Florilegio medicinal: breve epítome de las medicinas y cirugía · Unidad 19 de 129

Unidad 19 · BIBLIOTECA MEXICASTA

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de la garganta sobreviene calentura ardiente, es mortal. También es mala señal, el flujo involuntario de lágrimas en fiebres 6 calenturas ardientes.

Hablar entre sí.— Cuando el paciente de grave enfermedad, medio dormido, y dispierto hablare entre sí, es comunmente mortal. Habiendo en las calenturas ardientes ó fuertes, mucho desasosiego, y les gruñe el pecho, con mucho dolor; y cuando á éstos, de repente se les quita el dolor, quedando el gruñir del pecho, es mala señal; porque de ordinario semueren tres horas después; y este dolor, no lo muestra, ni la orina, ni la lengua.

Desvarío. — Cuando el desvarío, se sosiega con el sueño, y con buen sudor, es buena señal; es cuando se limpia la naturaleza; pero cuando en el mismo sueño persiste; 6 también, cuaudo ha empezado, muy á los principios de la calen tural entonces amenaza dicho desvarío, la frenesía, 6 alferecía; y mucho más peligro tienen, cuando hay algunos repentinos levantamientos de los brazos ó de las piernas; porque denota grave enfermedad del celebro.

También el templor de las manos y da la lengua, denota grandísima debilidad, y de ordinario fatal. La sordera, cuando sobreviene muy á los principios de la enfermedad, es muy peligrosa; pero viniendo, cuando la enfermedad se haya en el estado, ó en lo más subido, ó en la mayor fuerza de ella, y ya para declinar ó minorarse, es muy buena señal, aunque ha ya todavía otros graves accidentes.

El estornudar, es buena señal, no estando malos los livianos.

El hipo 6 gran dolor en la boca del estomago, hacia el corazón, denota malignidad grave y peligrosa.

Desgana. — Total adversión de la comida, también es mala señal, porque denota, que la malignidad toma iotai posesión del estómago.

Manchas,— Habiendo salido pocas 6 muchas manchas de

tabardillo, y entonces remiten los accidentes, ose disminuyen laa congojas antecedentes, es buena señal; pero si preseveran, es mala señal; porque arguyen, que salieron, no por virtud y fuerza de la naturaleza, sino por su gran malicia o abundancia del mal humor.

Evacuaciones.— En cuanto las evacuaciones, como son: cursillos, vómitos, sudores 6 flujo de sangre, y semejantes; cuando no las hay al principio déla enfermedad, ó en tiempo, cuando crece la calentura, es loable, con solo que no hayan tomado rapto, á la cabeza ú otra parle principal; porque entonces es conveniente que haya alguna evacuación de estas, también son bueaas unas de las dichas evacuaciones, en el estado, 6 en la mayor fuerza de la enfermedad, 6 en su declinación; pues de la falta de tales evacuaciones, sue en resultar después del dia catorce, graves y muy peligrosos accidentes.

Sangre.— Cuando en muy grandes calenturas, sale de la vena sangre buena en la sangría, es comunmente malo: por cuanto indica haber más malignidad, que putrefacción; oque ella esta muy retirada, y cerca del corazón, la cual (por la fia queza) ántes que salga, saldrá la vida.

De la orina no hay otra señal más fija, que ver en ella que muchos días continué la señal de alguna concoccion loable y: que el enaorema, ó como niebla, dentro de la orina; de daen dia, más se une, y poco á poco baje al fondo del orinal, ó ventosa, y prosiguiendo así, es buena s'éñal. Pero la orina denegrida; con asiento negro; ó cuando nada encima como aceiie, es comunmente fatal. También es malo, evacuar ú orinar mucha cantidad de orina, sin que se conosca alivio en la caentura, porque se llega á colignar la sangre y los humores-

Los sudores, en particular, á los principios delaenferme# dul siendo frecuentes, sin debilitar al enfermo, es señal, que por sudor, se quiere ayudar la naturaleza; pero cuando no son con alivio, ántes con mucho postramiento; entonces deniuesran peligro, de coliquar ó de sustanciarse.

Los cursos que se ofrecen al principio de la enfermedad, suelen ser buenos, en las calenturas de malignidad, como pestilenciales; y suelen ser malos para las calenturas de putre- . facción.

La dieta y cura de las calenturas pestilenciales, 6 del tabardillo. En lo general se atiende la cualidad de estas calenturas; las más veces vienen con aparato ó disposición, como la calentura continua con putrefacción, otras vienen con apato de dolor de costado, 6 de garrotillo, 6 esquUencia, 6 de frenesí, 6 con cursos de sangre. Y otras semejantes: por lo cual aunque es Jo general se atenderá la dieta puesta en el capítulo 6 de este libro IT, de las calenturas continuas, sin embargo, así mismo importará ver la dieta, según la cualidad de aparato particular, que se juntare, según sus propios capítulos.

