Filosofía del interés personal: tratado didáctico de economía política · Unidad 3 de 49

Unidad de lectura 3

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Say coloca al frente de su Tratado y como título del mismo, su definición principal de la ciencia: «Tratado de Economía política ó simple exposición de la manera como se forman, se distribuyen y consumen las riquezas.» Esta fórmula es, sin duda, superior á las de Smith y Sismondi; pero ¿reúne todas las condiciones de la lógica? No lo creemos. En primer lugar, no dá la idea de una ciencia sino de un arte, diciendo la manera como se forman, etc., lo cual indica una serie de preceptos 6 de reglas y no un conjunto de principios, que es en lo que consiste la ciencia. En segundo, entra en ella la noción de riqueza, noción desconocida para el que es ageno á la Economía y que precisamente está encargada de dar la Economía misma. Por último parece encerrar al economista en el estudio de los hechos materiales relativos á la producción, distribución y consumo de la riqueza, siendo así que su campo de observación es mas vasto.

La definición de Florez Estrada se parece mucho á la de Say. «La Economía política, dice, es la ciencia que investiga las leyes por las que se regulan la producción, la distribución, los cambios y el consumo de la

* Investigaciones sobre las causas de ¡a riqueza de las nacioneSy Lib. IV, Introducción.

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riqueza *.» Si se esceptiia, pues, el carácter científico que aquí se dá á la Economía, pueden dirigirse á esta fórmula las mismas objeciones que á la anterior.

En cuanto á Rossi, después de haber discutido y desechado una tras otra las definiciones de sus predecesores, no dá, por su parte, rig-urosamente hablando, ninguna. Se limita á decir que hay cierto orden de fenómenos, relativos á la riqueza, que no pueden confimdirse con los de ning-un otro orden, y que estos son precisamente los que la ciencia económica debe estudiar. La Economía política es, pues, á sus ojos, y así lo dice en alg-un pasaje de su obra, pura y simplemente la «ciencia de la riqueza =*.» Pero, aun admitiendo esta frase como una definición, podría preguntársele á Rossi: — Y qué es riqueza? ¿De qué modo estudia la riqueza la Economía política? ¿La considera como objeto ó como fin? Decir la «ciencia de la riqueza» no es decir nada.

Mas claro y mas filosófico se muestra Mr. Storch, afirmando que «la Economía política es la ciencia de las leyes naturales que determinan la prosperidad de las naciones, es decir, su riqueza y su civilización '.» Esta definición dá al menos la idea de una ciencia, pero es todavía muy imperfecta. Las leyes naturales que determinan la prosperidad de las naciones son, en efecto, muy complejas, y por otra parte, la palabra civilización comprende cosas en que el economista, como tal, no tiene para que ocuparse.

Tercer griq'^o- Se compone de las definiciones que asignan á la Economía política por objeto el trabajo, entre las cuales mencionaremos las de Coquelin }'' Carballo.

* Curso (le Economía política, Tomo I, Cap. I. => Curso de 1836-1837, Lección II. ^ Curso de Economía poUlica, Parte I.

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Coquelin dice que es la «ciencia de las leyes del mundo industrial s»y Carballo ailade que es «la filosofía del trabajo en la variedad infinita de sus aplicaciones ».» Mas, para comprender estas definiciones, seria preciso que sus autores empezasen por decirnos qué significan las palabras mundo indv.fstrial y trabajo, cuvo sentido verdadero solo conoce el que va está iniciado en los secretos de la ciencia económica. Por otra parte, al afirmar que la Economía política estudia el mundo industrial y el trabajo, pudiera creerse que lo hace investigando sus procedimientos, lo cual no es exacto, como á renglón seguido tienen que añadir, para «vitar toda confusión, los que atribuyen á la ciencia ^quel objeto. El estudio de los procedimientos de la industria pertenece, en efecto, á las artes técnicas y no á la Economía política.

Fuera de los tres grupos de definiciones, ya dichas, hay algunas otras que no pueden incluirse en ninguno de ellos y de las cuales no es lícito prescindir, siquiera sea por la celebridad de sus autores: tales son las de Molinari, Bastiat v Figuerola.

El primero, queriendo describir, mas l^ien que definir, la Economía política, concluye diciendo que es «la ■descripción del mecanismo de la sociedad, ó en dos palabras, una anatomía y una fisiología sociales ^» Pero esto es dar á la ciencia económica una latitud que üo tiene, comprendiendo en su campo todas las ciencias morales y políticas y principalmente la nueva ciencia social, desprendida hace poco del árbol de los conocimientos humanos, y que, por decirlo así, está todavía en germen.

