo medio entra aquel género de eloqüencia que podemos llamar de aparato^ cuyo fin principal es el deleyte de los oyentes ó lectores, como son los discursos académicos^ los razonamientos públicos, los panegíricos, las oráeiones gratulatorias, dedicatorias, y -otras composiciones semejantes, en que es permitida toda Tá gala del bien decir.

■ -Sin embargo, aun en este género de composi-' óiónes deben usarse los adornos con gustó, dtsdreéion y sobriedad, y á lo menos variarlos ^" lüédificarlos safoüimeúte. Y si esto és necesario

€B> los asuntos -de mero.aj^ato yceFemonía ¿ quanto mas lo será en los discursos que tengau por arg'umentq obgetos grandes é importantes ?< Quando se trate, por exemplo» del honor» clel reposo^ de la hacienda» ó de la y ida de los ciudadanos» de . la salud de la rep.ública» y. d^ ;Ja salvación de las almas ¿ será licito al orador ó escritor ocuparse de su propia estimación» solo por lucii* su ingenio y su cultura? No. quiero decir con esto que eií los asuntos de esta grave» dad se destierren de todo punto las gracias y ga-t las del estilo ; sino que los adornos sean ma» serios» mas modestos y sólidos» porque la composr tura en el orador ha de ser siempre noble» grave^ y varonil.

5 Alguna vez el orador en las sentencias mora*, les y filosóficas suele subir en carro magnifico y. dorado huyendo del estilo Uano» como quien huye de andar á pié. Y» como se dice en el diálogo* de los oradores : ^^ por ventura son menos íuer^ tes los templos de estos dias porque no están construidos de piedras toscas y feas lejas» sino; <* de lustroso marmol y resplandeciente orQ.?^ ^< Asi» no son menos persuasivas nuestras ora^. ^* ciones» porqué llegan con eloqüencia hermosa ^^ y adornada á los oidos de los jueces." Est^. hermosura y ornato nacen de las palabras esco-. gidas y dispuestas con buen juicio» templando, la gravedad con la dulzura» que rara^ v.eces se luiUa^en un mismo escritor» porque en mnchos Ia<

f§9

grandeza áscienáe i soberbia, y. la dttknfa caá en humildad. T a«i el qtie junte con tal temperamento éstas dos virtudes^ hará en él estilo una harmonía de ajustada proporción.

Asi como debe eritar el orador público aquella fará^ca y entonada manera de hablar y razonar éóávenlenté á representantes, asi también debe huir y guardarse de usar de razones baxas, viles y apocadas ; porque las entonadas é hinchadas no son para persuadir al público y las secas y abatidas no mueven ni tienen eficacia. T del mismo modo que el cuerpo, no solamente eonriene que esté sano» mas también ¿gil y robusto ; igualmente los razonamientos no han de estar enfermos y débiles, sino que tengan fuerza y vigor;^ Asi que en todas las cosas tener el medio es de mucha arte y concierto.

Ttataado de la virtud de la seguridad, que pa* cifica y coofif ma el ánimo contra los demasiadóa cuidados y sobresaltos que suele levanta el temor; aflade el P. Nieremberg : Ninguna seguridad Nb$Mi é Í0 exeelencia de aquella quietud, semejante á Al que tuvieran en la corcel Sócrates y Agis. A

e^fa sMk aéompañar otra de mas quilates j y je-

guta ds maycres peligros, qmmdo desenzarzado ethsmbre de sms deseos que iyzsgan su corazor^ y lastiman cruehneñtey tiranizan su ánimo, sep&né m éomp^ rase, sin codicia ni temor.

