Frivolidades : versos y prosa · Unidad 2 de 37

Unidad 2 · b VITAL AZA

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

b VITAL AZA

No es mi Musa la Musa que tristona

busca la soledad del cementerio

y allí reniega de su triste suerte,

y lacrimosas elegías canta,

y al hablarnos de horrores y de muerte

nos mete el corazón en la garganta.

Yo no canto el Dolor. La Musa mía canta sólo el Placer y la Alegría; y aunque mi alma, á veces, vierta llanto, me lo sufro yo á solas y me aguanto.

Jamás exteriorizo mis pesares. ¿A qué amargar á nadie con mis penas?

Y en humildes comedias y cantares derramo la alegría á manos llenas.

Y me juzgo feliz y muy contento si logro, con mi Musa divertida, haceros olvidar por un momento las negras amarguras de la vida...

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Aguas minerales

— Desengáñese usted, don Emeterio. Todo eso de las aguas sulfurosas, arsenicales, cloruradas, calcicas, azoóticas, litínicas j sódicas, son pamplinas que inventan los doctores de acuerdo con los dueños de las fondas.

8 VITAL AZA

— ¡Hombre, no, mi querido don Nicasio! Xo me haga usted reir con esas cosas. Bueno que el vulgo diga esas simplezas; ¡pero usted!... ¡por Dios santo! Una persona de ilustración, no debe en modo alguno verter esas especies injuriosas. Las aguas minerales, don Nicasio, por reacciones químicas que asombran, responden á un principio terapéutico.

— Bueno, bien. Xo diré que no respondan; pero yo no las llamo, amigo mío, porque no creo en aguas milagrosas. No diré que no haya aguas excelentes; pero otras... ¡vamos hombre!, lo que es otras no sirven para nada. Mucho lujo, gran confort... restaurant... mesa redonda... jardines á la inglesa... lagos... bosques... conciertos... musiquita á todas horas. Pero ¿las aguas? ¡Música! Y que de esto no hay quien me apee.

— Bien; si se le antoja, siga usted á caballo en su manía.

— No es manía, es verdad como una loma. Comprendo que á los ricos les receten esas temporaditas deliciosas, pero lo que me irrita y me exaspera y me saca de quicio y me encocora,

es que á mí, que hace un año estoy cesante y tengo una familia numerosa, me haya dicho un doctor, ayer en casa, lo que usted mismo va á saber ahora:

— ¿Qué ha sido?

— Pues que el hombre ha recetado aguas á toda la familia, ¡á toda! A Pepita, las aguas de Betelu; á Manuela, los baños de La Toja, á Enriquín, Carratraca; á Luis, Alceda; á la niña menor, baños de ola; á mi yerno, Sobrón. (¡Muy bien mandado! porque en casa es el único que sobra.) A mi hermano, Hervideros de Fuensanta; á mi hermana, las aguas de Cestona; á Ramón, Mondariz; á Pepe, Trillo; y á mi querida y respetable esposa, porque tiene en el cuello unos diviesos, ¡la manda á Paracuellos de Giloca!

— ¿Y á usted qué le ha mandado? — ¿A mí? ¡Fortuna! Supongo yo que lo diría en broma.

— ¿Y qué piensa usté hacer?

— ¿Cómo qué pienso? Pues hoy lo discutí con mi señora, y una resolución hemos tomado irrevocable, decisiva, heroica...