Fomento de la población rural · Unidad 39 de 50

Unidad de lectura 39

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familia. Y si algo se opone á la realización de esa aspiración innata en el corazón humano, que nos lleva á amar particularmente aquello que fué de nuestros padres , conviene que

no sea la ley, que debe siempre hacerse amable á las que la

observan , sino el convencimiento ó una necesidad profundamente sentida. Quitad á un hijo una fracción territorial

por razón de Estado , y se levantará contra el Estado. Véndala , porque su misma exigüidad le pruebe sus inconvenientes, y quedará resignado. Si aun así la conserva, el profundo amor al recuerdo de la familia y á la tierra es tan digno de respeto por su lado moral y social como el coto redondo por sus ventajas materiales.

»Llega el Sr. Caballero en su interesante obra á tratar de los medios de fomentar la población rural , y encuentra que de dos modos puede establecerse en los campos la población labradora; fundando lugares y colonias en los puntos desiertos mas distantes, ó creando labranzas en los términos de los pueblos , á donde trasladen su domicilio los labradores que en poblado habitan. El primero lo considera ineficaz y con razón sobrada. Abonan esta opinión los escasos resultados obtenidos desde el establecimiento de colonias en el reinado del monarca del buen sentido, el rey Carlos III. Queda el coto redondo acasarado , blanco siempre , y fin constante al cual se dirigen las miradas del autor.

«Contra este proyecto existen tres obstáculos especiales: la falta de población , la escasez de aguas y la carencia de comunicaciones interiores. A vencerlos deben dirigirse los esfuerzos del gobierno, de los particulares, de las empresas de los capitales, de los hombres ilustrados , de la prensa, de cuantos pueden ejercer alguna influencia en el Estado.

»Con la tolerancia á las creencias religiosas y á los sentimientos políticos , con la protección al hogar doméstico, abriendo las fronteras al comercio esterior y á la industria estranjera , deben atraerse brazos , que vendrán cuando sea general la seguridad que hoy no tienen aun todos fuera de España, de que han desaparecido ya de entre nosotros ciertos sentimientos de odio y de persecución.

»La falta de aguas potables y de riego podría vencerse con la apertura de pozos artesianos.

»La necesidad de vias de comunicación es generalmente sentida , y felizmente cuando una necesidad se siente, hállase muy próxima á ser remediada. Sin embargo , todavía el autor , hombre observador y práctico al mismo tiempo que discreto teórico , puede afligirnos contando que mas de una vez ha visto llenar los baches de malos caminos con haces

de trigo , que allí quedaron haciendo las veces de espuertas de tierra.

«No nos detendremos en enumerar los remedios que el autor propone para vencer los obstáculos legales y económicos que dificultan la constitución del coto redondo acasarado. Y al pasar la vista por los sociales, nos fijaremos en uno solo : en la falta de seguridad para las cosas y las personas. Cuando la casería rural se generalice , los moradores en el campo serán bastantes para la mutua defensa. Pero mientras la casería se halle en embrión, ¿á quien será encomendada la misión de protegerla?

»Aquí el Sr. Caballero toca, como era de esperar, la institución de la guardia rural , pero en un sentido mas elevado, mas trascendental del que quizá concibieron los autores del pensamiento. Lígala con su grande idea del coto redondo acasarado. Sin él la institución podrá ser buena ; con él será inmejorable. Llamamos particularmente sobre este punto la atención del gobierno.

«Acaso, dice, al organizar la guardia campestre, por que «todos claman, se pueda dirigir la miraá que esta fuerza se »vaya convirtiendo en población rural agricultora. Entre los «varios medios que pueden adoptarse al intento, ocurre el de «conceder á los guardas rurales que se distingan como pre- »mio de buenos servicios, un terreno-coto, elegido en sitio «conveniente que le constituyese á la vez cultivador y guar- »da. Las casas que habrán de edificarse para albergue y «punto de reunión de las parejas se irán convirtiendo en «caserías de guardas labradores: estímulo poderosísimo, á «que daria doble fuerza la pena de perder la concesión y la «plaza, en caso de faltas graves , y el premio de la perpe- «tuidad, si el mérito fuese perseverante.»

«Nos parece idea felicísima y por eso la trascribimos íntegra.

