Frivolidades : versos y prosa · Unidad 14 de 37

Unidad 14 · FRIVOLIDADES 77

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FRIVOLIDADES 77

Rafael frunció exageradamente los músculos de la cara y enseñó la lengua, más con gesto de burla que para que la examinara el médico.

— No; la lengua está húmeda y limpia. ¿Qué ha comido usted en el viaje?

— Casi nada. Cené en Madrid antes de salir, y luego en Venta de Baños, como tenía mucha sed, me tomé dos vasos de leche y una ensalada de pepinos.

— ¡Qué barbaridad!

— Me gustan mucho los pepinos, doctor.

— Pues ya está todo explicado.

— No, señor. Los pepinos me han sentado muy Ijien. Lo que me ha hecho daño es el almuerzo de León.

— ¿Pues qué ha almorzado usted?

— Casi nada. Unas truchas en escabeche y una carne en salsa con esas cosas... que dicen que son venenosas.

— ¿Con setas?

— ¡Eso, sí, señor! ¡Me comí muchas setas!

— Pues no hablemos más. Se trata de una intoxicación.

— ¿De qué?

— De nada. Hay que purgarse inmedia-

78 VITAL AZA

tamente. Le dispondré á usted una limonada.

— Le advierto á usted que en Oviedo ya he tomado limón y no me ha hecho nada.

— ¿Qué ha tomado usted limón?

— Sí, señor. Dos vasos de món helado.

— ¡Pero hombre! ¿Y cómo le ha dejado usted tomar eso? — dijo D. Joaquín, dirigiéndose severamente á Tolosa,

— Yo soy muy caprichoso, doctor.

— Ya lo veo, ya. Hay que purgarse en seguida, pero en seguida.

— Tengo muchos escalofríos.

— ¡Ya lo creo!

— ¡Y sudores!

— Naturalmente.

— Y me duele mucho aquí atrás.

— ¿En los ríñones?

— ¿Dónde están los ríñones?

— En los lomos.

— Sí, señor. Me duelen los lomos.

—¿Y los pies? ¿Qué tal?

— Los pies no me duelen nada. Me los arregló el pedicuro antes de salir de Madrid.

— ¿Digo que si tiene usted los pies fríos?

— ¡Sí, señor! Tengo los píes fríos y la cabeza caliente.

— Como el negro del sermón — dijo Tolosa, sin poder contener la risa.

— ¡Oiga usted, joven! — contestó malhumorado D. Joaquín.

— No se incomode usted, doctor. Es que el chico opina como yo.

—¿Qué?

— Que es usted tan animal como Martínez Molina.

— ¡Caballero! ¡Esto es una burla que yo no puedo tolerar!

— ¡Ea, basta de comedia! — dije yo, abriendo de par en par los balcones.

— ¡Eh!

— ¡Sí, hombre, sí! ¡Eres un mameluco Escalerilla!

— ¿Cómo?... ¿Qué? .. ¿Luego usted?... ¿Luego tú?...

— ¡Sí, hijo, sí! ¡Mírame!

— ¡Eafael!

— ¡Joaquinito!

Y los dos viejos se abrazaron estrechamente, sellando con sus lágrimas aquella amistad de cuarenta años.

A Tolosa y á mí se nos humedecieron

los ojos. Y, enjugándose los suyos, decía hiposamente D. Joaquín: ¡Bien me la habéis dado! ¡Carape! ¿Cómo había yo de sospechar?... ¡Y decía el muy pillo que no sabía dónde estaban los ríñones!...

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Carta abierta

Desde Solares

Querido Juan: Te escribo desde Solares; desde este delicioso quita pesares.

Desde este Balneario de la Montaña, que es el más pintoresco que hay en España.