Gotas de sangre: crímenes y criminales · Unidad 23 de 98

Unidad 23 · 68 GOTAS DE SANGRE

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solicitud científica que demuestra por un Thaw con muchos millones.

Bien que el cuco académico Faguet, que no da puntadita sin hilo, y el laxativo psicólogo Harduin, que heredó del bonachón Sarcey la maestría en bailar la danza del vientre, tampoco se ocuparían de Lombroso y de lo que dice en este caso, si el criminalista italiano dictaminase sobre la mentalidad de un quídam asesino en vez de dictaminar sobre la criminalidad de un millonario criminal..

DESCUARTIZAMIENTOS MUJERIEGOS

Si alguna vez, lector, tropiezas en tus paseos veraniegos por París con un transeúnte que quiere entregarte un paquete, diciéndote : « Hágame usted el favor de guardarme esto un momento, que en seguida vuelvo », no lo tomes por nada del mundo, porque, si no es un feto, es la cabeza de una mujer descuartizada ; y si, curioso de cuadros á lo Eugenio Sue, te asomas á la puerta Saint-Ouen, á la barrera Glichy, al solitario espacio comprendido entre el final del bulevar Malesherbes y el comienzo de Asniéres, óá otra puerta de las siniestras de París, y ves un paquete en el suelo, por nada del

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mundo te acerques á examinarlo, porque tropezarán tus dedos con el mondongo de una meretriz destripada.

Por curiosa, se expuso á morir de un susto la persona que en la puerta Clignancourt se acercó á examinar un misterioso paquete, que no contenía turrón de Jijona, sino las siguientes prendas de andar por el mundo :

Una cabeza; un tronco, al cual le faltaban los miembros superiores é inferiores ; una pierna y un pie. Privada de la nariz y del maxilar inferior, y con las órbitas vacías, la cabeza, casi enteramente carbonizada, estaba separada del tronco. Algunos pelos castaños adheridos todavía al cráneo. La pierna había sido cortada por cima de la rodilla, y el fémur había sido aserrado. La extremidad del pie aparecía carbonizada. El otro pie, cortado á la altura del tobillo, estaba desnudo. Pendía del tronco un refajo gris, rayado de blanco y retenido por un cordón alrededor del corpino. Anchas manchas desangre aparecían aquí y allá sobre estas prendas. Los brazos, completamente quemados, eran dos

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informes muñones. Del vientre, también quemado, salían secas las entrañas.

— Hágame usted el favor de decirme qué hace usted con semejante paquete, si tiene la desgracia de cogerlo.

Y la ciudadana á quien lo pregunté — una chulapona que con otras de Clignancourt comentaba el sucedido — me respondió sonriente :

— Pues con dejarlo en su sitio, santas pascuas.

Quiero decir con esto que también yo he estado en la puerta Clignancourt para poder decir : Yo lo vi. Excuso decir á usted, que me conoce, que estuve allí cuando el día estaba más claro y era más numerosa la distinguida concurrencia de candidatos al asesinato y de meretrices fósiles que, no habiendo tenido suerte pour s'acketer une conduite, como dicen las que recabaron fondos para retirarse á buen vivir, casándose no pocas, si tienen dote, continúan, entre las cincuenta y las sesenta primaveras, ejerciendo de cocotas de las fortificaciones.

Si fuesen cosa corriente en Madrid, come