«El autor que al tratar de los inconvenientes para el fomento de la población rural y de la agricultura se habia hecho cargo como de uno de los mayores, de la estremada división de la hacienda rural, tenia que hablar lógicamente del modo de destruirlo. El remedio se halla encerrado en esta frase : «Determinar la capacidad proporcional de los cotos re-

^dondos, y hecho esto declararlos indivisibles é inacumulables. »

»Detengámonos un poco en este punto trascendentalísimo, que antes hemos examinado ya , aunque ligeramente. Si el libro del Sr. Caballero ha de sufrir alguna contradicción ; si ha de chocar con algún escrúpulo para la realización de su ideal, es en el principio de la indivisibilidad é inacumulabilidad de los cotos redondos. Diremos mas: si alguna teoría ha de asustar á los hombres de ciencia y á los hombres de gobierno es ciertamente esta.

»Para conseguir aquellos dos objetos propone el autor los siguientes medios :

»Que los cotos redondos sean declarados por la ley de no cómoda división ; y por consiguiente que se puedan vender, ceder, permutar, donar, enajenar, empeñar y poseer de cualquiera manera , pero que no puedan dividirse en suertes , ni reunirse con otra porción , circulando siempre íntegros.

»Que cuando en un concurso ó testamentaría haya una heredad , coto redondo indivisible , se adjudique por este orden :

»1.° Al heredero que el testador hubiere designado, y en su defecto

»2.° Al que señalen los interesados por avenencia, y á falta de conformidad

» 3.° Al hijo, heredero ó acreedor de mas edad que la acepte , siguiendo de mayor á menor, y si no hay aceptante

»4.° Al que designe la suerte, y si todos se negasen

»5.° Al que de los interesados abone mas por la finca en beneficio de sus compartícipes , y cuando no

»6.° Se venderá la finca en subasta pública, dividiéndose el producto entre los interesados.

«Claramente se ve que estos medios no pueden influir en la constitución del coto redondo acasarado: influirán solamente en su conservación. Para lo primero no sirve la ley. Es necesario que penetre en los que hoy moran en los pueblos el convencimiento de las ventajas de trasladarse al campo, y vivir sobre la finca que han de esplotar. La ley no puede trasportar de cuajo á los campos esta parte de la

población. Todas sus prescripciones serian inútiles , y si lo intentara en aquellas provincias donde no existe la afición, el cariño á la casería , veríamos repetirse las penas que se dictaron contra los colonos prófugos de los establecimientos de Sierra-Morena en tiempo de Carlos III.

»Toda ley que coarta la libertad del hombre en aquello que no es inmediatamente perjudicial á los demás es despótica. La que obligara á los labradores á vivir contra su voluntad en el campo con preferencia al pueblo ó á la aldea, sería absurda. Esto ni nosotros lo queremos , ni lo quiere el Sr. Caballero.

»Hemos de convenir por consiguiente en que la constitución del coto redondo ha de depender del convencimiento de los que deben morar en el campo. Hemos de convenir también en que las medidas legislativas que propone el señor Caballero , y hemos citado, solo se refieren á la conservación del coto redondo.

»No plantearemos la cuestión en sus fundamentos ; en el respeto al derecho de propiedad, en virtud del cual el dueño de una cosa debe disponer libremente de ella. De las objeciones de doctrina se hace cargo el Sr. Caballero en un capítulo especial de su libro. Tememos, sin embargo, que su refutación no convenza á los incrédulos. En nombre del principio de utilidad pública, dice el Sr. Caballero, se espropia á los propietarios de cincuenta casas para ensanchar una plazuela : en nombre del mismo principio debe prohibirse al propietario la división del coto redondo. ¿No es esto justificar una exageración con otra exageración de un derecho escepcional del Estado?

»E1 propietario podrá , no abusar, sino usar quizá con demasiada amplitud del derecho de disponer de sus bienes; pero esto rara vez lo hará sino en circunstancias para él muy críticas, y apurado por la necesidad; y la situaciou anómala que él cree, al fin vendrá á remediarse por el comercio mutuo de cosas y servicios entre los hombres. ¿Pero se sabe cuál será el fin de reconocer en el Estado el derecho de marcar la capacidad del coto redondo, y de quitar al propietario el derecho de disponer libremente de él , y eso en nombre del principio de utilidad pública? No hay acto humano que en

algún sentido no pueda ser á la larga mas ó menos favorable á la generalidad. Tendríamos, por consiguiente , que reconocer en el Estado el derecho de disponerlo y arreglarlo todo, absolutamente todo. Volveríamos á los antiguos tiempos de Esparta, que á título de que á la república convenia el tener robustos ciudadanos disponía la educación , el orden de las comidas, el de los alimentos, y hasta el de los ayuntamientos entre varones y hembras. En nombre de la utilidad del Estado eran despeñados los niños deformes desde la cumbre del Taígeto. En nombre de la utilidad en tiempos menos antiguos disponía un gobierno el tamaño del ojo de las agujas. En nombre de la utilidad pública mandaba otro que se templaran las tijeras que el comercio de Levante venia á buscar á Francia, y que dejó de admitir para siempre en cuanto empezó á cumplirse aquel decreto.