De las varias formas con que se ostenta el es«' tio aaedio ya blandas^ ya gi*aves^ sin decaer oe

Ift nobleza ^ile \é conreiq|K»ttde, podremos U'^fhír dar aqui dos exemplM; y ftea el |frímero del P*. Tepes^ ^oteti, hablando dél atBOr qbelHofs ihostr6á Santa Tefesa en el trato íuniKar y espiritim al, a» ae explica : JM aiímt áierno y T€gtüai9, ^«e 6» ía:i|^feÑMi jf feni«rii ék entrañai, el trato áfiMeyduiíxcom qm é ht 911^0$ Dios se mnmnicaf soéB pueden ser UsHg0$ ¡asahmssque cernía expe» riemcia hg^sgUm^ que sen las que con la pureza de la vsdOf aUeza de la contemplaciont y finezas dé amor h^n llegado ádeeirsey ser esposas re^lfulofi snyias. Y Fr. Luía de Leoa nos presta una sAy mírable muestra del estüo' medio para Uevaor co» paaa 8e|pido y grave el cntSO ée va» BarracÉoiy, quando en los Nombres de Christov dice : . Las Modas y Persas meneisrontambioM las atmm n^y vsderosamenief y enseñorearon la tierra ; yfio^ TOeió entre ellos el esclarecido Cyro^ y el poHatu simo Xerxes. Las victorias sdraron á los grie^ yoSf y el no vencido AlexandrOf con la espada ess la manoy y como ttn royof en hrevisimé espacio corrió todo el nmndo^ dexandok nof menos esjnm^ todo que vencido. . Y loe romanos^ quelesmcetj^^ ron en el imperiOf y en la ghria de Ifts ^trpsfto

veneienéoio todot, crecieron, hmséa ha^er fue -.¡n

■• • •

tierra y sn senario tupiesen tm mismo térmmos Notorios so» hs capitanes ffuerreroo if pietoríoso^ qam florecieron entro ellos j hs Seípionos^ yloo Marcelos^ los Marios, ¡os Pomp^qSf y .hm

sareSf 6 cuyovahr^ esfuerzo y felicidad fdé nMf pequeña la redofidéz de la tierra. •

Escribiendo el P. Ortiz á una persona qpie le pedia consejos espirituales por el alto concepto* que tenía de su virtud^ le dice que él es quien mas los necesita con esta humilde modestia: JEJh ver* dad me veo por tantas partes necesitado ^ que, paira levantarme de mis miserias ¡tendré por crecida mi^ sericordia del señor ^ si cercando yo el cielo y. la tierra para 7nultiplicar intercesores, se dignase su' clemencia no desecharme de su cara, porque;^ como niño en la virtud^ he menester ser traido en brazos ágenos : y pluguiera a Dios que pudiese decir que soy niño, y que hubiese empezada á tener algún ser ante sus ojos.

Al estilo medio se ajusta bien la gravedad de las palabras, y el peso de las sentencias mas efi-* caces por menos compuestas, como en este exemplo del P.. Márquez, en que refiere como no. es remedio para la humanidad la muerte de los que la tiranizan : ¿ De qué sirvió (dice) la muerte de Nerón al pueblo romano, sino de dar entrtida á Othon, y á Vitelio, igynles pestes de la rqpúbüca ? Lloró con entrambos ojos el reyno de Francia la de dos principes suyos, dos Henricos, muertos á hierro : casos verdaderamente atroces,' i inhumanidad no oida entre cristianos^ contra fuiensiempre se armarán las plumas de nuestros historiadoreSi guando aun las de Roma tiñen de.

lágrimas el papel por haber vísto^ quatro en veinte y ocho años, con haber sido el primero ^Neroñ, y el postrero Domiciano, causas tan po* dérosas de consuelo.

AUDICIÓN.

