Historia de la filosofía del siglo XIX · Sección preliminar

INTRODUCCIÓN

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 2 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

INTRODUCCIÓN

Como en un jardín botánico bien provisto podemos admirar todas las variedades de plantas y productos correspondientes á los distintos climas del globo terráqueo, así también en el espacio de tiempo que corre desde 1800 á 1901, brotan c-n el campo de la filosofía y viven simultáneamente, y á veces en un mismo centro de cultura, los más opuestos sistemas, las concepciones más heterogéneas y las más contrarias soluciones acerca de ?os problemas filosóficos. No ha imitado el siglo xtx la conducta de aquellos herederos que depositan su capital en el banco para vivir tranquilamente de sus intereses, antes al contrario, ó bien ha divulgado las ideas de su antecesor el siglo xvni, lanzándolas al comercio científico vestidas con traje nuevo y arregladas con las modificaciones que él ha creído más provechosas para la humanidad y la ciencia, ó bien, transformando con esfuerzos de gigante el capital recibido, ha dado á luz productos nuevos, pretendiendo, y con justicia, que por ello se le otorgue la patente de invención. La

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sociología y los trabajos psicológicos experimentales son una prueba de ello (1).

La misma diferencia que se observa entre la rapidez de los viajes en el siglo xix y el movimiento tardo y perezoso de las galeras y diligencias del xvni, se observa también en el correr y en la evolución de las ideas. Indudablemente el siglo XIX supera en abundancia y variedad de concepciones filosóficas á cuantos le han precedido.

Al ocuparme en ellas, no es mi ánimo trazar un cuadro completo y detallado en que aparezcan los distintos sistemas filosóficos con sus respectivas filiaciones y enlaces, ni hacer una enumeración

(1) Podemos citar aquí, por el lazo de parentesco que la une con la filosofía, á la historia de las religiones, cuja organización científica se debe también al siglo decimonono, y en la cual no figuran en primera fila, como debieran, los escritores católicos j principalmente los teólogos. Aparte de los trabajos del malogrado abate De Broglie (Problémes el conclusions de I' Hisloire des religionsjj del P. Lahoüsse (De vera Religione. Disp. IV, c. V) j de algunas monografías de distintos autores publicadas en el Compte rendu del IV Congreso internacional de católicos, es muy insignificante la labor de nuestros teólogos en este asunto. Y, sin embargo, el cultivo de esa rama de estudios históricos, es de más trascendencia para los intereses de la fe, que combatir con sendas proposiciones la heterodoxia de Arrio, Sabelio, Nestorio y relagio, la cual está ya muerta; y gastar mucho tiempo en combatirla es disparar cañonazos contra un montón de cadáveres. En cambio el naturalismo religioso, que informa no sólo los trabajos de Fustel de Coulanges, Max Müller, Ve ron, Tiele, J. Reville y otros muchos, sino también la tendencia de los congresos de historia de lasreligiones celebrados en Stockolmo (1897) y París (Septbre. de 1900), avanza rápidamente, porque son muy pocos los que salen á detenerle el paso.

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que abarque hasta los filósofos de tercera y cuarta fila, pero sí dar un resumen bastante completo de las 'ideas filosóficas en el pasado siglo.

Si en un mapa no' se indican las poblaciones, ríos y montes de menor importancia, es para dibujar con líneas y caracteres más gruesos, y hacer resaltar al primer golpe de vista las ciudades más populosas, la altura y prolongación de las montañas, la extensión de los ríos y su caudal; así también, con sobriedad en los detalles y siendo parcos en la enumeración de nombres, serán más visibles los progresos de la filosofía en las distintas direcciones; se destacarán mejor la prolongación ó evolución de sus doctrinas, el número é importancia de los afiliados á cada tendencia y el influjo de sus ideas en los otros ramos del

Antes de empezar, quiero exponer brevemente la utilidad que puede proporcionarnos este balance de las ideas filosóficas en el pasado siglo.

