Frivolidades : versos y prosa · Unidad 28 de 37

Unidad 28 · 146 VITAL AZA

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146 VITAL AZA

mieutras sus niños juegan con el perrito. El marido es muy guapo; la esposa es bella; él tiene entre sus manos las manos de ella... ¡Mira como se miran! ¡Qué amartelados! ¡Esa sí que es la dicha de los casados! ¡Quiera Dios, si te casas, que tu marido... — ¡Ay, mamá! ¡Me parece que te has caído' Esos dos, de seguro, son muy felices, pero no están casados.

— ¿Por qué lo dices? — Pues ¿por qué he de decirlo? Porque reparo en que él viste de luto y ella de claro. — Anda, sigue, hija mía, sigue adelante. Ella es cualquiera cosa, y él un tunante. — ¿No hablabas de frescura?

— ¡Se necesita tener mucha frescura para esa cita! Y es que ciertas señoras, vistas de lejos, parecen golondrinas ¡y son vencejos!

El cuento del abuelo

PERSONAJES

El Abuelo .... Setenta años

Ventura Trece »

Manolo Doce »

JuANiTO Seis )>

Pepito Cinco >>

ESCENA ÚNICA

Abuelo. ¡Vamos á ver! ¿Tenéis sueño?

Pepito.

¡Quiá!

¡No, señor!

¡Qué tontuna! Si es muy temprano, abuelito. ¡Tempiauísimo! Calcula Que hasta las once lo menos... ¿Tanto trasnocháis?

¿Lo dudas? ¡Es claro, á los lugareños El trasnochar os asusta! Ya te irás acostumbrando. No lo creo. En Villaturbia Me acuesto con las gallinas. ¡Jesús! ¡Qué cosa tan sucia! ¡Cómo te pondrás el cuerpo!. . . ¿Qué dices?

¡Lleno de plumas! Chiquillos, si lo que digo No es eso. ¡Cosa más chusca! Digo que me acuesto siempre Entre dos luces.

Yo á olíscuras. Vaya, no nos entendemos. Si es que á esos tontos les gusta Andar siempre con pullitas. Bien, pues dejaos de pullas, Y vamos á divertirnos.

Mientras que mamá se ocupa En prepararme la alcoba Y papá se va áesa junta, Vamos nosotros los cinco A formar nuestra tertulia. ¿A qué queréis que juguemos? ¡Al toro!

Eso es de gentuza. ¡A la pelota!

¡Eso! ¡Eso! No estáis buenos. ¡Qué locura! ¿A la pelota en la sala? Se armaría buena bulla! Qué dirían los vecinos! Que se aguanten!

¡Que lo sufran! ¡Pero, niños!

¡Sí, señor! ¿No está esa chica feúcha Machacando en el piano Desde las nueve á la una? Esas cosas no se dicen. Pero...

¡Calla! ¡Malas pulgas! ¡A ver! Sentarse á mi lado. iSilencio! ¡Pepito, aupa! Tú aquí, sobre mis rodillas...

Hijo, por Dios, que me arrugas

La pechera... Quietecitos...

¡Atención y compostura!

Os voy á contar un cuento.

Sí, sí, abuelito.

¿Es de brujas?

De lo que quiera.

De fijo

Será alguna paparrucha.

No, señor; va á ser un cuento

Muy bonito. Se titula:

La Princesita cristiana

Ó el moro de la laguna.

¡Anda! .Vaya un titulito!

Pepito.

¡Calla tonto!

No interrumpas.

Pues, señor, esto pasó

Hace muchos años.

¡Nunca!

Porque si es cuento es mentira

Y no pasó en fecha alguna.

Mira, niño, tú te callas.

Pero...

Dice bien Ventura.

Y tú también, mequetrefe.

Se dan tono porque estudian.

Pepito.

Si son los más fastidiosos...

Ventuea.

Pues, Señor, hubo en Asturias En tiempo de Don Pelayo, Una princesita rubia Que cantaba como un ángel. Con muchísima dulzura, Y que tocaba el piano... ;Qué barbaridad:

¡Mayúscula! ¿Piano en aquella época? Bueno, la lira ó la guzla, O lo que fuere. Es lo cierto Que sabía mucha música. ¡Sí! ¡Tendría institutriz! ¡Es claro! O sería alumna Del Conservatorio.

