Florilegio medicinal de todas las enfermedades · Capítulo real 30 de 38
CAPITULO XXIV
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 9 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
CAPITULO XXIV.
DE LA HERNIA, Ó QUEBRADURA INTESTINAL-
San Conrado Ermitaño, es abogado para las quebraduras .
"Dos "kuj&os <k Va WuVa, ^ sus scüaWs.
JIernia intestinal, ó quebradura de las tripas, es cuando bajan las tripas á la bolsa, ó escroto, lo cual sucede, ó por relajación, ó por rompimiento. Conócese cuando es por relajación, en que las tripas no bajan de repente a la bolsa, sino ñoco á poco se va apareciendo el tumorcillo igual cerca de las ingles, y después á tiempo baja hasla la bolsa; y cuando se reducen las tripas, vuelve á aparecer el tumor en las ingles, el cual al entrar otra vez todas las tripas dentro del cuerpo, desaparece también. Cuando es por rotura, ó rompimiento, se conoce, porque las tripas bajan de repente á la bolsa, y el tumor se ve desigual; y esta quebradura por rompimiento, es mas difícil de curar, que la otra por relajación, aun en los muchachitos, y mucho mas en los ya crecidos.
Cura general.— La dieta, y cura general de la quebradura, ó de la hernia intestinal, es la misma como queda dicho en el capitulo antecedente de la hernia aguosa. No hartar, ni llenarse mucho con la comida, ó bebida; escusa» todo ejercicio fuerte, ó violento en levantar peso, en brincos, ó gritos, y semejantes.
Cura especifica,— En particular necesita esta cura de ligadura buena, ó de braguero
DE LA HERMA O QUEBRADURA INTESTINAL
ajustado; y reducidas Jag tripas para dentro del cuerpo, aplicar encima del mismo lugar donde entran, 0 salen las tripas un' emplastro, que llaman ad Rupturam; ó en su hipar tome el polvo de suelda consuelda, y amasarlo con muy poca trementina; y aplicarlo tendido sobre una parte de badana, del tamaño de un peso, al mismo lu- ^ar en donde bolvieron á entrar las tripas, y amarrar,, ó apretar la ligadura ó el braguero bien ajustado. El emplastro de jabón de castilla, cuya composición se dirá en el catálogo de lo* medicamentos, es general medicina para cuantos géneros de quebraduras hay, aunque sean de huesos, y para vizmas muy eficaz; ó tome de las co<- chinillas, que en humedades se hallan, una porción de ellas, rociarlas con vino, y incorporarlas con un tanlito de trementina, y aplicarlo al modo dicho. También hace buen efecto, infundiendo en aceite de almendras dulces, dichas cochinillas, y puestas al sol por unos dias: luego -untar con dicho aceite lodo el lugar, y al rededor de él; pero después de estar reducidas las tripas dentro del cuerpo, y apretar el braguero. O en lugar de este-aceite, fomentar dicho sitio (reducidas las tripas) con tal cocimiento: tome cascaras de granada, de lafior de granada, de los capullos de las bellotas, de las agallas del ciprés: de los que de estos se hallaren se pesarán tres onzas, y del alumbre crudo se tomará de peso de dos tomines, de rosa seca, y manzanilla dos puños: cocerlo todo molido, y majado en cuatro cuartillos de agua, en que los herreros apagan el hierro ó acero, hasta consumirse como la mitad; y con unos paños mojados en este cocimiento bien caliente se fomentará, ó bañará el dicho lugar por buen tiempo, renovando, y calentando mas veces los dichos paños. Después del fomento se aplicará uno do los susodichos emplastros, ó vizmas, ajustando encima muy bien el braguero, y estarse sosegado por dos
semanas ó mas, en la cama boca arriba, y algo mas alto las asentaderas, que lo demás del cuerpo, usando de ayudas suaves, y emolientes, puestas en el catálogo de los medicamentos, para cuando faltare el régimen natural.
Endurecidas las tripas salidas.— Cuando acaece, que en las tripas que bajan á la bolsa se endurecen las heces, lo cual se conoce por no haber regido, del cuerpo en dos o tres dias, y también por la mucha dureza de la parle, no conviene por entonces hacer fuerza para la reducción de las tripas á su lugar, sino echar ántes unas ayudas emolientes; y cuando estuviere tan endurecido, que ni ayuda se pueda recibir, echar unas pelotillas, ó calillas, ó fomentar la parte endurecida con cocimiento de las yerbas emolientes, como es malva, trébol, y un poco de manzanilla, cocidos en el caldo de las tripas, ó menudos de cualquiera animal comestible, ó en caldo de la olla, moderando dicho fomento, que esté algo mas que tibio; y procurar, después del fomento suficiente, con las manos calentadas en el mismo cocimiento, reducir las tripas á su lugar.
