Floresta de sátiras y fábulas · Unidad 5 de 61
Unidad 5 · 10 SÁTIRAS.
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10 SÁTIRAS.
Ultrajes y dicterios son regalo En que abundan tan torpes escrituras, Siendo cada palabra un fuerte palo.
En todo lo demás camina á oscuras,
Y el asunto le olvida, ó le defiende Con simplezas, é infieles imposturas.
Su ciencia solo estriba en lo que ofende,
Y como él diga desvergüenzas muchas, La razón ni la busca, ni la entiende.
A veces se prescinde en estas luchas,
Y hace toda la costa el propio Marte,
En que hay plumas también que son muy duchas.
No menos ignorancia se reparte En estas infelices producciones, De que Dios nos defienda y nos aparte.
Fíjanse en las esquinas carteloues, Que al poste mas macizo y berroqueño Le levantan ampollas y chichones.
Un título pomposo y alhagueño, Impreso en un papel azafranado, Dá del libro magnífico diseño.
Atiza la gaceta por su lado;
Y es gran gusto comprar por pocos reales Un librejo amarillo y jaspeado.
Caen en la tentación los animales,
Y aun los que no lo son, porque desean Ver á sus compatriotas racionales.
Pero, ¡oh dolor! mis ojos no lo vean: Al leer del frontis el renglón postrero, La esperanza y el gusto ya flaquean.
Marin, Sanz ó Muñoz son mal agüero, Pues engendran sus necias oficinas Todo libro civil y chapucero.
Crecen á cada paso las mohínas, Viendo brotar por planas y renglones Mil sandeces insulsas y mezquinas.
Toda Dedicatoria es clausulones,
Y voces de pié y medio, que al Mecenas Le dan, en vez de inciensos, coscorronos.
Todo Prólogo entona cantilenas, En que el autor se dice gran supuesto,
Y Bachiller por Lugo ó por Athenas. No menos arrogante é inmodesto
Pondera su proyecto abominable,
Y ofrece de otras obras dar un cesto.
Yo lo fio, copiante perdurable, Que de ajenos andrajos mal zurcidos , Formas un libro ingerto en porro ó sable;
Y urgando en albañales corrompidos De una y otra asquerosa Poliantea, Nos apestos el alma y los sentidos.
El estilo y la frase inculta y fea Ocupa la primera y postrer llana. Que leo enteras, sin saber que lea.
No baila la inteligencia, siempre vana, Sentido en que emplearse , y en las voces Derelirtqtt'es la frase Castellana.
¿Por qué nos das tormentos tan atroces? Habla, bribón, con menos retornelos, A paso llano, y sin vocales coces.
Habla como lian bablado tus abuelos, Sin hacer profesión de boquilobo ,
Y en tono que te entienda Cienpozuelos. Perdona, Lelio, el descortés arrobo,
Que en llegando á esté punto no soy mió.
Y estoy con tales cosas becbo un bobo. Déjame lamentar el desvarío
De que nuestra gran lengua esté abatida, Siendo de la elocuencia el mayor rio. Es general locura tan crecida,
Y casi todos hablan, cual pudiera Belloso Geta, ó rústico Numida.
¡Y á estos respeta el Tajo! ¡A estos venera Manzanares, y humilde los adora! ¡O ley del barbarismo agria y severa!
Preguntarásme acaso, Lelio, ahora Cuáles son los implícitos Escribas Contra quienes mi pluma se acalora.
Yo te daré noticias positivas, Cuando hable nominatin de estos payos,
Y les ponga el pellejo como cribas. Mas claro que cincuenta papagayos
Dirá sus nombres mi furioso pico, Sin rodeos, melindres, ni soslayos.
¿La frente arrugas? ¿Tuerces el hocico? ¿Al nominatin haces arrumacos? Óyeme dos palabras te suplico.
Yo no he de llamar á estos bellacos Palabra a gima , que la ley detesta , Ni diré que son putos, ni berracos.
Solo diré, que su ignorante testa, Animada de torpe y brutal mente, Al mundo racional le es muy infesta.
Tontos los llamaré tan solamente,
Y que sus Libros á una vil cocina Merecen ser llevados prestamente.
A que Dominga rústica y mollina, Haga de ellos capaces cucuruchos A la pimienta y á la especia fina:
De este modo lian escrito otros mas duchos Satíricos de grados y corona, De que dá la leyenda exemplos muchos.
En sus versos Lu cilio no perdona Al Cónsul, al Plebeyo y Caballero,
Y hace patente el vicio y la persona. Ni Lelio adusto, ni Scipion severo
Del poeta se ofenden, aunque mage Á Metello y á Lupo en su mortero.
