Floresta de sátiras y fábulas · Unidad 8 de 61
Unidad 8 · SÁTIRA CONTRA LOS MALOS POETAS.
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SÁTIRA CONTRA LOS MALOS POETAS.
¿No es, señor, graciosísimo donayre, Que por cuatro renglones mal compuestos Se haga un hombre un odre, im papo de ayre?
Veréis los otros graves hechos cestos, Porque al principio de una obrilla suya Cercados pintan de laurel sus gestos.
¿Y que no se avergüenze y se destruya Esotro de vivir mas que sus obras, Y que se las arrojen como puya?
¿Cuanto mejor y libre de zozobras Vivirá el que aunque tenga mil barrigas Se dejare hartar de agenas sobras?
Mas está el vulgo tal, que de las migas Del gañón estrangero siente el ajo, Su estiércol no; la mota, y no sus vigas.
Y piensa que nació para espantajo,
Y que come en el mundo el pan de valde Quien á la fama no la tira un tajo.
Oídole habréis ya, pero escuchadle: Aquel primer historiador romano , Que en esto de escribir se hizo Alcalde,
El seso, dice, o el juicio humano Que quiere al de los brutos preferirse,
Y hacerse inmortal y soberano; No debe entre silencios referirse,
Como las bestias, que sirviendo al vientre Viven hasta del alma despedirse.
No ha de haber fama dó escribir no entre, A bien, o mal, aquella, aquesta vanda,
Y asi será forzoso que la encuentre, Asi la Medicina anda cual anda,
Las Leyes, Metafísica y las Artes, Asida a la respuesta la demanda.
Todo está en mil razones de ambas partes, Tanto que la razón ya no la tiene,
Y os probarán que el Martes ya no es Martes. Pues cuando con las cosas no conviene
Aquello que se prueba, injustamente La razón por razones se mantiene.
Y que esto no convenga, bien se siente, Pues dos partes contrarias hallaremos Quien ambas con razones nos sustente.
Pues no podrán juntarse los extremos, A ser verdad aquesto, y su contrario, Sino es que fé por descansar hacemos.
Escuche cada cual su campanario, Que mas libros veréis de cada cosa Que golpes da en el año un boticario.
Corte esotro su pluma melindrosa, Que no le ha de faltar quien le persiga Como con caperuza á mariposa.
A cuanto decir pueden dó una higa;
Y pues no ha de faltar quien de mi mofe, Pecir quiero, y pagarme antes que él diga.
¿Pensáis que tengo yo de echar el bofe Porque á mi nombre se le quite gorra En el Cayro , en Marruecos y en Gelofe ?
Mejor es que mi pluma vuele y corra Por dó le pareciere, y nunca gane Laurel, sino algún hopo de una zorra.
Ensarte hartas coplas, y devaue El largo hilo que á las Musas tira, Hasta que con los otros me hilvane;
Y llámenme Poeta de mentira:
Ya yo gasté mi tiempo entre dolores, Esperanzas, sospechas, zelos, ira,
Cuidados, pasatiempos, y temores, Penas, martirios, como esotros bamhos. Que mientras mas discretos son mayores.
Yo ya me estuve un año en versos yambos Midiendo cada pié con cien vocales, Porque fuesen dulcísimos entrambos:
Y ya gasté mis horas y reales, En leer y comprar cuantos poetas
Se hallaron en cien mil bandurriales:
Que pintan las facciones mas perfectas Del cuerpo de una moza, que ella tiene El ancho pecho y las redondas tetas,
El claro rostro con que el sol detiene. La alegre vista, los risueños ojos Dó el amor se sustenta y se mantiene.
¿Mas quien me pone á mi en estos enojos, Si viene á nuestra parva la langosta,
Y no nos deja mas que los rastrojos? Libros son que no igualan á la costa,
Sin ciencia los mas de ellos, y sin tomo,
Y parecen, que en esto van aposta.
Y pudiera decirse de ellos como Sócrates de Anaxágoras, habiendo Visto su libro y bulto por el lomo.
Por aquí le pudieran ir leyendo, Pues por dó mas escrito mas vacío, Lo mas es malo, lo demás no entiendo.
Unos veréis que son de estilo frió, Otros de ingenio seco, y tan ayuno Que lo mas delicado es desvario.
Otros cuyo principio es importuno Con un largo preámbulo, y al cabo Ligero cual las aguas de Neptuno.
