Geografía historico-militar de España y Portugal, escrita por el coronel don José Gómez de Arteche · Capítulo real 1 de 1
Geografía historico-militar de España y Portugal, escrita por el coronel don José Gómez de Arteche
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ESPAÑA Y PORTUGAL
Ksta obra es propie lad del autor, quien perseguirá ame | ¡e'j ai iiue la reimiH uiiu. |
mim UISTOIIIHIUTAÜ
ESPAÑA Y PíiHTlGAL
BSCRll A rOU LL COUONi¿L
DON JOSÉ GOMEZ DE ARTECHE.
OfiCIAL OCB HA SIDO DEL MLNISTEBIO DE LA GVBMIA, T BS L0« COnm DB ABTILLEUA Y OS B. M. DEL BJ¿RCITO.
«Pcrch»'^ fnicíita foriyia ir^scj^na tro* Tare íl ihmiiico, pigliarc ^'li atlo^^iainenti, condurre gli esercili, ordiuiárd le giornatc . campefgUre It ierre eco
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BiTBAlUKIlItBIlTO TIPOGRAFICO DE DON FEANG18C0 0£ P. MBLLAOO»
caHe de Sania Teresa, núm. 8,
. «iOGRAFiA HISTORICO-MILITM
ESPAÑA Y POUTüGAL.
CAPlllLO IT.
TIATIBHTB OCOIDINTÁL.
Vamos á eiapreader el estudio de la regioii mas Mportante de la Peoínsaiat asi por su vastínina 80« perficie y naturaleza de los accidentes que la constitoyeii« como por comprender en ella la monarquia portogu^ y haber sido teatro de loa acontecimientos mas iateresactes en el arte de ia guerra. Sí so mficter Cbioo no ofreciera una di viaion notablemente determinada en diferentes zonas, perplejos quedaríamoa, acaso imposibilitadost de seguir un órden veii«
6 capítulo iV.
tajoso para la inteligencia de nuestras observacioQea geográfico-*mililares» ya de por si confusas é incoherentes en nuestra pluma. Ni deja de arredrar el estu-l dio de un territorio mucho mayor que el resto de la! Península, ea el que han tenido lugar» muchos y es*, traordinarios acontecimiealos dirigidos unos á la taa deseada unidad del país, y otros á defenderlo manco-,
munadaiiK ole de las agresiones del estrangero, cuva esplicacion no solo depende de las causas y marcha de ellos mismos, sino que también de las condiciones del terreno en que se verificó su acción y tuvo lugar su desenlace. Pero favorecidos por la dreuns*- lancia que hemos apuntado , y siguiendo el orden que ella misma nos indica « esperamos poder llegar, aun cuando, como siempre, arrastrando , á la meta de nuestras aspiraciones.
La Vertiente Occidental está formada por las pend!rnt:á meridionales de los Pirineos Oceánicos desde los cabos de Fintsterre y iounüan hasta el arranque del sistema ibérico; por las occidentales de este mismo sistema hasta la sierra de Baza ; y por las septentrionales de la cordillera Peni-Béttca desde la mencionada sierra hasta el cabo de Tarifa, término meridional de la Península.
Figura un gran segmento circular, cuya parte do circunicrencia fuese la cresta de los sislemas croaráfieos que forman la Vertiente sefiaiando la divisoria general de aíziias de la Península, y la cuerda fuera determinada por los dos lados del pentágono que di-
tüAIifilfTB OCCIDENTAL. 7
jioiüs encerra'^a toda ia ¿uperticie peninsular, desda Siaeime ai cabo de Saa Viceote y desde éste al de Tarifa. H radio seria de uqos 600 kil.; la estensioa de 7 ^páQá de S. á N.^ entre los 36 y 43 de latitud en geDeial, y de 8 de E. á 0« entre el 2^ grado de longitud E. y el 6* de longitud 0. de auestro uenoiaaade Madrid, compreadiendo en su totalidad ona 8Qper6cie aproximada de 287,500 kil. cua» tiiddos, mucho mayor, como aates hemos díciio, que ^ R8U> de ia Península.
80 parte oriental está formada por las mese* tas ceatr^y cayendo rápidamente á la Vertiente Oncnlal, según ya espusímos en el capítulo correspoüdieote y depmnieadose sucesiva y gradualmente el 0.| hasta el Océano. Atlántico. Esta circuns* tancia hace que las cordilleras que cortan esta Ver-
todas generalmente paralelas á la Pirenaica; «to es, dirigiéndose de E. á O, y teniendo en su ^iavor parte nacimiento en el sistema ibérico, apa*
poco elevadas y suaves en su origen y es* Arpadas y altas alli donde la depresión de la pen-" diente ^neral lleva á las aguas en un nivel próximo ^ del mar á que corren. Por eso cuando parece que ^ entrada en Port,ugai debiera ser accesible íácilneale desde nuestro pais que la domina en el sentí* ^ general de !a Vertiente, se presenta escabrosa y ámente diíícil de salvar, lo cual ba contribuido •gran parte á la incomunicación en queseencuen* ^ aquella monarquía asi como á su mdependencia*'v
t CAÍ ItOLO If ^ ¡
El clima es generalmente templado*cálido si bien ea una estensioo taa grande precisaumte han do; eodstíf variaciones producidas por la diferente útaa*' don geográfica de las localidades» y sobre todo » por el carácter de las montanas. Asi vemos que en las | provincias centrales por su elevación y ningua abri— ! gOf la temperatura es notablemente mas baja que ea | las quo asientan en la costa oocidental aun cuando ! se hallen bajo un mismo paralelo, y las risueñas múr* genes del Genil gozan de m estado atmosférico tan | suave, fresco y húmedo como las del Orbigo y del Si), mediando una diferencia de 6 grados de latálod» Sm embargo f puede decirse, que observando bajo un golpe de vista general el carácter climatológico de la Vertiente Occidental, se descubre en las zonas septentrionales, un clima que generalmente suele llamarse europeo , si bien templado, húmedo y variable, mientras en las meridionales se sienten los
efectos de otro africaao, ardiente y seco.
La vegetación ofrece también contrastes semejantes como efecto que es del clima ; y aun cuando se rejENTCsenta en la Vertiente de que nos ocupamos por 00 carácter general graduado según las latitudes, ofreciendo unas mismas es|)ecies, como, por ejem^ pío, la vid y el olivo, cualidades muy diferentes» I se observan, sin embargo, las diferencias producidas ^ por las localidades especíales y sus distancias y aifei« tudcs respecto al mar; encoatrtedose en las zona» cavadas el castaño, el roble y el nogal y en las bajas-
. ...-..¿le
TMWIBWTB OCGIDBirrAL.
doiivo y el naranjo bajo cualquiera paralelo. £n las zonas infemres es donde ee nota palpablemente la fiferencia de latitudes, piir^í? solo en Andalucía se din las palmas, la batata, la caña de azúcar y el algodón.
Asíeatan en la Vertiente Occidental, el reino todo de Portugal y las provincias espallolas de la GoraOa^ ft)Dl€vedra, Orense, Lugo, León, Falencia, liúrgos, ZftiDora, Valladolid, Segovia, Soria, Salamanca, Aviliflltdríd, Guadalajara, Ciceres, Toledo, Cuenca, Badajoz, Ciudad- Real, Albacete, Córdoba, Jaén, Hodva, Sevilla, Granada, Almería , Cádiz y Málaga, algunas en parte no insigniíicante como la Coruña, Burgos, Albacete, Cuenca, Almería, Málaga y Cádiz^ lis demás efi so totalidad .
Los límites de £spana con Portugal al N. ^de esta dUoia moDarqnfa, empiezan á delinearse en la ribe^ ra del Occéano Atlántico v desembocadura del Mino. Efite rio sirve de frontera de S. O. á N. £• en la es* teorion toda de la provincia de Pontevedra que es de 67 kil. hasta la confluencia con el no de Barjas, que fima también límite entre el mismo reino de Porto* gal y la provincia de Orense hasta sus fuentes en una dirección N. S. Sigue luego la divisoria por la sierra h Laboreiro á ganar el curso del río Olelas baste su QüioQ con el Liirna, remontando por éste un espacio tmtísuDo á encontrar el Cabríl, afluente suyo por la Siárgen izquierda. Por el Cabril sube la divisoria intamacional á las cumbres do la sierra de Jures, pa*
49 GAPITtLO iy«
sando luego á las de la sierra de Pena, no slo formar antes un recodo notable en qae Portugal llega á aU
canzar la derecha del rio Salas, afluente también del Litnia y do curso enteramente español, escepto en el ángulo de este entrante. Entre la sierra de Pena y la de Larouco baja la línea fronteriza á la cuenca del * río Tamega y después, por las faldas de la sierra de Penas-Libres á lus valles de los rios Mente v Diabredo y limites de Orense y Zamora en la Fuente de ios Tres Reinos. *
\a en la provincia de Zamora, la frontera, recorriendo la divisoria entre el Tera , afluente del £8la, qnc tiene sus fuentes cerca de la Puebla de Sanabria, y vanos oíros rios que bajan al Duero hácia el S. O. y cuyos manantiales corta la línea, llega á un recodo notable á 22Gkil. en .linea recta de la desembocadura del Mino, donde el Duero varía la dirección próxima* mente occidental que lleva por Toro y Zíiniora para tomar junto á Castro-Ladrones y en ci extremo mas oriental de Portugal» la del S. O. hasta la confluencia del AL;ucda. El límite está seilalado alli por el Duero durante 87 kiL y después por el Agueda y por m afluente el Turones , en cuva orilla derecha asienta el fuerte de la Concepción, centinela avanzado de la plaza de Ciudad-Rodrigo, de la que dista 28 kih, coiiUapiicslo á la porliiiruesa de Almeida.
Desde el fuerte de la Concepción principia la lí-> Dea divisoria á ganar la del Duero con el Tajo por la sierra de Gata, entre las de la Estrella cu Portugal y,
YEKSttSm OGfiIDSNtAAL.
bs Jureles y sierra de Franaa en nuestro pais , veri fieindok) por juato á las aldeas espadólas de Navas Fnas V Vjiíaverue del Fresno. D.'spucs di* recorrer 00 nctf&e&to las cumbres, baja la línea fronteriza en kiuaBa direccíoD meridional, que traía desde el
I>uefO,á la orilla derecha del Tajo por casi lodo cl msodel rio Etjas que separa los castillos de Peña&el y de Salvatierra, Esta distancia es de 148 .kil. entre el Duero y Tajo y la confluencia del Eijas está á 17, Agua «baje de Alcántara y su magnífico puente.
Sigue desdie alli la línea el curso d i Tajo de E. á 0. pan abandonarlo á los 46 kil. alli donde recibe fasaguasdel Séver, afluente suyo por la izquierda, coya oorriente remonta la frontera en dirección otra Wawidional por entre Valencia de Alcántara y el Caalelbo de Vide. Por cerca de Piiios y la Codosera ^me la divisoria entre Tajo y Guadiana que distan ^^00 kil. por la línea fronteriza, la cual separa á tepomayor y Elvas de Badajoz, cortando los rios Abrilongo y Gévora y recorriendo el último trozo del Caya bftaia su desembocadura en el Guadiana. Baja M éste después hácia S. S O. en un espacio de 51 ¡¿ikimetros por cerca de Olivenza para abandonarlo ^capaes y buscar al S. S £. uno de sus afluentes, el Ardila, cerca de Jerez de los Caballeros, y después
itíurtiga en la unión de las provincias de Badajoz 7 de Hoelva.
Va en esta sigue la fronte ra formando un arco flOQtiapuesto al que séllala el Guadiana en su curso
4 i CAPITULO IV,
desde Badajozt y cuando llega á encontrar el Ghauza en la parte mas oriental del arcot baja por este rio hasta su unión con el Guadiana, cuyo curso sigue al S* ea una esteasíou de 43 kih» hasta su entrada ea el Océano junto á la plaza de Ayamonte. La distan* cía entre el Gaya y la desembocadura del Guadiana ^ de 191 kiLt de modo que con las distancias ante-*
riornicnte senaladas resulta ser la total do frontera
entre España y Portugal de 798 kil. sQgun ya diji* mos en el capítulo primero de esta obra*
Desde 1267 on que fué abolido el tributo do cíacuenta lanzas con que debía socorrer el rey de Porta*
gal al de ('astilla por el derecho á el Algarbc que había dejado á éste el último rey moro ai ser arrojado de su reino por Alfonso III, la frontera de Portugal ha sido cruzada en son de guerra, alternativamente por españoles y portugueses; pero« si se esceptua Olivenza
y su territorio comarcano que pasaron á ser espaRo* les á consecuencia de la guerra de las Naranjas t no ha recibido roodi6cacíooe8 durante las épocas en que se ba mantenido independiente la monarquía portuguesa.
Al hacer la esposicion del sistema orográfico general de la Península , enumeramos los particulares que arrancaban de la divisoria de aguas hicía el O.» y poco después seüalamos los nombres de las regiones hidrográficas que constituían la Vertiente Ooct« dental; la de ios ríos Tambre, Ulla y Miño, dependientes de las últiiQas estribaciones d9 lo^ Pirineos
uooeáoioo6| pero dirigiéodofie á reodir al mar el tii« boto de sus aguas en la costa oocideotal; la Piraiáioo*
Carpetaoa» ó cuenaa del Duero ; la Carpclo-Oretana ócoenca del Tajo; la Qreto-Haríánica ó coenca del
Guadiana y la BIariaDÍ-PéDÍca ó caeoca del GuadaU
Cada una de estas importantes regiones repre-
5?ntaun sistema diferente» de condiciones especia* les y aislado en general en sus relaciones militares*
Si alguna vez descubrimos un pensamiento que abra* cela acción simultánea por todas ellas* observaremos la falta de unidad que necesariamente ha de presidir á la ejecución, y como la naturaleza en pnmei logar y las razones de estado en s^ndo, baceo imposibles las combinaciones militares hácia ua objeto úmco. Porque en su origen» según ya hemos in* dwado, se presentan ks sistemas de montafias elevándose poco sobre el nivel general de las mesetas centrales, como confundidos en ellas; luego aparecen distintamente delineados sobre la pendiente ge* neral, y mas tarde se alzan abruptos despoblados ó impidieodo esa frecuencia de comunicaciones indispensable para el desarrollo de un vasto plan estratégico, üemos hecho ver, por ejemplo, las di6cultades fK encoiitr6 Junot en el paso de la cuenca del Duero á la del Tajo hácia la región fronteriza de España €Qft toriugal: nunca se ba intentado el del Tajo al Goadíaiia mas que por dos pasos únicos que ligan itt sola comumcacion constituyendo el camino del
H CAPITULO IV.
centro de Espaíía á la capital de la monarquía portuguesa, y solo en la espulsion de los árabes se vé á los lusitanos cruzar ese sistema üainado por algunos geógrafos tméico y que es el téroiiao del Úretano; y por ñn, la cordillera Mariánica ha sido considera- ¡ da siempre en su parte central como una muralla que GÍeira las puertas de esa hermosa Andalucía , último atrincheramiento de la independencia española.
Es necesario, pues» describir separadamente cada una dü las grandes regiones hidrográficas de la Vertiente Occidental, método que como ya llevamos dicho ayuda, por otra parte, muy eficazmente al estudio de aquella en el objeto especial de este libro- i
La población de la Vertiente Occidental está eo | razón de su fertilidad como ésta en la de su clima J • posición. Las mesetas centrales sin agua y sin vodos en su elevada superficie oreada por los vientos« no ^ ofrece, esccptuaado la provincia de Madrid y esta por la aglomeración de vecindario en su capital» sino una población escasa, manteniéndose con los cereales de cuyo cultivo es solo capaz su estéril suelo, mientras que en los valles estremos inferiores la riqueza de vegetación y la inmediación del mar han atraído hácia ellos un gran número de habitantes. No , asi en Portugal cq que, aun á favor de estas últimas circunstancias, no se ha llegado á reunir el que tie^ nen las provincias menos pobladas de España f 6S« cepto en la Estremadura que se halla en el mismo caso que la provincia de Madrid y la de Entre Dou- |
VLATIEiNTE OCQOEMAL. 45
lOéMiniio, ademas, por su prodigiosa fertilidad.
Observase tambiea que la población ocupa ios vales qae, auD cortados y profundos, disfrutan al cat>o del beneficio de las aguas que los surcan • hallándose «pirados unos de otros por accidentes orográficos CQpL esterilidad y circunstancias climatológicas los lieoea despoblados y fallos de cultivo ; ofreciendo á ima guerra de invasión toda especie de dificultades»
como dice el coronel Garrion-Nisas, en su Historia Geoeral del Arte Militar» «porque, añade, por donde idos qérdtos podrían vivir pueden defenderse las »poblacioaes y por donde puede marcharse sin obs- »tácQk»« se esperímentan mil trabajos para subsis-
itir.)i Esía idea, que ya espusimos al iratar de ia infioeocia de Soria sobre ia Vertiente Ünental, es esfaasiva en la Occidental á toda la región del centro y parle de la inferior hácia el O. cuya estructura y Citado de población seria una de las causas á que atributa Tito Livio, el que habiendo sido España la primera de las provincias de tierra firme en que bu* laeseii entrado los romanos, fuera , sin embargOi la úiUma en someterse completamente.
Las comunicaciones son muy escasas en la Ver* fiente Occidental, no hay para que negarlo. Vias radiales de la capital de España á las provincias hmíhoíes con escasísimos ramales que las unan, compo'» oen el sistema general de ellas, y por eso Madrid wpL ocupadoQ material por el invasor, influye muy poco sobre la moral de la población espafiola, según
cunraio nr.
nos dice el ya citado Garrioa«NÍ8as, será siemfire ob* jetivode una irrupción, pues que sin gu paso por la
capital no podría cstenderse á las proviúciasmeridio* nales y occidentales de la Península.
Esta circunstancia se va aumentando, ademas, cadadia, pues que elsistema de ferro-carriles asi co* mo el proyectado y en vías de ejecución, es también radial, como si en Madrid estuviera reconcentrada la vitalidad de nuestro país, como si fuera el corazón
del vasto cuerpo peninsular.
De las tres líneas generales de comunicación ezis* tentes para desde el Ebro trasladarse un ejército ¿ la Vertiente Occidental, lastres conducen á Madrid; la de Miranda á que se reúnen las del alto Ebro y Lo* grofío; la de Navarra unida también en Soria á otra que parte de la última ciudad nombrada, y la de Zaragoza que confluye con la anterior en la cuenca del Henares. Es verdad que la carretera de Francia por Miranda se ramifica en Burgos para estenderse 4 Galicia y á la frontera de Portugal; pero los ejércitos que recorran aquella, tienen precisamente que dirigirse á Madrid si han de ejercer la influencia que es natural se propongan hacer sentir sobre la mayor parte de España y Portugal.
Si, por otra parte» consideramos la situación de Madrid en la gran meseta central, á corta distancia de tres de las grandes vias fluviales de la Vertiente, Due- ] ro, Tajo y Guadiana, y dominando la pendiente general bácia sus desembocaduras, no podremos menos ^
TiaXIlNn OGCIDBHTAL. 47
de disculpar el constante anhelo de I09 franceses de taaoteaer sujeta ea ia guerra de Independencia este hn de ubíoh con bs valles ó cuencas mi» importan* tes eo las operaciones militares, la zona superior^ la en que tienen nadmiento él
Doero y el Tojo en la Vertiente Occidental, el Jalón, eilurta y el Júcar en la oriental, es la masínteresan* leal invasor como es de una gran importancia en las operaciones defensivas hácia la cuenca del Ebro. Por €80 dieron los romanos tanto valor á la espugnacion de Knmancia, cuyas ruinas aun se descubren cerca de Soria hácia las fuentes del Duero en situación militar f dominante, asi en relación de la pendiente de las aguas hácia el Océano, como de las que corren al iíaditerráneo por las vías que acabamos de enumerar* Y si Escipion demolió sus fortificaciones y prefirió á retener tal joya en su poder, el dejaría inhabitable en medio de campos que procuró quedaran yermos, filó
por temor de que ante el Ebro, á cuya ocu[)ac!on so iinuiaban por entuuces las aspiraciones del senado imnano, no se mantuviese aquel baluarte caso de perderlo él en las eventualidades de la guerra» Pero tedas estas consideraciones por importantes queseen, mayormente ahora que Soria tiene comunicaciones ficiles y rápidas con el valle del Ebro apoyadas en ia central que ia unei la córte y laterales de Castilla le Vieja á Aragón, no privan á Madrid de la influencia qoe pueden egercer en la guerra su gran vecindario» el ser asiento ordinario de la córte y el sistema general »
toma 44. 1
de carreteras y caminos de hierro que tienen arranque
deutro de sus muros.
De Madrid al 0. de la Península las líneas que ^e* Qalan los valies de los grandes ríos ejercen su acción aisladamente como ya hemosespuesto varias veces, y por eso debemos acudir á su parcial descripción dejand») para el resumen de este dilatado capítulo la exposición del sistema militar general de la vertiente que encierra, puede decirse, el de casi loda la Península.
AnleSf sin embargo, de engolfarnos en las des*
cripciones de los valles que la constituyen, y siguiendo ei método que observamos al dar una idea general de las invasiones en la Península, vamos á ofrecer á nuestros lectores un resúmen de las parciales de queha sido objeto Portugal. £s evidente, como dijimos entonces, que la marcha de las operaciones p^>dria ser determinada mas claramente si su descripción su<- cedieseá la geográfica del país quefuésu palanque; pero en primer lugar conviene que á esta sigan los detalles de cada combinación estratégica que enseñaa mudio mas que las ojeadas rápidas sobre vastas em* presas, objeto de una guerra, no de una sola campa» Ha; y en segundo porque dejamos para el fin una re*
vista general de las cain[)arins últimas de nuestra guerra déla Independencia que oirecen ei espectáculo de una iovaáon general de España por el O., lo cual nos olrecerá al mismo tiempo ocasión para reseUai^ la^ ^fm ke portagnesas^iin verificada en contra nutttra*
▼EAtIBIVrB OCCIDBMtAI.. 4f
ifflttíl 69 qoe DOS remoutemoB á aquellas invasio*
fie¿ generales de romanos, godos y árabes que ya hnIIQ6 descrito coa la esteosioa necesaría para hacer oompreeder su curso militar perla superficie toda de aDestnfboínsuia, sujetaremos yor tanto nuestras espesádones ¿ tas mas recién tes cuyo objeto se círcuDs* mha d la ocupación de esa parte separada de nuestra aaciooalidad para desgracia de ambas monarquías.
Li acogida dada á los revoltosos de Castilla por el rey de Portugal y la detención arbitraria de unas HKveinercantos surtas en lisboai fueron causa de
queelrc} JonEnriquellinvadieseaqucI reinocn 1 373. todeZaiDoraY donde había ido á esperar las satislac- «a pedidM, entróse don Enrique por Almétda, lUd, Gelorico y Linares apoderándose de susforti* ficMMNies« Sigaió luego 4 Visea y reunido á refuer* zosqoe habia mandado allegársele y con conocmuenta ja de que su escuadra pasaba de Sevilla á las igoas de TJsboa, encaminóse á Goimbra, Torres-Novas j Santaren esperanzado siempre de que su ene- ■igo le preaentana batalla. Estaba, sin embargo, el fcy don Fernando de Portugal muy lejos de oponer M leaiateocia para la que no contaba con medios, ai que se mantuvo encastillado en Santaren dejando i doa Enrique proseguir su marcha victoriosa á Lia» ha. Resiatiéfle la ciudad alta, que estaba cercada de fortificaciones robustas, por lo que, y por no ha* ber llegado auü al l^ijo las galeras, se retiró don En* li^ueá unos monasterios próximos.
cAPiTuio nr.
Llegadas las naves disponíase á un noevo ataqne
cuando el cardenal legado de Roma, que negociaba una paz honrosa entre ambas partes beligerantes» lo^ gró el acuerdo de los dos reyes y su avista miento en las aguas de Santaren donde seguía encasUiiado el (te Portugal.
Don Juan I, hijo y sucesor de don Enrique, proclamándose heredero al trono de Portugal como marido de dofía Beatriz, hija y legítima sucesora de don Fernando, invadió también este reino \ arias veces por el mismo camino del valle del Mondego que 8Í«- cuiera su padre, aun cuando no con igual fortuna. Era su competidor el insigne maestre de Avis con el nombre de Juan I, hombre de singular astucia y energía y que después ilustró su nombre con la conquista de Ceuta y el descubrimiento de las Ganarías y de las Azores. Aliado con el duque de Lancastre, que pretendía á su vez la corona de Castilla como marido de una hija de don Pedro elCruei« habida en dofta liaría de Padilla, mantuvo su usurpación en el campo de la fuerza y cuando después de varios trances se avistó en agosto de 1386 con don Juan en AIjubarrota, aldea distante de Lisboa unos 100 kilómetros, fué para asegurar el trono con una brillante victoria» funesta i las armas castellanas por la imprevisión de sus gefes y el ardor de los íranceses sus aliados en aquella campana.
Düs siglos después, á la muerte del infortunado rey don Sebastian en los campos de Aicazarqutvir»
tíósede nuevo invadido el territorio portuí^ués por hi «mas de Felipe il dirigidas por el duque de Alba, Lte insigne capitán, honra y prez de la milicia espaiMa, abandonó el camiao de sus predecesores co la QQnqúti de Portugal y fijó su base de operaciones eoíidajoz. La campaña de 1580 es indudablemeDle k w sftbia é instructiva de cuantas han tenido pos« leriorraente por objeto la contjuista do Portugal, pues que las de 18Ü7, 1809 y 1810 no pueden compararse ai eo el pensamiento» ni en el acierto de ejecución^ ai ea la energía, ni, en fin, en el éxito pronto y dura*» ble qoe caracterizan aquella.
£1 duque de Alba pasó el Guadiana y avanzó poi ^ Aiem-Tejocon 25,000 infantes, 1,600 caballos, 54 piezas de artillería y un tren de puentes con 50 bar* cas. 0!i venza, Yelbes, Villaviciosa, Villaboim, EstreiDtt, Montemor, Evoramonte, Arroyuelo, Vímieiro y oíros íüuchos lugares fueron por grado ó por fuerza nooQoctendo el derecho de Felipe II. Fingiendo después una demostración sobre Sanlaren como haciendo ' cerque poniasu intento en pasar el Tajo por frente ^ la ciudad, se dirigió el duque rápidamente á Setút^l, puerto de mar á 22 kilómetros de Li.- boa; seapo- <fer6 de la ciudad y su castillo; embarcó sus tropas ea la escuadra de don Alvaro de Bazan que venia codeando desde Cádiz, y las puso en tierra en la def<0cha del Tajo sin oposición ninguna.
Esta operación atrevida, coronada con la toma ti castillo de Cascaos, puso al inflexible t uque á las
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puertas de I.isli^a y eo disposición de cooquisiarla.
El prior de Grato, competidor del monaroa casta* llano á la corona portuguesa, quiso defenderla capital presentando batalla en la izquierda de uq barranco profundo y accidentado que hoy atraviesa qqo de los arrabales, y cuyo puente, el de Alcántara, fué objeto de ataques fingidos y reales, y dió nombre al combate en que se htbia de decidir la anezioa de Portugal á Espatla.
£1 duque de Alba y sostenientes Sancho-Dávíla,
que apandaba el ala izquierda, y trazan, que soslenia la derecha coa sus naves, demostraron ea aquella ocasión, como en coantas habian tomado parte, It pericia y el valor que entonoes distinguian á nuestros capitanes. Simulando ataques al puente y á un molino próximo al Tajo, atrajeron á su defensa la mayor par* te de las fuerzas del enemigo, mientras por la izquier* da, y i unos 5 kilómetros agua arriba del barranco pasáníiolo la caballería y los mosqueteros caian sobre . ia derecha de los portugueses, poniéndolos en total confusión y derrota, y entrando con ellos en Lisboa, para hacer proclamar al día siguiente por su rey le* gítimo al de Espafia.
Esta brillante caoipaBa do monos de dos meses, y la subsiguiente de Sancho-Dávila, que fué arrojaa«* do sucesivamonte de Goimbra y de Oporto al p¡ íuiíüente prior de Cralo, aseguraron la anexión de^ seadf durante ochenta afios« Ai cabo de ellos una- revolución bien tramada y müy mal combatida por el
TBIÚlBirí A OQCIIUWTAL* ti
«entro favonio de Felipe IV, permitió á Portugal éeáumt íadepeodieale, ma iñslar á su tuelU al
óí jcu 1.J5 arínas ospaílolas, que fueron cuntínuauien» te rechazadas en k guerra üamada de Adamacioa. Ikm IntD de Austria, aunque combatído por la c6rte que le escaseaba ios medios necesarios aun al mayor laieita, obtavo en 1662 algusas ventajas importaa*
tes ; pero dimitido el mando que taalus disgustos le luitt cauaado $ fué encomendado al marqués de Calacena, que en 1665 poso el seUo i la pérdida de Fortugal en la íunesta jornada de Villavíciosa.
Huevas invasiones tuvieron logaren 1704 y 176&9 €L que tomaran parte el duque de I^erwick y el €tíaá& de Aranda; pero limitadas ¿ operaciones que Bo ta vieron por teatro mas que una «orta esteosion de ternlorio entre Tajo y Duero, el mas apropósito para ua vigorosa resistenda porsuscscabroaidades y falta de subsistencias « uo pueden nunca tener el carácter utroctivo á que dirigimos nuestras observaciones.
H mismo poco mas ó menos tuvo la campalia de 1801 9 Uamada guerra de las Naranjas. Ni espa* ioies ni portogneses tenían ánimo de combatirse ao* tañólo las familias reales unidas con los mas estrechos listólos de parentesco y amistad « aflojados mas que por faha de cariño por temor á Napoleón, primer oAfiul entonces de la república francesa. La mvaim fHMcía tomar el mismo rombo que ta del do* que iie Alba en su primer período , aun cuando ezis-> ii Qoa combinaoi0n general por toda la frontera, en
ti CA«X1}U> lY*
que tomaron parte tropas francesas á las órdenes de Le Clero , situadas en Salamanca y Giudad-Rodrígo; pero vino á atajarlo kt paz con la pequeña ventaja que hemos dado á conocer al designar los límites.
A ia guerra de las Naranjas sucedió la invasioQ (le 1807 por Jiinot» que hornos descrito en las Nociones Generales con bastante estension para nuestro objeto , y A esta la de 4809 por el mariscal Soult, qiie tras la batalla de la Coruna no podiendo cruzar el Miüo por el camino que señala la línea natural de operaciones desde Santiago, lo pasó por Orense, entró en Portugal por Ghavest bajó á Braga, y al fin de un mes do penalidades y combates parciales llegó á apoderarse de Oporto, de cuyos muros le arrojó muy pronto sir Arturo Wellesley.
Este mismo general , duque ya de Wellington, lanzó lauibicn de Portugal á Massena en una campana de 4]uc también hemos dado una idea aunque liRcra 6 nuestros lectores. El camino que siguió el mariscal francés, ei mismo del valle del Mondego que recorrieron Enrique II y su hijo , es uno de los mas importantes para penetrar en Portugal, y sudescrípdon tendrá en iestos estudios un lugar preferente.
Esta ligerísima reseña demuestra bien cl^iramente cuáles son los caminos de invasión en Portugal, úni* eos qoe h naturaleza del país ha dejado para la co* municacion de este con las provuicias espanolas. Contra lo que ensella la geograüa física, los rios Tiyo y. Duero que llevan recorrido en £spana mas de las
4m tercer» partes de su curso , en lugar de ferti» Inr tf^churesoe y (iíriíles se introducen por logosuiras de rocas tajadas casi perpeodicularmente nbie tes aguas , y atraviesan montanas resquebrajadas y estmies regadas tan solo por arroyos torrentoMseKsozados en profundos é intransitables barranmontañas, por su parte, en vez de ¡r de* /ZTüQiéodose gradual y paulatinamente al acercarse al mar en que van á sumir sus crestas, arrancan de las meseias centrales casi imperceptibles, y se alzan abroptas y enmaraQadas después ligando los sistemas paralelos que constituyen con ramales asperísimos que kama un dédalo inextricable en el sentido de una giafl parte de la frontera. La dirección de consiguien* te, que parece debiera ser la preferida por lo corta y ficilt se hace imposible por estas condiciones confranas á las leyes físicas, y por la falta de viabilidad, efecto de la dureza del terreno y de la razón de lüs* lido , por lo cual se ha hecbo necesario flanquearla evitando ias escabrosidades que á ella se oponen. El eainino, pues, de Badajoz á Lisboa por el AlemTejo y el de CiuJad Rodrigo á aquella misma capital por el valle del Mondego en la Béira , son los únicos seguidos en las invastmes generales, imposibles por ei Algarbe á causa de lo escabroso del sistema de woUllas que cubren el 8. del reino y su distancia 4 Usboa, objetivo á que se han dirigido todas las confustas, i nuestro parecer erradamente, según sífalaremos en lugar oportuno. ^
Si adunas d;)servaino6 el sistema de íortífícacio* ties que los portugueses han opuesto i nuestras egresiones» fortalezas que detaliadamcate hemos de ir enumerando después , podremos corroborar la idea
einiti la anteriormente de que es muy difícil de salvar á mano armada la frontera en una causa paramente nacional.
Ni deja de contribuir á ello tambieu el carácter de los portugueses, semejante en muchos de sus rasges
al de los montaOeses do los Pirineos Oceánicos, con aus mismas supersticiones y ferocidad en ios tiempos antiguos^ el valor y afecto á su independencia en los modernos, y el errado impulso hácia un aislamiento que impidiendo el engrandecimiento general de k Península les arrastra irresistiblemente á la mas completa abyección* Aquellos fieros lusitanos de larga y tendida cabellera , alimentándose de pan de bellotas y cerveza y escudriñando las entrañas de las victimas sacrificadas al dios de la guerra para entrar en el combate, armados á la ligera ó de pies á cabeaai, dando gritos terribles para amedrentar al enemigo, han conservado ciertamente el valor antiguo innato en ia raza toda ibérica , pero también la inconstao* €ia 7 división de que tantas pruebas dieron en las primeras luchas, y la reserva respecto á las del resto de la Península, constituyéndose en satélites de tm poder que sin ideas generosas no busca mas que la esplotacion de la riqueza del pais y el mantentmieo» to de un gérmen que evita la formación de uM gtrn
V;anVITS CCCtIVBNTAI.. S7
potoocia morir üia y contíiieo^al. No negaremos quo en estas ú'limas condiciones características se les asemejan muchos de los puoblos peninsulares heraiaaos suyos; pero la raroa de 'Conveniencia genotil ba venido en su auxil.o, y á su favor, han lieá constituir mía graa nacionalidad que solo es« peía so complemento en la unión do Portugal para iaazarse á rcaü/ar ia aspiración constante suya de ififluir en los destinos do Europa , como iogró . baeerlo poderosamente en mejor s tiempos.
Interminable seria el seüak r las causas que han impedido esta tan deseada unión en el órden moral, pero creemos firmemente que si los esfuerzos que se Í2aa empleado en el material para conseguir el embeUmiento total de Portugal on la monarquía castelia* na se hubieran dirigido ce ns antemente á un desmembramiento parcial sucesivo, de guerra en guer* ra y de tratado en tratado , insensiblemente, puede decirse, hubieran ido anexionándose esas porciones de territorio en que dividen los rios el portugués* y hoy dia solo habría espauoles en la Península. Y á la Inglaterra no tenia una colonia por la que en* trar siempre á ejercer su influencia en el Occidente de Europa , habria una nación que sin quitársela ni duminuirla siquiera , podría regularla según los ioh tereses generales , uioderando a! mismo tiempo la esGevva preponderancia continental de la Francia que hoy no conoce contrapeso á ella por parte de nuestro pais.
S8 CAvrmo iVft
CDIMiCA IttL Uto.
Dijimos en el capítulo ÍII que en las faldas meri- | dionales de los Piriaeos Oceánicos se hacían observar estribos que señalaban una división notable en» tre regiones á cuya comunicación oponían obstáculos poderosos y icausaban hasta diferencias de na« cionalidad en provincias conli^uns , citando entre dios el que separa las aguas del Miüo de las del Duero. Efectivamente, en Gueto*A1bo, punto notable en la cresta pirenaica, entre los puertos de Pajares y de Balbarán, se desprende una cordillera secundaria, primero en sentido perpendicular á la de los Pirineos, esto es, de N. á S. hasta la Sierra Negra; des* pues de E. á O. algo inclinada al N. , hasta la de San Mamed; y por fin, de N. E. á S. 0. hasta su terminación en el mar.
En su origen no presenta el carácter determinado que en general tienen los estribos en su arranque, sino que por el contrarío aparece como una llanura elevada, efecto de la diferencia de pendientes entre k Vertiente Septentrional rápida y cortada, y la Occidental, ligada inmediata y suavemente á las grandes mesetas centrales. Pero luego empieza á delinear* se sebre la superficie general bastante unida á soa io*
oediaGiaiies, y de colina eo coUoa y de cctlado ea coBado, atfninesada eo el puerto de hi Magdalena por el camino de Leca al puerto de Leitanegos y á Ti- 1», éiiitenrampiéiidoee mas adelante por picoe bastante elevados como el Ta m barón y el íSuspn un 6 PiBili-Cefcra , llega á formar uoa serie de montafiaa drnnrti entre el Orbigo y d Sil.
£q los Altos de Bra&uelas alcanza ya uiia altura Miaidenble» y en el puerto de Manzanal que da paso á ¡a carretera general de I^eon á Galicia , la de 4,100 metros, formando uno de aquellos escalones que eo el capítulo 1 dijimos daban uoa físono- 0íi especial al gran promooiorio que constituyela (telnsola; escalón suave por el £• , como unido á la ijiasa central, y rápido al 0. como dirigiéndose ya {MKíiifliaaienle al Ooáano*
Al S. del Puerto de Manzanal se halla el de Fuencebadon , por donde salva esta cordillera el camino tía l^rradura de Astorga ¿ Ponferrada , y á los pocos kíL en el mismo rumbo se vé elevarse á l,90ü netrosel Teleno, punto culminante de aquellos montes que sirve para ligarlos con otra sierra ó cordiUn que los corta perpeíuiieularmente corriendo de S« i O. con el nombre de Montes Aquilianos, y laas generalmente con el de cordillera de la Guiaaa. Ella constituye el accidente mas áspero del sistema de montañas que representa en España el estribo dmorio entre Mino y Duero, ofrece solo pasos dificilisimoa que mas bien se escalan que se suben,
3d r.Ar:Ti'Lo iv.
como (tico el conde de Totcqo , y es rico on manera-»
les do iijó que eí>lrajeroD los romcr.os grandes cantídadeSf como lo UcmucstraQ las varias míoao <fa» en él 86 encuentran , asi como también en la Sieira Negra paralela ¿la doGuiana, y ligada á ella al S. por medio del Teleno y un collado ea forma de escalón
hácia el rio CabiXiu afiLicritc de! Si!.
Asi como la cordillera do la Guiara corre al 0. Uicia el Sil , que abre en ella una gran brecha por la que debió desaguar el inmenso lago que cubriría con sus aguas el actual territorio del Vierzo , asi la Sierra Negra se dirige también de E. á 0. por la Pena Trevinca y Sierra del Eje á ligarse á la divisoria entre Sil y Miño en el Monte-Furado, de que trataremos mas adelante. Del mismo modo también que las sierras anteriores, y ligada con la Negra de una manera semejante, esto es, por medio de un collado en escalón al O. que cruza el camino de la Puebla de Sanabria á Víana del Bollo entre el rio Tera, afluente del Üuero, y el Bibey, que lo es del Sil, se encuentra la Sierra Segundera, que también se dirige de E. ¿ O. para unirse por la de Queija á la de San Mamed, continuando la divisoria entre Duero y MifiOr
En el pico de San Mmned , que se eleva á 1,238 metros , tiene lugar un esparcimiento do montaHias como el que se verifica en el término do k mayor parte de i s cordilleras. Al N. y al 0. se despren* den pequeños » aunque ásperos ramales por entra
vibEfium ooomnrrAL* 81
loftfUd 86 deslizan al Sil y al Mitet arroyoeios ÍDfltg« nifiointes por su corto trayecto y exiguo caudal. Ai5«0. cootinüa la cresta de la cordillera por ios montea de Peoamá, de 936 metros de elevacioQ , la tierra de Peñairache de 1,238, y dentro ya de Portuf/úr doKMite Gabiara, de 2,403, segué algunos geógn^ fos, T'osdeSantaLucia, de 682, que van á hundirse CQ ei ioar entre el Miño y el Limia. AIS. 5te desprende tiDiafDalcoDsiderableentre iasfuentesdel Tamegaque Mcrteoal Duero y lasdel citado Liima, que tiene curso independiente basta el Océano. Este ramal á su ves se «ubdivide después , destacando al S. O. la sierra deGerez, de 1«298 aieUoSt que se interna en Portugal, y cuyas faldas septentríonaies forman la o^ca del Limia en su orilla izquierda , y al S. una gnú mesa divisoria que con el nombre de Serta de Cabreira en su parte S. 0. separa del Duero las a -uas de ks varios riachuelos que van directamente al rarentre la desembocadura de este gran río y la ád Limia» y se corre al S. E. por la Serra de tíanon , formando esa línea de montanas que separa la provincia de Entre Douroé Minho de la de Traz-osItonteSf y da nombre á esta.
Ahora bien , las vertientes occidentales y septen*^ tiioaales del gran estribo que acabamos de describir, y tas meridionales de los Pirineos OceánicoB desde Cueto-Aibo hasta Finistenc, forman la cuena del Milk> comprendiendo en dia su principal iftMfeelSil y loa fiosiadependienles que desaHoan
capítulo 1V«
directaaiente en el mar al N, y al S. de la desemboIcadura del Mí&o.
El mas septentrional es el Jáltas , que naciendo en las Branas de Castris ai pie de los Picos de Bubela y del Gástelo corre al S. 0« por cerca de Santa Comba (1,007 hall.), iinsfa la coníliiencia del rio Ahuin, que baja de Viliamayor (217 bab.) « y Seré (284 bahitantes), é reunfrsete por la izquierda. Desde alK se* inclina un poco al O. , y serpeoteando por entre loa pequefios estribos de ia pírenáica y los montes Aro,
de la Runa y Pindó, va por Brandomil (418 habitantes) , Brandofias (250 bab.) , Baos y Olbeiroa (178 habitantes) , á dar sus aguas á la ría de Gorcobíon (1,113 hab.), al E. de Finisterre cerca de la villa de Ezaro (377 bab.) , que también le da nombre , y en cuya inmediación, agua abajo, existe una barca para su paso. £1 caudal del Jállas es muy corto en tiempos ordinarios, pero en los de lluvias se desborda con frecuencia por el ameno \ alie que forma su cuenca, impidiendo algunas veces el trayecto por los va« ríos puentes que tiene en su curso , á cuyo fin cao al mar en cascada pintoresca, causada por la unión de los montes Pindó y Ezaro , por entre los que se abre paso.
Al S. del Jállas se encuentra la cuenca del Tambre , formada por la divisoria pirenáica y la del Já^ lias al N. , y por un estribo que se desprende de ta Coba da Serpe , y se estiende al O. por los montes
do Bücciü , Püdroso y Barbanza. El Tambre nace en
tfmatique de este estribo cerca de Codesoso , habitantes}; corre al principio de E« á ü. recibiendo per la izquierda muy pequeOos arroyos á causa de la proximidad de las cumbres de la divisoria con el Vik^ Y por la derecha algunos arroyuelos tambíea, y «Angeles (265 hab.), el rio Haruzo, que como áijüellos, desciende de los montes de la Tieira. PanManiente al Maruzo baja también de N. á S. el rio Samo» que procede de Castro Mayor y de Mesia (587 bab.) , regando un ameno vailcoillo. £u la coa* fiuenda del Samo y el Tambre forma éste un violento recodopara volver á su dirección general que babia perdido poco antes, y una vez tranquilo y otras eortando los estribos que tienden á unirse ea ambas orillas» pasa próximo y al de Santiago, cru* tadoen distintos sentidos por los muchos caminos que desde aquella ciudad parten á toda la costa y poblaciones septentrionales de Galicia. Por Puente 8^iie¡n> cruza el Tambre la carretera de la Coruña; por Puente Albar el camino de Baños de Carbailo,; por Puente Portomouro el de la ría de Lage » y por Poente Maceira el de las rias de Camarinas y de Corcubion.
Todo el terreno que recorre el Tambre entre es*
tos puentes es bastante áspero, asi es que el rio va doKribiendo recodos al mismo tiempo que un gran arco, en cuyo centróse halla , aunque en diferente cuenca , la ciudad de Santiago. Dirígese luego al & O, ¿ recibir jnnto A Puente Portomouro el rio Da«
wmoiL a
34 CAPITULO IV*
bre^ qae viene por la derecha, y desde Bembibra
(301 hab.), á aumentar su caudal, del mismo modo que junto á Negreira (341 bab.), villa situada en la OBisma onila derecha por bajo de Puente Maceira, lo }¿ hace el riachuelo que riega el valle de Barcala. diñándose después al S. entre Límayo (502 hab.], y Viceso (üi)l hab.), desemboca por üa eu la ría de Noya á la inmediación de la villa del mismo nombre
(2,537 hab.) , situada entre montes elevados que ai desaparecer en las aguas del Atlántico forman una estensa bahía con dos rías , la mencionada de Noya y la de Muros (2,651 hab.], al £. de la Puntado Montetouro , estremo de la sierra de Fuentevico qoe scp<ira las cuencas del Jallas y del Tambre en su estremidad occidentaL
Ambas cuencas encierran las ruinas de antiguas fortalezas que aun llevan el nombre vulgarizado de Castres, que debieron servir de defensa i los galle^ gos contra las irrupciones de los romanos y de los godos cuando ya se acogían aquellos ¿ ios ¿mbitos mas escondidos de la tierra natal. Uno de estos cas* tillos, y acaso el mas importante según su nooibre de Castro Mayor, dominaba completamente la cai^ retera de Santiago á la Coruíia y Betanzos al paso de la divisoria sobre GarraU
El Ulla, rio mucho mas considerable que el Tam* bre, tiene su curso en una cuenca anchurosa dividida en su parte superior por una línea de montaoas que desde la Coba da Serpe va por los montes del
VKnTIEVTK OCCIDENTAL. 33
Corno do Boy, del Corrion , pico del Fareto, sierra dd
Faro de 1,155 metros de elevación, Montes Testeii 3 de 1«059, Coco, Candan , Chamor , San Sebastian de 757, Gesleiras de 721 y Giabre de 6íl, íoroiando al principio la divisoria con el Mino y después con el Unía, rio mas meridional que el lilla. La verdadera divisoria corre por los montes de San Simón y de San Criitábalt pues que la linea de montes antes designa* da corta el Hila en sa confluencia con el Paiul^re, Jujandoal E» las fuentes de ambos rios que no tendrían saVida basta la ruptura do los elevados montes que hoy día le abren paso.
Nace el Ulla ai píe del monte de San Cristóbal y correal N. O. recogiendo las aguas del gran recepUculo á que acabamos de aludir, formado por aquella Boniafia y las faldas orientales de los montes de Corao do Boy» Carrioa y Farelu, y cubierto do pequeñas poblaciones rodeadas de cultivos y arbolado comanicándose por numerosos puentes que cruzan L cada paso el Ulla y sus pequeños afluentes. El Pam*, bie es el mas considerable de ellos y desciende la*
Blieodo las faldas onenlales del Corno do Boy y montes de Carríon, á cuyo estremo occidental se reúne al' OHa para dirigirse al O. dando mil vueltas por entre los estribos principales. Pasada la angostura de Ranil entre los montes mencionados de Carrion y el Purelo, recibe también por la derecha el ño Fucclos qoe baja del Bocelo por la villa de Mellid (730 babi* tantas) y poco después en Broces recoge por la iz*
3 a CAPITULO IY«
quierda las aguas del rio Araego que bajan de lasiat*
das occidentales de lo sierra del Faro bañando el valle de Camba entre esta y el moote del Garrió yeaéí á Gadron, Brantega y Araego, y otros denpQddedItos nada importaates.
Poco mas abajo se le une por la orilla derecha d
IsQ que dc:3aeaüc de la cl¡\ isoria con el Tambre por Puente de RivadisOi inmediato á la villa de Ai^ zúa (348 hab.) Hecorre después el Ulla un grande espacio de E. á 0. encajonado entre montes que son los ramales que accideotan sa cuenca, formando la separación entre los diferentes arroyos que le llevan sus aguas, hasta que dando un violento recodo rompe hácia el S. y poco después náciael S.O. por Ribeira y Encientes. Por bajo del puente de Ledesma, teatro en 1809 de las hazañas de don Bernardo Gonzajez, conocido por Gacbamuiña del nombre del pueblo de su naturaleza, llega al Ulla el rioDeza, que paralelo al Arnego, del que le separa el monte del Cár* rio, riega el valle de su nombre donde asienta la villa de San Martin de Lalin (210 hab.), cruzado en el sentido de su longitud por la carretera de Santiago á Orense y Cenavente la cual salva el Ulla por Puente Ulla y la divisoria con el Hiño por Ermída do Medio
y Uuuiiua.
£1 Ulla que antes de confluir con el Deza era tin río considerable se hace ya caudaloso relativamente
¿ los descritos en el presente capítulo, y contraría*
mente á lo observado en^su curso superior reciba
iiuentes de mas iaiporcaiicia por la orilla derecha <|ue por la izquierda* Entre estos es de mencionar el fio Liiiarete procedente de La Cstrada, y entre aquellos el Sarela y el Sar que en su origen encierrao Saotíago ó Compostela (26,938 hab.) recostada pintorescamenle en el anfiteatro de montanas que dijimos bacian formar un arco al Tambre al N. de la ciudad.
La posición do esta no es luiiilar en el sentido de su fcNTtaleza, pues que so halla el caserío rodeado de montanas por casi todas partes; pero bajo el punto dd vista estratégico tiene importancia suma, pues que es él ponto de unión de las dos carreteras de Qr^se
y Tuy Lacia ia frontera s('[jten(rional portuguesa; hahiendo sido por lo mismo objetivo de operaciones célebres que ya haremos observar al hacer conocer la importancia militar de la cuenca general de que es una pequeña parte la del UUa.
El Lar aíluye al Ulla junto al puente Cesures despues de haber pasado al O. de Padrón (5,082 habitantes) villa inmediata á la confluencia de ambos ríos y en la comunicación de Sanliago á Pontevedra y Por» tugal que facilita aquel importante paso* Desde él es ya navegable el DUa hasta el Océano, en el que desemboca en la llamada ria de Padrón parte de la andiorosa de Arósa, á que bajan los ríos que tienen so nacimiento en las montañas de Barbanza que cierran SO ribera septentrional en la que asientan Santa £u« genia de Ribeíra (2,272 hab.)* Palmeira (1,310 ha* iútantes), Puebla del Dean (1,225 hab.}, Tarago*
38 CAPITULO IV.
fia (1,391 hab.), Rianjo (1,974 hab.), asi como á la izquierda derutia, Garrii (2,046 hab.), Villagarcía (1,883 hab.), enfrente de las islas de Arasa y. Sáivora y al lado de la peaínsula notable del Giobe.
El ülla marca, en la mayor parte de m corso de 120 kil., el líiuile entre las proviacias de la Corufia y Pontevedra, siendo la confluencia con el Pambre el punto de contacto de ambas con la de Lugo que se estieode desde allí bácia el £. La ímpor^ tancia del lilla es en el mismo concepto que la que
hemos indicado sola m ente á Santiago como parto do la que encierra la cuenca toda del Miño.
Paralelamente al lilla desciende el Umia á la misma ria de Arosa. Tiene su naciaiiento al O. del mon* te Ghamor ya citado; recorre un amenísimo valle ca« bicrto de lupjarcillos y formado por la divisoria coa el Uiia ya señalada y una linea de montañas bastante elevadas, que arrancando en el Monte Gandan se dirige deE. á O. por los de las Bayucas, Cadeho, del Acibal, de Santa Marina y de Gastrove á t^mioar en
los montes del Faro y península del Grobe, cerrando con ellos al la ria de Arosa y al S. la de Ponteve-. dra y formando todos la divisoria con el ríoLóree.
El Omía, en su dirección ya señalada de £« á O.f recibe algunos afluentes pero de muy poca imporltB-» cia y fertiliza la campiña de Caldas de Reyes (710 habitantes) á la que cae en vistosísima cascada, y don-^ de afluye por la orilla izquierda el Barosa cuyo valloi recorre la carretera de Santiago desde la villa aute-»
ñor, y ya después en su desembocadura encierra por E. y S. la ¥Üla de Gambados (1,092 hab.) eo ki
ribera del mar.
Fórtaasa ei Lérez eo las faldas occidentales de k» ttODftesCndan, Coco y Testeíro, y recorre paralelaneoleii lioüa; eslo es de £. á O. algo ioclinado al & im vmUe formado por los montes que hemos dicho constituyen por el S. el delUmia, y los del Seijo y de la Fracha, qoe arraacan de la divisoria con el MiQo paratmninar en la sierra déla Magdalena, estremo S. 0. de la península de Morrazo, vasto y áspera pnMMmtoria separando la ría de Pontevedra de la de ^'$0, y que asoma después nuevos picos en las islas €«8 para cerrarla ría de esta última ciudad» £1 Léres
^recopendo las aguas de muchos arroyus que desmaxka de ias dos vertientes de su cuenca, que como My angosta le oonoeden nmy pocas, y después de atravesar cien logares ó feligresías situados al pie de BKmtaOas, y en sw orillas cubiertas de verdura
siempre fresca y aromática, corre á perderse en el Océano junto á Pontevedra (6,623 bab.) capital de la pmvineía de sa nombre, ciudad importante por ^pobladon^ vecindad al puerto Mana (1,846 habí* taate^ que se encuentra al S« O» y comunicaciones ton Santiago y la Goruíla al N. y cüü el magnífico puerto de Vigo ais.
Bicia este mismo rumbo, y eu direoeion también á Om baja el Oitaben de la sierra de Suido que «^aaasosaguas de las del Millo* La sierra de Suida
40 CAPITLLO IV.
SD una esteo^on bastante oonaiderable de N. á S»
lanza pequeños piro ásperos ramales al O., por entre los que desciendeo los varios arroyos que forman d OiLaben y el Colbeloy Seijido, que procedente de la unión de las sierras de Suido y del Seijo corre á Saa* ta Eulalia de Puente báldelas (136 hab.) para unirse al Oitaben cerca ya de sil desembocadura. PorelS. foiv man la cuenca del Oitaben el Monte Mayor, que arrao* ca también de Suido, y los Galleiro y Gallineiro que van de N. E. á S. O. separando del Miño las vertientes todas que forman la inmensa na de Vigo desde Santa María de Puente San Payo, en su estrenio septentrional, basta Redondela (1,816 bab.), Vigo (8,214 ba* hitantes) y Bayona (1,36? hab.), donde existe un pe» queüo pero seguro puerto. Estos montes son muy ás-^ peros y fragosos y por sus barrancadas descienden, ademas de los exiguos afluentes del Oitaben hasta Santa María de Puente San Payo, donde desemboca, y en cuyo puente sufrió un revés célebre el mariscal Key ante fuerzas bisoñas que él parecía despreciar, los independientes que dan sus aguas al mar junto á Vi« go, Bayona, Mongas y Santa María de Oya; entre los que se distingue el que fertiliza el pintoresco valle de Fragoso sobre la babía de Vigo, de 11 kil. de largoi y 5 de ancho, 11 3no de casorios, arbolado, viQedo Y toda clase de frutos.
Vigo, plaza de tercera clase, cuyo gobernador es | el de la provincia de Pontevedra, no tiene una graa i mpcnrtancia bajo el aspeólo de sus fortificaciones, que»
TRnTIK}<íT£ OCCIDBNTAU 44
aunque cfrcuven la ciudad, no son lo robustas que ama necesano para soportar un vigoroso y larga •íidío. Las qoe miran al mar y defienden la bahia 103 las mas respetables si se esceptúa el castillo llanado £1 Castro qoe protege la ciudad y el fondeadero, mas fuerte por su posición sobre el cerro á quo da aombre que por la calidad y disposicioa de sija aoros« Sin embargo, las propiedades marítimas de lo ria, la de mejores condiciones de la costa espaflola y acaso de Europa, y su situación respecto* á América» hacen coasid ero r í\ Vigo como uno de los puertos mrís iotcrcsantcs do nuestra península y exigen la cons« taucdoo de ana via férrea ya proyectada » que pro - porcíooaodo inmensos bcneiicios á Galicia^ los haga eitCDrivoB al interior por medio del tráfico con lUtrs* Bur Je que es Vigo la primera escala.
£o 1702 se acogió á la ria la escuadra mercante 193331a qoe venia de América cargada de ricas mer« concias y con escolla de otra de guerra, francesa. Aun toando trató de fortificarse la entrada y aun impedir b de una parte de la ría á fjivor de una cadena ingeaioeauonto construidat los ingleses y holandeses quo ispecaban dconvoy cerca de Cádiz, al saber su arribo i Vigo hicieron nunljo hacia este puerto y desembareaado 4,000 hombres y artillería, coa que se apodc^ taran de las torres que defendian la ria, y forzando h cadena lograron incendiar la mayor parte de la es« enadra i pesar del valor desplegado por los gefes es<»
pañol y francés que la mandaban.
cmnao iv«
k pesar do este desastre» prím^ accidente militar de la gaerra de sucesión en EspaQa, al que siguió dos años después la pérdida de GibralLar, la ria de Vigo podría fortificarse séríamente haciéndola impenetrable á toda escuadra enemiga y salvando las que pueden abrigarse en ella por grande que sea el número de los buques que las compongan.
El Mifio nace en Fuen-Miña, peqiieFia laguna rodeada de frondosas alamedas » al pie de la sierra de Meira, tantas veces citada en el capítulo anterior como parte de la gran cordillera pirenáica por cuyas faldas orientales corre el £u opuestamente al Mito. Dos pequeños arroyos, el Meira y el Longo, que encierran cerca de su confluencia la villa de Meira (190 hab.) forman el Mifio que, ademas, recibe frente á Funúaa las aguas de la fuente de que toma nombre.
Su dirección es al N. O. la misma del Longo, entra dos ramales de la sierra de Meira hasta la confluencia del rio de la Magdalena 6 Mifiotelo que nace muy al N. de la pirenáica, en el arranque del Corda! de Neda, cuyas faldas meridionales dan origen á vahos arroyos que afluyen por la orilla derecha, prim^ Miñotelo y después al mismo Mino.
Cambia luego al O. y después al por un terreno llano y unido en que asienlan varias pcquefW* poblaciones de las que Utero, Quíntela, Justa, Triaba, M6s y Rábade, ofrecen intefás por tener puentes para salvar el ¡^iiüo. En este espacio rodeado á gran di»-
tam por ia cordillera pireoáica, que» según díjiai08« Inmz dos recodos notables , y por un estribo que se a6i{)reQcie de E« á 0. desde las Peñas de ia Herrada* naa ei estremo meridional de la sierra de Meira, en*
Irán á aumentar el caiulal del Miño; el rio Mao qiie dMeade de N. á S. desde el Pirineo por cerca de Chip6Íto;et Ladra, que procedente de lugares próiiífiosá tas fuentes del iMao, corre paralelamente á él por Villalva (913 faab.) á unirse al Parga que camina opuestamente lamiéndolas faldas orientales de la Coba da Serpe, para por bajo de Parga ir al E. por ftmda (isa liab.) y Begonte á aumentar el caudal deJ Miüo frente á Otero de Rey (195 hab.) villa páoflia á Ribade.
Ya alli corre el MifSo de N. A 8. hasta la confluenckdei ru> fiarla, que desde el Gomo do Boy descien^ dsalE. por Fnol (99 hab.) y Parada, y poco mas adelante se dirige al S. E. para humillarse bajo el piKBte de Lugo (8,054 hab»), capital de k provincia dssQ nombre en b comunicación principal de Hadrid 4Íi(i>ruaa, la cual recorre la izquierda del río hasta il ¡manto de fiábade y después la del Parga para sal-
»4r la diN isoria general en Porto Bello.
Ya desde Lugo, ei Mino profundiza su cáuce al áwkmar la llanura mas estensa de Galicia , que es i¿ que acaba de recorrer desde su orígent y sus rfmateaaperaoeB menos importantes, pues que su <3Q8nca se estrecha notablemente entre el Pirineo v ttiluisoria coa el UUa, siendo solo digao de mea»
Ih cAímLo nr. «
clon el Neira, que nace entre el .Monte da Meda y k sierra de On^io» rdmales del Piriaeo ca las fueotei del Navia, y baja por Tria-Castem, Sámos (278 hab ] y Sarria (TIG hab.) á uairse al Miüo por su orilla quicrda* Aompieodo por fin al S. por entre áspeiM nionLc3 que paiccca oponerse á su paso en Vueñü Uaria bab.) y CUaataua (853 hab.) donde úmn camcDte tiene puentes, verificándose su paso por ü8^ cas frente á Taboada y otros puntos, llef?;a ya muy mnsiderablo y con rarísimos vados á las barcas S Lu¿pcarcs dondo verifica su unión con el Sil.
Esto rio decoo CucLo-AlbOt á cuyo pie tiene orígen , 80 dirige al S. 0. por un terreno quebradísimo bañando Ic3 falJas n:cr¡uIonalcs del Tirineo asturiano por bajo do los pucr lo» do Caií^aráo y J^ilariegos y del pico ¿c M:ravallcs y recog¡ea(l;> las vertieota todas de la espaciosa y rica cuenca que forman aquella misma cordillera y la que bemos dicho va dívi* diendo el Duero ¿¿] Mino por los puertos de Manzanal y Fucaccb:;don, el TcIcüo y sierra de toGuiaaa, cuya unión con la sierra do la Encina de la Lastra, ramal que se dccprendc do cerca de Picdrafita, rom* pe el SU bullicicczmente para unirse al Cabrera ea«
Ire la mencionada cierra de la Guiana y la sierra N gra. Ko d receptáculo vastisioio á que acabamoa ós aludir, corrcrpondiente á la provincia de Leoo asiea* tau ios fértiles territorios de Ponferrada (2,379 bab.) y Viliafranca del Vierzo (3,247 bab.) surcados de io- ¿üidad de riucLuclos que descienden abriéndoselas
I por euUe las ásperas rocéis que forman aqneUoe ele- ' lados moDtes á que fué á acogerse la última esperanza de la independencia de los cántabros y astunst bocUda por las terribles legiones de Augusto y sa rigurosa r sabia disciplina. Los principales de aqoeliosriadiuelQs son eiHoeza» aüuente del Sil por k UfáBríá y que riega el seOorío de Bembibre (],0ü51iab.); el Cua que pasa por Cacabelos (1,410 iukülaDies) y en coya orilla derecha perdió la vida dgenaral Colbert, y el Valcarce que unido al Burbia ea Yillafranca, corre como cl Cua de N. á S. á unirse taaü¿e& al Sil por la orilla derecha al pie de la c.rj ;;era de la Guiana que cierra aquel templado y ísm valle. Cruzan también éste varios caminos: uno de B. á 0. que es la carretera general de Galicia del paerto de Manzanal al de Piedraíliay y otros que» de S. 4 N. y por las poblaciones mencionadas, conducen á los puertos de Asturias, caminos que en 1809 fitnietoa al marqués de la Romana para trasladarse, ^Principado desde el Miño, donde un descuido í^sj^ecto al oñcial parlamentario de sus enemigos le Maiaun descalabro. No lo hizo« sin embargo, sin ejCCQtar anles una brillante empresa en Villafranca
Vierzo» rindiendo 1,000 granaderos veteranoe IfíDceses, encerrados en el castillo-palacio, con 1,500 ^Üales, ayudados de un solo caüon de los que Uit ido abandonando John Moore en su desastrosa í^irada á la Corulla.
Bata la barrera que le oponen las sierras 'de k*
M' CAPITULO IV,
Guiana y de la Encina de la Lastra, y unido al Ca-| hrera junto al Puente de Domingo Flores» el Sü cof'i re al O., por un barranco profiiodísimo tajado entra! montes elevados v escabrosos como la sierra últimamente nombradat la de ios Caballos^ la de CaureK ia| del lazara y la del Oribio que son ramales meridionales de la da Gebrero en las cumbres del Pirineo» y la sierra Negra, Pefia Trevinca y sierras Segundera, de Queija y de San Mamed que limitan su cuenri por el S. En este espacio, que constituye el valle da Valdeorras, asientan Sobrádelo, El Barco (739 bab.), Villamartin (574 bab.). La Rúa (543 bab*) y PeCín (604 bab.) 9 da cuyas poblaciones la primera y la úl^ tima tienen puentes sobre el Sil, y en el estremo occidental , pooo antes de afluir por la izquierda el Ribey, que desciende de las sierras Segundera y (Í0 Queija por Vtana (735 bab*)» Bollo (315 bab.) y Puebla de Tribes (641 hab.), atraviesa aquel rio el llamado Monte-Furado, puente notabilisimo en que el arte robó á la naturaleza uno de sus mas belloa accidentes.
Monte*Furado es el estremo meridional de un as* tribo que se desprende de la sierra de los Caballos
en Montouto y terminaba en la orilla derecha del Sil que tenia que ir describiendo un pequefio arco al rededor de él. Los romanos, conociendo la riqueza en oro que encerraba el Sil, desviaron las aguas de | su cauce natural, dirigiéndole por un túnel 6 canal j subterráneo de 376 metros de longitud , 15 en su
. j . . l.y Google
VEimSfCTB OGCIDBNtAL» 47
jfUQOt latitud y 10 de altura, pudieodo asi benefi-
íciar las arenas del antienio cáuce como habían bekeádado ias de los vaciaos montes en los que exis-^ ta te señales de grandes trabajos de minas.
Esta circunstancia facilitó el paso del Sil, y hoy mam Uonte-Furado tres distintos caminos, uno de fas que, el de Monforte, sirvió á Soult en 18Ü9 para ^vesar aquel rio aunque con bastante pérdida, de Jiquese veogó cruelmente al abandonar para siem* *prela tierra de Galicia dejando en ella abandonada 4 sus propias fuerzas á su cumpa Hero Ney, queconfiafaaeD su cooperación al atacar infructuosamente ei puente de San Payo.
For bajo de Monte-Furado, ásperas y elevadas ;niontaí5as interrumpen la marcha del Sil , que si las jreocepara reunirse al Miño, es cambiando bruscainmtesu dirección háda el N. por el pie de El Ce-* reugo, parte oriental de la sierra de Moa, que es una .maificadon de la de San Mamad. Entra en seguida ea el valle de Quiroga por Seqiieiros (155 hab.) y San Clodio, frente á cuya población recibe por la derecha el rio de Quiroga que desciende del pico Pájaro de la sierra de Caurel, regando el valle men» ciliado 7 ios pueblos de Fisteos (140 hab.) La Berláda (244 hab.) y Quiroga (424 hab.) que asientan en Al Vuelve á su dirección antigua al S. 0. por cer- «iée Ambasmestast, donde afluye , también por la
derecha, el rio de í.or quo baja precipitadamente de
ib mmi de Cebrcro» y poco después en la coaüuen*
4$ CAmOLO IT*
cia de uii arroyo que Tiene del S. E. por Castro de Caldelas (531 hab.) entra el Sil en un tajo profundo que apenas pueden salvar algunos caminos, de los que el mas importante es el de Monforte á Mon*
terey y Vería que tiene una Larca en el Sil, pues
desde Petia y Monte-Furado no tiene este río puente alguno* Por fin, después de recibir por la derecha las aguas del rio Cabe que de N. E. á S. O. baja recogiendo las vertientes occidentales y meridionales de la sierra del Oribio por Rubian , Puebla del Brollen (283 bab.) y Monforte (2,355 hab.) y vanas otras pequeñas poblaciones del vaHe de Lemus cuya capital, Monforte, ofrece iüiportancia por sus comunicaciones radiales con Galicia t Castilla y Portugal, llega el Sil á cinír su caudal al menos considerable del Mino, componiendo desde' alli ambos una via flu vial de gran importancia, invadeable hasta el mat y caj)az de admitir la navegación con algunas obras que se hiciesen ai electo.
Deja el Mino en su confluencia con el Sil la di* reccion meridional que traia por Tabeada y Chantada é inclinándose alS. O. por el valle de Piroja, cubierto de cultivos y aldeas, llega al puente de Orense que comunica la ciudad con la orilla derecha y las principales poblaciones de Galicia*
La capital de la provincia de Orense se halla si* tuadi entre el Miño y el Barbaña que la enctenaa en su confluencia por N. y 0., y al pie de una eminencia con el nombre de Monte-Alegre. Su poblacíoa
TEftTi£XTB OGCIDEirrAL. 49
(6,878 bab.): la riqueza de su suelo, valle delícioae
Cierto de frondosísimos árboles y huertas regadas yor Yarioe riachuelos tributarios del Miño y del Bai^
bafía; la magnificencia y solide/, de su puente, obra, «guo se supone, de Trajano, y orgullo de la ciudad que lo coDsidera como una de las tres cosas que pottesin igual eu España, y el hallarse en una de las CQOmaicai^nea de Castilla á la GoruAa, dan á Orense una importancia que con Tuy á S. 0. y Lugo al N. €(msüUiyeQ la general de Galicia eo su sistema defenñvo.
Sigue el Miüo al O. á recibir por la derecha el fiarbaatiño que baja de N. ¿ S. por cerca de Maside (¿SOhab.), y mas abajo en Rivadavia (397 hab.), el río Avia que en la misma dirección que elBarbantiilo recogiendo las aguas de la sierra de Suido, Mon« teTesleiro y sierra de Faro por un valle espaciosfaifl» jr fértil en que asientan Cea (734 hab.) y CarbaHíno (789 hab.) Desciende después al S. á engrosar su caudal con el del rio Arnoya, procedente de la parte occidental de San Hamed y que de E. á O. va sepandedel Limia por la divisoria que designan losmoniBi Penamát Calvo y Pefiagacbe y riega un estenso ufe en que se encuentran los célebres baños mine-^ rales de Mól.!:;as y las villas de Junquera de Ambia (MS hab.), Allariz (1,704 hab.) y Celanova (1,299 ha« hilantes.) Un poco mas abajo señala el Miño el limito dala provincia de Orense con la de Pontevedra y luofiMh confluencia del río Barjas el limite con Por-
rovo iv. <
8# CAPITULO IV»
tagai sdgun dijimos al principio de este capfttiliw
Allí cambia de nuevo al S. O. por una cuenca sumamente estrecha formada por los montes Galleírob
Galiinciro y de Santa Tecla por el N. y losGabiaray de SaolaLucia ya en Portugal por el ¿>m por lo que de»^ eienden áél arroyos muy poco interesantes, delosque solo mencionnrcmos el rio Tea que pasa por PuenteAreas (1,606 hab.), yol Louro que lo bace por Porrino, ambos poblaciones en la comunicación de Orense h y^^o. Ea todo este espacio, el Miño baña los muros de SaU vatierra (30 bab.), Tuy (2,781 hab.), Goyán y LaGoa^ dia (743 hab.)» fortalc asimporlantcsdenuestra frontera, especialmente Tuy que se halla en la línea mi* litar de invasión de Galicia á Portugal y vice-versa, y las de Meigazo (860 hab.), Mongaou, (1,200 hab.)» Valenza (1,700 bab.)« VillanovadeGerv eyra (940 ha* hitantes) y Cnminha (1/27:^ ba!).), plazas portuguesas opuestas á las cuatro nuestras que acabamos de mencionar.
El Millo es navegableen los 31 kilómetros dccur* 80 de Tuy al mar en que se hace sentir ei influjo de las mareas del Oiéano. A pesar de lo elevado de la barra que existe en su entrada, obstruida, por otra parte, por la pequeña forta]e2a que tienen los porto* gueses en el islote de Insoa, entran barcos pequeños» y según vemos en el proyecto de las líneas generales de navegación y de T n o-carriles presentado al públtco en 1855 por dou Francisco Cuello, podría ser navegable el Mifío basta lá confluencia del SU, demos»
túndelo el autor de esta obra coa datos eo' nuestr(> concepto ÍDcontestables.
La pruelja de la proíandidsd y caudal del Miño e& los 150 kilómetros de curso desde Orease ai oiar y eo los 169 desde el Sil, se encuentra en la campa*» fia de Í8úú ea queel mariscal Soult trató de penetrar ta Portugal por Toy, y no podiendo atravesar allí el rio n¡ taiijpoco en La Guardia, á pesar de haljcr encostrado algunas barcas, tuvo que remontar basta el puente de Orense para por Chaves bajará Braga empleando mas de uu mes, marchaispeiiusisimasy coiAbates sangrientos en una operación que de otro modo tehuljícra costado tres dias de una marcha fácil y iuiiioda. A. su vuelta de aquella para él íüae¿»ta espedición, emprendida entre ensueños de victorias y <le cetros y coronas; roto y destrozado su ejército y salvado de una capitulación á fuerza de destreza y da Vílor, acosado por tod:.s partes de enemi^^os, tuvo que salvar el Sil, y no pudo hacerlo mas que por utonte-Furado según ya bomos dicho antes. Aun desde í.ugo, ofrece el Mino niil obstáculos á su paso hasla la confluencia del Sil, asi por su caudal como por la nahiraleza de las montanas que forman su orilla deTecha impenetrables á losejércilc^ éntrelas dos carreteras de Castilla ála GoruQa,
Al S. del Miño curre independiontc al Océano iti¿iatica el rio Limia ó Limia según los portugueM», la mitad de su curso, de 172 kilómetros, en Es» faOa y el resto en Portugal. Tiene nacimieato ca la
higuna Aoteia at O. de la sierra de San Mamed, cayos estribos y uaioa con el monte Penamá forman el -receptáculo hoy en parte desecado que la encterrtf.
Corre desde alii dilectamente al S. O. nntre la divisoría con el Arnoya que hemos descrito y las sierras de liSrouco, de Pena y de Jures cuyas cumbres marcan la frontera de Portugal. Este valle si bien suave y hasta Uano en un principio; va paulatinamente acci* dentándose por algunos ramales de aquellos montes que aunque en dirección obh'cua buscan su unión oon los de la orilla opuesta, formando entre sí pequeños valles, como el de la Limiaen que asienta la villa de Ginzo (893 hab.) en la orilla derecha del río del mismo nombre, primer afluente de la izquierda del Limia; el de Bande (420 hab.) que tiene su origen entre Peñagache y Laboreiro y termina á la derecha del mismo rin i uUo al puente de Fernadeiros; contiguo i este, el de Lobera (316 hab.), población célebre en ia guerra de la Independencia por haberse reunido en 808 inmediaciones á campo raso y á manera céltica una junta que proveyó á las necesidades de h campafia y un batallón de volúntanos que llevó su nombre; el de Salas en que se encuentra Calvos de Randin (532 hab.) á la derecha y un poco apartada del rio Salas paralelo al Ginzo; y el valle deOlelos, que des^ de Gastro-Lahoreiro en la sierra del mismo nombre ri^a el rio Ülelos, fronterizo también con Portugal ea una gran parte de su curso.
Cambia alli al 0. por entre la sierra de Suazo, cU'*
irSBTIBim OGOIDKKTAL.
JO punto culmioaDle es el monte Gabíara, y la sieria de Estríca ó montes de Santa Luda que lo separan del Mifk) y la sierra de Gerez en que tiene su nacinieiito el río Cavado y que se ramifica al O* por una estrecha faja de montes conocidos alli con el nombre 4e sierra de Montezuho, que va á hundir au cresta ea el Océano entre Vianna y Espozende. t
£1 Lima corre en Portugal mansamente por un debcioabímo valle que aigunoa de nuestros vecinos consideran como los campos EKseos de los antiguos, legados por el Leteo, cuyo nombre daban los lusita^ Mal lima* Asientan en sus fértiles y risueilas már* genes ciea lindos pueblecillos pintorescamente situados entre arboledas y cultivos, distinguiéndose por so población. Lindóse (750 hab») con un antiguo castillo fronterizo de Galicia, Bntello (968 hab.), Barca (800 iubitantes) con un buen puente de piedra j Bonte do
lima (1,950 hab.) domle hav una peciucfia fortaleza (¡De cubre otro escelente puente que sirve á la carre» ten de Tay á Braga. Desde Ponte de Lima, este rio es ya navegable para barcos chatos y va rectamente al¿ á desembocar en el Océano entre la linda Tilla
de Vianna (6,790 bab.; que queda á la derecha con su pequeño puerto y fuertes que lo deüenden, y la feli<- §ñtU de Anha (1,230 bab.) en la orilla izquierda y amda á Vianna por un puente de madera
Los afluentes del Lima en Portugal son muy poco ionsiderables y solo citaremos el Vez que descienda da lasierra de Soazo regando el valle de su mismo
CAFtTCLO If •
ttoiabre, desigual pero ¿értíl, y después de pasar por iú*co6 de Val-de-Vez (1,640 hab.) afluye al Lima por
iu derecha cerca de Poate da Barca.
El Cavado» tieae su origen como ya hemos dídiOt en la sierra do Gerez en la provincia de iraz-os-Montes. fiafia los aotiguos muros de Moatalegre (508 ha» bitantes^ y unido cerca de Ruivaes (1,280 hab.) al riacbuela que desaeade de la sierra de Oabreiro separándolo del Xamega, y aumentando después el pe« queño ( audal de sus aguas con las de otro rio que re» coge las vertientes septentrionales de la sierra do Gerez porPico de Regalados (575 hab.), baja por un valle sumaoxeate estrecho á Prado (5,833 hab.) Esta villa con un puente anchuroso se halla frente á Braga (14,400
habitantes) capital de la provincia de Entre l)ouro é Minho, ciudad la mas importante en el M« de Portu-* gal en la comunicación de Galicia y que ofrece como Toledo la particularidad de celebrar rito muzárabe en una de las oapíllas de su catedraL Pasa después d
Cavado por Barcellos (3,900 hab.), que taruhien tiene un buen puente, y se eocueatra en un rico y poblada valle que aquel riega y sus aguas tras un curso de 100 kilóíiictros próximamente entran en ol Atlántico junto al pequefio puerto de Espozende (1,170 ha*
hitantes) formando barra que ¿ah Uii ca las mareas los barcos chatos al subir hasta 13 kilómetros de la 4e»» embocadura.
£1 Ave, último de los ríos que se encuentran ea kcuenca general del Mifio al S* del mísmot oom oo»
ttoelLima y ei Cavado de E« á 0. desde la ienebroti siem de Falparra en que tieee sus fuentes éntrela <le Cabreira y la divisoria con el Duero que lo limita por ei S» Ue^iuies de recibir cerca de Guitnaraea (1^210 hib.) villa rodeada de antiguos muros y pri* iuitivac6rie del reioo, aiguaos afluentes, de ios que mh importa, conocer el que por la orilla derecha le vieoede cerca de Bra¿a por los puentes de Louro j ddÁioos^ desagua el Ave en Villa-do-Conde (3, 100 habiUmtes). Su interés se encierra en los puentes quo úene en la carreterra general de Braga áOporto y en d camino de la costa que desde Gaminba va recor* Tiéñdok: pui Vían na, Espozende y Villa do Conde país unirse al anterior ya en las puertas de la ciudad
íltoamenle nombrada.
Todos loe ríos que desembocan en el Océano ti S. del MillOt cruzan perpendicolarmente á la oosta y a la imea de montes que cierra la cuenca de aqud carao de aguas fronteritOt la provincia portuguesa dé
Entre Douro 6 Minho. Separada de Galicia al N. por d rio de que ^oma una parte de su nombre; de la Beíra al S. poi el Duero de que toma otra; deTraz-os^ Monies al E. por la línea de montanas á que acabanos de referimos, ydel mar alo., esta provincia partidpade todos los beneficios que puede proporcionar li süaacioa geográfica mas ventajosa. «La escelente utilidad de su terreno, dice Bory de Saint-Vioent, ^rlil sobre lodo en vinas, en frutos y en ganado; lia salubridad del aire que allí se respira; la aLun*
16 CáPITüLO IV*
^dancia de eos aguas límpidas y corrientes; la fres» \ mcQTdi de las umbrías y la hermosura variada de s\m ¡ «localidades, bao hecho decir á un escritor portugués
»muy acreditado, que si los CampoS'Eliseos han esisti*
i^rarse ningún oíro.» El terreno es montuoso y mucho, por lo que uecesitaa ios rios que lo atraviesan los numerosos puentes que sobre ellos existen , pero es efectivameate muy fériil« y el mas poblado de todo PtortugaL
La cuenca general del Miño tiene importancia ba- ' jo dos aspectos distintos. En el sistema defensivo de Espafia respecto á una invasión por h parte septen» tríonal de la Península, es indudablemente la Uoea que ejerce su influencia en último término» coando la mayor parte de las demás provincias de la monar* quía han sentido ya el duro peso de la ocupación enemiga. En el que hace relación á una guerra con Portugal, la ejerce desde las primeras operaciones; pero conduciendo á una pequefia y apartada región cubier»
ta de montes asperísimos y habitada por gentes inquietas y belicosas, por mas que sea proverbial su i dulzura y sensatos, no puede ser objeto sino de ata* . ques parciales, accesorios, que nada pueden influir en ¿ áuto de una campafia general.
Por el contrario en el sistema ofensivo, si es cítírto que existen vias, por que puedo hacerse una irrup ^ don v^orosa en Portugal y herir el reino en sus entraüas, no ¡o es menos que en la cuenca del Mifio» si
TEBTtENTE OCCIOfiKTAL. 57
.aiWDtra ana entrada directa y ttcil que en poe»
tiempo puede poner en nuestras manos una de las ém jpoUaciooes mas importantes de la costa del Océaoo, coya riqueza territorial y comercial convidaba como asiento de una monarquía á uno de aquellos kigulenientes del primer Bonapartet qoe ya no sa*
tisfacian su ambición sino con coronas reales.
Bajo el primer punto de vista; esto es, el defensi*» TD, pueden dirigirse las consideraciones militares i dos disiintüs objetos: á hacer conocer la imporlaacía del Mifio en su curso superior y medio, en las coma-
nicacionesde Galicia con el interior de España; y en abundo lugar, á observar la que tenga on su curso JOferior alli donde sirve de Umíte i las dos monar*
faías ibéricas.
Partiendo de la primera de estas dos bases de
nuestro trabajo, y habiendo hecho conocer la natujialeza del país en su parto íisica i y sabido ser tan sob dos las líneas generales de comunicación de Castilla con Galicia; una por Leon,Astorgat á 1 u^o y taCorufia* y otra de Benavente á Orense, Yigo y 8m^o; vemos en Lugo y Orense las puertas de l^ieUa apartada región. La circunstancia, sin embarISt de ser la carretera de León ¿ Lugo la que masdi* rectamente y con menos dificultades conduce á la Golilla y el Ferrol, llamará siempre sobre Lugo la atenMB del invasor, distraída del caminó de Orense por la cs^^abrosidad del territorio que cruza, su menor Ú§mSL y oaas dilatada trayecto. Es verdad ^ue los
Í8 capítulo IV.
puertos de Manzanal y Pie ha ita ofrecen al frente do láigo posiciones magnífioas en que poder combatir coa y sin temor á movimientos envolventes, impo-> iibics por el carácter áspero de los montes en que se encuentran aquellos pasos; es también cierto que el
invasor tiene en este ( aniino sohic el flanco derecho una cordillera casi inaccesible de que puede temer ios ataques de las tropas irregulares que siempre «e han armado en España para la defensa del país, y que sobre el izquierdo bay un confuso labe* rinto de montañas cuya ruptura únicamente puede dar salida á las aguas y paso i caauoos cuyo escalamiento es imposible al invasor; pero si consideramos .
mismo tienipo que la carretera de Orense cruza este mismo confuso amontonamiento y tiene que ir su» cesivamente salvando los ramales y rios que se desprenden de éihácia la escarpadísima frontera de Por* togaU se concebirá porqué todos los generales ban preferido el camino de Lugo, aua huyendo, algunos, de sus enemigos superiores en número y ansiosos do su destrucción tolah Entre estos puede citarse ei io* signe Jobn Moore» que tantas veces hemos nombrado j cuya campana puede tener aquí un lugar oportuno.
Do^[)lles del ola(,¡uc afortunado de Sahaj^un en 21 de diciembre de 1808» comprendió iUoore que atrai--, do háeia el cuerpo de ejército de Soult que perdía, terreno á su vista, iba muy pronto á verse envuelto por las mimerosfeimas fuensas que habían entrado ea Madrid, y que con Napoleón á la cab licza abiansal-, .
vada ya Guadarrama para cortarle sus comunicacio- «scofi Portugal y Galicia. Emprendió, pues^ la retirada dividiendo al principio sus fuerzas que corapommm lotal de 23,000 infantes y 2,300 caballos ea 4Qftt»1mfinas; una que con el general Baird á la cabe2¿5edirigió por Valencia de Don Juan á Astorga, y <ifeii|iie el mismo Moore llevó á fienavente. Desde ^el pf.'ñer momento en que empezó á pronunciarse ea leinda aqael ejército im lucido $n ¡é apariencia^ mafati8í$mente disciplinado y bizarristMO en un día de ha* Ma aunque fi/oquiotiéj del iodo de la preéUia según el coodedeToreno, los atropellos, vejaciones y saqueos qve íuc couietieodo por el camino y poblaciones (|ua atmba, le atrajeron el odio de los mismos espaltoles
fDieen vez de auxiliares encontraban en los iniciases ^aemj^mas eocarnizadosquelos misoiosqueatentfthio ftso libertad é independencia. Gomo consecuencia de estos desordenes, la moral y la disciplina em« pMiOQ á relaíarse y en vez de una retirada parecía
lide aquel ejército una fuga vandálica. El valor hri-
Ubico, sin embargo, contenía el ardor y la furia de loi ftanceses, que ansiosos de aniquilar una vez á sus utecoüciliables rivales, se lanzaban temerarios á au nlsgoardia sin la previsión necesaria. Así queoafi»* Wvcote, roto el puente de Castro Gonzalo sobre el ^» Lefebre Desnouett^ vadeó el rio con 6U0 car Míos y arremetió faríosameote á sus contrarios; pero tebrzados estos con un regimiento de búsares que Mdojo al combate lord Pagel, destrozaron 4 ios
60 CANTOLO fV,
franceses haciéndoles repasar el £sla con pérdida de mucha gente y de su general qoe quedó prisíonm. Peor suerte cupo aun al general Colbort que viendo á los ingleses apostados en Gacabelos, pasados ya los puertos de Manzanal y Fuencebadon, y consnderaiido el superior número de estos pidió refuerzos que le foeron negados secamente; causándole la muerte ia
injuria hecha á su anior propio.
Iban los ingleses marchando en la mayor confusión abandonando sus trenes y desjarretando soi
magníficos caballos, y de seguro hubieran quedado todos en poder del mariscal Soolt sin la precípitadoD de éste, que á fuerza de querer darles alcance llegaba al conseguirlo coa tan escasas fuerzas que le era imposible vencer la resistencia de John Moore al déte* nerse éste en ademan de recibir una batalla campal. Salvado el puerto de Piedrafita, y á las puertas de Lugo, detuvo efectivamente su marcha el fugitivo ejército 7 apareció dispuesto á combatir en las mag* nfficas posiciones al E. de la ciudad: Soull comprendió su inferioridad y tuvo que esperar la licuada de todas sus divisiones; pero no pudiendo verificarse srao al tercer dia de su estancia en San Juan de Corgo, Moore tuvo tiempo para hacer desfilar sus bagajeSt Imponer on tanto la perdida disciplina y levantar el campo sigilosamente desapareciendo de la vista de sos enemigos hasta la Coruna.
Toda la esperanza de los ingleses se cifraba en h escuadra suya que esperaban encontrar fondeada en
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¡a bahía; pero vientos contrarios la retenían al otro hd» de Finistene y esn oeoesarío pelear entretantoyiadoblaba aquel cabo. Cuatro días tardó de nuev o Sooli en reunir las tropas suficientes para acometer á ¡oiiDgieses, y iofao Moore logró, aun cuando con ra * muerte, poner victoriosamente en aalvo el ejército cttfiado á su pericia.
No cabe en nuestro ánimo el erigimos en jueces de capitanes t^n ilustres y esperimentadost mas por ODcbo que nos sobrecoja la idea de emitir un juicio sobre una campaña interrumpida por tan diversas y atenadlas peripecias, ¿no se encuentra luzsuficien* tepini toa crítica severa en el espectáculo de un genetal que necesita tres días para reunir sus fuerzas coBKiaun enemigo que desordenadamente huye á su
vista, y mas aun en el que ofrece ese mismo general que tres días después necesita otros cuatro para reu<- nr las que acababa de juntar en Lugo? El general Hmsb escogió acertadamente el camino de esta últim ciudad; por que si bien por Orense á Vigo no hu*
^•Wsido tan incoinodado por los franceses, la escH-^ i^á^ víveres y ia indisciplina de su ejército lo bubiem perdidOt mucho mas si se considera la eracerba« <^ on en que esta tema á los espa&olessus aliados. Los SMraies marqué de la Romana y Grawford, ¿ pe^ *éi los obstáculos que encontraron en Fuencebaúoü á causa de las nieves y de combates desgracia* ^san la vanguardia francesa, lograron enriscarse U; ios moales y el inglés llegar salvo á Vigo; pero
\0B soletados de este eran 3,000 solamente y toda la atottekm de los franceses se fijaba en los de lolm filoore quer caminaban á Lugo y la Coniña
Esta campa&a nos muestra la importancia de La* ge » cpie se acrecienta inuchisífQo al considerar la que tiene el cainino de Asturias por Grandas de Salime; por lo que en la guerra de ia Independencia, asi como fué aquella ciudad base de las operaciones de Ney en todo el antiguo reino y bácia el Principado, fue tambien asueto de las que los españoles verificaron eo repetidas ocasiones para laiizaiie del pais.
Orense tiene importancia de distintas condicio* nes. Sí bien se halla en el camino militar de Vigo, cuya ría y comercio atraen naturalmente á un invasor, y en tal concepto es un punto estratégico de mnciia consideración , esta se aumenta por su posición respecto á la frontera portuguesa , sobre el flanco de la línea de comunicación natural entre el vecino reino y las provincias gallegas. Orense , á una distancia próximamente igual de Lugo y de Tuy, en la orilla del mismu no que baña el pie de los muros de estas , dos ciudades y pudiéndose dar ia mano con ambas* I encierra un doble interés , como Santiaí:;,ü, eqni(l¡^í- ' tante de las tres , aparece como base de todas lai> operaciones en Galicia. Por estoen Santiago se or* ganizó la espedicion de Soult á Portugal, y por las mismas consideraciones buscó en Orense el punto ea
que pudiera á su vuelta ligarse con Ney, que se nianienia en bantiago y Lugo, y con YicLor, que operaba
ea Caslilla y Estremadura; abandonando, por íuit al iuMpido duque de Elchingen en la situación mas aitica y obligándole á evacuar el N. O. de la Pem'nsu» h }i8ra retirarse á Astorga y Benavente.
L importancia del Miño en su curso inferior froporcional á la que puede tener el objeto de ta encada de un ejército enemigo que penetre desde Por* tücal. Situada Galicia en un cstremo de la Península, «rio la posesión de Vigo« la Coruña y Ferrol, pueden flevar á un ejercito, y aun euarulo í-cn de nui- ho mlerés la conservación de estas plazas , nunca puede emplearse un gran número de tropas en tan secun* dario tío. Asi que por el N. de Portugal no son de teoier grandes invasiones, y Tuy y demás fuertes in* mediatos á la derecha del Miño bastan para contra^ restarlas eücazaícni e
Bajo el punto de vista ofensivo podrían hacerse consideraciones seniejaaies; pero la circunstancia de amntener la frontera portuguesa la importante plaza dfe Valen^a-do-Minho y la proximidad á 0-Porto, ciudad que solo cede á Lisboa eo población y riqueza, boen nos detengamos algo en nuestras observacio*- oes militares.
Desde Alfonso Enriquez, primer soberano de Por* tagaU ha sido el Miilo la Unea divisoria por el N. en* tre las dos monarquías , y, si se esccptúan algunas pequ^as diferenctaB sobre la posesión de Tuy , ba «do respetada como tal. Varias veces han enU ado las traía» espsüolas á mantener el derecho de nuestros
reyes é la corona portuguesa, ó en demanda desatJ§» facciones, y han salido triunfantes venfícando la uaion ó al menos obteniendo satisfacciones cumplidas • 6 han sido rechazadas hasta los antiguos limites. I^ingun monarca castellano ha emprendido una gaerra lenta y progresiva con miras de parcial conquista, que es la mas segura y estable. Si reconociendo la estension de nuestros medios y el espíritu del pueblo portugués , en vez de grandes operaciones dirigidas á la sumisión de la capital , hubieran nuestros antepasados circunscrito su ambición , y hubieran encaminado su objeto á la ocupación de una parte solo de Portugal « dividido en tantas zonas diferentes como rios lo cruzan paralelamente de E. á 0.; si des|>ues de ocupada una de estas regiones , que siempre debería ser de las estremas , en vez de seguir las ope- > raciones á Xásboa, queriendo ir al corazón á paralizar el movimiento todo de la vitalidad nacional de nues« tros vociaos, hubieran establecido sólidamente en ella su dominio, limitándose ¿ cubrirla de los ataques consiguientes para recuperarla , hoy seria Portugal una provincia española como Cataluña ó como Na- . varra. Si entrando un ejército numeroso por el Hillo« se apoderara de toda la derecha del Duero, mante- • iendo en Ciudad-Rodrigo otro que amenazase siem-* pre el flanco de los portugueses al querer recuperar las provincias de Entre Douro é Minho y de Traz-os<^ Montes ; si al momento se fortificara aquella orilla y so pusiese en comunicacioa con nuestras provincias
V8ATIENTB OGCIDENTAL. G5
por hieiioe caminos , cuya constraocion nunca podía
ier dificil en un trayecto tao corto como el necesaríd fm unir con Oporto ias plazas de luy, Orense y Za* mora; si dando una participación honrosa á los ha«> bilantes en la admimstracioa general del Estado y fipecial de su mismo país» se lograra una asimilación siquiera li¿;cra en un principio, difícilmente se perderá lo conguisiado con tal que no se intentase mk Mcho tiempo la invasión en las demás zonas. Si Plortugal ha permanecido independiente , mas que á IOS esfuerzos , que nunca pueden ser superiores á
nuestros medios, y mas que á sus alianzas, que después de todo no tienen otro objeto que el de una espbtacion ventajosa , lo debe al mal sistema de inva-- síoQ que nosotros hemos empleado, abarcando mas de la que podíamos abarcar, y sobre todo mantener* Todos saben cuan corla fué la resistencia que encontró SoulI en 1809 y cómo á pesar de haber eatradD por Chaves cruzando territorios asperísimos, sin caminos y por entre pubiaciones miserables y enemipsiogró penetrar en Oporto. Si hubiera contado con iraa base sólida de operaciones en el Miño, con reconos de todo género y sin necesidad de atender á k oonservacion de sus comunicaciones con Madrid á una distancia tan grande, es seguro que losingleses no bbobieran rechazado á la derecha del Miño teniendo que abandonar artillería, bagages y sus doradas iluMoües. Pues que« ¿no hubo ciudades que íueion á ofrecerle una corona que como la delbetot fué objeto
«mío nb s
i6 CAPITOLO
de escarnio entre sus mismos subordinados? P^es i
tal resultado llegó á obtener un general francés con escasas fuerzas» apartado de su pais, sin recursos, deado de enemigos entre los que eran los mas temibles los españoles, ¡que do conseguiríamos nosotros» asimilados en costumbres, usos y habla, circuyéndo^ , es por todas partes y próximos á nuestos depósitos y reservas! Es posible que nos engañe el deseo; nada mas lejos de nosotros que la presunción áéí acierta en absoluto; pero no podemos menos de maniCestar qne allá dentro de nuestra conciencia consideramos
la emancipación de Portugal como obra esclusiva de nuestros errores en la ejecución de una tan impor* tante y digna de atención, no de la resistencia ni de : las alianzas de nuestros hermanos.
En ninguna ocasión ni á objeto mas semejante
poílria aplicarse con opurtiinidad arjueila célebre espresion de un duque de Saboya que en la cuoibre de los Alpes decía que la Italia era una alcadiofii que . debía comerse hoja por hoja. , En este concepto la línea del Miño que se ha con- 1 siderado como secundaria aparece como de la mayor importancia, y no en vano han reunido enella los i portugueses un sistema de fortalezas apoyadas en la I magnüica plaza de Yalenza que, en buen estado de conservación, formarían una barrera formidable, si la frontera del Miño no pudiese ser flanqueada como
to es muy fácilmente por Montalegre» Chaves y AI*
meida.
«HDIGA DAL DOMO*
Forman la cuenca del Duero las vertientes meríéo&ales y orientales del estribo divisorio coa el Millo que acabamos de describir ; laa meridionales de los Pirineos Oceánicos desde Cueto Albo hasta el arranque éá Bírtema ibérico ; las occidentales de este mismo
hasta el ténnino de lajlamada sierra del Mucdo; y las septeotrionales de la cordillera Carpetana ó |Carpeto* VéCteica, desde su origen basta el cabo de Roca.
Del estribo di visorio cou el Miño en su parte cen« bil, de la sierTa Negra á la de San Mamed, parten •I S. 0. varios ramales que separan los principales iOuentes de la derecha del fiuero, paralelos á este ttarno rio e& la parte en qae sirve de límite entre Pwtugal y España. Estos ramales constituyen en su OBijuoto grandes mesetas de 700 á 800 metros de dbvacion limitadas por alturas notables descollantes, como la sierra de Maiaon , ó ftla'áo , qde al 0. forma loBtera entre las provincias portuguesas de Entre IniUfo y Minho y Tiaz-os-Montes, alzándose á 1,429 MioSt y las cimas de Mogadouro sobr^uestas á uo llM divisorio entre el rio Sabor y el Duero , el cual Inina en 200 ó 300 metros á aquellas mesetns y á 1m mas orieotaies de Castilla» El Tamega , el Tua y
68 CAPITULO lY.
ét Sabor abren aquellas mesetas de Traz-os^ontes»
que en su descenso al Duero dejau lambien deslizar las aguas del cielo y las de sus entra&as por nuoie^ rosos barrancos que hacen dificilísimo el recorrer la orilla derecha de aquel gran rio. Especialoiento
' ol lomo en que descuella el Mogadouro, y que termina en la sierra de Roborcda, alli donde el Duero vuel-
; ve á tomar su rumbo general al 0^ oírece obstáculos muy poderosos á la entrada de este reino, é indudable^ mente ha dcidu lugar á la interrupción de la marcha del riOt haciéndole variar su curso occidental y dirigirse al S. Tiene su arranque este lomo en la Sierra Sceundera , y en su prolongación al E. paralelamente á la Negra, encerrando entre ambas el curso del Tera alN. E., y ya en nuestro suelo español.
Entre la Sierra ISegra y las faldas merídíoDales pirenáicas, se hallan comprendidos todos los ramales orientales del gran estribo que arranca en Cueto Albo, y por entre ellos descienden todos los afluentes del Orbigo por su orilla derecha, ramnles mucho mas suaves que los occidentales que vierten al Sil por ligarse con las mesetas cpie constituyen la provincia de León , y después se prolongan al S, y al E. ai interior de la Península. .
Al N. los Pirineos forman cordillera , según tuviuios lugar desconocer al describirlos, y lanzan tam* bien ramales en dirección N, , convergentes , sin
unión del Orbigo con el Esla.é . nterrumpidos por otros paralelos ¿ la cordillera qoe
íguk aqaelkseotre sí, teniéndolos que romper los nos
(jue de ella descienden. Pero el mas considerable de estos ramalee , uno de aquellos que dijimos separaba ngíones diferentes ea su carácter general fisico y einográfico , es el que arranca en las Peñas de Euro^ (Bf y que dirígi¿odk)6e al S. S« O. separa» aun cuando itoTumpióodose ^ la provincia de León de la da Pia-> ieoda.
Bxj que advertirt é pesar de fodo^ que estos ra*
males, si bien en su origen se muestran elevados, isgma j formando lomo , van perdiéndose paulatiaameote en las Uaonras centrales, y que los rios, en Wde estar limita4o8 por accidentes clara y disUotaente delineados, corren por lechos poco profun<> dos, abiertos en suaves y pintorescos va i les. El Carbón y ei Pisuerga nacen asi en la pírenáica entre esMbos elevados, en qd principio á 2,433 y 2,50^ metros, como las Peñas del Espigúete y Curavacas, y (|Qe se ramifican después en otros paralelos á aque-
¡■a que los obligan á alejarse mucho uno de otro,
aooque después por la ley natural de descenso de la lertiente general vayan á unir sus aguas en un mismo lecho*
BemoB espuesto el carácter general del sistema
ibérico , que constituye una gran masa elevada con pendientes rápidas al £• á la cuenca del Ebro. No hay» piest tfoñ buscar en las occidentales accidentes notables que separen los afluentes del Duero en sus nacioiientos j sino que en consonancia con la regla que
oemos establecido como característica de la Vertienta OocíddDtal t gradualmente eleyáadoae segua m van separando de la divisoria general de aguas. Te» dos tienen marcada su marcha de £• á O.t como ¡m* pulsados por la misma fuerza que creó ese sistema orográñco que venimos describiendo en este capítulo, que en so conjunto parece un mar de materia térresi sorprendido por una petrificación repentina enso gi* gantesco movimiento semejante al de las olas.
Solo allí, donde apartándose el sistema ibérico da su condición general , se presenta en forma de cordillera, como sucede en las sierras de la Demanda j GebollerSt según espusímos en lugar correspondienle, los estribos , á manera do contrafuertes « van como conteniendo las moles de aquellas paralelamente ; j asi se concibe el curso superior de los rios Arlanzoa y de Arcos, y cómo el Arlanza necesita abrirse bruscamente paso entre la meseta de Carazo y los picos de Cobarrubias, que ligados en tiempos remotos, se oponían á su desagOe en Arlanzon y Pisuerga*
Qmi1in.LRBA r.ARPKTAIfÁ ó CASrBTO-TBTÓNICA»
Entre los que llevan el signo que venimos fijando
á todos los estribos occidentales del sistema ibérico, distingüese por su estension la cordillera Carpetanaé
Carpeto-Vetónica, que separa la cuenca del Duero de
k dd Tajo « 7 cuyo nombre designa en una parta mfk li firontera aepte&tríoiial de la antigua Garpett* nia. Esta cordillera, la mas considerable y elevada dei mienor, tiene una dirección general de i¿. á 1. 0. ea una longitud de 794 kil. , que te aefialt** mo6 eo el capítulo i , y un espesor aproximado ib idOt aun cuando mucho menor en algunos de soe
pasos [Tincipalcs. l)v<dc su enlace con el sislenja üj^ico baata su terminación , lleva diferentes nombres que también hemos designado, correspundientee á iucalidades distiulas , ademas , por sus cuadieiones Bámj por las relaciones suyas con la división ler»
En toda ella« sin embargo» se observa una cirtostancía que nos hace recordar las causas de mayor degradación en las faldas meridionales que en las -septentrionales de los Pirineas ístmicos, y es la de que todas las vertientes al S. de la cordillera GarpeUaa son mucho mas rápidas y profundas que las M N., que se pierden muy pronto en las llanuras de U cuenca del Duero, mucho mas altas, deconsiguien* Is, que las del Tajo y del Guadiana.
Si en su arranque no se advierte la cordillera et el lomo de la divisoria general de aguas á tal punto (joc se hace facilísimo el paso de la cuenca del Duero A Í8 del Tajo, al E. de los altos de Kadona y de Ro* Mnilios , ya en estos el descenso al rio últimamente titado , se marca notablemente en forma de escalón ^BKlekcQenca del anterior, en la que el terrene si
75 CáFITCU) IT.
mantieM unido y eleyado. Solo después de reoomr
fos altos de Barahona v las sierras de Pela v de CaJiras, entre las provincias de Soria y Guadalajara, se Te dístinlamente á la divisoria recorrer las crestas de una cadena de montes , con vertientes á un lado y otro , como una verdadera cordillera , siempre « por supuesto, descollando mas al S. que al N. Esta parte, que lleva los nombres de Somosierra y Guadarrama, en el límite de las provincias de Guadalajara y Madrid con la de Segovia , alcanza alturas muy considerableSf y aunque ofrece pasos importantest que han de
ocuparnos después con la (iesignacíon de sus condiciones militares , es en toda su estension muy accH dentada « muy áspera y escarpada , y constituye la verdadera defensa del centro de España contra las invasiones del Norte, procedentes da Guipúzcoa^
Búlaos y Valladolid.
La sierra de Guadarrama no lanza ramales de im* portancia á ninguna de sus vertientes , y solo al N* de Somosierra aparece la Pe^a Cuerno , que se alza como una pequeña y poco elevada isla, ea bt inmen* sidad de aquellas vastas planicies, que van rompiendo d Duero y sus embarrancados afluentes.
Al entrar en la provincia de Avila , la cordillera Carpetana toma un carácter singular. Siguiendo abrupta y elevada por el ramal mas meridional de los dos en que se fracciona en el alto de la Cierva , y apare* ciendo en él como el verdadero núcleo de las monta* Has que la constituyen^ va por el mas occidental sa^
llaiaaclo ia divisoria de aguas» no porque eu éi se eii-^ coeDlre naturalmentet sino porque el Albercbe , trí* butano del Tajo, que debiera guardar encerradas sus! bmteé en el vasto receptáculo que foroian las dos
crestas paralelas en que se divide la cordillera , ha roto el pnoiero en su parte oriental como el Xórmes haroto también el otro en la occidental, debiendo for« ¡m m lago contiguo al del Alberche, solo separados por un coUado sumamente suave y bajo«
fe el ramal que se divide al 0. se encuentran las Carameras de Avila , cuyo nombre indica sus oondidones orográficas, de llanuras elevadas cayendo ásperaioente al S. como en el origen de la cordillera; pero pocodespues se presenta otra vez en sierra, que
prolongándose al 0. hasta su ruptura por el Tórmes, se liga en su parte central y por el collado á que aca« knos de aludir, á la sierra de Gredos.
Antes, sin embargo, de este fraccionamiento al O* de Guadarrama, parten algunos ramales importantes: ¡nos al S. separando los rios Alberche y Guadarrama, por el Escoria]; y otros al N. y al N.0« Especialmente an este último rumbo parte sobre el campo Azalvaro» una cresta, que auaque cortada por el Adaja, afluenü del Eresma, en ia inmediación de Avila , se estien*- le con el nombre de sierra de Avila basta la del Hi* nm, que va á formar la orilla derecha del Tórmes en m curso medio.
La sierra de Credos tiene un espesor muy considemble y lanza ramales al S. y d M., que en Estre-
madura j ^lamaaca se estienden á grandes distanCMS, siendo los primeros de ona tnclioacioii fipidt | hacia el Tajo. Forma esta sierra uno de esos núcleos | 4e moiitaftas de que hemos hecho meacioa aiguiias >eces , y en que tienen nacimiento rios de importan»
proporctooal á su curso y á la naturaleza y altuit ^ de aquellos mismos. En los Hermanillos de Gredos» <
á CUYO lado (IpseiiGlla la Plaza del Moro Almanzori una de las altitudes mayores de la Penínsulat se en* coentraa nieves casi perpetuas , y según Boiy da Saint-Yincent , hasta un pequeño depósito beladot | uno de esos mares de hielo (giaciers) que son la ad*
miración de los viageros en los Alpes. Es lo cierto que disten vanos depósitos de agua que regularmente en la estación de invierno se hallarán congeladoa j oih bíerios de la abundantísima nieve con que se adornas | aquellas ásperas y soUtarías montanas ; pero ea moj de dudar se mantenga en estado sólido durante los calores del estío» muy fuertes en Estremadura. ;
En la prolongación de la divisoria nacen el Uétar y el Alagon, que van á entregar sus aguas al Tajo: b N. descienden de ella el Yéltes y los afluentes de la iaquierda dd Tórmes y de la derecha del Agueda, quft rinden el tributo de las suyas al Duero. El Alagon tiene sus fuentes en un gran recodo, formado por la divisé
ria de aguas que se dirige al N. por el Trampal, en h «erra de Béjar, y la de SantibaHez, que se liga al B» con el Mirón en la ruptura del Tórmes , y que aa PeUa-Gudiua , j¿uaU> el mas septentrional |, revuelve
VERTIfiMT£ OCCIfyCQiTAL. 75
al 0. y S. 0. por la Pella de Francia para unirse á I» sienra de Gata. Ea la Péña de Francia arranoan íanibíen variosramalcs, encerrando el hasta hace poco ignorado valle de las Batuecas, y el salvage terniorio de ha Bardes; pero el mas considerable se dirige al íN.Om separando el Yéites del Agueda, torciendo deapues al N. para formar en la derecha de este rio un amo paralelo al Duero y contrapuesto al en que se ^van las cimas de Mogadouro.
L8 Sierra de Gata continúa la dirección N. E« S.O* general de ia cordillera Carpetana. 6u aspereza es tan gnado como la de la sierra de Gredos , aun cuando mhtlk en parte cnbierta de bosques de robles, pinos ycistaüos» y aüade á esta circunstancia la de que hi nminoe que la salvan ofrecen obstáculos mucho
mas conííidorables que los que puede presentar el de Salaatanca á Plaseada^ que cruza la de Gredos por d puerto de Baflos.
Ligada á aquella por pequeñas sierras paralelas en que tienei^ origen el Coa, afluente del Duero, y el Zo*
¿ere, que lo es del Tajo, continúa formando la cor- «bUera ia sierra de la £sirelld, ya en el reino de Por* togal, y constituyendo el primero y mas importante baluarte de su independencia , larga y espesa mu« BnBa de 2,000 metros de elevación , cuyos contra» Injertes perpendiculares, terminados en cresta ó en imesetas, y surcados de arroyos profundos, imjpiden 4oda comunicación,» según dice Lavallée en su tra* tado de Geografía
76 OAPITÜU» IV»^
La divisoria de aguas se dirige al 0. entre ]p fuentes de ios dos mencionados ríos que necesHsii romper los ramales que ligan las dos sierras conti« gnast 7 cerca de Guarda, cambia al S. O. rectamente
vertiendo al N. 0. al Mondego y al S. E. al Zezere, entre cuyos valles se levanta abrupta y áspera la mencionada sierra de la Estrella* El vaUe del Mondego«esel mas suave y lo recorre la importautisioiA comunicación de Ciudad^Rodrigo á Goimbra; pero ya cerca de esta ciudad necesita el rio cortar un estribo de la Estrella que dirigiéndose al N. O. por Busaco liga á ella la sierra de Alcoba y Garamulo 4 Os» ranujo, que también se une al N. E. á la sierra de Guarda, notable recodo de otro estribo de la Estrella que causa el del Mondego en sus fuentes. La déla Alcoba se ramifica á su vez hácia el Septentrión para enlazarse á la de Maráo y otros ramales de Tra2-*oe* Montes en la derecha del Duero.
Al S. la sierra de la Estrella es mucho mas áspera en su caida á las orillas del Tajo donde termina generalmente en masas de rocas abruptas. Los ramales &a que se dividen encierran y cortan altemativameate el curso del Zezere y siguen por la sierra de Moradal» continuando la série de montanas de Ja sierra de Gata en su misina dirección y foi iuando las meridionales de La Beira» y van á estenderse por el Alem* Tejo, cortados por e8ter¡o en estrechísimos desfiladeros úlioces como las llamadasPuertas deRodaon cerca de Villa*Velha, «Erizadas de crestas y agujas rocosae
mTuuns occmniTAi». 77 tttte moDtddas, dice el coroael alemán Rudtorffer en
»8U Geografja Militar de Europa, bruNisuiio tumpenidiode la de España, estáo rasgadas por espantosos •precipicios de los que cada uno forma el lecho de un I torreóte mas ó menos ancliuroso. Estos torrentes enBOenrados entre faldas escarpadas, son siempre muy «difíciles de salvar aun en verano, aun cuando no lle- •ven una gota de agua; pero en tiempo de lluvias se liace impodble su tránsito bastando muy poca para íiimctiaiius esLraoidiiianamente. No existe ningún ca- «oiiiio en estas montañas y apenas se descubre la hue* •lia de algunos senderos frecuentados en primavera »por los pastores. J0
La cumbre consiste en una gran meseta llana en que existen dos lagos, en uno de los que se notan asoeittos y descensos de las aguas que dicen ser periódioost lo cual unido á la opinión general de temblar la tierra en derredor y de oírse ruidos estraños que aoncian las tempestades, dan á estos depósitos de los deshielos de la nieve un renombre siniestro cu la fierra, cuyo punto culimnante. Cántaro Delgado, se reOeja pintorescamente en ellos.
Sigue la divisoria desde la Estrella por las sierras dsLouzáaly Alvayazere hácia elS. O. en cuyo rumbo van ligándose á otras, las de Anziao, Patelo y Alhardos, cuyas aguas, como las del Moadego, van directBMite al mar 6 al Tajo, y que ademas de tener el puerto porque sálvala divisoria el camino de Coimbra i Lisboa 5 kil* antes de Rio Mayor, ofirece vahoa *
otroa pados iateresaates. Dilátase por fin la cordillera siempre eo la misa» dirección ligada ¿ las anteriona
sierras por Montejunto, alto pico entre Alcoentre y J^lemquer, y ia Cabeza de Montachiquet cerro meaos elevado y que principia i formar la sierra de Cintra* «El largo de esta» según nuestro ingeniero don José »de 41dama« autor del Ck>mp6ndio Geográfioo-Esta^
adístico de Portugal, será de dos leguas desde el lagar ade San Pedro, situado en el punto de empalme ooa » la anterior hasta el cabo de la Roca. Su andio una y «media legua desde el rio de las Manzanas hasta el BdeCascaes* Es muy celebrada por sua bellos pontea »de vista, por los románticos paisages que encierra y apor las quintas, bosques y jardines que hermoeean lisu falda en los términos de Cintra y Collares que acaen al N.»
Todo este dstema de montaflas que oonstitnym la cordillera Carpetana, tiene altitudes muy grandes cuya espresioix nos dará tambi%i á conocer las condi* ciones que nosotros le hemos señalado anteríormeote, cuidando de calcular las diíerencias de nivel de las elevadas llanuras que forman la región sop^ rior de la cuenca del Duero. Las principales aitu* US y las que mas interesan en estos estudios son las siguientes:
Flaza M Moro Aimaiunr. MUlara. « • <
VKftTDDfTB OGCDKrrAU 79
Valfdi»
Sierra oete fistrélla (Cántaro Delgado)
Sicle Picos 2,203
Cabeza úp ]:i Excomunión 2,161
Pico lie Ceix)llera • 3.126
Alio de ia Cierva* •••••••• 1 ,837
Cerro-CasiUas. •••••• 1J60
Malte Francia 1,734
Oro da San Benito •« 1 ,616
flmade Pela y deCaliraa. « 1,419
MbdeCadalao 1J82
Arranque de la Gordillen ],i80
Allos de Radona . • • 1,144
Pico de A! mi' na ra. 1,136
Uanosde r.;ir¿ihona 1,1?8
Uaooras de la región superior y meUia de la cuenca 900 á 1 ,000
(teo de Fuenfría • .«.r 979
Skm de Lonzáa • 701
iMl^onto. 665
OMnbo de todo-d-Mundo (Sierra de Aire) 656
lÍHmeenirald«LaBeinu 6fO
Sierra de Alcoba* . • • • 552
Sierra de Cintra , , , 524
Sierra de Busaco. ..•••••••«••••••••••• 503
texade Sal)ugo* «•••• 18^
La devacioa y aspereza de la cordillera Carpeta^ na ha causado siempre una escasei muy notable de OOMmicacioaes entre las dos graodes cueacas qu& lepanu Solo eD las vías generales por las que la oa*
pital se pone en contacto con las provincias del Xorse eocueatrao pasos para los cuales se baa bus* tado ha depresiones mas accesibles de la cordillera* Í0$ mds imporUoles» aijueilos que facilitan su trán-*
M CAmoLO m
sita á los carruages y de constguiente á ios trenes
Utai es son los siguientes:
Paso dd Barabona* • •
Poerto de Somosfem;. Puerto de Navacerrada. Puerto de Guadarrama.
Puerto de las PUas. • •
Puerto de Baños. . . . Puerto de Uto Mayor. •
•» piona
• De Mád rid á Bu rgos é Inm* 1 »498
• De Madrid á Segovia. . • . 1,7 7 «i . De Madrid .1 Vall.Klolid. . .
iDe Madrid ú Avila, paso del i - •( ferro -carril del iNorle. . .) . De Plasencia .1 Sakiriianca. 1,000
• De Coiuiijra á Libboa. , . •
Por estos caminos han tenido lugar las opemcío*
nes mas importantes, por uiejor decir, todas cuantas han llevado por objeto el tránsito de una región á k otra contigua, y como muy interesantes en el objeto especial de esta geografía vamos ¿ dar una idea de sus condiciones militares.
Hasta hace muy poco tiempo no ha existido en los tiempos modernos una carretera bien construida que facilitase el paso de la. cordillera entre las provmcias de Soria y de Guadaiajara. La poca elevación de los montes respecto al nivel general de ellas, especialmente en el arranque de la cordillera» hacia fácü el paso, y entre Sigüenza y Soria existian comunicación nes» que si no eran cómodas por el mal estado de los caminos, eran frecuentes por los medios mas coohi nes de viage y de comercio. Los reñíanos que taat: importancia habían dado á Mumancia y á la ocupación
de su coniirca lral<irian natucíilmente de buscar salidas ¿ un lugar dominante desde el que pudieran eslS!-
VMrTIEilifc OCCIDENTAL. ti
bleoer relaciones con el ioteríordel pafe háciael O., j
construirían caininospara ello: siendo indiulablnmenlelos restos que se estáa eocootraado ea ios nuevos trabajos de la carretera á Soria y del ferro^rril d0 ¿aragoza» los de la antigua vía romana á Toledo» Mé* lida, etc., etc.
Ysolo con tal objeto se concibe el estnblecimienU) romano cuyos restos aparecen en Barahona, paso de la carretera actual por donde es tan fácil el tránsito de !a divisoria como por Romanillos que se halla ea la comunicación que se está construyendo de Sí- ¿Uenza á Almazan.
Próximos á estos pasos se encuentran varios otros* «nono puede menos de suceder atendida la condición casi llana de la cordillera en su arranque, y los mas interesantes después* aunque de herra^* dora, son los que desde Atienza, en la sierra de AltoRey y con los nombres de puerto de Peiagallinas y éft Ja Vieja , facilitan la comuntcacton con Aillon y Derlanga.
Estos puertos, sin embargo, y aun los anteriorQfiirta descritos de Barahona y Romanillos, á pesar desús buenas coadiciones de viabilidad actual y de kaama importancia militar que dan á Soria en operaciones defensivas hacia la Vertiente Üneiitnl, no son convenientes al invasor por cuanto necesita pro» iMse de subsistencias para atravesar todo aquel lerrilorio estéril y despoblado.
Bl puerto de Somosierra ha sido sm duda alguna
82 ekpmu>
el mas interesaote de toda la cordilleia^^arpetaQa pa» ra la defensa del interior de España, y si no 68 una .posición inexpugnable como la pintan ios franceses para avalorar la acción del 80 de noviembre de 1806t | no d^a de ofrecer ventajas para impedir la entrada ! en la cuenca del Tajo. Una espesísima niebla cubría las montanas que flanqueábanlas baterías construidas en la carretera y guardadas por tropas bisofias, pues
las veteranas combatían en el Ebro; aquellas posiciones de acceso no difícil por el N., pues como ya bemos dicho, la cordillera tiene sos vertientes mas rápi» das al Tajo, no babian sido preventivamente ocupadas como debieron serlo; venia Napoleón á la cabeza de aquella guardia terrible vencedora en Austerlitz, Jena y Friedland; ¿qué de estrafio, pues, que los eqm* j ñoles mal armados, sin organización y en corto nú- 1 mero fuesen arrollados y destruidos? «La Rusia babia nhnidoante Napoleón, dice un geógrafo francés, el » Austria y la Prusia hablan sido borradas del mapa »por él; innumerables falanges, reputadas por ínvea* ncibles, se habian disipado á su aspecto como se disvpersa el polvo ante la tempestad. Solo las trepases*
apañólas loiuaban |)osicion. Fueron arrolladas á su vez «porque entonces nada podía resistir el ascendiente! »de la Francia que habia eneadenado la victoria á I »8us banderas; pero habian esperado» habian resistí* ' »do y sostenido la mirada del águila, y este esfuerzo »de valor presagiaba la resistencia que debía oponer; »é la dominad estrangera el pmblo que, solo eo d I
TIftTIKNTS OCCIDENTAI». 83
•mireim, <)8aba levantarse ante el que se doblega^
»bdQ tantos reyes.»
Los polacos cargaron después de rechazado un ataque vigoroso que había dirigido el general Señar* ooQl, y no hubieran tampoco coQseguiUo una victomqoe empezó por costarles una buena parte de su gent^ V alííiia dost^rdcn en la demás, si no habieran I parecido los franceses al romperse la niebla ocupan* ¿ las montañas vecinas y dominando las posiciones todas de los españoles. No está la defensa de Somosiemi en el camino; se halla en ios montes que lo
encierran por ambos lados, sin cuya ocnpacioii no puede tropa alguna internarse por el estrecho desfíladero que forman en un espacio muy estenso. El pueblo de Somosierra es una buena posición á reta* gNrdüa como aparece á primera vista, se puede des-> de él inundar de fuego la carretera; pero necesita tener cubiertos y fuertemente apoyados los flancos.
Por lo demás no hay medio de flanquear el puerto, pues SI bien existe el del Cardoso al E. de Sofliosierra, su tránsito es escabroso é imposible para k artillería y bastante apartado de la carretera genelaif lo mismo que los de Infantes y Reventón y varías «kM sendas impraoticabled para tropas. Asi que desde los tiempos mas remotos ha sido Soiiiosierra el pasad» todos ios ejércitos que han salvado la cordillera Carpeto-Vet6nica alN.E. de Madrid.
Comparto con Somosierra la importancia militar de li'Widillera en su región central española, el
•4 GAPfTULo nr.
puerto de Guaiiarrama, mas elevado que aquel pero de tránsito mas ficil por hallarse en punto en que la ' sierra tiene el menor espesor en toda su estensioa. De todos modos es muy fácil de defender aun cuaiido la circunstancia de estar flanqueado al E. porelj puerto de Navacerrada'y aun por el camíoo i la Ga^
tuja del I^aular desde la fundición del Real sitio u-j San Ildefonso, y la de no hallarse en la comunicacioa mas directa de Francia, le hm quitado mucha desa importancia verdadera. Los franceses la exageran coa eeceao y aun demuestran estraBeza de que no defendiesen los españoles á Guadarrama en 18üS cuaado no babia una compafiiá junta en todo Castilla. Ihs de estranar es que no la defendiesen ellos en agosto de 1812, cuando rodeaba todavía á José BonaparlA un ejército en Madrid. Lord Wellíngton salvó la cor^! dillera por los dos puertos contiguos» y lo hizo ea persona por el de Navacerrada sin resistencia alguns hasta Jiajadaiiunda» donde tuvo lugar un pequero choque de caballería, entrando en Madrid al día siguíenle la inglesa.
£n la estación del invierno el puerto de Navacer« rada se obstruye completamente con las nieves, j los de Somosierra y Guadarrama se ponen mucboi aOos intransitables en un corto espacio de tiempo. Esta circunstancia fué acaso la que salvó á Moore de un total esterminio, pues el paso de Guadarrama por
las tropas napoleónicas no puJu verificarse con It premura que exigía la operación emprendida por
VEnTlE.ML ÜCCIDE.MAL.
gelé para cortar á los ingleses su línea de retirada.
Bu vano fué que el emperador hiciese frente á la j borrasca dando ejemplo de fuerza cod su carácter^* tico sombrero metido hasta las cejas, y presentando su cabeza al furor de los aquilones que precipitabao á los mas robustos granaderos y hasta h$ carros y c(k kmes á las profundas quiebras de la sierra; la nievo primero, en el puerto, y luego las lluvias en las llanons de Castilla la Vieja detuvieron su marcha como qoeríendo burlar su saña contra los insulares.
Hoy día adquiere mucho interés el puerto de las Pilas y los vanos pasos iniiiotliatos al E. por los que e6lá trazada la carretera de Madrid á Avila y Vigo y por donde cruzará el ferro-carril del Norte , siendo la mayor depresión existente en la proximidad de k córte para pasar á la. cuenca general del Diiero. Hasta ahora no habia tenido iiiipoi tancia estratégica, porque no existiendo camino carretero por él, eranecaario desde Avila dirigirse al B. á empalmar con el general de Guadarrama, siendo este puerto el á que 10 dirigían todas las comunicaciones. El trayecto del camino de Avila ha de ser siempre difícil, porque OTuando la divisoria diagonalmente recorre un espa* cía montuoso formado de ramales diferentes y mucho Cias estenso que el del camino por G u arla i rama que iifiorlaperpendioularmente y por donde es mas estieaba b sierra. Srn embargo, la facilidad de los tras* portes de tropas y material al pié de la cordillera por si finrro-carriU llamará al puerto de las Pilas ¿ los ejér-
CAPITULO rf*
dios que iateotea su paso por esta parte, sin d^ar, por eso, en uaa invasioo que espere resistencíat de operar en las tres díreccioues próximas para obteutír ma^«guros resultados.
Mas al 0., y ya en la sierra de Credos, se encueatra el puerto del Pico al que en la paramera de Avila, por que sigue la divisoria según antes hemos dicho, corresponde el puerto de Menga en el camino de Avila á Talavera. £n el valle de Amblés que re* corre este camino desde Avila, no se presentan dtficuludes por ser llano y cubierto de puebleciUos« pe* re desde el paso de la divisoria el terreno es esoabivH
sísimo y muy peligroso por lo propio que es para sorpresas ; emboscadas. Donde se hace verdadera* mente intransitable es en el barranco de Mombdtiaii que se baila euülado por el castillo antiguo del mismo nombre, que en la guerra de la Independencia eaUi* vo guarnecido por los franceses, y puede mantener, aun ahora, con muy poco trabajo, una regular guarnición y bastante artillería con que puede hacerse ¡oiposible el paso del camino. Este es en general malo como lo es el del Puerto de Tornavacas entre el Bav* 00 de Avila y Plasencia que le sucede al O»
k estos puertos sigue en la sierra de Gredoe el Je Baños en el antigua camino romano de Salanuum á Mérida, que hoy, á pesar de no tener buenas condiciones de viabilidad, es la comunicación mas im** portante entre las que unen aquella provincia eoa. £streaiadura. Stt distancia de la frontera y la menor;
ViaUitMi: ÜCUi>¿-.\ TAI.
tta de recuim harán siempre preferible este paso
al de Perales, próximo á Portugal y en un pais des* ^ habitado v pobre«
El puerto de DaFios, estrecho y áspero desfilada- 10 de rocas i^cii dedefender« se halla en la sierra de Bejar que rota por el Alagon se liga á b de Gata en díRccioa de E. á 0. Mo salva* pues, la divisoria de aguas qoe desde el arranque de aquella sierra te dirigp al íN» por el cerro del Trampal á Pefia GudiQSt formando el recodo que observamos anteriormeotet
asi que ademas y antes del puerto necesita el caniiaa de Salamanca á Plasencia salvar la divisoria por uno de varios pasos bajos que ofrece el ^calon hácia e\ Tajo que por alli forma.
Todas las peripecias de la campana de 1809 en el Tajo, de que uno, y el mayor y md3 glorioso acciden? te, fué la batalla de Talayera, tuvieron su causa ea li
ocupación alternada del puerto de Baílos. Mientras el marqués del Reino se mantuvo en él, el ejército angio» español nada tenia que temer por parte del mariscal Sottlt que, reuniendo el mando de los cuerpos de o¡éé^ cito de Mortier y de Ney, se preparaba en Salamaoci I caer sobre la retaguardia de Cuesta y lord We*» llington que en combinación con Venegas marchaba^
sobre Madrid remontando el Tajo. Las tropas aliadas podian, pues, perseguir ¿ las francesas tras la jornada de Talavera, si en lugar de solo cuatro batallones hu» lúera tenido el marqués del Reino fuerzas sutícientes pva defender so puesto. Ya se pensó en reforzarlo
8S OAPITOLÚ IT*
eon la división Bassecourt; pero llegó caando ym
Mortier habia forzado el paso y bajaba á Plasencia donde peosó lord WelUngtoa combatir á Soult; no haciéndolo por temor á quedar entre eate mariscal f el rey José y Víctor que voiviau á tomar el desquita de Taiavera.
El c(){nl>ate de Baños donde^ dice un escritor fraiK cés bástante citado en esta obrat el vahr fnmek for*
zó uno de los mas temibles pasos en que se haya intrnlc^ do detenerlo^ no fué mas que lo que puede coocebirse entre cuatro batallones, por valientes que fueran y bien dirigidos que estuviesen, y el cuerpo de ejér* dto que mandaba Mortier seguido de los de Soutt í Ney.
En ia sierra de Gata se encuentra el puerto de
Perales en el camino de Ciudad-Uodrigo á Alcántara y Badajoz. Son tres los pasos de la cordillera; al del Acebo que es el mas próximo á la frontera y el mas difícil en todos sentidos; el de Gata de mucha incli* nación, pedregoso , desigual y de un carril soma» i mente estrecho; y entre los dos, el de Perales, mas miavOt terrizo y con mejor camino. Cual sea« sin embargo, y cuales las dificultades que se necesitan superar en el tránsito de la cordillera por esta parte se demuestran en la ligera relación que hicimos af desoí il)ir el paso de Junot de la cuenca del Duero á la del Tajo, en la que sufrió tantas escaseces y dejó una gran parte de sus tropas y de su artillería. A pesar de todo, no deja de tener importancia este ca*
¥BVnSNTB OCCIDENTAL*
fflÍAo por ser la línea de comunicación fronteriza de Im fortalezas de Badajoz , Alborquerque , Alcéntai*» y Ciudad-Rodrigo, y haber sido con el del puerto do Bifioa h t&iea constante de comunÍGacioD entre las Ancneocas, durante el tiempo en que el mariscal Marmont tuvo el mando del ejército de Portugal. Sos divMoQes estuvieron siempre pasando por lo» dos puertos según Lord WelUu^tün atacaba ¿ Ciudid-Rodrigo ó ¿ Badajoz.
Opuestamente á estos caminos hay también gUDoa en Portugal que salvan la divisoria y tienen CQBs estos la importancia natural de comunicado-
Des paralelas á la frontera. Son los mas intcresanlcs el que de las plazas de Almeida y Guarda, se dirige iQ»tello«Branco, salvando la eordillera entre Sabu* giiy Penamacor cerca de Meimáo y el que de Guardi va por Belmente á cruzar el Tajo por Villa- Velha» para serruir, paralelamente á la línea fronteriza, á Estremoz y Elvas» plazas opuestas á Badajoz en el Ouftdianii. Si el estado de estos caminos es malo, como ha sido hasta ahora el de la mayor par^ de los de Portugal, no por eso han dejado de representar VI papel importantísimo en nuestras luchas con él cecino reino, y csf^cialmenle en la guerra de la índopeodenciade 1808 á 1814, sirvieron á Loitl Welling* toa para veriBcar lasábia campaña que dió por resultado el brillante de tomar las plazas de Ciudad-Rodrigo yBédajoz, sin poderlo evitar Marmont nt Soult, si« toados en puntos estratégicos de la misma frontera.
W CAPITULO IT»
Repetímos que el estado de estos caminos comoei ile ios que salvan la corUiilera en Espaila por Baüos y Perales no es nada bueno; pero unos y otros fue»
ron recorridos aun por la arli Hería de campaña á costa de esfuerzos» habilitaciones y sacnúcios, y la de sitio que necesitaba Lord Wellington para el da Badajoz fué secretauieate reunida ea Abranles y rápidamente conducida por Estremoz y Elvas. La gran meseta culminante de la siena de la Estrella está también cruzada por un camino cerca de Manteigas; pero la aspereza de las faldas , particularmente la» meridionales que caen al Tajo, lo hacen intransitable para tropas cuya marcha« ademas, por aquellas soledades no puede tener objeto militar importante
Otro camino exista de Almeida á Lisboa que sal* va la divisoria entre Duero y Mondego por la sierra de la Malaya, unión de la Estrella con la de Aleoba« por el E. como por 0. lo es la de Busaco» y crur za lade Hondeo con Taj ) por Espinhal; pero tam» bien es muy malo» asi por el estado de su piso c<mqo por el territorio que atraviesa» Fué» sin embargo» objeto Se observación por parte de los franceses en la campana de 4810 á 1811.
Has al 0. existen vanos caminos cruzando la coi^
dillera que» como ya hemos hecho ver, es muy baja y ofrece de oonsiguiente infinidad de tránsitos ¿4
una cuenca á otra. El mas oriental es el que dé Goimbra se dirige á Saaiarem» salvando ladivisorial en la sierra de Anziáo por Junqueira» el cual á pe^
m de haber sido ocupado por los franceses ea 1810 no es de gran importancia ni ae halla en buen' e$* lado. Pero desde Lciria anaacan muchos caminos 4 llioaiar» Santarem, Alemquer y Lisboa, siendo los principales, sin embargo, las dos carreteras que desde lema van directaaiente á la capital; la mas orlen* W por Candieiros, Rio Mayor y Alemquer y la ocadeiikl por Ovidos y Torres-Vedras.
