Historia de la filosofía del siglo XIX · Unidad 11 de 60

Unidad 11 · CAPITULO IV

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CAPITULO IV

Continuadopes de lo8 sistemas postkantianos

I. Discípulos de Fichte, Schelingy Hegel.— íl. ídem do TIerb rt y Beneke.-III. Ídem de Schleíermscher y Krause.

Los sistemas que acabamos de exponer en el capítulo anterior representan las líneas más salientes del pensamiento filosófico en Alemania durante la primera mitad del pasado siglo. Mas al lado de esos grandes pensadores y por la vitalidad é influjo de sus ideas, vivieron y pensaron otros muchos filósofos, los cuales, sin haber obtenido la originalidad y amplitud de pensamiento, ni el prestigioso renombre de aquéllos, constituyen sin embargo un factor no despreciable en la evolución del movimiento filosófico. De ellos no podrá prescindir quien pretenda abarcar, aunque sea en síntesis, el conjunto de las ideas en Alemania en esa época, ni tampoco sin ellos es fácil apreciar debidamente la fecundidad é importancia de los grandes pensadores.

A la manera que la descripción de tres ó cuatro • árboles, por corpulentos que sean, no puede darnos idea exacta de la extensión, lozanía, flora y

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demás cualidades del bosque en el cual aquéllos se desarrollaron, así también no basta la exposición escueta de uno ó varios sistemas para juzgar del estado, condiciones, gustos y tendencias del medio filosófico en que vivieron.

Podrá existir un río caudaloso que, cual avaix) empedernido, no dé salida á su cauce para fertilizar los terrenos por donde pasa y que así continúe su curso hasta verter sus aguas en el océano; pero es de todo punto imposible el que un río de escaso caudal pueda fertilizar extensos territorios. Algo parecido ocurre en la marcha de las ideas. Aunque pudiera haber existido un sistema filosófico que, á pesar de sus méritos intrínsecos, coherencia en su construcción, originalidad en los horizontes que descubre, exactitud y novedad en las ideas, no haya logrado llamar la atención, á que tenía derecho, de la humanidad que piensa, es completamente imposible desconocer la importancia y virilidad de un sistema que ha conseguido reunir en torno suyo á un gran número de pensadores que lo propagan, lo amplían, lo corrigen ó lo modifican de alguna manera.

Estas consideraciones nos mueven á no pasar por alto aquellos filósofos, cuyo pensamiento principal y cuya dirección coincida con alguna de las señaladas en el capítulo anterior, aunque nos limitemos simplemente á enumerarlos y á indicar sólo aquellas de sus obras que ofrezcan un carácter personal más acentuado, á no ser que contengan alguna novedad interesante. Así podrá vislumbrar el lector algo de la literatura filosófica

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alemana, que sólo en muy pequeñas dosis conocemos.

No aspiramos á presentar una clasificación indiscutible. Desde luego reconocemos que muchos de los filósofos que aparecen como discípulos de Schelling, por ejemplo, podrían muy bien ser incluidos entre los de Hegel.

También debemos advertir que, para dejar acabada la exposición de este ciclo del movimiento filosófico, colocamos al lado de los que vivieron en la primera mitad de siglo, algunos otros que pertenecen á nuestros días.

Como filósofos, cuya labor se redujo principalmente á exponer y comentar las doctrinas de Fichte, deben ser mencionados los siguientes: Carlos F( rberg (1770-1848), muy amigo de Fichte y defensor entusiasta de sus doctrinas. Manuel Níethamer (1766-1848), que, afiliado en sus comienzos á la filosofía kantiana, siguió después las ideas del filósofo de Jena, ayudándole en la publicación del Philosophischen Journal. En sus obras se advierte el empeño en conciliar la teoría de la ciencia con la religión. Juan. Bautista Schad (1758-1854) que, educado en su infancia por los benedictinos de Banz y después por los jesuítas en Bamberg, entró como novicio en Banz. La iu-