»Es seguro que el Sr. Caballero no admitirá tales exageraciones, y por eso, mas bien que aconsejar una limitación en el derecho de propiedad, en nombre del principio de utilidad pública, debe restringir los casos de esta y no pretender aumentarlos con uno nuevo. Desgraciadamente tenemos frecuentes ejemplos de la estension que se da al significado de aquellas palabras. Armada una autoridad con un derecho, mas bien se inclina á exagerarlo que á encerrarlo en sus justos límites.

»Pero hemos dicho que no trataríamos esta cuestión en la esfera de la doctrina, y nos alejamos de nuestro propósito. Volvamos á él.

«Colocándonos dentro del orden de ideas del Sr. Caballero, diremos que una vez constituido el coto redondo acasarado,por haber penetrado entre los labradores ei convencimiento de su utilidad, todas las disposiciones legales limitando el derecho de propiedad serán inútiles. Los que por convencimiento fundaron el coto, por convencimiento sabrán conservarlo. Habremos llegado á la situación de las provincias Vascongadas, donde la casería existe y se conserva sin intervención de la ley, tan solo por una costumbre cuya conveniencia es profundamente sentida.

»Pero dentro del mismo proyecto del Sr. Caballero tropezamos con una gravísima inconsecuencia. En el orden de

prelacion para la adjudicación del coto redondo acasarado entran, primero la persona que señale el testador; después la que designen los interesados por avenencia; luego el hijo, heredero ó acreedor de mas edad , &c, &c. Decíamos que se observaba aquí una grave inconsecuencia. ¿En nombre deque principios quiere el Sr. Caballero limitar el derecho del propietario de un coto redondo acasarado para dividirlo? En nombre del progreso de la agricultura y de la utilidad pública. Pues con mayor razón debe ceder á ellos el derecho de los sucesores y herederos. Por consiguiente el coto no deberá pasar al de mas edad, ni al designado por avenencia ó por la suerte, que es muy ciega, sino al que ofrezca mas garantías de conservar el coto redondo acasarado en estado floreciente. Quedan, por ejemplo, dos hijos herederos abintestado ; uno dedicado á la labranza desde su niñez ; otro siguiendo en la corte una carrera científica. Este podrá ser el mayor, ¿pero la agricultura y la utilidad general no exigen que el primero sea el preferido? Véase ya á qué punto conduce la aplicación lógica del principio de que disentimos.

»Pero aun hay mas. Si al fin declarando el coto redondo indivisible é inacumulable se alcanzara el objeto deseado, menos mal. Pero en nuestra opinión aquí no se encierra mas que una parte del problema. Poco importa que el territorio español se divida en cotos redondos con casa , si no existe un número proporcionado de familias labradoras que habiten dentro de él, y realicen lo que el Sr. Caballero hace depender con tanta razón de la vista perspicaz ó inmediata del amo. El progreso de la agricultura está íntimamente ligado con este hecho mas que con la división imaginaria del terreno en cotos de doce ó veinte hectáreas. Pues bien : declarando inacumulable un coto á otro, no por eso se prohibe á un particular el llegar á adquirir veinte ó treinta cotos , con lo cual nada se habrá adelantado , porque el propietario podrá vivir muy lejos de sus cotos , y entonces resultarán para el cultivo agrícola los mismos inconvenientes que hoy existen con la actual división de la propiedad. Faltará la segunda parte, que es obligar á cada propietario á que establezca en cada uno de sus cotos una familia labradora. ¿Y á esto también podrá obligarle la ley? Vendriase á caer en otro temible estremo.

«Hemos escrito acerca de este punto mas de lo que pensábamos. Concluiremos diciendo que el notable libro del señor Caballero contiene un capítulo dirigido á demostrar las ventajas del coto redondo acasarado; otro esponiendo las objeciones que pueden hacerse á su sistema, y refutándolas; y por último , un proyecto de ley en el cual se hallan resumidos los principios capitales que campean en su luminoso trabajo.

»S¡ tuviéramos autoridad bastante para felicitar al Sr. Caballero por su libro , daríamosle la enhorabuena por nuestra cuenta. Careciendo de ella , nos acogemos bajo el manto de la Academia de Ciencias morales y políticas, y con ella aplaudimos al escritor elegante, al observador profundo, al agrónomo entendido, al estadista ilustre.»