Im I en la campafia de 1386 , que tnvo n
triste desenlace en la ctiebre jornada de Aljubarro* Uf águió esta que salva después la divisoria en £n* xarn do Cayalhdros y Massena en 1810 , si bien la obs^ó como era natural balláudose tan próxima, iígiiió la otra , siendo el paso de h divisoria cerca de Piio-JIayor, teatro de combates parciales entro k caballera francesa mandada por el general Moqt*
bron, y la inglesa que iba protegiendo la retiradf de Lord Wellington á las líneas de iorres Yedras.
Hemos dicho que los tránsitos son fáciles por la ilepresioa de la cordillera^ lo cual demuestra también la dase de aquellos combates; asi que muy prudentemente no fueron sostenidos por el general ffig)és, que mucho tiempo antes tenia preparado §1 CWpo en que había de estrellarse el ardor francés.
Por fin, la sierra de Cintra se encuentra surcada de caminos que comunican la capital con las lindas poblaciones y casas de recreo que en aquella a^entea; salvándose, de consiguiente la cordillera por fliíl partes y sitios, fáciles, ¿menos y pintorescos, en*
M CAPITULO rr*
tre los que descuellan ios caminos de Hafra y CSntrt i Lisboa y Cascaes.
La coofíguracion especial de la sierra de Gerez ; sos ratnificactones, dividiendo las provincias de Entre Douro ó Miüho y de Traz-os-Montes, hace hayamos considerado como pertenecientes á la cuenca del lii«
fiólos ríos que, vertiendo sus aguas directamente al mar» al N. de la desembocadura del Duero» se hallan separados de él tan señaladamente» que no sin vio* lencia podrían ser iocluidos eu la región bidrográñca que constituye su considerable curso.
AI S. del Duero , por el contrario, existen el ¡mportantísimo curso del Moadego y otros bastante io* leresantes que reseOaremos circunstanciadamente en su lugar.
Nace el Duero en las faldas meridionales de los
Picos de LVbion; no en la la,c:una de es(c nii¿mo nombre que hemos dicho vierte ai Kajenita, sino en una humilde pero cristalina fuente á cu^s aguas se unen las varias vertientes de la sierra por encima del lugar de Duruelo (551 hab.) Su dirección desde alli es de N. 0. á S. E., y por Cobalcda (862 hab.) Salduero (206 fiab.) y los Molinos (221 hab.) Viouesa (794 hab.) y I^a Muedni en que tiene puentes que facilitan su paso»
n encerrado entre las montanas ibéricas y las qué constituyen la divisoria con el EbriUos, primer afluen*
le considerable de !a derecha que, naciendo al S. de fiuruelo , va paralelamente al Duero recogieodo á so ?ez otros arroyos que le'llegan por los barraucos que cortan aquella elevadisioia planicie. Por su izquierda y en Viouesa, antes de su confluencia con el Ebríllost
recibe el Duero el rio Rcvinuesa que baja de N. á S. de laLaguna líegra en la parteorieotal.de los Picos do Drbion por un terreno áspero y salvage, con mucho» pinos, para cuya sierra ejusten en las cercanías algi^ nos artefactos movidos por las aguas del Duero.
Sigue éste después á Vilviestre de los Nabus (90 hab.}, Hinojosa de la Sierra (167 bab.) y Garray (284 hab.j, donde también hay puentes, siendo el de Garray anchuroso y dilatado para abrazar al Duero y «1 lera antes de su confluencia, que se verifica al pié déla colina sustentáculo de Numancia , krror de Rwm, gloria y prez de Espalla. El lera nace en el puerto de Piqueras y corre deN. áS. acompañado de la carretera que de LogroHo á Soria salva el sistema ibéneo en aquel punto , por un terreno áspero en ua principio, aun cuando interrumpido casi perpendí • colarmente por ei«valle de Valdeavellano , cuyos va^.
nos pucblecillos riega el rio Razón, que paralelamente al Duero baja de la cordillera á reunírsele en Es^' pejo por bajo de Tera (188 hab.) Después se abre paso el Tera en un terreno mas suave por Chabaler (iSa hab.) y Xardesillas (115hab.)> y alíuyc al Duero
Wa tal abuDdancia de aguas , particularmente en laa avenidas , que ha sido neéesario construir un grande y sólido dique para evitar la reunión rápida de los líos ríos y la inundación consiguiente de Garray*
Poco distante de este lugar , y al ¡jiq aiisnio tam* bien de Mumancia , se une ai Duero por su orilla iz» quierda el rio MoRigon, cruzado antií^uatnente por la via romana que de Zaragoza se dirigía á aquella for« taleza por Agreda, rio cuyo nacimiento se halla cérea de Castilfrio , entre Sierra Alba y Sien a de iioncala, en la divisoria general. En la misma dirección que el Tera, desde su confluencia, sigue el Duero de N. áS. por entre altos cerros, ó mas bien, abriendo su cauce profundamente en aquellos áridos y tristes páramos, •os mas elevados de la Península, á cuyo resguardo y 3u ua collado desigual asienta en la orHa derecha la ciudad de Soria (5,001 hab.), capital déla provincia. Ki su población, ni su riqueza , ni la fortaleza de sus viejos muros, darían importancia á Soria si su privilegiada situación geográfica no atrajera hácia su locali* dadá GuantosejárciCds intenten el dominio del interior hoy facilitado, al mismo tiempo que su defensa, por las comunicaciones con Logroño , Pamplona , Zarap goaca, Madrid , Valladolid y Burgos»
Destruida iNumanciat que tanto influjo había ejercido en la conquista romana, y aun después en la
gótica y alárabe , Soria principió á sustituirla desde su repoblación; siendo ante Aragón y k favor da su grandioso alcázar, un antemural de Castilla y el laso
TE&TIBNTE Oí:cn>E?fTAU 99
de unión y de relaciones de ambas monarquías. En la guerra desucesioa de principios del siglo pasado, r^ireseotó el papel que le hemos designado en opc* raciones defensivas, acogiéndose á Soria Felipe V tras la derrota de Zaragoza , y reuniendo los restos de su fugitivo ejército; y por fin en la de la [n(Jo[)ondencia filé mantenida por los franceses» cuyos mas acreditadúseBcriCores militares la han dado siempre una grande importancia.
Gootínuando en la dirección N« S. que trae desde
Garray, el Duero que por bajo del magnífico y tor* reacfe puente de Soria podría empezar á ser navega* Ue, según datos que mas adelante manifestaremos, desciende encajonado, apareciendo desde sus orillas Mbo si se deslizara entre elevadas montaOas, y desde estas como si lo hiciese por un barranco anchurosa abierto como los de sus afluentes en la gran meseta superior de 900 á 1,000 metros de altura, y oíd desnuda de árboles que templen el rigor de los vitttos de la cordillera , cubierta de nieve una gran parte del año , y desprovista de población y de cultm eséepto en sus angostísimos y poco fértiles va-> lies. Solo aparece despejado por su orilla izquierda ea el campo de Gomara, circunscrito al E. por el Rítaerto, rio que, naciendo en la sierra del Almuerzo, t^ja por las faldas occidentales de la del Madero, «raado en su curso superior por la carretera de Pamplona, á rcLar las campiñas de Aldealpozo (210 habitantes), Tajabuerce (165 bab.)» Jaray (177 bab.)t
GAVfTDLQ IT*
Almenar (4G6 bab.)» Torralba (38C bab.). Tejado (278 hab.) , Bo&ices'y otras varias poblaciones por sí 4 pormedio de los pequeños aQuentes suyos, procodeo* tesen su mayor parte,' de la cresta próxima del sistema ibcrico. Es muy exiguo el caudal del Rituerto; pero aun lo es mucbo mas el de otros riacbuelos que por bajo de la coofluencia de aquel vao á rendir el tributo de sus aguas al Duero antes de Aimazan , distinguiéndose entre ellos el río Verde, que desde Camparailon (16G hab.) , Navalcaballo (34t bab.), y Lúvia (213 bab.), baja é unírsele por la derecba Junto á la granja de Velacba , por encima de Viana (201 hab.), pueblo que se encucutra uu puco apartado en la orilla opuesta.
Por Alinazan {2,3511iab.), población donde se cruzan las mismas comunicaciones que en Soria, ó bijuelas suyas, marcha el Duero , como en los 48 kil. que recorre desde la capital de la provincia, no muy abundante de aguas en verano ; pero unidas y encerradas en un cauce estrecho y liondo, constituyen una especie de canal con muchos vados, ciertamente, pero que aun asi da importancia y no pequeña al citado puente de Soria y al de Aimazan, á pesar de losdeterioros que le hacen snfrír las avenidas, cuya fuerza suele dirigirse contra los estreñios, débiles de suyo. Ni bastan á aumentar el caudal del Duero , los ría* chuelos que á él se unen, pues por la «calidad de la tierra y el poco caudal de éstos, apenas llegan á coau pensar las ñltraciones y evaporación que esperimen^
VBEIBUm OGCIDSt^Ati. ,87
ti m aquel árido territorio* Ni el arroyo Moroa , qop ifioye por bajo de Almazan, procedente de Adradas
(200 üab.), Cabanillas (137 hab.), Morón (729 hab.), yViüalba (96 hab.) en las faldas occidentaies de la cordillera Ibérica, ni el Escalóte, que desemboca junto al|)u6ttie de Ullan reuniendo desde Barcones las agu^s A los altos de Radona (387 hab.), Romanillos (512 iui).), y Barahona (619 hab.) en el arranque de la eonfiDara Garpetana para descender por Villasayas (r^Oí) hab.), Cihuoh (474 hab.), y el famoso señorío defierlanga (1,802 hab.), de propiedad primitiva de nuGátro Cid Caü^jcador, y ahora de los duques de ^rías, ni varios obx» afluentes intermedios, son im* portantes por su caudal , como que caen inmediata* Bieaie al Duero de la divisoria general muy próxima á este río. Sucede otro tanto con los afluentes de la ifeiedia , pues el Izáua y el Andalúz que descienden <fe la sierra de Hinodejo para desembocar en Santa María del Prado y cu el puente Andalúz (194 hab.), agua arriba del de lUlaa, son de muy corto curso .y
escasísimo caudal.
Solo pasado Gormaz (178 hab.), donde el Duero varia la dirección de E. á O. que lleva desde Alma* 2an para cambiar un poco al N. 0. después deba» Jttr un violento recodo á que le obliga el monote de la Atalaya, al N. O. de la villa, recibe {N>r la derecha on rio que ofrece algún interés. Este «íel llcero, que teniendo sus fuentes no muy distante de las del núsiXíQ Duexo. desciendo do á S. reo mo tu I
CJlPIXtLO IT.
tamente por San Leonardo (740 hab.), Ucero (241* liab.), Valdemaluque (255 bab.), Barcevalejo .babttantes)rBurgo de Osma (2,607 hab.)« la ciudadde Osma (850 hab.), y la Olmeda» encerrado general* :ineDte.ea un valle áspero y angosto, abierto solo pofr la orilla izquierda á los ríos Avioa y Sequillo.
El Avión « por cuyas márgenes sube la carreten de Vallacloüd á Arap:on desde el puente del Burjo bácia Soria , en cuya vecindad al 0. nace el rio , as célebre por haber tenido lugar en sus orillas la para siempre memorable batalla que dio lugar á que ua génio maléfico que aparecía junto á Córdoba* cantan lúgubremeate aquel doliente quejido:
En Calntanazor Almanzor Perdió el tambor*
La oscuridad respecto al número de contendieiK
tes de uüü y otro campo, asi como la de sus movimientos anteriores ¿ la batalla » nos . impiden haoer observaciones que después de todo, por estas circunstancias y las del estado de las armas en aquella época, no serian muy instructivas encerradas en «I estrecho circulo de un combate; pero el ser es4e efecto de la tan raras veces verificada unión deloée^* panoles todos, divididos en reinos diferentes, hace hayamos considerado digno de mención el de Galaift» Ilazor donde se eclipso la eslrella del valcioso hadjdi
^lITlItlfTB OOdD&NTAL. 0^
(p^ dorante veinte y cinco afios y con cincuenta gran«
des victorir.s habia reducido á los cristianos casi á los iímites del principio de la reconquista. Hn Galat'inazor filé por primera vez vencido, aquel terrible adalid que tuvo que retirarse por el puente del Andaluz, ya citado, siendo tan sumos el abatimiento y desconsuelo § lyos que pereció en el camino de Mcdinaceli donde fuéenierrario con el polvo glorioso de sus batallas.
Desde la confluencia del Ucero con el Duero, sU gue este al N. 0. siempre encauzado profundamente 7 recibiendo por ambas orillas riachuelos insignificantes, secos la mayor parte en veiviau, y «abriéndose paso, por los barrancos y grietas de aquel ando territorio, rara vez salpicado de algunos encinares ó bosques de pinos, ó de la vegetación raquítica de sus orillas, no derivándose las aguas del Duero para el riego y solo sí para algunos molinos harineros.
En San Estéban de G^rmaz (1,118 bab.) existe un soberbio puente de sillería y á corta distancia agua abajo, en Soto de San Estéban (343 hab.), se le une r or la derecha el rio Rejas que desciende de N. á & por Berzosa (489 hab.) y Rejas de San E.^icbaíi (474 hab.), y por la izquierda el rio Pedro que, desde el Manadero al pie de la sierra de Pela, bajafei tilizarido la campiña da Reboilosa y ios pueblos de Torraüo, FuenLecambron ^nOhab] yPeQalba (390 hab.) Otros ríos van reunién- (lósele después en los puentes de Langa (1,050 hab.) La Vid, Vadocondes (1,015 hab.) y Aranda de Duero {S,Ü17 hab); pciu todos son ¡nsigniíicantes si se e&-
4U0 CAPULLO iV.
ceptoa el Aranditla que desciende de N. B. á S. 0.
desde Huerta dei Rey y unido al Pilde, que riega á Pefiaranda de Duero (1,226 hab.), desemboca pork orilla derecha en el Duero junto al mismo Arauda. Esta población diataote de Almazan 169 kiiómeUtss por el thalweg del Duero es muy interesante por sj puente* que« como es sabido, da paso ¿ la carretera general de Francia á Madrid, cruzando un terreno que Bory de Saint-Viceot se detieoe en describir de esta manera. aNo?e encuentran recursos para un ejérjocito numeroso en elcoia/on de esta siniestra esteaMon de mesetas elevadas á la austera y fría región ))cle las nubes, que es necesario atravesar para llegar »á ta cordillera Carpelo-Vetónica; la campiña está Mili desnuda, desierta y seca; valles embarrancados, »la profundidad de torrentes empobrecidos, muy dis* litantes unos de otros, parecen querer sumir alguo «hilo de agua en las pruíuadidadcs de la tierra. El •viajero lanzando á lo lejos miradas inquietas, ínter* •rogandoel espacio para pre.i^uníarle en que dirección Mculta el país algún recurso contra la sed, no encueoatra indicio alguno, y cuando después de haber erDrado en todos sentidos por aquella inmensa llanura «llega á la orilla de algún arroyuelo, se encuentra en »el escarpequeaun le separa de él, y si conserva fuer- «zas para descender, casi nunca lleva á sus lábios »nins que a.mia salobre. Des.s^raciado el oíicial de lís- «tado mayor que solo, y auo coa escolta, tiene que «atravesar aquellas sal vages estepas. Visto de lejos por
tías guerrillas ocultas ca el íüqJo de los barrancos es nprisiOíiado tan pronto como visto; porque las UanuBras tienen el incün\ (jinYMito para los que no se acomupafiao de muchas fuerzas, de que uo encuentran labrigo alguno al ser perseguidos. Después de haber Korhdo cuanto lo permitan la fuerza y la velocidad tde su caballo, el fugitivo se encuentra detenido por lalguna barrancada que no puede salvar y cuyaexisitSDcianiauQ sospechaba^ ¡Cuántos valientes no han •perecido así, y sin que la noticia de su muerte haA ya siquiera llegado á aquellos á quienes interesabai iBilOB mismos obstáculos que han detenido y como aprisionado á la víctima en medio de la llanura, non perfectamente conocidos por loa guerrilleros; landando por su fondo como poruña trinchera, en- •cuentran en ellos un retiro seguro y los medios da «aoogerse repentinamente sin ser visto hasta las mon* atañas, si por casualidad fuesen á su vez pen»e« ignidos.»
Apenas se encuentra en todo este territorio que cruza la carretera general» mas vegetacioa que la de he sembrados de las cañadas y valles en que corre alguna agua» rarísimos donde ia del cielo se desliza jm tas quiebras y barrancos que las llevan temporalmente á alí^un que otro riachuelo de los que helaos ido describiendo, secos también en verano, y so* W en las tierras mas elevadas y mas próximas á las sierras que constituyen la divisoria general» se en« oMlran arbdados sostenidos con ia humedad que
4M CAPITULO I?«
las nieves del invierno mantienen una parte áé^ año.
Una gran parte de la importancia de Aranda con* siste también en que parlen de la población, ;y en general del puente, varías comunicaciones divergentes ¿ puntos de interés sumo en operaciones ofensivas hácia la capital de la monarquía. Situado en Aranda UD ejército que se dirija á ésta, puede observar efi-
cazuiente h Soria y Valladolid á sus flancos con buenos caminos por los que trasladarse instantáneamente perlas orillas del Duero; al S. O. comunica con Se* púlveda y Segovia en la dirección de los puertos de Navacerrada y Guadarrama; á su frente, esto es, ais., amcna/a c! paso á Soniosicrra y tiene á su retaguardia una carretera fácil, cómoda y despejada por Lerma y Burgos, sus puntos de apoyo y de depósito.
Por el contrario, un ejército espáfiol en Aranda
mantiene solo con su presencia las dos capitales cié provincia arriba citadas de Valladolid y Soria, y de seguro no hubiera Napoleón en 1808 emprendido el movimiento dci mariscal Ney para caer sobre la re- ' taguardia de Castaños en Tudela ó Cascante ó al menos para cortarle la haca de retirada por Aí^reda ú Calatayud, si nuestros compatriotas se hubieran hallado en él caso de sostener la posición de Aranda de Duero. No era posible hacerlo después de derrotadoSf como habian sido, los ejércitos de la izquierda y de reserva, el primero en Espinosa y el segundo en Ga* moñal; pero en distintas circunstancias; en una guer-
xa mas oietódica que aquella, coa direccíoD masacer* tada y resistencia mas organizada, la posición de Araoda ofrece las ventajas que acabamos de seüalar y evita loe inconvenientes á qae da lugar su posesión por el invasor y que Ik nios indic ado también.
Desde Aranda varia mucho el aspecto del terre* 00. Asi como la cuenca general se ensancha saliendo de los estrechos límites en que la tiene encerrada el sistema ibérico y la cordillera Carpctana en el recodo que ocupa la provincia de Soria, alcanzando á su salida de esta una estensioo considerable en el sentiddo del meridiano, asi también el rio saliendo de aque eocierro, abre mas su álveo, y sibienno ayuda alriego de las tierras marcha menos encauzado por llanuras fértiles y bastante animadas. No se encuentra en ellas esa vegetación forestal que tanto hermosea un pais; pero el cultivo de las tierras próximas al río j de ias colinas inmediatas cubiertas de viñedos, daa ea adelante al valle del Duero un aspecto menos trate y monótono que en la parte superior.
En Roa (2,861 hab«), villa insigne en la edad medía; tristemente memorable al terminar esta por la iBuerte del cardenal Cisneros, uno de los varones mas insignes de la patría, y recientemente por el martirio del Empecinado, uno de los héroes de nuestra independencia, adalid fogoso de la libertad civH, la campiña es rica y pintoresca, aun cuando contribuye á - eUo, mas que el beneücio del Duero, el del río ñiaza ifMñ desemboca frente al escarpado en que asienta la
t04 GAPtTVLO IT*
población y juato al pueote que la uoe ¿ la orifla is» quíeida.
El líinza se forma de varios manantiales al S« á doa kil. de ñiofrio (430 hab.) y al pie del Puerto de Quesera al B. de el del Cardóse. Lamiendo bs faldas occidentales de la Peña-Negra en que se en* cuentra el sitio llamado de las Tres Sillas, por ser el punto de contacto de los obispados de Segovia, Síguenza y Toledo, se dirige al N. hasta Riaza (3,077 habitantes), y después al N. E. por Gomez-Navarro, Cincovillas, Ribota (259 hab.) y Saldafia (193 hab.) basta Languilla (338 hab.) donde por la misma orilia derecha en que asienta esta población, afluye el Aylten que, COQ el nombre de rio Grado, baja de una fuente á dos kil. del luí>ar del mismo título (310 hab,) por Santibaaez de Ayllon (670 hab.), Estebanveia (442 hab.) y Ayllon (935 hab.) hasta su confluencia con el Riaza por entre cerros ásperos que se despren^ den de la cordillera en la parte que también lleva el nombre de sierra de Ayllon.
Desde Languilla, el Riaza cambia al N. O. por entre lomas del carácter mismo que el terreno del Duero superior á Aranda, y por Aldealeogua (227 hab.) y Maderuelo (621 hab.) donde recibe una porción de arroyos insignificantes por la orilla izquierda, procedentes de Fresnedo Gaotespíno (443 hab.), Aldea Nueva del Monte (183 hab.), Boiciiimel (283 hab.) y Campo (263 hab.), pueblos todos de la proviocíii de Segovia cerca ya del confio con Soria, baja por uíi
TBBTISNTB OCCIDENTAL» 40^
lerreoo árido donde asientan Linares (208 hab.), MoQ« kfi (340 hab.) i Milagros (615 bab.) salvado aqm por la carretera general de Francia en un pequeño {Hieate. l^or ün, fertilizando ya algunos trozos de tmao, corre en la misma direccional N. 0. por Tor^ r^aüflda (316 bab.) basta que dividido en dos braWfie deqnies vuelven á reunirse en un mismo le* cbo, ríega la campiña de Roa al desembocar en el
fot bajo de Roa, en San Martin de Rubiales (1,038 habitantes)» donde existe un mal puente en el con* fio de la provincia de Búrgos, hace el Duero uti recodo al S. obligado por una línea de colinas que dttda las orillas del Esgueba» al N. de Roa, viene en dirección meridional delineando el límite de las pramdas de Búi^os y Valladolid. AUi y después porCimel (531 hab.) y Pesquera (1,027 hab.), el buero recibe varios riachuelos nada importantes y «eres de Padilla (387 hab.) , que asienta en la orilla izquierda, el rio Duratoii, que como el Riaza y casi iodoslos afluentes del Duero, bajan á él formando ánjulos agudos.
£1 Duraton tiene sus fuentes al pie del puerto de
SwKKierra y se dirige al principio al N. por Siguero ^17 nab.), Duruelo (231 hab) y Duraton (284 bab.) littta Sepúl veda (1,920 hab.) en cuyo trayecto recoce varios arroyos que como él descienden de la Corditten Carpetana, unos al E« y otros al O. de Somo- ^erra; los primeros, ailuentes de la derecha, y losde*
405 CAPITULO m
mas de la izquierda. Ea Sepúlveda, villa importante-
¿ma en el tiempode la reconquista, y donde ea 18üS sufrió un pequero revés ea ua ataque disfrazado por Tbíers con el nombre de reconocimiento, la vanguardia del grande ejército de Napoleón dirigida likia aquella parte por el general Savary, el Duraton corre de C. á 0. paradespuesen Gasablanca cambiar al N. O, de nuevo y por Burgomillodo, Carrascal del liio (412 habitantes.), Fuentidueña (327 bab.] y las faldas dd cerro en que asientan la villa niuraJa y el castillo de Peñafíel (3,467 bab.) ir, tras un curso de 83 kü.. siempre vadeable, á rendir su caudal al Duero un poco mas abajo de donde lo hace el Botijas proco* dente de Gastrillo (645 bab.) y Hélida (286 bab.) en la misíiKi orilla izquierda.
Continua el Duero en la misma dirección occidental que generalmente tiene en la mayor parte de su curso, por un valle cada vez mas suave y fértil eo que asientan junto á sus aguas, Valbuena (558 bab.) en la orilla dereclia yQuintanilia de Abajo (959 bab.) en la izquierda, unida esta, última población á la de
Olivares por un buen puente por donde cruza el Duero la carretera de Valladolid á Peaatlel y Aranda. Sigue lu^o este rio á Tudela de Duero (2,377 bab.), coya mayor parte circunda con sus aguas, á la$ que se unen las del Jaramiel que entre Esgueva y Duero viene de aquella línea de colinas que dijimos íermi» naba en San Martin de ilubiales, por Villavaquerin (471 bab.) y Villabánez (840 bab.]. A 10 kiL
▼BBnE!<fTB OCCIDENTAL»
de Tudela y 5 de Herrera de Duero, que asienta ea orilla izquierda, se eocueatra Puente-Duero en la
comunicación general de Vtilladchid á Muirid, y poco SDtes afluye por la izquierda el rio Cega, que como d Zapanliel, puede considerarse perteneciente á la cueaca del Eresma y Adaja, primeros aíluentes conáderables del Duero por su márgen izquierda, como d Pisuerga puede tomarse por el priaiero de la derecha.
A pesar de tener el ánimo deliberado de seguir ea ia descripción del Duero un sistema semejante al qoe obsei^amos en la del Ebro, haciendo conocer detaliadamente cada una de las uaeas militares que teAalan sus afluentes mas importantes, nos hemos aparUido en al^o de la marcha que en aquel capítulo iaauguramos, porque alli la cuenca del Ebro podia OQosiderarse como el total de ia vertiente á que sirve de base, y la del Duero, aunque vasta é interesante, no 68 mas que una parte de la Vertiente Occidental
taii anchurosa y varia.
Hemos resecado, pues, la zona superior con la OMna detención que usamos en todo nuestro trabajo para no volver á ella y empezar nuestras observaciowm parciales de las cuencas secundarías y dependientes del Duero después de esplicar sus relaciones con el curso general de sus aguas. Contrariamente» ádemas, á lo que hicimos en el capítulo II, pero por %pales razones, en la cuenca del Duero, describiremos ks afluentes de la derecha antes que los de la '
408 CAUTCILOIV*
izquierda, pues que conocido todo el ierreno que so | hiüla en contacto con el que ellos recorren, annqua separado por notables divisorias de aguas, como es el de la Vertiente Oriental en su origen y el de k Septentrional y región del Miño después, podemoi mas fácilaiente ir formando el enlace que imperiosamente requieren los estudios geográficos. Aíbí qoe h ' cuenca del Pisuerga será ia ¿^l uuera que ¿je aueslit atención.
A 10 ó 12 kilómetros de Puente-Duero tiene lugar ia confluencia del Duero con el Pisuerga y coa al Adaja y Eresma, procedentes de regiones opuestas; et primero, de los Pirineos Oceánicos en el arranque del sistema ibérico, y los otros dos, de la cordillefi GarpetO'Vetónica en su parte central, en la unión de | las sierras de Guadarrama y de Gredos, formando
éntrelas dos meneas opuestas una línea de coiUinui* dad que es una de las militares de comunicación p»» ra et invasor que desde las Provincias Yaacoogadas haya de dirigirse á Madrid.
La grande altura de las mesetas centrales , supe* rior en la cuenca del Duero á las demás que componen la Vertiente Occidental , y la circunstancia de hallarse repartida la pendiente general al Océano eo aquellos grandes escalones á que repetidamente he** mos aludido , hace que el Duero tenga una corríaoCe rápida en general» y que contrariamente á lo que floceáe en la- mayor parte de los nos , sea mas suave en la ¿una superior que en las inferiores. Por otr^
VLilil£.Mlv OU:U>£MTAL. 409
parte, la m^íjor altdhi de la cordiHera pirenéica rea*
pedo á la CarpetoVciúoica , da una pendiente mas proDoaciada hácia el S. que h&cia el y en las márgenes del Duero se encuentran estas dos opuestas en coodicioDes desiguales , por lo que la márgea derecba , esto es , la septentrícoal , aparece mucho mas ' elevada que ia meridional, douiiaandoia considera* idamente. Esta circonstaDcia se hace mas notable eD
, la parte que recorre el Duero entre ValladuliJ y Za- • ■ora, como mas próxima á los Pirioeos Asturiaoos, . iMm elevación general de la Península, según di- ' jimos al describirla.
/ En este trayecto el Duero continúa en su direo
: don al O. basta encontrarse en Caslro-Ladn nes con : ^osl lomo en que dijimos descollaban las cimas de l^adouro, que le obliga á inclinarse alS.O. después da haber recibido por la orilla derecha el Valderaámj y el Esla, procedentes del Pirineo, y por la izquierda los rios Zarpardiel y Trabáncos y varios |Otros menos considerables que descienden de las lí- 'nessde colinas y eminencias que, dividiendo á aquellos en sus arranques de las cordilleras, constituyen después el terreno central de la cuenca.
Asientan en esta parte Tordesillas, Turo y Zaj mm, puntos ímffortantísímos, como veremos mas /adetaote: el primero en la comunicación general \ Galicia; el segundo por su feracísima campi* i: Hf y el tercero por su posición entre Calicta y SaUoiauca fronlcriza con iurtui^al , á la que esú
4I(^ ' CAPITULO
de conttauo aincoazando en sus Jotradas p(H*elNo £''¡ Ya el Duero corre invadeable y solo por pocos pontos puede verificarse su paso, siendo e^tos por mismo interesantísinnos y objetivos de operaciones
que no dejaix laos pasar desapercibidas en luaaroportuno. Pero donde el Duero pgr su pendiente y por ia rapidez de sus aguas , que reciben nuevo y poderoso ijTi])u!so de las abundantes con que enriquece su caudal el Esia, asi como por ir encerrado en un profuod» y áspero barranco, sin poblaciones importantes ea sus orillas , se presenta como un obstáculo poderosa á que no contribuye poco el carácter y configuracioa de la sierra de Mogadouro, es en la parte en que corare de N. E. á S. O. entre Gastro^Ladrones y la Barca da Alba, espacio en que separa las dos monarquías, con una dominación notable de la portuguesa sobre la castellana. Por eso los afluentes de la derecha son completamente insigniücantes » y los puntos que ea la mi^ma orilla asientan están Ubres de a^resiootf generales por nuestra parte, asi como por el contrario , el Tórmes , el Yéltes y el Agueda » abriéndose paso desde los montes Carpctanos por mesetas suaves y no faltas de riqueza, han sido teatro de un grsft número de acontecimientos de que ha estado pea» diente muchas veces la suerte de toda la Peníjisula. Por eso Ciudad-Rodrigo es considerada con rasoi como una de las puertas de España por el O. , compartiendo su importancia con Badajoz, que es Ja otnif como son por las que puede herirse á Portugal ; aa
VERTIENTE OCCIDENTAL. 414
por lás Ifti^ hidrográficas en que se encuentran,
fiiaopor las comunicaciones que permite la condición oográfica de la cocnca del Tajo intermedia entre
aquellas?. fniUil de todo punto esbuscarpaso por aqucIk angostura de rocas y precipicios horribles por que m éeAin impetuoso y arroDador el Duero , sin mas puentes que una las dos orillas que algún tosco Midácto de cuerdas por donde cruzan los hombres
conducidos en alcun saco ó cajón sobro el profundo y Augidor báratro con peligro y terror sumos. Solo cu h desembocadura del Tórmes se presenta un espacio descubierto que contrasta con el aspecto de upei horrible y dilatadísimo desfiladero , y aun alli las aguas corren con tal precipitación, que tardan en eoa&indirse las del Tórmes con las del Duero , marcndo la diferencia de colores las de los dos rios.
BlVilbestre, entre las desembocaduras del Tórmes y del Agueda^ empieza el Duero á ser navegable» sal- ■vados alí^unos saltos naturales de las a^^uas que vencen sin duda uno de los escalones que se van levantado desde el Océano á las mesetas centrales , los (pie unidos á la rapidez y pendiente de las aguas supriores y á las rocas que obstruyen su corriente, harán difícil la navegación hácia el interior sin grandii trabajos hidráulicos. No se crea por esto que la Megacicn en Portugal sea fácil, piies , por el contra* no ) no habiéndose hecho todas las obras que se neMitán para que sea cómoda; se halla entorpecida presas mal coiii>lruidas, rocas» á pesar do haber*
4 41 CAPITULO IV»
se volado las de San Juan de Pesqueira por la com» ¡ pafiía de vinos del alto Duero i y obstáculos de toda naturaleza que, esceptuando en los grandes ríos eoa* tinentales , ofrecen siempre las aguas que se deslizan por territorios montuosos como es el peninsular* A¿ que el comercio qus se hace por esta vía es muy cortOt é insignificante el de los que pudiéranse Uamar puertos de Fregencda é Ilinojosa, que tacen todo el tráfico respecto á EspaSa.
Desde aqui el Duero vuelve i su direcdon genoral al 0. por un kcha aperlado, montanimo é romo^ü/oa, como dice un geógrafo portugu^, dividiendo las pro-'
vincias de Ti az-os-iloites y Entre Douro é Minbo de la Beira, y recibiendo las aguas de algunos ríos por sus dos orillas* Los principales afluentes He h dorocha son: ^
El rio Sabor t que desde cerca de la Puebla de Sanabria y pasando inmediato á Draganga descieoJc de K £• á O. á desembocar junto á MoncorbOt ¿ los 120 kil. de sus fuentes; el Tua que desde Lubi^ al pie de la sierra Segundera, baja próximamente d S, ¿ Mirandella, para ir después paralelamente al Si* bor á afluir en San Blaiiied á los 110 kil. de curso; el Pinbaon, de cortísimo trayecto é inmediato al Tua; el Corgo , de condiciones semejantes y que riega la campiña de Villa Real ; el Tamega que nace en la sierra de San Mamed en Galicia* riega el fértil valle de Moi^i fcrrey y Chavos, y faldeando las vertientes orienlaki iie la sierra de Blaraon cruza por Amarante para des-
. ...-..¿le
VEftTl£NTE OGCIDBNTAL. 4 43
el Duero ¿ 40 kil. de O^PortOt tras un
curso ae próximamente ; y por fía el Souza, que m b misma sierra mencionada baja por Pefiafiel á afluir cerca va de 0-Porto.
Los de la izquierda son , el Coa, que paralelo al Agueda desciende desde Sabugal en la unión de las «erras de Gata y de la Estrella , pasa eotre Almeida j Pinbel y rinde el tributo de sus aguas al Duero, cerca de Villa Nova de Foz Coa, á los 66 kil. de su «dgen;elTavora de 49 kil. de curso desde las inme*» discienes de Troácoso en la divisoria con el Mondejo basta un poco abajo de la villa deTavoraque leda ttoombre; y ol Paívaque sucede al Balsemáo, afluente iel Duero cer:a de la ciudad episcopal de Lamego, y <}ae desde la sierra de Lapa corre primero de £• á O. por Castro-Dayre en las comunicaciones de Viseu con Lamego y Oporto, é inclioaadose después al N. O. si* |BS al Duero á desembocar agua arriba del Tamega.
Por fin , el Duero pasa por la ciudad de Porto ú (KPorio, y poco mas al O. , da sus aguas al mar for^ mando con las arenas que arrastra en su impetuoso aaso una alta barra , muy difícil de salvar por los Mmeros&imos buques que entran en el rio para anclar eo las inmediaciones de aquel puerto, el segundo ^ importaDcía comercial de toda la monarquía por* iBguesa.
£1 curso total del Duero es de unos 892 kiU, da Its que 56 desde sus fuentes i Soria, 48 á Almazan,
169 á Aranda de Duero , 129 á la confluencia con d
fOM II. •
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III CAmULO IV.
Pteergdt 110 ¿ Zamora, 55 á Castro Ladronea , IIS
al Agueda y 208 cruzando el reino de Portugal hasta Ja da$embocadura en el Océano. En estos 892 kil a navegable en la estension de 228 basta la barca de Vübestre, y parece que podría serlo basta el mismo Soria, bien porsuledio mismo ó por canales lateraie» alternativamente, ya por buques de vapor, ya ála sirga , según la diferencia de localidad y naturalaa de las orillas
Gc;;::cA dbl pisubigju
Cierran la caenca del Pisuerga y sus aflueatai,
los límites mismos de la Vertiente Occidental, marcados al N. por el Piríneo entre Pelia*Príeta y las fuentes del Ebro, y al E. por la divisoria que señala el sistema ibérico desde su arranque hasta el de la sierra de la Umbría en la unión de la de Neíla coa los Picos deUrbion; al 0. un estribo muy elev^ QD SU origen en la Pefia de Espigúete, de 3,433 ma» tros de altura , y que separando las aguas del Bsh se dirige al S. por lomos suaves y páramos soiíit* rios á la llamada Tierra de Campos, interrumpida ii divisoria por el canal del mismo nombre que pone en comunicación el Sequillo con el Pisuerga ; y por fin al S. la mencionada sierra de la Umbría, la síarta Calva y un suave lomo 6 meseta que de E. a O
VERTIENTE OCCIOCNTAL* 145
va separando del Duero las aguas del Esgueba » ligado al N. de Aranda á la Unea de colinas que dijimos terminaba en San Martin de Rubiales.
Observamos al describir la cuenca general del Duero el carácter orográQco de los límites suyos en li parte también comprensiva de los del PisuergEt oolando la dirección de los estribos , perpendicular eaun principio á las cordilleras de que dependen, y ealaxándose después en sentido paralelo á ellas* cortados por los diversos afluentes que después do nlvar aquellos obstáculos recorren elevadas llanuras ibierias por las aguas en su continua caída y molimiento.
Aá f el Pisuerga que tiene sus fuentes próximas
i las del Ebro en las faldas opuestas á los páramos qos constituyen el arranque del sistema ibérico , formándose de varios arroyos encauzados en las aspensíj&as rocas que se desprenden de Sierras«Albas, fíeánb Luengas y Pena-Labra, se dirige perpendi*- colarmente al curso de aquel rio por el valle de Peraia, dnde se encuentran los signos de la unión de los estribos entre Rabanal de las Llantas y Rabanal de los GibiUeros. Pasa desde Redondo (439 hab.) , á cuya mmediacion nace , por San Salvador de Gantamuga (ÜÜ hab.), y Yafies (í219 hab.) , recorriendo un ier* ra» noy abrupto y cubierto en general de bosques eoD buenas maderas de construcción y prados en que i|ie iwfiefician ganados numerosos, una de las ríqueLzas del país, y presentando el terreno en su totali-
116 CAPITULO IV*
dad UQ carácter semejante «1 de las opuestas vertieD^ tes septentríoQ&leB del Pirineo en la Liébana.
Sigue luego el Pisuerga á Arbejal (305 hab.) y Cenreia de río Pisuerga (1,858 hab.), pero ya en di* reccion N. S. á causa de los ramales que arrancando de Rabanal de las Llantas se estienden al E. por la sierra del Pico , esparciéndose después mas suaves en varios Ionios abiertos á su vez por los numerosos afluentes de la derecha. Una de estas ramificaciones, la sieira de Tozande, que tiene su tér* mino en el Pico Almonja, al S. de Gervera, obliga al Pisuerga á dirigirse alli al E. por Rueda (113habítantcs], y Quintanaluengos (172 hab.), Salinas (458 hab.) , y Aguilar de Campo (1,637 bab.)f villa esta última que cruza la carretera de raíencia á Santander por Ganduela.
Poco mas ahajo, en Villaescusa de las Torres (162 hab.)i y al recibir por su izquierda laS aguas áá río Gamesa , que aumentado con las del RubagoA baja de los altos páramos divisorios con el Ebro, acompañado de la mencionada carretera por Mata* porquera (183 hab.), y Caiiduela (240 hab.) , se encuentra con algunos altos que constituyen la diviso* lia general entre el Océano y el Mediterráneo, y tuerce al S. de nuevo , entrándose por una estrechu* .ra áspera que llaman el Congosto.
Desembarazado después de ijs obstáculos que It^ han opuesto los ramales del Pirineo , y entrando ]^ Jui uu Iciicao uuc cada vez se va bacicadu ma»|
VERTIOTE OCQDEMAU 417
suave según vaa pasando las aguas por Olleros (159 habitantes) , Mabe (138 bab.) « y Becerril del Carpió (437 hab.), llega, siempre en la misma dirección N. S. qtie lleva hasta unírsele el Arianzon, á Nogales (382 hibitaates), y Alar del Bey (465 hab.), donde da par* le de su caudal al canal do Castilla.
Ya alii empiezan los altos llanos de la provincia dePálencia, solo montuosa en el partido de Cervera, yhsondabciones que se observan consisten en las qniebntt y escarpados que abren las aguas al des* ceoder al Pisuerga, que sefiala los limites con la proñda de Bürgos en su mayor parte , y riega las ve* gas de Herrera de río Pisiier;:;a (1,526 hab.), Ven* tea (537 hab.), Zarzosa de rio Pisuerga (260 hab.), &Bi Uorente de la Vega (266 hab.) , Melgar de FernamcDUl (2,435 hab.), Itero de In Vega (636 haixluites), é Itero del Castillo (393 hab.), Melgar de Yuso (536 hab.), Vülodre (269 hab.), Astudik (4,370 hab.), Villalaco (471 hab.), Cordovilb (I& hab.) , y otros varios pueblos menos importan* la hasta cerca de Torquemada.
En todo este espacio recibe el Pisuerga varios allueates no muy considerables por su caudal. Los 4 la derecha son, el Burejo, que desciende deles* htoio oriental de la sierra del Pico por Colmenares (152 hab.) , Olmos (226 hab.), Prádanos (1,717 ha-; Untes), la Vid de Ojeda (396 hab.), y Villabermuda(400 hab.), á dar sus aguas en Herrera de rio finasrgn ; el Boedo é rio de la Plata , que teniendo:
lis cApmoo rr.
wa Aieates^prózLtias á las del anterior, desdendo
p^r el valle de su mismo nombre á B¿ísconcs (399 habitaotes) f Oléa (177 hab.) , Calahorra de Boedo (449 hab.), y San Gárlos de Abanades, dcmdelo cruza el canal después de unido al rio Valdavia ó Abanados que, teniendo sus manantiales en uní cuenca poblada entre las sierras del Pico y del Breto» baja paralelamente al Boedo por el valle de Val-» davia en que asientan la Puebla de Valdavia (6S8 habitantes), Víllaeles (313 hab.) , Bárcena de Cam* pos (251 hab.) , y Osorno (1,091 hab.) ; y por fiOt los arroyos Valiarna y Astudillo, de cortísimo curso y escaso caudal, secos la mayor parte del alio.
Los afluentes de la izquierda son insignificantes por la circunstaacia ya enunciada do hallarse desde el Gamesa muy próxima la divisoria con el Ebro , y solo ya al separarse de esta el Pisuerga y por bajo de Melgar de Yuso , recibe el río Odra, que desos Fuente-Odra al pie del páramo de Val de Lucio, baja por Sandoval de la Reina (429 hab.) , á unirse ai Brulles procedente de Villadiego (933 hab.) , pan juntos seguir á Castrogcriz (2,124 hab.), y Pedrofid del Príncipe (670 hab.)
El Arlanzon. que nace en la Concha de Pineda, elevada meseta formada por los contrafuertes que lanza la cordillera ibérica al principiar á señalarse por la sierra de la Demanda , corre al principio alN. entre la citada Concha y la Trigaza , otra meseta semejante y opuesta á a^^uella. Ya en Urquíza (155 ha*
44»
bitaütes) , va al O. recogiendo las aguas de ios lla« mados Montes de Oca » que solo le ceden algunos .
arrojados insicn!!] cantes.
Las poblaciones por que pasa sout Arlaozon (519 habitantes) , IbÁis (307 hab.), Gardelia-Jimeno (909 ¿abitantes), ¿ iDoiediaciou de 6an Pedro de CardeBat enterramiento de los condes de Castilla « Gasta» fiares de Burgos (142 hab.) , y Burgos (23,488 ha» bitantes). Hasta llegar ¿ esta capital» cuya gran importancia en las operaciones militares hácía el Ebro hemos signi&cado detenidamente en otro capítulo» no recibe afluente alguno considerable « puesto que no puede calificarse de tal el rio Vena , que naciendo en los Montes de Oca baja por Santovénia (169 liabitanles) , Agés (376 hab.), y la célebre villa de Atapuerca (354 hab.) » ¿ regar el estrecho valle que taflAien recorre fai carretera general de Francia desde la Brújula» afluyendo al Arlanzon á la entrada de Burgos , después de recibir las escasas aguas del rio I'ico, que entre aquellos dos pasa por Gamonal (396 habitantes).
En este lugar y en el año de 1808 sucedió la baldía á que he r nos tenido ocasión de aludir varías ve* esSt entre el ejército deEstremadura mandado por el conde de Belveder y el cuerpo del mariscal Soult con b caballería de línea y ligera de los generalesBessie* resy Lasalle. No podia tardar en decidirse la acción coa tan desiguales fuerzas» pues aun estaba sin íncor* ftínx la tercera división del ejército que en su totaln
ISO CAPinuLO IV.
dad cutuaba con 18»000 hombres, y tan distiata dirección como la que supone la inesperiencia y juvan** tud del conde y la pericia de los franceses; asi que A combate de Gamonal no puede considerarse sino como la muestra de la resistencia que nuestros compatikH tas habian de oponer á las legiones que acababan üe domar el resto de la Europa en el continente
Desde Búrgos, donde existeu dos luagnilicospueQtes que unen la ciudad i su arrabal» sito en la orilla
izquierdci, el Arlaazon sigue de E. á 0. hasta la confluencia del rio Ubierna que desciende por la derecha deN. á S. del lugar de su mismo nombre (391 habitantes), ahí cambia al S. O. y se dirige á Frandovínez (380hab.)t Gábia (471 hab.). Celada del Gamino (3^9 hab.) y Pampliega (996 hab,) en cuyas cuatro poblaciones, célebre la última por haber sido mansión de Wamba despaes de su funesta tonsura, recibe el Arlanzon cuatro ailuentes los mas considerables de aquel pab; el Drbel y el Hormazuela, que lo son da la derecha, y descienden de N. á S* por valles bastante poblados 7 amenos á Fraodovínez y Celada del Caniiao, y el Gábia ó Ausin y el Cogollitos que de E. á O. y cruzados por la carretera de Búrgos á
Madrid van por Saldafia (208 hab.) y Villangómez (306 hab.), ¿ afluir al Arlanzon en Cábia y P&l** suelos junto 4 Pampliega (291 hab.)
Siempreen la misma dirección de N» £. á S« O., qo^ después sigue el Pisuerga hasta su unión con el Duero, y acompaflado de la carretera de Búrgos á Valla*
VBUTIENTS OCCIDENTAL* 4t4
driid y hoy del ferro-carril del Norte, el Arianzon ya
bastante caudalobü, aunque vadeable con írciucíicia, recorre ua valle llano y sin obstáculos, recibiendo perla oquierda, agua abajo de Villodrigo (308 habí* taates), el Arlynza, y uniéndose después junto á Torfmiada (2,840 hab.) ai Pisuerga.
El Arlanza que tiene sus fuentes, según ya hemos dicbo» en el arranque de la sierra de la Umbría, va en is carao general de E. á O. de 89 kil. , primero entre ks elevadas mesetas de Sierra Calva y la Canipifia pRioedentes de la sierra de Neila y su intrincado piaar, y después á Salas de los Infantes (984 hab.), cuyo poente rebasa á veces en las avenidas, para cortir h meseta de Garazo, separada ahora por las aguas de la sierra de Mamblas de Covarrubias que se unian Mtigoamenle á ella por Retuerta (603 hab.) yCovar* rabias (l,5o8 hab.) Desde aquí y desembarazado ya del sistema paralelo de montes que constituyen el
ibérico, y cuyo término se descubre en el Picón de Lara de que depende la sierra de Mamblas, el Arlan» a bsuffifite escaso aud de aguas, corre por un espado» valle íaito en general de arbolado y en que iáao*a la antigua víUa de Lerma ( 1,993 hab. ) sobre úíi poco elevado ccrru, ramificación de la citadi meseta de Carazo ó montes de Retuerta, de cuyas Udbs occidentales desciende el Carrevilla, arroyo in* significante que cruza la población y desagua junto á SQ puente en la carretera general de Búrgos á Madrid.
4i| CAMTI7L0 If,
Sigue luego el Arlanza á Tordómar (552 ii il)itantes), Torrepadre (323 hab.). Peral de ArlaDza(4S&ha-> Litantes) y Palenzuela (1,120 hab.) á cuya inmedia- i <uoa da sus aguas al Arlanzon meóos caudaloso en su confluencia que aquel, á pesar de ser tan poco im- .portaotes los afluentes que recibe, no siendo digoode ! mención mas que el rio Angel ó Cubillo, y esto por •ser» como el Cábia y el GogoIUtosi cruzado por k ^carretera entre Burgos y Lerma.
Unidos ya Pisuerga y Arlanzon, corren, como ho- |mos dicho, á los 74 kil* de curso de esle úlUoiOi al S. 0. por Reinóse (394 hab.), Magaz (738 habitan* tes), Tariego (550 hab.) y Dueñas donde se verifica | la reunión del Pisuerga, el Carrion y el Canal de Castilla, nías ali^un arroyo que afluye por la izquierda y que como el de Baltanás (2,593 hab.) se abre paso ¡ por los barrancos que accidentan la gran meseta que I c onstituye el territorio del partido. !
Esta circunstancia, así como la del paso de las carreteras y ferro-carriles de Burgos y Santander da á Dueiías (3,908 hab.) suma importancia, mocho mayor indudablemente que la que dieron en 1808 á Cabezón unos cuantos estudiantes desacordados y llenos de irreflexivo ardor.
El Carrion correen un principio precipitado y tor* tuoso por un inmenso barrancoqoe forman alo. varios estribos elevadísimos como son las Peñas de Espigúete, atalaya de lasprovinciasde Falencia, León, y Santender y el pico de Goravacas con su prodigic^o pozo.
jalEL la sierra de Brezo que accideüUda por ios rama* Ím que de ella ee desprenden para ligar el sistema de montanas paralelas á la cordillera pirenáica, se divido ais. O, como para atajar el curso de sus aguas, en Saa Jaso de Fuentes Divinas. Salvada la estrechura queaUi fcrmaQ la mencionada sierra del Brezo y el monte de Vaklaya, cujra cresta forma límite con León, el Carnon corre siempre por la provincia de Falencia <le N« á S* algo inclinado al S* por un terreno ele* tado pero en general llano y á tal punto, que se abre en diversas ramiücaaones constituyendo un número conriderable de islas, especialmente entre Salda** fia (1,347 hab.) y Carrioa de los Condes (3,497 habitantes), muy pobladas y regadas por los cauces diversos que en general las forman. De allí y mas recogido su cauce pasa el Carrion á Villoklo (485 habitante], Manquillos (303 hab.) y Rívas (534 hab.), donde o cruza el ramal del iNorte del Canal, y después á MoQxonde Campos (836 hab.) y Palencia (12,656 ha« hitantes), donde y por bajo de una isla que forma jnoto á la cmdad, antiguo palenque de torneos, se une al nmal del S. para seguir juntos á Villameríd (435 ha-* bitantes) y DueHas, como después lo hacen a Vallado», iid con el Pisuerga, la carretera y el ferro-carriL
El Pisuci í^a, pagado el puente de Cabezón y dando vahos rodeos por el pie del lomo que lo encierra por 91 orilla derecha, principio de aquel escarpe que hemos observado en el curso del Duero por ValladoUyLeon, se reúne en aquella capital (39,519 habi*
42h
CAmCLO lY*
taQtes)aIrío Esgueba, que paralelamente al Duero eo gran parte de ra cuno baja de Peña Cervera y Pefia Tejada, montanas al S. de la meseta de Carazo, por na valle ancho y estéril como el terreno todo práxhao á Aranda y Lerma, entre cuyas poblaciones es cruzado en Bababon (414 bab.) por la carretera general de Francia á Madrid. Pasa también el Esgueba por Saotíbánez (205 hab.) y Villa tueida (259 bab.) donde lo lleva encajonado aquella línea de colinas que lo aqfMrabadel Duero por San Martin de Rubiales, y Torresandino (523 bab.), Villovela (460 bab.) y Tárte-
les (834 hab.), desde cuya población principia á dirigirse bácía la confluencia del Pisuerga con el Duero, uniéndose á aquel sin dar Groto ninguno por el riego y contribuyendo tan solo á la limpieza de la capital de Castilla la Vieja, por entre cuyas calles y casas n serpenteando.
£1 Pisuerga noes navegable desde Valladolid y se» ría necesaria, según está proyectada, la construcción de un canal lateral de 4 kil de ostensión, con lo que podrian comunicar aquella ciudad y Palencia con S> ^mancas (1«167 hab.), desde cuya población, célebre por memorables batallas contra los moroa y asiento basta ahora del gran archivo nacional encerrado ea 80 magnífico castillo, podria fácilmente hacerse na* vegablc el Pisuerga hasta su unión coa el Duero á los 15 kil. de Valladolid.
El canal de Castilla se divide en tres ramales quo tienen su empalme en las fábricas del Serrón cerca
dé Giijotet poblacioD que se eacuentra ea la oriilft de b laguna de ia Nava cuyos pastos mantenían an«
tigMameata la es ballena de los condes de Castilla y cuyo desagüe va dirigido al Gamón cerca de Mencia. El ramal del Norte tiene priacípio en Alar del fifiy y se estíende por espacio de S9 kil. de N. B. á 8. 0., poniendo en comunicación un número grande delugar^ de los que hemos citado en su mayor par« Ib en ia derecha del Pisuerga del que recibe el agua* £1 ramal de Campos que ia obtiene del Carnoo, se éágd desde su empalme oon el del Norte» primero
•IN. 0. y después al S. 0. circii^ftíndo por Víllaurnliiales (1,004 liab.), Becernl de Campos (2,987 hab.), hiedes de Nava (4,379 hab.), Villalumbroso (541 habitaotes), FrechiUa (1,591 bab.) y Abarca (263 bab«) lavaste cuenca, cuyas aguas se deslizan por varios ar. royos á la laguna de la Nava; salva la divisoria entre el Carrion y el Sequillo por el Teso de Arribóte y sigue después á su término en Medina de Rioseco á los 38 kil. de su arranque. El ramal del S. se esliendo por UB espacio de 68 kiL en ia orilla derecba del Carrion y del Pisuerga por Falencia, Dueñas y Yalladolid donde termina. Con este debia comunicar un nuevo canal desde Segovia ó Espinar en la cuetica del Eresma; pero aunque demostrada la posibilidad lut quedado como tantas otras obras en proyecto.
Todos saben el beneficio inmenso que ha producido ú canal de Castilla, dando salida fácil á los abundantes cereales de Castilla la Vieja y inoviuneu-
tlt CAPITULO m
l»é h labricatíoD de las harinas qae después se eia*
barcan en Santander con cuya población comunica i ahora por el ferro-carni de Alar. Esta circuosiaoda y la feracidad de toda la cuenca que recorre y la de i la Tierra de Campos que cruza^ dan á todo este terri* torio una gran consideración ; siendo uno de los se que pueden sosteiierse los ejércitos mas cóaiodamea* te sin recurrir á medios estraordinarios de trasportes
ni convoyes.
Por eso la cuenca del Pisuerg^t sin rio ninguna que sea un verdadero obstáculo para so paso ni psia las operaciones que en ella hayan de tener lugar» f sin estar accidentada, mas que en una pequeña par* te, por montaíias influyentes en el éxito de aquellas» es de mucha importancia por su situación y por hs
comunicaciones que en ella abren paso al interior de
la Península en la dirección mas probable de las invasiones francesas.
Dimos al observar la Vertiente OnentaU las rasones por que considerábamos ser necesarias grandes foi iiiicaciones en Burgos, é inútil es repetirlas; pero a&adiremos aquí que los muros que tanta utilidad pueden prestar en la defensiva, no pueden nunca ser un obstáculo poderoso para recuperar después el terreno perdido. Se nos dirá que Lord Wellington se encontró en ellos detenido en la campana de 184i y sufrió un revés á su pie no podiendo conquistar et castillo á pesar de ia violencia del ataque; pero obsérvese que 4 su flanco derecho existia todavía un
TKATIBNTB OCCIOBNTAL. 1^7
qército poderoso reunido en Valencia y que lo hubiera destruido completamoot^ cayeodo sobre sus amonicaciones con Portugal, sin su presteza en le* vaotar el sitio y retirarse oportunamente. Ea la campana aigoiente se vió demostrado cuanto aqui espo* oemos; pues acogiéndose á su pais los ejércitos francoses por so linea natarai de retirada , tuvieron que d^ndonar á Burgos, temerosos de verse á su vez cor^ tados, y volaron el castillo en el que veian un ba« btrte que había de detenerlos si volvían en algún tiempo á mvddir de nuevo las provincias centrales dsEspafia.
La auaicrosa población de Valladolid, su posición ^ el Duero» sus comunicaciones cómodas con las (atnrincias todas de la Península y el ser centro del {ais que mas cérea les produce, darán siempre á la acqiacion de la ciudad un gran interés, no influyen"» te en las operaciones de la guerra, pues que es inca* paz de defensa, pero sí como base de las que hayan de verificarse en la región central del Duero de que 61 la llave. Bra en la edad media Valladolid y todo é pais vecino mocho mas considerable que ahora, pues que á la riqueza agrícola se anadia la que constit||6 una vasta fabricación de muchos y diversos
objetos y la importancia que consigo lleva siempre di asiento ordinario de la córte, asi que era la pri* Mn población de España, especialmente al principio reinado de la familia de Austria. La traslación de la capitalidad á Madrid por don Felipe II paralizó
flu espie&dor creciente cada día y ea el que es probable no se hubiera detenido hasta fifrurar entre las principales y mas bellas poblaciones del mundo, para lo que indudablemente lleva inmensas ventajas & lladrid.
Pero si Valladolid y la línea de comunicación oon Búrgos tienen tal importancia , no deja de tenerla también la que de esta última ciudad conduce á Pa« lencia, Lepn y las provincias de Asturias y Galicia, á donde naturalmente ha de irse á acoger la resisten- <ria vencida en las orillas del * Arlanzon: asi que el Carrion y su paso mas interesante, Falencia, no pifeden meaos de influir en operaciones á lo la^go del Arlanzon y Pisuerga. Lo mismo en la primera invi- €Íon, al tener lugar los desastres de Cabezón y de Medina de Rioseco, como en la segunda , al mantenerse Soult en las orillas del Carrion para atraer á John Moore, la cuenca del Pisuerga sirvió de paso á los franceses para dirigirse á León y Galicia; pero en 1812 al levantarse el sitio de Burgos, fué teatro de opeFacíones interesantísimas en que Lord Wellington (Icmostró, como en la campana de 1810, las grandes dotes suyas en la guerra defensiva.
Hallábase amenazado, según antes hemos didio« en sus comunicaciones con í^ortugal por el grande ejército que dirigía Soult tras la conferencia de Fneo- ; te la Higuera, y una vez pronunciada la rrtirada, ' acosábale incesantemente el general francés Souhaia que habia unido sus fuerzas á las de Clausel y desde
▼ERTOCXTB OtiCfDCOTAL, itd
Xottasterio observaba el sitio de) castillo de fiürgos
Si al principio pudo burlar la vip^^ilancio de Souham, proato tuvo á su retaguardia el general inglés las fueras todas de los franceses que con su presteza y actividad ordinarias llegaron á las orillas del Pisuerga inmejiatamente despocs de él.
Lord \Ve¡i¡a¿ton se sostuvo en el Car non, la deracha eo Dueñas y la izquierda en Viilamerielt logrando contener un inomenío á sus enemigos que uQj^tuosamente quisieron arrollarlo aun cuando en taño; pero habiendo pasado estos por los puentes de P^Qcia, á cuya ocupación llegaron tardo los alia* doSttuvo que verificar un cambio de frente para editar un ataque de flanco. Retiróse á Vaiiadolid por é poeole de Cabezón^ y aunque siempre acometido de cerca por los fron ceses que salvaron el Piiucrga por lariego cuyo puente no se habia volado como ImideDaefias y Viiiameriel, y que trataban de envolverle por Cigaies y Simancas ó pasando el Duero porTordesilIas» se retiró ordenadamente á la orilla izquierda de este rio por Puente-Duero y lúdela, dirigffiodo por fin sus fuerzas y las de Hill, que se retiraba á su vez desde Madrid empujado por Soult, á las márgenes del Turmes, y por fin á las del Agüe-
m refugio favorito.
He aqui bien manifiesta la importancia que anM itrilKiimos á Dueflas, y bien clara la del Carrioc
su curso inferior. Su dirección perpendicular á ia Uoea de invasión; sus comunicaciones ¿ retaguar-
130 CAIMTULO IV*
dia con Vallado! id y Liou y la que por »a izquierda conduce á ia Liébana llamarán siempre á un ejérci* lo vencido en Húrgcs á reunirse é intentar nueva resistencia en Patencia y Dueüas, donde el Carnon lie* va ya bastante agua y donde el canal de Castilla ofrece un secundo obstáculo ni nnsn de la línea como próximo y paralelo que se halla al lecho del rio
CUKNCA BEL £SLá.
La cuenca del F.sia está deíerminada al N. por la arista de la cordillera pirenaica, al E. por la divisoria con el Písuerga » y ai O. por la del Sil desde CuetoAlbo hasta la sierra Segundera y el lomo que partiendo de esta dijimos encerraba por una de sus orillas ^ el curso de! Tera, prolonfi'indose después ya fuera j de esta cuenca á la sierra de Mogadouro por la inmediación del punto en que el Duero cambia su rumbo , occidental al S*
Aepetídas veces hemos hecho observar el cario* ter oiográfico de esta parle de la cuenca del Duero. iFormando cordillera en el Pirineo y lanzando desde | sus cumbres ramales perpendiculares á él ligados eo* .Iré sí por grandes contrafuertes paralelos á la diviso* ria que el Esla y sus mas considerables aQueotes tía* Benque ir rompiendo en forma iguala couio loha n opuestamente los ríos que forman el Nalon, va el ler-
reoo á coDÍundirse eu las altas lianuias que mas tarde corta el Duero á ana profundidad considerable.
Observaaiüs también cómo la divisoria con el Sil, coQstttoyendo mas bien que una cordillera , un graa escaloD, presentaba al O. unas caídas mucho mas rápidas que al £. por donde se liga á las mismas Ha» auras de la masa centraU accidentándose» sin embar» IPt cu ias lameaiaciuncá de ios puertos de Maozaüdiy i iMcebadoD, en el Teleno y Sierra ^eg^a , por cadenas piúximaiueDte paralelas al Pirineo y entre sí que encierran un gran número de los afluentes de la derecha éá Orbigo y del mismo Esla en su curso inferior. ; Presentamos, del mismo modo, entonces una idea dd estribo divisorio con el Pisuerga , deprimiéndose poco después de su arranque basta perderse eu páninas • pero determinando con los límites de León yPalencia los de zunas muy distintas.
£n ellos, sin embargo , y como para servir de ^ de separación entre las cuencas del Pisuerga y del Esla, desde que desaparece la de ios montes, eitste independiente de las dos la pequeña del río Takleraduey , que aunque puede coasiderarse como fina parte de la del Esla por su contigüidad , merece
una descripción separada.
£1 Yalderaduey nace en el monte de Rio Camba» ' Mimc^ cerros, término de uno de los estribos per* peiKÜcttiares á la cordillera pirenaica al coiiiundirse en las elevadas llanuras de los confines de León con Paicaua*
13^ CAPITULO tV.
Es su curso de IGOkil., y generalmente de N. S S« « inclinado algo al S. O. Desde Renedo (315 ha* bitantes), desciende por un valle estrecho y sin recibir afluente alguno á Villa velasoo (315 hab.}, Núes* tra Señora del Puente, donde lo craza el camino de Sahagun á Garrion yGrajal de Campos (1,390 habitantes), á penetrar en la provincia de Valladolid. Pasa en ella por cstcnsas liannras en que asientan Castroponce (485 hab.), VeciUa de Valderadu^y (l,210hab.),y Bolaílos (793 hab.), é introduciéndose en lado Zamora por el nuevo partido de Vill^lpaado (3,206 hab.); recibe en Gastronuevo (627 hab.), por su orilla izquierda el rio Sequillo, para juntos desaguar en el Duero agua arriba de la capital de la provincia.
El Sequillo tieñc su origen en otros cerros inferiores y dependientes de los on que nace el Valderaduey. Correen sujuisma dirección y pr xinioáél por Rio Sequillo y Villada (1,892 hab.), donde por ia orilla izni^¡er<la viene á aumentar el exíi^uo caudal de sus aguas el arroyo llamado de los Templarios, de curso mas dilatado que el suyo , pero también paralelo al del Valdeiaduey. Desciende después el Sequillo á Boadilla de Rioseco (1,174 hab.), yVillaíiades(487 hab.), al E. de Villülon (4.948 habitantes), cabeza de partido, ya bastante apartado del rio á que va fi afluir, y por Villabaruz (358 bab.) , y Villanueva de Son Mancio (415 hab.), donde lo cruza el canal de Campos, baja ¿ Medina de Rioseco
yfEmRnrB occidental. i 33
, {5,234 hab.) , inüiin .Qciose luego al S. 0. pnra reuí sírse al Valderaduey por Tordehumos (1,652 habí-
Í ^í<í5), y Villaaueva de ios Cabal.eros (904 hab.) Ya catoDces Ueva con sus aguas las del Marrandicl • que unidu arroyo Ahoga liurros, tiisíe nombradla eo el país por sus desbordamientos, que también ea el Sequillo son muy pelij^rosos y producen inmensos í mies que ti alan ue evitarse con trabajos de los que i ripióos se hallan ejecutados ó en vías de ejecucioOt baja entre el V'aldtiúüUijy y el Spquil'u por Villafre- €Íios (1,552 bab), y ¿dorales de Campos (457 habí- ! lantes) , seco en veianó, impetuoso y desbordadoea las épocas de lluvia. f Curso y caudal del Valderaáuey y Sequillo son I ksigaiücaiiles y ninguna seria su importancia si no [ le hallasen cruzados por las carreteras que de Palen-
Ícby Valia iolid coaducen á Lcoa y de Tui Jesillas á ieoavente para prolongarse después á Asturias y Ca- ; Hcia. El terreno que estas recorren es llano, cortado Un solo por ios arroyos que se abren paso en él en dirección de los ríos cuya descripción nos ocupa, separados entre sí por mesetas despejadas y libres do figetacion alta , siendo la i^eneral y casi esclusiva la - de cereales.
í Dos de estas carreteras , la de Valladolid y la de'
; lalencia, se unen en Medina de lüoseco al dirigirse ; Íleon; la primera cruzando la eslensa llanura que
leva el nombre de Páramo de Mudarra, húmedo y.
ifio ea invierno, y la segunda, que es camino natu-
134 cAí'iri'LO iy«
ni de carros, salvando la laguna de la Nava é intro»
dudándose después en el valle del Sequillo. La de Valladolid faldea al acercarse á Rioseco el páramo de Valdecuevas, y la de Falencia se divide en Palacios, villa situada junto al origen de la llamada vega Juo* cal que da sus a!9:uas al Sequillo , en dos caminos que atraviesan el páramo dominados por unos cerros que descuellan al N. de Rioseco.
I^a unión do las carreteras y las ventajas que ofrece la ocupación del páramo « convidaban á los gene* rales Cuesta y Blake á impedir la entrada de la pro* vincia de León á los franceses en la primera campana de 1808* El resultado de la batalla de Rioseco el dia 14 de agosto no era de dudar, según pnreca lo esperaba el mismo general Blake, que arrastrado por las órdenes de la junta de Galicia y por el ardor de sus subordinados, mas obedecia á aquellos agen* tes que á su propia conciencia. La ninguna orgaoí^ zacioa de unos cuerpos formados hacia cuarenta y dooo dias, y la indisciplina general de que se acababan de dar muestras tan palpables en Yillafranca con la muerte del general Filaugieri, no eran en verdad garantfas de una próxima victoria; pero agréguese á esto el descuido de ignorar los geíes en su propio país la dirección de sus enemigos , imaginán* dose verlos venir por el camino de Valladolid cuando llegaban por el de Falencia , y se concebirá tt« eilmente cómo fueron derroU^dos los españoles s¡en« do superiores eo número. Asi que aquella batalla
por parte de nuestros compatriotas uo puede consi* derarse sino como uno de tantos alardes que hicie*
roo en aquella guerra mnrcharulo contra el enenii.i^o» m otra esperanza que la de exaltar con el sacrifi* cío de algunos el espíritu patrio de todos los babw lantes de la Península contra el enemigo común.
Por lo demás la elección de Ríoseco era acertada como posición militar, y sin la ignorancia inconcebible de la marcha de los franceses , y sin los movimieotos desacertados de algunas de las divisiones espaüolas, es muy posible se hubiera obtenido ¡a victoria , tales fueron los actos de valor de cuerpos enteros de tropas y de individualidades que con su noerte alcanzaron uo renombre glorioso*
El rio Esla tiene sus fuentes al pie del Puerto de Tama en los Pirineos Oceánicos, En su origen riega el valle de Buron (506 bab*), contrapuesto á la ouen^ ca del Sella , célebre por criarse en él aquellos magníficos caballos castellanos de que parece ser tipo el Babieca de Rui-Diaz, el Cid. Su dircccoin es al S. E, rumbo que le imprimen las ramilicaciones orienta* les de la pena de Hampodre, que después, varíando al S. O. , tiene que cortar por bajo de Riaño (561 habitantes) • donde se le une el arroyo que cruza la
tierra llamada de la Reina, que con Valdeburon for Bia una elevada cuenca que antiguamente cerrarle h unión de las mencionadas ramificaciones con hi de la peña de Espigúete por la sierra de Remolina fin aquel trayecto entre elevadas pe^as rotas poi
136 CAPITULO IT.
la violencia de las aguas, á las que se une perla
derecha un arroyo que baja de la peQa de Mampo» dre por el valle asperísimo en que se encuentran Lüis [222 hab.), y Saloiiioa (101 hab.), pasa el Ksla por algunos aun cuando pobres lugares asentados en las faldas ó al pie de las peñas entre bosques de ba« yas y de encinas cié que abunda todo aquel elevado país. Los mas considerables de entre aquellos pueblos son Las líorcadas, Argovejo (243 hab.), Corníero (161 hab»), y Villayandre (136 hab.), cuyos moradores tienen que abandonar la tierra en invierno ó dedicarse al corte de maderas para obtener el sustento que aquella les niega ^ no produciendo mas que poco y mal centeno.
En Villayandre, donde el Pico del Moro obliga al Esla á hacer un gran recodo al 0. , el rio cambia su dirección anterior, t nando primero la del S. E, hasta Cistierna (178 hab.) , y después la meridional* faldeándola eicvailísiina Peíia-Corada, de 1832 metros, en cuyas entraHas se encuentra abundancia de minerales do hierro, coLiO, plüiüo y carbón de piedra.
El Esla es atli bastante considerable , pues ade«
»^ mas de los puentes que se haliaa para la cuinuni* ' cacion de sus márgenes, hay una barca de la socie* dad ral^ntino-Leoncsa que csnioío las luinas, cuya existencia demuestra la abundancia de aguas.
Sigue después á Vidanes (144 hab.), Modiro (144 hab.]» y Pesquera (112 hab}.» donde entra en
voi angosta Danura porb que se esparce formando varias ísías y una vega en que asieutan al píe de los oem» que ia limitan al y al O. algunos pueble»
cilios , como Santibaficz (280 hah.) , Yillnpaclierna [m bab.), Viilacidayo (142 hab.) , Yillaaoíar (210 hdbitanies) , y Gradefes (276 hab.) Aun cuando abierto en brazos , continúa el Esta en un lecho profondo lecibiendo arroyos insignificantes ^ casi siem* pre secos, por Cifuentes (2ü3 bab.j. Rueda del Alaúrante (138 hab.) « y otros varios insignificantes lugares, hasta Maiisilla de las Muías (1,101 bab.) y la confluencia con el rio Porma,
Este desciende del Pirineo por Vegamian (342 habitaales), y BoHar (724 hab.), á unirse en Barrios deCuruefio (319 bab.) , al Guruefio, procedente de La Vecilla (269 hab.) , con el que baja por Vegas del Condado (403 hab.) , y otros pueblos situados en las faldas orientales de las Cuestas de Caiidaiiiia por las (joe se abren paso muchos arroyuelos en valles suma* Bienle pintorescos, asi como en el que riega el arroyo Eslonz:í que aüuye al Porma y Curueilo por su orilla isquierdat ya cerca de su confluencia con el Esla.
En Vega de Infanzones (269 hab») recibe esteno
las aguas del Hernes^^i, tambicii prcicedciitc del Pirineo, en el puerto de Pajares. Encerrado en un prin-* C¡|Ho entre dos abruptos contrafuertes que arrancan de ia cordillera en sentido perpendicular á ella y lie* Hndo en sus márgenes la carretera general de León
CAviTt'í.0 n%
i Asturias , pronto tiene que cortar los ramales paralelos que dijimos interceptaban el curso de la mayor parte de ios ríos de León. £1 Bernesga io hace cerca de La Pola de Gordon (315 bab.) hasta donde, y aun después hasta La Robla (375 hab.), corre por un estrecho desfiladero de rocas abiertas para recibir los arroyos y iDanantialcs que se desprenden de los contrafuertes que forman aquel estrecho y áspero barranco, que antiguamente defendía el inexpugnable castillo de Gordon* Desde La llobla se ensancha bastante, y por fin « deprimiéndose los montes para formar las alias planicies de í^con, llega el Bernesga á la capital do este nombre » punto interesantísimOt militannente considerado, desde el dia en qucAupusto io elidiera para tener á raya á los Asturos sublevados cada dia contra la siempre ominosa domioacíoii del entran gcro.
Hállase León situada en la pintoresca confluencia
del Bernes2a con el Torio, que corre también desde la cordillera separado de aquel y del Curueüo por dos enormes contrafuertes perpendiculares á ella, li« gados después formando el sistema paralelo de que tantas veces hemos tratado. Encuéntrase además en León el punto de rcuniuM do todos los caminos que facilitan la entrada en Asturias por los puertos de Lei" taricLíos, Balbarán, Pajares y Tama, de modo que así coiiK) es el punto estratégico para impedir la invasión del Principado, es la base de operaciones para ésta una vez en podordcl ai^rosor.
VSBTIKNTS OCCIDSNTAL. 159
Por eso vemos cuan acertadamente fue elegida so poMcioa al pie de los montes de que Daturalmeate habían de descolgarse los habitantes de la regioa oe&tral de los Piritíeos Oceánicos por el primer em^ pender romano que situó en León las dos legiones refundidas en la Legión VII Gemina, quedió su nom* lie á la ciudad. Arrasada por los árabes en su inva* •ion, no vuelve á sonar en la reconquista hasta eí si- ^ IX en que se levantaron los murallones Uonm$, tmtatai toiot y m^nardado^ con fuerias d$ tronee jf ék íi&rro, pareciendo cada una de ellcLs una fortaleza , como BQS los pinta un historiador arábigo traducido por Conde, para ser desjMies arrasados de niieNo por Almanzor el Grande muerto el valeroso Guillermo Gonalez, que defendia los portillos abiertos á impulsos de ingenios á la romana pr^arados en Córdoba por €i Hadgeb. Veinte afios después volvían nuevas tor^ res á descollar otra vez en la liaiiura y á ser teatro de sangrientos choques en las disensiones civiles tan tecnentes entre gallegos, leoneses y castellanos.
Cuál sea, eiDpero, su .importancia en una guerra ttcional, se ve palpablemente en las campañas de 982 V 983 del citado Almanzor, que para su conquista, además de preparar tos medios militares á que hemos kebo alusión , hizo ir ocupando los valles inferiores oel £sla y del Orbigo y Pisuerga por apostaderos y iduaras que fuesen ciflendo é incomunicando la ciudad sin dejarla mas salida que la de los montes. No podo impedir esta, y los cristianos, una vez perdida
140 CVPITLLO IV.
la ciudad , se acogieron á ellos rechazando al invasor
en los castillos de Cordón, Alba y Luna ; esto es» en los desfiladeros que conducen á Asturias. De manera quo, siíi encerraren sí uuci --lande imnortancia i i 'uir, por bailarse üoy incapaz de deíensa , León la Ueae suma por su dominación sobre el Duero y comont* cacioncs del interior con Galicia , asi como por su situación respecto al principado en el único camino bueno que conduce á él, obstruido por accidentes de toda índoie, todos difíciles de salvar ó de eludir; pur diéndose considerar su elección para capital del antiguo reino de León y Asturias como la de un puesto avanzado, centinela vigilante respecto á la cuenca del iHiero, bácia cuyas aguas se dirigía la reconquista,
Roy día León se ha#a decaída de íru ant¡£:uo esplendor, manidesto en ios soberbios nioaunienlos que aun la ennoblecen , descollando entre todos por so elegancia y pureza la catedral, modelo el mas acabado del estilo gótico. Ks su vecindario de 9,603 habitantos, núíneroiiuiy inferior al (jiic tuviera on otras épocas, nulo su comercio, arruinado el de hilos que se hacia antes , y solo las cercanías con sus bellas alamedas y rica vegetación ofrecen el espectáculo de la riqueza agrícola.
El alto cuntrafuerte que forma la orilla derecha del Bernesga en su origen va al S., deprimiéndose rápidamenle, y en las inmediaciones de León presenta solo el aspecto de unos cerros que llevan el
VSBTIENTE OCCQI&NTAL« 141
nombre de Monte de la Hoja, y qne desaparecen en el poco elevado páramo de los Aceiteros, que desde ellos separa el curso del Bernesga y del Es a de el del Or* bigo. Su tránsito es fácil y lo cruzan el caoiinoy lacar* ; refera de Valencia de Don Juan y de León á Astorga; '
su aspecto es triste , mucho mas si se compara coo el de los vallecillos que, teniendo origen en las faldas orientales del páramo, se abren al Bernesga y al £sla en ia parte de su curso desde León á Valencia de
Don Jtirm. Lo? mas intoresnnles son el dela Valdoncina, el de Gembranos, el de f oza, el de Valdevimbre (643 bab.), y el de Villamanan (1 ,757 hab.), cubiertos de riquísima vegetación y de puebiecillos agradablemente situados en las orillas de los árrovos afluentes del Bernesga en Onzonilla f151 hab.) y Torneros (198 hab.), y en Grulleros (386 bab.), y del Brfa en Ardon (5G2 hah.j, Villalobar (373 hab.j y Viliamafian.
Desde Valencia de Don Juan (1,748 hab.) , punto donde se pasa el Esla por medio de una barca , no hatUindose puente alguno entre el de Mansilla y el de tastro-Gonzalo , el rio ya caudaloso , aunque con algunos vados, se dirige encauzado en un terreno suaámente accidentado con el nombre de \cz^ dcT ural áViüamandos (525 hab*}, población situada en la onils izquierda donde desagua un riachuelo que, pariiendodel páramo de los Aceiteros baja de N. O. * 6« £. por Villar del Páramo y Laguna de Negritos (1,420 bab.)
142 CAPITULO lY.
El Esla, cuva oriila derecha recorre el camiQode Benavente á León, continúa á Villaquejida (936 liab.), y entre Viliafer (637 hab.) y Gimaoes (565 bab.), abandona la Vega de Toral , bastante fértil, pero que lo sería mucho mas si se derivasen , como ea posibla y está [)royectado y concedido en esle año, las aguas del no para el riego de las tierras.
Poco después viene á aumentar sa ya considerable caudal el rio Cea, que de N. á S. en la primera mitad de su curso de unos 116 kiU correen un lecho poco profundo, causando por esta clrcunbtdncia desbordamientos continuos. Pasa en él desde Morgovejo (459 hab.)t donde se reúnen los arroyuelos 6 manantiales que lo forman, y recorriendo las faldas orientales de la Peña-Corada y occidentales de los cerros en que nace el VaiJeraducy , a Almanza (702 habitantes}, Cea (523 hab.) y Sahagun (2,610 hab.), donde el valle se encuentra fertilizado por las aguas derivadas de su lecho cubriendo las orillas de una vegetación rica en cereales, arbolado y villas.
Sahagun, cuja auligua aiiadía es célebre en toda la cristiandad , ofrece en la guerra un interés muy grande por el puente por donde se pasa el Cea , en la carretera de Paleacia á Leoo, siendo de consiguiente punto de observación de las operaciones que puedan verificarse en el Cairion.
El Cea sigue ya siempre por un valle anchuroso y fértil á Galleguillos (486 hab.) y Melgar de Arriba hab.], donde cambia su dirección al S. 0.» pa-
ym'mm& ocafiENXAiM 143
sando en seguida bajo el puente de Mayoría (2,010 oabUaotes) ea la carretera de Yalladolid, que allí se divide para Valencia de Don Juan por camino nata» ral de carros, ó Mansilla, según la direcciuii sea á Aa* torga ó Leen á Galicia ó á Asturias. Desde allí contioúa el Cea á Valderas (3,412 hab.), y va por fin á afluir al Esla agua arriba del puente de Castro-Gonzalo (1499 hab.)
Agua abajo de este mismo se uueal Esla el Órbigo, dejando entre ambos nos á la derecha dol pri* mero é izquierda del segundo la villa de Denavente (4,S36 bab.), en la carretera general de Madrid á Galicia, que salva el Ksla por el mencionado puente.
El Órbi^o tiene su nnci miento en el ángulo que forman en Cueto^Albo los Pirineos Oceánicos y el es» tribo divisorio con el Sil, coastituyéndoio uespues ios líos llamados de las Babías y Luna^ Omafia y Vallegordo, que con otros varios riachuelos desprendidos de las vertientes pirenáicas y del Tambaron , cerro qoe ya hemos citado, y á cuyo pié se halla Murías de Paredes (393 hab.), so reúnen en Santiago del MolimUo después de haber recorrido un terreno asperísimo, estéril , y de consiguiente muy poco poblado.
Este tiene algunas comunicaciones con Asturias; Reposólo es transitable por tropas la del camino de Iieon á Cangas de lineo , que cruza la divisoria con el 8ü por el puerto de la Magdalena, junto al Tambaron j la pireuáica por el de Leitariegos.
El i^bigo desde ¡Santiago se dirige alS. á La Ba«
144 CAPITCLO IV*
Beza (2,830 hab.), cruzado en la mitad de aquel tmyecto por la carretera de León á Astorca, que lo hace por un puente que lleva el nombro del rio. Constituyen el terreno de ambas orillas dos vastos páramos; al 0. la meseta que lo divide del Río Tuerto y al £. el páramo de los Aceiteros; h primera, surciula dearroyuelos insignificantes; el segundo por la llamada Fresa Cenncera, que fertiliza una línea de 33 kil. del páramo entre Villanueva del Carrizo y Gebrones del liio, y ambos por el camino de León á Astorga.
LaBaueza so halla en la márgen derecha del rio que con el nombre significativo de Rio Tuerto des* ciendo de la divisoria con el Sil á Astorga, ciudad situada en una alta meseta con rápidas caídas al ¡L sobre el rio y enfrente de los puertos de Manzanal y Fuencebadon; representando, respecto á la cordillera en que aquellos se encuentran y el reino de Galiciaf el papel mismo que I/^on respecto {\ los Pirineos Oceánicos y el Principado de Asturias. Por eso desda los tiempos mas remotos el Órb¡so en general, y especialmente Astorga, han figurado como línea ypun* to interesantes en la defensa del N. O. de Espafia, siendo ocupados fuertemente por Augusto; invadidos y derruida la ciudad por Almanzor en la misma cam* pafla que León, y objeto de conquista repelidaí veces en la guerra de la Independencia para asegurar fuertemente el flanco derecho en las operacíoiMS de los franceses en el Duero,
También en Bañeza se une primero al Tuert»
VERTIBNIE OCCIDENTAU US
jiespaes al Órbigo el río Dueroat que tiene su orí« gen en la sierra de la Poblad ui a en un arranque del Teleaoy de 0. áE«, como todos los anteriores afluen*
tes de la derecha del Tuerto y los sucesivos del Órbigo y £sla, baja p(x Distriana (1,028 hab.) y Villa* lfa(304hab.)
£1 Órbigo, desde su confluencia con el Tuerto, sa iadina al S. £«• y aumeataado su caudal con el Jamúz que paralelamente al Duerna baja al cauce llamado de los Concejos con que so riega la derecha del Órbigo hasta la Nora (238 hab.)f sigue á Alija de loe Meiaües(909bab.} y al territorio deBenavente, don» - tfe unido al río Ería, procedente de aquel collado es* caion que lo separan del Cabrera, afluente del Sil, y que recorre el valle en que asienta Gastrocontrigo (903 hab«)» Castrocalbon (836 bab.) y San Esiébaa de iHogales (826 bab.) entre sierra Bermida y males paralelos de sierra de la Guíana y sierra Me»
fra, nade el Lribulo de sus aguas al Esla por un valle debcioso lleno de huertas* jardines y casas de campo pertenecientes á los moradores de Benavente.
Poco mas abajo se reúne al Esla por la orilla mis* ai derecha que el Órbigo el río Tera. Nace este en d arranque de la sierra Segundera donde existe el hh 0 de Sao iUarlia de Castañeda que se provee de sus aguas, las que después salen en dirección oriental i lamer el pie del elevado peHasco en que asienta la iHtatesade La Puebla deSanábría (1,597) hab.), donde se une al Tera el rio de Castro formado éntrelas
TOMO lU 10
14(> CAPITULO [V«
sierras cíe Carula, Gamoncda y de la Culebra que después se proloQgaa á ligarse coa las cimas de Mogadouro.
La Puebla de Sanábna, plaza fronteriza con Portugal, pero de escasa importancia por su reducido re* ciiiio, opuesta á la portui^uesa de Crai^aíiga de la que la separa un terreno fragosísimo, miserable y Tallo de comunicaciones, que constituyendo la divisoria entra el Tera y el Sabor sirve de límite entre arabas monarquíast se halla en la comunicación de Zamora y de fienavente coíí Orense, Yííío v la Cijnina, circunstancia . cuyo valor redunda mas en interés de Cena vente don« de se separan los dos caminos de Galicia que en el de la Puebla, cuyo castillo protege ó impide allernaliva mente ^1 tránsito del de Orense.
El ijra sigue siempie hácia el E. á Robleda ^223 habitantes) y Valparaíso de Carbaüeda (351 habítantes), llevando á su izquierda ia carretera de Beat* vente (]ue pasa por Ülcro de Sanáhria (7G2 hab.), lie* mesa! (215 hab.)* Mombuey (1,336 bab.) Rio N^ gro (310 hab.), donde ex¡s:e un puente sobre el rio del mismo nombre que baja por la izquierda de la sicrra Negra, y á su orilla derecha el camino carretero de Zamora y Toro que so separa del Tera en Valparaíso para pasar el Esla en Horeruela ó Gastrotorat'e
Desde la coníluencia con el rio Negro continúa el fera junto á la mencionada carretera de Benavente que recorre su orilla izquierda á Vega de Tera (S56 ¿abitantes), Santa lUarta (409 bab.)^ donde recibe por
V£iiTli¿4>TK OCUUE.NTAL. 1 47
ladere;:ba el rio Ciervos que desciende de sierra Culebra, y Síülrarra (330 hab.) donde v aria de dirección ais. E. para desembocar en el Esla frente á Santovenía (ooo bab.], lugar situado á la izquierda de esteno*
El Tara tiene 91 kil. de curso precipitado y torrentoso en las épocas de lluvia y con poco caudal de agoas en verano, por un terreno elevado y áspero en 8üori-.eu y nías suave después por la llamada Vega de Tera, facilitando su paso el puente de piedra de la Puebla y algunos otros de madcia y barcas en el resto de su curso.
Desde la confluencia con e! Tera, el ríoEsia sein* lioduce^por ua estrechísimo barranco de peñascos escarpados é inaccesibles en que se encuentra More* ruela (415 hab.j, doiule se pasa con una barca asi co. m^ü San Cebrian de Castrotorafe (679 hab«)t lugar i$m antiguo castillo y de un puente hoy roto, y co* ornen el despoblado de San Pelayo cou un puente I laabien destruido por las aguas y que facilitaba el
paso de Zamora á Alcanices, L\)rtugal y Galicia. Casi . áempre en un lecho profundo y de rocas y en direcMa S. 0. llega á recibir por su derecha el río AKstOt ^ bastante caudaloso en los 3U kil. últimos de su rMioy que recoge las aguas de la sierra Culebra y Baontes de Villarioio y Riofrio cubiertos de bosques de ^na y de robles regando el partido de Alcaüi* ftt (1.153 bab.), villa situada en la Ifnea fronteríza ie Portugal y camino de Zamora á Bragauga. Por fia
14^ CiPlTi LO 1Y«
Tiitra ol F.sla en el Duero íiaí^ un curso de 165 kü^ metros próximamente, délos qucpodriao ser navegabies 142; por un canal lateral 62 desde la conflaenda con el Porma hasta la unión del Órbigo, y SO por el cauce mismo basta el Duero, según se demuestra ea el ya mencionado proyecfo de las líneas í:rcn erales de navegación y ferro-carriles de don t rancisco Coello.
La cuenca del Esla es montallosa, áspera y en* bierta da busques de bayas, encinas y robles en ia parte Norte fronteriza con Asturias, de la que segoa bemos dicho, descienden la mayor parle de los afluOTtes por estrechos barrancos en que el beno primero y luego el tíno son las principales producciones. Después el terreno &e deprime en colinas y grandes me» setas separadas por los mismos ríos que se abren ps- < so por valles poblados algunos de arboledas y lodos j de cereales y viQedos, alcanzando la mayor abundas* ■ cia en las llanuras bajas hácia el Duero y en la llama* da Tierra de Campos, de que se estraen grandes can*| tidades para el interior y para ser trasportadas desdé! Santander á las posesiones de América. En la regiooi montuosa se cria bastante ganado mayor, asi comoeii
las riberas de los rios el caballar y mular y en losj
páramos el lanar» de todos ios que se bace algún eo-J mercio. V
En este mismo capítulo , al narrar los accidentes i déla retirada del ejército inglés en 1808, bemoa bel
cliu mención de uno notable en las orillas del Esla enJ tre la retaguardia de aquel y la caballería de Lefebre^
Desnooetfes, prisionero eo el combate, y hemo3 espuesto ia conducta observada por Jobo Moore al em« prciidersu retirada. Valencia de Don Juan y el puente de Castro-Goozalo fueron los puntos elegidos para d peso del Esla, confiando el de Mansilla á las tropas de! marqués de la Romana que tenia su cuartel geoc* ni eo León. Dejóse sorprender la división que cubría el puente, y en la coafjsion de la dci i'j'a y en el desorden consiguiente á ella en soldados poco iiá vencidos en £spioosa y maltratados por el hambre y por la peste, en vez de acudir á la defensa delPrincipido de Asturias, su punto de retirada mas natural, íTjaicharon á Galicia uniéndose en un mismo cannao eijpa&oles ó ingleses, y obstruyéndosela carretera mútuamente en perjuicio de ambos ejércitos.
La retirada fué precipitada ciertamente; pero ha di calcularse que teniendo Napoleón fuerzas tan su« pcriores en número era temerario esperarle. De otra Moera y eo una campafia ordinaria con ejércitos • proporcionados John Moore y la Romana hubieran ccmservado la línea del Esla, en la que la condicioa M rio, su dirección y circunstancias del terreno ¡n« fl<<aqueah!e de retaguardia ofrecen medios de comba-
ir con fortuna ¿ los enemigos procedentes de la par*
teorieii'al de la Península.
Prueba de esto encontramos en las consecuencias íbIí batalla de Rioseco, en que el ejército espafiol
vencido, y según los escritores franceses derrotado y
iKipeno, pudo verificar sa retirada tranqoilamente
i\iO CAPTTOLO IV»
por Villalpando y Beaav :ite, sia ser iDcomodado pi>r los vencedores, que en vista del contineDte de núes* tros compatriotas y .as posiciones que iban ouupnndo^ detuvieron su m xcha y se satisfacieroa con
entregar ai saqueo una ^oblaciuu quo no se había defendido.
cubuca. dbl saboe*
La cuenra del Sabor se halla formada por el lomo en que se veu las cimas de Mogadotiro paralelo alDue* ro en su curso de N. E. á S. O. de Gastro^Ladrones á la barca de Alva, y ua estribo de la Sierra Segundera que desde la de Teixeira va por la Serra Nogueirat se^ ra de Bornes y de QuaJrasal á caer en la dcr^clia del Duero.
Hemos espuesto cuáles son las condiciones del Duero en la parte en que se separa de su dirección general» cuyas asperísimas y rocosas márgenes imfi"
den tod-i comanicacion entre ellas y son la salvaguardia mejor de ambos países, siendo casi inútiles por lo mismo el castillo y las torres de Freixod' Espada i . Cinta é innecesaria la reparación de las ÍQrliíicacioncs áe Miranda arruinadas desde 1762. Si en las orillas de^l Duero se presentan cortes verticales que pareceQ mirarse en las aguas, según va el terreno separándose de ellas, se suaviza, muy poco en un principio, pero
¿aitaate después basta coostituir en 8U coojacto un lomo ioferioren altura i las sierras de que arrancan y eo que descuellan las ciruas rocosas de M .;aduro O su parte central y el moute ó serra de Reboredo
ea el eslremo meridional, y cayendo njpidanicnle al Duero eo el graa recodo que forma al tomar de nua» fo h dirección O.
La divisoria entre Sabor y Tua ofrece un carácter distíolo en una gran parte« Si en su origen es áspera como todo el terreno desprendido de la sierra Segundara que constituye la frontera al de la Puebla de Sanábría, pronto pinci})ia á deprimirse hasta el nivel g^rai de la gran meseta que forma la provincia de Tras-os- Montes, accidentándose en su curso al S* O. por las citadas sierras de Nogueira y de Bornes, pero denaiDándose á sus flancos y dejando en ellos espaciaB bastante abiertos para la cultura que contrastan Dolablemente co'^ la frialdad y aiidez de las tierras atUia muy difíciles de transitar casi siempre. En algunos puntos, sin cnibnr^^ü, se ve á los iiij..les caer ríyptdaaiente al Duero, y en el de üacháo da Valleira <) ria necesitaba caer en catarata para salvar la unión de UQ ramal con otro opuesto de los montes de Ilira hasta que fueron voladas como hemos dicho las lyc xs que la causabau ligando uno do los escalones imerales.
El Sabor nace en España , al S. de la Puebla de
Sanábna , y se forma de variD> torrentes desprendidos de la Sierra deGamoneda y Serra Frieira , que
GáPituLO rr.
encierraa la cuenea del Tera en su nnioü coa el rio de Castro. Corre de N. á S. recibieodo varios aflae»» tes, aunque insignificantes, por sus dos orillas, hasta la coofluencia coa el rio Ferveogat qoe rít^a la fe*
m campiña de Biaganta (3,S15 hab.) , y afluye p<»
la orilla derecha.
Esta ciudad capital def docádo de ta nombre» bereditano ea la familia reinante de Portugal, se halla entre dos eminencias contrapuestas donde asieí»* tan dos fortalezas; una antigua que consiste en \xn recinto irregular con torres, y otra moderna que te* ma un cuadrado con baluartes y medias lunas. So importancia consiste en la red de caminos, aun^ malos, que ligan la plaza al Duero en todo su curso por el reino desde Miranda á Moncorvo y 0-Porto.
El Sabor sigue entre altas y escarpadas riberas, encajonado su lecho en la elevada meseta de que va gradualmente descendiendo por Freizedello (100 habitantes), Parada (282 hab.), y Saatulliá(3 '570 b> hitantes), donde existe un puente que da paso al camino de Miraiula á Mirandella. Poco masabajo,á loa 5 kil. de Santulhfto, ailuye por la izquierda el rio de las Manzanas que naee en Espafia y faidsi meridionales de la Sierra Culebra, de la que desciende precipitadamente entre peftas para servir
frontera entre las dus monarquías drsdc Villarinh^ (840 hab.)f á Plnradinha (130 hab.)» feligresía, esU última, de Outeiro (382 hab.), una de las pobladooes de mas interés en el camino de Miranda á ika*
mi por Gafareilbos (435 tiab.) , y Vimiozo (920
I babitantes], distaates respectivamente de Miranda 17 y 32 kiL 7 separadas por el río Angueira aflueoto de la izquierda del Manzanas. Pasado el punto de oooflueocia del Maazaiiias con el Sabor llega á este por la oríOa opuesta ao riachuelo que uadendo ea ¡a Serra Mogueira baja al S. E. por Freixeda é Izeda (KM hab) , y poco después el río Azimbo que baja délos mismos montes y próximamente paralelo al interior por Gastro-Viceote (550 bab.) , en el carni*
, BodeBIogadouro (5G2hab.), villa situada en lo cniioeQte del lomo á que da nombre en la izquierda del Sabor, y Ghadm (560 hab.) , ea la divisoría coa «IToa.
Cambia allí el Sabor detenninadaroente al S. 0.«
; aun cuando faldeando las vertientes occidentales de Ui^ourot MoDte Grestelbos y de la Serra de Re- ¡ bwedo, corre por un valle mas anchuroso y bello I regando la campiüa de Siodim da Ribeira (1 30 ba«» I bitiQtes) , donde afluye por la derecha un arroyo que i deacieade de lus montes de Sambade por cerca do ; ÜCindega da Pé (650 bab.) , y después la de Torre de Moncorvo (1,700 hab.), villa situada al pie de Reboredo que ibe veda ó $ol grande parte dodia^ entre el Sabor y el Duero á casi igual distancia, de 6 kil. , de iBo y otro , eo un terreno cuya principal vegetación oQBMte en olivos y almandros, de que se hace bas-» bite comercio. May poco antes de la coofluencia del Sabor y e»
i;^^ €APiXULO IV.
paero , afluye al primero por la derecha el rio V¡Ua«^ r¡ía, que riega el incompai aule valle del mismo nombre f fértilísimo ea aceite, trigo y cáñamo t y donde
dicen los portugueses se crian los mejores melones del muado. ísace el Villarira en la Serra de Bornes, y baja directamente al S. desde Burgó (400 hab.), i Santa Comba (400 bab.) , Junqueira y Nábo que se unen por un puente para el camino de Moncorvo i Villafor (OSO hab.) , muy poco distante del puente, Uita (220 hab.), y Cabeza Boa (295 hab.)
El curso del Sabor es de 122 kíl* . v aun cuando en verano se secan una gran parte de los riachuelos que á él afluyen, lleva bastante agua, especialmente ca invierno, en que son de absoluta necesidad loe puentes por donde se pasa, y que en su mayor parte hemos citado. Los principales son el del camino de Miranda a l]raganca , el de Santulháo y el de Portelfaa , por comunicar les poblaciones mas ioteresan* tes de Traz-os-Montes. -
Fórmanla al E. la meseta y montañas que hemos descrito como divisorias con el Sabor; al N. las
vertientes meridionales de la bien a Segundera y sier» ra de Queija , y al O. las orientales de un estribo
que ttiianctiiiuu de Sierra Segundera, áspero y abrup*
VERTIENTE OCCIDENTAL.
to, con el nombre de Serra de Montenegro, so es*
tiende al S. accidenlandü la nicseta general de Trazos-Montes basta la Serra de Yiilapouca , llamada por i^uoos de Palpcrra, donde se ramifica notablemente kácia el Duero , dando nacimiento n varios rios poco importantes que hajnn algunos ai Tua y al Taoicga, i bien al Duero mismo entre ambos rios.
Estas ramificaciones son: la Serra de Paco entre c! Rabanal , principal afluente de la derecha del Tua y el i m bella que ie sucede por la misma orilladla Senra Escaráo, que vierte al S. E. entre el Tínhella ydPinbáo, afluente ya del Duero; la Serra Cabreira« que vierte al S. entre el Pinháo y el Corgo , y la Serra ue Vin] ;*o ó Mnraon , en cuva iiiiion con la de ^jllapouca t la Serra do Omizio , nace el Corgo al f el Ove ha al O. para afluir al Tamesra. La diviso-» lia, pues, entre Tua y Tamcga , afecta una gran meseta, aunque bastante accidentada; al N. por los estribos déla sierra de Queija, dominándola tnda día ; y al S. por las caidas de las sierras mencionadas, que parecen formar un cTan escalón hácia el Duero» escepto en el estreuio S. 0. en que se levanta la sierra « 6 por mejor decir, la Montanjba do Marao. «Esta, dice don José ¡ into Rebello en sus Consideraciones generales sobre la constitución geoló* ^ica del Alto Duero , no forma una prolongación li- «ucal: constituye uu macizo de rocas cristalinas agruipadas en un centro cuyo punto culminante se eleiva á 4,400 pies sobre el mvel del mar. Es raro que
ISO CAPITULO IV«
»]a nieve se conserve allí siquiera un mes« y mny
»falso el que dure todo el verano , como ha dicho alaguno. Domina á Levante todo el Territorio del Víqo »(V¡nhádego) , y al Poniente un buen espacio de tep> »reno de granito que constituye una gran parte de k npfovincia de Entre-Douro ó Minho. Eo su accideo* »La(la masa tienen origen al E. el referido río Teixeim , el ¿ermenba , el Sordo, y al 0« el rio & ÜveUia »con varios torrentes que entran en el Tamega. A jilado opuesto de la Beira» en la izquierda del Due* »ro, se levanta casi ¿ la misma altura, pero mucho
•mas abruptamente, el Monte Muro, en cuyas faldas »está situado Lamego. Este macizo de granito sb Danálogo al del Minho, y continuo como el del ioi>tenor de la Beira: sus formas son un poco redoQsdeadas» el suelo mas unido y la textura de roca «diferente á la de granito, que se eleva en otros •puntos del perímetro de nuestra pequefia ciienci •geológica (la del Alto Duero). Pero las márgenes M •Duero son aquí , como casi siempre , formadas por •rocas cristalinas.
•Estas do5 montanas , por medio de las que atra- •viesa el Duero, contienen basta cierto punto los •vientos fríos y húmedos del mar; abrigan el pais »VinhaUirOf haciéndolo propio á esta producción «y •esta circunstancia unida á la de la naturaleza de sos •rocas, da á sus frutos un saborcillo [mncte] que no •se conoce en los de otras regiones, •
Asi como la sierra ó montaña de Maraon , ligada
ynmExm oocnne^rTAii;» iU
Umbieo al N. O. á la de Cabré ra, de que la separa el Hwega , se relaciona como acabamos de ver coa UonteMurOf en la izquierda del Duero, asi los ramees de la sierra de ViUapouca tienden á unirse i
las montañas de la Boira, próximas á aquel, y asi (amblen se comprende la catarata que existia eirCa* chSo da Valleira, al S. de San Joáo da Pesqueira, que fué preciso romper para hacer posible la nave*
La pni te elevada de la meseta , como la de entre Sabor y lúa, ae baila muy poco poblada, y aun ooando en general bastante cubierta de vegetación, DO con la robusta que se encuentra en los valles dofide hay ademas de los cultivos necesarios á la pa« blacion grandes ái boles coaio robles y castaños; pero donde adquiere una riqueza suma es en la parte inÍBrior de estos mismos valles, donde se recolecta nmcho aceite, naranjas esquisitns y el celebrado vino de 0-Porto , que se cria á las orillas del Duero en el Paiz do Vinho , territorio que mide 44 kil. de esten- «on de á O. , ¿ lo largo del rio, entre ia Quinta do Vesu vio y Barqueiros , y 22 de N. á S. de ViUi Üeal á Lamego.
£1 Tua nace en la Sierra Segundera con el nombre de no iuela que lleva en todo su curso por Espafia. Pasa por Lubian (469 bab.) , donde recibe dos «royos, procedentes, el de la derecha de la Portilla de la Cauda, y el de la izquierda de la Portilla daPiadornelo, ambas en la comunicación de Orense
i58 CAPITULO
¿ Zamora y baja despuo«> á Hermizende (707 habitantes), para entrar en Portugal, donde empieza!
tomar el nunibie de Tua.
Por bajo de Pago de Yinhaes (219 bab.), donde
lo cruza por un puente el camino deBragan^ &Cha* ve¿*, recibe por la izquierda el rio Baceiro, que baja de Serra Teixeira, y i 7 kil. mas abajo, cerca Ouzilháo (4ui> Lab.), afluye por la derecha el riachuelo que riega la pintoresca y fértilísima vega de Vinhaes (488 hab.) , villa antiquísima y que estuvo fortificada para con f on er las agresiones de los galle* gos , 808 vecinos, £1 Tua sigue aqui una dírecdoo N. E. S. O., ya con bastante agua por íirito (115 habitantes). Val de Fontes (226 hab.), y Frazidella (345 hab.J, con un puente en esta úlLinia poblai-iuii para el camino de líragan^ á Chaves por Torre de Dona Chama (350 hab.) , villa que se baUa en la izquierda del Tua frente á Fradizeüa.
Ya alli este rio se dirige al S. y por un valle baatánte poblado co»no lo es el del rio que baja de Serra Nogueira por Villarinbo do Monte (13ti bab.) , donde hay puente también para la misma carretera , y que afluye por la izquierda, baja á Mascarenhas (490 habitantes) y Mirandella (1,320 bab*) , vistosamente situada en la izquierda del Tua , con un magnífica puente de diez y ocho arcos en un valle malsano» perú muy fértil en cereales , villa importante por ha liarse en la comunicadoa de Miranda á Chaves y Vüla ReaL
Bastante agua arriba se une ai Tua el no Meóte 4
ííaba^al, que nace cerca de Pena Nofre y Pena de Boqueiro, junto al pucrtogide Gamba en Galicia. Riega eo esta provincia el llamndo pais del lliús por cerca de Orríos y Viliariobo (240 bab.) « población» ttUó!línia, portuguesa ya; sirve un corto espacio de iíuíUíra y penetra por ün en Portugal
Sigue en este reino una dirección casi nieridtoíiaJpor SaQtalha (19i> hab.) y Villarláo (250 hab.), UQÍéodoaeallial rio Balleiro que desciende de la sierra de Mont 'Qegro, cruzado corno el Rabagal por el caaiiao fronterizo deBraganga á Chaves. Desde allí cor* reparalelaniente alTua dejando entre ambos un espacio peoiQsular bastante esteoso que llaman Tierra de Lomba cpie concluye en Mirandella en la conOueacia de los dos ríos, y en la orilla derecha la feli- «nsia de Palpados (1,680 hab.) en el camino de raüdella á Cliaves.
£1 Tua desde Mirandella principia á hacer un gran recodo hácia el E. por Frechas (370 hab.) para dicigirse deñnitivaaiente al S. ü. por Abreiro (730 ha* hilantes), por bajo de cuya población y á7 kíL de ella recibe por la derecha el rio Tinhella que entre las ñerras de Pdgo y Bscaráo baja de la de Villapouca cru* »do en Murga de Panoias ^800 hab.) á la aiílad de tooorso por el camino de Mirandella á Villa-Real, Despu^ sigue á PoniLal (525 hab.) y San Maniede (lf220 bab») por entre faldas que caen rápidamente d Toa y al Duero dcmde se crían las Daianjas mas
CAPimtO IT*
<:elebrada8 de Portugal, para afluir á este gran lii ^
por una an.^ostura áspera que llaman la Foz do lua, entre Castedo (478 J[|b.) y Gastanbeiro deNoril (700 hab.) situado en las cumbres á derecha é o* quicrdo respectivamente.
El Tua, cuyo curso en Portugal es de 60 UU atraviesa al principio tierras muy quebradas: pero después ya en la gran meseta de Traz-os-Mootes m biLjii se encauza en ella bastante profundamente recorre valles amenos á que se abren los del Rabagai } Tinhella regando á su terminación una parte aunque pequeíia del Paiz Vinhateiro de cuyos productos par» ticipa también la región alta cambiándolos con cersi> les en la Puebla de ¿aaábi ia.
Hemos dicho que al 0. del Tua descienden al j
Duero otros rios, y efectivamente, cruzan ese misino Paiz Vinhateiro y ea la parte mas csteosa y product j ti va el Pinháo, el Corgo y varios otros menos impo^ tantos ó alluenles suyos.
El Pinháo que nace cerca de Alfarella (620 Iiab4- corrouie N. á S. en una estensioa de 39 kil. por uaj. valle sumamente pintoresco y bastante habitado es« , peciaimente en los últimos 12 kil. en que á la ixquierda y en las vertientes de la peñascosa 8erra£s* earás se encuentra Tavaios (1,130 hab.), villa aati^ quísima en posición elevada dominando ventajosamentela derecha de Duero, y Val de Mendiz (228 \^k^ Yillorinho de Cotas (120 hab.) y Casal do LoivoS
(200 hab.) En Ja orilla derecha asientan, sí bien 00^
%SBTIBRTB OCCIDENTAL. 161
nob» iMeriores poblaciones sobre las laderas enIliertas de vifiedo, Sabrosa (639 hab.), Villorinho de Usk Romao (1,080 hab.), Provezende (900 hab.) con
restos noíablcs de antigüedad, Goiváes (418 hab.) y Saa Cbrifrtováo (228 bab.) junto á un castillo de jeom amtinado. Estas dos últimas poblaciones se bahü Situadas en los ramales orientales del Monte Go« 10, que cayendo rápidamente sobre la orilla derecha de! Pinliao y del Duero separa de aquel rio el Ceira que fertiliza el pequeHo valle de su nombre desde la ftieate de R6a1de en que tiene su origen hasta el Duero á que afluye sustentando en las colinas do sus aiirgenes P¿radella de Guiáes (285 hab*) y GuÜes (úÜÜ hab.)
Has al O. corre «1 Duero también un arroyo s^
parado del anterior por una eminencia sobre que se <lc6cubre en posición estremadamentc pintoresca la Hi$re8(a de Galafura (600 bab.), rodeada de arbolado y de Viñedo, y mas al 0. aun el Corgo que riega 4 ViUa*Real (4,080 hab.) población la mas consíde» ilbte de Traz-os-Montes.
El Gorgo nace en las montaño? de Villapouca y en h veeíodad de esta villa, corre de N. áS« cruzando la Scrra do Omizio por una estrerha garganta, al {la&e fartilisimo en que asienta Villa-Real donde existe pn buen puente íjue relaciona la población con sus Wrabalesen la comunicación general de Bragangaá Aborto, i la que da importancia lo numeroso, oolaerciante ó industrioso del vecindario y la riqueza
102 CAPITULO !¥•
del país alendafio que hacen considerar i Villa-Real |
como la capital de Traz-os-Montes, siéndolo en reali- 1 dad Braganca» mucho mas triste y apartada del movimiento general de la costa. De alli y redhibiendo por amDas márgenes varios arroyos de riberas amanas, | fértiles y pobladas entre los que se distingue el rio | "inha, aíluente de la izquierda, que desciende Pónte-Pedrinha por la proximidad de Aba^ (1,076 | habitantes), llega á desembocar en el Duero al E. de Pezo de Regoa (2,ÜU0 hab.}, villa cuyo or/geo fueron miserables cabañas y que hoy, merced á los «imacenes y feria de vinos que ha establecido la compaftía del Alto Duero, la cual valüa sos transacciones en 120.000,000 de reales al año, tiene importancia y nombradla sumas en el curso de este rio.
Entre Pezo de Regoa y Mezáo frió (1,170 hab.), población situada ya en la cumbre de ud estribo de la sierra de Maráo al caer sobre el Duero, baja dee^ te elevado monte el rio Sermafla, de curso también meridional y de 22 kil. entre las faldas orientales de la mencionada sierra y las occidentales de un estribe en que se eleva el .Mourinho, cerro bastante alto al N* O. de Regoa en cuyas faldas asienta Moura^Marta (510 hab.) situada como todos los pueblecülos del país entre arboledas, viñedos y cultivos.
Otros estribos mas occidentales del Maráo y que al terminar en el Duero sustentan la villa defiarqoeíros (1,325 hab.) en el término S. O. de la proviaeii de Traz-os-Muntes y del Paiz Vinhateiro, eacierraa
YttTl£NTE OGCIDEirrAL* }d3
d emo del riachuelo Teixeira, según unos, y Garra-
pateiros según otros, que desciende de N» £• ¿ S. 0« d6JiYfliad6Teaeiia(531hab.) §
Por la parte Oriental cierra la cuenca del Tárné^»'
ga el estribo de la sierra de Queija que hemos señala- i do como divisorio coa el Tua, el que á su termina-- don en Villapouca ae ramifica hácia este rio y el' Duero y al S. O. se liga con las estreniidades occideataies del Uaráo. Al N. la determina la sierra de Saa Mamed y su unión con la mencionada de Queija en lasque se encuentran las fuentes del Tamega. Al 0.» porfiDt lo hace aquel ramal considerable que dijimos foruiaba límite con la cuenca general del Mino y seaibdividia en el arranque de la sierra do Gereas dinjiéndose por una gran meseta á enlazarse con la de ^áo» separando del Cavado y del Ave todos los tifla tributarios del Duero eo la parte inferior de su dilatado curso. El Taniega tiene una gran parte del suyo en Ga«-^
*a; y reía; ionado con Orense por la carretera ge-, oeialde Castilla á Yigo que lo cruza en Yerin, ofreuaa entrada de las mas practicables en el vecino róno, en la que se encuentra la olaza de Chaves».
104 c/.mcw IV
tind do las mas importantes, como signo de soao* -cesíbilidad.
#Desde las faldas meridionales de San Hamed J
desde Laza (364 hab.) corre el Tamegade N. á S. entre elevados montes á Honterey i fortaleza situada sobre un cerro y á cuyo pié aunque en la orilla opues» 'ta» derecha del Ta mega, asienta la villa de Vería (1,429 bab.)* Recibe poco mas abajo por su deredui el no r>ibol que baja de la Giroada (653 hab,) eala «ierra de Larouco y penetra en Portugal por Feces de Abajo (229 hab.) entre aquella misma sierra y la de Hontenegro« divisoria de sus aguas de las del Tua, que forman un Valle delicioso y fértil que ae prolonga en el mismo sentido que el rio á Chaves (3,900 hab.). Esta plaza, distante unos 11 kil. de k ¡frontera, se encuentra situada en la falda nieridioDal '4e una suave eminencia esplanada cubierta en m estremidades por el recinto de la villa; dos castifloB ^rectangulares con baluartes; uno, el de San Francia ;co, unido á la plaza y el de 0*tezo algo separado alN.; y un hornabeque, hoy en ruinas, en la parte oriental sobre el rio. £1 camino de Honterey recom la orilla izquierda y cruza el Tamega por un hermoso puente romano de diez y ocho arcos cu va entrada impide otro bornabeque llamado de la Magdalena, pcv el nombre de la puerta que da pubo al i ecioto por el mismo lado oriental en que aquel se encuentra y /corre el rio. A este se une por la derecha el arrovu$to Rálbelas que corre por la falda occidental d&
iftemmeaGia coa dos puentes que facilitan el paso i los caminos de Braga, hallándose junto al mas pr6%i^ mu al latuega unos baíios minerales muy frecueu« lados antigoamento. £1 camino ¿ Montalegre faldeft
la esplanacla por la izquierda del Ruibelas y los da Mooforie de &io Libre, Mirandelia y Villa-fteal ar* moean de la cabeza de puente en la izquierda del lamega,
Erte no desde la vecindad de Chaves se indina
tIS. 0. por ííedündello (640 hab.), Bregado (385 hab.) y Moüteiro, donde recibe por la derecha el río Terva que desciende por Ardáos (570 hab.) y Bobadella ^hab.) en los caminos de Montalegre y Braga* Si* gae hego el Tamega á confluir por encima de Caves (1|063 hab.) con el rio Be^a que baja de la divisoria m ú Cavado por Beca (760 hab.) en los caminos de
Chaves y Villa-real á Montalegre y Braga. Empieza eatooces á cruzar la unión de la Sorra ¡do Cabreira y k de Harto encajonándose el Tamega entre eleva» das laderas por las que bajan al río solo exiguos maiilotiales sin importancia alguna procedentes de ara* bas montañas, entre las cuales atraviesa el camino dft Mirandelia y Chaves k Guimarftes ppr Gabeceiras 4i Basto (1,159 hab.) situada en la orilla derecha. D^pues se encuentran en la misma márgen Arco de Ittllie (934 hab.) y Mondim de Basto (1,500 hab.), donde empieza un frondoso valle de riberas bastante locidentadas en Amarante (1,500 hab.)t villa situada M pendiente rápida hácia la derecha del Tame;^ que
iG6 *cAfiTDio vr
08 craza por un belUsimo puente, causa de la fonda»
cioa de la villa en el camino de Villa-Real á 0-Porto. Muy pMxímo i Amarante se encuentra San Veríaíaia (428 lial).; felij^Tesía de Santa Cruz de Taroega, y después en la misoia orilla derecha Ganavezes (720 bab.) ( donde afluye por la izquierda él ya citado riod'OvAi que de N. E. á 0. desciende de Ovelha do Maríto (570 bab.) en las faldas occidentales de la Sarrado Mar&o cruzado al S. E. de Auiaraale por el cauuao de Pezo de Regoa.
Desde Amarante, el Tamega cambia un poca al S. su dirección general, y en Canavezes se dirí^ rectamente i este polo, hasta desembocar en el Doero, tras un curso de 144 kil. 89 en Portugal; siendo d mas considerable por su caudal y el mas importaaie de cuantos ríos hemos d'^scrilo como afluentes del Duero por la orilla derecha.
Al O. del Tamega , que desemboca á 44 kil. de 0-Porto, lo hacen varios oíros riachuelos inaignifi* cantes que descienden rápidamente al Duero en m pendiente y cortada margen, y por fin el rio Sousa. que teniendo sus fuentes en la escabrosa Sem da Santa Catalina, que desde la de Cabreira va de^. E. á S. 0. á terminar junto á 0-Porto , formando la di* visoria general entre el Mino y el Duero , desdenife por la ciudad de PeHafíel (2,500 hab.) , conocida hasta hace poco por Arrifana de Sousa por el ilustre apellido de su fuadador en la dominación árabe. Corra después al S. O. á Aguiar de Sousa (720 ha-
taXiSNIfi OCODBMTAL. 107
iHtaotes} , y Oo vellos (480 bab.) , por un valle rico j pintoresco acompañado por la carretera de Bra*
ganga, Ulirandeüa y Viüa Rea! á O-Porio , que cruza ii ciudad mencioDada de Penaüelt y después la (elw peeiz de Vallongo (3,150 hab.) , ya al pie de la oienctooada sierra, que allí lleva el mismo aoaibre de la pohbcíon , notable por sus antiguas minas de plata esplotadas por los romanos. _
El Duero desde la desembocadura del Tamega se mcGna al N. O. , presentando un aspecto grandioso» especialmente desde Avintes ^2,475 bab.) , donde los i gieses se apoderaron de if s barcas con que veri* ficaron su paso en 1809 al frente de O-Porto que ocupaba Soult.
O-Porto, ciudad según ya hemos dichola mas importante de Pcrtugal después de Lisboa por su poMicion, riqueza y floreciente comercio t se halla á* tuacia en la orilla derecha del Duero, á 4 kil. de su desembocadura, en un antiteatro bellísimo formado por tres montañas , Cerminacion de las sierras de Santa GataUna y de Vallongo, adornada de rica vefBtaeton y casas de campo que rodéan la ciudad y sus arrabales septentrionales. Al S, en la orilla izfuerda del Duero , que boy cruza un puente de barhsy también lindos y poblados arrabales, como Vila NovadeGaia, circuidos del mismo modo de qpíatas y frondosas alamedas. £1 Duero, nav^able
•lli hasta para fragatas de guerra, no siéndolo para
aavios por la barra • necesita unos sólidos maloca*
I6S C/IFITOtO
nes que oontongan sus desbordamientos y ama al
mismo tiempo de muLllcs , introduciéndose después por uua aagostura notable que defienden íuertes perfectamente establecidos en la entrada del puerto* La situación de 0-Porto es para los españoles de un doble interés, pues que en sus operaciones no
solo no es obstáculo á ellas el Duero, sino que por
el contrario las ayuda, pues que es una barrera para h defensa del territorio todo que comprendeo las provincias deEntre-Douroé Minho y Traz-os-Montes. Porque si bien en 1580 la conquista de 0-Porto por
Sancho Dávila no ofreció grandes dificultades, como sucedió á lord Wellington en 1809, fué porque k>- graron recoger río arriba algunas landias que una estratagema puso en poder del primero , y el descuido de los franceses en él del segundo no hallán-» dose por lo mismo sus enemigos ni prevenidos ni con medios suficientes para resistir á sus bien apercibí* dos contraríos.
Otro resultado hubieran tenido aquellas empresas m el prior de Crato tuviera tropas veteranas que ft* Gilmente pudieran impedir el paso de rio tan cauda- ^ loso como el Duero, y si Soult no se descuidara bas^ ta el punto de encontrarse al amanecer del dia 13 de mayo con que los ingleses habían pasado sosegada* mente el Duero y fortifieádose en edificios inespug* nablesd^eel momento de su ocupación.
Por el oeotrario el ataque de 04^orto desde la orilla derecha es fácil , y nada puede resistir en ln
cíodad al de un ejército bieo pertrechado t que quedina ooa vez dentro de ella en disposición de baoer una campaOa ventajosa, tomando por base el Duero yporlíaea principal de comunicaciones la general de 0-Porto á Tuy« que es la mas fácil y cómoda.
La de Chaves y Braganga » ademas de ser mucho maadíialada , crasa un territorio muy ispero y poco publado, fallo en general de recursos y con muy malos cinmios. Sobre todo el Tamega es un obstáculo
f jderoso enüna guerra nacional en que el país tome uoa parte activa» £1 mariscal Souit en 1809 » sor» - prendido en 0-Porto y teniendo por imposible la retirada por Braga por las circunstancias mismas que inpdienm su invasión por Tuy , se dirigió á Vallon* goooD ¡Otenlo de pasar el Tame¿a en Aoiaraate; pm borladas sus esperanzas por d temor del ge* neral Luisón, que la ocupaba, de verse separado de 0-Porto por los ingleses que tenia á su frente t tato Soult que decidirse á volar su material de guena y enriscarse por la sierra á Guimaráas en la CMca del Ave. Pára pasar la sierra de Santa Cataha era necesario seguir sendas de cabras, y los soldados franceses que iban muy cargados con el botin
de 0-Porto , sufrieron mucho en el tránsito de aqiieUoi montes. Aun tuvo el pensamiento su general de dii^'rse á Chaves para volver á Orense por d camt« Qo mismo que habia llevado en su invasión ; pera ooapada la plaza por los portogueses no era fácil el pasoi y prefirió el de Ruiváes y Montalogre , pudíen»
t7C emsiM m
do « gracias á su heroica resolucioa, ¿ trabajos ; penalidades sin cuento , combates repetidos con las guerrillas del país y vanguardia de Beresford que le acosaban sin desosó , y Ja pérdida de los poco» bagages que se habían salvado en Vallongo, llegar i Orease con sus soldados estenuados de cansandOi descalzos, caá desnudos, habiendo caminado con frecuencia sin víveres con lluvias torreatales, dea» contentos de sus geíes y de sí propios*
El paso del Duero en Miranda y Freixo d' Espada á Cinta es dificilísimo, segua hemos dicho al describir el Duero en la parte en que corre de N. £. á S. 0., taato por las condiciones suyas como por las del terreno que después hay necesidad de atraveaar para dirii^irsc á la*s principales pol)laciones de Trazos-monte? : asi que para verificar la invasión en Portugal dirigida á la ocupación de 0*Porto, es predaa buscar otras vías. La entrada por Alcaüices ó h Puebla de Sanabria, tiene, ademas de la necesidad!
de conquislar la plaza de Braganga , la de recorrer después un largo trayecto de un pais pobre y valeroso , y atravesar el Tua y el Tamega por camimis' que si hoy se hallan reconstruyendo es con tal lealitud , que según los estados del sefior Aldama m su obra ya citada, en la carretera de Braganga á Villa Real trabajaban en 1855 tan solo sesenta opesarMi cuando la distancia es de 116 kil. La de Chaves oo «frece tantas dificuílades, pues que solo sus forú^ ficaciones pueden impedir la entrada» aunque el te^^
iteoo que posteriormente ha de irse conquistando es
íambieu de malas condiciones. Una vez ocupada CbaveSt el camino, si bien, repetimos» es malo, esinuy convenieníe para el flanqueo de los ejércitos que ^teian la línea del dlino que puede aislarse pur este movimiento. Pero la línea verdaderamente mi« litar de invasión es la de Tuy á 0-Porto por Draga, y no sin lazon ba sido fortificada la del Mifio con tanta plaza, siendo tan escasas en el resto de la frontoa septentrional con Galicia y Zamora. Es necesafio tomar las plazas del Mifio para asegurarse las co« nnnicacioaes con España , pero una vez ocupadas, edrie una base fortisima de operaciones que tiene el complemento de sus condiciones militares en el canteo ya descrito de Gbaves y en el de Montalegre,
La intervención espafiola en 1847 ofrccícj el as-» . pacto de una invasión general , pues que en Estro* I wdm's y Andalaefá se ayudaba al gobierno porta^ gués contra la revolución , mientras el teniente ge* Mil don Manuel de la Concha , al frente de un brí* fiante ejército , combinado con tropas que de Galicia ^pDÍeron las líneas de Valen^a y Chaves ¿ Braga, en* trt porBraganga, Mirandella, Mur^a, Villa Real, Aanffanto y Yailongo. Las circunstancias de la camftta que tenia todas las condiciones de civil , la acogida que se daba á los españoles en todas partes, no I csperimmtando mas que alguna pequella resistonda» ' j la benevolencia de su ge fe que supo conquistar*
I m td «ttmacion entre los oaturalest qne una de .
m CAffmLO nr.
las condiciones impuestas por la Junta revolucionafia de 0-P6rto era qoe permanecieseD noeatro oouh
patriotas en Portugal hr.sta hacerse las üue\aseleccionea, contribuyeron poderosamente á ia rapidez da la eapedtdon , que el 16 de junio ocopaba C Braganga, y el 25 se hallaba en las puertas de O-Porlo, imida á las tropas de Galicia, m (Oros oMáMÍMfai, imiet terreno.
Bemoa dicho qúe en la cuenca del Ereama y Adaja podian considerarse comprendidos el Cega y Zapardiol, que tienen su curso á E« y áü. de aquellos, y efectivamente la constílucioo orográfica de las vertientes septentrionales de la cordillera Carpetanaparacen eatender loe límites naturales de esta cooioa hasta comprenderen el¡a los valles inmediatos que fe abren ai Duero, en su dirección occidental, en la awaeta qne después rompe su corso á S.O. entre CastroLadrones y la afluencia del lórmes.
La circunstancia de no existir cootrafuertea notables que corten la elevada llanura de la región del 0uero en esta parte inclinada insensiblemente este rio, beee difícil la delimitación de los anueotes suyos encerrados en estrechos barrancos que apenas cortan la monotonía de páramos sin fin, poco habí*
viaTmn ocnanonn.. rrs
tidoi, y acddentadoB tan soto por hm iiinsm qiH
írecuentemeiUe los cubren.
La caeaca del Eresma y Adaja con loa valles <lel €egi, del Zarpadiel y demás ríos que á sa O. van il Duero, se lialla limitada al E. por la diviso* m con el Doraton, que afecta un lomo suave, ar« raDcaado de Somosierra al 0. del puerto de Linera, y estendiéodose al N* por anchurosos páramos cu* biertos á íntérvalos de pinares, cuya constitución leveian varías lagunas pantanosas que se encuentran 60 la planicie mas elevada de ellos* Al S. cierra la cuenca la cordillera Carpelo- Vetónica desde el menekmado puerto, próximo y al O. del de Somosierra^ hasta el estremo occidental de las Parameras de Avi'» la t en el arranque del collado que las separa de la «erra de Avila, donde se encuentra el puerto de VtUaioro, en la divisoria con el Tórmes. Al O., esta iMma divisoria limita la cuenca, dirigiéndose si Due^
ro, hacia el que vierte todos los rios y arroyos quo endirecaon septentrional van á afluir entre la en» Inda del Adaja y el punto de cambio de direccioa que hemos señalado , y que son • coaio ya autos dicamos , el Zarpadiel , el Trabancos , el Guarefia y
otros arroyuolos mas occidentales. Por el N., el Duero en Qoa esiension de mas de 200 kiL corre, según ya ftOHBos dicho, recogiendo las aguas de todos estos ríos J»r su izquierda » y formanao una barrera entre &m- ^lis orillas.
El Gega nace en la cordillera Garpeto-Vetónica,-
174 CAFmu.0 IV.
detenDioando en sus fuentes los puertos de Aroones, de Linera y de Navafría , pasee dificUísiiiioB de la sierra hacia Buiirago. Baña en un príacipio el valle de Pedraza , recogiendo las aguas de un esteoso pir
nar y dirigiéndose de S. á N. desde Na\ afi la (601 habitantes) á Pedraza (579 hab.) y Pagares {&7 bab.) por las descendencias de la cordillera. En Pajares, 7 de?pues de dar un muy violento recodo íreate á Rebollo (273 hab.), se encamina al N. O» por un esbe* cbo barranco abierto en páramos cubiertos de pinares en la inmediación del rio, y aun estendióndoae i|
grandes distnncias de sus aí^uas por un terreno arenisco, en escalones descendentes bacía el Dueio» Este terreno, si bien muy elevado, como ee el de toda la cuenca superior del Duero , se deprime notablemente respecto ¿ ella, asi que existen en ¿1 varias lagunas en su divisoria con el Duraton, dominándolas las villas de Cabezuela (603 hab.) y Cantaleo (l»40i habitantes), que so encuentran al Ñ. E. de la Pucbh (237 hab.) y de Veganzones (562 hab.), pueblos situados á derecha é izquierda y un poco apartados del Encajonado , como corre , no recibe este rio ningún afluente considerable en una gran distaaeía> ¿ pesar de abrirse á su inmediación algunas barrao-^ cadas como la por que se abre paso el arroyo Ccr-
qnil^a , faldeando las co'in«ns en que se eleva Ciiellar. (2,996 hab.) y varios pueblecillos que asientan en bs regatas que de ellas descienden al mismo bádaelS., y como algunos de los afluentes de la derecha doÍ
TEBTIENTE OCCIDEMAL. |75J
P!roD, que lo es del Cega, cerca de La Mata (421 ha*
Iritantes), cuyo üooibre Ileu el pinar que atraviesa ú Gega en su confluencia.
El Piran nace en el puerto de Mal-Agosto y en dirección ai a. o., la misma del Gega, baja de la sierra de Gaadarraraa por Santo Domingo de Pirón (204 haKbntes), Viliovela y Müzoncillo (823 hab.), tan cerca poco después dd Eresma, que solo dista de él 3 kil. de un espeso pinar, por el que prosigue oculto á reuoicse al Cega cerca de Iscar (1,285 bab.) Sus afluentes, si en un principio son numerosos, como descendieodo de las quiebras de la sierra , son de escaso caudal, y después solo el arroyo Maluca que bajai de Aciulafuente (1 ,252 han.). Fuente Pelayo (1,44 l liab.) j Sao Martin y Mudrian (482 bab.) y el arroyo TerriDa, que lo hace de Sancho-Nullo (548 hab.), son de meacionarse.
Sigue el Gega luego á Mojados ( 1,958 hab. ) y á Viana de Cega (306 hab.), donde afluye al Dueru tras ua corso de 95 kil«, de escaso caudal, y con la sola fanportancia que le da el camino de Tudela de Duero i íbcgovia por Guéllar, cuya ocupación es necesaria pm la marcha desde la capital de Gastiila la Vieja ¿ la de la Monarquía ea combinación con la de la car« lelem general.
El Adaja tiene origen en el puerto de Villatoro, desde el que desciende al E. por el fértil vaile de AmUes, entre las Parameras y la sierra de Avila, donde tttieotanlSanta María del Arroyo (2¿U.hab.)i Narros del
176 GAFITULO IV.
' Puerto (225 hab.), Batema (224 hab.) , Minmcab (223 hab.) y Avila (6,419 bab.) Esta ciudad» capital t de la provincia , se halla situada en ana colÍDa poea
\ elevada donde se interruiupe el estribo de la cordi- ¡ llera que» con el aombre de sierra de Avila, mth 4 tiende al Mirón formándola derecha del Tórmes desde i la unión con las Parameras en el collado de ViUaioro. El Adaja parece romper la sierra después de unido i los arroyos Grajaly Riobcquiilo que no llevan agua ea k temporada de calor, y la cruza al 0« de la ctudiil
donde üxible un buca puente. ' • I
Desde alii corre el Adaja constantemente al I^. por un terreno llano , interrumpido tan solo por algoaas
colinas ó cerros y sin arbolado ni frondosidad, escepto en la vecindad de algunas poblaciones ooa huertascomo Mingórria (1 ,034 hab.) y Arévalo (3,029 habitantes) , donde se le une por la izquierda el no Arevalillo, que en dirección al N. E. desciende de li sierra de Avila por Hortigosa de Morana, cerca de la carretera de Avila á Salamanca, y por el lugar de Papatrigo (442 hab.), y finalmente al fin de su curso, de 50 kil.y encierra con el Adaja la mencionada villa de Arévalo, que sobre uno y otro rios tiene puentes para sus comunicaciones en la carcelera de Madrid a Benavente y Galicia.