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dependencia de su carácter no se doblegó á las condiciones de sumisión que exige la vida religiosa, y salió del convento. Fué prolesor de filosofía en la Universidad de Charkow. Sus obras principales son: una autobiografía, en la cual descubre las intimidades de su época de noviciado y trata duramente á sus antiguos hermanos los benedictinos (Schads Lehen-und Klostergeschichte, 2 vol., 1803-1804) y una exposición sencilla del sistema fichtiano (Gemeinfassliche darstellung des fichteschen Systems un der daraus hervor geh. Religions theorie, 3 vol. 1800-1801). Parece inclinarse á las doctrinas de Schelling en su obra S7/stem der Natur und Transcendentalphilosophie, 2 volúmenes, 1803-1804.

Salta á la vista el influjo del filósofo ae Jena en algunos filósofos de nuestros días, y aunque esos tales no se puedan llamar discípulos de Fichte en el sentido riguroso de la palabra, el subjetivismo que defienden cae dentro de la dirección señalada por la teoría de la ciencia.

Julio Bergm.nn, nacido en 1840, es hoy profesor de filosofía en Marburgo. De entre sus escritos nierecen especial mención: Sein und Érkennen, einer fundamental- philosophie Untersuchungen, Berlín, 1880. — Vorlesungen üher Metaphysik. Marburgo, mm.—Ueher das Schone, analitischen und histor-Jcritischen Untersuchungen. Marburgo, 1SS7 .—Geschichte der Philosophie en la cual se ve claro el gran aprecio que tiene Bergmann de la filosofía de Fichte. El objeto de la metafísica, según Bergmann, es

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aclarar y desenvolver por completo la idea de ser. Este, por razón de su amplísima universalidad, forma parte del contenido de todas las representaciones y es igual á la realidad misma. Su teoría acerca de las relaciones entre el pensamiento y el ser tiene muchos puntos de contacto con la de Berkeley, sin abandonar por eso el subjetivismo fichtiano. Para Bergmann el ser es un ser percibido (Percipirt-sein), pero no todo lo percibido existe, sino solamente aquello que entra como factor en la conciencia del sujeto pensante. Resulta, por tanto, que el concepto general del pensamiento ó de la conciencia es idéntico á la idea general de ser. En resumen, la metafísica como ciencia del ser es la ciencia del pensamiento ó de la conciencia; como ciencia de la realidad es la ciencia del yo.

La realidad de las cosas ha de concebirse como un conjunto de cualidades ó determinaciones, y ese elemento sustancial y permanente que en ellas suponemos es también una cualidad ó determinación de un conocimiento, aunque no sea el nuestro, en el cual se hallan todas las determinaciones de las cosas. Puesto que toda representación ó conocimiento es una imagen ó representación del mundo, á la cual acompaña indefectiblemente la conciencia de nuestro propio yo, el existir no significa otra cosa que la mutua conexión del yo con las representaciones.

Ni aun cuando se trata de la realidad del yo abandona Bergmann su idealismo, pues identifica el yo objeto del conocimiento con el yo sujeto.

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Rodolfo Eucken, (l) profesor de filosofía en Jena desde 1874, aparece en sus obras filosóficas influido por las ideas de Pichte y de Platón.

El objeto dominante de sus investigaciones ha sido averiguar si la multitud de fenómenos que aparecen en la conciencia puede reducirse á una unidad que los comprenda todos y por la cual se expliquen.

