Historia de la filosofía del siglo XIX · Unidad 50 de 60

Unidad 50 · CAPITULO XVI

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CAPITULO XVI

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losofla escolástica en Alemania y otros paises

,„, cai6Ucos en A.emani.. - «-'.»-''fJ^:j!!EreC;sUciZ Publicaciones fllosóflcas ■"*' 'T'^H^rineLtórr. en suiza. Hungría, Bohemia, Holanda é Inglaterra.

En pocas naciones de Europa han dado los católicos mayores muestras de actividad y buena dirección para la defensa de sus ideales en ^lo so cial y político que en Prusia y Alemania. Desde

nue el valiente GOrres indignado por las violencias del primer Kulturkampf , que empezó con la prisión del Arzobispo de Colonia en 1837, escribió su Athanasius en el cual no se limitaba a protestar de la injusticia sino que exhortaba a los católicos á unirse y organizarse, como el remedio único de evitar en lo sucesivo ulteriores atropellos ha crecido prodigiosamente la influencia socia del catolicismo en aquellos países. Pero si&orres ha sido el primero en dar la voz de alerta para la unión de los católicos, y por ello se designan con su nombre algunas de las instituciones sociales que estos han organizado posteriormente, es m-

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dudable que la organización y tendencias de la política actual de los católicos en Alemania se debe en su mayor parte al ilustre barón de Kette- 1er. Secretario del gobierno de Münster abandon(') el cargo para entrar en el sacerdocio, y con tal acierto y desinterés ejerció las funciones del ministerio parroquial en los curatos de Beckum y de Hopsten que los electores del distrito al cual pertenecía su paiToquia, y que eran en su mayoría protestantes, le eligieron para su representante en la Dieta nacional de Francfort. Los discursos en el Parlamento, su Carta abierta á mis electores en la que sostenía el derecho de los padres á la educación de sus hijos, las conferencias que á ruego del obispo de Maguncia pronunció en esta ciudad, dieron tal relieve á su figura política que se le nombró arcipreste de Santa Eduwigis, en Berlín, y poco después obispo de Maguncia. Elegido en 1873 miembro del Reichstag, publicó su Proyecto de un programa político para los católicos alemanes en el cual pedía: 1 .^ la prohibición del trabajo en las fábricas á los que no hubieren cumplido 14 años; 2.^ la prohibición del trabajo en las fábricas y talleres á las mujeres casadas; 3.^ la prohibición del trabajo en los domingos y días festivos; 4.% la jornada de diez horas para todos los obreros, y 5.°, la creación de inspectores encargados de vigilar el cumplimiento de las leyes destinadas á proteger la clase obrera. Este programa han defendido en el Reichstag los diputados católicos dirigidos por Windthorst (1812-1891), secundados en esta labor social por

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el clero. En esta colaboración se han distinguido los sacerdotes Hitze y üasback, el P. Kolping, cuyas instituciones obreras se han extendido por todas las provincias de Alemania, Raiffeissen, el fundador de las cajas rurales, el párroco de Mulhouse, Winterer, autor del Socialisme contemporaine (1894, 2.'' edic), y otros.

Al propio tiempo que los católicos alemanes se organizaban para la lucha política y dejaban sentir su influjo bienhechor sobre la masa obrera, iban desapareciendo también las diferencias de criterio en materia filosófica y, abandonando las doctrinas de Günther y Froschammer, y los resabios del subjetivismo kantiano, han llegado los pensadores católicos á restaurar brillantemente la filosofía escolástica. De entre esos beneméritos del escolasticismo, hay unos que se han consagrado especialmente á divulgar las tesis fundamentales de la filosofía tomista, ampliándolas con la discusión de los problemas contemporáneos, y otros que con su pacientísima y acertada labor de investigadores contribuyen al esclarecimiento de la historia de la filosofía medieval.

Expondremos sucintamente los trabajos de mayor importancia en cada uno de esos dos órdenes, doctrinal é histórico.

Casi al mismo tiempo que aparecía en Ñapóles la Philosophia christiana de Cayetano Sanseverino, publicaba en Münster el famoso jesuíta Padre Kleutgensu PhilosopJiie der Vorzeit vertheidigt (1860-63; 2.* edic, 1878-79). A ejemplo de Mel-

