Histeria y sugestión · Unidad 66 de 68

Unidad 66 · 2 q 6 _ JOSÉ IKGEJTIEBOS _

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tremidades es uno de los síntomas que motiva las quejas más hiperbólicas en los histéricos. Aun cuando el au¬ mento de volumen es de poca importancia, algunos des¬ criben la hinchazón como una monstruosidad; la sepa¬ ración máxima de sus manos parece resultarles pequeña para comparar las proporciones colosales de sus pies, aunque ellos estén calzados en lina bota coqueta”. En nuestra enferma las referencias debieron ser exactas o poco exageradas, pues las placas de edema que observa¬ mos personalmente sobre la región maxilar inferior y so¬ bre el brazo, coincidían con la descripción que ella hizo de su aparición precedente.

El origen, los caracteres intrínsecos del edema, los es¬ tigmas histéricos y la evolución del accidente, bastan para el diagnóstico, siempre que se tenga presente su po¬ sibilidad. Sea blanco, azul o rojo, siempre hay signos que permiten diferenciarlo claramente de cualquier tras¬ torno semejante. Pero no olvidemos que hasta la clásica lección de Charcot, el edema histérico era generalmente desconocido o negado.

Charcot (38) cita el caso de una joven, de diez y siete años, afectada, sin causa apreciable, de una hinchazón voluminosa en la pierna y muslo derechos. La tumefac¬ ción era dura, de color azul claro, y no conservaba rastro de la presión digital. Un cirujano, creyendo estar en presencia de una afección del periostio, le hizo dos gran¬ des incisiones en la pierna. En lugar del pus buscado, salió una pequeña cantidad de sangre. No había fiebre, el estado general no era grave, y la enferma no revelaba gran sufrimiento; era un simple edema azul histérico.

Otra enferma del mismo Charcot había sido confun-

(38) Charcot: Ob tit„ pág. 90.

dida con un caso de artritis nerviosa, ensayándose el tratamiento de salicilato y antipirina. Vista su inutili¬ dad, a pesar del diagnóstico anterior, el médico alojó la mano y la muñeca en un aparato enyesado, durante dos meses. Por una escotadura situada a nivel del dorso de la mano, aplicábale de cuando en cuando puntas de fue¬ go. Al quitar el aparato había contracturas, artrodinia extendida a todas las articulaciones del miembro y un estado trófico general poco satisfactorio. La enferma vi¬ vía desesperada por el tratamiento más que por la en¬ fermedad.

Janet y Raymond (39) observaron una enferma cuyos edemas eran transitorios y aparecían frecuentemente en las manos y muñecas. “En un caso particular el edema surgió en la mano izquierda, durando algunos años, con carácter grave; sólo supieron practicarle una operación quirúrgica consistente en una gran incisión sobre el dor¬ so del brazo y de la mano,”

Observaciones análogas son frecuentes en la bibliogra¬ fía de los últimos diez años; no conocemos ningún caso ocurrido en nuestros hospitales. •

Para distinguir el edema histérico del flemón, bastará fijarse en la ausencia de dolor, en la temperatura nor¬ mal, el comienzo, las influencias estesiógenas, la existen¬ cia de otras perturbaciones paralíticas o sensitivas. En los siringomiélicos pueden observarse edemas azulados fácilmente confundibles con los histéricos; pero en los primeros se buscarán los otros síntomas propios de la enfermedad espinal, como las atrofias musculares, las es¬ coliosis antiguas, etc. Los edemas reumáticos periarticulares pueden prestarse a dudas; el dolor, la evolución y el tratamiento específico aclararán el punto. Más difí¬ cil será el diagnóstico con el “edema agudo de la piel”

(39) Janet t Raymond: Ob. cit. p &g. 509.

y los edemas angioneuróticos”; en esos casos conven¬ drá dar la debida importancia a los síntomas extrínsecos.

La evolución del edema histérico es variable hasta lo infinito. Baste enumerar los siguientes tipos clínicos y pensar que pueden combinarse indefinidamente:

1. ° Edemas fugaces, aislados.

2. ° Edemas fugaces, asociados a otros desórdenes his¬ téricos (parálisis, anestesias, etc.)

3. ° Edemas permanentes, aislados o asociados, “sub¬ agudos”.

4. ° Edemas crónicos, aislados o asociados, curables por sugestión o rebeldes a todo tratamiento.

Charcot cita un caso con cuatro años de duración an¬ terior, uno o dos años de tratamiento en su clínica y per¬ sistencia de los síntomas después de mucho tiempo. Tamburini (40) concede al edema histérico uno o dos años de duración, subordinándolo a los trastornos motores.

Es indudable que su terminación habitual es la sanación espontánea; en casos muy raros tórnase crónico e incurable.

El tratamiento de los edemas histéricos debe variar según las circunstancias en que el accidente se produce. Para Charcot (41) el edema histérico, por sí mismo, no es objeto de ninguna indicación especial, pues suele des¬ aparecer junto con los fenómenos concomin antes; nues¬ tros esfuerzos deberán encaminarse a corregir estos últi¬ mos ; para elevar el estado general usaremos los tónicos y la hidroterapia; localmente serán útiles el masaje, los diversos agentes estesiógenos, y particularmente el “ transíert” mediante el imán.