Empieza Eucken por afirmar que todos los fenómenos están sometidos á un fieri común (Gesamtgescliehen), siendo el yo el punto céntrico de todos ellos. Esta unidad no se logra suponiendo un alma individual enfrente del mundo; hay que darse cuenta de cómo lo individual procede y se deriva de causas cada vez más universales, hasta llegar á concebirlo todo como un sistema viviente. En este sistema viviente aparecen á primera vista dos aspectos: el naturalismo, en el que la vida del yo se manifiesta en cierta correspondencia rítmica con el proceso de la naturaleza, y el intelectuaüsmo, en el cual se presenta la vida como un acto superior del cual procede todo ser. Estos dos as-

(1) Aparte de sus trabajos concernientes á la historia de la filosofía como Geschichte md Krilik der Grunábegrifle der Gegenwarl (Leipzig, 1878), ha expuesto Eucken sus ideas en las obras: Prolegmena zur Forschung über die Enheit des Gmteslebfvs in Bewusslsein md T/ial der Mrnschheü (Leipzig, 1887). — Die Eiitheil des Geisteslebens in Bewustsem der Thal der Menschlieit {Leiifzig, 1888).— Z>ic Lebevsanschaungen der grossen Denker. Historia del desarrollo del problema de la vida de la humanidad desde Platón hasta nuestros días (Leipzig, 1890, 3.- edic. 1899) y DerKampium einem geistijen Lebensinkall, (Leipzig, 1896).

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pectos pueden todavía reducirse á uno solo, que Euken designa con el nombre de mundo de la personalidad ó personal. Pero es inconcebible un mundo de seres personales, si no se supone un ser personal universal que sirva de base y fundamento para el desarrollo de la vida de aquéllos. Ese algo que desde fuera favorece la vida humana es la unidad ideal del reino de la razón, y el ser personal viene á ser un ideal que tiende á completarse. No es menor la influencia de Pichte en Roberto Schelwien (l), que ha reformado la teoría de la ciencia, introduciendo en ella un elemento que el filósofo de Jena no había desarrollado, á saber, lo inconsciente. Según Schellwien, el verdadero punto de partida de la ciencia humana es la naturaleza inconsciente. Si suponemos en ésta una facultad por la cual se va anulando lo inconsciente, tendremos, poruña parte, la ciencia humana como resultado de esa anulación de lo inconsciente, y por otra, la vida inconscia de la naturaleza. Así puede decir Schelwien, que el hombre es en todo tiempo ser individual y universal, uno y todo, aunque jamás pueda representarse á sí mismo como un ser que todo lo comprende y todo lo explica. Por esto corrige la idea de Pichte, que identificaba la ciencia humana con la divina. Para terminar esta lista de filósofos que parecen dejarse influir por el subjetivismo de

(1) Sus obras principales son: Sein und Bewusslsein (Berlín, 1863); Philosophíe und Leben (Leipzig, 1898): Wille und Erkenntniss (Hamburgo, 1899^, j otras varias sobre la filosofía contemporánea.

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Pichte citaremos á Tnrique Rickert v Hugo Müns-

terberg (1863), profesores de filosofía en Friburgo y Cambridge, respectivamente. El primero se distingue por considerar al sentimiento como causa determinante de nuestros juicios y del carácter de necesidad que les otorgamos. El segundo sostiene que el subjetivismo de Pichte se armoniza con las modernas conclusiones de la psicología fisiológica, mejor que la metafísica objetiva (i). De entre sus obras merecen citarse las siguientes: Grundzüge der Psychologie (Leipzig, 1900).

(1) Pasamos por alto á Max Stirner (1806-1856) porque si bien sus doctrinas tienen bastante afinidad con las de íichte se hallan dentro del terreno de las ciencias eticas, bolo en atención á que parece resucitar de sus cenizas, pues en 1900 se ha hecho la tercera edición de su obra principal Der Emziye und sein Eii/enlhum que -e publico por primera vez en Leipzig el año 1845 y la P^paña