Siempre en la misma dirección sigue acompa* nado á alguna distancia por la carretera de Valladi^- lid, que por su orilla derecha baja de GuadanUBS por San Chidrian (859 hab.) y Martin MuQoz (l,0a3
\£AIi£NT& OCClDCt<TAU 177
habitantes) á Olmedo (2,537 hab.), villa ccleb¡ c, sitoada entre el Adaja y el Eresm a que se uneu junto á ^lUestra Señora de Siete Ii^lesias. ^
£1 Eresma se forma ea la sierra de Guadarrama tí pie de PéRalara y de Siete Picos , cayendo á los deliciosísimos jardines de San ildeíonso (1,815 hab.), Sitio Real de los mas bellos que con el nombre de La Granja auae la admiración de los viajeros por sus úiGomparables fuentes. Es conocido por el nombre de Balsain desde que se despefía desde el puerto de Navacerrada por la pintoresca Doca del Asno, coDtiouando después con el de Eresma á lamer las faldas septentrionales de la elevada meseta en que asieata la capital de la proyincia de Segovia (10,339 Wbitantes), con su prodigioso acueducto, debido á la sin par muniücencia de Trajano, y con su elegante Alcázar, morada antiguamente de algunos reyes castellanos y hoy colegio del cuerpo de Artillería. Al ^ pié de la ciudad tiene varios puentes , comunicando oon ella un arrabal, monasterios y fábricas que asienm en sus orillas , y dando paso á los caminos de jpDrilar, Aranda y Sepúlveda.
Su dirección es hasta alli en general al N. 0., y m eSa continúa después de recibir el rio Milanillos, que baja de cerca del Palacio de íliofrio á Ontanares ^Obabitantes), Los Huertos (260 hab.) y GarboMro de Ahosin (948 hab.) Agua abajo de esta población afluye por la izquierda el rio Moros, que desde el IWto de Guadarrama baja á la Fonda de San Rafael*
«APITULO IY«
donde se separan las carreteras de Madiid a Yaliadolid y Segovia, y despees á Vegas de Matute (690 habitantes), Juarros de Rio Moros (147 hab,). Nuestra SeQora de Oñed , donde es cruzado por el canu&o carretero de Segó vía á Sania María de Nieva y Olraedo, y Añe (227 hab.), en cuya inmediacioD y ea a pinar da sus aguas al Eresiiia.
Sigue éste por un terreno llano abriendo oa cauce profundo , sin poblaciones en sus márgenes , ya areniscas y pedregosast ya cubiertas de pinares de que abunda la provincia toda de govia, de entre los que es rarísimo el arroyuelo qu¿ sale , consumidas las aguas de todos por el ardor y sequedad de las arenas que constituyen llenera) mciüe aquel suelo. Pasa asi por la cercanía de Navas deOco (1,043 hab.) en la divisoria con el Pirón, muy próximo á él como ya dijimos antes, y las de Bernardoi (2,127 hab.), en la orilla opuesta , y en Coca (723 habitantes) , y junto á su magnífico castillo hoy caá del todo arruinado, después de cruzarlo un bueo puente de piedra confluye con el Voltoya. Nace eili en la sierra de Malagoa en la cordillera: cruza elcatn» po Azálvaro , y cruzado á su vez por la carretera general de Madrid á Galicia y Yalladolid cerca de&s Cbidrian , corre al N. por Juarros de Voltoya (9^ habitantes] , recibiendo por la derecha algunos «at*» yos como el de las Cercas, que l^aja de Hoyuelos (190 habitantes), y Melque (418 hab.) , y el Balisa qué la hace de Santa María ue Nieva (1,642 hab.) y Nava de
TCaiiLriTE OCCIDENTAL» 170
k Asunción ^1,GS1 bab.) Por la orilla i^quici^da no recibe el Eresma ninguno digno de mención « hallándose ea la -iran meseta qi!'/ sirvo de divisoria del Voltoya coQ el Adaja* Marlin«-!)Iuñoz» que ya hemos
citado en la carretera de Valladolid, y CoJ íi iiiz (538 habítaates). Moraleja (529 hab.)t Santiusle (1,092
habitantes^ Villa^onzalo (230 liab.) y Viüesuillo (287 babitajQtas.)
Ya cerca de esta población el Eresma corre do "nevo por entre pinares á Hornillos (319 hab.) y, Noestra SeQora de Siete Iglesias , donde afluye al Adaja tras un curso de unos 120 kil. y con un caudal (fe aguas mucho mas considerable que el del mismo Adüja, que le arrebata su nouiüre, y que siguiendo iiN. 0. por Valdestillas (853 hab,), donde lo cruza el camino de Medina á Valladolid, se lanza en el Duero fnsájd á la desembocadura del Pisuerga«
Elcuiso del Auaja es de VJÍ kil, con poca agua, UHupxe constante desde Avila hasta la confluencia
el Er.'sma, y sin producir beneíin'o aliíuno en itt poco risueñas tierras por que se abre un cauce profondo, como la mayor parte de sus tri; utarios, 4oe cayendo de golpe de la cordillera y cruzando ^ues estensas llanuras, muy poco accidentadas y cubiertas de tierra y piedras areniscas , hunden er Aisa álveo por efecto de las avenidas frecuentes e; las épocas de lluvia y de deshielos de la nieve de que cMfai cubiertas todo el invierno las cumbres de la Wdiilera»
480 CkHTVhQ ir.
Según proyectos que datan del reinado de Carlos V « dchia existir una comunicación fluvial de Segovia h Vnlladüüü, canal que, alimentado por las aguas del Cresma, debía ícrtilii'iar el valle suyo, y cruzan ?o al del Adaja por Olmedo dar paso á lasestracciones de ambos hasta el Duero, ea un punto próximo á la confluencia del Pisuerga , por el que comunirarin con el canal de Castilla y el de Campos. Mucha imp jrlancia hubiera dado á Segovia el canal fi! hubiese lIes:ado á construirse ; pero desgraciada* mente no ha sido asi, y privado de tal ventaja y de la del ferro-carril del Norte, necesitará la construcción de un ramal que lo una á él para dar salida á sus producciones, entre las que merecen mención especial las lanas de los innumerables emanados que pastan en verano en las frescas faldas de Guadarrama.
Por el contrario, Avila adquiere con la vía férrea mencionada un interés grandísimo. Si antes Segovii por su proximidad h la carretera general de Madrid al Duero , y por h .liarse bajo uno de los principales pasos de la cordillera, llamaba la atención de loe ejércitos, bien viniesen de Yailadolid bien de Aranda, hoy todos se d rigirán á Avila para vencer el paso de la divisoria , y tener cuando menos á su pie un elemento con (]ue las distancias siempre son cortas y los recursos fáciles de obtener El valle del Adija , que recorrerá el camino de hierro por Medina, Arévalo y San Ghidrían, que antes se tomaba como secunda*
TEBTtB!nrB OCCIDENTAL. iSl
úü d6»de alii por no conducir mas que á pasos difíci-* fes siempre de salvar, adquirirá la mayor importancia; y Avila, población de bastante vecindario, ro* deada-eo una parte de fuertes murallas , dominando la augostura por !a que ronque el Adaja la sierra , y m la comuoicacioD de Salamanca, verá en la llanura inferior del rio el combate que abra ó cierre la entrada del invasor en Castilla la Nueva.
El Zapardiel , río que en verano queda sin agua eo los 83 kii. de bu curso, humedecido su lecho por ilgonas charcas cenagosas y malsanas, corre en las
demás estaciones de N. á S. por Vita (221 hab.), ea las faldas septentrionales de la sierra de Avila, á Fontiveros (897 hab.), Gisla (321 bab.), Mámblas (517 liab.), San Estéban de Zapardiel (191) hab.), Salvador (166 hab.) y Medina del Campo (4 ,20S hab.) ; y cruzando el territorio mas fértil en cereales de la provincia de Valladolid, y abriéndose luego un cáuee bastante profundo entre las llanuras en que asientan Nava del Rey (5,9 i6 hab.), sobre el arroyo de la Merced, afluente del Duero al 0. del Zapardiel, y las villas de Rueda (3,ooJ hab.], La Seca (3,509 hab.) ]f Serrada (857 hab.), sobre otros mas orientales, entra en el Duero cerca de Tordesiüas (3,786 hab.), donde existe un buen puente que comunica con su poUacion las anteriormente mencionadas y las provincias de Castilla la Nueva y Salamanca.
No tiene el Zapardiel ningún afluente considerable coasistiendo todos en arrojadas sin agua en las
182 CAPITULO nr«
estaciones calurosas, y que solo delinean algnnos barrancos ó prados escasísimos, como sucede cou ios qua pasando por Rubí de Bracamonte (541 hab.). Tillanueva de las Torres (500 hab.) y Villa verde (708 ha* hitantes) se reúnen junto á Duefias de Medina en d camino de esta villa á Nava del Rey, para afluir joor tos al Zapardiel en aquella misma aldea.
En la misma dirección que elZapardiel, y en condiciones semejantes, bnja también al Duero de la misma sierra de Avila el rio Tra báñeos, que teniendo sus fuentes al S. de Herreros de Suso (422 hab.), desciende luego á la villa de Flores de Avila (652 habitantes). Cebolla (i41 hab.) y Rasueros (663 hafai> tan tes) donde los cruzan el camino que de Arevalo va ¡á Salamanca por Madrigal (2,300 hab.) que se halla ten la margen derecha, villa célebre por el sangriento jdrama á que diera lugar la aparición de un nuevo don Sebastian de Portugal. Ya en la provincia de Vailadolid pasa por Fresno el Viejo (1,299 bab.), entre jel Carpió (1,090 hab.) y Torrecilla de la Orden (i ,809 habitantes); por Castrejon (851 hab.) y entre la Kavt del Rey y Alaejos (3,641 hab.) poblaciones que mas ladelante hemos de ver ügurandoen unn campana iajtcres^ntísima. Por Alaejos y Siete Iglesias (1,571 ha* ibitantcs) corre el arroyo Pclayo que riega el valle de jla Hondonada y que es el único afluente del Traban* CCS que merezca mención, uniéndose á este rio unpop} mas abajo de la villa últimamente nombrada, pan ¿ospues bajar juntos al Duero á coiilluir en las ll mia-
VttTIBWT» OQCIDKNTAt..
Í83
4» Pelias Bermejas á los 75 kil. de corso torrentoso
j precipitado en su orígea, matiso y suave en el fierto.
Ea PeSaranda de Bracamonte (4,247 hab.), villa ' * faiporiantBÍma por su situadoQ , en las operacioDea
sobre la línea delTórmcs, tiene naciniiento el rio Guareña eo qq terreao que, opuestamente á lo que geoe- , raímente han sefialado la mayor parte de los geógra- ; loa, es iianot y accidentado tan solo por algunas coli*
¡tas erradas en la divisoria entre la cuenca que des- ,cnbiiu(^ y la dei Tórmes* Cruza el Guareña grandes hniras monótonas por ser su única cultura la de ; cereales, abriendo en ellas un cauce pantanoso que ; fcaoe difícil sú paso, contrariado también por los bor^ > des ó caídas de las mesetas que forman en general la ^ «qperficíe de su anchuroso valle. En él se encuentran : Palacios Rubios {Í6S hab.), Cantalapicdra (1,508 ha- ; iútaotes). El Olmo (261 bab.) y Castrillo (366 habi- [ iantes;. Fiontc á Caatalapiedra cambia su dn cciony ¡ ^eencamina al N. 0. á Fuente la Pena (1,884 bab.}, j para volver después á su rumbo general al N. reci- ¡ bicndo por la izquierda el rio Guarrate que de S« 0. ÍN. E. baja de Fuentesauco (3,329 hab.) en el casáho de Salamanca ¿ Toro, junto al que el GuareQa n por La Bóveda (1,697 habitantes), y Viilabuena * (342 hab.) á dcí^aguar en el Duero al E. y no lejos ^ Toro (8,430 hab.), donde existe un puente, varias veces roto, para ei mencionado camino de Salamanca J el de Medina del Campo.
De b meseta divisoria entre Daero y Tórmes que
se estiendc de Fueatesauco á Bermilio de Sayago (876 hab.), en un rumbo próximamente paraieb * al de aquel rio, descienden á él varios arroyos, sieü-
do solo de mencionar el Talanda ó Benialbo que baja del Madcral á San Miguel de la Ribera (ó6'¿ hab.) y £1 Pinero (576 hab.); el Ojuelo que también de & á N. y con sus afluentes baja del Monasterio de Valparaíso á Peleas de Arriba (687 hab.) y lambá* na (632 hab.) y otros mas al O, cada vez mas exiguos .y secos ea verano.
Todos ellos y los anteriormente descritos en la cuenca que nos ocupa cruzan, como varias veces hemos dicho, grandes llanuras que en la orilla del Duero son inferiores á las de la derecha en que asientan las principales poblaciones como Tordesillas, Toio y Zamora. Puede, pues, observarse perrectameale desde la derecha cuanto desde la izquierda va gra* dualmente elevándose hacia el S. lo cual en la guerra es de una inmensa ventaja, manifiesta prácticamente en la campana ele 1812 en la que á favor de esta circunstancia logró Marmont ventajas notables que solo pudieron ncuUalizarse por luid Wellingtoa con la victoria de Salamanca.
El Duero en toda la zona á que cae la cuenca dd ürosma y Adaja , y de los demás rios á su O., forma una línea muy difícil de salvar ante un enemigo eaétgíco ó inteligente. No presenta vados desde mucha mas arriba de la unión del Pisuerga y el Adaja mu
qoem íoUos (1,082 hab.) entre el Zapardiely at
Trabáncos; en CasUo-Nuüo (i, 340 hab.) ea un gran recodo que forma d río poco después de recibir el Trabáncos; ea las inaiediaciones del lugar de Peta Goazalo; ea Viliaralbo (809 bab.) al E. de Za-
mora (9,531 hab.) juiilu á la Jol ValJcraduey, y en el Cauaacal (250 bab.) al O. de la misma ciudad. Estos vados, sin embargo, solo son transitables en la esta» don de verano y siempre son diííciles por la anchura dol río y su rápida corriente.
Las comunicaciones en la cuenca del Adaja» sí Vm hasta hace poco consistian en caminos naturales» eseeptuando la carretera general de Valladolid á Madrid, no por eso dejaban de facilitar por la nataralesa del terreno y del piso el tránsito de la artillería y carmages; asi qm en la guerra de la Independencia pudo trasportarse por todos ellos sin grandes, aunque algunos, esfuerzos* Hoy se hallan construidas ó en construcción varias carreteras por un trazado próxima al de las antiguas, y Segovia, Avila, Salamanca, Zamora v Valladolid se encontrarán pronto en fácil y oóouKia comunicación. Por la orílla derecha existe ya una carretera paralela al Duero entre Tordesilla y Zamora, y por la izquierda se halla en construcciun la qaa ha de unir esta última capital á Medina del Campay de consiguiente ¿ Segovia y Avila.
Dentro de esta cuenca tuvo lugar el episodio mas bello acaso de la guerra do la independencia, remontéudmd el genio militar de un general francés á con*
IS6 CAVITULO IV.
trarestar Tf;ntnjosamcate el de lord Wellington» acompañado de fuerzas superiores y combatiendo ea país amigo. Yerros posteriureá hicieruu inútiles esfuerzos tao bien dirigidos y coronados de tan bríUao* te éxito como el resultado de la campaña del Duem ea 1812, y la gloriosa batalla de los Arapiics desbarató los proyectos de Marmont, que esperaba coa el ejército lla¡iiauo de Portugal recobrar cuaulo habia pecdido su antecesor en el mando, y aun él mismo ea las campañas anteriores, ó al menos neutralizar sos ! consecuencias. Pero enlazada esta campaña consu epílogo en Salamanca, dejaremos su esposicion part | cuando estudiada la cuenca del Tórraos podamos coa roas datos hacerla mas comorensible.
CUEXCAS DEL TÓHaES T DEL TftLTBf.
Asi conio en el puerto de Yillatoro se une á !t «ierra de Avila la divisoria de aguas entre Duero | Tajo ligando á aquella las llamadas Parameras de Avi ia, asi por otro suave collado alS. del. anterior sduneU'Ias Parameras á la sierra de Credos , paralela próximameate á las otras mas scpteutrionales. Por este coliado se li^a la divisoria, y él mismo cierra por élE. la cuenca del Tórnies continuando al X. la sepaxacion de aguas cou el Adaja por el puerto de Villatoro y la sierra de Avila hasta cerca del Mirón» dooda
IVCRTIKNTB OCCIUC^TAL• iüJ empiezan las grandes mesetas que hemos descrito en la cuenca del Adaja y demás afluentes del Duero á su 0. Por h parte meridional limitan las cuencas del TóriDcs y del Yeitos la sierra de Gredos, la série de coHados unidos por el cerro del Trampal, sierras de Vülafranca y Saníibíjuez y Pena Giulina, y la sierra que desde la última va de N. á S. por las llenas Jas«> i&AsL y de Francia á unirse i la de Gata; ó lo que es lo mismo la divisoria general de aguas entre Duero y Tdjo. Por Occidente cierran estas cuencas las sierras de Monsagro y de Ciudad-Rodrigo dilatándose después al N. por el lomo paralelo al en que se encuentran las cimas de Mogadouro, cortado, según ya hepos espuesto, por el \ólles y el Tórmes al desembocar en el Duero.
Este lomo, el mas pronunciado desde su a¡ i auquo de cuantos dividen aguas en la provincia de Salaman* ;Ca, y mucho mas que el que separa las del Yéltes y ¡el lórmes, da lugar á que« como cu ocasiones anteriores, oonsideremos á estos dos ríos comprendidos en jUna misma cuenca, á lo cual no cou tribuye poco la relación que siempre se encuentra en las operaciones itnilitn res entre ambas líneas iiidrográlicas contiguas y !eQ contacto con las fuentes del Alagon donde se baila lel paso del Tajo i la región central del Duero. ' El Tórmes tiene origen en la elevada laguna de iGredos y principalmente en la titulada Fuente Torinelia ó Tormejon , alimentándose , ademas , en el
i8S CAiUTULO IT*
ameno pero solitario valle por que corre en ms prind*
piosde £. á 0. con los maaantiales déla coütinuacioQ occideQtal de las Parameras de Avila, que contraria* mente á ellas loi aia sierra cortada luego por el Tórmes en la de ViUafranca ó Pena Negra al abandonar Zapardiel (443 Lab.), Bohoyo (610 hab.), TormeUas (165 bab.) y La Carrera (292 bab.), poblaciones situadas en el mencionado valle. Apenas salvada aquella cortadura, cerca del Barco de Avila (1,393 habiUintes), donde existe un buen puente para la oo*
municacion de Plasencia y Avila por el puerto de Torna vacas, recibe por la izquierda las aguas del rio Aravalle que tiene su origen en el punto en que tepmina la sierra de Credos y empieza la série de collados y su unión con el cerro del Trampal. Sigue iamiendolas faldas orientales de este cerro v aumen-
tando su caudal con los arroyuelos que de él se desprenden y dé la sierra de Santibáfíez; y por la derecha, ya cerca del puente de Congosto, lo hace con el río Corneja que teniendo nacimiento en ia parte occidental de! puerto de Villatoro opuestamente al valle Amblés, riega el de su mismo nombre de Corneja ó Piedrahita fértilísimo, pintoresco y en que asientan ViUafranca de la Sierra (892 hab.), Piedrabita (1,177 bab.) y Malpartida de G(»rneja (421 habitantes).
Desde la angostura al S. del Barco de Avilst el
Tórmes corre directamente de S. á N., inti rrumpiend tan solo este rumbo en donde corla la unión del Mi-
TEnTIE>iTE OCCIDENTAL. Ibí
nmóoD la «erra de Santibáfiez al N. de Puente Con-
gosto, oblignclo ó incerlo en violentos recodos que causaD las peñas eo que se veriiica la cortadura. Desde alli centiiida so dirección al N. por un terreno lla« D0| pues que son cortos y no ásperos los estribos que se desprenden del Mirón y de la divisoria con el Tajo y con el Yéltes, por entre los que solo f?e deslizan airoyos insignificantes; uniéndose al Tórmes por la doecba el Garcicaballero y el Margafian , después de pasar aquel por bajo del puente de Alba de Tórmes (2,352 bab.) Esta villa, célebre ya de antiguo y recientemente por el brillante hecho de armas de! 28 de noviembre de 1809 en que las tropas españolas al mando de don Gabriel de Mendizabal, después marqués de los Cuadros, supieron resistir en la forancion que indica este título á la terrible caballería de Kellermann, y mas tarde por la defensa de su castillo por don José Miranda Cabezón , tiene gran im* poitmcia en el curso del Tórmes, según haremos ver flias adelante*
Sigue este rio después i Villagonzalo (1 28 hab.) , y Eocinasde Abajo (240 hab.) , donde existia un puente cdganto para el camino de Madrid ¿ Salamanca y Zamora, apenas en uso por sepfuirse la carrelera que acompaña al Tórmes por su orilla derecha. Cerca de Bibilafaente (930 hab.) , tuerce al O. por Aldealén* gua (215 bab«), y Salamanca (15,203 hab.) , ciudad situada en la orilla derecha y con un magnífico puente de veinte y siete arcos que la coíü única
190 CAPITDLO IV.
COQ la izquierda y carretera de Gindad Rodi^.
Salamaoca, cuna de cien ilustraciones honrosas para nuestra patria, que bebieron en las porinaiai fuentes de aquel centro universitario, célebre ea toda la cristiandad » era antiguamente una fortaiem que destruida por el Mudhafer en 1007 fué reedificada para encerrar después monumentos admirablei que hoy van cayendo en ruinas. En 1812 fortificáronse algunos conventos y se establecieron por loi franceses reductos (lue ¡nipcdian el pnso del puente, por lo que fué necesario á ios ingleses pasar el Tér«> mes por vados contiguos y llevar de Alméida artillería gruesa para apoderarse de los fuertes y ser do^ fios de toda la ciudad , siendo su asedio , si no penoso por las dificultades materiales que pudieran oponer las murallas ^ ai por la presencia del ejércits francés , que no las perdió de vista hasta su asalte é rendición.
Desde Salamanca corre el Tórraes al N. 0. , crur zando estensas llanuras que siendo elevadas y M ofreciendo la pendiente natural hácia el Duero por ligarse al elevado lomo que hemos dicho forma tanbien la orilla izquierda , tiene que prufuiidizar el rio para desaguar en éh Asi que cada vez va enoerráadose mas en un barranco hondo que ncM'ca (h IrvJe^ma (2«896 bab.) t es peñascoso y abrupto , y las pob^ ciones de sus orillas se encuentran á un nivel muy uperíor al de sus aguas, demostrando Almenara om su nombre la posición enhiesta que ocupa , autf'OM
estar sobre la márgen misma del Tórmes.
£1 camino que de Salamanca se dirige ¿ LedesmÉ por Yilianriayor (429 hab.) , y Almenara, recorre próiiuuuaeQte la orilla derecha, y el que pasa por CarniscdlJe Barregas (121 hab.), y los baños theraiaks de Ledesína, recorre la izquierda aunque mas separado del rio; pero el de Ledesrna á Fermoselie (4,376 hab.), tiene que separarse mucho desús aguas por la circunstancia ya enunciada de ia aspereza de las márgenes* En todo este trascur- 10 el paso del Tórmes es muy difícil , pero ahora 66 está trabajando en la carretera que desde Za* mora ha de establecerse hasta el llamado puerto de Fregeneda para cruzar el rio pasado Fernioselle, población situada ya á 249 kil. del nacimiento del Tórmes aunque lejos de subintrada en e¡ Duero, y cuya importancia consiste en sus relaciones con Portugal»
Los aOuentes del Tórmes desde Salamanca son do poca consideración t y no citaríamos ninguno si no faera porque el Zur^iíuén , que desemboca junto á la ciodady no tuviera celebridad española por la bellí* sna composición poética de Melendez, y el Vaimu* íia, que también afluye por la izquierda y es cruza* io por la carretera de Ciudad-Rodrigo , no hubiese tidoun abrigo para el ejército ingles en la época ya otKia de la toma de Salamanca.
El YéíLes nace en la siena de Francia , y ya en sa origen se acrecenta con el caudal de varios ria-- ^Qel(« que descienden de aquella entre las sierras
102 CiPlTüU» 1V«
<Je JIonsagro y Ciudad-Rodrigo al O, ^ y al E. la de Tamames que separa del Yéltes las aguas del Hudiia, «ó principal afluente de la derecha. Al principio co^ re el Yéltes al O. á Gabaco (340 bab.) , y se iocaai | después al N. 0. por la Puebla de Yéltes (351 habitantes) , Alba de Yéltes (293 hab.), y Fueoterobkik Abajo (167 hab.) , para reunirse á los ríos Mo^as?c^ | des y Gav aes» que naciendo en ei arranque deii' 0Íerra de Monsagro bajan lamiendo sus faldas orieafñh^ para seguir con el Yéltes por las de la sierra de ' Ciudad*Rodrígo, su continuación, cruzados toim en sus fuentes por la carreLera de Salamanca á IftOiaffies y Ciudad-Rodrigo.
Cruzado taaibicn el Yéltes entre las confluencias <le ambos afiuentes citados f por el camino de Sab^l manca y Ledcsma d San Martin del Rio, Sangti Espí-í ritusy Ciudad-Rodrigo, corre aquel rioalN. aa-j cerrado entre la sierra que lleva el nombre de este! plaza y la de Tamames , que convergiendo y eán^ j ^ando notablemente la cuenca superior parMil qaerereo ligar agua arriba de Villa vieja (1,&05 bab*}«7¡ de Huero ác Cipérez , lugar, este último, situado Jl^ ea ia confluenciudel Yéltes y del Huebra. |
£1 Huebra, que tiene sus fuentes en iadivisorüA: entre Duero y Tajo entre las sierras de Frades, át»" de se alza PeQa Gudifiat y ia de Tamames, piralelas entre sí próximamente, corre por Moraleja daHuebra y Anaya de Huebra (151 bab.) t ai N. di Tamames (1,111 hab.). Esta villa se halla situada en
tBimWM OOOOlBlfTAL» 103
itt vertieatefi septeotrioaales de la sierra de m nom* ike, qoe arraocaado de la divisoria con el Tajo de
S.E. áN. 0., ofrece posiciooes muy veatajosas en que intercepta los caminos de Alba de Tórmes y de Sala* manca á Ciudad-Rodrigo. En ellas cslableció su camfoea 1809 el duque del Parque» y venció coa ua námero igualdeoombatienlesal general francés Hardand, que con 10,000 peones, 1,200 ginetes y ca* torce piezas de artillería» intentaba arrojarle á Portugal, sieriilo por el cuntrano obligado á consecueno&dd la batalla de Taiaames á abandonar Salamana y acogerse á la cuenca del Adaja para unirse á Kellermann y tomar de nuevo la oíensiva. £1 francés dtakiboyó su fuerza en tres columnas y arremetió la
izt^uierda de los espaaolos con aquella írnllardia que tioBpre ba distinguido á sus tropas » no mostrando turto ímpetu en la derecha y el centro por lo poco acc^le dei terreno* Nuestros compatriotas se man* tafieron firmes ; pero un despliegue inoportuno de uua brigada de caballería pudo poner en peligro la ^«Mda. Acudió el duque , don Gabriel Alendizabal contuvo á los soldados y los llevó de nuevo al comkte» y arrollando con los del conde de Belveder y príncipe Anglona cuanto se oponía á su frente, y resistiendo don Javier de Losada á los que intenUbsn ganar las alturas de la derecha , pusieron tejos en desorden al enemigo, que precipitadamente Jf dejando ea el campo l,aOO hombres» águilas, cflBoDes y prisioneros « f^ué i esconder su vencí-»
194 CAPITULO IV»
miento en Salamaoca. También lo arrojó de elG d dei ParqaecOQ un moviiuieuto sobre Ledesma, b* eíendo asi mas patente y manifiesta su victoria y h
derrota de sus espei los contendientes.
El Uuebra sigue al O. y cruzado pe»* la ca^ retera de Salamanca á Cíndad'^Rodrigo en 0u6- Uejo de Rio Huebra, unido después al rio Matiiia. que con el Franco y el de la Maza afluye por h orilla derecha, y cambiando al 0. para recibirla^ aguas de la Hibera de Olea que desciende de ViUar de Pedro-Alonso (652 hab.), se une al Ydtes pM I después.
Desde allí el Yéites continua al N. O. para pesv'
por debajo del puente de Yecla (952 hab.) , al N.de , :uya villa , y j^unos 6 kiL, asienta en posición des- I pejada la de Vitigudíoo (1»670 hab.) , y cruza des- I pues el lomo que siendo prolongación de la sierra de Ciudad-Rodrigo» dijimos se levantaba paralefat- | mente al Duero y á las cimas de Mogadouro, cortado también después porelTórmes. Por fín tras un cono de 110 kil. , ya bastante considerable y profundft* : mente encauzado entre ásperas rocas , entra ea é Duero entre Saucelle (1,213 hab.), que asíenlaei la orilla derecha , é llinojosa de Duero (1,616 habitantes), que se halla en la izquierda, ambas junto ai i Duero y en el camino de Zamora á Pregeneda.
Difícil es encontrar en toda la Península un ter- •ritorío que haya sido teatro de mas acontecimieoM interesantes que ei comprendido en las cuencas ád
Tórmesy del Yéltes. Su situación, próxima á la froateni portuguesa, por donde es mas accesible; la di* lecdon de ambos ríos paralela á ella y comprendida eotre dos accidentes notables y difíciles de salvar, cooio 800 el Duero en la parte mas desprovista de pasos, y la cordillera Carpelo- Vetónica en su región mas áspera ó inaccesible despoblada y sin caminos; y la riqueza del suelo y vecindad del mas fértil en oereaies de Espaüa » han atraído á la cuenca del Tór* nes los ejércitos preparados á invadir el Portugal 6 dispuestos á la defensa de nuestro pais.
ipeoas aascitada una querella entre ambas monarquías vecinas , siéntese ya en !as orillas del Túroes el estrépito de la guerra ; Salamanca se inunda di tropas y se hace centro y base de las operaciooes ofensivas ó defensivas según la índole de la cuestioa y la forma de dilucidarla.
Las carreteras que de la región central del Duelo 4 de la del Tajo convergen á aquella ciudad , se* pimse desde ella en varios ramales, unos que van <^ buscar el Duero en observación del flanco occi* teftal ; otros que faldean los montes en que se ele« ^ Peña Gudiaa y la asperísima sien a de Franfiii para atender al oriental á pesar de la seguridad ^■8 ambos ofrecen con condiciones y caractércs, tan distintos, pero que. producen igual efecto; y por fin » centrales , pero multiplicados , pre- \ tenían la facilidad de una marcha coiLbinada de l^otaainas basta Ciudad-Rodrigo* y la frontera do
i% CAPITULO m
Portugal. Y 8Í, como bemoB dicho, Giiidad«Boéri*
go es una puerta de España , preciso es que el terreoo queso halla á su espalda sea el blaaco de k primera irrupción una vez rota 6 aluerta aquella, y su ocupación el fruto que produzca. Pero por lo mismo es necesario disputarlo , y esa neoendaé ha causado que sean las orülas del Tórmes palenque de numerosas contiendas peninsulares y estraOas* Pttr^ que como un ejército procedente del N. tiene qo6 dirigir siempre sus miras á la conquista de lodafi Península , sin cuya unidad es imposible la mcntaftira tranquilamente, ha de buscar los pasos mas prac* ticables^ de la parte occidental, y el prifuero quew* cuentra es el del Águeda, al que antecede la cuen<a que describimos* En tal caso la defensa de fispa&a se concentra en la de Portugal , y la Penfnsula ttdi tiende á cubrir aquel su último y mas seguro atóacberamientot barreundo por decir asi su entrada.
Bdjo la primera hipótesis, vemos en Salamanca la base de nuestras agresiones primaras en Portqpl desde su emancipación procurada por el afecto palornal de Alonso YI, y el blanco délas portuguesas al mantener las pretensiones de la supuesta hr ^ di Bariqiie IV y los también dudosos derechos de don Cárlosde Austria enelsiglo pasado. Bajóla segimdi; apenas verificada en fines de 1808 la segundfi invi- 610B francesa; desembarazado José Bonaparte de h {presencia de los ingleses acogidos á la Corulla, se té 4 los soldados de aquel, dirigirse al Tórmes, y ai par
VniMbflt docmsmC 107 m il Véliat recibir un fuerte escarmiento en Tmd»»
raes: replegarse al Duero á esperar refuerzos y ooB dUoB aoooMter de nuevo para probar oirá vez la oooMtoocia de noeitros bataHones inootitrastables pare kcélebce caballería de Keliermann en Alba de lórflBkOoqiadt» aunque oo sometída, España véee éb
luevo CQ 1810 á los franceses, y á su cabeza aquel
correr al Tórmes para pe» Minr 60 Portugal y sofocar para siempre la nunca feocida obetinacion de Iberia; volver á él vencidos y dne^eranzados 7 al fia á fuerza de vigor y de ia«
ieeio ensatar la restauración de sus armas para delepdsB de ooevo al querer abasieoer una de laa pla- «ifMtogiiesaet rmondar i su codiciada |mea. Yol» varia nuevamente ai mismo teatro, pero ya stn lio* «Mi de tríoiifof y soto por espado corto de tien»- po, el necesario á España para descansar de las anteMmktigas.
Entre estas diferentes campatlas, la mas intere* ante es la de 181& y en ella vamos á bacer ver las fWMfciopca nae sobreealieiites de la cuenca oentral del Duero en general, y especialmente de la del ^^Hnas>
H 13 de junio levantaba lord Wellington sos reales de Fuen t e ^uinaido y pasando el Águeda en» bihaei 17 «o Salamanca para poner sitio á loa fuertes en que habían quedado 800 franceses, que el 26, riilpmsde algunos asaltos, eran pasados ácuebiUo 6 mdian sus armas. El mariscal Marmont, observador
198 CAPtroLO nr«
del asedio de los fuertes y mn recorsoe paraopoDsm
decididamente á él, se retiraba al Duero dejandu tras aif estrago» desolacioo y miseria en los pueblos de m trfosito, quemados asi como las mieses por sus tco» pas y estableciéndose eo la orilla derecha; su fldooo derecho frente ¿ los vados de PoUost el cenho m
Tordesillas, por cuyo puente habia cruzado el no, y el izquierdo en Simancas. Lord VYeltmgton se situ¿ con la isquierda en Pollos, y la derecha en la Seca y llueda« foruiaado su iinea un ángulo agudo con la francesa, para observar las avenidas de VaUadoüdL
Tenia ¿ su frente un enemigo hábil y emprendedor, y. ai bien eran sus fuerzas algo superiores en núan^ TOf pues ascendían á 50,000 mientras los franoesM contaban tan solo con 47,000 hombres, las condiciones de maniobreros y la idea de que esperaban le» luemos de su ejército del Norte, tenían que hacer al general inglés cauteloso y detenido en sus resD-
luciones.
Marmont, simuló querer pasar el Duero ofensivl* mente en Toro mientras echando numerosos pilantes en ia iomediacioa de Tordesillas, lo cruzaba coo la mayor parte de su ejército en la noche del Üal
17 de julio. Thiers, d¡ :c, que las márgenes del Duero estaban de tal manera coohguradas que se á» cubrían los movimientos de los ejércitos de ana á otra. Nosotros creemos, que si fuera asi, no hul}iera podido Marmont engañar ¿ su prudente rival. Segm ha» mos dicho, la orilla derecha domina notablemente a
hbqoierdat y 8ok> ooo tal ventaja puede hacefae la
operación dci^eaeral francés simulando lle\ar vuwiiS y muaerosafi coluaniasdeuoa paria áotra siq sabi^rse I ponto fijo ni tus inteocioDes ni movimientos. Mar* moDt se vaiiú naturaloieate de la veutc^a de observar «la eiactitud á su enemigo «n poder ser observado
jwr éste con la necesaria para oponerse á sus ideas.
Esta operación en cuyo simulacro vió lord RtDgtoD, que se le querían cortar sus corouniGadonea^ coa Ciudad-Rodrigo por su izquierda, le hizo concen* taaiae en la orilla izquierda d^l GuareHa en su curso
inferior, dejando, sin enihari^o, una división en la del TrabáncoSt en observación de XordesiUas. Sor» imidída esta división por la rapidez del movimiento de los franceses que se presentaron en .Nava del Key* ds^Nies de una marcha de mas de 10 leguas que sí
ea nuestro pais no merece una admiración cuino la que estampa el general Sarrazin al citarla en su bisIsria de la guerra de Espada y Portugal de 1807 á 1814, 00 deja por oso de ser veloz considerada eii tsaato al número de aquellas tropea, necesitó de
atocha energía para ¿al .ar^c del ataque de que fué objeto en Alaejos. Logrólo al ¿o, auiuiiado por lord lUington , y el 30 presentaba éste batalla campfd en iaunlla del Guareüa.
Marmont solo quería maniobrar y aceptar en ca^
9b el combale en condiciones opuestas á las que <#mpre escogitaba su coatrario; asi que remontó ei fimafia y cruzándolo por c^ca de Gantalapiedra for-
300 ^PITOLO tT.
nd sobre él flanea derecho de loe ¡asieses. cUegade
»el ejército á un paso reconocido de antemano y pronatamcDte mejorado, dice el mismo Marmont, eo á nEspíritu de las Instituciones Militares, UeTÓ la edke« >za i la orilla izquierda, se apoderó de una mésela aque se estíende .íadefimdamente en una dtreceÍM
«que amenazaba la línea de retirada del enemigo y adesembocó en ella bajo la proleccioD da una girao ^batería que cobria sos movimientos.
»£! duque de Wellingtoa creyó al pronto poderft «oponer á esta marcha ofensiva; pero era ejecmacia , »tan vivamente y con tal cohesión que renunció lúeago á atacamos (1). Puao entonces en movimiento aa «ejército siguiendo nna meseta paralela á h qoe oca» upábamos nosotros.»
alios dos ejércitos continuaron su rntroha; sspiJirados por un estrecho vallecillo (2) siempre d^s* \ spoestos á recibir la batalla; cambiáronae algunos cea- i Btenares de cafionazos, según las drennstancias mas 90 menos favorables á que daban ocasión las sinoo* asídades de la meselat porque cada ano de iosf»» •nerales quería recibir la batalla, no atacar. Llega* «roo asif después de una marcha de cinco legoas é b» aposiciones respectivas que querían ocupar» el ejér»
(1) ndttqnedeWellingtOBnislMidkihodesiMiesqaeei^é^^ : sito franca mtrelialit en aquel momento eamo $m avi» it^.
gimienlo, Esla fué su espresíoa (ñola de Marmont). ,
(2) vnMf» f»5? nn barranco abierto por n^ms de oi afluente ¡nsi^rnitícante del Guareúa eotrelas carreteras dt Anit i ;y de TordcáÚias á Salamanca.
▼ERTIENTfi OCaDBNTAL* * SOI
hato franc^é las altortt de Aldea-Rnbia, el inglés &
^las de San Cristóbal. i>
i cEsh marcha notable, es« per otra parte» el solo
l^jibediade esta oatiiraleza que haya tenido lugar ea I Mrootro tieaipo, ó el menos haya llegado á mi co-^ i ínocimiento; pero puede renovarse en una puerraen
•íjoieran combatir sino con ventajas patentes ó ea
KircuoslaDcias d^rminadas y muy favocables.» Thsde esta marcha singular, tan perfectamente ^ qecutada por ios dos ejércitos que ntnguDo de eue
goerales encontró defecto alguno en sa contrario ) de 9ie aprovecharse, observándose cuidadosamente» ^enaera natural en drconetanoias tan delicadas y
X i una distancia de medio tiro de cañón, los fran* rttw lasaron el Tórmes por Alba de Tónnes per»
sinenazar como siempre las comunicaciones con Ciu* S iM-Bodrige desde Galnorasa de Arriba y los ingle- ^ lo hicieron por el puente de Salamanca formando dasDeroal frente de aquellos entie la aldea de loe ' Atapilesy los vados de Santa Marta. En estas posi- <Me8 y buscando aíempre Marmont el aoiraaar et Ibaco derecho de los ingleses, lo cual le hizo comeei error de estender demasiado su izquíeidaf se lítla célebre batalla de los Arapiles ganada por lord WeliiDgton sabiendo diestramente aprovecbar^-ede iM|Bdla felta que purgó su contrario con el dolor de ufia grave herida recibida al principio del combate y ^ mas acervo de la pérdida de la batalla, precur^
sora de otros sucesos tan desgraciados como ai^ueli para su reputación militar*
El ejército íiaaués, vencido, seretiró á la derecha 4el Duero por Peüaraada de Bracamoate y Puente de Duero y Tudela y después hasta Búrgos psura ver de nuevo en combinación del ejército que lievñhBL Soult desde Fuente la Higuera, á las orillas del Tórmes, según ya hemos espuesto al describir la cuenca del Pisuei^.
En esta campana conoció lord Wellloglon por esperiencia las ventajas que ofrece la ocupaciou de la orilla derecha del Duero que hemos venido enuncña* do en este capítulo , por lo caudaloso y rápido de su curso y por la superioridad de la márgen derecha » bre la izquierda que llana y en d.'presion constante hasta las aguas queda descubierta á la inspección f vigilancia de la opuesta. Asi en la campaña siguieole de 1813 1 cuando el generalísimo inglés, abanduaando la cuenca del Águeda por tercera vez » Uevi
sus armas á los Pirineos Occidentales para arrojar de nuestro país á los invasores , no siguió el camÍBe de 1812, sino que burlando la vigilancia de los fraftceses que la esperaban en el Duero en las mismas posiciones anteriores « 86 movió desde Salamanca pan
Miranda de Porlugal ; lo cruzó alli, y corriéndose por toda la orilla derecha y atravesando el Esla llegó i Zamora y luego á Toro « donde ligó las partes todM de su ejército y de los españoles que acudían de Giicia y Asturias á reunírsele*
yntKtmm ocgiokntau
Establecidas las comuaicaciones eatre ambas ori* las del Duero que habían ¡Dterrumpido los franco* ses , desalentados ya con irrupción tan nueva y súbita, y de que no tenían apenas noticia no estando
de consiguiente preparados para resistirla , lord WeBin^on penetró en la cuenca del Pisuerga, para por li del Arlanzon y después la del Ebro ir á recoger auevos laureles en las llanui*as de Vitoria»
£Bta brillante operación solo puede ejecutarse en íts condiciones de la guerra de la Independencia, {oesaparecieodo como de invasión por parte de Portugal , no es posible en una guerra entre ambas mo» oarfuíaa peninsulares. Goirersepor un río invadesUe coyas orillas son espa&olas desde el ángulo que forma en Castro-Ladrones, y con las Asturias y GaKm sobre el opuesto 0anco, es empresa que no poe* de acometerse nunca ante un enemigo , por débil que tea y por desmoralizado que se encuentre. Asi que 10 tiene ejempto en nuestra historia. La entrada en nnestro pais solo es posible desde la frontera portu* flBBsa por Ciudad-Rodrigo y Salamanca, amenasado, 80 embargo, el ejército invasor constantemente desda la cordillera Cárpete Vetónica y puerto de Baños, y entrarestado en las lineas de ríos que acabamos ds observar.
Sa la que vamos inmediatamente á describir encontraremos lugar para observaciones cjuc serán el
complemento de las hechas basta ahora en demostración de las propiedades de nuestra frontera.
eAMf uto IV»
Q rio Ágoada t MceiTMb coma ^ ftfrméli «ii «ár^ genes efearpadas , única descripción que debe al cd» ronel Rudtorffer en su ya citada Geografía Militar, es rniportantfeimo en noeatras ralacionas con el vedao reino por sus condiciones físicas y por servir de Jínea fronteriza.
Su cuenca está formada al E. por las mencionadas sierras de Monsagro y Ciudad-Rodrigo hasta el Duero; al 8. por la sierra de Gata desde el arranque de aquellas hasta su terminación en la Serra das Melast donde empieza el sislema de montes paralelBs que unen aquella sierra á la de la Estrella ; y , por fin, al O. por un iomo áspero que teniendo su origen I en la Serra das Mezas, se prolonga en direooien séfh tentrional por cerca de Alfaiates y Almétda» iermi- | nando junto al Duero en la Serra da Morafat eft «M de cuyos montífnlos asienta la pequeña forUileza de Castelio Rodrigo. Este lomo« compuesto de emiaen* cias, esparcidas al parecer con peca ó ninguna ea- { hesion, siempre dominantes de S. á N., accidenta-* i das per aa misma naturaleza « los cultivos y viBedos
que las cubren, forma la divisoria entre el Agueda y Coa , y constituye con las fortalezas que lo do* minan en so longitud el verdadero límite militar eft*^ i
V£&ri£5T£ OCCIDENTAL*
tiB las dos foonaiquías, marcándolo en m rogion ftn-^
pcrior próximamente , pues en la ¡nferior el Turones y é Águeda, que lo determinan políticamente « están bajo d dominio de nuestras fortificaciones de Ciudadliodrigo y la Concepción, arruinada ya esta última. Sin embto^o, estos mismos ríos por su curso en bar* raocos profundos y cortados, ofrecen posiciooes ventajosas para la defensa de ambos territorios; y en 1811 tino de los arroyos tributarios del Agueda , de condiciones semejantes á las de éste , detuvo al ejército da Massena al querer introducir un convoy en Alüeidai siendo vencido este mariscal en Fuentes de Qlorstain poder conseguir su objeto.
El Agueda nace en las vertientes septenlrionnles de la sierra de Gata, donde al terminar esta oq la «alsvada sierra ó monte de Jalama , se une á la Serra das Mezas por el escabroso puerto de Val verde que separa las aguas del Águeda de las del Éljas. A corto trecho de su nacimiento pasa porNavasfrias (1,300 babitaotes) , y no lejos de Aldea do fiispo (450 balitantes), da donde desciende su primer afluente de la Izquierda. Su dirección es en general de S. 0. á K* & t y de los varws pueblos que asientan en sus orillas entre la sierra de Gata , cuyas descendencias iorman la derecba« y los pequeños ramales del lomo dMsorio Gon el Coa que caen sobre la Í7X}uierda , se distingue por recientes acontecimientos la villa de Aieflteguinaldo (1,837 hab.)« cuartel general mucbo tiempo de lord ^Yellington. Su posición al frente de.
d06 CAPITULO IT^
Alfayates en las comunicaciones con el Tajo y el Gna* diana, cubierto el flanco izquierdo coa la pla2a<fa Aimeida « y en aitaacion dominante respecto ¿ b nea del Águeda , acredilao efectivamente la eleccioa de tal punto en nuestra frontera.
En'Zamarra (418 hab.), cambia el Agueda de ,Tttmbo, y dirigiéndose al N. O. pasa, ya bastante en- ^daloso con los mil arroyuelos que recogen las aguas ide la sierra de Gata , por la parte occidental die k plaza de Ciudad-Rodrigo, situada sobre una eminencia en escarpe de rocas por la parte del rio, pm dominada al E. por el Ñamado Teso de San Francis- « co, padrastro constante de sus forti&cacíooes» por donde siempre han sido acometidas.
Este defecto , sobre la circunstancia de no ser si con mucho una buena plaza por sus defensas , no ba impedido, sin embargo, que Ciudad-Rodrigo sea siempre un obstáculo á los ejércitos invasmw m cualquiera de los rumbos que hayan llevado» y que en 181Ü íuese ejemplo de una enérgica defensa mStar, dando con ella alto y preclaro renombre al brigi» ' dier don Andrés üerrasti, que sin auxilio ningoM da kw ingleses que presenciaban impasibles el asedio, sopo mantenerla durante setenta y seis dias contra Haf : y Hassena al frente de tan numeroso y bien pertrechado ejército, que poco después llegara á las pom^ tas mismas de Lisbon. «No hay idea, (decia Massena ))en su parte) , del ^ado á que está reducida la pi»- asa de Ciudad-Rodrigo; todo yace por tierra y des-
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•tntído, ni una sola casa ha quedado intacta.»
Ea Cjudad4iOílrigo recorre el Águeda una dilata da 7 amena vega« única que se encuentra en todo el curso de sus aguas, que como antes de hallarla \ uelvea después á encerrarse en un barranco cada vez tnas profundo. Separa este completnmcnte ambas már^eaes y loe pueblos de Saelices el Cbico (506 ha<» Wteates) , y San Felices de los Gallegos (1 ,993 habéiaaies), que se hallan junto á la orilla derecha, de fc»de Gallegos de Arganan (1,113 hab.), y Barba de l^uerco (68á hab.), que en la izquierda no tienen para OQiBiuiícarse oon aqudlos Aias que los puentes de (iudad-Rodrigo y de Barba de Puerco.
Antes de llegar á Barba de Puerco, recibe el Águeda por la izquierda varios arroyuelos insigüiticaates, y entre ellos el Azaba que baja de un cerro próximo á Fueateguiaald o, yes un obstáculo para el tránsito del camino de Giudad-^Rodrigo al fuerte de la Concepción y áAlméida. Por bajo de Barba de IWco y á bastante distancia de su puente, célebre por la retirada de la guarnición francesa de Almcida cti 1811 , afluye también al Águeda por la misma ffii^en izquierda el rio Turones, que desde aquel {Mario, según ya hemos, dicho anteriormente » sirve de ifiiea fronteriza en una gran parte de su curso»
Nace este rio en Portugal, en lo alto del lomo que K)NHra las cuencas del Águeda y del Coa por encima dePreineda (330 hab.) ; desciende en dirección sep* teoinoDal , y lamiendo la eminencia en que asienta
el faerte de la GoDoepctoo junto á Aldea del Obisfo (78S hab.) , va por oa fuerte y escarpado barranco
á unirse al Águeda después de recoger las aguas del riachuelo de Dos Gasas é Ribera de GardoD« paraMo é él hasta cerca de su conflueocia, may encajonado también y ofrecieodo desde Pozo Velho y Fuentes ib Oñoro (740 hab.) , frente á Fresneda , un oonsMe obstáculo á 5u paso y al del mencionado camino iÍb €iudad<-Rodrigo ¿ Aiméida.
El Dos Casas fué la línea divisoria de los ejércitOB francés é inglés en la célebre batalla qoe ib» va el nombre del lugar que acabamos de decir riegan sus aguas. Vamos ¿ describir las posiciones ife las tropas b^gerantes, entresacando algunos pim^ ios de la obra delbiers. «Cruzando Massena el Águe- »da hallóse las avanzadas inglesas mas acá y m Dhallá de un riachuelo llamado el Azava , y detrás »dei cual se retiraron después de acuchillarles y d& ucearles algunos hombres nuestra caballería. 8u poi>sicion verdadera estaba alt;o mas lejos, junio á otro »rio llamado el Dos Casas* bastante hondamente es»
»cajonadü y ofreciendo uno de los obstáculos de terDreno que gustaban defender los ingleses* £ste nOy ndespues de correr solo algunas leguas, se hoa en ))el Águeda , no sin pasar pnuiero por delante dé A fuerte de la Concepción, medio destruido elade nprecedentc por nosotros. Detrás de este rio seha- )iUaba situado el ejército contrario, compuesta és *42 á 43,000 hombres, de los cuales de 27 á 98»(MÍ
icran ingleses, 12,000 portugueses y de 2 h 3,000
kespaOoies á las órdenes del partidario don Juliaa
^iSancbez). Lord Wellington , partido de Élvas el 35
}Kk abnU llegado el 28 a su caiiipo, había tomado
ipor sí mismo todas las dísposiciooes« Situándose
»detrás del Dos Casas coIo.:ó sSjvo su derecha y á
Miguoa distancia al hábil guerrillero don JuiiaUt bá*
»*ia te aldea de Pozo Velho, en las mismas fuentes
^icl ÜQS Casas» para que avisara de los moviinien-
tlas que pudieran hacer ios franceses por aquel lado.
»ilascercci luicia su centro, por donde estahd mas
•encajonado el Dos Casas , en la aldea de Fuentes
»de Ofloro , estableció su división ligera á las órde*
^Aesdel general Crawfurd, con una ])orc¡on de Iro-
itfaé portuguesas , y algo detrás tres fuertes divisio*
»nes de iíiíautéi .a , la l.^, á L.s (jrucaes del general
•Sf^ncer, la 3.^» á las del general Picton, la 7.* á
^ del general Ilouston. Este punto de Fuentes de
tOüoro era importante, porque cubría la principal
loomunicacion de los^ngleses con Portugal, es decir»
id pueale de Castelío-ijoin , ¡unto al ru) Cua. Priva-
xiosde este puente no les hubiera quedado masque
MIO por bajo de Alméida, muy insuíicienle para un
*Ó^c¡to ea retirada» y sobre todo vivamente per*
M^ido. Este motivo esplica por que lord Wellíng-
•loa habia reunido tantas fuerzas doiante y detrás
MfeFuentes de Oüoro. A su izquierda cerca de Ala-
**ída, en un punto donde el Dos Casas era de tal
^praluodidad que hacia uiricii su paso » escalonó ia tm II. 14
SiO CAPITULO IV.
» sexta división á las órdenes del general Gaínpbeíl/ »mas lejos todavía y formando gancho atr/ts húciac «fuerte de la Concepción, la quinta ¿ las órdenes deí •general Dunlop, y por iiltimo, el resto de los por- »tuguesesá fio de enlazar el fuerte de la ConcepcioQ M^on Alméida, Asi con su derecha reforzada cnbriai DFuentesde Oñoro, principal comunicación de su «ejército con el Coa » y con su izquierda prolongidi «abarcaba del fuerte de la Concepción á la j^ilazadc
«Alméida Esta posición de Fuentes de Üüorajko
«ofírecia mas que un inconveniente , el de tener de* «trás un riachuelo muy parecido al de por delante;' «este era el Turones ; y podia ser un peligro ¿aa »nuevo apoyo, según hubiera tiempo de reple¿arse «allí en buen órden ó se llegara de tropel. •«»•«
«Después de reconocer Massena la situación qse «ocupaba el enemigo, fijó sus ideas; podia elegir «entre dos planes» el de desfilar por su derecbSt «cutando una marcha de flanco delante de lord We- «Uington , descender el curso del Dos Casas hasta d «fuerte de la Concepción y hacer alli punta sobre iU^ «méida, ó el de atacar por su izquierda laderccbi «de los ingleses establecida en Fuentes de OSoi^ «corlarla de Castello-Bom y del Coa , arrollarla sa* «hre su centro y sobre su izquierda hasta Almeidaf | «luego, en fin , precipitarlos á todos juntos sobw d «bajo Coa , donde hubiera sido muy penosa su retí «rada y quizá pudieran sufrir un gran descdklbBS
Massena abrazó < ^íq segundo partido j tnlA 4l
- vBntiETTE (Xfcioetmt* Sil
devarlo á cabo el 3 de mayo, aunque inútilmente, por Mtas que es vano enumerar. Y continúa Tbiers:
iDespues de pasar el dia en el campo de batalla desicobríó (Massena) que remontándose hácia sa h-^ •quierda y la derecha de los ingleses era menos pro- »foodo el lecho del Dos Gasas, y que allí una espe** >de de llanura ligeramente ondulada Tormabala úni* Ka separación entre nosotros y el enemigo. Supuso^ «poes, que por aquel lado se podría acometer y has* »ta girar contra los ingleses, y rechazando su dereKba sobre su centro, su centro sobre su izquierda» iCfeetuar la idea primera y siempre atinada de pre- ' idpitarles al bajo Coa, quitándoles el camino que [ i^ftba al puente de Gaste)lo*^Bom. Con efecto, al ' »dia siguiente 4 recorrió todo el frente de los ingleJM, descubrió nuevos preparativos de defensa soJ Arela parte alta de Fuentes de Oñoro , se afirmó en l m r^lucion de buscar mas á la izquierda el ver- . i4derD punto de ataque, envió á Montbrun de re* 1 ^conocimiento hácia Pozo Velho , y adquirió la con- «Áecion de que hácia nuestra izquierda y alli donde •¿terreno ligeramente quebrado por el Dos Casas i ^pitsentaba una llanura casi continua, era el punto f ^ el cual habia que atacar ¿ los ingleses y ven<- I >cerIos.»
[ hSik fueron, pues, el 5» las principales fuerzas
[ W ejército francés , pero fueron inú ilcs sus esfuer- ^ tos. MontbruQ, primer héroe de la jornada, quedó ^ ^bMs brillante de ella sio el apoyo que necesita-
2f2 CAPITULO IV.
ba de la Guardia Imperial , no puaiendo esta carí^ír smo ¿ las órdenes de su gefe , que no parecía por ninguna parte , y los ingleses arrollados en un principio pudieron rehacerse y resistir valientemente, inciinando á su parte la victoria, que no puede %h marse indecisa , según lo hace Thiurs, pues que Massena no logró su objeto de proveer la plaza de Almfr d3 , ol jndonada y volada la noclic del 10 de aquel flQisino mes.
Hemos estampado todos estos detalles , porque como posición fronteriza necesita la cuenca dei Agu^a estudio mas minucioso « y la relación de Thiers cs])e:ifica perfectamente las coadi;:ionesdc aquel campo de batalla.
Ya desde laconOuencia con el Turones contímit^l Águeda siempre al N.O. y vaánfl lir al Duero junto i Fregeneda (1,263 bab)., á ios 110 kiU de curso, T con un caudal, si creridí} 6 impetuoso en las ^¡í<ks de lluvia , exiguo y vadeable ca^i por todas part«8ca i verano. |
Al 0. del Águeda afluye al Duero el rio Acui^ir, Uamado también Secco por algunos geógrafos. Nica cerca y al S. E. de Almeida, cruzado por el camioo de Ciudad-Rodrigo y paralelamente al Turones y des* pues al Agueda , se introduce en un áspero barranco al pie de Castello-Rodrigo (1,600 hab.), pequefia fortaleza portuguesa que asienta sobre una colina aistadt | de la Serra da Morafa, al E. de otras variasque la constituyen y que se deprimen lentamente hácíaetCoi,
VtRiiLMK OCCIDENTAL. Sl3
Y é Doero. En las faldas septentrioAales de estos
moDt^ y en la orilla izquierda del Aguiar se encuen« tran Villar D' Amaino (^25 hab.) , Algodres (376 babitantes), y Almendra ÍSIS hab.), separadas del Luo ID por una série de coüaas que forman su orilla iz* qi^rda, en cuyo estremo occidental y en la deserfi* bocadura del Coa se eleva Castello-Melhor (476 haUastes).
! Castello-Rodrigo, á pesar de haber sido objeto do i vn ataque desgraciado por nuestra parte en 1664^ i ^do vencido nuestro duque de Osuna' por las tropas portuguesas que mandaba Jacobo Magalhaes, y de haber obtenido la importancia de oponérsele una fortaleza española hoy en ruinas en San Felices, cu* lineado el puente de Barba de Puerco, no tiene ninguna en realidad por sus dimensiones y situación en el bajo Agueda en camino que difícilmente llevará irasion alguna. Solo para evitar el merodeo en los pueblos últimamente mencionados donde existe algmia f^Udad y riqueza en granos , vino y ganado, puede servir Castalio Melhor, que, por otra parte, atk en posición elevada y fuerte.
COmCA VIL GQÁ.
Está formada al E. por él lomo divisorio con el ] X|peda que termina en la Serra da Moraía, á que se '
ta tkftrVLO IT*
liga ia serie de colinas que hemos dicho forma la iz«* quierda del Duero terminando en Gastdlo*Melhor. Al S. cierra las fuentes del Coa y de sus afluenles Is fléríe de pequeñas sierras paralelas que dijimos ligifi á la de Gata la sierra de la Estrella, principiando en la Serra das Mezas y prolongándose ai N. O. por U Lomba Haxoca , Serra do Alizo y Serra da Mina has^ ta ios montes que sobre Guarda en Aldea do Bispo entran ya al O, á formar la sierra de la Estrella. Al 0. esos mismos montes de Guarda, cuyas faldas occ¡« dentales de rocas obligan al Mondego á formar el arco que caracteriza su curso superior, se dirigen al Sep*- ten tr ion y por Serra Ve losa , Serra de Freixáo y de Tamanhos « y por la montana que sustenta el torm-
do castillo de Trancoso van fraccionados á ligarseen la orilla del üuero á los ramales que forman la áet^ cha » constituyendo hácia el O. el escalón general foe saltaba el Duero junto á San Joáo de Pesqueira.
La cuenca del Coa tiene cierta semejanza coft k del Águeda. En la orilla oriental la Serra das Mezjs y el lomo divisorio en que asientan Alfayates y Alinéida , asemejan, si bien en menor esc^tla , á la dfi Gata y sierras de Jlunsagro y de Ciudad-Uodrigo, vertiendo rápidamente al O. y sin dar á los dos líei casi ningún aducnte de consideración. Por el contrario las márgenes opuestas son mucho mas suavesi J asi como el Azava, el Dos Casas y el Turones liaM un curso cuya importancia acabamos de determinar,
los afluentes de la izquierda del Coa son taiid>iefi im
TBETIBNTE OCCIDBNTAU %iS
ÍDleresanles» las pendientes mas uniformes y.gra* duaimeote dedcendenies que las de la derecha « asi como análogamente la divisoria liácia el Mondego es muy rápida; coQstituyeado estos tres accidentes orográficos paralelos un sistema de escalones bácía la gran masa central ventajosa para nuestra defensa por el Om contrariaoiente á lo que sucede en el resto de la frontera. Asila entrada por esta parte y el valle del Moodego después » es una de las dos mas accesibles que conducen al corazón de Portugal.
El Coa, llamado también Guda por los portugueses, tiene sus fuentes en las faldas N. O. de la Serra das Mezas, cerca de la feligresía de Foios (230 habiiaoies.) Corre en un principio al N« O, por Val d'Es« >nlie (640 hab.), y Quadraiaes (1,200 hab.), entre Jaséne de sierras que cierran si\ cuenca por el S» y ID estribo septentrional de la Serra das Mezas , que separándose al 0. del lomo divisorio con el Agueda,, vaá terminar en el castillo de Sabugal (830 hab.), lifdtando al E. la rica llanura que riega el Coa , y en i ,gue asienta la villa cuyo puente liga las comunica^*' I Mués de Ciudad- Rodrigo, Almeida y Guarda á la I Ironteriza que dijimos se dirigía por Penania^or á Cestello-Branco , el Tajo y el Guadiana.
Alli tuerce el Coa casi en ángulo recto alN. E., y : pt Rapoula do Coa (19G hab.), Seixo do Coa (360 • kriutantes) , Puente de Sequeros y Badamatos (164 b^ibitantes) , baja á recibir por su derecha las aguas 4» loa nos de Nave (500 hab.) , Alfaíates (390 habí-/
taates), y Forgalhos (180 hab.), que con losnombrea de estas poblaciones se reúnen cerca y por bajo de Villar Maior (360 hab.), constituyendo el único afluente considerable del Coa por aquella orilla. Poca im^ portancía tienen los de la izquierda hasta alli ; pem poco mas abajo entra en el Coa el rio Koema, que bafia en su orígen el pie de la fortaleza de Guarda
(4,000 hab), ciudad episcopal, [arla, feia é fría, pero con fértil campiüa » cuyos muros levantados por Sao* cbo I en 1 197 observaban las avenidas de Salamanca y Ciudad-Rodrigo y la frontera toda , de que solo dista unos 34 kil. t circunstancia que dió lugar ása nombre. Kl curso del Nocma es de 0. á E. en un terreno no muy accidentado por dos estribos de los montes de Guarda, descendencia de la mem de la Estrella por el E. , donde se encuentran Villa Femando {i ,080 bab.) , y Gerdeira (200 hab.) , esta última ya en la parle inferior de su curso, en el que «alo recibe un afluente digno de mención que bafia el valle de Pera do Moqo (740 hab.), y Casal Cinza (550 bab*), y al que afluye también por la izquierda un riachuelo procedente de Ima.
£1 Coa sigue después encauzado entre ásperos y mxpf inclinados escarpes de rocas que caen por la dt*
rccha del lomo divisorio con el A^uí^-la , cuva cunibre bemos dicho corre muy próxima ai Coa, y por la izquierda de la meseta que constituye al E. y N. dt Guarda la divisoria con el Mondego y los afluentes
del Duero al O. del Goa. Ed la márgen derecha m
\ERTIBNTE OCCIDENTAL, Sl7
descubre gobre onaemiDencia Gastello Rom f223 ba-^
hitantes), cuyo puente hemos visto rcprcsentiba tan gran papel en la batalla de Fuentes de Oñoro , y mas abajo, á unos 15 kil., la plaza de Alméida (1,150 liaUtantes), observo ekIo inniediatameote la frontera «BpaQoIa y cubriendo el paso del Coa, muy peligroso siosii conquista.
Esta plaza consiste en un pentügono ffegüiar muy bien fortificado sobre terreno de ro^a muy difícil de abrir « necesitándose de consiguiente llevar de e* jos faginas y sacos de tierra psra formarlas trinche* ras. Admite una guarnición numerosa que puede preservarse muy bien de los fuegos « asi como el malerial y municiones necesarios para la defensa. Si en 1810 se incendió el almacén de pólvora , causan* do terror y estragos sumos, fué por un descuido muy ücilde evitar, y pronta rendición en aquella luda no indica debilidad de la plaza , sino efectos de accidentes imprevistos y circunstancias no fáciles de repetirse. Poco después , y reparada de los estragos del primer sitio , fué volada por los fninreses, que ta áiandondron sigilosamente tras la vana tentativa de avituanaria de que ya nos hemos ocupado , salván* dose la guarnición en su mayor parto por el puente da Barba de Puerco.
Desdo Alméida cambia su dirección el Coa hácia el N. 0. , y recibe las aguas de Aldea Nova (423 habilantes) , y Valverde (105 hab) , en los caminos de Alméida á Guarda y Visco, las cuales se reúnen luc-
918 GAPcm.0 IT*
go en UQ 0OIO nachuelo del que separa uo lomo iiw significante al rio Lamegal, afluente también porlt izquierda del Coa. El Lamegal nace en la Serrada iermeliOt emineocia que se eleva en la gran meseta
' que ver.Kiios diciendo constituye el terreno entre el ^ Coa y el Mondego por el £• de Guarda, y que se ea*
. tiende al N. á separar del Lamegal las aguas del Mas* fioeme» otro afluente del Coa. Recorre un territorio mave y pasa al pie de Lamegal (476 háb.) , para recibir después por la derecha el rio Pinhel , que también nace en la Serra de Jermello , baDa á Jermeilo (1,086 hab.) , conocida por sus hermosos ganados y esquisitos quesos, Pinzio (265 hab.), Atniaia (313 habitantes), y Garbalbal D' Atalaia (164 hab.) Juntos ya Lamegal y Pinhel, bajan con el nombre de uno ú otro indistintamente » aunque mas conocidos por el de Lamegal ; bañan la villa de Pinhel (1,988 hab.), y unidos al Rega , que desde Freixedas (814 habitantes), baja por la izquierda, se reúnen al Coa por bajo de Coriscada (470 hab.)
Desde la confluencia con el Lamegal vuelve el Coa
al N. lamiendo bs faldas occidentales de la Serra de Morafa que se eleva sobre la derecha y por bajo de la feligresía deCídadelhe (i70 hab.) , recibe por b izquierda el Massueme , que recoge aguas de lo mas «levado de la cuenca por el O. desde Alberca (780 habitan (es; , donde lo separa del Mundego la Serra Velosa , Uibeira Üos Carrinhos (217 hab.) , Villa Gar* da (215 bab,) , las cercanías orientales de Tiancoao
VSATlKNTS OGCIDItHTAL* fil9
y ia feligresía de Goiimoe (300 hab.) Por fin , tras
un curso de G6 kil. , tortuoso , precipitado y sin mucha agua en las estaciones en que no cae del cielo, llega encerrado entre doB séríes de colinas « seme« jaate la de ia orilla izquierda á la que ya hemos menOGoado eo la derecha , á desembocar en el Duero entre Ca>tcllo Melhor v Vüia Nova de I oz Coa (2,700 habilaates), situada también en ia falda de una emi<* nencia.
Las sierrai de Freixáo y de Tamanhos, con cutn* bres que afectan una grap meseta , se esparcen ó
abren al N. en variar rainiíkaciones cuya ¡nc¡inaf:ioQ al terminar, en el Duero aparece notable ügurando pequefios estribos que van á buscar su enlace con los de la orilla opuesta, unos y otros ya en el Paiz Viohateiro* Entre estos pequeños estribos descienden
al Duero riachuelos ó arroyos que determinan vallcciUos amenos y íructííeros, pero que ninguna impor« tancia tienen en el objeto de este libro , no siendo .prudente la marcha á 0-Poito por la orilla izquierda dd Duero. £1 estribo, sin embargo, que puede decirse marca la di\ isoria del Coa con el Tavora , es el ea que se encuentra la villa de San Joáo da Pesqueif| (1,750 bab.), en posición eminente > próxima al Duero un poco al N. de donde se verifica el citado ihname dé montes, de los que el mas oriental va á
ibrmar el escalón roto hoy en Cachao da Vailuíra, y los occidentales al recodo que da el Duero en la desdnbocadura del Pidhao, sustentando la pintoresca
vüla de Ervedoza do Douro (84ü hab.], eü el camino de San Joáo á Lamego.
Ea las mismas sierras de Freixáo y de Tamaahoi principia á delinearse también la divisoria entre d liondego y el Vouga y los aüuentes últimos del Duero; siguiendo una dirección casi constantemente oo* cidental si se escerílua un gran recodo hácia el N. en que se encuentran las fuentes del Vouga, río mas septentrional que el Mondego» aunque independíenle en lodo su curso. Esa divisoria se halla determina* da desde su arranque de las citadas sierras cerca da Trancoso por las Serras de Monlaluiogo y de Aldta Nova, entre las que pasa á la de Masafra ai E. de Aguiar da Beira, corriéndose á la de Lapa y después á la Serra de Ferreira y otras elevadcis mesetas* que con las anteriores alturas forman la planicie centnd de la Deira á 396 metros sobre el nivel del mar, uniéndose por fin á Serra d'Arada y Altos da Feiit cuyas ramificaciones asi se esparcen al Vouga al S. oomo al Océano al O. y al Duero al N. Estas mesetai que separan, como venimos diciendo, al Vouga, ti^ nen una formación geoló¿;ica semejante á la de la sierra de Alcoba» Monte de Muro y Serra do MaiM
TIRTWCTE OCCIDENTAL. t2|
demostrando servir de unión entre las dos primenNi
montañas una ancha banda de granito que apeuaa se hallaría á flor de agua cuando fuesen islas en el proceloso mar que después ha ido dejando en seco aquellas tristes y miserables tierras^ con signo da erupciones volcánicas que á su vez las levantarian considerablemente. Esta banda 6 faja graíiílica corla, pues, el Youga y después el Paiva, hasta elevarse separando este rio del Tabora y otros aducntes mas occidentales del Duero» en el Monte de Muro, aH)Dtalia notable en la comarca de Lamego á la que emi» grao en invierno ios pastores de la Estrella obligados é abandonar su país por el mocho fríot y según un estadista portugués, porque las ovejas paren dos veces si emigran, una en la Estrella y otra en Monta id Moro y una solo si no lo hacen.
Todos los afluentes del iJuero al O* del Coa corra próximamente paralelos y van disminuyendo da curso y de caudal según se acercan al Oí mo, apartándose algo de esta gradación el Paiva por lo tortuoso de su marcha á que le obliga el Monte da lluro, cuyas faldas meridionales tiene que cortar y
occidentales que recorrer*
El rio Tavora nace, se2:un ya hemos dicho, en bs inmediaciones de Trancóse {i ,269 hab.) una da lis poblaciones mas elevadas de La Beira (823 me» tras) con estar sus muros y castillo antiguos en una liDora pintoresca dominando las mesetas occidenta* les. Su curso es de S. E« á N* 0. y aumentado con pe^
222 c\pini-o IV.
queños arroyuelos que le afluyen por sus dos máf'» genes, serpenteando por las faldas de la Sorra de MontalmoQo y de las de Leitao y Riomel se dirige i Vi lia da Ponte (320 hab.), donde lo cruza el camino de Aimeida á Lamego y 0-Porto. Sigue luego á Ta* vera (340 hab.) en cuya vecindad y entre las risuenas villa de ValenQa do Duuro (275 hab.) que lo separa del río Torto mas orientaU y feligresía de Ado> rige (441 hab.) que lo hace del rioTedo mas occidentalf rinde el tributo de sus aguas al Duero á ios 49 kil. de la fuente de Duran que le da las primeras.
Sigue al O. el Balsemáo, pequeño rio que atraviesa la ciudad episcopal de Lamego (9,230 hab«) sí* tuada al pie del monte Penude, en cuyas cañadas se encuentra una robustísima vegetación que enriquece aquel vecindario, componiendo, ademas, en ua espacio considerable parte del País del Vino. £n lamego y en el año de 1143 á 1144 se dice se celebra- . ron cortes en cuyas actas debía después fundarse la repugnancia de los portugueses á recibir por su rey legítimo {\ Felipe II por no haber nacido en el reino, cortes que una crítica severa ba hecho desaparecer del catálogo de las celebradas en Portugal eo todo al tiempo de su existencia independiente*
Por bajo de Lamego y siempre por un valle risueño y fertih'siino encerrado entre las faldns orientales del Monte de Muro y la Serrado HalsemáOt coa* fluye el rio de este mismo nombre con el Tarouot que desciende desde la Serra de Nave por Taroaca
(lt690 bab*) 7 Salzeda (1,260 hab.} Juntos ambos fios, y ya coa el nombre de río Baroza, desembocao
en el Duero frente á Regoa, acompañados del camino de lamego á esta población, si bien la carretera mas cómoda va directamente por las cu inores de los estribos que forman el valle del Barozapor la izquierda, en las que asienta lá feligresía de Gambres (1,910 ha« bil^ntes) en sitio ameno y con vistas á una gran par» te de aquel delicioso valle del Alto Douro.
Ll i'aiva nace en la Scrra da Lapa, montafia pe-^ Bascosa y árida que se encuentra, como hemos indicado, en la divisoria, asiento de un antiguo y vene* rado santuario. Reúne sus primeras aguas junto á la feligresía de Lamoza (280 hab.) y corriendo de E, á O. entíc un estribo de la Srrra da Lapa quo va á unirse á Monte de Mure dividiendo al Xavora y al Balsamáo, y la divisoria con el Vouga, cuyas fuentes, si bien opuestas, se hallan próximas á las del Paiva, se dirige á Frágoas (795 hab»), donde hubo fábricas de hierro miücral de que abundaban las monlañas en que corre encajonado el rio. Sigue este á Castro Daíre (2,400 hab.) , punto intermedio entre Viseo y Lamego, y con comunicaciones á 0-Porto y á la frontefa española que le dan alguna importancia. Poco mas 3bajo, en Ponte dos Ovos, cambia su dirección el Faiva al N. O. y después de recibir pi>r su orilla izqoiefda un riachuelo que recoge sus ^guns de Garvo, Mdfamudey Alber¿aria, poblaciones de muy poco inUtés en m paie árido y inste» sigue á Aregoe (1,304
^4 CATÍTOU) IV.
habitantes. ), Teadács {i JGUhab.j y Sobrado dcPai* ^ a (540 bal). ) para entregar al Duero á los 55 kil de í urso su cau JjI acrecida eatni estas publacionLS, con Ijs aguas de las fuentes que manan en las faldas t.L\:idüiítülcs de Monte de Muro.
Üe ios Altos da Feira, sobre los que descuella el pico de Omellas, Ilamndo también Outeiro de Carre- ¿iü/a, que sirve á los nave^^antes ¡wra reconocerla barra de O-Porto, bajan al Duero o»ros rios cuyaim* ¡íortancia es nula. Paralólos ludas al Paiva ea la ultima parte de su curso, son cruzados en su regioo sii¡)er¡or por el camino de Viseo á O-Porlo |)or Castro-Daire, y ca la inler¡í)r por el de Lamqso á O-Porto que recorre la izquierda del Duero y qui; puedo tener ialorús en el l)ur:i csUido ea (|ue se encuentra por comunicar lodo el País Vinhateiro cjn O Püiio.
Los Altos da Feira descienden gradualmeateea $:entido paralelo á la costa hacia O-Porto y por si» i altias corre el camifio de esta ciudad á Ojí abra y Lisboa cruzando varios arroyuelos que desemboca*
en la costa junto á inis/raMes cahtiaas (L» pescadores que llaman Espinhos^ siendo Casa Blanca el üsir 00 edificio notable en toda olla. La villa v antigua Ciistiilo do Feira (1.820 hab.j en lo más elevado de la raeset^i que constituye los Altos, se halla en osU cansino á 2'2 kil. de 0-!V)r;o, y es pualu importante en las operaciones sobre el Duero porque observaoot gran parte de su curso ) pu^ J) descenderse á si»
orillas en combinación con el de Viseo y Castro Daira ea domioacioa cootioua.
Está formada esta cuenca desde la Serra da Lapa,
donde hemos dicho que tiene origen el Voup, en la foeoCe del Santuario de Nossa Senhora da Lapa; 1.^, por la divisoria con el Duero, acabada de describir, y que limita la región al N.; 2.^, al S. E. poruña Ifoea de mesetas que , dependientes de las elevadas ea que corren el Agueda y el Coa , van á Monte de Foio para* caer después repentinamente sobre el
Mondcgo, muy inferior en nivel al Vouga en aquella jparie; y 3.^^ al S. por un louio que suave hácia el Vouga, á que va muy próximo por lo limitado alli de la cuenca, y áspero y elevado hácia. el Mondego, se me cerca de Viseo á la Serra de Garamuio , yendo por la cresia la divisoria al S. O. hasta la Serra d* Aleoba ó de Busaco , en cuyas faldas occidentales se oesprende al Ó. un ramal que cerca de Cantanhcde se esparce al Vouga, al Océano y al Moadego
La Serra d' Alcoba es una cadena de montanas Sfiníticas que en el Caramulo alcanza una altura
552 metros , erizada toda de rocas rpuy escarpadas y de un acceso estremadamente difícil. Su di-
leedon ^ de £. á S. ü* próximaniente en general» TOSO n» !•
22^ CAl lTUI.O IV.
y consta de dos partes que se ligan entre tU aunque
por collados mas ó mergos ásperos , pero que daa lugar á una comunicación muy importante entre los valles del Vouga y de) Mondejo. La parte mas septentrional es ia Serra de Caraniulo, que describe una curva notable « cuya concavidad mira 'al N. O. hácít un valle fértilísimo en la unión del Vouga y del Agueda, so principal afluente. En su terminación il
S. so deprime la Serra de Caranuilo, y forma vario? collados, los que acabamos de citar, y por ellos se uoe á la Serra de Busaco , de cresta mas recta pero algo inclinada al S. £* dirigiéndose perpendicuIarmenU; ai M ondego para después de cruzada por este rio lígarseá la Serra de Mnrchelha, estribo, sei;un ya hemos dicho, déla de Estrella. Esta segunda pa^te, ó por mejor de* cir la sierra de Busaco , pertenece mas al valle M Mondego que al del Voüga, y asi por la circunstancia de la mayor importancia que aquel tiene como persa menor escabrosidad, en la sierra de Cusaco hay mayor número de comunicaciones y mas interesantes q/m en la de Caramulo, inaccesible en casi toda su esteft* sion. Contrariamente también á lo que parece nahfc» ral, la sierra de Busaco que debiera tener sus vei^ tientes al mar, rápidas y escabrosas las ofrece así bácia el curso superior del Mondego, deprimiéndola suavemente hácia el inferior en una gran meseta qm como hemos dicho se abre cerca de Cantanhede, pM caer al Océano. No asi la de Caramulo, que sí bien m su origen se halla ligada al lomo ó meseta por qpae
VCRTIENTE OCCTDENTAL. 427
SOTO el Vouga , y que cae como de golpe al Monde- ,0, va apareciendo mas elevada y ea forma de siera segon van deprimiéndose los valles contiguos, ca* eado á aiubos rápidamente; constante al S. E. al ¡garseálade Busaco, é interrumpida al hacerlo á a meseta occidental de que hemos hablado y en quo ieoe orígea también el Agueda.
«Es necesario observar, dice el Mayor de Inge^ loieros Franzini en su Derrotero de las Costas de Por* •tugal, que la configuración del Caiaiiiuio aseiucja imnáio á la de Ornellas , y que es preciso atender i4esto, aunque la enorme diferencia de latitudes deloe pooer al navegante al abrigo de todo error. Esta Wkfia de montañas es casi perpundicular al Duero
al }Iondego « y se estiende poco mas ó menos da ^ i S. á la distancia de 16 millas de la costa, me« • atando entre ambas una vasta*' y fértil llanura.]»
Dejamos para roas adelante las propiedades mU totes de la Serra d' Alcoba , porque pertenecen á la fiBcripc ion de la cuenca del Hondego , pues que ea i del Vouga no tienen influencia alguna por estar fMada la montaba de la única via de comun¡ca« *' n ialeíesaofce , cual es la de 0-Porto á Coioibra j
B Vouga» desde el Santuario deNossa Senhuia^
^ bqpa , desciende en dirección al S. O. por el «w-
^ de Ferreira d' Aves, dejando en sus dos orillas^
[^^becillos insignificantes como Confrerias, Lasat-|
Ifc j otroay recibiendo líaciiuelos sin ninguaa im*
223 CAPITULO 1V«
portancia. Ya en Cota (1,011 hab.) ven Ponted' Almargem tieae puentes que sirven para la comuiiic&* cion de Viseo con Castro^Daire, Lamego y (MPorto, \ poco mas abajo, en San Peáro do Sul (1,700 hab.], punto muy importante que ofrece también la míaos comunicación, recibe el rio de Sul, pequeño ailuente de la derecha que baja de cerca de Villa do Sul (1>630 habitantes) , asi como por la izquierda afluye el Bi* bamá, que descieiiue entre üueirá (1,706 hab.) y Ventoza (1,614 hab.) Poco mas abajo, ¿ SI kü. de San Pedro , se encuentra Banho (ü5ü hab.) , con un hermoso puente que da paso al camino de Coimbr^ á Lamego después de recorrer las faldas occidenfato do la Serra de Caramulo , j que después cruza también el Sul por otro puente.
Ya desde allí el valle que hasta entonces há sido árido y triste empieza á aparecer risueño y fértil y á cubrirse de árboles , de los que tienen fama en Pop» tuga! los naranjos por su esquisita fruta. Desde Vou* ga (2,120 hab.), donde hay un puente para elcaai* no de Coiuiura á 0-Purto, y á cuyo frente, en !a orilla derecha se ve Albergarla Yelba (1,830 hab.) m la misma comunicación, se hace navegable el Votif»» y mejor aun desde un poco mas abajo, donde reciba por su izquierda las aguas del rio Agueda , antigua mente Eaiinio, que también en una pequeña parte de sa curso admite la navegación de barquichuelo&
El Agueda nace en la sierra de Caraiuulo cerca
deCampia (1|075 hab.)» y se dirige primerameiite
VERTIENTE OCCIDENTAL. ' 220
a} O* y luego al N. O., recogiendo todds \m aguas
que se desprendea de las faldas occidentnles de ia sierra eotre los Serros das Talbadas y da Saude « es* tribos suyos, dándole las mas abundantes en aquel trayecto y en el punto ea que varia de rumbo, el rio Aga^, por cuya orilla izquierda baja el camino de Tordelha á Agueda y Aveíro. Unidos ambos riacbue* los y recorriendo ya uo valle ameno, pasan por bajo del puente de Aíjueda (2,200 hab.), villa comerciante y agrícola en el camino de Coimbra á 0-Porto, á que Uegata navegación desde la na d' Aveiro, y desde la ijue el Agueda riega un pais rertilísimOt rico sobre atoera en los afios en que el río tiene crecidas con**
aderables.
Vot bajo da Agueda se une por la izquierda al rio deeate mismo nombre el Satima, que tiene su origen CQ la meseta de Busaco, cerca^de Botáo (800 hab.), f en dirección de S. á N. desciende por Mealhada, Arcos (622 hab.), Avelansda Cima (1,150 hab.), separándose aUi háciala izquierda del mencionado camino de Coimbra á Aveiro que sigue á Sardáo y Aeueda p^ra por Ferméntenos (1,024 hab.) y Úys da Ribeira ^hab.) afluir al Agueda en un valle en que parece se recogen dos cosechas de escelente y abundante trigo. Este río Satima, conocido mas generalmente por la Ribeira, recibe aléennos pequeños afluentes; los de la derecha procede ritos de los collados que hemos 4k)Ko unen la sierra de Busaco á la de Caramulo y de las faldas occidentales de esta, y los déla izquierda
tío CAPITULO nr,
de UD lomo casi paralelo al mar , que desde la meseta de Busaco se dirige al N. O., formando aunque ¿ alguna distancia la costa entre cabo Moadego y la ría d* Aveiro.
Heuttos dicho que por su estrecho valle se e^tieade el camino de Goimbra á 0-Porto» j nos detendríamos á apuntar la relación que tiene con los que salvan la sierra de Alcoba por los collados á que oos hemos referido varias veces, pero como mas detenidamente tenemos que observcirius después en lacueaca del Mondego, proseguiremos coa Ja descripcíoB del curso del Vouga.
£ste rio ya grandioso y bello surcado por peque* Has naves , corre desde Trofa (860 hab.) , situada eo su coaüuencia con el Agueda hacia el N. O., y eügrosado aun con el caudal de un pequeño afluente de la derecha, que baja de la estremidad meridíonaf de los Altos da Feira por Pinheiro de Bemposta (1,^1 habitantes) desagua en la magnífica ria d' Aveiro, especie de laijo salado ó conjunto de rias ó esteros^ de39 kilómetros de estension de N. á S. y 3 en su mayor anchura de E. á 0. Sepárala del Océano una lengua de arena de 400 á 800 metros de ancha, abierta antiguamente por un boquete llamado Üarra Velha en la estremidad meridional donde asienta Mira (5,080 habitantes) , villa habitada por pescadores. En Í808 (Ik j üQ lili Itjs trabajos emprendidos hacia 1802 [wra abrir uDa nueva entrada que lleva el nombre deAtf» ra Nova 9 desviando las aguas del Vou¿a coa objeto
V£aTIBÍIT6 OGCID£NTAU 5^1
iSe limpiar la barra de arenas. Con esta obra la ríat quQ ¿ mediados del siglo XVi sustentaba 150 embarcacio* Bes para la pesca en Terraaova y inautenia en Aveiro niasde 12,000 habitantest pero que babia ido perdiendo su iinpuitanciase.ííun iban alzándose las arenas de la barra t cobró üueva vida y la tendría mayor si se Udesen en sus riberas grandes plantaciones de pinos que conluviesen el ímpetu del mar, y evitasen la acíimulacioD de arenas. Muy recientemente^ en 1838,
abrió el mar otro boquete al S. de ¡a nueva barra , y este trabajo incesante de las olas que va levantando nuevas y grandes islas que la obstruyen y haciendo disminuir el fondo de la na, la hará acaso desaparecer ii además de las plantaciones no se sostienen las eco* nó iiii as y escelentes obras maiuJudas ejecutar por el ooiKie de Uahares ,|y üevadas á cabo felizmente por ci coronel Carbalho.
Se encuentran en las riberas de la ría, además do IGra, Aveiro (4,094 hab.) y Víilarinho (1 ,620 hab.), cerca de la desembocadura del Vouga, *fIurLo¿a (G,OüO kbitantes), Bunbetro (3,900 bab.j y Pardilbó (2,190 Ittbitantes) , pertenecientes al Concelho de Esí aneja (2,035 hab.}, villa situada en la faldaS* O. de los Altos 4i Peira, y en la derecha del rio Antuá que descien* de de ellos. Por fin, en el estremo septentrional de la m, opuestamente á Mira , se encuentra la cada dia -^Miente población de Ovar (10,000 Lab.), rodeada 4e arenales y pinares y regada además por ua ría- * «huelo que, como el Antu& baja de los Altos de Feira*
La aboiM^nctii de pescado de la Ha $ lo cinHNÍd|
de su fondeadero; lo rico del valle del Vousa cuvas aguaa Uegaa á ella tras ua curso de 122 kíL, y ei ha-; naneen la eomuDicacton general de Goimbra i Oíw* to por el camÍQO Uamado de la Costa* que se abrevia haciendo el pasage de Aveiro 4 Ovar por el lago» dan á la lia en general y á Aveiro especialmente una importancia bastante grande; sobre todo en una invasión española que partiendo del Miño y una m duefia de 0-PortOt siga su curso al Mondego y al Tajo en combinación con tropas que maniobraran desda la región superior del Mondego.
Otras dos comunicaciones cruzan la cuenca del Vouga , y con la ya mencionada de Aveiro constituyen el interés todo de ella; la que de Coimbra y Viseo ae dirige á Lamego , á que tantas veces hemos hecho alusión , y la de Goimbra á 0-Porto por Agueda y Bemposta. Asi como el invasor tiene que ocupar ba
tres y marchar por ellas para envolver al enemiga que trate de defender el paso del Vouga» asi este tieoe que atender á ellas y por ellas amenazar las comunicaciones del invasor y la ocupación del llamado pq Portugal Alto Douro. Todas tres» que ea realidad componen dos, pues la de Aveiro es un ramal de la de Goimbra ¿ 0-Porto que se separa en Carqueixo J se une después en Ck>rvo, cerca del Duero, pueden» aunque en bastante mal astado, especialmeate altada Viseo á Lamego, resistir el paso de la srtíUeríat
8ir Arturo Welleslay^ eo 1809 dirigió sus opera*
ciones contra SouU por las tres. El geDeral Beresford desde Coimbra, donde se había reunido todo el ejér* cito inglés t se dirigió á Viseo^ y desde allí resueltamente sobre Lamego para amenazar á Amarante, por donde era probable la retirada del ejército franote,
como efectivamente la habia imaginado su general en geié. Otras dos coluamas marcharon por los dos ca* ■0006 de 0-Porto ; una directamente por Agueda y Albergaría Velha, y otra á embarcarse en Aveiro para lomar tierra en Ovar á retaguardia de los firanceses, cuya vanguardia observaba el Vouga. El 10 de mayo las tropas inglesas atacaron al general Franceschi» que muy dincilmente pudo desembarazarse de ellas envuelto como casi llegó á verse ; teniendo que re* Imoeder precipitadamente á 0-Pdrto , á reunirse á Soult, y proseguir la para él desgraciada caaipafla
gue hemos relatado ea este mismo capítulo*
CIQUIC4 VKL VOimiSO*
Remos descrito los accidentes que constituyen la divisoria del Vouga con elMondego que iinula la cuen* ca de este último rio por el Al B. lo hacen los monotes que desde la Serra da Lapa separan los afluentes dd Duero hasta alcanzar por los montes de Guarda la' divisoria general con el Tajo. Al S. encierra la cuenca
934 CAPnuLO IV.
édl Hoadego esta misma divisoria general delineada por la Serra d* Estrella hasta la tinion de las úems d* Anziaoy de Alqueidáo en que seiiallaa las fuentes dd río d' Adqos^ de doade parte ud ramal al N. 0. queio separa, asi como al Mondcgo, del rio Lis que corre iodepeodieote de este al Océano.
La cresta de la Estrella constituye una vTsta meseta árida y fría; pero asi al N. como al S. lanza ramales abruptos mucho mas ásperos los meridionales que los septentrionales, no dejando por eso los últimos de ofrecer accidentes muy difíciles de salvar. EsUis ramales, que son la Sena de Vide, Serra de Prad(3S, Serra dos Carvalhos Juntos, Cabego de b. ihiago, Malbáo d'a Estrella, Colcoríoho, Gabejo de Baffo, Sena de Coja, Muntc Vieiro, Penedo de Goes, Lomba do Mouro, Serra do Trevim, Serra de Louzáa, Serra de
Chao d' Alhal, Serra de Contra! y Serra d L^pinhal, sd dirigen, los primeros al N. entre los mas orientales y exiguos afluentes de la izquierda del Mondcgo, y los demás al iS. O. entre los últiaios afluentes ó sus |)riQcipales ramificaciones, sub-afluentes del MondegOi por los ríos de Alva, Ceira y d' Angos. Otros lüoaíei se encuentran entre estos mismos ríos y el Mondego^ que causan el curso tortuoso de ellos y 'constituyen accidentes muy notables, de influencia grandísima ea la marcha por el camino de la izquierda del Moddego, de cuudujioües muy diversas de las que carada*, rízan al mas frecuentado y fácil de la derecha; pero Codos serán nombrados y descritos al detallar las con-
TumiiTB wmmuL* 935
éáúSM físicas de esta cuenca, qoe es una de las que
Biasiatei'és ofreceo bajo el aspecto militar, por ser el eunño natural de una invasión por el JS. O. de £s« paüayunode los dos generales por donde se encuenIrta menos dificultades para penetrar en Portugal di-' r¡¿^éndose á la córte.
ElMoodego, pues, se halla encerrado en una vasla concavidad que limitan la Serra d* Estrella y la d* Alcoba, ligándose asi al £, como ai O,; en el primer «nu&bo, pcMT los montes de Guarda y divisoria con el Voi^a, y en el segundo por Monte Yieiro, Serra de Santa Quiteña y Serra de Hurcelha, que con el nom* bred^ esta üilima y separaodo las aguas del AI va de las del Geira se une ¿ la Serra de Busaco y d' Aleoba. Las aguas recogidas en la concavidad necesitaron lomper esta unión al O. y abriéndose paso violenta-» Beate correr al Océano su vertiente natural, pues üm cuando el Hondego en la primera parte de su curso parece que debiera ir al Duero vista su direo- €100, hemos de considerar que la masa de sus aguas no seria nunca suficiente ni pesarla bastante para romper las divisorias con el Vouga y el Duero á tra-
tés de la planicie elevada de la Deira. Pero figuróttooos inundado el valjjd, y calculando la masa liquida que se hallaría reunida en el gran anfiteatro que forman las sierras de ia Estrella y de taramulo con i» de Busaco y Murcelha que lo ligan, concebiremos peritamente que el punto de ruptura deitia ser el iBas pr6xímo al mayor y mas inclinado fondo y el mas
936 CApmriO iv*
débil por lo delgado de las meacíooadas sierras de Bosaco y de Murcelha, y por la circaastaiihia ademas de recibir ea aquel puoto el empuje de los nos Dáo y Alva, afluentes de ambas orillas y de los mas
considerables del Mondego. ' •
Este rio nace ea la meseta de la Estrella eo uno de los lagos que dijimos se formaban del derretimieD» to de las nieves que la cubren en invierno, y cuyo movimiento de flujo y reflujo es objeto de terror eor tre los sencillos pastores que alli apacientan sus gana» dos en verano. Corre primero al N. £• poco caudaio* 80 y sin importancia alguna por su posición en ua terreno intransitable ó al menos sin objeto de tránsito militar ni comercial y abriéndose paso por un asperisimo barranco de rocas. Ya al O, de Guarda, y como á 2 ó 3 kiL de esta población, cambia bruscamentesa nimbo al N. entre los montes de Guarda y la Sena de Vide, ramal que ya hemos citado, y que destacándose de laE3trella en aquella misma dirección va mostrando sus peladas rocas inaccesibles á Monte Verao, estribo suyo que se prolonga hasta la orilla mismaddl Mondego. En este trayecto el Mondego y su valle $b ensanchan un poco y recorre su orilla derecha el ca* mino de Guarda á Viseo que^salva el río en Pdrto de Carne; dirigiéndose á la izquierda á Ceiórico (1,831 habitantes) villa antigua , situada sobre un monttotb que rodea el Mondego por el E. y el N. en el estrenie de la Serra de Prados que paralelamente á la de Vide va al N« separada de esta por un riachuelo, elLageo»
2a, afluente del Mondego cerca de Lageo2a (440 habiiaotes) en el ya citado camino.
Ai pie de Celoríco existe sobre el Mondego Ponte Nova, que sirve para la comunicación de aquella vi** llflboQ Freixeda y Alméída, por UQ lado, y con Tran« coso y Pinbel, por otro.
Pooo mas si^ajo precisamente cambia su dirección el Mondego encontrándose con las Serras de Castajshem Y de Aldea Nova que citamos en la divisoria con eJ Youga, las que !e impiden ir a! Duero tlonde pmce debiera desaguar. De ellas y antes de las de San Benito de Gale y de Freixao bajan á aumentare! caudal del Mondego por su derecha varios arro> yos de los que alguno tiene sus fuentes cerca de TránC060 contrapuestas á las del Tavora. La nueva du*ec* <ÍDD del Mondego es al & O. bajando por Jun^ caes (270 hab.) á cuyo pie el camino de Guarda á Ymo vudve á cruzar el río para pasar á Fornos (1423 hab.) inmediato á sus aguas y proseguir deslaeaá Uangoalde (3484 bab.) y Viseo, salvando en Mangoalde la cresta de la divisoria con el Dáo» frimer afluente de importancia de la derecha del Mondego, rio que es necesario pasar en Puente Fa* 9lde entre aquella villa y la ciudad de Viseo. En** tretanto el Mondego recibe por su izquierda varios riachuelos que caen de entre las sierras y Cabemos ^ hemos dicho arrancaban de* la Estrella, por Salgueiraes(260 bab.), Liobares (915 bab.), tolgozi* nho (904 bab.), en la falda déla Serra dos Carvalbos
238 CAPITULO rv.
Juntos en sitios eminentes y pintorescos, al pie de Cabero del Rey, Gouvea (1.740 bab.) al del Gabego de S. Thiago, Mangoalde da Serra (250 hab.) y S«d* ta Marinfaa (740 hab,) al pie del Cabero de Fatema* monte aislado ea las mismas faldas de la Estrella^i en fin, por San Romáo (1,503 hab.) en h falda de Malbáo d*a Estrella, riachuelos que por bajo de todos estos pueblos son cruzados por la carretera que dijimos recorría la orilla izquierda d(*l Mondego en Cortizo (318 hab.), Garapichana, Villa-Cortez (180 habiUtiites), San Payo ^630 hab.), Passarella y Torrocello (467 hab.) La desembocadura de estos riachuelos se verifica ya en terreno suave y anchuroso que lleva el nombre de Planice é Terra do Cháo; pero en la orilla derecha el terreno es mas pendiente y e! camino que la recorre no sigue al rio sino que va coronando la divisoria con el Dáo desde Hangoa^de por Velhas, Lapadovo, Carvegal y Cancelle á Foz Dáo," vertiendo de ella arroyuelos insigaiúcaotest secos Ja mayor parte del afío.
El Dáo nace en la sierra de Garapito, al E« de la de Lapa en la divisoria con el Duero; corre en general
al S. O. convergiendo hácia el Mondego, y después de cruzarlo la carretera de Guarda á Viseo por ei mencionado puente de Fagilde, circunstancia que lo da la verdadera importancia que tiene, desciende al de Trahancos. Por bajo de este recibe por la dmcha'
Ins aguas del rio Inha que fecundan los contornos de
Viseo (5jl4ü bab.) ciudad importantísima en terreo^
TfinTIBNTS OeciOBÍlT.lL*
elevado pero Udno, abundante en granos, aceite y ga« nado, deque se celebra en setiembre una feria faono'* 63 en todo Portugal. Su situación en el camino da Goimbra, aunque malo, único para carruages por la derecha del Mondego, y los recursos que ofrece asi como los de los valles orientales de la sierra de Gara* mulo; su dominación sobre los dos principales del Muadego y del Vouga, en cuya divisoria se halla á ca« bailo puede decirse, hacen de Viseo un punto de etapas muy á pi upusito pai a descanso de las tropas que se dirijan hácia Goimbra y reposición de material y demás objetos de trasporte, utilidad de que se aprovechó Massena en su espedicion de 1810.
Paralelamente al Inha, y ya de las vertientes orientales de Caramulo, desciende también al Üáo el rioCriz, de bastante caudal para exigir puentes por que cruzarlo en la dirección de Goimbra, cuyo camino desde Viseo salva el Inba en Fail (280 habitantes) ; otros riachuelos intermedios con el Criz en Sabugoza (560 hab.), y Tondélla (1,380 hab.) , y el Criz enfrente de Santa Comba Dáo (895 hab.) , poUadon interesauLe en la derecha del rio de este nomIm, cerca ya de la conUucncia con el Criz y de la desembocadura en el Mondego. Muy cerca lambíeo de esta y en la mis ; a onlla derecha aíluyeal Mondego el rio Hortáo « de lecho prorundo y escarpado y de difícil tránsito. Nace en los * ol ados que dijittas sirven de unión de las sierras de Garamulo y de BosaoDt y recogiendo las aguas de los ásperos estri«
240 CAI'ITULU tv.
bos que de ambas caea al £. formando ua e&carpd pendiente y elevado, corre de N. k S. precipitada^
méate á Mortágoa (840 hab.) » arranque de todas las comunícacioDes de la falda oríeotal de la sierra Dusacoque la cnizan iiara diii¿ir¿e á Coimbra, MeaU hada, Agueda y Avctro.
frente A Mortágoa se alza esta sierra de Busaco fragosa y alta, resquebrajada por barrancos asperísimos sin salidas masque al Mortáo; poco accidentada al O. en una meseta fácil de re orrer en diro cion de la cresta y á retaguardia, y muy propia» de. consiguiente, para Ja defensa de Coimbra, ciudad á que no puede llegarse sin vencer aquel obstáculo por ser iotraositables las orillas próximas al Mondego, cuyas aguas se abrea paso por una angostura de rocas casi verticales,
«La sierra de Busaco, decía lord Wellington éa 3»el parte de la batalla de este nombre, es una alta screstaque se estiende desde el Mondego en diret> lición septentrional unas ocho millas. Ea el punto amas elevado» á unas dos millas de su termioacioDi
nestá el convento y huerta de Busaco. La sierra 86 »liga por un espacio de terreno montañoso coala »Serra de Caramula, la cual se estiende hácia el N. E» i>mas allá de Viseo , y separa el valle del Mondego 1 )idel valle del Duero. En la orilla izcpiierda del Moa*' I »dego, próximamente en una línea con la Serrado ^ •Busaco, existe otra cumbre de igual carácter, lia- »aiada Sierra da Murcella , cubierta por el rio álva J
•ligada por otros puntos también montañosos con la »Serra d'Estrella. Todos los caminos á Coimbra «desde la parte oriental pasan por una ü otra de easierras. Son muy difíciles para el paso de un aejército » por ser muy montuosos los aproches á h
Kima de las sierras por ambas orillas.»
Indudablemente la Serra do Busaco es una de las posiciones mas fuertes de Portugal, de tanto mas valor cuanto que se encuentra en uno de los dos únicos caminos que se pueden tomar para la capital.
Observaciones posteriores que creemos necesarias para dar una idea clara de sus condiciones militans, nos harán conocer esta posición, su influencia «n ia guerra y la que tuvo en la campana de 1810, la mas instructiva de cuantas han tenido lugar en los tiempos modernos para la conquista del reino vecino.
Casi enfrente del Mortáo afluye por la orilla iz- <|iiierda el río Al va, que tiene sus fuentes en Halháo da Estrella t á 55 kil. de su desembocadura. Baja rápdamente de este monte recogiendo las aguas de las vertientes septentrionales de la sierra basta Monte Viein>, y de las meridionales de un lomo que teniende su origen en Malháo y corriéndose por Monte do Umeiro que separa del Alva el Vida , su primer y ns considerable afluente , que baja de Saó-Deomíl« ♦ a de E. á 0. por Galiizes (270 liab.) , y Moita , ra* fiiificándose en este punto paralelamente al Alva con d nombre de Sierra de Moita , y coronado por la carretera de ia izquierda del Mondejo desde la ya
CAMTÜLO IV.
mencionada feligresía de Torrozello que pasa por aquellas poblaciones y baja después á Sohreúa | Ponto de Marcelha* donde craza el Alva.
Al principio este rio corre también de E. á 0. entre la sierra y el lomo; recibe pequeños afluente» por derecha é izquierda con puentes en Villa-Coba de Sob-Avó (790 hab*), y Coja (l,3oü^ hab,) Ya al pie de Monto Vieiro cambia un poco su dirección al N.O. para reuairóe al Mondego, y entonces su cqrso va entre la mencionada sierra de Moita por la derechi al E. y la Serna de Santa Quiteria y Serra de Muroeiha al 0. , moataüas que forman el principal estril>o de la Estrella para relacionarde al N. con la de Bu» saco. Estas dos sierras se unen por medio de collados entre ellas y entre la de Santa Quiteria y Moole
Viciro, lo cual facilita su tránsito, y asi por e^ía circuastaocia como por su menor elevación son mas accesibles que la de Busaco , especialmente en los es* minos de Arganíl (1,675 bab«) « y Ponte de Murceiha, poblaciones que.se encuentran en el Alva, i Miranda do Corvo, que se halla en la cuenca del Dueca. salvando la sierra; el primero por Fereiros, y el^ gundo por Venda-Nova.
Arganil se encuentra sobre un pequeño afloeote que nace en Monto Vieiro frente á Sarzedo (476 lü» hitantes), donde el Al va cambia su dirección para seguir entre rocas y precipicios á Pombeiro (ttl30 hitantes), y Ponte de Murcelha, y desembocar después en el Moaclegg en el importantísimo punte d0
VERTIENTE OCCIDENTAL
Wolz d' Alva, formando en esta parte de su curso, mm siendo vadeable por muchas partes , una línea muy interesante en el caso que las operaciones ten«
gao lugar por la carretera que recorre la izquierda
dellloBdego.
Este rio se precipita desde la confluencia del Íh6. á Hortáo y el Al va, por una áspera angostura por donde dijimos debió abrirse p;:iso al buscar salida de aquel valle pintoresco en el que, como dice Huy bien Bory de Saint-Yincent, se considera el viaffin encerrado por todas partes en un recinto de allurasenfre lasque no se di-t¡ngue salida alguna. El li» la encuentra en Penacova (3,030 bab.) , entre itt dos sierras, y salvando los precipicios que ambas Aomant entra en el fértil y encantador anüteatro dsade asienta la célebre y universitaria ciudad de ¡Coúnbra (13,400 bab.) , recostada pintorescamente tere loe estribos de la sierra de Alcoba , y uniéndose á la orilla izquierda del Mondego por un puente Phgnífico, uno de los mas notables de Europa. ^ Cpimhra , sin tener la población ni la riqueza de 09útio^ de que dista 96 kiU , ofrece un interés y tma importancia análoga ea la guerra. Su situación Ipl^li derecha de un río ya navegable y en sentido próximamente paralelo al Duero, con accidentes rany IpIPpas para defender su cuenca anchurosa y fértil •poyándose en Viseo á la izquierda , Monte Mor 6 ^Ubo y Figueira , que luego citaremos, á la derecha» M caballo sobre la sierra de Alcoba y el camino de : i
'^44 CAPITCLO IT.
0*PortOt ha¿Sñ de Coímbra un establecimieiito ib^
lar ofensivo á Portugal de gran consideración. Fsio. por supuesto, eu el caso de do temer uada por kj parte del Duero, pues de lo contrario es ¡nsosteirible] la posición de Coimbra , tomada de revés y de flaM desde la cuenca superior del Vouga que domioito» das las comunicaciones de aquella ciudad y delvab del Mondego con EspaDa. Esta es una de las rama por que decíamos que la conquista de Portugal détó hacerse lentamente y por partes. La línea del lioi* degOi fuerte en sí misma sin el cuidado de la M Duero , es muy difícil de mantenerse en un ata(]Qi aislado desde Ciudad-Rodrigo » é imposible ahora qu9 puede trasportarse un ejército en pocas horas dbtf flanco á otro. Las grandes invasiones necesiUD « medios estraordinaríos , de esfuerzos que no poetl sostenerse mucho tiempo, y por eso los grandes conquistadores i aun contando con el apoyo de naoMf robustas por su organización y riqueza, han idomi' qu ia vélicamente dividiendo á sus enemigos paiaatt^ lados encontrarlos inferiores á sus fuerzas.
El Ceira nace también en las vertientes seftei* •trienales de la Estrella al N. B. de la villa de (3|150 bab.), situada en la orilla izquierda eo ufl valle profundísimo formado por d monte Vieiü ü cuya falda menuional asienta la población y el Pfiocdo de Góes por cuyo píe se estiende el camino á$:ii^ gañil á Miranda do Corvo que tiene en ella unpueote. Corre el Ceira próximamente paralelo al Atan»
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fimnm occidental* S45
del que le separa la Scrra de Murcelha» y en Foz d'Anrace (l.OM bab*) lleva reunidos á aa caudal los* de varios arroyos que de S. á N. se desprenden de Lomba de Houro, Serra de Trevim* Serra de LoU'- ítey Serra de Cháo d'Alhal con ramificaciones cortadas ¿ media ladera por el mencionado camino que pMporLouzáa (2,810 hab.), cuya magnífica fábr¡-> ca de papel mueve el último de los aíluenles del Cei- 11 i que acabamos de aludir, yendo todas á perder* i0en la escarpada orilla de este rio. Mas escarpadas no son sus márgenes desde Foz d'Arouce elevó nim sobre la oriUa izquierda la Serra de Lorvfto li* g3da á la de Cháo d^Alhal por un collado que forma 00 estpechisimo y peligroso desfiladero entre Corvo f Miranda do Corvo (3,341 hab.), villa ya en el valle del no Due^, afluente de la izquierda del Ceira yqoe naciendo cerca de Espinhal (1,520 bab.) en la divisoria coa el Tajo, corre entre esta y la Serra d'Aves acompallado del camino que vamos descrihiendo, generalmente líamadode Espinhal, y se reúne il Ceira cerca ya de su confluencia con el Mondego Jifaima i Ceira (1,310 bab.)
Por bajo de Coimbra los riachuelos que afluyen f9t la derecbá al Mondego son bien insigniflcanles: distinguiándose tan solo, elGiráo-que nace cerca de fiotáo (800 bab.) y fertiliza la deliciosa vega de For^ M con puente en el camino de 0*Porto; el Frió que • riega los alegres campos deXentugal (1,200 hab.) reCQgbndo las aguas de li meseta en que se eleva Can-
taiiiiede (3,050 hab.); y uu nacluieloque bajando de la misma meseta desemboca junto á Monte Mor ó Veiho (3,275 hab.), villa ¿intiguamente murada en el camino de Coimbra al puerto ó cala de f igueira da Foz do Mondego (4,100 hab.)
Entre los afluentes de laizquierdaes notabilísia» el río d'Ancos cuyo valle sigue en una gran parte la carretera de Coiíubra á Leiria y Lisboa. Nace, según ya hemos dicho, en la unión de las sierras d*An> ' ziáo y de Alqueid&o y corre de S* á N. por un terreno alternativamente quebrado ó unido, cubierto olivos y de pinos muy numerosos en Pombal (3,634 habjtaates) viila situada al pie de una montana cónica que sustentaba un viejo castillot y con un puea* te estrecho y largo sobre el d'Ancos, que después sigue á Soure (3,670 hab.) donde afluye por la derecha el rio Soure. En la orilla de esta asienta Bedinha (1,250 hab.) en la falda de una série de altaras á lo largo del rio, dominando un pequeño llano circular con el que comunica por medio de un pueiH te que sirve ai camino de Coimbra que después de cruzar el Mondego por el puente de esta ciudad se dirige por Sernache (1,300 hab.) y Condeixa (1,151 habitantes) cruzando algunos de los afluentes ante* riores al d'Angos, que desembocan ea Pereira (1,590 habitantes.) y Formozelha. Por fín á los 44 kil. de curso llega el rio d^An^os al Mondego entregándris tu caudal junto á Villa Nova d Angos.
£1 Mondego desde Coimbra se presenta may cmh
^080, y aun cuando en veráno ofrece por bajo de
& ciudad un punto fácil de pasar con un lijcro puente de caballetes, constituye en general una línea respeiible mediando alguna defensa. Eu su desemboca^ dura forma una barra peligrosa , por lo vario de la eorríeote , que arrastra ¿ un lado ú otro de ella las arenas que bajan por el rio, tan abundantes que han cegado el primitivo puente de Coimbra, sobre cuya fóbrica se eleva el actual, y las que natural* mente impele el Océano liácia la costa. Sin embargo, h cala de Figueira abrigada al N. por el monte de Buarcos ó Cabo Moiidego , á cuyo pie se lc\anta la pequeña fortaleza de Santa Gatalinba que la defiende, m de bastante consideración para el comercio que ea ella se hace, y célebre mililarniente considerada por haber desembarcado en ella la primera espedi-
iion inglesa de 1808 contra el ejercito francés de luüoí situado en Lisboa, aun cuando con frecuentes y peligrosas interrupciones á emua d$ las difímUadm 4c aquüla cosía de hierro, según decia lord Weüington m uno de sus despachos al duque de Richmond» las que hicieron durar el desembarco desde el 1 al 5 da agosto , y después el de las tropas de la división Spencer hasta el 8 del mismo mes. El paso de la bar^ nes muy peligroso, y pocos buques se arriesgarían i verificarlo si la bahía de Buarcos (700 hab.), aldea situada entre Figueira y el fuerte de Santa Catalinha, ao ofreciese un reconocimiento íáái y un fondeadero c&nodo. ^. •
Frente á Figueira , y de consiguiente en la oriB» izquíeitladei Moodego» se encuentra la villa de La'vot^. (3,188 hab.) , sobre las arenas de la playa que con<» tínuamente la están amenazando , y en que tocni tierra el ejército inglés» partiendo desde ella para m afortunada campaña
mnCA3 DB LOS aiOS UZ« aloca» DAlUOy AlllOIA, SACIiaA». SBAIIDaO T ortos BUGiniiLOS HASTA EL CASO DA BOGA*
La costa desde la desembocadura del Duero si^
re^^ta en general y en dirección al S.» si bien algo inclinada al O. con algunas salidas ^ como el cabs^ Mondego al N. 0. de Figueira» el Carvoeiro en Peni-- che y el da Roca en la terminación do la cordillera Carpeto-Vetónica. Esta, desde la Serra d'Anzíáo, se estiende en la misma dirección que ta coslat basta llegar al paralelo d« Peniche» donde ambos accidei^ tes empiezan á converger para encontrarse enelGabi- 4s Roca. Asi todos los ríos que al S. del Mondegs iSdirígen independientes unos ''^ otros al Océano, \aQ disminuyendo naturalmente do corso basta ser te iSItimos arroyadas que se desprenden de la Serra dft. Gntra para entregar inmediatamente su caudaL
El mas considerable, pues, como mas prteísao Mondego, no contando con los riachuelos que entre estos ríos descienden de los accUlentes do la dinas»
VBBTIBNTB OCCIDENTAL. 249
ría, es el rio Liz, cuyas primeras vertientes arran m de una gnode estensic» de la cordillera, recogiéndose ea dos receptáculos principales; el Liz, que corceda á 0« y el Leoa que de á N« desde Ptvrto áe Mo2 (2,996 hab.) y Batalha (1,062 hab.) villa esta atism cékbre por su mooasterio de creación anterior y de oi]geto análogo al del Escorial, y que bojan á encenaur entre sus aguas i Leiria (2,320 hab.), ciudad epkcopal al pie de ana eminencia en que aun se vea las ruinas de un palacio fuerte de Dionisio el Grande* B terreno del vaDe en que asienta Leíríat essumamen* fifértUt y asi esta circuostaocia, como sus comunica* dbes oDQGoímbra, de qnedi^ 66 kil.^yeon la marina de que solo 22, y las varias con la cuenca del por Porto de Moz y CNirem hacen de aquella dudad un punto de bastante consideración en el órden esjTiMeico, ya para las operaciones defensivas respecMi Lisboa por tener á su retaguardia salidas diferaotest como paralas ofensivas, teniendo bien cubier* iHl §MCO por el camino de Espinbal que cae inmejipatamente al Tajo.
■ B lÁE desde Leiria se dirige al N. á Amor (790 habitantes)» Carvide (820 hab.) y Monte Real (430 habitates) que se encuentran en la orilla izquierda y Agaodra, Lameira, Ribagueira y otros varios puebleáilos que en la derecha asientan en las descenden- 'ias de la divisoria con el d'An^. Por fin, cambianés«i rombo al N. O* va i desembocar en el Océano^ . o«ca de Vieira (480 h¿tb.} en una costa cubierta por
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un inmenso bosque de píaos plantados con obfeto da evílar el que ias arenas penetrasen en el suelo iértfl del loLenort y el de pi oporciuoarse al mismo tiempo magníficas maderas de construcción, cuyo trasporte ocupa ea Yieira una porción de barcos pequeños.
El caudal del Liz no es tan considerable que po^ da ofrecer un obstáculo al tránsito de tropas á Leiria que asienta en la orilla izquierda» y comunica conh derecha por medio de dos puentes, cuyo paso mm absolutamente necesario por poderse vadear el riii en todas partes,
Al S. del Liz, y sin detenernos eo la descripción de los arroyos intermedios, de los que solo uno oiré* ce algún interés por la magnífica fábrica de crktalei de Marinba Grande (1,830 hab.) que ademas de suf^ ttr una gran parte del Portugal, estiende sus espcHv taciones á las posesiones ultramarinas, se encuentra el rio Alcoa en un valle estrecho, pero tcrtil y abuo* danta en granos y vinos. Nace también en la diviso-^ ría con el i ajo eu la Serra d'Albardos y después de ser cruzado por la carretera de Coimbra á Lisboa
entre I-orlo de Moz y Candieiros, baja a Xigucda donde se le une un arroyo procedente de Tor* quel y Evora (1,670 bab.), y después á Alcoba^ (1,353 bab.) En esta villa afluye al Alcoa el no tíaa dándole nombre significativo y rodeando estol
aniLus el monasterio en (¡ue reposan las cenizasdeva» líos monarcas de Portugal y ias de la desdichada dofia Inés de Castro» infeliz aun en la tumba, de quf
fué sacríiegauicüte arraocada en 1811 consideráacl(H k adornada de ricas preseas. Siguen después los doá
lios unidos hácia el N. 0., y junto á l^ederncira (1,820 liabitaates) y en la bahía de su nombre formada poi: «na gran roca con un pequeño fuerte en la parte ma» saiieDte al marque lo lame, y en cuya cima descueHa el elevado y puntiagudo campanario de Noss»
í^enhora da iVazarclh sirviendo de punto de reconocimi^aU) á los marinos» entrega al mar sus pocas aguas después de un curso de 28 kil. próximamente.
ilas ai S. corre en la misma dirección el rio Daoio, notable tan solo porque San Martinho (l.OOOhab.)
<lonue deoembüca» era en otro tiempo un hermoso puerto seguro ó importante por la esportacion de laa laaderas de los bosques de Leiria, y arsenal marítím en que se botaban al agua buques de cincuenta caftooes, pero que hoy está completamente cegado
¿H)r las arenas.
Sigue también al S. el Arnoia, rio mas considera-^. Ue que los dos anteriormente descritos, cuyas fuentes se Hallan por bajo de la carretera general de Goiffibra ¿ lisboa, que recorre próximamente la divi«
ésona entre Candieiros y Monte Junio, de donde sale el Inazo principaL Su valle es bastante fértil y en él se encuentra la villa d*Obidos (2,930 hab.) y su famoso acueducto» en el cammo de la costa de que mas idelaote hemos de dar noticia. El Arnoia después desciende nuevamente al lago D'übidos, de 8 millas ^ perímetro alimentado por sus aguas y por las del
isa CAPITCLO IV.
Océano coif él que oomunica por una estrecha aalk^a
que se cierra ea verano y á cuya ruptura acude la municipalidad d'Obídos con pompa solemne.
Tocando al Arnoía ea sus fuentes por la par e merídionai se halla el origen del ftlaceira ó Mongota; pero entre ambos valles seesttende hácta el O. et notable promontorio peninsular de Peníche con buenas fortificaciones^ llamado por su posición y formst á ser una plaza inexpugnable de primer órden. La población (2|595 hab.) se divide en dos partes; Penidie do Cima en lo alto del promontorio, y Peníche do 9»^ XO4 á cuyo lado meridional se halla laciudadela unida por medio de un arco á otras obras construidas sobra una roca aislada situada al E. formando una especie deiriote. El puerto no tiene buenas oondiciones y el istmo de arena que mí ra al recinto de la plaza, se inunda totalmente cuando á las mareas se une la violencia de los vientos del N. ó del S. y especial* mente en las grandes mareas.
Al N. O. de Penichot y á unas 6 millas» se elevas
sobre las aguas del Océano, las islas Berlengas con un Caro para su reconocimiento, y un pequeüo fuerte para su defensa junto al fondeadero. Al N. O. de fekt Berlengas se descubren también á media milla las BsMlaSf seis islotes de rocas escarpadas y altas J al N. E. una masa de rocas, el Farilhao da Velha.
Peniche fué en otro tiempo una isla y parece qna á etla 90 acogieron los infelices faermínios arrojados de la Estrella por César, quien con barbarie y íeio-
\gliXlfiKTB OOGIOftNTAL. Í03
cidad loauditasy ios sacnücó todos al deseo de en- -euinbniree en la opioion de sus conciudadanos que ¡lo habían de elevar después al poder supremo.
Al S. de Peoicbe, doode la costa compuesta has» la sBi de playas inmensas de arena, principia á acddeQtarse notablemeate siendo escarpada aunque de mediana altura* corren al mar dos riachuelos en coyas Diaigencs asientan Atauguia da Balea (1,940 hab.) y Loorínhá (2«235 bab.) entre cuyas poblaciones se halla el fuerte de Paimogo, que defiende la estensa playa doode desemboca el valle de la última de aquellas.
El Mongota ó Maceira, como generalmente es llamado, nace en las faldas occidentales de Monte Junto. Corre ai principio al S. O. por la meseta que allí constituye la divisoria hácia el Océano, y dando un gran rxodo poco después de ser cruzado por el camino de la costa de Coimbra á Lisboa,' entra en un barranco profundo entre dos cadenas de alturas escarpadas, siendo las de la orilla derecha llamadas de Vimeiro, (3iO hab.), aldea que se encuentra cerca de b desembocadura del Maceira» las que no pudo conquistar el ejército francés en 1808| estrellándose sa íuria ante posiciones en que principió á revelar We- (iesley su genio militar en la defensiva. La batalla de Vimeiro á que siguió la convención de Cintra causó h evacuación del Portugal por los franceses tan deagraciados en aquella campaña, vencidos entesen Bailen por los esp icoles y allí por ios ingleses, entonces laanteoedores del reino portugués.
CAPiTDto rv.
AI S. del Maceira y paralelamente á él baja de li meseta de Sobral en la divisoria con el Tajo entre Monte Junto y la Serra da Cintra , el rio Sizandro, foso de aquellas terribles líneas de Torres^Vedrasqin detuvieran en su gloriosa carrera al Hijo rntrnado de la Vktaria, En su corto curso baila un estrecho valle en que Runa (560 hab.) y Torres-Yedras (3,326 bab.) son las principales poblaciones, interesante la segunda por cruzar en ella el Sizandra el camino de la costa que desde allí va á salvar la sierra por Eaxarra dos Gabalheiros , según ya hemos dicho en otro lugar, y punto por bajo del que afluye á aquel rio el único tributario suyo considerable, procedente de las alturas de Mafra, y por cuyo valle va aseen Jiciulo el c imino citado de Lisboa.
Jesde la desembocadura del Sizandro hácia d cabo da Roca desciende de la Serra da Cintra un número de arroyos entre las pintorescas vertientes occidentales , que al caer en el Océano foroian una costa escarpada cuyo punto mas saliente es el c^bo da Arrendida, al S* de la desembocadura del Sobral, que desciende también de las alturas de Mafra (3,250 habitantes), estupendo palacio y templo juntnmente fundado por don Juan V ¿ imitación de el del Eaeo» rial, al que aventaja en cuanto á su situación y magníficos parques con vistas al Océano , si bien le m muy inferior en cuanto al mérito artístico y graodio» sidad de la Tábrica.
Al S. del mencionado cftbo ee^ encuentra mi tift
TERTIKHTE OCCIDENTAL* 2ti»
peqoeBo golfo la viila/k Ericeira (3,000 hab.), 41 píe
délas niisaias alturas de Mafra y al N, del rio Calca^ Cabalo que bafia las faldas meridionales de las mismas. Por'fin ya junto al cabo da Roca desemboca el río de Collares (1,744 bab»), que baja de Cintra (2,562 hab.), villa situada en un terreno fértil y delicioso en la falda de la sierra de su uoniui e, y ai pie de una montalla elevadísima que la está perenne* mente amenazando, y aumentando con su antiguo castillo el encanto de un terreno que ofrece la pers* pectiva mas hermosa, asi por sus accidentes naturales como por la brillantez de la vegetación y de la cultura de que está cubierta la tierra.
Tudo este territorio desde Torres-Vedras corres» pende en la cuenca general del Duero á las vertien^ les de Lisboa y sus pintorescas inmediaciones, desde el rio Arnuda que tiene sus fuentes contrapuestas i las del Sízandro, y el cabo da Roca, donde se tocan ambas regiones, encentando entre el Océano y el Tajo un espacio grandioso , cuya deserípcion definitiva dejamos para mas adelante, cuando al enumerar sus condiciones detalladaaieate pueda comprenderse mejor la posición, fuerza y condición nes especiales de aquel lormidable campo atrincherado que burló las esperanzas de dominación absoluta 611 ta Península que siempre abrigara el emperador Napoleón.
Antes , sin embargo • de dar fin al estudio de la cuenca del Duero » debemos á nuestros lectores al-
{[unas observaciones sobre la del Mondejo y demns i rica que independientes de él correo ai mar háda d cabo da Roca, en la que si no tuvo desenlace drt* ma militar á que tantas veces hemos hecho alusión, tuvieron lugar sus primeros y últimos accidenttt; aquellos en un sentido de invasión amy propio para esaminar las condiciones generales á que debe » meterse, y estas en el de una retirada que se debe proveer siempre por lo frecuente de tales operaeio» oes en las guerras generales de un país con otra limítrofe.
Dos son las comunicaciones que recorren el vade
del Mondegu ca dirección á la capital do la mona^ quía. Una de ellas recorre desde Celóhco las faldas ; septentrionales de la Estrella , según detaltadamente hemos ido apuntando al describir los alluentes de la izquierda de aquel rio, y se dirige á salvar la divissria en Espinlial para bajar al Tajo. El camino es sumamente malo á pesar de que á consocuencia de nna ; órden de Lord Wellíngton de 26 de enero de 1810, | se arregló bastante aen espectativa de futuras opera* | aciones de los ejércitos aliados y para la comunicacioa »de los diferentes cuerpos que operaban en la frontera ay el Tajo;» trabajo que redundó después en veotafi de los franceses, pues pudieron facilitar asi el trasporte de su material y de sus heridos en la retira* da. Pero lo que hace mas diCícil el tránsito de erii | camino es la naturaleza del terreno que atraviesa, ! La dirección de los estribos de la EsfaneUai en sa ;
VEBTIISNTB OGCIDENTAL. ítlSf
mayor pacte perpendiculares á la sierra y al Mondego, entre los que corre el camino, salvándolos sucesivameate en fuertes ondulaciones ó por collados siempre ásperos, mas que por su pendiente por las coadiciones de los accidentes que los fonnan: la poca fertilidad del suele; el escaso vecindario de los pueblos y la dominación continua á que se halla sujeto ei tránsito de Gciórico á Espinbal, ofrecen vasto campo á una defensa obstinada de puestos en que pü€de detenerse al invasor por mucho tiempo, hasta #1 pie de Serra de Murcelba , posición formidable y muy propia de consiguiente para una gran batalla. Aun salvada la montaüa victoriosameotet hay á la espalda desfiladeros que recorrer , ríos que atravesí^r, y al bajar desde Espinba! al Tajo se deja descubierto ei flanco derecho « pudiéndose recibir en él Brocho dañodesde la divisoria general por que próxiluamenfe corre el camino de la costa á través de los vaSes al S. de el del Mondego«
La oLra comunicación se estiende por la derecha de este río desde que lo cruza por bajo de Celórico;
se dirige a Vi^eo y por Santa Comba Máo y Murlái^üa va á cruzar la sierra de Busaco, para bajar después é Coimbra y cruzar de nuevo el Mondego , y por Poiiibal y Leiria ir ¿ salvar la divisoria con el Tajo cena de Rio Mayor ó en Enxarra dos Gabalheiros. Bpte camino, aunque no bueno, es niucho mejor quo ei de la orilla izquierda ; atraviesa un terreno mas ÜrtO y poblaciones de una importancia sumamenfd
tono u.
jM8 CAPITULO m
mayor; lleva lo? flancos cubierlos» el derecho flnnquerndoio como es fácil por el camipo mismo de Pinhel á Yiseo« uno de los de invasión, y el izquierdo por el Mondego ; y por ün , ofrece mas campo á las operaciones « pues que desde Coimbra asi puede ob* servarse el curso ¡nforior del Duero y la ciudad (io 0*Porto, como amenazar á Lisboa. * ün obstáculo y poderoso se presenta, sin embargo, al invasor en esta dirección, obstáculo que ligándose á otro de igual índole, en la orilla izquierda delMondego, constituye una línea defensiva foru'sima para Portugal. Este obstáculo es la sierra de Bu* 8800, cuyas condiciones físicas hemos obsmado antes.
De Mortágoa parten tres caminos para salvar is
sierra: uno, el mas meridional y por tanto mas próximo al Mondego, llamado de San Antonio; otro, toclinado al N. , llamado de Moira , que desemboca ea la Cartuja de Busaco, y el tercero, por fin, que se iotema por los collados que dijimos ligan la siena de Busnco á la de Caramulo. Los dos primeros dirigen ¿ Coimbra, y el tercero ¿ Avelans da Cima y Sardáo, uniéndose al camino de Coimbra á 0-Porlo; pero muy al N. faácia Aveiro. Los tres son difíciles .de transitar en armas, pues habiendo en las faldas áa la montaña poco desarrollo por levantarse de prouto ^bre el valle que atajan , son muy pendientes y lo^ tuosos, asi como el terreno en que se hallan abiertot asperísimo de rocas y malezas , impracticable paca
VEBTIENTB OCCIDENTAL. $$0
b caballería y la artillería y diíicil para la infantería*
Por el coiif i cii io , ya en la falda opuesta son mas cómodos, y ea la meseta que coiona la sierra puede maniobrarse con desembsfrazo y prontitud.
Desde CJoimbra no se encuentra niuouna dificoltad en una marcha combinada á Lisboa. Dos son los caminos también abiertos en la vertiente occidental de la cordillera Carpeto*Vetónica , caminos que ya hemos indicado * así como ¡os pasos principa* Ies que en ellos bay que salvar para el lrciíj:5ito á ia cnenca del Tajo. El uno es alto por Pombal, Leiria y Rio Mayor, con ramificaciones á la izquierda á Ourem y Tomhar para relacionarse al de Espinhal, y el otro de costa ligado repetidamente al anterior. Es con* veniente la marcha por ambos y no es natural en* . coentre grandes obstáculos uo ejército en que ise sa«- poíic fuerza para acometer la conquista de Lisboa, ibihay el ejemplo de Aljubarrota, cuyas causas hemos sefialado ligeramente , existe también la historia de dos campanas contrapuestas, la de 1808 en que lord Wellíngton aparece como invasor por el camino de la costa , y en vez de combatir á los franceses situados en posiciones ventajosas , logra dar en Vimetro una batalla defensiva, tan propia de su carácter é inteiii^encia , correspondiendo sus efectos á los de toa ofensiva; y la de 1810 en que este mismo general no bai.a en todo el tránsito desde 'Coimbra un lugar apropiado para repetir la acción de Busaco hasta hs líneas de Torres- Vedras«
200 CAPULLO IV.
Ei terreno es suave en general, y ambos camuuB
se pueden flanquear desde la divisoria que Dalunl* mente ha de llevar el invasor , con lo que y con h esperanza de encontrar un abrigo tras el Sizaadro j el Arnuda, no esperará el defensor sino en circnss* tandas escepcionales á las masas enemigas que poi^ ' dan incomunicarle con la capital.
Expu^iicidas las plazas de Ciudad-Rodrigo y JUniéída por el ejército de Portugal en 1810 , Masseoi, su general, oiii] rendid la entrada en el reino jw: Guarda y Pinhel en seguimiento de lord WelUngtoo» que habia permanecido impasible observando aubos asedios t considerándose sm fuerzas para hacerlos levantar. El 6.<> cuerpo de ejército francc¿al maodo de Ney so trasladó atravesando ei Coa y el Piabd el 15 de setiembre á Freixedas y Celórico, y uni(k alli al 2.<> de Reynier, procedente de Sabugal, Alia* i yates y Guarda, siguió á Fornos, Hangoalde y Viseo. El 8.® cuerpo á las órdenes de Junot, pasó el O» el 16, se dirigió á Pinhel, y cruzando la dívimia del Duero cun el Mondego por Venda de Cegó al di Trancoso, se reunió á los otros cuerpos el 19 es Viseo. De esta marcha tan rápida Ue 130 kil. eaciü- 00 días, resultaron accidentes imprevistas: loscai^ ros de municiones y las cureñas se rompían ó estropeaban por lo malo de los caminos y ee ezigim paraciones que solo en Viseo podían ejecutarse, por lo que no se pudo proseguir la marcha hasta el Ü i
Entretanto lord Welhngton se retiraba con el ¿jnifr
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VERTIE^iTB OCaDKRTAL. 201
SO del ejército por el mismo cauniiü y con la iÍím- 9Íoa Hill por el de la orilla izquierda , inutilizando cuanto quedaba á su retaguardia, vivcres, puen-' tes, etc. , y establecíale por fin en la sierra de Bu* saco, á cuyo pie Tegaron ios franceses el 26, veriii-' eancio en seguida el reconocimíeaio de aquella for* midable posición.
