Historia de la Real Junta Particular de Comercio de Barcelona (1758 a 1847) · Unidad 169 de 214
Unidad 169 · 344 HISTORIA DE LA REAL JUNTA PARTICULAR
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y en ellas tomó parte activa el famoso catedrático de ♦ Economía y Constitución » Fr. Eudaldo Jaumandreu, ifuien, como secretario de la Comisión, mantuvo activísima correspondencia con los diputados por Cataluña.
En 28 de marzo de 1822, el Ayuntamiento hizo presente a la Junta (que ya no era Real, sino Nacional) de Comercio que estaba próxima a establecerse la Sociedad Económica de Amigos del País y, por lo tanto, juzgaba que no era necesaria la Comisión de Fomento, pues dicha Sociedad sería la indicada para desenvolver los fines que ésta se proponía. No fué de esta opinión la Junta, y, por lo contrario, se mantuvo en su propósito de que continuara actuando la Comisión aun cuando el Ayuntamiento no quisiera formar parte de ella. Y así la Comisión quedó solamente constituida por los Sres. Vedruna, Bacardí, Lletjós y Vigrer, con Fr. Eudaldo de secretario. La Representación que la Junta y Consulado Nacional de Comercio de Cataluña dirigen a las Cortes manifestando los funestos resultados que acarrearía a la España cualquiera modificación en el sistema prohibitivo, que se imprimió y repartió entre los diputados y personas influyentes, es obra, sin duda, de Fr. Jaiimandreu y verdaderamente notable por la solidez de unos argumentos y por la puerilidad do otros y sobre todo por el conocimiento que demuestra de las teorías económicas de su tiempo. La forma es a veces dura y amarga.
Decía la Representación que la base primera de la prosperidad de los Estados estriba en el bienestar interior, en que estén provistas las necesidades propias para lanzarse luego a la conquista de mercados exteriores. La primera ley era, por lo tanto, que el mercado interior estuviera provisto por los comerciantes, industriales y agricultores nacionales, para evitar la salida de riqueza. Así era preciso vigorizar el sistema prohibitivo para dar, merced a los recargos a la importación, mayores facilidades a la actividad nacional en su lucha con la extranjera. Hace notar cómo, no obstante las teorías de Say y de Smith, ni Francia
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ni Inglaterra abandonaban su proteccionismo, y cita los desastrosos efectos que causaron a Francia los tratados de libre comercio con Inglaterra de 1786 y antes el de 1703 con Portugal. En España misma había crecido la población y la riqueza desde Felipe V hasta Carlos IV, que fueron proteccionistas, degenerando todo después, cuando irritantes concesiones hicieron ilusorio el sistema proteccionista.
Luego volvía la hoja la Representación y, después de atacar con energía al contrabando, declamaba amargamente contra las modas que imponían los géneros extranjeros. Decía que era una vergüenza ver cómo se vendían públicamente artículos de contrabando, burlando la ley, de lo cual tenían la culpa las «personas de la Corte Real», los militares y dignatarios que vestían ropas y modas extranjeras, y pedía que todo ello se acabara adoptanda las siguientes medidas: que en el Real Palacio no se admitiera a nadie que no vistiese géneros nacionales y que perdieran su puesto los funcionarios y militares que no abandonaran su uso. «¿Cómo es posible — dice — que el noble orgullo español, que ha sabido proclamarse independiente y sostenerse de tal modo contra el poder colosal de la Francia napoleónica, se haga dependiente ahora de la Francia real y de otras naciones, prestándolas una especie de vasallaje?... Echamos de nuestro suelo a los franceses, pues no quisimos mirarlos como señores de nuestro reino, ¿y nos haremos esclavos suyos por el capricho, contribuyendo como subditos al fomento de su riqueza despreciando y abatiendo la nuestra?»
Hace luego alusión a las libertades de que gozaba España por su nueva Constitución y a continuación cita las siguientes palabras de Mably: «... el comercio, a excepción de las concesiones que miran al derecho de gentes, nunca debe ser objeto de negociaciones. Cada potencia, en esta parte no debe depender más que de sí misma. Luego que haya formado los reglamentos que crea los más sabios con relación a su situación, a la naturaleza de sus riquezas