•..-■■*

' Estilo sentencioso. — Al género medio se adapta bellamente el estilo sentencioso, que pide pasó grave y sosegado» sin levantarse á remontada diccieo^ ni á ufanía de galas y colores» ni á ve^ liemencia de afectos; templado todo con el peso de las razones y de la doctrina que encieitan los conceptos esparcidos en su lugar oportunb;

* ' En testimonio de que no se arrojaron á ma- 5^ores peligros los gentiles que los cristiandÉí én las guerras» y que no son opuestas al valor la humildad y mansedumbre evangélicas, añade^ D. Diego de Saavedra : Poco hace de su parte el que se dexa llevar de la ira y de la soberbiaí La mansedumbre es acción heroyca que se opone á la pasión ; y no es menos duro campo dé batalla donde pasan éstas contiendas. El qué inclinó por humildad la rodilla, sabrá en la úOMsion despreciar el peligro^ y ofrecer su cerviz

al cuchillo.

. • . ... . ,. . .

Escribiendo Antonio. Pérez al Conde de Monmorancy Condestable de Francia^ gran favore-

quitar con disfavores ■: jurisdifífiÁm^ite ti^n/^ <(f( ánimos pequeños^ porque los grandes estórntoj/os' digieren veneno como vianda ordinaria^ .Ea sus. Avisos Morales, par^ r^^peodar los bienes de : la templanza y sobriedad, dice el P« Niereml^g:: 4 4^ ^idq d4 QU^fpo a^f/udcit h «e^MM^^I^

9mv^. ^re» Iqs esir^c^ t€f:nm^ 4fi la m^^

Ujfí4adt la tfimpím^O', ^ o^hol, 44( la t^i^^^jwvfüc

h mwrtí^ 4^ nm^ »ww^<w .«* .^í» da i^^

OUÍ0r

:gA estilo, «eqt^Qcio^o »e a«9W«dA tiMD^f)^ 4 laa narraciones históricas, quando el ailtoi^ Jm^ jr^ífíflgd^ )^ 4(SflpuiJA y árid#reteiPÍOfi€k.i» gwe^ iMíim. q^ijer» veítw' l^ hechos^ c^qi^ i'efl^]^QM9 «MK^le^ 4 p^^iioas que íixroja, la iwywtmCM y s^ííla^íj^ ^Uqs, paisu^s. tii^. g^mi^. 4í^e^ cf4?Í!^, jiirafupi^st;^ la vie^dod^ 4í» IffP WOiei^Q^ CRIs^li* y deleyta al ijaisn^o, ti^po^ pQrq^ sjmti^

W^^ ^# ^^ad^bl^ ^ dPQtrína,. iai]i¡r«i)t9i IIW» ^^ ^j^veriHftiento 6 el. d^iiengauo, D^ U^ d^ccpt% qp^ pade^ierjon 1^ tv^píis^ d/& Fe|¡pft. lY* ^ li^l e^, la malRgí*d* ei|2p]:ev^a dpi Cmstillp d« ^

M?^yM<í?t *M^te. el asedio de. &i.r«QllVMi, escribe Dpn Francisco Manuel testigo de vjs^y). eji^s^iB^i^ijIfíri^.d^^^g^ei^^^^ C^t^toft». m^.

Mto tfogíif N<f iMigítrémííi que entre la multitud ée Im 9^ vfrygíiiosamev^ m retiraramt kflUh sFÍ»9e «p^^ fyambre^ df vafor imutíl jr dfluftr