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— 498 — chor Cano, que se propuso analizar los fundamentos de la teología para responder a los ataques de la Reforma, cree'necesario el P. Kleutgen ante las exigencias del espíritu crítico iniciado por Descartes, examinar las tesis fundamentales de la filosofía escolástica. Como se ve, el sacerdote napolitano y el jesuíta alemán coinciden en sus aspiraciones, puesto que uno y otro se proponen restaurar el escolasticismo, reclamando para él un lugar preferente en la filosofía contemporánea. Sin embargo, sus obras respectivas, que pueden considerarse como los trabajos de mayor resonancia y mejor acreditadas, aún después de la encíclica Aeterni Patris. difieren mucho en cuanto á su construcción y factura. La obra de Sanverino es una exposición completísima, erudita y que no deja ni los pormenores más insignificantes de la filosofía escolástica, mientras que la del P Kleutgen es un análisis muy concienzudo de lo que constituye, por decirlo así, el nervio de la escolástica, y forma una serie de monografías. Estas son las siguientes: De la representación intelectual, del realismo, nominalismo y formalismo, de la certeza, de los principios, del método, del ser, de la naturaleza, del hombre, y por último, de Dios. Por esta división y enunciado de las materias tratadas por el P. Kleutgen, puede ya adivinarse que su trabajo no es sim piemente el de un compilador que ordena lo que otros han pensado. El eminente jesuíta, ademas de exponer los principios escolásticos en términos claros y precisos, sabe aplicarlos á otras mu

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chas cuestiones de la filosofía moderna. En confirmación de esto podríamos citar, por ejemplo, algunos capítulos de su primera monografía acerca°de la representación intelectual, en los cuales analiza con profunda penetración las distintas clases de conceptos (propios é impropios) que podemos formarnos de las cosas, según que puedan percibirse ó no percibirse por los sentidos. Distinción que facilita mucho la solución de los^ reparos que el positivismo opone á la metafísica. En lo que se refiere al problema crítico, sostiene que la evidencia es el fundamento subjetivo de la certeza, pero la norma suprema de la verdad son los principios absolutos de la razón.

Finalmente, el P. Kleutgen, en la tendencia apologética de su obra se ha fijado de un modo muy principal en rectificar las censuras que contra la escolástica habían dirigido sus compatriotas Mermes, Günther y Prohschammer (1).

En esta labor de exponer y vindicar la escolástica le han imitado los autores de la llamada Philoüo/)Ma lacensis, escrita por sus hermanos en religión los PP. Pesch (t 18^9), Hanteim y Th. Meyer, y que comprende los siguientes volúmenes: Instiéutiones logícales, 3 Yoh—Institutiones pMlosophm naturalis, 2 vol.—lnstihitiones ps^chologicae, 3 \o\.—lnsHtutiones Jheodiceae sive Iheo-

(1) Esta obra ha sido tradncida al francés por el P Sierp La phiL scliolasüque exposée el délendm (París, 1868-70 4 vol., y al italiaao, La fil. antica esposta e di¡esa (1886). Unos años antes escribió su Tkeologie der Vorzeit vertlieidigt (4 vol. Münsler, 1853-1860.)

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logüie naturalis.-'InstituHones juTis naturalis, 2

volúmenes.

De los tres volúmenes que ha consagrado el P. Pesch á la lógica, el último, con el nombre de lógica real, es una verdadera ontología.

Los críticos le han censurado y no sin motivo la falta de orden en la exposición de materias, pues por la preferencia que da al método pedagógico llamado circular, se ve obligado á tratar una misma cuestión en varios lugares, resultando de aquí, no sólo repeticiones sino también molestias parad que necesita consultar su obra. Su apego al escolasticismo medieval le lleva hasta el extremo de seguir en la exposición de cada cuestión en particular el mismo plan que Santo Tomás en La Summa theologica; empieza por las rationes duhitandi (frase latina de mejor gusto que la empleada por aquél, videtur quodnon...); después viene la tesis y á la postre resuelve las dificultades. Y para que la imitación sea completa, trata separadamente y en forma de preguntas, algunas cuestiones secundarias, como remembranza de las famosas quohlihéticas . Como introducción da un resumen de la historia de la lógica, el cual es más bien un compendio de la historia de la filosofía con ligeras indicaciones acerca de las vicisitudes de la lógica; sólo así se explica el que pase por alto la lógica de Boecio, el tratado de Miguel Psellus, y que incluya á Petrus Hispanus entre los escolásticos de la edad moderna. Compendiar los materiales abundantísimos que acerca de la lógica nos presenta el P. Pesch, es tarea muy

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larga. Baste decir que su obra es uno de los repertorios de lógica escolástica más copiosos y mejor informados. En la parte crítica sostiene la teoría de las tres verdades del P. Tongiorgi; discute amplamente las opiniones de los lógicos sobre la naturaleza de la inducción, aunque nada dice de los métodos inductivos; y en los distintos lugares de su obra en que aborda el problema de los universales, ha reunido todas las ocurrencias de los escolásticos sobre el particular. Lo más interesante y personal de esos tres volúmenes es la parte última, dedicada al examen de los métodos filosóficos modernos, empirismo, intelectualismo exagerado de Descartes, dogmatismo de la especulación pura de Spinoza, método constructivo, eclecticismo, tradicionalismo, etc.