Diccionario de la Economía política, Art. Economía. Curso de Economía 'política, Tomo I, Lección III. Curso de Economía política, Lección I.

— 18 — Mas aceptable que la de Molina ri encontramos la ílefinicion del Sr. Figuerola. Este distinguido economista dice en un bello artículo, publicado en una revista científica, que la Economía política es «la ciencia de las leyes que presiden á las relaciones del hombre y de la humanidad para procurarse los medios de existencia con el menor esfuerzo posible *.» Hay en esta fórmula claridad, sencillez, y lo que es mas, un atisbo feliz en cuanto al objeto y el fin de la ciencia; pero todavía la encontramos incompleta. En primer lugar, las relaciones del hombre y de la humanidad para proporcionarse los medios de existencia no constituyen toda la Economía política: esta ciencia estudia también otros fenómenos, como los de la producción y el consumo, que son principalmente individuales, ó en los que no necesita el individuo mantener relaciones sino con la materia, ó por mejor decir, con la Naturaleza en general. En segundo lugar, la frase medios de existencia no indica suficientemente el fin de la Economía política: los medios de existencia se refieren cuando mas á la parte física del hombre, y la aspiración única á poseerlos daria á la ciencia el carácter materialista que equivocadamente le atribuyen muchos. Por último, tampoco es rigurosamente exacto que la Economía política se proponga proporcionarnos los medios de existencia con el menor esfuerzo posible: el progreso económico no consiste solo en disminuir el esfuerzo permaneciendo igual la suma de nuestras satisfacciones, sino también en aumentar esta suma permaneciendo iguales nuestros esfuerzos.

Hé aquí ahora la definición de Bastiat. «Forma, dice, el dominio de la Economía política todo esfuerzo

* Gaceta economista. — Octubre de 18C1. — Filosofía del trabajo.

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capaz de satisfacer, con oblig-acion de reciprocidad, las necesidades de una persona distinta del que le ha hecho, y en consecuencia las necesidades y satisfacciones relativas á esta clase de esfuerzos *.» Pero, como observa muy bien el Sr. Fig-uerola *, aqui la idea de esfuerzo está subordinada á la de reciprocidad que, si bien es un aspecto importante del mundo económico, no le comprende todo. Esta definición excluye además el trabajo personal en la parte que satisface necesidades personales del que le ha realizado, sin miras de reciprocidad. Flaquea, por consiguiente, por su base y el mismo Bastiat lo demuestra, demostrando en otra parte que la evolución econcimica, reducida á sus mas sencillos términos, se realizaria en un solo hombre, en un individuo aislado: Rohinson,

Podemos concluir aqui nuestra revista. Ella basta para conocer cuan lejos está todavía de haberse fijado el campo de observación de la ciencia económica y la fórmula general que la abraza. Permítasenos, pues, á nosotros, aunque humildes y sin autoridad alguna, hacer un ensayo, para ver si logramos, no ya definir exactamente la Economía política, que á tanto no llegan nuestras pretensiones, sino dar una idea aproximada de ella. Para esto tenemos que recordar los principios de Psicología y de Etica, enumerados rápidamente en el capítulo anterior.

Hemos visto que el hombre, por una ley indeclinable del mundo moral, busca su bien individual, su perfeccionamiento. Hemos visto también que, para alcanzarle, cuenta con una fuerza interior llamada actividad, la cual, aunque libre, obedece á ciertas leyes naturales. Hemos visto, en fin, que esta actividad obra

* h.rm,om.a& ecoMmicas, Cap. 11.

— 20 — siempre por algún motivo, ó racional ó interesado. Debe haber, pues, una ciencia encargada de estudiar las leyes que rigen la actividad humana cuando, movida del interés personal, busca el bien individual, y esta ciencia es, en nuestro concepto, la Economia política. Por manera que la Economia política puede definirse:

Ciencia de las leyes naturales que rigen la actividad lílre, estimulada por el interés personal, para el perfeccionamiento del hombre.

Asi, al menos, concebimos nosotros la ciencia económica, que algunos autores modernos han propuesto llamar Filosofía del trabajo *, otros Metafísica de la actividad y que, por nuestra parte, llamaríamos Filosofía del interés personal, ó simplemente Ciencia del interés, como la denomina Bastiat *.

Ciencia individualista en su fin, puesto que busca el bien del individuo; social en sus medios, puesto que trata de realizarle en el seno de la sociedad, por la unión de todos los esfuerzos y la armonía de todas las voluntades.

Ciencia universal, en cuanto sus principios se extienden á todas las épocas y todos los países, no habiendo hombre alguno que no esté interesado en su propio bienestar ó perfeccionamiento.