2a reputación de sus armas; y <)<r9^ fut ^ iJ09f<iriw jp^ «^ p&rderlíh Singui^ír dick4 y wsrtufd iutjp m^^fsfp' las ho$nbr^ jfítxa MJtr cfo^ hímru de lof casos dfmtfe iodos ¿9 pip^^kn^ f^r-f qi^ el sucf^ comuu ah^ga hsfamo;^ hachos ^ m pairtiísularj, y ipémin e§ía razón ^ 4^9cb^§^ ó Im benradoSf^ bieu qw ¡os aflige.... A Faawéf^ ^aear^n was q\if ostdinarias heridas, ^0» oleóte' muchos ^HdaJis y cabafíieros dignM de ylori^ si ísUst pwio adquirirse en tfiu siniestro diu p^vu m UMion, Lüs humhrus de Castilla^ poco autea despicadas al viefito en señal de su victotiot au^ dsdúu Cuidas y holladas de los pies de sus «wmij^, d0i^ vmohoSf ñipara trof&ss y a4»rmm <M isdmrfalm ababan: é ümta desestimaeion wie^. ro$i reéudrse. Las asimos perdidas por toda ln eampaim eran ya en tanto número^ qm puclievanJ sestvír m^or entanceS: de defmsa que en las «mma da sus dwños por la dificui^ad qm camíakan ak camino^ Solo ki mufirtey la vex^fsnzaj /voiyéffr. da en la trayedifk eitpaSlola^ parece se 4ekytaÍHM en aqudhk kiMviMe represtísiLmún. Casi á este tiampio Ueyónuíítía al Conde d^ Torreeusa de la WMrte de su hypy y los suyos^ BeeOdóla con iiSW^f'ejmfii^y arrqjando la ineúgnia^militart/ottce^

«1^

dé lo qm se • creia de ^m eiptritu^ Desdé a^ptei pi$tíionú quiso oir-fnásy ni mandar; y no era €Mcn€és,la mayor fídta dé- quien mandt^fpor^ qne enlodó aquet dia fué mas dificultoso kaUar quiefi obedeciese. . * *

'. Es muy dificil de sostenerse este estilo en un* lárj^a composición sin cansar -al lector, si ne sé interpola diesfaramente con u^adaMe- variedadf tfsando de Jas reflextopes con discreción y eeór nünnía, para no caer el escritor en la afectacioii de maestro pródigo de sus propias opiniones y discursos^ pretendiendo lucir el caudal de st> plxiftinda penetración. Hasta en lo mas perfee^ toí es i^preheniñble el abuso ; y asi sólo la jtem-^ planza puede corregir las demasias da nuestras vanidad. . ,

'Quando eii las obras desfinadas á damos docu-- mentes de virtud y sabiduría i se refieren hechos, historíeos para sacar de elio^ la doctrína ; es^no pequeña habilidad del -autor él saberlos ilustrar con el explendor de sentencias no "forzadas» id' obscuras» que hagan, sin pretenderlo, ^oficio d#> lecciones. Sea exemplo en éste géfnero.úna no-^ bitisima y filosófica lección del P. Márquez» hablando de la tiranía é insolencia de - Adcmise** dedi en su' prosperidad, y de m- miedo y cobaiv' día ^quando vio' venir <?ontra si á Judas, capitándel Pueblo de Dios, éneiiyas. nianids quedó pri** si^nero t Es. mujfdifieuUosé (prosigue) tener ituv aeración en' la prosperidad:; •qú& losJiomhrésen*

9en€idoá á deéigual fartíota suelen eatreyarge sm fiador en lo dulce dd impertOj^ olvidados toto2% mente de lo quefueron^ y de lo que serán. Y ¡a grendeza y serenidad de ánimo , que tanto se desea en el que ha de gobernar, menas se kaUará en el hombre baxo^ que siendo mas exorbitante en el mandoj será mas vil en ¡a adversidad. ^ . Las sentencias y moralidades dicen bien á Ifi severidad de la filosofia, no ine»ps. qu^ 4 la gravedad de la historia ; autorizs»i Ias máxima^ deaqaella, é ilustran los ejemplos d^ eüsta* Na hablan al COTazon porque tampoco nacen de él ; nada dicen á los ojos porque en ellas no ti^nc^ parte la imaginación ; . son * hijas del entendió, miento, al qual han de persuadir, y criadas cím^ la ejc{>eriencia del hombre mirado por todos sus aspectos morales, políticos y civiles : y por estq piden gran caudal de meditación y sabídiiria,;^^, yienen á ser el fruto de la edad mddura. No. dicéúios por esto que no admitan cierto adomor pulidez, y cultura para suavizar ladésn^dés -j^- aspereza de su doctrina, ni que estén reñidas ^eni' su composición la concisión y la eleganciat como lo hemos visto en la mayor parte ^e los «:Kem*. píos trasladados mas arriba. . . , :-

