Memoria histórica de las posesiones hispano-africanas · Unidad 159 de 388

Unidad 159 · 20 i PARTE IH— CAPÍTULO XVI

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20 i PARTE IH— CAPÍTULO XVI

y Mazalquivir hubiera llevado tras sí la despoblación del litoral de la Península, y en las costas de África la ruina completa del poderío español i.

I Por tan hcrói-ase estimó la defensa de Mazalquivir, que el Príncipe D. Carlos, hijo de Felipe II, previno en la 10.a manda de su testamento, que se luciese una renta perpetua de 3.000 ducados para D. Martin de Córdoba, hermano del Conde de Alcaudete, en premio de la defensa de Mazalquivir, que hizo en 1563, por la voluntad que siempre ha tenido Je hacer bien, y merecí d los que aventajadamente sirven.

POSI SIONES HISPANO-AFRICAN IS 308

CAPÍTULO XVII.

Prueba inútilmente D. Sancho ili* Leiva La re son [uista del Peñón de Vélez. — Tómala I). García de roledo. -Ü Uraro r.i/ni obstruye la desembocadura del Marfil.— Muere Dragnt. — Ataques á Melilla. — Batalla de Lepante — Al-Ucb-Ali se apodera de Tdnez.— Expedición \ tomillo Iuiilv. por D.Juan de Austria. —Al-Uch-Ali \ Sinán conquistan la Goleta. —Intenta BOcorrerlaD. Juan.— Piérdese Tdnez. — Ríndese el fortín del Estanque.— Sentimiento de l). Juan.— Retuérzanse las plazas africanas.— Abd-el-Malek destroza al Xerile aegro. leude éste al Rey Felipe.— Despnés á l). Sebastián de Portugal. — Batalla de Alcazarquivir.- I aión de España y Portugal.— Treguas con Muley-Achmet.— Muerte de Felipe u.

Apenas se retiró la armada española, diseminada la argelina siguió desolando las costas de Andalucía, Valencia y Cataluña. A fines de Sctiembre de 1563, en las Cortes que Felipe II celebró en Monzón, de tránsito para 1$ ireelona, le expusieron los Procuradores el aflictivo estado de aquellos pueblos, ofreciéndole cuantioso servicio, y el Rey á los Procuradores, que destinaría una escuadra para defender las riberas. En ánimos estaba D. Felipe, de conquistar las plazas que nos habían pertenecido. Para ello sustentaba tratos y confidencias con los Moros. Pedro Yenegas, Gobernador de Melilla, preciábase de saber por lenguas seguras que los naturales tenían desguarnecido y descuidado el Peñón de Vélez, fácil de ocupar por un golpe de mano. Con estos informes, dio orden el Rey á D. Francisco de Mendoza, para que tentase la empresa, y por su enfermedad á D. Sancho de Leiva, General de las galeras de Ñapóles. Ei 22 de Julio de 15G4 salió de Málaga, sin descubrir el objeto de la expedición; fondeó en la isla de Arbolan á 30 leguas de África; comunicó á los Jefes sus instrucciones; juzgaron los más que no podría tomarse el Peñón por el poco aparejo que llevaban; mas D. Sancho siguió su rumbo, que no se le había encomendado decidir, sino ejecutar.

Arribó al Peñón y tentó, aunque inútilmente, una sorpresa: acometido por los Moros, se replegó sobre la Ciudad de Vélez; envió por víveres á las galeras al Conde Sofrasco, Genovés, que hubo de ciar desordenado por los Cabilas que descolgaban grandísimas galgas desde las cumbres del Baba, Cantil y Morabito: un nuevo reconocimiento dio iguales