Memoria histórica de las posesiones hispano-africanas · Unidad 189 de 388
Unidad 189 · 238 PARTE III— CAPITULO XIX
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238 PARTE III— CAPITULO XIX
echa á fondo un navio. Las Capitanas, como de común acuerdo, se aferran, la tripulación se agolpa hacia aquel lado y pugna arriscadamente por vencer al enemigo. Entre los del convite estaba D. Juan de Ariño, nadador extremado y de más extrema osadía: tírase al agua vestido, con la rodela atrás y la espada entre los dientes, boja las naves, y por el lado opuesto de la batalla, donde no había ni un hombre, logra, sin ser visto, encaramarse en la nave turca; acomete por retaguardia á los que peleaban con D. Octavio, mata algunos, acuden otros á contrastar el peligro, abultado por el miedo, vacilan, y D. Octavio animando á los suyos, entra en el navio turco desmantelado por la artillería. Sigue furioso el combate, cuando otro Caballero valenciano rinde á Alí-Zayde, y se entrega el navio. Con no menor furia peleaban las otras naves: el Salamanquino D. Juan de Solís y los ciudadanos de Valencia Pedro Jorge de Cárdenas y Sebastián Vicente Tafalia, con su grande esfuerzo, cautivan la Almirante: dos navios turcos emprenden arrancada fuga; destácase en su seguimiento la galera del Capitán Diego Soria y los apresa. Resistíase valientemente el resto de la escuadra enemiga; pero ya el valor era inútil: después de nueve horas de sangriento combate, tuvo que arriar bandera. El Mediterráneo quedó por entonces libre de piratas '.
No así el Océano: á pesar de la constante persecución que sufrían los Arráeces Solimán y Tabán, reúnen una armada de 60 velas, caen sobre Lanzarote, en las Canarias, y desembarcan 5.000 hombres. Aterrorizados los Isleños, reúnen sus más preciadas joyas, y se refugian en una profundísima cueva llamada de los Verdes, que tenía otra comunicación en la parte contrapuesta de la Isla. En vano se esparcieron los Berberiscos buscando á los habitantes, sin atreverse al examen de la cueva, ignorando su disposición y creyendo que el hambre les obligaría á salir. Para desgracia de los Cristianos, toparon los piratas con un Isleño que, vencido por el temor ó por el interés, reveló la doble entrada. Al punto la ciegan los corsarios, con lo cual, los refugiados hubieron de entregarse cautivos. Cayeron luego los piratas sobre la Gomera, que también saquearon, é intentándolo en la Palma, hubieron de desistir por tener
1 Hemos tomado esta Relación de una que existe en la Biblioteca de la Real Academia de la Historia, impresa en Sevilla por Juan Serrano de Vargas en If>l8. En otra, compuesta por Francisco Lope/, Alférez de una compañía de las galeras de Ñapóles, impresa también en Sevilla en el misino año, dice que los navios eran siete, los muertos turcos más de 2.000, los rescatados Cristianos 40, y los Moriscos prisioneros que se entregaron \ mataron los muchachos a pedradas, 1 30. También dice que el combate tUYÓ logar el miércoles dia de San Isidoro, i de Abril de 1648.