¡Niños! ¡A callar!

¡Soy una tumba! ¿Sigo ó no sigo?

Sí, abuelo. Sigue, nadie te importuna. Pues, señor, á la princesa, Que era sobrina segunda De Don Pelayo, por parte De su esposa Doña Obdulia... ¡Abuelito, eso no pasa! Eso es falta de cultura.

^Ianolo.

Ventüka.

Has dicho una atrocidad Espantosa.

¡Tremebunda! La esposa de Don Pe.layo Fué Gaudiosa.

Esa es la única Que tuvo. Lo que es de Historia Andáis mal en Villaturbia. ¡Vaya! Pues que me perdonen Don Pelayo y la difunta, Pues no he querido ofenderlos.

Y bien merezco disculpa. Sigue.

Pues, señor, decía Que aquella niña tan pura La requería de amores Un morito de alta alcurnia, Que todas las noches iba Con 6U jaique y su capucha A escuchar los dulces cánticos De la prinrcsita rubia.

Y sucedió que una noche Se vio á la luz de la luna. Que el morito y la princesa Se abrazaban con ternura. Supo eso el rey Don Pelayo

Y se puso hecho una furia,

Y ocultándose una noche De la torre en la penumbra. Apenas empezó el moro

A trepar por las columnas. Agarróle por las piernas Diciéndole: — ¡So granuja!

Y le pegó con tal ímpetu Un puñetazo en la nuca. Que el raorito fué rodando Al fondo de una laguna. La princesa lanzó un grito Presa de terrible angustia,

Y cayó muerta.

¡Caramba! ¡Esas cosas me espeluznan! Desde aquella horrible fecha Cuentan que en la noche oscura En el fondo del barranco Se oyen gemidos que asustan.

Y si alguien se acerca y grita: «¿Qué hayl, en las rocas retumb Un /ay.^ prolongado y triste... La voz del moro sin duda. Abuelito, eso es el eco.

Un fenómeno de acústica. Lo será, pero es el caso Que sobre la sepultura

Ventuka.

Aeüelo.

De la princesa — donde hoy Hay un cementerio, — muchas, Pero muchísimas noches, Según la gente asegura, Se ve una luz misteriosa Que en el aire se columpia... ¡Y aquella luz es el alma De la princesita rubia!

Manolo. No digas eso, abuelito.

Ventura. No digas cosas absurdas.

Manolo. Lo que ven son fuegos fatuos.

Ventura. Son emanaciones pútridas.

Manolo. Descomposiciones químicas.

Ventura. Componentes que se juntan...

Manolo. ¡Hidrógeno fosforado!

Abuelo. ¡Basta ya, que me aturrulla Tanta ciencia! Si á vosotros Estos cuentos os disgustan. En cambio, estos dos pequeños Con gran atención me e.scuchan Mas ¿qué veo? ¡Están dormidos! ¡Ea! ¡Basta de tertulia! (¡Me he lucido!)

Manolo. Pero, abuelo...

Abuelo. ¡A la cama!

Ventura. ¿Te enfurruñas?

Manolo. ¿Habrá otro cuento mañana?

Abuelo. ¿Más cuentos? ¡No, criatura!

¡Que os los cuente la abuelita! Yo me vuelvo á Villaturbia, Que allí los nietos que tengo De mis cuentos no se burlan. ..

Cantares marinos

Puedes decirle á tu madre, si es que me fone la. proa, que yo no viro en redondo sin soltar la escandalosa.

Conozco yo dos marinas que valen más que la inglesa: una marina de Abades j la Marina de Arrieta.

Cuando salto á tierra, ¡adiós mis ahorros! Pues á mí, lo mismito que al barco^ me limpian los fondos.

Bagatelas idiomáticas

¿Dices que Juan se pasea sin rumbo fijo, al azar? Pues di que Juan barzonea, y así logrará expresar una palabra tu idea.

Nimio llama Don Vicente á lo escaso, y creo yo que es un error evidente.