Desde luego esta exposición de las ideas filosóficas en el siglo xix, proporcionará á los que sienten vocación por la filosofía, iguales ventajas que el estudio del plano de una capital suministra al viajero que intenta visitarla por vez primera. El estudio del plano no puede reemplazar nunca á la visión directa, pero la facilita en grado sumo, porque sin necesidad de molestar á los transeúntes con nuestras preguntas, conocemos los nombres de los lugares y edificios que vamos recorriendo, estamos enterados de los monumentos de importancia que hay en aquella ciudad, y con los pocos

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detalles históricos y artísticos que suelen acompañar á dichos planos, tenemos la conveniente preparación para que, en vez de ir divagando sin otro guía que la casualidad y el cicerone improvisado, podamos dirigir nuestra inspección ocular á aquellos sitios y monumentos que tengan para nosotros especial interés.

Parecidas ventajas puede proporcionar este resumen á los que deseen cultivar la filosofía. Su lectura es bastante para adquirir una idea general de las obras filosóficas más importantes, de su contenido, de sus tendencias, del nombre con que suele designarse el sistema en ellas presentado y del influjo que ha ejercido en el pensamiento de los demás, para de esta suerte no penetrar á cíegas en el inmenso campo de la literatura filosófica. Hasta podrá servirnos para orientar nuestro espíritu según sus propias aficiones. Porque sabido es que ni todos los ingenios responden con igual viveza y simpatía á todos los sistemas filosóficos, ni estos logran despertar el mismo interés en todos los entendimientos. Unos se deleitan con los sistemas de extremada sencillez construidos por filósofos que prefieren vivir en la región de la luz, aunque ésta se encuentre en la superficie, á penetrar en la región de las sombras; otros gustan de las grandes y atrevidas concepciones, aun á trueque de andar siempre rodeados de tinieblas; otros armonizadores por naturaleza huyen de los extremos y se acomodan mejor con las soluciones conciliadoras aunque presenten intermitencias de luz V oscuridad; y hasta dentro de cada uno de

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esos tipos se diversifican los gustos y aficiones de una manera incalculable. Estas aptitudes y tendencias del espíritu no siempre las conoce el mismo que las posee, aun cuando sean con respecto á lo mismo que le ocupa. "Podrá muy bien suceder, como dice nuestro Balmes, que el fuego del genio permanezca toda la vida entre cenizas, por no haber habido una mano que las sacudiera„. Ahora bien; el mejor acicate para despertar esas energías latentes es la exposición breve y sencilla de las soluciones que los filósofos más importantes han dado á los problemas filosóficos y de los métodos y procedimientos que han seguido al estudiarlos.

Pero una vez despertada la afición no puede ésta satisfacerse con un resumen compendioso del sistema que ha logrado interesarle, querrá saborearlo en sus propias fuentes y ver hasta los detalles de ornamentación que su autor ha empleado al construirlo. Para este fin al pié de cada filósofo pondremos una extensa nota bibliográfica, en la cual indicaremos no sólo sus obras, sino también algunas de las más importantes que sobre el han

escrito los demás (1).

No tiende sólo esta síntesis histórica á poner de manifiesto la inmensa labor realizada por el sio-lo XIX, como tributo de homenaje y de admiración á su memoria: á fines más altos y de mayor

" (1) Para la información bibliográtíca hemos utilizado preferentemente la eruditísima historia de la hlosof.a de Ueberweg-Hein/b: Geschichte der plnhíophu. Vierter tlieU. DasZ^énleMrhunderl. Berlín, 1902 .y la H,sme d, la plulosophie de Eme Blanc. París, IWb.