5 ! r/^ '! ^f ^"i?^,""*^" "' castellano (El mico u ,u propiedad Mnáná, 1901), resumiremos su pensamienio. Max ístirner, pseudónimo de Gaspar Schmidt, pretende convertir el jo en principio y fundamento de todas jas cosas pero no el yo absoluto é indeterminado como lo entendía Fichte, sino el yo individual y personal. Sólo JO existo, dice Stirner, todas las demás cosas son propiedades de mi JO j puedo utilizarlas según me convenga. Wada puede obligarme á que me reconozca como sometido ' a uii ser superior, llámese idea, sociedad, humanidad ó cnalquiera otra cosa Yo soj único en mi conciencia, y por consiguiente también soj único en cuanto al ser y en cuanto a la realidad. Este tema, verdaderamente ridículo desarrollado con tal alarde de anarquía j de egoísmo qué repugna, constituje el asunto de la citada obra. Estas afaciones de Stirner al egotrimo debieron ser ineficaces: porque no fueron obstáculo para que su propagandista, maestro de escuela en Berlín, muriera completamente

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Die Wülenshandlungen (Priburgo, 1888). — Ursprung de)* Sittlichkeit (ISS9).

Numerosos y de muy variadas aficiones científicas han sido los partidarios de las ideas de Schelling, pues entre ellos se encuentran no sólo filósofos sino historiadores, médicos y naturalistas, como puede verse en la rápida enumeración que presentamos.

G M. Kleins (1776-1820)'profesor de filosofía en Priburgo es uno de los más fieles propagandistas y defensores del sistema déla identidad.

Josué Stu'zmann (1777-1816) puntualizó y mantuvo el panteísmo de la filosofía schellingiana.

De más importancia por sus numerosos escritos es la labor de •

Jacob Wagner (1775-1841) el cual se distingue principalmente por el empeño de aplicar las matemáticas á la filosofía, como lo demuestran sus obras: Mathematische Philosophie {EvldiUgen, 1811) y Organon der menschlichen Erlcenntniss (Erlangeriy 1830). Wagner expuso el sistema schellingiano en sus escritos Von der Natur der Dlnge (Leipzig, 1803) y System der Idealphilosophie (Leipzig, 1804), pero combatió duramente el sabor místico y neoplatónico que adquirió el pensamiento de Schelling en su última ¡ase.

Los teoremas matemáticos, según Wagner, deben coincidir con las formas del pensamiento y del lenguaje; por tanto puede decirse que pensar es calcular, y un análisis químico no es otra cosa que una división. En el Organon afirma que el

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esquema fundamental de todo ser está formado por la esencia ó naturaleza (Wesen), la oposición, (Gegensatz), la conciliación (Vermittelung) y la forma (Form), y establece como ley universal, que la naturaleza de las cosas finitas pasa por contrastes intermedios á convertirse en forma, y la forma, mediante la conciliación y resolución de todos los contrastes, vuelve otra vez á adquirir su naturaleza simple. Así divide el Organon en cuatro partes: Sistema de las categorías, del conocimiento, del lenguaje y del mundo.

Federico Ast (1778-1841), historiador que concibe el desarrollo del pensamiento filosófico en la historia como sometido á leyes inflexibles de la razón. Bajo ese principio está concebida su obra Grundriss einer Geschichte der Philosophie (Landshut, 1807, 2.* edic, 1825). Más importante para la historia es su monografía acerca de Platón (Platons Leben und Schriften. Leipzig, 1816, en la cual combate la autenticidad de algugunos diálogos que generalmente se atribuyen á aquel filósofo.

Tadeo A. Ríxner (1776-1838), historiador también de la filosofía, que se aficionó en un principio á las doctrinas de Schelling, y aplicó después á la historia las tef)rías hegelianas. Digna de mención es la obra que escribió en colaboración con Tadeo Siber acerca de la vida y opiniones de físicos célebres de fines del siglo xvi y comienzos del xvii (Leben und Meinungen berilhmter PhysiJcer am Ende des 16, und zu Anfang des 17 Jahrhunderts. Sulzbach, 1819-26).

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Lorenzo Oken (1779-1851), naturalista célebre, que se entusiasmó desde muy joven con las doctrinas de Schelling y quiso trasportarlas al terreno de las ciencias naturales. Para Oken toda filosofía debe reducirse á la filosofía de la naturaleza; y ésta no significa otra cosa que la transformación eterna de Dios en el mundo. La serie de transformaciones que Oken imagina, son una prueba de las extravagancias á que puede llevar la aplicación de los métodos idealistas al estudio de los fenómenos naturales.

