Memoria histórica de las posesiones hispano-africanas · Unidad 208 de 388
Unidad 208 · 238 PARTE III— CAPÍTULO XXI
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238 PARTE III— CAPÍTULO XXI
recibirle, hasta que libre de ellas en Agosto, fué el Embajador hospedado junto á Santa Bárbara, y después en la casa de D. Rodrigo de Herrera, calle de Alcalá. Su silencio era grande, la curiosidad mucha: en público dio el pésame en nombre del Sultán por la muerte de la Reina y del Infante, poco antes acaecidas, y el parabién por el nuevo casamiento: de lo que habló con el Rey en audiencia secreta, nada pudo traslucirse. Cuál, dijo, que quejas contra Venecianos por haber atacado á Candia é incendiado la escuadra turca; cuál, que trocar la amistad de Francia por la de España, dando libertad á 12.000 cautivos que tenía; éste, que el afirmar paces, entregando á Jerusalén y los Santos Logares; muchos, que pedir prohibiesen ambas naciones piraterías y cautiverios. En lo que todos concordaron, fué en que el Rey había estado muy grave y entero durante la audiencia, y no se había descubierto, según ceremonial; atribuyéndose á temer sonara á humillación, conservando el Turco puesto el turbante en su presencia, según acostumbran.
Si aquella embajada tuvo por objeto algo de lo que murmuraron cortesanos, no lo demostró el efecto: las cosas siguieron como hasta entonces, y la guerra con Berberiscos no menos viva.
Así fué, que en el siguiente año 1650, las cabilas de Uladala y Jol, y ios Alárabes de Vinaragel, Alafefe y Ulisbrahín, establecieron su asiento en un zarahal, desde donde robaban y talaban los campos de los Moros sometidos. Acudió al socorro el Marqués de Flores Dávila, y en varias facciones les cautivó 1.000 hombres y mató más de 500, con lo que mantuvo en respeto la tierra.
En 11 de Marzo de 1653, el Marqués de San Román, Gobernador entonces, publicó jornada contra Moros; salió á las oraciones, y para desmentir espías y atalayas, metióse por una laguna, y andando tres leguas con agua á la rodilla, cayó de improviso sobre los aduares de Amete-ben-Zay: con 80 caballos acometió á un millar de Moros y cautivó 00, sin más efecto; porque la demás tropa, cansada de lo fatigoso del día, prefirió poner manos en los bienes de los Alárabes, que en las armas para la pelea. Volvió á la plaza que hostilizaban los Ben-Arajes, y el día 19 dióles una acometida con los caballos, que los llevó por delante más de cuatro leguas, pasando á muchos á cuchillo.
Llagados los naturales con tantas quiebras, determinaron en 1655 reunirse en considerable número y mantener el cerco hasta tomar á Oran: súpolo el Gobernador, y avisó al Rey; reforzáronse guarnición y bastimentos, y hasta l). Baltasar Alonso y Sandoval; por ser anéxala Iglesia de Oran al Arzobispado do Toledo, como conquista de su predecesor