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trascendencia va también enderezada. No ha de ser una estéril contemplación de lo que nuestros antepasados hicieron, sino un estímulo para imitar su conducta, mejorándola. Como aquel sabio aragonés, paseando por la ribera del Ebro, entretenido con los recuerdos de "las concienzudas y eruditas Anatomías de Sappey y Cruveilhier, echaba de menos los nombres de sabios españoles,, (1) y esto le hizo sentir el resquemor de la vergüenza y los anhelos de engrandecer á su patria, hasta decir: "No, España debe tener anatómicos, y si las fuerzas y la voluntad no me faltan, yo procuraré ser uno de ellos„; así también ante el bajo nivel en que forzosamente ha de aparecer la filosofía española en presencia de la de otros países de Europa y aun de América, si los pasados desastres han dejado en nuestro espíritu un átomo de pundonor nacional, ha de brotar en nosotros con brioso empuje el vivísimo deseo de levantar nuestra filosofía á mayor altura en el concierto internacional de las ideas. No olvidemos que aun sigue cumpliéndose de un modo inexorable aquella ley formulada por el poeta en frase concisa y enérgica: Mens agifat molem. Inglaterra y Alemania que han subyugado á las inteligencias de Europa con sus ideas filosóficas, se han impuesto también por el poderío de las armas. Kant y sus discípulos en una dirección y Wundt en otra, la escuela escocesa, con sus economis-

(1) Reglas y consejos sobre la investigación biológica, por S. Ramón y Cajal. Madrid, 1899, prol. p. 12.

— 7 — tas, y Spencer con sus profundas investigaciones sociológicas han sido los grandes dictadores del mundo filosófico en la pasada centuria.

Para terminar réstanos una advertencia sobre la división que hemos adoptado.

No suelen los historiadores de la filosofía, al tratar de la edad moderna, y sobre todo de la contemporánea, seguir la división cronológica fundada en las altas y bajas de los grandes sistemas que van apareciendo, sino que la sustituyen por una agrupación de los filósofos según su nacionalidad. Podrá ser esta división muy cómoda, pues con solo atender al lugar y fecha del nacimiento está ya averiguado el lugar que corresponde á cada filósofo, pero no deja ver con suficiente claridad el influjo recíproco de las ideas entre sí. Por este motivo nosotros agrupamos los filósofos por razón de la afinidad de sus doctrinas, no por los vínculos de nación ó de raza. Y si cada período de la historia de la filosofía forma un ciclo en la evolución del pensamiento filosófico con caracteres propios y con especial fisonomía, hemos creído encontrar también en la filosofía del siglo xix dos períodos distintos y que podían tratarse por separado. La línea divisoria de esos dos períodos viene á coincidir aproximadamente con la que separa al siglo en dos mitades; pues las tendencias y principales direcciones iniciadas á principios de siglo, cambian sensiblemente cuando éste empiézala segunda mitad de su carrera. De aquí la división de nuestra obra en dos secciones: la 1.* comprende desde 1800 á 1850 y la 2.* desde 1850 á 1900.

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SECCIÓN PRIMERA

El sensualismo de Locke en evolución progresiva y la crítica del conocimiento humano llevada por David Hume casi hasta las exageraciones del escepticismo pirrónico, son las direcciones más salientes de la filosofía en el siglo xviii.

Tan grande es la influencia del primero, que las obras de Condillac, Diderot, D' Holbach y Lamettrie, no vienen á ser otra cosa que la continuación y desarrollo del Ensayo sobre el entendimiento humano, escrito por Locke; el Emilio, de Rousseau, tiene sus precedentes en La educación de los niños, y el racionalismo con las teorías que acerca del origen de la sociedad y del derecho presentan los enciclopedistas, Diderot, Montesquieu, Turgott y Condorcet, parecen ser un comentario de las obras Tratado del cristianismo razonable, Cartas sobre la tolerancia y Ensayo sobre el gobierno civil.

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Las consecuencias, exageradamente subjetivistas, formuladas por la crítica sagaz de Hume acerca de las leyes del pensamiento, tuvieron la fortuna de impresionar hondamente los espíritus y llevarlos en aquella dirección, aunque con el laudable propósito de combatirla. Reíd, al frente de la escuela escocesa, y Kant, el fundador del idealismo germánico, son una prueba de esta afirmación .