Con inflamación. — Lo mismo se ha dt> atender, cuando hubiere alguna inflamación en la tal parte, estando salidas las tripas, la cual inflamación se conocerá por el rubor, dolor, y calor, que se halla en tal par- ■ te, y con calentura. En semejante caso se pondrá tal emplastro: Tome harina de ce^ bada dos puños, y salvado del trigo remolido un puño, aceite rosado, ó mantequilla fresca lavada como dos oirzas, y con vino aguado, cuanto basta para reducirlo en forma de emplastro: aplicar de este emplastro libio sobro la parte inflamada, y sobro las ingles* pues digiere, repele, y conforta.
Con ventosidad.— Resistiéndose para entrar las tripas por muchos flatos, ó ventosidades, lo que se conoce del gruñir las tripas, y del dolor tensivo sin po«o, fomentar
LIBRO H CAPITULO XXIV
caliente tal tumor con unos paño* mojados <'H legta fuerte, en que se haya cocido I; semilla majada del comino, ó del hinojo ó encino, en que cueza hinojo, ó alucema.
CAPITULO XXV.
DE LAS BEBRUGAS, CLAVOS Y CALLOS.
San Benjamín, y San Clemente de Anclara, son abogados para los clavos, bermejas, y uñeros.
Lías berrugas comunmente se reducen á tres géneros: las unas llaman Sésiles, ó hormigas, así por el color algo denegrido, como por el dolor, que al refregarlas es como de una mordedura de hormiga.
Señales dt las berrugas sésiles. —Sus señales son, que están algo levantadas:' por la parte inferior son latas, ó anchas, y por la parte superior tenues ó delgadas, sin aspereza, que crian algunas veces uno, ó mas pelosencima, y nacen por la mayor parte en las manos, ó en los pies, y seoriginan de humor melancólico.
Cura y dieta.— En cuanto la dieta, guaría, y otros medicamentos preparativos, ó evacuantes, no necesitan las berrugas, no siendo de las malignas, ó gálicas.
Cura específica de las pensiles*. — Las berrugas Pensiles se curan con mas facilidad, al modo que se curan otros tumores, que cuelgan como.de una cuerda, 6 hilo de seda, ó de cerda de caballo, y renovándolo os dichos hilos, ó cerrándolos algo mas de cuando en cuando, hasta que por sí se caigan, por cuanto con esta tal ligadura se les quita el que les acuda su_suslento, deque se mantienen y fomentan.
Cura de las Sésiles.— Para extirpar Jas berrugas Sésiles, en particular unas chiquitas, que suelen salir en la cara, ó en las manos, es bueno untarse con el zumo de la raiz de la yerba golondrina ó' majar esta raiz, y mezclado cou un poco de unto, aplicarlo; ó aplicar mescál tlatemado, y majado, continuando algunos dias con ello, ó untar dichas berrugas con sangre de largalija, ó con leche de la higuerilla; ó amasar con vi-
Señales de las pensiles. -Otro género hay nagre fuerte el estiércol dé cabra, ó de buey"
de berrugas, que llaman Pensiles, por cuanto tales berrugas son algo largas, y gordas de cabeza', y dependen de un pié tan delgado como una cuerda, ó hilo, levantadas algo so bre el culis, de igual color, redondas, sin dolor, y al tacto blandas, que se originan de pituita gruesa.
Señales de los clavos.— Otro género de las berrugas llaman clavo, y se asemeja á las bei rugas Sésiles, y son unas berrugas blancas, redondas, que tienen su cabeza aplanada, y ancha como de un clavo: su raiz en la carne está delgada, y honda; nacen comunmente en los dedos, ó plantas de los pies, y causan notable molestia al andar, y algunas veces se exaspera, que sin llegar, ó locarlas, duelen, como si les entrara un i clavo: estas causan el humor pituitoso, melancólico; pero mas seco que en las otras berrugas.
y ponerlo encima de la berruga;' ó con ceniza de la corteza del sauz en vinagre; ó un-, tarlas con la hiél del chivo.-.
Las dichas berrugas Sésiles que fueren rebeldes, ó añejas, sajarlas primeramente algo al rededor con una lanceta, ó cuchilla, que sude'una poca de sangre, y luego ponerlo un polvito de azufre, ó de la caparrosa, amasado con vinagro fuerte en forma de pastilla, renovando á veces dichas pastillas. Mas eficaz será el polvo de la caparrosa, algo quemada, ó en su lugar del cardenillo un poco quemado, y con vinagre amasado, y aplicado al modo dicho.
Cáusticos potenciales.— Q locar las tales berrugas rebeldes (antes algo sajadas) con un pincelilOi ó palito mojado en agua fuerte de los plateros, ó en el espíritu de vitriolo, si le hubiere; ó ponerle oli o cáustico de los que se ponen para abrir fuentes en el
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m LAS BíittRL'GAS, CLAVOS V CALLOS.
catálogo de los medicamentos, les cuales cáusticos sts amat rao encima de, las berrugas, sin que loquen masque sola la berruga; y osando de los cáusticos fuertes, ó de la caparrosa, ó del cardenillo, es menester atender á que no haya nervio, ó arteria muy cercana, á quien pueda dañar tal cáustico.