Cualquiera sabe, aunque sea Page, Que Horacio con su pelo y con su lana Satiriza el pazguato y el bardage;
Y entre otros, á quien zurra la badana, (Por defectos y causas diferentes) Con Cassio el Escritor no andavo rana.
Pues montas, si furioso hincó los dientes, Al culto Alpino, aquel que en sus cantares Degollaba Memnones inocentes;
El que pintaba al Rhin los aladares En versos tan malditos y endiablados, Como pudiera el mismo Cañizares.
Persio á todo un Nerón tiró bocados,
Y sus conceptos saca á la vergüenza Á ser escarnecidos y afrentados.
Juvenal su labor asi comienza,
Y á Codro el Escritor nombra y censura y Sin que se tenga á mucha desvergüeuza.
No solo la Theseida le es muy dura: A Télefo y á Oreste espiritado También á puros golpes los madura.
Con esto á sus Autores hunde un lado, Si á Cluviena le quiebra una costilla,
Y una pierna á Mathon el Abogado. Con libertad en fin pura y sencilla
Observa en toda su obra el mismo estilo, Nombrando á cuantos leí vo la cartilla.
Y por si temes que me falte asilo, En ejemplo de Autor propio y casero,' Uno he de dar, que te levante en bilo.
Cervantes, el divino viagero, El que se fué al Parnaso piano piano Á cerner Escritores con su harnero;
Si el gran Mercurio no le va á la mano, Echa á Lofraso de la Nave al Ponto Por escritor soez y chabacano.
De Arbolanchcs descuhre el genio tonto: Nombra á Pedrosa, novelero infundo,
Y en criticar á entrambos está pronto. Sigue el Pastor de Iberia, Autor nefando,
Y el que escribió la Picara Justina, Capellán lego del contrario bando.
Y si este libro tonto se acrimina, ¿Qué habría si al Alfonso áspero y duro Le pillase esta musa censorina?
Otros mas con intento casto y puro Ata de su censura á la fiel rueda,
Y les hace el satíricio conjuro;
Aunque implicitamente, y sin que pueda Discernir por la bulla y mescolanza Qual es Garcilazista, ó Timoneda.
Bien la razón de su razón se alcanza, Porque como él, en versos placenteros, Intima en el discurso de su andanza:
Cernícalos, que son lagartigeros , No esperen de gozar las preeminencias , Que gozen gavilanes no 2iecheros.
Cesen ya, Lelio, pues, tus displicencias,
Y á vista de tan nobles ejemplares Ten los recelos por impertinencias.
Y escusemos de dares y tomares,
Que el hablar claro siempre fué mi maña,
Y me como tras ello los pulgares. Conozco que el fingir me aflige y daña;
Y así á ló blanco siempre llamé blanco,
Y á Mañer le llamé siempre alimaña. No por eso mi genio liso y franco
Se empleará tan solo en la censura Del escrito, que crea cojo ó manco. Con igual gusto, con igual lisura Dará elogios, humilde y respetoso, Al que goza en el mundo digna altura.
Que no soy tan mollino y escabroso, Que me aponga al honor, crédito y lustre De Autor, que es benemérito y famoso.
Pero, ¡oh cuan corto que es el bando ilustre! ¡Cuan pocos los que el juste Jove ama,
Y en quien mi saña crítica se frustre! Ya ves, cuan impetuosa se derrama
La turba multa de Escritores memos, Que escriben á la hambre, y no á la fama.
Y' asi no estrañes, no, que en mis extremos Me muestre mas sañudo que apacible, Pues me esfuerza el estado en que nos vemos.
La vista de un mal Libro me es terrible:
Y en mi mano no está, que en este caso Me deje dominar de la irascible.
Días ha que con ceño nada escaso Hubiera desahogado el entresijo De las fatigas tétricas que paso,
si tú, en tus cobardías siempre fijo, X o hubieras conseguido reportarme; Pero ya se fué, amigo, quien lo dijo.
De aquí adelante pienso desquitarme; Tengo de hablar, y caiga el que cayere En vano es detenerme y predicarme.
Y si acaso tú ú otro me dijere, Que soy semipagano, y corta pala,
Y que este empeño mas persona quiere, Sabe, Lelio, que en esta cata y cala
La furia que me impele, y que me ciega, Es la que el desempeño me señala;
Que aunque es mi Musa principiante y lega, Para escribir contra hombres tan perversos, Si la naturaleza me lo niega, La misma indignación me hará hacer versos.
Joboe Pitillas.