El baroa Fririini , gefe de E. M. de Massena, la ,desí ríbe asi en su Diario histórico de la campafla de JPortugaU
«Los anglo- portugueses, situados como se baila- »ban en la sierra de Alcoba, neutralizaban la acdoa j>de nuestra caballei ía do reserva y do nuestra arti- »ileiia. La cresta de esta montafia que ellos ocupaban •tiene apenas tres cuartos de legua de su derecha á n\x izquierda. Sus generales podían ver todos núes- «tros movioiientos y aun contar el número de núesiítras hileras. Sus reservas estaban ocultas en el re- »vés de la montafia. Tenían ademas la facultad de tíllevr.r grandes masas en menoi dü media hora sobre i»lo6 difereutes puntos de ataque , mientras los IrauMeses necesitaban mas de una para llegar ¿ las i»avanzadas enemigas, debiendo estar espuestos duirante este trayecto ¿ ia metralla y ála fusilería deunt Miultitud de tirarlores emboscados tras de rocas
•Los generales £blé y Frihon creyeron debían MNHneter observaciones de esta índole al mariscal tMasfiena ; hicieroule observar que les parecía pre* ^ferible flanquear esta posición formidable y hacer
W3í «4mcLO IT.
Míe modo que los ingleses tuviesea que abaadocdrla sanies que úlacar tí toro por ¡os cuernos. Pero el nto
• mimado de la victoria, cooüaado ea su forluna^ se •Uanítóá contestarles: sois del ejército del Rhin y Daficionadosá m aniobrar: es la primera vez que lord •Wellington parece dispuesto á dardos una bataliat y
9 .uiero aprovechar laocasioQ... Pronto se verá cuáles •fueron los resultados de semejante obstinadon.!
Fuaestísimos fueron efectivamente, y mucb » mas
10 hubieran sido sin la imprevisión del lord de isá ocupar el camino de Mortágoa á O-Porto, que hemos dicho salva la sierra de Busaco por los collados qu» la unen á la deCaramulo. En la correspondencia de aquel general vemos disculpado este error con la ¿r* den dada al brigadier Trant de ocupar aquel paso que no pudo cubrir ])or líaber sido llamado hacia Oporto , teniendo ocupado los franceses el puentedi S .n Pedro de Sul eu el Vouga; pero el lector camprenderá que una operación de tal importancia ^ dt^bió nunca dejarse á eveniualídades de ningún género. Mas fácil se hace de creer que asi como itesena no cuidó de buscar un camino por el que pudiera flanquearse la posición de los ingleses bas^ el 28 después de recliazado su ataque, asi lorJ We llington, no presumiendo su importancia « no cxÁá^ de interceptarlo hasta que por los movimientos ti- ¡ los franceses presumió iba á ser atacado por sui^* Quíerda en posiciones desfavorables para él , que fe* XU& el talento de escogerlas incspugnables
TEIITIENTB OCCIDENTAL 201
Ve todos modos, y auo retirándose entoDces, lo .
gró sacar de combate. 4,486 de los 59,806 Lonibres que componían el ejército francés en la batalla del 27t y la no pequei^a ventaja ademas de poder relroccdcr coa órden y sia apresuramieato.
Los franceses, guiados por un aldeano de las cercaaías cjue les revelo la exibLencia de aquel camino, pasaron la sierra por Boyalbo, á 44 kiU de Mortá* goa, y por Mealhada y Fornos se dirigieron á Cüi;a« lira, entrando en esta ciudad sin mas oposición que la de alguna caballería inglesa que se retiró ante la de Montbrun el l*a de octubre. Este mismo general qoe mandaba la vanguardia siguió á los ingleses á
Lcina, Candieiros y RioMavor, y tras el todo el ejército, llegando el 11 de aquel mismo mes á avia* lar las líneas fortificadas ante las que había de estre* liarse su ardor y los gigantescos planes de Napoleón.
Todas las operaciones sucesivas de aquella cam* pafii pertenecen á la cuenca del Tajo, en cuya dcsaipcion hemos dicho tendría lugar la de las líneas á% Torres-Yedras, basta qoe saliendo fallidos todos los cálculos de la conferencia de Golegá, las esperanzas de! auxilio del ejército de Soult, y acabados loe me* dios de vivir sobie el pais, decidió Masseoa retro* eeder á Goimbra para establecerse t si le era posible» en la Ifnea del Mondego.
Principió la retirada d 4 de marzo de 1811 » f esn la energía necesaria para que ocultándola algoa tiempo d ios ingleses pudiera el ejército íraaccs oca»
par fodrtemente los caminos todos guardados basta i
aiii por el respeto que imponían aquel as tropas b - sarnsimas á las eacasliliadas eo las iíoeas. Logróea efectivamente el objeto no siendo los franceses inco- , modados bast i Pooibal, primer combate que tuvieron que sostener para dar tiempo al paso del Mondego y ocupación de Cuimbra, de que se habia apode- ¡ lado Traot coa las milicias portuguesas el 4 de oohh bre de 1810 , dos días después de dejar en ella enfermos y heridos el ejército francés.
En Pombal empezó una séríe de combates que ininortalizaria por sí sola al mariscal Ney si otras hazañas en toda clase de operaciones no le hubieses puesto á la altura de los primeros lugarteoieotes d& I r^apoleon. ¡
No es fácil formar un juicio exacto sobre los com» « ¡ bates de Pombal, Redinha, Casal-Novo y Foz d* Aroa- j ce* pues que los escritores ingleses y franceses los describen de un modo muy distinto, haciéndolos aparecer los primeros como victorias suyas á pesar de la resistencia del enemigo , y los segundos coma acciones de retaguardia coo fuerzas muy iaíenores, pero de resultados grandes para la couaervacíon det
ejército.
Los espaüoles han demostrado en esta parte uoi
imparcialidad en sus juicios tanto mas honrosa, cuan» to que se hallaban muy interesados en el éxito di Itquella campana. El conde de Toreno la reasume m
uEa toda ella (la retirada) marcharon los enemigos '
VERTIENTE OCCIDENTAL. S65
íorniados en mesa sólida, cubiertos por uno ó dos cuerpos de su ejército que sacaron ventaja del terreooqaefcrndo y áspero conque encüuüal)an. Mas- «eoa desplegó en la retirada profundos conocimien* los del arte de la guerra, y Ney á retaguardia brilló aiempre por su intrepidez y maestría.]»
A SQ vez don Antonio Alcalá Galiano dice: «Le» »^aDló, pues, Massena sus reales y emprendió su movimiento en la noche de) 5 al 6 de marzo, ma-» Qiobraodo coa la habilidad de un capitán consu- <B3do , la cual no le faltó en todos sus movimien* tos, de suerte que si no salió vencedor de la canw pafia supo retirarse sin recibir dallo alguno consi«
rferable de p.' rte de su enerm^o Cubricntio
•^ey la retirada de Massena con su esfuerzo acom* panado de habilidad en el campo de bntaün , coná quienes venían dándole alcance, peleando «i mpre con drnuedo sus tropas sin vencer ni que* >ílar vencidas.»
Bien estudiada aquella célebre retirada no pue- - íoenos de verse en ella un alarde de fuerza y de l^iopor parte de los franceses, pues averigua(!o l^e casi nunca encontraron sus contrarios mas op ;- que la que pedia ofrecerles el cuerpo de Ney, '<^fuede dejar de admirarse el vigor y el tálenlo necesarios en él para que el ejército se retira*
tranquilo y conservando su material, como 1)
W 4 de lüarzo se pusieron en muvíniiento los
260 cii>ixuLO IV.
enfermos y liericlos , < ! ]3ariiue de artillería ylosbagages » y el 5 por la noche se dirigió el ejército á salvar la divisoria del Tajo con el Océano y el Mondego, Key y Junut por Ourem y Reynier por Espinhúl. j
Lord WellÍQgton supo el 6 el movimiento reUó- , í^rado de los franceses , y empezó á seguirles paso á paso, temeroso de perder por esceso de ardor lo qm había conseguido á fuerza de cálculo y de su prodeacia acostumbrada.
Hemos dicho que el objeto de Massena era esta* blecerse ea la línea del Mondego , y para llenarlo hizo avanzar á Juoot y á Montbrua á Coimbra para apoderarse de la ciudad y restablecer' el puente de^ truido por Trant. Mey quedó en Pombal los dias 9 ' y 10 para dar tiempo á esta operación « apoyado ea su izquierda por Loisson , que en la sierra d' Anziáo se ligaba á él y á Reynier» que subia á Espiohali por el de la Estrella. El 11 tuvo lugar el primer ' combate» cuyo teatro fué Pombal» abandonada afl | como su castillo al principio de la acctoD » reoon» quistada después é incendiada por fín en la calle qua sirve á la carretera única por que puede transitaisa ; con artillería. Temeroso al anochecer Ney de verse flanqueado por los ingleses que bajaban por la quierdadeld* Anfos» aunque tardíamente» soli> hiendo llegado las tropas a tiempo de compkkir las dispoiíMiMi dé aloque antes de oseureeer^ según dice M ¡ Wellington , retrocedió á Venda da Cruz en el lomo que separa este rio del Soure» y al amanecer dd
V£I»T1£NTE OCCIDENTAL. 207
ia siguiente á unas posiciones ventajosas al frente de
edinha.
£o ellas esperó á los ingleses, y ¿ las cuatro de
a tarde operó su retirada por escalones con mucho * rden al irente de la mayor parte del ejército in* lés , cabiéndolo de metralla y deteniendo por fin u marcha con una carga vigorosa á la bayoneta, cuyo ftivor pudo pasar el desfiladero que conduce i Redinha, situándose por fin en la derecha del Sou- , donde se hallaba apostada de antemano la división Marchand.
Hasta allí Massena había conseguido cumplidaente su objeto, y Ney , situado en el desfiladero de edinha áCondeixa, podía dar tiempo á la conclu* sioo del puente que Junot y Montbrun preparaban áioja abajo deCoimbra y á la toma de la ciudad. Entonces, sin embargo, cometió Ney una falta que lasseoa atribuyó á intención maligna contra su per» na, que se halló espuesta á caer en poder de los gieaesen Fonte-Guberta , por haber abandonado y las posiciones de Condeixa , pero que solo puee considerarse como un temor errado de que le pu ienn separar de Loisson y de Reynier, que suce* vamente apoyaban su ala izquierda. Este abando- 0 causó la variación completa de planes de Masse* oa, renunciando á la posesión de Coimbra y del iondegOf por cuya orilla izquierda Montbrun, que ]uedab i en una situación muy orítica , tuvo que suir a reunirse al ejército en Miranda do Corvo, ya
eo el camino que hemos dicho recorre las foM»
snptf'ní! iunales de la Estrella. Desde allí este camino iaé la linea de retirada de los franceses » por el <|U6 combatiendo siempre y muy porfiadamente el 1'* en • CazaUKovo» de cuy s posiciones no fueron arrojados sino por maniobras hábiles sobre sus flancos, y el 15 en Foz d' Arouce t teatro de un sangriento drama eo su puente » en el que hubieran salido muy mal pandos los franceses sin una estratagema de Ney, que con un solo regimiento hizo creer al enemigo u& ataque de .todo el ejército.
El día 18 se establecieron en la derecha del Alva« abandonando las alturas de la sierra de Murceihi» que consideraron insostenibles; Junot en Foz d' Alva» Ney en Ponte-Murcelha , y Reynier á la izquier* da én el origen de aquel río. Tampoco allí se cofiü* doraron seguros por movimientos que erradameotó verificó Reynier que disentía del plan de estableceM en el Alvu,y emprenuieron su definitiva retirada por Celórico y Guarda á territorio espafioU cuya frontera pisó Massena el 22 de aquel mismo mes át marzo.
El barón Friríon , cuya severidad histórica dá
tanto valor á su obra ya citada , reasume la retirada hasta el Alva en estas pocas palabras con que dace* mos fin al estudio de la cuenca del Duero , sin detenernos mas en observaciones que fácilmente pu^ den deducirse del relato de las operaciones desate «Desde Santarem la retirada ¿e había operado
VEamMB OCCIDENTAL. 260
::oii el mayor órdeo. La marcha del ejército era ten-
a y mesurada; dejaba estcá Portugal haciendo cara tin cesar al enemigo y dispuesto á combatir en to« las ocasiones. Desde el 5 alio de marzo , es decir, lomóte once días, irecorríó solo un espacio de 33 ic^ast no marchando, de consiguiente » por término medio, mas que 3 leguas por dia. Los angIo«* porlügnc¿es il^an tras el con su timidez habiluai: cii Poiiii>al, en Redinba, en Foz d' Arouce bastaron mñ ó dos divisiones del G/' cuerpo para detenerlos f paralizar sus proyectos. £1 ejército atravesó con is enfermos y heridos, sus equipages y su artille* m desfiladeros peligrosos en presencia de las ma« is enemigas sin el menor sacrificio. No había, pues, ¿Tdído nada de su energía, y aunque los ingleses (Metan rebasarlo por todas partes » aunque el sue* ^ que pisaba parecia brotar soldados en derredor, f dejó de conservar la calma del hombre fuerte m impone al adversario mas audaz, y que sabe jrtrtrar el peligro que le amenaza sin temor y sin ibiliJad.s
COMSCk DEL TAJO.
is límites de la cuenca del Taio son: la cordiüoi^rpeto-Vetónica al N«; la Ibérica al E» desde ei fcno de la sierra de Muedo hasta la de Cuenca
S70 CXPUÍShO IV»
al S. del Kudo de Albarracio ; al S« la cordilla Oretana ú Oreto-Herminiana en toda su eslensioa;y, por fiu • ai 0. el Océano Atláotico á que vaa á pa* rar las aguas de esta región , todas en la parte de ia costa lusitáuicü catre los cabo^da Roca y de Saa Ti* cente.
Descrita ya la cordillera Carpelo Veí única solo nos resta hacer algunas observaciones sobre sus ver* tientes meridionales que son las que forman esta cuenca ea la orilla derecha del Tajo. Estas son, lodio ya hemos dicho, mucho más rápidas que las septen*
ti iunalcs , iü cual indica que aun cuando corriendo el Duero y el Tajo en su curso superior por ia graa meseta central de la península, el último de calos ríos tiene mas proiundostt lecho» y su cuenca está abierta á una altura mucho menor que la del primero. Y efectivaiiiente, aun cerca de sus fuentes el Tajo corre á una altura 200 metros menor que la del Duero , circunstancia que le da una inmensa ventaja para la navegación , haciéndola fácil su magcstuoso curso, mas estenso también que el del Daero/aí no lo interrumpiesen en su parte central grandes rocas que indican los escalones porque se va alzaoáa la masa peninsular y causan frecuentemente peqo^ Das cataratas ó rápidas que impiden por ahora ia na^ vegadon.
Esta condición del Tajo y su mayor distancia de la cresta de ta cordillera Cárpete Vetónica que de k Uretaua csplican cómo en las vertientes meridiooa-
Íes de aquella se encueatrau esiribos considerables» ooDstituyeodolas cuencas secundarias de algunos do los afluentes de la derecha bastante importantes en las operaciones de la guerra. Si en un principio no están sus valles determinados por grandes acciden** tos orográficos, pues se hallan abiertos en la meseta central donde las dos cordilleras arrancan de la ibérica casi imperceptiblemente, mas adelante, y dondebemos dicho que la carpetana se muestra abrup* ta y elevada respecto á la cuenca general , los estribos que lanza y los ríos que entre ellos se deslizan constituyen líneas de obstáculos fáciles de defender en todos sus accidentes.
Asi vemos que el Jarama y los principales aQuenles del Henares están separados entre sí por lomos que aunque interrumpidos de alturas que en su enlace forman una cadena paralela á la cordillera y aun mas elevada que ella, se nivelan con la mésela en que se alzan , .7 que el Guadarrama se abre ya paso entre estribos, que van gradualmente accidentándose pero sin ostentar aun mas que en su dr« lanque divisorias de tránsito difícil, mientras que^ en el Alberche, el Alagon , el Éljas , y sol re todo el ZozerSt se destacan de la cordillera contrafuertes enormes eiuiíicntemente propios para la guerra deiéasiva.
En la orilla izquierda del Tajo, los ramales de la cordillera Oretana son » con rara escepcíon, JOCO importantes , y las aguas que por ellos des-
CAHTCI.a IV.
cienden no llegan á reunir caudal ¿u6cienlo para constituir líneas de interés^ tanto por la condi* cion misma de los montes que formnn nqncllacn casi toda su estcnsion como por la proxiojidad i ellos del lecho del río. Solo en lá ültíma parte producen una cuenca de alguna consideración , la dá Sadáo t pero independiente del Tajo , aunque tan rt' lacionada con él » asi en el orden físico como bajo el punto de vista militar, que no podemos meóos cb considerarla embebida en la general de aquel rio, como hemos hecho con la del Mondego y otras ea la descripción de la región del Duero , y Tenimoi haciéndolo en el curso de esta obra.
De los afluentes de ia izquierda en la región superior, el único als^o considerable es el Guadicla fisicamente, pues que su importancia militar es casi nula reduciéndose á la que le dá el camino de Coco** ca á Algora en la carretera generol de Madrid á Aragón. Después t todos los afluentes del Tajo se redo» cen á torrentes profundamente encauzados entre pequeños estribos t siendo solo de mencionar en la 2oaa central el Almonte, por cruzarlo la carretera deMa> drid á Eadajoz; y en la inferior el ErvedaU Mél mas interesante de todos, aunque corriendo por piramos solitarios de un carácter especial, que despuo hemos de observar convenientemente.
El aspecto de la cuenca del Tajo es variado en sus diferentes zonas. En la superior afecta la foraa dt oika estensa meseta de un nivel casi ¡goal, r»
VEaTlBNTB OCCIDENTAL* :17$
quebrajada frecuentemente por las a-uas que van á ua depósito común , el i ajo, desde cuyas orillas el lerreoo aparece verdaderainenie arpero» asemejan^ do cortado por e evadas cadenas de montes que, <x)nsideradas bajo un punto de vista general , no son
iiiasque las mesas de esa i^ian planicie abiertas hám las corrientes de ios rios. Ni la cordillera ibérica qje, según repetidamente hemos espresado, no es •aili mas que un inmenso escalón liácia el Ebro y el Mediterráneo, ni las Carpeto*Vetónica y Oretana en su arranque ofrecen límites descollantes , sino por el coQtrario, los presentan en algunos puntos tan dudosos 9 que es necesario un detenido exámen para conocer la cuenca á que se dirigen las aguas , que« dando algunas sin salida en lagos pantanosos secos en el verano. Por eso la comumcaciun de esta parte de la cuenca con las inmediatas es fácil : lo hemos demostrado resj)Ccto á las del Duero, del Ebro y del Júcar, y mas adelanle «o observaremos respecto ¿ la del Guadiana.
Toda csia zona, pues, que comprende las provincias de Guadalajara , Madrid y una parte de las de Cuenca y Toledo, puede considerarse como una estensa llanura resquebrajada por los rios , encca« liándose raramente fuertes ondulaciones en ¡as orí* Vas de algunos de ellos, como los afluentes del He* nares ó el Guadíela , donde se alzan eminencias que lívalizan en altura con la divisoria, sobrepujándol.i alguna vez. £q las partes üias elevadas de ella aa
lOHO A li
27á CAPITULO iV«
ven también porcioaes considerables de terreno cu- i bierlas de vegetacioa alta , casi todas en sentido iñ la di\ isoria hacia Aiienza, Cifuenles y Molina , donde las nieves mantienen la frescura una parte del , aflo; en el resto el monte bajo alterna raramente coo la tierra de labor , y en la Alcarria se encuealra una abundancia tal de yerbas aromátieas y una fera* ciclad tan e:rande en toda clase de producciones, que no sin razón tiene fama de estas cualidades eo la ^ meseta central de la Península.
Mas abajo, esto es, en la región media , presenta h cuenca del Tajo muy distinto carácter. Adeaias de anp:ostarse notablemente el valle, las dos cordilleras que la limitan son ya elevadas y abruptas, f lanzan ramales que comunicándose entre sf en am* bas orillas ó corriendo paralelamente á ellas y á las divisorias respectivas cortados por algunos de los ríos que de ellas descienden venciendo toda clase de obstáculos , encierran el lecho principal de las aguas en un valle estrecho t aunque feraz , y dc#* pues en desüiaderos escabrosísimos interrumpidos por rocas enormes desprendidas de los escarpes que constituyen las orillas del Tajo, dándole nombre significativo y propio. Al suave deslizarse de las aguas que mansamente corren por amenos sitios convidando á la navegación , sucede la rapidez bulliciosa | torrental en que confundidas con las arenas ds que las dieron tanto renombre en ia antigüedad» caen
salvando rocas y escalones á entregar su eaíndal f '
VEUTIE.ME OCCIDENTAL. 275
«w riquezas á nuestros vecinos de Portugnl. A estos, sin embargo, les toca del curso del I%¿o una parte de ia áspera de que nos estamos ocupando. El general francés Foy, que asistió á la mayor parte de ias campañas de sus compatriotas en España , á dos de las de Portugal , y atravesó este país U ecuentemente en comisiones de las líneas de Torres-Vedrds áParísy vice-versa; hace la siguiente pintura de[ caoiino que recorre la derecha del Tajo, y que siguió Junot en 1807 : «Los contrafuertes escarpados da »la Serra D^EstrelIa se presentan perpendicular- «mente á la dirección de la marcha. De dos en dos ^leguas se encuentran nos sin puentes ni barcas, y •que en invierno 6 después de grandes lluvias no •pueden pasarse sin peligro inminente. En un ter- *mo tan fuertemente accidentado, la defensa mas ^'inerte puede desconcertar al ejército mas aguerriendo. Cuando después de haber triunfado de ios hü:n- •ores y de la naturaleza llega á Abranles este ejér- »cito, y toca, por decirlo asi, el término de sos irawjos, el Tajo y el Zezere (1) lo separan do la tier- "¡J^P'^^^^t'da y presentan una barrera ímpenetra- *Ueálos que no han podido conducir ni artillería trenes de puentes. *
^ ejército ignoraba estos detalles de localidad,
a4lam;n"lhV^?^\í^/P^^'^^^ ""^ Ciuivocacion , pues que Tajo ma?n ^l"^^'y ^ ^^^^^ o^íí'^ derecha llt-l
i^'n^n.^únf.'''?'"'.^ «epamr las des Ciudades, y deeodsf.
'9f9 CAPITDLO IT»
«porque los mapas existentes son tan inexacto» qf» mi siquiora señalan los nombres de los ríos qoeha? Miue atravesar. Los portugueses mismos conocea umejor la India y el Brasil que los valles de Ite^ ^MShMontes y la Beira.»
La descripción de este terreno de la derecha áá Tajo debe casi hacerse esteasiva al de la izquierda, que aunque no tan abrupto en la parte de Portfiga! carece de poblacioDes y de camiaos y es de lo mm miserable del reino.
Puede, pues, considerarse la cuenca del Tajo en» tro Puente del Arzobispo y Abraotes como vat io» menso barranco cortado en todas direcciones jot montes que, enlazándose recíprocamente en orillas, no dan lugar ni al cultivo ni á las comuüícaciones.
Desde cerca de Alcántara es ya navep:ab!e el Taja» ecgun haremos ver mas adelante señalando las oafidi* Clones de su curso detalladamente, aun cuan do es oq principio el valle sií^ue estrecho todavía entre lasCaldU meridionales de la Estrella ó por mejor decir de Itto^ ra do Moradal, que con aquella cierra la cuenca secofr daría del Zezere, y las septentrionales de la Seres da Porta legre, cuya unión rompe el Tajo en las tan celebradas Puertas de Rod&o. Después se ensáñete fibíemente abriéndose á !n derecha el valle de Zezere y por la izquierda deprimiéndose ei Umm en Ins cemas D'Ourem de eminencias surcadas pjr arroyuelos desiertos y de picos aislados bastaole
TtttlBlITB OCCIDENTAU S77
Ifls, indicios de antiguas voicanizaciones, entre los
que se encuentran encerradas algunas lagunas sin . salida y mal sanas. Y por ün, se descubre el mar de la
Paja, vasta ensenada interior al pie de Lisboa ro- . deada de vegetación rica y esplendorosa y cerrada
al 0. entre los cabos da Roca y Espichelt cuya
unión por medio de lus ramales de los montes quo k» ooDstituyeu rompe el Tajo paia dar salida á sus aguas si Océano Atlántico.
Estas condiciones del valle del Tajo impiden la OOfiaonicacíon de Madrid y Lisboa por él| necesitándose buscar una vía mas fácil que la descrita por Foy para sos relaciones, no tan frecuentes como parece (Mueran hallarse establecidas entre las dos capitales. La zona superior donde asienta Madrid se halla ya aonsada por anchas carreteras y algunos ferro^carrí* lasque la ponen en comunicación con varias proriacias y la dan un interés que hemos procurado dar áesnocer en el principio de este capítulo; pero en <lirecc¡on de las aguas del Tajo solo existe una aprola al tránsito frecuente de carruages, cuya esIcasion, por otra parte, solo se dilata hasta el puente de Almar&z. Esta es la carretera general de Estrolaadura y de Portugal que cruza el terreno de la derecha del Tajo hasta aquel punto para después revastar la cordillera Oreto-Herminiana y buscar en ías llanuras del Guadiana paso fácil á la región infew del mismo río que abandona en Almaráz. cierto que á pesar de lo que hemos dicho
278 capítulo IT.
pecto á las penalidades que tavo que soportar á qé^ cito de Junot en el camino de Alcántaraá Abranteseo 1807* fué transitado poco después, por eldelordW^ IHngton en sentido inverso al emprender en 1809 b campaüa de Talavera; pero hay que considerar qoe este general tenia á su disposición los brazos de ios portugueses para arreglar los caiuiaus y que estos ])uedeQ servir regularmente para el paso ocaskmil
. de las tropas sin quo su utilidad pueda estenderse é épocas dilereales; pues todas las obras para el paso de los rios desaparecen al poco tiempo por no hallu^ se sólidamente construidas ni atender nadie á su reparación cuando no se preveo una necesidad imat^ diata.
Hoy día, sin embargo, se trabaja en Portugal por seguir la carretera de Lisboa á Abrantes hasta ás-
tello-Branco; pero no conlinuándose hasta la frontera española no reportará utilidad ni se tratará en nuestro pais de empalmar á ella la qu • arrancando de la general de £stremadura pudiera constroine hasta la portuguesa.
CORDILLERA ORETANA I) ORKTO-UEHUINIAZliU
Gomo la Garpeto-Vetónica tiene la cordillera Oro* tana humildes principios. Al 0« de Cuenca, y áoqr Ofüta distancia sobre la orilla derecha del Jücar» se
* VCRT1£NTE OCCIDLMAL. 279
éievaD unos cerros « ramificaciones meridionales da
la sierra deBascuñaDa, que, segua dijimos en el capítalo Ut se prolongan hasta ei cerro de Tébar, sujeta-do por su derecha á nqucl rio por el pie del escalón que marca la cordillera ibérica hácia la ver- « tiente oriental. Estos cerros, que son los de Gabrejas, de muy poca altura sobre el nivel de la meseta ecolialt oonstituyen el punto de separación entre el Tajo^
e! Júcar v el Giuüola, y de elios arranra la cumbre dividiendo aguas entre Tajo y Guadiana. Desde aUi se estíende bácia el O. por llanuras elevadas interrumpidas de eminencias ó altos semejantes á los de Cabrejas; entre los que se halla el de Pineda enla» zánrjose á la sierra deAltomira, cuyas vertientes septentrionales caen á Unete y al Tajo y las meridionales i Udés y Tarancon ya en la cuenca del Gaadinna. La sierra de Altomira fronteriza con los árabes después de la conquista de Huete, y dominada de castillos mantenidos entonces por las órdenes militares, se estiende de ¿ S. cubierta en general de monte bajo, habiendo desaparecido el alto que la adornaba «Qtiguamente, y se liga á unos altos al S. de Taraneon con caídas rápidas al Tajo y lamidos al N* fi. por el lliánsares que corre muy próximo á su pie.
Sigue después la divisoria por los altos de Santa €roz de la Zarza y las mesetas de Ocaña, prolongándose al S. por las llanuras de la Mancha para contimar la divisoria por los altos de Lillo y las rocosas toúnencias de la venta de ta Higuera entre Tembló*
uso CAPITULO IV.
^ue y Madridejos, y cayendo al N. en eacarpea da
tierra escalonados ha^la la deliciosa vega de Aranjuez.
Aquellas eminencias de venta de la Hispiera cuyas rocas las hacen aolo distinguir eo la Uaoura ií§9 ramente ondulada que separa las dos cuencas coaliguas, ^jreseotan en rigor el origen de la cordilkfa OreUnlierminiana en un sistema de irontes de oaih
figuración tan cstrana que esta circunstancia y la de su enlace ai O. han bastado para hacer de eUo^ campo de resistencia al gobierno á las puertas mía* ; mas de la capital de la monarquia* Estos soa los montes de Toledo compuestos de sferras pardelMl estendidas de E. áO., alzándose repentinmueiite sobre la llanura, que dejan entre ai valles angostisimús | enlazados de tal modo que en su conjunto forman uo , inextricable laberinto cubierto de prado j moato ; bajo, solitaria y saWage.
En estos montes, cuya descripción gráfica no puede nunca dar una idea de su estrello carácter, sa abrigaban en el siglo XIII aquellos terribles saltcadtK fce que con el nombre de Golfines infestaban los ca* < nunos del país basta largas distancias. Ellos dims lugar á la creación de la Santa Hermandad de ToledOt Xalavera y Giudad^Reaii cuyos servicios seballaa rcasijtnidos en la concordia celebrada en 1353, es* tre el arzobispo de Toledo y la hermandad vieja d^ Gíudad-Realt de que copiamos los siguientes rangkK ne¿i estampados en el bosquejo histórico y reglamen*
hrío de Las Instituciuaes de Ói^^undad publica Aipallat por el brigadier C. iimeocK de Saodiyval; trabajo que revela la vasta erudición del autor y el eoBcieiiñido ezámen que ha hecho del ioatitulo de Guar i ¡as civiles, á cuya esceleute direccioa ha COQ'» InteidoalgOD tiempo como secretario.
«Elá vos facer merced al dicho señor, dice aquel
Murioao documeatoi movieroa mucha» razones: io
nprímcTO poríjue vubotros, y cada uno de vo^ ucead» muy graa costa eu guardar los camioos y los siiiootes, que son en las comarcas do tenedes vuestras colmcDas # ea los . cuales mootes soliao teoer «luy grandes compafias de golfines, ladrones y malahcchoces, que mataban los homes, et íes tomaban tbqae traian, y forzaban las mugeres, y quebranta* iban y quemaban los lugares poblados, é (acien otros •Mchos males, y vuestros antecesores y vosotros medes les corrido y echado de la jara en tal mane^ M que todas personas que por i pasan, andan *i^uros. » ^
En estos mismos montes, teatro también en la' guerra de la Independencia de luchas parciales que dMBQestran las propiedades defensivas de ellos en una guerra nacional, se albergaban en la última lucha c¡- lAlas feccionesde la Mancha, consistentes la mayor parte en caballería. Cualquiera concebirá que el usj • de esta arma se haee casi imposible en un terreno tap
fragoso; y, sin embarp^o, aquellos valles llanos, ro-
'^sados de montes escarpados y cubiertos de bosquer
2B2 CAPULLO IV.
(acilitab&fi' la fuga de tos ginetes manchegos ntimlkM por la iniaatería, mieotras que á los cien pasos sobre cuaiqutdra de los flaocoe encoatraban abrigo oootia la caballería que no podía enriscarse por donde los mismos naturales del país teoiao que trepar coa al caballo de mano, defeodiéndoFe con sostrabooosé escopetas manejadas con singular destreza. So!o con decir que el paso de la divisoria por el camino de Yébenes á Ciudad-Real se hace por un puerto, llamado de la Matanza por la de una antigua bataiiat cuja altitud sobre el nivel general del camino seri da unos 10 á 15 metros» se comprenderá lo estraOo de aquellos montes que se cruzan por el pie de la Cakfe» riña, una de las mayores alturas que en elios se eacuentran. Nadie al ver aun de bastante cerca esie monte cónico supondrá lo impenetrable de su maleza, lo intrincado de sus rocas; y es lo cierto, que muchas veces nuestros batallones, tan ¿giles y taa diestros en la guerra de montaíia, ao han podidodar con los guerrilleros escondidos, en su aspereza»
Los valles y sus frescos prados forman dehesas riquísimas, entre las que se distingue la de Guadaler* za, perteneciente al Colegio de Doncellas Nobles ds | Toledo, vigilada desde el castillo feudal del mismo nombre de la dehesa, en estado perfecto de coas»
vacion, habitado por los guardas y algunas veces por los destacamentos 4e tropas .que operaban ea \» montes.
£1 núcleo principal de estos queda algo la St ea
VtÍITl£NT£ OGCIDEMAU 233
la cuenca del Guadiana; pero la divisoria, por el ^'QQtrario, se dirige desde las Guadalerzas al N. basta tos altos del Molinillo, donde sigue en la misma dirección general al 0. arrancando de ellos una de tas piiacipales sierras que aislada y escueta va al Jb^. por TAenes á ramificarse y desaparecer cerca de Hora. Has al K aun» se vé otra sierra mas baja ya, y que ti terminar en Almonacid sustentando su elevado castillo, testigo de un desastre contemporáneo, se derrama al Tajo rompiéndose sus asperísimas rocas m derredor de Toledo.
En la misma dirección de E. á 0. con varias infleanmes, sigue la cordillera por el llamado cerro del Buey y montes de Retuerta, parte componente todafVía de los de Toledo, esparciendo ramales en direotíon perpendicular de vez en cuando y presentando ,ix^dos, sino muy altos, de bastante difícil acceso. ^Lnego toman aquellosr un rumbo mas indinado de •N.O. áS. E, formando sierras ó lomos agudos como ^ de Iraelat las Rallas de San Bartolomé y la sierra
de Altaaiira, por la que se encamina la divisoria
basta la proximidad del Tajo cerca de Puente del Anobispo, separando de las aguas de este rio las de J&aadarranque que aüuye al Guadiana , cuyos valles se unen alli por el puerto de San Vicente donde se isa! va la cordillera.
En d estremo N. O. de la sierra de AUamira em^ pieza é delinearse la deGoadalupe, unida i los monotes de Toledo por el territorio de la Jara, de una ma-
9M ciPitiRiO m
ñera que permite fácil comuaicacioo aprovechada muchiui veces por las guerrillas para correrse desda Ja Mancha hasta la frontera de Portugal sin ser ohser* Ttdas ni poder s<*r perseguidas.
La sierra de Guadalupe, cuyo nornbrc, asi como el del célebre mouaaterío que Bory de Saint Viooeiit equivoca con el de Yuste, es debido á un humilde ría» chueto que nace en la falda meridional y correal Guadiana, contiene en uno de sus principales estribos las Villuercas, picos los mas elevados de la cordillera Qreto*Herminiana» La sierra va de N* £• á S. 0. y esi
como dlcvada, áspera y cortada por profundas qute» lins donde no por eso deja de labrarse el terreno, á bien no tanto como en las Viiluercas, en cuya eaCeosioQ de unos 12 kil. de N. 0. á S. á pesar de las nieves y de las tempestades, se ve en una gran parte
labrado haciéndolo mas pintoresco aun los hermosa casta&os, robles y encinas que se crian naiuralmeo- (6 en él.
Gomo todas las montañas elevadas, la sierra de Guadalupe es origen de varios rios, que si no tomaa
grandes proporciones es por la proximidad del Tajo f del Guadiana, que á muy corta distancia de la créala se enriquecen con sus aguas. Los principales ccirM al N. y son el Ibor y el Aláronte que en su nacimieata bajan lamiendo las faldas opuestas de las Villuema^
y divergentes después con unaf;ran inclinación, dejan entre sí y el Tajo, á que afluyen , las sierras de Deleitosa y Mírabete, cruzadas por la carretera gaea*
\fcHTULNTE OCCIDENTAL. • 9811
ral de Madrid á Badajoz. Estas sierras que en sus <fi->
versos accideates lie\ au nombres variados apenas conoddofit y diversos segua la localidad de donde se observan, después de rotas por el Tajo, agua abajo de la eotrada del iiétar, se ligaoá dos crestas paralelasque por la sierra Serradilla y cortando después el Alagon yelÉljas, forniao uno de aquellos contrafuertes áque beoH» aludido al describir la cuenca en general.
La divisoria sigue al O. desde la sierra de Guaciatape, y haciendo poco después un gran recodo por la elevada meseta que encierra al N. la ciudad de Trujillo y en que se encuenira el puerto de Santa Cruz, continúa al S. O. al puerto de Morrón y después i las alias sierras de MontAnchez y de San Pedro, unidas ea UQ collado muy bajo por donde salva la cordillera el camino de Gáceres i Mérida y Badajoz. La sierra de Montáocbez bastante cultivada con frutales y viñedo, es, sin embargo, escabrosa, y arroja á una ver* tiente y otra ramales muy ásperos y cubiertos de iBonte que han hecho peligrosos algunos de los ca* Olióos, todos malos, que la salvan. Carácter muy se* majante tiene la de San Pedro, ya bastante inclina* 4aal N.O. cuyos ramales meridionales son pequeñas crestas paraleláis á la di .isaiia separadas por llanuras hasta el Guadiana, y cuyas faldas septentrionales ba* ja lamiendo el rio Salor que también baña las crien* Wes de un gran estribo que arranca de punto próximo al puerto de la Aliseda y con el nombre de sierrn üc San Vicente y despueo coa el de sierra de Carbajo,
286 . CAPITULO IV*
66 dirige al Tajo dividieodo aguas con el Séver, fron* lera ya de PortugaU
En esie reino penetra la cordillera en díreccioQ al O. hasta San Hamede t lazo de anioa en día de) sistema orogn'ifico de nuestro pais con el lusitánico, por cuyo nombre es también conocida de gran aú» mero de geógrafos.
La sierra de San Mamede se esparce en todas direcciones y da Dacimíento ¿ varios ríos « tributarios unos del Tajo y otros del Guadiana. La ramificación mas oriental e? la unión de la cordillera que ea ii frontera espaCola es conocida por sierra de San Vk^ mcd generahnente y en el pais por cordillera de Aadroalv cruzándola en el puerto de Ies Conejeros d camino fronterizo do Boílajoz y Alburquerque á Va-^ lencia de Alcántara y Alcántara. Al N. son varios ks ramales que se desprenden de San Mamed; pero á mas importante va dividiendo aguas entre el rio Niza y el Séver; y roto por éste en la proximidad del Ta«> jo, se une á la sierra de Carbajo que á su vez se li¿a en la derecha de este rio á la cordiliera carpetana constituyendo quizás alguno de los escalones genera» les porque se va alzando la gran masa central de la Península. Otro ramal importante se desprende hácia S.E. entce el Gévora, fronterizo en una gran parte con España, y el Gaya, que lo es en la última deii curso hasta el Guadiana, ramal donde asientan alg»« ñas fortalezas que con las alzadas en el septentrional de que acabamos de hacer mendon cubrían la toW
VfiRnBffTB 0GC1D8RTAL. S87
divisoria entre Tajo y Guadiaoa. Por fin otra ramificacion» la que continúa el sistema oretano ó lusítáo¡« co, se dirige al S. con el noiiibre de Scrra de Pórtalegre cruzada en la población de este mismo nombre» por los caminos de Villa- Velha y Abrantes á Elvas y Camjpo-Maior.
La divisoria de aguas se estiende en aquella dirección basta el N. O. de Elvas, plaza construida saluafflente en un estribo frente á la nuestra de Bada«* joz, y desde alli se inclina al S. 0. pur ¡a Sorra d*Estremoz á la d'Üssa, en que se alzan algunas de las alturas mas considerables de Portuf^aU Estremoz €8 respecto á Lisboa lo que Portalegre respecto al eorso superior del Tajo en Portugal, el punto de unión de las principales comunicaciones con Elvas y Badajoz , y paso preciso en las operaciones que se dirijan á la conquista del reino. Alli se divide la carretera para Santarem , Lisboa , Sétubal ó Evora. La lUtima sigue próximamente la divisoria de aguas, Ifegando á fonaar junto á aquella antiquísima y célebre ciudad t no ya la separación del Guadiana con d Tajo sino con el Sádáo 6 Sado, rio que al S. dt i lijo corre independiente al Océano.
Asi como entre las sierras de Portalegre y Estre* tnoz se encuentra una depresión notable por su poca attitud y carencia de escabrosidad que constituye ia región mas accesible de la frontera, y de consiguiente señala ia línea do invasión mas fácil en cuanto á Iqí oiMBlácttlos de la naturaleza» m en £vora parece
j[g^ CAPITULO nr»
perderse la coutinuidad déla cordiüera háciaelAI* garve, haciendo del sistema de montaüas de eslt provincia uno aislado con el nonibre de sistema Ga- .néico. La Cordillera Orctaaa ó Sistema Lusi tánico de; Licra , entonces , desde cerca de Evora dirigirse rectamente al 0. por la Serra d*Alcá^ovas, la de, San Luíz, en que descuella el monte Palmeila, y la Ar« rábida, délas mas elevadas del Alemtejo, Tebaida de los mongos Arrábidos que tenían en ella su ceatro religioso , y la cual termina en el cabo de Espi* chcl entre ias desembocaduras del Tajo y del Sado. Pero en rigor este término de la Cordillera Oretaaa aparece roas como un estribo divisorio tlel Tajo coa el Sado que como límite de una gran región bnlro^ cr iiica , y por mas que el Sistema Cuaéico tenga apariencia de aislamiento, ó cuando nó la oíreza de relación con el Mariánico , cuya unión iendiia» pos que suponer cortada por d Guadiana , Labre- ¡mo6 de continuar el plan seguido basta ahora de obiservar la marcha de la divisoria general entre ani- ;bas vias üuviales contiguas como lo acabamos de hacer en la cuenca del Duero. Asi , pues , compreade» ¡remos en la del Tajo el valle del Sado y los de loa jriachuelos que desaguan ál S. basta el cabo de Sn Vicente, cuiiliüuando la descripción de la cordillcít ^segun la m irca !a línea divisoria de aguas y coosiÜeránJola unida al Sistema Gunéico ó montesdeiAlgarve*
La Serra d'Ossa , s^n acabamos de indicar t #
Italia aislada formando al N. E. y S. 0. dos grandes <lepre8ianes ; se estiende de N. O. é S* E« hácia el Sorraia y el Tajo por el primer rumbo » y bácia el Coadiana por el segundo « relacionándose con la cordillera Mar:üa¡ca por a I.; un a de sus ra.uificaciones, y ^pecialmeate por la berra da Montaraz « roca que ^ alza en la derecha del Guadiana. Gast paralela^ ^eale á la Senra d*Ossa se alza la de Portell , ligada iá aquella por la divisoria general que pasa juoto á Evora.
Uoa y otra se componen de pequeñas sierras pa* fíelas que se dilatan por las dos cuencas , dividiendo arroyos que alLeraalivamenta van al Tajo y ai Sado ó al Guadiana.
Sigue la divisoria á Beja por una série de elevadas colinas que van circuyendo los campos de aque*
lia ciudad y los celebres de Ourique, de las que bou muy notables Mendro en la Ser ra sobre ¿ Vidigueira alN. y AIjustre] al S. O. deBeja« Va luego aIS.E. por cerca de la villa de Aluiodovar, y alzándose gradualmente basta alcanzar en la Serra do Malhao la cresla ''el sistema Cunéico en su parte central , por donde lo salva el camino de Lisboa á Faro, al cual «t riempre dominando por la derecha desde Ou-
Bl sistema Cunéico consiste en una sierra elevé*-
da que cubre todo el estremo meridional del reino portugués, escondiéndose de E. á O. prózimamente* Jíflida al N« en su parte media á la divisoria geneHl
tono U* 19
290 CAPITILO IV.
de aguas eaire Tajo y Guadiana , y al E« i b cordillera lUariáQica , cuyo enlace rompe este última rio. Componen esta sierra dos órdenes ó sistemas do
montanas: el primero que presenta mvd cresta seguida, con ramales perpendiculares y montss generalmente redondeados, y que es conocida easa esteosion general de kil. por Serra de Moq- <dúque ; y el segundo que constituye una masa de
sierras pequenas paralelas formando cinco graa* des escalones desde las llanuras de la costa iDeridiO' nal del Algarve hasta su unión con la cresta dd primer sistema, por donde se estiende próxiuiamente la línea divisoria de esta provincia con la de Aleotejo.
En el primer sistema se encuentran, empezaoda á contar desde Ponte Ruiva, escarpado sobre el mar al N« del cabo de ban VicentCt el Espinhago do Cao, nombre indicativo de su configuración junto á Marmelette, á 45 kil. del mar^ y donde olcan;¿a ya una altura considerable; la Serra de Moiichique» da 22 kil. de cresta, en que se encuentran los dos pontos culminantes de la Foya y la Picota, senako* do al navegante el cabo de San Vicente; la Sena de Mesíjuita , en cuyo origen caml ia la direo don N. N.E» por la del E. para unirse á su tenDíofr*
oion á los 34 kil. á un :j:ran contrafuerte meridional llamado Cuméada d'üdelouca; Serra do Malháo^ dd 11 kil., en que se eleva el Serró do HalhAo, i|M indicó el nombre do aquella al ingeniero ci¥ü fian*
oet, áqaíea seguímos en esta descripcmn de la cor«
dillera; Serra d*Alcar¡a Alta, por el iioiiibre tauibita de su puoto culminante* y que se cstiende por es* pmo de 15 kiL, y por fin Goméada da Foupana por su aocha cresta , y cuyas faldas á los 39 kiL de su onion coa la anterior se abren rotas y rocosas sobre el lecho del Guadiana, cuyas aguas [aiiica su pie encerradas en un áspero desñladero. También se considera como cresta de esta sierra general, la 11a-
I mada de Odeleite , mas lacliaada al S. £. , y que coa
I h Coméada da Foupana forma un j cqueño valle en; q-e corre al Guadiana el no OucIlíIc, lo bual inéca qne al terminar la sierra se abre en dos rama*;
i tes algo divergentes, cortados luego por el Gua-
p 4iaoa*
Q segundo sistema consiste, como ya hemos di-
cho, en cinco órdenes paralelos de montauas quo ' gradualmente van descendiendo al mar en la costa ' Meridional que parte dol cabo de Saii Vicente formando un ángulo casi recto con la occidental del Atemtejo, y constituyendo bajo tin punto de vista geoeral un gran plano inclinado cortado por barran-^ r M y vailecilios abrigados de los nortes t y que qb-\ teiitan una rica vegetación. «Estas cadenas de mondice Bonnet , presentan en ciertas partes una I WBsta cortada, y en otras mesetas entreabiertas; , «foraiando valles y barrancos syrcados por arroyos» I tiganas veces destacando ramales con denomina^ ¡ #eio£ies distintas. £1 que navega en la costa mendio*
L . ■ V
502 cAWTüLO nr
mal observa ana aérie de montanas en la nriams di<
jireccion que se encuentra cerca del mar. Los mi* arinoa conocen perfectamente algunas, porque les »airven do puntos de reconocimiento.»
El mas conocido de todos estos es el monte Figo que se encuentra al E. de Faro en la primera de l'tsséries nnr^ldas v cu vas ramificaciones al S. vaa ¿ formar el cabo de Santa María junto á aquella capital de la provincia. Cerros y bien notablea aa xan también en domas cadenas de montes pero correspondiendo ¿ la región del Guadiana por eetar ci las vertientes meridionnlcs del sistema cuncico, d3jaremos su scualamiento para cuando describamos el curso de los pequeños rios que de ellos desdeiH den al mar entre la desembocadura de aquel y el cabo de Sao Vicente.
La serra de Monchique lanza hácla el Alcmtqo algunos r.nniales; unos al E. y otros al O. de sn nntoa con la cordillera Oretana ó Sistema Lusitinico. El ons ímportnnte de los que so dcspreiif'en hácia el Océano es la Serra do Caldeiráo, conocida también por sena é9 San Ifartínho, la cual se dirige al O. formanifoh rosta occidental del Atlántico y la orilla izquierda dtel Bado hasta terminar en la Serra de Grandolla cem ¿3 la villa ríe Alcarer do Sal. La Serra do Ca!deirt'> e^tá indicada generalmente en los mapas como te* mando la parte oriental del sistema cunéico; inveslrjaciones minuciosas y comparación de lugares tisniGcativos de so estructura la fijan en el 8ttio<|0^
B080lro8 le señalamos entre las ramificaciones mal
importantes. Mas al O. siguen otros ramales me 4 nos considerables como la Serra das Gales y Serr^ do Paiz que parten de la Foya, estcndiúnJüso hosia) el mar junto á Aljezur.
Hácia el Guadiana se destacan varios rammes taüibien d¡rigiéüdo¿e primero al N. y después al E,J pmleiamente casi á la cresta de la sierra. Dislin-
guense enlrc todos por su grande cr^tension; Cumua' da dos Cavalhos que arranca junto á la divisoria geasnl de la Serra do, lialbáo; Guméada do Pereiráo y. Smo dos Zebros que parten de la serra D'Alcaria iUa; y otros varios que después aparecen cortados par el Guadiana como lo son la cresta principal y la cierra d' Alearía Ruiva, desprendida del sistema ore* tiBo masal N., aquella entre Alcoutim y Azínhal, y esta junio á Mértola.
Los puntos mas interesantes de la cordillera Oreiaaa coyas alturas nos sean conocidas son los si* gantes:
illVainereas 155St
•Hesetas de! Tajo en su origen IHOO á I40O
UFoya.. . • í24^
Picota 1202
AllOá de Cabreias. lloC
AUos del Recuenco. •••••«•»••••. 1050
fierra de AUomíra 900
i^iOas de Sao Bartolomé Ssa
Veseus de OeaSs » 7S0
^Mdtacioncs de Tembleque. ••••••• ^ fOS
CAPITULO nr.
Monte Gordo« « • ^""'^
Sierra de Ossa 659
Monte Figo.. • • 6&0
San Mamede • . • 649
FonnostQ)io.*---Serra D'Arrabida 5)0
PaimaUa.— Sorra de San Lnis. M
Hay varias otrdd alturas medidas prolijamenta aa <
• reconocí mieatos especiales como, por ejemplo, las que constituyen el Sistema CuQéico, pero no las aao« tamos por no creerlo necesario. Por el contrario son completamente i.^noradas otras que dentro de nuestro país importaría mucho conocer para la compaiih cion general Hcl relieve de los diferentes «istemas ora- i grádeos de la Península que no puede ahora hacer» i sino imperfectamente. Por desgracia la parte mm ; ignota es la mas descollante en la cordillera siendo la comprendida entre los montes de Toledo y Siil Mamede en la cual es rarísima la altitud medida.
La naturaleza de esta cordillera observada eo estos estudios coq la mayor latitud que requieren, hace concebir en su primera parte, esto es, desde su arranque hasta los montes de Toledo, multiiod de pasos que sin dificultad permiten el trénsito de ]a cüenca del Tajo á la del Guadiana; pero las carro* leras ó caminos carreteros mas importantes sefiaim los principales.
No sucede lo mismo en el resto de la cordilleiaf que áspera y muy elevada sobre las regiones bidio* gráficas que divide, solo presenta escaso número do
coüados por donde puede verlñcarse el tránsito Vuelven estos á ser frecuentes en Portugal al depri* ii)¡rse la divisoria, si bien ¡guales causas que en Cas* UUa señalan las vías mas fáciles de comunicación; y, por fin, la Scrra de Monchique con sus elevadas ro cas ofrece de nuevo obstáculos muy difíciles de ^ nr á los ejércitos, siendo raro el punto que sea ao»- cesible á las tres aruias.
Los mas notables de toda la cordillera 8on: i'
Tórancon. — De Madrid á ^ aicncia y Cuenca H'^yO
Cañada de !a Higuera.— De Madrid ú Máfiiq:a y Cádiz, . « . 704 Piieríode la Matanza. — De Toledo ít Ciudad-Keal. « • • • »
Pucriodei Milagro.— De Toledo á Almadén • »
Foeno doSan Vicente*— De Puente dei Anol>íspo A Me*'
delUn m
^Mode Santa Cruz.— De Madrid tfBadaJoi 49S
PttenedeAleuesear.— De Cáeereaá Badajos iSI
Pocrio de la Aliseda. — De Alcániara á Alburquerque. . • . » Pucrio lie loCouejtTOs. — De Valencia de Alcántara á Alburquerque. • »
Pr«''ialc?re.--De Elvas á Castello-BraoOO*
^tremoz.— De Eivas á Lisboa. •
Efora • • . • 559
Bejíu m
P>erio eoire AJmoddvary SaNr^De Usboa á flam» • . • »
iWieUa dos Termoa^De Faro á Santa Clara*. • »
^ sobre Monchique.— De TilfaNova de Portimáo i Sania Otra •
^)inhaco do Cáo.—De Lagos á Aijezur.* . • »
En la parte eeptentrional de los altos da Cabré* ll^f pero todavía eo el Sistutaa Ibérico, se eocucolfa
oa paso que si biea ao sirve á uaa comunicacioQ general, pues lo hace al camino que de Aigora, eo
la carrelcra (J(3 Madrid á Zara,L:o/.a, conduce á Cue
ca, la situaciua de esta ciudad, la naturaleza delkí* reno que la circunda en la provincia de ra nombra y sus posteriores comunicaciones con Madrid y Va* lencta dan algún interés á Sacedoncilio, logar dxmA salva la divisoria del Tajo con el Júcar, El camioo no es transitable ai auu para infantería en todu$ tiempos por falta de caja, por la de puente sobre el Tajuña, la de solidez en el del Guadiela y, en ñu, por la inseguridad en el tránsito de los mucbos bar* ranees que hay que cruzar que las lluvias constito* yen en obstáculos insuperables, especialmente ea Moheda, Torralba, paso del Xrabaque, VillaconefoSt el Rci^^^chal y laslbicrnas. A pesar de todo, la circunstancia de este tránsito y el del camino de Guadalajara á Cuenca, que en 1808 siguió el ejército delcen* tro al retirai*se de lúdela y enconlrar ocupada la capital de la monarquía por Napoleón • dan alguno^
aunque pcquuFlo interés al paso de Saccdoinallo.
El de TarancoQ en cambio es muy importante, y lo seria mucho mas si la naturaleza del terreno de la divisona no hiciese fácil su paso por ludas partes* Solo una carretera constituye de Madrid 4 Taraoooa la comunicación de la córte con Cuenca , Valencia y Murcia, dividiéndose en aquella villa en tantas ra* mificaciones como son necesarias para dirigirse á las Wcs proviuucLSi la mas uiiental ¿ Cuencai la quoí
siguió Moncey eo 1808 para su marcha desgraciada á Valéocía y en el afio siguiente el duque del luraD* tado al retirarse tras el desastre de Uclés; la central guees la llamada carretera de las Cabrillas t cuya importancia hemos observado muy circunstanciada** mente ea el capítulo II; y la meridional que se Ii^^a en Mínaya á la de Valencia y Murcia por Albacete. Asi vemos que en la guerra de Sucesión como en la de Independencia fué Tarancoo punto desde el quo observaban los ejércitos el curso del Tajo en cuya orilla izquierda forma con Santa Cruz de la Zarza y Ocafia una línea interesante • y las avenidas á quo
Tíos hemos referido como líneas ofensi\ as contra la capital de España, Con este último objeto so encontraba en 1809 un fuerte destacamento de dragones franceses, que hubiera sido aniquilado sin el retardo involuntario del general Venegas que causó la salva* cioD de aquellos con pérdida de solo cien hombres» y coo el primero se acantonó en la divisoria el ejércfto del centro, el cual fué después destrozado y deshecho en Üclés por el mariscal Víctor que acudió aesde Toledo, Aranjuez y Santa Cruz de la Zarza* Esta campana, y la siguiente que tuvo por resu!** tddoel no menos funesto de Ocaila, señalan á Santi Cruz de la Zarza como punto importante para ligar las
operaciones entre Tarancon y Ocaña, asi por ser etapa entre las dos villas que tienen carreteras para la cór^ te y pasos notables para el Tajo, como por no ser di* dcU el de este rio ai frente de la villa, junto ú Colme*
S9S GAPrniui nr.
nar de Oreja y Villamanríque donde hizo echar puea*
tes el general Areizaga, con ventaja en otra ocasioD, sin ella cuando tenia espedito el paso de Aranjuezea los primeros momentos que sucedieron al combale de caballería de la cuesta del Madero y á la reliada de los franceses de Ocana.
Aun coando en esta villa no se encuentra en ri* gor el paso de la divisoria, pues hemos dicho se verifica junto ¿ la venta de la Higuera al S. de Tembb*
que, Ocaña, conio unión de la carretera de Andalucía con la de Valencia por Albacete, representa un papel parecido, pero mas importante aun que Tarancon, por ser la primera de aquellas avenidas procedente del pais á que naturalmente ha de ir á refugiarse la da* fensa de la Península después de vencida en la cueo^j ca central del Tajo. En este sentido los Altos deliíloi que marcan la divisoria entre las dos carreteras « soo un punto escelente de observación, y la cuesta del Madero entre La Guardia de Toledo y Dos Barrios eo la orilla derecha del rio Escorchón afluente del Tajo, es un punto defensivo de interés aunque sicntpre ílanqueable por lo poco accidentado del terreno deis Jlcincha. En esta cuesta, salvada por la carretel ;< dando rodeos entilados por posiciones siempre dominantes desde el borde de la meseta de OcaDat esperó h , caballería irancesa á la nuestra mandada por el general Freiré. Este hizo flanquear hábilmente la poai* cion dirií^iendo dos regimientos sobre Dos Barrioii mientras atacaba resueltamente por la carretera ba*
Digitizeu
ciando retroceder y oonfuDdiendo á los francesest
que sia el abrigo de su infantería y arlilleria apustddaeola entrada da OcaQa, hubieran tenido que pasar precipitadamente el Tajo, como lo hicieron con sosiego eldiasiguieale. bi la habilidad y decisión que en aquel trance desplegó la caballería española, se bubieran continuado desplegando en el resto de la campaíla, otro resultado hubiera sido ei que alcanzara aquel ej&tnto destruido á los pocos días.
En el camino de Toledo á Madridejos por Mora, se encuentra un paso ya en loa llamados Montes de
Toledo, paso que antip:uamcntc eubna la fortaleza do Consuegra habilitada en la guerra de la independencia por los franceses con abundante artillería para contener los descensos de Sierra Morena y cubrir ^ m^n* cíonado camino.
Mas al 0., pero en camino de nieiior interés por sus condiciones especiales aunque mas directo entra Toledo y Ciudad*Real, se encuentra el puerto de la Matanza, entre Yébenes y Malagon. Esto camino podría ser fádimente transitable por artillería á causa délo llano del valle de las Guadalerzas por donde se cnoan los Montes de Toledo ; pero ios puentes del Guadiana son tan estrechos que no permiten capaci« dad para los ejes de los carruages* y tan endebles, ijpesardeser de mampostería, quesería peligroso el paso aun cuando tuviesen la amplitud necesaria. Aun asi este camino es interesante para la guerra defensiva nacional, y en la da la Independencia sirvió
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803 CAnruLO 17.
tras el combato glorioso de Yébeoes para la retirada del ejército que maDdaba el general conde da Ctrtaojaly que encontrando ocupada la filia de Consuegra retrocedió prectpita<iamente á Malagon y después á Ciudad-Real.
Siguen báciá Occidente varios otros puertos dd tránsito dificiUsimOt no verificado nunca mas que por partidas del país, pues las enemigas sufünan indudabiemeote un desastre* Tales son los puertos Milagro, Robledilb, de Marchés, del Rey, de San V* ceate, de Guadalupe y los que se hallan al K« de Logrosan. El primero» si bien ofrece interés en el cani* no antiguamente calzada de Toledo á Almadén, es taa penoso por lo pendiente» lo malo del piso» y sobre Uh do, por lo desierto del terreno» en las veinte y aneo Loras de Ventas con Peüa Aguilera á Saceruela» qi se hace imposible tomarlo como línea de comunicacíoo para tropas regladas. Por el de Marchés cruza ia cordillera el llamado en el pais Camino Real de Estrena* dura; pero apenas existen vestigios de él y» lo mieiao que los demás puertos arril)a mencionados, solope^ mite el paso á la infantería y con macho trab^io para salvar los ásperos barrancos que accidentan el terreoo y que quedan intransitables en las épocas de iiuviai»! formando algunos hácia el Guadiana prados pantanih
sos pcligrosisiaios. El mas frecuentado por la arriena es el de San Vicente de Puente del Arzobispo á liedelliUt por el cual se retiraron algunos cn^poi di
¡os vencidos en aquel puente en lüúd*
ynmmm oogidbntau 901
M puerto de Santa Craz es sia disputa d mas in*
lercsante de los de la cordillera en su parte centi .»i de Estremadura. Da paso á ia carretera general de Madrid á Badajoz y Lisboa, y comunicación, la única fácil, á los ejércitos que hayan de proseguir desdo Castilla la invasión bácia el S. 0. de la Península. Pero su defensa, á pesar de haberse intentado en 1809 por el general Cuesta, no se encuentra en el puerto m»mo, pues es bastante accesible la sierra de Mar*
chai quealli constituye la divisoria; se linlla en otros pontos mas próximos al Tajo, mas accidentados aun euando en ramificaciones de la cordillera, y mas propios, en fin, por la configuración del terreno y veciudad del rio, de una defensa obstinada y útil. Et masimporlaníe es el llamado puerto de Miravete. La carretera desde el pueate de Almaráz recorre ia izquierda del Tajo cortando arroyos por la vertiente do una radena de alturas bastante considerables, y se interna después entre otras que accidentándose gradualmente llegan á conítituir la cierra de Mira v^- tOf bastante elevada y sustentando en su cima un antiguo castillo. El mariscal Marmont hizo cons* truir en lo alto del puerto una obra bastante fuci^ te para exigir el uso de la artilleria de grueso calibre, con la que cerró la carretera , y aseguró con la construcción de dos cabezas de pueate en uno provi- 'sional junto al de Almaráz, entonces roto, la comuni* caciondel ejército de Portugal con el de Andalucía, comunicación que eo 1812 interrumpió el general m*
302 CAVITTCLO IT» ]
glés UiU, destruyendo el puente y los faenes de aun i
bas orillas que lo prot^an llamados de Napoleea j I
de Ragusa.
El mariscal Victor en 1809 no podiendo pasar al I
Tojo por Almnráz, lo Irzo con las tropas por los Tala vera y Puente del Arzobispo flanqueando por Fresnedoso y Deleitosa la posición de Miravete. Tras aquella operación hizo echar un puente en Alüiaráz y por él pasó la artillería que no había podido coa- ., ducir consigo por los malos caminos de la orilla ífquierda del Tajo* En el paso del puerto de ¿^ia Cruz no bailó oposición ninguna, como no la eaooo* tró ninírnno de los eicTcitos que por él salvaron repetidas veces ia cordillera en sus operaciones para impedir la toma de Badajoz por lord Wellingtos*
En el gran anfiteatro que forma la cordillera alS» de Gáceres existen varios pasos: el puerto Morrón
en el cnmino de herradura de Montanchezá Almoharía y Ahajadas; el puerto de Alcuescar por donde se ba abierto la carretera y pasaba la t»a argerOm da Salamanca á M.éridav cél(^bre desde ISll por haber dado paso á las tropas aliadas al acometer ¿ las fraa» cesasen Arroyomolinos destrozándolas complétameos te; y el de la Puebla de Obando, llamada vulgarroea* le El Zángano, en el camino de Gáceres á Badajos, el cual, como los anteriores, se halla en mal estado y es transitable tan solo por carros del paie.
AI O. de este último paso se encuentra el poerfo de la Aliseda, uno de los mas importantes en las o^
VERTIENTS OCOIDBNTAL* 303
raciones con Portugal » pues siendo frouterízo el camino que lo salva no se halla tan próximo á la línea divisoria que se corra un peligro intnineute de ser BorpreDdido en la marcha, como sucede en el cami* no de Aiburquerque á Valencia de Alcántara por el puerto de los Conejeros, que va separado unos 4 i 8 kil. del vecino reino. Ambos caminos son , sin .embargo» muy útiles, y al principio de una campana debieran inmediatamente arreglarse, pues hoy dia solo pueden recorrerlos los carros del país y aun estos con grandes dificultades.
Lord Weliington tuvo la previsión de hacerlo asi, y los caminos de Portugal fronterizos con Espaila se hallaron durante sus últimas campanas en estado de permitir aquellas rapidísimas y sábias operaciones encaminadas á la conquista de Ciudad-Rodrigo y üadajoz al frente de dos ejércitos franceses. Ya en otra ocasión hemos dicho la dirección de esos caniinus entre el Duero y el Tajo; esto es, de Almeida y Guarda á Villa-Velha: desde esta última población conti* nuan uno por Montalváo, Niza, Portalegre, Assumal, j Santa Olaya ¿ Elvas y Badajoz, y otro por Montal-* váo, Povoa, Castello de Vide, Portalegre, Alégrete, Anóncbes y Campo .Maior salvando ambos la diviso*» fia en Portalegre, punto interesantísimo por esta cir* Cunstancia y la de su población, cubierto hácia España por las fortalezas de Castello de Vide, Marváo y Arrónches, hoy dia muy deterioradas.
Pero el oías importante sin duda alguna de loe
cimuLo iv«
puotos eo.que se salva la divisaría cotre Tajo y Guar diaiifl es la villa de Estremoz. La carretera de BaJajez y Elvas á Lisboa se ramifica a!li para Abranles y Santarem á la derecha, y para Setubal y Evo» á te izquierda, si bien sin las condiciones de firme de aquella^ siendo caminos de carros los que conduceo é estas poblaciones. Desde época remota se biMa for tificada Est remoz con anticruos huí i os v un casfflh, memorabia» además t por la muerte de la santa lei* na babel; pero después de la invasión del duque de Alba y especial inen fe al eaipreader don Juan de Austria la campana de 1662 se regularizaron sus fortificaciones formando la base de operaciones de los portugueses en la guerra de Aclamaciou y uo obsiácoio que no pudo superar aquel célebre y poco aforCaaitip príncipe. Actualmente se halla» cuuio la maym parte de las plazas de Portugal, completamente do»* cuidada en toda 5u \ astí-i:iia estonsion.
Al S» O. de Estrcmoz asienta junto' á la diviiOria la antigua ciudad de Evora , lazo también de comuaicacioncs entre las orillas del Guadiana y del Tajo y d mar» pero mas apartado de la línea de
vimiento internacional de las dos monarquías pe* ^insulares. Esta población cuya campiña fué teatro de la primera batalla campal en que apareció Trnáo con las dotes de un gran capitán venciendo al pretor Cayo Plancio, y cuyos muros fueron levantadla por Sertorio que residia ordinariamente en ella y el»
tabkció al i¿;ttal de Ugipa su SQMáo, eusmagisdídai
T8BTÍENTE OGCÍDE.NTAL. ZQ'^
4^ todas clases y hasta stis tribunos, se encuentra en
iioa (iilatadi campiQa rodeada por todas parles do montes por los que se estiende la divi^ría, prózioia a camino de Estremoz á Evora que la salva cerca do ' &Qta Justa al S. O. de Evora Monte. Varios caounos que parten de la orilla del Guadiana desde Jeroméoba á Moura se dirigen á Evora para cruzar la cordillera, si bien hay que considerar que la calidad do estos caminos, los puntos de que arrancan y la naCuraleza de las Serras d'Ossa y de Portel que tienen que faldear para llegar á aquella ciudad, hacen no sean atendidas con el intcrí^s quo en otras condicio' íms exigiría la importancia de Evora.
Observaciones semejantes á las oomparatiTas bc«* chas entre Estremoz y Evora podríamos hacer respecto á Beja, situada en una colina en la que se ele-»
va la torre observando auiLas vertientes de la cordillera hasta una distancia muy considerable que por H. O. se dilata basta la Serra de Cintra. Nos basta, sin embargo, con decir que las obras de fortificación que se emprendieron en el reinado de Juan IV fueron abandonadas por haberse conocido la inutilidad de ellas. \ efectivamente, si podian defender la Lusilania contra los romanos que la invadían desde la Mica por las vías de Moura y de Mcrtola que como h de Evora habian ellos construido para acudir á sofocar las continuas sublevaciones de los lusitanos; si kiB muros construidos en 1253 por Juan Ul llegaron Aaerim baluarte de la monarquía portuguesa contra
}06 sarracenos tan vecinos en Córdoba y Sevilla; posteriormente borradas aquellas comuntcacionea y establecidas relaciones con España por via? diferentes, Beja ha perdido ioda la inOuencia que cíe ra en las guerras antiguas y de la edad media.
Una comunicación recorre después la divisoria desde Boja hasta la Serra de Monchique, qoe es h general de Lisboa á Faro, la cual pasa por Aljustre), Hessejanai Castro Verde; el campo de Ourique, célebre por la batalla en que Alfonso I batió & los moros en 1139 y á cuya menioria se elevó no hace mucho un monumento en Messejana, donde parece se
encontró el cuartel general portugués; y en fin por Almodóvar villa ya próxima !x la Serra do Malfaáe en la cresta de Monchique.
Eq dirección de este camino que después de salvar la di vidoria del Sistema Gunéico sigue á Salir, Loo» léy Faro, debiera construirse una carretera cómela que pusiese en comunicacioa segura y fácil la capilal déla monarquía y la del Algarve. También se pasih divisoria por la Portella dos Termos, por Monchique y por el l^pinbaco do Ció, pero por caminos coya pintura dejamos á Bonnet que los ha recorrido te* cuentemente y en todas direcciones.
«En la parte llamada Beira-mar, de la províM adeque me ocupo [o\ Alí:;arve), dice este ingeniero» »hay caminos medianos en verano y practicables jpa* Mra carmages; pero que se estropean en las épaoii iKÍ6 lluvia, £a el re$lo y aun en dirección de la ca^*
TEftTIBKtB OOClDEr«TAU 307
Atal del reÍDo oo se debe dar el nombre pomposo de •camino real (estrada real) ni aun de caminos á sen-
JKleros rnuy c>cr.brosos y apenas transitables para los sietes. £n la época de las lluvias, el viagero se eniMíuentra muchrs veces rleteniclo por un arroyuclo que •ilega á hacerse uo torrente y cuyo paso seria pelí* »gro6o intentar. Asi la primera mejora, ó por mejor •decir la primera necesidad es la consti uccion de icarreteras.»
El nr«idémico (!e la de Ciencias de Lisboa da Silva Lopes dice á sa vezi aLas comunicaciones con el >Alem-Tejo por los puntos ya mencionados do la »8Íerra son casi intransitables.»
El principal paso de esta se encuentra entre Al** modóvar v Loulé en el camino directo de las dos capítales; ei mejor y mas transitado hoy día es el de Porlella dos Termos donde salva la sierra el camino de Santa Clara de Sahoia á Saji Márcos da Serra , San Barihotomeo de Messines y Faro; y el mas interesante, históricamente considerado, es el de Honcfaiqne,
Como antiguamente era Silves la capital del AIgarve, todas las relaciones del Alemtejo como todatf las invasiones, se dirigían por Monchique por cuya vaUe entró don Paio Perés Correia á mediados del siglo XIII para la conquista del Algarve^ acampanado del comerciante García Rodriguez conocedor y muy pniclico en acpiel terreno. Mas adetantOt al describir esta provincia, señalaremos el estraflo rumbo que toa6 aquella; cuyo estudio corresponde á la deschpcioa
sos cApmju^nr»
de la cuenca del Guadiana, y en ella tendrá qb logar
I»referente por ses^uir la espedicion del noble comendador la dirección misma que si partiese de Espafiai pues en cambio de laa fortalezas de Ahror y de Eitombar, de que se habia apoderado, aceptó el castillo de Gacella junto al Guadiana^ é hizo de él la base de sus ulteriores operaciones.
CURSO DEL TAiO.
Varios escritores, entre los que no deja de contarse alguno español, se han detenido al hacer la de»» cripcion de este rio en presentai un paraleb entre los escritos de los antiguos asi romanos como bdíga*
ñas, encomiador^s entusiastas de nuestro pais, y la que ellos llaman triste y. desconsoladora realidad. Sin seguirá aquellos que sin duda encontraron una natah raleza pródiga, asi en la superficie como en lasentraJias de nuestra tierra, cuando todos ensalzan su aueza y el número y bienestar de sus habitantes, tampo conos dejaremos llevar de la opinión de los mo» dernos y fríos espectadores que solo han podido de^ jcubrir soledad, miseria y los estragos de las tempestades úgoilemdú y dando m liiUe siniestro y npugnmi$ i Im jffemis for pte eorr^ el Tajo, sobre myas fangosas agM «50/0 se cierne el ¡mitre amenazando devorar sucios ganaám merme viyiUidos per pastores mae sueioe MMs. Mi
VERTIENTE OCCIDLM AL. 300
crearemos un pais nuevo « situando en las altas me^
setas que forman la cucQca del Tajo, á donde no puede ll^;ar el beneücio de las aguas, numerosas y l¡n« átm pobladones circuidas de pensiles y de huertas, ni colocaremos á la sombra de ios bosques graciosiis pastoras con vestidos resplandecientes que nadie ha
visto ni en este país ni en ningún otro masque en los esfK^ctáculos teatrales; preguniaremos solamente» ^dónde est&D ni en el presente ni en el pasado esas hambres írecueates y horribles que aniquilan la pohlacioQ de otros paisas que estos mismos filósofos se atreven á llamar graneros inagotables de nuoslra Europa? Invasiones devastadoras reSiStidas con la furia é Impetu ingénitos de los espadóles; guerras de siglos enteros sin descanso por alcanzar la independencia tw cara á su natural orgullo y libres y alzados pensamientos; inconsideradas y temerarias emigraciones ea busca de gloría ó de fortuna á estraüas y apartadas regiones; luchas intestinas, tenaces y prolongadas de partidos solo diferentes en la proclamación de un nombre ú otro* en la preponderancia de una ú otra tutela ó favor; y por fin, descuido en ta gober* nación y en el fomento de la agricultura, han podido dejar yermo el país; pero tquián duda que el suela cuya feracidad natural admiraron los que abandonabu por él la Gampania y ta Sicilia, las rísue&as márgtnes del Amo y del Vulturno, puede, muy pronto, reproducir aquella hermosura y riqueza á beneficio de hs mejoras y adelantamientos de nuestra época?
ZiO GAPITITLO IT.
Aua án ellos la cuenca del Tajo se ha bastado áal mbina por macho tiempo para el sostenimiento de 1«t ejércitos que han operado en ella, y en 1809 fué aeoesaria la acumolacion de tropas que tuvo lugar m
Talaverp. y Almonacid para que el ejército británico, cuya aliiuentacion están difícil por lo variada y abua* daole sintiese alguna escasez, y sin las cargas y vejámenes impuestos á Madrid en 1811 por el gobie^ no del intruso rey y sin la logrería de sus adeptost al hambre no hubiera presentado el carácter aterrador que aquellas causas le infundieron*
El Tajo nace en Fuente-García, en una hondooi»
da profunrin al S. E. del corro de San Felipe citado al describir el origen del Júcar. Con o al princt|Hoai N. O. lamiendo las laidas del Puntal del Corto, Mo» gorrita de Ocejon y cerro de San Felipe, alturas considerables en la divisoria general de aguas con al tlediterránco que con las de la Muela de San Juan y la sierra Navasequilla en que se alzan las llamadas Pe&as del Tajo, encierran al rio de este nombre en no lecho profundo á manera do foso de escarpes verticales de roca, dominado de bosques espeafaimoe de pinos en que brotan manantiales abundantes de agua» auiueotando el exiguo caudal del rio en su origen* El primer afluente que sea de mencionarse es A
rio Ocoseca c}ue desciende do! puerto de Broacliales en la sierra del Tremedal y cruza la dehesa del 2^ rejo dirigiéndose al O* á entregar el agua desoí fuentes al Tajo por su orilla derecha, casi eaCreoiede
VEBTIBNTB OCCIDENTAL. 311
doode lo hace por la izquierda el Tajuelo procedeote
de! Alto-Raso ea la divisona cunel Caci \u, aíluente del Gaadtela,
Pbco después se encuentra Peralejos (681 habi-
taotes] villa afamada poi las truchas de ud arroyue* lo que dá también sus aguas al Tajo saliendo de un hermoso bosque de pinos, robles, Lujes y avellanos habitado de innumerables abejas que producen miel tibundante y esquisita. En la orilla opuesta; esto es, eo ia izquierda, asientan Poveda de la Sierra (399 iiabitantes} y Pefialen (241 hab.) en las faldas orientales de Los Almeriques, sierra que divide aguas con ^ Guadiela en su nacimiento.
Cerca dt^ la villa áltimaroente nombrada y después íic dejar el Tajo á su derecha la profunda lagQoa de Taravíila, recibe por la misma orilla el rio
Cabriiia que baja de Orea [540 hab.)» Checa (1,251 habiUntes)t Chequilla (128 hab,) recibiendo arroyuelos insignificantes de H^na (293 bab.) y TaraTilla (381 bab.) por un valle áspero formadü de ( ertos eminentes y cubiertos de monte alto de pinos. Abi ese paso después por un elevado páramo cubier* to de bosque en la izquierda donde se halla Zaotqas (707 hab.) y que en la derecha lo separa del rio Gallo primer afluente considerable del Tajo.
El río Gallo nace cerca de Oríhuela del Tremedal (903 hab.) entre la sierra de Tremedal y la muela de Orihueia que encierran la primera parie du ¿u «Moda O. á £• el que después se inclina al has-
ta Mótos (154 hab.)* Desde allí cambia alSLO. par Alustante (1,279 hab.), Adoves (305 bab.), TofdeBÍ» los (764 hab.)t Morenilla (189 hab.) , y Casüiüuev^ (216 hab.) hasta la ciudad de Molina de Atagoa
(3,171 hab.) á ia que llega entre elevadas meselrj resquebrajadas por barrancos y vallecillos ameoos <ií^ los que es notable el en que asieotau Aloorocbea (561 habitantes.) , Piqueras (338 hab.) , Torrecuadrada (290 hab.) y PradiUa (149 hab.)« fertilizado por ramilla do Piqueras (¿uo dc¿caiboca en la orilla ¡i-r quierda del Gallo.
Molina, capital del sefiorío real de su oombret uno de los títulos de lus reyes de Castilla dr^Je queeo 1293 fué incorporado á la corona por doüa Vkm de Molina sucesora de su hermana doüa Blancat asienta en la falda de un cerro término occidental da la sierra del Aguila ó de los Castillos de Zafra ioe»» pugnables en la edad media, la cual desde su arraa* qtie de la cordillera ibérica se estiende de á O» coronada de penas entre las que se distingue la lia» mada pico del Aguila á que debe uno de sus uom*^ btes. Molina se halla circuida de muros antiguos^ pero su foi tiloza cünsisLia íohrc todo en la plaza (Je armas ó castillo cuyas ruinas cubrea el cerro» vok^ da por los franceses en 1810 comprendiendo no pa» dian sostenerse en aquel territorio áspero y enemiga del que se despidieron incendiando también la M** yor parte de la ciudad. Esta tenia antes algun a im* portancia por la via romana que desde 2arago«a §
MEKnEUnE OCGiimiTált*
Baioca subia á desembocar en Castilla por el puerto de Used y La Yanta, comomcacion general basta la i^rtura del nuevo camino por las márgenes del Ja-^ leo; pero hoy día todos los que arrancan de Molina se hallan en estado malísimo, si se esceptúa la nu' va carretera de Alcolea del Pinar á Tarragona que pasa por la población aunque está sin concluir todaTiá en UkIo su trayecto.
Cruzado en Molina el Gallo por tres puentes do los que uno solo es de piedra, corre hácia el E. un corto espacio hasta su confluencia con un arroyo que de N. á S. baja desde los Altos de Aragonctllo por ^ Torremocha del l^inar (263 hab.) y Corduente (337 iMbitantes) paralelamente á otro que lame el pie del iatíguo y pintoresco castillo de Santiuste próximo á Canaleiide Molina (244 hab.), y desemboca en el Gallo mas cerca de Molina. Cerca de Corduente cambia el Gallo al S. O., y después de recibir por la izquierda las aguas del Bullones que de S. E. á N* 0«, esto es, paralelamente al Tajo, corren desde Torzaga (252 hab.) y Tierzo (393 hab.), y por ia derecha las de ArandtUa que bajan por Gobeta (409 hab.) asteo-
to de unn fál^rica de fusiles en la guerra de la Inde* peodeaua al pie del arruinado castillo de Vilialbat afluye por fin al Tajo agua arriba de Bueoafuenta (146 hab.) que asienta en la orüla derecha.
En Bueoafuente forma el Tajo el estremo sep» teatrional de un gran recodo en el que, y cerca db Uaertarllernandot aíluye por ia derecha el arrojfa
311 CAF1TUI.0 IV.
Ablanquejo que de N. á S. y con muy poca agua baja desde ei Morrón del Tejar y Pe&a Cordera ararlas liuci tas de Ablanque (405 hab.) para unirse después al arroyo de h Riba que desciende de Saelices (238 habitantes) y Esplegares (446 hab.) Luego «goe al S. O. dando mil vueltas y corneado por uu barranco profundo á que se abren otros peque&oa ooa arroyos secos la mayor parte en verano. Asi pasa por Ücentejo (221 hab.), después de Üuerta-Pda* yo (386 hab.) , Valtablado (175 hab.) y llega i Trillo (749 hab.) donde hay un buen puente para la comuQÍcacton con la xirilla izquierda en la qoa
se halla el esfablecimiento de baños thermales que ¡ tanta fama dan á la población y que la han proporcionado una carretera desde la córte y Brítme^ ga. En Trillo afluye el no Cifuentes que desde el alto del castillo de Cifuentes (1t474 bab.) coa muros que como los de la villa, fueron puestos ea e-'ado de defensa en la última guerra civil, correal &• O. fertiUzando una hermosa 'Vega y dando fltonrh miento á varios arteíactos distinguiéndose las fábrh cas de papel, aun cuando no pueden compararse oon la de hilar movida ra Trillo por las aguas del Taja..
' Sigue este rio abriéndose paso siempre pureatrd elevadas mesetas cubiertas á intérvaios de bosqM
y abiertas por arroyos que con un curso muy coría , van aumentando paulatmamente el caudal del T^ enconado todavía en un cauce angosto que hMS
apuiecer mas profundo al S. de Trillo las Teta^ <do
YBftTIBNTB OCpDBNTAU 319
yiaoa« cerro de 1»070 metros de elevación que causa uo recodo moy violenta inclinando notablemente las aguas al S. basta el puente de Auñon (1,166 ht^^bitante), punto donde realmente empieza á manifestarse
la importancia militar del Tajo.
f reate á este puente y ea la falda del monte asperisimoMe la llamada Puerta del Infierno, qoe seestieode al S. O* basta la unión del Guadiela con el Qookbre de sierra de Enmedio* se encuentra en la orilli izquierda la villa de Sacedon (1,579 hab.) que con el puente mencionado y el de La Isabela sobre al Guadiela reasúmen la importancia toda de la car»
rete ra de Alcalá y Gund ni ajara á Cuenca, construida al fundarse por Fernando VII el real sitio y estableamiento de bafiod de la Isabela.
Antes del puente de Auñon salva el Tajo un es* pació intemimpido por rocas desprendidas de las márgenes, las cuales forman la llamada Torrellera, cuyo espectáculo ruidoso goza ei caminante desde la carretera alYeoorrer la falda áspera é imponeote«de h montana sobre las afanas del rio. Por bajo de! puen» te á no muy larga distancia y . después de pasar el Tajo entre la sierra de Enmedio por la ¡zqtiierda y tes cerros de Cabeza de Conde, de la Campana y Minvalles y junto al desmantelado castHlo de Anguíx
por la dereeha, recibe las aguas del Gundiela que con las suyas forman la Olla de Bolarque, espacio in* tenimpido de islotes, obstáculo peligroso y el mñ^ yor para la navegación del Taju^ para la que sena
31ú driTULO IV.
necesario cooetniir un paso fácil asi como volar des»
pues las peñas de la Torrellera que tambiea la myi* de juDto á Sacedon.
El Guadiela nace junto á las cuevas del Hierro j de los Griegos, notable aquella por su profundidad y aguas que por ella onrrenf y esta por sus ^petríficacienes. Rodean su origen elevadas montañas de las que Los Almeriques lo separan del Tajo que p muy próximo, según ya indicamos antes, montafias que por lo espeso de sus bosques, cornuoicacion que permiten aunque muy difícil entre Cuenca y Hoiioa por encima de Poveda de la Sierra, y situación ikh minante sobre las provincias de Cuenca y Guadalajara, dan alguoa importancia á la villa de Belels (454 hab.) foi tlQcada por los carlistas en sus últimos tiempos y cuyos muros se alsan sobre el Gua* •dieta en su unión con los riachuelos procedentes de Valsalobre (277 hab.) y El Tobar (553 hab.). ioco después de una estrecha garganta llamada la Hosi j agua arriba de Cañizares (837 bab.), afluye al Guadiela el rio Cuervo que de E. á 0. se dirige desde la Calda meridional del cerro de San Felipe por El Val (240 hab.) entre los Picachos de la Rosa que lo separan de Beteta y las Pimpolladas de Cañamaxes que del valle del Escabas. Luego recibe por la da» rechd el arroyo de Santa Cristina de curso suUe^ rteeo, el de Alcantud que rompe la sierra Baipi f junto al impenetrable Arbal de Alhendca y cerca M Puente del Maestre donde desemboca el Val de úlU
VEaTIELNTE OCCIDENTAL.
vas. Tiene á aumeotar su caudal por la izquierda el
£scabas.
Este río desde ia divisoria ibérica y eotre lo^ Altns de Ptoyatos y sierra de Canales baja paralela* mente al Cuervo por Poyatos (434 hab.) y Fuerte-Escusa (271 hab.)t cruza una série de alturas que se
ga al S. á la sierra de Bascuilana resguardando por el E. á Priego (1 .796 bab.) y por bajo de esta villa smnenta su caudal con el del arroyo Trabaque que también nace en la Ibérica, pasa por Piibatnjnda (350 habitaotes) y Albalate de Nogueras (1»004 babitao* tes), rompe la série de alturas citadas y riega la vega de Villaconejos (738 hab.) lugar próximo ya á Prie.eo.
£1 Guadiela continúa la dirección occidental del Escribas hasta los puentes de Alcocér (l,ü23 hab.j, La Isabela (290 hab.) y Bueodía (1,586 bab.) donde rompe la unión de las sierras de Buendía y de Enme« dio eatre las que se precipita al Tajo á los 116 kil. de corso con bastante caudal aunque casi siempre va* deable. después de recibir por la orilla izquierda el lio Guadamajud ó Mayor que desde la sierra de Bas« CQllaoa y los pueblos de Sacedoncillo (157 bab.) y Bülüga (533 hab.) desciende por un terreno desigual y resquebrajado en que asientan Peraleja (85i bab¡«* tantes), Portalrtí io (418 hab.) áunirseal rio de Huete» que procedente de lugares muy cercanos al naciüíeoto del Guadamajud riega la vega de Huete (2,591 hab,) tan célebre desde las contiendas de Castres y Laras en la menor edad de Alfonso VilL
La cuenca del Guadíela, cuyo carao es de 116 Id*
lómetros, en la que debe incluirse el arruyuelo que desde la sierra de Altomira y sus ramiücacioaes» ita de Garcinarro , Jabalera y Baendfa, dirigidas todas al N. á ligarse con la de Eamedio, desciende por Garcinarro (703 hab.)t campo de batalla de las dos pai^
cialidades castellanas que acaLamos de citar, es la mas interesante de cuantas secundarias se abren al Tájo en su orilla izquierda. Es cierto que las comiioicaciunes de. Cuenca con Molina y Guadalajara, ¿ que da paso y que constituyen su importancia, oo sos buenas; que las poblaciones no son grandes; que los . ríos no llevan agua suüciente para considerarse como líneas defensivas; pero ta dirección de aquellas vusy sobre todo la naturaleza del terreno áspero y cubierto de bosques en las zonas superiores, fértil é indinándose hácia las llanuras de la Mancha en las kS^ riores, ba constituido la cuenca del Guadicla eo ua centro defensivo, en el que se han abrigado los ejércitos, bien para reponerse desús desastres cunio Imo al finar el aHo de 1SÜ8 el ejército del centro, ya observar y acosar de continuo á las tropas invama del centro de Castilla, destino que obtuvieron en 1810 el marqués de las Atalayuelas, que solía operar desdi Sacedon, y Bassecourt desde Cuenca. Pero de todos modos la cuenca del Guadiela, á pesar de ser este el único río considerable de los afluentes del Tajo por su izquierda, nunca puede tener smo un intcré&sa» cundario en U cuenca general.
VBRTIKIfTB OCtíPBNTAL. 91 ^
ia hemos dicho al describir la cordillera Oretano
que la sierra de Altoinira y los altos de Tarancon te niancaidas rápidas al Tajo, y efectivamente eo todo despacio desde el Guadieia hasta Ocaña« la sierra do Buefidíay la de Garcinarro, la de Altomira de que aquellas son ramifícacioáes, los Altos de Tarancon y hs oieseCas de Sania Cruz de la Zarza y de Ocaña, tíe* neo SQ ere. ta pruxiinaniente paralela ai Tajo y vierten solo arroyos insignificantes. Por la orilla derecha sepa* ra este rio dolTajuria una ¿^ran meseta rara \ cz interrumpida con caídas generalmente de tierra hácia las aguas de ambos ríos, basta que deprimiéndose ásu fio jpermitcla unión de olios por bajo de Aranjuez.
El Tajo desde la Olla de Bolarque corre al 0. por las faldas meridionales do la sien a de Almonacid da Zorita (1,345 hab.) término de las de Altomira y G¿r« dnarro que forman una línea seguida en arco, del que arrancan por la parte oriental las de Jabalera y Buen (Ka, Cambia ¿ muy poco al S. O* en punto donde á
la derecha se abre una L,Tan barrancada por cuyo fondo serpentea el Arlas que naciendo al pie del Mtiilo de Valdeconcha en la divisoria con el Tajuna, p'isa por la viíla de í'astrana (2,308 hab.) recoge lan aguas de El Kincon y mueve el molino de Pangia al pie del cerro del mismo nombre. Al verificároste cam» bio de dirección el Tajo baña por su pie el peHapi o cmnado por el castillo de Zorita de los Canes (199 fc^tantes) asiento de Conírevia, cabeza y alcázar de ^ CilUberia. cuja conquista logró Cecilio Mételo
990 CAPITULO CP.
después de mil marchas y contramarchas sin tooáotlo cou las que díó confianza á los habitantes queso presumieron su objeto, tan secreto que decía aquel general romano que asi lo supiera su camisa b qoa-
uiaria.í)
Pasado Zorita se suav iza mucho el terreno por el que corre el Tajo al piede lasfaldasoccídentalesdeb Sierra de Garcinarro y meridionales de Aitomirai íal* das que se van presentando en forma de p&iaiott
dando asiento á la villa de Illana (1,640 hab.] en la orilla izquierda, y en la derecha riega la campmade Cstremera (1,635 bab.). Pasa luego por bajo del puente de Fuentiduefia, antes colgante y hoy de palastro» en la carretera de Madrid á Cuenca y Valeacú; riega la frondosa vega de Villamanrique del Tajo (2,991 hab.) y después de lamer el piedelantigtfo castillo de Oreja al otro lado de Colmenar de Ora* ja (4,833 hab.) que asienta eu^ la derecha, priucipia por canales y acequias construidas á propóáto é bermoeear los jardines del real sitio de Aranjuez (10J2S habitantes) morada predilecta de ios monarcas e^jialióles durante la primavera. Crúzanio allí dos hortM» 6ÜS puciUcs; uno de hierro que sirve á la carretera general de Andalucía y Valencia y otro de m^ÓM para el ferro-carril del Mediterráneo ; y por bajo de este ultimo afluye con el Jaramia tan caudaloso ca - lino éU
Tiene sus fueníes el Jarama cerca del Pico ds {Ocejoui, eieyado gorro do 2»063 metros, queoonlfli
VMOTUtE OOCIDBrrAL. 321
(ia Alto-Hey y Padrastro de Ai i eriza forma una séría de monta&as paralela á la cordillera Garpetanaf cor« taddpur el Henares y sus principales afluentes, según ya bcoioa ¡adicado anteriormeate* Separado del mas ^occidental de estos afluentes del Henares, el río Neigro» por un ramal del mismo pico que después se wovierte en lomo accesible para desaparecer en la llanura ¿oneral, el Jaraina, recogiendo por la derecha las vertientes de la sierra de Ayiion, corre al S. O. por £1 Vado (103 hab.). Puebla de VaUés (327 hab.), Valdepeñas de la Sierra (718 hab.) y entra en la provincia de Madrid al unírsele por la misma orilla derecha el Lozoya. Este rio procede de la laguna de Penalara que se baila en la (alda meridional del pico del mismo nombre y corre al principio al N. E* entre la cordi* »!era Carpelo- Ve'ónica y un est ibo suyo que ananeaado un poco al S. del puerto del Paular por donde f)asa el camino de La Granja á Buitrago que sigue la orilla del rio, se estiende al E, por las Cabezas de Hierro, sierra de la Morcuera, Peñas de la Cabrera, donde lu cruza ia carretera general de Francia por el puerto de la Miel, y ea ña» el cerro del Almajon. £1 L>zoya pasa junto al real monasterio del Paular, por Hascaíria (34G Liab.), Lozoya ^570 hab.) que le da hombre, asi cook) al ancburoso valle que recorren sus ¡aguas, y Buitrago (825 hab.) donde lo cruza la carne- )iera de Francia p^^ un puente de piedra. Un poco i^r bajo de Baitrag^ cambia su dirección al S. al re»: cibii' el ai royo de los Puentes que baja del puerto de •
tono II. íi
322 CAPITULO IV, ,
Somosíerra, y se dirige por un valle angosto bich La Cabrera, cuyas peñas le hacCQ cambiar al E. lamiendo las faldas septentrionales del cerro del Alma* jon, al que rodea para unirse al Jarama en las orien tales después de dar sus aguas al canal de Cabarrúsy ahora al de Isabel II.
Juntos ya Lozoya y Jarama corren con el nombre de este último en un terreno cada vez mas suave por Vada (797 hab.), Talamanca (369 hab.)» Paracoellosde Jarama (662 hab.}, el puente de Vive ros y á real sitio de San Fernando* donde reciben al Henares después de recoger por una y otra orilla arroyos insignificantes, de los que solo mencionaremos eotre los de la derecha el Halacuera, que pasa junto éTorrelaguna (2,551 hab.) y el Guadalix que por Miraílofes de la Sierra (1,664 hab.)t Guadalix (1,022 habitantes) y San Agustín (894 hab.), procedentes los dos del estribo que dijimos formaba la derecha áA Lozoya en su principio, de uno de cuyos ramalesine» ridionales, la sierra de San Pedro, desciende tambieo él arroyo Viüuelas que corre por el bosque real de aa nombre, y que como los anteriormente citados escra^ xado por el canal de Isabel IL
El río Henares, notable por eslenderse eo so coas» ca las carreteras de Madrul á Zaragoza y Soria, yde» berlo hacer muy pronto el ferro-carril que hoyseeaá^ construyendo para las capitales de Aragón y Gyrii* fia, no lo es por la cantidad de sus aguas ni por los obstáculos que puede oponer á las tropas que fCMf*
VUITÍRNTI OQQOSIlTAfM
rao sus orillas ó deban cruzar ( 1 i( cho en sus operackmes. Nace junto á Orna (386 hab.) en el sistema Ibérico y dirigiéndose en general al S. O. pasa porSigüeoza (4,126 bab*)i oiudad de una gran importancia persas comunicaciones con Aragón, Soria, Logroño y Navarra, que la dan un carácter estratégico > parecido al seSalado á Soria. Situada en un lugar fortísírí.o, á la entrada de Castilla, y en el origen de un valle suave que conduce directa y fácilmente á la re* pm central del Tajo, Sígtienza debió llamar la atención de los romanos al internarse en la Península» viendo en esta ciudad, en comunicación con Numancia por Baraliona y Romanillos, uñábase excelcnle de operaciones desde la que podian estenderse, como lo hicieroD aunque lentamente, á las zonas mas apartadas de nuestro país. — Si esta importancia tiene S¡- gUenza en ei órdeo ofensivo para los invasores , no as menor en el defensivo, pues que desde ella, como desdcSoria, puede operarse enérgicamente contra los ejércitos.duefioüdelEbro, cayendo sobre ellos por la parte de Logroño y Navarra, y especinlraente por la de Aragón, cuya carretera domina y Üanquea completamente. Asi vemoe en la guerra de sucesión, y tras la batalla de Zaragoza, acogerse á Si^uenza el destrozado ejército de Felipe V, que en otras ocasiones hubiera podido cubrir la capital , y en la de la Independencia, al general Uugo, operar en aquel terlilerio para conservar las comunicaciones con Ara*^ gOD, acosado de continuo por los guerrilleros, y es-
i.Ai'lTLLO IV.
pecialmente por el Empecinado^ que desde las toon*
tanas de Soria le tenia en constante inovimiento y desconcierto, con tal tesón y actividad , que ie hizo decir en sus memorias que «la destrucción de hs guerrillas presentaba la iniágen de ia hidra.»
£i Henares, cruzado en Sigüenza por tres puentes de piedra y después de regai las liu ncrosas huertas .de la ciudad cuatinúa su curso á Baydes (322 liab«), donde recibe por la derecha el río Salado, Salinero é .Gormeiloii que desde el arranque déla cordillera Carpetana, baja por Imon (800 hab.), Uuérmeces (281 habitantes), y Viana de Jadraque (177 hab.). Sigue i Jadraque (1,645 hab.}, cuyo nombre recuerda el favor de la princesa de los Ursinos por su repentioa desgracia á la llegada de Isabel de Farnesio á aquella villa* frente á la que afluye al Henares, también por la derecha, el rio Cañamares. Este nace en la sierra de Torreplazo, divisoria con el Duero, junto á Baüuelos (336 hab.); corre generalmente al S. á cruzaren^
Ire Cañamares (192 hab.), y la Rodera (429 hab.), aquella série de alturas que ligan Alto-Rey y el Pa* drastro de Atíenza, recibiendo^ las vertientes de este monte desde la vecindad de la villa del inibiuo nombre (1,854 hab.), al pie de un castillo cuidadosamei' le fortificado con una triple línea de murallas, y codtiauandodespaebáCoügostrina (581hab.) y Castilblao^ co (181 hab.). Poco mas abajo recibe el Henares tai aguas del rio Buriiüv a, que después de cruzar la iagunadeSomolinos (345 hab.}, y lamerlas faldas orisa-
vBüTiBfrnt occamfesnAht 9ftti
tales de AUo-Rey, recorre el territorio de Hiéndela* encina (4,068 hab.)» cuyas minas de plata absorben hoy ia ateocioa de los especuladores, y baja á aumentar coD BUL eacaso caudal el do muy abundante del Henares junto á Carrascosa de Henares (238 hiibitaotee.) tor tía , se presenta como el mas cooflideraUe de los afluentes del rio cuya descríp* cion nos ocupa, el Negro, que desde la cordillera Garpetana* y reuniendo junto ¿ Galve (651 hab.), los arrovos que (lescienden entre los pequeños pero nuonerosos estribos de aquella, corre entre el Pico de Ooejon y Alto-Rey á Almiruete (321 hab.), y Bele* na (192 hab.), á desembocar frente áAiariüa (437 habitantes), que asienta en la orilla izquierda del Hena* res como Sigíienza, Baydes, Jadraque y Guadala* jara*
A esta ciudad llega el Henares sin recibir por su
izquierda mas aduente notable que el Vadiel, que paralelamente á él en casi todo su curso, recorre desde cerca de Almadrones (415 hab.), un valle muy poco accidentado, por cuyas faldas meridionales, y junto á la divisoria con el Tajufia, se estiende la carretera general de Znra.c;ozíi por Grnjanejos, Trijueque, Torija y Guadalajara ; no que á su vez riega las huertas de lltande (339 bab.), Valdearenas (587 hab.). Hita (Síáhab.), con un derruido castillo, y Torre del Burgo (277 bab.)« á ouya inmediación se encontraba el monasterio de Sopctran, cuartel real de Felipe V fia 1700.
320 CAPITCLO I?.
Desde Guadalajara (6,533 hab»), ciudad üéMñ por sus rí^'HieríJos y por el establecimiento de la Academia del cuerpo de Ingeoieros t que alii Ueoe su parque y almacenes, é importante por ser el paso del Ueiiares en la carretera de Madrid á Aragón y Sorít, continúa el Henares por un valle solitario t limitado eo la orilla izquierda por mesetas que caco en esca^ pes de tierra hasta las aguas del rio, y sin otros puea* les que el llamado de Zalema en Alcalá de Henam (8,634 hab.), el cual da paso al cauúno carretero de esta ciudad á Sacedon y Trillo, y el del Sefiorito, ji cerca de su confluencia con el larama , al que llegi después de i euDírsele por la derecha los arroyos Camarmillas, Torote y Ardoz, cruzados por b menokh nada carretera, -el último cerca de Torrejon de Ardo2 (3,061 hab.) , célebre en nuestras disensiones civitai asi en el siglo XVII como en el XIX.
£1 Jarama sigue al á Vacia-Madrid (203 liabi* tantos) donde tiene un buen puente colgante en k
carretera de las Cabrillas, y donde afluye por la orilla derecha el rio Manzanares, que desde punto próximo al puerto de Navacerrada, baja en dirección é S, por Colmenar Viejo (5,115 hab.), al Real sitio del Pftrdo (2,874 bab.) y ¿ Madrid (281,170 hab«), capital de la monarquía espaliola, situada en as terreno desigual con caidas rápidas al rio para ts»* 70 paso existen varios puentes de piedra f de que merece especial mención por sus dimensiones y suntuosidad el llamado de Toledo que bacs
yEmmi^ occiDsrrrAL. 327
eoolnisfe con la exigüidad del caudal da aguas quo
lleva geíieralinente el Manzanares, Juü lo áestepuen- ^ te priocipia el canal de Maazaoares» qoa creemos od lardará en ser cegado por el poco fruto que produce é iosaiubrídad de que es causa, y es cruzado» asi como el mismo rio deque saca sus aguas, por los pueo»
tes del ferro-carril del Mediterráneo al pié del Cerrj Kegro, que limita desde allí la orilla izquierda*
Pasada la oonflueocia del Manzanares con el Ja« raiua, se derivan las aguas de este rio por la Acequia Real t para fertilizar el término de Giempozuelos (2,610 hab.)^ y después una gran parte del valle del Tajo, aun cuando en esta se baile abandonada actual* meóte, Al S. E. de aquella villa, y aislando entre sus dos corrientes la de Titulcía ó Bayona de TajuHa (412 bab«), conñuyeo el Jarama y el Tajuüa y siguen después con sus aguas reunidas á pasar por bajo del Puente Largo ea la carretera general de Andalucía y Valencia y del en que verifica su tránsito el ferro*
carril del Mediterráneo, para en punto próximo des^»
embocar en el Tajo, tras uu curso de 161 kil.
Gl Tigufia nace en los altos de Maranchon y de CMres de la cordillera Ibérica , al S. de la sierra de Salario, 116 kíL de so desembocadura. Corre geoefslmente paralelo al Tajo y en una gran parte al HeBfyres, entre los que está interpuesto. Su caudal no «■ atondante mas que en las épocas de lluvias, como
el llenares y el Jarama, á los que después se reúne üí^H^k^ al lajo tan ooosiderable como el suyob
S38 GAPitULO r*.
y 810 embargo, á pesar de sus numerosos vados* m
dirección y la calidad del terreno q c lecorre le ^. a uoa importancia que v<¿rcmos revelada muy pronto COD la relación de uoa célebre campa&a.
Si su vaile aparece al principio áspero mas qiií por las moDtailas que lo forman por lo profoDdo del cauce y los bosques, parte de la antigua Selva Mao* liana que se estendia á la vertiente oriental y orillas del Jiloca , y donde estuvo para eclipsarse la estrella de Fulvio Flaco al abandonar España y después se despeja notablemente separándolo de los dos rioi contiguos una meseta interrumpida tan solo por los escarpes de tierra que caen sobre las aguas de ¡os arroyaelos sus afluentes de una y otra orilla. Fm
por í.uzon (634 hab.j, Anguila [707 liab.) , Abénades (173 hab.) , Masegoso (302 hab.) , Yela (3á» habitantes), y Brthuega (4,148 hab.), recibiende afluentes iusigaillcantes secos la mayor parte en ve* rano, como loes el que pasa por Villa viciosa, campo
de ia bauiÜa que ase¿^nró la corona á Felipe V,el cual se esúende en la orilla derecha al ís. deBri* buega. Esta población que recuerda uno de los pocos desastres de los ingleses en España , nunca veO'* cidos por otras tropas que las españolas, en locoai QO cabe poca gloria á nuestro país, es pyntoinlB* rosante en el Tajuña por su puente en el ( amina que conduce desde Madrid al Alto Tajo , siéndolo deob» servacion también de la carretera de Aragón. Sigue el TajuDa á Armufia (190 hab«), en la cn^
VEATISNTB OGCI&BNTAU 321^
Tetera de Hadrid á SacedoD freute á Pa6traoa , y
luego á Loranca (9-íl hab.), á Ambite (642 hab.),' donde reabepor ia derecha el arroyo Valmores, que pasa junto á la creciente villa de Nuevo Bastan (315 habitaiilcs), á Tiélmes (833 hab.), Pera'es de TajuBa, (1,629 hab.) , y Morata (2,548 bab.), y cruzada por alfíunos puentes frente i Chinchen (4,605 hnbitantos)» baja á Tilulcia á confundir sus aguas con las del Jararoa « después de haber regado los términos de est^s villas cuyo vecindario díco mucho en favor de la fertilidad del territorio que atraviesa en esta tima parte.
Bien quisiéramos echar una ojeada sobre esta parte de la cuenca del Tajo que acabamos de descríIrir, tan importante bajo el punto de vista militar, por su Situación en la Península dominando un graa número de provincias hácia la Vertiente Oriental , y y aua en la misma Occidental en que se encuentra, como por sus comunicaciones radiales y el graiv* centro de población que constituye la capital de la monarquía. No hay en ol'a forlnlo/as que deíiendan d territorio» y hállase Madrid abierta al enemigo do cualquiera parto que venga; !os nos no son cnudobsos, pues el mismo Tajo presenta frecuentes vados 4X1 las estaciones secas; no hay monta fias inaccesibles que como las de Asturias sirvan de refugio impenetrable al indígena , y sin embargo « las armas romanas cuidaron con el mayor interés del csterminio de los celtiberos» sin el que creian imposible el avasalla*
330 GAPfTDLo nr.
miento de Espada; los godos establecieron eaeiti
' parte el centro de su poderío como después lo hizo i<elipe II; los árabes vieron perderse su loúuencia en la Península desde que quedó el reino de ToledOi que aun en manosde sus coneiigiutianos se desm» tendía de Córdoba • en poder de los cristianos, j por fin , el pretendiente austríaco perdió en eHa das sus esperanzas de reinar sobre ios espaúoles. Los grandes acontecimientos no reconocen «a
razón sola, é induiiablcaiente muchas debieron inüuir en los que acabamos da enunciar ; pero ¿no seria una de ellas, una concausa de los resottad» grandiosos en que se funden aquellos la situacioa f condidones especiales del paist Creemos que es Ii mayor, y si bien no podemos negar que existen otrw lugares mas propios para encerrar ei centro de acción política y administrativa de la Península , esta* mes al misuiü tiempo convencidos de lo poderoso de las razones que tuvo Felipe U para resistirse á üa* var su córte á Lisboa en una época ignorante de h9 telégrafos « los buques de vapor y los feiro-carnies.
Estaban antiguamente muradas las prindpalei ciiuiades de esta parte de la cuenca del Tajo; innumerables castillos se alzaban en las peñas mas mt nentes tajadas sobre los rios mas caudalosos; perott áiedio de la ignorancia de ios sencillos babitaotes, atentos tan solo ¿ la seguridad del lagar nativo J90
á la combinación de los eslucr/os de lodos, sin eBol conocerlo operaban militarmente eu un sentido ^
VERTIENTE OCCIDENTAL. 331
la estrategia faa tenido después á indicar como propio á la defensa general del pais. Y encoatraiaos ia base de aquellas operaciones en ei Tajo , y vemos
estas fundadas en la marcha de las de los romanos, maestros y muy autorizados del nrte de la guerra. {Por qoé Ck>ntroívta llamó á sí á Fnlvio Flaco , á Mételo y áSerturiu? ¿Por qué representó papel tan interesante en la lucha de ia reconquista y en las di«- senstones castellanas? ^Era acaso por su grande población , fortaleza suma ó la riqueza del pais alendafio? Nada de eso: flrogales sus habitantes no conocian
las neco^iJades de los países cultos ni envidiaban el oro y la plata que sus vecmos sacaban á montones de las entrañas de la tierra para enriquecer á pretores avaros , satisfacer el hambre del populacho do Roma 6 servir de adorno en los altares fastuosos de
aquella depredadora del mundo; era que sin Coatrevia no era posible el dommio del Tajo , y este rio enterraba el de su cuenca toda y el de toda la Ver* tierí ta Oriental, desde el Moncayo hasta la Sierra da Alcaráz; desde Tudela á Zaragoza, Valencia y Murcia.
Mucho podríamos estender nuestras observaciomes para indicar el papel que representa esta parta en hs guerras nacionales ; pero no lo peroñten los estrechos límites de este compendio, y consideramos que ligada como se halla á la región media del Ttifo « podremos después de describirla seflalar mejor las propiedades de toda la en que se estiende ea B^eiia aquel rio maDifestaodo su importancia» la do
333 CÁvmu» iv»
sus poblaciones y caminoB^ Por esto hemos observih
do respecto á Madrid un silencio que habrá chocado á nuestros lectores: los grandes accidentes operaaoi acción á grandes distancias, y la influencia de laea* pital no puede menos de estenderse á una gran parte de la Península ; asi que del mismo modo que » siente al tratar de la cuenca del Duero en cuyo tudio se han observado sus relaciones con Madrid, con mucha mayor razón la observaremos pesar eo ti
del Tajo y aun en la dtíl Guadiana. * ProseguiremoSt pues, describiendo la condidoi física del Tajo, y de su anchuroso valle.
Desde Aran juez á Toledo la navegación del Tajo DO ofrece dificultad alguna. Corre al S. O. mansaaMOte por un valle ameno , si bien muy limitado en li orilla derecha por ua escarpado fuerte de tierra sobre que asientan Afiover (1,809 hab.), y Moccgos (2,200 hab.), interrumpido por el arroyo Gunlenó Guadalen, profundamente encajonado que baja de N. éS. desde Moraleja (407 hab.), y pasa.pr6x¡iiioáÍi villa de liiescas (1,661 hab.), en la carretera de líadríd á Toledo. En la izquierda las descendencias da la meseta de Ocana aparecen suaves, v un pra^ amencf Y alamedas eslens is de árboles gigaotesos demuestran que no se debe solo al arte la hermoit»- ra de los jardines de Aranjuez» También se interrumpe por este lado la línea sucesiva de colinas 4»s limitan el valle, al que se abren dos grandes bartM' cadas, surcadas en tiempo de lluvia por los. arroyos
VBDTimiIB OCCID&VrAI*. 343
Algodor y Guazalate. Procede el primero de ia diviBoría general por vahos brazos que arrancan entre Ocaaa (5,491) hab.), Lillo (2,G33 hab.), Tembleque (4,198 hab.), Turleque (1450 hab.) , Yébeaes (3,904 hab,) y Orgáz (2,877 hab.) El brazo princi pal con el nombre de Algodor, nace corea de Yébenes y desciende lamiendo ia falda meridional de la p3C0 elevada sierra de Yébenes, en la que asienta ¡a villa, y por términos de Orgáz, Mora (6,459 bab.), y Tembleque, baja á reunirse al arroyo Cedrón ó Es* corchon, que corre de E. á O. \)or uu Ivarraaco cuyas Caldas merídk>nales forman la cuesta del Madero, célebre por la carga victor¡t«a de la caballería del general freirCi sustentando las septentrionales las ar« coíoadas torres de La Guardia de Toledo (3«533 ha* bitantcá). Por fin, juntos el Algodor y Ce Iron siguen i ViUasequilla (1,389 bab.), por un valle árido que hoy recorre la vía férrea del Mediterráneo, dominado al E, por la villa de Yepes (3,üSG liab.), y tras iimibdo corso, sin agua la mayor parte del aDo y en invierno con avenidas que alguna vez han interrumpido el tránsito del ferro-carril , desagüan en el Tajo jQDto á la granja real de Villamejor. El Guazalate tiene su origen cerca de Ürgáz y recorre generalmente de S« á N. un terreno triste y despoblado en que se <leva el castillo de Alroonacid (1,218 hab.), testiíZ(3, aun actor ea la batalla del 11 de agosto ( ie 1809. También es despoblado el valle del Tajo entre Aranjuez Toledo, y solo algunas casas de labur del
334 CAHTULO IV.
patrimonio real entre las que se cuenta la graojamodelo y los molinos y castillos de Aceca y deliijares son las habitaciones que se eDcueotran en aquel trayecto de 40 k¡l., interrumpido por un solo pueot© junto á los molinos de Aceca. El ferro-oarríl de Totodo se separa de el del Mediterráneo al pie de Casliilcjo y sigue por la orilla izquierda del Tajo basta ii inmediación del puente de Alcántara al pie de la cni* dad imperial. Allí el rio describe un arco que la circunda escepto por el M. donde debería construirse oa canal de navegación que evitase los obstáculos qoe presenta el trayecto de aquel arco ó herradura, eo« cerrado entre escarpes verticales de grande elevaooi y obstruido por enormes rocas que de él se de¿f readen, presas y molinos.
Toledo, vasto museo de antigüedades romms, g^óticas y árabes, presenta en ellas el signo de su aü« tenor grandeza y el privilegio de su situación asi lo*
pográfica como geográíica; esto es, bajo el punto de vista de su fortaleza y ei de su posición en el centro de España y del valle del Tajo. Ya los romanoi ll habían constituido en colonia penetrados de su íúi* portancta desde las primeras guerras con los oeUte» ros con quienes combatieron repetidamente en SOI inmediaciones, en üippo y Ebora (Yepes y Talavert la Vieja); los godos que al principio de su ínti|^Al| no habían podido conquistarla, hicieron de ella la ca-* pital de su imperio, ia engrandecieron notabbniSBte y fortificaron con muros que aun hoy se conseHMf
coQ el nombre de murallas de Wamba; y los árabes dirigíeroQ íamediatameote sus miras ¿ sa espugna* cien piedra funda me ni al do la conquista , encontrando los geíes en sus riquezas uolivo de dis* cordia entre sí y arma de valimiento para con el kalifa. Monumentos en su mayor parte religiosos se alzan todavía que atestiguan ia predilección con que miraron la ciudad los reyes cristianos , y el alcázar y las magniücas puertas de Qambron y Visagra donaestran que aun en tiempo de Gários V y Felipe II tenia importancia militar. Ni podía menos de ser í^si ptra et que hubiese recorrido ias páginas, de nuestra bisloria y considerado que Toledo había resistido alguna vez tanto tiempo conm Troya los ataques de eneinigosmas diestros en el ataque que los griegos en la época déla Liada, asi como que habia si(!n:a base de todas las operaciones ofensivas contra Andalucía entre lasqoeobtienelogar privilegiado la campaña de 1212 que tuvo su desenlace en la para siempre memorable batalla dQ las Navas de Tolosa. áun posterioroente en la guerra de sucesión pensó Guido de'Sta* aemberg forti&car á Toledo haciéndola base de sus «pediciones para ligarse con el ejército portugués separado ^ or la hábil ocupación del puente de Almataz por Felipe V ^ y en la de la Independencia fué Wftienida por los franceses en todas las campañas 4el Tajo desembocando por sus puentes contra Cartmj/ki y Venegas ó uniéndose á la córte en ia cam» fsAa de Ocana.
poblacioa que anli^uamonle se dice ascícdia á 2iX),000 almas, aunque no parece verosiaiü si calcula por el perímetro que revelan los njuros WauiLa levaulauos en la época de mayor graadeza de Toledo « es boy de 14,913 , y su aotigw comercio de sedas se halia conip.cl jmente abandonado desde que con el alcázar tueron incendiados 1q3 telares que habia establecido en él el cardonal Lo* rcuzana.
Encuéntrase en Toledo , y al pie de este gtgvi*
tesco edificio el colegio de Infantería, en el establecimiento mismo que ocupaba el Genoral mililar antei de la creación del do Caballería en ValladoHd , y ea la campiña que riega el Tajo al abandonar el rccialo de la ciudad por el puente de San (lartin se deseabrela fábrica de armas blancas, única en EspaDa pero conocida en toda Europa por la escelente calidad de sus productos, siendo admiradas sus espadases las espüsiciones de la industria y conside rada p-J los militares inteligentes la posesión do una de eüai como un tesoro inapreciable.
Los magníficos puentes de Alcántara y de Soi Martín se hallan en los estremos de la herradura qoa hemos dicbo forma el Tajo en derredor del empina» do monte que sustenta la ciudad. Lame después d rio el pie de la torre de la Cavat nombre unido á ll pérdida de España por hallarse enlazado á las traí* cienes que representan el amor adúltero de Rodr# y sus visiones fatídicas tan magistralmente d^icrítiil
VERTIENTE OCCIDt.MAt. 3^7
por el maestro Fray Luis de León, una de las glorias <ie nuestra literatura uaci ^nal; mueve con s !.< aguas las máquioas de la fábrica de armas y corre al O. por el pie de un lomo de rocas en que asientan los cigarrales, quintas y granjas pintorescas, basta recibir por la orilla derecha las aguas del Guadarrama.
Este rio nace en la sierra de su noaiLro y puertos de Fuenfria y Navacerrada. Corre en un prínei'^ pical S. O. despenándose rápido de los montes que son muy escarpados por lo mismo que es por donde Ja sierra es mas estrecha. Recorre su orilla izquierda
]a carretera déla Granja al Escorial, cruzándolo á media distancia del puerto de Navacerrada á aquel monasterio por un buen puente junto á Guadarrama (1,258 bab.), punto de unión do aquella vía con la carretas de Madrid á Valladolid. £atre la sierra de Guadarrama y la del Royo, ramal que se destaca desde Navacerrada, cambia su dirección ai S., y entre Galapagar (863 bab.) y Torrelodones (276 habí* ttfQtes) baja al puente del Retamar, donde lo cruza •a carretera de l^tadríd al Escorial que en J^as Rozas (010 hab.}» se sopara de la general de Castilla la V;eja.
Signe á Villafranca del Castillo , que asienta entra el Guadarrama y el Aulencia, aQuente de la detocha que baja del Escorial (1,900 hab.), donde se tiza el estupendo monasterio y alcázar real de San I^ceoao» tdnido con mucho iundami^i^ por una de im MVttfillaa arquitectónicas.
338 CAWTCLO
Un escritor franc^ lo llama mníimeni9 i$ bardfa y de la superstición de Felipe //, no podiendo sm duda avenirse al objeto d'^ ¡n obra queíuéen memoria de la victoria de San Quintín^ unadenoeitras glorias nacionales. Nada mas natural que tsíe desabogo que nosotros disculpamos como los cáloH los, reticencias y dicterios con que Thiers poetiza y distrae la narración de la batalla de Bailen, que sido* pre es un ooosaelo para el vencido el acumular juicios severos contra el vencedor y formar castirosea el aire para el caso ya imposible de retroceder al orfí^on y principio de la desgracia sufrida, deldei* calabro irreparable. Los franceses, cuyo fanatismo y superstición babian proporcionado ¿ la patria nn di» como el do San Dartolomé, v alííunos do cuvos reyes adornaban sus sombreros y caperuzas coa medallas y amuletos, llamaban superstición y fisina^íseio ¿ la conseruacion de las santas reliquias, y las d(^. pojaron de sus adornos de oro y pedrería, considerando que serian estos mas útiles y estañan mas honrados en sus palacios y quintas, abandonándolas reliquias, tesoro mucho mas rico para los espafioha que las perlas y diamantes que ellos se llevaban.
Sería necesario un libro entero para describir k erandiosidad, maíinificencia v solidez de u a edificio cuyo principal objeto fué, por otra parte, cumplir con el encargo becbo por Gárlos V á so bijo deaá^ gir un sepulcro á sus conizas y á las de la empent* táti asi que nos limitaremos i copiar nn corte |Ar*^
VEaTi::Nía occidextvl. 331*
rafo del mismo escritor trasiMrcnáicc: «Xo hay acaso, %díce, en d universo una fábrica que aparte de las ique trionfaron de los siglos en las orólas del Nilo,
i»üé una luua aias elevada del poder humano, üis-
^Uoguesa el monasterio desde uDa distancia de siete •teguas en varias direcciones, y aunque situado >»coatra montañas imponentes, soporta la coQ)para- »oioa con aquellos colosos de la naturaleza sin pa- »recer menos enofme.i»
Siempre en la dirección al S. corre el Guadar-* nma á recoger por la izquierda las aguas del monfe quo rodea el magnífico palacio de Boadiüa '521 habitaotes), de propiedad de los condes de Chinchón, o níio lo es el piV;xi;¡.o castillo de Viiia\ic¡osa de Odoa (It^hab,), fortaleza reconstruida por el célebre Joan de Herrera, arquitecto del Escorial, lugar de la iDuerte de Fernando Vi y de Ja prisión del favorito (^g Cirios IV en «u desgracia, y establecimiento boy de
la Escuela de Ingenieros do Montes. E! Guadarrania gaia después por bajo de un puente bueno de piedra tttreMóstotes (1,321 hab.) y Navalcámero (3,758 ea la carretera de Estremadura , y cambian* dftsn mmbo al S. O, en Bátres (155 hab.), va por Yunclií os (630 hab.), y Villamiel (593 hab.), á crn- ^ar bajo el puente de Caulin el camino carretero de Tatocbá Torríjos (2,599 hab.)» Cebolla (2,009 habitantes) , y Talavera, y dar su caudal poco despu :s é Itjo á kn 145 kiU do curso. Poca es la cantidad ^de aguas que lleva en tiempos ordinarios, y solo en
340 CAPITULO IV.
](ís de Uuvins puede ofrecer dificoltftdes sa pM| siendo el puente junto á Navalcarnero el s »lo punto interesante por servir á la carretera de Estranh
dura, única vin que ca combinación con ia mencionada de Toledo á Talavem r onduzca á un objeto militar & la reglón central del Tajo.
Desde la desembocadura del Guadarrama el Tajo recorre un terreno que si no tiene la hermosura qoe por Aranjucz , posee una gran riqueza en cereales t frutos» Interrumpen solo su curso las presas de algunos molinos , y recibe por la derecha hasta el bf^rche arroyos insiírnificantes junto á Alharrc:¡I de Tajo (275hdb.)f Puebla de Montalban (5,068 habít ntes). El Carpió (2,586 hab.) , y Mesegar f37Sl«h hitantes,) Por la orilla izquierda afluyen nos mas caudalosos, j entre ellos el Guajaraz, procedente di la dehesa del Ca^fnnar Í272 hab.) , celebrada por Rojas en la escelente comedia de Garda del CasUfiAr, y del cerro del Cielo, á cuyo pie pasa el camino di Toledo á Almadén , rio que desemboca en el Tajo aates que el Guadarrama; el Cuevas, que baja deto cerros de San Pablo en la divisoria con el Guadiana por Menasalvas (3,738 hab.)» y Calvez (2.795 habitantes); d Torcon, que desciende de La Galinihá la villa de Navahermosa (3,071 hab.), y San Martíi de Montalban (786 hab.); el Pusa, que paraletiOTH to al Torcon se esparce por un valle poco massili^ so en que asientan los Nav3lmorale> de Toledo } ípQsa (3,415 hab.), y San Martin de Posa (l^li^
VKaTIBNTB OCCIDENTAL. 34!
kitaotes) » y desagua después junto á Pueblanueva (S,673 hab.) ; y p<^r lin il riu Sancrera, que se abre piBO eoire dos estribos poco accideo lados, y por mi terreno genmimente llano baja á San Bartolomé de tas Abiertas (097 hab.), y al despoblado de este litíta^ bie en cayo término da sus escasas aguas al Tajo.
Ninguno cíe est(ts ríos es imporlimfe, pues que escaso de grandes poblaciones el terreno por el que se abre un cauce profundo y sin caminos que permitan Ikilmente su tránsito» oo Uaiua bacía sí las operaciones militares. Asi es que en el Tajo no se encuentra masque un solo puente, el de la Puebla de Montalbia, y algunas barcas para la comunicación de Nava* hermosa y demás pueblos con la carretera de Es^ (remadura.
El Alberche , por él contrario, es el mas impofw
Uote de los afluentes del Tajo. Su dirección en la última parle de su curso casi perpendicular al TajOf las jiericiones de nna y otra orilla, su reguiarcaodal y el puente que al frente de Talayera da paso á la carretara de Estremadura, le han beebo ser testigo do ¿randes acontecimientos en todas las edades.
Su curso es bien estrafio: naciendo en aquel enfado sumamente suave y bajo que dijimos al descrié bir la cordillera Carpetana» ligaba las Parameras de Afila á la sierra de Credos, corre en un prlseipin
jrtE. cortado por el camino de Talayera á Avila por los puertos del Pico y de Menga» y encerrada ear ttik MtrcKlio y profundo ?alle entre aqueDds ám «eeU
34^ CAPITULO IV.
deüled orográficos que parece debieran tallara s¡a comuQÍcacioD fluvial. Asientan en él varias poblacMh nesyenlre ellas lloyocasero (749 hab.) , Navaloa (759 hab«) , Navatalgordo (1»3!¿5 bab.), Burgoboodo (662 hab/), con puentes, y Navaluenga (1,370 habitantes), y el Barraco (1 ,6G1 hab.), sin ellos. Aiii recibe por la izquierda el único afluente considerabb procedente del lU riadon (488 hab.), cerra de Avila y de Santa Cruz de Pioarts (519 bab.), y juoto áia \ílla de Gebreros (3,201 hab.) , empieza i cortar vanos estribos de la sierra de Credos , que aislariaB ea otro tiempo aquel valle , y que ligándose en anby orillas indican ia continuidad de la cordillera Carpetana por estos lugares*
Al entrar en la provincia de Madrid recibe por la derecha el arroyo Tórtolas, que con otros varii^ oaoe entre las Penas de Cenicientos y de Cadalso y dfli* uende entre San Martin de Valdeiglesias (3,458 habitantes) y el convento de Guisando y sus Toros, qfíü como los rooQumentos de Egipto están esperando oft Cbaoipolíon que descubra su antigüedad. Poco después afluye por la izquierda el rio Cofioque, de Ii*£i á S. 0., baja lamiendo las faldas occidentales de loi cerros de San Benito y de Almenara cruzado eo U'* minejo al O. del Escorial por la carretera de MadcUI Avila, y empieza á cortar por la parte mas baja la que parece que en un principio debiera ser dijtfiaoril de aguas entre Duero y Tajo, la unión del oem M AUnwara coa la Peüa de Cadalso; esto ia vaqli;*^
ITBKXiiüMlá OCCil>£NTJtL. 3¿3
dera cresta de la t ordillera. Rocas enormes y un barranco solitario y salvage en dirección al S. E« vao 'fiftivando después las aguas del Albercbe hasta AldeA del Fresno (216 hab.) donde recibe por la izquierda á m Peralesi que paralelamente al Gofio , por las opuestas faldas de la sierra y desde cerca de la Silla de Felipe II, peña de donde observaba este raouarca k fábrica del EscoriaU baja ¿ un valle anchuroso y foave cubierto en algunos puntos de bosque y en que 86 hallan Valdemoríllo (1,676 hab.), Fresnedi* Das (331 hab.), Navalagamella (525 hab.), Quijorna (2>t) hab.), Vitlaoiantilla (511 hab.) Chapineriá (950 hab.) , Villamanta (327 hab.) y otras varias - poblaciones menos considerables.
Cambia el Albercbe al S. ü. en Aldea del Fresno y pasa por bajo del puente nuevo que une aquel In* pr eon La Villa del Prado (2,233 hab.) que asienta enea en la orilla derecha, de la que vienen á aumentar su caudal varios arroyuelos por un terreno fértil y pintoresco en las vertientes orientales y meridioOrias de la Rafia de Cadalso. Sigue ya desde alli por un valle que angostan en la orilla derecha el Berro- «aUe Nombela,y eiReaf de San Vicente, y bastante abierto en la izquierda que forma una gran meseta divisoria con el Tajo y el Guadarrama, la cual cruza E. á 8. O* la carretera deEstremadora por Na-» ^Icamerot Valmojado (1,317 hab.), Santa Cruz del Betenar (1,^9 hab.) y Santa Olalla (1,638 hab.)» Ríe- 9 OS aqoei trayecto d» unos 50 UU á Méolri*-
344 CArtTCLO ir,
da (2,807 bab«); las frondofiíriniüs montea de Alam
domioados por el palacio ducal d-'l Infantado, situa<to pintorescameate sobre ei rio y uq puente para el trasporte de las toaderas de una á otra oriHa; i &• caloña (979 hab.). villa antiguaniente luuy íuerlenia un bello alcázar que perteoeció ¿ doo Alvaro de Luaa y rué inceodíado eo este siglo por e) mariscal Soult; at Casar de Escalóos (975 bab.), á Cai^diel (282 babitafites) y Gazaiegas (379 bab«), á euyo frente ea b
orilla derecha, en la que -e abren paso varios arroyo» procedentes de Pelahustao (967 bab.) , NuQo-Gomez (431 hab.)t Gardiel (389 hab.) y Sao Saman (659 bab.), seencuciiUa el bosque y Torre da Salinas y luego el puente de la carretera por Imjo áA que el Alberche pierde caudal y nombre á los 167 ki« tómetros de su origen.
Desde Aldea del Fresno empieza el Alberche á la» ncr la ¡mp )i tanc¡a que le hemos atribuido y según va descendiendo hacía Talavera de la Reina, jootaá aii* ya población afluye al Tajo, la tiene mayor basta kt* maren la parte próxima al puente de la carretera aaa linea interesantísima de primer órden. SI pueali da
Escolana, de andera y muy mal construido, es ¡m» portante, como lo es la pob«acion, por cuanto la di* recoion del rio y de la carretera de Bstrenado* ra hace que ocupados aquellos se pueda cooliaua* mente amenazar la retaguardia del ejército que éuá^ Madrid se dirija á Ta'avera. Si á esto se añade queél Alberche aunque vadeable en verano por todas par*-.
VERTICNTB OCGftpBIlTAL* 3411
tose faaoB difícil de pasar después de cualquiera Hu*
vía estacional ó inesperada por la arenas que arras* fu; que los mootes de ia orilia derecha que sí no de mucha altura son muy ásperos, de rocas enormes y monte bajo se eslienden paralelanienie al rio desde la tala de Cadalso, hasta Gardiel para do^iues limitar el valle del Tajo por la misma orilla derecha; y, por fifi» que ezisteu algunos caminos, aunque no buenos» que pueden conducir las tropas destacadas en i sea» loca á lugares inaccesibles paralas irivasoras y de»» paesá Castilla la Vieja ó al Tajo en Almaráz y Alcán* tara, bien podemos señalar á Escalona y su puente como punto estratégico de gran interés en el curse» dd Alberehe, y de consiguiente en el del Tajo qpe flanquea ventajosamente. Muy pronto veremos comprobadas estas observactones con hechos irreco-^ obles.
Esa misma série de montes que desde el Berrocd de Nocnbela y las Ganiaiiias, conocidas por sus ló-* bregas grutas, se estiende por la derecha del Alberche, sigoea, coso acabamos de indicar, por la del Tajo á Astancia de unos 4 ktl. con el nombre de Sieim de! fieal y Peñascales de la Atalaya, separados de Ta!a* por UA looAO que roto por el arroyo de Portifia que se forma en las vertientes de aquellos y cruza después la villa, se levanta al O. en un cerro eminen^ tiVaaiado de HedelHn, cubriendo la Hanora,
ElTajo siííue al S. O. á Talavera {9,285 hab.) Las ImMia» (965 Ijabitante^^ Antan (430 bab.), Poea^
340 CAFiTULO iV,
te del Arzobispo (1,327 hab.), Garbin (354Wk)T ' Talavera ia Vieja (572 hab.) encerrado eo su oiUi izquierda por los escarpes de la llamada Jara, Isr* riiorio asperísiooo de moutes encumbrados y valles profundos' sorcados por arroyos cuyo murmuHa m el único ruido que turba aquella trille soledad. Ea la época romana se hallaba bastante poblada li Jara, y aun se descubren restos de fortilicaciaMs Ó ea$lfú$ cuyos nombres indican so origen hr \ tíno* Üuedó desierta tras la iovasioa de los barba* roo» y fué vodta á poblar par los árabes que SM* taion en los picos mas elevados do la cordillera ata* layas unidas entre sí por muros suyas ruinas aos » descubren. Nuevo abandono sucedió á la reconqubU y la Jara fué el refugio de ios Golfines que desde alii 6C corria á los montes de Toledo y la Mancha, tor* nando las llermandades á fomentar la pobtacioo ira» el esterminio total de los malhechores. Hoy díaseos* cueokan en los vaUes algunas poblaciones que cosechan abundancia de granos j ^no, y cuidan da ifli numerosos rebaüos ó se dedican á la caaa mayor qi^ abunda estraordiráriaoirnte.
hdk la orilla derecha» los Peñascales de la ÁUiayi se -entiende al O. entra el Goadiervas^ afloeotaésl liétar y el Tajo, y deprimiéndose eo GamonaL vual* ten i alzarse es Qropesa afectando la forma M lomo dominante en la meseta divisoria ue estos (to ríos» lomo imy prénrno al Tajo, al que lana nm^ ká i^üü desde el Puente del Araobispo lo encieríui
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V£aTil^I« OCCiDfiMTÁU
en un lecQo profundo, cuyos bordes paiiecen y aun üevao ^ Qombre de sierras.