Defensivos. -Y fuera de eso conviene siempre poner al rededor un defensivo, como son unas hojas majadas de la yerba mora, ó de llantén, ó de la clara de huevo batida mojando en ella unos liencecilos;' ó untar la circunferencia "de la berruga con manteca lavada, y mezclada con un polvo de alba jalde, ó del bolo, ó de la greta.
Cáusticos de f uego.— También se consumen tales berrugas con cáusticos actuales, ó con cauterios de fuego, como aplicar una lámina agujereada, por cuyo agujerito solo parezca la berruga: y con un botón de fue go, ó algún clavo caliente, tocarla suavemente varias veces, y untarla después con unto sin sal, ó manteca.
O en lugar de esto, procurar clavar bien la punta de un alfiler en la misma berruga, que quede allí algo clavada; después arrimar á la cabeza del alfiler una vela en cendida, para que se caliente todo el alfi ler; y de esta manera se causticará con menos aparato, aguantando algún tiempo el calor, cuanto se pudiere buenamente. También se caustica la berruga, acercándola un tizoncito, ó un poco do tabaco bien encendido, sin topar la brasa con la berruga, aguantando un dolorcillo, como si se clavara una aguja, repitiéndolo algunos dias; ó quemar la berruga con pajuela de azufre encendida. Cura de los clavos.— Para curar los clacos, se cortará Antes lo duro que nace encima, como un callo, para descubrir la raiz, sLyi que tal separacipn haga sangre; lo cual raa»s fácilmente] se conseguirá, teniéndola
parle en donde está el callo en agua caliente, ó en cocimiento de malvas, ó trébol: quita, do ya lo duro, se amarra encima del mismo clavo la ceniza del estiércol quemado de la gallina, amasado con miel virgen, renovándolo varias veces por muchos dias, p<>r cuanto comunmente tienen muy hondas sus raices, y no puede el medicamento penetrar sino poco á poco: y lo mismo se observará usando de las curas siguientes. Tome en lugar de lo susodicho ceniza de las cascaras del-sahuce, amasada con vinagre fuerte, y aplicarla al modo dicho, amarrando encima la telilla interior, que suele tener el unto sin sal, para que mantenga blando el cutis ai rededor. También es buena para- los clavos, limpiados del callo por encima, la orina de perro, aplicando luego encima cera de campeche con un polvo de azarcón mezclado; ó amarrar unas cochinillas majadas, ó machacadas encima del clavo limpiado del callo.
Berrvgas gálicas.— Vara las berrugas gálicas se podrán usar estos mismos medicamentos, según masó menos rebeldes fueren, que comunmente /son de la especie de las berrugas Sésiles; pero conviene primero usar de la zarza, y de medicamentos purgantes, como se verá en el capítulo 86 del libro I del morbo gálico. [Crestas gálicas.) Así mismo se curarán las crestas gálicas.
Contra los callos. — Los callos son una cierta dureza, ó eminencia del cutis endurecida, unas veces redonda, tiesa, de color blanco, sin dolor, y no tiene raiz para dentro, como las berrugas, ó clavos, que comunmente nacen en las palmas, ó dedos de los piés, y manos, que se originan del mucho y continuo trabajo; el cual callo se consume con los mismos medicamentos puestos contra el clavo; ó amarrar con un paüito una parte de zabila soasada, ó de siempreviva, quitándole el pellejito, y continuar
LIBRO II CAPITULO XXV.
con ello. También lo mitiga y ablanda, aplicada sola la telilla interior del unto sin sal, ó el jabón remojado.
Grano, ó tumorcillo de los párpados de los ojos.— Por no hacer capítulo aparto se añade aquí el tumorcillo que se ofrece en los párpados de los ojos, que en latin se llama Hordeolum, por la semejanza que tiene con el grano déla cabeza, que en latin se llama Hordeum. Comunmente está dicho grano, ó tumorcillo blando, y tratable, que de ordinario nace de materia cálida, y no tiene riesgo, pues sin medicamentos se resuelve algunas veces.
Se fomenta para curarlo con el cocimiento de cebada, ó con un poco de manzanilla cocida, ó se pone un poco de migajon de pan moderadamente caliente sobre el grano, ó de la cera blanca algo caliente, ó de la levadura mascada de un' hombre en ayunas.
Cuando dicho grano madnráre, se unta con injundia de gallina; y salida la materia, se unta con miel virgen, y se aplica encima cera nueva, sola/ó mezclada con polvo de acíbar, y atutía.
CAPITULO XX Vi.
ALGUNAS ADVERTENCIAS DE TAS HEB1DAS.
Santa Eufemia, y San Sebastian, son, abogados en general de las heridas.