Ciencia eminentemente moral, puesto que tiende á realizar una parte importante del fin moral, el bien del individuo, el desarrollo de la naturaleza humana en sí misma, aunque por medios interesados.

Ciencia, en fin, religiosa y cristiana, porque, como el Cristianismo, consagra en la actividad el trabajo, y nos dá una idea sublime del Ser Supremo, demostrando

* Figuerola, loco citato. '

* Armonias económicas, Cap. IT.

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que la Providencia, al hacer á la humanidad libre, no la lia abandonado, sin embarg-o, al acaso, sino que ha establecido leyes naturales que mantienen el orden en ella, como la ley de la gravedad en el mundo físico.

IV.

Carácter transcendental de la Economía política.

Desdeñan muchos la ciencia económica, suponiendo que sus principios, si verdaderos en la esfera de la teoría, no se realizan, no están nunca conformes con los hechos, y por consiguiente no pasan de ser especulaciones mas ó menos bellas, sin aplicación alguna en la vida práctica de los pueblos.

Pero, en primer lug-ar, no hay verdad científica, no hay teoría, por inaplicable que parezca, que no conduzca directa ó indirectamente á un fin real, á un resultado mas ó menos útil. Nada mas abstracto, nada al parecer menos susceptible de aplicación que los tenebrosos problemas de la Metafísica ó los cálculos dificilísimos del Algebra, y sin embargo las soluciones de estas ciencias sirven de guia, ya al moralista y el jurisconsulto, ya al físico y el mecánico, en todas sus tareas.

Además que la Economía política no se halla felizmente en el mismo caso, y aunque racional y filosófica, como el Algebra y la Metafísica, es á la vez una ciencia transcendental, cuyas verdades pueden perfectamente aplicarse y se aplican en efecto todos los dias. Cualquiera se convencerá de ello estudiando la Histo-

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ria y observando atentamente la división del trabajo, la asociación, el cambio, el crédito, las mil y una combinaciones que ha creado la fecunda inventiva del interés personal para satisfacer las necesidades siempre crecientes del hombre.

Es, por ejemplo, nn principio de la Economía política que la potencia del trabajo aumenta á medida que se distribuyen sus funciones entre las personas mas aptas para desempeñarlas, y efectivamente esto lo estamos viendo á cada paso en el comercio como en las artes y los oficios.

Es otro principio de la ciencia que la unión de las fuerzas individuales acrece su virtud productiva en términos que cada una de ellas, asociada con sus afines, produce mucho mas que produciría aisladamente, y también esto se verifica.

Es, en fin, otra verdad económica que el cambio constituye el régimen natural de la Industria, y ciertamente á nadie se le oculta que los individuos como los pueblos cambian entre sí sus productos y sus servicios.

Podríamos multiplicar los ejemplos, examinando uno por uno los hechos, los fenómenos, las instituciones económicas, j nos convenceríamos de que todas las verdades, todas las teorías de la ciencia tienen en la práctica su confirmación mas completa.

Comiene advertir, sin embarg-o, que la Economía política supone la existencia de un principio anterior y superior á ella, principio que viene á ser como la base, el fundamento en que se apoya el mundo económico, y sin el cual todos los demás caerían por tierra. Este principio es la libertad, en virtud de la cual, g:uiado por su razón y movido por su interés personal, dirige €l hombre su actividad por el camino que mas rápida y cómodamente le lleva á su perfeccionamiento, ó sea á

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la posesión del bienestar, del bien individual á que aspira con todas sus fuerzas.

Recuérdese la definición que hemos dado de la ciencia económica y se concebirá fácilmente lo que decimos. «Ciencia de las leyes naturales que rigen la actividad librey-) son los términos con que la hemos definido, y en ellos va ya envuelta la idea de libertad como la condición indispensable de la transcendencia de la Economía.

El fin económico no puede, en efecto, cumplirse sino en tanto que el hombre sea libre, es decir, en tanto que pueda ejercitar amplia y desembarazadamente su actividad, sin que ni los hechos, ni las costumbres, ni las instituciones políticas se opongan á este ejercicio. Si un obstáculo cualquiera viene á dificultarle ó impedirle, si una causa exterior le anula ó le limita, no se extrañe después que la actividad humana deje de dar sus frutos, no se extrañe que las teorías de la ciencia no pasen á la esfera de la práctica y permanezcan siempre, exactas á la verdad, pero también estériles é infecundas, en las regiones especulativas.

