Memoria histórica de las posesiones hispano-africanas · Unidad 215 de 388

Unidad 215 · 260 PARTE III— CAPÍTULO XXII

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260 PARTE III— CAPÍTULO XXII

mad, que vencido en 1654 por su rebelde hermano Muley-Arxid • , se suicidó.

Apoderóse Arxid de Fez y de Marruecos; sujetó á la república de Saló y de Rabat, y en 1688, á los Moros Azuagos hasta entonces independientes; reinó sólo por el terror, y murió en 1672 dueño de todo el Mogreb.

Aprovechando lo revuelto de los tiempos, Sidy Gaylán, favorecido por los Españoles, había llegado á dominar toda la parte septentrional de la Berbería. A la par del reino, crecióle la ambición, y trató de apoderarse traidoramente de Larache. Proclamó la guerra santa, le acudió gente, y preparando escalas, con el mayor secreto marchó contra la plaza en la noche del 1.° de Marzo de 1666. Por fortuna, un cautivo que había presenciado el llamamiento á la guerra, pudo escapar, y en la noche del 24 de Febrero llegó á Larache y avisó al Maestre de Campo D. Juan Alvarado de Bracamonte, su Gobernador. Despachó éste al momento en una tartana al General de la artillería, Alonso Berlinches, para que lo noticiase al Duque de Medinaceli, General de las Costas de Andalucía, y repartió la defensa del recinto entre el Sargento Mayor de la plaza y los Capitanes Diego Díaz Landero, Gregorio Valero y Diego López.

Los Moros se acercaron con gran sigilo, si bien no con tanto que los centinelas no los advirtiesen. Era aún de noche y con tan rudo ímpetu asaltaron la Puerta del Campo, que roto el rastrillo, se hicieron dueños del rebellín que cubría la del foso. Allí sufrieron a pié firme numerosas rociadas de mosquetería y de los pedreros que guarnecían los traveses de la muralla; pero al fin, quebrantados, abandonaron el puesto con gran mortandad. No fué de menor braveza la acometida por la muralla de San Francisco, donde plantaron escalas, hasta que el fuego de mosquetes y artillería, y las enormes piedras que arrojaban los defensores, los desbarataron obligándoles á retroceder.

Rebotados, córrese el golpe de la gente hacia la torre de Santa María, hachea el rastrillo, se posesiona del rebellín, y á pesar de los esfuerzos del presidio, se mantiene hasta que la venida del día. permitiendo la mejor dirección de los fuegos, les obliga á retirarse con graves pérdidas.

Pero donde más hincapié hicieron, fué en el reducto de San Antonio, de no difícil escalada, por abatirse algún tanto la muralla en aquel iado,

i Malej \rra\ul . Le Llaman otros, j el P. Fr. Francisco de San Juan de Puerto. MuleyRaxet-Arfís.