Aabiemdo de decir algo de ras heridas, que son solución de continuidad reciente, ó llagas frescas sanguinolentas, las cuales, asi como frecuentemente se ofrecen, así mismo es muy común, y por las csperieneias'muy sabida la cura de ellas, en particular (por cuanto Dios proveyó á estas tierras de innumerables, y muy eficaces plantas, yerbas, y bálsamos muy saludables, que á cada paso, como dicen, están hablando los moradores de ellas) para curar heridas, y llagas fres-
cas; por lo cual me pareció ser bastante apuntar solamente algunas circunstancias, ó advertencias, que se han de observar en la cura de las heridas, ó llagas frescas.
Sacar lo esiraño.— Primeramente es necesario, para que se unan, y junten las heridas, sacar ó limpiar de ellas las cosas estrañas, que dentro de las heridas se halla ren, como pelo, tierra, grumos de sangre, ó alguna parte del instrumento con que se hizo tal herida, lavando con vino caliente, ó con cocimiento de romero, ó de salvia, ó con el sumo de maguey, ó cardos, ó de los órganos soasados debajo del rescoldo; y en esto conviene atender, habiendo mucho flujo de sangre por la herida, el no urgar por entónces mucho la herida por limpiarla, ó dejar de limpiarla bástala segunda ó tercera cura.
No sacar tal arma, que se halla en parte mortal, antes de disponer al enfermo. — En particular importa mucho el atender, si la flecha, ú otra arma se baila en la región del corazón, ó en los sesos, ó en otra parle mortal, el que de ninguna manera se saque, hasta tanto que se haya dispuesto con el enfermo en cuanto los Santos Sacramentos, y lo demás, porque apénas se saca tal arma, cuando comunmente se muere el herido.
De los puntos ó costura.— En cuanto los puntos, ó costura, solo siendo lalierida profunda, ó que tenga los labios muy apartados, es conveniente dar puntos, como también en donde no Cabe la ligadura, como en heridas de. la oreja ó cara: las heridas pequeñas no necesitan de dar puntos.
Para dar puntos se observa, que los puntos han de coger alguna parte de la carne con el culis, y que de un punto á otro haya distancia del anchor de un dedo, con seda no muy torcida, y algo encerada: de allí á pocos dias (estando unidos los labios, que so conoce cuando la costra, de ántes tirante, se afloja) so corta ei hilo, y se saca con
cuidado de que no se renueve la abertura
ALGUNAS ADVERTENCIAS DE LAS HERIDAS
de los labios, los cuales comunmente se unen al tercero ó cuarto dia. Cuando se dejaren los puntos mas tiempo, tanto que hicieren materia, quedará señal de cada punto, lo cual se ha de procurar escusar, especialmente en la cara.
Cuándo no conviene dar puntos. — Adviértese, que cuando los labios de la herida estuvieren muy* dolorosos, y mucho mas hallándose inllamados, y cuando 'hubiere con la herida gran tumor, como flegmon, ó edema, (el tal tumor se ha de curar antes, según su propio capitulo) no se dan los puntos hasta cesar los dichos accidentes. Tampoco se dan puntos en las heridas, ó mordeduras de ponzoña, y tampoco cuando hu biere algún hueso descubierto, ó nervio herido.
Cura después de los puntos.— Dados los puntos, se ponen sobre ellos unas hilas mojadas con clara de huevo batida, mezclado con polvo de arrayan, ó de rosa seca, ú otra planta conocida para las heridas, y llagas frescas, y por encima un cabezalito de lienzo amarrado con su venda.
De la ligadura.— Lo que toca á las vendas para ligaduras, habiendo para escoger, elíjase el lienzo, ni muy viejo, ni muy nuevo, y sean bastante largas, para que alcancen, no solo sobre la herida, sino también algo mas de una y otra parte.
Del anchor de la venda.— El anchor de la venda se varia según el sitio en donde se hallare la herida: para las heridas de la_ cabeza, pecho, ó vientre será un palmo de ancho, para los brazos cuatro dedos, y para los muslos seis dedos.
El modo de apretar las ligaduras. — En el modo de apretar las ligaduras se observa, que ne sea tan floja, que. se caiga, ni tan fuerte, que ocasione dolor; y menos vueltas de venda se han de dar en el verano, (por no calentar) que en invierno. Y cuando la herida no es profunda, se darán las vueltas de la venda sobro la misma Lé-
rida, algo mas apretada, que en una, y otra parte; pero cuando la herida fuere honda, ó cavernosa, para expeler las materias contenidas, entonces se aprieta la venda algo mas de aquella parte en donde se detuviere la materia, y sobre la herida no se aprieta tanto para dar lugar á la materia.
Accidentes de las heridas.-r-V&rn defender las heridas, ó llagas frescas de los accidentes, se consigue untando luego la circunferencia, y no en la misma herida, con aceite rosado, ó con aceite de almendras dulces; óá falta de ellos, con mantequilla fresca lavada; ó poner unos defensivos de agua envinagrada, por sí sola, ó con unos polvos del bolo mezclado.