Fuera de eso se entiende en estas calenturas pestilenciales, el que con otros medicamentos se añadan siempre unos confortativos alexipharmácos': qué son los medicamentos, que propiamente miran, contra lo maligno y venenoso de la en. í'ermedad, como más abajo se dirá.

Dieta. — Lo mismo se atiende en la dieta, como arriba queda dicho; y fuera ele aquello se observará lo siguiente, como: que en lr.s calenturas pestilenciales tiene buen lugar, el zumo del limón, ó de la naranja en caldos.

Y aunque también el vino es provechoso varias veces, para beber en tiempo de comer, en cuanto es cordial, y opugna á la cualidad verirñosa, no siempre es seguro, por no encender más la calentura, como en complexiones tiempos, ó parajes calientes. Y así cuando no hay mucha calentura, ni seca la lengua, se puede conceder una, ú otra vez, en vino aguado al tiempo de comer; pero no á los principios de la enfermedad, fino en el estado, ó cuando ya declina; también solo á los de complexión pituosa.

La bebida ordinaria será agua cocida de cebada, ú otra co-

mo queda dicho en las otras calenturas continuas, a la cual en las calenturas pestilenciales, conyiene añadir algún agrete, que no sobresalga mucho, como son: unas gotas del espíritu de vitriolo, 6 á falta de él, un poco de buen vinagre, ó un poco de salitre preparado.

Mantenimiento. — En común se á de atender, á mantener las fuerzas del enferma, condueños caldos; los cuales se tomarán de cuando en cuando, pero no cosa que pueda encrudecer al estómago.

Sangrías.— Las sangrías en estas calenturas pestilenciales son más peligrosas, y solo se hacen cuando se conoce que la putrefacción es grande (según las señales dichas en el cap. lo de este libro II. Da las calenturas de putrefacción) y que la malignidad es poca, entoncessolo^los tres dias primeros de la enfermedad se podrá sangrar con discreción, previniéndose con ayudas frescas y emolientes. La que se hace de una tasa de cocimiento de cebada y malví s; y otra tasa de leche de vacas con una ó dos onzas de pulpa de cañañstula, para todos los mas dias, es muy favorable.

Y la misma caución es necesaria aunque haya dolor de costado, siendo con mucha ma'ignidad: y es más seguro el no sangrar por cuanto por el sangrar, penetra más, lo maligno, por el cuerpo, ó que sea muy poco.

También cuando ya aparecen las manchitas del tabardillo, nunca conviene sangrar; solo sí, cuando antes del cuarto dia de la enfermedad aparecieren; porque no cabe entonces, que sea movimiento crítico. Y fuera de eso, solo siendo el enfermo muy lleno de sangre, se podra sangrar al segundé ó tercero dia de la enfermedad, en poca cantidad, solo para aliviar á la naturaleza y á desahogarla; poniendo luego después déla sangría unas ventosas secas, á las espaldas.

Ventosas ó sanguijuelas.— O más fácilmente (cuando no hay mucha plenitud de sangre) usar de las ventosas fajadas; 6 de las sanguijuelas, para las venas almorranas, en los melancoli-

eos. Y según algunos autores, no se ponen las ventosas fajadas, en las espaldas, sino en las asentaderas, muslos, ó panto rrillas.

Friegas. — Después de haver usado de las ayudas, ü otras medicinas, que miren la primera región, según lo requirieren las cirpunstancias de la calentura presente (como se hizo mención en la cura general de este capítulo) se usarán las friegas en varias ocasiones, con el intento de reveler, como queda dicho en el cap. 6 de este libro II. De las advertencias generales. También en lugar de las friegas, se puede usar esta untura, no muy á los principios de la enfermedad, ni cuando hubiere señales de las manchas (entonces solo las friegas ,secas se podrán usar) tome aceite de almendras dulces, ó á falta de él, do la mantequilla fresca, dos onzas, y otras dos onzas, de la agua ordinaria, y moler del salitre preparado, en peso de un tomin, poco más ó minos, y rebolverlé muy bien; después untadas las manes con esta untura, hacer friegas en las espaldas, de todo el cuerpo abajo, hasta á los pies; porque facilita esta untura, el que evaporice el veneno.

Veficatorios. — También los veficatorios, tiene aquí mucho lugar, así en la nuca, Como en los brazos, al modo como queda dicho en ei cap. 9 de este libro II, en particular habiendo modorra.

Julepes frescos.— También se dán á sus horas Jos julepes, y las horchatas, como queda dicho en el cap. 10 de estejibro II. De la calentura con putrefacción.

Para reveler lo maligno.— Para reveler la malignidad pestilencial, fuera de las ventosas, friegas y veficatorios, sirve también el ravano rallado, limpiándolo primero con sal y vinagre, y amarrándolo algo caliente alas plgntas de los pies. También se puede añadir al dicho ravané rallado y limpiado, hojas de rud<>, de salvia, 6 del epazote, con un poco del estiércol de pa'oma, con otro poco de vinagre, y amarrarlo en forma de cataplasmo, 6 emplasto, á los pies.