Otros hay que les pesa tanto el rabo, Tan llenos de sentencias fabulosas, Que pretenden á Ovidio verle el cabo,
Al fin un almacén de muchas cosas;
Y otros que con no mas de decir muero, Os harán cuatro mil cuentos de glosas.
Sino echad ojo al viejo Cancionero,
Y esotros que de nuevo ya navegan Cascados como sones de pandero.
Do veréis, que en la bella cuantos llegan,
Y en viveleda, y otros textos tales A diestro y á siniestro dan y pegan.
Pues las comparaciones celestiales, A cada paso luna, sol, estrellas,
Y llenos de conceptos teologales;
Pues las lágrimas tristes, las querellas. Sin salir todo el libro de este punto,
Y sin mostrarnos mas que el nombre de ellas; Es cosa, que á las veces yo barrunto,
Que se van tras el curso y la corrieute, O los ¡lasados la digeron junto.
Mucho agrada el estilo diferente, Asi como aprovecha el semejante Al que en las ciencias puso pecho y frente.
Y cuando ya nos cansa lo elegante, Pasar conviene al amoroso estilo,
Y de este dar dos tumbos al farsante.
Que en este o en aquel descausa el hilo,
Y cobra nuevo aliento, y cobra humores Para dar á las Musas mas pavílo.
El tieruo verso es dado á los amores, El hinchado á las guerras, y el risueño A lo que han de escribir reprehensores.
Mas no ha de ser el hombre tan cenceño Que lleve siempre en guerra el tenor grave,
Y en escribir amores zahareño.
El descuido de industria muy bien sabe,
Y allí tiene sus puntas de cuidado,
Y no hay reprehensor que no lo alabe. Mas el que en todas cosas va hinchado,
Y el que todo lo hace de artificio, A todas cansa, y él irá cansado.
Y tomar tan á pechos este oficio Que presumen llevarlo por los cabos, Asi como es trabajo, es grande vicio.
Mas asi como es malo ir tan esclavos, Es malo ir tan esentos de contino, Que llamen odoríferos los nabos.
Dijo el otro: Danubio rio divino,
Y otro: ancha luna, y las divinas aves, Mudado por ventura en golondrino.
Y otro en heroico estilo llamó naves Despalmadas, y bancos de galeras,
A las hermosas damas y suaves.
Otros poetas hay que sus maneras De escribir nunca sacan de pastores, De alisos dulces, liquidas praderas.
Las tiernas yerbas y las verdes flores: No hay diferencia entre Égloga y Soneto, Ni entre poetas, ni entre historiadores.
Todo guarda un estilo y un conceto, Como sastre que seda, lienzo y paño La pretende coser con hilo prieto.
Y algunos de estos hay, por mas regaño, Que meten sus latines en romance,
Como quien con el oro suelda estaño.
Y aquesto tienen por tan alto trance Que porque pide su labor comentos,
No piensan que hay varón que los alcanze.
Y no sospechan estos papavientos
Que la coplas que van de estilo obscuro, Cumplidas de pesados parlamentos,
Aunque quieran casallas con un muro, No les han de poder poner reparo, Sino les dan trescientas mil de juro.
En cuanto al humo excede el aire raro,
Y en cuanto á triste noche alegre dia, En tanto al escribir obscuro el claro.
Hay tanto que saber en la Poesía,
Y mas para él que sabe poco de ella, Que él que supiese bien, no escribiria:
Sino que luego forman gran querella Su ciencia, que por dicha vale un higo, Sino sabe que el mundo sabe de ella.
Luego sin tiempo brota el cabrahigo,
Y entiende que él que sabe entonces, sabe Si de que sabe sabe que hay testigo.
No hay quien al apetito ponga llave, Queriendo lastimar, herido quedo, Que al fin es dulce que otro nos alabe.
No cabe en sí de gasajoso y ledo El ánimo, o sea bajo o generoso, Cuando otro nos señala con el dedo.
Veislo ció va el Teólogo famoso, El Médico excelente, el gran Poeta, El claro Matemático ingenioso.
Cualquier ingenio noble se inquieta,
Y vuela con las plumas de alabanza,
Y mas si es hijo del postrer planeta. O si el segundo y el tercero alcanza
Que dé loa futura, y sin provecho Le hacen engendrar vana esperanza.
¿Porque uno escriba mal, qué mal ha hecho? ¿Que se meda que acierte, o que dispare? Escriban pues, Señor, todos á hecho,
Y sea hí de ruin quien se enojare.
Juan Jaüeegüi y Aguilar.