Flegmon.— Del flegmon se defiende la herida, con poner encima de toda la cura (que son hilas, y unturas) (Emplastro hypocrdtico de harinas) el emplastro hipocrático, que se hace de harina de cebada, y de las babas, y del migajón de pan, de cada uno partes iguales: á esto se añade un polvo de rosa del oximiel, como la octava parte de lodos los polvos, y un tantito de vino; y para reducirlo sobre el fuego manso á punto de emplastro, se añadirá bastante
agua de cebada.
Flujo de sangre en las heridas. — El accidente mas ordinario de las heridas es el flujo de la sangre: tocante á esto ha de obser_ var la cantidad de la sangre que fluye: si esta no fuere demasiada, debilitando al enfermo, no conviene estancarla, porque con esto se secara mas bien la herida y sanará mas breve, ni correrá fácilmente riesgo, á que le sobrevenga flegmon ú otro accidente, quede la sangre detenida suelen originarse; por lo cual en las heridas grandes, en donde se detuviere ó no saliere bastante sangre, se socorre con sangrías que revelen (como son sangrando las venas de la parte herida distantes y del mismo lado) en cuanto las fuerzas del paciente lo permitieren, pn particular cuando se teme gran dolor ó
LIBRO II CAPITULO XXVI.
inflamación ó alguna calentura. Por el mismo fin, en las heridas de' los brazos y piernas, se procurará esprimir algo la sangre para que sanen mas presto.
Modo de estancar la sangre.— Para estancar la sangro que demasiadamente sale, se pone sobre la herida en bástanle cantidad de uno 6 mas de los siguientes, como polvos de la yerba del manso, que llaman los médicos valeriana, raspadura de la vaqueta, 6 tierra de los pitos, ó telaraña, ú hollín, ó del yeso, ó del estiércol seco, de burro ó marrano; y no bastando estos, mezclar con mm de estos polvos parte igual de la alcaparrosa algo quemada. El último modo de estancar la sangre es causticar con un botón de fuego las bocas de las venas, cuando estuvieren patentes; pero conviene atender y no lastimar los tendones ó nervios sanos. Puédese causticar con algodón flojo actualmente encendido, y que quede algo de dicho algodón en la parte.
Emplastro de galeno.— Entre otros medicamentos es muy esperimentado el emplastro de galeno, que se compone de acíbar, de incienso y del pelo de liebre quemado* de cada uno partes iguales: todo bien molido y cernido se amasa con clara de huevo batida en forma de emplastro, y se aplica sobre la herida; lo cual también sirve para estancar la sangre de la arteria herida, no siendo délas arterias mayores. Dicho emplastro es mas eficaz con la yerba del manso; ó a falla de eslos ingredientes, lome del hollín muy sutil, amasado con bas tante clara de huevo batida.
Otra forma de emplastro para estancar la sangre de las heridas. Tome de la flor de harina cuatro onzas, del yeso y de la cal viva, de cada uno como dos onzas: todo hecho polvo, amasarlo junto con clara de huevo batida en forma de una masa blanda, y aplicarla sobre la herida. Para mas eficacia se le pueden añadir unos de los polvos
susodichos, como es la alcaparrosa quemada.
También específicamente estanca la sangre de cualquiera herida, ó parle del cuerpo, quemar uno ó mas sapos en uua olla bien tapada; y después molidos los sapos en polvo, y puesto dicho polvo en una taleguita, se aplica á la vena de donde sale la sangre; pero se advierte, que no se ha de aplicar sobre la misma herida, sino como cuatro dedos mas arriba. Lo mismo se esí>erimenta con los huesos del pece mulier
aplicados al modo dicho y con las ranas. Vena medio cortada.— Cuando se viere
alguna vena no mas de medio cortada, sin poder estancar la sangre de ella; en tal caso, cortándola toda por entero, (para que se pueda recoger un lado, y otro para dentro
de la carne) cesará mas presto la sangre. Prurito ó comezón en las heridas. — Para el
prurito ó comezón en las heridas, es bueno fomentar aquella parle en donde está la herida, con paños mojados en agua caliente; y por mas eficacia se fomentará con agua sahada algo caliente.
Cardenales.— Para los cardenales ó para la sangre difundida debajo del culis, que se originan de golpes, contusiones ó de caídas, procurar cuanto, antes envolver la parte de los tales cardenales con un pellejo recien quitado á un carnero ú otro animal, como chivo, cordero ó perro, el cual pellejo se ha de espolvorear, ántes que se aplique, con sal de la mar, bien remolida; y si hubiere polvo de mastuerzo ó de arrayán, se podrá de ello moler con dicha sal; y puesto dicho pellejo, abrigar tal parte con ropa para que sude. Las hojas de rábano mojadas solas, ó con polvo de arrayan lo hacen bien.