Estas dos corrientes filosóficas, hijueias derivadas de la doctrina cartesiana (1), son los precedentes de la filosofía de la primera mitad del siglo XIX ; y los caracteres de negación, de crítica y de reforma que distinguen á las obras de los discípulos de Locke y á las lucubraciones de David Hume, no resultan amortiguados por el tiempo ni disminuidos por la evolución natural de las ideas: antes bien, el prurito de la originalidad y el culto exagerado de la independencia de la razón llegan á un estremo que jamás hubiera soñado la reforma protestante. Esta señaló al espíritu privado como norma de la investigación religiosa, sentando por ende las bases del racionalismo; mas era éste un racionalismo á medias, porque la autoridad que negaba al soberano Pontífice, se la concedía á las Sagradas Escrituras. La apoteosis

de la razón, la independencia absoluta de lo tradicional, aunque estuviera consagrado por el respeto de los siglos y las creencias religiosas, es la

(1) Mercier, Les Originen de la Psychologie conlemporaine, cap. II. Louvain, 1897.

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característica de la mayor parte de los filósofos contemporáneos (1). El siglo xix por este lado es el reverso de toda la Edad media. En ésta se ve al pensamiento filosófico influido grandemente por el dogma y puesto á su servicio, hasta llamarle ancilla fheologice; en aquél se desen\Tielve no sólo completamente desligado de todo compromiso de religión ó secta, sino haciéndole servir en muchos casos de ariete contra las creencias religiosas.

En igual proporción aumenta el abandono de la metafísica tradicional, proclamado y defendido por Bacon y Hobbes. El materialismo del siglo XVIII y el empirismo de Hume halló continuadores de esa obra de destrucción en la crítica de Kant, en el método filosófico iniciado por el positivismo de Comte y de Littré, en el empirismo de la escuela escocesa y en el espiritualismo francés de tradición cartesiana. Hasta la escolástica, genuina representación de la metafísica tradicional, atraviesa un período agónico y de extremada decadencia; como si el empuje vigoroso de las ideas nuevas le hubieran amedrentado y reducido al más absoluto silencio. Los apologistas católicos, como veremos en su lugar, estuvieron tan desgraciados en sus ataques al racionalismo, que se hizo preciso en alguna ocasión la voz del Romano Pontífice para corregir sus desaciertos.

(1) El mismo Kant, al que llaman algunos el último de los SS. Padres, dice: «Nuestro siglo es el siglo de la crítica; nada tiene derecho á librarse de ella, ni la religión ni las leyes».

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Indicados ligeramente los caracteres generales de la filosofía en la primera mitad del siglo xix, pasemos á señalar sus distintas direcciones (1).

Éstas pueden resumirse en el siguiente cuadro:

(el empirismo de la escuela escocesa j el crilivo y por reacción, determina i ticismo kantiano origen

( del idealismo germánico.

i naturalismo de Cabanis,

El materialismo del siglo xviii ) Lamarck, Gall, etc., y

tiene sus continuadores en el Jen el positivismo de

I Comte.

El carácter de novedad peli - j grosa para los dogmas católicos/^^^^j^.^^^j.^^^ ^^ ^^. que distingue a la filosofía con-V ^ologismo. temporánea, lleva por reaccionV ^ á los apologistas al )

El influjo de la escuela esco-j cesa v las intemperancias del¡ espiritual smo ecléctico materialismo y positivismo en | francés. Francia, dan lugar al. . .

(1) Prescindimos de la ciencia moral y jurídica, porque esta rama de la filosofía ha adquirido tal desarrollo y extensión, que merece capítulo aparte. Por esta razón se nota una tendencia muj marcada á separarla del árbol filosófico, para formar, con la sociología en sus múltiples aspectos, un grupo distinto, bajo la denominación de ciencias sociales.