Desde Talavera se separa del Tajo la carretera <le Estremadura, y entraodo en el Valle de Tiétar se dirige á Caaar de Talaverat á Oropesa (a»013 babi-
tantes), y Navalnioral do la Mata (3,296 hab.), para pasar de nuevo al Tajo y cruzarlo por el puente de Aimariz. Este rio recibe por sa izquierda el Cébalo, ^ue desciende de la sierra de Piedra-escrita en la di* viaoría con el Guadiana por las hoertas de Alcaudete de la Jara (1,474 hab.); el Tamujoso que lo hace por Belvis de la Jara [2,377 hab.); el Huso que desde la narra de Sevilleja baja solitario por un barranco fal* deando la sierra de Alto mi ra; y el Pedroso, que desde el Puerto de San Vicente y Mohedas de la Jara» (1,284 hab.), baja ya por los límites occidentales del territorio del mismo nombre* Los dos últimos afluyea al fi. y al O* del Puente del Arzobispo, uno de ios puntos mas interesantes en el curso del Tajo, si tiieo ia falta de una carretera que conduzca á la proviocia de Badajoz salvando los montea que la separan - déla de Cáceres, es causa de no Uamar la atención ooBM» "Ol de Aimarás. Sio embargo^ los caminoa del
puerto de San Vicente y de Mesas de Ibor y Deleytosa« boy muy estropeados» dan al Puente del Arzobispo mucha importancia, y por el último, según ya bemos dicho, ilanqueó Víctor las posiciones del puente da Aimarás y del puerto de Mirabete« haciendo iaiUU ia ruptim de aquel y las obras de defensa de este.
348 CAPITULO IV.
Ya espusimos la dirección de ias ViUuereaB y de
íus ostribüs que detenri i nudamente se encaminan r| O» ¿ relacionarse con los de la cordillera CarpeUna m la orilla opuesta del Tajo. Los ríos, pues, quo entre ellos se deslizan bácia éste siguen la misma direccioD, salvo en espacios en que la configuracieA vária de los montes los obliga momentáneamente á cambiar de rumbo. Así sucede con el arroyo Pizar* iMo, que baja por Valdelacasa (1,099 hab.), á desembocar junto al Salto del Gilano, lamiendo ias faldas orientales de las sierras de Gerrascalejo y de Garbin; con el rio Alija, que lame las opuestas por Sao Román y da sus aguas al pie del alto en que asienta Taiavera la Viejat te antigua Ebura, teatro de graodes batallas en la üpoca romana; con el rio Ibor, que entre las sierras de la Matanza, Gall^ y las ViUaercas en que nace, sierra del Campillo y de Lache, desciende por un vallecito ameno en que asíeotao Navalvillar de Ibor (£64 hab.) , Castañar de Ibar (1,240 hnb.), Fresnedosn Aiu hab.), y la importantísima villa de Mesas de Ibor (470 bab.), punto setalado como el mas militar en observación del entre los dos pu( ntcs del Arzobispo y de Almaráz y por fin con ei rio Frío, de muy exiguo caudal, nace entre las sierras de RomanL;ordo y de Mirabet^» y cuyo vallecillo no tiene otra importancia que la qoa le da el paso de la carretera desde Lugar Nueve hih ta el puerto de Mirabete.
Bl rio Monte ó Almonte, afluente de la ísqníeidlk
J mas interesante de caantoa rinden el tributo de
:is .iL^uas ol Tajo por aquella orilla, si¿;ue la Miisnia dirección que el Ibor, pero por ias faldas opuc&ias. Su eoenca es bastante anchurosa, y está formada por lis Viiluercas y las sierras mencionadas del Campillo y Mirabete al £. y ai N.; por la divisoria general ó cordillera Oretana al S., desde las Villuercas hasta la siena de Montáaciiez; y ai O* por un (^tribo quo desmidiéndose al N. O. va por las sierras de Fuen« les, Cáceres y Ganovillns á abrirse en las ^'avas del Uadro&Ot en barrancos profundos que terminan en el Tajo, sobre el que aparece el estribo roto. Todos esios montes oírecen el aspecto de elevadas mesetas con caídas muy rápidas ai Almonte y sus pequeños anuentes que aparecen suüüJüs ea hondas ¿ncUs y hanancos escabrosos.
Nace el Aimonte en las faldas ocddentales de las Villuercas, y se precipita al N. por Solana, i^avo-
suelas (558 hab.)» y Roturas (447 bab^ Sigue después
a! N. 0. á Retamosii (308 hah.\ en cuya ¡nmedia^ cioo está el puente del Conde; a Ueleitosa (995 babi-- tantes), en el camino de Puente del ArzobispOt y Mesas de Ibor, el cual sai va la sierra de! Campillo par el Puerto de deleitosa* yáJaraicejo (1,101 ba« Utantes), que se encuentra en la carretera de Eslre* iaadura« después de cruzar la sierra de Mii:abcto por el puerto del mismo nombre*
En este espacio recibe por la izquierda dos arro* |i» Va^Jo^ao de la divisoria por Berzocana (1«452
350 GAmULO IT.
• liab¡tantes)f y Aldeacentenera (1,095 hab.) Sigael»
go el Almonte á Monroy (935 hab.}, después de ser cruzado por el puente de la Barquilla en el camino de Plasencia ¿ Trujillo, y luego oonfluye con el rio TiDiüja en los puentes de doa l raucisco, que sirven i las dos corrientes en ei camiDo de Xalavao á Cáceres.
El Tatnuja nace en la sierra de San Grist61n)« parte de la de Muníanchez; corre de $• á N. por Botija (599 hab.), donde tiene un puente en terreoo despejado ; sigue á otro que comunica á Trujillo y Cáceres por la actual carretera; recibe poco después por la derecha el Gibranzo , y después el Hagasca, que baja del puei to de Santa Cruz y baña el pie dd la elevada colina cubierta de Berrocal en que asíeotaa la ciudad y castillo do Trujillo, patria del insigne Fraricisco Pizarro, conquistador del Perú. Esta pobiacioa (4,977 hab.), cercada de muros antiguos que ks franceses pusieron en estado de defensa en 1809, es de alguna importancia por la observacíoD que desde^ ella puede ejercerse sobre los puertos de Mirabctey de Santa Cruz, entre los que se halla en la carretera general de Estremadura, y como centro de ias opa*^ racionas p. reíales que pueden hacerse en la provio» cía de Cáceres vigilando los pasos del Tajo y las avenidas de Mérída y Badajoz por la cordillera OreCant. Unidos Ta£Quja y Magasca corren al 0. por ^tre orillas sumamente escarpadas hasta los mencioDsto puentes de don IVancisco , á donde llega el Tamuja á los 56 kil de curso, seco en casi todo el veranOt á
vsRTims ccxiDnrrAt. 3tH
bien impetuoso y abundante de aguas ea invier. o. ^
Por un terreno muy parecido y en la misma dirección que el Tamuja en su última parte « siuueel AlmoDte entre la sierra donde termina la de Mirabcte por la derecha y las de Fuentes , Cñceres y Garrobitlas por ia izquierda, recibiendo arroyuet os da todas ellas, entre los que son de mencionar, el Gua*- ílilabo que desciende de la sierra de Montánchez y recebe las aguas de los montes en que asienta la villa deCiceres (14,795 hab.), capital de la provincia de su nombre, y el Viilaluengo, cuyas márgenes recor* ria la via Argéntea, que salvaba el Tajo en Aleonelar, donde desagua el Almonte después du pasar por cerca de Santiago del Campo (1,067 bab.), y recibir • en la misma orilla derecha el arroyo de Tala van que Qaceen la villa mi ma de su nombre (1,584 habitantes), próxima al Tajo.
No es cauda ioso el Almonte, pues es fácil de vadear en buen tiempo por todas partes en casi todo aa curso de 83 kiL; pero el tránsito de la única carretera que existe para I>adajoz y Portugal, las poblaciones de Trojillo y Gáceres, y la feracidad del sacio que e a olio tiempo tenia fama por su riqueza, dan al valle del Almonte un interés que aun acrece la circunslaocia de ser fronteriza la provincia por <iue corre.
^ La dirección de tos estribos de la sierra de Gua«- I dahipe y la de los ríos que entre ellos cf^rren, ha I causada el que hayamos invertido el urden de núes*
352 C4i>iffif.o IT*
ira descripción abandoDando la del Tajo desde ím:a* ,te del Arzobi&T'o* Ya hemos dicho aateriormeale que !a)lí empezaba á iníernarse por entre ásperos estribos ique por una oríUa y otra querían al parecer impedir BU paso permitiéndoselo al fin por un a8perfelmohtf<* raneo que daba origeo á su nombre significativo y propio. Efectivamente , la meseta divisoria coo flt
Tiétar queda surcada profundamente por el Tajo sobre el que aparece en Oropesa como un lomo elevado y después como un borde asperísimo de rocas que se abre eo el puente de Almaráz para íauiUar el paso de la carretera, la cual aun después a ¡a orilla izquierda tiene que seiniir ¡a corriente para vencer la sierra de Mirábate. Las circuastancias de estos bordes» la gran cantidad de aguas que lleva el Tajo á pesar de ser vadeable en algunos puntos « pero especialmente un poco masani*
ba de Puente del Arzobispo por donde pasó la caballería de Caulincourt en el combale de 18 de agos» lo de 1809, y el de ser única la carretera que aUi cruza el Tajo para Badajoz, dan al puente de Aimarás un interés que se revela claramente en todas lis campañas do los tiempos modernos desde la égM jde Cárlos ¥ en que íué construido.
Encajonado cada vezmaslIegaelnoáLasGoidn» las, despohlndo al pie de la sierra de su mismo nombre continuación de la de Mirabete que termmaaa^ Tajo en el castillo arruinado y ermita de MoofragM frente ai (j[ue aüuye por ia derecha el Tiétan Ccoo^
TCSTUOTK OOCDBNTAL. 353
^ dd cerro Casillas próximo al de Cadalso y dirigiéndose al 0. por Escarahrijosa (609 hab ), Sotillo (1,473 bab.) y La Adrada (879 bab.) ó Iglesuela (1,039 hab.), va recogiendo por la derecbalas aguas de ia sierra de Credos y por la izquierda las de la divisoria con el Albercbe. Uaas y otras se abren paso por valíecillos mas o menos fértiles, pero solo poblados en la inmediacioo delTiétar, escepto el que surca el río fiama Castañas, que desde el puerto del Pico y el castillo de JIoQibeltran (1 ,204 hab.) desciende por uo áspero barranco con el camino de Talavera k Avila (le que nos hemos ocupado al describir la cordillera Carpelo-Vetónica.
Esto es el primer afluente considerable del Tiétar
•por la orilla derecha y á él sigue un poco mas abajo ^el Arenal» que desciende de Credos por la villa de tSQ mismo nombre (1^93 hab.) y por Arenas de San Pedro (2,306 hab.) mansión del infante do i Luis de HoAon después de su casamiento con doña María Teresa de Vallabriga, con un bellísimo palacio rodeada de jardines y ocupado hoy por algunos vecinos éfl la villa. Luego corre el Tiétar por un terreno mas aijicrto cu la orilla izquierda, cubierto en ambas de espesos bosques que cruza el Guadiervas» el cual en SQ origen al N. de San Román (659 hab.) recorre un páramo e-t( aso y por entre Moulesclaros (312 habiIntes) y Mejorada (1,050 hab.), villa ^ esta última, que asienta en los peñascales de la Atalaya, descion- ^ 4 las Guadiervast aldeas rodeadas de monte con
lOMO II. £9
3b* 4 CAprruio iv»
puentes on el camino de Oropesa á Avila y doBdi
í'anibia hrascnmcnte su dirección occidentaí d rk para deseir^bocar al N. en el Tiéiar*
Sirve luego de límite meridional á la Tm Plasennia, territorio de 55 kil. deestension de K. áO, y 15 de N* á S* en las faldas de la sierra de Grados» cortado por intiiiitos arroyos qu3 descienden de 1;'Sde Cuartos y da Torinantos que allí la constituyen» entre los pequeHos estribos que naturalmente hm; arroyuelos ó gargantas, como llaman en ol país, de los que solo mencionaremos el Alardes, que tieoeim puente en Madrigal (623 hab.) para el camino dePb» sencia á Avila por el puerto del Pico, el cual recorre la derecha del Tiétar; el Minchónos con otro en Villanueva de la Vera (2,257 hab.); el Cincho que rit^ ga á Losar de la Vera (2,012 hab.) y Robiecillo de la Vera (403 bab.) y el Jaranda que procedente de la 8Íe^ ra de ioruiantos, térnuno occidental de la de Gredos> y en cuya vertiente se encuentran los restos del »
nasterio y |)alacio iniporinl de Yuste donde ce^ebrd sus propios funerales en vida el invicto Cárlos bajaá Jarandilla (1,933) hab.) y desemboca oott» los otros con sus aguas perennes y de curso conslajh te y beneficioso en la derecha del Tiétar.
Este rio ya acrecido con ellas y con las Ür Alcaüizo, ailuente poco considerable de la izquierda seco en veranos cambia de rumbo después de MÍ» bir el rio Redonda que bajando de Pasaron (1,379 habitantes) afluye junto á la barca de Bazagona^ ¡m/^ '
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▼EIITIB5.T8 OCSCIDENTAt,
lo fiotable ea et camino que de Plaseocia coaduce á Oropesa por Majadas (421 hab.) y Centenillo, y por el que el ejército británico pasó el Tielar al encaminarse á Talavera en 1809. Desde allí se dirige el río
mar .aJuiaciilc al S. ü. uljiiundo un cauce pruíurid j y tortuoso entre la meseta en que asienta Mavalmo*- ral de ia Mata y el llamado Campo Arañuelo y sierra (le Arenal Gordo, divididos pur el arroyo Calzones que desciende de Malpartida de Plasencía (2,251 ha* hitantes). L!e£;a por fin el Tiétará aíluir al Tajo junto á Viliareal de baa Carlos agua arriba del Salto del CorsOt angostura notable en que se descubre la unión de las sierras de Arenal Gordo y de Miravetc , donde se hallaba el puente del Cardenal, hoy roto en el ctmino de Plasencia á Trujillo.
El Tajo sigue siempre en un barranco asperísimo Udeando por la derecha la sierra de Serradilla crunda en su término occidental por la vía arfjenUay hoy carretera de Salamanca á Cáceres, la cual baja desde el Portezuelo al despoblado de Alconetar, donde existe una barca junto á las ruinas del puente romaao. Esceptuando el Almonte, no recibe el Tajo ni aa<»
te ni después de la desembocadura de este riohnsfa el pie de la altura que cubre ia fortaleza antigua y población de Alcántara frente á la que afluye por la derecha el Alagon, mas que arroyos insignificantes «I ainguni interée militar.
El Alagon, reasume todo su interés en esa misGoa i;arretcra que acabamos de citar que salva la
3t^6 GAPfTtILO IV.
cordillera Garpeto-Vetónica por el puerlode BafiMí
y en otras comunicaciones secundarias como la de Avila, que desde el puerto de Tornavacas recurre al | valle del Jerte y las de Giudad<*Rodrigo, á que « ' otras ocasioues nos hemos referido detaliadaaieíite, qoe por lo fronterizas tienen importancia soma* U cuenca del Alagon anchurosa en las Toentes de loi ríos que lo componen, pues que se cstiende en la cc«^ dillera desde la sierra de Gredos hasta la de Mb» nía, se estrecha notablemente en la última parte de sa curso donde tiene que romper un contrafueito que desde la sierra de la Estrella viene i cruzar él Eljas y el Alagon en forma de dos líneas paralelas de montes, que se prolongan hasta sierra Serraditia pn comunicar en la orilla izquierda del Tajo con los rainales paralelos que también dijimos arrancan deLai ' Villuercas. Ademas de este notable contrafacrte i , que ya anteriormente Iioíüüs aludido al describir en general la cuenca del Tajo , cortan la del Alagon f ' sus principales afluentes varios otros que señalaodi la verdadera marcha de la cordillera, no la de la di* visoria que forma un gran recodo hácia Pefia Gttfr na, aislan ali^unos de aquellos rios en sus regiaacá superiores teniendo que abrirse sus aguas un pm violento que parece haberles querido negar b sÉta^. , raleza. Solo asi puede concebirse como la carrelailb i desde los puertos por que salva la divisoria oerai é|f \
Peua-Guui; a tiene después qc.e cruzar ¡a sieir.i dé
fiéjar en que se halla el Puerto de BaHos , la d» ift»
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Cabrera ó Tras-la^Sierra por el puerto de Nuestra Seliorí, y la deSerradilIa porel de Los Castaños, Estas mismas líneas de montes destacan ramales que se fan también ligando á su vez y son cortados por los pequeños afluentes de aquellos rios, y asi en les primeros del Alagon se encuentran espacios apenas ha-* bitados y alguno como el de las Batuecas, ignorado en taoto que no eran ya desconocidas las Américas y otras partes del globo remotísimas de España.
El Alagon nace ai N. de Monleon (400 hab.) y piade Pena«Gudi£la y sierra de Frades. Corre gene* mmente de N. á S. en la concavidad que forman la divisoria general y la sierra de Cejar que cortándola daM. £. ¿ S. O. va á ligarse á la sierra de Francia cer> «ade Sequeros (1,024 hab.), rota por el Alagon al ^rar en la provincia de Cáceres desde la de Sala* Mica en que tiene sus fuentes y en la que solo recibe arroyos insignificantes secos casi siempre en vey entre los que se distingue el Sangusin^ que laee en los collados por donde salva la divisoria el camiao carretero de Salamanca*
Ya en ia provincia de Cáceres y después de reciKr por la izquierda el rio Cuerpo de Hombre que lanceado las faldas meridionales de la frondosa sierra daBqar baja circuyendo la dudad de Bejar (10,683 'abitantes), de la mayor importanciajunto al puertode Btfos, y por la derecha el río Batuecas que sale del
profundísimo valle del mismo nombre en que asienta aa oonventOt única vivienda con las capillas <|Ue lo
8t$3 CAPITULO IV.
rodean en aquellas austeras soledades, llega á Granadilla (835 hab.), atravesando el asperísimo y sahige territorio de las Hurdes, y después se reúne i I» arroyos que descienden de las sierras de Pesga y del Judío por la derecha y por la izquierda al Ambroz, que nace en el puerto de Balk» y es cruzado en é puente de Aldea Nueva del Gamioo por la carretm que recorre su valle ya por una, ya por otra dew orillas.
Luego entra el Aiagou en un barranco angosto y escabroso, abierto en la meseta entre la sierra de h Gi' brera y las de Dios-Padre y Ti apiiabado y otros ramales de E. á 0« que van descendiendo con el Abgoa híistael punto en que unido al Jerte cambia brusca» mente su dirección para dirigirse alK. oomo arrebatado por la corriente de este río.
En este espacio son muy pocas las poblaciones f estas miserables y solo digno de mencionarse un i^ royo, el que baja del Guijito ó Guijo do Galisteo (984 habitantes) por la orilla derecha.
La confluencia con el Jerte se verifica por bafa
de Galisteo (1,052 hab.), una de las mansiones ro* manas en la calzada de Salamanca coa el nombrada Rusticiana, y hoy punto dé interés por él puenla^ da paso al cainiao de Coria á Plasencia. El Jerte uace en el puerto de Tomavacas al N. E. de la viHi 4t '
este nombre (1 ,271 hab.), por la cua^ pasan susagnss* háda elS. O., dirección que llevan basta su desefibd^ cftdgra en el Ala[^on. Recibe por una y otm oriHlM^
V •
1*108 arroyuelos ó gargantas que descienden, en la
izquierda del cerro de Cabeza Pelada donde termina la sierra de Credos en la divisoria para dirigirse al K. hacia liainpal, continuando sin embaí los montes por las sierras de Tormantos y de las Casas formando el valle de Plasencia , y en la derecha de la Ptíla Hoya de Moros donde arranca el lomo que con el nombre de Sierra de la Cabrera ó Tras-la-Síerra
cierra el mismo valle hasta su tcrm' nación ca Pía* seacia« £n úl pasa el Jerte también á Cabezuela (1,801 hab.), por cuyo puente cruza el camino de herradura de liaüos á Jarandilia por el puerto de Honduras en Tras-la-Sierra y el Puerto-Muevo del Emperador en la sierra de Tormanlos. Sigue Luego á Navaconcejo (1,1*^7 hnb.) , y algo separado de Casas del Gastafiar (1«006 hab.)« por donde pasa el camino de Avila, y lamiendo después la falda septentrional del cerro del Castillejo que le obliga á hacer un recodo y donde es cruzado por aquel camino» desciende á pasar por bajo de los cinco puentes de la dudad de Plasenda (6,844 hab.) , circuyéndola escepfo por el N. donde su fortaleza arruinada, á difefeocia del recinto que se manliene en regular estado too sus cubos 6 torrest se enlaza á ta sierra de la Cabrera que termina en la de la Oliva y esta en la Minencia ó falda en que tenia asiento la fortaleza»
Desde Plasencia el Jerle se dnige al ¡S'. 0. á forjar un gran arco de circulo alrededor del cerro de leienguel» en coya marcha recibe por la derecha k
garganta procedeatc de Oliva (873 hab.), ea la& (al* das occidentales de la Cabrera; pasa por Garcaboea
P96 hab.), donde es cruzado por la via romana, y termioa ea Aldebueia á cuya lamediacioa se liaUa Galisteo*
El curso del lerte es de 78 kiL; su caudal de bas* tante ooosíderadon aunque vadeaUe, eacepto aa tas épocas de lluvia; riega el fértilísimo valle de Plaseocia, rico ea granos y frutas y con arbolados magaitieos de castalios y nogales, y por fin baila los mona de Plasencia cuya ¡lapoi tancia se ha revelado repetidamente en nuestras guerras» asi como la de Cablea en la comunicación única con Pórtugal por b dancka del Tajo.
El Alagon sigue á Coria (2,656 hab.), ctodad
episcopal rodeada de robustas murallas y con un eic- • vadisimo castillo que aun es susceptible de defea», ntuada en una meseta prolongada hácia el N. y con caídas rápidas al S. Habiendo variado el Alagoo ¿u curso dirigiéndose por un álveo un poco distantede la ciudad cuyos muros bañaba antes, el puente ha quedado inútil y se verifica ei paso por dos barcas ia* mediatas á la fértil ribera de la izquierda* rica ea Mk clase de producciones.
Por bajo de Coria empieza el Alagon i tinim paso por un barranco hondo y escabroso y especid» meóte después de recibir por la derecha el rio Ana* go 7 ribera de Gata que recogen las aguas de laala^' ra de este nombre en un terreno escabroáisioMi^
V£l.lt£XTB OCCIOBNTAL. 30i
iqnel por Heroanpérez (298 bab.), Santibáfiez el At*
ta (665 hab.), y Huélaga (157 hab.), y esta por HofOB (1,9S0 hab.)« Perales (870 bab.)> y Moraleja Í1.436 hab.) , poblaciones las dos última» unidas por ei caaiiao que salva la sierra por el puerto de Pénies, vuelve á atravesar un terreno casi tan áspero como el de las üurdes, siendo el rio intransitable escepto entre Zarza la Mayor (3,315 bab.), y Geclavin (5,266 hab.), en cuyo camino puede vadearse en Teraoo. Al N. de Geclavin, nombre significativo del magnffico viQedo que se cultivaba y aun se cultiva en gran parte, rompe el Alagon aquel contrafuerte compuesto de dos lineas de montes que se desprende de Péna García y antes de la Estrella , haciéndolo entre la Sierra Alta y la de San Pablo que cruzando después la ribera de Acebucbe, afluente de la derecba del Tajo, se corre por la misma á unirse ála sierra de Serradiüa,
A los 166 kil. de curso, impetuosísimo en invier- 00 y constituyendo mas que por su caudal por el brranco en que corre un obstáculo muy difícil de salvaren la última parte, llega el Alagon al Tajo agua arriba y muy cerca de Alcántara, sin mas puen* tasen la región inferior que el de Coriatinátil según ya hemos dicho.
Alcántara (4401 hab.)« plaza de tercera clase en hsfitante mal estado , se encuentra situada en la falda de uno de los pequemos ramales en que termma aquel estribo que cierra la cuenca del Abnonte por
, 302 CAPITULO IV*
«1 0. y se abre en las Navas del Madroño en barrancos profundos cuyas aguas vao al mismo Almoaie é al Tajo. AsiCijLa, pues, ea la orilla izquierda y úene para su comunicación con la derecha el poaite.dB Alcántara» en que la grandaza de ¡a maleria rence ü¡ primor del arte , según dice una de sus insaipcio» nes, poeníc ipii' es uno de los monumentos mas bellos con que Trajano dotó á su patria , y que bs vi* cisiturles militares porque esla ha p .sado posterior-' mente han tenido en un estado lamentable de abandono. Cárlos V lo reedilicó en 1543; pero rolo ea ilOl por los portugueses y en 1810 por los ejércitos aliados, ba estado de nuevo interceptado ú basta este mismo año de 18ü0, en que ha vuelto á quedar espedito en gran beneficio de los pueblos di llstreinadura.
Algunos kil. por bajo de este puente afluye por la derecha al Tajo el rio Éljas , Élgas ó Érjas en portugués, el cual naciendo en la sierra de Jalama atlk de Éljas (1,577 hab.) , y del puerto de Vaiverde áá Fresno (1,521 hab.), que comunica el vaUe deatü no con el del Agueda, corre gaut^ralmente de N. áS. separado del Alagon , ó por mejor decir de la Ritoia de Gala, por un estribo de Jalama que se estiendft al S« á la sierra de Espíritu Santo y ¿ un ¡wm tf* cabroso unido al contrafuerte de Pena García á Serradilla. Corta á este también el Éljas por Moníod^ bo (70 hab.], primera población portuguesa ácoyi iuaicdiücioa pasa el rio que desde muy cerca
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VBBTISNT& OGClDENTjlli. 3G3
orígea empieza á servir de límite de las dos monarquías para pasar después entre los antiguos castillos
de Peñafiel, pró:x!mo á Zarza !a .Mayor, y de Salvaterra do Estremo (620 hab.) , y junto á la villa do Segura (548 hab.) , donde existe un puente para ia comuoicacioa de Gastello-Br^nco con Zarza la Ma-
yor, Coria y Plasencia, y con Piedras-Albas (583
habitantes) , lugar vecino también al rio.
Desde la desembocadura del poco caudaloso Éljas , sigue el Tajo encerrado siempre entre las montañas de la Btira , cuya aspereza hemos tenido antes ocasión de manirestar » y la sierra de Carbajo« estribo (le ¡a de San Pedro, por cuyas faldas orientales corre el rio Salor que baja de la cordillera por la Aliseda (1»145 hab.)t donde lo cruza el camino de Badajoz á Alcántara; Ilerreruela (608 bab.) , Saloríiio (1,958 hab») » en el camino de Valencia de Aicántara á Alcántara por el paerto deCáceres; y Mem* brío (1 ,820 hab») En las occidentales se encuentra el TtUe del Séver, rio fronterizo también con Portugal, el cual desde la sierra de SanMamed ó Mamede corre ai K« O, recogiendo por la derecha los arroyo9 que descienden de las sierras de Vicente y de Carbajo, y entre ellos el David, que pasa por Valencia de Alcántara (4,751 hab.) , y al pie de su castillo, opuesto á la plaza portuguesa de Mai \ao (1,220 habitantes), situada sobre una escarpada montana, el Mtfmmm «mor de los antiguos, ramal de San Ma« mede que diviclieodo aguas entre Sé ver y rsiza, di-
91)4 CKPnULO
jimos iba al N. E. á unirse á la sierra de CubajOb
cruzado por el Sév er, El Séver, tanto antes como después de la ruptura de este ramal » oorre soUtario pir un valle inculto hasta que da sus aguas al Tajo, donde éste concluye de servir de frontera siéndolo en los 46 kil. de su curso entre las confluencias sujas con el £ljas y el Séver*
Aqui se encuentra el término de la repion fióla del Tajo como lo es de la zona militar mas importante de su cuenca , y vamos , por lo rntasio, é detenernos en la enumeración de sus condioonei mas esenciales en la guerra.
Hemos mn ni Testado que solo una carretera recorre d valle del Tajo , y lo cruza después para estaaderse ¿ otra cuenca, la del Guadiana. Esta carretera t llamada de Estremadura, sale de Madrid; ieca al Tajo en Talavera; se separa de él por ser imposible seguir las orillas á causa de su escabrosidU; lo cruza por el puente de Ahnaráz, y remonta áTrujillo para salvar la cordillera Oretana en el puerto de Santa Cruz, y bajar después á Mérida y Badajox. Un camino carretero existe , según también heaiof dicho, de Toledo á Talavera, el cual se une á h carretera cerca del puente del Albercbe; pero se ¿a* lia en mal estado , aunque ia buena calidad dd ffl^ reno ha permitido en varias ocasiones operar por A Pero sea el que quiera de los dos caminos el qlB haya de sei^uirse en una marcha húcia la regios i:entral del Tajo, el Alberche es el primer obstácái
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▼BATIBMn OOdDBlITAt. 360
que se encuentra ; el puente do madera próximo á jTalavera el paoto por donde conviene salvarlo, yTa« lavera de la Reina el primer objetivo de la operacioa, y de consiguiente» la base del cuerpo que haya de
oponerse á ella.
De Talavera no parten mas caminos practicables para la artillería que la carretera de Estremadura^ Siendo los de la orilla izquierda del Tajo que arrancan del puente , transitables solo en circunstancias estraordioarías y defensivas pues que conducen al territorio de la Jara, muy difícil de atravesar, y dirigiéndose los de la derecha al Duero por terreónos fragosos y desfiladeros como el de Moiiibeltran. El puente del Arzobispo se halla fuera de la carretera; pero aun situado un ejército en él so encuentra en condiciones scmojnntes á las que acabamos de atribuir al puente de Talavera. Por los caaÜDos de la izquierda del Tajo se ha operado en (iileccion de Cstremadura , pero ya hemos dicho cómo y en qué circunstancias ; pues un año después é pesar de batir el ejército francés al español en el puen* fe pasando el Tajo impensadamente por un vado» no
be atrevió aquel á^pruscguir la victoria.
Es necesario , de consiguiente , seguir á Oropcsa é intentar en Almaráz el paso del Tajo. Este es el puülo importante y el que coaviene asegurar fücr* tanente para detener la invasión en la derecha del rio, (Je esa £;ran barrera con que la naturaleza ha querido cubrir nuestras provincias de Estremadura.
366 CAPITULO IV,
Antiguamente existin en Alconeíar uo puente para la vía Argéntea, roto hace mucho tiempo, comapoa* teríormente ha estado el de Alcántara v aun el rmsxnode Alaiaráz; pero la pérdida de aquella calzada y la falta de camino de Alcántara á ftidajos baón se rcconnentrase en Ahnaráz la importancia toda de Ja gran línea del Tajo , llevando á aquel puente el mino de Salamanca para establecer por él una comunicación fronteriza entre l^adajoz y Giudad*fta« drigo.
Asi observamos que en h campaT5a de 1710, Felipe V con ocupar el puente de Almaráz, evitóla tiDion del ejército de Portugal con el del archtdaqod Cárlos, venciendo á sus enemigos con solo esta ope^ ración. Staremberg ocupó á Toledo; fingió fortificarse en la ciudad para esperar en ella la deseada incorporación de los portugueses, con la que era segara la victoria; pero la falta de caminos, la necesidad oooaguiente de forzar el paso de Almaráz y la imposibilidad de hacérlo ya» le obligaron á retirarse á la ragkiii alta del Tajo. «Entonces fué cuando Felipe, dxcéé ^historiador Go\e, guiado por la habilidad y destreza »de Vendóme, adquirió una superioridad verdachii» ji mereciendo este cambio de íortnna por su valor, » previsión y energía. Al primer aviso de la reticadl »dcl enemií^o, se puso en movimiento su ejércilOt; •molestando mucho á los aliados, y en tanto que esto •hacia Vendóme, entró Felipe en Madrid donde leiüi ♦.perabaa las felicitaciones y aplausos de su pueblo»!^
TmiBim occu>EirrAL. 307
^Tuvo tal alegría M. de Vendóiae, dice á su ve« un »h¡8(oriógrafo de este príncipe, de que S. M. hubiese «ocupado el piio^to do Almaráz, que desde que llegó Aá Bayona le había parecido de grandes consecuenidas, que le d jo: Sñwr^ V. M. ha obtenido mas glo- »r¡a en ganar este puerto» que el archiduque en haber •alcanzado la victoria eo Zaragoza.*..» Pop su parte el marqués de San Felipe, en los Comentarios de la guerra de Espafia, dice: «Esta disposición y acampa* MBeoto salvó á la EspaQa, porque no podian ya por •parte alguna pasar el T.^jo los portugueses; y aunque «estaba poco distante el puente, que llaman del kv*- ■iob¡spo,yel de Alcántara, todosestaban fortificados »y bien guarnecidos, y guardaban otros pasos el imarqués de Bay con la mayor vigilancia.»
Stareiubei g, seguido de cerca por el ejército real y iiostigado de continuo por las guerrillas de Braca* iDoale y Vallejo, pasó el Henares en Guadalajm a y so iolernó por la cuenca del Tajuüa en dirección á Zara-» Ligábalo á Sianhope, que mandaba 6,000 ingleses, una partida numerosa de caballería que cayó ^ poder de Bracamente, con lo que este generaU ^SBorando la posición de su gefe y la de sus enemiios, creyó deberse acoger la noche del 6 de diciemIw^en Brihuega para pasar después de día el Tcijufía. Pferoá la inarinna siguiente se encontró complelaíAieiiaislado y sin poder pasar los puentes ni un vado di eiistente que víó ocupados por las tropas de don ^olipe, las cuales le asaltaron vigorosamente antes dd
B6S CAPltCLO IV.
qae pudiera Hegar i 8u socorro Starembcig, j Im
horrenda carnicería lo vencieron é hicieron prisione* ro coa 4,tíü0de sus subordinados. Pocos moflieoitf después de entregar su espada el general inglési a^ cuchaba el eslaiii¿>idü de los caDones del austridoo que le anunciaba .su llegada, tardía ya.
Tenia éste ánimo muy levantado, asi que no dei» mayó por tal contratiempo, formó su ejército en ufloi ribazos y colinas vecinas i Villaviciosa, y se prqmii esperar alli la noche para i líi ru so desahogaa^mente. Comprendido su objeto, fué atacado eo la tarde del 10 por el ejército aliado que temía pudiera es» pársele presa tan codiciada como la de las tropas veocedoras en Almenara y Zaragoza. Indecisa estuvo li victoria por el escesivo ardor de la caballería española, que mandada por el marqués de ValdecaúaSt arrollando la izquierda de los tudescos hasta una dii* tancia que la dejó inútil para el resto de la batalla. Esta iba desfavorable á los españoles y fnuioeses en el centro que trataba de romper el alemán, la cual hubiera conseguido sin la decisión L l uica delúfi oficiales que estuvieron gran rato combatiendo cosa soldados en vez de ios suyu» i^ue ya abaudunabaii el campo.
Vino por fin la noche, y Staremberg decidió api#- • vecbarse do ella y abandonar Castilla, lo cual pudo hacer á favor del cansancio de las tropas espalflhi
que tan nido choque habían ieuida ^uc suportar ol día anterior»
mnBNTB OGCIDBXTAL. 309
«Esta es, dice el marqués de San Felipe, la céle-
»bre no esperada batalla de Villaviciosa, ganada con >ua tercio menos de gente, arrebatados los laureles »de k» sienes de un ejército vencedor , que cuatro )»meses antes creia haber conquistado la Espafia. )>l)eotro de ia misma Castilla dejaron las naciones co* i>lií?adas cuanto pillagey saqueo habían hecho de los »iaíseros pueblos y de los profanados templos, por- ^> ¡ue don Joséph Vallejo que estaba adelantado á las » encrucijadas de los caminos con una jjartida de canballería, cogió los bagajes de todo el ejército (Van« udótna restituyó el suyo á Starembergh) y 3,000 priusioneros, sin los que se hicieron en el campo y en »1as cercanías de él, donde quedaron muertos 4,000
udel ején ito del rey Carlos y CüOÜ prisioneros, y se allomaron veíate piezas de canon, dos morteros, seis ^timbales 7 treinta y siete banderas: en fin, de un i^jército de mas de 30,000 hombres quedaron 6,000. »
La ocupación del puente de Almaráz por Felipe V fué iwdudablemonto la causa principal y feliz ia campaila, y el error de marchar separados títarem* I>erg y Stanhope en circunstancias tan críticas, la de su desenlace y término en Brihuega y Yillaviciosa, lieddieodo el éxito de ia guerra y afirmando en las sienes de los Borbonesla corona cspauola.
Vemos aquí la importancia del puente de Almaráz y la de la comunicación con Salamanca por les puertos de Baños y Perales, por donde bajó á Plasencia el ejército español; pero mas patente ha de quedar toda*
tono II. u
37U CAHTÜLO IV.
vía en la sucinta relación que varaos á hacer de loá sucesos de la guerra de la ludependeocia.
Para esto es necesario estender nuc.-tras obsma' cioues á toda la región descrita, abrazando las dos » ñas en que la hemos dividido; la superior, dominante en contacto con la Vertiente Oriental y en comoai' cion con la provincia de Soria de circunstancias tai esenciales militarmente; y la central» donde el Xi^i forma una línea que pasa por ser de las mas impcr tantos de la Península» tránsito preciso para las gro* vincias meridionales.
Mas que por el caudal de sus aguas es imponente el paso del Tajo por la condición áspera de iatrib^ ras» pues que si bien es vadeable frecuentemente ei verano hasta Alcántara, el profundo barranco de fO» casen que corre generalmente encerrado, impiden comunicación de una orilla con otra. Por es» tai puentes que lo cruzan son tan interesantes, mucb^ mas si se considera lo escaso de su número»
Hemos señalado todos los existentes actualmeote; pero aun entre ellos solo los de AuOon, FueotidaeSat Aran] ue/, Toledo, Talayera, del Arzobispo, AluiafciJ Alcántara, pueden mQuiren la marcha y éxito de Itf operaciones militares; los dos primeros en la direccí» ád Cuenca; los dos que Ies suceden en la de Aadilu* cía, y los demás en la de Estremadura y Portugal los cuatro primeros constituyen una línea de opera* dones aparte de la que forman los restantes por efe^ to de las montañas que presenta entre ellas la conü*
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llera Oretana; pero ambas líaeas tienen su base en Ma« drid, yesla capital es el objetivo hácia que han de dirigirse las que partan de las provincias mencionadas.
Hóaqui por qué Madrid, á pesar de la insignificancia que se le quiere atribuir por algunos escritores es y será mientras subsista en las actuales coadiciones, el centro militar de la Península como es el geogralito y el político y administrativo.
Las dificultades que presentan los caminos de Cuenca en la izquierda del Tajo, como las del paso del Tajuua, Jarama y Henares en la derecha, hapen díflcíles las operaciones en ese sentido; lo poco accidentado del terreno en dirección de Valencia y Andalucía y no necesitarse mas paso que el del Tajo y ea un caso el del Tajuna, hacen aquellas mas frecuentes por los puentes de Aranjuez y de Toledo. £n dios está concentrado el interés de las campañas de 1809 y de ellos salió el ejército francés que causó el desastre de üciés, á pesar do hallarse el campo de batalla en dirección del de Fuentiduefia. Aqui las orillas no son tan escarpadas como mas abajo; es la zóoa en que puede verificarse el paso mas fácilmente; pero en caaibio la vigilancia de Madrid es inmediata y esto constituye» aun con la falta de buenos caminos paralelos al rio, una gran ventaja para de^ tender el paso de este desde la orilla derecha.
Hemos señalado las distintas condiciones de los
pncntes de la rc¿i¡on central del Tajo espücadas, por
otra parte* con solo decir que es una sola la comu*
372 CAPITULO IV.
nícacion general y uno solo el puente qne la btos
practicable; siendo los demás accesorios é influyentes en la gaerra solo en sus episodios qne, como es sabido» son tan varios y frecueates. Esta comunica* cion se enlaza con otra que, aun hallándose en muy ' mal estado, conduce á formar coa aquella uu sistema militar de traslación; es el camino que recorriendo d valle del Tiétar se dirige desde Escalona á Plaseocía y Coria y desde e^ta ciudad pasa por ta orilla .recha del Alagon al vecino reino de Portugal para ligarse al de Gastello-Branco á Santarem y Lisboa, al cual se halla siempre ea contacto, al principio con h carretera por caminos trasversales no muy difidies para la a: tUIei ía, y después con la barca de Alconetar, donde luego existirá un puente para la carretm (k i Salamanca, y con el de Alcántara, hoy ya practicad. I Este camÍRo es tanto mas interesante con especia!:- ' dad para operaciones de flanqueo, cuanto que «I N.j tiene siempre un abrigo impenetrable eo las aspext^ ras de la cordillera Garpetana y pasos frecuentes po^^ ella á la cuenca del Duero. Sus condiciones faro-j recieron mucho á los voluntarios y lanceros de Cr^i zada del valle de Tiétar que estuvieron un gran «y pació de tiempo molestando é interceptando IoscchI voyes para los franceses uo Estremadura y hosfigarl do sin cesar al general Hugo, blanco de todas \M guerrillas. I Mapoleen » al abandonar España en íSOd^ de;| ordenado un plan general üe caiiipana ¡>ara la 5t'I
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imsioQ de toda la península. Habrá de conquisiar Soalt i Portugal, y ya sabemos cuales fueron los re* suUadoa de aquella espedicion; Ney debía aometer
completamente la Galicia y AstUiias, que muy pruu-
io tuvo que evacuar abandonado en San Payo y ain amtlio alguno de su colega acabado de mencionar; el ejéruito que ealoaces sitiaba á Zaragoza t una vez conquistada esta plaza, quedaba encargado de suje-*
lar a Valencia y toda la costa oriental, lo cual uo {Mido veriñcarse hasta 1812; el mariscal Víctor con 8QS tres divisiones , doce regimientos de caballería y UD tren de batir habla de eacaoiinarse por Estreandara i Sevilla y Cádiz y dominar el Mediodía de
Espaaa ligándose en Badajoz con algunas tropas de Soott á quien se suponía conquistador y dueüo pacffioo de Portugal; y por fin su hermano JosécoD 50,000 hombres contendría á Madrid , vigilaría todas las avenidas por la parte de Andalucía y la Mancha y apoyaría ¿ Víctor en su difícil cometido. 2Bte plan que muchos caUfican de sábio nos atreve* mos á creer nosotros que pecaba de fiailta de cono* cimientos geográficos ó de ignorancia del espíritu del país y de desprecio respecto al valor de sus habitáis tes; f bs sucesos dehim demostrar Mm pronto wm ficU Ueraá Napoleón ser dueño de Vienaf hácia donde SB dirigía ti dejar presoito su proyecto, qm é m $eiurales traspasar las kneas del Tajo y del Duero,
Hemos indicado el resultado de algunas de las partes de aquel vasto plan y ahora vamos á espoeer
3^4 CAPITULO m
fas diferentes peripecias de la campaña de Víctor, et cuanto ^eaa propias de este lugar y dea á coDooei U» condiciooes mflitares del campo de so aoden, por si corroboran nuestras anteriores observaciones é muestran camino para otras mas instructiTaa*
Víctor se encaminó el 15 de marzo á Talavera; flanqueó las posiciones de Miravele haciendo pasar huB tropas por los puentes de Talavera y dd Aml» po, se^^un ya hemos dicho, y se trasladó á la cuenca del Guadiana después de agregársele la artíUeria que había pasado por el puente profisional de Ahnaris»
A pesar de reunir un cuerpo numeroso de trojpas y de haber alcanzado la victoria de MedeUio, deüh
vose allí contenido por los sucesos de Portugal, tan tristes para Soult, y el levantamiento de todo el fm é 00 firente y retaguardia, el cual le tenia incomool' cado y perplejo. Manteníase asi temeroso siempre de verse separado de Madrid , vigilando celosamoiito los pasos del Tajo amenazados por los guerrilleros, coando recibió órdenes de replegarse á la dereáia ^ de aquel rio para contener al ejército inglés que 'm ^suponia remontándolo con el fin de oponerse i h marcha de Victor sobre Andalucía.
Y efectivamente sir Arturo Wellesley de vuA^ de 8U espedicion victoriosa á Oporto ydeadeAhm* tea, donde habia dado algún descanso á sos taoftib se dirigió el 29 de junio á Cortijadas, Sarzeda, CastéUo Brancoi Gibreira, Zarza la Mayor, Goriii;y füip aencia, donde entró con la vanguardia el 8 del tfí^
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\EUTIBNTE OCCIDENTAL 375
«guíente» mientras don Gregorio de la Cuesta se sitúa*
ba desde el 20 del anterior en las casas del huerto de Miravete observando á Victor que do Plaseacia fué replegándose á Talavera.
Avistáronse los generales aliados en el puerto, y . aooque no pudieron salir muy satisfechos uno de otro
pomo haberse comprendido personalmente, el inglés y el general O'üonojú, gefe de M« de Cuesta, fijaron un plan que por lo interesante copiamos do fai obra del conde de Toreno; sicado su enunciación la que mas nos ha satisfecho de cuantas hemos leido:
crSir Roberto Wüson, dice, con la fuerza de su man- »do y dos batallones que Cuosta le proporcionaría ufaabia de marchar el 16 por la Vera de Plasencia con MÜreccion al AlberchCi ocupando hasta Escalona los tpoeblosde la orilla derecha; el 18 cruzaría el ejér- *cito británico por la Ba2agona e! Tiétar, en que se «había echado un puente provisional, y dirigiéndose Bpor Majadas y GenteniUo á (h-opesa y al Casar, había *de estender su ¡/.quicrda hasta San lloman y poner- 166 en contacto con la división de Wilson. El ejército aespafiol de Cuesta cruzando el 19 el Tajo por Alma- »ráz.y Puente del Arzobispo había de seguir el caaiDHio mi de Talaverat y ocupar el frente del enemí* •migo desde el Casar basta el puente de tablas que nhay sobre el Tajo eo aquella ciudad, mas procuráoslo en su marcha no embarazar la del ejército ahado. »Iaíiibien se acordó que Venegas, cuyo cuartel genewal estaba entonces en Santa Cruz de Múdela, y que
376 CAPITULO IV.
ndependia basta cierto punta de Cuesta» avanaiM fl
fuerza del general Sebastiani no era superior i h
»auya, y que pasando el Tajo por Fueotidueila m pn»
))S¡ese sobre Madrid, debiendo retroceder á la sierrd »por Taraocoa y Torrejoocilio» ea caso de que acui^ ludiesen contra él tropas numerosas. Agradó estepin «por lo respectivo al movimiento de Cuesta y de 9 ingleses: no pareció tan atinado en lo tocante i »negas cuyo ejército alejándose demasiado deloaatro »de operaciones, no podía fácilmente darse k oMie »con los aliados en cualquiera mudanza de plan «hubiese, ni era posible acudir ooo prontiiiidenai » auxilio, si aceleradamente caían reíorzados sdiie¿ »Io8 enemigos.»
Principió felizmente la operación tras las mt^ lumbradas quejas del general inglés exigente síemyit sobre la dificilísiaia provisión de sus soldados^! el 22 de julio despiies de algunas escaramuzas, fM*
vocadas por los nuestros bizarramente, se acogíaükfi franceses ¿ la izquierda del Albercbesituándoseeniii alturas de Cazalcgas, y cubriendo el puente coa uü¿ división y numerosa artUleria» WeUesley loe qsiü
atacar el 23, pero por razones hasta ahora desconocí*
das y cuando ya estaban puestos en movimieiita ios diferentes cuerpos destinados al ataque, el general Cuesta se negó á que se verifícára, á pesar de su fK^ rito de dar batallas campatos* Renació este al retRi^ se los franceses al día siguiente por el camino de Toie^ do» y Cuesta los siguió áCeboUst Santa Oialla jJmá'
VERIltMJi OOiiOüMAL. 377
jos; pero abandonado de su colega, el cual se queja eo sus despachos de hallanrlo cada vez mas introMle y de mmponbk iodo mmto con il é memio el éstito de cual- /fuiera operación en que tortie parte, se vió obligado á reinarse aate los franceses (jue conccntraado todas sus faenas lo arrollaron en Torrijos y Alcabon. Veíanse* poes, ahora los aliados que tuvieroa ocasión de der* retar i Víctor el 23 en una batalla ofensiva do éxito seguro» sujetos á buscar abrigo en posiciones defensivas en la derecha del Aiberche, en las que los 25»000 hombrea de )iquel mariscal reforzados por el cuerpo de SebasLiani, que abandonó la Mancha delante de Veoegaa» V P^^ ^ reservas que llevó en persona el pretendiente José, componiendo un total de 50,00(1 soldados aguerridos y bien mandados, pudieron dar UD golpe fotal á la independencia espafiola.
Por fortuna el ardor algunas veces irreflexivo de los firanceses, que no quisieron esperar á que ae 11o*- vase i cabo oportunamente su plan, que consistía en avanzar cuando los cuerpos reunidos de Soult, Ney y Mortíer deaceadiesen por el puerto de Baños á espal* das de los aliados, y arremetieron furiosamente el oerro de Medellin en que se apoyaba la izquierda ingles, clave de la magnífica posición que habian escogido ios anglo-españoies, dió á estos una victoria diapulada tenazmente durante la noche del 27 y lodo ^88 y comprada con pérdidas casi iguales á las de aua a;iemigos.
ia poeieíoo de Ibhvera, cuya aola deccioo hoii^
378 CAPITULO ]T«
raria al general que en ella supo ganar la dignidad de capitao general de nuestro ejército y el titulo de Uaá vizconde Wellini^ton de Talas era, síím) fuese ese su genio especialf merece una particular descripción » a Lien ligera, pues como entonces yantes ha sido teatr de rigurosas luchas, lo será siempre que operen tmpai beligerantes en aquel trozo del valle del Tajo. Lo hemos examinado personalaiente con el mayor det^ nimieoto, hemos trasladado al papel la proyeccbn de su terreno, y cada vez hemos admirado mas su relieve y 8U8 accidentes para una batalla defensiva, a» como la irreflexión con que atacó Yictor que loba* bia recorrido frecuentemente y estudiado ooq anterioridad , previendo sin duda íuluros acooiecimientos que se habian de realizar muy pronto pn ' desgracia y descrédito suyo. Este estudio de Victor sobre el terreno observado con admiración por ks { naturales del pais, le honra sobreaianera como boa ra su elección ¿ lord Wellington, y justifica el dtíeot aii'MUo con que ocupamos de él á nuestros lecloref Ya hemos dicho que entre los PeOascaies da li Atalaya y el Tajo se eleva un lomo de que foniia par- I te el cerro de Medellin. £ste lomo se estiende (k E. á O. desde la orilla derecha del Alberche y ho^ j que de Salinas, donde estuvo lord Welhngton ptfi caer en manos de los franceses que arrebatadaiseDia salvaron el rio, hasta cerca del Casar de Taiav6n¿ pero se interrumpe dos veces; la primera porei Bm^ tiOa y poco después por una regata casi siempra s^i |
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entre los que queda el mencionado cerro. Este, • do Uáu saaves á N.S. y 0., se liga por el primer rombo y por un collado suavísimo que separa ambas corrientes que aparecen como en un mismo valleciUo á ]o8 PeOftscalest lomo abrupto de rocas escarpadas (Je faldas iiupracticables para la artillería y la caballería; y por el segundo, esto es, al S., ¿ sua* vés eminencias que vao confundiéndose con la llanura en que asienta la villa deTalavera, cruzada por el hutílla y bafiada por el Tajo en curso invadeable ififcrrumpido por presas y molinos. Al E., el cerro de ÜedellÍQ ofrece unas caídas rápidas, impracticables tti gran afán y cansancio; y á su pie serpentea el Portiüa, arroyo poco profundo en verano pero hon« émmto encauzado, interrumpido unas veces por rocas y otras deslizándose por lecho fangoso y rcsbala- <üzo, á causa del musgo y las yerbas que lo cubren.
En la opuesta orilla y frente á MedeUin, con caí* <las semejantes al Portiña, se alza, si bien á menos litara que la del cerro, el principio del citado lomo coronado de una ancha meseta y sua\ emente incUna* do isas dos flancos, estando cubierto el del S. de OBvares que se estienden basta las cercan/as de Talayera.
Los franceses se apoderaron de esta meseta y se
atendieron por los olivaros hasta cerca de la ermiia de Nuestra Señora del Prado , ocupada por la dere* cha de ios espaftoles y cubierta de una fuerte batetía. Los aliados se estendiau desde la ermita y Tala«
)B0 cAmou) IV.
vera, qae (mbd al Tajo , por la derecha del VanfUá
y línea de eminencias en las que se empezó la con^- Iruccioa dd un reduelo ya hácia la izquierda. Maatenian esta ala los ingleses campados en el kxno qm cubría de los tiros lianceses el cerro de Medellin donde se formóla primera línea» dirigiendo la brtalla kml Wellíngton desde la parte culminante.
No pudiendo Victor forzar aquella terrible posi« don, trató de flanquearla primero por los pefiascah 1^; pero puesta la división española Bassecourtea ellos t cesó en su empello por aquella parte i diri» giéndolo á envolver el cerro por el pequello vallé j collado que hemos mencionado. También salió vaoa aquella tentativa estrellándose en la caballerte angla*
española, que arreaiclió furiosamente la infaníeria de Villate* si bien con graa pérdida por la ignoraa-^ cia de una barrancada que desprendiéndose de ks peñascales se abre hácia el Portilla iiaperceptíble* mente» á punto de hallarse hoy en parte cegada por la cultura do las heredades inmediatas, pero queofre-* oe á ios caballos un paso muy peligroso» por lo^qoe quedaron en él no pocos de los ingleses que no pih dieron saltarlo.
Los franceses no intentaron nada por la deiedba de los aliados , por donde parece se podia flanqoeir mqjor la posición , temiendo sin duda la defeosidfi los espafiolesen las casas y muros de la villa» asi ema
ellos no fueron molestados durante el ix^nbale por sa izquierda , por no atreverse el general inglés á haw
. TUTISMTB OOCIDVNTAL. 361
m movimiento que si teaia por resultado un desca« labro dejaba é descubierto su flanco derecho « y todo
m hubiera perdido ^ como dice lord Weilington ea su parte. Tampoco fueron los franceses perseguidos al levantar el 29 el campo, á posar de haber recibida los iogieses ua reíuerzo de 3,ÜÜ0 hombres que les llevaba el general Grawfurd» y de tener en Escalona y süure el üanco y retaguardia de sus enemigos al general Wiison, que había cumplido con las pres^ cripciones fijadas en el plan de campana y aun avanuao basta Navalcarnero con '^bresalto de la guarsicion francesa de Madrid y j ilbilo estremado de los hioílantes. Ignóranselas causas veruaderas de aquella inacción; pero generalmento se atribuyen al mo« vimiesto de SouH , de quien entre noticias confusas ae sabia bajaba por el puerto de Baüos con fuerzas cuyo número absolutamente se ignoraba.
En vez, pues, de prosc^-^uir á la capital iigándoso i Venegas que ocupaba ia orilla izquierda del Tajo» retrocedió lord Weilington á Oropesa el S de agosto, cloade supo el 3 que los enepíigos ocupabao á ísavaimoral de la Mata é interceptaban de consiguiente el
paso del Tnjo por Almaráz. Cruzó, en consucucncia, este no el 4 por el puente del ArzobispOt acogiéndose d^pues i Mesas de Ibor , Deleitosa y Jaraicejo, y cubriendo con la brigada Crawfurd el paso y los vados de Almaráz. Cuesta siguió sus huellas, y aunque batido en el puente por el descuido de no cubrir al vado inmediato por donde cruzó ia cabaiieria
8S3 CAFITULO IV.
de CaulÍDcourt, según hemos dicho en su h^r^pnos floaatenerse en Mesas de Ibor y Deleitosa. Costes*
láioose los írauceses coa mauleoer la derecha dri Tajo y suspeadteron sos operaciones, dirigíeodob fuerzas á puntos distantes; las del cuartel real, qt; babia avanzado de nuevo á Talavera » bácia d carpo de Alinonacid y las de Ncj á Salamaaca, eacu}: camino tuvieron un encuentro con las tropas da Wt^ son, que tras la retirada del ejército anglo-^ij se habia enriscado por la cordillera carpetaai pan acogerse á Portugal.
Tal iué ia campaña llamada de Talavera» aü»- mente concebida, pues que la larga marcha de lorJ Welh'ngton no ofrecia peligro alguno siguíe&do ^ orilla derecha del Tajo , por cuyos puentes podtí acogerse á la izquierda , inipenelrable á sus eoemi gos por entonces y cubierto su flanco con la lef portuguesa de Ceresford , el que se oaantenia u cordillera Garpetana cubriendo el puerto de M/^ como el marqués del Reino cubría el de Baños. F un principio fué también ejecutada con enefgttéis* teligencia , y sin la inconiprensíble vacilaciOD ^ Cuesta el 23 de julio , Victor batido y las daifii^ tropas francesas sin su apoyo, hubieran tciu^(¡'^' abandonar ia cfirte y todo el centro de £6pa¿i* siendo tardío y hasta perjudicial el moviaiiento Soult, pues encontrando reunidos y vencedoras i«« ejércitos inglés y espafioles de Cuesta y Ven^, /^'^ hubiera podido contrarestarlos»
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VBRTIKXIB OGCaOBNTAt». 389
Un ejércilo maniobrero y fi^il aun hubiera podido sacar fruto de la batalla de Talavera ; pero sabido es que no es esta la cualidad sobresaliente en el in» giés» asi .que victorioso y todo recogió el fruto de un descalabro perdiendo sus heridos de Talavera y el terreno que babia conquistado para volver á Portu* p]^ disgastado su gefa y con él propósito firme de no volver á Espaua mas que en circunstancias sumamente favorables, propósito que Uevó á cabo tenazmente basta 1812*
Grandes refuerzos venidos de Austria, donde habla concluido Napoleón la campaña victoriosamente, permitieron á los franceses seguir la conquista llevándola á Badajoz y aun hasta las puertas de Lisboa; y entonces la región del Tajo que hemos descrito no fuá teatro de nuevas luchas; pero considerándola como tránsito ó oomnnicacion entre las dos por qne se entraba en PorlugaU í'ué esmeradamente vigilada fortificándose el paso de Aimaráz y puerto de Miravete de la manera en que en otro lagar hemos apon* lado. Asi sirvió de segura comunicación entre la plaza de Ciudad Rodrigo y Badajoz , hasta que una espedicion inglesa destacada desde la frontera destruyó los fuertes, incendió los materiales del puente y dejó completamente separados los cuerpos fran* ceses que combatian en Estremadura jdo los que lo naciao en Salamanca*
Continuemos ahora la descripción física del valle del Tajoy en su tercera y última parte , según hemos
884 CAPITULO IV,
coaveaidoeQ dividirlo para mayor ciaridad de nuestras observaciones. Ya hemos dicho las dificultades
que proscrita el terreno (^e U orilla derecha , según las que el geoeral Foy espone en la espedicioa do Junot, pero nos falta el describirlas delaUadameole como necesi laníos hacerlo.
£1 Tajo desde la foz ó desembocadura del Elijas» continua en la dirección occidental que gencralm^te lidva en la parte media de su curso con las íoteirapcienes naturales al cruzar un terreno tan áspero como el por que se abre paso entre los estribos de las dos cordilleras que cierran su cuenca. La navegación que hace poco solo se remontaba hasta Villa* Velha, se esliende ya hasta la foz del E'ljas, término del territorio perteneciente á Portugal de modo que 6D este reino forma el Tajo ó Tejo, como allí es llnmn L , una barrera imposible de salvar sin los grande modios que consigo deben llevar los ejércitos nnme-
l'ÜSOS.
De la cordillera Garpeto-Vetónica se destaesn há*
t'ia su lado S. grandes raaiales, hijuelas de uno vastísimo que arrancando en aquellas sierras paralelas que dijimos ligaban la de Gata á la de la Estrella, constituye la verdadera continuación de la primera con varios nombres, si bien generalmente con el de ^
Serrado Muicula'. r-te ramal se estiende al 0. ba?- • tanle inclinado al S* O., hasta cerca de Abraotes don- > de cae al Zecere y al Tajo, formando sus coilas elevadas y ásperas. Vá esparciendo ramiücí|aoQes á
1 ,
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vntmin wanumiM 385 ' TOO y otro lado de su cresta, meodo las principales
la que se dirige al N. 0. á ü^aisc con lo sena d' Esli«Ua, cerraodo lo que se llama la Cova da üeíra eo el curso superior del Zézere, y la qire arranca al S*> y formando en VíJIa-Velba las Puertas de Rodáo, por donde pasa el Tajo» se estiende por el Aleñólejo enlrü los riüsSévcr y Niza y se liga á San Mamede.
•Así este último ramal, como los meaos notables que hemos dicho parten al S. de la Serra do Hora* dai, son á su vez también cruzados por algunos ríos, «Bueotes de la derecha del Tajo, siendo los mas im» pui taíiU s cIl^ estos el Aravil, el Ponsel y el Laca.
El AravU que nace en las faldas occidentales del eonlrafoerte que desde Pena García se estiende al Tajo, corre deN.E. á S. ü. por entre la árida meseta 4|ii6 forma la derecha dei Éljas y en que asientan ZiLicíra ^1,071 hab.), y Romaninhal (1,100 bab.), y un lomo elevado que con el nombre de Serra d* AImaCAo se estiende en la misma direcdon quo el rio hasta terminar en la Serra de Moníorte y en otro mésela interrumpida como la de la orilla izquierda por coh* ñas 7 barrancos abiertos al mismo Ara vil, al Tajo y d Ponsei. Eo este lomo tienen asiento Idanba á Yeiba (too hab.) con sus antiquísimos muros romanos ya por tierra, Alc-iiuccs (510 hab.j, Ladociro ^Süü habitantes), Monioite da &eira (1,147 hab.), villa de nkigosa fortal^ á posar de su nombro y de con» tarse en el número de las de Portugal, y Malpica (l,ai8 hab.)t en una colína á unos cuatro kiU del
fOMO lU S9
380 CAPITULO IV,
Tajo, y á media distancia entre el Aravil y al fm* sel. El Aravil no tiene puentes en ninguno de loe dos caminos que desde la frontera espajh)la coDdacen á Castello-Branco, asi que en invierno es omy difícil su paso por lo torrentoso de las aguas en la» que permaneció metido hasta el pecho el general borde, del ejército de Junot, miontras cruzaban los soldados de la columna que entró en Portugal p^d camino de Zarza la Mayor á Idanha á Nova.
El Ponsel ó Ponzul nace en la Serra de Monsanto, áspero y elevado monte al O. de Péna GarcÉ»
aunque algunos de sus afluentes de la derecha, de curso mas estenso que él, se originan en la serra d' Álpedrinba ó de Gardunha* donde arranca el ertribo divisorio con el Zézere. En lo mas alto del casi inaccesible Monsanto asienta el castillo , cuya fortaleia indica el adagio Mtmtmto, Monsanto , orejas de mab, el que te ganare^ ganar puede el mundo , y en la falda occidental la villa del mismo nombre (1,230 hab*) Desde allí corre el Ponsel al S. 0. á Idanha á No^t (1,930 hab.), situada entre los dos príocipalesafluea» tes de la derecha, procedente el primero de Pedragáo (580 hab.), y el segundo de Penaniagor habitantes) y de la pintoresca y elevadísima vila
de Alpedrinha (1,260 hab.), rodearla de quintas y • arbolados. Cerca de esta población y de su sierra ar* ' ranea un lomo que forma la derecha dd Ponsel al* rándose en su parte media la eminencia que sustenta el arruinado castillo y la ciudad episcopal de Casie»
VEUTÍhML ÜCCIDENTAb. 387
Ho-Branco (6,760 hab.), capital de ja Beira baja , y
pobldcion que por bailarse en un terreDo miserable y m Ja única comunicación con Espafia, encierra la ' importancia toda de la frontera en la derecha del Tajo. El Ponsel lame basta su desembocadura á loa 50 kil. de ao curso torrentoso y vário t las faldas orieniales del menciooado lomo, el cual va al 0. á unirse al ramal de la Serra do Moradal , que forma las puertas de Rodáo junto á Villa Velha (930 hab.), punto interesante de comunicación para las dos cueu* cas ooDti guas de) Duero y del Guadiana por los cami* ms que repetidamente hemos indicado antes
Paralelamente al Ponsel » y coa un curso proxi* mámente igual, desciende el rio Laca de la unión de la Serra d' Alpedhaba con la do Moradal, por uu terreno mas áspero aun que el de los anteriores valles. En el del Laca , rio que en va ríos mapas aparece oon el nombre de Ocreza , asientan Lardoza y otras poblaciones poco importantes; y por bajo de Sarzedas (2,511 bab.), y después de recibir los afluentes mas considerables» cruza el ramal vanas veces citado de la Serra do Moradal , abierto en la, parte alta, esto es, eo la derecha del Laca, por la Bortella das Taihadas, en el camino de Abrantes, por Sobreira Formoza (2,484 bdb.]t y Cardigos (1,2!0 habitantes), y en la mferior entre el Laca y el Tajo» por la Portellada Milliariga en otro camino por Per».
&(e ramal forran @1 L^mH^ o^id^nttd d9i Mdoj
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338 cámuLo tr«
territorio de C^6to!]o-Branco, uno de los mas difíciles de la íroQtera portuguesa, asi por la mala coodh f cíon de los caminos faltOB de 'puentes como por h 5 despoblado y desprü\ islo de recursos. También forf má en ios dos pasos de los caminos de Castello-firuh co á Abranles una posición defensiva de las mas forr roídables, solo practicable en condiciones cooio las en que se encontraba. Portugal en 1807.
Todo este territorio fué en 1762 el teatro de nuestra lucha con^ Portugal en la cuenca del Tajo, si bieii por la habilidad del conde de La Lippe » oficial rie* man al servicio de los portugueses, y hombre de estraordinaria capacidad*» se eslendió también á h izquierda'de aquel rio co:i objeto de hacer entradas en nuestro país y distraer la atención de nuestro t»|é^ cito. Detenidos Ids españoles entre Duero y MiSo por una parte y en Aluieida por otra, después de gloriosos hechos 7 conquistas que auguraban una campalü
feliz, penetraron L su vez hacia Castello-Branco, de cuya ciudad se apoderaron», avanzando. después á (Sarzedas y Sobreira Formoza. Esas mismas {kMício nes tan interesantes que acabamos de describir eafí estribo que forma las Puertas de Rodáo« detuviacDt A nuestros compatriotas, y si bien no fueron vencMíi por sus enemigos ¿ pesar de la guerra de puestos ia* cesante en un terreno áspero y diflcíl como i/fitk dirigida y auxiliada por oficiales y fuerzas inglesaSf •íempre presentes donde nosotros tenemos algoi ioterés peninsular I las terribles lluvias del otojiof ^
estado de nuestro paTsxansádo de loa aotéiíoree de*
sastras y faliro de los recursos de América , cuyas coflumicaciones estaban cerradas por la preponderanda
de la marina británica, obligó al ejército á una retirada por Gaatello-Braaco y Cibreira , que terminó é principios de noviembre acogiéndose á la protección
de la plaza de Alcántara.
Ya al O* del ramal cambia completamente el as* pedo del pais que se presenfa bastante igual » ameno^ cubierto de oaraojos y de toda clase de frutos sn las bamncadas y vallecillos que se abren al Tajo entre la desembocadura del Laca y la hermosa villa de Abrantes (4,647 hab.)
Situada en no pais rico, en pnnto si no faerte por sus muros y castillo hoy muy deteriorado , fácil de poMT eo estado de defensa vigorosa y útil, dominan* do el Tajo en cuya orilla derecha asienta y por la que comunica coa Lisboa, por una carretera nueva y có« flKMfa» y observando y ann mandando la izquierda del Zézere, Abrantes encierra en sí una importancia muj grandOf especialmente para los españoles, en ei caso de invadir el Portugal. Es cierto que se presea^ tan muchas dificultades para su conquista, noexis* tiMido buenos caminos por donde pueda llevarse le artillería mas que desde Castello-Branco hasta cuyas poortas ñsbe ll^ar la.carretera que se esta constru** yendo; pero aun cuando no tantas como Saotarso», liene Abrantes condiciones muy ventajosas en la mar^ dm de las operadones ofensívei contra Usboe. Osm-
300 CAPITULO nr*
prendiéndolo así lord Wellington en 1810 , trasladó á Abrantee el cuerpo de Hill que levaotaudo niMh vas fortificaciones , y relacionado con él por tn puente que se echó sobre el Tajot tuvo siempre eo jaque i los franceses que cootaban con tomar la tüi antes de pasar aquel río.
Hemos manifestado cuales son los prindpales estribos de la Serra de San Mamede y el rombo de al* guno de ellos á través de los rios Séver y íuza» afioentes del Tajo por su orilla izquierda.
El Niza, muy poco interesante físicamente , loes bastante bajo el punto de vista militar por su dirección paralela i la del Séver « y de consiguiente á h frontera; por los caminos que se estienden por su valle en sentido de esta como el de Villa Velha á to» talegre 6 perpendicularmente como el de Alcántara ¿ Abrantes, y por las fortalezas que lo domioan desde SQ asiento en la cordillera Oretana.
Tiene el Niza su origen al pie de San Mamede J cerca de Portalegre, ciudad episcopal (5>605 habitan* tes), antiguamente fortificada con muros y casfifi que hoy están cayendo en ruinas» é interesante por los caminos que en ella se reúnen según bemos di'
cho anteriormente. Corre después al N.O.por la li> mada Rivera de Miza» hermosa vega y dilatado cafl^* po rico en varias clases de frutos, en él que AüÍuM en la orilla izquierda la villa de Niza (2tl60 bab.)* co» yas derruidas murallas obstruían el paso del cMiM de Alcántara y Montalváo á Abrante^ y posición ¿ue*
TBKTIKffTV OCCIDENTAL. 391
na entre CasteUo de Vide y el Tajo, de loe que diste
unos 16 kll. pi üxiuianí! nte. Entran después las aguas tumeotadas coa Jas del i'igueiro, cuyo nombre lieva tambieii el Niza, en una callada que ee va profandizando hasta abrirse al bai ianco en que corre el Tajo, afinyendo ca» enfrente y agua arriba de la desembocadura dal Laca , por bajo de las Puertas de Rodáo.
Formando por la izquierda el vaiie del Niza se estiende al O. un ramal poco elevado hasta Al« paiháo (1,555 bab.) , en cuyas inmediaciones nace un arroyo que lleva su nooü^re y corre también al N. O. á Villa Flor (110 hab«) , donde desagua en el Tajo. Este lomo cambia después su rumbo por la iz* qoierda del rio y separa sus aguas de las del Ervedíil. Del mismo lomo descienden al Tajo algiuios arroyos tan insigniücaQtes como el de Alpalbáo , loe cuales cruzan él camino mencionado de Alcántara á Abraotes porGaviáo (1,234 hab.), el cual prosigue por la anisma orilla á Chamusca (2,800 bab»), Alpiaría (2,765 bab.), Almeirin (1,382 bab.)t y Muge (1,070 bab.) y Salvaterra de Mac^^os (2,140 bab.), en cuya dilatada llanura afluye el Ervedal á un brazo del Tajo, en lugjr ya próximo á la vasta ensenada que forma junto á lisboa este caudaloso rio.
El Ervedal, Sorraía, Zetas ó Zatas, por cuyo úl* timo nombre es mas conocido en Portugal , tiene su cuiM en una vastísima cuenca que con la del Al-
inangor, los valles del Erio y los mas pequeños que 4eide.la Serra d' Arravida so abren ¿ la ensenada do
sos ^ ckvmtct rf»
Lisboa por Aldea Gallega, Moita y AzeiláOt foraukiki Tajo hasta el cabo EspícheL Tiene $q orfgeo wcade Porlalegre y se dirige ai O.á Grato (1«260 bab.)» graa . priorato de la órden de San Joan en Pioriugalt'Ca|oa
caballeros la tuvieron fortificada. Recibiendo por ambas orillas arroyos secos en verano» liega ¿ Am (1,415 bab.)f fuera de coyos maros se racoenln é convento de la famosa órden militar que tomó nombre de aquella vilk, la oual asienta en la derecha M
rio Aviz ó Zafas, que formándose en la unión deba Serras de Portaiegre y Estramo^, baja por el pie da Ftooteira (2,016 hab.)* y nn terreno moy noeideola^ do, cubierto en general de cereales.
Ya en Aviz lleva d Ervedalia dirección & Ai^
y con ella sigue áCabccao (694 hab.), á cuyo frente, p^ en la orilla izquierda opuesta» aüuyen el Abaa* dafé y el Tera» que bajan de la plaza de Batremoi (6,377 hab.) , cuyas propiedades defensivas heoias , apuntado al describir la cordillera Oratana» y deSfs^ ra-Monte, lu2:arde la convención célebre de 1834 entre los realistas y los coostituciooates» pobtacioaes ambas situadas en la divisoria general y junto é la Serra d' Ossa. El Ervedal cambia después al ILO. á causa de uno de los estribos deesta sierra^oe vi 0^
jetándole por su orilla izquierda desde cerca de Vi-
míeu'o (1.260 hab.)» y ai revolver háoia el O* reciba por la^derecha las aguas del rio Sor ó Soto que aM en TulQ2La cerca de Alpalbáo, faldea por el S. el lofiia que dIjíflBoe eepacaba. las aguas del Tajo 4ti»iá ,
• r
TiBTiiNn oMoaimi». 393
Emdal; es cruzado en Ponte de Sor (1,523 habitantes), por !o0 camiooB de Abrantee y Saotarem i fot* talegre y Estremoz y Montargil por el de Sanlarem á Evora» y tras ua curao de 55 kii. entra á aumentar el caudal del Ervedal, agua arriba y no lejos de Erra (480 hab.) Por ¿n el Ervedai , después de dt^ar en la onlla derecha esta última población y la hermosa de Goruche [2^350 bab.), y á los 134 kil. de curso perenne aunque no muy abundante en verano* aQu* ye al Tajo al S.O. de la ya citada villa do Salvaterra deMs^os. .
La cuenca del Ervedal t aunque abuodanie en granos, es una de las comarcas mas despobladas y Instes del Alem-Tcjo y de Portugal. La irregularidad de los montes que separan sus diversos afluentes, elevados como de golpe y aisladameate sobre la superficie general del valloi no muy inclinado de suyo, y d calor sofocante ea un pais poco cubierto de bos« qoeSf hacen que algunos de los ríos ae detengan eo verano encharcadas sus aguas y despidiendo miasmas perniciosos á la salud de los habitantes, y quede de consiguiente, el valle desierto é intransitables ca^ si las comunicaciones que lo cruzan. Asi que dificiU mente pueden seguirse operaciones militares por esta cpenca.
m los españoles en sus diversas entradas , ni los tmoceses en la guerra déla independencia han pisado este territorio, en que solo los ganados encuentran ^inentc^porlo abundante de los prados j boénas
yerbas que en ellos crecen, y Bory de Saint-ViceDl hace de una parte de él la aiguieote descripciooi quft !é pesar de no ser producto de un reconocimieiiCo{ier* soQdlf conviene con ias demás que bemos estudiado, neodo la misma qoe hace Mifiano en su Dicciooaria.
«Lo que se llama Géaias de Ourem, dice, es uo ;<espack> situado entre la cuenca secundaria de que «acabamos de hablar (la del Ervcdal) y el Tajo. Va» lurios arroyos surcan las cimas casi desiertas entre las «que se descubren algunos pastos. Las cumbres ds «estos lugares ofreoen sobre el nivel de las parame* «ras mas ó menos estensas sombreadas por algunoi
«bosquecillos de carrascas y madroños, picos parli- «culares, y en sus hondonadas lagunas de aguas opluvialessin salida alguna para su desagüe, y oom» alantes en su nivel por la evaporación, lina £sodo- «mía especial y que nosotros sospechamos debe ser el
«resultado de volcanízaciones antii^uas , caracteria «Kcsta especie de soledad muy poco conocida , doodo «no pudimos penetrar , y que por las producciones «naturales que se nos han enseñado, ofrece, asi como *«los Algarbes y el espacio contenido entre el Gaidle ♦«y el mar, una grande semejanza con las iblas volcá* «nicas dei Océano Atlántico.»
El Alman^r ó Ganha por un valle muy semejet» |te al Ervedal en un principio y muy fértil y hermoso |ea su término « corre en dirección convergente i
aviuel, pues noí^endo al E. de Monte Bfor* Wm {2t747 hab.}t población ¿ 27 kil. y al ü. U. de£vo(««:
VERTIENTB OCCIDENTAL. 309
«¡toada entre huertas al pié de Monfurado que divide
aguas con el Sadáo ; se dirige al N. 0. por cerca de Veodas^Novas (370 hab.), sitio real de caza de los monarcas portugueses , por Gai^ha (600bab.)« que da nombre al rio, y en fín por Samora Correa (1,090 hab.), donde rinde su caudal al Tajo. La canretera que de Espaila conduce á Lisboa cruza el Almancor en Monte Mor ó Novo, villa con varios puentes por los que comunica ademas con Evora , Beja , Alcacer do Sal y Setúbal y punto de consiguiente muy interesante. Ahora existe un ferro«carril casi en la misma dirección, que arrancando de Barreiros frente á Usboa se estiende basta Vendas-Novas, comunicando ademas por medio de un ramal con el puerto de Se* tübal. Se pensó naturalmente en prolongarlo basta Badajoz, y aun fué este so priocifMd objeto al em* prenderse su construcción, pero últimaoieate ba obtonido está preferencia el de Santarem que salvará el Tajo en Punhete y cruzará la cordillera Oretana en la mmediacion de Portalegre para unirse después al que de Madrid conduce á la capital de Estrema» 4ora.
La única importancia del Erio consiste en supa* 80 pbr Rilvas á 15 kiK de Aldea Gallega (3,960 hablantes) , vüia situada en un pequeño goUo que fama el Tajo frente á Lisboa en el que se embarcan
los jMisageros que desde Badajoz se dirigen á aquella cqétalt distante otros 15 ktl» Los demás riacbueloa que desembocan en el Tajo, según ya hemos dicho.
300 CAMTÜUO IV*
80a muy exígaost como que la divisoria coa el&- dáo que termina ea el cabo E^chel está muy prtei* ma, hallándose cruzada por los caminos de Sctábal á Ifoita y de Gezimbra á Almada donde tarabieD m necesario embarcarse para pasar á Lisboa.
Volvamos ahora de noevo ft la orilla deradia dei Tajo» donde nos tienen qoe ocupar descripciones ¡Dterasantes y narracioa de aocesos imporfantbiim
como que esta parte liltima de la cuenca ha sido teatro á priocipíoa del aíglo presente de ios nm vita^
les para la ¡[^(lc{)endencia de Portu.qal. •
' La cuenca del Zézere está formada por ia S^m d' Estrella y continuidad de la divisoria hasta Oowffl y Serra d' Aire paralela á esta y que se raauáct ¿ S«B« báctael Tajo limitando la derecha del ríolUia*' último afluente del Zézere, y por la Sorra do Mor»* dal y BU continuación al N. de Abrantes hasta Pknkte en la desembocadura de este último rio. La Sem Estrella cae rápidamente sobre la derecha éál^ sere^.mostrando un terreno asperísimo de rocas,; apenas habitado^ basta qua ramificándose psra ntfih rar del Zézere las aguas de su afluente ya citado presenta desde la ^^rra d* Alvayaosfeon caridero^ suave y desciende paulatinamente al S. por terre/i^- laborable hasta la Senra das Otaías y proaíaMM^flti Tajo. La Serra do Moradal mucho mas baja y seestieode paralelaoiente á la d* EslreHa y laon
■ Zézere ramales poco accidentados hasta la desemto*
cadura del Para» en cuya vecindad cierra k Cobi <b
ymnMKn ocaoiiiiit. 307
BdiiB» el que dijiau» se ligaba á otros estribos de la Estrella. D^e aquel punto' vá también deprimiéii<» dose por el fértil territorio de Abraotes á cuyo y jK. o. corre el Zézere por un valle ya fértil y pinUh iresco.
El Zézere nace ea la Serra d' Estrella cerca de donde tienen también *sus fuentes el Moodege y ei AIba« aunque en opuestas faldas de la montaña. Cor* re al {nmcipio bácúi el N« E« por Bfanteigas (3«073 luh bitanles), parale)nrnrn(e ai Mondejo , pernal poco ti^po» al llegar cerca de Beimoate (i444 bab»), cunbia al S« O. basta su desembocadura, si bien en la última parte de su curso se inclina bastante al S. Bel* ttOfiíte'^e halla situada en una elevada colina de que se avista un gran espacio del valle y en el camino de Guarda, de que dista unos 16 kiUt ¿ Govilbá de que está apartada otms tantos. ^ Abundauteaieüte provisto ya da aguas con las que • descienden de las dos sierras que cierran su cuenca .por barrancos y vallecillos cubiertos de boscjne y siempre frescos y amenos» sigue el Zésere desde Betr noBte y pasa á 2 kiU de Covilbi (6,951 bab*), una délas poblaciones mas antiguas do E^ortugal» situada ooK »a castillo á manera de anfiteatro en un estribo meridional de la Llstrella y entre dos arroyos qu3 mueren sus fábricas de paOos y fertilizan un terreno «abierto de granos, viñedos, olivares y frutales. El \aUe lleva ya el uombre de €ova da B^ra, y á él ae por la orilla izquierda varios otro5 pequefios, *
398 CAPITULO IV»
entre los que debe distinguirse el que surca ei ro Ueimoa que tiene su origen opuesto al del | en el que asientan Neimoa (235 hab*)» Gaptnha ^IS habitantes), otros varios pueblecillos, y por fin Fundáo (2,110 hab.), situada en las faldas de la Sena
do Gardunha ó Alpedrinha dominando asi el valle dd
Meimoa como ei del Zézere, de que 4ista 6 kü*
Poco después empieza este rio á abrirse pase Sft» tre los ramales de una y otra sierra que forman una estrechura asperísima llamada Faz dos Pedrogáoes por dos poblaciones, Pedrogáo Grande (2,640 habitantes), que con sus ferrerias asienta en la orilb da* reoha y Pedrogáo Pequeño (1,244 hab.), queeiUai la opuesta casi enfrente. Pasada la angostura es cnaado el Zézere se inclina bastante al S* y recome m terreno aias abierto con pueblecillos y cultivos; reci* hiendo por la derecha arroyos que descienden de lü estribaciones de la Estrella « entre los que debemos tar el Alja con un afluente suyo cortado por el cami* no de Espinhal, y por la izquierda el Pera ó Ribeírt Grande, que desde las cumbres de la Serra do Moradal, cuyas aguas recoge en un gran espacio* b^a precipitadamente por Esireito (777 habitantes), OM» ros (1,690 hab.), y Mosteiros (374 hab.)» á conflotr con el Zézere junto á Sernache de Bom*iardim (i^Uft habitantes) y las Ribeíras, Tamula é Isna proceden* tes de bna (288 hab.) y ia de Andesy otros riaohü» los cada vez mas pequefios según la divisoria ^ ap^ijoáodgso i la d^mbocadura del Zéiara» flor
vwKsaam occidíbntal* 399
fio, cramdo por un terreno fértil en la orilla iz«
quíerda asiento de algunas aldeas, llega el rio á Mariiochel (230 hab.) por bajo de cuyas casas afluye por la derecha el rio Nabáo y 4 kil. después entra en el Tajo junto á la villa de Punhete (1,800 hab.), cuya flituacton privilegiada y oomunicacionea con Thomart Leiria y Coimbra por un lado, con Abranles, de que diata unos 15 kiLf por otro» y con el alto valle del Zátere y Espalla» le dan un interés que muy pronto veremos probado en el curso de este trabajo.
Bl rio Nabáo corre de N« i S. faldeando la divisoria general de aguas con la cuenca del Duero y acompañado del camino de Coimbra á Santarem. £1 vaileestá muy poco habitado en la orilla deredia y bastante en la izquierda por donde se estiende la vía; pero hs poblaciones mas importantes se encuentran en el camino de Espinhal á Thomar, Santarem y Punhete, que después de salvar la divisoria del Mondego por d valle 'del Oue^a pasa por Gabacos y Geirast cruzaodoel Nabáo enThoiuar (3,766 hab.), villa fundada por los Templarios y asiento después de la es* tinción de aquella órden, de la de Cristo, cuyo gran pnor residía en el suntuoso convento ediGcado de éfden del rey don Manuel y mejorado por Felipe lU que hizo celebrar allí córtes para su proclamación oooo monarca de Portugal
A la cuenca del Zézere siguen al 0. varios vaUes que se abren al Tajo desde la Serra d'Aíre per* fendiculannente casi al curso del rio, el eual va
400 CANILLO i%«
8anchand<y su álveo estraordinaríameole, a Idea ai interrumpe con írecueocia por islas, eo alguoas di las que basta se mantiene ganado y se cosechan ce reales. Algunos de e&los valles son fértiles, es pecul mente el en que asienta Torree^vas (4,260 háí Untes) abundante en granos, vino, aceite y gani pero donde estas produccioDes se eocuentnn grandes cantidades es en laUantira deGollega(2< habitantes), villa eo la cual se celebró etalmoemy conferencia de Massena con sus generales al térmii nar su estancia en la orilla de) Tajo. Por iMjo^aij población, que se halla en el camino de Abrantes Santarem á media distancia, como en el dellMnri el Tajo recorre una Uanura anchurosa que inunda fre cuentemente para como el Nilo fecundar sos ^ genes, aumentando so caudal ademas con cien ria^ chuelos que descienden de la cordillera CaipitoBi Con algunos de estos se riegan también los caiD^ pos por medio de canales y acequias» es; mente por bajo de Saníarem doiulo se deri^ las aguas del río Mayor que baja de N. O. i&E
, desde Rio Mayor (3,700 bab.), y á los 50 kil. 4 i curso por un valle bastante ameno riega la UWA fértilísima que se estiende al pie de Santarem.
ksíSL villa (7,862 bab.}, se halla situada gíx qo montafiar bastante alta que corona una cfudadski* tes mexpugnable, hoy en ruinas como una gran parK de monumeatoi que atestiguan m aii%B opaieo* ua y beileza»
VmrxifctrrB ^xemmtkh. 401
la nueva carretera de Saotarem ¿ Usboa se dirige á Gartaxo (3,ü0ü hab.), Azambuja (1,040 habituales), Y)Ua*iSova da Rainha (295 hab»), y Garrepaüo, doDde se une el camino de Leiria por bajo de Aieiiiquer, Esta villa (2,485 hab.}, asienta en la orilla del rio de sa mismo nombre, uno de los peqaefios que después del rio Mayor bajan paralelamente entre sí á desaguar en el Tajo cruzados por la mencío* nada earreterra de Santarem , como hoy lo son por el ierro-carril que une esta villa con la capital y que va á prolongarse hasta Puohete y Badajoz , vias qje continúan por Villa-Franca (4,600 hab,), Albmdra (1,580 hab.)» Alvercá (1,275 hab.), Povoa /300 hab.), y Sacavem (1,200 hab.), que ya se halla muy cerca de Lisboa, y es como un arrabal suyo.
Al de Aihandra, donde empiezan las Lezíras de Villa Franca, islas notables de fertilidad asombrosa por entre las que se desliza el Tajo al anchuroso £oifo de Lisboa, donde pueden fondear miles de embarcaciones de cualquier capacidad y calado, baja desde la meseta de Sobral el rio Arruda do exiguo caudal, que tiene sus fuentes contrapuestas ¿ las del Sizandro. Al S. del Arruda caen desde la Serra da Cintra varios otros riachuelos surcando vallecilios los mas pintorescos, entre los cuaKís es el mas importante por su riqueza y lindas poblaciones el que baila el río Sacavem ó Friellas que reüoe las aguas de uua gran parle de la sierra y desagua junto á Saca*; vem.
402 CAPITULO nr«r
Lisboa (220,0ÜÜ bab.» es una de las pobiacioaes mas hermosas de Europa y puerto de los mas soberbios y capaces del luundo. La ctudad es eíeciiyamente nia^snífica por sus bellísimos edificios y hermosas calles en Ja parte nueva , constroidá después del terrible terremoto de 1755; pero lo que mas encanta eo Lisboa son las iniueUiacioDfó donde se encuentran en abundancia todas tas cosa» necesarias á la vida y las delicias y frescura de Uk campo pintoresco y ameno por los accidentes mas variados de la naturaleza. La ensenada, drcuitb también por la parte opuesta de pueblecillos y ostt de campo, se ve cubierta de embarcaciones qued^íá Lisboa una consideración comercial del mayor interés, importándose las pruducciones mas raras de todas las posesiones ultramarinas. No sucede lo tiús-
mo respecto a su importancia militar, pues la pos* cioQ estrema que ocupa en lo mas apartado de la nínsiila respecto á las comunicaciones terrestres coa > el resto del continente, la separan de la accioa ui* | mediata en las operaciones de la guerra. Soloeali defensa de Portugal puede considerarse como uc úS« timo atrincheramiento de que es necesario apoderarse para benr la nacionalidad en su centro político y administrativo. No ha sido muy difícil á las anm» españolas ei hacerlo por diierentes rumbos se§uo Vt sucintamente hemos espuesto antes; pero un cjfiB* pío reciente, el de 1810, demuestra que con los na^
.vos obstáculos que ofrece el arte de foriificacioa y l>
VtLUiib.MK OCLiDENTAL. Í03
ariillerfa moderna puede hacerse Lisboa iDConquis-
Uábia para el que no s^a dueno del golfo que baúa la parte merídionai de la Serra da Giotra, á cuyo pie asienta la ciudad en una e^^tenslon de 12 á 13 kiló« metros de £• á 0. y 5 de N« á S. ea su yarte mas ancha»
En la parte ocddental, por la de Belem con su convento y su torre conmemorativas de las gloriosas espediciones de don Enrique y de Vasco de Gama, continúa una seria de aldeas lindísimas en la deseos bocadara de algunos arroyos que se desprenden de la Serra da Cintra; siendo las principales Oeiras (3,6QO habitantes) t lugar donde se venücó de 1775 á 1776 h primera esposícion de los productos de la industria en Europa, y junto al que se lev anta la fortale* za de San Julián en la punta mas meridional de la derecha del Tajo doiule esíc lio entrega sus aguas ai mar, y Cascaos (2,08U hab.), en cuya playa desem» barcó el duque de Alba con su ejército « ante el de doQ Antonio que componían unos 9,000 infantes y 400 caballos y cuyo surgidero está defendido por dos fuertes que protegen también la barra del rio, á 20 kilómetros O. de Lisboa y 7 S. E. del cabo da Roca.
En la orilla opuesta y frente á la capital asienta Almada (4,538 hab.) , en punto donde se estreciia notablemente el álveo del Tajo « cuyas aguas desde
allí corren por un canal angosto, cruzado por los fuegos de una y otra orilla* á estrellarse en la Torre do BoffOj batería circular construida sobre una roca é
404 CAPITULO nr.
tlamiriada por uu faoal que indica la entrada ád Tajo é los navegantes* ^
Hemos dicho hasta donde se estiende la navegacion; pero como las condiciones del Tajo son ian v«* rias en estenso curso de 944 kil. , vamos al concluir su descripción fisica y antes de empezar la ro* lacion de la cairipaña do ISIO 5 ISIl en la parte que tuvo por teatro la orilla derecha de este caudaloso rio, á reasumir en pocos renglones el estado da su álveo en el espacio navegable. Para ello nos basu con copiar un párrafo del Proyecto de navegaooode don Francisco Coeilo que encierra detalles suoiaiaeote curiosos. Dice asi: «Al presente el Tajo por sus » condiciones naturales es navegable á la vela ctede ]» Lisboa á Santarem, en la ostensión de 76 kil. yon osuiaa facilidad hasta Abrantes, que está (iU ioi. «arriba, y en donde el rio se encuentra á unos 55 j) metros de elevación sobre el mar, según se deduce i>de la altitud de un punto próximo. £ste troto esli >idesde hace muchos anoson continua rsplota^inn. y »aun suben los barcos algunas veces hasta YiU^ ))Velha, otros 57 kil. nías arriba, y distante solo 21 »de la unión con el rio Sé ver, donde llega la &o&- Dtera española.»
«lEn 1849 se comenzaron en Portugal las obras topara mejorar todavía mas la navegación de esta? » porciones del no Tajo y prolongarla hasta ouestfOí ]»llmites; y á pesar de no haberse asignado mas q ^^' 200,000 reales escasos anualmente para $íi»
V£ATiKAI£ OaaüE.NTAL. 408
utrabajos, hdn adolanlado bástanle, habiéndose em- ,j^pieado estas sumas en construir varios malecones •para estrechar el cáuce y precaver de inundaciones HSus márgenes, abrir caminos de sirga, hacer saltar «escollos de roca, profundizar e] fondo de arena por pfliedio de una draga de vapor, y establecer esclüsa# »y uo canal lateral en algunos parages. En el día los •vapores llegan ya hasta Vila«Nova-da*Rainha, y al DCanal de Azatubuja á 42 kil. de Lisboa; los barcos «chatos siguen sin dificultad basta Abrantes y las aobras continúan progresando bajo la dirección del nintcligente brigadier coronel de ingenieros don José «Julio Guerra. «
Las líneas de Torres- Yedras consistían en tres grande líneas de fortificación de mas de 90 kil. de desarrollo y capaces de GOO piezas d^ artillería, de las que muchas podían moverse fácilmente de un ponto á otro según las diferentes maniobras del ejér* cito.
La primer» y mas estensa estaba formada por
escarpes inaccesibles bañados en su pie por el Arruda y coronados por baterías asi como lo estaban ias eminencias por Tuertes armados con muchas pie- 2asi los cuales se ilauqueaban mútuamente ó cubrían la carretera y las gargantas obstruidas ademas con barricadas y reductos formidables. En la meseta de Sobral, punto el mas vulnerable por su coiiliguradon y dominaciones, se construyó una ciudadela que eu* g^a ^^ra su conquista un 6iMu eii regia* En la ver-
406 capítulo IT*
tiente opuesta al mar se escarparon á pico las lamieras del Stzandro como se había hecho ooo las iiel i Arruda y se coronaron de fuertes los puntos culmi- 1 nantes, sirviendo tambieo de foso el rio eo ei que se
practicaroa presas para mantener las aguas á uo m-
•el alto. !
Al S. de esta línea cuya estension era deanosSOj ¿ 60 kil. y á unos 16 ó 18 kih de ella, se eoaxitraba la segunda de unos 44 de desarroliot desde Ueri- . lia del Tajo á las cimas de Mafra y MoDUchique y i después en un descenso rápido al Océano hasta A I fuerte de San Lorenzo junto al cabo de Arrendída. j Estaba cubierta igual mente de fuertes y se obstruyó _ el paso de Bucellas* desfiladero por el que corre el ■ Saoavem, con toda clase de obstáculos y artifictos. .
«La tercera línea, dice un hisluriador ing'á. ' ^destinada á cubrir un embarco forzoso « ctreníi m i acampo atrincherado cuyo objeto era proteger el ! «embarco con muy pocas tropas si el mal tiempo ¡o • »hacia diferir. Este último campo enccí raba el fDC^ ; uto de San iulían cuyas altas murallas y proíuadoi ¡ »fosos no permitían la escalada: este fuerte eáá^ ' «armado de tal manera que una retaguardia fod» ' «defenderse en él y proteger al ejército.»
Los franceses que ignoraron la existendadeest^ líneas basta su llegada á Goimbra, y su fbrtaktt hasta que las examinaron en un escrupuloso lecoiu)* = dmiento que duró muchos días, se eonveodmii d0 que eran inexpugnables aquellos escarpes y sus lO*
<lactos cerrados ea su mayor parte por todas partes y armados con piezas de grueso calibre. Asi que des» pues de alguoos combates sio otro oljjeto que el de «alabiecerse JqqoI en la meseta de Sobral, desistía 100 de acometer las lineas y establecieroa un especie de bloqueo en espectativa de grandes refuerzos de tropas y material de sitio sin los cuales no era posible conseguir nada» «La situación del ejército^ dice DFririon, era cada día mas crílica: se encontraba ^laislado en los últimos confines de Portugal, tenien* >do al frente una barrera inaccesible y detrás un •ntato desierto cuyo territorio solo pisaban bandas Hiemigas. Ningún cuerp> francés pensaba en acuBdir i au ayuda; el conde d'Erlon estaba todavía en ^lamanca y el duque do Trevisa no habia pasado ^uu el Guadiana para trasladarse al Alem Tejo. Mas* Wdft no desconfió, sm embargo, de su fortuna. Ha- ^hiendo llegado basta cerca de Lisboa sin haber po^ ^0 alcenzar á su enemigo, tardó mucho en deci* >dirse á elegir á retaguardia posiciones mas veota- ^joaas. Costaba mucho á aquel hombre de guerra •enérgico el retroceder por la primera vez^ Su ejér- *cito era débil por el número, débil por sus posi*» aciones ante el enemigo; el atractivo de la victoria, •de una victoria fáciU debía arrastrar á WeUíogton ^ftiwra de sus líneas, todu la esperanza de! vencedor •ib Znrích estaba en aquella r^ucion; poco le im* •portaba la multitud de los soldados que tenia cara •^ caca; una ves fuera su adversariot tema él por su
408 CAPITOLO t?«
aparte ia esperíencia del campo de batalia y ias prn ameras tropas del muadol.,,. Pero m esperanza le •fué engañosa: el geaeral inglés había calculado frialímente que el hambre es un enemigo que miaa y •destruye los mejores ejércitos.... el hambre debía walejar á los franceses y ao hacer perder á la loglasterra sino muy pocos soldados.»
Tuvo, pues, Massena que retroceder y eligió ea la derecha dei iajo posiciones en que pudiera maateoer sus tropas, sostener el bloqueo que se había projAieslo y esperar refuerzos y órdenes de Kapoleoa.
Situó su iequíerda en Santarem, su centro en Ton res-Novas y su derecha en Thomar, apoyándose ea el Zézere cuya orilla izquierda fué ocupada por adía división (jue á su vez se apuyalia en Puíihete. £1 movimiento se hizo el 14 de noviembre con el mayor drden y sin accidente alguno , pues los ingleses » mantuvieron en sus líneas, esceptuando unos cuaat06 regifflieatos que siguieron en observación ddeaa^ migo.
Ea sus nuevas posiciones ios franceses se dedica» ron á la construcción de un puente de barcas, que ea su dia pudiese facilitar el paso dei Tajo por Punhele para procurarse víveres del Alem Tejo ó acometer i los ingleses en esta provincia; al rec onocimientu de los caminos que pudieran relacionar el ejército coa los cuerpos que operaban en España, y á proveen^ por uo merodeo organizado de loa granos que wm
quedaban en aquel pais rico, pero completamente devastado por los naturales que babian abaadonado sus hogares» A su vez los ingleses verificaban reconociómieotos sobre el rio Mayor, con objeto de intentar en ocMOD oportuna un ataque contra Santarem» inipo* siUe mientras no se ocupasen los puentes que conducen á la población por los dos caminos paralelos y práxiinoB al Tajo , de los cuales el mas cercano á este rio pa^a por Porto de Muge , pequeño lugar enfrente de Üuge » que bemos dicbo asienta en la orilla iz- ({uierda.
A pesar de baberse construido doscientos barcos para el deseado puente • de los cuales se emplearon algunos en establecer comunicaciones sobre elZézere; la (alta de víveres que al fin llegó á hacerse sentir de Qoa manera terrible é irremediable ; la de auxilios mi* litares « pues el tan esperado cuerpo de Drouet llegó con solos 9»000 hombrest y se perdió la esperanzado que llegasen los que desde Eslremadura y por el Aiem' tejo debía llevar el mariscal Soult; y el descontento y mala voluntad de los generales subordinados á Hasse* na, obligaron á este caudü o á levantar el campo, haciéndolo el 4 de marzo de 1811 de la manera quo hemos espuesto al describir la cuenca del Duero.
£1 estudio de esta campaña en todos sus detalles» que aquí es imposible dar por la índole de este eserí* to, es sumamente instructivo para los españoles, que acaso tengan algún dia que seguir el camino que muy apartadamente emprendieron ios franceses para la
410 GAMTCIiO IT.
domínaeion completa de Portugal, no logrando n
cxito completo por causas que acaso no influyeran en una espedkion española. £1 ejército francés se eocentró separado de los que operaban en Espafii par un territorio vastisiino saqueado y despoblado que recorrían las guerrillas del pais en todos aeotidoi, para interceptar las comunicaciones ó impedir los convoyes; eatreleaidos sus compañeros de armas ea nuestra monarquía para sujetar la sublevación eadi día creciente que los acosaba de coutiouo, no podiao auxiliar á las de Portugal» y Soult, en quien fuadabis ellos toda su esperanza, tenia ocupación y no momentánea en la sujeción de Andalucía y Estremadura» y no mucha voluntad de socorrer á su colega : Ñapo» bon á una distancia enorme, ofuscado por sus reciefites triunfos en ei Danubio, no concebía las íniBeaM dificultades que encontraba aun para existir el ejérCito que bloqueaba las lineas de Torres* Yedras , á pe^ sar de serle csplicadas por Foy con la claridad qM^ caraclcriz iba el li nguaje de este di^linj-uido genera^ y en fin 9 no podía disponer de los medios que por todas direcciones podrían llegar á un ejército espatol situado en el Tajo en las posiciones mismas que ocih paba el francés. Y efectivamente , apoyados en w» gran base de Badajoz á Ciudad -Rodri^'ü , desdeestas pla2^ y la de Alcántara; por los caminos qsa hemos ido señalando sucesivamente» ocupadoi f dominados desde una írontera tranquila y pravk* ta de cuantos elementos son necesarios part el son»
tODimiento de los ejércitos , llevados de la estenslon toda de la Península » es posible que los espanoles* que tantas veces han entrado victoriosamente por las antiguas puertas de Lisboa, pudiesen ahora obtener resultados satisfactorios que no le fué dado alean* m ai ilustre general Massena.
Al S. de la desembocadura del Tajo y en una eos» ta reda y solo interrompida por el cabo de Sines, dan sus ai^uas ni Occéano alrrunos ríos, de los que solo es importante el Sadáo ó Sado, cuya cuenca ocu* |Ni la mayor par!e del AIem Tejo que resta de la ya descrita en la cuenca general del Tajo. Hállase efectivamente formada por la série de montanas que con los nombres Scrras d* Alcagovas, de San Luizy la Arr¿yida dijimos iba á terminar en el cabo Espichel ; por la divisoria general de aguas con el Gua* diana, desde Evora á la Serra de Monchique» y por laSerrs de Caldeiráo ó de San Marttnbo que cierra la izquierda del Sado hasla el termino de la Serra de (kandollav cuyas vertientes occidentales caen al mar.
Esta cuenca , cuyos límites se hallan asi señalados por accidentes orográücos de gran altura, es bastante suave en su fondo, y aunque despoblada,
fértil y abundante en granos y vino , de qnc se surlo SO grandes cantidades la capital de la monarquía , y sobre todo de sal que se recoge en grandes salinas ^le han dado nombre á alguna pol)lacion , y que forMU una parte la mas considerable en la esportacton del puerto de SelúbaU
412 CiPlTüLO IV.
El Sadao, lia mado también por algunos aoaqoa impropiamente Caldáo, tiene nacimíeiUo en las vertientes orientales de la Serra de San Marttoho y cem de Ourique (2,51)0 hab.) » en cuyo caiiipo manan, según algunos las primeras aguas. Pronto se aumeota el caudal de ellas en Garváo (435 hab.), y Pédsím (C80 hab.), con las que descienden por la izquierda desde la mencionada sierra » y por la derecha desdi las colinas en que asientan Messejana (1,500 hab ), residencia del corregidor de la comarca de Oorique» y Aljustrel (1,304 hab.), punto eminente en laeoÍA llera Oretana. Llega á Alvalade (600 hab.), en asn inmediación recibe la Ribeira das Gampilhas que baja de Cena) (1,450 hab.), en la unión de la Serra de Galdeiráo con la de Grandolla, y la Ribeira da fia» que originándose cerca de Beja (5,284 hab.), cuy» propiedades militares hemos señalado, recorre m valle bastante suave en su terminación en el Sado» é cual mas abajo , al lado opuesto de uiia série decoB» ñas que forma el mencionado valle, y prooedeala también de la campilla de Beja , recibe otros arrojpts que rieí^nn las huertas de Ferreira (1,804 hab.), Alfundúo (452 hab.) y Figue¡radosCavalleiros(4a4l»> hitantes), poblaciones próximas á !a antigua vía romana y hoy mal camino de Beja á Alcacer da Sal} Setúbal.
Ya en la aüueocia de estos riachuelos y poco después con las aguas de otros que descienden éb k|
divisüiiao de uno y otro Iad0| ealre ios (^uq se hacd
VEimSNTB OCCIDENTAL. ÍÍ3
notar el que baja por la orilla izquierda desde Gran« doUa (2,000 bab.) ¡m un terreno abundante en vino y gauados, reúne el Sadáo un caudal considerable, bciéodose navegable desde la desembocadura de la
Ribeiia Enxanaina. Este rio, do GO kilómetros de curso, desciende de Evora (9,299 hab*), entre un es* taflx) occidental de la Serra de Portel en que asienta la linda villa de Vianna d* Alcm Tejo (l»3G0hab.), qoe le da nombre» y cuyas tierras inmediatas muy abundantes en granos, están adenias cubicrlnsde árbok» y viüas , y la árida y despoblada Serra d' Al» cánovas que forma la derecha del rio.
Surcado ya por barcos chatos llega el Saduo á Alcacer do Sal (1,909 hab.)t villa conocida desde la
masreniotn íHiligüedad por sus abundanlL's salinas, y
lUCQiorabie en nuestra bjstona militar por haber teoído lugar en sus aguas el primer acto de guerra de b de 1580. Lo narraremos según lo hace el duque de Alba en su carta ai Rey, fechada á 10 de julio en Monte Mor 6 Novo, porque en ella se revela el estado del no. «iTambien volvió, dice, el capitán Acosta de ^Alcázar, bálo hecho muy bien, porque pasó con tos t^dc aquella villa sobre el juramento muchas demaaidas y respuestas, y al cabo lo vinieron á hacer por
•persuasión de Manuel de Losa, alcaide mayor, y de «camino ba hecho el primer acto de guerra que he* tmoa tenido en la jomada , porque poco después que H\ llegó, entendió que se habian embarcado allí trein- •la mil ducados y tsm píezsB de «rtiUeria en dos Ba*
414 ciPixu^ ir*
»Yíos, y que iban la vuelta de Seiúbal, y llevabaa >p(ir tierra de escolta treiota y cídoo cabaUoe y %¡§t })nos inrantes. Siguiólos en una barca con pocos reDinos que le dieron , y alcanzó las dos eo que iba el Klinero y la artillería, y comenzaron á arcabuoetm» 1 •y el teniente de la compañía de don Sancho Bravu, ]»d¡ce que le parece que derribaron al que gobemabi nía barca del dinero; esta embistió en tierra y lar»> acogieron los soldados que hacían escolta , y no osa- »ron acometella por ser pocos; la donde iba ta arih* ollería volvieroii á Alcázar; díceanie (jue son seis picazas muy buenas.»
Alcacer do Sal asienta en la orilla derecha del Sh* dio en lugar piatoresco, dominada por un pequeila castillo en ruinas y en un terreno cubierto de int^ les y de vinas , cuyo cultivo se remonta por todu el valle del Mourinho, rio que entre las sierras d*At» cánovas y Monfurado baja de la campiña de Ewi acompañado del camino carrrtero de esta ciudiáá' Alcacer. Por la izquierda del Sado el terreno va fn^ dual y paulatinamente remontándose hasta Graodkh»' lia» sombreado todo de un espeso y continuada bo^; que de encinas y robles, entre los que sube el camino que parle desde la barca en que se gmd Sadáo en Alcacer*
Este rio cambia en Alcacer la dirección septentrio*! nal que basta allí lleva , y encaminándoee al & tras un curso de unos 170 kilómetros » da soe al golío de Setúbali villar pmtOf jardines y mi»h i^.
VBftTIKNTB OGGIDBNTAL.
KMi ün mas Onda cosa que puede ser en el mundo , segUQ
escribía el duque de Alba; «primern pob^^cio^ ordenoada 60 nuestra España» segua Floriao de Ucampo, <|Q¡eo describe su fundación y estrafVas propiedades (le su tierra y clima , citadas por todus los historiadores del pais. (1)
(f) «Esto negociado , dice, como Ta príoeípal intención de iTubal f'icsedar manera para que la tierra se morase, parlid de •Andalucía con al^runos que io siVníeron caminadlo por la cos- •tadel mar Océano, hasta que ile¿ü bien dcniro de la provincia que después dijeron Portugal . y fundd cierla {¡oblación ; la •cual por causa de su nombre llamaron Tubal , á quien ahora ■decimos Seidbal, asentada sobre la boca de cierto rio que por «•tt se lanza en el mar Qcéano de Poniente: rodeada de tierra ■ttlndable » no llena de tales vicios , que baslasen á turbar las sftoeaas costumbres y buena manera de vivir , c^ue traía la gente «de stt compañía; pero viéronla bien aparejada para la conser- •vacion do sus p^anados , sobre lodo de vientos tan .sustanciosos, »que poco después conocieron . es fama, empreñárseles muchas ncroÑ irf« ye.:!J»s del aire solamente con los embales que salían *deía mar, y parir sin ayuntamiento de machos: la cual natuHatesa me dicen que les dura también algunas veces en este 4MKStro liempOt y aan Pltnio, Columela, filarco Varron^ y mehos otros antores de gran calidad en el suyo , por cosa muy •aveiigttada lo dejaron escrito» certificando que los potros asi •nacidos eran tan ligeros, que parecen mas volar que correr: á •cuya causa los poetas antiguos finj^ian que los vientos salian de •ía mar enamorados de las yeguas e¿jpiaioius y se casaban con •elías y las empreñaban.»
Estampamos este párrafo de Florian , port(ue ademas do indicar el aspecto del pais en que se detuvieron los que lo recor^ rían buscando el mas fértil, ofrece idea de una fábula acordeCM la de los inlbea^ sobre Ja géneracioo del caballo* ÁbMiX'-
416 GAMTUIiO IV.
Hoy Seiúbal , cuya población asciende á i5«2üi habitantes^ es una dé las mas florecientes de Portogal , y sin la proximidad de Lisboa seria por su c¿- tenso fondeadero y el contiguo de Cezinibre (4,3J0 " -habitantos) , el dcpósiio general de las import^cioneg y esportaciones del Aleui Tejo. En su rada fondeó la escuadra del marqués de Santa Cruz en 1580, y m embarcó ol ejército del duque de Alba para toaiar tierra en la playa contigua ¿ Cascacs , ejecutando aá níiü de las operaciones mas atrevidas y sábias que «e hallan escritas en las historias de la guerra.
La de aquel ano que dió por resultado la sofloi* sion de Portugal á su legítimo soberano duu Ic'ipell, tuvo por teatro las cuencas del^AlmanQor y dd Si* clAü desde el paso de la divisoria con el ruadian] ea Eslremoz. El duque de Alba tomó esta plaza ca3 da julio» medio por capitulación, medio por estratageotti y continuó su marcha el 5 á Monte Mor ó Novo por >a que hoy es carretera y entonces camino maUsínHi^ en qnc se le fueron rompiendo la mayor paile de los carros que llevaba para ia conducción de vívew y municiones, teniendo que campar eo un terrsiS íisperísimo abrasado del sol, y entre poblaciones aso* ladas por la peste , de cuyo azote pudo libnr m tropas á fuerza de previsión, de vigilaacia y den^or.
Kader escribía al general firancés Daumas: «Sabed qnoabliSMl^ «otm es cosa admiUda» que Oíos cred el caballa coa diMh «como i Adán con la tierra.»
VBATIENTff OGCIDiNTAL. 417
»E1 12 siguió por el valle del Almaofior 6 Canha, donde fué á campar tras un dia eu que vió 108
de sus carros por tierra, y abandonando el caauuo de Lisboa t cruzó el 13 la divisoria cod el Sadáo por dos pasos muy estrechos, donde esperimentó el ejército largas deteacAoaes y muchos trabajos, llegando ^el 17 á Setúbal con pérdida de 5,000 hombres entre los destacados á las villas próximas al camiuo , los desertores y los muertos.
Vientos contrarios tenían detenida la escuadra del marqués de Santa Cruz ai S. del Cabo de San Vicente t por lo que el duque de Alba encontró ta rada dominada por galt^unes portugueses que aun después de ta rendición de Setúbal, á cuya defensa tam* bien habían acudido algunos ingleses, se quedaron á proteger el castillo ó torre de Autáo ú Üton que defiende la entrada , el cual fué por fin conquistado á pes'jr de las dificultades que se eucoutrarou para plantar la artillería.
Tres caminos se presentaban alU al duque para llegar á Lisboa. £1 pi ¡mero consistía en ir á Saalarem, |Mira lo cual necesitaba un tren de puentes que no llevaba consigo, á pcísar de lo que, engañados por algunos historiadores hemos dicho anteriormente, por no tener á la vista la correspondencia del duque de Alba con Felipe 11 que han pul)I¡cado re ienlciuente los setteres marqueses de Pidal y de Miraflores, y -don Miguel Salvá, individuos de la Academia de ia fiijstoria, en la cual está patente la falta de aquel ele»
418 CMltlO IT.
'meato necesario para el paso del* Tajo* El aegondo
camino era el forzar la barra de este rio que se? coasideraba como difícil y aventurado , pues los desea* nalee de San Jean y de Gaparíca por qué desmboct, erau muy fáciles de defender con las fortalezas uc laa orillas y las naves que tenia don Antonio en li^ boa. El tercero era e;i)barcarse en Setúl a!, amanecer en Cabo Espicbel y tomar tierra en la playa do Gascaes , operación que se ejecutó con la mayor Mí* cíd^d el 30 de julio» dpoderáauose los españoles al dia siguiente de la población « %'encido8 ya sus eneni» gos que en graa aiiaicro habían acudido á impedir el desembarco.
De alli por fin continuó el de Alba á pesar de bailarse acosado de una violenta calentura que posa en cuidado ai rey por los mucbos anos que ya coih taba el duque, á la conquista de las torres de S u Jean y de Beiem, tras las que el 25 de agosto di6 ia batalla de Alcántara que ya hemos descrito y ciioa á ia gloriosa conquista de Portugal.
Al S. del Sadáo da sus aguas al mar un riachueb junto á Melides {\ ,570 liab.) y otro después que de la Serra de Grandolla * que forma la costa baja gsr San Tiago de Gacem (2, 100 bab.) á desembocar en ef Océano al N. del cabo de 6mes á cuya parle uieridíonal está el puerto y la villa de Sines (4 ,650 tm^
hitantes), patria del laiiiortal Vasco de Gaaia descu» bridor de la ludia.
Mas al S* se halla la desembocadura del Qástá^^
VSRTIBHTB OCCIDBNTAL. 419
ra 6 Mira. Este rio que nace entre la Serra de Moih* chique y la do Caldeiráo desciende por un valle As-* pero en que asientan Sania Clara á Velha ^720 babitaofces) en los caminos de Lisboa á Faro y Villa
Nova da Portimáo, caminos que salvan la sierra de Moochique por la Poitella dos Termos y Moncbique, y por fio Odemira (2,270 bab.), desde donde es na-* vegalile el río basta Villa Mova de Mílfontes {¿60 habitantes), pequeño puerto defendido por un fuerte en ruinas cuuio el que sustenta uno de los dos cerros entre que asienta la vilia anteriormente citada* I Siguen luego el Odesseixe ó Seixe que baja de la Serra de Moncbique y fuente de la Foya a la población de su mismo nombre (630 hab.) » llamándosele rio por causa de ¡a marea que sube unos 4 kil. de Ja desembocadurat lo mismo que por el de Aljezur, que sucede inmediatamente al Odesseixe» como después y hasta el cabo de San Vicente suceden otros arroyuelos que descienden del Espínha^io do CAo» de los cuales so o es de mencionar el Carrapaleira quQ entra en el mar al N. de aquella punta.
La costa comprendida en la cuenca del Tajo se estiende del cabo da Uoca hasta el de San Vicente. Ed la inmediación de aquel es escabrosa é interrumpida de Igunas playas pequeñas, como las inmedia-* tafi al cabo Razo y á Gascaes» defendidas por fuertes, de los que son los mas notables los de Santa Uartha y la ciudadela de Cascaes. El de San Jultaii» ep cayo interior ee ievanUt uo elevado faro, y la
420 CAPITCLO f\\
torre do Bu^io impiden ron sas fuegos h eotnd»
del Tajo poi la Barra pequeña ó Corredor, y la Barra gr0ndi se encuentra entre aquella misma torre y h jiiayi deTrafaria dominada por la colína Manélica, que se esparce por la costa areoisca y suave hosU cerca de las rocas que componen d cabo Espichel con su faro situado sobi e uiia muy alta y ca¿i cortada á pico, donde termina el Formozinbo de la Se^ ra d*Arrabida.
Luego cambia la costa al E. pero áspera también por Cezimln'a y hasta el fuerte d'Ootáo que cobra b barra del Sadao en Setúbal, donde de nuevo se di* rige la costa al S. por dilatadas playas que tmiimi en el cabo de Sines. Aun fb encuentran dcsnuesalguoas meaos esteúsas y ya interrumpidas de rocai que se van levantando cada vez mas hasta aparecor muy elevadas y verticales, cubiertas en algún punto por fuertecillos ó baterías sin importancia que és* tienden las entradas de los riachuelos que iiemcú descrito.
Sigue la costa un mal camino que desde Goo^Mr
tí! frente á ScLúbal, conduce á los pueblos en qoe hemos dicho se abrian al mar los rios mas meriifia» nales que el Sado, camino que dobla el cabo de Sao Vicente y recorre después el litoral del Algarbe bm> ta Castro Marín»
Este camino es uno de los que forman el sísferot de tmaumcadones que desde la izquierda del 1!p frente á Lisboa se irradian por eí AlemTojo, comuni-
VSftTi£NXB OCCIDENTAL. A2t
cacioiies eo un eí?tado deplorable ahora como en IdSO» si 86 esceptda la carretera general de Espafia nuevamcnie suMiUitia |)or el ferro-carril hasta Vendos No* vas» la cu a I se enlaza en Monte Mor ó Novo con los caminos de Évora y Beja y después en £stremoz con los que conducen á las poblaciones y fortalezas de la frontera y del Guadiana, terminando eo filvas y el
Gaya ya frente á Badnjoz.
Aquí concluimos la descripción de la cuenca del Tajo, la mas militar de la Península en m región central» desde la que se puede esparcir la influeiicia de la guerra ¿ las demás de Espaffla y Portugal en todas laá Jií ccciones mas convenientes para su defensa 6 conquista. Bien hubiéramc^ querido estendemes mas en consideraciones que se amontonan á la imaginación á cada accidente que se encuentra» á cada suceso que se recuerda al recorrer ese foso
profundo que forma el Tajo al tra^es de una parte de la Península; pero lo estrecho de los límites que DOS hemos impuesto en este trabajo nos obligan á eliminar un gran número de ellas y á reasumir en pocas líneas ias que apuntamos como necesarias para
el conocüDieritü del pais y el de las leccinnes que á
cada paso se encuentran ea sus condiciones y pro-* piedades militares.
Seguimos, puest á la cuenca del Guadiana , me^ • nos importante militarmente considerada, si se escep* tüB en la parte en que sirve de entrada en Portugal, donde han tenido lugar la mayor |»rt6 y mas inte-
422 CAPITULO nr.
retante de ias luchas en nuestras dilereiieías peoia-
sulares.
La cuenca del Guadiana está formada por las w*
tientes meridionales de la cordillera Oreto-Herminiana eo toda su estension desde los Altos de Gabrcjas en que hemos dicho podía coasiderarBe su origen • bien indotenuinado y vago; por el sistema Ibérico desde aquellas alturas á la sierra de Alcaráz; y por las vertientes septentrionales de la cordillera Marü* mea hasta que interrumpida por ei mismo Guadiasa esparce por la orilla izquierda sus últimos ranate que se hunden en el man
En su región superior no presenta la cuenca doi Guadiana límites determinados distintamente, pues asi la cordillera Ibérica como las dos que de sUa arrancan, afectan una meseta elevada mucho oaa llana y exenta de accidentes notables que las de! Duero y del Tajo. Es indudablemente k xona mi floppejada de la península, y la falta de aguas absorbidas en su origen por los ardores del soU la tiene despojada de esos bosques y fertilidad que son st adorno mas bello de la tierra. Llanuras estensas solo intemimpídas en alguna barrancada por donde cor ren las aguas en invierno j ó por poblaciones mu;
VJLBTIKXTK Q^UÜE.NTAL. 423
^iscasas en número y como abandonadas en aquel ioinenao campo frío y casi desamparado y surcadas por caminos natorales do malos por la condición dura y llana del suelo, forman el carácter especial de esta 200a conocida con el nombre de la Mancha.
Allí donde el Guadina brota de la tierra después de haber recorrido al decir de los poetas una parte de su enanca por roisteríosos y subterráneos conduc* tos, principia á mostrarse esta algo mas risueña en la orilla derecha donde empiezan á elevarse los montes de Toledo, menos poblados que la llanura de la izquierda en que asientan Ciudad-Real y Ifigares de numeroso vecindario» Luego aparece ya la cuenca accidentada fuertemente por ramales de ambas cwdilleras que basta llegan á quererse oponer al paso del Guadiana como si estuviera destinado á no llegar al depósito común de las aguas. Rompe» sin embargo, aquellos obstáculos y aparece por nuevas flanuras aunque no tan estensas ni despejadas como las de la Mancbat si bien mas fértiles y amenas^ basla que de nuevo se encierra en angosturas que solo «na revolución física faa podido abrir para evitar la inandacion de las tierras altas*
Si queremos representarnos en pequeño y aunque algo exagerado en su periil el carácter especial ^ :t cnenca del Guadiana no tenemos mas que rejDOQtar ¿ uno de los que pasan por su origen ó nacimiento. Las lagunas de Ruídera constituyen una MCm sucesiva de depósitos de agua que por ca-
424 cAHTüLo ir,
mies naturales y eo sa mayor parle por boHiritK sas y pintorescas cascadas vierten de unos eo otros llenando con su caudal los depósitos iofniorcs y luego por la evaporación y mas aun po^ filtraciones á que da lugar su poco desnivel desaparecen ht agnas en las entrafias de la tierra, como después hs del ya caudaloso Guadiana se pierden en el Océano. Estas condiciones orográficas, unidas i la pmi»
midad de las dos div isonas que vierten al Gunci -^na allí donde lo accidentado del terreno y mas bajo del ai* vel general pudieran encerrar caudalesde agua afloes-^ tes de alguna importancia; el clima, mucho mas ca^ luroso que en las cuencas anteriormente deserífas
por efecto de su menor latltucl, y la falta consiguiente de nieves en el invierno, hacen que el Guadiana ao reciba en ningona de sus dos orillas ríos que por m caudal y por lo estenso de su curso consútuyao líneas militares de importancia.
Bajo este sentido solo el Gébora y el Gaya por so dirección fronteriza y plazas fuertes que por Espada y Portugal se mantienen en sus respectivos valles, y el Zújar por ofrecer bastante fáciles oomunicdCÍ0De& con puntos de interés, merecen una mención e^ie-^ cial que luego veremos justificada al hacer su des* cripcton.
For estas causas, y aun con mayor razón por iér
mAs patentes, seguiremos en el e>tudio do esta cueo* ^ca el érden mismo que en la del Tajo, no di vidíéadi»
Jo en parágrafos como hemos hecho ea las deoiai
VEKTIOTK OCUDfiNTAU 42(|
cuencas por la importancia do los valles secundarioo ^ue las coioponeo.
LofifOfiiaoos tan aficionados al establecimiento do común icacioaes entre sus ciudades ó colonias, teniao uoa á io largo del Guadiana deade el convento jnrí* dico de Eüiérita Angosta, hoy Mérida, hasta Toledo» la cual debía pasar por el Puerto^Peña, angelara la ms notable que cierra la región superior del rio. Otras varias recorrían ios valles surcados por alguno* de los afluentes del Guadiana, pues ya hemos dicho quesalian nueve caminos de Mérida dirigiéndose á Sevilla, Córdoba, Daymiel, Zaragoza, Toledo, Sala* MDCli, Lisboa y Beja; pero se perdieron todas y hoy «ote existen las carreteras de Badajoz ¿ Madrid, Lis* boa y Sevilla, y algunos proyectos y obras en coos* tniccion para cruzar la cuenca , no para poner en pronta comunicación los pueblos próximos al Gua« diana.
La población de las provincias que asientan en esta cuenca es muy corta comparada con las de otras regiones; pero se comprende por el estudio déla topografía dé ellas, que solo la de Badajoz ofrece ele* meatos para sustentar un número crecido de habi* tantes, iutllandose las demás ó desprovistas de agua i accidentadas por montes elevados, que según ya hamos dicho dificultan la agricultura ú impiden ríe consiguiente el establecimiento de poblaciones. La de Bidajoz, á pesar de sus favorables circunstancias entre las i^ue no es la menor el gran numero debosquea
4S6 CÁPitoLo IV.
de encinas que constituyen una gran riqueza no bien apreciada basta ahora» se eocueotra boy también bastante deshabitada, lo cual debe atríbciine i Im guerras sucesivas por que ha pasado, que la dejaroa yerma, especialmeate en la reconquista cristianen que sirvió de frontera en una época muy dilataday calamitosa, y 4 la graade emigrac^oa que suínó tns el descubrimiento de las Amérícas, de coyas fasoltN quedaron abaadoaados valles deliciosos abrigados del Ñorte ó tierras de aluvioo que están convidando esa
su riqueza natural á una cultura sumamente proíluriiva* Üfrece la población por otra parte un carácter aspecial en la región superior de la cuenca, balUadosi reconceatrada en grandes masas muy apartadas uods de otras que hace mas triste y monótono el aspaiy
lo del pais por donde se marcha en soledad aterrado^ ra, en las épocas de grandes calores ó de tempastatki violentas por falta de refugio inmediato. Solo en tos terrenos montuosos se encuentran los pueblos, si bien inferiores en comodidad y vecindario, mas próxiMl unos deotros, y esta circunstancia y la de una naturaleza mas variada y amena hace se echen muy di menos al cruzar las dilatadas llanuras que ea general constituyen la cuenca.
El arranque de la cordillera Martáníca (Maríaai» Jtfotttes} principia á mostrarse, si bien de unareancm
VBVriBNTB OCCIPBffTAI.* 437
casi iíüpercepiíble, en ei estrcrao S. E. de la gran meseta central. £a él se encuentra el nudo en que ee
tocan las tres regiones del Seí^ura, Guatlalquivir y Guadiana» separando las dos primeras la sierra de A!« caraz en cuyo estreno septentrional empieza á deli-^ oearse la divisoria entre Guadalquivir y Guadiana, objeto ahora de nuestras observaciones.
La cordillera no divide aguas en toda su estén-» ^oa, pues que en una parte se ve frecuenlementd costada por las del Guadalquivir que se ban abierto violenlameiite paso por ella cuando parece debieran afluir al Guadiana, bácia el que oo se encoeo-
twn ol^táculos apareiiteniente invencibles. Asi íjue la cordillera, mirada desde los bordes de la meseta cen* no presenta alturas de importancia, mientras que desdo la región contraría del Guadalquivir so iDuestra imponente y áspera, ¿ cuyo aspecto no contribuye poco su color y el de la vegetación que en elía ae sustenta y crece, ei cual le ha dado nombre en una grande estensioo. Sin embargo, no solo no se encuentran en ella nieves perpetuas, sino que las que caen en invierno y no en todos , se deshacen muy pronto, quedando luego despejadas las cumbres mas altas.
En su principióos humilde la cordillera Mariinica
como la Carpetana y laOretana, apareciendo á manera de la Ibérica como un borde con caídas á la cuenca Guadalquivir mucho mas baja que la del Guadia* ^ Las lomas de Ballestero y del Horcajo son ci acci-
IS8 CAPITULO IV.
dente que empieza á delinear la divíaorta en diree-
ciOQ al S. O., la cuai coiUiada por los Altos de Viilanaeva de la Fuente apenas descollantes sobre la efe» vatla siipcrCcieseca y árida que alli presenta la meseta central.
En los Altos de Albatadejo, á cuyo N. tiene ori* gen el Jabalón, cambia surumbo la divisoria al 0.; pe* ro la cordillerat siguiendo on corto espacio la antigm dirección, principia á cncuiabrarse con el nombre do Sierra Morena* corlada por algunos afluentes del Guadalquivir que por las angosturas por donde se dedi* zan dejan un tránsito, que aunque dirícil, ha a^vecbado la industria para las comunicaciones entre dos cuencas contÍ2;uas.
El Calar de CastellanoSt los cerros de las Dos Uermanas, el Castellar de Santisteban, el collado de he Jardines, la Síerrezuela y el Castellón de Valbeado, son otros tantos montes que parecen marcar el cum da la cordillera y que, sin embargo» se encuentrao al S, de la divisoria descollando sobre ella y sóbrelos principales pasos que mas tarde daremos á cotioear.
Frente al de Despenaperros , en el Viso dei Marqués, donde se baila la división de aguas dd Ihgtfia y el Fresnedas, aduentes del Guadalquivir, y del Jabalón, que lo es del Guadiana» se inclina la gjeoeral alN. O. ála Pefía de la Atalaya, accidente notabtodri borde que la séllala y principio de una pequeña sie^ ra en que se hallan los puertos de Galatrava y dik lia Güa y que couliaúa á los Altos de Saceruela,8iei^
• VERTILMB OCCIlíKM.kL, 4¿y
ra de Hérrerd, y por fin al risco de Peleche, á cuyo
píe el Guadiana iaterrunipe la uaion de la cordillera Mariáoica con la Oretaaa que parece manifiesta en este punto. Pero á la altura del puerto de la Tía Gila y ais. de la divisoria se descubren varias cadenas de fDontaOas paralelas ligadas por collados suaves de 4ue arrancan valles contrapuestos á las dos cuencas, fiíeodo el inas notable el de Alcudia, en el que se du* da encontrar la separación de las vertientes cuando, como sucede en verano, no corren las aguas por él« Estos collados están ya en dirección al S. O. y ligan las cadenas paralelas á la sierra Madrona y de Quintana, que es la mas meridional de ellas, unida por un tomo no muy accidentado á la cresta de Sierra Morenaque continúa después al 0. cruzada en sus montes, cabíertos de carrascas y de jaras, por loscaminosde la Plata y de Almadén á Córdoba. Este último atraviesa una llanura que desde el Guadalméz va paularfinamente ascendiendo hasta la divisoria, la cual muestra al S. el carácter de un escalón y se conoce por el QOmbre de dehesa de la Jara, bosque hermosísimo do encinas gigantescas sobre un prado eu que se apacientan numerosos y robustos ganados portas amenas en-
calladas que vierten al Guadalquivir.
Sigue al 0. la divisoria por Pena Ladrones y sierra de la Grana, donde hace una inflexión al S. hasta la ^alaveruela de la Cuionada para dar origen al Zújar, y continúa después á la sierra de Llerena,' cadena in^ortante estendida desde la sierra de San Miguel,
¿30
cuya cresta forma la divisoria hacia la del Carneril y San Bernardo que se ligaa á algunos de los mas iaportantes ramales de Sterra^Morena* Al N. O* se lepri* mQ notablemente la sierra de Llerena basta Villagar* cía« donde bace la divisoria un recodo hida d&Hh diana por Bienvenida y Fuente de Cantos, ligándose al S* después á la sieira de Xúdia, que podemos coih siderar como el término de Sierra-Morena , pues que de ella se desprenden al S. £• esiribos consideraUei que no son sino prolongacioDCS de lasprincipalescns* tas de la cordillera que vienen cortando los afluentes de la derecba del Guadalquivir.
En todo el espacio que acabamos de describiTf k : cordillera ofrece dos aspectos diferentes por sn parte N. ó caida al Guadiana. Desde su arranque kMia la prolongación de la divisoria por los Altos deSace* niela y Risco de Peioche , no se observa mas que m solo estribo que accidente la estensa meseta de h Mancha , el cual originándose en unos cerros queie alzan en la divisoria y cruzado por las lagunas él Euidera, aparece en la sierra do la Albambrafll cortado después por el Azuer, y se estíende por h sierra del Moral que se ramifica y pierde en las Hfnuras de Ciudad -Re al por lomos de rocas que eooNi*- zan las aguas del Jabalón basta su desembocidvit^o el Guadiana. Al S. 0. de los Altos de Saceruela y Risco de Peleche que dividen aguas del Jabaloa y 4A tiuadalméz y Zújar, se encuentran estribos éah^ dillera Mariánica sumamente interesantes ^ h M¡fK^
V&BTie2(T£ OCCIDENTAL. 431
parte eu un rumbo próximamente al N. 0., peí o ligados á elía de una manera irregular* En el recodo ci lado entre la Calaveruelá y la sierra de Llerena, arranca un estribo « presentando en la llamada Plaza de Armas au punto culminante, del que parten dos ramificaciones: una sigue la izquierda del Zújar , por la sierra de la Gandelija y Zarza Capilla • ó los Toro* sos, y se liga á varias cadenas paralelas que se estíenden basta el valle de la Serena, y cercanías de Hedellín t donde desemboca el valle con el Guadamés que lo fertiliza con sus aguas; y el mas occidental se dir^e al N. O. por la sierra áspera de Homacbos, forma ndo la derecha del Matachél que nace junto al origen del Zújar, en las faldas opuestas del arranque do este estribo.