Habiendo pasado ya unos dias/que se hicieron estos cardenales, entonces bañar la parle con cocimiento de manzanilla, agenjos y comino, majado y cocido en vino aguado, añadiendo al dicho cocimiento colado un poco de miel y un puñíto de sal,
ALGUNAS ADVERTENCIAS DE LAS HERIDAS
Cardenales denegridos.— -En caso que los cardenales estuvieren denegridos, y el lugar como muerlo de sangre cuajada, entóneos habiendo juntamente mucho calor, fomentarlo con vinagre caliente ó con agua en que se cocieron unos rábanos; y no habiendo mucho calor, se cocerán en vino; ó aplicar calientito el cataplasma ó emplastro siguiente. Tome rábano molido ó rallado, y de migajon de pan, partes iguales; y con agua ó vino (según mas ó ménos calor tuviere la parte) cuanto basta, se reducirá en forma de emplastros; ó moler comino en polvo, el cual mezclado en cera derretida, se tiende sobre un lienzo ó badana para aplicarlo. Cuando resistieren los dichos cardenales á estos medicamentos, suele convertirse dieba sangre estravasada en materia; en tal caso con sajador abierta una boca, se curará con el digestivo; y lo demás como queda dicho en el capítulo 2 de este
libro II hasta cerrarse. Azotadas cómo se curan.- El dicho modo
de usar del pellegito recien quitado de cualquier animal, conduce también para los azotados; 6 echarles en las aberturas de estos
dré un modo fácil de curar una herida ordinaria de la cabeza. Herida ordinaria de la cabeza.— Salida 0
esprimida muy bien la sangre necesaria de la herida, póngase una mecha mojada en la clara de huevo batida en el lugar mas bajo de la herida, para que pueda salir mejor la materia que se recogiere; y luego aplicar encima dos pañilos mojados en dicha clara, y amarrarlos con dos cabezales, y venda algo ancha, como de un palmo, y dejarlo asi amarrado- hasta el dia siguiente; entónces lavar la herida con zumo de la yerba de golondrina y otro tanto si hubiere, del zumo de maguey ó de los órganos soasados; y si necesitare de puntos, se darán como queda dicho en este capítulo. El bálsamo se hace del zumo de maguey bien asado, echado en redoma de vidrio, con polvos de valeriana, que en tierra adentro llaman yerba del manso, bien tapada la redoma, y puesta al sol ó en estiércol hasta que se espese como bálsamo.
Bálsamo para heridas frescas. — Otro bálsamo se hace, cociendo cardos ó cociendo los dichos zumos de maguey ó de los órga-
polvos, como son rosa seca, arrayan ó ro- «os, con otro tanto del sebo de macho ó del
mero ó de las nueces del ciprés, ó de la cás-
cara de la granada ó yerba del manso. Tumores en la cabeza de golpes ó cuidas.
—Para los tumores que se levantan en la cabeza por contusión, como de un golpe ó caida, sirve también el pellejo recien quitado de cualquier animal, como corderilo. carnero y semejantes, solo por sí aun caliente aplicado sobre todo el tumor, sin añadirle otra cosa, porque resuelve felizmente el tal tumor ó bodoque sin madurar, ni abrir boca, así en los viejos como en los niños; y no bastando una piel una vez aplicada, repetir aplicando otro pedazo de piel nueva recien quitada. Aunque como al principio de este capítulo queda dicho, hay varias plantas muy saludables para curar cualquiera herida fresca, sin embargo pon-
unto sin sal añejo; y después de consumidos los zumos, colado por un paño, se usará de ello en lugar de aceite de aparicio ú otro bálsamo, para cualquier herida fresca.
Emplastro fácil de componer para las heridas frescas.— O hacer del bálsamo dicho un emplastro ó cerote, tomando una parle de este bálsamo, como seis onzas, y añadirle dos ó tres onzas del polvo cernido muy sutil de la almártaga, ó de la greta de los mineros, y media onza déla trementina: todo ello hierva sobre fuego manso en un cacito, añadiéndole al fin un poco de cera: de este emplastro se tiende un poco, según la herida, ó algo mas, sobro lienzo, para aplicarlo después de untada la herida con el susodicho bálsamo. Con mas brevedad cura cualquiera heri-
LIBRO II CAPIIULO XXVI.
d¡» fresca (antes bien esprimida la sangre de ella) lajoxoba de Sonora, tostándola, sin que se queme, en carbón; y después refregada contra un guijarro áspero, da de sí un aceite prieto, con el cual se embeben unas hilas, y se aplican tibias.
CAPITULO XXVII.
»E LAS HERIDAS ó MORDEDURAS PONZOÑOSAS.
San Pablo apóstol, San Amabilis y San Phocas mártir, son abogados contra las heridas ponzoñosas.