El profesor de la Salpetriere insistió mucho sobre la

(40) Tamburini: En Trattato, do Cantani 7 Maragliano, parto V, voL II, artículo “ Jsterismo ”, pág. 568.

(41) Chabcot: Mal du syut. Nerv., val; I, pAg; 121;

proscripción de todo tratamiento quirúrgico mediante vendajes inamovibles, aparatos enyesa dos, etcétera, cuya aplicación suele ser de efectos funestos para los pacien¬ tes; estas recomendaciones de Gharcot implicaban una respuesta categórica al neurólogo alemán Tolken, quien refirió maravillosos éxitos obtenidos aplicando un apara¬ to enyesado a varios enfermos de contraetura histérica, después de cloroformarlos.

Gharcot reconoce la ‘eficacia de la sugestión hipnó¬ tica en ciertos casos. Georges Guignon (42) ensayó ese tratamiento, obteniendo la desaparición conjunta de la parálisis y del edema en treinta minutos; ol resultado se mantuvo durante varias horas. Fue repetida con perti¬ nacia; al cabo de un año de tratamiento por la suges¬ tión hipnótica la enferma no estaba sana todavía; se lo¬ gró prolongar, hasta veintiséis o veintiocho horas des¬ pués, la cesación de los síntomas principales. Puede in¬ ducirse de ello que la sugestión hipnótica dista de pre¬ sentar siempre, como algunos creen, esa rapidez y certi¬ dumbre en los efectos curativos que le imprime carácter milagroso. Cuando puede aplicarse constituye un recurso muy brillante, pero su acción es relativamente limitada, como enseña el caso de^Guignon.

Sollier (43) se manifiesta en el mismo sentido que Gharcot, aunque aplica las fricciones y movimientos pa¬ sivos guiado por otro criterio patogénico: tiende a des¬ pertar los centros dormidos; también atribuye mucha importancia a los fenómenos paralíticos, que suelen ser el substratum del edema.;

Pierre Janet y Raymond (44) describen así el tra¬ tamiento por ellos seguido en una enferma con anestesia y edema azul de la mano izquierda: “El masaje de la

(42) Guignon: Apéndice a la lección clásica de Ohabcot.

(43) Sollier: L’hystéric et son troitement, pág. 243.

(44) Janet t Raymond: Loe. eit .

región, movilizando al mismo tiempo la muñeca, es un procedimiento eficaz; el edema desaparece en breve pla¬ zo, pero quizá podamos usar otros recursos más expe¬ ditivos y elegantes. Uno de nosotros se acerca a la enfer¬ ma, con indiferencia y le ruega en voz baja que le tien¬ da su mano izquierda. El sujeto levanta el brazo y obe¬ dece sin darse cuenta, a pesar de que ordinariamente ese brazo está paralítico; el operador insiste, le invita a apretar la mano, a mover los dedos, haciéndolo ella sin saberlo, primero con lentitud y luego con agilidad cre¬ ciente. En ese momento se invita a la enferma a mirar su mano, sorprendiéndose ella de tan inesperada actividad; entonces se le sugiere que la parálisis ha cesado, debien¬ do ocurrir lo mismo con el edema dentro de pocos mo¬ mentos. En efecto media hora o una hora después, no habrá más rastros de él. Basta, pues, determinar el mo¬ limiento subconsciente por medio de esas imágenes y sensaciones subconscientes, que persisten en ella a pesar de la anestesia, para que desaparezca el edema. Sin du¬ da el éxito es más seguro devolviendo a la enferma la sensibilidad consciente de su brazo, pero ésta persiste po¬ co y sabemos que la enferma puede permanecer anesté¬ sica sin tener ya parálisis ni edema”.

En síntesis, creemos que no puede preconizarse un procedimiento como eficaz en todos los casos de edema histérico. Algunas veces preséntase aislado este acciden¬ te, otras asociase a parálisis, anestesias, etcétera; en ciertos enfermos es generalizado, en otros segmentario, en algunos en placas; permanente en los casos más graves, puede ser transitorio o fugaz en los más leves. Ninguna regla general puede orientar la conducta del médico en presencia de fenómenos tan desiguales.

En definitiva, todos los recursos terapéuticos reco¬ mendados reedúcense a dos: masoterapia y sugestión, ambos en sus diversas formas.

En nuestra enferma, tratándose de edemas fugaces, en placas, la masoterapia no tenía -indicaciones, pues el edema desaparecía espontáneamente al cabo de pocas horas.

Toda la terapéutica se limitó, pues, a la sugestión preventiva. La enferma fue hipnotizada una o dos veoes X>or semana, haciéndosele simples sugestiones 1 verbales al principio, y a poco andar prescindiendo de ellas, pues la paciente conocía de antemano el objeta de las hipno¬ tizaciones.

La enferma no era muy sugestible y sólo entraba en estado de hipnosis poco profunda, pues al despertar conservaba memoria de cuanto le ocurriera durante el sueño; sin embargo aceptaba sugestiones de cierta im¬ portancia, especialmente anestesias cutáneas al tacto y al dolor.

El tratamiento se hizo durante dos o tres meses; los edemas desaparecieron. No hubo recidiva.