Juan de Berger (1772-1833), intentó conciliar las doctrinas de Schelling con las de Pichte, mostrando claramente su predilección por el primero.

Enrique Blasche (1776-1832), pedagogo y aficionado á los problemas religiosos, pretendió también vulgarizar las teorías de Schelling.

Enrique de Schubert (1780-1860), místico y teósofo, que en sus numerosas producciones literarias de asunto psicológico, se nos muestra como un genio extravagante que no se somete á las exigencias del método científico.

Carlos Burdach (1776-1847), conocido por sus numerosos trabajos de psicología.

David Suabedissen (1773-1835), que convierte el conocimiento de sí propio en centro del saber filosófico. En sus escritos se advierten influencias no sólo de Schelling, sino también de Kant, Reinhold y Jacobi.

Cristiano Sibbern (1785-1872), profesor de Kopenhague y que tanto ha influido en la dirección filosófica de Dinamarca, y su compatriota Oersted

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físico notable, sobre todo por haber descubierto el electromagnetismo, educados ambos en Alemania, llevaron á su país las doctrinas que les había inculcado el naturalista, discípulo y admirador de • Schelling, Enrique Steffens (1773-1845). f Entre los médicos que se distinguieron por sus aficiones al sistema de la identidad, mencionaremos al famoso botánico Esenbeck (1776-1858); al biólogo, que tanto trabajó por resolver el problema del conocimiento, Vital Troxier (1780-1866); al moralista, que se empeñó en sustituir la filosofía por las creencias religiosas, Adolfo Eschenmayer (1770-1852); al fisiólogo y anatómico Carlos Gustavo Carus (1789-1869), etc.

Para terminar citaremos á Fernando Solger (1780-1819, y Francisco Baader (1765-1841).

El primero estudió en Jena con Schelling. Discípulo del célebre filólogo Wolf , publicó una traducción en verso de Sófocles, y debe su notoriedad científica más bien á los trabajos de estética que á los puramente filosóficos. Prescindiendo de los primeros, señalaremos las ideas de Solger acerca de la filosofía en general.

La filosofía, dice Solger, ha de proporcionar á la vida entera del espíritu un centro de apoyo en las profundidades de la conciencia. Debe reconocer como indubitable que la conciencia individual es tan sólo una expresión particular de la conciencia universal, habiendo entre las dos unidad perfecta. El filósofo ha de prescindir en los fenómenos sometidos á su observación, del carácter accidental y pasajero que presentan, para no ver en

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ellos más que lo eterno y lo perfecto; de esta suerte, las dü'erencias y contradicciones que aparecen en el conocimiento vulgar, quedan armonizadas y resueltas en el conocimiento filosófico, por el cual se llega á ver la unidad de todas las cosas, la conciliación de todas las oposiciones, en la unidad viviente de la conciencia divina. El método que Solger prescribe para la filosofía es una dialéctica especial, que algunos consideran como la forma de transición de la teoría de la ciencia de Fichte á la lógica de Hegel (1).

El segundo, ó sea Francisco Baader, es un teólogo católico que, educado en la filosofía idealista, ha dado á la interpretación de los dogmas cristianos el sabor místico-panteista del sistema schellingiano. No puede decirse que Baader nos haya dejado una filosofía propia, pero sí que llegó á formar una escuela teológica.

Señalaremos los puntos capitales de esa escuela, con la seguridad de que al hacer esto, señalamos al propio tiempo las ideas filosóficas de

Baader.

Según éste, hay unión tan íntima entre Dios y el hombre, que la ciencia humana es sólo una participación de la divina, hasta el punto que sin ésta nada podemos comprender. Por esto nos es imposible demostrar la existencia de Dios, aunque podamos aclarar de algún modo esa convic-