Las Novedades, 29 Abril 1864.

Las Novedades. «Revista de agricultura.—Fomento de la población rural de España, por D. Fermín Caballero : Memoria premiada por la Academia de Ciencias morales y políticas en el concurso de 1862.»

«(Muchos hablan de población rural.

«Nadie la ha definido.

«Sepamos qué es, y nos entenderemos.»

«Entre los caracteres de una agricultura adelantada y racional , resalta la constitución de las haciendas independientes y el establecimiento de la casa del labrador ; sobre ellas, el esparcimiento de la población agrícola en los campos.

«Cuanto tienda hoy á procurar esos resultados , al fomento de la población rural, propiamente dicha, será un progreso verdadero, un medio de aumentar la producción, la población, la riqueza , el bienestar público, la importancia de la nación y la fuerza del Estado.

»Esta es la idea que el autor de la Memoria que nos proponemos examinar ha desarrollado y querido inculcar en el ánimo de sus lectores , esponiendo á la par las ventajas que de ello resultarían, y los inconvenientes de la agrupación actual de las gentes del campo en poblaciones bastante numerosas para dar ocasión á todos los inconvenientes del roce de

las familias y de una distracción que se roba á las atenciones de la hacienda y al buen aprovechamiento del tiempo, que es todo el secreto de la prosperidad de toda industria y de la agrícola principalmente , y demasiado exiguos , y sobre todo muy mal servidos y provistos, bajo el punto de vista de las exigencias de la agricultura y de una buena economía , para la conservación de la salud , para la seguridad común , la comodidad pública, la instrucción, la cultura y desarrollo de la industria y de las relaciones económicas y mercantiles.

«Empieza el sabio autor del Diccionario geográfico estadístico de España y Portugal por establecer el verdadero significado de la dicción población rural; y después de demostrar que ni legal ni oficial, ni gramaticalmente sabemos, bien sabido, lo que es población rural , por la razón sencilla de que no se conoce sistemáticamente la finca rústica, que es el fundamento y el supuesto necesario de ella , la define en los términos siguientes: Población rural es la que, además de ocuparse y mantenerse de las labores y productos del campo-, habita sobre el terreno que labra sin formar pueblo.

»En habiendo calle , plazuela , acera , manzana , barrio ó vecindad, se descubre el carácter urbano de pueblo; la casa de labranza es sola, independiente, segregada de todo casco de población , y constituye á la vez el albergue de la familia labradora , la defensa del terreno anejo, la fábrica de abonos? el almacén de los productos y la atalaya para vigilarlos desde que se siembran hasta que se entrojan.

«Marca con este motivo la diferencia que hay entre colonizar y poblar, cosas esencialmente distintas, que se han confundido, teniendo la primera por objeto formar nuevas poblaciones en terrenos yermos y solitarios , á espensas de oíros mas ó menos poblados ; y la segunda , esparcir la gente labradora de los pueblos por sus términos , aumentando las casas de labranza en ellos , y disminuyéndolas en el lugar ó población en que ahora residen los labradores. En suma , añade, colonizar es un pensamiento caduco, de tardos, costosos é inseguros resultados, que ni los disfraces de la ambición ni los afeites de la moda podrán rejuvenecer ni acreditar ; y poblar ruralmente es una idea nueva nacida de los progresos científicos, y predestinada á regenerar la agricultura.

»En este punto preliminar é importantísimo, nada deja que desear la sabia Memoria del ilustre repúblico y esclarecido patricio, cuyos títulos al respeto y la veneración de sus contemporáneos van envueltos en un solo nombre, y que aunque retirado en un oscuro rincón, hace ya veinte años después de haber sido un atleta poderoso en la prensa, en el Parlamento y en el gobierno mismo en la época mas azarosa de la ardiente lucha de nuestra regeneración política , ha brillado tanto por su ausencia, y consumido su existencia trabajando asiduamente para su país , ilustrándolo con sus escritos y con su ejemplo, y estudiando siempre acerca de lo que mas puede influir en su bienestar y en sus progresos.

»Cinco son los capítulos en que divide la Memoria de que nos ocupamos, á saber: 1.° Estado actual de la población rural de España. 2.° Obstáculos que se oponen á su desarrollo. 3.° Medios de fomentarla en todo el reino. 4.° Ventajas de vivir sobre la tierra que se labra. 5.° Objeciones que pueden hacerse, y su contestación.