•un las heridas de armas envenenadas, ó en las mordeduras, ó picaduras de animales ponzoñosos, ó de perros rabiosos, conviene observar la misma cura, con su dieta y guarda, cotno queda dicho en el capitulo 5 de este libro II del carbunco. Fuera de eso luego que se halla uno con herida ponzoñosa, conviene amarrar ó. hacer una ligadura encima de la herida, si ella estuviere en ios brazos ó piernas, para que no tan fácilmente pueda subir la ponzoña á ocupar el corazón; pero no ha de ser tan recia la ligadura, que entorpezca ó amortigüe la parte amarrada. Luego conduce sajar la dicha herida algo honda, siendo en parle que se pueda sajar, sin lastimar nervios, ni arterias ó venas, y aplicar sobre las sajas una ventosa con mucho fuego, para que atraiga y saque con la sangre la ponzoña: hecha esta diligencia, se aplicará prontamente lo que mas bien hubiere á la mano de los siguientes, como ajos con sal molidos, ó cebolla, ó poleo, ó mostaza, ó levadura be pan, ó estiércol de cabras; ó lavar la herida ponzoñosa desde luego con orines; ó aplicar el orificio de gallina, ó de gallo, Ó de la paloma, despumado ó pelado sobre la herida ponzoñosa; y en este mismo tiempo taparles bien con uo paño toda la cabeza, que no pueda respirar por la boca, sirto que con
esto atraigá el anhélito por el dicho orificio, y juntamente saque la ponzoña, repitiéndolo con aves nuevas siendo menester.
Algunos después de haber aplicado Ta ventosa arriba dicha, por un ralo la dejan puesta, y luego quitada la dicha ventosa, cauterizan con un botón de fuego, ó con varios tizones (fallando instrumento de hierro) bien encendidos á la herida ponzoñosa, porque con su calor consume con buen efecto la ponzoña. También en falta de la ventosa suplirán las aves, aplicadas al modo dicho; ó cuando hubiere alguna persona que quisiere, chupar y sacar la ponzoña de la herida, no ha de tener Haga ninguna en la boca, ni en la garganta: lo segundo, comerá ántes un poco de mantequilla fresca, ó se enjuagará la boca y las fauces con aceite ú otro género mantecoso, para .que no reciba daño. También conduce el cauterizar la herida ponzoñosa prontamente, aunque no se haya puesto ventosa antecedentemente.
Otro modo de corregir y chupar la ponzoña, que de las mordeduras ó picaduras de animales ponzoñosos se ha originado, escoger el mismo animal que picó ú otro de su misma especie, y aplicarlo muerto,, y algo machacado prontamente sobre la herida, porque atrae para si su ponzoña: y siendo grande el animal que hirió, pudiéndolo matar, sacarle el hígado, y aplicarlo aun caliente sobre la herida.
Muchos otros antídotos ó medicinas contra las ponzoñosas heridas, se hallan por estas tierras, como es la contrayerba, varias habillas y gomillas, como es una gomilla algo colorada, que llaman en la lengua opata Xua, de Ja cual hay' abundancia en la provincia de Sonora: en la Taraumara os muy alabada la jicamilla de Julimes y otras muchas, que libran á los heridos con ponzoña de la muerte casi infalible: de todas ellas tiene conocimiento en México un médico herbolario, que asiste en nuestros colegios. También de Filipinas vienen unas piedras
DE LAS HERIDAS O MORDEDURAS PONZOÑOSAS.
que llaman de la culebra, bien esperimentadas. El uso de estos antídotos ó medicinas contra la ponzoña es, ó aplicarlo por sí solo sobre las tales beridas, levemente sajadas, como es la piedra de Filipinas, ó unas habidas que hay; pero la contrayerba, las gomillas y la jicamilla se muele en polvo, ó se masca una porcioncita de ella, y se aplica sobre la herida, también se da á beber un poco de ellos, para mejor efecto.
San Huberto obispo, Santa Quiteña y SanUvalpurga, son abogados contra los animales rabiosos.— Ultimamente, según Zacuto, y la mucha esperiencia, travándose el enfermo de picaduras de cualquiera animal ponzoñoso, y cuando otros medicamentos no alcanzan, es medicina instantánea, aunque sucia, el escremento humano desleido en agua y dado á beber, que á la segunda ó tercera bebida ó porción de ello, se mitigan con admiración los accidentes.
Mordedura de perro rabioso.— Entre las heridas de los animales ponzoñosos, es la herida ó mordedura de perros rabiosos, ó de otro animal tocado de rabia; pues cualquiera pequeña herida de ellos ocasiona fácilmente la muerte, tanto que consola la espuma de tal perro rabioso, tocando el cuerpo humano, puede el hombre escitar rabia, y mucho mas de una mordedura.
Señales del perro rabioso.— Para conocer al perro rabioso, se pondrán algunas señales, por cuanto de poco tiempo acá solo se han visto rabiar los perros en estas tierras de la Nueva-España. El perro rabioso comunmente está como temblando y descompuesto en su andar, con los ojos inflamados, las orejas colgadas, moviéndolas frecuentemente, y echando espuma por la boca, jadeando 6 asesando con la lengua do fuera, la cual amarillea de cólera y aborrece la comida, y mucho mas el agua, aunque con gran sed: seco y consumido de carnes, embistiendo sin son ni ladrido, ya a perros, ya á bestias, ya á sus mismos araos.- él mismo
huye de su propia sombra, como también los otros perros por su natural instinto huyen de él.
