Filosofía de la Eucaristía · Unidad 46 de 48
Unidad 46 · MILAGROS EUCARÍSTICOS
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MILAGROS EUCARÍSTICOS
Muchos milagros probaron el dogma de la presencia real. Desde los conocidos de San Francisco y San Antonio, hasta la prodigiosa Misa de Bolsena, en que un sacerdote celebrante, que dudaba del misterio, vió con asombro caer sangre de la hostia sobre los corporales.
Julio II, que los veneró rendido, les rindió homenaje, generalizando, como ya lo había iniciado Urbano 1V, la festa del Corpus Christi, empezada en Lieja, a toda la cristiandad. Rafael perpetuó el milagro de Bolsena dedicándole una de sus mejores pinturas.
En España han existido muchos prodigios eucarísticos, que la historia recuerda y que se han perpetuado hasta nosotros en medio de la admiración y la piedad y el amor de los fieles.
En Daroca, a mediados del siglo X111, unas hostias consagradas, envueltas en los corporales para preservarlas de la profanación de las tropas musulmanas que se acercaban al templo, empapan en sangre, que después de tantos siglos
aún se admiran, sin que la sangre se haya borrado, En Alcalá de Henares, a fines del siglo xvI, veinticuatro
sagradas formas robadas por los moriscos y rescatadas y entregadas por un penitente a un P. Jesuíta, a pesar de haber permanecido en lugar húmedo por si habían sido envenenades, permanecen incorruptas, confirmando el minucioso expediente e informe en que los doctores de la célebre Universidad declaran el caso milagroso.
¿Quién no se ha conmovido profundamente en la sacristía de El Escorial, al ver la hostia regalada por Rodolfo II a Felipe Il, pisada en Holanda por la furia de un hereje, de la que brota sangre y convierte al profanador, y que después de más de tres siglos permanece incorrupta y con las señales de la sangre?
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EL FIN DE LA ENCARNACIÓN Y LA DOGMÁTICA DE SANTO TOMÁS
¿Cuál era la opinión de á i bre el fin de la ocasiona EE Po Aparentemente son dos opuestas ; pero, confrontand textos de diferentes obras y épocas, no existe il real y se puede presumir que en su poderosa e conciliables y armónicas, Do En su mocedad, no había aun cumplido los treinta añ escribió ya, como tantos ilustres teólogos, comentarios e libros de las Sentencias de Pedro Lombardo y allí se ¡ E a la opinión de que, aun cuando el hombre no hubier: poe De ea se hubiese realizado dd in duda pesaba sobre sus ideas la octri insi maestro Alberto Magno, gloria de la pm e sostenía que, aun sin el pecado, la Encarnación hubiera | e tido ; pues la argumentación de Santo Tomás en el co ho tario a las Sentencias recuerda la que emplea Alberto Magna: ' Asi dice en la C. I, art. 1): «Conviene que la policia infinita por un efecto infinito (Cristo) sea manifestada : Oportet ut potentía infinita per effectum infinitum manifestetur.» En la Summa Theologica, en la tercera parte, C 1 art. HI, considera más probable y que se debe dar la preferencia a la opinión de los que afirman que, si no hubiese pecado, no habría Encarnación. Pero en el art. II había dicho que para la reparación del género humano no fué necesaria en absoluto la Encarnación, sino como el medio más conveniente y mejor; y en el mismo art. 1, al señalar su preferencia por la opinión que pone en el pecado del hombre el motivo de la Encarnación, añade como una aclaración muy importante : La potencia de Dios no está limitada a esto,
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pues Dios hubiera podido encarnarse aun sin existir el pe. cado.
Es muy de notar que Santo Tomás admitió siempre la posibilidad de la Encarnación sin que el pecado hubiese existido.
Así se comprende que, sin contradecirse, señale, además del pecado, otro motivo de la Encarnación en el Compendium theologiae ad Reginaldum o Perennis Summa de fide,
¿Cuándo se escribió esta obra? Según el gran bibliófilo tomista Dr. Martín Grahmann, después de 1260, lo cual no es concretar nada, puesto que la Summa por excelencia se escribió también después de 1260, pues fué empezada en 1265. La tradición constante, el título mismo de la obra, resumen que supone la cosa resumida, y las palabras terminantes del capítulo primero que aseguran que fué escrito para los que, por los cuidados de la vida, no pueden leer los escritos voluminosos, alusión a la Summa, en donde está expuesta con más lucidez la doctrina teológica, y el estar dedicada a su querido discípulo y amanuense Reginaldo y el quedar interrumpida por la muerte, parecen probar que fué la última obra que salió de la mente luminosa del Santo.
Y en este Libro, el capítulo CCI lleva este epígrafe : «De otras causas de la Encarnación» (De aliis causis Incarnationis Filii Dei), y señala como motivo de ella, con magnífico pensamiento, el cerrar y perfeccionar el circulo de la Creación. He aquí sus palabras :
«Perficitur etiam per hoc quodammodo totius operis divini universitas, dum homo, qui est ultimo creatus, circulo quodam in suum redit principium, ipsi rerum principio per opus incarnationis unitus.»
Santo Tomás, que afirmaba la posibilidad de la Encarnación sin el pecado del hombre, cree que fué conveniente para cerrar y perfeccionar la Creación y unir lo finito a lo infinito, el hombre a su principio.
¿Hay contradicción entre esa tesis y la de la Summa Theologica ?
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No; €s tan esencial la Redención que supone la culpa pero lo puede ser también la perfección del mundo, la unión de lo finito, que compendia el hombre, microcosmos, con el Verbo divino, con lo infinito.
Si no hubiera habido culpa, no habría habido Redención pero podía cerrarse el círculo de la Creación perfeccionándola ; y si la culpa manchó la tierra y perturbaba el plan divino, la misma perfección final pedía Ja Redención, es decir, la Encarnación para restaurar el orden.
Lo que resalta de los diferentes textos es que los dos fines no son opuestos, ni hay contradicción en las palabras del santo doctor, sino armonía que brilla en la mente y en el corazón de Santo Tomás.
Como nota al Estudio de la Encarnación, se ampliarán estos conceptos en la Filosofía de la Teología que preparo.
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