En sus Institutiones p/iilosopMae naluralis, además de coleccionar y explicar todo cuanto los escolásticos han discutido sobre lo continuo y lo extenso, sobre la naturaleza de la materia y la forma, sus propiedades y mutuas relaciones, los sistemas cosmológicos, el movimiento, lo infinito, el espacio, el tiempo y demás ideas generales que surgen de la mera contemplación del universo corpóreo, el P. Pesch contrasta las soluciones aristotélico-escolásticas con todas aquellas que la historia de la filosofía nos presenta como de mayor interés, y busca en las modernas hipótesis de las ciencias físico-químicas la confirmación de la cosmología escolástica. Sobre este asunto ha vuelto á insistir en su obra Die grosse Welirmsel (Priburgo, 1892), que se ha traducido

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al castellano con el título Los arcanos del Uníverso. En ella, después de demostrar contra el empirismo el carácter científico de la filosofía natural, critica las doctrinas cosmológicas de Descartes, Kant, Leibniz, Schopenhauer, Fechner, etcétera, para concluir que sólo hay un monismo verdadero, aquel por el cual el mundo se reduce á Dios como á su fin.

La misma fidelidad escrupulosa para con la escolástica medieval observamos en las Institutiones psychologicae del P. Pesch, sin que esto pueda atribuirse á ignorancia de las modernas tendencias psicológicas, pues su obra está llena de citas de psicólogos modernos, como si quisiera hacer alarde de erudición. Divide la psicología en natural, que trata del alma como principio de la vida en los seres orgánicos, y antropológica en la que incluye solamente las funciones de la vida intelectual. Sigue el método analítico-sintético , pero lo aplica de tan extraña manera que en vez de proceder con el orden indicado en el principio escolástico, según el cual los actos dan á conocer las facultades v éstas sirven de medio para penetrar en la esencia, sigue casi un orden inverso, pues consagra el primer volumen al estudio de la esencia de los seres orgánicos, ó. sea el alma en las tres clases de vivientes, su naturaleza y origen, mientras que en el segundo'se hace cargo de lo que él llama vida accidentaria, potencias y actos de la vida sensitiva, reservando para el tercero el estudio de las funciones del entendimiento jr de la voluntad, de las relaciones de la vida es-

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piritual con la orgánica y por último de la vida del alma separada del cuerpo. El modo de apreciar y resolver las cuestiones es el mismo que emplearon sus colegas del siglo xvii Silvestre Mauro, Alamannus, etc. Citaremos, sólo por vía de ejemplo, algunas tesis: "Propter immutationes naturales (sive physicas sive physiologicas), quae in ómnibus sensibus externis sunt ad sentiendum necessarise, requiruntur etiam inmutationes intentionales sive psychicce (vol. II, iiúm. 502).— In negotio, quo species intelligibiles primitivae etficiuntur,phantasmata videnturesse causee veré eficientes (III, 57).,, Mas no se entienda por esto que el P. Pesch se ha limitado exclusivamente á recopilar las ideas de sus antecesores, pues á esta labor añade la discusión de las opiniones que se ventilan fuera de la escolástica, siempre que es- . tan en contradicción con ésta. Noví errores impugnandi sunt veritate antiqua, es el lema que pone en la primera página de sus libros y que es á la vez expresión de su conducta. Y si huye de toda innovación, es porque se juzga impotente para resolver problemas tan vastos y complejos, y estima más prudente seguir con docilidad las huellas de los que la tradición ha mirado siempre >c como los grandes maestros del saber, Aristóteles y su comentarista Sto. Tomás. Así nos lo dice en el prólogo de sus InstittUiones phil . naturalis (1).

(1) A estas obras del P. Pesch debemos añadir: Aon / el le scienoe moderne traducida por Lequien, (París, 1894); Le Kantisme et ses erreurs, trad. por el mismo, (1897); Das

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- 504 — El P Honteim sigue la misma conducta en su leodicea. Posteriormente ha hecho una aplicación de las matemáticas á la lógica, con el objeto de hacer palpables las leyes de la lógica por los símbolos algebraicos, en un opúsculo Der logtsc/ie Alqorümus, Berlín 1895. , c „

Aunque inspirándose en los prinpipios de banto Tomás, el P. Meyer no ha omitido ninguna de las cuestiones que actualmente se plantean en el terreno de la moral y del derecho. Nos llevaría muY lejos si hubiéramos de resumir el cauda inmenso de materiales que contiene la obra del sabio jesuíta. Baste decir que es uno de los trabajos más completos sobre la moral cristiana.

