Filosofía de la Eucaristía · Unidad 32 de 48

Unidad 32 · PRUEBA AE O E O

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PRUEBA AE O E O

Es el resumen de todas las relaciones, la separación de accidentes y la conversión de substancias con Dios creador, la presencia real y la multiplicación con Dios encarnado y las que la razón presiente, pero no alcanza, de la esencia desconocida de la materia con la Omnipotencia divina.

Por ser el sacramento rey, es la fuente principal de la gracia y de la acción de Dios sobre las almas; y como es el sacrificio supremo, es la

esencia del culto y la Jerarquía y, por lo tanto, de la Iglesia.

Si la pudiéramos ver sin velos, veríamos toda la ciencia, la esencia del universo en la divina, y se habrían acabado los secretos y los arcanos que atormentan al entendimiento humano, y satisfecha' la sed de saber, lo sería también la de amar, que es tan grande que sólo Dios puede aplacarla con el agua viva que anunció a la Samaritana.

Ese compendio de lo finito y lo infinito, multiplicado por el amor y dado como alimento a los hombres, excede de tal manera a todas sus concepciones, que basta contemplarle para que nos fascine la contemplación de lo divino.

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La EucaRisTÍA COMO FIN DEL UNIVERSO EL ÚNICO CULTO DIGNO DE Dios '

Hay una altísima doctrina teológica, grande y magnífica, que tiene sus raíces en el Evangelio de San Juan y en el «Instaurare omnia in Christo», de San Pablo, y que con una tradición continuada de grandes doctores, y afirmada por teólogos como Alejandro de Alés y Alberto Magno, pensadores como Raimundo Lulio, cuenta con místicos como Fray Luis de León, filósofos como Suárez y ascetas como San Francisco de Sales, los cuales sostienen que la Encarnación es el fin primario de la Creación, y aunque, dada la caída del hombre,

1. Al exponer esta tesis, reproduzco fragmentos del discurso pronunciado en Madrid con ocasión del Congreso Eucarístico Internacional de 1911, por ser la primera vez que desarrollé este tema.

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PILOSOFIÍA DE LA EUCARISTIA AA EII |

es fin esencial la Redención, aun sin la cuipa la Encarnación se hubiese realizado ?.

¿En qué se funda? La razón, de lo que la doc. trina revelada nos enseña, sobre este misterio saca congruencias para creer que convino mucho fuese así.

Dios no puede obrar más que para recibir perfecciones o comunicarlas. Lo primero es absurdo, pues, si las recibiera, dejaría de ser infinito. Luego obra para comunicarlas. Pero existiendo una distancia infinita entre los seres creados y Dios, no pueden reflejarle completamente. La esencia divina, imitada pálidamente en las semejanzas remotas de todos los seres, no puede jamás ser reproducida, por mucho que se multipliquen todos los existentes y posibles.

El original será siempre infinito, y las copias borrosas y limitadas. Y como Dios no puede ceder sus atributos, porque son incomunicables, ¿cómo

podrá comunicar su perfección y reflejarse adecuadamente? No pudiendo reproducirle la variedad de los seres y no pudiendo desprenderse de

1. Véase la nota en la pág. 165.

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sus atributos, no queda más que un medio, comunicarse El mismo, y no hay mayor comunicación que asumir los seres, sin confundirlos entre sí y sin confundirse con ellos. Y esa unión sólo se puede hacer con la naturaleza humana, porque sólo el hombre, microcosmos, mundo pequeño, es el compendio de todo lo creado que se une por sus facultades superiores con el mundo angélico, y por la vida sensitiva y vegetativa y la composición de su cuerpo con el mundo inferior; y asumir su naturaleza y unirla hispostáticamente en la persona del Verbo, es unir por modo eminente todas las cosas. Y me atrevo a añadir más, continuando esa sublime doctrina y respondiendo quizás al pensamiento que parece centellear en las expresiones y en los himnos de un gran doctor (Santo Tomás de Aquino): la unión hipostática del Verbo podía ser dilatada, por decirlo así, en otra unión que fuese como su complemento. Si en estas cuestiones que están sobre toda cuestión, fuese permitida, sólo para hacer más asequibles las ideas, cierta libertad de lenguaje, yo diría que a la unión hipostática de la naturaleza humana

en la persona del Verbo, correspondía, como una

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multiplicación de la Encarnación, la unión, por decirlo así, individual, de Cristo con los hombres, comunicándoles la substancia misma de su cuerpo y haciéndoles participantes de su vida, para concluir que, si en la Encarnación Dios es huymanado, en la Eucaristía el hombre es deificado, y que ella, como la unión más íntima y perfecta a que pueden llegar lo humano y lo divino, es el fin del universo.

El cristianismo es la síntesis más portentosa que ha brillado entre los hombres; la inteligencia humana en los más altos pensadores no ha llegado ni siquiera a los linderos de esa fe; él resuelve todos los problemas que se refieren al origen, a la naturaleza, al destino, a las relaciones con Dios y a las relaciones con la sociedad y con los hombres, y esa síntesis suprema es un encadenamiento de misterios y de verdades de origen sobrenatural y de verdades naturales que con ellas se unen y enlazan, de tal manera que la Eucaristía supone la Encarnación, la Encarnación supone la Creación, y la Creación, manifestación ad extra del esplendor divino, la Trinidad, y todas ellas

la existencia del Ser infinito, que todo lo contin-

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gente proclama. Era necesario que viniese un misterio, resumen de todos los misterios,- una síntesis de todas las síntesis,* y el cristianismo entero se resume en el catolicismo, porque el cristianismo sin el catolicismo no es más que una herejía, una forma mutilada de la verdad, que no puede vivir sin tener en cuenta aquel manto de donde ha sido arrancada. Por eso todos los heresiarcas y todas las herejías, y todos los jirones desprendidos de la Iglesia, para arreglar sus discrepancias, tienen que mirar de continuo, como relojes descompuestos, al cuadrante de la Iglesia católica, que encierra sus dogmas y su culto en el Sacramento de la Eucaristía.