Memoria histórica de las posesiones hispano-africanas · Unidad 144 de 388

Unidad 144 · POSESIONES HISPANO-APRICANAS 18'

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POSESIONES HISPANO-APRICANAS 18'

CAPÍTULO XV.

Sulii" al troao Felipe II.— Se piensa en reconquistar á Bugía \ Trípoli.— Entran loa Tarcos en Cindadela de Menorca. — Muerte del Conde de Aleándote, Gobernador de Oran.— Sale armada contra Trípoli. Hazañas de Juan Cañete. —Conquista de los Xerves. — Derrota ile la armada española.— Se apodera Sinán del Castillo de los Serves.

A consecuencia de la abdicación de Carlos V, subió al trono Felipe II, y pronto tuvo que ocuparse en los asuntos de África.

Pensóse primeramente en reconquistar á Bugía. Los Reinos de Castilla, Valencia y Cataluña, ofrecieron hombres y dinero en el 1557, y el Cardenal D. Juan Martínez Silíceo ', á imitación del Gran Cisneros, se ofreció para Capitán de la empresa, si se le ayudaba con 300.000 ducados. Consultóse al nuevo Key, quien lo aplazó para cuando volviese á España; mas encrudeciéndose la guerra de Flandes, en ella se emplearon los subsidios otorgados para reconquistar á Bugía; que siempre la necesidad presente manda con más imperio.

La pérdida de Trípoli había cuajado de piratas los mares de Sicilia, campo habitual de los corsarios del terrible Dragut. La escuadra turca, al mando de Piali, investigando playas, codiciaba larga presa, y después de haber sembrado el espanto y la destrucción en su camino, el 2 de Julio de 1558 cayó sobre Menorca y sitió á Ciudadela que resistió cinco asaltos: sus últimos defensores, intentan romper las líneas; rechazados, entran los Turcos en la población y pasan á cuchillo á 150, resto de los 700 que encerraban sus muros.

Dolorosa pérdida, pero menor de la que algo después sufríamos en África. En el pasado año de 1557, Solimán, para aplacar las turbaciones de Argel abanderizada después de la muerte de Hascén Corzo, había nombrado por Gobernador á Hascén, hijo de Barbarroja. El Xerife de

i Era su apellido Guijarro, pero si^uicuilo la costumbre de la época, lo latinizó cuando ora estudiante, llamándose silíceo: sus parientes dejaron también el apellido castellano \ adoptaron el 1 iliuo.

I8X PARTE III— C4PÍTUL0 XV

Marruecos con quien mantenía España buenas relaciones, vino á sitiar á Tremecén que obedecía á los Argelinos; pidió artillería al Gobernador de Oran, Conde de Alcaudete, quien no queriendo ponerla en aventura, se la negó: por ello, y por haber acudido Hascén al socorro con más de 20.000 hombres y una fuerte escuadra, levantó el cerco acosado por el Argelino que le derrotó junto a Fez. Alcaudete, como varón de larga experiencia, quiso aprovechar el enojo del Xerife y propúsole confederarse y atacar á Tremecén y á Mostagán, quedando aquella plaza por suya y ésta para España. Vino en ello el Xerife, y el Cunde solevantó las tribus enemigas de Argel, y cuando lo creyó en sazón, marchó á la Corte, expuso sus planes, y aunque con repugnancia de los Consejos de Estado y Guerra, logró por fin que se le autorizase. El 26 de Agosto de 1558, dejando confiada la plaza á su hijo mayor D. Alonso, salió el Conde con 6.500 peones, 200 caballos y á más los aventureros, llevando por segundo á su hijo D. Martín de Córdoba, mancebo de grandes esperanzas.

Temiendo la veleidad natural de los Moros y no fiando en sus promesas el sustento del ejército, cargó de vitualla y munición nueve bergantines, que costeando habían de apoyarle en sus operaciones. Cual lo había sospechado, acontecióle: los Moros en vez de unírsele, según lo ofrecido, levantaron bienes y hacienda y se refugiaron en Mostagán. A los pocos días hambreaba el ejército y tuvo que torcer la ruta en busca de la flota. Acometióle gran golpe de Turcos y Alárabes, pero desbaratados con pérdida de 300, acogiéronse á Mostagán y el Conde hizo vía hacia Mazagrán, en busca de los víveres que necesitaba en gran manera. Desgraciadamente, una escuadra argelina, que venía de saquear á San Miguel del Condado de Niebla, topó con los bergantines, y apresándolos quedó sin vitualla el ejército. Acongojóse la gente, y quién quería volver á Oran por municiones y víveres; quién, combatir á Mostagán, donde encontrarían abundancia de bastimento y fácil defensa contra los enemigos. A esta opinióu se arrimó el Conde, porque no se dijera había retrocedido; vano punto de honra, que no debió prevalecer contra ia razón de la guerra.

Acometió la vanguardia, rompió á la guarnición que esperaba fuera de Mostagán, y tan brava siguió en la acometida, que algunos peones se encaramaron en los muros, y un Alférez llegó á plantar su bandera. Temiendo quizá un descalabro, el Conde, en lugar de favorecer, prohibió hasta usando de la fuerza, secundar tan venturoso ataque: obedecieron los soldados, que el mandar es de la cabeza, aunque el error del que manda lo hayan de pagar todos.