A eiemplo de los anteriores han publicado en Friburgo los profesores del colegio de St^nyhurst otro curso de filosofía escolástica (1) pero mucho más reducido y compendiado, aunque las ideas y las tendencias vienen á ser iguales, con sólo la diferencia de que en metafísica se nota una cierta predilección por Suárez en las cuestiones relativas á la distinción entre la esencia y existencia, V al principio de individuación. El P. Bodder en la psicología tiene en cuenta los resultados de la

WeUvhanmen eitie erkenntnisihewei. Stu^um, (Friburgo, 188?); S «;<< Leib ais .«•« Bestandihéle der ««*» Men,-

'* nT^Tomirende los volúmenes siguientes: I ü>sica, no el P Fr^ck"-II. Otología ,ive Metaphysm generah,

^el mismo autor.-III, PhilmpMa '"•""•«'"•pP^Ráder - Haan.-IV, Psychologia ralu>nal>s, por el ?• «"^^^ V. Theologia naluralis. por el mismo.— VI, Philmopina mo ralis, por el P. V. Cathrein.

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psico-flsiología. La moral de V. Cathrein es un compendio de la que el mismo Padre publicó en alemán, MoralpMlosopMe (Friburgo 1890, 3." edición aumentada 1899), obra esta última que ha merecido los aplausos aun de los que suelen censurar á los moralistas católicos, porque no saben señalar otro fundamento á la moral cristiana que el puramente teológico. Distingüese el P. Cathrein, sobre todo en la segunda parte de su obra, por la moderación y amplitud de criterio con que resuelve aquellas cuestiones, como el socialismo, el derecho de propiedad, el préstamo, el origen de la soberanía, los derechos de la Iglesia y del estado en la enseñanza, etc., sobre los cuales tanto abundan las soluciones extremadas en uno ú otro

sentido.

Antes que Meyer y Cathrein, escribió el Padre Co&ta-Rossetti su PMloKopMa moralis (2.'' edición 1886), que ha servido de fuente de inspiración en estos últimos años para la mayor parte de los moralistas católicos.

Los dominicos de la universidad de Friburgo no han publicado, al menos que yo sepa, un curso completo de filosofía, mas no por eso ha sido su labor menos fructuosa é interesante. Aparte de sus investigaciones históricas sobre la filosofía medieval, se les ve también estudiar á fondo determinadas cuestiones de asunto especulativo, animados del mejor espíritu para hacer progresar la síntesis escolástica. Buena prueba de esto son los trabajos del P. Coconnier y otros, de los cuales hemos hablado anteriormente. (Véase pág. 485;.

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En esta misma dirección de restaurar el tomismo acomodándolo á las necesidades de la época presente, viene colaborando Costantino Gutberlet, profesor del Seminario de Falda. Su Lehrhuch der Pküosophie (2.* edic. Münster 1890) es de un fondo escolástico irreprochable; pero rejuvenecido y completado en lo posible por las ideas modernas; así por ejemplo define la belleza la manif es ¿ación de la idea por una forma sensible, utilizando la labor de sus paisanos sobre este asunto; y en Psicología se hace cargo de las cuestiones sóbrela objetividad real de nuestros conocimientos, sobre la localización de las sensaciones, sobre el innatismo y el empirismo en la noción del espacio, etc. Sigue á Suárez en las discusiones acerca de la ciencia media y la distinción real entre la esencia y la existencia (1).

A esta labor hay que añadir la acertada dirección que ha sabido dar á la revista PMlosophisches Jar/ihucJi. Desde su organización, la Górresüesellschaft tenía en proyecto fundar una revista de filosofía, siguiendo las indicaciones de la encíclica Aeterni Patris, pero no pudo realizarlo hasta 1888, en que apareció el PMlosophisches Jahrhuch, bajo la dirección de Gutberlet y Phole, profesores del Seminario de Fulda. En el artículo-programa, al exponer Gutberlet la tarea que debían imponerse los filósofos cristianos, se ex-

(1) Ha escrito además: Elih utul Relrnon (Miinsl^r 1892); Die Willetisfreiheit und ihre Gegner (Fulda 1893); Der mechanische monimus (Paderborn 1893); Z>er Mensch, sem ¿rsprung und seine Enltrickiung (ibid. 1896), etc.

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presaba en los siguientes términos: . Pro curaremos nspirarnos en la filosofía de Santo Tomas, porcue con él ha adquirido la filosofía cristiana su más completo desarrollo; mas no por eso renunciamos á mejorar, completar y aun contradecir al án-el de las Escuelas, siempre que sus opiniones no estén de acuerdo con la verdad. ^ Para prevenir los reparos que pudieran dirigirle, decíaraba que en su filosofía no echarían de menos ni la libertad de juicio ni la independencia de criterio. In duHis libertas, in neces arns unu tas.inomníbus chantas, ósi.% dice, será nuestra