Mas al 0. y de la sierra de Llerena » arranca ó es dmlinuacioD de ella misma, un ramal que también
▼a al N. O., deprimiéndose notablemente hacia el Gu;-- dianar* y cerca de Bienvenida se alzan nuevas emi-» neneias paralelas que se estienden en el mismo rumbo, y encierran á aquel rio en angosturas que esIM demostrando la relación de estos montes t de que mas adelante nos hemos de ocui>ar, coa los del sisteina Lusitánico.
Frente á la Mancba , Sierra-Morena tiene bácia sa parte meridional estribos notables, y ofrece un carácter muy opuesto al que presenta en sus caídas septentrionales. Unos estribos siguen la dirección misma ds^ia divisoríst como la Loma de übeda, el Cabieliar
134 CAPITULO IV.
de Santistebnn v la meseta de Santa Elena t la CaroK
Jiña; pero otros se presentan perpendiculares i cl!a encerrando los afluentes de la dereclia del Guada • ouivir, ramificándose empero algunas veces é ponto de formar cadenas paralelas, como los montes de Viilaviciosa y sierra de Córdoba « que cortando aqueUoi ríos causan el rumbo S. 0. de aqnol gr/m cui*so de agua en una parte de la provincia de Córdoba , y que se unen de nuevo á la divisoria general ea las sieiM de Llerena y de Túdia.
Nada mas bello que el espectáculo que presenta! las montanas y valles que componen csla pnrte deU cordillera Mariánica. Espesos bosques de una fronda* sidad admirable producida por un clima un poce caluroso pero benigno por la frescura que e?nr»rcen los mil arroyuelos que se deslizan de las montañas; pra-* dos deliciosos de una verdura resplandeciente esmaltada de flores t y todo esto coronado ó interrumpida por rocas de un tinte claro azulado , armonizadas oía el colorido del cielo mas trasparente y bello del uoiverso , hacen de Sierra-Morena el pais mas hermoaa acaso de nuestra España , como podria ser el mas fértil. liástima que se encuentre despoblado y úom haya estendido á todas sus localidades la coloonr cion iniciada y en parte llevada á cabo por Olavide, que 86 limitó á poblar las inmediaciones de la cBf^ tera« revelando con sus lindísimas aldeas lo quepa* 4ria ser toda Sierra*Morena.
La sierra de Túdia ea el principia de una «moiill
VeaTIBKTK OCCIDlHtAt;. 433
parte de la cordillera» la caal empieza eo aquella á levantarse notablemente para alcanzar la mayor altura de todo el sistema Mariáníco en la sierra de Ara-** cena. Antes» sin embargo de ligarse á ella, ^spag^Q ladeTúdia bácia clN.O. rainales muy coíibidürablcs, aunque mas por los valles que forman que por lo ao ddentido y áspero de ellos. El mas interesante se estiende desde Bien venida, donde tiene su arranque, hasta la eminencia que sustenta la fortaleza de 01í«^ venza próxima al Guadiana, y forma la orilla derecha del Ardila y otros riachuelos afluentes de aquel rio. El que forma la orilla izquierda es conocido por Sierra de Castellones y del Azauchal ó de Frcgenal, y ^ <Iiv¡de aguas con el Múrtíga que vierte en el Ardila.
La divisoria desde el arranque de este último estribo que tiene lugar al 0. y cerca de Fuentes de í^n, se dirige al S. y principia á formar la sierra de Aracena que se esliende por el monte de San Ginés y sierra del Gasta&o, de donde se descubre un espacio vastísimo de tcncno, y donde canilna su rumbo de nuevo al 0. por la Cabezuela y sierra de Aadébalo , encerrando á su N. el curso del Ghanzat rio también fronterizo, para corlarlo después y formar * ^ el Guadiana el Pulo do Lobo (salto del Lobo) con ios ramales septentrionales del sistema Cunéico que pareceo ligar los dos que forman la cuenca del Gua-
En la sierra de Aracena, y en punto vecino á la fflta qae la da nombre» arranca al S. un lomo con*.
TOMO O» S8
434 CAPITULO nr.
siderable, que por las sierras de Santa Bárbara y de Puerto Alto se estiende hácia el Guadalquivir, dividiendo aguas caire este rio y el Tiato, asi como ia de Andóvalo lo hace entre el Tinto y el Gnadiaoit dejandJ entre ambos accidentes oro^ráficos el cundado de Niebla, uno de los territorios al S. do la Peoíoaula, en que mas se sintieron los efectos de laguem de la Independencia.
La de Andévalo se ramifica también. Los prínd* pales estribos si':aicn su direccicn general de E, á 0., y apareciendo como la masa principal de la cordiUe» ra , se relacionan en San Lúcar de Guadiana y Alcoih tin , con la cresta también interrumpida del sistema Cunéico en la Guméada da Foupana y Serra Odeiet* lo. La divisoria se difiere por La Peña y el Ccirodel Aguda á terminar suavemente en la orilla del aur junto á Ayamonte en la desembocadura del Guadiana.
La sáerra de Aracena se halla bastante cobierli ,
de arbolado do castaílos, nogales, encinas- y alcornoques» y las laderas se batían cultivadas con hfts» tante esmero: la de Andévalo es seca y árida ea la parte mas elevada, pero en las caHadas se eocueotno también prados donde ae apacentan ganadosta*
laaLe numerosos, y bosques do alcornoques y dejt ooa muy útiles para las construcciones navales.
Las alturas mas importaatea del sistema Miríiii co son i«is siguientes;
vxftTifinrrs oocmKncáu 435
<>iradp Araccna 1,676 ^nu
Lomas del Horcajo. • • • • . 1 , 1 00
Sierra de Túüia 1,072
Alios de Vilianueva de la Fuente. I,0U
Lomas del Balle&tero 1 ,000
Pieacliode Almaradiel. • • • • 769
Altos de Sácemela 695
Llanuras de Ciudad-Real. . • . 650
Sierra de Ll^reoa. « . • . . • 569
£q ellas se observa cuáa rápidamente \ a deseen^
díendo la superficie general de la cuenca, pues que ésceptuando las sierras de Aracena y Túdia» las prin* apaleé altitudes corresponden á la meseta en que lienon origen ias aguas, hallándose las de la Laguna (le Ruidera que lleva el nombre de La Blanca á 877 metros sobro e¡ ri¡\ el do mar.
A pesar de esta circuostaiicia * lo raro y uo fácil de los pasos que ofrece la cordillera » la constituyen entina línea defensiva muy importante, cuya esceienda demostraremos con el señalamiento de estos y
•US propiedades.
Los mas conocidos y da consiguiente mas transí* Rafales son:
I IHisode Villamanrique. . • De Castilla á Jaén y Grííftada. 9H •
I I'ucrlu dü Debpcúaperros. Cano fia ¿c Andalucía . , »
hierto del Key Caoiinu de li errad ura del Vi* "
^0 ú La Carolina 539
Pqerlo de la Tía Gila, • • « Idem idem de Ciudad-Real á
Gdrdoba •
i ^usrio ftnUo Idem idemde Almadén á Gdrdoba» M
■ A
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436 CAPITCLO nr.
OargaoU de Gregorio. • • Idem ídem de QadajoiáCdr-
. doba
Puerto de Ifoaaslerio.* • • Carretera de BadajooE i Se*
vOla. W
Los ciaco primeros se eacuentran en la parte mas itnportaate de la cordillera opuesta áGastilla« dedoade ha de partir naturalmente la invasi /n en Andalucía, pues aun cuaado ea lílO dispuso ¿^ap^leoa se verificase por Estremadara* fué por el terror que ín* fundiaa las gargantas de Sierra-Morena desde el desastre sufrido por Dupooi eo Bailea.
El pa¿ü llamado generaaiicíiíe de Villamanrique está apoyado junto á Venta Nueva y Venta Quemada en el cerro Matamulas y otras eminencias notaUéSti cuyo espalda se bailan las nuevas aldeas de Montizoii y después el puerto de Santistéban en la divisoria do los rios Guadalen y Gviad lIIíii h aíluentes dei Guadalquivir. ]¿él camino servia solo para carros del paii desde la construcción de la actual carretera de Amb* lucía que lo susúluyó, pero el general Sebasüaai ea '1810, pasó con artillería de campana, arrollando á los españoles, que batíaos en el cerro de MatamulaSt se acogieron á Moniizon y después á Arquillos oetca • de Santistéban para ser allí vencidos de* nueva Aates se iba también por este paso de Albacete a lii)e^ da y Jaén; pero ahora se está construyendo una dr* retara ijuc entra cü la ¿>ravincia de Jacú por el valle del Guadalimar.
Todos conocen el p^^o de Desp^r^ap^rr^^;
mSBTIRNTB OCCTOEíCrAL. ' 437
belleza natural, tan notable que se ha hecho proverbial en Espafia. Aquella ancha grieta abierta en la cordillera con señales patentes del cataclismo que debió producirla eü las rocas de uoa y otra falda, por cuya estraña figura llevan estas el nombre de Organos de ¡^espeñaperrm; las robustas encinas que arraacao de la3 quiebras de estas rocas balanceándose sobre el precipicio al impulso de los vientos que violentamentese introducea por el desfiladero; el torrente que se pre« cipi6i mugiendo por el fondo cuando parece deberle estar vedado el paso de la sierra; y, en fin, las flores 406 crecen junto á las aguas y allí donde existe un poco de tierra, ofrecen efectivamente un espectáculo ffluy distinto del monótono que se presenta al viageK> al cruzar las tristes llanuras de la Mancha. La carreterra recorre á media falda la derecha del barnaco» y aun así se encuentra á tal altura que algunos se marean mirando por el Salto del fraile, innien- ^ quiebra vertical desde el camino á las aguas del MagaBa.
Pasada la quiebra y en otro barranco mas suave, formado por la cresta de Ja cordillera y ia elevada métela en que asienta Santa Elena, se halla la a!dca de i4tt Correderas, donde parte una nueva carretera que . «a dirige por la izquierda á Ubeda , aunque después de muchos a&os se baila en conshuccion y regular- <nenle no se concluirá porservir á los mismos infere* f js el ferrü-cau ii de Andalucía que se ha lia proyectadlo por oerca de Villamanríque á Santistéban , Menji*
43^ CAPITULO nr.
bar Y Andájar, aun cuando roa$ recientemente parece pausarse en llevarlo por Aldea-Quemada y Lioa^ res. La carretera general de Andalua'a gana desde Las Correderas la mésela de Santa Elena por uní cuesta penosísima , y desde aquella aldea sigue á la Carolina, ligándose ¿ los caminos de herradura qoe salvan también la cordillera por los puertos del Murada! y del Emperador. Por estos dos se flanquea el de. Despeñaperros, y por ellos se ha flanqueado siempre, así eo el siglo XIII como ea el XIX.
En 1213 se presentaron los cristianos anted puerto de Uespeuaperros, después de haber conquelado á Malagon yCalatrava, y abandonados ya deln eslrangeros iivilquistos con Alons j MU desde que m les entrególa fortaleza de Calatra va ai saqueo y maXmi que deseaban y aun intentaron en contra de las mü" pulaciones del rey con ios defeo&oi es. Por mas que don Diego Lopoz de Haro, que mandábala vanguardia atacücon el mayor vigor el paso próximo del Muradal, trepando por las faldas de los montes que cierrao el boquete cubiertos de moros Almohades , nada ptKfo alcanzar, convenciéndose de la imposibilidad delézito en un terreno como aquel, reforzado, ademas* por fortalezas que cubrían el paso á su retaguardia.
Guando ya se deliberaba sobre si con venia é so retroceder se presentó un tosco pastor cuya figura se contempla en la catedral de Toledo, diseQada porM mismo rey don Alonso, ofreció ensefiar un paso soft» veniente para flanquear el destlladero y lo mostró á
tBBTIEllTB OCCIDBMTAL. 439
doQ Diego López de Haro y el ¡nfaozon aragonés don
García ¡lomen, quienes se convencicroii do ¡a verdad revelada como por milagro cq aquella coyuntura para hofkor de ias armas cristianas y salvación de Espa* ña. Treparon, pues, los cruzados per la sierra y la atravesaron sigilosamente por el puerto del Rey ó del Emperador , presentándose en la meseta de SanUi £leoa al frente del grueso del ejército de los Almoba«- des que tenia sos tiendas en los desde entonces memorables campos de las Naves de Toiosa.
«A media noche del domingo al Iones, 16 de ju« «lio, dice Ro iiey, resuenaa las palabras de fé y do «vida por las tiendas de los cristianos, y allá los he« «raldos van voceando que se armen todos por la con- « tienda del Señor. Asisten caudillos y soldados á la €Ofelebracion de los misterios sagrados ; se pertrechan «todos con los sacramentos de la penitencia y de la «I^ucaristía; trasnochando así empapados en el santo «sacrificio de la fé, y enardeciéndose mutuamente. «Ilayaeldia, suenan clarines y tambores, lodo el «reaj se conmueve; conviénense los reyes y se man* «comunan, al par de un punto ventilado en cortes, «con los principales adalides , bajo la tienda del rey «de Castilla* y se escuadrona la hueste.»
Rompe la batalla al fin, la chusma y con ella los oabailerosde Galatrava se ven detenidos y aun arro<- Hados por la quíntuplo línea que forman los 600,000 moros de Mohamed el Nasr, pero socorridos por las idemás árdenes niilUares que en una fuerte masa sd
4(0 CAPITULO IV*
lanzan decididas á vencer ó hundirse eo ^ polvo» tras heróicos esfuerzos y con pérdidas que no pne» den avenirse con el número do las señaladas por los historiadores de la batalla « destrozan cnanto se Ies opone y dejan lilíi o paso para que los reyes de Navarra y de Aragón rompan el baluarte de hierro en que se guarecía el Nasr con sus 40,000 negros eo m cerro á que non podia homc subir sin grm ts[twiQ^ co* mo dicen las crónicas de Toledo.
También en 1810 se ílanqüeóDebpeuaperros por les mismos lugares por donde lo hicieron los crisüa' nos en 1212, aprovechando el milagro y la leccimi ahora contrarios á los espaíloles sin duda para dilatar una lucha de que tanto lustre habia de saor nuestro país por lo proloní^ada y penosa. En la guerra de la Independencia se hicieron minas en la carretera 7 se atrincheró el collado de ios Jardines, pero la reciente derrota de Ocaüa tenia muy desanimad» al ejército y no presentó en ninguno de los pasos ^ eücaz resistencia que esperaban sus enemigos.
Siguen al O. en la divisoria el puerto de Car latrava que conduce al Viso del Marqués, y el deis Tía Gila en el camino mas corlo de Madrid i Córdoba; pero camino que si en otro tiempo tenia casasd»
'postas en los valles que median ecíru las cadenas paralelas de montes que dijimos ofrecía por alü Is cordillera, hoy está'completamente ahandonadoéÍH transitable para la caballeria por lo resbaladizo y pe*
: drogoso. Este camino conduce de Brazatortas i I*
TfiRTIEXre OCGIDBKTAIi« MI
Gooquista y VillaDueva de la Jara, donde se relaciona con el llamado de los Ped roches que arranca ea Ja cuenca del Guadiana desde la villa de Almadeo.
También este es muy penoso á pesar de la condi* cion bastante llana de los Pedroches: el paso del Guadalméz y el del Puntal de los Callejones en la sierra del Castillo de Santa Eufemia, nrimero, v despnoseldel Puerto Calatraveño entre Alcaracejos y Villaharta^ en un terreno, este último, sumamente accidentado de continuas subidas y bajadas, ásperas y penosas especialmente en los Algibes hondos, te* Riendo que uiaicbarse siempre á la deslllada y rfn ariiUeria, quitan á este camino toda la importancia qae de otro modo tendría. El mariscal Víctor gan6 la sierra por ci y no encontró resistencia alguna retiréadose los españoles ante las tropas francesas que antes de ganar la divisoria se encaminaion á Villanueva de la Jara y Montero para unirse en Andújar á JIortier que la bahía salvado por DespeRi perros.
Todos estos pasos y el de Mano de iiieiTO ya próiiffloá Córdoba, pero que se liga militarmente con los últimos, forman la serie de los que permiten la comunicación de Castilla con las provincias andalu* xas y fueron forzados simultáneamente en la campana cuyos accidentes [¡arciales hemos ido indicando al observar las propiedades y objeto de cada uno de ellos. Ofreció aquella operación todo el as^jccto de una invasión general en Andalucía, pues á pesar de los desastres de los espafioles en el aDo anterior
442 CAPITULO iV»
de 1809, el cansancio que ya su iba difundiendo por todo el ejército francés con una guerra tan dilaUda y penosa, )a idea que tenia de ios obstáculos que presentaba Sierra-Morena y los que se decía habiaa^ opuesto los espafioles con obras de fortificación (f»^ afectivamente se hablan ¡deauo, pero no ejecutado, por una comisioQ de ingenieros, especialmente en la Mano de Hierro, y la memoria por fin del desastre de Bailen, hicieron á Josó tomar todas las precauciones que hemos anotado para lograr un éxito isdodaljlemente feliz en su marcha á Cádiz.
Siguen después al O. varios collados por doocb cruzan la cordillera algunos caminos de pu^o i pueblo, y entre ellos el de Medellin á Córdoba por la garganta de Gregorio, que se liga al procedeate de Almadén en la Mano de Hierro, y el de Badajoz Córdoba que la salva en Llerena, punto que por ¿u posición y caminos bastante transitables para la a^ lillen'a de campana, es de la mayor importancia, revelada asi en nuestras guerras con Portugal oomoeo la de la Independencia.
Pero el paso mas importasite en Estremaduca es el de Monasterio, en el camivio que hoy día se está ■ arreglando para carretera entre Badajoz y Sevilla. Pasaba por él la via romana que comunicaba á Marida con Itálica v en la edad inedia fué mantenido como de mucho inter/«s por los iemplarios mientras subsistió en Espafla aquella fnclita orden. InútO as decir queriendo el único porque se salva la oofJi*
VEBTOUitE OCCIDENTAL* 443
Uera en un camino carretero bueno , ha sido transí*
lado ea las guerras modernas por ledos los ejércitos que layan necesitado iievar consigo un tren consi* derable de artillería, y en la de la Independencia sirrió á Souit de tránsito ordinario en sus espedí* dones desde Andalucía para la conquista piiniero y despoes protección de la plaza de Badajoz.
Hay mas al O. otros colindes por donde puede flaaquearseelpasode Monasterio pero porcamínos por los que solo los carros del pais pueden cruzar la d¡v¡« Soria, lacuaU sin embargo* fué salvada en nuestra úl* t¡©a lucha nacional repetidamente dando lugar á vari )g eQcuentros como ios de Fregenal y ievóz de los fiiteUeros, siendo todo el terreno inmediato teatro dis choques muy rudos contra las tropas enemigas qu^recorrían la carretera para los objetos arriba íníiicados, ó dominación del país.
Oe la naturaleza misma de estos son los pasos mas occidentales de la cordillera y aunque por alguno de ^ debian estenderse las antiguas vias de Évora y ^•eja que salvaban el Guadiana por llertola, Serpa y Uoaráo, las cuales se hallan imperfectamente sefia* l^das por error ü omisión en el Itinerario de Anto- ^^ao, boy solo son transitables por carros del paíi Erigiendo desde el condado de ISiebla y Huelva i ^mancos, Paimogo y San Lúcar de Guadiana. . A pesar de nuestra rcpuíznancia á relatar sucesos ^ la guerra civil no podemos pasar por alto la es* íAáon del brigadier carlista Gom§2 ^ujea c^u^o ííu
4M CAPiTCLO IV.
poco tieíiipo cuatro veces la divisoria Mañanica obstáculo alguno. Hay que advertir que no llevaba mas artillería que algunas piezas de montaña, de mono que podía transitar por todos los caminos; pero aua asi lo hizo por algunos de los mas señalados é iinpcNTlantes.
Derrotado en Víllarrobiedo , penetró en Andalo*
cía por Viliaiiiaiirique, apoderóse de Córdoba que al poco tiempo tuvo que abandonar, y salvando la aoh dillera por el puerto Calatravello, cayó sobre Atofiadea y se hizo dueüo de su rico establecimiento. La persecución de que era objeto le condujo á pasar ti Guadiana por vados próximos á Puerto Pefía, y no pudiendo cruzar del mismo modo el Tajo por nio^ 00 de sus puentes^ observados cuidadosamente por las tropas de la reina» repasó aquel rio por la desembocadura del Ruecas t salvó de nuevo la divisoria Mariánica entre Bei langa y Guadalcanal al E. de Monasterio, se internó en Andalucía, llegó á su térmiaa merid onaU y acosado de continuo y batido en Íbi^ ceite, volvió á repasar Sierra Morena por Üespeoft* perros abandonando Andalucía para siempre*
Por los mismos puntos ó próximos cruzaron ta iiivisoria los generales liberales que le persiguiermif V el entonces brigadier y después general conde Belascoain, lo hizo por La Conquista y Villanueva da la Jara llegando i Ckirdoba con todon tm atelop desherrados.
CURSO mu
No entraremos en la taa debatida cuestión sobre el oacimieato del Guadiana, considerado en un lugar üoiro según las observaciones de cada escritor. Quo debiera bailarse en el origen del Gigüela por ser este rio el de curso mas dilatado; que en las lagunas de Ruidera, escoadiéndose después de su descenso do ellas ea antros misteriosos por desconocidos, ó filtrándose ó evaporándose sus nguas que es lo mas probable; ó bien por tín, en el sitio en que estas aparecen, en los llamados Ojos del Guadiana, es punto cuyo estudio no corresponde á trabajos de la índole especial del nuestro. Sin embargo adoptaremos en este el mismo rumbo que ha seguido don C. M. do Castro, ingeniero espaQol que en el año de 185Í ipublicó dos artículos muy notables en la Revista de Obras Públicas coa el título do «Apuntes sobre las ÜaguQas de Ruidera y rio Guadiana.» En ellos cree deber «ad uptar los nombres de Guadiana alto ó de «Kuidera, y bajo ó de los Ojos para cada uno de ellos, »cpie considera como dos diferentes rios, si bien para >poner en relaciqp sus trabajos liga las operaciones averíficadas en uno y otro, continuándolas desde la •confluencia d(?l Gja lipína aUo con el Záncora, basla «la de este rio con ei Guadiana bajo.»
446 CAHTULO IV.
Fórmase el Guadiana alto en la divisoria genenJ cerca de la sierra de Atcaráz y después de amoeii* tarse sus aguas primeras con las que pasan por la Ossa de Montiel (642^hab.)« se reúnen con las de otros arroyos mas occtdeotales en las lagunas de Ruidera.
Estas son trece» escalonadas de á N« próximamente, vertiendo unas en otras, algunas por saKdas de escasa incanacion, la niayor pr^rte por cascadas de las que la mas notable es la del Rey ó dédma* que lo hace desde una altura de 15 metros, cuya caída se aprovecha para mover las ruedas de k fábrica de pólvora de Ruidera (480 hab).
Este establecimiento, que desde que se baila é cargo del cuerpo de artillería ha recibido un graa desarrollo y tnejoras impurtantísimas asi en su local como en los artefactos mas propios para la elaboración de las pólvoras, se encuentra como las lagunas, en un vallecillo formado á la derecha por el cerro del Cabalgador y Dientes de la Vieja que anaooaa de la divisoria, y á la izquierda por el cerro del Perdiguero en el origen de la sierra de Alhambrti por cuyo pie se ha intentado llevar las aguas de las lagunas al Azuer para regar la campiüa de Ifaatt» nares.
Las aguas de las lagunas mueven varios meninos y batanes cuyo estruendo alborotó y desasosegd iMlt
al de la Trisfo FÍL;ura y á su chistoso escudero y 68
loi^r no lejai^o se encuentra la cueva de MootestiMi
VEttnJEZ^TB OCODENTAU 447
que ¡ospíró á Cervantes uno de los mas bellos episo-
diosdesii fabi:!a. Desde la úlliaia de las lagunas el terreno se abre ootableaieQte bácía las iomensas llanuras de la Mancha, y las aguas del Guadiana se des* lizan por Argamasüia de Alba (1,919 hab.), cuya caiapifia casi horizontal inundarían sin la construcción de una acequia por la que se enc uzan en las aveoidas dirigiéndolas en úlümo caso bacía Tome* lioso (7,423 hab.}« villa que asienta no lejos de la orilla derecha.
Pasados los dos puentes de Argamasílla y después el de la alameda de Ccrveia, se pronuncia la filtracioo de las aguas, las cuales desaparecen del toda eotre joocos y espadañas en ei Herradero de Guerf6rOf llegando en las grandes avenidas al Záncaraqua ya presenta su curso próximo á aquel lugar*
El Záncara tiene su origen en la divisoria Ibérica^ recorre desde la loma de Abia de la Obispalía un terreno muy elevado pero llano, recogiendo cerca de ¿aira (826 bab.), y Villar de CaDas (1,326 hab,) arrayuelos que soto llevan agua en el invierno forman* doea esta época pantanos muy perjudiciales á la cultura y á la salud en la vecindad de aquella última villa, en la que salva el rio la carretera de Valen* cia llamada de Las Cabrillas. Después de marcar cer* Ci de Fuentetespino de Haro (621 habitantes), ua Tecodo Dotable al E. introduciéndose por el estrecho do Haro» continúa el Záncara su curso al S. por Vi* Uar do la Encina (531 bab.)i ; pasa al S. E. de Bel*
443 CApiTtn.0 IV*
monte (2,601 Uab.), cruzado por cl cnmíao cairete* rodé Tarancon á Saa Glemeate y Hinaya, y des» pues ea el puente de El Provencio (1,755 hab.), por la carretera general de ftladrid á Valeocia ¿ la quo aquel se une en Minaya. Eq El Provencio recibe et Záacara por su orilla izquierda el cauda! del noüuá, sa mayor afluente, el cual teniendo sos fuentes cer* ca del Jiícar en la divisoria general, corre al S. O, por San Clemente (3»812 hab.}, en un terreno rico en general de cereales como lo es todo el descrito ea el valle del Záücara, cuya iinporlaacia comparte esta villa con la de Belmente, habiendo sido teatro do ii lucha civil á que diu lugar al advenimiento de !a Reina Católica al trono de Castilla , el preteodMia derecho de la Beltraneja, quien habitó el anticuo cantillo de üelmonte protegida por don Juan Pacheco su partidario mas acalorado.
Ea la vega del Provencio cambia el Záncara sa dirección y se encamina resueltamente al O. porSiH cuéllamos (2,824 hab.), hasta que. cerrn de Alcáw de San Juan (7,780 hab.), capital del Priorato de ix órden de San Juan á que pertenecen varías villas ia» mediatas y punto de enlace del ferro-carril del Me* diterráneo con el de Ciudad-Real y Badajoz q«4 ya va á abrirse hasta iManzanares, se reúne al Gh guela tras un curso de 200 kil. ya oculto ea su última parte en un lecho pantanoso y de espadiaBMi
El Gigüela de condiciones físicas muy seuiejár¿leá é las del Záncara» es, según ya hemos didiOf alafltisi^
VEMOncn OOCmENTAL. 440
ta mas considerable del Guadiana, y aunque do corso próximamente igual en eatension al del Zán-
cara, es considerado por algunos como el ver- ,íiadero Guadiana. £1 terreno .que cruza es llano y representa una gran meseta rota por los arroyos que afluyen al Gigüela ó al Záncara, dominado solo por unas lomas que desde la sierra de Altomira van cortadas por el primero de aquellos rios y el Riánsaros, formando un arco basta Alcázar donde tomanel oombrede sierra Jarameña, y pasan de nuevo á la derecha del GigUela para ligarse por Puerto-Lápicbe
i los montes de Toledo.
El Gigüela nace en los Altos de Cabrejas « cerros cjue, como ya hemos dicho, sirven de separación entre .la vertiente oriental y las cuencas del Tajo y del Cuadiana. La dirección es de N. £• á S. 0., y en un principio va acompañado de la carretera de Cuenca
ii Madrid, que lo corta algunas veces y la última cerca de Horcajada (622 bab). Hace alli una inflexión ais. hasta punto próximo ¿ Montalvo (1,099 habí* íaotes), donde lo cruza la carrelera de las Cabrillas que baja al río desde Saelices (1,694 hab.) , y voU viendo después á su dirección general desciende mansamente á Pozo Rubio (1*230 hab.), á cuya cam- .piQa llega después de pasar por bajo del puente que facilita el tránsito del camino de Taiancoa á Celmoíi' (e. Uiego, no lejos de Villanueva de Alcardete (2*629 habitantes), tiene un nuevo puente, y un puuü mas
abs^ ireDte á Quintanar de la Orden (6,839 habitan* «Olio tu. la
le?), otro que se encuentra en la" carrefcra .^nenil de Valencia, la cual desde aquella villa sigue á li Mota del Cuervo (3,529 hab.], que asieota en aque* lia líjina continuación de la sierra .laiameua q;ie hemos dicho corta el Gigüela. Cruzado de£])ues esta rio por el ferro-carril del Mediterráneo, sigue á Qfle« ro (1,021 hab.), y al 3Iülmo del Ucrrero donde recibe ' raudal del Riánsares por la orilla derecha.
Esto l io nace en la sierra de Alloiiiira cuya cresta rompe por la vecindad de Uuelves (523 bab). fm luego junto á Tarancon (3,393 hab.), crundo por la carretera de las Cabrillas y baja á recibir por b izquierda las aguas del río Bedija procedente de las inmediaciones de Uelds (1,033 hab.j, vifla qne asienta sobre unos cerros coronados por el castillo coa* yentual de la ¿rden de Santii^a^o, quemado por loa franceses, asi como la pobaciuíu iras la balaiia á que esta dió nombre. Sigue el Riánsares al Comí de Al maguer (3,398 hab.j, paso de la carrclera de Valencia; á la Puebla de Don Fadrique (2«808 habí* i tantos), y á Villacaflas (5,147 hab.), estación del fisrro-carril que cruza el rio; y, por fin, a la Puebla de Almoradiel (2,851 hab.), por bajo y á pocos küé* metros de cuya población da su caudal al Giptiela.
Sigue este rio directamente al S. y desangrado para sostener las aguas de la laguna de VillaAv* ca délos Caballeros (3,108 hab.), muy abundaole en pesca, correal término de Alcázar de SanJiMBi Tüdü el Iciieno uu Alcázar qo éalitroso como 4
de Tembleque y otras poblaciones inmediatas, en
'as ijue se fabrica una gran cactidad de saliíro p ira ¡a elaboración de las pólvoras. En éi afluye al Gigüela por su orilla derecha el rio Amarguillo, que procedente de los montes da Urda (2,870 liab.), ba&a eo inviernot que es cuando únicamente Ueva a¿Qa« el pie del cerro que corona la derruida fortaleza de Consuegra, prisión alternativamente del segundo don Juan de Austria y de Valenzuela* rivales en la ptívaaza real coa ta madre de Garlos II, y cruza la villa (6,870 hab.), por sus ca les, como luego la de ftladridejos [6,928 Lab.) en la carretera general de Andalucía.
Poco después se reons al Gigüela el Záncara con el GuaUiaua alto, y oijiii^ado el primero á cambiar de dirección, marcha paralelamente á la cadena de emi* nencias que dijimos se desíaca de los montes de Tqledo para ligarse á la sierra Jarameaa.
En esta cadena de eminencias , y entre dos algo elevadas, se abre el llamado Puerto-Lápiche, pafeo suavísimo de la carretera de Andalucía , interesante por arrancar de esta en la pequeña población (95S habitantes) que asienta en él, la nueva carretera de Ciudad Real por Arenas do San Juan , Datmiel y Almagro. La general de Andalucía cruza el Gigüela en ^ ViUartadeSan Juan (1,0^ bab.)t por un puente muy largo y tortuoso , pues las obras del nuevo que se comenzó á construir á principios de este sigio se liaUan lastimiosamente detenidas, ün pantano en»
452 CAPITOtO IT*
bierlo de juncos y espadañas marca alli el ledie la* churoso de tres rios ya reunidos, que parece debió* ran llevar ua caudal enorme de agua si se considera lo dilatado de su curso y lo anchuroso de los vattoi que recorren, y vastas praderas, siempre verdes y abundantes de pastos, están indicando cómo tas aguas que (leijieran cubrirlas corren por sus raíoes dándolas vida y gfecioiiettto. Y efectivamenlej ea cualquiera parte en que se practique un aforo se aiicuentra á los dos ó tres pies ?gua abunda ole iiue no sería difícil sacar á la superñcie» especialmente ea el Záncara, convirtiendo aquel pais hoy desnudos un valle frondoso, habitado y rico.
El mismo aspecto que en Villarta presentan estos nos en Arenas de San Juan (770 hab.) , donde existe otro puente de doce arcos para la carretera de PuertO'L ápiche á Ciudad-Real, hasta que por bajo de Villarrubia de los Ojos (5,641 hab.) « se preseaU de pronto anchuroso y magestuoso el Guadiana eoi el caudal que brota de su verdadera íut üie, diviü éndose en dos brazos que forman una isla estensa f siempre verde. El misterio que rodea i estos süp» tídores tan celebrados, nos hace detenernos ua momento en su descripción , la cual copiamos da los ya citados artículos del inteligente señor Castro t que I<M ha reconocido minuciosamente* cNaflS Del Guadiana bajo, 6 Guadiana la baja, dioOt Si » término de Villarrubia, provincia de Ciudad Bealt »de unos manantiales 6 hervideros da raMife
VBETIBNTB OCttlDBNTAI.» 453
sesteosioo , si bieo de puras y cristalinas aguas, •conocidos coo ei nombre de los Ojos. De esfitos solo tres se hacen uotaPt y sin duda por tal ranaa han merecido ser designados con nombres es- 9peciales. Mari-Lopez, la Canal y Cercano son estos «tres, que unidos entre sí forman una laguna , cuyo i>periínetro» según nuestras mediciones, asciende »á 8,410 pies. Impracticable ésta casi en toda su es* ji^teosion, imposible fuera querer apreciar el voliitom de las aguas que contiene; pero aprovechando »un claro que se observa en la parte centra! del iqo Mari-Lopes y en el de la Canal, pudimos me*
ídir su íoíido, obteniendo por medio de la sonda una
«p^ofondidad desde 8 á 11)66 píes para el pnmero >yde 5 á 9 para el segundo.
ikLa perfecta trasparencia de sus aguas permite »^as brotar por entre los cantos rodados del terireoo de aluvión que constituye su fondo, y lo bace iHM tal fuerza , que mantiene aquellos como en sus* ^pensión , moviéndolos sin cesar de uno en otro la* *do, á pesar de sus crecidas dimensiones , y á pe* también de la presión debida á la gran masa de. ^Igoa que sobre ellos gravita*
ftCríaose con profusión dentro de los mismos Ojoa i»y en su prmiimidad , carrizos, espadafias, masiegas >y tantas otras plantas acuáticas, que corno hemos ^dieho , ae hace de todo punto imposible una medi* »cion exacta, y no fuera fácil tampoco una aprecia* ^ém prudencial del agua que contiene ; pero ya á
4^^ CAPITULO IT*
Mtguna distancia de los nacimientOA » y una m eiK .jicauzado el curso del magestuoóo rio que describíamos, puede determinarBe su rico caudal, (pieea
»Gn de junio de 1849 era de 132,30 pies cúbicos p:^ aaeguodo.
^Magnífico se presenta el río aquí , apenas ae^Mh »rado algunos ceDteoares de pies de su oacunieoto; »el caudal de las aguas coo que naca ea sorpno»
«dente, y hace esperar que engrosada por sus rau- »cbos tributarios , á poco que le sigamos» tomará amensíones colosales, y tal vez podamos navegar aa »éU iNada de eso , su caudal , como tendremos iog^ ade ver marchando ¿ su lado basta Badajoz , aomen* )jta 1)000 en su trayecto: si los nos que le rinden DbomcDdge llevan basta él sus ofrendas , son e^tai atan humildes , que con dificultad se encuentran soiificieates en gran parte del año á cubrir la abua» adante evaporación de sua dilatadas tablas , en \m
«cuales quedan las aguas por mas ó menos ikii\¡ o aen reposo, presentándose vadeable aun para ka apéatenos en los diques 6 barreras naturales que saaparan aquellas unas de otras y originan las cimu^ aroi; asi le veremos llegar á l^dajoz sin oonstdan* able aumento, pero lleno de magestad en cambio, acón su ancho cauce, con sus cristalinas aguas, coa aso blanda corriente , pero menos veloz aun que al apnacipiar su curso. )i» s
iierca de los Ojos recibe el Guadiana on no0i% li bien exiguo gaudal. El rio A¿aor i cuyas íueoiof
se encuentran próximas á las del Guadiana alto, con el que seguQ ya hamos dicho se pensó aumentar sus «goas hasta hacerlo considerable y útil, corre desde los altos de Viilanueva de la Fuente á cortar la sierra de la Alhambra por donde esta se relaciona con ta del Moral, que se estiende por la derecha del Ja* l)aloQ formando en algún punto divisoria con el Azuer» Poco después * cerca de Alhambra (890 ha* l'ilantes), cruzado por el camino de Alcázar de San Inan y Argamasilla á Viilanueva de los infantes y Villamanrique, se dirige por entre algunos pueblecillos, cuyo terrilorio riega con sus aguas, á Solana (7,177 bab*), Membrilla (4,919 hab«}« y Manzana* res {10,257 bab.) Junto á esta villa se ha construido un canal para fertilizar una parte de la campi&a « y con igual objeto y en su ayuda se ha abierto un nú» mero lulinito de norias que muestran e! a^ua á muy poca profundidad , contrastando con la falta que de ella se observa en el álveo principal del no , seco siempre en verano, lo cual hace aparecer en esta estación al que transita la carretera de Andalucfa coiiio inútil el buen puente que lo cruza, y solo oe* eesario el contiguo del canal.
Sgue desde alli el Azuer al despoblado de Moralalaz , donde aun solevantan las medio arruinadas torrecillas que indican el emplazamiento de la población, y después confiniia costeando el elevado llano en que asienta Daimiel (12,452 bab.) , la antigua Im m líin. lazo de las principales \'m que cru^aa
éüfí capítulo iV.
el territorio de la Mancha, í.a vilia, importante avin ahora por su situación « vecindario y riqueza, eosdllorea una ¡Dmenaa llanura salpicada de casarte f granjas con multitud de norias, interrumpida por las lagunas Albuhera , Escopillo y la Nava , y cruzada por el Azuer, que penetra en el magnífico y esteoso bosque de Zacatena» y en él alluye al Guadiana en las cortas temporadas en que lleva agua « 4 los 84 kilómetros de su nacimiento*
Pasada la confluencia con el Asuer y con et Gi» gíiela , el Guadiana recorre un valle sumamentesuave en que sus aguas estendiéndose por ambas oríUtt se encharcan algunas veces perdida la velocidad que tienen en su origen. Asi pasa moviendo algunos molinos harineros por las inmediaciones de PeraiviUB^
lugar de las ejecuciones de los malhechores cogidos por la Santa Hermandad de Ciudad Real » y da ffcon (572 hab.) , en las que tiene dos malos pueotei^ el primero en el camino de Yébenes á Ciudad ñeá por el puerto de la Matanza y Malagon , y el segméi en el de Porzuna á la misma capital nombrada. Efi^ tre estos dos puntos afluve por ia derecha ei arrop Cambrón , que desciende de los montes de Mié» por la villa de Malagon (4,156 liab.) » memorabld por algunos sucesos militares de importancia á f» ha dado lugar el hallarse en el paso del c amina mencionado de Toledo á Ciudad fteai. Merece espacial mención entre ellos el primer choqoe del ijMM, cristiano en la campaúa de 1212, de cuyas resato
VKhii¿..NT£ OCCIDENTAL. 457
foé asaltado el fuerte castillo qae se levantaba junten
A la poblacioQ , siendo sacrificado su presidio auQ cuando eo buena iíd> no como en época reciente en que los muros que se alzan sobre las ruinas de los deíeodidos por los moros se han visto ensangrentada por la juventud de Malagon en hecatombe á la libertad de nuestra patria.
Ya alii )a derecha del Guadiana ae presenta aecídentada y pintoresca por las descendencias de los montes de Toledo cubiertos en gran parte de bosques fimdosoa. La sierra de Porznna , paralela á la divisoria, estendiéndose de E. á O. desde Fernan-CabaUero (813 hab.) , ¿ Porzuna (1«005 hab.)« es el priner accidente orográQco notable que empieza á li* üiiUf el valle del Guadiana, formando un contraste que ya hemos tomado en cuenta con la llanura de Ciudad Real (8,Ü51 hab.) , que se halla contrapuesta en la orilla izquierda, llana • igual y cubierta de cereales interrumpidos por algunos olivares mez* ciados con bastantes viñedos y escasos huertos. Esta Daoora que circunda á la capítalde la provincia, teatr<^ (Je la batalla del 27 de marzo de 1809 en que fué dernotado por Sebastiani el ejército español que mandaba «I conde de Cartaojal, se mlerrumpe al O. por unas iamasen que termina la prolongación de la sierra del Moral por la derecha del Jabalón, entre las que des» cuella Alarcos, testigüen 1195 de uno de losmayorea desastres que sufrió la España cristiana en la recon* quista, vengado poco después eo las Navas de ToIosa«^
4tf8 CAPtTDLO IV*
Era la de los agareaos una hueste ioaumerabb €0010 Jas ftreoas dei mar » que atravesó porei fsb^
cho gaditano para tomar después por Sevilla y Córdoba el rumbo de Atareos, arrasatuiú la y&rba ii k Umos, fiokanio loi peñoim que k alajalm d frMb, ira^imñlmdo sierras encumbradas y agolando con km €kedumbre dú sis soldadesca ¡aseorrienks d$ loe ríos^et^ gan :m)s dice el arzobispo don Ixodngo, liisloriador de aquella época y testigo ocular de uoa grao parte de aquellos sacesos grandiosos. No presentir» et«8* nerable prelado que aquellas palabras que él estampaba con dolor en el pergamino podrían un día «ifi* carse á otra lucha de condiciones opuestas en q'je los descendientes de sus companeros de armas lu* bian de ejecutar con gran glorii para el país, JB el d ' sus contrarios , empresa semejante coa idéoticos trabajos , resuMado igual y mayor generoáád que la que usara Yakub Almanzor coa la i^uarmciOQ
de AlarcosI
Alaroos quedó reducido á ruinas y solo un
indicaba á principios del siglo actual el lugar es que
asentaban la villa y !a fortaleza; pero otra invaáoade
la parte opuesta de la península viuo tambieo iokr
por tierra aquella casa de Dios encumbrada en e\
eminente y vistoso altozano que domiAa al Gm^e^
y á un puente antiguo que comunica á Ciudad te'
coa Piedrabuena.
Pásado el puente de Atareos sigue el GuadfMJi
uclinado al S., desde Picón, á pasar tjütre Al^lea
TE&TIENTE OCUDE^NTAt.
de Calatrftva (1,440 hab.) que asienta en la orilla de* ilQcba^ y t'oblete (508 hab.) y El Corral de Caracuel é ée Calatrava (1 ,720 hab.) , que están en la izquierda, eo-la que deseuiboca el Jabalón cruzado antes por un bMi090 puente de piedra en la carretera de Ciudad Reaiá Alnaaden, lacc^l, ahora en cou.-lracciyo, des«» iI^Im dos poblaciones últimamente nombradas prosi* gfjg^ á las de Cabezarados, Abenojar y C<ii.;anlioI.
Bi Jabalón nace en los campos de MontieU céle* bres desde que la muerte del rey don Pedro, puso en I|0 sienes de su hermano y matador don Enrique de Traslamara la corona de Castilla. Corre de S. E» <X entre la sierra de la Albambra y la divisoria general de aguas con el Guadalquivir, de la quo taji^ík en invierno á acrecer su caudal varios arro*
yos, y entre eüos el Oriiron que afluye ogna arriba de llIcnbiUaa (525 babiiaotes}« Separado del Azuer por iÉül meseta en que asienta Villanueva de los InTantm (6» 130 hab.) y cruzado luego por la carretera general entre Valdepeñas (10,768 hab.) y Santa Cruz lil-iludela (4,687 bab.), recorre el Jabalón un valle muy angosto en la orilla derecha que limita la sierra dei Moral donde asientan Moral de Calalrava (4,359 lídiHaiites) y Granátula (2,474 hab.) al S. de Almagro (10,202 hab.) Por la orilla izquierda este valle Mg Imito cerrado á bastante distancia, en un principio pQtr un lomo que desde el Viso del Macqués (3,136 i-Mritaotes)» donde existe desmantelado el magnífico I i^aldcio coostruido por el primer raarc^^uc^s de Saala
460 CAPITUU) nr.
Crnz, en el que hemos visto roídos por \m gusanos y envueltos eo polvo trofeos que merecieran imieaipbi rtL señalando te divisoria general por el puerCods Ciktrava y Puerto Llano (2,673 hab*)» y despuesludd rio de te Vega por el lomo de rocas pizarrosas eo se alza el derruido caslino de Caracuel. En este valle se encuentran Calzada de Calatra va (4, 132 bab«) y áso inmediación los amiioados castillo y convento déSit vatierra y Calatrava en cerros eminentes, presidiad» en te edad media por los caballeros de Catetrra ^
gilando las avenidas de Sierra Morena. Existen ademas otras poblaciones como Aldea del Rey (2|386^ hitantes). La Gallada (50S hab.) y Ballesteros (1,037 habitantes) que asientan en la izquierda del Jabaktti y Valenzueia (1,169 bab«)f Ptouelo de Gatatth va (1,701 hab.), Bolaños (2,837 hab.) V otras vana¿ menos importantes esparcidas en las encañadas de la sierra del Moral y su conlinuacton por la der6ehB.li una de ellas, pero en la izquierda del no se descubre te Fuen-Santat establecimiento de bafios me^bobabi puesto hoy ála altura de los mas notables y cómodos.
El curso del Jabalón es de 130 kiU^ sin agosU mayor parte del ano, y su valle, en que sa iiitiwi tran signos manifies! >? do antiguas volcanr2aci0üe&, ofrece un carácter muy semejante á los del tíglík Záttcara y Azuer en cuanto á las produce iones y d»- nudez del terreno» si bien es algo mas salvaga jMvb
estructura rocosa de las faldas de li ir usjaiateni
•ctesquclo accidentan.
El Guadiaaa« poco después de recibir al Jabaloo« ambía m nimbo al N. O. y desde el puente inmediato de las Ovejas, entra en el término de Pozuelos (418 hab.) inagotable criadero de las langostas qoe destruyen los cain[)üs do la Mancha fomentado por la maleza que crece ea ambas orillas del río. Po* co después es cruzado en el largo puente de la Lucia* na (250 hab.) donde recibe por la orilla derecha en que aaeota la villa , las aguas del Bullaque , no que baja eadireccion N. S. de La Calinda y altos del Molinillo eatreias sierras de los Palacios y de Porzuna, que dejai sn izquierda con las villas de Porzuna (1,005 babitantes) y Piedrabuena (2,807 hab), y el Espinazo daCan y sierra de la Nava la Grulla, que se alzan en hderecha. Empieza alli á recorrer el Guadiana hácia dN*0. un terreno áspero ya y cortado por ramales 9^ como Io8 dos últimamente nombrados , parecen quererse ligar en ambas orillas y unir las dos cordi* Imsque forman la cuenca. Especialmente desde la fbAladedon Rodrigo (436 hab.]« donde ya lleva auMatado considerablemente su caudal con los del Bul^ue y rio de la Vega, que á su vez le llega por la izquierda procedente de Argamasilia de Calatra- ^ (2486 hab.) y Almodóvar del Campo (4^791 haMantés), entra el Guadiana en laderas pendientes que se rompen sobre sus aguas, las cuales mansa* diaote bajan deslizándose por el puente de Villarta de los Montes (852 hab.) y#por Helechosa (679 hab.) com temerosas de los mil obstáculos que ie oponen loa
462 CAPITULO IV«
páramos que van faldeando, paia íoaíptilos al fin al desembocar ea Estretnadura por el PorUUo de hájarra y el de Puerto Pefía entre los qqe asienta Castil blanco (2,023 bab.}, aiaasioQ romana en la vía de Toledo ¿ Mérida que cruzaba el Goadiaoa junto á aquella villa y cerca de Viilaria, salvando asi el gran recodo que eotre ambas poblaciones forma el rio há* cia el N.
La mayor parte de las tierras de la orilla derecha, denames de la cordillera Carpetana, son estríbospe^ pendiculares á ella en un principio y después vastn parameras abiertas, paralelamente por peque&os «iUqs cubiertos de bosques y monte bajo y despobladas en casi toda su superácie surcada muy raramente di algoD mal camino de sierra. Pbr estos valles coma riachuelos sin importancia alguna por las niismas circunstancias que acabamos de apuntar, sieodolosMi caudalosos después del Bullaque, el Val de Hornos, el Uubial, el Estena y el Guadarranque que desdenden de la cordillera entre La Calinda y el puerta di San Vicente. En este se ven estribos de N. O. á S.E. eu la misma dirección del Guadiana al hacer el iwdo, por entre los que y por el notable boquete de hi R^ñas parece debiera seguir el Guadiana á unirse al Tajo.
Las montañas de la orilla opuesta no son perp6i* dieularesal Guadiana » pues que la divisoria oaa al Goadalmez y Züjar se estíenda de B. á O. par^Bl^ mente ¿ aquel no, presentando una cadena deoerros
VEüTiedTB ObciDGNTAL* 463
aportantes por ios Altos de Saceruela basta la sierra de Herreri y risco de Peloche en que termina, lanzando al N. pequeuoá contrafuerteb que sobresalen en los páramos próximos á las aguas. Los arroyos que cJeS'» tienden de estas montanas son, como es de suponer» mucho uienos considerables que los de la orilla derecha, y solo debe mencionarse el Benazaire que baja de la pintoresca sierra de Herrera, coruiiada en sus cerros mas eminentes de ruinas de antiguos castillejos, de ksque el mas importante era el de Herrera del Duque (2,972 hab.), y cuyas aguas deseinbocaa en ei Guadiana por la llamada Pretura de la Hoz«
Ya liemos dicho que las moritanasque presenta la cordillera Oretana y acabamos de describir en la deredia del Guadiana, impiden la comunicación de las líneas de Andalucía y Estremadura y aislan, de consiguiente, las operaciones que puedan ejecutarse por elias. La condición de los estribos de la cordillera Mariánica» que se estienden á ligarse con tos de la opuesta por las estrechuras que salva ei Guadiana en el término de la parte que hemos descrito, causa un airamiento igual respecto á las provincias de Badajoz y Ciudad Real, á pesar deque en la época de la domÍQacion romana existia una via cómoda que iaciiitabala comunicación entre ambas provincias, borrada bpy de ta superíicie de aquellas montaña?. Este aislaittiento notabilísimo tan influyente en toda ¿guerra, como hemos visto lo fiiéen la d»* sucesión im[>i(liendo ia reuniQQ del ejéruto portugués con el austriaca, nos
iiace detenernos aquí uq mu neiUo del misoio modo que dejamoB la descripción del Tajo al verle eotnrea
Portugal.
Aparte de la guerra dilatadísima de siete síglosque costó el recobrar el territorio de la Peofnsob, perdido eo una sola batalla, guerra en la cual no hubo paoto que ao se disputara por mudios anos, no bay qoe buscar en la región superior del Guadiana combíM* Clones estratégicas, ni choques decisivos entre ejeratos beligerantes. Su naturaleza llana, la sequedad de sus ríos, lo apartado de las poblaciones y sus cortos recursos impiden la permanencia de grandes nam durante el espacio de tiempo necesario para d deiarrollo y desenlace de cualquier plan de guerra; m que solo ha servido como paso de la cuenca det "bfi á la del Guadalquivir. Si se ha visto un choque en Is del Guadiana, ha sido, por consecueocía de mu^ mientos ejecutados en una de las contiguas, yb tropas la han cruzado velozmente como temiendo uai detención que podría causar su ruina al menor táculo que se preséntala en la línea de sus comoaí- «aciones.
Por otra parte, en la guerra, uno de los eoMi»
dientes se encuentra generalmente mas débil quaia enemigo y busca, de consiguiente, en sus plazas y la posiciones propias para la defensiva, los medios d-^ contrarestar el número y los recursos militares<iittÍ0 faltan. En la región superior del Guadiana ni sÉhM plazas ni posiciones ventajosas. Los rios aun cuando
TBaTttHR OOCIMNTAt. itjjj
leve» agua, y no la Uevao en las épocas roas oportanas para la guerra, son vadeables por lüdas partes; las sinuosidades del terreno son accesibi«} y pueden flanquearse por su aislamiento, y aun faltando carreteras, pues solo existen las de Valencia, Andalucíay A rnaden, todos los caminos son buenos para la artií;cría de campaDa por lo llano y firme del terreno. Kl do¡iu:iio, pues, de la Mancba es del mas fuerte ea cualquiera de las dos cuencas del Guadalquivir ó del Tajo, y este puede transitoria siempre que conserve la superioridad sin temor de verse asaltado en su marcha. Solo con" mostrarse Berwick supei ior en el Tajo en la campaña de'l706 por las faltas de los gmrales enemigos 9 la fidelidad iiuomparabk del pueblo casteUano, como él mismo dice en sus Memorias, cruzó los valles del Gjgüela y Záncara sin que los austríacos pudiesen oponerle resistencia alguna hasta A Imán ía; Viotor.. vencedoi un üciésen 18Ü9, dejó limpio de espaaoies el valle del GigOela que tuvo que abardooar el duque de! Infantado para pasará !a vertiente orieuUl por la vente de Cabrejas; vencido^Cartaojal, Vwegas y Areizaga, en Ciudad Real, Ahnonacid y OcaDa se l etiraroa á Sierra Morena evacuando toán k Mancha, y los mismos franceses, asi después de la batalla de Bailen como de la de Salamanca, dejaron iibre toda la zona descrito, volviéndose la segunda wá enseñorearse de ella, cuando superiores en número por la rouuion de sus ejércitos en Fuente laHigu«n se trasladaroo ¿ las cuencas del Tajo y del
VMM Ib ^
CAPITULO 1V«
Ouero i oponerse á los progresos que ya verificaba lord Wcllíngton.
Bieo l^oicas bao sido nuestras observaciooei 6o este ponto ; pero creemos no necesitarse muy estensas cuando se mauiUesta claramente por la descripción física del terreno el carácter de ímportancii que en él puede tomar la guc¡ ra \ y c lando ios ejemplos que por argumentos pudieran aducirseen contri •on tan elocuentes como los que acabamos de manífieslar, únicos de monta en nuestras luchas moderoas.
Casi enrrente de la desembocadura del Benazaim afluye por la derecha al G.'iadi ma el rio Guadalupe éGuadalupejOt que nace en las vertientes merídio* nales de la Sierra de Guadalupe, á la qué da nomina como á la vüla (2,598 hab.), y al célebre monaste* río donde se venera la imágea de Nuestra SefiM llevada de Roma á Sevilla por San Leandro, y á las mootafias de Estremadura por ios fieles fugitivos áá Guadalete. El Guadalupejo corre de N« O. á S. E. des* de aquella villa, situada junto á sus fuentes, fio hace por qp valle áspero y solitario entre faldas » trechas y muy quebrad. is , no encontránduse en todo el mas poblaciones que la de Alia (2*2^^ hab.)f como Guadalupe, comunica con el Tajo por la m^nt deSubacorbas al O. del puerto de San Vtceüte, y de VaMecaballeros (777 hab.) , é coya inmediaGM da sus aguas al Gua Í!an<i á los 33 kil. de curso, válio y torrentoso en las épocas de lluvia ¿ del dashi»* Ip de lis nieves que cmbroii la síenra.
V£aTlENTS OCaDBÍlTAL. 4()7
E! Guadiana rompe alli por entre el lisco de Felocbe y uq estribo de la sierra de Guadalupe que con aquel constituye a an.qostr.ra notable de Puerto Peña, por ia cual desemboca el rio á una gran llanura estéril en casi toda su eslension , y en la que se encuentra la villa de Talar rubias (2,817 bab.) Al Oeste queda esta llanura limitada por una cadena de montes, que procediendo de la cordillera Mariánica en la Alilaya , ee estíenden desde S. E. á N. O. por el Haíoado UiscOt ¿ cortar el curso de! Esteras y del Gua« dhiémar , y por la sierra de Láres á dirigirse ai 6ua« diana pora formar en las Penas de Cogolludo el último da ios obstáculos que se oponen á su marcha en esta parte, y ligarse en la oniia derecha á la sierra de Mftt uno de los estribos mas importantes de la Oretana. Encáuzanse, pues, de nuevo las aguas por Na» Mivillar de Pela (2,707 bab.) , Orellana la Sierra ;661 hab.) y Orellana la Vieja (2,096 hab.) , poblaMoes todas que se hallan en la orilla derecha ^ y ^riéndose después á una nueva « mas estensa y rica ^ura» La Serena» recibe por la izquierda el rio Ziyar, cuya cuenca es muy espaciosa é interesante.
ño se halla la cuenca del Zújar determinada por •ociíicntes orográficos notables (¡ue la separen de los nos vecinos afluentes también del Guadiana , »no ^ por el contrario está cortada de S. E. á N. 0. por tas montanas mas considerables de ella , que son ^ Uteo y la sierra de Láres ya mencionadas , corlando al Esteras y alGuadalémart y estendiéndose á Jas
4^ CAPÍTULO nr.
Péfias de Gogolludo y las demás cadenas páratelas
que se ligaa á la Plaza de Armas, y á su contiauacion por las sierras de ia Caadelija y Zarza Capilla.
El Zújar, Zúja ó Sújar, por cuyo último nombre es conocido ea Badajoz, desde su orígoo que se baila en las faldas septeotrionaies de la Galavemela y ca de la Granja de Torrehermosa (2,924 hab.) , corre de S. O. ¿ N. £• dejando á la derecha Biazquez (51i habitante-), Yal?cquiIlo (977 hab.^ , ílinoiosa del Duque (8,637 bab.) y Belalcázar (4,420 bab.), perteoe» cientes á la provincia de Córdoba que el río separa da la de Badajoz , en la que asientan sobre la orilla ¡iquierda Peraleda de Zaacejo (588 hab.) , NootemH bio (3,466 hab.) y Cabeza del Buey (6,201 hab.) En este espacio comprendido entre el nacimiento del Zújar y afluencia del Guadalméz , aumentan su cmdal por la orilla derecha el Guavlalete procedente de Valsequillo, el arroyo de San Pedro « que deseienda por Hinojosa y Belalcázar, y el Cuadamatilla v Gaadarramilla que arrancan de los Pedroches; iodos día» curriendo por entre las ramificaciones que dijinoa cortaban al Zújar de S. E. á N. 0., cuya direccioíi llevan también estos ríos. Por la orilla izquierda, salo arroyuelos insignificantes afluyen al Zújar. cm\o que tos principales núcleos de montanas, como son laPiala de Armas, la sierra de Candalija y Los Torotoaia hallan muy inmediatos á aquel rio.
El Guadalméz es indudablemente ei cunt dé aguas mas importante de los que afluyen al Zújar.
V£nTIBNTE OCCIDBNTAi 469
Tiene su nacimiento en la parte occidental de la aierra
(le Quintana, donde esta se une á la divisoria general que por un lomo suave se esliende á la Jara ó Llano de los Pedroches. Se dirige en todo su curso al Oeste UDpoco inclinado al N. O, separado en la unila de-^ recba del rio Alcudia, que recorre el valle del mismo nombre, por una serie de montes cubiertos de vegetaoiuü, llamados en una parte sierra de Don Rodrigo, en loe que se encuentran los puertos de Cetré y Mochuelo que birven para la comunicación de Villanueva de Córdoba y de Pozobl^co con Almodóvar del Campo. De esta cadena de montes descienden solo arruyueiosiQsigniücaDtesysinaguaeo verano, como la mayor parte de los que proceden de la divisoria; existiendo alguno que guarecido de los rayos del sol por la sombra del hermoso arbolado de la Jara» llega á depositar en el Guadalméz uno aunque escaso caudal. Estos últimos bajan de La Conquista (458 hab»), de Villanueva de Córdoba (5,535 hab.) , de Pedroche (2,125 hab.) y Pozoblanco (8,007 hab.), al leche pedregoso y seco del Guadalméz , el cual en la última parte de su curso y antes de llegar á confluir con el Alcudia, entra por una angostura notable entre fea montes de Santa Buremia (1,282 bab.) y el PefiOD de la Cruz, término este último de un ramal de la sierra da Don Rodrigo. Unido ya cerca de Alamillo (790 hab.) al Alcudia que nace en el Puerto de las VentiUas sobre aquel collado suave que dijimos di* n£a el valle de su nombre, y vieoe á afluir coo el
470 amci4> nr.
Valdeazogues, que desde las Veriléales de lasFostt* , divisorias con el rio de la Vega, baja de N. i S. aom* : pañado del camiao de Toledo á Almadea y Córdoba, á unirse á su vez cerca de Almadenejos (1,444 hab.) COD otro arroyo procedente de Gargantiel (134 bal^t sigue el Guadalméz á recibir el caudal de otro arrüj» que tieue su orígea eo Almadea (7,287 hab.) , doo- . de se encuentran las célebres mioas de mercim» úoicas de su especie en el orbe, al menos ea un grdúa grande de riqueza , pues oí las de Guencavélica m . el Perú, ni ia de Idria ^ Austria, ban producidooi el tiempo de su esplotacioo» hoy imposible, cantídi* des como las que se estraea en AUnadeo , ni las ddla China son bastante conocidas para intentar bHli ahora una comparación razonada con las nuestras. |
Encuéotransa las de Almadén y Almadenejosco i un terreno íoraiado por varias cordilleras diminutiP ostendidas de £• á O. que simulan en pequeña esct* la el sistema (Jg montanas que liemos dicho cniza» la cuenca del Züjar , bailándose aquellas embebidas en dos de las últimas que las encierran y se dm^ á ser corladas por el Zújar , agua abajo de ia coa* fluencia con el Guadalméz.
Poco después de afluir las aguas de Almadea li GoadalméZt junto i la aldea llamada Palacios da Coa* dalméz (458 hab.), entrega este río sus aguas al Ujar á los 43 kil. de curso. El Ziijar cambia alif so di- ' vecc/on y encaminándose alN. O., pasa por Ctfik '
(44& hab.) , entre Loa Torozoa y el Aiacoque lo en»
TSBXIBNTft OCClOBirrAL.
jonan profundameDte* Corta este último ramal el rio
Esteras que desciende de los Altos de Saceruela ('US9 habi¿aates), por barrancos quebrados y cubiertos de bosque, y después eotre Sanctí-Spírítus (836 hab.), y La Puebla de Alcocér (3.063 hab.) , lo corta también d río Guadalémar que baja de E. á O. por Agudo (2,084 hab.), y Garbayuela (356 hab.) , y se une al biruela que procede de Tamurejo (545 hab.), y Si-*» ruda (4453 hab.)
Allí el Zújar tuerce al 0. y marcha sin recibirarroyo algUDo por ia derecha, en que asienta Adelfa, mansión de la via romana de Mérida á Toledo, afluyendo por la izquierda algunos riachuelos que de S. á descienden de la última ó mas septentríonsl de las cadenas paralelas. Estos son el arroyo de Dos llennanasy el AK morchon, que lo hacen por vallecillos solitarios ; el Gualefra que baja desde Castuera (6,22t hab.) , y Campanario (6,145 hab.), y el Molar que naciendo en ia sierra de Magacela (1,305 hab«), se une al Zdjar junto á Viilanueva de la Serena (9,63Ü bab.}, ya en wa desembocadura en ei Guadiana.
El curso del Zújar es de 166 kil., con bastante caudal de aguas eo invierno, en cuya época, varias, aunque eifgoas corrientes le llegan en tan ditalado espactucomo ocupa su cuenca, pero desaparece eo h de verano secándose en toda su ostensión^
La importancia de esta cuenca se encierra en Ja posesión de Almadén y en las comunicaciones qua por el Zújar y sus afluentes se estíenden de Toledo j
472 CAMTI7L0 m %
de MedeiKn á Córdoba^ si btea bay qoe oouídmrl
que cualquiera ( spcdiciou que por ellas ¿re ver¡fiq>jeJ hallará obstáculos para el arrastre de la artillería hosJ taque se abra la carretera de Miajadas á Góraoba que! aua se encuentra en estadio. I El Guadiana cruza los llanos de La Serena forJ mando por efecto de su escasa pendiente grandes mj blaSf separadas por presas naturales de piedra y arena allí acumuladas por los aluviones, y que se omvierten en estensas charcas en algunos \ éranos sívamente calurosos. Asi pasa sin producir beneficia alguno en medio de tierras que humedecidas señan las mas fértiles de la Península y que están esperando el planteamiento de un sistema de irrigación qoe aprovechando las aguasdel Guadiana y de sus afloete
tes combinadamenle, las arranque de la eslerüidad co que se encuentran. Don Benito (14«83(> bab.), y Me* delün (1,555 bab.), son las poblaciones que se haHat al O. de Villanueva en la llanura que cruza el Guadiana , estando desierta la orilla derecha entre cito rio y el Gargaliga^ separados por el monte ó sierra dd Acebuchal y la dehesa de Castel Novo que domiott las ruinas de ua viejo castillo.
El río Ruecas, de que es un afluente el Gargalígi, recoge las aguas de la cordillera Oretana des Je !» Villuercas basta cerca del Puerto de Santa Grot. Kaea cerca del Guadalupejo ¿obre la villa de Cariain-ro (lf38S habJ., y precipitándose por la vecindad de Logrosan (J|237 bab.}, y los frondosos y estt^osi;^!)»
VBBTiK!<mí OOClDUrTAL» 473
boiques de las Ruecas, va deN. E. áS« O. hasta Uadrí-»
galejo (1,728 i ab.) Allí forma un violento recodo al 0. pasado el cual recibe por la derecha el arroyo Alcollarín , proceiiente de la cresta de la cordillera y de la villa de su nuuiurc [dúí iial) ), y el trio del Puerto que cae del Escurtal (1«837 hab.) y Miajadas i i,()08 hab.) , y por la izquicida, en llena .(203 hab.), y Villar de Uena (435 hab.), el Gargaliga que desciende del estribo divisorio con el Guadalupojo. Por último da su caudal ai Guadiana á los 16 idl* de curso, llevando muy poca agua, escepto en
invierno en que os torrentoso é intransitable menos par el puente de la venia de lluecas en el cammo de Logrosao á La Serena.
Ed Medellin, patria del concjuístador de Méjico» cuya casa fué destruida eu 18tí9 por los Traoceses, coaio si con su ruina hubiese de desaparecer la memoria de una. de las mayores glorias españolas , pasa el Guadiana por un buen puente construido al pie del cerro que sustenta el aistillo en que apoyó Victor IOS reservas en la batalla del 28 de marzo. Cerca •fluye el rio Hortiga , rambla por donde bajnn las aguas de la sierra del mismo nombre que forma su orilla izquierda hasta Mingabril (479 hab.) y el Guadiana , siendo el terreno de la derecha una meseta descendente hácia este rio» en la que asientan Don Benito y Viilaoueva.
Don Gregorio de la Cuesta , que según ya hemos ücho se reüni desde el Tajo al valle del Guadiana»
i74 CáPITULO
se reunió en VillaQueva de la Sdreaa era el duque de
Alburquerque, y contaado ya con unos 20.0iX> ia* fantes, 2,000 caballos y 16 piezaa de aitillen'a rmtvi6 el 28 de marzo contra Victor, que era dueño ri <ie Medellin. La línea de batalla ae esteodía ámk ftlingabril á Don Benito y á la orilla misma del Go3* | diana, y siendo tan estensa no pudo hacerse fueifeyi compacta ni á su espalda íon^iarse una reserva res*^ potable para cualquier e?eato* Víctor, por d cOBtn* rio, formando un semicírculo concéntrico con el <p» señalaba la línea española, tenia reunidas sus tmpv y apoyadas en el Guadiana y Medellin cuyas tapias y castillo mantenía una divisíoo. No podía mi m dudoso el combate entre fuerzns casi iguales, pero «un se hubiera acaso inclinado la victoria hida i» espauQles, cuya infantería llena de ardor ac^nietió furiosamente á los enemigos, sí uno de esos páaíoofi, tan frecuentes en aquella guerra, no se hubiera apoderado de la cabatieria, la cual desordenó ia izquidr* da, y después la línea toda falta de apoyo i reta* guardia, causando la pérdida de la batalla y ia reli* rada de las tropas á Fuente de Cantos y Honasierio en la divisoria con el Guadalquivir.
Las crecidas han producido en el Guadiana grta- : des islas, variables por la circunstancia misma de su formación. Piasado Medellin se encuentran abosas I cousideraliles, especialmente al N. de VaJdetorres habitantes), no contribuyendo poco á su estenstoata aluviones del Guadaméz que tiene su origen juqIo i
mnBim occmmAU 475
Campiliode Llerena (1,498 hab.) , en la falda do la
Plaza de armas, y recorre en invierno una parle de la Serena por Valla de la Serena (1,410 bab.) Poco después afluye al Guadiana en la orilla opuesta el rio Búrdalo, procedente del Puerto de Sania Cruz, y cuya importancia coneiate en estenderse por su valle la carretera de Madrid á Badajoz que corta al rio repctídamentet y se separa de ói en San Pedro (593 ba« bitaotes), paraTrujillanos (450 hab), y Mérída (5,505 habitantes), á cuyo puente llega el Guadiana después de baber marcado un gran recodo al S. por Villagon» zalo (1,509 hab.) y Don Alvaro (77S hab.) y haber recibido en su parte mas meridioaal las aguas del MatachéL
Este rio reco^^ las vertientes todas entre el na* ^ieoto del Zújar y la eresta de la sierra de Lloro» oa que con la divisoria general, la Plaza de armas y iierra de Uoruacbos, forma un estenso, fértil y pin* braco valle en que asientan Llerena, (6,196 hab.), Berlanga (4,491 hab.), Ahillones (1,977 hab.) , M4r guilla (835 hab«j» Higuera de Llerena (596 hab.)* Va* tencia de las Torres (1,029 hab.). Llera (1,204 ha* hitantes) , y otras varias pob • a ( i o n es cuyo numeroso ve* óndario indica la riqueza del país. Aun se hace mas estenso después el vaile que recorren las escasas aguas M Matacbel, durante unos 80 kil., pues el lomo eo que se deprime la sierra de Llerena por Viüagarcfa j^>984 hab.), diverge de la dilección al N. 0. quo Ue* tan aquellas, y la sierra de Hornachos io hace i sa
476 CAPITL'LO IV.
vez al N.E. para ligarse al es^pecie de anfilealro que dem La Serena; yendo un ramal á cruzar ^ MaUchel cerca de su de^cíTibocadura para terminw «a San Servaa al S. de .Mérida , á cuya altura se ligan también las eminencias que forman la orilla ii* quierda.
En esto vasto espacio, llamado tierra de Barros»
propia para toda clase de producciones , pero poco aprovechada y falta de cultura , recibe el Iklatacbd en su orilla izquierda varios arroyos que descieoitai de la divisoria con el Gua Jajira por Usagre (2,11t habitantes). Puebla del Prior (585 bab.), Ribaadai Fresno (3,644 hab.) , y Villafraoca de tos Bkns (7,575 hab.) Por la orilla derecha solo afluye, y p m Alange (1,761 bab.)« al desembocar en el GokKioa, el rio Palomas, que baja de Hornacho? (3,705 ^i ibitantes), por Puebla de la Reioa (881 bab.), y Pab* mas (607 hab.)
Todo el interés del valle del Matacbel se cifra eo las comunicaciones que, aunque malas, se haflaa a^ tablecides entre Mérida y Medeliin con la cuenca cel Guadalquivir por Llerena. Por ella puede fldoquearse Ja carretera de Badajoz á Sevilla, y por eso Uérasi, que domina á todas, es un punto de la mayor inijiortancia. Esto, la abundancia del valle superior delMih lachel y la f cilíuad de abastecerse y recibir re* |uerzos de Córdoba y Sevilla, ba hecbo que ea JUa* rana se hayan mantenido siempre ejércitos éifolM^ vacion del Guadiana, ya contra Portugal, bien coaira
iropas procedentes del Taja, sea para tomar la ofeii«
«va, 6 para guarecerse tras alguna derrota sufrida 6a las orillas del río cuya descripcioa oos ocupa
Asi que hicieroa asieolo eo Llerena algunos nJaest^e^ de Soatiago, cuando va sus cabailcros veh&cabaa iacursioocs en Andalucía ; ea Itiil servia de cuartel general de don Agustin Megía tras la suUevacioQ de Portugal; en 1SU9 era el refugio da los fagüivos de Hedellin; en 1810 fué centro de las operiQOQes de Mortier, combatiendo unas veces desgra-» fUunente y otras con fortuna en Cantaelgallo, haúA de Cantos y Azuaga, y en 1811 la base de ^operaciones de Soult para levantar el sitio de £adaftot acogiéndose á Llerena después do vencmo en kAlbaera , y abandonándola después de reunido i rouet y relacionado con Marmont para avanzar con* tal lord Wellington que dirigía el asedio de aquella
. Al mismo tiempo que León fundaba Augusto 4
Mérida para mansión co!oniai de iOs vuleranos que Mbaban de vencer la última sublevación cántabra» los que le dieron el iiombre de Emét ila Augusta por il sayo propio de Eméritos y el de su emperador. Y
>i ea la elección de León había denfiosLrado ést? su Udeato y el conocimiento de los lugares según yi IfóT^ios espuos'io , no estuvo meii .3 acertado la de %ida , desde ia que observaban sus legiones á la inñtmia y se *Í2aban á la ¿¿¿)l¡¡¡ia Gemina y á las
qae estacionaban en el Duero, el Tajo y elGwU* quivir. E.<ta , que era una necesidad ante enemigos tan formidables y levantiscos como semosbnroB
siempre los portugueses» y teniendo en el valle superior del Guadiana y del Tajo á los no nmiosfim celtíberos, produjo la construcción de tantos caminoB militares como hemos seOaiado por los que psdian reunirse ¡as troi)as con la velocidad que era el rasgo mas sobresaliente de las romanas. Lo acertado de la elección bojo el punto de vista estratégico? b feracidad del suelo en las inmediaciones, ¿oy wtho menos habitadas que entonces, causaron ble» pronto sus naturales efectos , y Mérida fué al oomento una de las ciudades mas importantes deEspafia por lo numeroso de su vecindario y ia ai^f^ ^encia de sus construcciones , admiradas aun hov en sus elocuentes ruinas. Hállase escrito que su perímetro medía 33 kíl. de gruesisima muralla flaoqoolda por 3,700 torres» y su guarnición se coiBpua¡& de 80,000 infantes v 10,000 caballos; námero qoe parece exagerado » pero que indica la opinión m tp^ la tenían los que aun llegaron á ver eo pie algunos de sus mas soberbios monumentos.
Muza , que ia conquistó en la invasión samcsim quedó atónito al contemplar la grandiosidad y señotío de lUridat y antes de entrarla esclamó: «¡Sa liaya quien logre señorear ciudad tan magnífica.^
lo destructor de la guerra que comenzaron tfoa mayoicd al ver perdida la mayor pai ¿c de la
▼brubmtb ogcii>bntal. ^79
üismiüLf y las divisioaes iatestioas subsiguientest produjeron la destrucción de una parte de la ciudad y el abaodoiio de todos aquellos ediílcios que no tenían por objeto la defensa ó la comodidad de sus habilantcs: y por fin la formación del reino de INjrtul^lysu deliaiitaoioQ por aquella parte llevó á Bada* joz una no pequeña de la importancia que siempre habia leaido Mérida en el Guadiana.
Aun conserva alguna esta ciudad en la guerra; su magnífico puente de scí^enta y cuéitro arcos es un objetivo de grande interés ea las épocas en que es ditídl de pasar el Guadiana ; y el antiguo alcázar» llamado Conventual por haberlo habitado y guarnecido los caballeros de Santiago, es un punto fácil de fortificar y que domina la población y e! rio.
£1 mismo carácter de tablas interrumpidas y de islotes que de Medellin á Mérida presenta el Guadia* na, ofrece desde esta ciudad á la plazn de Üadajoz; pero mas pronunciado y distinto. Alli adquiere ya
una anchura muy considerable , como lo indican los poeotes de las dos poblaciones ; pero por esta mis* UM drconataocia , á que ajruda sobremanera la con* didon baja y llana de sus onlias , ofreee en épocas oocmales muchos vados en las ehwmra» di visoriae de 1*8 diez y ocho tablas que se cncueotran en aquel trayecto de 65 kil.
A. le largo de la orilla derecha existe un camine carretero por la GarrobiUa (718 hab.) , Torremayoc bib.) y Mootijo (5»866 hab.)» el cual se^aor
480 cámuLo IT*
para bastante dei Guadiana, y está cortado poriot ríos AIjucén « Lacara , Guerrero y Gévora , que deseinbocaa en aquel, y que cortarán tamüien el ferrocarril de Estremadura que está proyectado por ios mismos lugares.
Los tres primeros de estos ríos no tieoeo coDstantemeate , y soa en rigor unas ramblas 6 li* beras, como las llaman en el pais. Recogen las vertientes de la divisoria Carpetana y recorren sus fti» das ó cortan aquellas sierras paralelas que dijiiTios se encontraban al S. de la de San Pedro. Ei primero baja de Montáncbez (4,341 hab.) y Arroyo Hoiioai (1,782 hab.) á AIjucén ¡3i8 hab.), acompañado dd ia carretera de Cáceres á Mérida que toca á su tflv minacion; el segundo desciende de la siorra de Saa Pedro por Carmoaita (263 hab.), y Cordobiiia (á93 habitantes) ; y el tercero del puerto de la Aliseda* va* •cogiendo por varias arroyadas las aguas de lassierfezuelas que cruza * y atravesando vastas dehesas dft las que alguna ya próxima al Guadiana (¡ene un hermoso arbolado de enemas. Iodos tres conservan verano algunos charcos para abrevaderos da toaiimerosos ganados que en sus valles pastan, jd üoerrero forma cerca de su desembocadura y eoa él Guadiana la isla Sancho» muy propia para el vaca* no y caballar.
Condiciones bieo diferentes tiene el fiévon da curso dilatado y con aguas abundantes, que leeon» tiluyen en una Uoe^ de mucho interés, «deinaailV
ler fipooteríza eo uoa gran parte con Portugal. Nace
el Gévora dentro de este reino en la Serra de San Mamede, y si con humildes principios , pronto en el término de Alégrete recibe el caudal de una fuente que por la abundancia de sus aguas es considerada
como origen del rio. Eíitra después en Espínla en direocíoQ al S* , y pasa entre arbolados magnífi» eos que hermosean sus escarpadas orillas por La Co* dosdra (926 bab,) , villa situada en la falda de \xu Sitribo ó sierra que lleva su mismo nombre , y por la ^ue pasaba la vía romana de Lisboa á Mérida*
Recorre después un valle angosto de sierras, de. te que ya hemos citado un estribo de San Mamede^ ^Bvigorio del Gévora y Gaya en que asientan el fuerte deOuguella (135 hab.), y Campo Maior (4,618 habitates), plaza muy débil desde la voladura del castiiíoen 1732, pereque aun asi ofreció ocasión en 1811 4 m gobernador José Joaquin Talaya de dar á ios franceses una muestra del valor portugués. A estos pmtos se hallan opuestos en otros también emi« iieotes de la orilla izquierda los antiguos y ya mal* tetados castillos de Mayorga y Azagala, y muy próituioá ella el de Alburquerque (7,527 hab.), cuya potrón se estiende por la falda de la montaña en que se alza aquel, baüada por uno de los afluentes del Gévora. • i
Ya dentro de EspaRa « aumentado su caudal con bs aguas del Albarragena procedente de Villar del fiey (2,387 hab), y del Guerrerín, que lo es de Gam-
TOMO tu tf
482 CAPITULO IV.
po Maior , y cruzado en el camino de Méuda porta
buen puente de piedra, hoy repuesto de los destroxos que sufriere en 1811 « desemboca el Gévora ea el Guadiano á los 72 kil. de su nacimiento, frcntoá Badajoz t agua arriba del puente que comunica esta plaza toa el territorio portugués en la carfeteit de Lisboa.
El Gévora ha representado en todas las edades un papel muy importante. Las ruinas que se manifiestan en nuestro territorio junto á La Codosera y Alburquerque , muestran bien claramente que affi existian fortalezas avanzadas de Mérida que obserTaban la Lusitania relacionándose por una via con Valencia de Alcántara y Alcántara, ligada á so w con la que conducía al interior de aquel país y á ^ actual capitaL
Esos mismos fuertes de Arroncheí?, Cnsteüo de Vide y Marváo, formaban una base desde la que dominaban los romanos las regiones del Tajo y delGoldiana en su parte central, como hoy cubren la troQtera portuguesa á la que hemos opuesto la línea da Badajoz, Alburquerque, Valencia de Alcántara y Alcántara « plazas en número boy insignificante res» poeto á los castillos y puntos fortificados que ligados á ellas mantenían el país bajo la dominación cds^ Uan^ea la edad media.
La carretera de Mérida á Badajoz recorre la ori^ Ha izquierda del Guadiana por Lobon (1 ,43q hab*}, J Talavera la Real (2,720 hab.) En su ostensión de 55
VERTIENTE OCCIDENTAL. 483
kikSmetroft craza tambion varios ríos , de los que tíe-
neD iiaportancia el Guadajira yelAlbuera, por cuyos valles está abierta la carretera de Badajoz é Se* villa, que ha dado lugar á grandes y trascendeutales acoatecimientos»
£1 Goadajira nace en las vertientes septentrional les de la sierra de Zafra , donde se dividen dos ramales de los que dijimos se dirigían al N. O. desde la cresta de la cordillera Mariánica« dividiendo aguas el mas oriental coa el Matacbel y el mas occidental eon el Ardiia, junto ¿ cuyo nacimiento tiene el suyo el Guadt^jira. Corre este generalmente en la misma dirección indicada, recibiendo arroyuelos de la Aleo- . cera (936 hab.) , Puebla de Sancho Pérez (2»015 ha« hitantes} y Los Santos (5,886 fadb.}f poblaciones si* loadas en las faldas de la Sierra, y entre Zafra (5,965 habitantes) y Villalba (2,295 hab.) es cruzado por la carretera de Badajoz. Sigue luego á Solana (383 habitantes), y entre Lobon y Talavera la Real afluye al Guadiana en las épocas en que el calor no las hace evaporarse , apareciendo en estas encharcado en bal* sas cercadas de adelfas y ai ljustos de otras clases.
Ninguno de sus afluentes es digno de mencionarse , y solo citamos el Horninas por ser el que pasa por Almendral^o (9,452 hab.) , villa situada en una quebrada sumamente fértil en la ya citada tierra de Barros , y el cual se seca todos los veranos necesitando los labradores buscar el agua en pozos y norias para regar las huertas que rodean aquella población.
484 CAPITCLO tV«
Al rio Guadajira sigue al O. el Leotrin que baja
de Santa Marta (2,920 hab.), y después el Albuera, que procedente del ramal que termioa en OUvenza desciende por la Albuera (633 hab.), lugar de la batalla que lleva su nombre, y deseoiboca en el Guadiana en la parte occidental de Talavera la Beal« cuja campiña limita con el Lentrín.
Por fin, mas al O. baja al mismo Badajoz el arroyo Ribillas, que separaba los ataques del centro é izquierda en el sitio de 1811 frente á los íueries de Pardaleras y Pícoriña que divide, desembocando joato al peñón en que se alza el antiguo castillo de aquella plaza»
Badajoz , capital de la Estremadura española f de la provincia de su mismo nombre, es plaza de primer órden como asiento de la Capitanía geneta!, y por sus relaciones con el vecino reino ; pero faiU mucho para que sus fortificaciones sean un obstáculo invencible en un asedio en forma y con medios poderosos. Su historia , sin embargo , es bien bonrosa« y ¡06 multiplicados sitios que ha sufrido son un Mí* monio de su importancia.
Hállase situada en la orilla izquierda del Guadiana que la limita al N. en un gran espacio, como al E. lo hace el arroyo Ribillas, donde es mas débil ia p^aza « por lo que Soutt construyó un fuerte avunado que la cubría , el cual después de conquistado sirvió á los ingleses de emplazamiento para sus bato» rías. Otros fuertes ya citados cubren los baluartes
del recinto, y en la orilla opuesta el de San CristuLal 6ubre ua cerro» tcruiíno de la divisoria entre Gévora y Gaya • ae presenta al E* de la cabeza del puente» coQio el ceiUmela avanzado que la defiende de los porlugueses que constantemente la han ambicionado. La población es de 22,195 habitantes, y sus calles ' anchurosas y con edificios bastante regulares; pero 80 siiuacipn junto al Guadiana , la corriente mansa de este rio y la interrumpida del Ribillas hacen el clima mal sano. Comunica con Madrid por la carre* tera general llamada de Estremadura que continúa á Lisboa por £lvas y Moale-Mor; con Andalucía por la que boy se está recomponiendo por la Albuera, San« ta iMarla y Alonasterio, donde salva la cordillera Mariánica; y con las plazas fronterizas espafiolas por malos caminos de carros ó de herradura que hemos hecho observar en otra parte.
Por be^o de Badajoz y mientras sirve de limite con Portugal, lo cual Lace desde la conHueiicia con ol Gaya ó Gaia que desciende de la Sorra de Pórtale* gre por la pequeña fortaleza de Arroocbes (1,20G habitantes), y recibe aguas de la inmediación da Gilvas (lltSiS hab.) , plaza la mas importante de Pertuza;, biluada en una eminencia rodeada de cultivos i 10 kilómetros de Badajoz , el Guadiana corre el S. 0. con un carácter muy semejante al que presenta en la parte ya descrita. Hállase, sin embargo, OM limitedo su valle yendo la divisoria Oretena baa» ^ tente prteíma al rio* A él vierten dc¿jpues del Caia«
480 capítulo IT»
arroyuelos insignificantes como el Aseca procedente de Villa Boim (820 bab.); el Pirata de Villa VigcM (3,470 hab.), de memoria triste para los espaOoles por baber teaido allí desenlace la guerra de Acia* macion con una victoria de los portugueses que aseguró la corona á la faaniia de Bragaaza que habitaba su elegante castillo; y el Lucefeci que se forma coa las aguas de Alandroal (1,270 hab.) y Redonda (2,430 hab.), y Tureoa (700 hab.) por donde pasa y que también le da nombre. A la mitad de este tía* yecto y en la mis ua orilla derecha asienta en una eminencia de rocas la plaza portuguesa de too» menha (672 hab.)» una de las mas importantes del Alem Tejo, y mas desde que cayó en poder de los españoles la de Olivenza , que parecía su centioda avanzado» y con la que la unía un buen puente Iioy roto.
La izquierda del Guadiana continúa aun espaciosa; pero el estribo que dijimos terminaba en Olí* \enza ramificándose en el sentido mismo en que corre alli el rio , parece limitar notablemente el vaHa* Otra 8ierra*Morena y la de Santa María dilatándose ai S. 0., lanzan sus humildes ramales hacia las aguas como amenazando con obstáculos que luego se bao de presentar muy difíciles de salvar. Entre ellos dss* cienden al Guadiana algunas arroyadas exiguas ó secas del todo en verano» hinchadas y torrentosas e»*
invierno, y las mas ¡mportaiilo&cn este coiicepto son»'
el llamado rio «Olí venza 6 de Vaiverde» cruzada por
rmnsm occmurrAL. 487
loB caminos de Santa Marta y de Badajoz á Olivenza, los mismos que siguió Soult para el sitio de esta pla« ' xa, y el Táliga, Friega Munoz y Alcarrache» que contrariamente al Yalverde correo al S. de Oiíveoza para desaguar por la vasta llanura que forma la »• quierda del Guadiana en ia iüiüediacioa de sus aguas,
Olivenza, plaza de segunda cla^^e con fortificaciones bastante respetables y con una población de5J17 ha« hitantes encerrados en un pequeüo recinto, está sitúa* da en la falda de una colina dependiente de las sierras acabadas de mencionar que se avanza en la llanura^ á
la que doniina la fortaleza con sus fuec[08, halliinduse esta desde 1801 como contrapuesta á la de Jeromen» ha y continuando la línea de plazas de la frontera.
El espacio descrito desde la angostura de Puerto Pella, es indodablemente el que ofrece mayor interés en toda la cuenca d i Güadiana. El rio aunque vadeable la mayor parte del ano y por muchos puntos, ofrece un aspecto grandioso por lo anchuroso de su álveo, io tranquilo de su corriente y dilatado de su valle. Si este no se encuentra tan poblado como antiguamente, cabiendo según cspresion de un escritor notable todos los habitantes de la provincia eo d circo destinado por los romanos á los de la sola ciudad de Mérída, encierra, sin embargo, poblacio* oes que á no son todo lo ricas que su posición y un bien entendido sistema de irrigación podía hacer, oh:ecea comodidad para el alojamiento de gran oüt-
188 CMmvhO nr.
mero de tropas y medios de avitoatlar!as por modbo
tiempo. Medellin , Mérida y Badajoz domioando el ^ valle al frente de La Serena y Tierra de Barros* taa abundantes eo ganados y cereales, tienen en sos puentes las llaves de las comunicaciones de esla cuenca con las del Guadalquivir y el Tajo, correspondientes á los caminos de Córdoba y Sevilla ea aquella, y á los de Almaráz y Alcántara ó AlconéUr en la última. Además, la plaza de Badajoz es una de las dos puertas mas practicables de Portugal cotm • hemos tenido ocasión de observar antes de ahora « j no en vano han opuesto nuestros vecinos á ella ia barrera de íortifícaciones mas imponentes que po» seen. Badajoz y Elvas, esas dos rivales modernas que tan de cerca se están observando y han ido á por6a engalanándose con nuevos y cada vez mas robustos muros, indican los cambios verificados en et arte de la guerra desde la invención de la pólvora» así en los sistemas de fortiiicacion como en lo que hemos dado en llamar estrategia* En la divisoríai con el Tajo se encuentran huellas bien patentes de anti-^ guos campamentos y castillejos contrapúsoos á otros akados en Portugal sobre montes eminentes tajadas en las orillas de los arroyos. Cuidábase en las ¿uei^ ras de ir ganando aquellos nidos de águilas que una vez conquistados eran una amenaza continua al paia alendaüo que se sujetaba por miedo al saqueo ó 4t tzacctones violentas y ruinosas; pero su eip ugnacmi no decidía nada mas en la campaña que la posesioa
VBHTIANTB OOGmilfTAli. 480
poruña parta y la pérdida por ia otra de un pequeBo espacio, al que á ea vez dominaba otro fuerte á la vista, quizás al alcance de nuestros caílones.
Hoy la toma de Éivas entrega la carretera de lia* boa hasta el Tajo al paso de los invasores de Portugal, y la pérdida de Badajoz es la de toda su provin* da de una á otra cordillera*
Observaciones muy latas podrían hacerse sobre «le asunto, pero creemos bastan estas indicaciones . propias de la geografía de los lugares que estamos describiendo.
Esa línea, pues, de fortalezas de Gastello de Vide, Marváo, Portalegre, Alégrete, Arronches, Assumar,
Monforte» Estremoz, Villa Vigosa, Evora y otras va«» rias próximas, que en la edad media cubrían la frontera, han cedido su luchar, y la importancia de sus posiciones á Campo Maior, El vas y Jeromenha opuestas á Alüüiquerque, Badajoz y Olivenza, y sobre todo la magníñca cindadela que con el nombre de Forte da Graga ó la Lippe se alza sobre una eminencia próxima á la mas cealral de aquellas plazas » es d primero y mas poderoso obst&culo para la entrada eo el país.
De los muchos ejemplos que podríamos presenlar CQ corroboración de esto, solo citareiiios uno, en nuestro eateader sumamente elocuente. £1 duque de Alba en 1580 , con poseer á Elvas y Estremoz por cunvenciua y estratagema se dirigió rápidamente á Setabal sin atender á otras iortalezas que dejó ásut
4U0
CAPITCLO IT*
•flancos , 7 qne án graa resisteDctt fuerMi
dose poco á poco. Eq 1662 don Juan de A ^pesar de tener i Aironches , que según
nimo Mascareñas, narrador de aquella cam la puerta de Portugal , por no ser dueño ni vas ni de BstremoSt bien fortificadas ya y coi sámente guarnecidas, tuvo que limitar la guer conquista de Villa Boioi * Borba t ieromenlia, V< Monforte, Cabero de Vida, AlterPedroso, AUi Cbáo, Grato* Assumar y Ouguela, sin lograr do alguno decisivo en una campana cuyo dadero timbre es la toma de Jeromenha por Iql^ de la defensa y heroísmo de los tercios sitia
que la entraron el dia del Corpus de feliz augu nuestras luchas coa Portugal por la batalla dcfJijr tijo en 1644 , por la toma de OUvenza en l6l%f la de Arroocbes ea 1661. |' *
Bn una y otra época Estremoz en de uniMi importancia y poseía vastas y bien entendidas fortificaciones; pero guerras posteriores fueron demostrando la conveniencia de mejorar las de Élvtt cubren mejor la frootera y sirven de base á \m raciones ofensivas contra £spaQa» .y Estremoz' abandonados sus muros, escepto en los dos íi ostehores de San José y de Santa Bárbara*
Desde aquella guerra última Élvas y Badaj permanecido constantemente en la obediencia respectivos monarcas, y las repetidas tenlati aUernativameute se han hecho contra ellas faa|
T£RT1£MS OGCIOENIAL. 491
iafractaoeas. Los portugueses en la misma guerra de
Aclamación y después en la de sucesión á la corona <ie Espada haa puesto sitio á Badajoz « bao llegado á
abrir brecha en s'js muros ; pero el \ alor de los delaosores y la oportumdad de los socorros bao salva* Ú0 la ciudad , y el campo fronterizo bafiado por el Gaya ha sido teatro de batallas campales en 1706 y 1709» venciendo en la primera los portugueses al
niai'.'do del maiqucs de la^ j¡i:ia¿, y en la soijuncla ^ de fiay que dirigía ¿ las tropas españolas t pero fh arrastrar en ellas ni á Badajoz ni á Élvas.
Varios otros sucesos militares tuvieran lugar pos* fariormente en aquella frontera; pero por no serdí«
t\iso6 pairaremos á narrar los de la guerra de la ludependenuat mas mstructivos» ademas, paranuea* tío objeto.
7a hemos visto cómo quedaron TrusU ados los pía* nes de Napoleón al mandar á Víctor ¿ Estremadura
eo 1809. Cerca de dos anos hubieron de pas^.rso después para que las márgenes del Guadiana sirvieran de campo á la lucha , alternando en ella la forlana entre frapceses y aliados con reveses funestos y victorías mas funestas aun para loa infelices mo*
radores.
Tres fueron ios sitios que sufrió Badajoz de 1811 i 1812, y los tres presentaron fases diferentes: teniendo de común el acudir en todos ellos ejércitos de socorrodispuestoe ásalvar la plaza, vencidosó bur»
lados alternativameate á la vista de ella. Uno de los
éSSt CAmOLO IT.
8itios tuvo SU desenlace en una capitulación vergoozosa tras la defensa mas obstinada é iolelíge&te; ú .segundo fué interrumpido á pesar de un combate glorioso ea que fué vencido el ejército de socorro, y el tercero terminó con un asalto mas coQtempli& vo y humano con los enen^igos vencidos que con los habitantes amigos á quienes parece veniao i saltar tos asaltantes , y que fueron maltratados del tmk mas cruel y bochornoso. Y esta série de sitios sucesivos ofreció una singularidad notable « y es k# que Badajoz representó una acción completamente contraría al objeto de su fundación • manteniendad pendón de Castilla contra enemigos procedenlei 4á Norte, y el haber sido salvada por amigos venidos de la frontera que cubre y cuyas avenidas cierm.
La esplicacion de estos sitios pondrá en otoieaii observación que acaso parezca oscura y enigmática.
Mientras Maasena se mantenía en la derecha 4É Tajo athenazando las líneas de Torres Yedras en el invierno de 1810 á 1811 , el mariscal SouU, mjg^ lido por órdenes terminantes de su emperador^ tom que encaminarse á Badajoz para una vez tora.iCLi (ísUl plaza entrar ea Portugal y unirse ¿ su co^gi. |No acomodaba esta campafia á Soult, acoefuiidMs ^a ¿ su independencia en las encantadoras orillas ctel pétis, pero al fin emprendió la marcha» salvé la en^ díllera Mariánica, desde Santa Marta torció venza, y después de su espugnacion puso sitia á Badajos el 87 de enero de aquel primer aOe^
Gobernaba )a plaza el general don Bafael Mena*
cho, hombre de singular pericia y energía, nada ¡n« feriores á las que habían iluátrado los nombres de Palafoz « Alvarez y Herrasti en la índole de guerra en que ahora se presentaba aquel como actor; y dirigía ei ejército de socorro don Gabriel Uendizabal por la partida del marqués de la Romana á Lisboa en auxilio de los ingleses. La guarnición se compo- &ia de 9,000 hombrea, después de haberla evacuado Hendizabal, que se situó en la derecha del Guadiana é izquierda del Gévora con 8,0üü iniaales y 1,200 caballos.
Varias fueron las peripncias de aquel asedio, honrosas todas para las armas españolas, hasta el 19 (le febrero en que quedó bloqueada la plaza i con* cecuencia de la dv nota de Mendizabal. En vez do ^iocherarse fuertemente en sus posicionee apoya* dit en el fuerte de San Cristóbal , como lo aconseja* ba la consideración del pequeño número de tropas cea que contaba y las prudentes amonestaciones de
wd Wellington , mantúvose descuidado en su campo» Soult, que lo observaba con el mayor cuidado y t^noroao de no ser duefio de la plaza en un breve plazo, decidió arrancar á los sitiados toda esperanza de auxilio t y aprovechándose de un decrecimiento del Guadiana , lo vadeó con fuerzas respetables de infantería y caballería que después cruzaron el Góvofa con agua al pecho á favor de una^ espesa nieMa I cerró coa los descuidados españoles venciéndo-
4M CAPIIULO lY»
los en una hora y e\ ¡tando su entradla ea la plaa coD UQ movimlealo de flanco iguai, aunque eodi- | reccion opuesta, que el que habia ejecolado Heftte Vasconcelos para evitar los auxilios de la plaza al fuerte de Sao Cristóbal en el memorable «tío delttS.
Desde entonces el de 1811 fué hacíéodoae cada ^ vez roas apretado» do perdona ado los fraucesessacrí&cio ninguno para terminario prootamentef aij» espa fióles cejando un instante en su gloriosa defen- 8a« Aun se presentaba dilatado y sangrienta el4<le marzo , cortadas las calles, aapilleradas h» (Miy | dccididoalos habitantes á imitar ia conducta deZa- | ragoza , cuando una bala de cafion arranoaada ii • TÍda á Menacho puso el mando en otras manoifK el 11 firmaron la rendición de Badajoz.
Siguieron á esta las de Alburquerqoe y Vatfeaeii de Alcántara, plazas en muy mal estado de defeosi, y Campo Alaior, que después de ia que bemoa<i(aa* tado en loor del caballero José JoaquiD Talaya, ají el 22 de aijuel mismo meado marzo en poder del mariscal Mortíer*
No disfrutaron mucho tiempo los fraocesea^A-. tas conquistas, inútilest por otra parte» pam dcbjeto principal de ellaa, que era el de ayudar iMv* sena en su empresa contra Lisboa , pues según hemos dicho , ya se babia retirado este manscai y pisaba la frontera espanda a^iel miaño áéM marzo acabado de citar* *
Lord Wellíngton que combatía mmmgBÍiKm0
VERTIENTE OCCIDENTAL. 4Üi5
destacas á Beresford.con la misión de recobrar i Ba«^
dajoz. Este general pasó el Tajo el 17, salvó el sistema Luditáoíco por Portalegre y el 25 ae apoderó de Ckimpo Maior abandonada á su vista por los franceses. Echó el 3 de abril un puente en Jeromenba que fué destruido por una aveoida del Guadiana; pasó este ■ rio del 5 ol 8 en ¡salsas y el 15 penetró en Olivcnza Iras 00 corto pero vigoroso ataque. Repuesto luego el poeole echado en Jeromenha , el ejército aliado ae dedicó al asedio de Badajoz y á impedir el auxilio ipe el mariscal Soult se aprestaba ¿ dar á esta pía*
avanzando á Zafra y Llerena españoles, portugueses é ingleses mientras ei quinto ejército español eobrta á Mérida y Almendralejo.
No tardó en aparecer el ejército francés por Monasterio allegando cuantas fuerzas se bailaban dis« fersaa por Andalucía, y bajó de la cordillera Mariá* nica por la carretera de Sevilla por la que fueron reÜráiidoae ios aliados á la Albuera, posición señalada por lord Wellington para concentrarse y recibir al enemigo y la mas propia para ello por ser el punto ,éb oonfioencia de ¡os caminos principales al S. de 'Badajoz.
Alli se estrelló una de tantas veces la furia franesaa en el valeroso ardimiento de nuestros compa* iriotas y la impavidez británica y Soult, aunque to^ arando iofalas de vencedor, se vió detenido y escar» mentado y aun retrocedió ¿ Llerena ante el ejército «Qoibinado que como en otras varias ocasiones no
406 CAPITULO nr.
sacó fruto alguno de aqnelh victoria. Dedicóse á pro* seguir el sitio de Badajoz, y eotre las primeras dis* posiciones, que encontraron obstáculos poderosos en la izquierda del Guadiana , y el ntaque posterior, frustrado también, contra el fuerte de San Gristébsit . llegó el 17 de junio en que tuvo lord Wellingtoaqua levantar el sitio por la llegada de los dos ejératos de Soult 7 de Marmont que maniobrando combinada* mente, el primero desde Llerena y el segando de?de Salamanca, Almaráz y Mérida^ se reunieron alpieds los muros de la plaza.
El ejército aliado se retiró áPortalegrey culriéndose con posiciones de las que tanto fruto sabia a* car su general en gefe, esperó el ataque de los ceses que á su vez alanzaron pero solo para observarle; retirándose mas tarde Soult á Andalocfa f Marmont á Almaráz, aquél con objeto de activar hi operaciones contra Cádiz, y éste con el de atender desde el Tajo á las eventualidades de la guent ai cualquiera do las dos cuencas contiguas del Duero 4 del Guadiana.
El 16 de marzo de 1812 aparecían de noeivtlll ingleses delante de Badajoz después de haber tome» do por asalto á Ciudad-Rodrigo y haber llamada U« cía aquella frontera el ejército de Portugal muy rf»- minuido á causa del destacamento de dos áiym»s$ á Valencia al mando de Montbrun. Imniiilíníenmili emprendieron el emplazamiento de baterías cootri íuerte de la Picunfia, lo tomaron y colocamaaá
las de brecha. Fueron estas abiertas y á pesar de la
resistencia mas heróica, se vieron asaltadas el 6 de abril y tras eilas la plaza que íué entregada al saqueo después de rendida la guarnición francesa, cuyogefe el general Filippons, se cubrió de gloria asi en este «itio desgraciado para él como en el anterior que terminó con fortuna.
«¡Ciudad-Rodrigo y Badajoz nos eran arrebata- »da8, dice Thiers , Portugal se nos babia cerrado,
»Y yíi tocia ilspafia quedaba abierta á los inglesesi»
lista esclamacion indica muy bien el papel que re* presentan en nuestro país estas dos plazas, el mismo que en Portugal las de Almeída y Elvas. Es verdad que detrás de estas se baila un terreno n)as ingrato y despoblado que el que en EspafJa cruzan las carreteras bácia el centro de la Península y por eso son necesarias muchas precauciones para penetrar en Portugal, precauciones que nadie ha ponderado ni previsto mas que el duque de Alba en 1580; pero en cambio nuestro país por estas mismas causas púa* de oponer una mayor resistencia álas entradas de los portugueses, lo cual se halla plenamente justificado en la historia.
Desde que abandona el puente de Badajoz, pasado antes el desfiladero que forman los montes opues* tosen que se alzan el antiguo castillo de la ciudad y el fuerte de San Cristóbal, el Guadiana se muestra imponente en realidad no en la apariencia como en m curso hasta ^lü, k^a augburoso se ^tro*
idS CAPiltLO IV.
cha notablemente y el caudal do sus a£;uds se menta en una gran cantidad con las del Gévora y el C lya y de consiguiente desaparecen los vados qoe en tanto número permitían su pa«o hasta Badajoz, ior el contrario con algunos ira bajos que -e ejecuta* raQ« especialmente con la voladura de las enormes rocas que forínan el Salto do Lobo en h ¡uvlz correspondiente á Portugal, podria hacerse navegable y prestar grandes ventajas á Estremadura para h esportacion de sus productos,
Al S* del ¿alto do Lobo se encuentra Mértoia eo él estremo S. E. de la Serra d* Alearía Rui va, cuyos ramales ofrecen Tos piimeros uLsiácuius á u n:\vegacion y hasta allí llega actualmente para los barcos pequeños» siendo fácil hasta ^an Lúcar de Guadiana y desembocadura del Chanza, espacio de 44 ki].« eo que sirve nuevamente de límite entre las dos motor* quías.
£1 rio Luceieci, último ailuente de la derecha dd Guadiana en cuya desemb<tcadura abandonamos h
descripción íísica de este no, desciende de las faldas orientales de la Serra d'Ossa cuya dirección y con* diciones espusimos al tratar de la cordillera Gretana. Dijimos también eolunccs que asi la berra d'Oasa como la de Portell que le sucede al S. en el cnmia
la cordillera, se componiaii de pequeñas sierras paraielas. De ellas, pues, bajan al Guadiana arrojueto» insignificantes sin agua en una ^ran parte <M Éto por el ardor del sol y aridez del ¿uq.o^ abandofiado }
\£ATl£.NTE OCCIDENTAL. 499
6111 pueblos en una gran estension. Ambas sierras se
comunican por iiieJio de ramales notables, lodos en sentido de N. O. á S. á otros de ia cordillera Mariánica que Íes corresponden, los cuales encierran al Guadiana eti an^^osturas que habrá roto tras penosos esfuerzos de ias aguas contenidas en grandes masas
en la re-;iíí¡i ¿uperior.
Asi sucede en Mongaraz (1,250 hab.}, asentada en una roca eminente que corresponde al monte en que se alza el castillo de Mouráo ligado á la sierra de Santa María y Sierra Morena en la orilla izquier'» da del Guadiana y derecha del Alcarrache. Este rio cuyo origen se balia en líspaíla junto á Barcarota {4»660 hab.)> pasa á Portugal por cerca de Villanueva del Fresno hab.) y tei unua su cursu al S. de Mouráo (1,400 bab»), limitado en su izquier* da por un ramal de la cordillera que formando la derecha del Ardiia se relaciona con la Serra de Purleil frente á Alqueva (400 bab.), población metida entre dus estribos de la sierra.
£1 espacio entre las Sorras d*Ossa y de Fortell es considerable y de consiguiente la divisoria abrasa
tttia estension grande por íu que media entre ellas un valle ancburoso aunque como ya bemos dícbo pobre y despoblado. Corre por él el río Degebe, el cual tiene su origen junto á Evora, en la amena y fértil campiai de esta ciudad; baña después las faldas orientales de la Serra de Portel I, y recibiendo por la ísquimla un arroyuelo que baja de Reguengos (1,490
500 ckmiiLO IV*
habitantes)^ Junto á la roed de Montaraz 86 arroja i\ Guadiana un' poco mas arriba que el arroyo de Al« queva y de la desembocadura del Ardita. ^ Carácter semejante ofrecen los valles del Odiai^ ,
5a y del Terger domiriados por Deja dosde la diviso- ^
ría general y que bajan solitarios al Guadiana al & \ del Degebe entre la Sorra de Portell y la d3 Alcana Rui^a» cuyos ramales septentrionales forman el Pillo ó Salto do Lobo y los orientales la angostura áeVéh tola (2,400 hab.), villa situada en la cumbre de m de ellos cuya falda lame el Oeiras de nactmieoto próximo á la Serra do Malh&o y que corre por ufi valle agreste y miserable como los de los demás royos que de.scienden después del mismo sistcou Gunéico hasta la línea limítrofe del Algarve freets i la desembocadura del Chanza.
Este terreno tan concurrido en las edades aotigw
en que estaba cruzado por las vias roaianas de Cor» doba y Sevilla á Evora y Beja, los cuales crusabaa é Guadiana en Moura, Serpa y Mértola, y en el que tfr vieron lugar todas las peripecias do las primaras campanas de los Almohades contra sus correligiooi* rios os Aliuoravides despojados al &n por aquelkfi del dominio de Espada, se halla hoy complelameole desierto, y solo alguna aldehuela media entre y la orilla derecha del Guadiana.
Muy distinto es el de la orilla izquierda. Distanla todavía la divisoria Mariánicat bajan de etti rioi bastante considerables por valles abiertos eojaj^
denfes orográficos de importancia, ricos y poblados M eo £^Bat doDde tieoeii origen, como en Portugal, donde terminan, pues ya hemos dicho que esta flumarqnía posee en la izquierda del Guadiana un territorio estenso.
El valle del Ardila eetá formado por la divisoria general desdo Bienvenida hasta el estremo septeninoaalde la sierra de Aracena; por el estribo que «raneando de la meseta de Bienvenida va á termiaar en Olivenza abrazando coa sus ramíGcaciones el corso del Alcarrache, y en la orilla izquierda por los picos de Aroche, ramal de Aracena que se dirige ÚH. á intemane en Portugal por la Serra de Fícalho 7 terminar en el Guadiana entre Moura y Serpa lañando susfp males mas ásperos al Ardila. Estos montes se hallan en una gran parte cubiertos de bosques J ofrecen perspectivas muy bellas t valles frondosos y en ellos poblaciones de bastante vecindario y co* Qtodidad.
El Ardtia tiene nacimiento en la sierra de Túdía al 0. de Monasterio y junto á Calera de León (1,709 habitantes). Se dirige al N. O. hasta cerca de Valen«» cia del Ventoso (3,680 hab.), donde se le unen por 1| derecha el arroyo Bodion que desciende de Fuenfe de Cantos (6.386 hab,), y la Ribera de Mediiia que h> hace de Bienvenida (3,370 hab.), Medina de las Torces (3,341 hab.), y La Atainya (543 hab). En Valen- <¿a del Ventoso cambia al O, y pasa ya bastante hin- ^idoen las épocas de lluvia entre Jcicz de los Ca-
5j2 capitulo IV.
balleros (8,295 bab.], patria de Vasco Nu&ez de Bal* boa, situada en una estensísima y muv fértil llanura y rodeada de jardines y huertos de oaraojos y hmo« neroSf y Fregenal de la Sierra (6,948 hab.), cuyas' poblaciones y lasco melantes de Burguiilos (i,414habkaales), y Oliva (4^243 hab.)* que lo aon de Jeret y Segura de León (3.098 hab.)* Bodonal (1,894 habitantes)» é Higuera ia Re^l (4,558 bab.), que lo son de Fregenal, demuestran cuán feraz es el valle del Ardila como también los del Golin y Miírliga que desembocan por la derecba y por la izquierda respectivamente en aquel; el primero desde Valle da Smta Ana y de Matamoros y el segundo de Cumbres Mayores (2,461 hab.}, y Encinasola (3»947 habiUih tes)» villa dominada por un antiguo torro^ fortificado en la guerra de la Inde endencia.
£1 camino de Araoena á Badajoz paaa por Frej^enal y Jeréz, y atraviesa el Ardila por el único puente que tiene este rio* £s camino muy interesante por cuanto flanquea la carretera de Sevilla á Ba* (Kijoz, es transitable por la nrt i liaría aunque con algún trabajo, y ofrece asilo seguro en la misma siena de Fregenal que separa aguas entre Ardila y Hdrliga, asi como también en la de Aracena y condado de Niebla* La espedicion del general Blake en 1811| que dió sus resoltados combinadamente con los ejér» cites de Beresíord y Castaños en ia Albuera, se ^e* ridcó por este camino, que recorrieron los ÍÉJSM hombres y artillería de que so componía, desde el
^ VERTIENTE OCCIDENTAL* b03
condado do NíebU Junde se formó con tropas deseilH barcadas de Cádiz y de las que peleaban en aquel territorio antcr¡orment3.
ElMúrtigase uneal Ardila ya en Portu.i:;aI después de cruzar la frontera por Barrancos (1,5U3 ha* bitaales), y junto al castillo deNodarquese halla entre los dos ríos. Signe el Ardila siempre al 0. sin recibir por la derecha afluente alguno y yo: la izquierda ¡es qoese forman en las vertientes septentrionales de la Serra de i icalho que bajan de Safara (912 hab.) y li aldea de Sobral, y desemboca por Qn, con muy ,;oca a ¡ i en verano y siempre vadeable» junto á Honra (¿,tiSú hab«), población murada y que hace un gran comercio con EspaDa por un camino que Teoorre la izquierda del Ardila y sale á nuestro pais en Barrancos*
La Serra de Ficalho y dospucs la de Santa BárbaU que desprendiéndose de la de Aodévalo cruza el Cüanza y penetra también en Portugal, so ramifican en estribos próximamente paralelos estendidos de £• 4 0. hasta e¡ Guadiana para terminar en la márgen izquierda de este rio ó relacionarse con ios del sistooia Lusitánico ó con los septentrionales del Cunéico. Los de la sierra de Santa Dárbnra se ligan á la Serra d' Alearía Ruiva y forman al N. de esta el Salto ¿ Pulo do Lobo, estrechura de rocas enormes tan unidas que parece poderlas saltar el animal que la da íiOL. »re, y al S. el desíiladero á cuya salida se encuentra la antigua MyrtiliS| dondOi gomo en Mouráoj;
804 CAmoui lY.
Serpa, debió existir puenf e para ia comuaicadonQa Ajamonte y Sevilla coa Beja y Evora»
Por entre estos estr¡l)os pnn*'^->t ba^aft al Guadiana otros ta o tos riachuelos de los cuales aob soa interesantes el Euxoé que de la Serra de Vktíl^ desciende por cerca de Serpa (4,600 hab.j, plaza de armas en mediano estado asentada en nna cotioa j dominando una grande, hermosa y fértil campiña que se estiende hácia España» y el das Limas de cor» so mas estenso, de 66 kil., que nace en Aldea Nm f 1,700 hab.) cerca de Ficalho, y pasa por la inmediación de Santa Ina (210 hab.), para desembocar junto al Polo do Lobo.
El valle del Chanza ó Changa tiene origen con las aguas de este río en las vertientes septentríootles de la sierra de Andévalo, y está formado en su orilla derecha por los Picos de Aroche y su oooti» ouacion la Serra de Ficalho, y en la izquierda al principio por la mencionada de Santa Bárbara , cue corta el rio y se une á la anterior por una caballada que divide las aguas del Chanza de las del rio éoa Limas» y después por las ramiücaciooes últuuas de la cordillera que van i ligarse en Sao Lúcar y áicoutim con el sistema Gunéíco.
La fuente del Chanza se halla junto á Gortegana (3»369 hab). Se dirige al principio este rio al OL aproxim meloso á las faldas de los Picos de Aroche donde pasa junto á la población de este mismo non^ bre (3,183 hab.)» por tío terreno cubimto da mifti
n entí fondo y de boeqoes en las alturas; eiguieado asi 22 kil. hasta cerca de Ficalho (100 hab.), donde, la sierra lo hace torcer su curso al S. O. empe* zaodo á marcar en el recodo la línea fronteriza con
Portugal hasta el Guacliaaa durante un espacio de kilómetros.
Antes de ser cortado por la sierra de Santa Bár- ^ bara recibe por su izquierda el anuyo del Sillo que oorre por el valle mismo de Arocbe, y después ia Ribera de Haiagon que se forma entre la sierra de Andévalo y el cerro del Aguila de varias vertientes que recorren el ducado de Medina Sidonia« por Cabezas Rubias (1,078 hab.), mansión romana en el camino de Essuri á Beja y Evora, Puebla de Guz-» man (3,715 hab.), y Villanoeva de los CastiRejost pobK'^cion unida á la de Almendro reuniendo entre ambas (4,432 hab.)« y teatro de una brillante acción dada por el general Ballesteros en 1811, quien situado en las cumbres de la sierra de Andévalo ó por mejor decir en so continuación por el cerro del Aguila, causó grandes pendidas á los franceses Gazan y Remood á las que sucedieron nuevas y numerosas eo Fregenal y el condado de Niebla.
Entre el Malagon y el Chanza se encuentra el, caatíUo de Faimogo (1,812 hab.), observando la fron*^ tera y los malos caminos de Mdrtola y Serpa , guar* nocido casi siempre por los carabineros destinados é la aduana allí establecida.
Desde la deseinbocaduia dd Chan^, vuelve el
908 CAPITULQ iY«
Guadiana á cambiar su rumbo y se dirige al S. muy próximamente. Corta la que aparece como crata y núcleo principal de la cordillera Maríánica, ligada al feisteina Cunéico según dijimos por ios dos ramales de éste llamados Guméada da Foupana y Serra d*Ode* leite. \a aqüi e! G - idiana limita la parle oriental de la provincia portuguesa de Algarve de laque vieoea á aumentar el caudal de sos aguas varios ríachoels sccüs, en su mayor parte, ea vei aao ttasta el alcaaoe de las mareas*
El primero es el Vascáo, procedente de ha vertientes septeatrionaies de la Serra do MaiUo» el cual unido en Ameízíal al Vascáosinho del qoft
lo separa en su origen ia ¿erra dos Ciíbaiius, rímal de la anterior, corre al £• por un valle áspero y solitario lamiendo las faldas septentrionales de li Ouméada do Pereiraoen cuya meseta superior asieotCQ Martim Longo (1,400 hab.), y Pereiro (800 habitantes). Nasal S. y junto á la villa de Alcootna (l^dGl liab.), desemboca un arroyuelo, el torreóle dos Ladróes, que desciende del Serró de San BaraaH rí^mal (le la Cuniéada do Pereiráo, y después la Ribeiit d*Udeleite á media distancia de Alcoutim al mar.
Este rio tiene nacimiento eo el centro de lacm» ta del sistema Cuneico donde dijimos que este se abre en dos ramales divergentes cortados áñspm por el Guadiana. Corre, pues, también de B. á <k entre la Guméada da Foupana y la Serra d*Odele./e que hemos descrito. Su valle es escabroso eMtada
VERTIENTE OCCIDENTAL. S07
por loB ramales ó contrafuertes de ambas crestas que
\o forman, y cerca de C(}c!eiic (1,512 hnb.), se abre ■ por su izquierda al riachuoio Foupaoa que baja ea*
la meseta de su nombre y la de Pereiráo. *
Cortado como el Odeleite por el camino de Alcootim á Castro Marím y Vilk Real, afluye después al Guadiana e) rio Azinbal jnnto á ta feligresfa de su nombre (570 hab}. Es navegable por barcos chatos» como los anteriores^ hasta donde alzaozan las ma* reas, pero como ellos, casi seco en verano y torrentoso y de difícil tránsito en invierno, asi por lo abundante de las aguas como por la falta de puentes en el mencionado caniino.
Por fin ai rendir el Guadiana el tributo de sus aguas al mar, recibe por la misma orilla derecha solo arroyadas estacionales sin importancia hasta Castro Alarim (2,260 hab.), y Villa Real (2,130 hab.)t situada la primera en la falda de dos montarías que sustentan otros tantos fuertes contrapuestos á Ayamonte, y la segunda ya en la boca del rio con un buen puerto fundado como la población por el marqués de Pombal para reunir en un centro ¿ todos los pescadores de aquella costa; pero en completa decadencia como en ruinas las fortificaciones que se Iñ* yantaron para su defensa.
Toda esta orilla derecha es muy pintoresca, aii.ooa y cultivada, recolectándose en ella granos, vino y mucha fruta, y hallándose salpicada de casas de eampo y huertos.
>^0g CAFITVIiO 1T«
Ea la orilla izquierda tambieo soa pocaimpoilaH
tes los riachuelos que descienden al GuadiaQa. r:^. hallándose taa próxima la divisoria y siendo esUai sa terminación poco accidentada, tieoea oorto cmm y esciso caudal.
Ya hemos dicho que la aterra de Atidévalo se Crigía á ligarse al parecer con el sistema Cunéico San Lücar de Guadiana. Efectívamente, cerca de «ti ' población (714 hab.) y en el cerro que sustenta sü antiguo castillo que domina completamente á Alooih tim, abrigo contra lus pcjrt ipueses en épocas anteriores y contra los franceses en este siglo, se rompes ramales de aquella sierra en el Guadiana. De ellos ba* jan á las huertas y heredades de San Lücar aigustf arroyuelos, de los que uno baja por un terrenofcpe* ro cubierto de bosques desde la villa de Greñudo (490 hab.) cruzado por el camino de San Láctr i iíuelva y Aya monte.
Sigue al S. un terreno pobre, sin coIiíto algoso; después el rio Reberto procedente de San Silvestre (720 hab.), y por fin, frente á Gastro^Haria, el Val de Judia que riega la campiña de la parte se; tentnonal de Ayamonte (a«9tí9 bab.j, pobiaciooii mas importante del Guadiana en la parte dleíma de su curso. No puede ser citada como fortificad<>at pues solo existen, y aun están mandadas arrainirt dos baterías en la orilla del rio para oponer algún Toe* go al que podrían hacer los portugueses denle Cm^ tro-Marím, como sucedió en 1801 , en cuyagnem
raiTIEKTE OCCIDENTAL. buJ
ertitaroá el Guadina algunas balas de caQon sio ob«
elo alguno y sin mas resultado que h púrüiua por nuestra paite de un escelenlo oficial de artillería; pe^ to su situación cu la bocá del Guadina « su cómodo
fondea de 10 | jia las €[nb::rcac:uDes que lo rcaiontan, y el servir de depósito de los objetos de esportadon que bajan de San Lúcar, la dan algún interés , muy iiiferior, sin enjLai¿u, tlul que tenia ciiaiulo era centro de las grandes pesquerías en aquella costa, en cu* ya época contaba una población tres ó cuatro veces
£a Ayamonte termina su curso el Guadiana á los834 klL de su origen, manso y anchuroso hnsta
Badajoz oon apariencias de rio caudaloso de primer orden, pero vadeable durante una grao parto del año y casi seco en algunos veranos, mas recogido y proíuouu después basta las pequeñas cataratas del Lobo y de Mértola, donde empieza actualmente la navegación. En su desembocadura f3rma varias islas nue dejan tugará dos caniles; cimas pró^iino á Ayaanotecasi cc¿ dó por las arenas, el do ViUa-Real con barra mas propia para su paso por los buques. Entre ellas exisleo dos mayores» la Isla Cristina y La Canela pertenecientes á Espafia, siendo la segunda tan apropiada para la defensa, que en la cuerra de la Independencia trasladó ¿ ella ia junta de Sevilla que tenia su asiento en Ayamente, el depósito de víveres } material necesario al sostenimiento déla guerra en aquel país. «En breve aquel terreno, dice Toreoo«
510 CAPITULO IT.
cantes arenoso y desierto, se convirtió ea ana pobta- »cíon donde se albergaron muchas fatnilías, refogián*
9dose á vec^s los habitantes de aldeas eoteras j vi* »Ua8 invadidas. Construyéronse allí barracas» afana* » cenes, pozos, hornos, y se fabricaron en sus talleres »inonturas, cartuchos y otros pertrechos de guerra. »Ai fin fortificáronse también sus avenidas, de ma» »Dera que se hizo el punto casi ¡nespugoable.»
Inútiles adveriir al lector la razón de porqoa comprendemos en la cuenca del Guadiana las ver« tientes meridionales del sistema Cunéico, espuesia, como se halla, en agregaciones análogas á las tegxh
nes hidrográficas anteriormente descritas. Al anuaria r esta nueva espusimos en general las condicioaes físicas de la série de montañas que constituyen lato* talidad de la siena de Monchique dividida en d(tó sistemas; el primero presentando una cresta segmda desde el cabo de San Vicente hasta el Guadiana, el cuai lleva propiamente el nombre de Serra de Moachique, y el segundo compuesto de dnco órdeasi paralelos de montes descendiendo gracUiahuente ála costa con denominaciones diversas en sus difereflktes posiciones y localidades. Observamos también ea* tonces el carácter especial de cada uno de aquellos sistemas, y dejamos el seQalamiento de algunos <Ma* lies necesarios aun« para cuando describiésemos b ríos que descienden al mar entre la dcsembocaduca del Guadiana y el cabo ya citado de San Vtoeote. El primer sistema lanza al S. muy pocos estríboi
VERTIENTE OCaDBNTAL. ÍM
y estos cortos aunquo rápidos y muy pendientes. Eú BUS eslremidades se encuentrao la Serra da Picota, que es uo gran contrafuerte intransitable que arrao* ca de laverti nteS. E. de la !*icot:i tuaiandosu nombre y después el de Serra d'AÜercet y el Serró da Conceic^o que se estíende al S. hasta la vecindad de Tabira. lia el centro la Serra de Monchique no lonza mas que tamales insignificantes con pendientes cortas al va¡*le que la separa del segundo sistema, ó que sirven para ligarla á él.
Son cinco las cadenas que forman el segundo sis» f^ma: La primera (!ontand() (\c.<(h la cresta do Monchique esta mas corta, pero contiene los puntos culminantes del sistema y es muy escarpada al N. especialmente en el Serró das Paredinhas, que ofrece el aspecto de una muralla, y el Serró dos Soudos don de se eleva Bella-Vísta á 405 metros sobre el mar gozando de uü magníUco panorama. La segundase estiende desde San Bartbolomeu á Salir, y se confunde en alminas partes con la primera escepto en sus ^trenikiades. La tercera tiene su principal uúcieo en la Serra de Espargal; es todavía de corta ostensión pues que se liga á la que se considera como segunda cresta de Monchique en la Altura da Menta cerca do Salir por donde sube el camino de Faro á Lisboa, y tiene las vertientes al N« 0. cubiertas de árboles íru* lalesi principalmente higueras que crecen hasta ea
los puntos mas elevados. La cuarta es ya muy estensa comprendiendo desde el Serró de San Vicenle
Uí% CAPITULO IV*
á 2 kil. E. de A^goz : asta el arroyo d*A1margem cerca de Tabiia: su parte ceotral y culminante es la Ser ra de la Picota diferentet por supuesto, deiasdelprí^ mer sistema aunque con un mismo nombre, y se baila separada de la última cadena por el río AÍgibre ? cortada por el ya citado camino de Lisboa cerca de Loulé. La quinta, por íin, se levanta entre Albufeira y Tabira, presenta de O. á E« varías monta&as^
como las Forcadas y Monte Fí¿ü sirven de ^ilizas á los marinos y se halla con la cuarta cadeaa como encerrada entre las Riberas de Quarleiny Asseca que tienen sus principales fuentes en un collado que al de Faro une estas cadenas k li tercera.
En las vertientes del primer sistema, enlt uoioD de las diferentes cadenas del segundo, y aun eo «i faldas, nacen los nos que caen a! mar en la costa flU» ridional del Algarve y de consiguiente de Portugal El caudal de todos es bien pequeño, pues qoe h cresta principa; solo dista de la orilla del mar de2J á 30 kil., el calor seca sus fuentes y por fin el út^ separa de su álveo las pdfcas aguas que aquel BOib* :>üibe« Solo en invierno se presentan como torrente impetuosos que impiden su tránsito, y en sus desean bocaduras ofrecen el aspecto de nuestras rias del Nop» le hasta el alcance de las mareas del Océano, eotcaa* do en ellos barcas de mayor ó menor calado segm h altura de las barras que forman las arenas arrastradas desde las oiontafias en las grandes lluvias» Citft*
reoM, 6Ín embargo alguaos ríos por su importancia
relativa en aquel pais.
Alo. de Castro Marím v Viiia-Ueal se encuentra á lugar de Cacelia (1,070 hab.) cuyo an*uínado castillo fué ia base dé las correrías de don Paio Perés, junto á uDo de los arroy uelos que cruza el camino que desde aquellas villas va á Tabira. Un poco al E. de esta población (8^640 hab.) y separándola de la de Conceiiáü (1,180 hab.), desagua el Aliiiargein , ría* 'ciioelo de ninguna importancia; y después cruza la ^Vk el rio Asseca ó Ribera de Tabira, cuyo origen .acabamos desefialary á ia que afluyen otros arroyos^ de4o8 que ei principal es ia Ribera das Ondas pf ocetieatede Santa Gathariin (1,471 hab.) y que corre ente las dos' últimas cadenas de montes. Tabira es uaa linda población dividida en dos partes por el rio, las cuales se ligan por un buen puente que sirve también a! camino de Castro-Mariia ú Faro.
Luego bajan de Monte-Figo y otras montanas de la quinta cadena, y desde San Braz d'\lportel (3,450 Habitantes) y Estol (3,225 hab.) y de la eminente y mrada villa de Louló (11,372 hab.) la cual est& reeUiiendo un acrecentamiento sorprendente, algunos ' arroyus cuyo interés se cifra en la llanura á que descienden, única notable en elAlgarbe. En ella asientan, Fumta (1,090 hab.), Olháo (6,792 hab.) puertos de mar defendidos por alguna» malas baterías, y la- >t> (3,687 bab«) ciudad episcopal y capital del Algar» be con un mal castillo cercado de antiguos muros c^ue
«14 CAPillLO IV.
enr-itírran rule ñas (a cateílml, y situada en la oriüa izquierda del rio Vaiformoso ea cuya entrada se do* cueotra el puerto capaz aolode pequeñas embarcación nes. De Faro arrancan las únicas comunicaciones qoe icruzaa la provincia pero en un esfiido lameoUblei según ya hemos dicho anteriormente: aun así es i» población do mayor interés por su posición, por ser el centro administrativo y militar, por la riqocia de su campiña y la vecindad á Loulé y Olháo.
Al frente de estos rios so encuentran por efecto del arrastre de las arenas ó por tos movimientos oin*'mos, grandes islotes deshabitados 6 incultos que forman canales que tienen que ir recorriendo las esK barcaciones para entrar en los puertos. El mas rntii» dioaal de estos islotes forma el ángulo que marca la costa al S. de Faro, llamado cabo de Santa Marfiit oi el cual se encuentra el faro que lo señala y ahora da nombre á la Ossanoba de los romanos.
Sigue al O. la Ribeira de Quarteira coyo origoa hemos anotado también y que con diferentes nombres baja de Alte (2,130 hab.), y Paderne (1,00» habitantes.), bañando las faldas de la colina eo (pü asienta su ruinoso castillo, y desembocando, después de pasar por bajo del puente de Quarteira, en el fon* «io de ana ensenada qoe cierra al O, la punta 4a Balieira resguardando el puentecillo de Aibuiciia - (^,853 hñh). Las pocas aguas de este lífi m otSm ^ para el riego de los valles superiores como se haca cop las del Algoz i^ue nace cerca de San Bartbolo»
\XaTi£.M£ OCCIDENTAL.
meu (3|721 hab.), pasa por Algóz (1,612 httb.), y desagua eutre las puntas de Balieira y de Carvoeiro joDto ¿ AlcaatariUia (2,324 hab.), por donde pasa el camino de la costa de Faro á Lagos.
Mas al O. y á corta distaacia deseniboca la Ribetra de Portimáo, la mas importante después del Guadiana, y aun mas que csLe bajo el punto de vista comercial. Se forma de los rios de Silves, Odelooca y Boina. £1 primero nace en las vertientes de Malháo y pasa por Silves (3,224 hab.) , antigua capital del Algarbe, hoy en una completa decadencia y con su grandioso castillo morisco casi todo en ruinas* El Odeiouca de curso mas estenso, tiene su origen en las vertientes N. N. O. del Malháo; corre
primero entre la resta d o la iberia do ^lonchique Y la Cumeada d'Údelouca; cambia después al S. cerca de San Marcos (1,210 hab.), cruzado altipor el camiüü de Faro á la Portella dos Termos, como después por el de Monchíque, y se une al rio de Silves, dirigiéndose juntos al Boina. Este rio recorre desde él punto de unión de la Foya y La Picota el valle mas pintoresco y rico del Algarbe, todo cubierto de
cultivos y de árboles en cuyo origen asienta Monehi-
que, (3,336 hab.), con sus aguas medicinóles célebres
en Portugal, y se une después á los dos rios anterio*
res foruiando entre los tres y á favor de la marea un
gran brazo de mar 6 ria en Villa Nova de Portim4o
(4,340 hab.), puerto principal del Algarbe y que hace
un gran comercio de espurtacion de los frutos del país*
\ií6 cA^iToto itr«
Después Lajaa al mar otros ríos meaos imporlaft* * U:3 por su menor cauda! y por e! terrcDO qoecrozaa
y«i liácia el estrenio occidental de la cosía. Solo, pues, debea citarse la Ribeira d*Albor procedeole de Moa* chique que desde Mexilhoeira (900 hab.)» fcrma una ria hoy solo abordable por pequeñas emburcacioaes, 7 la de Lagos que desemboca en la babia de Lagos (7,82U liut).), plaza de arnins muy deteriorad"! desJe el terremoto ele 1755« y ciudad que ha p&rdklo uaa gran parte de su importancia desde que la capitali* (Jad fué trasladada á í aro.