Las leyes económicas no se realizan sino en medio de la libertad. La actividad libre es el único recurso con que el hombre cuenta, la única fuerza que lleva en si mismo para alcanzar su perfeccionamiento. Cuando á esta fuerza se la cohibe, cuando se la obliga á obrar en una dirección opuesta ó al menos distinta de la que el interés personal quiere darle, el perfeccionamiento se hace material y moralmente imposible. Asi el trabajo, primero y principal elemento de la riqueza, es tan poco productivo bajo el régimen de la esclavitud; así el cambio, fuente de todo progreso, se estanca y se corrompe en el sistema de la protección; así, en fin, la asociación forzosa engendra necesariamente el inmovilismo y la inercia.

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Por otra paite, no liny que olvidar que las leyes económicas, por lo mismo que pertenecen al mundo moral, son necesarias pero no fatales, no ineludibles para el hombre y superiores á su voluntad, de tal modo que hayan de realizarse á pesar suyo y sin que él pueda impedirlo, como sucede con las del mundo fisico. Por ei contrario, rigiendo como rigen una actividad libre, es claro que, aunque en definitiva se cumplan, porque de otro modo dejarian de ser leyes, este cumplimiento es voluntario en el hombre, el cual, asi como puede observarlas, puede también momentáneamente infringirlas. El interés personal, único móvil que le decide á obrar, necesita consultar á la razón, y cuando no lo hace ó cuando la razón, como limitada que es y falible, le dá una respuesta engañosa, se estravía fácilmente y equivoca muchas veces el camino. Verdad es que entonces el hombre incurre en la responsabilidad inherente á su libre albedrío v sufre las consecuencias de su error ó su malicia, cayendo en la miseria que es la sanción de la ley económica, la pena reservada naturalmente á los que la infringen. Verdad es también que esta pena, pesando sobre el hombre mientras no varia de conducta, le obliga por fin á abrir los ojos y conformarse con la ley misma, viniendo al fin á cumplirla voluntaria y necesariamente como antes hemos dicho. Pero siempre resultará que, durante un periodo de tiempo mas ó menos largo, la ley ha dejado de cumplirse.

Este incumplimiento de las leyes económicas por un abuso de la libertad individual es por desgracia muy frecuente. Se quiere de él un ejemplo? En toda producción libre, en toda industria libremente ejercida, han de cubrirse los gastos hechos para llevarla á cabo y obtenerse además un escedente, que llamaremos ganancia ó beneficio. Y sin embargo, sucede algunas ve-

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ees todo lo contrario; sucede que en muchas empresas no solo no se gana nada, sino que se pierde el capital y el trabajo en ellas invertidos. Porqué? ¿Prueba algo €ste hecho contra la verdad de la ley ya citada? De ningún modo. Lo que prueba es que no se han observado las demás leyes económicas, que no se han combinado en las debidas proporciones los elementos productivos, que no se ha distribuido convenientemente el trabajo ó no se han consultado las necesidades del consumo. La ley es verdadera: si no se ha realizado, no se culpe por ello á la ciencia, cúlpese solo al hombre que no ha sabido ó no ha querido aplicar, como debia, los principios científicos.

En resumen, el fin económico, filosóficamente considerado, se nos presenta como un ideal á cuya realización tiende libremente la actividad humana, acercándose cada vez mas á él sin que logre nunca alcanzarle. De esta manera es como se ha de concebir y juzgar la Economia politica, cuyas leyes, si necesarias en su principio, no lo son en su ejecución, y aunque dejen de cumplirse en un momento dado de la vida, se realizan completamente en el tiempo y el espacio, recibiendo de la Historia el testimonio mas irrecusable de su verdad y de su excelencia.

Relaciones de la Economía política.

Hay en el sistema de los conocimientos humanos una ciencia que trata del bien en general, realizable en la vida bajo todas sus formas: esta ciencia se llama Etica, y de ella se derivan, como ramas de un mismo tronco, la Moral, el Dereclio y la Economía politica.

La Moral es la ciencia de las leyes naturales que dirigen la actividad libre hacia el cumplimiento del "bien uno y entero, de una manera pura y desinteresada.

El Derecho es la ciencia de las leyes naturales que dirigen la actividad libre hacia el cumplimiento del li)ien del hombre, en sus relaciones con sus semejantes.

La Economía política, ya lo hemos dicho, estudia las leyes naturales que, con el estimulo del interés personal, dirigen la actividad libre hacia el cumplimiento del bien del hombre, considerado individualmente.

Se ve, pues, que estas tres ciencias, aunque todas de un mismo origen, se diferencian entre si tanto por su fin como por su objeto.

El objeto de la Moral, lo mismo que el de la Economía política, es la actividad libre, la voluntad considerada como independiente ó absoluta: el del DerecJio es

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la misma voluntad lig-ada, en medio de su libertad, á condiciones exteriores, considerada como dependiente ó relativa. La Moral y la Eco7iomia se refieren al aspecto absoluto de la vida: el Derecho al aspecto condicional.