Seriales del hombre rabioso.— Aunque el hombre mordido de perro rabioso por aquel poco tiempo no sienta mas dolor, que el ordinario de una mordedura ordinaria, desp ues de poco sobrevienen algunos accidentes, que indican haber sido de perro rabioso, como en ponerse todo el cuerpo colorado, como encendido, en particular la cara: ofúscaseles la vista: padecen desvelos ó sueños turbulentos: enronquéceseles la voz: hállanse con estraordinaria flaqueza de las articulaciones ó coyunturas, con temblor y palpitación del pecho: se entristecen sin causa manifiesta: durmiendo, crujen con los dientes; despiertos hablan entre sí: buscan retiros y todo temen, hasta á sí mismos. Cuando la ponzoña va penetrando mas, llegan á temer el agua, que casi generalmente indica fatalidad; lo cual acaece comunmente después de cuarenta días desde la mordedura, ó después de dos ó de mas meses: en este tiempo también sobrevienen varios, y mas graves accidentes, como calenturas, hipos, pesadez del estómago, la orina turbia ó negra, mucha estitiquez del vientre, y estangurria de no poder orinar libremente, hasta llegar aladrar como pene, buscando á embestir ó á morderá los circunstantes: también después de muchos inordenados movimientos caen como muertos; y de allí á un poco vuelven á las mismas insolencias hasta espirar.
Pronósticos.— Tocado el paciente de la rabia, cuando mirando su cara en el espejo, se conoce hay todavía alguna esperanza de salud; y lo mismo cuando la herida de la mordedura purga gran cantidad de la materia.
Cura general.— En cuanto la cura de esla enfermedad importa, que siu dilación ninguna desde el principio se haga todo lo posible, aunque fuera la mas mínima herida
LIBRO II CAPITULO XXVII
ó mordedura dé perro, ú otro animal rabioMi. Procurar el aire templado, la comida de fácil concocciou y no parcamente, porque no les conviene estar con el estómago vacio, para que la ponzoña no pase tan fácilmente á los miembros en lugar del nutrimento. Beber de ordinario agua acerada, ó vino (en los que estuvieren acostumbrados á bebei lo) ó leche, en particular hallándose el paciente con pocas carnes, y mantener buen régimen del vientre. Las sangrías en los primeros dias, generalmente hablando, no convienen, y después necesitan de mucha circunspección. Las purgas muy suaves, que evacúen el humor melancólico, podrán usarse de cuando eu cuando.
Cura específica.— Vov defuera sin dilación de tiempo, procurar coger unos pelos del animal rabioso y aplicarlos á la herida, y escusar de todas maneras el lavar, ó humedecer la tal herida con agua. También conducen los antídotos ó los medicamentos puestos contra las picaduras ó mordeduras de animales ponzoñosos; ó sajar la herida, como queda dicho arriba en este capítulo, y al rededor de ella aplicar una ventosa con buena lumbre; y evacuada la sangre, causticarla con fuego, como queda referido, y mantener abierta la llaga, hasta que toda la ponzoña haya despedido, por cuanto el cerrarla ántes es peligrosísimo.
Cuándo conviene cerrar tal herida. — La 'señal de poder cerrar la tal herida, es poniendo en forma de emplastro nueces grandes majadas, ó mascadas sobre la herida; ó revolver en la herida ó sangre de ella, unas migajas de pan, y echar las dichas nueces ó migajas de pan á las gallinas hambrientas para que las coman; y si comiéndolas no se murieren, será señal que no contiene Ja tal herida ponzoña alguna, y se podrá cerrar con medicamentos la tal herida; pero al contrario, si so murieren no se cerrará por nntónces la tal herida, sino so proseguirá con los medicamentos antidótales dichos.
Polvo para rabiosos.— Polvo para los mordidos de perros ó animal rabioso. Tome partes iguales de vuda, verbena, salvia, llantén, tiánguis pepetla, eslafiate, yerbabuena, diaptano, ó de cuanenepili, de artemisa, mastuerzo, hipericon, de lo que de estos se hallare: secarlos á la sombra ó ya secos, molerlos en polvo y cernirlos, de los cuales polvos se dará en peso de medio tomín ó á gente mas robusta hasta en peso de un tomin ó de tomin y medio, como Ires horas ántes de comer, en una laza de caldo con miel revuelto, repitiéndolo por varios dias. De este polvo en mayor cantidad se podrá dar á los animales tocados de rabia, sobre un pedazo de pan ó de carne, ú otro bastimento propio de tales animales.
Así mismo desde el primer dia déla mordedura conviene tomar para ayudar á arrojar del cuerpo la ponzoña, como es la piedra bézar la gomilla xua de Sonora, la contrayerba, la escorzonera, la triaca, la raiz de la chacaana de Nuevo-México y otros semejantes, y los cangrejos preparados, como se dijo arriba en el capítulo 15.
Picadura deabispa ó de hormiga. — Para las picaduras de abispas, abejas ú hormigas' oplicar un diente de ajo algo majado, ó unas hojas de malvas, ó de la ruda fresca, ó del estiércol de vaca ó sebo.