La costa ofrece dos aspectos diferentes. Entre el Guadiana y la Ribeíra de Quarteira forma, según ya hemos üichu, un saliente en ángulo casi recto cuyo vértice es el cabo de Santa María. Desde este al de San Vicente forma por el contrario una gran ensenada interrumpida por las puntas de Balieira y Carvoeisot y en su terminación occidental por la de Sa* í^res (218 !iab.), que forma una jiequena pení[..-u;a fortificada sobro el emplazamiento de la villa que fundara el infante don Enrique en 1416, como base de las espedicionesá Ultra marque hicieron tan célebre i aquel príncipe. La primera parte esareoíscay coatiane las llanuras mas estensas del Algarbe y la se* gunda cae al mar en escarpes mas ó menos ásperos desde una meseta accidentada en que terminan ios montes que cubren la provincia toda.
Parece que el pais comprendido en las verlicn* te» meridionales del sistema Gunéico se bailaba muy
poblado, r;co y de consiguiente floreci^rnte en la época romana* y que se mantuvo asi durante la dO' DinadoQ árabe que le díó su actoat nombre. Una población Dumerosa habitaba los pequeños vaües y lia montañas cubiertas de una vegetación brillante y productiva , y eu la costa se abrian puertos que hoy van cegándose con !os aluviones , y de los que salían aavegantes diestros y osados pora IraQcar en las tiep* na mas apartadas del mundo entonces conocido* La decadencia del iiripcrio romano y despucs la espulsión de los árabes, cuya comunicación frecuente daba vida á un país tan en contacto con ellos ñor la viamas corta y út;l, como .o es la del mar, pusie* ron de manifiesto lo apartado de su posición en el occidente de la Península para el movimiento de esta en sus relaciones con las nuevas nacionalidades que se iban creando en ambos mundos. Por otra parte» las grandes espediciones de los portugueses, ya afortunadas como las que dieron por resultado los descubrimientos de paiscs á que por su riqueza emi« graban muchos délos habitantes, bien desastrosas como la de don Sebastian á Marruecos, en que pe* Wx6 una gran parte de la flor de la población del Algarbe, salida de Lagos con la espedicion; y fobre todo el terremoto de 1755 que causó en esta provincia terribles y sorpreutltiiies efectos, bao deterixúoado una decadencia notable en elta. Las roonta<^ »1ashan ido desnudándose de aquella verd .la quo
fiolo. puede mantener productiva la mano del hooh»
bro; las lluvias torrentales de un país caluroso « jñ sin el obstáculo de la vegetacioo , hau arrartrada
grandes masas de arena y piedra que han ido paulatiaameDte cerrando las rías por donde las embaroaciüiies se internaban en un espacio bastante considerable atendida la condición del terreno ; y la navegación siguiendo las huellas de Portugal « tras k
pcrciiíla de una i^ran parte de sus colonias y de casi todo su comercio , se ha reducido á la pesca» con la que vive la casi totalidad de la poblacioa de li costa.
Asi que fuera de aquellas épocas de espleodor» es inútil buscar en el Algarbe acontecioiieotes da
loiportanciai y solo sí los que son resultado del mvimíento interno de Portugal, la espedicion del duque de Terceira en junio de 1833 , y á su consecuencia una lucha vandálica y devastadora que des* truyó el pais aun mas de lo que ya estaba desgraciadamente, y que por dicha terminó con laceavención de Evoramonte.
Debemos, pues, retroceder en nuestras otar* vacioues al siglo Xlll , y dar á conocer la marcha de la reconquista según prometimos al describir el tema cuoéico.
Entonces dijimos que el noble comendador do Santiago don Paio Perés Gorreía habia cambiado por el cantillo de Cacella ó Cácela las fortalezas deAIvor y de Estombar en el valle del Porttmáo , y de que se habia apoderado entrando por Moockigiia»
ynsKtmm occidj^xtal. 11 J
En á causa de una leyerla de seis caba-
tterog de (os suyos, ea ia que pereció aquel Garda Rodríguez que le había guiado ea sus espediciones, se apoderó Perés Córrela de Tavira , y remoulaud j d Asseca • cayó sobre Salir, cuyo castillo tomó por asalto. Desceadiü después á Paderne por la Ribeírá do <2uaiieira , y no pudiendo conquistar sa castillo* fingió dirigirse á Estombar. Viendo el éxito de su es« tiatagema en la salida de Aben Afán , gobernador del Algarbe, de Silves, se interpuso entre su ejército y la ciudad; volvió bácia ella el desengañado moro; combatió fuertemente y aun logró pendrar en la for* talesa; paro con él eolró también el comendador, y tres encarnizado combate lo hizo huir para anegarse ea el Pego do Pulo, boya profunda del río de Silves, qoe por atincho tiempo llevó el nombre de Pego de Aben Afán. A esta coaquista siguieron las de Estomhtr, Alvor y Paderne , no prosiguiendo en las de las demás poblacioaes á causa de las diferencias entre los dos Alfonsos, reyes entonces de Portugal y Castilla.
En 1260 vi^vió Perós Corréis & su emiuresa de «rojar hs moros del Algarbe, y acometió con fortuna las fortalezas de Faro , Loulé y Aljezur , completando Alfonso Uf en 1261 eon la toma de Albufcira la obra de aquel valiente caballero, el cual •orió en 1275 encargando se depositase su cad^ ver en la iglesia de Tavira , su primera presa en la te€c^quista oomeczada en la hoy arruinada Caoela«
ífóu dfrnrto iv.
Bien afanosa debió ser aquella tarea amsider^i*
dos el número y fortaleza de los castillos que tuvo que espugnar el comendador, asentados en na ter* reno áspero. Mas fácil seria boy una empresa semejante en cuanto á las fortillc icioDesque fuera necesario conquistar , pues de ias nueve plazas y casreo* ta y nueve fuertes y baterías que cubrían la costa á principios del siglo, kizo sacarla artillería el general Beresford para conducirla desde Ja costa, cuya guir^ da era iniUil, á los puntos mas amenazados por los franceses. Esta medida y el abandono sucestvodelo» muros tíene aquellos puntos desm^iotelados y ea progresiva ruina, y solo Castro Marim» Tragos y&k» gres podrían oponer una, aunque débil resisteada* Mayor la ofrecería la condición escabrosa del te^ reno falto de caminrs, desde el cual se flanqueaal único mediano que existe á lo largo de la costa, p»* dicndo los habitantes acosar de coiitniuo al que penetrara en el pais á lo largo de la costa; pero ia^ fiición y las condiciones ya señaladas de esta profñh cia la niantieucn en una dependencia inmediata ád Alem Tejo, y el que sea dueño de este poco tkm que hacer para hacérselo de aquella. Asi los france* scs una vez espulsados del Algarbe desde la coa» Tención de Cintra, no intentaron nunca volver* »
perando que con la toma de Lisboa consecruirinn h dominación do todo aquel apartado y áspero tenv torio t como la babiao conseguido los espMbi en 1580*
tEariBNTQ OCCiDfiKTAt.
CUü.XC.i DÉL CÜADAI.QtlVIR.
Vornian la cuenca del Guadalquiv ir al N. las vertientes meridionales de la cordillera Mariáníca eo Coda sa estension, comprendiendo parte de las últimas el valle secundario dci lUo Tinto; al E. las occidentales del sistema ibérico desde la sierra de AU caráz hasta la de Dazn; y al S. las scpterilrionales de la cordillera Peoibélica desde su unión con la Ibérica jiasta su términoen el ca!:o de Tarifa, cer* rando con sus últimos ramales el pequeño valle del" &uadalete y otros insignificantes inclinados hácía aquel punto, el mas meridional de Espaila.
Ai describir la cordillera Mariánica hemos hecho observar que en la parte de Sierra Morena las verlíenles meridionales son mucho mas escabrosas que las opuestas, y que^ de consiguiente, desdo el Guadalquivir aparecen con una elevación y aspereza de que cart een miradas desde los elevados páramos de la jUancba á que se halla apegada la divisoria de aguas con el Guadiana. A aquellos ramales que dtji-: raes se estendian de E. á 0. á unirse á las sierras deUerena y de Túdia, suceden otros en la misma dí«^ reccion próicimamcnte, cortados también como elloi^ por ios afluentes de la derecha del Guadalquivir. Son! en general estos ramales de formas nw á ipeaoá
0^ CAPnULU IT.
alargadasi y en algunos espacios redondas» pem prefieotan á veces graades quiebras círcolares y 4»
picos elevados que les dan un carácter marcad ^ cordillera» aunque interrumpida por loa ríos quekjan de la divisoria, separada de ella hácia el N.& la parte mas occidental, dirigiéndose la cordilleal ligarse con el ststema GunSico, deja bastante dl^ pejada y 11^ na la parte de costa que abraza la cues* ca del Rio Tinto que se estiende al N. del Guadaña* vir y se halla separada de este rio por accid^^^ orográficoa que ya hemos aefialado al descniv ii del Guadiana.
La izquierda del Guadalquivir, si bten es ba ci-
cabrosa como la derecha en el oríi^cn de la cowt. donde el sistema Ibérico ofrece muy pronunciado u carácter de cordillera con ramales que se ligan á través del rio y de su afluente el Guadiana ikaa a i loa contrafuertes septentrionales de Sierra Révtih tendidos paralelamente bácia aquel, se hace despoti llana , especialmente desde la desembocadata éA Genil, donde abarca un espacio inmenso, asemejidd á un mar interior seco , é interrumpido por égKM colinas que después observaremos.
Sin embargo, un accidente notable compoeilod} una série sucesiva de montes encumbrados kírtü^^ lo que pudiera llamarse la costa de aquel mar tato' rior, montes que separan la llanura de SeviBi éal valle del Guadalete y otros mas meridionales, contf»- pMstosen ia izquierda del Guadalquivir aldellirt^
VSITIBIITS OGUIDBNTAU 123
Esta ligera idea del carácter general de la cuenca que describimos, deja ya indicar el diferente que presenta eo la parle superior y eu la central é inferior. Efectivamente la primera aunque influida por un clima apacible y la frescura que coniutilcan al wlo ias aguas que principiau á formar el poco después caudaloso Bétis , y aunque muy diferente por estas circuQstaacias del terreno que abraza el vallü del S^ra contrapuesto á ella en un mismo paralelo» no ostenta la riqueza de producciones que la parte central á pesar de haberse abandonado en esta to» dos los medios que pusieron los árabes en acción para hacerla mas fértil y agradable. A la vegetación robusta pero salvage de ias laoolañas de Alcaráz y de Segura cubiertas de arbolados magníficos de cx>08truccion, suceden Sierra Morena, la de Cazorla» estribo de aquellas que separa los principales afluente^ superiores del Guadalquivir, y los ya citados contrafuertes de Sierra Nevada» montes todos cubiertos también de bosques, pero principalmente de pastos
muy beneficiosos para el numerosisinio ganado que GW^ ellos se alimenta, y especialmente para el caballar que alli posee el Estado para el servicio delejér* cito. Las vegas y encañadas donde asientan las principales poblaciones se bailan adornadas de buertas y cultivos; pero limitadas por los montes á un corto espacio y aba^idunadas desde la espulsion de los mo^ wmctm que las labraban y regaban según su uso con el iua^or esmero» ban perdido la importancia que
S24 CAPITIXO iV.
aque)Í06 las daban, j los frutos que prodgoeo Imte
apenas para ios habitaates.
Mas abajo el Guadalqoívir coa un eanihl ytm- 8¡derab!e recorre un terreno bastante suave desembarazado de las ingotañas qi;e unen al Ibérico los sistemas Maiiánico y Penibélico. Eq la orilla demk se encuentra aun ceñido á los ramales paralelos de Sierra Moreoa adornados de una vegetadoo quei¿- mira á los naturalistas; pero en la izquierda se a^ tienden vastísimas campiñas de uoa feracidad cAbrada en el mundo todo. íomensos olivares y fiflih tío^ cargados de frutos esquísitos, mieses gígaoM»* cas y cuanto la naturaleza produce de mas raro j mas apreciable al hombre* se encuentra en las Hh» « *de Jaén, CórdoLa y Sevilla, solo comparables cül ia ve^ Granada cuya memoria guardan todavía k>8 moros de Berbería con el sentimiento de sn pí^ dida trabiiiilido dolorosamente de generación eo gfr- ^ración.
A pesar de la escelencía de los fratos que se cnh
¿ectan en estas llanuras y dci interés natural de aumentar su cosecha, hay mochos campos cobíerlaaA pr^ideras donde se apacientan numerosísimos ganados; siendo ia lana uno ue los aitículos mas jinp<w^ • tantes de esportacion y los caballos los mas beUes y gallardos de España con lo cual se s^bre^filieade qui; Je los mas eslimados del mundo.
Vasta? ncarismas y llanuras muy semefknlsa Ü .aspecto á las i^impas de América circundan decaes
VfiHTiBNTE OCCIDILNTAL.
al Guadalquivir tan pausado y estendido en s j cur<^
80 que parece perderse en ellas divaj^aado po/. dí(^ • rentes camír^os y formando, de consiguiente, gran« d ^s islas cubiertas de ^^rclnra y salpicabas de quintas y caseríos que contcfiipla a'bsorlo el navegante ai remontar la corriente bácia Sevilla.
El Guada! jui^ ir es uno de los r.os mas ¡iforíuna» dos del muodot pues á un caudal considerable y á uo curso por el terreno mas privilegiado de Espafia reúne una nonibradía en las ant:¿uais 1 yendas h¡^ tuncas y populares que no tiene que envidiar nada & bde lo? :< as celebrados de Grecia y de Italia. \a en las edades remotas en que. cscribiiíroa líerodoto y PsQsanias era conocido con ei nombre de Tartes's que le fuó dado por 1 del r¡qiiísi::io territorio que recorre, y después los historiadores y poetas latinos lo enconiiaron con el de Bétís á tal punto que se hizo de moda en Roma el poseer nna quinta en sus pintorescas márgenes. Córdoba é itálica eran los ccn* tros de la civilización hispana, y tal preponderancia Befaron á tomar respecto á la metrópoli del Tiber, que asi dominaban en ella los habitantes de las dos ciudades por el favor de las liiusas como por el de Marte y Belona; ciHéndoso la corona de Virgilio y de Horacio los Sénecas, Lucano y Silio Itálico^ mien- :ra6se revestian con la púrpura Trajano y Adrianot dignos sucesores de César / de Augusto en las virtudes militares y políticas
Asentaron después ü> sus orillas los váadalo:^
que dejaron nombre á la tierra para abandonriHa empujados por los godos que , como todos los bárbaros aspirabaa á poseerla desda m entrada ea £i* pafla, tal era la fama de fertilidnd y de herrnosün de que gozaba; y por fia los árabes, domioadores yi tranquilos del Africa Septenlríooal, quedaron faalri» mirados de la grandeza del Bétis que le impusieroa 8u actual nombre VaUel*kevir (río grande}» y da Ji belleza del país á punto que fijaron en él la capitsSdad del kalifato que desde el primer ommiadaas declaró independiente, descollando un nuevo paéK
no temible á la cristiandad de Europa a! brotar y elevarse entre los minaretes de Córdoba y sobre ú pl&tano de César la palmera plantada por Abdat Rahman coiuo recuerdo j símbolo de su pruiii¿iv¿ nacionalidad.
Al apoderarse San Femando de Sevilla y deQ^ doba perdióse para ios ^arraceaos la Espaúa, ^ue aun habían creido dominar de nuevo mientras fiflie» ron los dueños de aquel valle del Guadalquivir, y el i nuevo reino moro de Granada no hubiera podido mantenerse despties sin la desunión de las moB/^ quías cristianas y sus disensiones ci viles.
Otros y mas recientes sucesos tienen dorywit lugar en la cuenca cuya descripción nos ocupa, ea* tre los cuales descuella por su signiticacioa é loipor* tanda la primera derrota sufrida por las águUaatai*^ cesas en este siglo, como después la resistencia de una localidad donde se confeccionan leyes pao la ¡
VEIITIENTB OCGIDOTAIm 5d7
eoostilucion de la monarquía entre el fragor de las
boiDbas que arrojau los invasores; rechazando la asamblea las proposiciones de estos como Roma ba* bia rechazado la? de Pirro y Aníbal en parecido apuradísiaio trance.
Pero en todas épocas y ocasiones se nota el halago enríinta lor de aquel país. Si, como hemos dicho, los invasores del N. lo señalan como punto objetivo de sus empresas* y van arrollando cuanto se lesopo* oe hasta tocar en él la meta de sus aspiraciones, asi ellos como los que buscan en Andalucía el último refugio lloran al fin su pérdida), y el fenicio, el carta* ^éSf el griego del bajo imperio y el moro la lamen» tan* como el mariscal Soult ¿ quien ni la situación
aflictiva de sus cülc¿;as en Pürlug¿il y el ceñir*) de la Peoínsula, ni las órdenes terminantes de Napoleón» logran hacerle abandonar las pintorescas márgenes del Béüs ni su embalsamada y ener vadera at* mósfera.
COfiÜILLBl^ rSüDSTlCA*
Al contrarío de las cordillerns anteriormente des» critasque tienen su origen apenas perceptible en la gran meseta central de la Península, dejándose distÍDguir según esta va deprimiéndose hacia el Océano en escalones mas ó menos notablest la Penibética principia á mostrar en su unión con la Ibéricai las cumbres mas elevadas de nuestro paíSn
h2i CAWTtLa IV.
Tiene origen, ó por mejor decir, &3iiga al«8t«M ibérico, del que puiii.!ra coQsiderarsdcomoconliüuácion hasta Tarira, en la sierra de Baia, qoecoa lié ios Filabre^, que so eslieade al Torma ima ue k cadenas paralelas cuyo unión va desde Aicarázseli> lando la divisoria general peninsular de aguas. U sierra misma de Baza no es en rigor mas que ud » traíucrte j>aiit!elo á ¡a Sierra Nevauci, á ¡a qaeseüa por una depresión en sentido perpendicular á aa^is por la que pasa el camino carretero de GuauixáJÜ» mena.
Donde verdaderamente empieza á delínemb
cresta de Sierra ¡Nevada y coa ella la cordillera tehética que divide las dos vertientes Occidental T Ib* ridional, es en el cerro del Aimiréz, y desde éisecstiende esta hasta Tarifa relacionándose al £. coa las sierras do Baza, Filabres, Alhamilla y ue cabo ue U* ta para encerrar en un arco de círculo de radio dbradísimo toda la vertienlu iiei idiuüal, en uaa e&tóü-
sion de 361 kil.
SeiDcjantc á los demás sistemas orográ fieos se dilata en direcoioQ de £• á 0. en su mayor parte á biea esa misma configuración circular que acabamos de atribuirle, hace que en el estrerao Oriental comuefl el Occidental, y especialmente en este, se incline imtaulemcnte la divisoria bácia el poloS. como para reladonarse con el pequeño Atlas que opuestamente se
levanta en U cosía de Man uecosyal que ecaso^rj
unido antes de k ruptura del estrecho de Gibraiitf*
Toda la cordillera preseatacua frecuencia huellas prolaudas y patentes de la revolución fiétca que débió practicar aquella inmensa brecha para la coinunica- €Í0Q del Océano con el Mediierr¿neo« ya en las simas que interrumpen las montañas, ya en los escarpes de rocas que las cortan casi verlicaimeote en algunos pdntos, ya en fin en las angosturas por donde han tañido que abrirse un paso peuusisiuio los ríos que «traviesan las cadenas de montañas paralelas á la cresta de la cordillera.
La conformación general de la que nos ocupa es ea esto también semejante á la délas denií^scordillelit de la Pénínsula. Su cresta se halla interrumpida con frecuencia no dilatándose por ella en muchas partes la divisoria de aguas* y sus estribos y contra-»
fuertes principales se estien(l(3n paialclamenLe, buscando ai N. su enlace coa los del sistema Mariániooy demás que les suceden hasta los Pirineos españoles, ; deprimiéndose al S, en escalones basta el Mediter* ifaeo como en la vertiente septentrional lo hacen las montanas de Asturias al Cantábrico.
Esta observación ya apuntada al dar idea del aspecto de la masa peninsular en el princij^io de esta abfi» lleva naturalmente á investigar las causas de
tiTWlornos tan terribles uomo haiji\:in sido neco.^arios {aia que montañas elevadisimas como las de la cor« dillera Penibética que parece debieran ocupar el cendro de los continentes, se encuentren ahora mirándo* se en las aguas de \m squw* ¿egun Ja bellísima teo*
hZO CAPÍTULO Vf.
ría de Federico Rlee eii las conáideracíoQCs ge ló.^icasó ht&tóricas sobre los últimos cataclismos del gt(K bo, et lüoral de las diferentes partes del mundo era líam y dalcemnte indinado Imia el mar y y solo las aguas por coDsecuencia de violentas catástrofes han alterado sa forma abri ii ¡o golfos y ensenadas profundas, escarpando íuerloaieate las costas, en^aachandot en el a- 80 que nos ocupa« el canal de Gibraitar ya que iiob abriese, y arrebaLindo á España [loroioaes muy considerables de su territorio antiguo. La cordillera Penibéttcaobra de un levantamiento posterior al délos Pirineos, según Beaumont, lo cual esplica su mayor elevación y aspereza, solo inferior en Europa ábada los Alpes levantados en los últimos movimientos ter» restres conjeturables, es una de las regiones medi* terráoeas mas azotadas por los embates del mar, eih mo si no podiendo c¿lc contenerse en los límites impuestos por la naturaleza, tendiese á romper el dique que le oponen las dos montanas que ligaban el Afiriei á Europa corroyendo sus fakkis hasta abrirse el p:!*^ deseado al Océanoi ó si éste, como dice César Caato, separando las rocas de Ca pe y Abila, prneArandl dmde reverdecían pobladisimas llanuras^ cubriéodoU hasta el pie de las grandes moataQas que im aúnadi y escarpado después.
Esta causa, especial ea la costa meridional nuestra, y las generales que apuntamos al describir ÍDI Pirineos continentales, han trabajado la vert¡ent4
del8« de un modo macbomase&cazquel^deiíUoir • t
VERTXEIfTB OCGIDENTAl.. 631
mo ha sacedido ea aquellos montes, rompiéodoae las
faldas meridionales mientras mas re lundcadas las Opuestas se iigao álos coatrafuertes de Sierra Morena en uonível alto por el que va paalatínamente descendiendo el Guadalquivir. Solo eo la parte occidental^ sohre ia llanura de Sevilla* que afecta la forma de un mar interior seco, sealzan de pronto también las crestas de Algámitas y Algodonales, y mas al S. la de Ubrique, formando, según ya hemos indicado, como una costa anmrallada al contemplarla de lejos.
Pero volvamos al principio de la cordillera para detallar sos mas importantes accidentes.
La Sierra Nevada constituye la parte mas notable del sistema Penibético, pues es la en que se encuen* tran los puntos mas elevados de él y en ellos las nieves perpétuas que la dan nombre, tan raras en España en latitudes mayores que la de 37 grados cuyo paralelo sigue próximamente la cresta en una gran parte» Su esteosion es de unos |110 kiU de E. á O., dirección que siguen sos principales contrafuertes; ti N« los que separan ios primeros afluentes del Guadalqoivfr de los del Genil, cuya divisoria va parpen^ dicularmente á la cordillera hasta las sierras Harana y de Alta Coloma al N. E. de Granada; y al S. las sierras Gontraviesa y de Gador que forman el terri^ torio de las Alpujarras.
Aquellos contrafuertes septentrionalesse esparcen m todhs direcciones, pero de una manera notable en k }i sel^da de E. á O. Por el primero de estos
8M CAmuu) IV.
rumbos se ligan á las sierras de Cazoria y dd Poio Alcon, de las que los separa el Guadiana Menor y et* tre las que tiene su origen el Guadalquivir, y des* pues ¿ las de Cuatro Villas y Sierra Seca, priocipiiB estribos occidentales de la de Segura. ParelO.ln sierras Harana y de Alta Goloma se estienden ooo éversas denomiüací jncs entre el Genil y el Guadaiq®- vzif haciéndolo la sierra Elvira y las del Morroo,
Hosa y de Cabra por una serie de montes altos yqufibrados interrumpidos por el MooUn y algunos aOueotes suyos que la cruzan, estos por Benalua en el camino de Jaén á Granada entre la sierra del Caaifi' nano y del Morrón, y aquel por ia Hoz de Media qoa cerraba la villa y fortaleza de este nombre, Ilaauda por los árabes el Escudo de Granada, y á cuya ptfte occideutal salva la sierra el camino de GórdoU ¿ Granada por Puerto Lope.
Los contrafuertes meridionales son mucho ffl» accidentados y forman un terreno escabrosbissodoa-
de los inorisoos hicieron el líilimo esfacrzo partreco»
brar su independencia perdida, centro basta siglo XVI de todas las sublevaciones en el Mediodíi de Espafia y después mansión pacíüca habitada pof muchos de los moradores de Estremadmti que tuyeron en aquel fértilísimo país á los G$p(is^ agarenos.
Junto á los picos Lobo, Pandaron, la Alcazaba} XdI* |bao0Q y Veleta que se suceden en la cresta de E.
te encuentran qyiebras jpcoíyod^Si $iiuas lasQüJabte
ybrtibutb oocmBATAU II3S
Uamadas en el país corraleSt donde se encuentra coa* gekda ia nieve de machos siglos y donde tienen orí* gen algunos nos de las dos vertientes, manando f l Genil en el Corral ao Veleta, vasto circo y precipicio espantoso entre los dos picos de Mulhacen y Veleta que se elevan sobre él como dos gigantescas torres anidas por un lomo formando ángulo báda el Medi« lerráneo.
K\ O. de Veleta continúa Sierra Nevada al cem^ del Caballo, y allí empieza á convertirse en un lomo elevado donde existe el paso del Suspiro del Moro. Sigue después hácia el S. á la sierra de Aimijara, que se corre al E. en dirección de la del Calar paraMa* mente á la costa, y accidentada de nuevo en la sicrla de Tejeda que se estiende de S. E. ¿ O. hasta el pico y notable ventana deZafarraya, del que parta un ramal áspero á cerrar el valle supenor del Geni!, termina por fin como divisoria de aguas en el puerto de los Alazores donde la cruza la carretera de Granada á Málaga.
La cordillera continúa en la misma dirección de Serra Nevada por el Torcal de Antequera, punto elevadisimo á cuya inmediación ofrece sin embargo aquella depresiones notables que se han aprovechado para los caminos de Sevilla y de Córdoba á Málaga. Al O. del Torcal es cortada la cordillera por el Guadalhorce, y después se eleva de nuevo para seguir al S. O. por la Sierra Prieta, Sierra de Tolox, Sierra Bermeja y Sierra Gfestellina hasta la desembocadura
¥34
OAPITDUI tfm
del Guadiaro doade termiaa como hemos de obiervar
al describir la vertiente Meridional á que correspop- i de todo este trozo de la cordillera» '
La divisoria general de aguas desde el puerto él I loe Alazores se dirige al N. por un tomo suave y cor* ' to espacio* Luego se inclina al N. O. á las ñervas da Arcas y de lasCamorraSt y después al 0. á la de las Yeguas, alturas que van formando la izquierda dd Genil y dci ramando bácia él algunos ramales insignificantes y el llamado sierra de Estepa, ahora yenna j antes cubierta de magníficos encinr.res, divisoria entre esto río y un arroyo Salado aüuente suyo cera de Écija. Luego se une al Peñen de AlgárnitasqueíS* vide la cuenca del Guadalquivir de la del Guadüikiet y por cuyo pie corre el Corbones á unir sus aguv con las de aquel gran rio hácia el que derrama salo estribos insignificantes que se pierden al moméiiia en las estensas llanuras de Sevilla. Cierran lacoeaca del Guadalquivir desde el Peñón de Algámitaa ha sierras de Montellaoo y de Algodonales cuya confi* guracion hemos apuntado y que se estienden ú O* hasta la de Gibalbm, ya poco elevada y que se deprime al S. O. por las colinas que accidentan é tarn* torio de Jeréz de la Frontera hnsta perderse eab costa entre la desembocadura del Guadalquivir y ta del Guadalete.
La divisoria general se inclina al S. O. desde Algftmitas y cerrando con los montes acabados deMicionar el valle del Guadalete se estieodeporlasai^íti
VWKOBSn OCCIDENTAL. 1)31^
de lijar, de Grazalema y de übríqoe, todas muy al*
las 00 coaip^ ranciólas con el Pozo de las Nieves ni coD el cerro de San Cristóbal perfceoecieDtes á la 8ier« ;a del Pinar, puntos que se descuoi un desde la Giralda de Sevilla distante uqos 140 kiL Se ramifican des-
fiues estos montes abr¡éndo:>c en cien lam iles como beaos dicbo sucede á todas las cordilleras ea su terminación, separando el Pico del Algibe y otras emi« üeocins al Guadalete del Barbate, y las sierras de Uompeeoche* Ojén y del Cabrita, por donde sigue la di* irisona á terminar en el cabo de Tarifa, al Barbate de elros arroyos al S« de él» entre los que se encuentra el río Salado,
Ya veremos después como al N. £• del cabo de
Tarifa terminan ohMs ramificaciones que soparan las ms Guadarranque y Guadiaro y que formando la eerranra de Gaucin se elevan sobre ia costa, para ^NUrecer alguno de ellos en la onlla del m^r cotOQ itilaya enemiga de nuestro decoro y prosperidad.
Sierra levada y las demás en general que cona» lüiiyen el sistema Penibético, muestran sus cumbres cubiertas de rocas sin rastro de vegetación alguna bMa las faldas en que se ven grandes espacios de bosques de encinas , robles , fresnos y castaños interpolados de praderas muy útiles para los ganados, y
<^ yerba> uie J¡L:iiiales muy estimadas por los na*
tuialistas* ¡¿ta las vertientes septentrionales se des^ <srimn terrenos improductivos » y alguno, como la ¿lorra Elvira » aecot árido, con seüales de ser resul»
Digitízed by^j0Oglz
CAWTtLO IV.
tddode movimientos internos; pero en las meridi!» nales se encueotraa todas las faldas cubiertas de ▼es^etacion mas brillante de Europa , y aun de Am * rica y Africa, cultivándose cod fortuna arbi^tos ení»-
de meaos las produccíoaes mas útiles de nuestras cu* lonias.
Ya hemos dic ho varias veces que el sistema Penibético contenia las altitudes mayores de la PenÍB-
8u!a. Vamos, pues, á sen^larlas según su elevacioD, del mismo modo que lo hemos hecho basta abon» Las mas interesantes son las siguientes;
Picacho de Mulhacen. ••••••••• 8^4 sietf^
Pfeaclio Veleta , a.l70
Cerro de la Alcazaba. • 3.3t4
Cerro de la Caldera. « a,2¿9
Carro de los Tajos iütos. a«2S4
Cerro del Caballo. • « a.ooo
Cerro del Almiréz. • • 2»4ÍX)
Sierra de Tejeda 3,t34
Sierra de Gádor 2,089
Sierra de Alta Coloma Sj047
Cei To de las Plazoletas en la sierra de
DO se echsM
Tolox
Sierra de Ldjar. • • • • .
Sierra Uaraoa <
neo de Zafluraya. • •
Peflon (le Svin CcUióbdl Mesa de Ronda. • • ,
1,960 1*911 ],S«^ 1.7U
1,715 1^
BAIgO» 1.4«1
llMtcsdeBanalguacilflDSieiTftBcriDija. l ,450
Peñen de Monlejaque» •••••••• 1,460
Sierra de Miar. 1 ,4M^
Toreal da Anteqoenu • • « f .980
Sierra Blanquilla. i ,267
Sierra CresteUina,
Siamde Algodonales. i,00f
Sierra Elvira ••••» 694
Sierras de Arcaa y de*Iaa Camoma* 600 Sierra do GíbalhUi. •••••••••• 400
A 80 vez entre estos montes se encoentroD áe^
presiones notables, por las que se han practicado los caminos mas cómodos para comunicar las dos vertientes , siendo los mas conocidos de E, á 0. en el
corso do la divisoria:
El de la Venia del Pájaro. Camino de Guadix á Almería »
Pnerio de la Ragua* De GuadU d laa Alpujarraa m
PiMno del Lobo 6 de Berelinl* De Guadix d laa Alpa-
jarras »
SI Suspiro dei Moro. De Granada d Molril 1»000 '
faerlo de loa Alazores. De Granada d Málaga 080
Pnerto del Rey. Do Cdrdoba á Málaga •
Gaesta de los¿amai:aios. De Sevilla dGranaday Jidlaga. 459-
fjMOde Arriate. Da Osuna d Ronda. »
Hojott déla VfborM. Paso de Ubriqneá Jimena. .... » Hmio de ias lomas de Cámara. De Alcalá de losGazulesd
Jimena. • »
Bancbos de la OJid. De Cádiz á Algeeiraa. ^
533 » cimcLu 1%.
El primer paso que debemos citar es el coUade
de las Vertientes, pues aun cuando nos ocupamos d¿ él al describir la Vertiente Oriental, no pudimos «b^ tonces señalar con el detcoimieuto inic requiere b importancia del camino carretero de Murcia á Gn* nada, que por uqucl punto salva la divisoria Ibencü. Este camino recorro hasta Guadix el terreno misa» que la \ia roinana de Carlaí;ena á Caslulone, Córdoba y Cádiz; atravesando entre Baza y rfuadix a& anchuroso páramo importante desde que en él * veriScó la unión de aquella ^ia con ia de Castulooe á Málaga, que pasaba por el Sal o Tugicn^ enlrelis sienas de Cazorla y de Cabra del Sanio Cnsto qofi divide el Guadiana Menor, y notable en nuestm tiempo por el campo atrincherado de la Ventadel Baúl que alli establaciera en 4 81 1 el general Previ para hostilizar á las tropas francesas de Sehastitffl que ya se habían corrido hacia Múraa. Si el collado de las Yerlienies es inleresanle j)or su localiílad, como se manifestó en aquel mismo ano al retirarse Freiré á consecuencia de la acción de Zújdi mucho mas lo es la posición de la Venta del Baúl ea lu terreno muy propio por sus dominaciones y avenidas fáciles de defender en el camino de Guadix, pK apoyarse en Baza , y en último caso en las Vertientes, y por las comunicaciones que pueden establecerse al N. con la región média del Guadalqaivir, para amenazar la carretera general de MadriJ á Andalucia, y al S. con las Alpujarras» para teaer
vwmam occnNDcxAL. ÜZ^
M jaque á Granada j flanquear el camiDO de esta capital á Guadix»
Por eso al establecerse Freiré en la Venta del Baui <x)Q el tercer ejército , y destacar por la derecha á Obeda i doo Ambrosio de la Cuadra , que sos* tuvo alli felizmente dos acciones contra los franceW89 y por la izquierda al conde del Mooüjo, que impuso gran terror ea los que guaroecian á Gra* aada* el mariscal Soult, temeroso de ver cortadas «08 oomuoicaciooes con el centro de España y que* dar oompletamente aislado en Andaludá , acudió á Granada « y maoiobrando combinadamente por el ^Goadiana Menor y la Venta del BauU logró tras la acción desgraciada de Züjar encerrar de nuevo cq *a cuenca dei Segura á los espadóles.
La posición de la Venta del BauU tan v^tajosa contra Granada, lo es también contra Murcia , porque tiene dominación superior aun sobre la Hoya de Bttxa, que debe atravesar todo ejército que recorra «que! camino. La ciudad aparece como ciibricnflo in iqiera cuesta que hay que vencer para llegar á la meseta de la venta « cuesta erizada de obstáculos y de dificultades. En ellos se apoyó el ejército francés m 1810 para rechazar, como lo hizo, al general Blake , que inopinadamente se lanzó contra él desde 1m Vertientes y Cúllar » aun cuando sin ia fortuna do vencerlo.
Por la misma depresión que ya citamos al obser* nr la onion de la sierra de Baza con la Nevada»
140 cámoMi rr.
por donde la via de Casttilone á Málaga salvaba at sistema Penibético, ae está hoy consCriiyeiido la car»
retcra deGuadíx á Almería, paso ordinario Lambiea « eo la edad média eotre las sierras de Guadix y Bm^ y !a mar confinante con el Alpujarra , como ymm escrito por don Diego Hurtado de Mead«aza, y que entonces Hevaba el nombre de Bolodny por el ria y el valle de Alboloduy que en él arrancan á la Va^ tiente Meridional y tierra de Almería. PudiéruMi citar varios choques qoa en él ban tenido lugar mim laguerra de iosmoriscos, histoiindaporaqüel célebre diplomático , como eo otras anteriores y postenoresí pero siendo de escasa importancia no nos dsfea^ mosen ellos.
Signen al Om y ya en Sierra Nevada, él pnsii de la Ragua bastante transitable por caballerías, es* cepto en algunos días de mucha nieve, y los del Lobo ó de BerchuI, de Rejales y de Mecina obrini» dos completamente en in\ÍLTno. Todos ellos conducen de Guadix á tas Aipujarras y la marina» oooio otros varios senderos asperísimos por donde en vs» «ano se salva la cordillera catre los elevados ¿ícoe que se alzan en ella.
Cerca del Padul se eleva nn cerro llamado pof» Ucameate Fez Aiaachbar y á su falda cruza la cordi* flart el camino de Granada 4 Motril en el Soqmdri Moro, lugar de desolación y de lágrimas desde el qud vió Boabdil por última vez la Alhambra de Graaadli a^Oa mansión de delicias cuya pérdida iM^mm
viugor por no saberla defender como iioinbre^ según le dijo indignada la manágoima sultana Aixa sii madre. A la entnidcí del deslÜadero ((un recorre la carretera desde la vega se encuentra ALiiendia con las ruinas de su fortisimo castillo, donde se concentriS el ejército de los Reyes Católicos en 1500 para sofocar la primera rebelión de los moriscos, y este paso fué uno de los que sirvieron en la de 4568 para penetrar frecuentemente en la sublevada Alpujarra.
Sigue luego el paso ó venta de Zafarraya, brecha inmensa de rocas cii la cresta de la cordillera, por donde á pesar de que lo aseguren algunos gcjgrafos no se abren paso las aguas al Mediterráneo, sino que se sumen en las escabrosida<Ios de las peñas. Da síd embargo tr&nsito %\ camino de Granada á Málaga por Alhama, una de las comunicaciones mas útiles entre ^ Geuil y la costa, desde la que puedo flanquearse de cerca y ventajosamente la carretera ge* neral.
Pero el más interesante hoy dia d(* todos los patios es el del Puerto de los Alazores ó de Alfarnate por donde salva la cordillera la carretera citada de Granada á Málaga, única hasta hace muy poco entre las dos vertientes y siempre de gran importancia por conducir á este puerto, iiallase entre Loja y la Puebla de Alfarnate, mas próximo á esta última población, y la carretera antes de ganarlo recorre un desfiladero asperísimo donde se podría hacer una buena defensa.
c^Miiuo ir*
Al O. y ea la misoia cordillera hay varios otrus como los Puertos del Gaervo^ de la Fresneda , da k
Pedrizat de Lacena y el mas importante de la Boca del Asao ea el camino carretero de Antequera á HA» laga, antiguo (]e Granada á este puerto de mar, donde Sebastiani dispersó las bandas de paicaaos que qoi-* rieron detenerle en 1810. Las varias espedidoacs que hicieron los cr istia aos contra las tierras de Málaga en la guerra de Granada y entre ellas la ásth fraciadbima de la Ajarquía, se verificaron por aitoi pasos avanzados de Antequera, cuya ciudad fué k base de operaciones de todas ellas.
La divisoria se atraviesa fácilmente por la sierra de las Camorras y en ella se encuentran el Puerta del Rey donde se separan los caminos de Córdoba i Antequera y Granada, y la cuesta de los Zumacales entre La Roda y Mollina en la carretera* de Sevilla i Antequera y Granada y Málaga. Ninguno oe eiiQS pantos presenta accidentes notables y pueden fliíiqnearse fácilmente por el carácter soave que [ya he^ mos dicho presenta alli la divisoria, causa de que i retirarse Soult en 1812 de Sevilla á Granada oo sd atreviese el general Ballesteros á incomodarle en lo
paso, dejándolo para en Antequera y Loja acosar, e de continuo descolgándose del Torcai y d^ la siena de Albama y destrozando la retaguardia que ala» (!() del general Semelé fué perdiendo en su marcha gente, bagajes y artillería» ^ *
Mas al O* pero en Ivig^r poco apartado de laoMi'
ta de los Zamacales cruza la diviaoría también el ca^ mino de herradura de Oaona á AnCequera, haciéndolo por UQ collado bajo entre el cerro de Peroia y pequefia Sierra de los Caballos de la Nava correspondientes á la de las Yeguas que sopara La Roda de Sierra de las Yeguas» aldea situada en las faldas orientales* Por ponto próiimo á ella y á este paso debe cruzar la divisoria el feno-carril de Málaga , y eo él dividirse para Córdoba y Granada » si bien es de presumir se modifique el trazado actual respecta al segundo* porque siguiendo la corriente del Gua-^ dalborce ofreceria la ventaja de pasar por Anteque* ra* población de icnportaocia en el alto valle de este rio.
Sigue al O. el paso de Arriate entre Almargen y
Ronda, vasto páramo en que se descubren algunas lagunas ó balsas y hasta pozos salados á una altura may considerable sobre el nivel del mar. El camino que cruza por él la divisoria es el de Écija y Osuna á Ronda y Algeciras» el cual ademas de ser de ber* radura ofrece grandes dificultades por lo escabroso del terreno especialmente al de Almargen* donde reoorre un áspero destiladero por las faldas occiden- ^ tales de la sierra de Cañete la Real.
fincvéntran^ después varios pasos en la diví-^ forie y entre ellos el del Mojón de la Víbora en la &lda septentrional del Peñón del Berrueco, que dá lugar al cattíiio de herradura de Ubrique A Gaociu y Jioicoa de le Frontera cruzando la sierra de Ubr»^
944 CáPROLa iv«
que. Eo este camino, pera ya eatre ios aflueates de la derecha del Guadiaro» se encuentran él puerto de tas Paredes de Piedra y el del Lentisco, de tráosito -dificíl por lo áspero del terreno, como lo son todfli toe que salvan las sendas que desde la Serraaía de Ronda conducen ai campo de San Roque.
Luego mas al O* se cruza la divisoria por oim
puntos (]ue ya hemos seílalado , siinJo interesante -en la sierra de Ojea el de los Ranchos de la Ojíd por el que pasa el camino de Cádiz á AlgediMi camino inseguro, montuoso y desierto; pero ai» cuando fuera de ella, en un estribo septeatoional próximo ya al mar, es de importancia el Paer* to de Facinas ó Hacina en los caminos de Yejéf y Medina Sidonia á Tarifii. Es el paso escabroso taan bien, pero aun asi ha sid«3 transitable por carruages aunque con mucha dificultad» como sucede en todo ^1 camino por los arroyos y torrentes que deacieaden de las aiuiUañas y cortan y atajan la tierra. El ejército que en 1811 salió de Cádiz ai mando .de doa Blanuel de la Pefia para desembarca en AlgedM y caer á espaldas de los sitiadores de acpiella pla^a, ^ recorrió este camino. Desde el puerto de Factnas } retardada ya la marcha de la artillería , eligió sa general el camino de Vejér temeroso» sin dudSf de ser detenido por la resntencia que podíM oponerle lacerta guarní ioü de Medina Sidonia, y confiando mas que en una retirada segura á la Set*^
«ao(a da Uonda que le ofiwta ^ diceociw'» «a li
YBRTOUfTB OOCIDmAI..
protección que esperaba eDcoatrar en la escuadra
que se::u¡a la costa y en la facilidad de acoi^ersc á Cádiz, para lo que se habia echado ua pueute sobre él canal de Santí Petrí.
cmck m LOS tíos odikl t tiiito«
Ya hemos se&alado los límites de esta coenca al
describir el térmiao de la cordillera Aiaiiánica. Dijimos eotOQces que ia encierran al N. la sierra de An* devalo y su continuación por l.a Peña en la sierra de Santo Domingo, y el cerro del Aguila» y al el lomo que se e8tieod#hácia el Guadalquivir por las sierras de Santa Bárbara y de Puerto Alto* *
Estos límites orográácos se hallan constituidos como ya hemos hecho ol^servar lo están casi todos km sistemas de montes de nuestro país* por líneas paralelas que van gradualmente descendiendo de E. 4 O* hasta la costa, haciéndolo el Umite septentrional junto á Aya nonte en la desernl)Ocadura del Guadiana> y el meridional en las Arenas Gordas, dunas no» tables en la llamada costa de Castilla al N. 0. , de doode el Guadalquivir dá sus aguas al mar. Aun el I ramal que divide al Odiel del Tinto sigue la misma dirección de las montañas que forman la cuenca, de- '^rimiéndose desde el cerro de San Cristóbal donde Larranca hasta ia vecindad de Uuelva donde termina Lipara dejar se reúnan los dos ríos que cercan coa sos N¿uas aquella ciudad.
V TUMO U. M
IM GAPilULO lY*
Desde El Almendro (990 bab.) y Villanueva de los CastiUejüs (3,442 hab.) , al pié del cerro del Aguila, corre primero de N* á S. hasta la altura de Saa SiU vestre de Guzmaíi (720 hab.), y después al S. E.,el rio Piedras que desemboca ea el Océano á los 22 kilómetros de curso , con poco caudal , pero navegable desde Carlaya (4,941 hab.] á favor de la marca que llega ¿ esta población.
Mas al B. desciende de la sierra de Araccoa d rio Odiel que tiene sus íueDies junto á la villa de Aracena (4,022 bab.) en el punto en que se separan ha montañas que forman la cuenca. Se dirige luego al S. O. formada la orilla derecha f)or la sierra del Castalio, la flabezoela y sierra de Andévalo» de las qoa bajan á aumentar su caudal los arroyos de Santa Ola* yita» Xoriillo, Odi varga y la Rivera de Orague, ftoj cedentes respectivamente de Aléjar (1,516 bab»), Ja» \ bníío (1,494 hab.), Almonaster la Real (836 hab.) y V£l Cerro (3488 hab»), poblaciones situadas en iaa / faldas meridionales de aquellas montañas. La izquier* da está formada por las sierras de Santa Bárbara y Puerto alto que cifien al Odiel de cerca, y después por el elevado cerro de San Cristóbal donde empieza ¿ sefialarse la divisoria con el Tinto, desde la quona biqa ningún arroyo importante á aquel. En las Mám septentrionales de estos montes no muy elevados ft su terminación pero notables por su rumbo, se ea» cuentran las villas de Zalamea la Real (2,235 hab.), y casi en ia cumbre Vaiverde del Camino (5,460 haíxj^
VBBTIBMTB OCCIDENTAL. S47
iioicos pueblos de alguna coasideracioa eo el valle superior del Odiel y del Tinto. Uq poco mas abajo de la confluencia con la Ribera deOrague, cambia el Odiel su rumbo y se dirige al S. á Gibraleon (4,238 habitantes), donde tiene un puente para el camino de beviila á Ayamonte, puente á que llega después de recibir por la derecha el rio del Mal Paso ó Agos* tía que Laja de La PeDa por el Alosno. (3,ÜG1 íiab.)
Oesde Gibraleoü , punto de alguna importancia por sa puente en las épocas de lluvia , que es cuando «lleva bastante agua el Odiel, este rio es naveí^abie 'por llegar á la villa la marea del Océano, al que aflu- .ye ya anchuroso y respetable después de lamer las napias de liueiva (8,423 hab.) y de cooüuir con el Tinto por bajo de esta ciudad , y al rendir el tributo da sus aguas al mar.
£1 Rio Tinto tiene su origen en las minas de cobre que llevan el mismo nombre , del que se compone el uruace de la mayor parte de nuestras piezas de artillería , reconocidas por los inteligentes como las me* lores de Europa. Hállanse las minas en las faldas me«' ádionales del Cerro de San Cristóbal, en las que el rio reúne un pequefio caudal con el de las vertientes' ^de esle monte y los próximos.
Corre luego al S. , y pasando entre las montanas del Berrocal (642 hab.) y Marigenta, y cortando des*) iues la sierra de Rite que perpendicularniente á s\x) curso liga su divisoria con el Guadalquivir ¿ la del Odiel, baja á Niebla (946 hab.) , capital del condado
¿43 CAl'iIOLO IV.
de su nombre^ situada en una Itamira en la orSlade»
recha, y con un puente que sirvo á la carretera ca construcción de Sevilla á Huelva y camiao de Aya:- monte* Esta villa tan poblada en la época mosulmain, ea la que supo mantenerse independiente de los kalifas de Córdoba durante mucho tiempo » que al ser de nuevo sujetada vió en sus puertas morir á 8,000 virones de sus habitantes por la resistencia que opusieron al almohada Zarkaya, está hoy reducida al estado que indica su población acabada de citar numéricamente. Sin embargo^ recientes acontecimientos que luego indicaremos como episodios de la guerra de h independencia que tuvieron lui^ar en su territorio, dan á esta villa renombre y (ama» como le vatieiOQ mil exacciones por parte de' los franceses, y la voladura de su antiguo y fortísimu castillo.
Continúa después el Tinto al S« 0., y pasa préxi* mo á Lucena del Puerto (1,033 hab.), y á la cMiiti de Nuestra Señora de la Luz, donde ya se siente la marea y empieza á ser navegable por embarcadoDCi pequeñas que recorren los ranales que alli forma entre las islas que interrumpen su curso por Moguér (7,332 hab;), Pálos (1,145 hab.), y Hodvi,. hasta ia vecindad del célebre convento de La Rábida, donde recibe por la izquierda e! rio Domingo RobíOf ünico afluente digno de mención, y por laderecbad lOdiel con el que desemboca en el man
El curso del Rio Tinto es de unos 113 kílóne* tros, torrentoso en invierno hasta el alcance de i¿a
TBKTIBNTB OGQDBKTAL, t4(>
mareas, vadeable en verano basla Nuestra Señora de la Luz, con aguas tan impregnadas de cobre que no pueden beberse ni aun por los ganados^ y en las que echando trozos de hierro se logra estraer en su lugai aqííel metal por el mecanismo que opera la petriiGcacion de los cuerpos y particularmente la silicificación de la madera.
El terreno por donde se introducen rías tan considerables como las del Odiel y el Tinto, bajo un di* ma caluroso, siendo llano en la costa y poco acctdenjo hasta el alcance de las mareas, no puede menos jde ser fértil. Asi que Huelva y sus inmediaciones presentan en sus campos una vegetación riquísima en toda clase (rulos, y particularmente en vinos, aceite, maiz, almendras, naranjas y otras frutas.
No deja también de fiparecer pin loi osea la ciudad, «dominada como está al por los altos de Roma y de la Horca cubiertos de viñedos y frutales , y cercada da canales y ríos que surcan írecuuutcmente las na- >e8 con sus blancas velas.
En 1493 bajaron el Tinto desde Palos las cárabelas con que el inmortal Colon se lanzó á la inmensi^ dad del Océano en busca de un nuevo mundo que jjonerá los^pics de la insigne reina Cat-)líca, iinica eutre todos los monarcas de Europa que iicoa de íá ardiente y de amor acendrado al país que tan sAbia* mente supo regir « dió crédito y animó eu su empre* aa á aquel hombre estraordinarío que poco antes en« traba pidiendo un pedazo de pan para su hijo en d
1100 ^CAPITULO IT.
invento de !a Rábida , donde afortuDadamente pm
é\ j para l^paHa eocootró ea fray Juan l^erez de Harchena un amigo y protector, y en los habiiantei
del pnis marinos espertes y valientes que como los Piazoaesno tenueroo arr< jarse á los azares á^m tiage tan ayenturado y dudoso.
El terreno de la región superior es muy distinto, flluy escabroso en su origen y bastante aocidentado «después, aun cuando fértil , ofrece un espacio «m- , siderablc que compone la mayor pnr(e de la provincía de Huelva , donde puede mantenerse la gtiena durante mucho tiempo. Es cierto que este terreno parece defender solo el país contra las 0i[:resioQe8 de Portugal por el curso inferior del Guadiana, y en Lú concepto fué en la edad media teatro de luchas ^encarnizadas con nuestros vecinos; peroá prioctpíos del siglo presento fué como un. baluarte par* (mantener vivo el espíritu del pais y amenazar con- ^tínuamento la línea de comunicaciones de los atia* dores de Cádiz con Castilla y Estremadura. El coa* dado de Niebla representó sobre el flanco dcrecbc» de los franceses el mismo papel que la Serranfads Ronda sobre el izquierdo; asi que las espedicioncs que saiian de Cádiz para hostilizarlos se alteroabaa i uno ú otro de estos territorios, según su objete y ocasiones. Pcnnanei ieron ademas en el condado los gunerales Copons y Ballesteros alteroativaaientet j et éltimo lo evacuó en 1812 para seguir á SeÉit, <^ae se retiraba hácia Granada y Murcia ¿ uniese 4
VEBTULNTB OOdDK^tTAL» K5t
Súchel y á su monarca en I uente de la Higuera* Hueiva y Ayamonte haa de llamar naturalioen* te la atención ele los invasores, §ean porlugueseSt seáa de ios que después de iavadi/ la Peniasula por el N. 6 el E, Ikguea á penetrar en esta para el'os apartada región; pero el punto niililar en ella , aquel que pqede ser centro de resistencia como lo puede eer de dominación f es Niebla por so posición cen«> •Iral y estar eo el paso del Rio Tmto , nudo de las (xvmanicacíones de Sevilla con las principales poblar clones di' la provincia de íluelva y con Portugal. Por eso ios íranceses en 1810 cuidaron de reponer sus antiguos muros y arreglar el castillo para una defensa vigorosa , fortificaciones que volaion á su despedida para si volvian no encontrar en manos ée BUS enemigos un obstéculo preparado por elloe miamos*
GUASO DEL GUADALQUlTia.
Ta hemos indicado dónde se encuentra el Mci-
miento del Guadalquivir al observar ios contrafuertes septentrionales de la cordillera Peoibétíca. Encauza* do entre las sierras de Pozo^Alcon y de Cazorlei baja precipitadamente de 0. kü. desde ias Fuentes 4Í6Í Aguikm de la Nava del Espino entie bosques eepesUsimos de pinos que han servido en alguna época pare", construcciones en Sevilla, donde llegaban arnitrados hábilmente por tas aguas. Próximas lis
552 CAPITULA IV.
mencionadas sierrás, ningún afluente considerable recibe el Guadalquivir en esta primera parte de su cuno; pero poc(y]cspue8 1 formar uo violento re* codo que lo cononce al N., y después al N. 0. para tomar 8U dirección general al 0., afluyen á élva* ríos arroyuelos procedéntes de la sierra de Segura, como el Barrosa, Agua Muía, Bujainiia y de Hur* oos, que principian ¿ turbar sus límpidas agoM* propias para la curación de algunas enfermedades por ios principios mcdicamehtosos que encierrao.
Todos estos riachuelos afluyen por la orilla de» reclia ; nins sucede lo contrario después de cíuzarla unión de las sierras de Cazoria y de Cuatro Yiflas por el Salto ó Tranco de Monzoque, córle asperfaip mo y lugar tenebroso de bosques y de rocas inlraa- «itables donde siempre se han guarecido los fugitivos délas inmediaciones, dominadas antiguamente por la fortaleza y castillo de lloraos (866 hab.), s:- laado en lo alto de la sierra de Segura. Encerrado d
Guadalquivir entre la sierra do Cazoria, basíünte lisiante ya, y la loma delibeda que lo ciñe de corea por la orilla derecha , recibe por la izquierda los arroyoa mas ¡ni])(H tnates de aquel espacio, siendo entre ellos de mencionar el Guadacebas» que baja de la sierra por las bulliciosas cascadas de Chorro Gil y Chono do la Puerta , escondido al caer de la primera en uo puente natural de roca ; el Postrero , procedente de Chilluébar (69Í hab.),y el rio Vega, que riega las imertas do Iruela (807 bab.) , y de Cazoria (4.^80
VEIlTlfijfTB OCCIDBNTAIm tt53
habitantes) , ciudad drsdc que los franceses cometie^ ron en ella toda clase de vejámeDes y estragos dorante la guerra de la Independencia. El rio Vega ó Cerezuelo recorre un valle amenísimo que regaba eo la época de los árabes por medio de canales ó acequias qnc para ello construyeron , dándole asi una impoilaDcia que no contribuía poco á la miiítar que ya tenia anleriormente el territorio en que asienta.
La loma de Tbeda , en '.-uva cumbre asientan poblaciones como Villanueva del Arzobispo (3»822 ha« hitantes) , Iznatoraf (2,558 bab.l , Villacarrillo (6,044 habitantes), Sabiute (3,786 hab.), Ubeda (16.040 hab.) , y Baeza (13,405 hab.)» muy importantes por su posición, vecindario y riqueza, es un estribo suavede la sierra de Segura, el cual separa la corriente del Guadalquivir de la del Guadalimar, su afluente primero de consideración por la orilla derecha. Hállase poco poblada de bosques* siendo raros los de pinos de que abundan las sierras inmediatas, constituyendo su vegetación plantíos frondosos de olivos y de viñedos t y sobre todo los prados en que se apa«* cicDta un ganado numeroso, especialmente del ca* bailar propio del Estado para la remonta de la caba* Hería.
Iloy día á consecuencia de la construcción de las carreteras de las Correderas á Almería y de Albacete á Xaen que s ' enlazan aili, y del ferro-carril que pa* sará próximo h.Vna CArdoha, la Loiua y la pobla» cioo que la da nombre parlicularmeatet adqoiríráa
UQ mayor interés , sjeodo ua punto del que podii flanquearse con ventaja la entrada en Andalocte d resguardo de las sien as próximas , inleréb muy superior al ya grande que ofrecía anteriormente , qre puede observarse con el estudio de las campañasife ¡ loa Escipiooes, la de las Na\ as de iolosa y iaguem i tantas veces citada de 1808 á 1813.
El rio Vega desemboca junio á Santo Touié (1,038 bab.), población importante cuando te&ia una vía entre Castulone y Cartagena ; y un poco mas abajo al S. E. de Lbeda, lo hace el Guadiana Menor , que por lo dilatado de su curso y considerable de su caudal constituye el principal hraia ái Guadalquivir,
£1 Guadiana Menor se forma de varios ríacbueki de caudal perenne que iremos reseñando .según susi» i tuacion en la estensa cuenca que forma la divisorii | Ibérica al unirse á la Penibética ; esto es« entre hs ¿ierras de Segura y de Baza.
A pesar de no ser el rio de Baza el brazo mis dilatado de los que forman el Guadiana Menor, n> mos á considerarlo como tal para mayor claridad, y porque asi lo requieren su dirección é importaacii en las líneas de comunicación entre las tres vertientes generales que se tocan cerca de sus íueotcs.
El rio de Baza se forma en la sierra de este mis* mo nombre, y baja con un caudal suniaiutiite pe» quefio, reuniendo ios de los mil arroyui'los ^ueso precipitan por quiebras ásperas cubiertas de bo^M
VEaTI£^T£ 0€C10£NTAL.
de pinos 6 entreobiertos por los mineros en buscft de plomo y plata. En Caniles (2,2q5 hab.] , reúne ya UQ grao número de aquellos arroyos, y poco des* pues ya profundamente encauzado en la llamada kloya de Baza , formada por aquella sierra y los derrames occidentales de la de Oria que sefialan la di* visoria general , recibe por la derecha el rio Válor, que baja del Mojón de las Cuatro Puntas, punto divisorio de las tres vertientes contiguas, y un arrovuelo procedente de Baza (7,272 hab.), ciudad la Qaas importante en el camino de Murcia y Cartagena ¿Granada^ y punto estratégico de gran consideración por las razones que hemos espuesto al describir iu posición de la Venta del Baúl
El rio de Baza corre alli de 8. á N. hasta cer* cade Benamaurel (1,705 hab.) donde recibe el no Guarda). Este baja de N. á S. de la divisoria con el Segura, y unido en Castilléjar (954 hab.) con los ríos Bárbata y Galera, procedente el primero de Sierra Sagra por la campifia de Huáscar (5,106 hab.)» y regando el segundo las de Orce (2,040 hab.) y Galera (1*958 hab.), desciende á Benamaurel. AlU reciba por la izquierda el arroyo de Cúllar de Bsza que con* el camino carretero de ¡\lurcia y desde el collado de las Vertientes recorre un estrecho valle donde asienta la villa de su mismo nombre (3,696 hab.) y juntos galbos afluyen poco después al rio de Baza.
Cambia este al O. cirenyendo por su pie al cerro de labalCMf especie de islote en aquella llanura onda-
jc\nTi LO IV.
lada, y en un corto espacio, y antes de Zójar (2,6» habitantes) que asienta al 0. del Jabalcón en la orí* lia de un arroyuelo insignificante, recibe por la dere» cha el rioCnstril quctienüsus fuenles en Sierra Seca» Y el Guadalenlin que las tieneenla deXa&dsca, queuae la anterior á la de Pozo-Alcod. Los dos bajan pen- \?lamente ni Cnanlal; el primero por Cnslril de InPe-
(1,546 bab.) y Córtes de Baza (421 hab.); el segundo por las cercanías de Pozo- Alcen (3,038 babi* tantes) y ambos rompen la série de montes que . arrancando de la sierra de Segura va por Sierra te* jneja, Sierra Seca, la Tafiasca y sierra de Pozo-Ate^ á ligarse con la de Gazoria y á las que en la izquierda del Guadiana Menor se corren al O. paralelameota i | Siena ISevada hasta Sierra Elvira y sierra de Priego.
Todos estos rios reunidos toman el nombre (k Rio Bárbata, Guardal ó Grande, que corre como mos dicho de E. á O, hasta la cortiincla deRécornerteneciente á la villa de Freila (828 bab,), doodc cibe por la izquierda el arroyo del Baúl que naca ts la sierra de Baza y pasa por la Venta de so mÍNM Hombre. Luego se inclina al N« O. y confluye coa si rio Guadix ó Fardes que reúne las vertientes de Síer^ ra Nevada desde la de Gor, ramal de la de Baza, donde se encuentra Gor (1,797 hab.) con su uiatüis palacio de los duques de su nombre, hasta el lomo que dijimos arrancaba de aquella gran cordillera h&cia el N. para enlazar á la Sierra Harana. £i Fardes InIí iodo el marquesado del Zenet y la ciudad egm^
TBftTIB!rrB OQC^>E^TAL• SHiT
JdeGuadix (10,151 hab¡) recostada ea la falda de un
elevado páramo asiento de su arruinado castillo, y en elcaiBÍDO de Baza á Granada que desde allí entra por uo estrecho valle para ganar la sierra de Huetor de Santillana junto á Diezma (1,109 hab.) por la venta del MoUnilio y los Dientes de la Vieja.
Por la misma orila izquierda y junto al Guadix» donde empieza ya el Bárbata á llevar el nombre de Guadiana Menor, afluye también el Guadahortuna que recorre un vallo formado por las sierras Harana y de Alta-Coloma y sus prolongaciones al E. desde Montejicar (2,610 hab«} y Guadahortuna (1,284 ha-* bitantes.)
¿aceden después otros arroyos que de E« á O. se . abren paso entre las sierras paralelas de que las dos
a?"abadas de citar son los pi incipalc; núcleos, las cuales va salvando penosamente el Guadiana Menor al saíir de la cuenca en que parece haber formado en otru tiempo un mar interior ^egun !a nalur. leza y contiguracion del terreno y la formación suya, des* embarazándose al fin de el!as junto el Salto ó Puerto Tugiense, hoy Puerto de Ausin, /umba de Escipion, ' el primer romano que pisára en armas el suelo espa« Rol, y punto no lejano ya de la desembo: adiirn del río en el Guadalquivir la cual se encuentra junto á San Bartolomé.
El Gu?}d¡ana Menor ''^s im rio d*? gran inter^^ bajo el punto de vista militar, pues es la via de c omunicadon principal entre la vertiente Oriental y la Occiden^
CAMTVLO IV»
tal, eolre Cartagena, GraDada, Córdoba, SeviUa j Cádiz* Ya hemos acotado la dirección de las vi» que
unían estas ires últimas ciudades por ia de CastuloDe asentada junto á Linares y el Guadalquivir, vi» ijqb obtuvieron una importancia suma siendo de las primeras construidas por los romanos que desde su des* embarco en Amponas fueron corriéndose por el fto* ral del Mediten aneo en demanda de las riquísimas I comarcas del Bétis y en último término en busca de los tesoros que encerraba Cádiz, la ciudad fovoritada los fenicios y de los cartagineses.
P. Cornelio y Neyo Escipion fueron los príoem que se lanzaron á empresa tanto mas grandiosa oan« toque Horna parecia desíallecer á los golpes queia asestaba Aníbal junto á sus mismas puertas. LssoHh quistas de nquellos dos hermanos por el litoral fueron rapidísimas según ya espusimos al reseñar la iav> sion general. Imposibilitados de seguir h oofita por Almería y Málaga, desembocaron en la vertiente Occidental por el collado de las Vertientes y se dírigbron á Gastulone élliturgis (Andújar] en boscadsfli enemigos, apostados allí como en país que estmiabaa particularmente por su riqueza. Aquellas ciudades is les unieron espontáneamente y á su abrigo fué P.B** cipion venciendo á los cartagineses y entreteoiéndiH los para que no ayudasen á Anibal, basta que éMh 80 de dar un golpe mortal á la coalición de los natorales que combatían por Cartago , fué sorprendido! cuando quería sorprender é IndibQ, quiea SfOiMP
▼BRTIBNTB OCCIDENTAL IjoO
de Masinísa y de Hagon derrotó ai general que desde
tan lejos babia salvado á iiuaia coa su brülaate campada.
La derrota de P. Escipíon tuvo lugar en el Salta
Tugieuse, que como hemos hecho observar se halla eo la vertiente Occidental de la sierra de GazorIa« i ta parte opuesta de donde nace el Guadalquivir, y por eso dice Piinio que este rio en su origen huye de la Pira de Bseipian encaminándose al B.
Desfiuos de la toma de Cartagonn, Escípfon el Africano entró en la cuenca dei Guadalqaivir por loa 'mismos sitios* ven^ó la muerte de su tío y castigó coa una completa destrucción la defección de Iliturgis que se había pronunciado porCartago después de la batalla del Salto Tugiense, prosiguiendo luego á Córdoba y Cádiz.
Ya hemos apuntado también el papel que representó este valle del (juadiana en la p;ucrra (h la ladependencia; pero merece especial mención la conquista de Baza en 1489. Los Reyes Católicos reunie»' ron en Jaén un ejército de 50,000 infantes, 12,000 eiit>allo8 y un gran tren de artillería dirigido por el célebre Francisco Ramírez de Madrid, conduciéndolo i Baza por el valle del Guadiana Menor y conquis* taDdo de paso la fortaleza de Zújar.
La de Ba/a era muy considerable, y pasaron muchos meses de combates sumamente sangrientos para qoe se locase ta rendición de la ciudaíit cuya inmen<- aa importaucia en a^^uel pais y aquella ¿poca revelan
*¿ú{> CAFrrtxo IV.
las capitulaciones sucesivas de un gran número de fuertes de las cercanías y las de Almería y Guadix que tse eatregaron coa el Zagal, aqúel rey desgraciado ele Granada destronado por Boabdil.
El gran obstáculo que presentaba la empresa en ;el de abastecer de víveres, uq número tan . coa* siderable de tropas; pero la reina Isabel supu coa ¿ü » actividad y patriotismo veacerlo del modo que varaoi & consignar copiando un párrafo de la crónica de h conquista de Granada es rita eu iaglcs por Wasliiogtoa Irviag, que ademas de una muestra de la previsión y celo de aquella insigne soberana es una lección notable eu cáte punto.
«La mayor dificultad, dice» era el suministro de
provisiones; pues no solo había ; ;e abastea'r ai ejér- i cito, sino también á las guarniciones de los puebios conquistados. La conducción de lo que diaríaineate exigía el consumo de tan gran número de gentes, era ua trabajo iomeaso, eu un- pata donde apeaas había caminos de rueda, ni menos comuDÍcacionfle por agua. Todo se tenia que llevar á lomo , y porcaminos escabrosos, ó por sendas al través de las awa- ; tanas, donde no habia seguridad contra la rapiña y continuos asaltos de los moros. Los mercuderes que tañían costumbre de abastecer al ejército por coatrata; suspendieron las remesas de mnníenimientos en vista de Ins dificultades y pérdidas que había para conducirlos* Para suplir esta folta , alquiló la moi i^iorce nui bestias, mandó compi-ar todo el tu¿o J i
VSBTIBifTB OOCmSNTAL. 56f
<9ebada que había en Andalucía y en \m tierras de los maestrazgos de Santiago y de Galatrava. La ad« oiinistracion de estos recursos se conü.3 á personas de probidad^ que los unos se hacían cargo del grano que se compraba, otros cuidaban de su elabora^ cion en lus molinos, y otros de su conducción al campo. Para cada doscientas bestias había un oficial que dirigía á los conductores de las recuas, á fin de que no hubiese entorpecimiento en las remesas.
j^Los convoyes estaban en continuo movimiento» y las accnilas no cesaban de ir y venir, guardadas por escoltas competentes, para evitar que fuesen terceptados por los moros; y en estas operacionea no hubo un solo dia de intermisión, porque de ellas dependía la subsistencia del ejército* Cuando llega* ban al campo las provisiones, se vendían á la tropa á ua precio tasado, que ni subia ni bajaba*
»Para ocurrir A estas atenciones (ué menester un í^asto enorme; pero con los subsidios del clero, y los préstamos de los pueblos y los particulares, se vencieron todas las dificultades. Muchos comerciantes ricos, caballeros, y aun señoras, anticiparon de SU voluntad cuantiosas sumas sin exigir garantías: tanta era la confianza que tenían en ta palabra de la reina. Asimismo se enagenaron ciertas rentas de la corona, para que las tuviesen por juro de here* dad lüs compradores. Y no bastando todo esto para tftB grandes gastos, envió doña Isabel su vajilla de
ovo y plata, eon toJas sus joyas y pedrería, á Valea^*. Tono a« M
CAPITCLO IT.
cia y Barcelona, donde se empcílaron por una lidad crecida, que lu^o se destinó á cubrir eemdades de la guerra.
Asi pues con su .talento» actividad y espirita . prendedor, consiguió este muger heróica maule aquella numerosa hueste , y abastecerla de todo necesario, en el centro de un pais enemigo , do no 86 podia llegar sino por montefias ásperas y
minos escabrosos.»
Hoy dia Baza no tiene la importancia militar en aquella época; pero conserva la que le hemos Qalado al describir los pasos de la divisoria gene importancia que se aumenterá naturalmente al truirse el ferro^rril proyectado de Granada á cia que comunicará con el general de Andalucía la nueva carretera de las C!orrederas á Almería. E tonces el valle del Guadiana Menor servirá com antes de tránsito entre el litoral del Mediterráneo ]a cuenca del Guadalquivir, si bien la situación Granada llamará hacia sí en mucha parte la atencio de las tropas que salven el collado de las Vertí
Dirijamos ahora la nuestra al Guadalquivir qi dejamos en la desembocadura del Guadiana Meooti
El Guadalquivir contínúa al O. ya por un no muy descubierto, especialmente en la orilla quierda formada por las descendencias de las sier ras paralelas á la Nevada que dijimos separaban aquel rio su afluente el Genil. De la sierra de Alta loma, y su prolongadoa al O, ¿ sicicra de Gabia
• VEBTIENTK 0CCU)B?|TA1.. )fg3
íSanto Cristo que cierra la cuenca del Guadiana Moaor , y cuya unión tuvo que romper este rio pará •desaguarla, según lo prueban ios signos patentes de cnstaiizacioo existentes en ella, se desprenden varias otras serrezuelas que se dirigen al N. La de Bai^ ba y las de Mágina. de Altanuila y Almajar, encieri^el valle del JaoduliUa, rio que de S N. baja A»de Huelma (2,748 hab.) á Solera (55a bab.). y Jódar (4,798 bab.) , para desembocar en el Guadalqwvir.
Entre las tres sierras ültimamente nombradas que .lonnan Oda séríe pronunciada de montes por la izquierda del Jandulilla y el picacho de Aznatín, corje por terreno ondulado en general como la parte iníenor del valle de aquel rio, elBezmar ó Gü de Olid
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1 V; ^' '■'■"^ ^iachez. Torres, Vil
y üiofno descienden de la Sierra Mágina ■ udeanel mencionado picacho de Aznatín y ei cerro
aLir •;. S*^"' descendencias occidentales »«aatala villa de Mancha Real (5,115 hab.). domi- 1' por el ultimo de estos altos que como la Má-
^oadalhuüon. y especialmente con los que se levan- ^ sobre la ciudad de Jaén.
vert^nf ^ Guadalbúllon se forma en h»
^tientes sepíentnonales de la sien a de Alta Colóde la que y de su prolongación al 0., qoesirde boute entre las provincias de Jaén y de Gra-
nadat y como de antemural de esta última , se des* prenden varios ríacfaiielos que se rennen en una gran barrancada por donde corre el rio coa la carretera que une las dos capitales i su inmediacioo»
El orip:en d ^l Guadalbullon se encuentra al piedd cerro de Alm.ulen en la parte mendioaal de la sierra Mágína , al S* O. de Huelma , y su corriente vait principio encerrada en altas y escarpadas montañas por Cambil (2,646 bab.) « viila situada en una fs» fundídad entre los cerros Engefio y Achue1o« coro» nados de las ruiuas de los antiguos casiiUos de Cambil y Alhabar , unidos por un puente » 7 cuya co»^ quista en 1 i35 es una de las empresas que mas honran á las armas cristianas y especialmente á la arti< lierfa , que fué conducida por d ya citado Franoim Ramirez de Madrid á aquellas montañas con trabajo improbo y admiración de ios moros que se cieiaft completamente libres de sus efectos. AI oir el alcal* deMahoraet Lentin el ruido de los barrenos y del hacha decia: «Paréceme que los cristianos están haciendo la guerra á los árboles y peñas, pues no It pueden hacer contra nuestros castillos;» pero iu^ descubrió á que conducían aquellos trabajos, jtfM que rendirlos fuertes lamentándose de que no sirviese do nada el valor de los caballeros , contra ios que él llamaba cobardes ingenios que desde lejas ioi mataban.
Unido poco después al Albumiel y luego a! de bs Mestas, del que lo separa la sierra de Frontil jal
cual baja con la carretera de Granada por Campillo de Arenas (1,600 bab.), se dirige al N. con ella el Gincla'bulion porPegalajar (3,029hab«),y La Guardia (1 ,645 hab«) , encerrados en un angosto desfiladero. A la salida de este, en \in terreno ya bastante despejado y después de recibir por ia derecha un arroyueb procedente de las inmediaciones de Mancha Rea1« pasa junto á Jaén (19,420 hab.), capital de la pro^ viocia de lu nombre « fundada ai píe de unos escar* pados cerros que sustentaban fortísimos torreones que los fraaceses pusieron en estado de defensa para observar los montes de Gazorla y los desfiladeros super i ores de las Andalucías en las carreteras de Castilla y de Granada.
A 33 kih de Jaén , poruña campiña amenísima y siempre en el misino rumbo, llega el Guadalbullon '4 desembocar en la izquierda del Guadalquivir jua« k> á Menjibar (2,353 hab.) , población de sumo iaterés como veremos muy luego.
Muy grande lo ofrece la carretera t pues que des* I de su reciente construcción es el comino mejor y Olas directo de Castilla á Granada y Málaga » pero presenta dificultades inmensas que vencer. Se es^ tieoijb, según ya hemos dicho, por un desfiladero en él cual hasta tiene que atravesar alguno de los 'montes que caen sobre tas aguas del Guadalbullon por medio de un pequeílo túnel » y después que gaviar á sistema secnodario de montanas que divide, lias dos provincias de Jaén y Granada. Estas monta*
Hag forman una masa áspera eotre el Guadiana menor, el Guadalquivir y el Genil, la cual se estieade generalmente de £. á O. erizpda de cimas y quie» bras rocosas de un acceso súmaroente difidl; erti cortada repetidamente por ríos que corren en «n sentido totalmente contrario al que parece señalariei la naturaleza , y se Iii;a á través de ellos al sisteqn •Penibélico, asi por el lomo divisorio del Guadiana J del Genil , como cruzando este último rio por Lojt
y otros puntos.
Por eso fué durante mucho tiempo una barren formidable del reino moro de Granada, y en la guerra que terminó en 1492 los Reyes Católicos se establecieron frecuentemente en Jaén para aeodb coa presteza á cualquier punto de la frontera y caer rápidamente sobre los que los sucesos de la guerra preaentaban como de expugnación mas oporta*. lie y mas trascendental en aquella glonoáísima cacupana.
Entonces, y hasta época muy recientOt el canuoo
real condu^ :a desde Jaén á >íai los, Aicaudete, Alcalá ♦ la Real, Pinos-Puente y Granada por donde taabi^o ahora se construye una carretera; asi que aun en ÍÉIfí el general Sebastiani siguió por éi las reliquias id ejército que babia defendido el paso de VtUamaui* que en Sierra Morena; siendo la falta de la actuil . carretera de Granada ñ Murcia la que causó la p^ dida de nuestra artillería, pues tuvo que retrocedar de aquella capital á Fiaos-Puente para tomar el ca-<
VBBTIBim OCCIOENTAt tS07
mino (Id Guadtx por Cambii, donde cayó eo poder de la caballería francesa.
El Giiadnl(|u¡v¡r cüiiliiiua siempre al O. ya bastaote caudaloso y especialmente desde que recibe por la derecha las aguas del Guadalímar por encima^ del Guadalbullon , y después las del Giiadiel, y el Rumblar entre Menjibar y Villanueva de la Reina (2,067 hab). Va haciendo violentos recodos que aun*» que menos estensos continúan hasta Andújar (12,605 habitantes) en una Ifoea de samo intcr^ por ba*> liarse como opuesta pcrpendicularmente á la carretera general que desde Despeñaperros llega á Bai«^ lea para abrirse en dea: una que se dirige á Grana* da por Menjibar, y otra á Córdoba y Sevilla por Andújar; pasándose el Guadalquivir en los mencionados puntos por un puente colgante en el primero y otro de piedra en el segundo.
El Guadalímar de unos 128 kiU de curso muy variable según la estación , recorre deade el lugar ya indicado de su nacimiento un terreno alto y desconocido á pesar de no ser muy áspero y solo si árido y despoblado. Desde su origen junto á Villaverde (395 hab-) y Colillas (317 hab.), corre al O. por Siles (2,030 hab.) y La Puerta (798 hab.), donde redbe un arroyo que baja del Yelmo de Segura por Segura de la Sierra (648 hab.) ; y cambiando luego al S. O. se une al Guadarmena que procedente^ . de la sierra de Alcaráz y de la villa del mismo nom-
te« [2^7 bal)*) 4«8CieQdo al S. O. atravesando ua
Cimuj^ IT.
terreno muy a;!o i^fremiuad de ¡a meseta ceDtraí donde emp eza á caer ea escaloo hacia la vertMMr del Guadalquivir^
Uoidus ya el Giiadaríjteoa y GuadaUmar, bajiUi juntos entre ia loma de libeda y otra aemejaole, y opuesta, la de Ghíciana, en qite descuellan el Castellar de Sa: tisteban [2,121 hab.^, las Navas de San Juan (2«607 hab.) y Arquillos (977 bab.) , que ya beoins mencionado al describir la cordillera .Manánica. Confluye aili con el Guadalen á que viertoQ las iáldasa^ tentríonales de la segunda loma d cual pasa por Vít«^ ci;ies (2t66S bab.), y recibe el tributo del Guarhzas que se abre paso en la cordillera por Aldea Qne» mada y baja al S. con el 'wagaña que lo hace por Despeña perros, y po * fin nfluye al Guadalquivir C6r«^ os de Jabalquinto (1306 bab).
El Guad'ilíníiar licne un solo puente interesante y es el liamado Nuevo en ia carretera que se oooatriH ye de las Correderas á Baeza , línea ¡roportaate par trasladar al invasor desde Despeñaperros á esla úU tima población cuya situación estratégica heoMift apuntado ya, v la cual ofrecerá doble interés desde ei tnoiiicoto en que se construya la carretera de Al« baceta por el valle superior dd Guadalímar y la»
villas que dijinios coronan la loma dn Ubeda.
Pero la via mas importaole se estiende á lo largo del Guadiel que tiene origen en la meseta de 1m
Caroiinn 3,905 bab.), y boja con elh por Carboü©»
iw (473 h^b*) y Giiirroiman (¡980 bab.), pobiaotaMi^
VEATlfiM'f £ OCCIDENTAL. tSGd
como nnnella, de los nuevas fundadas por Olavido en ei remado de Gárlos 111 y pobladas con emigrados alemanes* Esta carretera pasa luego junto á Ba** Bes (2.292 hab.). y por Bailen (7,831 hab.) en la meseta que divide aguas entre el Guadiel y el Ruai«- blar próximamente paralelo á él y que sin agua en verano atraviesa el célebre campo de batalla de Bailen.
Desdé Andiij^ar el Gnadnlquivir prosi.mie á Villa del Rio (3,933 bab.)« Montoro (10,999 haU), el Carpió (2,675 hab.), Alcolea y Córdoba (35^606 babí'» tantos), es vadeable en verano por algunos puntos, formando en general un foso difícil de salvar y daQ-* do importancia por lo mismo á Andújar, Alcolea y Córdoba donde existen puentes en la carretera, y ¿ Montoro donde hay otro que relaciona á esta con el camino (|nc desde Almadén sa'.va Sierra Morena por los Pedroches y Villanueva de la Jara.
Por una y otra orilla afluyen en este trayecto at Guadalíjuivir varios rios de los cuales alguuus merecen mención particular.
A O. del Guadalbulloh bajan generalmente de S. á N. por ua terreno mas accidentado que el pre« cedente de la misma orilla izquierda, algunos arro-* yos cuyas a.^uas salobres, que les dan nombre, corren encauzadas profundamente sin prestar beneficio alguno. El primero es el Salado de Arjona que des» ciende del cerro Jabnicuz próximo á Jaén í>o<|^I;imilena (1,772 bab.) y Torredonjimeno (6,777 bal itaa*
U70 CAFTIILO IV,
tes], dejando á ia izquierda la Loma en que asientan las ricas poblaciones de ArjoDa (4^610 bab.) y kiyh nilla (3,387 hab). 6í¿;uü al 0. el Salado cié Pcicur;! que nace ai pie de la Peüa de Martes, de que íueroa precipitados los dos herinanos Carvajales que emfil^ zaron á don Fernando IV, y pasando junto á la villa >de ilartos (11,666 bab.) corre ai á Higuera da Calatrava (818 hab.), Porcuna (7,497 hab.) y LopBra (3,387 hab.) para desaguar en el Guadalquivir «gua arriba de Villa del Rio. Mas al O, desciaidBa varios otros arroyuelos que van profundamente cor cauzados en la meseta llana que alli forma la orilla izquierda del Guadalquivir, ea la cual asienta ealie mcíí^'níGcos olivares la ciudad de Dujai.ajce (8.31Í babiuuites), y después el mas importante de todoii^ Guadajo/ que se forma al pie de las sierras qaeom* íituyen la divisoria con el Guadalbullon y el Cenil. de ios rios Víboras, Susaosi Guadalcoton y el Salada de Priego.
El Víboras nace junto á Martes y cOTÍéndo de E. ¿ O. riega la debesa del mismp oombiti
una de las encomiendas mas ricas de la orden Calatrava. El Susana se forma eo las vertientes raeridionales de la s|enra Panderon sobre ValdepoM de Jaén (4,127 bab.) y desciende himiendo las de la sierra de las Viveras, continuación de aqueUa y á cuyo estremo occidental asienta Alcaudele {6«£tt líí^bitaÉ'f^s) rodeada de rcrros y circuyerido uno que
Msieutaba ei castillo iaa valerosamente driiMiri<fc^
Vüfill&NTfi OCClDETiTAL, 671
rar d »n Martin Alonso de Moiiteaiavor contra un €y[érdto aumerosísimo de moros. El Guadalcotoa, tmzo principal del Goadajoz, baja de Alcalá la Real (6|73& hab.), ciudad fundada ea la divisoria misma qtm el Genil, y oudo de loe caminos de Jaén á Prie* go y de Córdoba á Granada, y se abre paso desde GaB^UIode Locubin (3,817 hab.), eonqmtadúpor elng dm^ Abuso XI ^ defensa de los reinos de Castilla y de im tiegOQ diceo sus armas^ entre la elevada y escabrosa sierra de Aiiillo, que lo separa del Susana, y la d^ San Pedro que lo hace del rio Salado de Priego. Érte, que procede de un lago salado que se forma en las faldas septentrionales de la Sierra i iuosa, des- «¡sude á Priego (8,502 bab.) y Fuente-Tójar (1,277 habitantes).
Juntos estos ríos al pie de la sierra Orbét término
ib Mídelas Víboras al 0. de Alcaudete, se dirigen ifitk ei nombre de Guadajoz al N. O. á Albendin (459 feaVuantes) y Castro del Rio (8,832 hab.) donde tiene m peque&Q puente y recibe por su izquierda el río llarbcila procedente de Luque (3,964 bab.) y Bae-^ aa (11,607 hab.) por un terreno de pastos que apn>- Wn^Hi remonta de caballería que tiene nno de sus : fÍ|tableámÍ6Qtos en esta villa. AcompaQado después 1K»rla carretera de Granada á Córdoba oontiQúa jú Guadajoz á Espejo (5,419 hab.) que asienta en la izqaierdiei y ¿ Santa Cruz, que en la derecha» atrave* *ft^ndo ceñido de frondosas alamedas y cultivos de una l)QlBb(9£^ rújuesía p^i* medio de un llano limitado d^
573 CAPITULO tT«
montes, entro los .juc suíi mas notables el cerrci sobre que asentaba Castro el Viejo y iaemioeociaqQe cita Hircio eQ los ComeDtaríos de César con el mw* bre de Campo de Postmuio. Sigue luego el Guada^i á Torres-Cabrera, pero después de haber recibido (nt la orilla izquierda un arroyuelo conocido por rio CaN cbcoa que procede de Xucva Carteya (1,273 habitantes) al que se une el Vento-Gil , cuyas aguas deacienden de Fernán Nuficz (5,9G1 hab.) y Montemayor (3,137 itab.) en la continuación de la sierra de Montilla donde entre magníficos víRedosy o)ÍTaraA halla situada la ciudad del mismo nombre (12^636 habitantes) patria del Gran Capitán y celebrada por at gunos escritores como asiento de la antigua Ibadi donde César venciendo á los hijos de Pompeyo aseguró para sí el imperio del mundo.
Desde Torres-Cabrera, el camino mcncíoDadasi separa del Guaclajoz para dirigirse á Córdoba, y al ir este rio ¿ desembocar en el Guadalquivir á unos 10 ki!. acua abajo de aquella capital es cruzado por las carreteras que conducen á ftlátaga y Sevilla dando aun mayor importancia ¿ la línea del (Smih joE, que la ha tenido siempre muy grande á pesar de hallarse como oscurecida por la del río ¿ que afioya»
Esta última parte del corso del Guadajoz, \kmh por los romanos Salso, fué el teatro de la última caiB* pafta de César ¿ que acabamos de hacer doaoi* Grande incertidumbre existe sobre la locnlidad qu^ ocupaba Munda donde tuvo su desenlace la gudrfti
mcertidumbre que se ha hecho manifiesta perla ciicunstaDcia naisnia de las diversas opiaiones que sobre ella se han dado, ya colucáiidola, al parecer sin fundameoto graade ea Moodai población próxtaia ¿ Má* laga, bien en Hontiila donde la sttua el erudito señor Cortés seguido por muchos escritores modernos, y aun alN. de£stepa» como lo hace en un mapa recién* teniente publicado, don Aureliano Fernandez Guerra, miembro dignísimo de la Academia de la Historia* £sla corporación acaba de ofrecer á público certámeii el asunto, y aun se dice va á adjudicar el premio orrecido á una de las memorias presentadas; pero no babiéndose pablicado aun esta, no podemos formar juicio sobre las razones que en ella aduzca el auiur en favor de una ú otra localidad* Córdoba era la base de operaciones de los pompeyanos y en su posesión estaba la victoria^ asi que César tocó los resultados de la de Manda al penetrar en aquella capital, sien*- do después de poca monta la conquista sucesiva de Sevilla} á pesar de lo que demuestran los festejos de Booia y las adulaciones del Senado que después de
todo solo indicaban el fin de la gnerra.
Continuarciuos, pues» la descripción física, condayendo la del valle del Guadajoz con un trozo del co« mentado de Hircio que da una idea general de aque* Uoa stüos visitados por él mismo con César , y «ok diferentes de los que actualmente se presentan al viagero en los cultivos y poblaciones que han sustümifk h ian Wtiguasi ann cuando casi en las mismas
CAPULLO IV,
Ó próximas localidades. « Anadíase i esto^ dice, sder Pompeyo alargar oías la guerra» por ser ello** »reoo quebrado y montuoso, y por lo mbino i »propósito para foraiar un campamento bien foitiEncado; y porque toda esta tierra de la EspaOi ote- >: llor es muy difícil de atacar, por su fecuadiJady »la muciia abundancia de aguas. Ademas deeslol»*
»dos los puestos desviaJüs cIl^ his ciudades están de* ofendidos de las incursiones repentinas de Jos bir* abaros con torres y fortiñcaciones, cubiertas aqaeSaii o como en el Africai no con teja sino con argamasa» lien las cuales tienen atalayas, desde donde - par so Dgrande elevaciou descubren mucha tierra. Fuera de »est0t gran parte dé las ciudades de esta proviaM ]»están resguardadas con los montes, y situadas ea amuy ventajosos puestos» lo que las hace nmy diSáD les de atacar y entrar por fuerza. De suerte qaeh amisma naturaleza del terreno las duende dftltf «ataques, y con dificultad se toman las ciudad^ de aesta parte de £spaaa, como sucedió en esta guernui
' Por la orilla derecha y entre Andújar y Cárdoba recibe el Guadalquivir los ríos Jáadula, dalas Yeguas y Guadamellato que« como otros varioa ínsignific» tes, bajan de la divisoria lUdfiánica cortando toda¿ !aÉ sierras paralelas que GonstttuyMi ^eti reabdad i Sierra Morena y que van á ligaise á aquella ea las 4d Llerena y Túdia.
Todo el terreno que recorren estos rieses mu
¿áspero y bafituite cubierta da iKisquas, pooa habiti^
do é inculto; pero en los valles se eacuentriip espacio9 donde según ya hemos dicho podrían establecerse colonias mas florecientes aun que las de Olavide* Encinares magníficos y prados perpétuamente verdes y lozanos se encuentran ocullus en aquellas soledades que podrían hacer ia riqueza do sos pobladores; siendo ahora tan solo guaridas de algunos rehafios y de gamos y jabalíes que se encuentran en una abundancia suma. Estas circunstancias dan mayor valor á los pocos caminos abiertos en aquellas QKXitaflas, aun cuando son tan malos y escabrosos que casi es iiaposible su tránsito con caballería. Ente ellos deben citarse los de Fuencaliente y Villaüueva de la Jara á Andújart Montero y Córdoba que pueden servir, como alguna vez ya citada han servido, para caer desde Sierra Morena sobre el Guadalqi ivir flanqueando completamente la carretera general.
El Jándula es un torrente muy abundante co «igoas en invierno y seco en verano» Nace entre las sienras paralelas que dijimos se alzan junto ¿ la divt- ^^oria Mariáoica y termina en bierra Madrona, la cual, d^ues de unido al Fresnedas que procede de las mismas, rompe por su estremo oriental entre Solana de lamaral y el Hoyo. Corre desde alli de N. á S. en un profundísimo barranco por los caseríos de Poyue* lo y fincinarejo lamiendo las faldas del cerro de ia Virgen de la Cabeza, desde el cual se goza de un oiagoíGco panorama, y afluye al Guadalquivir al O. de Aodiiyar y E. de Marmolejo ^3,078 hab.)
t;76 GAPiTfnLO IV.
El rjo Yc.^uns de condiciones u\uy semejantes ca caudal y curso á los del Jándula, nace junto á Faea* caliente (1>780 bab») recibiendo sus primeras agM
do la sierra de Quintana, cuyas faldas meridionales
lame asi como las de la Madrona. Todo ei ierreoai^ atraviesa se halla despoblado y solo algún caserfo é zahúrda interrumpe la soledad del valle en cuya parte central y en el camino ya citado de Fuencatteolal Andújar se encuentra Aldea-Cerezo bastante aparta» da del rio en lugar eminente, y pobre y miserabia albergue.
Varios arroyuelos micoden después al 0. ene! término de Montero que bajan de una de ias sierras paralelas, algunos de los que atraviesa el maMam camino de Yüianueva á Montoro y Córdoba que se ramifica para las dos poblaciones en las llamadas Ki^' vas de Montoro en la divisoria con el GnadaiiiéHaü^ ¡a cual va faldeando el segundo camino hasta Adaniuz (3,371 hab.) y Víllafranca de Córdoba ó d»lv ...rujas (2,911 hab.) villas ya laaicdiatas al Gaadál* quivir y ron molinos en ól.
El Guadamellato se forma del rio de Vsnt^M jtambien cruza aquel camino y qne es afluente aoyo de la izquierda, del Cuzna y del Guadalbarbo qael» 'son de la derecha. Este último es el mas impoiMH por recorrer su valle superior el camino de los Tedroches desde el Puerto Galatraveño á Ytilaharla(3IS habitantes) y el puerto de !a Mano de Hierro, posi* cioa escelente que cubre á Córdoba por este caoia^
▼BRTICKTE OGODINTAL. Í77
en ia divisoria del Guadamellato cod el Guadtalo, y en el que ae ven las raioaa del castillo del Vacar 6
Aljózar que la deieadia perfectameote.
Aquí vamos á detenernos para manifestar la im« portancia del Guadalquivir hasta Córdoba , y describir especialineote los sucesos gloriosos que tuvieron lugar en sus orillas á principios del siglo presente.
Hoy dia solo existe de Castilla á Córdoba un camino coa las condiciones necesarias para el tránsito de un ejército bien pertrechado con todos los elefljjnt'»s propios para la conquista de una gran zona. Este camino es el de Andalucía por Despefiaperrost pues los demás que hemos señalado no sirven mas i)ue para ílauquear aquel y facilitar un paso impoeíble de otro modo» Se estien le desde aquel temí* ble desfiladero á Bailen, Andüjar, donde pasa á la orilla izquierda del Guadalquivir, Alcolea, donde eiiste un puente que permite el paso á la derecha, y Córdoba, donde liay otro para volver de nuevo á la opuesta y seguir por ella á Sevilla y Cá* diz. En Bailen 'arranca á la izquierda otra carretera que pasa el Guadalquivir por el nuevo puente de Menjibar y antes io hacia por una barca , y sigue luego á Jaén , y de alli por dos vías distintas, por Campillo de Arenas y por Alcalá la Real, á Granada y Málaga.
Es, pues. Bailen el punto estratégico en la región superior del Guadalquivir en las operaciones I^Dcedentes de Castilla ó encaminadas á la defensa
|f78 CAPITULO IV.
de ana íavasioa por 68ta provinoia» Por eso los trtfr» ceses en 1810 encaminaron sus movimientos á ea*
volver la posición de Bailen, y mientras SebasliaDi ganaba la loma de Ubeda y se dirigía A Jaén* Vio* tor bajaba de Viltanueva de la Jara á Montoro y Aadújar , el primero sobre el flanco y el segundo á ro* taguardia de Bailen.
Tiene bailen, ademas, la ventaja de observar también el valle del Guadalánar , y sobre todo el del Guadiana Menor , de modo que á las propiedades » lialadas reúne las que tanto renombre y tal prepooderancia dieron á Gaslulone , situada , como ya lie* mos dicho , en la inmediación del lugar que ihon ocupa Linares,
Por otra parte , se observa desde Bailen todo ct curso interesante del Guadalquivir en aquel espacio, cuya defensa no puede hallarse en la orilla aúsaa por ser vadeable frecuentemente en verano * yaoi*^ se encuentra en punto algo distante y que doüüna todas las avenidas.
El general Dupont, cuyo desastre ens^ i m compatriotas lo que habian de hacer en adelante, no tuvo presentes estas circunstancias hasta us mentó ya tardío , pues que si hubiera verificado so retroceso á B^uíen un día antes , babria inducbhl^ mente salvado su ejército t su hoD<w y el db li Francia.
Uabia salido de Toledo á fínes de mayo de 180S con unos 12 ó 13,000 hombres de todas aroias. M
VEETUQITE OCaDBNTAL. 579
¡a Jlancha, después los desfiladeros Je Sierra Morena, y llegó sia dificultad alguna el 3 de junio á Bai* lea. Conocidas alli las disposiciones hostiles de los andaluces y de las tropas que guarnecían el pais, entre lasque se contaban las del Campo de San Roque mandadas por el general Castaños, avanzó resueltamente el 4 á Andiíjar , el 5 á Aldea del Rio* el 6 al Carpió, y el 7 atacó el puente de Alcolea, defendido por una pequefia obra que tomó por asalto, y pasando á la orilla opuesta venció la resistencia que le opQsieroa los españoles en la población. El mismo d¡a entraba en Córdoba , donde sus soldados cometieron los mayores escesos , robaron iglesias y mataron gentes inocentes , cesando en el saqueo y la matan2a ó ahogados en el vino que derramaban desatentadamente» 6 |mbriagado8 en el que bebie* íüü sin medida en uno de los días mas calurosos del veilino» Ni los castigos impuestos por algunoa oficiales pundonorosos y avergonzados de aquel espectáculo , ni la generala mandada tocar por el gefe del
ejáciLo, ni ias lágrimas de las víctimas de su furor, bacian eco en aquellos hombres brutales que decían venir á sacar á EspaRa de la barbárie en que se ha« liaba sumida. ¡Cómo tendrá valor Ihiers de achacar á crueldad las represalias tomadas por loa espaHoles^ después de actos tan íeroces como los que él mismo no sabe disculpar poco antesl .
Diez días después, temeroso de verse aislado en
Córdoba» pues acudían tropas do toda Aodalucte
>{dO capítulo IT.
para vengnr aquel ultrage , se retiraba Dupcnt á Anddjar para darse la maoo coa los refuerzos que peraba de Castilla ; y el 18 del mismo junio entra* ba en Andújar abandonada cooipletamenie de sus moradores , lo cual prueba el comportamiento de los franceses en Córdoba, Había cesado el paseo mirim^ fo que habia proyectado Dupuat , y por el conlrano se fortificó esmeradamente en Andújar para poderse mantener contra los españoles que avimzabnn per todas partes y especialmente por la carretera que & acababa de recorrer en su movimiento retrógrado. Los defectos de la posición de AnJujar están mngistralmente espuestos por Thiers, y vamos por lo sismo á copiar el párrafo en que los pone de rnaai^ fíesto. Dice asi:
«lia posición de Andújar, sin embar^, no dígate de tener sus inconvenientes respecto á la custoAí de ios desfiladeros,, y esta fué la primera Calla tte que tuvo después que arrepentirse el goaeral Dupoflt. El verdadero motivo, en efecto, que lehaLia in.pe» lido á abandonar á Córdoba y los muchos recursas que ofrecía aquella gran ciudad , no babia sido otra que el temor de que los insurgentes de Granada, que babian avanzada ya hasta Jáen, se dirigiesen porta izquierda del ejército á pasar el Guadalquivir por Menjibar , 11 gasen á Bailen , y cerrasen los desfiladeros de Sierra Morena* Distando, como dista t Cér* doba veinte y cuatro leguas de aquella ciudnd ,
peligro era realmente inmenso. Hdas auo cuando !^
▼BfltllENfB dCCIDRfTAL. 881
dújar dista siete leguas tan solo de Baüeo , síempro
era esta una distancia asaz considerable, y merced á ella podíamos correr el riesgo de que el enemigo se encajase de improviso en los desfiladeros. De mas á mas liabia por el otro lado de Bailen algunas salidas, por las cuales podía penetrarse asimismo en Sierra Morena, á saber: los caminos de Baeza y de Ubeda, que van á dar sobre la Carolina, punto donde puede decirse que empiezan verdaderamente los desfiladeros. Era preciso , pues , vigilar á Bailen desde Andújar» y no solo á Bailen, sino ¿ Ubeda y Baeza» lo cual exigía doble vigilancia. El partido mas conve« niente, por tanto, que debió (nniarse al abandonar á Córdoba» era proseguir firmemente en el cuerdo pensamiento que había presidido A esta determinación, dirigiéndose sobre Bailen misuia, donde sola la presencia de nuestras tropas hubiera bastado para guardar la llave de los desfiladeros, y desde cuya ciudad hubiera podido vigilarse también por medio de algunos destacamentos de caballería el camino se-» cundario de r)aeza y de llbeda. Y no eran estas solas las ventajas que oírecia la posesión de Bailen: tenia ademas la de su posición topográfica , mediante á ballarse situada sobre dos colinas, la de tener aires oías puros, la de dominar el curso del Guadalquivirt 7 de poder, por último, caer rápidamente sobre el enemigo, cuando éstese dispusiese á atravesarlo. Cierto» que sí este rio no hubiera sido vadeable mas que por un punto, hubiera c¿lado u¡u¿ bien la de*
ISS% CAPITULO IV.
terminar ion de situarse en una de sus orillas á ñn de estorbar el paso desde mas cerca; pero como el Guadalquivir tiene por aqnella parte» y en la estación del calor principalmente, una infinidad de vados, nada mejor podía hacerse que ir ¿ situarse un poco mas atrás sobre una posicioD dominante , desde h cual se descubriera bien el terreno y hubiese por ende posibiUdad de arrojarse con rapidez sobre cua!* quier cuerpo de Ejército que intentase atravesar e| rio , y de arrollarlo en la hondonada que sirve á éste de lecho. Bailen reonia justamente todas estas veatajas. El sacrificio, piu s, de dejar á Andújar, considerada como centro de recursos, era demasiado mezquino comparado con las razones que acabamos de esponer. No vacilamos en repetir, por tanto, que fué una verdadera falta el detenerse en esta dudad • en vez de llegar hasta Bailen, para impedir toda clase de tentativas del enemigo sobre los desfiladeros.»
El ejército espafiol se componía de tres divisiones y una reserva mandadas por los generales Reding « marqués de Coupigni , Jones y PeHa » las cuales componían nna fuerza de 95,000 infantes, 2,000 caballos y alguna artillería. Ademas lo acooipaSabaa
algunas fuerzas sueltas que maniobraban pw ks
flancos.
Durante algunos dias se mantuvo inactivo , au> que ya próximo al enemigo, por la necesidad de reglar algo unas tropas que en su mayor parle eran voluntarias sin instrucción ni disciplina; poro á loe-
VKRTlENTfi OCOOENIAL'. t^SS
diados de julio y á pesar de haberle llegado á Da* pont las divisiones Vedel y Gubert, y haberse aproxí-^ mado otros refuerzos considerables en observación de los desüladeros» ya empezaron los españoles ¿ hostilizar en Andújar y Heojibar » aunque con ata-^' v^ues parciales.
Notando el error de fiupont amagaron algunos ataques á su frente, mientras por el flanco derecho principiaron á hacer reconocimientos para descubrir ú Baiien se hallaba 6 no asegurado por los franco^- sea. En uno de ellos encontraron al enemigo, al que atacaron inmediatamente sin cesar de hacerlo ¿ pe- &aT de los refuerzos de Gobert que se encontraba en la Carolina » hasta que con la muerte de éste« la retirada de su división, y después de haber llenado su objeto repasaron á la izquierda del GuadalqoÍTh%
convencidos de que ocii|)ado Eailcn podrían cortar victoriosamente á sus contrarios.
Vedel que habia acudido á Andújar creyendo que allí presentarían los españoles el combate , retrocedió á Bailen á la noticia de la muerte de Gobert, y contiauó á la Carolina suponiendo que debía retroceder más por temor de ver ocupados los desfiladeros hácía los que tenia noticias se dirigían los españoles, que, á su vez^ aolo encaminaban á ellos algunas guemUasparS)
incomodar y alarmar.
De este nuevo error se aprovechó Castabos y si 17 hizo desfilar á la derecha una parte de sus tro- (ai para unirlas á las de Reding que campaba en*
884 cAnmo ir*
Meojibar. Entonces comprendió « y solo eaiooces» DopoDt» lo falso de su posicioo , y quiso corregir m errores replegándose á Bailen; pero lo hizo con mocha lentitud no moviéudose hasta ia aeche del 18, f el 19 si despuntar el alba, su vanguardia recibió oni terrible descarga en el paso del Ramblar que hizo temblar á los franceses y á su general • porque comprendieron en toda su estensíon el peligro en que se encontraban. Los españoles hablan pasado el Guadalquivir por Menjibar el día anterior, y mientras Yedd los buscaba ea la Carolina, liabian entrado en Tni' r y campado en la llanura que medía entre esta población y el Romblar para marchar al día siguiente ooih traDupont» y se hallaban, de consiguiente, interpuestos en la carretera en ademan resaello de acabar con el ejército francés.
Mucho se ha discutido sobre si aquel movimieoto era ó no acertado. En que era peligroso no cabe dada alguna, como lo son en general todos los envolventes; pero lo justifican además del resultado, los erro» reede Dupont , el conocimiento perfecto por parte de los espacióles de todas las maniobras de aquel general y de sus tenientes, y el éxito en los reconocimieatos que hemos indicado. Efectivamente, las tropas espn fiólas habían batido la división Gobert á punto de decir Thiers, que había quedado ^iriMúdM ; teman muchas probabilidades de mantener divididos á sos enemigos que desaladamente corrían en pos de las l^uc^illas que amagaban cortarles las comumcacíaiiea
como tras fentasmas que sé evaporaban á au aprosi»
niacion , y sabían la incerticliimbre en que se encon* traban los generales sin confidencias ni noticias en un país que Ies era completamente hostil.
Un generali pues, como Castaños cuya frudenciaf perspicacia y energia se probaron entonces por propia ( oníesion de nuestros enemigos ; que veia con claridad los errores de sn contrario ; que disponía de unas tropas t aunque no muy instruidas, valientes y Uenas de entusiasmo y de ardor pqr la causa del pais ; con el cooociiniento perfecto del terreno y medios suficientes para atender á todas las eventualidades, debia buscar el destruir ele una vez al que irreflexiblemen» te creía haber podido impúnemente penetrar en An« dalucía.
De mil dicterios están Uenas las historias de aque* lias campañas escritas por los franceses, y entre ellos Tbiers se ha complacido en forjar allá en su imagina^* cion YÍctorías probables de uno contra tres, contra» diciéndose á cada instante como sucede siempre al que diserta en mala causa. No le hubiéramos hecho nosotros el honor de nonihiar una comisión de hombres notables en la milicia para refutar su escrito:
está refut ulo por él mismo en las propias piíginns en que estampó insultos que ya predisponen en contra de su autor, en el ánimo de quien conoce el resol • tacb de la campaña y la justicia indisputable de núes* tra causa.
Un general á quien concede Tbiers las cualidadea
M6 tknmo nr.
que hemos sefialado subrayando su enunciación; tma
artillería que hace descargas horribles de. m hal'úyde balarasat y que demonta é inuíüaa al momento iadiim- ^íQO i y una infantería que ofree» fl aspecto i$ im mm impenelrablc de bronce; masas tan compacías é impendrá* blu que hicieron al general Dupri co» sus cazadores ie^ balh desesperar de poder Mrodudrss m ellas ; líneas qm aterraban por su inmovilidad^ bien merecían la victoria, y la de Bailen tan decisiva y completa como siba todo el mundo lo fué, no es sino el resultado del ti* lento del general» del valor de los soldados y deleatusiasta ardimiento de todas las clases en un pais coja dominación no es tan fácil como la imagiaabaü sus desatentados invasores»
El Guadalquivir era antiguamente navegable 1i» ta Córdoba » pero los aluviones y el abandono en do limpiar el lecho de los estragos que aquellos prado* cen , y en no entretener las obras cuyos restos aun se descubren en las orillas, lo han puesto en el ma- | lisimo estado en que se encuentra, del que dificd- , mente saldrá ya por haberse construido el camino 4g hierro de Córdoba á Sevilla* A pesar de todo* ea ia guerra de la Independencia los fíranceses habílí» taron ¡a navcgacioa por medio de un servicio altarnado de trenes ó divisiones de barcas , en las qnaaa ' bajaban ¿ Sevilla las provisiones para el ejército, las cuales era necesario trasbordar ¿ brazo de una di« Vision á otra en las chorreras ó presas que impadifli la cootiauaciou de lab barcas por cl no. Quedaba d
Tío di\ idido en tres tramos desde C'rJoba á Sevilla; 6Í primero de aquella ciudad á Peuaílor» en ei que navegaban treinta y cuatro barcas; el segundo de Penaílor á Lora con doce, y el tercero de Lora á Sevilla con otras treinta y cuatro.
El Guadalquivir con una corriente mansa por efecto de las mismas presas y chorreras que boy interrumpen su curso 9 sigue desde antes de Córdoba la dirección N. E. S. O. , la misma próximamente de los contrafuertes de Sierra Morena^ cuyas faldas va lamiendo ceñido por sus accidentes mas notables. Pasa asi y serpenteando en tornos con un c arácter semejante al que presenta entre Andújar y Córdoba; esto es , feldeando por la derecha la sierra y limitan • do por la izquierda un terreno llano, riquísimo, cu- . Jbíerto de cereales , olivares » viñedos y arbolados da lodas clases.
En la orilla derecha de Córdoba á Alcalá del Rio, dofnde cambia de rumbo dirigiéndose al S« basta .su desembocadura en el Océano, asientan Almodóvar (2,010 hab.), Posadas (2,975 hab.j , Lora (7,140 habitantes) , Alcolea (2,048 bab.) , Villanueva (732 habitantes), CanUllnna (4.841 hab.), Villaverde (1,234 bab.)« Alcalá (2«54ó hab.}. y otros pueble* ditos y caseríos ó cortijos , que como aquellas pobla* cienes están fundados en la orilla del río que ios hace distinguir, y en la terminación de los estribos de Sierra Morena, pueblos ])or algunos de los que pasa hoy el ferro carril de Córdoba á Sevilla que sigue es»
BS8 cAmuto IT.
ia orilla derecha hasta Lora. En ia izquierda son mucho mas escasas é inferiores las poblaciones que
se encuentran inmediatas al Guadalcfuivir, contánd> se entre ellas Guadalcázar (600 hab.), Palma del Rio (5,391 hab.). La Campana (3,722 hab.) , Tocíni (1,490 liab.),y Rrenes (1,545 hab.), pero al conírririo que en la derecha, que como terreno de sierra se halla poco poblado háciala divñoría Mariánica, Itniite de la cuenca , la izquierda presenta hácta la Penibética grandes centros de población situados en llano y rodeados de riquísima vegetación y cultora.
Desde Alcalá del Rióse encuentra en la orilla de* recha un terreno mucho mas despejado que d sote-
rior, asomando desde allí la fértilísima llanura que se akaba itálica cuyo antiguo Üorecien te eetadof su actual ruina describe magistralmente naesbo poeta Rioja en su tan celebrada canción, de la gue oojpiaQl<)& un magiUii<2Q trozo ^n honor sujo»
Aqnl nacM aqael rayo de la guerra Gran padre de la patria, booor de España, Bo, felice, tdoDf^dorTrajano. Ante quien muda se posird la líerrt
Que ve del sol la cuna y la que bafla £i mar, también vencido^ gadliUUO, Aquí de EUo Adriano^ Be Tcodobio divino. De Silio peregrino Bodaron de marfil y oro ias cnnaa, kqfui ya de laurel, ya de Jaimiaes Gonmades tos vieron los Jardines,
tnmBNTB OCCIDENTAL. 1$^
Que ahora son zarzales y lagunas»
La casa para el César fabrícada
{Ayl yace de lagartos vil inorada:
Casas» Jardines, Césares murieron,
J wm las piedras que de ellos se escrlfiirffQR*^
Sobre las ruinns de Itálica cuyo asiénio qo baila ya el Guadalquivir, bastante lejano ahora , ae
encuentra la pequeHa villa de Santi Ponce (1,323 habitantes) domioada por una série de colinas en coya cumbre se elevan Valencina (1,217 fasb.), Cas* tilleja de Guzman (154 hab,), y Castilleja de la Cuesta (1,197 bab*), formando ei horizonte de Sevilla por 8U N. 0. y limitando la llanura en que asienta esta ciudad unida por un puente al barno de Triana fun* dado eo la derecha dei Guadalquivir.
En la opuesta se encuentran Rinconada (547 ha* hitantes), frente á Alcalá dei Rio y muchos cortijos de los innumerables que cercan la capital de Anda* lucía» entre loa que cruza la llanura el ferro-carril ^le^es de atravesar et Guadalquivir por cerca de Lora. No son, sin embargo, estos caseríos tan pintorescos como los que se encuentran en la orilla opuesta formando en los caminos de Estremadura y Huelva lindos pueblecillos asentados en las faldas de los montes que van paulatinamente descendiendo ¿ la llanura ondulada que constituye aquel lado del rio.
Este prosigue al S. ya navegable desde el puente de Triana basta San Lúcar de Barrameda (18,130 habitantes) donde desemboca en el mar después de
^ 490 CAPiti'LO nr.
formar las dos grandes islas llamadas Mayor y leQor, cuya existeocia ya hicimos notar al dar una idea general de la cuenca. Pero antes de llegir i ellas, y en lugar pníxinio aun á Sevilla, sedescobrfn en la orilla izquierda Gelbes (917 bab.)« Coha dei Rio (3,701 hab.) y La Puebla junto á Coria (1^ habitantes) doade el Guadalquivir hace UQ torno notable cuya navegación se ha pensado en evitar abne» do un can?íl por el istmo.
Casi enirente de este torno termina una serie de montecillos que en la orilla izquierda del GuadalqoH vir divide la llanura general de su cuenca en doísdiferentes. Tiene au origen esta cadena en un promootorio que se levanta en la icquterda del Gorboo» y sustenta la ciudad de Garmona. Se estiende desde alli al S. O. por el Viso del Alcor, Mairona del Alcor y Alcalá de Guadaira, donde se ve su estrudoit geológica en una gran cortadura por la cual la atraviesa el rio Guadaira* Después prosiguen hs ccüM ya muy poco elevada? á Dos Hermanas y esparciéldosaal 0. hácia el punto ya designado de Coria, ta corren por la izquierda apenas perceptibles pM unirse á las últimas ramificaciones de la sierra de Gibalbin limitando las marismas de la izquierda del Guadalquivir hácia San Lúcar de Barrameda. Bbü serie de colinas es notabilísima y digna de observarse porque divide como hemos dicho en dos vaiüs cuencas la llanura de la provincia de Sevilla á ptfsr de que estando cruzada por los ríos que vienen deap
VERTIENTE OCCIDENTAI» tf91
déla cordillera Peniljetica á ailuii' al Guadalquivir aparezca el valle bajo ua puato de vista geaeral como uno solo no iaterrumpido.
En todo e^te gran espacio de Córdoba al íuar recibe el Guadalquivir muchos aQuentes cuyas aguas muy abundantes en las épocas de lluvia lle^sian A produoir en aquel rio desbordanruentos é inundaciones tales, que en varias ocasiones ha vuelto ¿ llenar el antiguo lecho que bañaba los muros de lt<^lica, deJando ia pequeña población inmediata de Algaba aislada y causando en otras verdaderos estragos en Sevilla V sus inmediaciones.
Los aüuentes que mas contribuyen á esto son los de la derecha , porque procediendo inmediatameóte de la sien a caen como de golpe sobre el Guadalquivir. Son estos, por otra parte, los menos importantes bajo el punto de vista de este trabajo, si se esceptua aquellos por cuyo val e se estienden los pocos caminos buenos que cruzan la cordillera hácia Estremadura ó Huelva; asi que solo daremos de ellos una reseña ligera, reservando detalles para los aQuentes de la izquierda mucho mas interesantes.
El primero de la derecha al 0. del Guad améllalo es el rio Guadiato, cuyo valle superior es bastante p ablado; pero el inferior desierto y salvage. Tiene este rio su origen en la Calaveruela y opuestamente al ZúfiTf que también nace en la misma montaña, corre en general al S. E. cortando los ramales de Sierra Morena casi perpendicularmente. Pasa junto ¿
t^flH CáPITCLO 1V«
Fuente Ovejuna (2,919 hab,) recociendo las apua^ de la divisoria genial en la sierra de la Graoa hasti Péfia Ladrones en cuya falda occíJental que baila A ' rio y separado de ella por otro arroyo, se halla Belmez (2^011 hab). Desde alli principia á atravesania ' terreno sumamente áspero entre la sierra de Santos y la Peña deEspiel particularmente en la orilla izquierda donde se encuentra también Espid (2,05G iiab.] que con Beliiicz comparte el erando interés que ofrecen los criaderos de carbón de piedra para cuya salida se están coustruyendo viaspiú» pias hasta Córdoba. En la derecha aFienian a su va Villanueva de Córdoba (5*535 bab.) y Villaviciosa (2,411 hab.) en un mal camino de Medelltn y Badajoz á Córdoba puesto que el principal se une al de los Pedrocbes en el castillo del Vacar, y después da haber cruzado uno de los ramales paralelos de Sier» ra Moreadi ya próximo á esta capital última, por el desfiladero de rocas llamado la Angostura « y fOt otru mas penoso aun cerca de Santa Mnría Je Trasierra, dá sus escasas aguas al Guadalquivir al 0. dd Almodóvar.
Ya hemos dicho que la parte superior era bastante poblada, y efectivamente» en el gran receptáculo que forma la divisoria con h sierra de los Cortijos y el Puerto GalatraveOo, se encuentran además de Fuente Obejuna varías aldehuelas anejas al partide ' de esta villa , aun cuando no tan importantes com ella. £i (uencionado camino que después se une ai
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de Ies Pedrocbes y al de Espiei » da de todos modos
á este val e un interés innegable respecto á las dos cuencas contiguas del Guadiana y del Guadalquivir^ y en la guerra se ha visto machas veces observado eii las combioacioaes estratégicas que bao tenido iu* gar en ambas regiones*
£1 Beinbézar nace tauibiea en la sierra de la Ca« laveruela; recorre un terr)$no muy áspera cruzando <Jcl (ni^mo modo que el Guadialo las sierras parale*
que constituyen la cordillera Maríiníca; y reco« giendo exiguas vertientes por una orilla y otra , rie¿a ¿ Sao Caliste y después á Homacbuelos (923 faab.)» á cuya inmediai ion y á los 72 küfjmetros de curso, casi constante de N. . á S. £• » afluye al Guadalqui» vir entre Posadas y Pcñaflor.
Siguen luego al O. el Retortillo y otros muchos arroyos que bajan de la sierra solitarios por un ten» reno solo pisado por los cazadores de venados y jabalfes , y cruzados cerca de su desembocadura por el caoiino de Córdoba á Peüaüor , Lora del Rio y Aleolea del Bio, entre cuyas tres últimas poblaciones afla* veo ai Guadalquivir, corlados tambiea en su mayor parte por el camino de hierro.
Despuco eu Viilanueva del Rio , desagua el Gala-
psgar, que tiene su nacimiento enTel territorio da
Constan Una (7,801 bab.) , terreno de sierra, pera
ibondante en maderas» especialmente decastaüo, y en vino , aceite « granos y en ganado que pasta en nidos * ' - % ^.
UOi CAPITITLO IV.
del valle del Galapagar es desierto y escabroso; peraun así debe observar.- o el camino que lo recorr^ desde Llerena y GuadalcaDal á Villanueva y Pals^^- del Goadalquivir , por ser transitable para tes eme* las del país que bajan por él las maderas y e) vinod" CoDstantina, y flanquear la carretera de Badajoz ¿ Sevilla. Por A descendió Gómez en sn espedicioo j¿ citada , pasando después el Guadalquivir en Palma : favor de las barcas de la Villa t y de qd puente formó con carros. "
Paralelamente al Galapagar , esto es, en direccioa N. S. ; corre el rio Hnesna ó Huezma , que ori^niodose cerca de San Nicolás del Puerto (312 hab.), en la divisoria Mariánica, pasando junto á Cazallade la Sierra (6,853 hab.) » y moviendo las máquinas da b niagnifica fábrica de hierro del Pedroso ^2,64 i bab.;, ya ¿ la mitad de su curso, desemboca por un valle frondoso pero desierto cerca de Villanueva del Rioy íreote á locina.
De un carácter semejante es el Viar también pa* ralelo á los anteriores, y que desde la sierra de Tiidia y desde la meseta de Bienvenida bsya coa si» cbs brazos principales ya unidos 4 Cantillana, atniveaaih do los mas robustos contrafuertes déla cordillera Mariánica por precipicios horribles, aun cuando adornada eo sus orillas de arbustos olorosos y de grande» y copudos árboles. Sus aguas son represadas en ai origen para mantener la humedad en el valla asp^ fiar durante el irerauo, necesaria i las buertaaf
para susteotar ios ganados ea Guadalcanal (4,996 liibitaDtes) , y tienen para so pasa algunos puentes
en los caminos de Llerena á Zafra y á Huelva que so ligan cerca de Monasterio con la carretera de Bada<-
joz á Sevilla. Recibe en su curso varios crroyos, pero
«m asi en verano se queda encharcado ea muchas
partes , dejando de correr bullicioso y rápido como iovierno.
Ya hemos dicho y repetimos, que todos estos tíos son muy poco importantes. No asi el rio ó Ribera 'de Gala, en cuyo angosto valle está abierta la carretera tan transitada por las tropas que se trasladan 'de Estremsdura á Andalucía, y viceversa.
No si^ue la carretera las orillas de este rio, sino que desde Monasterio baja por el Gulebrio, uno de sus primeros afluentes, y cruzando el Cala al N. de San* ta Olalla (1,845 hab.) cerca de la confloenciade la carretera misma con la nueva de Fregenal, principia á ganar las crestas de las sierras paralelas tantas veces citadas ; pasa por El Ronquillo (985 habitantes) , y baja después á la Ribera de Huelva para ;de nuevo salvar las altitudes mas respetables del sis» tema Mariánico, y recorriendo nuevas cumbres de tos estribos bajar ¿ Saotiponce y Sevilla. ^
fil rio de la Cala que nace en la sierra de Túdia
cerca de Arroyo Molinos de León (1,285 bab.), cene
entretanto al S. E. por el Real de la Jara (543 bab«),
f Ainoiaden de la Plata (1 ,075 bab.) , cuyo nombre in» ^
4ica la explotación de minas de aquel metal hoy com*
$96 . CAPITULO IV.
pletamente abandonadas eo aquel terreno fiapera y pobre. Unese luego á la ribera de Iluelva que úeoe su nacimiento eo Cortelazar la Real (759 bab), en lia faldas orientales de la sierra de Aracena; pasa por Puerto Moral (279 hab.) y Zufre (1,578 hab.)*i y baja atravesando las sierras por tajos quebradísimos» ta^ que ya en Guillena (1,470 hab.), aparece en un valle mas abierto para desembocar junto á Saotiponceea el antiguo lecho del Guadalquivir, por el que se carre ahora hasta este no.
Bajan después en la misma dirección , pero ya de la divisoria con el río Tinto, varios arroyos que eo m torminacioQ riegan los puobleciilos que dijimos se hallaban cerca de Sevilla, y entre ellos es de moh cionar el Guadiamar, que con numerosos aOueotes que bajan de los montes que forman la izquierda dd Tinto t riega el fértilísimo territorio de Sanlúcar h Mayor (3,381 hab.), punto imporlrínte eo la carretera de Sevilla á Huelva que alii salva el Guadiaonr por nn buen puente*
El Guíidiamar desemboca por bajo de Villamanrique de Zúniga (2,228 hab.}, en el brazo occidental del Guadalquivir ^a enfrente de la Isla Mayor, coM hacen otros arroyuelos que después aíluyen^ypor ^0 se encuentra el terreno pantanoso con algonasbguoas que también tiene el nombre de la Marism, ll cua/ se estieode en la misma dirección de la costa del Océano, del que la separan las Arenas gordas, siMI de dunas que abrigan de las emanaciones de los pao*
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VtHlltJtTE OCCIDEMAL. (^97 * ,
. laaos las numerosas torres constraidas á lo largo da ia urilla del mar.
Pasemos ahora á la opuesta del Guadalquivir donde hemos dicho |e eocaeotraa los acoidentes
mas ÍDteresaiUus de su cuenca.
El que ¡ndudablemeute tiene mayor importancia €s el valle del Geni! , que en su región superior corta la coaiunicacioa gc-Leral de Madrid á Málaga, y en la inferior la de Andalucía*
Tic:-e oríi;cn entre los dos puntos mas elevados del sistema Penibéüco que vá formando su oniia iz*^ qoterda basta el arranque de la sierra de Estepa , des* de el que aparece hácia N. 0. la divisoria con e! Cei - bones* £n la orilla derecha el ramal que sepata al CSenil del Guadiana Menor forma el principio del valle de aquel rio, y la serie de sierras paralelas de £. á 0. que se estienden desde las de Hara« na y Alta Coloma á la de Cabra llevan las aguas en ia misma dirección , hasta que ramiticándose la última, íanza por la de Montiiia un estribo bácia el N. 0« que sirve de sepaiacioo de este valle coa el del Guadajoz*
El valle del Genil se divide en dos partes separa*-
das por los montes de Loja, que se debieron ligar, oon Sierra Tinosa « y que en una revolución física se abrirían para dar salida al lago que ocuparía el fondo de la vega de Granada. Al acercarse el Genil ¿ Lojat la Vega se estrecha notablemente» y por fio las aguas • ae deslizan por un esU^echo desfiladero » en cuyos
■ m. CAPSTCLO ÍW,
flancos fie muestra la ruptara de las montañas qna aislaban el lago superior, y por la que han salido á
la llanura {>ua confundirse con las del Gnadalquivir.'
Y estas dos regiones ofrecen, además, un cario* ler distinto. La superior , prófima i tas elevadbioMS moQtaüas que la forman cubiertas de nieves perpétoas, y regada por infinitos arroyos de aguas crista» tinas en las épocas de mas calor , presenta una vege» tacvon lozana, un c ima sano y fresco, y la animaciott 60 la vida y costumbres de sus habitantes. La ioferiorf algo accidentada al principio y después llana, se encuentra influida por una atmósfera abrasadora qoe no pueden refrescar las montafias ya distantes, ai vientos que ruedan entre las dos divisorias á una altura considerable f y las aguas recorren un terrm salado como el que hemos descrito entre el Guadal* bullón y el Guadajoz , roto por arroyos é interrumpido por lagunas de aguas sa-adas como la de dloii que cristalizada en aquellos depósitos hace aparecer como inmensos espejos metálicos donde se reflejan las nubes. La vegetación á su vez aparees diferente nsomejc'mdos'j á la del valle do! Guadalquivir ai que rinde el G^nil un caudal considerable.
Ya hemos dicho antes que el Genii nace en di Corral de Veleta, mar profundísimo de hielo doode so encuentra la nieve de muchos siglos en capas sucesivas que • sea por el calor central ó por otras eso* ^ •ias , alimenta el escasísimo caudal del rio» el cual le* á a)rre el fondo de una quiebra honda y escabrati ^ I
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VEBTIBNTB OCCIDENTAL.
llamada el barranco de Guadaraou • hasta salir á la vega de Granada. En aquekespacio de unos 44 kiló« metros pasa por liuejar Sierra (2,230 hab,), y Pióos* Ge&ü (778 hab.), y recibe por la derecha arroyos que como el de Mairena y de Aguas Blaacas bajaa de Mulbacen , de ia Laguna Urga ó del ramal que díji* mos unia lacordaiera á la sierra de Ilaraaa, haciéndolo el ü.timo desde los Dientes de la Vieja « rocas notables en el puerto de Molinillo , por Quintar (1,148 hab.) , Dudar (336 hab.) y Cenes (161 hab.) Yí en Granada se une alGenil el Darro, que desde la ' -^Tra da üuélor ¿antillan y por la villa de este mis* luo nombre (712 bab.), baja de N. E. á S. O. á lamer las faldas del cerro que sustenta la fortaleza y el palacio morisco de la Alhambra , y ¿ cruzar por medio de ia ciudad » arrastrando arenas de oro esplotadas hasta ahora en cantidades muy poqueSas. Cármenes ó casas (ie campos con pensiles r abiertos de verdura aiemj»re fresca y aromática « alamedas frondos<is y agradables, y campos feraces salpicados de ^^ranjas y arbolados rodean á la oriental Granada, (diden : gra-^ useb ie rubíes: corona áe ro$a$ talpieadas di rodo : fueth k que se derrama : gacela de los jardines y eslrelía del Mediúdia, como la llamaban los árabes en su lenguaje fimbó.ico.
La ciudad , que llegó ¿ estar poblada con 400,000
tabitantes de los que 100,000 eran de armas touiar, tiene hoy 61,993, y se divide en dos parles; una an^ *igua, de calles estrechas y tortuosas, y ecüucios.ea
600 jCATiTi'Lo ir*
general irregulares, muchos medio arniinaclos: otr» nueva • de calles espaciosas y rectas , plazas aacko* rosas 7 edificios bellos, que es abora la mas oeneur rida y agradable. Entre los monumentos de la antigua ciudad , existeu algunos de coostruccioo mod«- tía y elegante, pero que chocan en medio de vivieodas , representación de una sociedad relegada á hi r^ionea de Africa y de Asia, de donde nos Irtf- ^ ra su civilización estrafia ; como choca aquel palada de Cárlos V, aunque muy bollo, pegado á los restf^ del palacio morisco de la Albambra, monumento d mas curioso de la arquitectura arábiga, sin rival en el mundo por su gusto y orígiaaiidad; como sobra las nuevas construcciones cnocan la Alcasaba, li» Torres Derniejas, y la de la Vela con su campana, cuyos sonidos reoiendo por objeto el repartimiento de las aguas de la Vega dorante la noche, asi escttaat • poéticas y dulces meditaciones como á arrebatados arranques de entusiasmo según la situación dolos ánimos. Y, las costumbres y la vida participan affide los dos distintos principios que rigen las dos opuestas sociedades que se han sucedido, siendo muelles y
embrinG;adoras las del pueblo llev«ndo por tradirionen sus fiestas , cantares y lenguage del espíritu alegórico de los árabes; orgulloso de conservar algo de su c»» rácter tan poetizado por ellos, tan encomiado por los estraHos , llenos de admiración á la vista de monomentes raros y de hftbitos caprichosos ; y sujetas deL re^ de la población á laa condiciones de ia época.
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V£RTIENT£ OCaDBirTAI.* 601
actual, bastante olvidadns por cierto n!li donde fodo IkAoe aspirar ¿ la conteínplacion de otras edades y al recuerdo de glorias imperecederas.
Grauada, que tanta iniportancia tuvo antes de su conquista , porque poseyéndola los moros se hallaba siempre amenazada la independencia española, comunicando aquellos fácilmeate con sus correii^^iona* líos de allende el mar , la ha perdido en gran part&
bajo el punto de vista militar» y solo su gran pjblacion , la riqueza do su Vega y capitalidad del distrito b hacen ocupar un lugar, entre los que hay que tomar en cuenta en las combinaciones militares.
Ya en Granada» el Genii provee de agua las acequias que construyeron los moros para el riego de la Vega, como lo hace á su vez el Monachil que baja de Veleta porlas faldas occidentales del Pefion de San Francisco y cerro Trebenques que lo separan del GeüiU y que riega las poblaciones de Monachil (200 ha • bitantes] y Huétor Vega (856 hab.) El rio Dilar» procedente de ios Correguillos, ventisqueros del mismo pico acabado de nombrar, y del lago y Vico del Caballo que se hallan contiguos en la cordillera, baja porDilar (820 hab.) y Ügijares (785halj.) á afluir tninLíen por la izquierda al Genil, y asi él como el Monachil llevan tan grandioso caudal en las tempestades y deshielos de la sierra que algunas veces, aunque afortunadamente por niuy corto espacio de tiempo» causan inundaciones terribles en la Vega. *
Sigue después el Genil al 0. entre lindospuebleci-
CÚ^ CWtTQlO IT «
líos asentados gracíosamenteen la misma en medio de bs culüvos que la amenizaQ, de los que deb^mcsr^ cordar el Soto de Boma donado á lord WeUiogltei por sus servicios ea España, el cual constituye por sí solo una gran propiedad. Por la orilla derecha sa dirige hácia el N. la carretera general de Madrídf at N, 0. la de Alcnlála y Córdoba, la cual corla en Pinos-Puente (2»356 hab») el rioGubíUasquede^ de la sierra de Alta-Coloma baja por Iznalloz (1,899 habitaotes), y poco después el Moclin» cuyo pasa por la villa de sa nombre (677 bab.) y las sierras^ forman su Hoz, tan célebre en los sucesos de la gotf^ ra de Granada, hemos indicado antes. Por la hin\er» da se estíende la carretera de Málaga i Santafé (4,3Sf
habitantes) villa conr-truida, conio todos saben, é consecuencia de un incendio del campamento de las Reyes Católicos, á Lichar (632 hab.) y á Leja (11,8M habitantes) ciudad situada en la izquierda del Geoil, que ya allí pasa metido entre riberas muy altas y at* carpadas, y en la falda del monte Albohaceo ocupado por don Fernando en au primera desgraciada pedición.