Como la estructura de la sentencia se formal* ^e irasés sucintas, y estas comunmeiite> sacan su mérito de uii cierto contraste pai^^Uf FesaUemas el concep^o^ y sea mgs agradable» su

«|lli«MMii; K iikJtt c»ren as estilo umferme y ÁnkétriM i^e trunca el ciuíso y eblaKamientó dé las períodos, 7 hace eanania ira le<^ara. ' 'Eú

üte Jafecotn^eniente caen aquéDm ^crítoret qcie^ K^ oMoeiettdo los limiten Bdlalados por el buen Ijwtoy recto juioioy «c dexan Ueirar dleí deseo de parl^MT sabios y proñiiidos^ empedrando da sentettiefas el razonamiento mas simple y maa «¿mátí. ¥ como, por otra parte, este mtsm<» ábiiso deseubrs una ^ramde afectación ; Id pro» digalidad eon qoe tas derrama, no le dexará discemilT nMieba9 Teces lo natural de lo ?io}¿n40y \b verdadero de lo falso^ lo sólido dé lo satil, y Hl agfraciada discifecion de ka ^gros dé to«^ ^aMoé*

^ La manera mae discreta y agradable de hacer dt estiló sentencioso, sin taracearle coa sentén-^ éias, ydeensíefiar sin dogmatizar, consiste én áéberlm refendir 6 iAtorporar en el moldé déf ^fodo, haciendo desaparecer su foroM y^trae-^ tora particolar, come de piezas sobrepoesia^ iAh que pierdan s» espirifen y sentido, y eóMi^ yottdo lé general y especulativo de su doctritia á loa ejemplos prácticos de personas ú hechos particulares. Por este medio la eloqüencia Caín-j píéa sin él sobrecejo de tanta filosofía, y el ¿nttto corre ikñdo y grave • al mismo tiempo, Mno se verá en los e:xemploe siguieiltéii. *^ 'Sé elogio de yv^ sabio profesor' de- jaris^inW ^encia diee un eloqUente escritor : Nuestro doc*

SOi

lorohlw^o tma cátedra de jurísprudeMmf eiirjro ded^mpeñó como hímjbre qne no la wUcitado. £n esta oración está refundida eala sentencia : Porque lo3 que solícilain los empleos suelen ser los metws idóneos. Pero de esta ex« presión vaga y general solo sacó el autor el pensamiento. — ^De ciertd gran Señor dice tam«- bien el miamo : Fué muy poderoso para no ser^ aduladOf y aborrecido. No había querido decir en su forma natural esta máxima : El demasía^ do poder engendra adulación y odio.

Hablando un orador en elogio de un sábi<\ ¿nade : Debió á la fortuna jm nueeo favor paré ser hombre grande j habiendo nacido pabre¿ En esta oración está embebida ésta seca y ,sen<* dBm sentencia : La pobreza hace gramiles á muchos hombres. — Dice otro orador en elofifio de un alto Magistrado, qitando refiere stt vida púbirea y pñvadar: Acepté los honores com0 ^ti^ áadtífnoy los mmthteo como sábio^ y los dearó cóm^ héroe. Sn estas tve» frases están refundidas eth^ tas tres máximas : El eiñdaáemo debe servir á ^ patHa^: el sabio no se áesvtmeee con las eondecí^ radüiKs ; y el héroe huye de ellas. — Hablaudcf ilel gyan Ministro SnUy quando se retiró definí Corte en medio de los desórdenes áeireyút)^ afiflde otro : Y no podiendo irhpedir mas .tiemjp^ Jbr makSf no le quedaba otra gloria qtie la de nf wr ^if cómplice. £ste mismo pensamieiáo puefb>

en kt ÜMrma de aba seáten^ riá asi: El que no puede la$ consienta.