El Geni! va alli bastante cnndaloso con las airuas de las vertientes de Sierra lejeda por las que das» ciende el tío Marchan ó de Athama por la ciudad que lleva este mismo nombre (6,077 hab.) primera cooquista de los cristianos en ia. guerra á que venim (aludiendo en la descripción de estos lugares, y oot las de las sierras opucátas ea ia derecha del rio ai %ua
VBllTlCiNT£ OCCU)£«VrAL. C03
bajan el arroyo Haírena desde íllora (3,845' hab.) y
el Vüaoor desde Mootefrio (4,899 hab.) EnciérrasOf como ya hemos dicho» ea un estrecho desfiladero siq recibir en un gran espacio aduente ninguno conside» rabie por lo próximo de las divisorias. Pasa asi junto i Gaevaa Altas ó de Sao Mircos (1,449 hab.) Cuevas Bajas (2,051 hab.) y Paicnciana (1,950 hab.] qne asientan en la izquierda y llega en la opuesta á Bena* Biegí (4,953 hab.)t donde es cruzado por la carrete^ ra de Córdoba á Antequera y Málaga, y por fin á Puente Geoil (7*853 hab.) donde lo es por otro cami* no que une k» mismos puntos aunque en otra áU reccion.
En Puente Genil, este rio ya se halla en la región
inferior; corre hacia el N. O. con su caudal, aumentado con el del rio Anzul que baja de Rute (6,345 habitantes) unido después al Cascajar procedente dé Lucena (14,7GG hab.), y con el del rio de Yeguas que afluye en la oiilia izquierda, opue^^ta el cual se forma al pie de la sierra de su nombre y baja por La Ro* da (1,288 hab:) y Casariche (2,101 hab.) Sigue despues en el mismo rumbo, recibe por la dercha el rio Cabra que nace en la falda de la sierra dominante á cuyo pie asienta Cabra (11,012 hab.) con unacampi«> fia fértil y con su celebrada sima de constmodon y
objeto i,L;:i'jrados hnsta ahora, rio que después pasa por Aguilar de la Frontera (10,575 Lab.) y reune el sobrante de la laguna Zoüar cuyos reflejos metálicos óo distinguen desde Veleta á unos 140 kiU Muyen
604 wmu^vf*
por la izquierda alguaos arroyos tambiea salados mo aqíiella laguna procediendo de otras seiDjejanta^i
llega á Écija ^^23,5USkuj.) punto impoi tan te por eiia» tir en él el paso de la carretera gQ&eral de Aodi* inda.
Poco después, y a 33 kilómetros de Écija y 211 de au origen i afluye el Genil al Guadalquivir junto á P&loia del Rio, donde aquel tiene otro puente en elca* mino que une las poblaciones de la orilla izquierda de este, al que entrega un caudal considerable sujeto i un flujo y reflujo muy estraflo, debido, según dic^ al derretimiento de las nieves de la cordillera.
Asi como entre Córdoba y Écija bajan al Goadil-
quivir varios riachuelos cruzados por la carretera, J de los que solo debe mencionarse el Gualmazan qas tiene un puente en La Carlota (i, 350 hab.) , asi dea» pues ea la izquierda del Gemí aüuyen al mismo no que él otros, cruzados también por la carretera, ¡m que no tienen importancia por hacerlo en sus fiieMi y ser estas de muy exiguo caudal aun en inyiemo. Tales son el arroyo Madre vieja de- Fuentes» el IMflia y el Guadalera, que todos corren pnralclamente al Genil en su última parte, y ai Corbones qua ki sucede inmediatamente al S. O**
La cuenca del Gemí es sin disputa el accidente de mas importancia de la general del Guadalquivir eatts Córdoba y Sevilla* Asi lo hemos dicho al prínapte' su descripción; asi se deduce de esta , y puede demostrarse con tizones en nuestro concepto vilediM»
VBRtlBnTl OCCIDINTAL. 005
Foroiando uo ángulo notable aunque obtuso en su dilatada corriente « y dividida por él en dos regiones
cuyad propiedades* físicas hemos hecho observar , y coya comunicación no es fácil psr lo escabroso del terreno, que, aunque roto por el rio, las separa ; dos son también y disliotos los objetos militares que pue«* den conducir i salvar al GeniL Granada con su her« mosa Vega, convida en la región superior á su pose» stoo; como la bacea apetecible la carretera quecon* duce al puerto mas considerable de la vertiente Meridional ♦ cual es Míilaga , y las comunicaciones que bciiitan el tránsito de Andalucía á Murcia » ^in frecuentadas en todas épocas. La separación de Sebasliani en 1810 de un ejército, cuyo o!>jotivo principal parece debiera ser la ocupación de Sevilla y Cádiz; • la premura con que acudid en su auxilio Soult cuando á consecuencia de la formación del campo de ia Venta del Baúl « creyó amenazadas Granada y sus co* municaciüiics con Murcia; y la retirada verificada por el mismo mariscal en 1812» á consecuencia da ia batalla de los Arapiles* demuestran bien esta re* ílexioq. ^ « Eo la inferior existen observaciones de otro ór* den para avalorar la importancia del valle del Genil.
Ecija es sin duda el punto que parece su llave pof el puente que tiene para la carretera y su situación en la orilla izquierda. Pero aun cuando el Geni! DO fuese vadeable» como io es en las cercanías , esas
numerosas poblaciones que hemos señalado eo los
606 CAPITULO IV.
derrames de las sierras paralelas que forman la derecha del rio é izquierda del Cuadajóz» como son MoDtillat Aguilar» Cabra y Lucena, ofreceo» uua^aa ocupadas por el enemigo , un peligro constante pm las tropas que hayan de defender el Gecil desde ia orilla izquierda, y habría de consiguiente que<tef<" varias del mismo modo, que Ecija, Benameji y Puei te Genil, y los pasos fáciles que son muchos. Taies circunstancias, y tal peligro, hacen sin embargo mas interesante esta parte del va!l ■: ¡a cual ha de cruzar precisamente quien invade la Andalucía » hasta que pueda transitar por el camino de hierro tan fádl dt desuuujpüner y espuesto por lo escabroso dei teneoo de la orilla derecha* No se hubiera limitado á oaaeiH cilio tiroteo de guerrillas la defensa de Ecija en 1810 por el duque de Alburquerque, si sus tropas se ha* biecen hallado en otra situación de la en que ea da presumir estuvieran después del paso de Sierra Mo» rena por los franceses*
AI O. del Genil corre el Corbones, en un espacia de 100 iiilúmetros desde la falda de la sierra de Ui Veq|^n8s al E. de las de Lijar donde nace, hasta el despoblado de Guadajóz frente á Alcoléa del Río, doi^ de afluye al Guadalquivir. En su origen , y después de lamer las foldas orientales del Pefion de Algámü»
al cual va rodeando siempre metido en un barranco profundo y áspero por el que continúa hasta Vitta* nueva de San Juan (1,913 hab.) , y Puebla de Onih lia (4,181 bab»)| auuc^ue ya por terreno mas suave»
ITfiBTlBNTB OCCIOBXTAL 607
sigue por la inmediación de Marchena (12,208 halj.), Atoada sobre dos colinas eo la izquierda del rio que riega sus huertas, en las que afluye por la derecha el arroyo Peinado, procedente de Osuna (15,130 habitantes) t Tilla que por sos comunicaciones con la vertiente Meridional es bastante interesante, como^ bes Marchena, por hallarse además en el camino de Ecija ú UU era.
Ya allí» cambia el Corbones al O., y se dinge 4 fertilizar la magnífica campiña de Carmena cruzada por la carretera de Andalucía, que después gana las eoGnas sobre que asienta la ciudad (15,667 habitanla), una de las mas ricas y populosas de la provincia de Sevilla.
De la línea de altaras que tienen origen, según dijimos antes, en Carinona , para acercarse ai Guaddqnivir frente á Coria, bajan al O. del Corbones los arroyos Garciperez, Brenesy otros mas insigiuiicrin- 168» todos sin otra importancia que la que reciben dks mismos de la feracidad y belleza de la vega que jiecorren en la izquierda de aquel caudaloso y gran rio« Pero por bajo de Sevilla y atravesando aquella £ ríe de calinas desciende al Guadalquivir desde la divisoria con el Guadalete el río Guadaira, que foldee por el E. la sierra de Morón separándola de la villa <lue la da nooibre (1:2,846 hab.) y recibe por i a dore* cha el Malajuocia 6 Salado, procedente de Para-
(5,456 hab.) yArafaal (9,287 hab.) en el oamino ^ Éctja á Utrera, y por is ucquieida el Guadairüia
€Cié ' CAPITULO nr.
que'se le une en Alcalá de Guauaira (7,311 habiUa* tes). Después del Guadaira descieoden al GaadalquU vir, pero ya al S.de Dos ííoriüaíias ^4,331 hab.),olrcs riachuelos, tales como ei Salado de Morón, querecone 1311 valle escabrosoren el que no se eocuentra nm .población dignademeocionarsequeMoDtellauü ^4,731 habitantes) y que recibe m arroyo que baja de Ur^ ra (12,441 hab.); el Alocaz que lame las Taldasdel cerro que sustenta la torre de Alocaz, atalaya de k • carretera; el Salado de las Cabezas en cuyo cofss medio y orilla derecha se encuentra la villa de L¿s Cabezas de S ui Juan (4,594 hab.) donde se proda* mó en 1820 la Constitución formada odio allos anta on Cádiz, dando principio á la iucha ci\¡l que tufO término tres a&os después con la abolición de aque* Ita ley fandamental del Estado; y por fin el arroyo y caüo de la llouiaaina, que'bajando, como los dosaa» tenores, de la sierra de Gibalbin termina también co» mo ellos «n el brazo oriental del Guadal :uivír,qtia forma la Isla Mayor entre Lebrija (10,338 hab.) J Trebujena (3,078 hab.)
La carro te i" a cruza estos riachuelos por cérea de sus lueates, y mas abajo, tocando ya á la mansma, lo ' hace el ferro-carril de Sevilla á Cádiz, el cual deeds aquella capital se esliende á Dos Hermanas, tuerce á Utrera, y revolviendo ai & O* se corre á cruzar el valle del Guadalete«
En esta gran zona de la izquierda del Guadalqui* vir desde Córdoba ezísten comunicaciones ent» tu»
TBRTIBNTB OOCUttNTAL.
dosfiusiugares» muy GODsiderdbles e&t06 a8i por su nameroso vecindario, como por su r queza, proveí^
btai ea nuestro país. Pero la coaiuuicacion que llama hácia tí la ateocioo general es la carretera que desde Córdoba continúa á Écija, Carmena y Alcalá de Uuadaira, para alli dividirse cii dos ramales, uno que -dirige á la derecha á Sevilla y otro que prosigue & Utrera, Jerez y Cádiz. Y sin embargo, hoy otro caoiino importantísimo que, arraocnncio en Écija de la carretera, guia por la izquierda á Marchena y Morón y dcide estos dos puulus á l'trera; camiho que acorta UQ gran espacio por ser como la cuerda del arco que forma la carretera para acercarse á Sevilla. Ambas comunicaciones se ligan, ademas, á los cauiiaes que do esta capital se estienden á las de Granada y Málaga, y á varios otros que salvan la divisoria PenibiStica, se ialernan en las escabrosidaut s de la cordillera y conducen á distintos puntos del litoral, como son ; los que lü hacen á Uonda y alli se ramiücan paraMá-", laga, Marbella, Esiepona y Gibraltar.
En la orilla derecha atraviesan las montanas del
sistema Mauániuü otros caminos que ligan á Sevilla con £6trcmadura, Portugal y Uuelva. £1 mas importante es la carretera de Badajoz, como ya se ha ob« servado al describir la cuenca del Guadiana; y con aoio recordar que después de la batalla de Bailen fué el pensamiento predilecto de Napoleón el de invadir Andalucía por esta via, se comprenderá la necesidad
de atender á ella Quaqdft el estremo meridional de la. mao ik H
610 CAPITULO IT.
Península sea ya el último atnocheraoiieaiodeQQesIra independencia. No se crea por eso qae carecen de interés los caminos de Portugal; pero si consideramos la dificultad de salvar el Guadiana en su paife masanchurosa, profunda, y falta de paentes, y desde lugares tan apartados aun de aquella monarquía co* mo es el Algarbe, debemos tranquilizarnos respecto i esta fronteni; h pesar de que nuestra historia antigua esté llena de sucesos importantísimos en esLa direc* cíoQ, ya en invasiones contra Portugal, bieneo otns dirigidas contra nuestro país, entonces el mas conocido en la parte á que nos referimos.
Mas considerando en conjunto esta región divi* dida en dos zonas por el Guadalquivir, se comprencfc que asi por la dirección de todas las comunicacioaBS que acabamos de seSalar, como por su posición en un punto del rio á que alcanzan las mabt cas del Océa* no y de consiguiente la navegación, por m grande población (81,546 hab.) y por su inmensa rique?:u es ;>e villa el punto á que ha de dirigirse quien ya presuma avasallar la EspaOá toda, y en el que ha de esta* blecer su base de operaciones el ejército tiueiiaya de defenderla en este caso.
lié aquí la razón del que aparece un error m 4 mariscal Soult al invadir el Andalucía en ISiO. oiosá ypropasot dice Tbiers, que se dirigiera un destaca^ »mento sobre Cádiz para interceptar cuanto se dinagía & aquel punto y marchar únicamente con el pci»
wntíc cuerpo sobre 8QYiUitllfi|ior íum 4o cierto
v&tTmtn occfojurrAL. 611
>rer en mnsa hacia Cádiz que dividirse y llegar divi- »d)dos delante de los dos puntos principales de la )p;ovinc¡a, poro tal cual era esta proposición valia imas que resolver no enviar contra Cádiz á nadie. iPor muchos generales fué apoyada y por el mariscal iSoult combatida, preoc<ipáado!e, para oponerse á elJa icen tedas sus fuerzas, el temor de hallar como en «Valencia, pucrtis bien cerradas ó un silio formida- »ble cerno en Zaragoza* Uasta objetó que harto se ha- »bfan ya debilitado con enviar al general Sebastian! «hácia Granada y que no convenia debilitarse mas «dirígíeode á Cádiz un destacaiñento: que, tomada »Sevilia, Cádiz se rendiria sin remedio (lo cual node- »bian justificar las resultas) y dijo á José: — Respon- *dedme de Sevilla y os respondo de Cádiz. — La autoridad del mariscal hizo desistir á José de su pr¡« urnera idea, y eo vez de estender un brazo hácia Cá- «diz, para interceptar por lo menos cuanto alli se di- »rigia» y de estender otro hácia Sevilla para señorear- »la, pe^ süse en Sevilla tan solo, y con los cuerpos "^reunidos de ios mariscales Víctor y Mortier, se mar* ¡iHdió seguidamente sobre ella. Ahora se verá quepa** lira entrarla no se necesitaban cuarenta mii bom* Labres. Junto á los desfiladeros de Despefiaperros, enl»tre Valdepeñas, la Carolina y Baileu, quedó el geaeU^^l Dessoles con ia reserva.i
En primer lugar debemos advertir que se hizo p destacamento aunque no tan considerable cual se poeesitaba para una empresa sérta como la de tomar
Gi3 CAPITULO IV,
á Cádiz. El duque de Alborquerque que desde el GaQii se retiraba hácia Sevilla, cuando supo que loi fraocesesse dirigían á MoroQ y Utrera con objeto de
corlar cuaiilo lutentara abrigarse en Cádiz, apresum su marcha y con tal oportunidad que á su llegada á Utrera se descubrían sus enemigos por el camino ds Morón, salvando con su dilisrencia la causa del país.
No era de prever por otra parte que Sevilla, cayos defensores tenian so retirada segura mienta conservasen en su poder el puente de Triana pudiéo- . dose acoger en toda ocasión al condado de Niebia i donde se dirigían todas las tropas batidas en Siena Morena al 0. de Despeiiaperros, no ofreciese resis* tencia alguna. Debian estar muy fijos aún ente M* moria de los franceses los sacrificios que habian costado Zaragoza y Gerona para no cuidarse de la ocapacion de Sevilla, coya población y recursos em n j)eligra constante para los que se encaminasen á Cádiz metidos ademas entre el mar, seDoreado por loi ingleses, y la serranía de Ronda por los babitaates y tropas antes dispersas pero siempre prontas i renoTtr el combate.
Sevilla no se defendió, efecto de sus disensionef iüteriores y de la defección de los principales iosti* gadores de su irritación y desórdenes; pero no en de presumir tal abatimiento en el ánimo de los que ^ada babian sufrido hasta entonces y que por el con- |tririo babiao contribuido con sos nidios y etíomm á Id vftcitona de Bailen eo 1808.
VEaXi£M£ CKXU)l¿?íTAL. 6t3
El curso del Guadalquivir es de unos 400 kil. con escaso caudal hasta la unión del Guadiana Menor* üo mnj abundante hasta la del Genil, y solo navegable desde 5eviila por llegar la marea basta mas arriba de esta ciudad. Ya hemos dicho que antiguamente era
navegable en los 199 kil. que hay de Córdoba á Sevilla» propiedad» que á favor de grandes maleenMsoonstmidos por los romanos y sostenidos por los ¿tabes, mantuvo hasta el reinado de don Pedro; perú «kora solo lo son los 100 kil. de Sevilla á San Lácar coa barcos de menos de 400 toneladas. Es evidente qoe si el Guadalquivir lleva caudal insuficiente para la «alegación especialmente en verano en que el sol abrasador de aquel país seca huk hos de sus afluenles» ninguno de estos incluso el Genil puede surcarse eoQ barcas, y solo pueden servir con un sistema bueno de riegos para fertilizar aun mas sus amenas márgenes y escelentes tierras.
GOISCCAS DKL GCIDALBIB | BEL BASBATS , T PBL SALADO.
ElGuadaletc» cuyos límites hemos seRalado al describir los accidentes orográficos que los constitu* yen» se íorma de dos ríos bastante considerables que Badeodo en un mismo punto» en las faldas del el#»
vado cerro de San Cristóbal, corren se^iarados un
gjgaia espacio coa diiereotes denominaciones fNMPa
*reiiQ¡rse mas tarde y tomar la coa qua es coaodfc
(ksyuts hasta su desembocadura.
El primero de estos brazos, el priocipal, que dgunos llamón también Guadalete, ti-ne su orii;ec d pie de San Cristóbal y junto á Grazalema ^6.M9 hitantes). Corre al principio de S* á N. con csodá suñcieúte para mover al^^uoos molíaos y recibieado por ana oiilia y otra arroyos perennes que riegMi algunos hucitos y liei ras y mué - en otros arlefc- las. Luego cambia al N. 0. y pasa al pie deZahara (l,2Si habitantes) en la falda de un peDa^o tan aboque seguu espresion arábiga descuella entre las mbes no éiemsando Ion aoes á remontar el wuh hasta el etítíh que lo coronaba y cuyo asalto en 14S1 por los moro» lué la causa ostensible de la guerra que dió por tesaltado la cspulsion de los de Granada e : 1 192, y que fortificado por orden de SouU fué de 1810 á 1512 h atalaya avanzada de los franceses hácia la Serranía de iionda. AUi lleva el Guadalete el uomure de rio üe¿á* bara como antes es conocido por el de Grazalemi, y
auiiiciila sa caudal con varios riachuelos y con d del rio Olbera procedente de ios montes de SeUoü (2,240 hab.) y Alcalá del Valle [2,311 hab.), coo 4 del Zaframagou que se les uue al pie de la sierit ll^jar en el tajo de Zaframagon.
Todo aquel te: reno adciiias de elevado es muj lescabrosot y el rio se desliza penosamente por ék; pero mas %delant^\ en Puerto Serrano {2,015 hab,) j iuego en la Angostura de Domos, rompe ios mooto
\E&T1ENT£ OCaOENTAL*
qoe forman el valle, daodo asi salida entre ías sierras de Boraos y de Saiiü^ar al gran lago que se formaría eD ia parte superior de aquel. Bornos (4,518 ha*t btUnlcs) asienta ea ¡a orilla deretlia y falda de la sierra dei Calvario y coostituye uo punto de interés que ha sido vigilado siempre por el que ha queriílo impedir las saüdas de la serranía. Asi que en la guerra de la Independerfcía fué teatro de dos choques; el primero en noviembre de 1811 ganando á k» franceses ei general Ballesteros un convoy considerable y matJiidoká basL;iiite gente; y el segundo en junio de 1812 siendo el mismo caudillo vencido por impericia de algunos de sus tenientes y con muerte de don Ratael Ceballos Escalera, gefe tan acreditado que las Córtes honraron su memoria al saber su esclarecido íin.
Luego circuye el rio á la ciudad de Arcos de la Pronlera (10,281 hab.) situada en la falda de una roca eminente, tajada sobre las aguas á las que siempre está dejando caer grandes trozos de su blan« da corteza, y desculiaiivlo sobre una canipifia íeraz cobierta de cereales, viñedos y olivares. Su pobla« cioo, no encerrada boy como en otro tiempo en robustos muros, y ei ser tránsito de Jerez á Borcos y laserranfov le dan algún interés, así como ei puente df^ laadcra que tiene sobre el Guadalete ya alU bástente considerable*
Dcnde este rio se presenta ya caudaloso en pro- 9«aoa 4itt Qmtmm^ dii^^tado es á los 8 küó»
fftf CAÍRCU) IT.
metros en la Pcdicsa, donde unido ya al rio deEspe» ra (1,822 hab.) que afluye por la derecha, recüje por la izquierda lá^ aguas del segundo de los bra-^ zos que fonnaa d üuadalete.
Este es el Majaceite que desde Benamahoma (692 habitaotes) ea la falda de San Cristóbal baja al O* i recibir por la izquierda el rio Lbiique que ne¿a l*s huertas de la villa de este nbmbre (4«876 bab*) m los caminos ya señalados para el paso á la vertieolt Meridional, y por la derecha el rio de El Bosque, procedente de El Bosque (1400 hab.) villa prúiíM al origen del brazo principal del rio.
El terreno que atraviesa el Mojaceite es pareci(^o al del Zaharat y« como él, salva este río la mm
continua de aquel núrieo elevado de montes por otra angostura entre tos cerros del Atalaya y del Graoada, correspondiente á la de Puerto Serrano , y de5|iaes por la de Fox, que lo es á la de Bunios, y por la es» trechura de Arcos, á cuya sa ida entra en pais a» muy accidentado en el que se une al otro brats m ta Pedresa. Recibe el Majaceite entre las dos angosturas varios arroyos ó gargantas que se de^dM por entre quebradas ásperas y salpicadas de bosques y de rocas, siendo el mas conocido el del leoipui oon cuyas aguas, que hoy caen al Majaceite, se sor» líala ci udad de Cádiz por un gran acueducto t^ue construyeron los romanos.
En la junta de los dos brazos empieza el Qmá^ lete á recorrer un terreno semejante al de «alguoe»
\EIiTIBNTB OCCIDENTAL. 61 7
4b los flflaentes de la izquierda del Gnadalquivir, re-*
cogiendo él á su vez arroyos que» como el Salado de Fateroa (2,918 hab.)« iodican por su nombre la condición de sus niguas. Corre después el Gnadalete al pie de la Cartuja de Jeréz donde es cruzado por un fNiente para el camino que conduce á Tarifa, AlgecK ras y Gibr;iltnr desde la ciudad de Jerez de la Fronlara (38,898 hab.) población apartada del río unos 3 kiiüineir^s y cuya riqueza territorial es tan importante que por sí sola paga una cuota de contribu* don superior á la que abonan al Estado algunas provincias enteras de la monarquía. Sus vinos los mas oelebrados del mundo» en cuyos mercados tienen siempre la primacía, son el rmwo principal de la riqueza agrícola de Jeréz, que se muestra en las magníficas bodegas que tienen en la ciudad los cosecheros, mas parecidas por sus elevadas y sólidas bóvedas á templos anchurosos que á receptáculos de una materia comercial. El término de Jeréz es ciertamente muy estonso; pero hay que advertir que S6 halla, como una gran parte de la cuenca del Guadalquivir, despoblado é inculto, estando las poblaciones muy separadas unas de otras y siendo, por consiguicíite, imponibles los trabajos de agricultura. De todos modos Jeréz es tan importante por su riqueza y posición junto al Gosdalefe, en las comunicaciones de Sevilla á Cádiz, que durante ia guerra de la Independencia fué capital de la prefectura del Coadalete* teniendo ea Cádiz una sub-prefeclura que
GIS CáPITCJLO IV«
como es de suponer no funaooo. nunca desde arti plaza.
Aun cuando en el puente de !a Cartuja , memo* niento religioso elegantísimo , muy deteriorado desdo que abandonaron su claustro los inonges que lo hi» Litaban , se sienten ya las mareas del Océano , doQ« de se hace navegable el Guadalete es en el PortaU pequeña ensenada que forman sus aguas , y en á cual se embarcan los vinos y granos de Jeras. El
Portal se encuentra cerca de la Caí luja y á unos 9 ó 10 kil de marismas de la desembocadura del Guadalete en el Puerto de Santa María (19,217 habitanles) , puerto importaute del Océano en la bahía y frente á Cádiz , de la que dista 33 kiL por tiena» pero solo 11 por mar, y c!i" donde han zarpado es* cuadras que , como la que tuvo por objeto el de cerrar la boca del rio Martín , cuya barca ha causada tantos Sucrifícios á nuestros marinos en la guerra de Africa, y la que salió para la conquista de Portugal en 15ou, han dejado memoria eu uuestra hisiora marítima.
Frente é la títtdad hay dos puentes: uno de na*
dora que sirve al ferro-carril ue Sevilla á Cádiz» que desde Jerez se acerca al Guadalete y recorre so ori* lia derecha; y otro colgante constniido para la c<ir* reteraquese estiende próxima á aquel camino, f para el que por el puerto de Cuena Vista conduce directa diente de Jerez al Puerto.
Por bajo de estos puentes y de la ciudad deaé»
VBETIENTE OCCIDENTAL* 6Í9
boca 6l Güddalete en la bahía tras un curso de 138
küómetros coa escaso caudal en verano y bas ante ooosidei able eo ínvíerDo » ceñido de N* £. á S. O.
casi constacteaiente tlcácle Zciliara á ias íaiuíis üicridiODales de ias sierras de Monteliaoo y Algodoaales que lo separan del Guadalquivir.
£n las orillas del Guadalete se representó en 711 él tremendo prólogo de ia invasión sarracena. Eo las aguas en cuyo móvil espejo se reflejan iioy las tarres de la cartuja de Jerez , sumergióse con su bri* liante corona gótica el imprudente é infoi tunado RocUrígo montado en su Aurelia » único recurso cuando fa le abandonaron las fuerzr.s para pelear. Misterio y oscuridad como en el fia del monarca, reina respecta á los variados trances de aquella lucha de muchos días, cuya duración requeriría un estudio detenido por lo inverosímil, considerándola como una batalla genera). Sin embargo, sabido es el modo de pelear de los árabes , muy aücion idos á ias escaramu^s y 6D eepectativa de un momento favorable , que según las relaciones bislurícas no eiicontraron hasta cuaUo días después de comenzada la batalla del Guadalete. La ayuda de los descontentos por los desafueros de Rodrigo, la traición de don Uppas y de los hijos de Wittzi, el abandotiO militar en que habían caído los godos, y sobro todo, la itidirerencía de los espatiolei unidos recientemente á ellos por la ley » y toda-* tía no por el iifcctü, pudo muy bien causar la de Otro modo íocoucebíblo apatía de los vencedortís du,«
620 CiffTCLO IT*
ninle los primeros días. Lo que no conoebiaMi*
cómo muerto Rodrigo, y tomando ya )a soperioriM los áiabes, no coDcluyeraa antes coa los ya rotúi| desanimados godos. De todas maneras la tradidi^ y tan fundada como la que nos ha trasmitido los tna- ^ ees de esta batalla» es muy de respetar, j perla mismo dejando al historiador deten'do y concienzodo la difícil tarea de escudriQarloSt ya que no sea de nuestra incumbencia, seguiremos al poeta dideadi^ con él:
El ftiriboiido Máfte Cioco luces las hacsa dmiüeiia f^al á cada parte, La áosla ¡ay! le condena Oh cara patria, á báriuara caúeaa. ^
La costa forma en la cuenca del Cuadaíete üd* gran entrada , y entre Kola , que se encuentra ea la derecha del rio, y Cádiz, que debe comprenderse ea el terreno de la izquierda, existe una lomeosa ensenada que se llama la bahía de Gádis « rodeada de Hndas poblaoiones como Ro^a (6,972 hab.) , con suf celebradas viñas; el Puerto de Santa María y Puerto Real (6,544 hab.), en medio de salinas que dan eran* dísimcs productos , puertos donde se siente durante el estío la frescura y bienestar de la pnmavera en una cinta de jardines y de huertos animados de la mas brillante vegetación* desde que ios fenicios prái» cipiaron 4 cultivar en derredor de Cádiz terrenqpáiH
do6« y que antes se hallaban incultos y desiertos. Separada del continente por el canal de Santi Petrí,
pero comunicando, como luego lo hará, por ei puente del ferro«carríl al y cerca de la Carraca, y mas lejos al S. O. por los de Zuazo y Santi Petri , se encuentra la isla de San I emando con la ciudad de este mismo nombre (18,202 hab«), habitada por marinos, y con el observatorio astronóiiuco que ha merecido siempre los mayores elogios, y á cuyo meñ* diano suelen referirse muchos trabajos en Espafia« Poro el accidente mas importante de esta isla es la dudad de Cádiz (61«750 hab.) » plaza de primer órden y departamento marítimo con cuantos elementos son necesarios para la consti ucciou y eatreteiumiento de las escuadras , aun en épocas en que Espana hacia ondear su pabellón en ios mas apartados Maderos de la tierra. Cl magnítico arsenal de la Carraca« la seguridad del establecimiento, así de parte de un enemigo que intente apoderarse de él como respecto al mar con el que coniunlna por un anchu^ roso canal « y la que ofrece la bahía dan á Cádiz una importancia mariliíiia inmensa.
Y si bajo el punto de vista marítimo es tan grande, no es inferior bajo el comercial , pues que desde los primeros tiempos históricos ba hecho un inmenso tráfico con todo el mundo conocido, siendo la principal colonia de los fenicios, la favorita de los cartagineses, una de las mas mteresantes de Roma y el primer puerto de la £spana moderna eo relación con
^SSt CAPITULO Vi.
todas las posesiones de Ultramar, y depósito geae^ \ ral de cuantos objetos comerciales salen de nuestn país , Y S^dD parte de los medilerráoeos
las costas del Océano en ambos muiidos.
Bajo el puQto de vista militar « también ofrece Cft* diz un carácter de importancia que corresponde turalmente al pensamiento de preservar establecimiea* tos tan codiciados y punto tan esencial á la prosperidad de España. Asi que no se ha escaseado nada para conseguir objeto tan altOt y si fué necesario el t» del ariete, que dió en las murallas de Cádiz sui primeros terribles sacudiaueotos , para que cayeseo m poder de los cartagineses, veinticuatro siglos despnes, los morteros á la Villantroys, cuyos estraordinarios alcances y aterradores efectos se ensayaban tambiea con igual objeto, no conseguían ni siquiera inlerru npir las sesiones de los legisladores de £spa!ka , aua habiendo caído en poder del enemigo todas las d^ más fortalezas y ciudades de la Peníri>üla. La pkza, fundada con la ciudad en una punta de tierra unidi á la isla por un itsmo sumamente angosto , es fortiVima é ioespugnable por tierra en cuanto puede apreciarse esta calificación , y considerado el conjunto todo és las fortalezas accesorias que cubren la bal^a y iai aveoidas de la isla» constituye un sistema de fuertes
que ponen en cualquier ocasión á salvo aquel rincón, que aun relegado á uno de los estremos del pats pue« de ser considerado como Ai cma y el «raí Mato 4$ k Vberlad y de la independencia española, según espresioa
VEBTÍfiNT£ occiDe.vrAi#. ^23
áeHú escritor francés que pudo conocer y apreciar las condiciones militares de Cádiz en ios aik)s 1810, 1811 y 1812 que duró el sitio.
Varios arrovuelos descienden á la bahía de CádÍ£ por entre las poblaciones que ia circuyen con sus lín* dos edificios y amenos jardines y huerto? ; pero el mas considerable es el Lirio ó Salado de Medina, que desde las faldas de la elevada meseta en que se en* cunibra la ciudad de Medina Sidonia (9,7U3 iiabitantes)/puQto do mucho i: lerés por cuanto domina una gran parte del litoral y las avenidas orientales y me* ridionales de Cádiz, corre al N. 0. hasta Chiciana (8,384 hab.)» preciosa villa« llamada el Aranjuez de Cádiz , dividida en dos por el rio que describimos, el cual desemboca poco después ea el canal de Santi Pétrí.
Chiciana se halla circuida al S. por estensos pinares, en los que y en una eminencia próxima tuvo ]ugar el 5 de marzo de 1811 un combate , por medio del cual los espailolcs l¡ ataron de hacer levantar el sitio de Cádiz en circunstancias favorables > pues que SouU se hallaba ocupado en el sitio de Badajoz , y la atención de los franceses se dirigia á los sucesos do Portugal, donde, según ya hemos dicho, levantaba Massena el campo aquel mismo dia para retirarse á España. La batalla de Chiciana ó del Cerro de Cabeza
Puerco, como la llaman los ingleses, no dió resal* lados iHoporcíüüados, pues que, después de ser des-
lavorabie ¿ Vict9r9 le permitió coutiuuar ea «i siUo.
La mala ínteligeacia entre el general espafiol y eíque mandaba las tropas británicas « y la poca resolucioQ (le aquel en aiixíüar á su colega cuando éste se ha* liaba en lo que fué mas recio de la pelea, bicieroo tnfnictuosos los sacrificios que costára aquella etpt^ dícioQ , que muy fácilmente pudo dar grandes resultados, pues Víctor evacuó sus posiciones de übiciaoa, se retiró al Puerto de Santa Blaría , y aun mandó sqb enrermos y licriuos á Jerez i di^d^iuesio al parecerá retirarse á Sevilla*
E! camino que llevaron los aliados se estieade desde Chiclaaa al S. £. paralelameate á la costa, aua <:uando tiene un ramal que se dirige al S. á Cooil {4,809 hab.), puertecillo en la boca de otro ¡ iu SüU-- lio que baja de cerca de Medina Sidouia con el caouno de herradura que recorre la orilla derecha entre las dos poblaciones.
£1 principal es de carros» aunque difícil segon liemos observado al describir la cordillera; cruza el oalado de Conii á unos 7 kilómetros de esta villa» j «e dirige á la de Vegér de la Frontera « situada eo un recodo del Darbate no lejos tampoco del mar.
El Barbate tiene su origen en el Algibe, de cuyas ^cabrosidades baja ¿ Alcalá de los Gazulea (5»53& lijLitar.tes) , reco--ol;i J:i en la falda de un cerro que coronaba la antigua Kcgma, atalaya de una gran estensión de terreno hasta Medina , Vejér y Tariíi. Siempre por un terreno quebrado , montauso y pia-
iorcsco CQPtíaúa su curso al S. 0« , confundiéndose
después con prados y pantanos encerrados entre la sierra de Aadilla, que se eleva sobre la orilla <iere« cha, y la Pediegosa que forma la izquierda, y que coo&iituyen parte de la laguna de la Jaiida. Esta se estiende de S* £• á N. O. entre los dos caminos de tarifa á Medina Sidoaia y Vejér, que se separan uu poco antes en el Puerto de Tacinat para correrse el primero, mas oriental, por las faldas occidcútales de la Sierra l^ediegosa» y el segundo por las orientales de la Silla del Papa y Sierra Retín , série de coáioas que separan la laguna del mar.
Uácia el estremo N. O. de la laguna sigue el BarLate en Colé mismo rü.nbo á Vejér do b Frontera \7,662 bab«) , que asienta en una colina, parte del grao promontorio terminado al 0. en el cabo de Tra- ^ íalgar» testigo mudo de nuestras últimas glorias marítimas y de la tibieza de nuestros aliados. Aquel
proüiontorio Oü»:.-^a al Ll irlialc a Jirigirse alS. E. entre sus faldas y ks de la pequera sierra de Granada que se alza en la orilla izquierda , y surcadas ya las aguas por algunos i^arquichuelos que llegan á Vejér á . favor de las mareas, desembocan en el mar ¿ 8 ki* iómetros de acuella ¿joüiuuoü y oíros Unios £• de ii^afalgar.
Al S. E. del Barbate bajan al Océano algunos riachuelos de la surie de colinas que hemos dicho separan del mar la laguna de Janda , las cuales se ligan á la sierra de San Mateo , y esta por el puerto
de Facina á la sierra de la Luz y sistema de montee Jim» II. M
026 CAl'liLXO IV.
qae formaa el promontorio de Tarifa. E! mas cohb*
derable de estos anoyos es el Mastral, que desciende del mencionado puerto de Facína á punto práiimo del cabo déla Plata; pero el mas interesante por su proximidad á Tarifa y mas célebre por sus recuerdos es el río Salado « que se cruza al pie de it Peaa Jel Cierva, y en cuyas orillas se di6 el 28 de octubre de 1340 la batalla del Salado, conmemofada como la de las Navas en nuestro calendario.
Al S. E. del SaiaJo corre un aiToyuelo desde la loma de los Varapalos á lanía (5,949 bab.), piaa hasta ahora de tercera clase, pero que lo serS de prí* mer órden cuaudo se concluyan las obras que hoy se están ejecutando. Se halla situada^ como Varias veces hemos dicho, en el estremo meridional de la R>- fíínsula y en la entrada del estrecho de Gibraltar desde el Océano al Mediterráneo. La llamada isla, hfíf
pequeña peniiieula, posee, se,qiin metafóricamente suele decirse, las llaves del estrecho, sin que se haya pensado en encerrarlas en muros robustísimos biSKa la época actual en que el vapor facilita ea gran parle el tránsito de los buques que teoiaa que pasar al pie de la fortaleza saludando el pabellón espallol BÍdo 00 ella.
Taríra ha sido ciudad privilegiada. Uoa ves lo*
mada á los musulmanes, á quienes parece deber m engrandecimieato , pues era lugar pobre y despobii* do al desembarcar en él Taríf, no fué nunca dr-s<» {mes reconquistada por ellos , sufriendo al contrario
Vnail£?|TE OCCIDENTAL* 627
el pte de su furtalezá rudos y tremendos desastres*
Y si en la edad media vieroQ sus torres el rasgo mas notable de amor patrio, el cual dió nombre de ti Bueno á don Alonso Pérez de Guzman , su gobema* dor en 1294 , (¡ue por no rendirlas consintió en ei sacrificio de su hijo , sin la impúdica jactancia con que la Médicis de Forli desafiaba la ira de Ibo J' Alligre;eQ la edad presente ha ^bido resistir asaltos impetuosos de las tropas mas aguerridas del mun* do, rechazándolos victuriosa mente y coa gran aieagua de eilas y de sus diestros capitanes.
Ya hemos indicado que en Tarifa tavo lugar el primer desembarco de los árabes, quienes hicieron una pequena correría para certificar ante Muza ¡as grandes alabanzas que le hacian del país. Al poco tiempo de aquella espedicion desembarcaba entre Gibraltar y Algeciras otro caudillo beréber, Tarec, pero ya coa fuerzas que ascendían á mas de 12,000 hombres y con las que se estendió por la costa hasta Sevilla y el Guadiana , retrocediendo al son de la lie-*
gada de Rodrigo á Andalucía, para dcspucs de recibidos algunos refuerzos esperarle en la margen iz* qnierda del Gusdalete. Poco se puede rastrear de aquella marcha arrebatada y devastadora; pero por ia relación de la batalla en que fué vencido Teodormiro y la destrucción de Medina Sidonia> se com* prende que ios árabes siguieron aquel cordón encan* (ador de pueblos y pensiles que celüa al mar, aun ^cuando no les importase la comunicación ooo esto
628 CAPITUU) IV.
por haber quemado Tarec las nave? al evacuarla? y tomar tierra. Se corrieron , p íes , por los caminos mismos que hemos sefialado al describir el sistema Penibético, y al retroceder ante el rey godo trataroD de acogerse por ellos á los refuerzos que esperabifi para contrarestarle.
Los españoles ea 1811 siguieron la misma direcdoa , según ya hemos dicho antes , marchando el cuerpo principal por el camino alto, desde el puerto de Facina á Gasas Viejas, como para esteoderse i Medina Sidonta ; y porel bajo ó de Vejer lo efecttiA os destacamento que hizo á los franceses abandonar esla villa. En ella se reunieron t en fin, todas las fuerzas, y se encaminaron directamente á Chiclana. Este niovimiento no era prudente; pues si Victor, corriéndose hicia Medina Sidonia atacara por el flaoco á nuestros con)patriolas, estos se hubieran viílO acorralados contra el mar; cuando por el contrario» dueño de Medina Sidonia el general PeQa podía caer áespnM is del enoniigo, y en caso de un revés encontraba apoyo en la Serranía de Ronda y en su belicosa poblacíoUi acogiéndose por fin á TaríTa 6 Ci* braltar.
Hé aquí por qué aquella plaza orreoe tanto intarésy esta última tantos peligros, porque asi coflfio son dos refugios en los últimos instantes de nuestra independencia continental , son las puertas de Es^
pafla por el S. de la Peníns ila. La configuradon de la Vertiente Meridional hace imposible una
VERTIBNTB OGCII>S!«TAL. 629
irrupción desde su costa rún iateiigencias en el país; y desde Gíbraltar y Tarifa, al paso que se domina en
el estrecho, puede üiaiUenerse en continua alarma la piaza de Cádiz y el valle del Guadalquivir*
Cinco grandes regiones hidrográficas cotnpo-
Rca la vertiente Occidental. Díjniiiiadas las cuatro mas i&teresaQtes desde la meseta central doo* de , escepto ima que to hace en pun o pránmo, nacen los cuatro nos (jiie Ins surran , pnrece que debían estar influidas por las fuerzas que en ella tratasen de establecer el dominio general del pais; y &ia embargo t tales la coniigui-acion estraña de la masa peninsular « que por et contrario ofrece obstáculos tan poderosos que á ellos en gran parte dc¿ie atribuirse la independencia de Portugal.
Hemos observada bien detalladamente la marcha de lüs CHICO rios, v hemos visto cómo !as a^uas tienen que ir venciendo sucesivamente montaüas en otro tiempo unidas, y que formarian una vasta muralla natural entre el Océano y i:randes laicos interiores t esparcidos irregular mente sobre lo que boy son las cuencas superiores. Al abrirse paso las aguas en edades anteriores á las históricc.s, por su propia pesadumbre ó por movimientos internos del globo t se verificaron grandes y profundas ¿grietas en las montanas que debían salvar , y couio producidas por una fuerza estraordinaria« no por la acción sucesl^i
y constante de los tiempos , al facilitar camino pnra las aguas no lo hicieron para las comunicaciones oecesarías i las sociedades humanas. Asi que estas han
tenido quebuscvtr nuevos senderos atravesando ias lineas de montanas por puntos distantes de los ríos, y cruzando estos en vez de seguir sus márgenes. El Mino , el Duero « el Tajo, el Guadiana y aun el Guadalquivir en su cuenca superior, muestran en rápidas
caidasy cataratas que intcrniiiipen su curso, y^enlas gargantas ó estrechuras por que se introducen « kis grandes escalones que salvan, que Tuera délas aguas están represcíiiados por líneas de monlañas eleva^ das y escabrosas ó por contrafuertes suyos conaderables. Bien detalladamente los hemos ido observas* do en su lugar respectivo, é inútil y enfadoso seria el hacerio de nuevo; pero lo recordamos porque esta configuración eslraña , ese encadenamiento de los montes y el continuo entorpecimiento en el curso de los ríos espresan la razón acaso mas fundameoCal
del fraccionnn)i(^nto de la Península.
Y hemos de advertir que se ha tratado írecoeo* temente de allanar estos obstáculos, y, irísta su magnitud respecto á la conslruccion de caminos j^or la* líneas naturales de los valles, se han emprendido ahincadamente obras hidráulicas de grande importancia para facilitar la navegación y establecer comunicaciones fluviales que pusiesen en contacto br dos nacionalidades que se comparlen el territorio ibérico. En 1581 se principiaron por Antooelli las
obras para la Davegacion del Tajo , y á los siete aQos
ya ilecraban á Lisboa los lanchones cargados de trigo quince días antes en Toledo; pero prooto quedaroo ioútíies tantos afanes por las continuadas guerras d6 Felipe II; en 1G76 se conieiízó á habilitar la navegación del Guadalquivir entre Córdoba y Sevilla , y ; ogó á verificarse en el espacio de II kíl. ; lo mismo poco mas ó meaos sucedió respecto á la del Duero por aquellas tiempos mismos , y aun Garduchi y Mar* telii ín tentaron proporcionar de nuevo la del Tnjo; pero todos los trabajos quedaron en embrión y sin llegar al término deseado. Hasta se pensó en la unión de los ños Tajo y Duero por el Manzanares y el Jarama; pero los Grunenbergs, ingenieros flamencos que lo propusieron, encontraron en los consejeros de do&a Ana de Austria » regente en la minoría de Gár* los 11^ mas dificultades aun que las que hubieran encontrado en ia naturaleza*
«Infausto* dice un historiador * venia á sersiemapre el desempeño de tamaños ii4ten tos» pues todos absolutamente se malograron , y asi ni los Felipes raustriacos ni Carlos II logr iron el ile^ahfruu de un tsolo no para la navegación . ni abrieron una sola acequia para el fomento del riego y del comercio p interior.»
Y asi como estos intentos quedaron vanos, infruc-
tu >sos fueron los esfuerzos hechos cj^n las armas para ta tan apetecida y conveniente unión con Porlu* UaU nnos por la insuficiencia ó poca oportunidad de
01% cámuLo nr.
los medios puestos enjaeco para conseguirla, otros de resultado efímero por los desacertados procedí* Alientos de nuestros gobiernos 6 por las disensionrt civiles ó guerras irianteDidas en países lejanos sia otra esperanza fundada que la de gloría para nneitras armas. Asi como Madrid ha quedado tan distaete de Lisboa como estaba antes de las obras arriba mencionadas, los porturueses se han mantenido ea su alejamientu , en su tenor ü ódío hacia nosotros, y en un retroceso cada vez mas oolabie é incorre* gible sin la unión con España, que posee por su posición el secreto de la energía , la actividad y d dominio de toda ia península desdo su centro ge<K gráfico, Madrid.
En él se está formando hoy el nudo de comunicaciones que lo liga i las estremidades todas del país; y las de Portugal solo podrán ser prolongaciones de las radiales que tienen su arranque en ta me* seta central y en ella su llave, como en las regio* nes alias se encontrará siempre el dominio probable de los riost por mas que su aprovechamiento sea mas fructuoso en las inferiores por su mayor caodsl y mas fácil navegación. Y de aquí ese sistema constante defensivo de Portugal para mantenerse libre, imposibilitado siempre de ejercer otro influjo en la Península que el dci retraimiento perjudicial para osta y nada ventajoso para aquel pais.
P^ro prometimos observar la marcha de las agresiones que ha sufiido el nuestro por la parte da
VlftTteN*TB OCClDtNTAL. 633
Portugal, y especialmente la campaüa delSOd, que^ cuando con la apariencia de una de aquellas» ge enc:iaiinaLa á do-pcnlr de la Península toda á los franceses» y vamos á cumplir nuestra oferta. Si es<» ceptuamos la guerra de sucesión y en el!a una sola op'^racion, la quedió por resultado en 1707 la unión del ejército portugués del marqués de las Minas al aliado que gobernaba el archiduque, no encontrare*^ iiios en las demás entradas üa nuestros vecinos mas que irrupciones parciales* en combinación con los descontentos de Castilla como en la edad media y al principiar el gobierno de los neyes Católicos, ven* oedoresen Toro y en Zamora* ó limitadas á loeali* dadcs cuya resistencia sola bastó para coalencrhis y recbazarias, asi en Andalucía como en Estremadura» Castilla y Galicia*
Debemos, pues* apelar al único ejemplo deque pueda sacarse algún fruto» aunque por sus condi* dones y por las circunstaadas que lo constituyeroa sea irregurlar» anómalo.
Descritas con toda la latitud necesaria las cordilleras que desde la meseta central penetran en el reino portugués^ formando por un capricho de la naturaleza una linea de división de difícil tránsita
entre kis dos moi;arL|uías donde mas lUi'c^ ijud.craii ser las comunicaciones, y observados ios nos caudalosos cuyo dominio parece que debiéramos poseer y cuyo aprovechamiento soio disfrutan los portugueses 9 vamos á ecbar de nuevo una ojeada sobre las
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014 CAFIT1II.0 IV.
Tiaspor donde pueden probablementeeíectoam aigb^ raciones militares de alguna ¡tnportanda.
Las condiciones del terreno seúalan como lis mas importantes la de Óporto á Galicia por Braga y ValenQñ , flanqueada por los camines altos de Slont^- rey y de. Braganza ; la de Coicobra á Ciudad*Rodrígo , aislada entre el Duero y la escarpada cordillera C.irpeto-Vetónica ; la de Caslello-rranco á Piasencía y parte central del valle del Tajo ; la de Lisboa á nuestra Estremadura; y la que, á pesar del Guadia» . na , pone en comunicación el Algarbe con las provincias de Andalucía. La primera y la última sota conducen á un objeto accesorio , pues que la irrapcion en regiones casi aisladas en las eslreinidades de la Península oo puede dar resultados grandiaos definitivos; pero las otras tres , por d contrarío, van al corazón de nuestro pais , donde puede ser herido enérgicamente* Veamos, pues, ahora qué medios poseemos para contrarestar los peligros i^ue pueden anieDazarnos en estas tres direcciones.
En las dos estremas se encuentran las plazas de Ciudad-Rodr igo y Badajoz sobre cuyos condiciones hemos disertado largamente: en el valle central dd Tajo se hállala de Alcántara, poco importante y fuera de la línea que baya de seguir todo camino que se construya desde Castello-Branco á Castilla, que sienH pre irá por la derecha del Tajo. Pero por esta inism?i circunstancia, ocupados ios puentes de Alcántara y Aimarás y los puertos de la cordillera Carpetana^ no
V£RT1£NT£ 0CC1D£NTAL. 63¡(
68 ▼eroninil que ningún ejército procedente de Por* tugal intente peoetrar en nuestr > temlorio. £i temor cío Terse flanqueado, y aun el de encontrarse instan* tíioeamente separado de su base de operaciones, lo Uetendría en ia frontera basta despejar compietamen* fe las cumbres y ser dueño de las de la cordillera tJretana y de consiguiente de toda ia orilia izquierda del Tajo. Asi lord Weiliogton en la campaña de i809 cuidó esmerauaiii .nile de que IJeresíuid ea el puerto éo Perales y los españoles en el de Baños apoyasen sa b(u¡erda observando á Soult, Ney y Morder que campaban en la cuenca del Duero; no temiendo nada de. la- del Guadiana por estar en combinación con Cuesta, dueao de la cordillera Orelaua y de los puentes de Almaraz y del Arzobispo. Aun asi, el destaca* * roento de Wüson á Escalona y la inacción y después h reUrada desde el campo de Talavera, indican pa« ieotemente que quien opere en el Tajo debe instar - tranquilo respecto á los peligro^ que pudieran sobre* venirle de la cuenca del Duero. Puede, pues, decirse que si ias plazas de Ciudad-Hod: igo y Badajoz son dos obstáculos poderosos, mas lo son los que la natu» tileza ha opuesto en el valle del Tajo, aun sin haber contado entre estos ios que resultan de la dirección de los ríos Eljas y Alagon , muy apropiada para la defensa reciproca de ambos territorios fronterizos.
Todas estas circunstancias, la de recorrer este ▼alie la principal comunicación de Portugal después de cruzar la cuenca del Guadiana por Badajíz, y ia
030 CAPITCLO IV*
Doiabilísíma de eacontrarse eo ól la capital de Espi* fia, hacen que en una ¡nvaoion general por parte de
ios portugueses la zona comprendida cutre Toledo j Almaráz sea la zona estratégica^ perdidas que seaa las dos fortalezas tantas veces citadas de Ciudad-Rodrigo y Badajoz. Por eso se dió tanto ¡ i' ri^o á iaocu* pación de Almariz por Felipe V en 1710, pues qoe
evitó con HIa la rounion de los portugueses con \m austríacos, reunión que verificada en ia campaña anterior de 1707, estuvo á punto de hacerte perder el troao; y por eso en 1809 fué Talavera el teatro donde se representó la acción principal de una caaipatta, que ya hemos observado detalladamente en se logar y á Ja quo tenemos que referirnos ahora por ia orconstancia ya se&alada de tener el carácter de ubi invasión portuguesa.
También parece que podria amenazarse ta c«pftat de España por el valle del Guadiana cayendo desda
la Manclia á el del Tajo por io'edo ó Aranj nez; [>cro esta operación, que se hará practicable cuando se coa* dupn las carreteras de Ciudad-Real á Górdobs y Badajoz, tiene que ser simultánea con la que se verifique por el Tajo, pues de otro modo correría peligra semejantes á los que hemos dicho debe esperímaitsr el ejército que penetrase por la derecha del Tajo. Ya la quisieron hacer tos portugueses en 1710 al ver ocupado á Almaráz, pero, aun sin temor de oposición directa pur bailarse desamparada la Mancha y en Toledo Staremberg, no se atrevieron por fin pensaado
( .1 la situación de Felipe V sobre su flanco izquierdo y retaguardia y á tan pocas jornadas de la línea de co* muaicaciones* El general Veoegas en 1809 tuvo oca- ^on de veriticaria aun cuando en coaiiiciones mas favorables por tener uo abrigo seguro en Sierra Mo* rena. A pesar de esta ventaja, el aislamiento en que se encontró des[)iir!s de la batalla deTalavcra, por no atreverse lord Weliington á seguir recogiendo el fru« lo de su victoria, causj indudablemente un desastre que debió evitarse como poco antes el de Cartaojal en punto algo mas retirado, pero no distante.
Hemos espucsto en su lu^^ar los peligros de una entrada de los portugueses en nuestro pais por la cuenca de! Duero; pero aun en condiciones tan desfavorables couio las señaladas al tratar de aquel rio, es la menos difícil de cuantas vamos obsen'ando. Y u¿to consiste en lo eminente de la cuenca respecto de la contigua cicl Tajo y en la configuración de la frontera que junto ¿ la desembocadura del Esla coloca á ios portugueses sobre el flanco de los cs[)arioles; una de las causas de lo dilatado de la lucha que en 1476 tuvo 80 episodio mas glorioso en la batalla de Foro, y una de ¡as razones de la marcha de lord Weliington por la orilla derecha del Duero en
Podemos, pues, decir, después de todo, que hemos perdido mucho en el objeto esencial á que siempre debe dirigirse España de unificar la Península, por ta falta de comunicaciones y de consic;uiente de roce frecuente con nuestros vecinos, no quedando*
038 cAPimo iv«
DOB Otro consuelo que el que si sos (renteras son
ffciles de transitar por los ejércitos» nosotros podemos estar tranquilos respecto á la fortaleza de lai nuestras, y que con pocos esAierzos y alguna precaución deb aos tem(?r muy poco de los {^ortuauese^l pudiéndonos dedicar casi esciusivameote aun en uní guerra general al cuidado y la vigi'anda de la fiascesa y de nuestro litoraU
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aPITLLO V.
TIETUfITB MBIlDIOlfAt»
Muy pequetlo es el espacio coropreodido en ia Vertiente MeridionaU cuyas dimensiones generales hemos señalado al describir la cordillera Peni! ética qne la separa del resto de la Península. Sí atende-
mos, ademas, á su insignificancia militar escoplo en pocos y determioados puntos, notables por su inteffés oomercial 6 por «u situación junto al mar, no estrañará el lector que opuestamente á loque hemos hecha en las senas que importa conocer bien para comprender las operaciones de los ejércitos , paséalos muy ligeramente por la que ahora nos va á ocupar: el objete militar de este libro nos lo prescribe aun cuando sea sin descuidar el reconocimiento físi* co del terreno para que no desdiga del carácter geo> gráfico que es la base de nuestro tiabajo.
640 CáPITOLO IV.
Constituyen 1 1 Vertiente Meridional ¡as faldas dd S. del sistema Peaibótico bañadas en su pie por tes olas dei MccJití rruiico desde el cab^ de Gata hasta ll puoia de lanía ó Marroquí.
Y hemos observado los puntos de semejanza de esta vertiente con la Septentrioaai oa cuanto á su orografía y su posición respecto á los mares sobre que se alzan. Erectivamente, corlada se halla la Vertiente Meridional como la opuesta por montes quebrados, y tanto mas prominentes, al parecer, cnanto que próxima la cresta caen como cortados paraban* dirse en el mar en que se reflejan las nieves de la eordíllera* ~~
Como en la rjiciiáica, los contrafuertes meridionales de la Penibética, se estienden en su mayor parte ea sentido paralelo á la divisoria dei Guadal* quivir, bien sea pur los montes que constiluyeu la misma cordillera, bien por otros ligados ¿ eila ooo estribos perpendiculares pero poco dilatados.
Ya hemos examinado la aiarcha de la cordiUen flesde el puerto de los Alazores basta Sierra Berna* ja cuyos derrames meridionales caen al mar. Ahovt bien, esta sierra se baila ligada por sus contrafuertes orientales y un elevado pico que lleva el nombre de
Juauá á la siena ÍVada y dci-pues á la de Mijcis qoe termina al £. en el cerro de las culebras formando la derecha del Guadalhorce en la última parte de en
curso y cerrando la líoya de Málaga. El Torcal de Anlequera forma á su ves con los ranees n^mdíe*
VEIITIWr& «MMOlfAL. 641
0ales ta orilla izquierda del GuadalhoroOf y la Al-*
mijara que, según ya heiuos espuesto, estiende 8u cuerpo principal de O á E. á 11 kiL del mar« se re* laciooa por el primero de estos rumbos y aunque á gran distancia con la sierra de Mijas por otra sierra paralela ea la que se encumbra el cerro de Santo Pitar, separando del Campanillas afluente del Guadalhorce el río de Yelez, mas oriental que él.
La sierra de Almijara se prolonga al £• á través del Guadalfeo, enlazándose en la izquierda de esto rio con la sierra de Lújar y después mas al E. con ia Coatraviesa, rivales casi en altura y escabrosidad de la misma Sierra Nevada frente á la que se levan* tan sobre la orilla del mar, cerrando entre ambos accidentes el territorio de la Alpujarra, «inonlaüa» jiseguQ dice Hurtado de Mendoza , sujeta á Granada, «como corre Levante l^uaiente, prolongándose entre atierra de Granada y la mar diez y siete leguas en Dlargo, y once en lo mas ancho, poco mas ó menos; •estéril y áspero de suyo, sino donde hay vegas; upero con la industria de les moriscos [que ningún nespacio de tierra dejan perder) tratable, y cultivada, abundante de frutos, y ganados, y cria de sedas.»
Asi la sierra de Lújar comola Conlraviesa se corapoaea de otras paralelas como sucede generalmente en las demás que hemos ido mención ando t y á au vez se ligan al E. á la sierra de GádQr tan lamosa por sus minerales de plomo argentífero. Esta se halla entre el rio de Adra y el de Almería en cuya orí-
TOMO n Al
642 CáPiTtxo V.
lia izquierda se levanta la BÍerra de Alhamina ligidi
á la de cabo de G ta. De luoJo que frente á Sioa Nevada, paralelameote á ella y formando la coMdtf Mediterráneo, se encuentra otro sistema de mootei dependiente de aquella y cortado por los ríos to^^ de ia vertiente geDeral, pero formando valles benao^ sísííhos, inten um¿jidos entre rio y rio por las uoio* nes de ambas cordilleras*
Aun al 0. del Guadiaro vemos lazos de esta segunda cordillera en la derecha del Ilozgarga&U afluente de aquel rio, y solo en el estremo ooddaK tal de la vertiente y donde se halla abierto el estrecho de Gibraltar se descubre la tendencia de ios ramales, ó por mejor decir de la cordillera misma, i' dirigirse al S. para nislar los dos mares y relacioo^- se por el peñón de Gibraltar (Gal pe) ó la poota de Tarifa, con el Hacho de Ceuta (AbiJa) y las pantos de Ciris y de Almansa en la estremidad aepteatrional del Pequeño Atlas.
¿Estaiian unidos estos montes en otro tiempo 1^ los que forman nuestra costa meridional? Esta una pregunta que se hacen todos los geógrafos if describir nuestro país y todos so apoyan ra hipMa-' sis mas ó menos ingeniosas, en signos mas ó menos producentes á su objeto. Bory de Saint Vincent. empellado en hacernos aincanos, coloca los tfimlea de Europa en la depresión que hoy señala el canal def Mediodía de Francia, y une el sistema Penibétko al dsl Atlas» V^ra demostrarlo escudriña nuestras oxmtan
fias meridionales hasta los antros mas recóndUus; elige uaos cuantos arbustos cuya propagación es subterránea, unos cuantos animales como el camaleón y el mono comunes á ios dos lados del estrecho y compara las rocas de uno y otro. Hasta aquí parece caminar por terreno firme, pero hace aun mas: coge nuestra historia nacional, pasa rápidamente por los aucesos de mas monta, cuenta solo las épocas de dominacion de unas y otras razas, y sin mirar á otras causas, sin pensar en el estado respectivo del país al entrar aquellas en él concluye, quesi tas africanas han encüiilrado menos obstáculos es porque nos» otros somos también africanos. Esto es, debía decir, los franceses no fuimos bien recibidos porque no ao* mos africanos: el Africa empieza en los Pirineos. No tenemos medios para refutar algunos de los
' argumentos de Bory de Saint Vincent , ni autoridad para ello; pero nos permitiremos hacer unas cuantas
^piegUntas sobre el objeto.
¿Bs prneba de que la Europa se hallaba separa* da del Africa por un brazo de mar, en lo que hoy son los valles del Garona y del Herault, la existencia en ellas de conchas y materias marinas cuando se encuentran en las mas altas cumbres del Pirineo y de Sierra Nevada y aun en las alturas de Hontmar-
Ire, por lo que decía Vo! taire que eran restos de algufi (ksanum de los ecdnos dt Fariíf La existencia de m> 008 en Europa ¿no podía ser producto de algnooafti^ ^itivos ^ue encontrando condiciones favorables cp el
64* CAPULLO V.
Pefion de Gibraltar se hubiesen propagado eo €H tPor qué sino, no se encuentran en el resto de la Península si esla es africana? ¿^n qué consiste que los cartagineses que se oiantuvieroo* en Espaflá ceros de 300 auos no pudieron sujetar, y esto aialameotet mas que una pequeña parte del pais que los roma* nos llegaron i sojuzgarlo todo é imponer sus leyes, costumbres y habla cnaateaiéadose en una paz inalterable algunos siglos; que los godos no encontraron apenas oposición á sus devastaciones, y la que hallaron fué por parte de los bárbaros que ios babiaa precedido; y que los árabes, por fio, é pesar de haber conquistado la España por decirlo asi en una batalla, no tuvieren en ocho siglos de dommacioa m un* momento de tranquilidad ni de respiro? Porque es inexacto que I03 vándalos y godo?^ líecaran á hacerse españoles; los primeros se mantuvieron may poco tiempo en nuestro pais y, aun dejando su nombre á una de las provincias, pasaron á Africa á bascar jegioQ mas tranquila; y los godos estuvieron se* parados de los naturales á ta) punto que solo en reinado de Recesvinto se obró la fusión oficM de las dos razas, unos cuarenta afios antes de haba* perdido la gótica el dominio de la Península. Ya en el :a-' •pítulo primero de esta obra hemos apuntado las causas de tanta dominación como ha pesado sobre Es- ^ pafia, y á ellas y no á nuestro onaen africano ó icéltico se debe la variada servidumbre de tantos sh jlot en que havivido el pais.
No es esto decir que no dos incliaemos á creer en la ruptura de los montes que forman ei estrecho de Gibral'ar, que por tradición parece venir haciéndose lúslórica » si asi puede llamarse , sino que noe rebelamos contra el que al pronunciar un fallo tan difícil , parece dejarse guiar mas que por un anhelo cieotifico por el dolor de un malogrado intento, buscando razones que bajo la capa del estudio cubren rencores de vencido. Por lo demás , y para concluirt diremos que otros geólogos no están muy conformes con Bory de Saint Víncent, y que recientemente el ^doctor Klee ha espucsto en su teoría sobre el Diluvio !una opinión muy dudosa sobre la ruptura del estrecho, inclinándose á su casaacho, üü á ia comunica* .cion de ios dos mares.
La vertiente Meridional presenta un terreno de los mas hermosos y feraces de la tierra: valles profundos^ pero cubiertos de una vegetaóion admirablot donde el calor de un sol ardiente está templado por los mil arroyuelos que descienden de la sierra y por los vientos que pasan tocando á sus perpétuas nieves» ofrecen un espectáculo encantador con sus variados contrastes, y con sus diversas producciones desde 8U fondo, donde se encuentran las de los trópicos, hasta las cumbres donde aparecen las de las regiones polares. Asi como en la costa prospera ei algodón , crece la cafia dulce de que. se saca muchísimo azúcar, y acaso no se ha desarrollado mas su cuUivo pur el fomento que ha tomado en nuestras posesiones ameri-
64S ^* CAPiicLO V.
canas; y aun se dan las ananas y el café, mientras que en las faldas de ios montes se producea ios gn- 008, caldos y frutas del Occidente de Europa, y eak» inas elevado la sablina de Noruega , el liquen de Is» liDdia^ las plantas en fin de ios países bipórbóreoa.
Los ríos de los cuales no se aprovecha lo bis» tante ea ios riegos de las campiñas que cruzad^ ton de corto curso y pequeño caudal» por lo pi6ii* ma que se halla la divir^-^ria de aguas, y solo pocos ofrecen alguna ímpoitancia por los pualos del lito* ral » donde llegan é confundirse sus aguas con las del Mediterráneo. Y como este mar no siente ape-^ ñas el influjo de las mareas donde ya se aparta t>as* tante del estrecho» no se encuentran en la desembch cadura de los rios las ensenadas y rins que en la costa Septentrional; en cambio hay truenos puertos qoe iremos después cuidadosamente observando.
Una gran parte de ia provincia de Almería, casi toda la de Málaga» una corta porción de la de Gm* nada, y otra bastante considerable de la de Cádii, se hallan comprendidas en ia Vertiente Meridional.
La población es numerosa» y aun cuando él má y la continua y todavía reciente dominación alárabe parece que debiera haberle arrebatado alguna parte de la belleza nativa» la conserva aun á punte que í^ory de Saint Vincent, dice haber observado eoun baile dado al mariscal Soult en Málaga t que do ochenta sefioras que asistieron ¿ él» dtes eran á$ uoa perfección que se citaría como notable en todas
^TB&TjpTs ysniPioxAu 647 las poblaciones del universo ; veinte de ona benno-*
3Ura casi tan notable; treinta esLremadamente bonitas; las demás lo babiaa sido, y no se eacoatraban mas <[tie tres que no lo fuesen, y estas no eran españolas.
Las sublevaciones continuas de los moriscos poco <icspaes de ia conquista de Granada y hasta su espul* sioo completa; ademas» la continua vigilancia de la costa contra ios piratas berberiscos, y las peqaellas y súbitas irrupciones de estos aunque en corto número, han mantenido hasta hace poco al pais de la Verticale Meridional en continua alarma, y sus ha* Utantes en el constante ejercicio de las armas , á
^ue no ha dejado do contribuir el contrabandu tan w uso alU por la costa ó por la plaza de Gibraltar* Asi que en las guerras posteriores á las de la recon* -quista se ha visto á los montañeses de la Serranía ;syudar á las autoridades legítimas del gobierno espa* flol, oponiéndose asi á las invasiones marítimas que tuvieron lugar en la guerra de Sucesión , como á las tropas francesas en la de ia Independencia.
Por lo demás, y fuera de la parte próxima á Gibraltar, poca es la importancia militar de la vertien* te meridional. La falta de grandes fortalezas y laabuo- <iaac¡a de torres en la costa, indican bien clara ments €[06 tolo bao sido alli de temer las piraterías de los argelinos y marroquíes; y los acontecimientos mili» tares de fines del siglo XV y mediados del XVI, no han vuelto á reproducirse desde que las montanas luOiüu habitadas por españoles, abandonáiidolaft vio*
648 cAPiTtxo •
« lentameate los moríscoe, que aun sofiai^n con la do» minacion de £spaQa« cuando ya regian la oacion losrobostoft gobiernos de loa Reyes Católicos, Cários V
y Felipe 11.
GOÜNUL IIBL tío va AUIBBU»
Ya hemos dicho ^ súrÉsban la Veniente Herí* dional varios rios^ nunqoe no considerables ni por so
curso ni por su caudal. Daremos, sin embargo» ooa descripción especial de cada uno de los qoe mayor
interés ofrecen, siguiendo el mismo sistema que en la Vertiente SepteaUioaal, asi como la misma direcoioa deB. áO«
El primer valle que se encuentra desde el cabo de Gata, donde situamos el término de la Vertieoio^ Oriental, es el del rio de Almería • formado en aa
fondo y al N. por las sierras de Baza y de los Fibbres, al £• por las de Aibamilla y de cabo de Gata, y al O. por la estremidad oriental de Sierra Nevada y por la de Gádnr que termina junto al mar en sierra de Enix dominando á Almería.
En el capítulo 11 hemos hecho ver él carácter de las sierras de los Filabrcs, de Alhamiüa v de cabo de Gata* Todas son próximamente paralelas y se estieo* den de E. á O. con mayor 6 menor inclinación
YIftTUmit HfiaiDIONAL. 6(0
al S. O. La Nevada v ia de Gádor se di^i^e:l también de á 0« pero son ea geaerai mas ásperas que latr moteriorcs, siendo el cerro del Almirez y el Puntal de la Higuera los puntos culminantes de ellas ea la parte cuya descrípeion nos ocupa en este momento. Lt aieiTa de GaUor Laa conocida por sus muchas minas, de que se estrae una cantidad enorme de plomo para esportarse en gran parte al estrangero desde el puerto de Almeria, se halla cubierta de nieve en su:^ cambres durante varios meses del afio» lo cual la ba« ce muy peligrosa para les mineros. En sus faldas, por el contrario, las calladas presentan por la suavidad del clima y la riquííza de la vcijctacion, sitios amenísimos en todas estaciones; y las meridionales conclu* jen en los Campos de Dalias, llanura fertilteima de ana gran estensiou y que termina al S. en la punta de las Sentinas que con el cabo de Gata cierra el golfo da Almería en cuyo fondo se ve la ciudad.
Üe ias sierras del cabo de Gata y de Alhamiliat asi como de su uoion, que ya sabemos se veriBca por el lomo poco elevado que ileva el nonibre de Campo de Níjar, bajan al mar algunas ramblas, de las que solo es de mencionar la del Cíiarco de Murales que con varías otras denominaciones baja por U^«' bro (345 hab.) y Níjar (2,038 hab.)» lugar y villa en* caramadas allá á lo alto de la sierra de Albamilla donde arranca la unión con el Campo de Níjar. Tedas estas ramblas bajan al niar ea una costa arenisca
donde ¿ la proximidad del cabo de Gata se encoea-
080 CAMnOO
Crao las salinas de Argamazoo QoiciafiaiHedíteiÉ&ea por aoa lambla de deaagOe.
B nacimiento del rio de Almena ó Andaraxae eecaeotra juoto al paso de la divisoria eotreGuaifizf Almer/a, que dijimos se llamaba antígoameate pw de Albolo Juy. Corren al principio las aguas de N. 0. á S. £• entre las sierras de Ba^ y Nevada por Fifiana (3,440 bab.), Abla (2,037 iiab.), Ocafia (933 habitantes), Doña Bfan'a (512 hab.) y Kacimiento (2,169 habitaotes), poblaciones, las últimas, situadas al píe del Cerro Montenegro, término de Sierra Nevada, aunqueDoña Mar/ay Nacioiiento se eacucatran eotaonlia ízqaieida y de consiguiente en los* últimos ramalesde
la sierra de D:iza. Varios arro vuelos ó raniblas aíl.iyen por un lado y otro al no de Almería entre las ramificaciones de las sierras, pero ninguno ooosids» i^bie, hasta que ya inclinado al S. recibe por la derecha en Albabia (1,805 hab.) la rambla que baja por Lanjár (4,435 hab.) y Canjáyar (2,500) bab.) m m valle muy poblado y cubierto de maizales , aaraojos y calla dulce» entre las sierras Nevada y de Gádon T por la izquierda, poco después cerca de Santa Féás Mondujar, la rambla de Gérgal que recoge muchas de Iiyi vertientes meridionales de los Filabres y pasa por Górgal (3,081 hab.) villa y cabe, a del pirtido.
Ya desde Alhábia vuelve el río de A' ; i^rfa i SQ antiguo rombo al S. E. , y desde Santa Fé Ueva por
8U orilla la caireiera en construcción de Granada y
Guadix á Almería que se habia separado en NacimieiH
VERTiE.Mn MLÜIDIONAL. CÜl
Entre Oidor (1,«81 bab.) y Rioja (íjm), situada la priuiera al pie de la sierra de su aoiiibre y ea la, meDCíonada carretera, que ya alli sigue hasta su tetminacion por la orilla derecha, recibe el rio en la opuesta la Rambla de Taberoas, que descieude por Tabernas (4,549 faab.) , en el valle que forman las ' sierras de los Filabres y de Alhaiiiiila; y metiéndose el río , ya bastante respetable en invierno, por entre la sierra de Eníx y la estremidad occidental de la Je AibamiUa » y regaudo con sus aguas huertas, prados y heredades cubiertas de frutos que en la vecindad del mar forman un campo bastante esteoso y una ponta que como los deltas de ios grandes nos han ido fornniüdo los aluviones, (losomboca al E. de Almería , á los 84 kilómetros de curso*
Almería (23,018 hab.), capital de la provincia de su nombre, ciudad episcopal y mala plaza de segun<* da ciase, es uno de los puertos que hacen mas co« mercio de importación y espuiLiicion en la cosí de .ia Vertiente Meridional. Durante la dominaaon maho metana tuvo importancia suma« llegando á encerrar dentro de sus robustos muros mas de 150,000 babilaoteSf estimándola los reyes de Granada como la
roas prct^iosa joya de su corona, tanto por la fertilidad de su suelo como por sus ricas manufacturas y %a comercio con Africa , Egipto y Siría« Hoy se hathi muy decaída respecto á aquel tiempo, y ni conserva el muelle que habían construido ios árabes, necesario aliora para la carga del plomo, esparto y Larri*
Ha que se exporta en grandes canlidailBS i HmAt Lisboa y Málaga. El fondeadero, sio eaibargi«tt bueno y abrigado al pie de dos cerros que ooMi
el pequeño fuerte de San Cristóbal y la ioí ialea h la Alcazaba t cuyo aotiguo y vasto recioto es la «te^ ' guardia de la ciudad» circuida hoy tan sdo de«l débil muralla y algunos baluartes.
Al mismo golfo de Almeria y S. O. de ia pltfi. 66 abrea algunas ramblas desde las faldas menuioo*' les de ia sierra de Gádor» y la meóos iosigui&a&le es la llamada del Lentisco, en cuya vecindad seiw minaSf fábricas de fundit ¡on de plomo « y 'as pubUciones de Eníx (699 hab.) y Vícar (1,170 hab.), J en la orilla derecha, ya cu la playa y término oriecr tal d^l Campo de Dalias, el lugar de Roquetas [2^238 habitantes) , con su antiguo castillejo que defefldii^ fondeadero junto á una playa arenisca y baja, y ^* bierta de salinas muy productivas, la cual se tsti^ de hasta la punta de ias Lenlinas donde pudeoio^coft*
siderar termina la cueaca del rio de Aljuaeró.
CUSaC^ 0£|. tío AD1A«
La cuenca de eóic rio , el luas ímporíanle su caudal y beoe&cios que proporciona de coafitft surcao la provincia de Almería, está formadi la Sierra Nevada hacia el ü.^ ia de Gádor alE.» Jí ^
del Calar» coatiouacion oriental de la Cootraviesa» al O. Gomo la de Gádor y la Cootraviesa han esta^ do evidentemente unidas en otra época , las aguas del Adra formaban eo su coenca superior un graa lago que para desaguarse y dejar uno de los mas boHitos valles de la Alpujarra, tuvo coa su pesadum* bre que romper los montes buscando una salida al Mediterráneo. La parte superior del valle tiene una comunicación fácil coa el de Lanjar y Canjáyar , lo eaal hace aparecer mas aisladas aun las dos cordi* lleras paralelas ^^ue hemos dicho forínau la Vertiente UeridioaaL
Nace el Adra en el puerto de Rágua , y baja pre* cipitadamente de N. á S. á Cherin (893 hab.) , donde empieza ¿ marcar el Umite entre las provincias de Granada y Almería , que hasta allí y desde Sierra Nevada se estiende por la cresta de un estribo nixe forma la izquierda del río. Sigue este á Lucaínena (548 hab.) , y Darrical (815 hab.) , recibiendo por la derecha entre estas poblaciones el rio de ügijar que reúne un gran número de vertientes de Sierra Nevada por Valor (1 ^210 hab.l , patria do don Fernando de Válor, pretendiente al trono de Granada n 1568 con el celebrado nombre de Aben Humeya, y Játor (701 hab.), y U?í¡ar (2.513 , pueblos todos que tomaron una parte muy activa eo aquella . guerra cruel.
Poco después recibe el Adra por la izquierda iJganas ramblas procedentes del Puntal de la iiigue-.
6tí4 CAPITULO
ra de Sierra do Gádor, que se díirJan Je E. á 0.,y por la derecha la rambla de Turoa , que eo direo doD opuesta baja lamieodo las faldas flepteotrknihi de la loma de Salabra, corno poco después taaibiet uoa barraacada que ae abre eotre esta emmeocñyli de ¿ierra del Calar, estribos ambos que marcan It coatiauacion de la Coalraviesa para ligarse oo&ki sierra de Gádor. Ya allí el río se eacoeotia enfraila y próximo á Berja (1»G74 hab.), j rompiéndola unión de las meocíoDadas sierras al pie oriental lU CciTajon de Murtas de la Contraviesa, por las llamadas Fuentes de Marbella , aguas mcdicmales que también le dan nombre, baja á Alquería (6S8 hdH» tantos), donde se acerca al canuao da árboks qut desde la pintoresca situación de Berja baja cao é
rio Chico, que confluye con el Adra, llamado ¡fOi aquellos lugares y por contraposición rio Giaads* Pesde alli, ya próximamente» llega á desraiboear^ Adra en el mar al E. de Adra (6,567 hab*} , müsion de Boabdil después de su destronamiento, f
Mlla de las mas notabies por sa vecindario, y flObre todo por su fondeadero formado por una entra» da que han ido cubriendo los aluviones dd rio, ki cuales han c^ado el antiguo puerto de Abdera j hecho una pequefia llanura ó vegia de cafias y balatos, en la que actualmente se encuentra establecido un ingenio de azúcar. £a Adra , ademas, existe uoi fábrica de fundición levantada para la de los akXK holes de Sierra de Gádor, y que ha hecho esteost-
TOWflSWTB MFRTniOTtAL. 69tt
vas 9US operaciones á la íudcIícíoq de hierros » para lo que tiene algunos altos hornos.
El curso del Adra es de 50 kíl. , y sus aguas pe» rennes y bastante abundantes se utilizan para riego de campos y de huertas por zanjas y acequias, con» servadas desde quo los árabes beneficiaban los pequeños espacios cultivables que se eacueutraa en aquel terreno escabroso y de monte*
Alzándose rcpcalmamenle sobre el Mediterráneo las sierras Contraviesa y de Lujar, solo arroyadas insignificantes bajan de ellas , cruzándolas el cami-> no de herradura de Adra á Motril que pasa por La Bábita (1*175 hab.) t alqueria con un castillejo que defiende el fondeadero donde desemboca la rambla de AlbuQoI. Esta se forma de otras dos, Aldayar y Ahíjon • que separan de E. á O* dos estribos parale* los á la Gontravíesa, procedente una de ellas d» S^rviian (1,367 hab.), para reunirse á la otra por bajo de Albulloi (4*077 hab.) , cerca ya del mar. Ea esta costa y al O. de La Rábita se encuentra siguieñ-^ do aquel mismo camino el cabo Sicralif, y luego iíol^'i f cerca fa do la desembocadura del Goadal/eo*
Abraca esta cuenca xm gran espácio de la diviso*
ría general desde el Panderon hasta la Almijara , y
6({j CáPITULO T.
está formada, ademas « ea sa mayar parte defaf
vertientes Septentrionales de esta niisnia Almijora. 'y de las sierras de Lujar y Contraviesa que divii^ después el Guadalfeo por la Boca de Dragón 6 Taje de los Vados* para bajar á la heríaosa vega de MotriU
Tiene origen este rio en los picos del Panderon, Mulbacea y Veleta , deque bajan tres arroyos ijne lo forman descendiendo de N* ¿ S., el mas orienti] por los Cerchules {i»611 hab.), y Cádiar (2,247 lia* hitantes) « donde tuvo lugar la primera junta de k» moriscos para apoderarse de Granada. Estos ríos srí reúnen cerca de Órgiva [3,632 hab.) , cuya dilatada vega cubierta de grandísimos olivos* naranjos, almendros, y en fia, de los mas raros y esliinados iratales, riega con sus aguas cubriéndola de perpéte verdor. Ya por Órgiva marcha de E. á 0. recibierido arroyadas de las faldas septen trio nn les de la sfóira de Lújar y de las meridionales de Sierra Nevada, en las que se encuentra Lanjaron (3,40S hab.} , con sDs aguas medicinales, rodeada de videdos de una ga^ «¡c estimación. En el término occidental de este ameno y pintoresco valle , cultivado ea su fondo y laderas y cubierto de bosque y de rocas en las cimas iragosas que lo circuyen , afluye por la derecha el rio de la Laguna ó Grande que se forma en wm lagunas próximas al Padul (3,161 hab.) , en el vaft <le Lecrin por el que baja la carretera de Granada i Motril desde el Suspiro del Moro; del Oúrcal que as
^me al del Padul cerca del lugar de su mismo nom« bre (2,236 bab.) , y de otros rios procedentes de las liidas meridionales de Sierra Nevada y septentrioaa* les de la AlmijQra, las cuales forman un valle con^ Irapuesto al de Órgiva , pero que se prolonga casi en la misma direccioa separando las dos cordilleras.
Reunidos ya aquellos dos brazos principales del Guadalíeo, las aguas se introílucen por un angostísimo desfiladero de rocas , abierto entre la Almijara y ia sierra de Lujar que lleva el nombre de Tajo de los Vados, por el que se precipitan con una violen* cia muy notable. Asi pasa por el pie de Vélez de Beaaudalla (3,243 hab.), situada en la falda de la sierra de Lujar y de los Pozos de Aníbal» simas artiíicialeíj de misterioso destino abiertas en ella, y da sos aguas al Mediterráneo á los 66 kih de curso, ' Ion ODIOSO y con caudal bastante considerable, entre Salobreña (1,371 hab.) , y la hermosísinsa vega de Hotril (10,858 bab.) , donde prosperan la cafia dulce, el algodón , de cultivo antes general hoy muy Hescuidado, el tabaco , el añil , y todos los frutos de Africa y América. La ciudad halia silunda en la laida de un estribo de la sierra de Lújar , y aunque algo separada del mar por los aluviones del Guadal* feo y ios detritus de los montes que han ido formando la vega , tiene en Gaiahonda , al E. del cabo Sa«
cratií y abrigada por la loma de Jolucar quo en él ierminaty en el llamado Uaradero, dos fondeaderos biistante cómodos, defendidos ademas por doscasti*
tMIO ti. ^ 4S
CAPITULO T«
llejos que se comuaicaa eatresí y con el castillo de Salobreaa, y cuya construcctcsi tuvo por olijeto al rechazar los desembarcos de los argelinos.
E) vecindario de Alotril, en comuoicacioa coa ¿ranada y Málaga « esta última por la costa , y sobra todo la calidad escalente de su terreno capaz de toda cultura , dan bastante importancia á esta ciudadf qoa por el contrarío, militarmente considerada « no Uene la de su ocupacíoa mas que el carácter de vigilancia del territorio y de ia costa.
CDIIIGA DIL aV AOAUIOtCK.
La cuenca del Guadalhorce, que ocupa Ja parte jcentral y mas importante de la provincia de Málaga, iione por límites al N. la divisoria general desde el ^mioo de la sierra de Tejeda hasta la sierra délas Ventanas ; al £• la misma sierra de Tejeda y la Alfflijaraf su continuación» que según hemos dicho sr estienden de N. O. á S. E. hasta el mar y separando 4I Guadalfeo; y al O. un ramal que despreadiéndose del mencionado pellón se dirige al S. por las sienas
JPeííoncillGS y de Lija, ligando ea Sierra Blanquilla la divisoria general , á la que aparece como la continuación de Sierra Nevada , la cual ya hemos vista que teiai uaen Sier 4 a Bermejal ggbre la izquierda del Guadiaro*
En todo esle espacio de la cuenca del Guadal - horce, espacio asperísimo cortado eo todos sentidos por las sierras paralelas que hemos observado y los ramales que las ligan á la divisoria y á la cordillera* bajan directamente al mar varios rios independientes del Gu dalhorce que vaaios á describir separadamente , corno lo heüios hecho basta aqui.
Al O. del Guadalfeo y aun del arroyuelo que des» emboca en el mar junto á Salobreña, descienden otros insignificaales» si bien la faja de tierra labora- .ble qne se estiende por la costa y en que asientan 'Almuuécar (4,710 hab.), Nerja (5»516 bab.), y TorVox (5,423 bab.) , hasta la desembocadura del rio do 'Vélez, ue condiciones semejantes en sus productos «á la de Motril, es de una riqueza inmensa. Tan rcr* cana como se baila la cresta de la sierra de Tejeda, en cuyo estremo oriental duran muy poco las nieves « los arroyos que §e desprenden » torrentes en épocas de lluvia» están casi siempre secos en verano, á causa también, algunos, de los riegos para que se derivan sus aguas , y por el camino de la coata se pucdcp pasar fácilmente casi todo el aRo« : El rio de \éloz se forma en el ángulo que hace la cordillera al separarse de la divisoria general que i,^ dirige al N. hácia el Genil , encontrándose los primeros manantiales en el puerto do los Alazores, cru« *£ados por la carretera de Granada que baja por la orilla derecha á la Puebla de Alfarnate (3,179 hahiiantes) t para después ganar la divisoria coa el Gua-
OuO CAPITULO
dalmedion en Colmenar, y descender por ella i IK*
bí^a. El Vélez desde Alfarnate deja su dirección n» dional y se encamina al S. E.enlrePeriana(2,776bfthitantes), y Riogordo (2,871 hab.), bastante dislate tes, limitado en la izquierda por el Alio de Zaíani* ya , por cuya estrafia VentoM se abre paso según st*
gimos geógrafos c' arroyo Zalia, que en re<''!:dad sume sus aguas antes de la cresta y también eo el camino de Albama á Vélez^Málaga por la corsla del r.spmo i y en la derecha por el alto cerro deSaolo Pitar, cuya posición hemos señalado en lacordtlb* ra del litoral, la cual rompe el rio de que nos ocupamos entre Almáchar (2,409 bab.) , y Vifiuela (653 habitantes), cerca de Benamargosa (3,813 babílaB* tes.) Poco después de salvar tan penosamente aqoel escabroso terreno, se esparce por un valle ud poco anchuroso, donde al píe de una colina y en las faldas de ios ramales que se d^renden del pico de Tejeda cubiertas de vides y de olivos, asienta V¿te^ Málaga (12,523 hab.) Esta ciudad es interesante f)or la riqueza de aquel valle en que se colectan en aboadancia azúcar, batatas y frutas de todas c^^ses^áco* ya producción contribuye el légamo que arrastm las aguas que ya en la inmediación se confuadeo con las del mar , escasas ea verano, á punto de ser vadeables en todas partes , y abundantes y torreiH tosas eo las épocas de lluvia ó del deshielo de k¿ nieves que coronan la cordillera.
El Guadalmcdiaa desde la Sierra Prie¿a,en b
V£aTi£2IT£ ll£BiI>iONAL. QOl
cordillera que separa á Atilequora del luar , descieu* de ea direccioo N* S. por un terreao áspero que forma parte de la Axarquia de que trataremos mas adeiaüte, y cortado primero por la carretera de Anlequera y después por el camioo de la costa hécia Gibraltar, desemboca en Málaga, sia mas ioiportaa* ^ cia que la que le dao los accideutes á que acabamos de referirnos.
El rio verdaderamente importante es el Guadal- ; horce, si bien considerado siempre en las proporciojoes relativas al interés de todos los demás que surcan , la Vertiente Meridional. Este rio, que á fines del siylo XV recibió el nombre de Guadalquivirejo de los caballeros cristianos que íueron á la conquista.de Málaga, tiene su nacimiento en el puerto de los Alazores pero en la parte opuesta al origen del rio de Vélez. Recogiendo por la orilla izquierda las vertientes septenlrioaales do la cordillera hasla el Torcal citi Aotequera, y por la derecha las meridionales de la divisoria, barrancadas insignificantes por un terreno poco accidentado, corre en general ai 0. por Villanueva de Trabuco (1,327 bab.) y cerca de Arcbido* na (7 410 hab.) y lamiendo el pie de la novelesca Peüa de los Enamorados, continúa á Antequera (S7,201 bab.), ciudad fundada en la orilla isquierda al pie de la sierra y en posición eminentemente estrat^ca en el valle superior del Guadalborce. Bn-
láza. sealli los caíinnos principales de Granada, Córdoba y Sevilla para Málaga» si bien ahora la carre tera
602 * cAmcu)
de Graaada está abierta por el puerto de los Aka»*
res; el ferro-carril pasará por la ciudad nasma ópD* co diataote; cierra esta las avenidas todas déla cueo* ca del Guadalquivir hácia el único punto objetivo de ocupación que no puede ser otro que Málaga eo li Vertiente Meridional; se baila apoyada en una cor* dillera escabrosa de tránsito difícil, y por fin, se eBcuentra en un valle a(neoo« rico de recorsos» y al que es fácil conducir los muchos que puede proporcionar el puerto de Málaga. ¿Qué mas condiooneSp pues, para ser considerada Antequera como un pon* to militar del mayor interés? Pero siguicado nuestro sistema podríamos seüalar muchas empresas de qoa
ha sido base y muchos combates que han presenciado sus muros siempre codiciados. Conquistada por el ia* fante don Fernando, después rey de Aragón i ccnm^ cuencia del coniproimso de Caspe, el cual Uevóel nombre de «El de Antequera» fué constantemeote conservada por los crisLianos, quienes en la uUbí guerra de Granada tuvieron en ella la base de sos es* pediciones asi contra Alhama, Loja y Granada, coma contra Málaga y una gran parle de la costa. Ea U misma guerra de la Independencia representó on pi» peí interesante en la comunicación (le Granada á Sevilla, por la que se ponían en contacto los ejércitos de Sebastian! y de Soult. En lo que ha perdido dd todo su interés es en cuanto á la fortaleza del siüot pues dominado su contiguo y fort/simo castillo por otras alturas y especialmente por la do San Cristóbal
VBftTIBNTE «BMDIONAt. 663
no puede resistir ios efectos de las nuevas armast ' apesar de ser ¡Despugnable antes del descubrimientc
de la pólvora y de la artilleiía.
Fertilizada la riquísima y estensa veg? de Aote-
quera, el Guadalhorce cambia su rumbo al S. O. para I \;ortar la cordillera haciéndolo por la brecha de los
• lailanes, angostísima abertura por la que se dcspe* ' fia el río aumentado con el caudal de varios riachue* ; los que caen de la sierra de las Yeguas, entre
* los que se distingue el río Agua de Teba que reúne las vertientes orientales déla divisoria general y sep*
i tentríonales de la divisoria con el Guadiaro en su i arranque por GamjKllos (5,667 hab.), Teba (4,542 habitantes), Almárgen (1,011 hab.). Cañete la Real í (i, 791 halx) y Serrato (583 hab.), y et rio Burgo, que . desde la Sierra Blanquilla baja al N. ¿ Ardáles (3,912 habitantes) y ailuye al Giiailalhorce jiialo al A¿¿ua de Teba cerca de Pernrrubia (763 hab.)
Ya alli, correal S. E. hasta Alora (8,370 hab.)« vi^ lia situada en un moTite desigual como todo el terre* no escabrosísimo que la rodea» á cuyo pie recibe por la izquierda el arroyo de las Piedras que baja del puerto de Orejas de Muía en el camino de Antequera. De nuevo cambia el Guadalhorce al S. en un valle ' angosto formado por la sierra de Gaparatn, en cuyas faldas asienta Garratraca (1,273 hab.) con sus célebres aguas medicinalest y la sierra de la Pizarra estríbo del Torcal, y en cuya falda occidental se cncuenlia la Pizarra (2^331 bab.)enia izquierda d^ ! Guada..iorve*
664 CAPITULO T.
Los Pcrinsca-es de Luna, t(?rm!no meridional de la sierra de la Pizarra, bacea al rio indinarse caiia vez mas al S. hasta la unión ó confloencía con eiria* chuelo que baja de Casarabonela (3,776 hab.),deDí!e existia una labríca « que con la de Loja compartía it fabricación de piedras de chispa para las armas de fuego, y la del no Grande que recoge todas las aguas de la sierra de Tolox y su unión con la de Mijasen una vasta cuenca ca que asientan Alozaina (3,2íS habitanfcs), Tolox (2,973 hab.), Guaro i2,218 babitantes)t Monda (3,557 hab.) y Coin (9,273 hab.) y otros varios pueblos que la hacen pintoresca é indican su fertilidad. Algunos de lo^ arroyos que foroiao el río Grande, el def Judío que baja de Albaurio á Grande (G, 781 hab.) en las faldas de la sierra de Mijas, y el arroyo del valle que en las mismas pasa por cerca de Albaurin de la Torre (3,425 bab.) fertíiitaa con el Gnadalhorce, en cuya orilla derecha desembo* can, la llamada Hoya de Málaga, riquísima abundante en cuanto la naturaleza puede proporcionar de mas necesario al bombre aun en las regiooes mas cálidas y húmedas, y en la que asientan en la misma míirgcn Cártamn (3,980 hab.) y Churriana f2,443 habitantes), la última ya próiLima al mar y ála desembocadura del Guadalhorce.
En el espacia comprendido entre la afluencia del río Grande y el Mediterráneo , corra el rio de O. á £. muy limitado al principio en la izquierda por las PeHas de Cártama (¡ue dominan la villa desde la orilla «
opuesta á In en que esta asienta. Pero ya en la termíaacioQ de su curso se abre esta misma sierrezuela de las Peftás de Cártama para dar paso al rio - X!aropao i i jas, priacipal aflueate del Guaddlborce por la iiquierda.
El rioCamparililas corre de N. á S. desde el Torcal de Aatequera, y cruza el territorio de ia Axar« qoia acompañado de la carretera que se está cons*^ truyeodo de Aatequera á MáUga, diíerente de la antigoa qae corta el curso del Guadalmedina. La Axarquia constituye un terreno muy quebrado y partido por barrancos ásperos cubiertos de rocas y de bosques , por cuyo fondo solo en invierno corre na escaso caudal de agua á los dos ríos contiguos que acabamos de citar. En sus soltarías escabrosi* dades tuvo lugar en marzo de 1483 el mayor de los desastres que pudieron contrariar la marcha generaímenle próspera de la guerra de Granada, desastre descrito magístralmeote por Washington Irviog eo su Crónica, cuya lectura recomendamos como eoscüanza terrible de lo que son las espediciooes en UD territorio áspero , despoblado y enemigo.
El curso del Guadalhorce es de 116 kil. , vadeable en verano , en mvierno peligroso de pasar por su corriente y la gran masa de agua que arrastra. Vero aun en la estación estival liay que reconocer los pasos , porque en algunos puntos son de tierra cena« gosa que ofrece grandes peligros. Son buenos desda el de Alora t d que sirve al camino de Málaga 4Gai^
CAPITULO Y*
ratraca , el de Cúrtama frente al coríijo de Torres, y UQO que ya cerca de la desembocadura se baila jolito al. soto de Moriega y cortijo del Contador en A camino que mas frecuentan los vecinos de Alhautia y Churriana para ir ¿ Málaga.
El Guadalhorce, cuyo curso medio é inferior eit poco importante por la falta de comunicauones, ias cuales todas lo cruzan ó recorren en el soperioft obtendrá una consideración muy grande al construirse el camino férreo de Málaga á Córdoba y Granada , que lo cruzará cerca de Cártama y por Casara bon ríe , Caratraca» Ardales y Campillos. En la orilla (1( rccba se dividirá para las dos capitales eo dos ramificaciones, una que entrará en la cuenca del Guadalquivir por cerca de Boda, después de seguir la orilla occidental de la gran laguna salada de Fueole de Piedra, y otra que recorrerá el valle superior del Guadalhorce hasta pasar al Genil en Loja.
Sin embargo, cerca de la desembocadura del Guadalhorce se encuentra el gran puerto y la magnífica ciudad de Málaga, que encierra en sí la casi tutalídad -de la importancia do la Vertiente HerídíonaU So nn» meroso vecindario ¡92, Gil hab.), su cada vez mas (lo* reciente comercio con Europa y América, y su posicioa «n el HediterráneOt hacen representar á Málaga un pa« pe! importantísimo bajo todos aspectos, esceptuandoel militar , pues ni su situación en la península oi sos |brti6cac¡ones pueden influir en él éxito de una lu« cha que amenace nuestra independencia naciooal
Solo desde qae los franceses poseen la Argelia ofrece
algún temor su posición opuesta á la costa de Africa, y por igual razón algún interés para el man* tenímíento de nuestros presidios en la de Marrue^ COS. Tiene, sin embargo, dos fortalezas, la Alcazaba, completamente arruinada, y el castillo de Gibralfa* ro, qoe fué habilitado por los franceses en 1810, y que defiende median unente el puerto y la c íucIulI completamente abiertos. Esta facilidad de penetrar m la población • su comercio y lo rico de su campiña cubierta de vides que producen las pasas mas esquisitas y vinos de los mas estimados de Europa* asi como toda clase de cereales, azúcar , y cuanto se cree necesario á la subsistencia de los ejércitos, han de llamar naturalmente á estos i Málaga , pero
para abandonarla en el momento en que vean amenazadas sus lineas áe comunicación con Granada y Córdoba ó Murcia* ,
Al 0. de Mála2:a la costa se halla formada por fas sierras de Mijas* de Tolox y Bermeja , que como ya hemos espuesto, forman la cordillera del litoral; aun cuando las de Alpujata, Parda y Chapas que constituyen un contrafuerte paralelo i aquellas producen un estenso promontorio que cierra al O» la gran ba* hía ó golfo de Málaga* Por las vertientes de estas •ierras se desprenden riachuelos de poco interés que pegan las huertas y campiñas de algunas poblaciolies cuya posición las quita toda importancia. Tio* neo, á pesar de todo, alguna, por su aíluacioii en
038 cmruui t.
la oosta^ Fueogírola (1,409 hab.), con 8u anumado castillejo: sigue al O. Harbella (4,869 hab.), ciodad situada al pie del Pico de Juaaá y en la oniia izquierda dei río Verde » el de caudal mayor y mejor aprovechado de los riachuelos á que hemos aludido, é iüiportaate por sus fundiciones de hierro , ingeoio de azúcar y riqueza eu toda clase de produccioiiesv por lo que. llamó la atención de los franceses que rechazados varias veces aute su castillo defendida bizarramente , lo volarou después de apodados ds él: y [)or fin Eslepona (9,316 hab.), al pie de Sierra Bermeja, donde murieron en la primera rebelión morisca el conde de Urefia y el célebre don Abosa de Aguilar, hermano del uiaii Capitán, ofrece condiciones semejantes á Marbella ea cuanto ¿ su poó* cíon y producciones del pais.
Todos los cauiiüosde esta pequera vertiente desde Fuengicpla á Estepona son malos por lo escabroso de las sierras, y solo es de mencionar el que conduce por la costa de Malaga á Gibraltar, que aunqns malo de herradura es de algún interéa por loe puntos v^ue uae, y poIjiaLÍouc¿ ya señaladas j^or doade ^asa.
comas os liOS BIOS GUADUHO Y eaJáDASEAUOOI.
Encierran estas cuencas la divisoria con el ííoa- (blhorce y la general desde la PeOa de Aigámítas
▼BUTIBRTB HERIDIOtCAU 609
hasta el cabo de Tarira, dividiéndolas entre sí desde el Algibe la sierra de los Gazuics, que se estiende ^al £* hasta el campo de San Roque, ácuyo frente aa alza el peflon de Gibraltar separado de aquellos flionles por un estrecho istmo de arena*
Todo el terreno de estas cuencas es áspero, y ibr« ma en la parte mas elevada lo que se llama la Serrania de Ronda, terreno iníorme grieteado profunda y Gftpríchosamente sin presentar apenas enlace en las partes que lo componen en su vasta estensioíj entre loa dos mares. Al píe de elevados picos cubiertos de oieve una parle del año, y en alt?í5 mesetas frías y descubiertas se abren barrancos escabrosos, simas y coevas profundas, Formadas de rocas asperísimas y embcUecidas con frondosos árboles alli donde existe un poco de tierra en que puedan alimentarse sus rai* oes* Cruzada adeaias la Serranía por malos caminos venciendo escabrosas pendientes ó metidos en los barrancos que recorren las aguas, se hace muy difícil el tránsito de tropas, y las del pais encuentran á su ves un refugio seguro á los pocos pasos de donde parece exiscir un peligro para ellas.
Lo eminente de la Serranía respecto á los dos mares que verifican su unión en la parte meridional, y su situación enfrente de Africa y flanqueando los caminos todos al interior la daban una gran impor* tancia en las edadós antiguas, pudiendo ser considerada como el antemural opuesto á las irrupciones berberiscas. Sin temor ya á ellas parece que debiera
670 <uim:LO v*
haber perdido de interés; pero ia ocupacioo de Gibraltar por los ing eses hacen de nuevo necesarias observaciones quede otro oiuuo no llcganaa á ocuparnos. Y aun coando no es temible una irrupción por aquella plaza, interesante para los ingleses como de escala en su navegación al Mediterráneo, siempre debe observarse un lugar que admite gaarnidones niunerosas y Liene el recurso de ser abastecido mientras no decaiga el poder marítimo que basta ahora lo sostiene.
El Guadiaro nace con el nombre de Guadalevin en las vertientes occidentales de la sierra de Toloi por cuyas faldas y las de sus estribos se corre al O. para pasar por el Tajo de Ronda, profundisima grieta que dividió la elevada planicie y rica campiQa en que se halla fundada en un vasto círculo de montes abiertos tan solo hácia elN. la ciudad de Honda (19,334 habitantes) entre numerosas y pintorescas cortijadas. H' barrio del Mercadillo se halla, sin embargo, ligado á la ciudad por un puente magnífico, que según un escritor francés «hace el oficio de la clave de tina «veda ó el de una cuña colocada entre dos paredes Vque amenazasen caer una sobre otra; obra maestra »del genio que concibió un monumento imponente »en medio de montanas que han recibido de ia nalíturaleza ese carácter grandioso cuya comparación
v;solo las pirámides de Egipto y la Kbríca de Ronda »ticnGa el privilegio de no temer.» Y no se crea que obra tan soberbia se deba á aquellos constructores
cicMpeos que fueron por el orbe todo plantando los jaloaes del poderío dei culto y emprendedor pueblo rey, sino que, sin temor á paralelos con construccto* nes vecinas y de aquella época, fué einpiendida ¿ fines del sígio pasado por el arquitecto Aldehuela, que • al hacer aquel iímicnso beneíicio probó con su muerte los peligros de que salvaba á los moradores de Ronda, pues que *cayó precipitado al báratro al recorrer los trabnps del puente.
AI salir del Tajo y al recibir por la derecha on riachuelo que baja de la sierra de la Nieve pur la villa de Arriate (2,954 hab.), cruzado por el camino do Osana á Ronda, cambia el Guadalevin al S. O. bastante iociiaado al S, y se dirige á Benaojan (2,305 habitantes) donde por la misma orilla afluye el rio Quedares, que desciende del Peñón de Montejaque por la villa de este nombre (2,042 hab.) como poco después lo hace un arroyuelo que sumiéndose en una áspera grieta de la sierra del Endrinal, perteneciente á la de Libar que forma divisoria con el Guadalete^ sale por la cueva del Gato conocida por sus estraHas eslaláctitas asemejando una congregación monástica en el acto de orar en el coro. Limitado alli por la citada sierra en la derecha, y en la izquierda por un estribo áspero de la sierra de Tolox, donde se hallan ios puertos de Anebatacapas y de la Piedra, y después las villas de Atájate (892 bah.) y de Gau* cío (4,503 hab.), en el camino de Ronda á Algeciras, sigue el rio á Jimeoa de Libar (1».031 hab.) ya coa
einvaio r.
el ooinbre de río Guadíaro, metido en uo barmn 00 escabroso hasta la altura de Gaucín, que
unos 12 kil., donde es cruzado por el meacionad camino.
Poco mas abajo afluye por la izquierda el río Go
nal, formado entre el termino de la cordillera desdj la sierra de Tolox hasta la Bermeja y la Ciesteliiaa el estribo divisorio con el Guadíaro que termina en Hacho de Gaucin y el cual corre de N. E. á S. O, po un angosto valle en que asientan Gartágima (1,1 Iiabitantes)« Igualeja (1,593 hab.),Farajan (6e5 h tantes), Jubrique (2,596 hab.), Genaiguadl (1,539 habitantes)* Benarrabá (1«581 hab.) ; otros vari pueblos fundados en las laidas de loe montes en orillas del Genai.
Pür la derecha y poco después afluye i su el Ilozgarganta, que desde el Penon del Derrueco,' punto culminante y término meridional de la sierra de Libar, tan próxima al Guadíaro, baja paralela mente á él por Jiménez de la Frontera (6,577 hab.),; lugar importante por la comunicación de la Senanja de Ronda ooü el campo de. San Roque y la pboa de Gibraltar.
A corto espacto rinde, por fin, el Guadiaro d trílioto de pu caudal , escaso en verano y c^si siempre! vadeable en muchos puntos, en la costa del JUediterráneo i unos 25 kilómetroe N. de Gibraltar » cruxad
cerca de su desembocadura ^or eí camino de Málaga' A aquella plaza.
YARTIIKTS MiaiItfOMAlM li7Z
La sierra de los Gazules, al terminar en San Roqoe sus úUimas ramificaciones ligándose por el cam*
po de esta ciudad (6,458 hab.) al Peñón hoy inglés» •OQC^erra el valle del Guadarraoque por la orilla iz« quierda de este río , haciéndolo por la derecha la divisoria general Penibética que al hundirse en la costa Mptentríonal del estrecho se ramifica hácia las puntas de Tarifa y de Can^iero, entre las que se abre el paqoello valle del Guadalmerí, £1 del Guadarranque es delicioso por su temperatura, vegetación , y el aspecto del golfo á que se aijre y en que desemboca aatre Gibraltar (15,000 hab.) y Algecíras (14,229 habitantes), ciudad, esta última, recostada en la falda de los montes frente ai Peñón « en la posición mas pintoresca que pueda imaginarse, mirándose en una bahía pubierta de buques, aunque desgraciadamente con un pabellón que debiera ser estraOo á aquellos lugares.
EBfuerzoB laudables se han hecho por casi todos
lus L;ob!L rnos de EspaHa para que Gibraltar vuelva á sus antiguos y naturales poseedores; y no se han esr caseado ni alianzas ventajosas en muchas ocasiones á |O0 ingleses, ni ofertas aceptables, ni en último caso rudos ataques para lograrlo. Pero creemos que no
debe abrigarse esperanza alguna de recobrar á Gibraltar, ínterin la Inglaterra conserve el dominio que casi eiK^usivamente ejerce en todos los mares. Los ejércitos de Felipe V y de Gárlos llí, y las tristemente célebres flotantes inventadas por el francés d^Ar^n»
TOMO II» 4*
€74 capítulo
que en 1782 hicieron creer al prínc ipío del coo^' eo un éxito completo « faeron íaoficaces cootn fe
robustos baluartes y las gigantes penas que defieniioQ á Gibraltar. Ni podía esperarse resultado íeüa» se eoosidera ia situación de aquel omtiMwo peioa, t el esmero con que atendieron los ingleses á poaerki cubierto de todo ataque desde 1704^ ea que porb*
curia nuestra cayó en poder suyo. Pero lu que consderamos asequible es el neutralizar eo parte Ja penuciosa iofluencia de tal establecimiento por me£o do vabtas consti uciones que impidan la estación de m buques en la bahía , construcciones cuya ereccíoQ os
pourjci impedir el gobierno LriLáiiicü cuando él á so vez foriitica cada día mas la peniosula » aisláodoii con muros ciclópeos cobíertos de una artillería de alcances basta ahora desconocidos, pero que ia iáma» acaso exageradamente , publica como muy giaato.
Quizás esta Hiisma ú otra moderna a r! i Hería , dcsrfe
la costa opuesta de la bahía , pudiera lograr tan iia* portante objeto»
Ya hemos dicho que por efecto de la pérdida de Gibraltar 9 la cuenca del Guadiaro y en genecal h Serranía toda de Ronda, han recobrado en parte su antigua importancia contra las irrupciones berberís^ cas contenidas desde la conquista de aquelia pbm por las armas de don Alonso XI. Y efectivamente, ua terreno tan escabroso « poblado de gente robusta f valerosa avezada al manejo de las armas, y dominan^ do oompletamento loe caminos del litoral de los do»
WITfBNTS UEBIDIONAL* 671»
mares, únicos transitables hácia el interior, no püeí^ meóos de ejercer una inllueacia muy eficaz eo la de fensa del pais. Asi que los pocos desembarcos hecho> por enemigos nuestros en las costas vecinas han sid(' viotoriosameote rechazados, siendo los moradores de tquellas montañas los que primero demostraron su adhesión á la causa de los Borbones á principios de siglo pasado, ayudando al marqués de Villadarías & hostilizar de continuo á los austro-ingleses que habían desembarcado junto á Cádiz con el ánimo, según de* da su gefe el Príncipe de Darmstadl , de ár ¿ Calak^ Ha por Madrid, ya que no podia cumplir su promesa á los catalanes de ir á Andaiuciapar la cofk^
Pero la campana en que se demuestra palpablemente la importancia de la Serranía , asi como la do las plazas de Tarifa y Gibraltar » es la de 1810 á 1812 durante el sitio de Cádiz. Ya los franceses se la concedian tan grande, que el pretendiente Bonaparte creyó deber visitarla y halagar á los rondefios con toda clase de distinciones. Pero el carácter de aquellos bravos montañeses y su amor á la independencia pudo mas que los amafies y la fuerza de los' invasores, asi que pronto se encendió la antorcha de la guerra por los montes y cacadas, y se llenaron de partidas que aunque acosadas de contfnoo por las; fuerzas de Soult y de Sebastian! por la pai te de Cá«- diz 7 de Granada y Málaga , donde tenían estos generales sus cuarteles, se nnntuvieron siempre peleando y muchas veces con fortuna. Cuando tomó
mayor incremeato la sublevacioa fuá al apojvla una división del 4.^ ejército español al del gcaeral Ballesteros, que desembarcando en hrifa ó Algeciras alternativameate , y acogiéndose i aquella plaza y á la de Gibrallar cuando se veía mo; bostígado por fuerzas numerosas « supo maolenerea continua alarma á los sitiadores de Cádiz, mallratarlüs en ocasiones y perseguirlos en su retirada a Granada y Valencia. Fueron puestos en estado de defensa por los franceses todos aquellos puntos fuertes que en \k edad media vigilaban la frontera del :eina de Granada ♦ de que coni])onía parle h Serraoia; pero asi las poblaciones com^ los nidos de igfJt la que se habilitaron no fueron para los fruioew uias que prisiones donde se rnaateaian en una \^ rancia y alarma cien veces mas terroríficas que lis batallas con que se habiaa fjtmilíariz^do ta mt paBas de otros países*
CAPITSLO II.
Aquí debiera cooclair nuestro trabajo, dirigido principalmente á reconocer la Peoínsuia bajo el aa^ pecio que pueden presentar las operaciones de los ejérciios en ella ; pero pueden ejercer tal influenciat aun militar, las Islas Baleares tan poco apartadas, y que po&eea uoo de ios puertos mas importantes del Mediterráneo , que no será de roas el dar una idea si* quier ligera de su naturaleza , y de las ventajas de SU admirable posición.
Inútil es disertar sobre s5 geográficamente pertenecen al sistema general hespérico, cuando al primer liolpe de vista se descubre su dependencia inmediata; más inútil aun hacerlo, acerca de si deben corresponder á Espalla politicamente cuando se observa el carácter del pais, el de sus habitantes, españoles por raza i costumbres ó idioma , y los elementos que en
07d CAPIXOLO VI.
m eocierra, todos favorables á sus lelacboes coali Hftdre Patria , todos encontrados respecto á b di
los demás países mediterráaeos* Solo el anuhtcioaa que codicie las Baleares paede argtlir ea coolni ds estas razones con la de posesioQ efícnera de algunas de las islas por Garlo-Magno y de oin por los ingleses en una parte del siglo pasado.
A 85 kilómetros de las cabos de San Martia j ds la Nao , que hemos observado en la vertiente Or^etal» van alzándose las Baleares como parles de uoa sola cordillera paralela próximamente á las que oods»
tituyen el sjstcíiia oroL^ráüco de ¡;i Península, y ligadas á él por los montes que forman los mencionados cabos que correflp(mden» según ya hemos espuesle, á una de ellas«
Esta cordillera presenta en algunas de las idas
una cresta alta y pronunciada de S. 0. á N. E. eos ramales cortos y ásperos hácia uno de ios üaocost y ramificaciones mas suaves al opuesto, como que se confunden en mesetas eie\a(ias que geaeralmenle ponstiluyen el cuerpo principal de las islas, con partícularidad la lic üeuoria, que solo se ve accidentada jpor algunas alturas aisladas y en corto número*
Las mas importantes de estas en todas las is* [ksson;
Silla .de Torrellas.— Mallorca 1,570 mlls».
i uíg den Torreila.— Id. ^ 1,463
Vúi^ Miá^wi de lelugb'-r— Id 1,163
ISLAS BALRAHEb. 679
Potg de Ga1ate6*— Id 980
Mola del Esclop. — ^Id. 794
CoUdeSóUer. — CamÍDO de Palma k
Sóller. 562
Bec de Ferutx. — Mallorca.. , . . . . 538
Puig del Tez.— Mallorca 426
Camp-Vey.— Ibiza 390
Mon te Toro. — ftleaorca 3 68
La Hola. — ^Formentera. 183
Coll de San naíael. — Gainino de Ibiza
á San Antonio 161
La Mola (fortaleza de babel II).— Me«
ocrea 80
Llanura general de Menorca 50
Tres soa las islas priacipales y que ofrecen mayor interés. Ibiza , Mallorca y Menorca en el rumbo indicado , y á la inmediación de ellas se alzan otras menos considerables» como la Formeatera al S. de Ibiza, y La Cabrera ai de Mallorca, y otros islotes y peñones que en derredor de ellas salen sobre las aguas» haciendo sus costas ásperas y pelil^rosas.
Encuénlranse todas comprendidas entre los 38* 38' 00'' y los 400 gr ^iii de latitud N. , á que se hallan la punta Gala-Codolar en la Formentera y el Cííbo de Caballería en la de Menorca , y entre los 4^ 49/ 40'/ y los 8o 3' 29// de longitud E. del Obser* otario de Madrid , á que corresponden uno de loi
' lUPlTOLd
islotes de las Cledas ea la coüta de Lbiza y ei oÍj* de ia Hoia en Menorca.
La de Ibiza , cuya superficie con la de las ttleus próximas ea de 572 kilómeiroa cuadrados^ as kap*
tud máxima de 39 kilómetros y su aní:ho rneiiio de i8, está formada de una gran montaila ea íonoa «¿e cordillera con 80 cresta muy oercana y feroiaBde la costa N« 0. de ia isia ea la que se eleva el CampVey, y deprimida su parte central en un coUado Ha*
mado el Coll de San Rafael , j)or el que pasa el caiaino que une los dos puertos de ibiza y de Sao Aalon'o , amboB de poco abrigo y no mudia esteosíon. Esta cordillera con caídas rápidas al O. y ramtfi» cacionea insignificantes al tacto opoeato aecideatade COQ algunas colinas que inlen uiapen la elevada Uanu-
ra que ia constituye , se halla cubierta en ana gm parte de bosque de pinos y de abetos , entre Ic^ q e descuellan torres de vigia para atalayar el Mediter* véneo» y sua calladas bastante pintoreacaa , ae piea-^ tan al cultivo , siendo toda la isla abundante en tn« gOt cebada t aceituna y vino. El clima ea eacdeolet
im conociéndose en la isla animal nineuno venenoso» particularidad observada desde época muy remota por lo curiosa, y por la comparación con las iaitaCo» lumbretes » rocas siu interés al £• , y poca distanca de Caatellon de la Plana, donde por el contrario exia*
ten ea suma abundancia serpientes y otros r^Lüei dotadoa de los venenos mas activos.
Ibisa, la capital que da nombre i la ¡aiat m hiBi
ISLAS BALSAIB». 681
situada en la costa oriental en una peOa elevada, co-
rooada por los baluartes de las fortiácaciones » que á pesar de hallarse desprovistas de fosos y obras estenores , son bastante respetable?. Esta peña tiene á su parte septentrional una ensenada , que cierran a) E. la isla Plana f la Grosa* rodeada de huertas y caseríos, poco abrigada y profunda. La población no es considerable, pues solo cuenta 5,551 habitantes» y ' la dudad , fundada como hemos dicho en una pena» tiene sus calles todas en pendiente bastante ágria y sus casas antiguas y no bien construidas. Las pobla* cienes mas importantes después son, San Antonio Abad (1,192 hab.), con una bahía mas estensa que la de Ibiia , conocida por Porto-Magno , villa cabecera del llamado cuarterón de Porniani , uno de los cinco en que se dividió la isla por su conquistador don Jaime U; San José (1,311 hab.) y Santa Eulalia (365 hab.); siendo los otros cuatro los de las Salinas, del Llano de la Villa, de Santa £ulalia y de Balauzat, y reuniendo entre todos una población de ^,171 habí-* tantea.
AIS. delbíza se encuentra la Formentera, ligada A ella visiblemente y unida en otro tiempo , cuyo nombre indica aun la abundancia de granos que producía* Tres parroquias asientan en ella, que reúnen
1,620 habitantes; y San Francisco Javier (878 hab.), . es la mas considerable, situada en una peque&a ca!a en la costa occidental , y no lejos de la punta septeü*
UTioaal del Borronar , doade parece unirse á la de las-
Portas de Ibíza por k isleta del Espalmador j la de Ahorcados,
Al N« E* de la de Ibizt, y á uoi disfaneia d» 81
kilómetros , se alza sobre las aguas la ista de Mallor«' ca, b mayor de las Baiearea coa una auperfiae Mal de 3,411 kilómetros cuadradost contando con la Dra» gonera, islote situado ea la parle orieatal muy cerca de la costa, y coo los SO kilómetros cuadrados que tiene a Cabrera , una de las Baleares, solo interesante, por su bueao y abrigado fondeadero deiendido por un fuerte , la cual se encuentra á 14 kilómetros S. del cabo de Salinas, el mas meridional de Mallorca, y ligada ¿ él por ia isla Conejera y otros peñones.
Gomo prolongación de la pequeHa cordillera que forma la de Ibíza» aparece en la costa 0. de la de Mallorca una cadena notable de montes que cayea*
do lepeatinamente sobre el marea aquel runibosa ramiúca suavemente al opuesto, escepto cerca desús eatremidades « dotde lansa dos estribos importantes,
uno que forma la parte occidental de ia b ihía de Palma, y otro que en la parte septentrional cierra con él estremo de la cordillera la gran bahfa de Alcudia, dividida en dos ensenadas, la de Puerto Menor ó de PoUeosa, y la de Puerto Mayor ó de Alcudia.
Todos estos montes son bastante ásperos y áridos, pero, al derramarse hácia la costa formando valles y deapuea calas mas ó menos espaciosas , presentan en sus faldas la vegetación mas esplendorosa , los proidtíctos mas apreciados de la tierra. Además de ios
cereales se cultiva con éxito el olivo « ae colectan las
almendras, y sobre Lodo las naranjas son en tal '.cantidad y de calidad tan buena, qile especiaUneate on Soller ae ven inucboa buques que llevan á los puertos
franceses del Mediterráneo tan apreciado frutu.
Entre las poblaciones que asientan en la isla y cuya totalidad dá un número de 203,941 habitantes, ocupa el primer lugar por su vecindario (40,418 habitantes)« y. la construcción de sus casas, por sus fortificaciones y m puerto artificial , la capital de laa islas» Palma, situada en una llanura en el fondo de la bahía, y rodeada de cultivos y casas de campo que forman una deliciosa campina dominada por el antiguo castillo y palacio de Bellver, y defendiendo con el castillo de San Cárlos que se alza en una punta
occidental el llamado Porto Pi, cala profunda y abri* gada cuya entrada se cerraba antiguamente con una robusta cadena.
Siguen en importancia por su vecindario y la riqueza de su territorio Manacor (10,438 hab.), Llum* mayor (8,526 hab.) , PoUensa (7,486 hab.)» Felanttz (5,918 hab.) , Sóller (4,547 hab,). Inca (4,486 haij.- tantes) , Artá (4,535 hab«) y después otras; pero los puntos fortificados y que de consiguiente ofrecen mayor interés militar, son la pequeña plaza de Alcudia, - bastante fuerte en el istmo del promontorio que divi- /
Je la bahía de su mismo nombre, y los castillos de
PoUensa, de Sóller, de Porto Petro y de Piedra Picada.
0S4 capítulo vi.
Las dos plazas están noidas por ona carretera que
pasa por loca, situada en el interior de la isla. EsU carretera corta la isla de N« 0. á S. E« : hicia et se hsUa abierta b de Sóller» y otras dos se dírígca alE. áManacor y Llummayor, puntos situados, com Inca, en ei interior, en terreno llano» casi enetioiao
divisorio de kis ai^nias que bajaü al mar ^^iaraleiaineiite i la costa oriental.
Los tios, como es de presomir, son poco cob* siderables y fáciles de pasar en todas épocas, por los varios caminos que cruzan la isla en todos seottdof entre las numerosas poblaciones que la cubren.
La isla Menorca se levanta á 37 kilómetros dá Gap de Pera , en dirección de O. á E. , presentands sobre las aguas una superficie de 734 kilómetpos cua* drados» coaipreodidos los islotes que se hallan á sa inmediación. En general es Uaná , y solo la interniai«
pen algunos munlecülos, entre los que descuella el Monte Toro, y los barrancos profundos por donde sa deslizan las aguas á la costa generalmente elevada y áspera. Al contrario que Mallorca se encuentra despojada de vegetación alta » siendo muy raquítica por la poca tierra vegetal que en sí dejan los váida* aies que la azotan por falta de una cordillera que ia alnígue de ellos. Asi es que en vez de aumentar sa población, va disminuyendo, y notablemente descj la ocupación de la Argelia por los franceses» ¿ cuya oolonia emigran en gran número los moradora 4a Menorca.
ISLAS 0ALfiiUUSS.
Pero WD ati, enciem eotre los escarpes que dér-
rama al Mediterráneo un tesoro inapreciable» elpuer^ to de Mahoo , abierto por la naturaleza ea la parte - oriental de la iala , y capaz de numerosas escuadras con buques de alto bordo* Defendía su entrada desde el reinado de Felipe U uo castillo que después fuá perfeccionado por los ingleses liasía nouerlo en un estado formidable de defensa y volado en 1782» después de la conquista de la isla por las tropas espa* Rolas y francesas al mando del duque do Crillon; pero repuestas sus fortificaciones de 1798 ¿ 1802 por los mismos ingleses que se habían vuelto á apo« derar de la isla, fueron de nuevo destruidas. Hoy cubro la entrada el llamado castillo de Isabel li , que se alza en el elevado peHon de la Mola y que por su posición peninsular ba parecido mas á propósito para impedir á los buques enemigos su entrada en el poer«* to, y i^ara manlcncise contra un desembarco veriticado en otro puerto ó cala de la isla. «
La población total se eleva al número dé 35409 liabilantest y el principal centro de ella es Malion (13,588 hab.) (en el fondo de su puerto, ciudad cosmopolita con calles y edificios bastante regulares, pero sin la animación que generalmente tienen los puertos, á pesar de poseer un astillero acreditado y
servir de esiacion á escuadras estrangcras en muchas épocas, bigue después Ciudadela (5,726 bab.)^ ciudad episcopal situada en la parte opuesta de ia
isla, plaza de guerra coa un buea reciaio y algunos
^»8G CAPiTcto n.
baluartes, pero poco importante por lo mediaoo deán fondeadero. Hállase unida á Hahon por an baeo e»» mino qae pasa por Alayor i3,')l8 hub.), Mercadal (733 bab.) y Ferrarías (961 bab.)» puotoe del mteríor que 80Q los mas considerables después de las dos ciudades, hallándose al N. de Mercadal el buen puerto natural de Fornells (331 bab.), que sía la vecui* dad de Mabon ocuparla un lugar entre los escalentes del Mediterráneo,
Bien notoria es la importancia de las Baleares en una guerra marítima qae tenga por teatro el Mediterráneo* Pero donde se encierra la mayor, indudablemente es en el puerto de Mabon, situado alli donde se cortan las dos líneas de navegación de Gibnltor á Malta, y de Marsella y Tolón á Argel. Cualquiera de las dos potencias francesa ó británica que lo poseyese, sería la dueña del Mediterráneo, pues que con una escuadra» aun cuando no muy numerosa , estaciona* da on ¿I con toda seguridad como puede estarlo, ten* dría en continua alarma en el mar todo á sos enemigos, y haría imposibles las comunicaciones de las colonias de su rival, so pena de llevar siempre escoltas superiores, lo cual no es factible con frecucjicia ana teniendo el dominio del mar. En nuestro poder Ihhon, es una garantía de paz , y el punto de apoyo de nuestro engrandecimiento desde el instante en que la marina reciba el incremento que naturalmente ba de dársele. Es necesario, pues, hacer de la Mola uoa fortaleza inexpugnable • para tener la seguridad de
UUS BáMMáUS» 687
que eiemorese baliára bajo nuestro dominio e¡ puer» to ddiUaboD» y con él adquírírecDOB mas adelanta una
^aa iüllueucia ea el Mediterráneo*
COSCXiUStOI.
He llegado al término de esta tafea; pero decaw
das las fuerzas con que la emprendí ante las diüculladea t para mí insuperables* que en ella be ido en* centrando, quedo confundido y sin aliento» como el auriga vencido por su propia impericia ante la meta sin lograr aacontacto. Y debo manifestarlo como dis* culpa, es que la arena no es la de un circo, fíi^a y e^ tendida con igualdad por todo el ámbito que.abraza» ano que por el contrario he caminado por un terreno virgen, escabroso, erizado de obstáculos de toda índole , y la carrera ha tenido que aer lenta y trabajosa*
" He apelado á todos loe recursos que sugiere una
imaginación necesitada de auxilios, apoyándome aquí en basas poderosas , estables, como son los principios íundamentales de la ciencia; alli en pilotea mts Úíá^ les do remover por la fuerza de los elementos como son los sucesos biatóricoa , debidos asi á drconsta»» cias Uúdas como á influjo del campo de su acción, y
jde GonaiguioutOt aujetos ¿ interpretaciones diver»
(^9 C02XLU$10X,
sas ; pero por lo mismo, tropezando y dudando en . escogitar los mas robustos» liego exánime á mi üUima etapa.
Aun la hubiera alargado mas, si consejos amistosos y prudentes oo me hubiera a retraído de ello, anb^ate como me sentía de escudríflar los mas recónditos accidentes que he ido encontrando y su influencia en acontecimientos que, aunque no de los mas notables, importan mucho en un arte que como el do la guerra (¿xv¿q muchos datos, detalles muy minuciosos. Hubiera también extendido-la esfera de mis observaciones* á puntos algo distantes del princtpal objeto de esta obra» pero que aparecen como complementarios de ella; mas me he detenido ante las dimensiones que ya ha alcanzado y ante consideraciones que creo razonables* Ocupaba entre ellos un logar preferente el análisis del estado militar de España que prometí en el prefacio , é indudablcmeale parecia propio de este trabajo que señala los recnrsos naturales que pone el país para su derensa , el determinar los de número y organización de la fuerza mada con que puede contarse para igual ó mas provechoso objeto.
Ya habia yo dado á luz algún escrito donde se tomaban en cuenta, y tenia redactado el que debía llenar el vacío que ahora observará el lector, si es que no se encuentra fatigado y barto; pero una lucha reciente , gloríosfsima para las armas espalloiss 4JUC han llevado triunfantes los pendones de Castilla
CQNGUmiOII.
aobre euhiestas inaaUñas cubiertas de enemigos valerosos y encendidos en ira y amor patrio, ha deaoiibierto nuevas necesidades, y ha dirigido las idea? hácia los medios de satisfacerlas según la espeneocia adquirida. Falto de ella desgraciadamente, y envuel» tos todos los sucesos aún en el caos de las pasiones suscitadas por la guerra t de relaciones opuestas so* bre los sucesos mas sobresalientes comentados de cien maaeras, atribuidos á cien causas, solo confusión y error conseguiria oon esponer mis pobres observaciones. Tengo , puest que renunciar á la estampación de los renglones preparados» y terminar sin ellos esta obra manca ya en mil otros conceptos.
Al ojearla el lector descubrirá con frecuencia cómo temeroso de mis propias observaciones, be ido cuidadosamente escogitando las de escritores autori*
zíidus (jiie conduzcan á mi propósito, corno en demanda de auxilio en un trabajo en que me be comprometido , no por idea de suficiencia para llevarlo á » cabo dignamente sino por convicción de ser necmrio para el conocimiento del pais como principio deotros estudios mas porlectos. No se crea por eso que lema no sea este completamente original, no tenien- • do como no tengo noticia de otro semejante ni en España ni en el estranjero , pues que los publicados se reducen tan solo á revjstas generales de la naturaleza de los países que describen y enumeración álo mas
de sus medios militares ; pero aun asi , si la obra pro»
dujese ios buenos resultados queme propuse , Ueva*«
do tao solo de ta idea de hacer uno auoque iDsigoifi«> cante servicio á mi patria y un obsequio i mis oooi» pañeros de armas, reuniendo en ella cuanto de lote* rés be eoeontrado en las mejores que he podido iia« ber á mis maoos, podría decir como Bmiardino de Bíendoz?» en su Teoría y Práctica de ia guara : «Aunnqoe las ab'^jas no formen las flores , por esto no deja
7>6e ser suave y provechoso el licor que sacan dellas; »x aborrecH^^es las telas de las araüas, no obstante jidser urdidas de su propia siislantía^»
INDICE DEL TOMO JL
CAPITULQ IY«
PáG.
V«rliai(e OccidenIaU ••««•• •••••«« 6
CaeDca del Mido* S8
Cuenca det Duero 6?
Cordillera Carpetana d Carpelo-Vetdniea 70
Curso del Duero. 9i?
Cueuca del Pisuerga ll í
Cuenca del Esla \U)
Cuenca del Sabor. • I5ü
Cuenca del Tua 154
Cueoca del Tamega • • • • 169
Cuenca del Ecesma y del Adaja 172
Cuencas del Tdrmes y del Yéltes. 186
Cueoca del Agueda 204
Cuenca del Coa 2Io
Ultimos aíluenies del Duero por su orilla izquierda. • • • 220
Cuenca del Vonga. . • 225
Cuenca del Mondego 233
Cuencas de. los ríos Líz, Alcoa, Danáo, Arnoia, Maceira,
Liiandro y otros riachuelos hasta el Caho da Roca. • . 218
enanca del Tajo.» • • • • 268
IIID1C£*
Oirdülera OreUna ú Orcto-Hermímam v . . • 378
Curso M Talo M
Cuenca dd Goadiant 492
CordUlera MariáBiea. m
Cono del Guadiana • 44S
Caenca del Guadalquivii' 521
Cordillera Pcnibétíca 527
Cuenca de los ríos odiel v Tinto 545
Curso del Guadalijutvir 55t
Cuencaft dci üuadalete, dci Barliaie y úe\ Salado 611
ÍIAPITLLO V.
Vertieote Meridionar* «»
Cuenca del río de Almería €411
<:nenca del rio de Adra €52
Cuenca del Cuadalfeo €55
Cnenea átí Guadalboree 6ss
Cuenca de los ríos Guadiaro y Guadarranque ^
capítulo VI.
ínhfi Baleares 677
i.onclusion 6R7
Inutoe^ , « m